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Sitges 2012: la odisea de la sección noves visions, una aproximación a Keyhole

15 octubre 2012 Deja un comentario

Creo que el cine no puede admitir más que un género concreto de filmes: únicamente aquel en que sean utilizados todos los medios de acción sensual del cine.

El cine implica una subversión total de los valores, un trastoque completo de la óptica. de la perspectiva, de la óptica. Es más excitante que el fósforo, más cautivante que el amor. No es posible ocuparse en destruir su poder de galvanización por el empleo de temas que neutralizan sus efectos y que pertenecen al teatro.Antonin Artaud.

La cinematografía del canadiense Guy Maddin parece suscribir la afirmación de Artaud que citamos, especialmente en su destacado en negrita. Podría decirse que su revolución consiste en una regresión a los orígenes vanguardistas del cine, viendo Keyhole nos sentimos transportados a la perplejidad con la que los primeros espectadores se enfrentaron a los experimentos de Duchamp, de Man Ray, del primer Buñuel… Y una de dos, o nos dejamos seducir por su universo onírico o abandonamos la sala en busca de aire fresco y lógica cotidiana. Por ser un ente dual, Serendipia pudo encaminarse por ambos senderos de la bifurcación a la vez, aunque debo admitir que yo, que permanecí en el cine, lo hice más por obediencia a mis pretensiones de cinéfila que porque las imágenes causaran fascinación en mí.

Vayamos por partes. ¿Quién es Guy Maddin? Canadiense nacido en febrero de 1956 es conocido por su original recreación del cine mudo y del primer cine sonoro, recreación que en Keyhole le lleva a utilizar la lluvia para emular el ruido de imagen que aqueja a las copias que han llegado a nuestros días sin restaurar. Según confiesa él mismo: “Tengo una fantasía en la cual viajo atrás en el tiempo para robar las películas de otros directores, conformando así una gran filmografía propia. Resulta como una transfusión de sangre: no quieres tomar tanta como para matarlos o incluso debilitarlos, solo la cantidad justa para poder obtener beneficios, permitiendo que continúen viviendo repletos de sangre.” Algunos títulos destacados (que nosotros seleccionamos al azar) de su filmografía son Dracula: Pages From a Virgin’s Diary (2002) (mejor película en Sitges en 2002); Brand Upon the Brain!Mándame a la silla eléctrica (Send Me to the ‘Lectric Chair) (C) (2008); Tales from the Gimli Hospital (1988)  Ha trabajado distintos géneros a los que homenajea, en Keyhole, que es la que nos ocupa, ha escogido el cine negro para citar vagamente la Odisea de Homero.

¿Qué nos “cuenta” Keyhole? Ulises regresa a casa tras un tiempo ausente. Con él, llega una chica ahogada y un extraño hombre. La banda de Ulises ha estado sosteniendo el negocio. A su llegada, él deberá reencontrar a su esposa.  Maddin evoca la Odisea de Homero, pero lo hace en clave rotundamente doméstica, con una estética al borde del sueño y con una Isabella Rossellini convertida definitivamente en musa del cineasta. Pero el argumento es apenas una excusa para desplegar un experimento formal en el que mezcla aportaciones del expresionismo alemán, el surrealismo francés y el constructivismo ruso. Y ello mezclando el fantástico europeo del primer cuarto del siglo XX (se citan referencias a el Vampyr de Dreyer, La caída de la casa Usher de Epstein, y La carreta fantasma de Sjöström) con el cine negro americano de los años 30. En Keyhole conviven el juego con planos de tiempo distintos que se interseccionan en un presente, apariciones fantasmales, y alusiones a la Odisea, bajo una estética del cine de gangsters, pero lo importante es siempre su juego formal y su ambientación onírica que suspende la lógica. El problema que le detectamos es que suspende hasta tal punto la lógica que la trama argumental que debiera articular el experimento se desdibuja hasta su desaparición. Hay que reconocerle que es una obra personalísima pero gustará sólo a aquellos que se dejen llevar por lo envolvente de sus imágenes, el resto asistiremos obedientes a un ejercicio de cinefilia de los duros, más por disciplina que por agrado.

Maddin es comparado con Lynch pero a quien esto escribe no le ha tocado la fibra igual que el americano. Ya se sabe la obra de arte se completa en el espectador que la contempla, pero creemos que al canadiense no le ilumina la misma gracia que a otros directores amantes de lo críptico, por mucho que su actitud de admiración-recreación del mudo pueda parecerle a algunos más sincera y atrevida que la planteada por la oscarizada The artist. En resumen, las alusiones a la Odisea que lleva a cabo Maddin son tangenciales, pero enfrentarse a la sección Noves Visions  le resulta a Serendipia una auténtica odisea llena de penalidades.

Categorías:Sitges Film Festival
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