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Las lecturas de Serendipia: ‘El destape en el quiosco’

EL DESTAPE EN EL QUIOSCO.
Revistas y cómics que revolucionaron nuestra líbido
Guillem Medina
Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24 Color. 312 páginas.
Para quien no haya vivido los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, puede resultarle complicado comprender la fiebre del desnudo, eminentemente femenino, que inundó los quioscos y los cines españoles a mediados de los setenta. Algo inimaginable en la actualidad, pero que tiene una explicación sencilla si nos desplazamos a aquellos tiempos.
Y es que a los que la ‘ola de erotismo’ nos pilló con los primeros picores venéreos la viñeta de un cómic; un inocente anuncio de lencería femenina y, en especial, un reportaje central de Interviú, revista más o menos permitida en los hogares españoles por aquello de los interesantes reportajes de índole político-social, podía abrirnos las puertas al misterio femenino y… a múltiples sesiones de onanismo. No digamos ya si dábamos de manera casual con el escondite de las revistas de nuestro hermano mayor o de nuestro padre. Eso representaba la perdición eterna, o al menos contribuía a aumentar nuestro sentimiento de culpa y el miedo a ir, tras una vida de vicio y depravación causada por la lectura de semejantes inmundicias, a parar a las calderas de Pedro Botero, tal y como el catolicismo nos había inculcado.
En el cine, habituado a la censura, los desnudos comenzaron a permitirse «por exigencias del guión«, que era la manera culta y elegante con la que las actrices y los directores intentaban justificar desnudos gratuitos. Surgieron divas que vivieron, y en muchos casos padecieron, esta época como simple carne de cañón, como fue el caso de María José Cantudo, Agatha Lys, Barbara Rey o Nadiuska, por decir tan solo las más conocidas entre muchísimas más. Y tanto jóvenes estrellas, como una Maribel Verdú de 17 años o Pepa Flores;
como veteranas de la talla de Carmen Sevilla, Lola Flores o Sara Montiel, llegaron a mostrar en mayor o menor medida sus encantos, ofreciendo en unos escasos años, toda la carne que el españolito había deseado ver durante aquellos cuarenta años que fueron de pan negro a desarrollismo. A muchas de estas grandes divas las vimos mediante «robados pactados» pero también en bellos reportajes fotográficos realizados por experimentados artistas de la talla de César Lucas o José María Castellví, que dotaron de arte a la fotografía erótica.
Al calor de todo ello llegaron a los quioscos, hasta textualmente inundarlos, una ingente cantidad de publicaciones, muchas de efímera vida, con el sexo como reclamo. Unas, a imagen y semejanza de clásicos como Playboy, mezclando reportajes fotográficos con artículos periodísticos; otras, ya existentes, introduciendo los desnudos entre sus páginas, como Fotogramas, El Jueves o El Papus; también en forma de cómic, dejando de censurar sus páginas las ya conocidas y editándose muchas nuevas, especialmente provenientes de Italia; y finalmente las revistas y publicaciones íntegramente dedicadas al sexo, que poco después dieron paso directamente a las revistas pornográficas, primero de importación y más tarde incluso en su edición española, como fue el caso de la emblemática Private (de la que, por cierto, reunir las imitaciones chuscas daría para otro libro). Pero ese es otro cantar, pues Guillem Medina en El destape en el quiosco lo que analiza y reúne son aquellas primeras pubicaciones surgidas al calor de la Transición y la, ejem, desaparición de la censura. Revistas como Party, Siesta, Stop, Bocaccio, Lib y muchas otras de cuya existencia había que dejar constancia. Publicaciones que explican mucho más y mejor el pulso de aquella época que todos los libros y estudios que queramos reunir. Sin olvidar el mundo gay y trans. Y es que todavía no se ha
hablado nada sobre la curiosidad que despertaban los transformistas y Travestís, que actuaban en sus propios y populares locales en Barcelona y Madrid. Artistas de fama como Pierrot o Paco España, cuyas actuaciones se desarrollaban ante un público compuesto, mayormente, por parejas heterosexuales. Pues bien, también hubo revistas como Party o Pierrot que dieron puntual noticia sobre estos temas y abrieron, más bien entornaron, el armario.
De toda aquella ola de erotismo y de todas las publicaciones, que en consonancia con los tiempos lo que aireaban a los cuatro vientos era, a fin de cuentas, el ansia de libertad y apertura, poco queda ahora. Interviú desapareció recientemente, y la única que se publicaba en aquella época y prosigue es El Jueves. Los tiempos han cambiado, pero es de agradecer que alguien, con el detallismo y completismo que demuestra Guillem, realice un primer inventario de muchas de aquellas publicaciones, revistas, cómics. Labor que redondea repasando a las principales protagonistas de aquellas publicaciones y películas. Actrices que padecieron y vivieron aquella época en su esplendor y tras la cual vieron como, para la mayoría, se cerraban las puertas del cine.
Diábolo Ediciones, como es habitual, redondea la obra con abundancia de imágenes a todo color, imprescindibles para disfrutar de los diseños ‘vintage‘ y de las sugerentes imágenes de aquellas cabeceras. Pero que no se engañe el lector, la imagen están al servicio del documentado texto del autor, que ayudará al neófito a situarse en aquella época y al estudioso a conocer los entresijos editoriales y socioeconómicos que se vivían en aquellos años.
Las lecturas de Serendipia: ‘Viviendo del cuento’

VIVIENDO DEL CUENTO
Juanjo Sáez
Astiberri, 2019. Rústica con solapas. 18 x 21.5. Color. 176 páginas.
He de admitir que este libro lo adquirí a ciegas. No solo no sabía quien era Juanjo Sáez, sino que tampoco conocía su obra. O eso pensaba, pues lo cierto es que me he llevado una grata sorpresa, y no solo al reconocer entre sus hojas algunos flyers que en el pasado me había encontrado en el camino, sino porque habla de un tema que viví, en cierto modo, y de gente que conocí. Y me ha sorprendido muy gratamente. Sobre todo porque se mete con la vacuidad que había tras todo ello y les saca los colores. Me explico.
El barcelonés Juanjo Sáez vivió una época previa a las redes sociales que ya anunciaban lo que se nos venía encima: infinidad de gente presumiendo de lo que no es, explicando lo fenomenales que son desde publicaciones de diseño y tendencias. Aquellos periódicos gratuitos que florecieron como los champiñones y desde los que muchos músicos mediocres, artistas que solo ellos sabían que lo eran, diseñadores de moda y creadores de tendencia asaltaron los cielos. Páginas en las que los colaboradores no cobraban, pero en las que, eso sí, había cuchilladas por publicar. Eso sin olvidar la famosa ‘cultura de club’. Todo eso lo conoció el que todo esto les cuenta en el ocaso de su juventud, a finales de los noventa, cuando ya el salir de noche dejó de ser divertido para convertirse en poco menos que una pesadilla. Por los bares de Barcelona me topé en muchas ocasiones con octavillas (entonces se llamaban así) y publicidad de lugares como el Nitsa, el Astin, el Apolo, algunas dibujadas por Juanjo Sáez, como he podido comprobar ahora. Lugares a los que me llevaron amigos químicamente incansables y desde los que aburrido/asqueado/ciego preparé mi lenta, pero obligada, retirada.
Tuve amigos que iban al Sonar. Ese lugar al que todavía hay que ir, aunque sea a hacerse la foto. Un festival que presume de progresivo, aunque programe a Los Chunguitos. Un festival que he oído que también programa sesiones infantiles. Todo ello, por entonces, pues volvemos a los noventa, con el Britpop y el niñopop de fondo, a base de flequillos, delgadez, palidez, Adidas y chicas vestidas como alumnas de un colegio de monjas de los sesenta. Mucho dinero y mucha pose. El nacimiento del ‘postureo’. Con grupos y amigos que conocía de la escena mod de la que yo estaba saliendo y ellos también, aunque reciclándose en editores de revista de tendencias, como Yolanda -ABarna- Muelas o los Sidonie, sin ir más lejos. Y todo eso, toda esa salsa, todo aquel ambiente y todo aquel postureo antes del postureo, Juanjo Sáez lo retrata de manera milimétrica, con sus dibujos sencillos, pero personales, y un léxico sencillo, el suyo, el mío. Su libro es biográfico y sincero y por eso se siente. Se vive. Y en él nos cuenta cómo, partiendo de los fanzines (eso que ahora se llama autoedición) unos remansos de libertad a pequeña escala en la que uno hacía lo que le daba la gana sin grandes pretensiones más allá de pasarlo bien, fue escalando, a veces sin pretenderlo, introduciéndose en exposiciones y revistas hasta terminar convirtiendo su pasión en su profesión. Y todo ello en un libro publicado cuando ya aquella época ha pasado, recuperando tiras de prensa que publicó en diversos medios y, mucho más allá de la simple recopilación, convirtiendo este libro en una reflexión sobre una época, una profesión y, en
general, la vida y la familia.
Pero también es un libro que anticipa el infierno en la tierra que representan las redes sociales, en las que todos escriben sobre todo, en las que todo el mundo es bello y tiene una vida tan interesante que tiene que retransmitirla en directo. Compartir continuamente. Una arena en la que todos saben de todo, están a la última y opinan de todo. Resumiendo, vaticina la vida moderna (o postmoderna, como quieran). Y lo hace con mucho humor, ironía y mala leche, pero también inocencia, porqué no, y a pesar de todo, madurez.
Publicado originalmente por Ramdom House en 2004, Astiberri reedita Viviendo del cuento con un nuevo prólogo de 12 páginas del autor.

Supersonic Man. Un hombre solo contra España
De Héctor Caño y su labor con el cómic y concretamente con el personaje creado por el cineasta Juan Piquer Simón ya les hemos hablado en Proyecto Naschy. Su trabajo con Supersonic Man resulta más que atinado. Le ha dado entidad no permitiendo que sea olvidado más allá de su protagonismo en una película más o menos de culto. Ha tomado el universo que ofreció Piquer Simón en su film y lo ha adaptado a los nuevos tiempos mezclándolo con su propio abanico de héroes y ofreciendo, por el camino, diversos homenajes y referencias al cómic español de todos los tiempos. Y todo eso lo ha hecho más claramente que nunca en Supersonic Man. Un hombre solo contra España, cuarto cuadernillo editado por Caño, un cómic que se divide en dos partes bien diferenciadas. Una retoma al personaje justo en el momento que termina la película de Piquer Simón, liberando al personaje de su identidad humana como hiciera Alan Moore con La cosa del pantano, en una historia que introduce también a
Pedro Alcázar, émulo de Punisher falangista que enlaza y denuncia, en cierto manera, los modos de este tipo de, nunca mejor dicho, justicieros, que se nombran a sí mismos juez y ejecutor. El personaje, además, enlaza con los históricos Roberto Alcázar y Pedrín, personajes creador en 1940 por el guionista y editor Juan Bautista Puerto, propietario de la Editorial Valenciana (que también editó los cuadernos de Supersonic Man de los ochenta), y el dibujante Eduardo Vañó Pastor, un tebeo tildado de eminentemente fascista, pero del que la mayoría de guiones fueron escritos por José Jordán Jover, antiguo comandante del ejército republicano represaliado por el régimen franquista. Lamentablemente, el pintoresco personaje tiene poco recorrido. Por su parte, la otra historia incluida en el cuaderno transporta al lector al universo personal de Caño, con un Supersonic Man con una imagen más atractiva, melenudo, a la manera de aquel Superman que nos brindó Dan Jurgens cuando el hombre de acero volvió de la muerte, y con la acción desarrollándose en el limbo, donde Supersonic Man se enfrentará junto a personajes que, en cierto modo homenajean al Capitán Trueno, a un monstruo que responde al nombre de España, con cabeza de gorgona y cientos de bocas que en continuo sonsonete recitan los pecados capitales propios de este país. Pero también nos encontraremos con el Inspector Dan, ahora comisario, un personaje originalmente ideado por Rafael González y Eugenio Giner y a un sosias de Dani Futuro, creado por Víctor Mora y Carlos Giménez a finales de los sesenta. Y todo ello sin olvidar la deuda adquirida con el cineasta valenciano, pues Héctor
Caño reservará para el final una sorpresa al lector y fan del film introduciendo una figura que unirá ambas historias en forma de un personaje que no paso de mero proyecto en la filmografía del director y que cobrará vida en las páginas del cómic.
En resumen, estamos ante el mejor cómic sobre Supersonic Man que se ha editado, tanto en su guión como técnicamente, pues el ilustrador ha querido reproducir su trabajo directamente desde las planchas a lápiz, ofreciendo mucha más riqueza en las imágenes y demostrando una evolución cualitativa en su trabajo. Y por si todo esto fuera poco, el cómic puede adquirirse con tres magníficas portadas, una de las cuales homenajea, de forma deliciosa, la del clásico The Amazing Spider-Man #129 (Feb 1974) de John Romita Sr. y Gil Kane, mezclándola con la tipografía del logo de Roberto Alcázar y Pedrín.
No lo dejen escapar, y aunque la generosidad del autor permite leerlo online, háganse un regalo y adquieran esta cuidada pieza de orfebrería de papel que tanto cariño desprende en sus páginas pidiéndolo en: https://eneasbeat.blogspot.com/2019/09/supersonic-man-2020-edicion-mecenas-p.html
Novedades Diábolo para octubre: vuelven los comics de terror y la mejor cultura popular

Novedades Astiberri: Noviembre 2019

Los aficionados al noveno arte estamos de suerte. Astiberri lanza una buena colección de novedades para el mes de noviembre que incluye una nueva edición de Los mitos de Chthulhu tal y como los vio el artista Alberto Breccia en la que todavía es una de las mejores adaptaciones del mundo del soñador de Providence. Pero Astiberri también pone a disposición del lector una nueva entrega de La Balada del Norte, de Alfonso Zapico, del que también reedita Café Budapest. Asimismo podemos encontrar entre las interesantes novedades de la editorial una adaptación de En busca del Unicornio de Juan Eslava Galán realizada por Emilio Ruíz y Ana Miralles o Cervezas, tomo recopilatoria de tiras de Mauro Entrialgo centrado en el adictivo y refrescante néctar. Todo esto y mucho más de la mano de Editorial Astiberri.
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Homura Kawamoto es guionista de manga. En 2013 los premios Gangan JOKER al mejor artista novel de manga le otorgaron el premio Estímulo al mejor guion. En 2014 comenzó la serialización de Kakegurui, jugadores dementes. Se convirtió en un manga de éxito que sería adaptado a anime, cine y serie entre otros medios. Actualmente sigue trabajando en sus secuelas: Kakegurui Twin, Kakegurui Midari, Kakegurui (kari). También trabaja en otras obras no relacionadas con Kakegurui, jugadores dementes. Además, aprobó el examen estatal para el cuerpo de Justicia.
los premios Square Enix de manga. En el mismo año comenzó la serialización de Kakegurui Twin con Gekkan Gangan JOKER. Hasta el momento, en Japón se han publicado ocho volúmenes. Se prevé que el volumen 9 salga a la venta en diciembre de 2019. La belleza de sus dibujos está ganando reconocimiento tanto dentro como fuera de Japón.
En diciembre de 2005, el célebre productor, guionista de televisión, escritor, professor y vicepresidente de la Kyoto University of Art and Design, Yasushi Akimoto presenta a un nuevo grupo de idols bajo la idea de un concepto diferente e innovador: chicas con dotes artísticas remarcables y con un perfil mucho más cercano a su público a las que uno puede ver cada día. Para ello se convocan audiciones destinadas a la búsqueda de las futuras integrantes. Su selección es muy cuidada y reciben un entreno específico antes de formar parte de los diferentes equipos que integra este grupo musical tan especial. Las AKB48 actúan casi a diario en un escenario diseñado de forma muy especial en el Don Quijote de Akihabara dónde a su vez se celebran eventos para poder conocer a sus fans. El resto ya es historia: cambiaron el panorama musical japonés y se convirtieron en representantes de la imagen del país con una mezcla de música de estilo kawaii, coreografías para el recuerdo y un impacto mediático sin precedentes.
Elsa Brants es autora del manga Sálvame, Pythie (2014-2016), que está siendo publicado en España por Letrablanka con ilustraciones exclusivas para la edición española. También es una de las autoras seleccionadas para participar en el homenaje a Osamu Tezuka en la revista japonesa Tezucomi, con una historia sobre La princesa caballero como autora completa (febrero 2019), y otra sobre Black Jack como guionista (julio 2019). Este mes de septiembre ha lanzado su segundo manga en Francia: Per le pouvoiir des dessins animés, una autobiografía humorística de tomo único en la que la autora narra su trayectoria de fan a autora de manga y explica su experiencia en el mundo editorial.
Sourya Sihachakr empezó a hacerse conocido gracias a la trilogía Rojo, escrita per el guionista Florent Maudeoux, y volvió a colaborar con el escritor en Doggy Bags. Pero su gran salto profesional tuvo lugar en 2018, con el lanzamiento de su primer título en solitario, Talli, hija de la luna, que en España ha sido publicada por Letrablanka Editorial. Se trata de una obra de fantasía y magia que ha sido descrita como “una historia realmente interesante” que la convierte en “una compra imprescindible”, en palabras de la revista cultural Ecos de Asia.
Macoto Tezka, que forma parte de la dirección actual de Tezuka Productions y que se ha dedicado a supervisar las adaptaciones y otros derivados de la obra de su padre, asistirá el día 31 a la inauguración de la exposición dedicada a Tezuka, un creador imprescindible para entender la evolución del manga a partir de la Segunda Guerra Mundial y creador de personajes como Astro Boy o Black Jack. También protagonizará varias actividades de las que se llevarán a cabo en el recinto de Manga Barcelona en Fira Barcelona Montjuïc, como la mesa redonda Osamu Tezuka a través de los ojos de Macoto Tezka, el jueves 31 de octubre a las 17:00 horas en Auditorio del Palau 5 y la proyección de una de sus películas como director, The Legend of the Stardust Brothers, el viernes 1 de noviembre a las 12:00 horas en el mismo Auditorio, sobre la que charlará con los espectadores.
También nos acompañará la mangaka Reiko Okano. Entre sus obras más representativas está Fancy Dance, con la que ganó la 34ª edición de los Shogakukan Manga Awards en la categoría de shōjo manga y que luego fue adaptada al cine de la mano del director Masayuki Suo; la adaptación al manga de la novela Onmyōji, de Baku Yumemakura, con la que ganó el Premio Especial en la 5ª edición del Premio Cultural Osamu Tezuka, además de obtener el galardón en la categoría de manga de la 37ª edición de los premios Seiun; y Onmyoji Tamatebako. Otras obras suyas son Yomi Henjo Yawa, Calling o Inanna. Gracias a sus extensos conocimientos musicales, sobre todo en gagaku (un tipo de música tradicional japonesa), ha producido varios image albums (álbumes musicales que incluyen las canciones de una serie de animación). Después del gran terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011, participó en diversas actividades para ayudar a recuperar el arte de la Ogatsu Hoin Kagura, una antigua ceremonia teatral típica de Ogatsu, Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi.
Nacido en 1961 en Okayama, Japón, Hideo Nakata se graduó en la Universidad de Tokio y empezó a trabajar en el estudio Nikkatsu. En 1992 debutó como director en la serie de televisión Hountouni atta kowai hanashi. Su debut en el largometraje fue Don’t Look Up (1996). El éxito internacional le llegó con The Ring, tras la que dirigió una secuela, The Ring 2 (1999), y otro gran éxito, Dark Water (2002), de la que se realizó un remake en Hollywood. Él mismo debutó en el cine norteamericano en 2002 con la secuela de la versión en inglés de The Ring.










La trayectoria de Ryota-H ha sido muy prolífica. Comenzó como animador en Gainax donde trabajó en Tengen Toppa Gurren Langan (2007) y Shikabane Hime (Corpse Princess) (2008). En 2014 participó en la serie animada de Tokyo Ghoul, realizando parte del diseño, a la que le siguió, en 2016, con Tokyo Ghoul A. Como ilustrador participó en el anime Little Witch Academia (2017). También ha realizado animaciones para máquinas de pachinko.
Babylon justo antes del evento. Ese mismo año, debutaría como ilustrador de novelas ligeras con The Chronicles of a Lost Man in His Forties Founding a Nation, novela escrita por Souhei Mikawa, editada en Japón la editorial Gentosha. Sus colaboraciones también alcanzan el mundo de los videojuegos, trabajando como ilustrador en franquicias tan destacadas como Fate/Grand Order y Revolve 8 de SEGA.



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