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Archive for the ‘TRAILERS RECOMENDADOS’ Category

Vamos de estreno (o no), viernes 13 de marzo 2015

CHAPPIE (*****)

Año 2015 País: Estados Unidos Duración: 120 Género: Ciencia Ficción Dirección: Neill Blomkamp Reparto: Sigourney Weaver, Hugh Jackman, Dev Patel, Sharlto Copley Distribuidora: Sony Pictures Productora: Columbia Pictures, Media Rights Capital, Alpha Core

Chappie PósterComo en Distrito 9, Blomkamp vuelve a tomar  un corto suyo previo, Tetra Vaal, como punto de partida para contarnos la peripecia de Chappie (al que Sharlto Copley, actor fetiche del director, le presta voz y captura de movimientos), el primer robot consciente de sí mismo, una Inteligencia Artificial autónoma que no se diferencia de los humanos salvo porque es capaz de desarrollar un intelecto superior al de los hombres. En este esquema ya visto, la novedad es que Chappie no está predeterminado por su programa, al contrario su programación tiene como característica que se desarrollará por sí misma y sería inmortal de no ser porque su cuerpo no puede recargarse. Todo ello arropado por una trama que nos lleva a un Johannesburgo futuro, asolado por la delincuencia (un paisaje apocalíptico al modo de Mad Max) a la que se puede combatir gracias a los androides creados por Deon Wilson (Dev Patel), ingeniero de una empresa diseñadora de armas para la policía. El rival de Wilson es Vincent Moore (Hugh Jackman), creador del prototipo Alce (una especie de tanque con patas sin inteligencia propia), que ve como su proyecto es puesto aparte por culpa de los androides de Wilson. Cuando Wilson introduzca una nueva variante de su programa que permite esa Inteligencia Artificial inagotable, empezarán los problemas. (crítica completa aquí)

PURO VICIO (*****)

Año 2014 País: Estados Unidos Duración: 148 Género: Noir paródico Dirección: Paul Thomas Anderson Reparto:   Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Katherine Waterston, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro Distribuidora: Warner Bros. Productora: Warner Bros. Pictures / Ghoulardi Film Company

Puro_vicio-633642867-largeLa séptima película de Paul Thomas Anderson es la adaptación de la séptima obra de Thomas Pynchon cuyo argumento es casi el de una novela negra clásica. Casi porque aquí los lugares comunes del género están tratados con la distancia irónica que caracteriza a los homenajes paródicos. Es un noir desarrollado desde la visión alucinada de un hippie detective politoxicómano, Doc Sportello (un inspirado Joaquin Phoenix). Estamos en la California de finales de los sesenta, después de mucho tiempo sin verse, su ex, Shasta (Katherine Waterston), una seductora «femme fatale», le pide ayuda debido a los planes de hacer desaparecer a su amante, un magnate inmobiliario que pretendía devolverle a la sociedad todo lo que había expoliado. Este es sólo el cabo del ovillo que es la enmarañada trama en la que se mezclarán el tráfico de drogas, las mafias orientales, la corrupción, la inestabilidad política del momento, las alusiones a Manson y sus acólitas, moteros nazis trabajando como guardaespaldas de un judío, y un sinnúmero de personajes esperpénticos.

El cine negro tuvo su época dorada en la década de los cuarenta y en El sueño eterno alcanzó una de sus cumbres. El clásico de Hawks es el epítome del género por excelencia, una suerte de compendio de los motivos arquetípicos entre los que no es menor el de exponer un embarullado argumento difícil de seguir. Y es que en el negro importa más la atmósfera y el retrato que el sentido narrativo. Anderson lo sabe bien y ha logrado dar ese toque a su cinta, pero retorciendo todavía más las digresiones narrativas. Tal se diría que estamos ante una pesadilla psicodélica fruto del consumo desbocado de estupefacientes (mientras la vemos nuestras neuronas establecerán conexiones con otras piezas inclasificables y alucinógenas como El gran Lebowski y Miedo y asco en Las Vegas).

puro vicio

Su título ‘Inherent Vice’ (aká traducido equívocamente como Puro vicio) se refiere al término legal conforme al cual se designa el vicio oculto que adolece una cosa de tal modo que provoca su deterioro, en el que se apoyan las aseguradoras a la hora de abonar a la baja sus indemnizaciones. Esa es la pista sobre cómo interpretar la peripecia de los personajes, todos ellos parecen estar al borde de la desintegración, moviéndose por un Los Ángeles fantasma, metáfora del sueño americano que no fue. Una melancolía sonámbula (acrecentada por la voz en off del narrador testigo) trufa esta cinta repleta de humor marciano, que Anderson recrea con una planificación enamorada de los primeros planos de su crisol coral. Como si quisiera hacernos transitar por su misma derrota, en su acepción marinera (rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones), claro, pero también por su condición de vencidos, de perdedores.

Puro vicio es todo un ejercicio de antiépica que nos regala algunos momentos de antología (a destacar el excelente el trabajo de Robert Elswit, habitual director de fotografía de Anderson), pero que acusa (mal) su excesivo metraje. Y es que Anderson no pasará a la historia por su capacidad de síntesis, su denso universo personal se lo impide, y eso, en esta obra en concreto, se nos antoja un lastre. Hubiéramos preferido un trabajo más ágil, como el de Embriagado de amor (esa otra comedia extraña que nos regalaba en 2002), que compensara con un ritmo más dinámico el abigarramiento argumental, haciendo más claro el retrato y sirviendo mejor a la ironía.  Reparo personal que no nos impide ver que nuevamente nos ha brindado una pieza singular que para sus fans acérrimos (que los tiene y muchos) podrá considerarse de culto instantáneo.

Chappie, un Frankenstein Naíf

13 marzo 2015 2 comentarios

Prometeo-fuegoSentemos el principio: el ser humano es el animal que se cuenta fábulas. Y los relatos parecen inagotables, pero si los desnudamos de sus ropajes argumentales descubrimos que las historias se limitan a unas pocas estructuras y unos pocos temas que se repiten. Es más, si las sometiéramos a un ejercicio de reduccionismo extremo veríamos que todas las historias acaban hablando del amor y de la muerte, por separado cada uno o en la dialéctica que los relaciona. Eterno danzar de lo erótico y lo tanático.

Uno de las motivos más repetidos es el del asalto prometéico, esto es el de la posibilidad (o no) de transgredir los límites y alcanzar la capacidad de componer el poema que ponga en pie a la materia, dicho en clave romántica. Y donde ponemos poema  podemos  poner creación. La voluntad de disolver nuestras limitaciones para convertirnos en dioses. Hace poco hablábamos en este blog de una de las últimas revisiones del mitema: Ex machina la ópera prima de Alex Garland como directorcon la Inteligencia Artificial como telón de fondo. Hoy traemos otra, Chappie, el tercer largo de Neill Blomkamp. Siendo ambas películas hermanas, no podrían estar más en las antípodas una de otra. La película de Garland es una pieza de cámara en la que tiene mayor peso el diálogo que la acción, mientras que Blomkamp, en su línea habitual, nos trae un ejercicio de Ciencia Ficción mainstream en el que la reflexión viene servida como excusa para la acción y el derroche de efectos especiales.

Como en Distrito 9, Blomkamp vuelve a tomar  un corto suyo previo, Tetra Vaal, como punto de partida para contarnos la peripecia de Chappie (al que , actor fetiche del director, Sharlto Copley, presta voz y captura de movimientos), el primer robot consciente de sí mismo, una Inteligencia Artificial autónoma que no se diferencia de los humanos salvo porque es capaz de desarrollar un intelecto superior al de los hombres. En este esquema ya visto, la novedad es que Chappie no está predeterminado por su programa, al contrario su programación tiene como característica que se desarrollará por sí misma y sería inmortal de no ser porque su cuerpo no puede chappie-movie-appleseedrecargarse. Todo ello arropado por una trama que nos lleva a un Johannesburgo futuro, asolado por la delincuencia (un paisaje apocalíptico al modo de Mad Max) a la que se puede combatir gracias a los androides creados por Deon Wilson (Dev Patel), ingeniero de una empresa diseñadora de armas para la policía. El rival de Wilson es Vincent Moore (Hugh Jackman), creador del prototipo Alce (una especie de tanque con patas sin inteligencia propia), que ve como su proyecto es puesto aparte por culpa de los androides de Wilson. Cuando Wilson introduzca una nueva variante de su programa que permite esa Inteligencia Artificial inagotable, empezarán los problemas.

La aventura de Chappie permite que Blomkamp vuelva a plantear viejos interrogantes en clave de humor para todos los públicos. Su criatura es un niño ingenuo que nos recuerda al Número 5 de la ochentera Cortocircuito (1986, John Badham), pero con un punto de mayor autoconciencia. A través del robot podemos reflexionar sobre la condición humana, nos identificamos con él cuando pregunta a su creador por qué le ha dado una inteligencia personal si lo ha atado a un cuerpo condenado a perecer. El sudafricano nos asoma al dualismo con herramientas del Siglo XXI, el envoltorio carnal (de titanio para Chappie) es perecedero, de ello no nos cabe duda, la incógnita es qué pasa con la conciencia, ¿podría perpetuarse si consiguiéramos aislarla y remitirla a otro cuerpo sin fecha de caducidad? A este núcleo lo acompañan derivaciones suyas como la del discernimiento entre el bien y el mal, la inclinación humana a la mentira y la manipulación, pero también a la virtud (con el perdón como horizonte), lugares comunes orquestados dentro de un canto a la importancia del sentimiento. Y todo esto desde el ánimo de la acción cartoonesca y el humor naíf. Un festín visual con la partitura electrónica de Hans Zimmer contrapunteando la intriga.

El principal problema de Blomkamp son las expectativas que se proyectaron sobre él tras su debut en el largo. Esperar más de él es lo que llevó a ver chappie 3Elysium como una decepción, cuando es un más que correcto ejercicio que no pretende ser profundo pero que sí cumple con la función de introducir notas reflexivas a una obra en la que prima la acción, pensada, además para el público mayoritario (que no se caracteriza precisamente por desayunarse con El Ser y el Tiempo de Heidegger, no sé si me entienden). Y las escenas de acción no se le resisten al sudafricano. También esta Chappie que estamos comentando se busca ejercicio de evasión no reñido con un punto de especulación. Blomkamp cubre un espacio de espectro cinematográfico, el entretenimiento de masas, que no siempre es abordado desde una mirada suficientemente inteligente. Tal vez algún día el sudafricano nos dé la obra redonda que algunos parecen exigirle, pero de momento su carrera está consolidada y sus películas tienen sello propio aunque no sean cumbres.

Chappie nos parece una película simpática, muy coleccionable para los completistas del motivo prometéico. Pero quizás no deban hacerme demasiado caso, al fin y al cabo, aún conservo buena parte de mi alma infantil y Chitty, Chitty, Bang, Bang sigue siendo una de las películas que me llevaría a un retiro espiritual.

Maps to the Stars, escribo tu nombre libertad

maps-to-the-stars-posterDe la nueva carne nos quedan las cicatrices. Ese horror corporal en el que se diluían las fronteras entre lo orgánico y lo mecánico, haciendo que el infierno fuera algo físico y no imaginado, en Maps to the the stars se sutiliza sobre el cuerpo llagado de una joven  de etérea fragilidad mental.

Mia Wasikowska es Agatha Weiss, nombre evocador que combina el agathos (ἀγαθὸς) griego, lo bueno en mayúsculas, la bondad, y ‘weiss’ blanco en alemán. En Cronemberg nada está dejado a la casualidad, la cinta arranca con la joven regresando a Hollywood desde Júpiter, Florida. Casi una piedra preciosa llegada de otro mundo, de la bóveda celeste que sería el contraplano lógico del plano cenital con el que se cerrará la película. Viaja metafóricamente del firmamento al mundo del estrellato que es Hollywood, vestida con una cazadora en la que se lee en inglés «Yo fui una mala niñera», es merchandising de la película que consagró a su hermano pequeño (Evan Bird) Benjie Weiss (y que le llevó a la drogodependencia, demasiado pequeño para manejar el éxito), pero también una alusión al episodio que la ha alejado de su familia: el incendio provocado por ella en casa de sus padres que casi acaba con la vida del niño y que ha quedado grabado en su piel a modo de cicatrices. Ahí tenemos el planteamiento: la meca del cine es una máquina que fagocita a sus criaturas y las deja de lado como a dispositivos desgastados que el uso ha vuelto inservibles.

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Una maquinaria en la que además unos engranajes cercenan a los otros, metidos como están en un juego de espejos. Así Havana Segrand (una Julianne Moore inmensa) será la puntilla que acabará de hacer zozobrar a Agatha. Personaje absorbente que actúa como si fuera el centro del universo, manipula a los que tiene cerca en un afán de mantenerse siempre a sí misma en lo más alto de la ola, analogía microcósmica del macrocosmos que es Hollywood, del que ella parecería un mapa a escala. Pero, en verdad, ella misma no es más que una víctima más del mecanismo, ensombrecida en su escalada, a un éxito que no acaba de cuajar, por el triunfo real de su madre. Tiene mucho de esperpento, pero también tiene mucho de niña acoquinada por el fantasma de su progenitora que la habría sometido a vejaciones similares a las que ella inflige a los demás. El mal, el verdadero, sobrevuela sobre todo el crisol de personajes como un destino fatal del que no hay salida.

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Casi se diría que en su último trabajo el canadiense toma prestada la pluma a Zola y nos asoma a un universo en el que la herencia y el ambiente determinan inapelablemente la existencia. La culpa de los padres caerá inamovible sobre los hijos. Así es en el caso de Havana. Así es en el caso de los hermanos Weiss. Staford Weiss (John Cusack), su padre, es un reputado coach, autor de varios libros, su palabra sanadora es ley para sus pacientes (entre ellos la propia Havana), toda una muestra de equilibrio y virtud para sus seguidores, sin embargo esconde un gran secreto conyugal que de revelarse arruinaría su carrera y su vida. La sombra del incesto planea fatalmente sobre los Weiss como si fuera un pecado original para el que no hubiera redención posible.

maps to the Stars

Ningún personaje puede escapar del tablero de juego, sin embargo todos aspiran a ello, el determinismo zoliano que les subyuga es contestado por su ansia de libertad. Los  cuartetos del poema Libertad de Paul Éluard son parcialmente declamados por unos y otros a lo largo del metraje, funcionando casi como estribillo al que regresar continuamente. La composición de Éluard es el horizonte de aspiración de la vida humana, es el rayo de esperanza que filtra Cronembreg en su mirada crepuscular sobre un Hollywood que puede ser intercambiable por cualquier otra realidad humana. Hasta en el muro del tedio o en las escalinatas de la muerte, hasta en un universo que colapsa, el poder sustantivo de la palabra libertad basta para que sigamos andando bajo el firmamento que nos mira.

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Ex Machina, ciencia ficción minimalista

27 febrero 2015 Deja un comentario

ex-machina-uk-posterLos límites vienen a ser nuestra condición de posibilidad (igual que el aire que frena a la paloma es el que le permite volar), determinarlos es lo que nos permitiría avanzar en nuestro conocimiento científico sin empantanarnos en razonamientos falaces. Así pensaríamos si sólo pesase sobre nosotros la herencia de la Ilustración, y en parte somos sus herederos, sí, pero también descendemos del Romanticismo, y ello nos lleva a querer rebasar continuamente los límites. Junto a la ciencia está el arte y desde el arte siempre hemos querido asomarnos sobre el abismo, vislumbrar y rozar con nuestros dedos lo ilimitado.  No nos basta conocer, necesitamos crear.

Ser hombres nos impele un poco a querer ser dioses y a tener conciencia de nuestra voluntad sacrílega. Lo hemos expresado en nuestros mitos, pero sobre todo en uno, el de Prometeo y sobre él hemos ido componiendo variaciones, la más célebre se la debemos a Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo encadenado. Ex Machina retorna a Prometeo, esta vez con la Inteligencia Artificial como fondo. Alex Garland en su debut como director nos trae la historia de Caleb (Domhnall Gleeson), joven informático, que gana un premio en la compañía de internet para la que trabaja, Bluebook (nacida a partir de un importante buscador). El premio es jugoso: visitar durante una semana el enorme paraje natural privado y la casa de su multimillonario jefe, Nathan (Oscar Isaac). Pronto descubre que el premio esconde algo más, Nathan le ha atraído para que le ayude a probar su último prototipo de Inteligencia Artificial, que está incorporado en el cuerpo  de Ava (Alicia Vikander) una atractiva mujer robot (que no oculta sus circuitos). Caleb y Ava mantendrán una sesión cada día, dedicada a mantener conversaciones de cualquier tipo para averiguar si el robot podría pasar perfectamente por una persona, o lo que es lo mismo si supera el Test de Turing. Sin embargo, la cosa no será tan sencilla a partir de que la seductora Ava le diga al muchacho que Nathan no es lo que parece ser.

Ex machina

Ciencia ficción de pequeño formato (casi una pieza de cámara), tres personajes principales (más la aparente sirvienta asiática de Nathan que acabará teniendo peso en un punto de la historia), en apenas unos pocos escenarios (casi todos interiores), en Ex Machina se juega bien la baza de la situación claustrofóbica sobre todo conforme la trama avanza hacia el thriller psicológico. Lo que está en juego es dirimir qué puede llegar a hacer indistinguible la máquina de lo humano, está claro que no es la capacidad de operar conceptos matemáticos, eso entra dentro de lo mecánico y ahí las máquinas pueden ser incluso superiores y sin embargo perfectamente reconocibles como productos artificiales. Ex Machina parece decirnos que las máquinas mimetizaran lo humano cuando sean capaces de emocionarse.

Y ahí nacen nuevos dilemas: ¿son esas emociones suficientes para dispensar a una máquina el mismo trato que a un ser humano? ¿Es el deseo de supervivencia algo instintivo o programado? Y, si una máquina puede sentir emociones… ¿puede un ser humano corresponderlas de forma genuina? Her está entre los referentes, pero más aún el capítulo Be Right Back de la serie británica Black Mirror con el que comparte protagonista masculino (todo un guiño). Salvo que la película de Garland va más lejos, y es que el filme discurre entre los juegos mentales y persuasivos de los seres humanos en las relaciones interpersonales, la liberación de la mujer ante las presiones del macho alfa o el importante papel de los impulsos –llámese intuición- en el proceso creativo. Ava es una nueva Eva (el juego de nombres venía servido) dispuesta a plantarle cara a su creador, una Eva que no dudará en utilizar a su propio Adán en beneficio de sí misma en su acto de rebeldía, una nueva “mujer” que en su asalto al cielo arrambla contra el imperio de todo lo masculino.

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Borrar los límites entre la máquina y lo humano supone tanto como desdibujar  los que separan lo humano de lo divino, reza la frase promocional, y parece inferir que esa superación habrá de pasar por la liberación definitiva de lo femenino.  Dicho en términos de mito, el Prometeo del nuevo milenio habrá de ser Pandora, una Pandora que ya no será castigo enviado por los dioses a los hombres, sino al contrario una auténtica vengadora de lo humano que subvertirá todo el orden de los valores.

Garland se estrena como director con una película modesta pero interesante, muy acertada en su puesta en escena y su diseño de producción. Pero sobre todo con un trasfondo inteligente que abre interrogantes sobre nuestra condición humana proyectada en un futuro muy próximo en el que la tecnología permite por fin crear vida de la nada. Una película como esta depende mucho de los actores y la triada protagonista sale airosa de su reto, especialmente  Alicia Vikander, seductora dentro y fuera de la pantalla.

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VAMOS DE ESTRENO (O NO), Viernes 20-02-2015: El francotirador

20 febrero 2015 Deja un comentario

EL FRANCOTIRADOR (American Sniper, Clint Eastwood, 2014) *****

Duración: 134 min. País: USA. Guion: Jason Dean Hall; basado en el libro de Chris Kyle. Producción: Bradley Cooper, Clint Eastwood, Andrew Lazar, Robert Lorenz y Peter Morgan. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Gary D. Roach. Warner Bros. Género: Bélico.

Reparto: Bradley Cooper, Sienna Miller, Jake McDorman, Luke Grimes, Navid Negahban, Keir O’Donnell.

El_francotirador-943269662-largeSinopsis: El marine del grupo de operaciones especiales de la Marina de Estados Unidos, Chris Kyle, es enviado a Irak con una sola misión: proteger a sus compañeros de ejército. Tirador de precisión milimétrica, salva incontables vidas en el campo de batalla y, a medida que se extienden sus valientes hazañas, se gana el apodo de “Leyenda”. Su reputación también crece detrás de las líneas enemigas, de manera que ponen precio a su cabeza y se convierte en objetivo prioritario de los insurgentes. A la vez se está enfrentando a otra batalla en casa: ser un buen marido y padre desde el otro lado del mundo.

El francotirador está basada en la novela homónima American Sniper: The Autobiography of the Most Lethal Sniper in U.S. Military History escrita por su propio protagonista, Chris Kyle, considerado el francotirador más letal de Estados Unidos que llegó a causar la muerte de hasta 255 insurgentes iraquíes. Eastwood moldea este material convirtiéndolo en una solvente película bélica, su puesta en escena del combate (siempre desde el absoluto dominio de la sintaxis clásica) es intachable. Sabe manejar la acción y la intriga de manera que nos tiene en tensión durante todo su prolongado metraje, a la vez que compone un personaje central digno de figurar en la galería del padre de  Walt Kowalski (Gran Torino, 2008), el Crhis Kyle de Eastwood es otra máscara más del héroe americano que nos ha ido dibujando nuestro director en toda su producción: defensor de los valores tradicionales de la democracia americana, un conservador dispuesto a intervenir si algo ataca contra esos pilares, usando una analogía expresada en esta película, un perro pastor que nunca atacará si no es en defensa de su propio rebaño. Todo perfectamente ajustado a la convención del género y a las claves del autor, sin embargo, El francotirador deja tras su visionado un rastro de decepción. Y es que ya no estamos dispuestos a creer que los buenos son los «nuestros» ni que la guerra pueda llegar a ser justa. Por eso, incluso habernos dejado seducir por su ritmo nos acaba resultando un placer culpable.

En esta ocasión, el autor del díptico Banderas de nuestros padres (Flags of Our Fathers, 2006) y Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006), no ha sabido o no ha querido (elijan lo que más les convenza) hacer la película que podía haber hecho. El espectador avezado ya sabe que no nos vamos a encontrar con una lectura antibelicista como la de Erich Maria Remarque (Sin novedad en el frente, 1930; Tiempo de amar, tiempo de morir, 1957), pero tampoco nos esperábamos una cinta más en sintonía con películas protagonizadas por Stallone y  Chuck Norris (y sus clones) que con las suyas propias.francotiradorY es que en El francotirador hay mimbres que la alejan de esos ejercicios pirotécnicos de gloria a la acción, pero quedan deslavazados y sin trenzar. Ahí están los interludios en los que el protagonista regresa a casa y le descubrimos temeroso de salir al exterior, con problemas de salud de los que no quiere oír, haciendo una auténtica negación (en términos psiquiátricos) del problema. No falta la carta del soldado caído llena de desesperanza y de repudia, o el regreso a casa de su propio hermano traumatizado por lo que ha vivido, pero son sólo momentos que no se desarrollan suficientemente (no volvemos a saber nada del hermano, por ejemplo). Eastwood nos muestra que el héroe más bien es víctima de un trastorno obsesivo compulsivo que le lleva a querer volver una y otra vez al combate, pero no profundiza, no le saca a ello el suficiente rédito narrativo, porque él mismo parece obsesionado en filmar esmeradamente la gesta épica una y otra vez.

El francotirador podía haber sido al cine bélico el equivalente a lo que Sin perdón es al western, todo un canto crepuscular, pero para ello tendría que habernos contado la historia que nos sugiere pero que a la vez nos escatima. Crhis Kyle no murió en el campo de batalla, le asesinó en Estados Unidos uno de los veteranos a los que él trataba de ayudar; y no podemos evitar sentir que ese es el verdadero relato que merecía ser contado, que ahí está la clave de la historia y de lo que puede ser dicho sobre la guerra (sobre todas en general y la de Irak en particular). Y no tenemos nada en contra de la sutileza de la insinuación, ni creemos que haya que masticarlo todo al espectador, pero es que en esta ocasión lo insinuado queda ahogado por una melodía principal estentórea. En El francotirador hay un problema de acentos, la tilde debiera haber sido puesta sobre el subtexto más crítico, pero no es así, de modo que el mensaje que nos habría gustado oír se pierde en la atonía. Es un problema de armonía, en esta ocasión Eastwood no ha calibrado como él sabe la relación entre la tónica y la dominante, todo un fallo en un músico de su condición.

39 Escalones estrenará ‘Electric Boogaloo: la loca historia de Cannon Films’

17 febrero 2015 Deja un comentario

«En Cannon se hacían tantas películas malas que si les salía algo con un poco de calidad, era un accidente feliz» (Mark Helfrich)

Cinefilia sin complejos, descaro y dos cerebros, Menahem Golam y Yoram Globus, más grandes que la vida. Electric Boogaloo analiza las demenciales estrategias publicitarias con que la productora sacudió los cimientos de Hollywood.

El australiano Mark Hartley, graduado por la Swinburne School of Film & Televisión, es el responsable de  haber perpetrado dos de los más interesantes, emocionantes y divertidos documentales cinematográficos que hemos podido ver, ambos con el cine de serie B como protagonista: en Not Quite Hollywood (2008) el director nos habló sobre el muy desconocido cine exploitation australiano; y en el descacharrante Machete Maidens Unleashed (2010), le tocó a las películas rodadas en Filipinas por estudios de serie B americanos, con Roger Corman en cabeza. También dirigió, poco antes de realizar este sentido homenaje a Cannon, su primer largometraje de ficción, el remake de Patrick (Richard Franklin, 1978), uno de los escasos films conocidos del cine de terror venido de las Antípodas.

cannonAhora con Electric Boogaloo: The Wild, Untold History of Cannon Films,  aborda, con magníficos resultados, la subida y estrepitosa caída de la Cannon, un estudio totalmente independiente fundado por dos israelitas, Golan y Globus, que eran primos y que tenían como objetivo hacer películas como churros invirtiendo poco y ofreciendo mucha acción, desnudos y, en definitiva,  lo que demandara el público. Y todo ello sin complejos. ¿Interesa el musical? Cannon rueda The Apple (Menahem Golan, 1980) que muchos intentan aún descifrar. Si en la calle se baila Breakdance: Cannon produce la primera película sobre el tema (Breakin, Joel Silberg, 1984), y su secuela , que ya no gusta a nadie. ¿Que el público quiere erotismo?: Cannon contrata a la mismísima Emmanuelle (Silvia Kristel) y rueda Mata Hari (Curtis Harrington, 1985); y  a Bo y John Derek, produciendo Bolero (1984). ¿Indiana Jones triunfa? Cannon tiene a Allan Quatermain, personaje encarnado por Richard Chamberlain con el que rueda dos películas. ¿Quieren terror?: Cannon produce películas al mismísimo Tobe Hooper (entre ellas la más loca secuela que se pueda pergeñar de un filme mítico, The Texas Chainshaw Massacre 2)

Pero sobre todo Cannon tenía a Chuck Norris, Charles Bronson y ninjas. Muchos ninjas. Ninjas a punta pala.

cannon-mainY el éxito llegó. Presencia a todo lujo en festivales donde vendían ideas plasmadas en carteles, que de ser adquiridas, rodaban. Y claro, con el éxito vino el exceso: contratos millonarios a estrellas como Stallone; prestigio a golpe de talonario contratando a Franco Zeffirelli, Jean-Luc Godard o John Cassavetes. Y al final, irremediablemente, la caída. El gran batacazo.

Pero no teman, no hay un final triste, ni mucho menos. Es demencial, tal y como solo Golan y Globus pueden hacerlo: compitiendo entre ellos para… bueno, para saber todo tendrán que ver este fantástico documental que se pudo disfrutar durante el último festival de Sitges y que 39 Escalones estrenará el día 13 de marzo y editará posteriormente en DVD con la calidad a la que nos tienen acostumbrados.

No se pierdan pues Electric Boogaloo: la loca historia de Cannon films, un trepidante documental que cuenta con la presencia de Dolph Lundgren, Luigi Cozzi, Bo Derek, Richard Chamberlain, Franco Nero, Elliott Gould, Robert Forster, Tobe Hooper, Martine Beswick y Franco Zeffirelli, entre muchísimos más, pero no con la de sus dos protagonistas, ya que, como no podía ser de otra forma, en cuanto se enteraron de que se estaba haciendo un documental sobre Cannon, se negaron a colaborar y rodaron el suyo propio y a toda prisa, The Go-Go Boys (Hilla Medalia, 2014) que consiguió estrenarse unos pocos meses antes.

That’s Exploitation!!!

gogoboys

 

Tenía que suceder…’Cine Basura: la película’

11 febrero 2015 Deja un comentario

 

LOGO CINEBASURA

Nos gusta Cine Basura y nos caen muy bien los responsables de perpetrarlo, Viruete y Fox, así que no nos sorprende que de su cabezota haya salido una nueva y descabellada idea  que a buen seguro va a dar que hablar: Cine Basura: la película, o la primera comedia española que rinde culto al cine de serie Z. Veamos qué diablos pretendes sus creadores… 

Cine Basura: la película es un homenaje al  llamado “cine cutre”, pero  sus responsables no quieren rodar una película mala a propósito, sino todo lo contrario. Ellos buscan llevar su amor por este tipo de cine a un largometraje “rodado en condiciones, con una trama de verdad y no un festín de referencias y fantasmadas”, según asegura Paco Fox, codirector de la cinta junto a Miguel Ángel Viruete.

En este sentido, Fox indica que el estilo del guión se inspira en el trabajo de los británicos Edgar Wright y Simon Pegg, responsables de comedias de culto como Zombies Party, Arma Fatal o Bienvenidos al fin del mundo. Como muestra de ello, los autores del proyecto han rodado una secuencia completa de la película,  con la que hacerse una idea del tono que tendrá el filme.

Cine Basura: la película, que busca financiación a través de una campaña de crowdfunding, cuenta la historia de dos videobloggers que se introducen por accidente en una película mala. Cuando salen, según parece, las constantes del cine malo han invadido el mundo: hay falta de raccord, los planos subjetivos se ven en otros formatos, los cromas son espantosos y hay zombis, punks y otros personajes típicos de este tipo de cine. Un entuerto que ambos protagonistas tratarán de resolver junto a una amiga realizadora.

El filme cuenta con el apoyo legal y financiero de la pequeña productora Pecker Audiovisuales y tiene pactado un acuerdo de distribución con la compañía La Aventura Audiovisual, responsable de estrenar en España títulos como La cabaña en el bosque o Snowpiercer. Dado lo alocado de la propuesta, todo se realizará de manera independiente y a base de participaciones en beneficios.

EQUIPO TÉCNICO Y ARTÍSTICO

Los directores de la película son Miguel Ángel Viruete, autor de varios cortos premiados y realizador de la webserie ‘VIDEOFOBIA’, y Paco Fox (Francisco Rodríguez Prieto), Responsable de Selección de Cine Extranjero de CANAL + a nivel profesional, presentador de Cine Basura y articulista de humor a nivel artístico. El guión, sobre un tratamiento de ambos directores y del popular humorista web José Viruete, viene firmado por el debutante sevillano Fernando Hugo Rodrigo.

Los actores principales serán Miguel Ángel Aijón, conocido por sus papeles en Una de Zombis e Isi/Disi: Alto Voltaje; Silvia Vacas, nuevo talento de la interpretación que recientemente ha participado en la producción independiente Pixel Theory; Maite Medina, modelo profesional que ha representado a España en el certamen Miss Mundo; y el propio Paco Fox, que interpretará a uno de los protagonistas.

La campaña de crowdfunding, que se desarrollará hasta comienzos de marzo, se presentó el pasado 31 de enero en el festival CUTRECON de Madrid y puede encontrarse en http://www.cinebasura.es

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Timbuktu, otros rostros de la yihad

Ellos también son Charlie. El brutal atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo conmocionó a todo occidente, no era sólo por las víctimas sino por lo que representaban. Se estaba atentando contra todo el sistema de derechos y valores de nuestra civilización. Pero hay otros muertos, otras masacres, que no llegan a alcanzar ni las últimas páginas de nuestro periódicos. Abderrahmane Sissako se hacía eco de uno de ellos:

El 29 de julio de 2012, en Aguelhok, una pequeña ciudad al norte de Mali, ocupada en gran parte por unos hombres que habían venido de otra parte de África, tuvo lugar un crimen atroz, sin que los medios de comunicación apenas se hicieran eco de lo ocurrido. Una pareja de unos treinta años, con dos hijos, fue lapidada hasta morir.

Su único delito había sido vivir juntos sin estar casados. El vídeo de su muerte, debidamente colgado en Internet por los criminales, es horrible. La mujer muere con la primera pedrada. El hombre deja escapar un grito seco seguido del silencio más absoluto. Poco después se les saca de la arena para enterrarlos un poco más lejos.

Aguelhok no es Damasco ni Teherán. Nadie habla de todo esto. Sé que lo que acabo de escribir es horroroso, pero no intento promocionar la película con esta noticia. De igual modo, no puedo ignorar la noticia, y dado que ocurrió, solo puedo hacerla pública con la esperanza de que ningún niño deba ver morir a sus padres porque los dos se amaban.

TIMBUKTU-cartelconCESAR-A4_(media)Ante el dolor y la impotencia, sólo cabe como reacción la sutil denuncia expuesta en el arte. Sissako nos abre una ventana sobre ese mundo ignorado mediante su buen hacer cinematográfico. Timbuktu nos descubre otro rostro del Yihadismo, el que no se expresa con la espectacularidad de la acción terrorista (que tiene siempre un punto de excepcionalidad), nos habla de su faz ordinaria, de aquella que mina todo lo cotidiano porque se destila en la imposición del fanatismo sobre una población arrinconada contra las cuerdas día tras día. Es otro tipo de terror, el que somete entremetiendose en la rutina. Es una violencia que no cesa ni da respiro, que se inflige hasta en lo más nimio: prohibido escuchar música, fumar, jugar al fútbol e incluso reír y cantar.

Timbuktu no es cine social al uso porque va más allá de lo testimonial, la película de Sissako penetra en el alma de lo que retrata y se filtra en la nuestra propia. Tampoco hay intriga o acción, aunque refleja una guerra (¿o acaso el sojuzgamiento de todo un pueblo por un sector fanático no es una batalla continua?) no es cine bélico. Timbuktu es cine emocional porque eso es lo que nos trae: las emociones que invaden a los humanos de a pie que padecen la intromisión. Tiene mucho de poema, no por hacer poética de lo sórdido (aunque tenga momentos de ello como ese partido de fútbol jugado sin balón), sino porque llega a nuestra conciencia después de atravesar nuestra sensibilidad.

Magníficamente rodada, de gran belleza formal, es una pieza conmovedora y sorprendente. Su mirada sobrepasa con creces la sonora actualidad de la que nace la película, convirtiéndose en una mirada que abraza a la comunidad humana. Sin histrionismo, sin rasgarse las vestiduras, expone sin complacencias una realidad indignante que lo es tanto porque genera indignación como porque arrebata la dignidad de quienes la padecen. Si algo hay que destacar de Sissako es su sutilidad, le bastan fugaces momentos para capturar y mostrar todos los hilos del problema. La rebeldía del artista se expresa en imágenes bellas y crudas por partes iguales (esa lapidación rodada en un sólo plano).

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Timbuktu no es un filme oportunista sino oportuno, porque da resonancia a voces de las que no tenemos noticia. Desentraña el alma de una cultura y demuestra que el problema no es el ataque a los valores occidentales, que esa no es la Guerra Santa, no es el enfrentamiento de unas creencias religiosas contra la laicidad, va mucho más allá porque los primeros en sufrir la vejación son los propios creyentes. Y es que ningún fanatismo debe de ser visto como expresión de una fe, más bien al contrario, lo que subyace es una malinterpretación de un credo. La liza no es razón frente a religión, sino barbarie frente a civilización (la siga el adjetivo que sea).

Y una cosa mueve a admiración especialmente, el canto a la rebeldía de toda una comunidad creyente. Los protagonistas desacatan a los represores desde el propio ejercicio de su fe, con su sentido de la fatalidad se niegan a someterse al capricho del invasor. Saben que serán castigados, pero actúan según les dicta la conciencia porque esa es la voluntad divina. No vacilan, no titubean, simplemente viven acordes a ellos mismos.

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Tráiler de la nueva versión de ‘Los 4 Fantásticos’

 

Vuelven los 4 Fantásticos y para ello la productora ha recurrido a la misma jugada que realizaron con Spiderman: un nuevo comienzo con nuevos actores y un contenido más oscuro. La cosa, la verdad es que tiene buena pinta. Juzguen ustedes mismos:

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia): ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

Birdman cartelGonzález Iñárritu maneja todos los ingredientes del filme a la perfección. Esta frase lapidaria es la que me ha venido a la boca nada más terminar la proyección. Tal vez suene hueca, casi engolada, pero lo cierto es que ese es el sentimiento que me ha alcanzado con Birdman: que nada en ella es prescindible, que supone un ejercicio magistral en la puesta en escena, que el guión tiene entidad, que los actores dan lo mejor de sí mismos… En suma, que Iñárritu sigue siendo uno de los directores más sabios de la actualidad y la suya una película que, siendo objetivo, nadie podrá decir que no es buena. Quizás el grado de empatía que sienta cada espectador con el filme hará que se la eleve o no a la categoría de obra maestra, en esto es posible que no alcance unanimidad, pero lo que nadie podrá cuestionar es que estamos ante una de las mejores cintas que han sido alumbradas en este 2014 que pronto va a abandonarnos.

«La fama es el sucedáneo barato del prestigio». Riggan (Michael Keaton) debe su popularidad a las películas de superhéroes en las que ha interpretado el papel de Birdman, blockbusters dirigidos al público mayoritario y menos exigente. Pero está cansado de ese éxito. Lo que le interesa ahora es que se le pueda recordar como artista, que se le reconozcan sus méritos como actor. Para ello adapta a Carver para el teatro, en una pieza que el mismo dirige y protagoniza. No lo va a tener fácil, nuestro mundo está plagado de etiquetas y prejuicios, y no se le va a permitir fácilmente que tome al asalto Broadway, a él, que no es más que una estrella menor de Hollywood.

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En Birdman nos enfrentamos a la dicotomía obra de arte/producto en serie, que vendrían a estar representados por Broadway y Hollywood respectivamente. Debate sobre qué es cultura y refinamiento y qué no merece esa distinción porque no es más que un objeto de consumo (de un consumo de usar y tirar, además). Al cine, como espectáculo popular, se le contrapone el teatro como coto privado de la elegancia y el buen hacer. Iñárritu aborda, además, esta polémica desde el humor, desde un humor que tiene bastante de agrio y que nos permite penetrar mejor en la dialéctica planteada (las cosas serias hay que decirlas con una sonrisa en los labios). Más allá, es también una película sobre las apariencias y la necesidad del reconocimiento; y así nos maneja por el delante y el detrás de la obra, no sólo el detrás que suponen las bambalinas (que también) sino sobre todo el detrás que se esconde bajo la máscara de la interpretación, esto es, la vida y el sentido que la mueve. Porque Birdman es, en verdad,  una película sobre la importancia del amor.

Birdman 1De qué hablamos cuando hablamos de amor es el relato llevado al escenario en la ficción dentro de la ficción. Sobre esa falsilla se mueven los personajes, mediante las palabras de Carver expresan sus aspiraciones y sus carencias. Y a su vez el autor (Iñárritu en la realidad, Riggan para la ficción) persigue una definición de qué es el amor para decirnos (ya desde la cita en los créditos iniciales) que sabernos amados será lo único que nos compensará nuestra absurda existencia.

Birdman nos deja escenas de antología (Michael Keaton obligado a andar por la calle en paños menores, como ejemplo), personajes dignos de ser almacenados en nuestra galería personal a través de los tiempos, diálogos inteligentes pronunciados en situaciones que no lo son menos y momentos interpretativos de una intensidad vehemente. Y todo ello sin caer en lo discursivo, la cámara de Iñárritu está ahí, siguiendo a los personajes desde muy cerca por esmerados travellings (y ya dijo Godard que son una decisión moral) que desembocan en vibrantes planos secuencia. La cámara de Iñárritu se mueve sobre su narración al modo en que lo hace el narrador semiomnisciente que tan bien dominó Carver.  El méxicano nos trae un ejercicio de puro cine que llega a buscar incluso su adscripción en lo fantástico (el séptimo arte es fantasía por encima de todo) y así el realismo se convierte en magia con milagro final incluido. Imprescindible.

Paddington, animación para todos los públicos

PadinngtonPorque la vida tendrá un final fatal para todos y cada uno de nosotros, es de agradecer que sigan quedando películas que conservan el espíritu naíf del que nacen los finales felices. Si no podemos escapar del destino que nos reserva lo real, al menos sí podemos manejar nuestro imaginario al son que se nos antoje y si nos mentimos generando ilusión (irrealidad), mejor que mejor, después de todo los finales trágicos también son ficción. Y Paddington tiene ese espíritu: es diversión para todos los públicos sin necesidad de caer en lo bobalicón, cine infantil que no hará sonrojarse a los adultos.

Paddington ha crecido en las profundidades de la selva peruana junto a su tía Lucy quien, debido a un encuentro casual con un explorador inglés, ha inculcado en su sobrino el sueño de vivir una vida emocionante en Londres. Después de que un terremoto destruya su hogar, la tía Lucy decide ocultar a su joven sobrino en un barco rumbo a Inglaterra en busca de una vida mejor. Pertenece a una especie singular de osos de la que no hay muestras en ningún otro lugar del mundo, de modo que cuando la doctora Millicent sepa de su existencia empezará a tramar un plan para lograr matarlo y disecarlo a fin de exhibirlo en el museo de historia natural; una auténtica malvada que nos recuerda a la Cruela de Vil de 101 dalmatas. Evidentemente la villana no se saldrá con la suya, la familia Brown acudirá en su ayuda logrando salvarle, para después acogerlo ya para siempre en su hogar. Fueron felices y comieron perdices. Así han de acabar los cuentos.

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Muy probablemente está será la última película vista en cine este 2014, y me alegro por ello, es importante acabar los ciclos con buen sabor de boca. Una comedia blanca, con toques de slapstick, que no es novedosa en el tema pero que está realizada de forma efectiva y convincente. Detrás de las cámaras nos encontramos con el director Paul King (Bunny and the bull) y el productor David Heyman que estuvo detrás de la saga de Harry Potter, ambos revalidan su habilidad de adaptar relatos infantiles británicos que no caen en los localismos, a pesar de que Londres es un personaje más. Logra convertir en universal la peripecia e incluirle un mensaje (habitual en las cintas de animación) sobre las bondades de integrar a los diferentes y de la virtud del don de la hospitalidad. Al frente del reparto destaca Nicole Kidman que encarna a la perfección el papel de la villana (los cuentos no serían tales si sus malvados no fueran carismáticos). Y evidentemente es remarcable el trabajo de animación de Paddington que logra unos movimientos y unas texturas que permiten integrar perfectamente la imagen animada con la imagen real.

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Una de las películas más simpáticas de la temporada, que nos invita a dejarnos llevar al mundo de la fantasía sin oponer actitudes escépticas, nos pide que suspendamos la incredulidad y recuperemos nuestro corazón infantil. Sí, es una película navideña, pero de esas que logran nuestra complicidad y nos pintan sonrisas sinceras en el rostro, de esas que nos llevamos puestas durante bastante tiempo después de la proyección.

Serendipia’s 2014 fantasy and horror top ten

31 diciembre 2014 Deja un comentario

No, no vamos a ser menos, así que ahí van las 10 películas estrenadas en nuestras pantallas (las vistas en festivales que no han recibido aquí estreno comercial no cuentan) que más nos han gustado por diferentes motivos. Como Serendipia tiene dos cerebros (bueno, al menos uno seguro) hay diversidad de pareceres y en algún caso lo que a uno de ellos le ha encantado al otro no, pero en la mayoría ha habido unanimidad. Vamos pues con los títulos, los artículos que sobre ellos escribimos y, para redondear y decorar, los trailers correspondientes por si no los recuerdan. Aprovechamos una vez más para desearles lo mejor para el año que ya tenemos encima:

¡¡¡Que tengan un feliz 2015 con buen cine y en buena compañía!!!

1 – SNOWPIERCER (Bong Joon-Ho)

Acción e imaginación en el tren de la bruja.

2 – INTERSTELLAR (Christopher Nolan)

Una fantasía abrumadora.

3 – ENEMY (Denis Villeneuve)

«¿Qué significa la araña?» Búsqueda más veces repetida con la que se ha llegado al artículo que escribimos en Proyecto Naschy.

4 – LA LEGO PELÍCULA (Phil Lord y Christopher Miller)

Sencillamente porque… ¡Todo es fabuloso!

5 – EL EXTRAORDINARIO VIAJE DE T. S. SPIVET (Jean-Pierre Jeunet)

Porque nos gustan los cuentos.

6 – SOLO LOS AMANTES SOBREVIVEN (Jim Jarmusch)

El eterno y siempre fascinante vampiro…

7 – MANIAC (Franck Khalfoun)

Porque no todos los remakes lo son. Ni son despreciables por reinterpretar  un film de culto.

8 – LUCY (Luc Besson)

¿Un film de Luc Besson con Scarlett Johansson y no les gustó?

9 – OPEN WINDOWS (Nacho Vigalondo)

Siempre con Vigalondo.

10 – LA CUEVA (Alfredo Montero)

Un ‘found footage’ que nos gustó y angustió.

2013: https://proyectonaschy.wordpress.com/2013/12/30/ano-2013-el-top-ten-de-serendipia/

2012: https://proyectonaschy.wordpress.com/2013/01/11/lo-que-mas-gusto-a-serendipia-de-lo-que-vio-en-2012/

Categorías: TRAILERS RECOMENDADOS

Caroline Munro habla sobre ‘Vampyres’

17 diciembre 2014 Deja un comentario

La productora Artistic Films presenta una vídeo entrevista con la actriz Caroline Munro, quien habla de su participación en la película de terror Vampyres de Víctor Matellano.

«Vi la película original en los 70, hace ya mucho tiempo, así que ahora es muy interesante ver cómo va a recrearla Víctor Matellano«, comentaba la actriz antes de iniciar la filmación del segundo largometraje del director de Wax, que tuvo lugar en el mes de abril en exteriores y decorados ubicados en Madrid y Castilla y León.

La actriz volvió a coincidir en el rodaje con Colin Arthur, responsable del departamento de efectos especiales de maquillaje, con quien ya había trabajado en las películas El abominable Dr. Phibes (1971) y El viaje fantástico de Simbad (1973).

Vampyres, de la que ya os hablamos en un extenso articulo donde entrevistamos a su director y sus protagonistas, es un nuevo acercamiento al universo del clásico de José Ramón Larraz, Las hijas de Drácula (1974), con dirección de Víctor Matellano historia del propio Larraz, y producción ejecutiva de Ángel Mora. En la actualidad la película se encuentra en proceso de ventas internacionales y pronto podrá verse en varios países.

El reparto de Vampyres, encabezado por la estrella internacional Caroline Munro, se completa con Christian Stamm, Marta Flich y Almudena León  y la participación especial de Lone Fleming, May Heatherly, Antonio Mayans, Conrado San Martín y Fele Martínez.

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Nunca es demasiado tarde

5 diciembre 2014 Deja un comentario

nunca-es-demasiado-tardeApenas unos pocos minutos le bastan a Uberto Pasolini para presentarnos personaje y situación. No le hacen falta ni las palabras, las imágenes hablan por sí mismas. Nunca es demasiado tarde nos presenta a John May, empleado de la funeraria pública, encargado de hallar a los parientes más cercanos de esas personas que mueren sin recursos a las que se entierra gracias a los servicios municipales. May es concienzudo en su trabajo, no se limita a la mera rutina sino que le vuelca mucho afecto a su labor (guarda un album con todas las fotos de los difuntos ), tal vez porque, siendo él también un solitario sin familia cercana, se ve reflejado en aquellos a los que ha de asistir (ese plano de May espejeándose en la ventana de uno de los fallecidos). Es tal su esmero que, paradójicamente, es despedido (es tiempo de recortes). Acepta su despido pero pide que le dejen encargarse de su último cometido: buscar la familia de Billy Stokes. A partir de ahí acompañamos a May en su minuciosa búsqueda.

Nunca es demasiado tarde es una película de silencios que retratan la soledad (la del personaje y la otra más general) de una forma inmensamente tierna. La forma de rodar las rutinas diarias del protagonista es la que nos habla. Todo un recorrido visual por la vida de ese funcionario que vive rodeado por la muerte, pero que no expresa tristeza sino un humanísimo ponerse en la piel del otro. Still life, su título original, significa naturaleza muerta, y ese es el lienzo que compone Pasolini: una naturaleza muerta que no genera desazón, sin embargo. Al contrario con Nunca es demasiado tarde sentimos que toda vida está llena de sentido, por humilde que sea la labor que se desempeñe. John May es un Bartleby que no ha entrado en el hastío sino que ha encontrado su misión en hacer su trabajo a conciencia. Despide con honores a todos esos pobres diablos que han fenecido en la más absoluta soledad, él, con sus pesquisas sobre ellos, aunque no consiga contactar con familiares o antiguas amistades, se basta para dignificarlos.

Nunca es demasiado tarde 1

Si elogiable es la dirección del productor de Full Monty, meritorio igualmente es el trabajo de sus actores con Eddie Marsan a la cabeza. Marsan da carnalidad al personaje, con su actuación ponderada nos asoma a las interioridades de John May, le da hondura psicológica y nos lo hace sentir real. John May y su circunstancia nos conmueve pero, contra lo que pudiera parecer, nos lleva al optimismo incluso antes de ver su reconfortante último plano. Apreciamos toda la melancolía del personaje y la situación, la melancolía es el sentimiento que nos embarga cuando intuimos una finalidad que no nos es posible alcanzar, pero el segundo trabajo como director de Pasolini nos lleva un poco más allá. Justo hasta el punto donde se resuelve el duelo, donde se suspende el sentimiento atrabiliario, y este es sustituido por la certeza de que ningún esfuerzo es baldío.

Nunca es demasiado tarde es una película conmovedora en la acepción de enternecedora. A ello contribuyen también las delicadas notas con las que la música de Rachel Portman acompaña la acción. Sus noventa y dos escasos minutos tienden un pulso a nuestras emociones y salimos del cine arropados por la sensación de que está vida vale la pena de ser vivida.

Interestellar, no entres con calma en esa buena noche

7 noviembre 2014 1 comentario

La tostada siempre cae por el lado de la mantequilla. Esta afirmación suele emplearse  como ejemplo de la Ley de Murphy, ley que creemos, erróneamente, ha nacido de la sabiduría popular. «Si algo puede salir mal, saldrá mal» podría ser el enunciado de la ley, una forma socarrona de enfrentar los infortunios, un pesimismo sarcástico y burlón. Sin embargo, teniendo en cuenta su origen (la ley es atribuida al ingeniero aeronauta Edward A. Murphy Jr.) cabe formularla como «Si puede ocurrir, ocurrirá», así, sin manifestar el signo de la suerte. Lo mejor posible (y sólo si es posible), también puede devenir real. Vista de este modo la podemos entender como una proposición esperanzadora, como una suerte de optimismo ontológico (Leibniz y su mejor de los mundos posibles). Así la entiende el protagonista de Interestellar y por ello bautiza a su hija con el nombre de Murphy. La película de Cristopher Nolan parece decirnos que si desarrollamos nuestras posibilidades siempre estaremos en condiciones de superar nuestras limitaciones.

interstellar-originalSi me hubieran preguntado al salir de la proyección qué me había parecido Interestellar habría dicho que el último filme de Nolan es abrumador. Hace tal exhibición de poderío visual y complejidad conceptual que casi intimida. No hubiera sido capaz de afirmar que me gustaba o que no me gustaba, sólo sabía que no me había dejado indiferente. Para los poco avezados en ciencia ficción, como es mi caso, su propuesta es a la par inabarcable y subyugante. No sé juzgar si es un proyecto megalómano, pero me queda claro que Nolan ha pretendido alumbrar un relato de hard science fiction puramente cinematográfico, sin partir de un material literario previo. Y lo que es desde mi humilde consideración, lo ha logrado.

Una de las condiciones para componer una obra de «ciencia ficción dura» es que lo fantaseado parta del rigor científico.  La historia desarrollada en una obra de «ciencia ficción dura» debe ser precisa, lógica, creíble y rigurosa en relación con los conocimientos científicos y técnicos del momento, siendo teóricamente posible la tecnología, los fenómenos, los escenarios y las situaciones descritas. Para ello, Nolan ha contado con el asesoramiento de Kip Thorne, un destacado físico teórico estadounidense, conocido principalmente por sus contribuciones en los campos de la física gravitacional y la astrofísica. Con la paradoja de los gemelos de Einstein presidiendo, en Interestellar, viajaremos a través de agujeros de gusano y atravesaremos agujeros negros. Un viaje interespacial que acaba siendo un viaje en el tiempo al llegar a una realidad pentadimensional (ya saben, cosas del tejido espacio-tiempo y su curvatura). Para describir estos fenómenos espaciales, Thorne trabajó con un equipo de 30 artistas en efectos computarizados, y él se encargó de trabajar en las ecuaciones que permitieron trazar los rayos luminosos mientras la nave espacial viajaba a través de un agujero de gusano o un agujero negro. El científico proveyó folletos de ecuaciones de física teórica con los cuales los diseñadores programaron un software totalmente nuevo de imagen generada por computadora para crear las simulaciones fieles de lente gravitacional (fenómeno visual que ocurre con los agujeros negros y agujeros de gusano). Según el sitio especializado en tecnología Wired, algunas imágenes tardaron hasta 100 horas en renderizarse, y en total ocuparon 800 terabytes de data. Un aparato conceptual muy complejo para los profanos, Nolan estaba preocupado de que tanto detalle científico restara comprensión visual a la película, sin embargo, el cineasta encontró que los efectos finales eran lo suficientemente entendibles.“Mientras no moviéramos mucho el punto de vista de la cámara, nos dimos cuenta que podíamos tener algo bastante comprensible para el público”, reveló Nolan al diario inglés Daily Mail.

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La complejidad abrumadora no impide que entremos en la película, porque Nolan lo expone todo desde una estructura canónica: la trama se narra en tres actos bien diferenciados; el primero sobre la situación en la tierra; el segundo la aventura en el espacio; y el tercero el desarrollo de ambas situaciones en paralelo. Además de esta estructura diáfana, el filme cuenta con un argumento dramático sólido que por sí mismo es un aro temático que permite «leer» el «texto» cinematográfico. La claridad de la trama basta por sí sola para alcanzar la reflexión más profunda que nos sugiere la cinta,  ya sólo con ella comprendemos que hay una intención (bastante transparente) de trascender la media del cine comercial otorgándole a la película un calado filosófico.

Interestellar es un filme ubicado en un futuro (me niego a calificarlo de distópico porque no todo relato sobre un supuesto mañana tiene valor de contrautopía) en el que nuestro planeta está a punto de agotar sus recursos naturales. La humanidad parece abocada a extinguirse por falta de alimentos y enrarecimiento de la atmósfera (el nitrógeno está ganándole terreno al oxígeno). La tierra, asolada por las plagas, está dejando de ser fértil y las tormentas de polvo (que no son simuladas por ordenador sino por máquinas de viento, de ahí su fisicidad) amenazan con hacer irrespirable el aire. En ese mundo sólo interesa lo inmediato y práctico, la tecnología (y con ella la ciencia) sólo habría traído sinsabores y habría sido la culpable de la desolación del planeta. Por eso algunos de sus logros son considerados falaces (como la llegada del hombre a la luna) o directamente son censurados. No hay lugar para los ingenieros aeronáuticos.

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Ingeniero aeronáutico fue Cooper (Matthew McConaughey), antes de ser granjero. Padre de dos hijos, trata de enseñarles el discurso racional, la actitud científica ante el mundo. Su hija pequeña, Murphy (Mackenzie Foy, cuando es niña, Jessica Chastain de mayor) es la que más ha heredado de esa inquietud teórica, pero asegura que un fantasma tira los libros de sus estanterías. Impelida por su padre hará un seguimiento metodológico del fenómeno y descubrirá que la caída de libros «le habla» en código binario, transmitiéndole unas coordenadas espaciales. Padre e hija acuden al lugar. Allí descubren lo que queda de la NASA, que ahora trabaja desde la clandestinidad, con el profesor Brand (Michael Caine) y su hija Amelia (Anne Hathaway) al mando. La agencia espacial está embarcada en un proyecto cuyo fin es salvar a la humanidad encontrando un planeta con las mismas características que la tierra para que puedan habitarlo los hombres. Cooper se ofrece para pilotar la nave exploradora, aún sabiendo que puede suponerle no volver a ver a su familia. Ahí empezará la odisea espacial y el drama humano.

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Como afirma el comentarista Tim Robey para el Telegraph: «La épica de ciencia ficción de Christopher Nolan plantea grandes preguntas y las responde de manera bella y emocionante». Interestellar es visualmente poderosa, las tormentas de arena en su primer acto, ese planeta océano con su tsunamis y aquel otro glaciar en el segundo, esa realidad pentadimensional en el tercero, y la nave siempre la nave, serían sólo ejemplos de la fuerza de sus imágenes. Emocionante porque tiene tintes de cine de aventuras mezclados con emotivos mimbres dramáticos. Pero no es sólo un vehículo bonito, Interestellar busca ir más allá de su trama, o, mejor dicho, que su trama nos lleve a enfrentarnos a las grandes preguntas que rodean nuestra condición. Está en juego definir qué es lo que nos hace ser. Nos habla de los límites de la ciencia y la necesidad de la fe, pero de la fe en los hombres y su propia capacidad de sobreponerse a los problemas que generan. Lo que ha sido fallo humano, lo resolverán los propios humanos si toman conciencia de que el amor y el miedo y la rabia ante la muerte que impelen nuestras decisiones, son las dos fuerzas que nos hacen ser y nos permiten superarnos. El amor puede ser la variable que resuelva las ecuaciones, porque como fuerza nos lleva a rebasar los límites del tiempo y del espacio, lo cualitativo está imbricado con lo cuantitativo. Nolan, inspirándose en los versos de Dylan Thomas (No entres con calma en esa buena noche/la vejez debe arder y delirar al acostarse el día;/rabia, rabia, contra la muerte de la luz.) nos incita a rebelarnos contra nuestras limitaciones y a seguir creyendo en la ciencia como motor de nuestro instinto de superación. Levanta nuestra mirada de la tierra para hacernos mirar al espacio en el firmamento, nos pide que nos dejemos maravillar y sigamos abriéndole puertas al espíritu humano.