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De cómo el niño descubrió al Dragón: Mi homenaje a Bruce Lee

operación 001A mí, como a todos los jóvenes o niños de los años setenta justo antes de descubrir la música,  nos hacían falta héroes que nos ofrecieran algo más que ganar batallas o enfrentarse a todos los bandidos de Arizona. Carne de sesión doble de sábado como éramos, nos deleitábamos igual con una película del hombre lobo de Paul Naschy, como con las comedias de bofetada y tentetieso de Terence Hill y Bud Spencer. Además de con los numerosos clásicos del cine que de vez en cuando eran programados. Pero a principios de esa década comenzaron a visitar nuestras pantallas exóticos films que nos dejaron con la boca abierta: se trataba de las primeras producciones orientales de artes marciales.

Recuerdo una fiebre generalizada por ver esos primeros títulos: La furia del tigre amarillo (1971, Cheh Chang), Dos contra el gran asesino (1972, Yuen Chor) o De profesión: Invencible (1972, Chang-haw Jeong). Unas películas que derrochaban acción y que llegábamos a ver hasta dos veces el mismo día, ya que antes, entre sesión y sesión no se echaba a nadie del cine y podías repetir con bocadillo en ristre. Otra de las delicatessen que han sido  desbancadas por las palomitas…

Uno acudía a todas las películas “de karate” que podía (Caza desesperada (1971, Pao-Shu Kao),  La heroína legendaria (1971, Ma Wu), Karate sangriento (1973, Min-Hsiung Wu), Kung-fu contra los 7 vampiros de oro (1974, Roy Ward Baker o El luchador manco (1972, Wang Yu), además de tener un curioso hobby: recortar las carteleras de los periódicos, de las que yo llegué a tener una voluminosa colección.

Entonces llegó Bruce Lee y todo cambió. Hasta el niño que yo era podía distinguir sus películas y ver que el Pequeño Dragón tenía algo especial. Muy especial: era el héroe que esperaba.

Ese envidiado recorte de prensa de Furia Oriental con el mítico salto final...

Ese envidiado recorte de prensa de Furia Oriental con el mítico salto final…

Sus peleas eran auténticas y desprovistas de saltos y proezas sobrehumanas. Su actuación era, con mucho, más creíble que las de otros actores chinos, lo que parece captamos todos los aficionados, y por eso sus recortes de prensa se revalorizaron a la hora de intercambiarlos. Todos envidiábamos a un vecino que tenía el de Karate a muerte en Bangkok (1971, Lo Wei). Yo por mi parte conseguí todos los demás y era (soy) feliz poseedor de uno de Furia Oriental (1972, Lo Wei).

Ignoro cuantas veces llegué a ver esos dos primeros films de Bruce Lee,  recreándolos en mi cuarto con los Madelman, para los que fabriqué un pequeño nunchaku  y a los que con un lápiz de color rojo embadurnaba de sangre.

Sabíamos que Bruce Lee había muerto poco antes, y alguno estaba convencido de que había sido asesinado por la mafia china, ya sea envenenado o mediante un leve golpe de efecto retardado, algo como lo que se ve al final de la segunda parte de  Kill Bill. Incluso leí un artículo en el que se aseguraba que estaba retirado en una isla para escapar de la fama. Como James Dean o más tarde Elvis. Todo menos admitir que nuestro héroe pudiera fallecer en circunstancias normales o derrotado en combate.

002Nuestra inquietud por hacernos con fotografías y datos sobre Bruce en época de tanta sequía informativa, se intentaba subsanar mediante una revista francesa, Karate, que publicaba extensos artículos y fotos que gastábamos de tanto ver (como más tarde haríamos con Private, pero de otro modo) y que no prestábamos ni por todo el oro del mundo. Tengo un especial con seis posters que formaron parte de la decoración de mi cuarto. También se editaba una revista desplegable, curiosamente llamada Kung-fu, a pesar de estar dedicada enteramente a Bruce Lee y que, a pesar de estar pésimamente traducida al castellano, tenía el valor de convertirse en un enorme póster.

Por entonces vi en una pequeña papelería un libro, La leyenda de Bruce Lee (Alex Ben Block, 1974 Garbo Editorial) con el, para mí, inalcanzable precio de 100 pesetas, y que mi padre, viendo la pasión que tenía por Bruce Lee, me regaló.  No hace falta decir que el librito, con una fantástica ilustración en  portada de Sanjulián, lo leí, releí y guardé como un tesoro. Sin olvidar una lujosa publicación, Bruce Lee Inédito (1975, Producciones Editoriales) que tiempo después también pasó a formar parte de mis reliquias.

Operación Dragón (1973, Robert Close) la vi  junto a mi hermano en un cine en sesión doble al que nos llevó nuestra sufrida y sacrificada madre, quien tuvo que permanecer de pié durante toda la proyección, tal era el llenazo que había en la sala. Y les aseguro que el cine era grande, pues eso de los multicines con diminutas salas llegaría mucho más tarde.

EL libro

EL libro

Lo de las artes marciales era toda una locura: mi hermano mayor se construyó unos nunchakus (que nunca salieron de casa), con un palo de fregona y que más de un moratón me dejaron al intentar emular a Bruce. Con un amigo recreábamos las aventuras de Reed y Kato (yo, naturalmente era Kato) y Dunkin, una marca de chicles,  comercializaba unos cromos-ficha en los que mostraba las distintas artes marciales.  Editorial Vértice editaba en nuestro país  la colección de cómic Marvel, Artes Marciales, en la que Bruce Lee tenía su propio sosias en Shang- Chi, de hecho tanto se basaba en nuestro amigo, que incluso el dibujante Paul Gulacy llegó a dibujarlo con el físico del actor. En televisión se emitía Kung-Fu (1972-75) con David Carradine, que no nos perdíamos nunca y que provocó su propio merchandising, como medallones e incluso calcomanías con los dragones que Kwai Chang Caine lucía en sus antebrazos.  De esa serie más tarde averiguaríamos que estaba basada en una idea del mismo Bruce que no se realizó con él por la ceguera y el racismo imperante en la época.

También nos llegaron películas con falsos Bruce Lee (Bruce Li, Dragon Lee y muchos otros) quienes, ni todos juntos, no le llegaban a la suela del zapato y que no engañaban a nadie. Bueno, a casi nadie. Así que, no es de extrañar que cuando llegó a nuestras pantallas  El furor del dragón (1972, Bruce Lee),  se promocionara como un título perteneciente al “auténtico Bruce Lee”. Esta pude verla, por primera vez, en el cine donde se estreno y en Vistarama, todo un lujo inolvidable.

Juego con la muerte (1978, Robert Clouse), a pesar de contar con, no olvidemos, “el verdadero y auténtico Bruce Lee” tal y como versaba su promoción, fue una decepción, únicamente soportable por esos minutos mágicos en los que Bruce Lee se enfrenta a tres oponentes. Por entonces, rompí la hucha para comprar una revista dedicada al film que editó el “Bruce Lee Jeet Kunedo de España”. Como también hice cuando, La Revista de las Artes Marciales, hizo lo propio con El furor del dragón en 1975.

Pero poco después uno comenzó a crecer y tener la vista en otros intereses: música, chicas… pasando el Pequeño Dragón a formar parte de los tesoros de la niñez. Pero la  llegada del video y la posibilidad de ver estos títulos en la comodidad del hogar, volvió a despertarme el gusanillo. Y aunque, curiosamente, me daba cierta reparo comprarlas, adquirí sus películas. Y la magia volvió de nuevo.

furor 001Fue sorprendente comprobar que El furor del dragón estaba cortada (mucho en la copia que se estrenó en España, pero mucho más en la edición que salió en video) y que a Juego con la muerte le faltaba una de las tres peleas finales pero, aún así, uno disfrutaba viendo de nuevo a Bruce y comprobando que sus películas seguían sin ser superadas, a pesar de la eclosión de nuevos luchadores como Jackie Chan (del que nunca pude ver un film completo) o Van Damme, que no me interesaban lo más mínimo.

Descubrí publicaciones, como la Revista  Bruce Lee, publicada en los años ochenta, que realizó una estupenda labor pionera y antecedente de  Bruce Lee Manía.

He de reconocer que para mí, el visionado de A Warrior’s Journey (2000, John Little) fue una experiencia emocionante, tanto que al finalizar no pude evitar que se me humedecieran los ojos. Ese era el film perdido que faltaba por ver y que, lamentablemente, nunca podremos admirar en su totalidad.

También llegó el descubrimiento de la filosofía que había detrás del guerrero, que tan bien ha sabido difundir el mismo Little en varios  libros con mejor o peor fortuna. Y de manera absoluta Marcos Ocaña en dos obras que pueden considerarse los trabajos definitivos sobre la vida y obra del Dragón.

Ahora, muchos años después de que aquel niño descubriera entusiasmado el trabajo de Bruce Lee en la pantalla, me siento orgulloso de que todavía forme parte de mi vida mediante lecturas, películas e incluso ese curioso coleccionismo de estupendos muñecos (muchos a precios prohibitivos), que reencarnan aquellos Madelman con los que jugó en su infancia aquel niño que fui. Me fascina comprobar que no estaba equivocado cuando veía algo especial en Bruce Lee, como me sigue fascinando descubrir nuevas cosas detrás de aquellas películas y de aquel intérprete que era, tal y como pensaba, mucho más que un simple actor: era y sigue siendo aquel héroe que había estado esperando y que continua hoy más vivo que nunca.

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 Los cuatro carteles por los que hubiéramos dado parte de nuestra sangre:

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¿Puede existir una película mejor de acción para un enano de 10 años?

¿Puede existir una película mejor de acción para un enano de 10 años?

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Pdt: Aún me falta el primero…

Categorías:HOMENAJES
  1. pablo
    21 octubre 2013 a las 10:15

    Hola tengo 51 años y me siento identificado con todo lo que has escrito tengo todo las carteleras del cine me esperaba en la puerta del cine para ver si cambiaban las carteleras y les preguntaba que que hacían con ellas he me decían que las tiraban entonces se las pedia y yo las plastificaba tal pasión era la mia que entraba a la primera sesión y no salía asta la ultima me llevaba un radiocaset y grababa todo el sonido de la película que asta ahora las he tenido y de viejas ya no se escuchaban bueno solo decirte que tengo el traje amarillo de el juego de la muerte y los nunchacus me lo compre hace poco. bueno tendría tanto que contarte de lo que me compre en aquellos años y lo que tengo hasta ahora que aun sigo colecionando. gracias por tu articulo un saludo

    • cristian
      7 febrero 2015 a las 4:09

      hola pablo! tienes algun fotocromo de los de carton duro?

  2. Edu
    15 febrero 2013 a las 11:34

    Gracias por tu artículo, me veo reflejado totalmente igual que tu
    Tuve la suerte de poder estar en el estreno de Operacion Dragon (Regio vistarama Palace)
    con 14 años algo inolvidable.
    Desde entonces admirador de Bruce Lee.Me has hecho recordar películas que tenía totalmente olvidadas.
    De verdad otra vez gracias por tu artículo
    Saludos
    Edu

  3. ramon
    15 febrero 2013 a las 8:01

    hola …yo me siento indentificado con lo que has contado,, aun conservo fotografias de cuando colgaban los carteles en el cine, operacion dragon… tu libro tambien lo tengo de alex ben block..y la revista kung -fu de poster,,,que años aquellos cuando vo por primera vez operacion dragon…sali del cine saltando y llore de emocion uffff..era mi idolo..desde entonces me puse a colecionar libros peliculas etc..tengo 50 años y aun estoy loco por bruce lee…enorabuena por el articulo

  4. 27 diciembre 2012 a las 11:48

    No puedo sino estar mas de acuerdo y solidarizarme con todo lo que expones!!! a mi me paso lo mismo!! yo tenia 16 añitos y flipaba con todo aquel derroche de actividad,saliamos del cine pegando patadas,luchando con espadas imaginarias,y nos pegabamos una mano al cuerpo para ser EL LUCHADOR MANCO!!!. Felices e inocentes tiempos,maravillosos que no volveran. GRACIAS POR TU ARTICULO!!! FELIZ AÑO!!!

    • 27 diciembre 2012 a las 12:45

      Gracias a tí por el comentario. Qué gran verdad lo del luchador manco…¡Cuantas veces llegué a verla! Y cuanto he llegado a disfrutar con esa descacharrante segunda parte que no se estrenó en nuestros cines (aunque la primera, es la primera…) ¡Feliz año!

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