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Sitges 2012: Fantástico con gotas de comedia

10 octubre 2012 Deja un comentario

A veces el fantástico y la comedia se han unido en extraña alianza. Tan solo hay que ver Freaks (1932, Tod Browning), que revosa buen humor y chascarrillos  mezclados con cirugias abominables y venganzas. O en plan despiporre, Braindead (1992, Peter Jackson), ya puro slapstick o Frakenhooker (1990, Frank Henenlotter). La lista es bastante abultada, no hay que olvidar las españolas Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011) y Lobos de Arga(Juan Martínez Moreno, 2011) vistas en la pasada edición del Festival de Sitges. También, naturalmente, hay películas que consiguen provocar hilaridad sin proponérselo, de eso ciertamente también hay mucho en el fantástico.

Esta edición del festival nos ha ofrecido dos buenas y sanas muestras de terror/humor. Por un lado la irlandesa Grabbers (2012) es una monster movie de Jon Wright, director que ya nos había ofrecido otro cóctel de este tipo con Tormented (2009) su primer largometraje tras rodar algunos cortos. Si en La guerra de los mundos H.G. Wells nos narra que la invasión extraterrestre pudo ser frenada por los habitantes más diminutos de este planeta, las bacterias, en esta su segunda película, Wright muestra que la única manera de  terminar con unos vampíricos calamares del espacio exterior que han invadido un pequeño pueblo marinero irlandés es “contaminando” la sangre de todos sus habitantes con alcohol; cosa que, por otro lado, no resulta nada difícil: basta con anunciar barra libre en el pub de la localidad.

El director, además de resolver este desquiciado y a la vez ingenioso argumento de una forma muy satisfactoria, consigue fotografiar los paisajes del pueblo marinero con gran belleza. Sabe mover la cámara y no vacila en usarla en mano cuando rueda las escenas de mayor enfrentamiento, cosa que en este film le resulta satisfactoria a Serendipia, prueba de que no nos negamos en banda al recurso cuando está justificado. En cuanto a la dirección de actores, resulta también convincente, gracias, en parte, a que en el guión los prototipos que son sus protagonistas están perfilados de forma modélica, de modo que se consigue incluso aquello, tan difícil a estas alturas, de que nos caigan bien.

Grabbers ha sido puesta en relación con Súper 8 de J.J. Abrahams pues sus chuhtluianos invasores recuerdan a los monstruitos de las películas de los 80s, concretamente a los Gremlins de Joe Dante, creemos, sin embargo, que la relación no es más que tangencial; más bien la pondríamos en relación con la serie B de los 50s y sus relatos de invasores del espacio. No se puede olvidar, además, que la película es una comedia que hace gala de una sanísima autoparodia (uno de los tópicos más extendidos sobre el pueblo irlandés es el de que se beben hasta el agua de los jarros, bueno, si está bautizada de alcohol) y del espíritu británico que despertaba nuestra hilaridad en las célebres comedias de la Ealing, alguna de las cuales también bromeaba con las inclinaciones etílicas de los británicos, como Whisky a Go Go  (Whisky Galore, 1949, Alexander MacKendrick), aunque en esa ocasión fueran los escoceses. Monstermovie, comedia y, también, película de compañeros, pues la pareja protagonista serán la recién llegada guardia Lisa Nolan y el veterano sargento Ciarán O’Shean, entre los cuales el antagonismo irá cediendo hasta el sentimiento extremamente opuesto. Lo tiene todo para hacernos pasar un buen rato. Un film sin grandes pretensiones ni complicaciones realizado con la única finalidad de entretener  ¿Les parece poco?

La segunda propuesta es una coproducción entre Finlandia, Alemania y Australia, pero no se espanten, el resultado es altamente satisfactorio, tanto en guión como en medios técnicos. Iron Sky de Timo Vuorensola es una ingeniosa parábola sobre qué sucedería si al llegar un cohete americano en 2018 a la luna se encontrara con una base nazi perfectamente organizada desde  1945 en la cara oculta del satélite. Con el añadido, además, de que el astronauta fuese afroamericano (negro, vamos). Con estos mimbres, el finlandés, construye una comedia de ciencia ficción con tintes de fábula política.

Timo Vuorensola debuta con esta película en la pantalla grande, después de haber conseguido darse a conocer con su fan film StarWreck en 2005 (sobre el que puede leerse una interesante crítica aquí). Iron Sky no resulta totalmente redonda, pero sí tiene buenas dosis de aciertos. Entronca de algún modo con la estética steampunk con su gran despliegue de tecnología retrofuturista, ese laboratorio en la luna con su mad doctor de cómic, esos platillos voladores (ahora ya saben de dónde venían) y, sobre todo, esas naves espaciales con forma de zepelines. Ayuda a darle ese aire añejo la fotografía con color degradado casi hasta el blanco y negro en todo lo que se relaciona con la vida de los nazis en la luna y, por supuesto, la labor vestuario, maquillaje y peinado. En este último apartado destaca el trabajo sobre la francesa Julia Dietze (una belleza aria que quita el hipo) que interpreta a la instructora Renate Richter, la hija del mad doctor, especialista en terraqueología que prepara a los niños para una futura toma de la tierra por parte de los nazis quienes, ella cree ingenuamente, llevan un mensaje de paz y armonía. En cuanto a los actores, destacan igualmente Christopher Kirby, que ha formado parte de distinguidos repartos, entre ellos Star Wars IIILa venganza de los Sith (Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith, 2005 George Lucas) en el papel del astronauta Washintong, Gödz Otto como el villano Klaus Adler y sobre todo el siempre correcto y casi mítico Udo Kier en el papel de fürer sucesor de Hitler en la luna. Todos ellos nos brindan una interpretación correcta.

Comedia en tres actos, Iron Sky brilla sobre todo en su segundo tercio cuando Klaus Adler, acompañado por Renate Richter y el astronauta Washintong (que ha sido albinizado y adoctrinado en la luna) se desplazan a la tierra. Allí van a contactar con Vivian Wagner (Peta Sergeant) jefa de campaña para la reelección de la presidenta americana (Stephanie Paul), presidenta que nos recuerda a Sarah Palin pero aún más extrema. El eslogan bajo el que se presenta a las elecciones emula al Yes we can de Obama, pero no duda en adoptar para sus discursos las soflamas propagandísticas Nazis. Aquí, pues, es donde la sátira se hace más ácida: nuestros políticos actuales carecen de escrúpulos y en lo único que piensan es en arrancarnos el voto. Con humor Vuorensola denuncia algunos de los puntos más débiles de nuestras modernas democracias.

Es en el último tercio cuando desplegará lo aprendido en su fan film, Iron Sky se convierte en su último acto en una space opera que emula las batallas de Star Wars. Brillante en su ejecución y en sus efectos, adolece quizás de romper un tanto la línea satírica que la ha definido, aunque no la abandona pues en la batalla contra el invasor se descubrirá que todas las naciones desarrolladas han construido armas nucleares pese a haber firmado pactos renunciando. Con ironía el finlandés nos ofrece en esta ópera prima un film de género y denuncia, no se le puede pedir más a un debutante, y Vuorensola insistirá en esta línea en su próximo film,   I Killed Adolf Hitler, película que adapta el cómic del noruego Jason ganador de un Eisner, un relato de viajes en el tiempo en el que Jason nos muestra un mundo extraño y violento en donde los asesinos a sueldo suelen ser contratados para eliminar gente como parientes, colegas abusones, vecinos o tan solo personas molestas en general. Sus servicios tienen una gran demanda. Un científico contrata a uno de estos asesinos para viajar al pasado y matar a Adolf Hitler en 1938, con la esperanza de que quizás así la humanidad cambie. Pero el asesino falla estrepitosamente y Hitler escapará al presente. Nos esperan sorpresas venidas de este director, estaremos pendientes.

Categorías:Sitges Film Festival
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