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Diario de Serendipia en Sitges 2023: Sexta cápsula

La jornada promete ser fuerte: 4 películas, 4. Y las cuatro pertenecientes a la sección Oficial Fantàstic Competició. Entre ellas la que ganaría el premio a la mejor película. Comenzando en l’Auditori con Pobres criaturas de Yorgos Lanthimos, fuera de competición y que esperábamos con auténtica expectación. También la extraña producción japonesa Best Wishes to All (みなに幸あれ) de Yûta Shimotsu. Y ya en nuestro segundo hogar, el Tramontana, Cuando acecha la maldad (Demián Rugna), que para nada nos esperábamos el impacto que iba a obtener. Y La espera, el retorno a casa de Francisco Javier Gutiérrez tras su aventura americana.

Fotos: Serendipia
No sabemos a qué hora se acuestan las gallinas, pero ha de ser lo suficientemente temprana como para estar prestas al alba cuando cante el gallo. Y Serendipia se acostó con las gallinas porque sabía que la luna aún reinaría en el firmamento cuando estuviese haciendo cola frente a l’Auditori. Necesitaba estar frescx (más que las rosas) para no perder detalle de la cinta que más
esperaba, Pobres criaturas, bastante más de dos horas que iban a requerir toda su atención. La estrategia funcionó y la experiencia fue tan fructífera como esperaba.
Pobres criaturas (Poor Things), la última barrabasada de Yorgos Lanthimos fue, de largo, la mejor película que se proyectó durante esta edición del festival, aunque se ofreciera fuera de competición. La flamante cinta se alzó con el León de Oro en el pasado Festival de Venecia, donde la película fue ovacionada con ocho minutos de aplausos. Y estamos seguros de que hubiera encantado a los surrealistas, que entrarían de buen grado en el laboratorio del Dr. Godwin Baxter (Willem Dafoe) y disfrutarían con sus bizarras criaturas y su más compleja creación: Bella (gran Emma Stone), resultado de sustituir el cerebro de una suicida por el de un nonato.
Bella, es un bebé que todo lo descubre y aprende con pasmosa velocidad, pero con el cuerpo de una mujer adulta, diciéndolo freudianamente, es puro ello, pura amalgama de pulsiones regidas exclusivamente por el Principio del placer (siguiendo con la jerga de Freud). Bella es una hermosa paradoja, una mente sin censura, anterior, no solo al superyo (conciencia moral), sino al mismo yo (sentido corporal-emocional del sí-mismo), en un cuerpo que está en su plena madurez. La inspira un hedonismo inocente como el de los recién nacidos, así va descubriendo el mundo, así también va descubriendo el propio cuerpo. Se palpa como se palpan los bebés y se autosatisface con todo lo que le da placer sin que ningún Principio de realidad (Freud de nuevo) la aliente a posponer sus deseos. Todos al nacer somos así, desvergonzados, nadie nos ha
descubierto el pudor, eso es algo que se nos irá inculcando de a poco desde las primeras cucharadas de papilla con cada estonosehace/estonosetoca, para que antes de la pubertad sepamos comportarnos. Bella, en cambio, luce espléndida como una fruta madura, pero con la estructura interna de un primer brote. Su mente, brillante y primitiva, la convierten en la imagen de una adulta no reprimida, espontánea y sin prejuicios, algo que, como cabía esperar, se pondrá de manifiesto, con todas sus consecuencias, cuando descubra la sexualidad.
Hasta el momento de ese despertar, Bella ha vivido en un mundo en blanco y negro encerrada entre los muros de la mansión/laboratorio de Godwin Baxter. Porque su creador/padre necesita unas condiciones ideales para seguir la evolución del experimento que es ella. No la aísla por celo represor sino en aras de alcanzar el mayor rigor científico en la observación de su mejor criatura. En su jaula de oro nada le falta, ni el contacto amoroso, pues el propio Goodwin alienta a su ayudante, el joven Max McCandles (Ramy Youssef) a que dé rienda suelta a su pasión platónica tomándola como prometida. Todo es ordenado y meticuloso hasta que Bella descubre la fruición sexual y con ella la pasión por conocer, lo que la lleva a descubrir el mundo junto al abogado de la familia, un libertino canallita interpretado por Mark Ruffalo. El mundo de la joven se llena de un color vivo en un viaje que va desde una Lisboa retrofuturista (con esos zepelines y ese monoraíl aéreo surcando los cielos) a los barrios bajos de Alejandría y los burdeles de París. Un recorrido quijotesco en el que a medida que Bella adquiere mayores conocimientos, empieza a entender el mundo en el que vive, aprende a comportarse de acuerdo con las normas de la sociedad y toma consciencia de sus derechos. Así, cuando Bella regresa, es un ser totalmente diferente, experimentado en todos los aspectos y dueña de sí misma. No como mujer liberada, nunca fue prisionera, sino como mujer consciente de su libertad.
Fácil es descubrir en Bella a un trasunto de Mary Shelley a la que su padre describía a sus quince años como una chica «singularmente valiente, un tanto impetuosa y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible». El trasunto shelleyniano estaba ya en el material del que parte Lanthimos, la novela casi homónima del singular escocés Alasdair Gray, ¡Pobres criaturas!: episodios de la juventud del Dr. Archibald McCandless, funcionario de Salud Pública, algo que se aprecia ya en el nombre del personaje que interpreta Willem DaFoe, Godwin, como el apellido del anarquista padre de la Shelley, y Baxter, apellido del mentor escocés de la autora del Frankenstein (o moderno Prometeo encadenado), el botánico y filósofo radical, que habría terminado de formar el espíritu revolucionario de Mary. La novela, un buen ejemplo de literatura postmoderna, es un pastiche (en la acepción positiva del término) que teje entre sí los modos narrativos del clásico de Mary Shelley con los del Drácula de Bram Stoker, para ofrecer una pieza que en clave satírica se hace eco de las críticas sociales de ambas obras. Y Lanthymos profundiza, también con mucho de comedia, en la reflexión sobre si todo es válido para el desarrollo de la ciencia junto a otros de sus temas más queridos. La Pobres criaturas del griego es, ante todo, un canto al libre albedrío y la libertad de la mujer para decidir y seguir su propio camino. Pero eso se destaca sobre una crítica más ambiciosa que ahonda en el análisis de la complejidad de las dinámicas sociales, los estatus asumidos y el valor de la rebelión. Algo que no reflejaban las primeras y equívocas sinopsis que llegaban en las que se tildaba al personaje de Bella como una especie de criatura de Frankenstein ninfómana.

La mirada del griego hacia la especie humana se vuelve aquí menos inclemente y cruel, pues, aunque refleja los aspectos negativos de los desarrollos de la humanidad, también tienen cabida la exposición más amable de los perfiles positivos de la especie, deja asomar también la bondad, la empatía y la solidaridad. Y mientras se estiliza en sus contenidos temáticos se radicaliza en su barroquismo visual. Yendo un paso más allá de lo experimentado en La favorita (2018), nos regala una puesta en escena extrema en la que no sólo destaca la transición narrativa del blanco a negro al color, sino que asalta al espectador con imágenes deformadas por lentes de ojo de pez, con zooms violentos y con grandes escenarios construidos en estudio y digitalmente. Y no se trata de un ejercicio megalómano de un director encantado de conocerse, como sugerían algunas voces al terminar la proyección, sino que sus decisiones formales barrocas resultan perfectamente ajustadas al espíritu que quiere imprimir a su relato. Todo ese artificio e imaginación se ajustan perfectamente a lo que requiere la historia. Toda esa acumulación de elementos resulta coherente y plena de sentido. El espectador atento sabe comprender que la historia no podría haber fluido si se hubiese contado con la parquedad de recursos visuales. Las columnas salomónicas tuvieron razón de ser, por más que las sobrias columnas dóricas cumplían de igual modo su función de sostén.
Es la primera ocasión en la que el director griego ha trabajado con material ajeno, aunque tenía muy claro lo que quería y así se lo pidió a su guionista, Tony McNamara, nombrándole tres películas como referencia al tono que quería para la suya: Y la nave va (E la nave va, Federico Fellini, 1983), Belle de Jour (Luis Buñuel, 1967) y El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, Mel Brooks, 1974). Y en vista de los resultados puede decirse que se fabricó un híbrido perfecto.
Emma Stone repite con Lanthimos tras La favorita (The Favourite, 2018) y el cortometraje Vlihi (2022), como actriz, y en esta ocasión, como productora, demostrando tener muy buen ojo, pues el director sabe sacar de ella unas interpretaciones antológicas. La actriz ha tenido que a inventarse una nueva forma de andar, una nueva forma de hablar, una nueva forma de actuar. Porque se trataba de alumbrar a la nueva mujer con suficiente histrionismo y suficiente temple como para no caer en la caricatura. Stone asume riesgos que son poco transitados por las estrellas de Hollywood y que pasan también por entregarse sin remilgos a las escenas de sexo.
Lanthymos firma un excelente trabajo de género. ¿De cuál? De uno inclasificable que no se deja resumir en las etiquetas: ¿Es fantasía?, ¿Es humor?, ¿Es sátira? Es todo ello y mucho más. El griego diluye las fronteras en otra obra de rico mestizaje genérico.
Con la cinta de Lanthymos nos acercamos a la prometida reflexión sobre qué narices puede ser la pureza del terror, pero antes haremos otra escala para hablar de la opera prima de Yûta Shimotsu, que es el plato que degustó Serendipia en su antepenúltima sesión en el Auditori.
Shimotsu llegaba a la presentación de su opera prima ataviado con la camiseta del festival. Divertido nos contó que había tenido que comprar ropa de urgencia porque la aerolínea le había extraviado la maleta. Puro entusiasmo, el japonés, sin darse cuenta, hacía todo un spoiler de su largo, procedente de su corto homónimo que se alzó en 2022 con el gran premio de la Japan Horror Movie Competition de Kadokawa: confesó haberse inspirado en una leyenda nipona según la cual ser feliz depende directamente de la infelicidad de otros.
Best Wishes to All (みなに幸あれ) nos sumerge en una pesadilla doméstica. Una llena de extrañeza, que recuerda las atmósferas de Junji Ito, y en la que su joven protagonista (Kotone Furukawa), una estudiante de enfermería, descubrirá en una visita a casa de sus abuelos que las cosas no están bien. Que estos tienen un comportamiento extraño. Y que, además, suenan golpes provenientes del trastero. Ella parece ser la única de la familia que se percata de todo, pero pronto descubrirá, por las malas, que todo ello es producto de una peculiar tradición ancestral para alejar la infelicidad.
El arranque de Best Wishes to All nos hace recordar La visita (The Visit, 2015) de M. Night Shyamalan, con esos abuelos que incluso en los primeros compases resultan intrigantes. haciendo anticipar que algo va a torcerse hacia una esfera de perversidad. Pero pronto, cuando, por ejemplo, los ancianos empiezan a gruñir como los cerdos ante el cochinillo que van a comer, mientras sostienen que los cerdos están satisfechos de ser sacrificados para deleitar nuestros ágapes, y, sobre todo, cuando se arrastra hacia el comedor un personaje semidesnudo que tiene cosidos los párpados y los labios, la cinta de Shimotsu deriva hacia territorios más autóctonos del terror. Takashi Shimizu, uno de los fundadores del terror japonés moderno (y que ya produjo el corto que extiende esta opera prima), saluda a Yûta Shimotsu como nueva savia que va a renacer al J-horror, que parecía haberse aletargado en las últimas décadas.
Aunque aquí no exista la presencia de ningún yūrei, esos fantasmas femeninos que nos deleitaron en el The Ring (リング, 1998) de Hideo Nakata, sí nos movemos en el terreno de los cuentos y leyendas sobrenaturales que han distinguido al País del sol naciente, explotando a las mil maravillas un terror surreal y psicológico. Shimotsu dibuja una pesadilla poblada por monstruos muy humanos con una gran dosis de humor negrísimo, utilizando los efectos visuales y el sonido con moderación para crear una sensación de pavor y terror que se infiltra en nuestra conciencia. Logra un terror que es local y a la vez universal, porque no podemos dejar de mirar pasmados sus extravagantes viñetas de comedia oscura, divertidos a la par que un punto horrorizados. Reímos, pero a la vez se nos queda un gesto sombrío, sobre todo ante su plano final (Spoiler Alert) en el que tomamos conciencia de que nuestra protagonista ha acabado por aceptar la locura de dañar a otros para procurarnos bienestar.
¿Qué harías por la felicidad? Es la interrogación con la que se promocionan estos mejores deseos para todos. Sabemos al terminar que se está preguntando por los límites de lo ético. Esa es la clave conceptual de este cuento de horror en familia, una premisa temática que recuerda la crítica similar de Kiyoshi Kurosawa al consumismo contemporáneo y su correspondiente narcisismo en Creepy (クリーピー 偽りの隣人, 2016). Aún sin llegar a la altura del maestro más autoral del J-horror, el debut de Shimotsu resulta un excelente y atmosférico ejercicio de terror. ¿Puro? Llegamos ya a la gran disquisición, justo cuando cambiamos de sala y vemos la próxima película.
Serendipia vuelve a instalarse en el paraíso de la primera fila del Tramontana, le gusta comerse la pantalla y sólo aquí le es posible. Toca ver otro de los títulos que han despertado expectativas desde que fue anunciada su participación en la sección Oficial Fantàstic Competició: el segundo largo de Demián Rugna, Cuando acecha la maldad. En 2018 Serendipia había disfrutado con su prometedora opera prima, Aterrados, una visceral y efectiva película de terror sobrenatural con elementos de comedia. Y el arranque de Cuando acecha la maldad no podía ser más prometedor, parecíamos estar ante un weird western gaucho: Una hacienda, noche, los perros ladran, se oyen disparos; por la mañana los dos hermanos que guardan la finca inspeccionan el terreno, hallan un cadáver decapitado y todo los lleva a la casa de unos masoveros indígenas, allí descubren que el hijo mayor, Uriel, se ha convertido en una masa de carne hinchada y llena de fístulas: es un embichado. Serendipia se relame acariciando la idea de estar ante un enigmático mal ancestral de color autóctono. La producción argentina (con parte de capital norteamericano) envuelve su atmósfera malsana con toques de humor muy oscuro, ambas cosas van in crescendo hasta que el primer acto culmina con un festín de muertes bastante gore. Qué es lo que sea un embichado se desgrana, en este primer momento, dosificando la información paulatina y sosegadamente, manteniendo alta la intriga y haciendo cómplice al espectador de la reconstrucción de la lógica de esa particular mitología. Pero la cosa cambia: se abandona la apariencia de western rural, para introducirnos en una especie de road movie de huida de la maldad que acecha a los protagonistas. Lo peor es que se abandona también el desarrollo de la acción progresivo, y las claves de la trama avanzan a golpe de diálogo, puesto en boca de los nuevos personajes que van incorporándose. Nada molesta más a Serendipia que los subrayados discursivos, sobre todo cuando, a su juicio, el metraje de la cinta hubiera sido suficiente como para continuar acudiendo a los elementos puramente visuales para desarrollar la acción. Además, la naturaleza de los embichados no era todo lo original que habíamos esperado. La acción va derivando hacia unos derroteros más trillados, los embichados no son otra cosa que un cruce entre infectados y poseídos, que sí, es novedoso, pero no deja de ser la fusión de figuras ya establecidas con anterioridad en el género. Como sentencia Wilson Chapman, donde se nos prometía una pesadilla febril de alta temperatura, acabamos encontrando un resfriadillo tejido con los mimbres de un recital de sustos que son más espeluznantes y escandalosos que aterradores. Rugna malogra el potencial de lo que él mismo había planteado. O esa fue la impresión de Serendipia, al menos, porque, al salir, sus compañeros de platea celebraban exaltados lo visto ¡Por fin terror!

Cuando acecha la maldad convenció a casi todos, incluidos los miembros del jurado, que la coronarían mejor película del certamen. Como explicaron en el palmarés: «nos gusta el cine de terror, las películas de terror y creemos que a veces no tienen el reconocimiento que deberían tener y por eso hemos escogido esta película porque creemos que es la mejor de las películas que hemos visto». Incluso la organización se felicitaba pues «la película supone un éxito para Sitges Industry ya que fue un proyecto que empezó a gestarse en el contexto del Sitges Fanpitch«. Cuanto menos, curioso.
Ante tamaños festejos, la cabeza más secundaria del monstruo que esto escribe empezó a plantearse si acaso eso del terror no iba con ella y, entonces, no tenía derecho a acudir a un festival que está consagrado a ello. Y, a partir de ahí, de su pequeño trauma (diciéndolo un tanto hiperbólicamente), se enfrascó en toda una indagación sobre qué narices es eso del terror que tantos habían calificado de puro. Y ahora es cuando va a soltar la digresión prometida desde el día anterior.
Para el catedrático Sebastián Serrano, somos hijos del miedo. De un miedo con alto valor adaptativo que tiene por antónimo la temeridad. Los temerarios no le tienen tomado el pulso al peligro, por eso se arriesgan sin tino, juansinmiedos de la vida, se atreven con todo, su falta de juicio les expone y… no llegan a viejos. Los temerosos, en cambio, no corren riesgos innecesarios, actúan con prudencia y sobreviven dejando su herencia genética para la especie. Una perpetuación biológica de los miedicas que se refuerza con la educación. A sus vástagos les legan sus genes y los cuentos. Las leyendas y el folklore vestían los peligros naturales con el ropaje de entes dañinos y taimados, así, si no tienes vértigo, un barranco puede resultar hasta atractivo, pero si es la oscura morada de una legión de trolls (por poner), y eres niño, la cosa ya se pone más seria. Vino la Ilustración queriendo poner coto a las supersticiones en nombre del reinado de la recta Razón, pero la generación romántica que la sucedió volvió a elevar y dar valor a lo sobrenatural. Movimiento pendular de la historia en el que tuvo su peso descubrir que el sueño de la razón produce monstruos. Terror por antonomasia es el método expeditivo de represión revolucionaria (o contrarrevolucionaria) que instauraron Robespierre y su pandilla. No es de extrañar la reacción de la generación siguiente que empezó a poner en valor lo medieval y lo oscuro, siguieron la estela de Horace Walpole que en 1764 escribía El castillo de Otranto haciendo nacer la literatura de terror. Si el arte desconfiaba de la Razón, también la propia filosofía la ponía en cuestión: en el siglo XIX nacía la que se ha denominado Filosofía de la Sospecha, que tiene en Marx, Nietzsche y Freud sus
cabezas de cartel. Es el vienés el que va a adentrarse en la mente y sus traumas y, claro, pondrá sus miras sobre qué es y qué produce el terror, esa emoción que ahora sabemos que nace en una región del cerebro denominada amígdala, ubicada en el sistema límbico, que se encarga de regular las funciones de conservación del individuo. Aunque admira a Darwin, Freud da una explicación que no es biologista sino una lectura que podríamos denominar (un poco a bulto) metafísica. El padre del psicoanálisis se interesa por el terror desde bien temprano, pero es después de la Gran Guerra cuando dará su definición más elaborada, distinguiendo entre angustia, miedo y terror. Si el miedo es el temor a un peligro presente, conocido, y la angustia la señal de alarma de la mente, que lo anticipa sirviendo de entrenamiento, el terror está relacionado a un estado en que se encuentra el sujeto cuando se ve sorprendido por un peligro para el cual no estaba preparado. Según esta lógica, aterrarse es estar al borde del colapso, enfrentarnos a una adversidad, tan grande, que quedamos paralizados y, en el peor de los casos, condenados a repetir mentalmente el trauma que hemos vivido (algo que Freud observó entre los veteranos de la Gran Guerra). El miedo nos cualifica, el terror nos incapacita. Así las cosas, deberíamos concluir que los que ven cine de terror somos unos absolutos masocas. Pero es que la cosa no es tan simple. Si disfrutamos del género es porque mientras vemos estas producciones nuestro cuerpo está tensionado y libera cortisol, una hormona que está relacionada con el estrés, por eso, asustarse con una película mejora el estado de ánimo y ayuda a sentirse mejor. El miedo que vivimos en la sala oscura nos activa, nos despierta, hasta nos enardece. Definiéndolo coloquialmente: vivimos un “subidón” químico que nos provoca una euforia
momentánea. Sobre todo si el final es catártico. Se disfruta del terror que no paraliza, que es tanto como decir que no aterra, ergo no puede existir algo así como películas de terror puro. De haberlas nos lisiarían, nos dejarían traumatizados (en el sentido fuerte del término) de por vida. Casi muertos. Defender la pureza del género es defender algo que no lleva a parte alguna. Lo puro es lo que está libre y exento de toda mezcla de otra cosa. Lo que es fiel a una esencia imperturbable, impermeable a cualquier cambio. Pero el terror es también un reflejo de la sociedad, de los miedos de una época, por eso no puede ser invariable. Cada momento histórico vive sus propios espantos y los expresa bajo formas narrativas acordes. En definitiva, no es más puro, ni menos, el terror gótico de Walpole que eso que llaman horror elevado. Sólo son distintos rostros del miedo. Bienvenidas sean todas las manifestaciones del monstruo.
Aliviados tras la perorata, ya podemos continuar con el relato de la jornada que tuvo para Serendipia un bonito final de fiesta: La espera, otra cinta que usa los caminos del western rural, ahora ambientado en la Andalucía natal de su director, Francisco Javier Gutiérrez.
Gutiérrez en La espera incluye varios guiños a su recordada cinta de 2008, 3 Días, con la que debutó en el largometraje y que le supuso bastante reconocimiento en la época. Recupera a uno de sus protagonistas, Víctor Clavijo, que realiza nuevamente un trabajo excepcional. Al igual que el resto de su escogido reparto: Pedro Casablanc, Luis Callejo y Manuel Morón, entre otros. Clavijo encarna a Eladio, guarda de una finca que organiza partidas de caza y que acepta el soborno de uno de los señoritos, el secretario del hacendado, que sabedor de la necesidad que se pasa en el hogar del guarda, le tienta con un cuantioso soborno para que descuide la seguridad y reparta más lotes de caza en la montería. Semanas después su vida entera colapsa. Lo que parecía un vuelco favorable del destino se convertirá en un macabro descenso a los infiernos en el que Eladio sufrirá la trágica pérdida de su familia y verá puesta a prueba su cordura con algo mucho más oscuro.
Después de su poco afortunada aventura americana, Gutiérrez sintió la necesidad de volver a España, a Andalucía, su tierra, y rodar algo más íntimo, más personal, «España me devuelve a mis raíces, a mis recuerdos, así como a mi narrativa más personal. Trato de ahondar en las emociones, explorando una vez más la complejidad, oscuridad, belleza y fragilidad de la naturaleza humana. Todo ello disfrazado de un thriller de terror brutal, sin concesiones, descarnado, con alma de wéstern». Una vez en este blog hablamos de Los santos inocentes (Mario Camus, 1984) y decíamos de ella: «No es una película de terror, pero sí una película sobre el miedo, ¿o acaso no es terrorífico ese abuso de poder de los señoritos, su absoluto desprecio por las vidas ajenas? Los miedos cotidianos son más sórdidos que los fabulados, por eso tienen más
cuerpo y nos remueven más«. La espera entronca con el relato de Miguel Delibes, con la película de Camus, pues estos nos hablaban del monstruo, el que representan los hacendados, esos cazadores de hombres, y también los otros, esos que hacen honor a la etimología del término, los que son dignos de ser mostrados. Azarías es nuestro héroe, el inocente capaz de derramar sangre y conducirnos a la liberación de acabar con mano certera con el servilismo. Pero si Los santos inocentes dejaba margen a la catarsis, eso no ocurrirá en La espera. En el filme del andaluz las partidas de caza se convierten en algo directamente tenebroso y se encauza el drama rural hacia el sendero de lo siniestro, magia negra y sociedades secretas incluidas. El terror se irá cociendo asentado sobre la dilación, sobre la angustia de lo que no llega, pero sí se espera. Y se teme.
La película de Francisco Javier Gutiérrez tiene en la espera del título el centro mismo de su funcionamiento narrativo. Con un sol inmisericorde y un calor constante, que baña de sudor a los personajes, La espera es un trabajo sobre el dolor, la pérdida y el infierno de la culpa. Así como sobre la imbatibilidad del poder, hambriento de sacrificios con los que perpetuarse. Filme de puesta en escena brillante, no faltan las voces que catalogan este ejercicio de realismo, más que mágico, maléfico, de muestra de folk horror nacional.
Más allá de la etiquetas, la propuesta de Gutiérrez se manifestaba como una de las más sugestivas de esta edición. Incluida en la sección Oficial Fantàstic Competició, habría merecido mayor eco de sus bondades. El público que compartió la sala Tramontana disfrutó, además, de las palabras de presentación del propio director.
Cerrar con el filme de Gutiérrez fue un magnífico broche para un día casi perfecto, repleto de importantes títulos de autores ya consagrados, de debutantes y de otros prometedores que aún siguen en la liga de haber de darnos todavía mucho más.
Mientras tanto, en Sitges continuaban pasando cosas…
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Quinta cápsula

De nuevo en el Melià tras la enorme afluencia de público que representa el fin de semana, Serendipia inicia una nueva con dos sesiones en el Tramontana, ergo, Noves Visions y dos más en l’Auditori -desde la distancia- con dos pertenecientes a Oficial Fantàstic Competició.

Fotos: Serendipia
Mientras l’Auditori estaba repleto de almas para ver La sociedad de la nieve, última película de J. Bayona, con menú carnívoro ultracongelado, Serendipia escoge seguir el olor a podredumbre y sordidez que emana del Tramontana y ver The Funeral (Cenaze), que, por la sinopsis del propio festival, prometía una historia
de amor necrófilo entre un conductor de coche fúnebre y su pasajera. Junto al encanto de premisa, Serendipia se sintió atraid@ por tratarse de una producción turca, con todo lo que ello conlleva, y por estar dirigida por Orçun Behram, del que vimos, en este mismo festival, pero en 2019, su opera prima, The Antenna (Bina).
The Funeral se inicia cuando a Cemal (Ahmet Rifat Sungar), que como hemos indicado se gana la vida conduciendo un furgón fúnebre, le encomiendan transportar y ocultar durante un mes (y sin despertar sospechas, claro), el cadáver de una joven (Cansu Türedi) a petición de su familia. Extraño encargo al que Cemal no pone trabas, simplemente acepta el fajo de billetes que le ofrecen y emprende su misión. Pero una noche abre las puertas traseras del coche fúnebre y encuentra a la muerta emitiendo extraños gruñidos, retira el sudario y descubre a la joven aniñada respirando y sin pulso. La retornada a la vida, además de tener escasa conversación, despierta con unos apetitos muy peculiares, lo que obligará a su pretendiente a facilitarle la necesaria carne fresca. Primero la suya propia, después la del reguero de cadáveres que irán sembrando a su paso. Este Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008, Tomas Alfredson) versión no-muerta se desarrolla en pasajes desolados, vertederos, ruinas y barrios bajos, inmejorables escenarios para una historia de amor desaforada. Un cuento gótico envuelto en una niebla opresiva permanente que podría haber salido de la pluma de algún autor romántico, amantes como eran de lo siniestro y de las pasiones extremas que desafían los límites de lo racional. Zeynep, la joven renacida, lleva consigo, además, el recuerdo de los horrores de su muerte, víctima de un siniestro ritual. Por ello, buscará venganza.
La cinta concluye en un tercer acto que brinda un festival de sangre en una secuencia de acción filmada de noche (que el director destacó que fue muy difícil para todo el equipo). Y cierra con la única escena luminosa: ambos protagonistas al frente del furgón, ya sin que Zeynep tenga que ocultarse, en lo que se adivina una huida hacia el futuro…¿feliz?
Breve pausa, vuelta a la Sala Tramontana y más bucles con The Uncle (Stric, David Kapac y Andrija Mardesic), una producción croata (con participación serbia) ambientada, aparentemente, en los años ochenta en Yugoslavia. Allí, una familia se prepara,
como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. Nervios antes de la celebración, se rompe un plato de la vajilla buena, el hijo lleva el mismo jersey de la última vez… Nervios durante la celebración, el pavo estaba crudo, las galletitas de canela quemadas… «La Navidad es en realidad el mayor ataque subliminal al subconsciente, donde la forma se apodera de la sustancia» declaran David Kapac y Andrija Mardesic, que no parecen amar la celebración. Pero parece haber algo más detrás del comportamiento histriónico de la familia (cuyos miembros no tienen apellido, ni nombre), no hay naturalidad y todo resulta exagerado y extraño. Como si se tratara de una mala obra de teatro. La revelación nos llega la jornada siguiente, la familia se prepara, como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. Y la siguiente cuando la familia se prepara, como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. La representación se repite día tras día, siempre igual, las mismas frases, los mismos actos, pero siempre algo no está bien, despertando la ira del obsequioso tío. El ingenioso guion del que también son responsables Kapac y Mardesic, sabe jugar bien la baza de la repetición con variaciones para mantener el suspense, el humor impera, pero poco a poco se nos va torciendo el gesto, pues con cada cambio, el ambiente supuestamente festivo se vuelve cada vez más tenso y desequilibrado. También dudamos de la época en la que se están dando los hechos, porque según todo, desde el modelo del mercedes del tío, hasta la decoración de la casa y el vestuario de todos, deberíamos estar en los 80. Pero hay teléfonos móviles que suenan de improviso, alterando el guion. La verdad irá emergiendo de manera vacilante y poco sistemática, pero no nos impacientamos porque el ejercicio fílmico está perfectamente orquestado y nuestra atención está rendida. Vamos sabiendo de un secuestro, vemos a la coerción violenta convertirse en abuso psicológico, un abuso que cada vez raya más en la tortura mental. En cada etapa, la tensión aumenta constantemente, preparándonos para un clímax de derramamiento de sangre y catarsis que inevitablemente llegará.
El talento de los dos jóvenes croatas, que debutan en el largo con esta The uncle, fue premiado con el galardón a mejor director de la sección Noves Visions. Porque la suya es una manera particualr de entender el género, algo que ya se intuía en su mediometraje para televisión, Zagorski specijalitet (2012) que mezclaba pijos perdidos en el monte jugando al paintball, lugareños afables y…canibalismo. Claro que, la pregunta del millón es a qué género nos referimos exactamente, porque aquí hay una deriva desde la comedia a la tensión (tensión como la del título de aquella serie de la infancia de Serendipia), y de la intriga al desenlace violento. Si le buscamos paralelismos o influencias, tendríamos que referirnos al Michael Haneke de Funny games o al Yorgos Lanthimos de Canino, y seguimos moviéndonos en las marismas. No nos atreveríamos a decir que es terror puro, pero quizás es más aterrador que cintas que sí cabrían en esa pureza. Quizás Serendipia, la cabeza más secundaria de Serendipia, estaba a punto de descubrir que a lo mejor no le gusta el género. O sí. Continuaremos esta disquisición mañana, es decir en la sexta cápsula, pero no adelantemos acontecimientos. Vayámonos a cambiar de sala no sin antes destacar que en el rol de tío nos encontramos con ‘Miki’ Manojlovic, a quien los amantes de Emir Kusturica recordarán bien y cuya presencia en este filme fue todo un deseo cumplido para los jóvenes directores: «Cuando nuestros productores nos preguntaron a quién queríamos para el papel, dijimos: Miki Manojlović. Parecía una fantasía, pero los productores tenían su email y le enviaron el guion sin muchas expectativas. Respondió muy rápido, exaltado ante un guion escrito por dos jóvenes cineastas cuyas obras nunca había visto. ¡El resto es historia!«
Con un buen promedio de interesantes propuestas, Serendipia prosigue su itinerario cinéfago del lunes, ya en l’Auditori, con Brujería (Christopher Murray), una cinta coproducida entre Chile, México y Alemania que denuncia el déspota colonialismo de los europeos contra los nativos, mediante la recreación de unos hechos ocurridos en Chiloé a finales del siglo XIX: el juicio contra «La Mayoría» (sociedad huilliche) bajo el cargo de asociación ilícita. Cuando empieza la película de Christopher Murray (que es autor del guion, además, junto a Pablo Paredes), estamos en 1880 en isla de Chiloé, al sur de Chile, donde el colono alemán, Stefan (Sebastian Hülk), vive junto a su familia en una aldea criando ganado. Cuando sus ovejas mueren misteriosamente, reacciona de forma violenta contra el pastor y padre de la criada, Rosa (Valentina Véliz Caileo), enviando a los perros para que acaben con su vida. Todo lo cual sucede delante de Rosa, de 13 años, que a continuación es despedida. Rosa y su padre son indios huilliches y Rosa, además, es cristiana. En busca de justicia recurre al subdelegado, que no le hace ni caso («a los perros no se les mete en la cárcel«), después al sacerdote, que la emplaza a no buscar justicia divina sino humana, a la vez que le indica que vaya a hablar con Mateo (Daniel Antivilo), un huilliche anciano. Mateo está al frente de La Recta Provincia, una sociedad indígena, real, anterior a la independencia, pero será Aurora Quinchen, la machi (curandera) (Neddiel Muñoz Millalonco), la que le explicará su origen y sentido: el piloto español José Manuel de Moraleda se presentó como un poderoso hechicero y desafió el poder de la machi Chillpila, oriunda de Quetalco, en una competencia de magia. Ella lo derrotó dejando su barco en seco y él le obsequió un libro de magia, conocido como el Libro de arte, el Levisterio o Revisorio, con el que se instruyeron posteriormente algunos indígenas y crearon esta sociedad secreta. Y es ahí donde la historia de venganza de Rosa se transforma definitivamente en una de magia y hechicería, que se hace eco de la leyenda más que de la historia de los hechos a los que se remite. Murray nos mueve por una Chiloé más inventada que real para conseguir su objetivo de denuncia, lo que hace más rica su lectura y la engloba dentro del fantástico.
Su fuerte, el de la película, es la atmósfera, como señala Aaron Rodríguez, en El antepenúltimo mohicano, mediante «una fotografía húmeda y apagada, acuosa, de verdes musgosos, azules apagados y dominantes del gris«. Con esa tonalidad nos mueve por el paisaje, un paisaje que invita a la pausa, al uso del fuera de campo como mejor recurso para transmitir no sólo los hechos sino la sensación que de ellos se desprende. Murray baraja bien el tempo, porque sabe que la dilación es la que le va a permitir abordar el fondo de la cuestión. Ese debate interno de Rosa por reivindicar(se), que la enfrenta a dos realidades, su cristianismo de nacimiento, la religión colona, frente a las creencias huilliches que parecen vivir en su propio rostro, como le hizo ver el sacerdote. Siendo fantástica, Brujería es también un relato de crecimiento en el que está en juego, no sólo el paso a la madurez de una adolescente, sino la conservación de la propia raíz genética de un pueblo. Aquel al que Murray quiere dar la palabra. Él, que por su tez blanca y su cabello taheño, recuerda más al colono opresor que al indio que clama por su realidad y su tierra. Y es que Brujería va más allá de ser un mero reflejo de creencias y dialécticas anteriores, diciéndolo nuevamente con Aaron Rodríguez, «tiene mucho de los conflictos éticos a los que se asoma el espectador moderno, de sus dudas, de su necesidad de pertenecer a una comunidad que no se base únicamente en las líneas de explotación, pero al mismo tiempo, de la necesidad de cantar, de aprender, de mantener otra relación con la realidad y con la Historia». Murray usa la falsilla del fantástico como metáfora para hablar de temas socioculturales, que aún siendo locales, es capaz de hacérnoslos sentir cercanos. Ahí estamos, de nuevo, con los límites del género.
Hablada en español, mapuche y alemán y coproducida por Pablo Larraín, esta cinta, que algunos calificarían como otra pieza de Folk Horror, que parece englobar ahora todo lo que sucede fuera de las ciudades, y otros no dudarían en colocar dentro del Elevated Horror (categorías tan de moda que acabarán por englobarlo casi todo y no significar nada), esta pequeña(gran) película juega a la mixtura, por tanto, no es pura. ¿O acaso sí? ¿Qué será la pureza genérica? Ya saben mañana en la sexta cápsula. De momento ahora nos vamos de Brujería a Salem. Y todo sin movernos de l’Auditori.
Cualquiera diría que continuamos en tierras de brujas, pero no es así, el Salem que da título al film que Serendipia ve a continuación, y con el que cierra la jornada, no es el tristemente célebre proceso contra las «ocho perras brujas» de la población norteamericana. El salem al que se refiere el título es en realidad un saludo que significa paz. La acción de Salem se desarrolla en los suburbios de Marsella, donde una pareja de adolescentes pertenecientes a barrios/bandas -y etnias- rivales (Cigarras y Grillos), se enamoran: Djibril, negro, de origen comorano y musulmán; y Camilla, de sangre gitana y cristiana. Todo empeorará cuando ella quede embarazada y culminará con una muerte y la entrada de Djibril en prisión. Pasados los años, cuando por fin cumple su condena, en régimen psiquiátrico, Djibril cree poseer poderes de curación y que su hija, que al parecer los ha heredado, puede ser la clave para salvar al mundo del odio que bulle en los suburbios de su ciudad. Jean-Bernard Marlin dirige y firma el guion, el marsellés, crecido en uno de los barrios más pobres y conflictivos de la ciudad, el 13ème arrondissement, parece haberse especializado en filmes que dan voz a los marginados después de haber ganado el César a mejor opera prima con su película de 2018, Shéhérazade, otra historia de amor en los suburbios interpretada (como Salem) por actores no profesionales. Se podría decir que su segundo largo, el que nos ocupa, es un Romeo y Julieta suburbial en la línea del clásico de Robert Wise, West side story, pero va más allá de ser la adaptación «quinqui» (a la
marsellesa) de la tragedia de Shakespeare: Salem es una película ambiciosa y personal en la que se dan la mano el drama shakesperiano, sí, pero también el cine de bandas callejeras y la fantasía esotérica, que es la que le ha dado cabida en la Sección Oficial Fantástico Competición de esta edición del Festival de Sitges.
Y es que Djibril es, desde su adolescencia, un visionario, se figura y cree con facilidad cosas quiméricas, por ello cumple condena en el psiquiátrico y no en el penal. Como decíamos al principio, cree tener poderes de sanación y que estos además los habrá heredado su hija, Ali, por lo que ella será la profeta que llevará la paz (salem) a los dos barrios enfrentados en constante pugna territorial. ¿Lo cree o los posee realmente? Salem sabe jugar la doble baza, todo podría tener una explicación racional, o ser verdaderamente fruto de una verdad mística. El filme logra un casi perfecto equilibrio entre el relato naturalista y la ilusión onírica representada por esas cigarras doradas que, a la vez, persiguen y guían a Djibril. Un equilibrio que es logrado con la imagen, con el lenguaje cinematográfico. La cinta combina la cámara fija y efectos visuales de gran plasticidad. Como declaraba el propio Marlin en Cannes: «Por un lado, estamos cerca de los personajes respetando un cierto clasicismo y, por el otro, podemos ver aspectos visuales experimentales, como los sueños. Al igual que con la música original, el lema de las imágenes era ser una película alucinante». Salem tiene una ferocidad y una ambición que merecen llamar la atención por la película y su talentoso director.
Salem como la Brujería de Murray es una película liminar, un film frontera, tejido con el espíritu del mestizaje entre la denuncia social y el fantástico más surrealista. Estamos otra vez ante la discusión sobre los límites del género, también la película de Marlin es impura si es que existe algo así como la pureza del terror y lo fantástico. ¿No es género si el subtexto tiene casi tanto peso como el texto? ¿Es necesaria la ortodoxia, sea esta lo que sea, para estar en un festival como el de Sitges? ¿Es algo que puede espantar al público natural del certamen o es la mixtura la que lo hace todo más atractivo? Las respuestas, ya saben, tal vez las encontremos mañana en la sexta cápsula.
De momento, y como ya cuadra, les dejamos con el tercero de los cinco videos sobre los entresijos del festival, en el cual se visitan otros lugares y donde se desarrollan otras actividades de las que les contamos aquí.
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Interludio en ‘El otro lado’

¡¡¡UN MOMENTO!!!
ANTES DE REPASAR MÁS PELÍCULAS,PERMITAN QUE NOS DETENGAMOS EN UNA SERIE. QUE NOS DETENGAMOS A COMPROBAR LO QUE HAY EN
EL OTRO LADO
Ya instalados en Sitges, pero con un día libre antes de comenzar nuestra particular ensalada de películas, Serendipia recibió, de mano de Movistar+, los enlaces de visionado que había solicitado de El otro lado, serie producida por la plataforma en colaboración con El Terrat y dirigida por Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro, que precisamente iba a presentarse durante esta edición del festival. Ocho episodios de veinte minutos que nos dispusimos a ojear y que no pudimos abandonar hasta su conclusión. Basada en una idea original de Berto Romero, El otro lado supone un avance en su carrera como actor, pues si bien la serie tiene mucho humor, este no viene dado especialmente por su personaje.
Pero no nos avancemos y veamos en qué es El otro lado, ¿una serie de terror? ¿una comedia? Pues todo eso y bastante más. En la serie Nacho Nieto (Berto Romero), periodista especializado en lo paranormal, pasa por su peor momento profesional y personal. Tiene dificultades para adaptarse a las nuevas tecnologías, para él una titánica tarea en la cual cuenta con la colaboración de un ayudante bastante inepto (Albert García). Y es que Nieto es un claro heredero de aquel periodismo, algo bizarro, todo hay que decirlo, que se cultivaba en espacios de radio y televisión como Más allá y publicaciones tipo Karma-7 y Mundos Desconocidos, durante los años setenta y ochenta.
Tras un intento fallido de suicidio, vuelve a la vida acompañado por el fantasma de su mentor, el doctor Estrada (Andreu Buenafuente), mítico comunicador del misterio, y una de las notas de humor de la serie, pues fallecido hace más de 20 años, su lenguaje y modo de comportarse resulta muy chocante para los parámetros del siglo XXI. En ese momento se cruza en la vida del periodista un virulento caso poltergeist en un piso del extrarradio de Barcelona, quizás el caso paranormal más importante de los últimos años. Nacho acude al piso de los fenómenos, donde viven Eva (María Botto) y Rubén (Hugo Morenilla), acompañado por el espíritu de su mentor y ayudado por Juana (Eva Ugarte), su mano derecha en su antiguo programa de radio. Mientras Nacho desenreda el misterio, se enfrentará a un oscuro secreto de su pasado. Un secreto que le relaciona directamente con Gorka Romero (Nacho Vigalondo), antiguo compañero de investigaciones, y que ahora se ha convertido en el referente del periodismo del misterio en España, un clarísimo y cómico sosias de Iker Jiménez.
En vista de este argumento, ¿puede considerarse El otro lado una serie de humor? Pues sí, lo cierto es que resulta muy cómica, sobre todo cuando intervienen los personajes interpretados por Andreu Buenafuente y Nacho Vigalondo, pero nos parece también una serie de terror. Y muy digna, con todo muy bien medido y equilibrado, como tuve ocasión de comentarle al mismo Buenafuente durante el festival. Algo que suponemos los responsables de El otro lado se habrán hartado de escuchar pero, es que se trata de algo muy meritorio por la dificultad que entraña. No predomina una cosa sobre la otra. El humor no pisa a la intriga y el terror.
Muchas han sido las propuestas de combinar humor y terror desde que en 1948 los estudios Universal mezclara a sus, hasta entonces, terroríficos monstruos con dos cómicos de vodevil, en Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott and Lou Costello Meet Frankenstein, Chas T. Barton) y en la mayoría de ocasiones el resultado no ha pasado de ser eminentemente cómico, con el terror como complemento. En España muchas han sido las cintas que han intentado mezclar pavor y humor. Sin ser exhaustivos recordamos a los Hermanos Calatrava en Horror Story (Manuel Esteba, 1972); Joe Rígoli en El pobrecito Draculín (Juan Fortuny, 1977); Andrés Pajares en El liguero mágico (Mariano Ozores, ) o Martes y 13 en Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!) (1991) y el gran Chiquito de la Calzada en Brácula. Condemor II (1997), perpetradas ambas por Álvaro Sáenz de Heredia. Por fortuna, El otro lado no tiene nada que ver con todo esto pues, repetimos, el equilibrio entre géneros funciona a la perfección, algo que se debe a que Berto Romero, responsable de la serie, es también un buen amante del cine de terror, algo que se deja entrever en los guiños que hace en la serie a dos terrores castizos (y bien diferentes) como son ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Chicho Ibáñez Serrador y Mil gritos tiene la noche (1982) de Juan Piquer Simón. Su cinefilia también queda bien latente en la serie Zombis (2009), así que no es extraño que se aventurara en ofrecer algo diferente: «Se juntaron dos elementos: por un lado, la voluntad de hacer algo nuevo y por otro poder, por fin, escribir algo de lo que a mí me gusta. Tenía muchas ganas de realizar un cambio de registro, de tratar temas que a mí me interesan más como espectador desde siempre, de toda la vida, de terror y de fantástico. No tanta comedia ni autoficción».
Para dirigir El otro lado se ha contado con Javier Ruiz Caldera, que ya dirigió a Berto Romero y Eva Ugarte en la magnífica serie Mira lo que has hecho (2018), también para El Terrat / Movistar+, y a Berto en 3 Bodas de más (2013). En esta ocasión Javier Ruiz Caldera ha optado por dirigir la serie a cuatro manos junto a Alberto de Toro, con el que ya dirigiera Malnazidos (2020), largometraje que tuvo muy mala suerte y que urge recuperar.
Berto Romero y Andreu Buenafuente han demostrado, sobre todo el primero, que pueden considerarse actores sin sonrojarse. Juntos participaron en la estupenda El pregón (Dani de la Orden, 2016), y Berto, por separado, ha realizado diversos papeles, la mayoría de comedia, pero tan variopintos como los que encarna en Algo muy gordo (Carlo Padial, 2017), Ocho apellidos catalanes (Emilio Martínez-Lázaro, 2015) o en el memorable cortometraje Hostiable (2015) de David Galán Galindo.
Así que no se llamen a engaño, si bien resulta inevitable comenzar a ver El otro lado con una sonrisa al ver aparecer en pantalla a Berto Romero, (viniendo de paso a la cabeza del espectador ciertos sketches televisivos en los que visitábamos ‘la nave del misterio)’, esa sonrisa desaparece pronto, pues también hay mucho terror sobrenatural, con una mezcla tan bien construida que tras el modélico primer episodio, no queda otra que seguir desentrañando los misterios que esperan en El otro lado. Aparecidos, poltergeist y sanadores se mezclarán con cosas más terrenales y mundanas hasta su conclusión, perfecta y, afortunadamente, abierta a una segunda temporada pues, en nuestro caso estamos dispuestos a volver a cruzar a El otro lado.
Al otro lado se estrena en doble episodio semanal el jueves 23 de noviembre en Movistar Plus+
Y AHORA, PROSEGUIMOS CON LA PROGRAMACIÓN HABITUAL DEL FESTIVAL EN NUESTRA CUARTA CÁPSULA
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Tercera cápsula

Fotos: Serendipia
Primer fin de semana de festival y las cosas se van calentando. Ya se dejan ver algunos de los más esperados invitados y homenajeados y termina, en cierto modo, la tranquilidad con el máximo de pases que nos permite nuestra acreditación…¡Y nuestra salud! Este sábado será el día en el cual Serendipia podrá comprobar por qué tenía tantas ganas de ver la última de Pablo Berger, Robot Dreams, también descubrirá una perla oculta, Moon Garden (Ryan Stevens Harris) y revisará una, bastante mal envejecida, Siesta (1987), de Mary Lambert. Mientras tanto, Oriente Medio volvía a temblar víctima de un terror del que no da cuenta la ficción, pero permanecíamos ajenos a todo ello desde la oscuridad de los cines. Sitges es la mejor de las burbujas, una fiesta en su sentido griego. Un tiempo fuera del tiempo en el que los villanos sólo son de cartón piedra y maquillaje. Como los inofensivos muertos vivientes, protagonistas absolutos de la Zombie Walk, que llenaron las calles de la Blanca Subur la misma jornada en la que volvía a temblar la paz del orbe.

Este sábado, Serendipia se lo pasa íntegramente en la sala Tramontana, donde se dejará llevar por un maratón que irá de las 8,30 a cerca de las 17,30 horas. Nueve horas, pues, de buen cine que se inició de inmejorable manera con Moon Garden (Ryan Stevens Harris), una apuesta a la que no se apuntó
demasiado público, que al parecer prefirió volcarse con nuevas entregas de las 30 Monedas de Álex de la Iglesia. Moon Garden está rodada con celuloide caducado de 35 milímetros, una elección que, pudiera parecer absurda pero que, vistos los resultados, resulta fundamental para obtener la textura y la atmósfera onírica que requiere este film con sabor a cuento clásico, protagonizado por una niña y que cuenta con sus hadas y villanos. Un universo feérico en el que la protagonista se ve inmersa tras sufrir un terrible accidente y entrar en coma. Un mundo industrial, oscuro, y surrealista en el que es atormentada por un espectro de pesadilla que se alimenta de sus lágrimas. Deberá seguir la voz de su madre para encontrar el camino de regreso a la vida.
La mejor baza de la cinta es haber sabido penetrar en el mundo alucinado de la percepción durante un episodio de estado alterado de la mente. Ryan Stevens Harris parece saber cómo la realidad, en situaciones cerebrales extremas, queda mezclada y confundida con los materiales irreales de la alucinación, y da cuenta de ello con un excelente dominio de los dos planos de la narración. La cinta se centra en la acción que no tiene correlato real fuera de la mente de la pequeña, pero tiene la habilidad de no ignorar qué está ocurriendo allá fuera. Más aún, logra ilustrar cómo una mente, casi desconectada de la conciencia, transforma lo acontecido en el mundo objetivo en construcciones oníricas que sirven a efecto de explicación y herramienta con las que elaborar estrategias de subsistencia. Vemos el debate entre la vida y la muerte como nunca antes lo habíamos conocido. Y la cinta nos mantiene en vilo durante los 93 intensos minutos de su duración.
Realizada con efectos especiales tradicionales, el director no duda en utilizar stop-motion en algunos pasajes de la cinta los cuales, lejos de resultar postizos, añaden aún más encanto y autenticidad a la cinta. Dirigida y escrita por Ryan Stevens Harris, si la película se hubiera presentado como un desconocido título perdido en los años ochenta y hallado dentro de un baúl, les aseguramos que nos lo hubiéramos creído. Bajo presupuesto pero muy bien utilizado, y sobre todo mucha fantasía y cine. Puro cine fantástico que vio su esfuerzo recompensado con el premio a mejor película en la sección Noves Visions.
De la fantasía más desbordante al terror más extravagante con Where the Devil Roams, la última barrabasada de la familia Adams. Y no nos referimos a la deliciosa creación de Charles Addams que dio pie a
una inolvidable serie (y unas más olvidables películas), nos referimos a John y Zelda Adams y Toby Poser, directores, interpretes y compositores a los que conocimos con Hellbender (2021) y que se sumergen con Where the Devil Roams en el American Gothic, representado por las decadentes ferias de fenómenos en plena Gran Depresión. Y lo hacen a su modo, respetando los lugares comunes del género, pero llevándolos a su propia estética, en la que intercalan momentos con tempo de videoclip que realzan la banda sonora de la que son autores (casi como si asistiéramos a un recital), con otros en los que la oscuridad es reina reforzando un horror que huele a descomposición. Los rituales posteriores a los asesinatos implican de todo, desde tomar fotografías de las escenas del crimen hasta tocar un ukelele junto a los cadáveres, inyectando a las muertes una apariencia extrañamente bizarra.
Where the Devil Roams es una road movie que acompaña a la familia protagonista en su periplo sangriento, el cual coincide con el progresivo éxito de su número de feria. Un éxito que aumenta proporcionalmente a la escalada de violencia de los protagonistas. Hábil es su
tratamiento de la fotografía, que se vale por sí mismo para situarnos en el contexto temporal de la acción. Esa América de la Gran depresión, cuya desesperanza lo tiñe todo de desolación y añoranza, se deja retratar bien con los modos digitales que reproducen la textura de los daguerrotipos, esa antesala de la fotografía que nos ha llegado desvaída como si hubiera capturado un mundo espectral. Las imágenes van cambiando gradualmente del color al blanco y negro para reflejar el descenso de la propia familia en el horror y la putefracción, esto último literalmente, además.
Supersticiones, brujería, religión, música y una matriarca que entre sus tareas del hogar está incluido asesinar a todo el que estorba. Y amor. Seven, Maggie y Eve, así se llaman los integrantes del grupo familiar, manifiestan una delicada atención los unos por los otros. Así, la película intercala sus interludios más sangrientos con escenas de tipo doméstico: los vemos lavando la ropa, cenando alrededor de una fogata y quejándose de los ronquidos de los demás. Puede que sean asesinos descompuestos, pero también son extrañamente adorables, y eso es lo que nos mantiene atentos. Casi cómplices.
Un cóctel variopinto es Where the Devil Roams, levantado con un presupuesto más que ajustado, pero bien rentabilizado, que le da un inequívoco sabor a película indie con un resultado marciano. Una aproximación al American Gothic particular y moderna.
Y, de lo actual, marchamos de vuelta al sabor del cine de los ochenta, ahora real, con Siesta (1987), una producción que en España se estrenó, directa a video, como Relación fatal, por aquello de aprovecharse del éxito de la Fatal Attraction de Adrian Lyne (1987) que puso en boga en su momento los thrillers eróticos, subgénero en el que no todos los acercamientos resultaron igual de afortunados. Siesta no estuvo llamada a figurar entre los mejores ejemplos.
Rodada en España, resulta involuntariamente divertida por el modo de retratar nuestro país, en donde todo el mundo parece estar en constante sopor (a lo que pudiera contribuir la banda sonora de Miles Davis). Tampoco el paisanaje patrio sale bien parado, su más representativo exponente es un taxista sucio y de aviesas intenciones interpretado por el británico Alexei Sayle, al que los más viejos del lugar recordarán por sus locas intervenciones en la serie de culto The Young Ones (Els joves / Los jóvenes, 1982-84) donde interpretaba al inefable Balowski. La trama nos lleva de nuevo por terrenos oníricos cuando su protagonista (Ellen Barkin) despierta en una carretera cubierta de sangre que no es suya, sin recordar nada de las últimas 24 horas y con la convicción de que ha asesinado a alguien. Así que seguiremos sus pesquisas para recomponer ese último día. Con una abultada filmografía a
sus espaldas, Ellen Barkin se ganó el cielo con esta interpretación, bien acompañada por figuras como Gabriel Byrne, Isabella. Rossellini, Jodie Foster, Martin Sheen, Grace Jones o el recientemente fallecido Julian Sands, algunos de los cuales parecen preguntarse qué diablos hacen allí. Además de algunos rostros autóctonos como los de Daniel Martín, Santiago Álvarez, Blaki, Frank Braña o José María Cañete, que realizan pequeños papeles. Destaca la participación de la pareja de flamenco Lole y Manuel, mucho antes de que Tarantino escogiera una de sus canciones para Kill Bill, ante los que la Barkin nos sorprende con sus dotes de funambulista.
Con este hilarante engendro debutó en el cine Mary Lambert, eficaz directora de algunos de los videoclips más célebres de Madonna, The Go-Go’s o Janet Jackson que tiene su lugar en el fantástico por ser la primera mujer en dirigir un film de terror y que este fuera, con permiso de Stanley Kubrick, la mejor adaptación de una novela de Stephen King, El cementerio viviente (Pet Sematary, 1989), y su secuela en 1992, tras lo cual su labor se limitó, principalmente, a la televisión. La directora fue homenajeada con un premio Màquina del Temps.
Serendipia finaliza esta tercera jornada con la encantadora Robot Dreams de Pablo Berger, que participaba tanto en Oficial Fantàstic Competició, como en Anima’t y acabó alzándose con el Premio del Público. Una deliciosa película
de animación sobre la vida y el amor que se mira en la tradición del anime japonés a la hora de poner en movimiento a sus personajes. Protagonizada por Dog, un perro solitario que vive en Manhattan y que decide comprarse un robot armable para tener compañía. No sabemos si los androides sueñan con ovejas eléctricas, pero el de Berger sí tiene inquietudes y sentimientos: se sorprende y se entusiasma con todo lo que descubre en sus primeros pasos; se emociona hasta la risa con lo divertido y se entristece con lo infortunado, colmando los días de Dog con una amistad que va más allá de lo que éste había esperado. La que les une es, como la Annie Hall de Woody Allen, casi una historia de amor. Viven momentos mágicos que afianzan sus vínculos en un crescendo de felicidad que se diría no va a conocer fin. Pero toda comedia que se precie tiene su punto de inflexión dramático. Por un accidente Dog debe abandonar a su robot en la playa la última tarde del verano, la burocracia impedirá que vuelva con ayuda hasta el siguiente, y lejano, verano. Las estaciones se suceden parsimoniosas y la suerte que correrá cada uno juega en contra del feliz reencuentro. Ambos acabarán reiniciando su vida con nuevas compañías. Habrá un momento en el que sus caminos están a punto de volver a cruzarse, pero ¿Acaso sería deseable y justo que ello sucediese? El primer amor existe para vivir en nuestra memoria, idealizado e intocable, mientras lo sensato se impone, como si fuera ese beso que Peter Pan dejó prendido en las comisuras de los labios de Wendy.
Basada en el cómic de idéntico título de Sara Varon, editado por Norma, Pablo Berger traslada la acción a Nueva York (en la historieta no se concreta la ubicación) que, a la postre, se convierte en un protagonista más. Y firma el guion junto a la autora de la novela gráfica, a la que prometió que “respetaría el espíritu y el alma de la obra original”, algo con lo que Sara Varon está totalmente de acuerdo, llegando incluso a afirmar que “la película es más divertida”. El director también habló en la rueda de prensa sobre la banda sonora de Alfonso de Vilallonga, con el que vuelve a trabajar, y de cómo en una película que no tiene diálogos, “la música es la voz de los personajes”. Para el director era muy “importante que la banda sonora representara a la perfección la ciudad de Nueva York.” Earth, Wind & Fire y su canción September nunca ha sonado tan bien y ha trasmitido tanto buen rollo como en Robot Dreams. A pesar de que suene admonitoriamente con las torres gemelas de fondo.
Y tras Robot Dreams Serendipia se recoge, con una sonrisa agridulce, y abandona, después de nueve horas de cine, su Sitges particular por hoy. No sin dejarles un nuevo video con otra cara del festival, la más pública con los oropeles y el lujo; las alfombras rojas y las reuniones de industria. Dos días condensados en cuatro minutos y medio por Quim Crusellas y su estupendo equipo.
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Segunda cápsula

Miyazaki es mucho Miyazaki, no cabe duda, pero El chico y la garza es una de las más ricas y fantásticas películas que ha realizado el venerable responsable de Ghibli. Club Zero (Jessica Hausner), a pesar de las reticencias que tuvimos a la hora de reservarla, terminaría siendo, de largo, la gran favorita de Serendipia de la sección Oficial Fantàstic Competició. Finalmente, Wake Up, sin ser nada del otro mundo, no dejó de ser una entretenida cinta dirigida a seis manos por los responsables de Turbo Kid. Este fue el menú gourmet que deleitó las retinas de Serendipia en su segunda jornada de madrugón y fiambrera.

No amanece más temprano, pero, a quien madruga, Miyazaki le regala un magnífico universo de fantasía pintado con todos los colores de los estados anímicos. Algunas películas nacen con vocación de testamento, aunque sus autores no se la hayan planteado así conscientemente. Ocurría con la Fedora de Billy Wilder, el Eyes wide shut de Stanley Kubrick o, la más reciente, Cerrar los ojos de Víctor Érice; también El chico y la garza juega en esta liga. Obras creadas en verdadero estado de gracia a través de las cuales fluye lo mejor de la savia de sus autores. Películas obsequio llamadas a perdurar como broches de oro de toda una producción. Capturan los rasgos estilísticos, las obsesiones temáticas y los modos narrativos que han hecho grandes a sus creadores, y están tocadas, además, con el halo de la melancolía de quien sabe que su labor está culminándose sin que haya alcanzado todas las respuestas. Tal vez ninguna está llamada a ser la mejor del conjunto de una obra, pero todas comparten una aureola de acendrada espiritualidad que las hace inasibles. Eternas.
Hayao Miyazaki a sus 82 años levanta una cinta que es un verdadero derroche de imaginación a través del que circulan todas sus convicciones y todos sus anhelos. Una pieza vibrante que, de pura madurez, transmite lozanía y en la que el fundador de Studio Ghibli crea un trabajo intransferible aunque esta vez haya partido de una novela ajena. ¿Cómo vives? (En japonés: Kimitachi wa Dō Ikiru ka, 君たちはどう生きるか) de Genzaburo Yoshino es la novela que Mahito, el niño de 12 años protagonista, lee en un momento crucial de la trama, auténtico ejercicio de meta-referencia pues es la misma pieza que inspira el guion de la película. Nos gusta observar que el japonés ha venido a construir su propia historia interminable, en la que al pequeño héroe le cabe la responsabilidad de mantener en pie un mundo de fantasía en el que la realidad encuentra su sentido. Miyazaki sigue siendo un mago desdoblando mundos como medio para trazar un coming of age que apunta más allá del propio individuo que crece, lo hizo en El viaje de Chihiro y lo ha vuelto a hacer magistralmente en El chico y la garza. Porque esta última sirve a modo de relato que habla de cómo superar los duelos, pero también informa de qué supone Japón como cultura y como forma de estar y de ser en el mundo. La madre del protagonista muere en un incendio en plena Segunda Guerra Mundial, una pérdida que ve engrosado su dolor por el hecho de que el padre haya contraído segundas nupcias con su propia cuñada, Mahito no se sobrepondrá hasta que entre en una especie mundo subterráneo en el que los vivos y los muertos conviven, guiado por una misteriosa Garza que cumple la misma función que el conejo de Alicia en su caída en el país de las maravillas. Una trama que el japonés añade de su propio magín al material literario original que le inspira y con la que aborda sus grandes obsesiones temáticas, que van desde la superación de las pérdidas y ausencias, hasta el repaso del legado cultural japonés y sus grandes hitos históricos (siempre la Meiji y la II Guerra mundial como raíces del Japón moderno), pasando por la condición mística de la naturaleza que carga de sentido universal y trascendente lo que, de otro modo, sería simple circunstancia individual.

Con El chico y la garza (君たちはどう生きるか), Miyazaki añade un nuevo eslabón a su universo de fantasía, aportando a su ya rica mitología personal nuevos personajes y seres maravillosos. En esta ocasión la galeria se llena con una pléyade de animales antropomórficos que van desde la garza del título español a unos aviesos y glotones periquitos que van siempre pertrechados con sus servilletas y sus cuchillos. Mención especial merecen los Warawara, pequeños seres de luz que se hinchan y flotan cuando un infante está próximo a su nacimiento y que nos hizo pensar en el Mito de Er que cierra La república de Platón en el que se da cuenta de cómo las almas eligen su propio fardo de hados cuando están prestas a reencarnar. Un plantel de criaturas que hará las delicias de quienes los adquieran una vez se hayan convertido en merchandising. Esta muestra de puro cine repleta de humanismo tiene múltiples lecturas y está salpicada de detalles, tanto que puede parecer críptica en muchos momentos cuando nos acrecamos a ella en un primer visionado. Desbordante, casi apabullante, siempre fascinante, El chico y la garza es una de esas películas que llega al corazón y nos hace (aunque sea por un breve lapso de tiempo), mejores personas. Habríamos apostado por ella como caballo ganador de no haberse presentado fuera de competición.
Sí pertenecía a la Sección Oficial Fantático Competición la siguiente parada fílmica: la última obra de la austríaca Jessica Hausner, Club Zero (2023). Parte de la cosecha recolectada por los organizadotres en el Marché du Film por excelencia, el Festival de Cannes.
La sinopsis argumental de Club Zero no nos terminaba de llamar, pero, casi por meras razones de cuadrar otros títulos que sí nos interesaban a priori, acabó incluida en nuestra selección. Cosas del bendito azar. Quizás por eso la sorpresa al verla, de quien escribe esto, fue máxima. Cuando no esperas nada y te plantas delante de un trabajo saldado con la excelencia con la que Hausner borda su último largo, no puedes por más que caer rendido de admiración. No haberla descartado, acabó revelándose como una sabia decisión.
Esa sinopsis rezaba: «Mia Wasikowska interpreta a Miss Novak, una maestra nutricionista en una escuela de élite, la cual establece un vínculo muy estrecho con cinco de sus alumnos, que comienzan a referirse a sí mismos como el Club Zero. Pronto, la verdadera naturaleza del grupo se revela y las alarmas saltan entre el resto del profesorado». Poco (o nada) hacía sospechar que el filme iba mucho más allá de abordar los excesos que pueden provocar los nuevos hábitos alimenticios en un grupo de jóvenes. Lo que se presentaban como thriller psicológico se desplegó como amarga y aterradora reflexión sobre el hoy que nos toca vivir. La austriaca nos enfrenta a nuestro mundo devorado por fanatismos de nuevo cuño que enarbolan las banderas del mesianismo, en este caso, centrados en los discursos sobre la alimentación responsable y sostenible. Y la cinta es eficaz porque todo es abordado desde una pátina de aparente asepsia formal, con una frialdad que ya es marca de la casa, recuérdese Little Joe (2019) -con la que comparte también el uso del color con valor narrativo-, una desafección aparente por lo mostrado que nos hace sentir que, las consecuencias nefastas de los actos de los personajes, caen inapelables sobre ellos (y nosotros) a modo de sentencias derivadas de la propia coherencia de la acción. Una acción que nos resulta próxima, pues la percibimos en el entorno que nos envuelve, cuando no hemos comulgado directamente con alguno de sus principios sin casi quererlo. Al fin y al cabo, la directora nos habla de la necesidad perentoria de creer en algo, aunque se intuya a leguas que
hay un timo detrás, como hacía en Lourdes (2009). Ahora, con un humor nada blanco, nos mueve a sonreír durante buena parte de la proyección, con esos adolescentes negándose a comer como vía para la ascesis, con esas madres a dieta perpetua, o con esos padres que, o bien repiten el modelo masculino de ordeno y mando, o bien son progres necios que contratan a gurús de moda para quitarse la culpa de no saber cómo educar a sus hijos. Pero poco a poco, conforme avanza el metraje, la sonrisa se nos va congelando y convirtiéndose en mueca. Nos adentramos en la senda de la captación sectaria por parte de iluminados que se valen de nuestras debilidades en horas críticas (y la adolescencia es pura crisis) para onnubilarnos y anularnos, conduciéndonos a un punto sin retorno racional posible. Club Zero es un auténtico ejemplo de cómo el verdadero terror de nuestros días no cae del lado de zombies, poseídos, infectados, y otras figuras de la retórica del género (las cuales, muchas veces, lo que logran es evadirnos de la realidad), sino que pasa por la disección irónica, casi cínica, del presente y sus premisas ideológicas. Porque lo que puede darnos miedo real es ver cómo las derivaciones de nuestros pequeños actos adscritos a las últimas tendencias, por moda, en muchos casos, por fanatismo, en otros tantos, se cernirán sobre nosotros arrollando las bases de la convivencia. Sumiendo a la humanidad en el mar del desastre colectivo. Así, inapelablemente y sin ornamento ficcional, bajo su ropaje de triller psicológico late un corazón que es puro terror, aunque no sea terror puro.
Lucidez, inteligencia y sobriedad son las constantes que definen el cine de esta directora austríaca, una autora que domina el arte de la puesta en escena y la dirección de actores a partes iguales. Si se acerca a lo fantástico siempre es con la mirilla puesta en los códigos que nos atosigan como sociedad, por eso el terror que nos lega está ligado a nuestra psique. Club Zero es quizás su ejemplo más maduro hasta la fecha. Cuando su luz en la pantalla incidió sobre las retinas de Serendipia, lo primero que impresionó fue su punto de vista. Una planificación que golpea por su pura precisión, una precisión que hace a las imágenes autosuficientes (los diálogos son continuación de lo visto, nunca sustitución) y que es la que traba la fatalidad que espera a los personajes. Su ritmo no tiene tacha, sincopado y lacerante, completado en una banda sonora percutante que mereció el galardón del jurado. Su cinismo formal nos cautiva. Su belleza nos acompañaría hasta el final del certamen en un puesto de honor en nuestras preferencias.
Serendipia finalizaba, después, la jornada con otro de los títulos de la sección Oficial Fantàstic Competició, Wake Up, película dirigida por RKSS (Roadkill Superstars) o lo que es lo mismo, el trío de zumbados canadienses François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell, responsables de los largometrajes Turbo Kid (2015) y Verano del 84 (2018), ambos títulos deudores del cine de los ochenta. En esta ocasión llevarán al espectador a una enorme tienda de muebles y complementos del hogar llamada -ejem- HOMEIDEA, que un grupo de activistas medioambientales asaltará de noche como protesta política. No obstante, lo que no esperan es que allí dentro se encuentra un sanguinario guardia de seguridad con severos problemas de control de la ira, un sosias de Bud Spencer que intentará cazarlos uno a uno antes de que la noche termine. Esta sí una propuesta de género desacomplejada, que respeta la fórmula sin, por ello, dejar de aportar elementos personales a la misma.
Así, la habitual cinta de adolescentes que mueren sucesivamente uno tras otro en manos del psicópata de turno, aquí se materializa como una refrescante versión del cine de cazadores de hombres. Es como si fuera algo así como una adaptación para la Generación Z de clásicos como el influyente cuento de 1924 escrito por Richard Connell, The Most Dangerous Game (el cual, desde 1932, con una pieza que se conoció en España como El malvado Zaroff, se ha ido versionando para el séptimo arte con distinta calidad en sus resultados). Prima su aire cartoonesco, pero asentado sobre un fondo oscuro; después de todo la cinta nos dejará sin catarsis, con un plano casi final que tiene mucho de desolador (máxime cuando a continuación vemos que el mundo sigue sin haberse inmutado). El filme es una golosina para los amantes de las muertes vistosas y rezuma humor, un humor negrísimo, pero dejándonos clara conciencia de que lo que les sucede a los anarquistas pro animales y anticorporativos es inmerecido y demasiado violento. Wake Up da la impresión de ser una barra de chocolate con una hoja de afeitar en el centro. Una salvajada divertida, pero con suficiente personalidad como para deslindarse de la media.
Con guion de Alberto Marini (Mientras duermes, El desconocido, Summer Camp), fue para Serendipia una entretenida locura. Perfecta para culminar una poderosa jornada.

Mientras tanto, comenzaba a calentar motores (y vísceras) la Zombie Walk 2023, que se celebraría al día siguiente, con pregón de Mary Lambert y donde los incansables RKSS presentarían, dentro de los maratones nocturnos Midnight X-Treme, otra película más, We Are Zombies (2023), muy indicada para esa noche…
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Primera cápsula

Una nueva edición del Festival de Sitges, la número 56, y llega con el público volcado en ella. Hay ganas de Sitges y se nota en el ambiente ya desde el primer día. Algunos problemas informáticos a la hora de reservar entradas agriaron el festival a más de uno, pero una vez en las colas para acceder a las salas, ese y todos los problemas tienden a olvidarse. Y de eso se trata, de compartir en compañía la fantasía, el caos y el terror que nos ofrecen las pantallas del festival con la esperanza de evadirnos de los horrores cotidianos

JUEVES 5 DE OCTUBRE
Serendipia inicia su itinerario harto pronto y en la sala Tramontana, donde más estará durante esta edición por diversos motivos: es la más accesible a la hora de hacer las reservas de prensa y, personalmente, es la única sala en la cual Serendipia puede sentarse en las primeras filas, algo vetado para prensa en el resto de cines del festival. Pero de las diferentes salas ya iremos hablando cuando toque. En Tramontana prácticamente ya formamos parte del mobiliario. El festival lo iniciamos, como ya va siendo tradición, con un film perteneciente a la sección Noves Visions, In my Mother’s Skin, película producida en régimen de coproducción entre Filipinas,
Singapur y Taiwán, bajo el manto de Amazon, que traslada al espectador al archipiélago filipino durante la II Guerra Mundial. El país insular sufrió los horrores de una cruel ocupación japonesa, primero, y de una liberación a base de bombardeos norteamericanos, después. Su rica historia y cultura quedó reducida a cenizas. Sangrada además por la infinidad de matanzas que cometieron los nipones durante su retirada con política de tierra quemada. El horror permea siempre todas las capas de la sociedad, ansiosos muchos de sacar la mejor tajada de la situación, todo lo corrompe la guerra haciendo aún más intenso el imperio de la crueldad.
De todo ello habla la segunda cinta de Kenneth Dagatan en clave de cuento de hadas sombrío. Es la historia de Tala (Felicity Kyle Napuli), la hija mayor de una rica familia filipina que está varada en una mansión con su madre, su hermano y su ama de llaves (Angeli Bayani) mientras su padre se va a luchar en el conflicto. Cuando su madre (Beauty González) sufre una misteriosa enfermedad, Tala confía ciegamente en una cautivadora hada del bosque (Jasmine Curtis-Smith) que promete curarla. ¿Qué podría salir mal? El director se adentra en el drama sirviéndose de todos los mimbres de un folklore popular en el que convive la imagenería cristiana, llevada a su expresión más paroxística, y los relatos ancestrales de un pueblo que batalla con la fuerza insondable de sus parajes selváticos. Ambas tradiciones se imbrincan, además, componiendo un sistema de creencias que tiene mucho de realismo mágico y que, aquí, en In my Mother’s Skin, muestra su rostro más oscuro. Con un presupuesto modesto, la cinta nos ofrece imágenes impresionantes que irán volviéndose espeluznantes conforme el hada vaya manifestando su auténtica naturaleza. Destacable es el ropaje que luce ese ser primordial, ansioso de sangre, una vestimenta que parece el reverso de los hábitos de esa virgen que preside el altar de la entrada de la mansión sitiada. Pero es sobre todo el acertado uso del sonido el que convierte el visionado en una experiencia inmersiva, aspecto que Serendipia puedo apreciar con su máximo esplendor pues el volumen de esta primera proyección en su sala preferida estaba especialmente alto. Atronador.
El director de In my Mother’s Skin, es nieto de un guerrillero filipino que se enfrentó a los japoneses, y su abuela, tuvo que lidiar con su ausencia y ese enemigo que constantemente amenazaba su seguridad y la de sus hijos. Ellos, como todos los supervivientes, tuvieron que vivir con las secuelas del horror sufrido. Ese horror se aborda en su segunda película, con un tono sombrío, inequívocamente pesimista, que el autor define como «un cuento de hadas para nuestros abuelos, padres, niños, amigos y vecinos, que han estado experimentando esos aterradores cambios«.

Jasmine Curtis-Smith como El Hada, y Felicity Kyle Napuli como Tala (Copyright – Amazon Studios)
Y más iconografía religiosa nos esperaba en Hermana Muerte, la precuela de la magnífica Verónica (2017) con la que Paco Plaza profundiza en uno de los personajes de aquella: la aterradora monja ciega. Es más un spin-off que un mero relato que pone los antecedentes de su película precedente, algo que da entidad propia y personal a esta obra que se inicia con el tono del terror clásico para derivar, en su desenlace, hacia un giro narrado con el ritmo acelerado del terror actual. Cambio de registro que no fragmenta el relato, sin embargo, sino que está puesto
al servicio de darle al clímax un carácter espectacular que impacte, sorprenda y atrape al espectador. Un final que está haciendo las delicias del público, pero que a quien esto escribe le pareció excesivamente operístico.
La cinta arranca en clave de esos documentales en blanco y negro que después trufaron el No-Do. Las imágenes nos sitúan en la España de la Guerra Civil, vemos a una aglomeración de fieles adorando a una niña. Como los pastorcillos de Fátima, supuestamente la infante es sujeto de visiones marianas. Un milagro que habrá de marcar su destino. La llamarán «Niña Santa» y su fama la irá precediendo cuando decida tomar los votos. Y el color irrumpe en la pantalla cuando, diez años más tarde, llega a un convento, antes de clausura pero que se ha reconvertido en asilo para niñas sin recursos, como Hermana Narcisa (Aria Bedmar). Plaza sabe tomarle el pulso a esa España devota y oscura que constriñó los destinos desde la postguerra hasta bien entrado el desarrollismo. Una España de cirios y hábitos que imperó auspiciada por el Movimiento. Pero no se queda sólo en el costumbrismo (en el que tan bien se mueve), más allá, también se hace eco del problema de la autenticidad de la fe, expresada en las dudas íntimas de esa protagonista que no sabe hasta dónde fue cierto lo vivido en su infancia y que espera una señal que confirme o no su vocación. Hermana muerte es una cinta que pivota en torno a la noción de visión en toda su polisemia, desde su aproximación al campo semático de la alucinación, hasta su acepción de discernimiento claro, pasando por su condición de sacar a la luz lo oculto y su índole de profecía. Cegarse puede ser la única manera de ver más allá de las apariencias. Y todo ello lo logra sin abandonar la perspectiva del género.
Hermana muerte avanza ligera como una película de misterio que no es simple. En ella se dan la mano los fenómenos paranormales y la depravación de quienes ocultan un secreto criminal. Un laberinto que se recorre con el ovillo de la inocencia, la de quienes pagan las atrocidades de unos y otros en un mundo en guerra, y aquella otra que reviste a los libres de culpa, que son los únicos capaces de alumbrar la justicia. Sin abusar de los sustos fáciles. Con la dosis justa de suspense. Un terror de efecto que sabe arrancar de lo cotidiano su raíz. Como en aquella otra cinta de la que ésta se quiere preludio.
Hermana Muerte se estrenó directamente en plataforma, concretamente el 27 de octubre en Netflix, así que el haberla podido disfrutar previamente en pantalla grande ha sido todo un privilegio.
Y Serendipia vuelve a Filipinas para concluir su primera jornada en el Festival de Sitges, pues allí (y en Corea del Sur), se desarrolla el hiper-violento thriller The Childe (귀공자) de Park Hoon-jung, responsable de la modélica New World (신세계, 2013). The Childe llegará a las salas comerciales de la mano de A contracorriente y cuenta la historia de Marco (Kang Tae-Ju), un kopino, que es como de forma despectiva se llama a los hijos de padre coreano y madre filipina. Un joven que pelea en estadios de boxeo ilegales en Filipinas y busca a su padre coreano para conseguir dinero para la operación de su madre enferma. Un día, recibe un mensaje de alguien que dice ser su progenitor, y vuela a Corea del Sur para encontrarse con él. Al llegar será perseguido por distintos bandos sin saber la razón de su persecución. Un desconocimiento que comparte con el espectador. Esta es la trama con la que el director jugará ofreciendo giros y equívocos, mezclando las imágenes violentas con las situaciones cómicas. Un trabajo de enredo que consigue difuminar quien juega en el bando del bien y quien es el malvado. Acción, mucha acción y humor, en su mayor parte protagonizado por el dandi, y brutal asesino, encarnado por Kim Seon-Ho. Una manera buena y adrenalítica de cerrar la jornada con una sonrisa en los labios.
Finalizamos esta primera entrega de nuestro diario con el primer y espectacular, como siempre, Making Of del festival, reflejo de ese Sitges glamouroso, oficial, que no tiene nada que ver con el nuestro de guerrilla: colas, madrugones, calor y fiambrera.
‘Dream Scenario’ clausurará la 56ª edición del festival de Sitges

La 56ª edición del SITGES – Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya ya tiene película de clausura: la comedia de terror ‘Dream Scenario’, producida por A24 y protagonizada por Nicolas Cage, será la encargada de cerrar el festival en una proyección que promete ser toda una fiesta.
Sinopsis: Paul Matthews (Nicolas Cage) es un profesor y padre de familia corriente; con una vida aparentemente normal, pero todo cambia cuando, de repente, millones de personas empiezan a soñar con él. Al principio, este extraño suceso resulta una bendición para Paul, pero a medida que los sueños empiezan a cambiar en su tono, empezará a convertirse en una pesadilla…
Ari Aster produce, junto al sello A24, esta ambiciosa comedia surrealista con guion y dirección a cargo del noruego Kristoffer Borgli, director de la sorprendente comedia negra Sick of Myself (Syk pike, 2022). Nicolas Cage encabeza un reparto de lujo que cuenta con nombres de primer nivel como Julianne Nicholson, Michael Cera y el veterano Dylan Baker.
Dream Scenario llega a Sitges tras su exitoso paso por el Festival de Toronto (TIFF), donde el clamor por parte de público y crítica ha sido unánime, destacando especialmente la interpretación de un Nicolas Cage en su salsa. La película, supone además la primera colaboración entre el veterano actor estadounidense y el estudio A24, que ha revolucionado el cine de terror en la última década. Su pase en Sitges será además el primero fuera de Estados Unidos y se producirá un mes antes de su estreno en Norteamerica.
Programación Sitges 2023: todo listo para la 56 edición

Ángel Sala y Mònica Garcia i Massagué han presentado todos los títulos que participarán en el Festival de Sitges formando parte de las diferentes secciones
Cinco nuevos premiados
A los premiados ya anunciados en esta edición del Festival, se les suman cinco nombres más: Hideo Nakata, director japonés que nos heló la sangre con The Ring (Ringu, 1998), con la que ganó el premio a la Mejor Película en la edición de 1999 y que recibirá el Premio Màquina del Temps. Nakata es uno de los directores de terror más influyentes de las últimas dos décadas, siendo uno de los primeros exponentes del denominado j-horror. Además, se proyectará su última película, The Forbidden Play (禁じられた遊び), como parte de la sección Panorama. Otro de los premiados será Phil Tippet, creador de la descomunal Mad God (2021), cinta que nos dejó extasiados en la edición de hace dos años. Tippet, ganador de dos Oscar por su trabajo como supervisor de efectos visuales en El retorno del Jedi (Return of the Jedi, Richard Manquand, 1986) y Parque Jurásico (Jurassic Park, Steven Spielberg, 1996), recibirá el Gran Premio Honorífico. El tercero de los premiados será Jan Harlan, productor capital en la construcción de la legendaria obra de Stanley Kubrick desde La naranja mecánica hasta Eyes Wide Shut pasando, naturalmente, por El resplandor, que se proyectará durante el Festival. También J. A. Bayona recibirá el Premio Màquina del Temps y presentará en Sitges La sociedad de la nieve. Por último, se confirma que Lee Unkrich, director y animador responsable de algunos de los mayores éxitos de Pixar también recibirá el Premio Màquina del Temps. Además, Unkrich protagonizará una masterclass en la que hablará de su trayectoria como animador.

Jurados Sitges 2023
El jurado de la Sección Oficial estará formado por el músico, director artístico y productor francés Jérome Paillard, la actriz española Ana Torrent, el director y productor estadounidense David C. Fein, el crítico de cine y escritor británico Kim Newman y la crítica australiana Alexandra Heller-Nicholas. En cuanto al jurado Noves Visions / Anima’t, las tres personas elegidas han sido: la actriz y directora artística Katharina Kubrick, el artista multidisciplinar y director catalán Sergio Caballero y el fundador de la consultora cinematográfica Moebius Entertainment y miembro de la Hong Kong Films Critics Society Fred Tsui. El productor suizo Max Karli, la directora de comunicación y actividades de la SGAE en Cataluña Agnela Domínguez y la crítica de cine Júlia Olmo serán las encargadas de dar los premios de la sección Òrbita. El premio Méliès d’Or, otorgado por el jurado de la crítica, estará compuesto por los críticos españoles Francesc Miró, Antoni Peris e Ylenia Cañadas, mientras que el jurado Méliès d’Argent lo formarán el crítico y periodista británico Matthew Turner, la crítica y escritora canadiense Alexandra West y la escritora irlandesa Maura McHugh.
Empezamos el repaso a los nuevos títulos anunciados con las películas que formarán parte de la Sección Oficial Fantàstic fuera de competición. Algunas de ellas están entre las más esperadas del año, como por ejemplo Poor Things, de Yorgos Lanthimos, que obtuvo el León de Oro en el reciente Festival de Venecia y que está
protagonizada por Emma Stone. Como ya hemos comentado, el festival también contará con la última película de J. A. Bayona, La sociedad de la nieve. La animación se pondrá de gala con El chico y la garza (君たちはどう生きるか), del maestro Hayao Miyazaki.
Otros nombres presentes en estas sesiones especiales incluyen a Daniel Benmayor, que presenta el thriller de ciencia ficción Awareness; el portugués Gabriel Abrantes presentará Amelia’s Children; regresando a la ciencia ficción tenemos, UFO Sweden, un largometraje dirigido por el colectivo de cineastas suecos Crazy Pictures. Y ya en clave de comedia, la estadounidense Aliens Abducted my Parents and now I feel Kinda Left Out de Jake Van Wagoner y The Toxic Avenger, dirigida por Macon Blair y que es, como pueden suponer, un remake del clásico trash de los ochenta. Para terminar, un
título de corte más clásico que hará las delicias de los fans del terror: Blood del estadounidense Brad Anderson (Session 9, El maquinista). Y dentro de la sección Especial Mitjanit de la Sección Oficial, dos títulos más: God Is a Bullet, thriller de acción del director estadounidense Nick Cassavetes, con un reparto de lujo encabezado por Maika Monroe y Nikolaj Coster-Waldau y The Deep Dark, de Mathieu Turi, que ya presentó hace tres años la angustiosa El tubo (Meandre).
En el primer anuncio que se publicó en julio, se avanzó una parte significativa de la Sección Oficial Fantástico a Competición (SOFC), aquí se ofrece el resto pendiente:
Japón participa con dos películas, una dirigida por un veterano bien conocido del festival, Takeshi Kitano, que regresa al chanbara con Kubi (首), una de las
sensaciones del pasado Festival de Cannes; y el debut en el largo de Yûta Shimotsu, que presenta Best Regards to All (みなに幸あれ). Continuando en Asia, de Corea de Sur llega Killing Romance (킬링 로맨스), dirigida por el coreano Lee Won-suk.
A los directores españoles ya anunciados se les suma Aritz Moreno, que vuelve a Sitges con el estreno mundial de Moscas, un intenso thriller rodado en Buenos Aires. Por otro lado, Francia presenta un total de tres películas : el drama sobrenatural La Morsure de Romain de Saint-Blanquat; Salem de Jean-Bernard Marlin, thriller situado en los barrios bajos de Marsella que utiliza el fantástico como vehículo de crítica social; y Wake Up, producción francesa del trío quebequés conocido como RKSS, una muestra de terror adolescente
aderezada con un humor muy retorcido. Otro director quebequés que formará parte de la SOFC, en este caso con producción canadiense, será Pascal Plante, que traerá una inquietante cinta sobre los peligros de internet titulado Les Chambres Rouges. Otras películas presentes en la Sección Oficial Fantàstic Competició serán The Seeding, del estadounidense Barnaby Clay; There’s Something int the Barn, del noruego Magnus Martens; y The Theory of Everything del alemán Timm Kröger.
También estará presente la animación en la Sección Oficial con White Plastic Sky, una película de Tibor Bánóczki y Sarolta Szabó ambientada en una Budapest postapocalíptica y, para terminar, una muestra de folk horror: Sorcery, de Christopher Murray, coproducción entre Chile, México y Alemania.
El cine asiático tendrá especial protagonismo en la sección Órbita. Corea del Sur con cuatro títulos que se suman al ya anunciado The Roundup (범죄도시2, Sang-yong Lee, 2022): cine de catástrofes con Concrete Utopia (콘크리트 유토피아) de Um Tae-hwa; thriller, por supuesto, con The Night Owl (올빼미) de Ahn Tae-jin;
Smugglers (밀수), de Ryoo Seung-wan; y The Childe (귀공자), un drama con pinceladas de thriller que dirige Park Hoon-jung. El japonés Takashi Miike vuelve a Sitges con una primicia mundial, Lumberjack the Monster (怪物の木こり). Y tampoco podía faltar thriller hongkonés, sumándose a la ya anunciada Mad Fate (命案), Theory of Ambitions / Where the Wind Blows (風再起時), filme dirigido por Philip Yung que cuenta con un reparto de lujo encabezado por Tony Leung y Richard Ng.
El continente americano también estará presente en la sección con dos títulos estadounidenses: Black Flyes, de Jean-Stéphane Sauvaire, que protagonizan Tye Sheridan y Sean Penn y The Last Stop in Yuma County, de Francis Galluppi. Desde Brasil llega Propiedade de Daniel Bandeira, y de Argentina La extorsión del argentino Martino Zaidelis, un astuto thriller sobre un piloto obligado a colaborar con los servicios de inteligencia nacionales.
Acabamos el repaso a Òrbita por Europa con cuatro títulos más: los thrillers de acción británicos Jackdaw de Jamie Childs y Jericho Ridge de Will Gilbey; la francesa Night of the Hunted de Franck Khalfoun y Diabolik: Ginko all’attacco, nueva entrega de las aventuras del héroe del fumetti dirigido por los hermanos Antonio y Marco Manetti, quienes ya presentaron la primera parte en Sitges.
Empezamos por los Estados Unidos, país con una mayor representación en la sección: Anna Zlokovic firma Appendage, cinta de terror con toques de humor; Larry Fessenden presenta la cinta de licántropos Blackout;
Alan Scott Neal ofrecerá Last Straw y Jenn Wexler The Sacrifice Game. De México llega Rabia, otra cinta de hombres lobo con Jorge Michel Grau detrás de las cámaras. Desde Australia aterrizan dos propuestas: Godless: The Eastfield Exorcism de Nick Kozakis y You’ll Never Find me, una película de terror claustrofóbico que llega de las manos de Josiah Allen e Indianna Bell. La programación asiática de la sección, sin ser tan extensa como en Órbita, es también significativa, con la presencia de dos películas japonesas, #Manhole (#マンホール)
de Kazuyoshi Kumakiri y la ya mencionada The Forbidden Play (禁じられた遊び) de Hideo Nakata; una cinta coreana, Project Silence (탈출: Project Silence) de Kim Tae-gon, y la antología cantonesa de fantasmas Let it Ghost (猛鬼3寶) de Hoi Wong. En cuanto a las representantes europeas, un total de cuatro películas estarán en competición: la italiana Nina dei lupi de Antonio Pisu; la checa
Restore Point, de Robert Hloz; la danesa Superposition de Karoline Lyngbye y finalmente la producción francesa Hood Witch de Saïd Belktibia.
Y a todos estos títulos hay que sumarles cinco que se proyectarán fuera de competición: las japonesas Immersion (忌怪島/きかいじま) de Takashi Shimizu (La maldición 1 y 2, El grito 1 y 2) y las dos partes del live-action Tokyo Revengers 2 (東京リベンジャーズ2 血のハロウィン編 -運命-) , dirigidas por Tsutomu Hanabusa; la española Cuando los amos duermen, de Santiago Alvarado Ilarri, con Manuela Velasco, y la estadounidense The Primevals, el proyecto soñado de David Allen, prolífico artista de los efectos especiales que desde la década de los 70 hasta 90 ha participado en una larga lista de películas, entre ellas un buen número de producciones Full Moon. The Primevals se ha podido finalizar veinte años después de su fallecimiento.
La sección Noves Visions, que este año celebra su 20 cumpleaños, es ideal para descubrir pequeñas joyas no tan comerciales o conocidas como el resto. Con motivo de su aniversario, se realizará una proyección especial de El
desprecio (Le mépris) de Jean-Luc Godard en 4K. En cuanto a competición, se contará con filmes venidos de Bélgica como Luka de Jessica Woodworth y The Last Ashes de Loïc Tanson; Japón con Mondays: See you ‘This’ Week! (Mondays/このタイムループ、上司に気づかせないと終わらない, Ryo Takebashi) y River (リバー流れないでよ) de Junta Yamaguchi, director de Más allá de los dos minutos infinitos (ドロステのはてで僕ら), una de las sorpresas de la edición de 2021; Francia participará con The Vourdalak de Adrien Beau (premiada en la Semana de la Crítica de Venecia) y basada en el cuento de Aleksei K. Tolstoy que adaptara Mario Bava en el último segmento de Las tres caras del miedo (I tre volti della paura, 1963) y En attendant la nuit (Céline Rouzet); de Canadá My Animal de Jacqueline Castel y
Humanist Vampire Seeking Consenting Suicidal Person (Ariane Louis-Seize).
La programación de la sección la completan la producción griega Embryo Larva Butterfly, de Kyros Papavassiliou; la húngara Halfway Home (Isti Madarász); la norteamericana Hundreds of Beavers (Mike Cheslik; la española La última noche de Sandra M. de Borja de la Vega, que divaga sobre el trágico -y oscuro- final de la actriz Sandra Mozarowski; la italiana Mimì – Il principe delle tenebre (Brando De Sica); la inglesa Raging Grace (Paris Zarcilla); la turca The Funeral de Orçun Behram (director de la sorprendente The Antenna); desde Estonia The Invisible Fight (Nähtamatu võitlus, Rainer Sarnet); la coproducción de Indonesia y Singapur Motel Melati, dirigida por Mike Wiluan y Billy Christian, y finalmente Cobweb (거미집), del reconocido Kim Jee-woon (2 Hermanas, Encontré al diablo), será la encargada de clausurar la sección.
Como suele pasar cada año, Japón demuestra su condición de potencia mundial en animación con un total de tres películas en competición: Komada-A Whisky Family (駒田蒸留所へようこそ, Masayuki Yoshihara); Lonely
Castle in the Mirror (かがみの孤城) de Keiichi Hara, una película en la que los espejos se convierten en un portal que lleva a otras realidades; y Sand Land (サンドランド), largometraje basado en una obra de Akira Toriyama (Dragon Ball) dirigido por Toshihisa Yokoshima.
del Festival de Annecy. Una conmovedora historia de amistad y diversidad realizada en stop motion. Por último, la producción francesa Mars Express de Jéremi Périn, una cinta que navega entre la ciencia ficción y una trama detectivesca.Fuera de competición se proyectarán cuatro largometrajes más en el marco de la sección: las japonesas Feast of Amrita (アムリタの饗宴, Saku Sakamoto) y Phoenix: Reminiscence of Flowers (火の鳥 エデンの花). Y compartiendo sección con Sitges Clàssics: Les maîtres du temps (René Laloux, 1982), con diseño de personajes de Moebius; y The Soldier’s Tale (R. O. Blechman, 1984), además de una sesión de cortos muy especial, 100 años de Walt Disney Animation Studios: un homenaje a sus cortos, que recopila 11 cortometrajes de todas las épocas de los estudios, desde los años veinte del siglo XX hasta esta última década.

de El exorcista (The Exorcist, 1973) del recientemente fallecido William Friedkin; y El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980) y El hombre de mimbre (The Wicker Man, Robin Hardy, 1973). Otras películas que podríamos incluir en este primer grupo son King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), Star Trek-The Motion Picture -The Director’s Cut- (Robert Wise, 1979) y The Raid (2011), de Gareth Evans, todo un clásico moderno.
En cuanto al segundo grupo se encuentran varias rarezas, unas más que otras, pero todas reivindicables: Relación fatal (Siesta, Mary Lambert, 1987), Lake Michigan Monster (Ryland Brickson Cole Tews, 2018), Phychic Vision: Jaganrei (サイキックビジョン 邪願霊’, Teruyoshi Ishii, 1988), La angustia del silencio (Non si sevizia un paperino, Lucio Fulci, 1972), La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1989), de Lamberto Bava, Premio Honorífico en esta 56a edición, Mundo caníbal, mundo salvaje (Ultimo mondo cannibale, 1977), del recientemente fallecido Ruggero Deodato, y la proyección en 4K de Los
nuevos extraterrestres (1983) de Juan Piquer Simón. Y para rematar, programa doble Bruceploitation con Enter the Game of Death/El juego de la muerte (死亡魔塔, Tso Nam Lee, 1978) y Dragon Lives Again / El dragón ataca (李三腳威震地獄門, Chi Chih Lo).
Y más clásicos en la retrospectiva titulada Ciudad Pánico, que rinde homenaje a aquellas ciudades del cine que se transforman en catalizadoras del terror. Se proyectarán un total de siete películas dentro de la retrospectiva: Amenaza en la sombra (Don’t Look Now, Nicolas Roeg, 1973), El almuerzo desnudo (Naked Lunch, David Cronenberg, 1991), Demon (Got Told me to, Larry Cohen, 1976), Hollywood 90028 (Christina Hornisher, 1973), La casa sin fronteras (Pedro Olea, 1972), Los últimos días (Àlex y David Pastor, 2013) y Pájaros de ciudad (Jose María Sánchez Álvaro, 1981).
En la sección Sitges Documenta se podrán ver los documentales norteamericanos: The History of Metal and Horror de Mark Schniff, que explora la relación entre la música
heavy metal y el cine de terror; Living with Chucky de Kyra Elise Gardner, un documental sobre la saga del conocidísimo muñeco diabólico; You can Call me Bill de Alexadre O. Philippe sobre
William Shatner, actor reconocido sobre todo por su personaje de capitán Kirk en la saga Star Trek; Spooktacular! de Quinn Monahan y Kim’s Video de David Redmon y Ashley Sabin en la que se trata de recuperar una legendaria colección de películas de un videoclub de Nueva York perdidas en la otra punta del mundo. De Reino Unido llegan Dario Argento Panico (Simone Scafidi) y Lonch Ness: They Created a Monster (John MacLaverty), que explora la leyenda del monstruo del lago Ness a través de las historias de los habitantes de la zona y los “cazadores” del monstruo. Además del italiano Dream Time (Claudio Lattanzi).
Este año serán nueve películas las que conformen la programación de Midnight X-Treme: las norteamericanas All you Need is Blood (Cooper Roberts) y The Wrath of Becky (Matt Angel y Suzanne Coote); la india Kill (Nikhil Nagesh Bhat); la japonesa Mad Cats (Reiki Tsuno); la española Os reviento (Kike Narcea); la italiana The Well (Federico Zampaglione); la filipina Triggered (Richard V. Somes); We Are Zombies, del trio canadiense François Simard, Annouk Whissel y Yohan-Karl Whissel; y la británica Winnie the Pooh: Blood and Honey (Rhys Frake-Waterfield).
A las series que ya fueron anunciadas en julio, se les suma una incorporación estelar: se podrán ver los dos primeros capítulos de lo nuevo de Carles Porta, Luz en la oscuridad, serie original de Movistar Plus+.

Un año más, la sección Brigadoon hará las delicias de los paladares más inquietos con propuestas como Thorns (Douglas Schulze), Alla ricerca del placere (Silvio Amadio) o Samurai Ninja Onimanji (中国奇谭, Yoshihiro Nishimura). Además de los recientes documentales: Un millon de zombies: la historia de la plaga zombies, de Nicanor Loreti y Camilo de Cabo; The Darkside of Society (Larry Wade Carrell), Sharksploitation (Stephen Scarlata), Otra película maldita (Alberto Fasce), un documental sobre la historia del cine de terror argentino, y Mujeres sin censura (Eva Vizcarra), dedicado a las actrices del cine de «destape» que se produjo durante la Transición.
Un total de 76 cortometrajes se proyectarán en Sitges 2023

La 56ª edición del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, que se celebrará del 5 al 15 de octubre, se aproxima con rapidez y va tomando cada vez más forma con el anuncio de los cortometrajes que podrán verse este año.
El 5 de setiembre de 2023 a través de un directo de Instagram, Ángel Sala y Diego López-Fernández anunciaron los cortos que podrán verse durante la 56ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.
Competición Oficial
18 títulos competirán por el Premio al Mejor cortometraje SOFC, sección que nos ofrece una excelente panorámica del mejor cine fantástico actual. Más de 15 países estarán representados (incluyendo coproducciones) en una sección muy variada, pero con un marcado acento estadounidense. Obviamente, el terror más puro no podía faltar con cortos como ‘ABOMINATIONS’, de Mike Fontaine y ‘HONK’ de Charles Lauzirika; tampoco la ciencia ficción con ‘PARAGON’ de Colin Treneff y ‘THE MANY WORLDS OF GEORGE GOODMAN’ de Gregg Bishop y también encontramos comedia negra en clave de terror con ‘FISHMONGER’ de Neil Ferron. Entra la cosecha norteamericana también están muy presentes las coproducciones como ‘ESCAPE ATTEMPT’ de Alex Topaller y Daniel Shapiro, que es una coproducción con Polonia, ‘SUGAR RAG’ del australiano Jai Love y ‘EYESTRING’ del argentino Javier Devitt.

En cuanto a las producciones nacionales, España contará con dos candidatas que optarán al Premio SOFC: ‘AHORA VUELVO’, de Lucas Paulino y Gabe Ibáñez ‘INTERCANVI’, dirigida por Alberto Evangelio, ya conocido en el Festival, y ‘PESUDO’ de Miquel Díaz Pont. De nuestro vecino del norte, Francia, llega el western ‘BLOODY FURY’, rodado en Andalucía y dirigido por Jordan Inconstant. Si seguimos el recorrido hacia el norte de Europa nos topamos con ‘I’M NOT A ROBOT’, una comedia negra feminista dirigida por la neerlandesa Victoria Warmerdam; ‘THE SHORE’, coproducción neerlandesa y australiana que dirige el australiano Eron Sheean; ‘STOP DEAD’ de la británica Emily Greenwood y ‘CALLUS’ del irlandés Ciarán Hickey.
Si nos alejamos de Europa en dirección hacia las cinematografías emergentes, encontramos propuestas que representan a la perfección el espíritu global del Festival: el terror bajo la tormenta de ‘STORM’, de la directora rusa Lena Tsodykovskaya, ‘HITO’, una crítica social experimental del filipino Stephen Lopez.

Anima’t
Una de las secciones con más encanto y afición es Anima’t, selección dedicada a la animación de todo el mundo. En este caso, el total de países representados es de 12, con una mayoría europea, pero con un peso importante de las producciones tanto estadounidenses como asiáticas. En cuanto a las últimas, no podía faltar la presencia japonesa, con dos cortos de dos cineastas muy reconocidos en la actualidad: ‘NEZUMIKOZO JIROKICHI’, una preciosa oda al director Sadao Yamanaka, dirigida por Rintaro y ‘GARDEN OF REMEMBRANCE’, reflexión sobre el amor y la pérdida a través de las flores, con Naoko Yamada como directora. Más sorprendente es la aparición de dos producciones taiwanesas: la fábula ‘A NIGHT WITH MOOSINA’ de Tsai Shiu-cheng y la animación artesanal de ‘GHOST OF THE DARK PATH’ de Fish Wang. De Estados Unidos también llegan dos propuestas, una de nueva y otra de clásica: ‘FLITE’ de Tim Webber, una hiperrealidad virtual realizada íntegramente a partir del Unreal Engine, y ‘NO ROOM AT THE INN’, corto de animación experimental de 1974 dirigido por R. O. Blechman y que SITGES2023 recupera a través de Sitges Classics.
La animación española está en auge, ganando relevancia cada año que pasa. No es casual, por tanto, que sea el país con más producciones de la sección con un total de tres: ‘TO BIRD OR NOT TO BIRD’, una tragicomedia que firma Martín Romero, ‘LA ÚLTIMA HISTORIA’ de Vicente Molina Prado y ‘DE IMPERIO’, una coproducción española y portuguesa dirigida por el italiano Alessandro Novelli. El único país que iguala en relevancia es toda una potencia como Francia, que también aporta tres cortos: ‘ASTORIA’, ciencia ficción especulativa con Franck Dion como director, ‘LA GRANDE ARCHE’, una preciosa obra dibujada a mano de Camile Authouart y la devastadora y pesimista ‘RADIO-PILOTIS’ de Sonia Gerbeaud. Completan la sección ‘DRIJF’ del belga Levi Stoops, ‘EEVA’, una coproducción croata y estoniana que firman Lucija Mrzljak y Morten Tsinakov, la mordaz sátira ‘SWEET LIKE LEMONS’ de la finlandesa Jenny Jokela y ‘THE SMILE’ del neerlandés Erik van Schaaik.

Noves Visions
La sección Noves Visions, también en su versión de pequeño formato, es simbólica de un Festival que siempre intenta dar voz a todo tipo de obras, ya sean de corte más clásico o experimental. En definitiva, se tracta de un punto de encuentro para los cinéfilos más atrevidos. ‘PRINT THE LEGEND’ de Victor Matellano y ‘MAMANTULA’ de Ion de Sosa serán las representantes españolas en una sección muy internacional, con más de 10 países representados de un total de 15 títulos. La coreana ‘A KIND OF GIRL WHO KNOWS BLANCHE’, de Seyoung Lee y el recopilatorio de microrrelatos ‘COLLECTION OF EXTREMELY SHORT STORIES’ del brasileño Pedro Frago Villaça, representan las obras más periféricas de la sección.
Por supuesto, Estados Unidos no podía faltar con ‘GABLE’ de Theo Taplitz, ‘PRUNING’ reflexión dobre el auge de la extrema derecha de la directora y actriz Lola Blanc y ‘THE OLD YOUNG CROW’, una coproducción con Japón del director neoyorquino Liam LoPinto. Des de Canadá llega ‘MOTHER AND MONSTERS’ de Edith Jorisch y de México (coproducción que también incluye Gran Bretaña e Irlanda del Norte) ‘SPOOR’, que dirigen Statten Roeg y Sunita Soliar.
Regresamos a Europa para los títulos que completan la sección: ‘CULTES’ del francés David Padilla, las neerlandesas ‘DAY OF SPRING’ de Arianne Hinz y ‘WE ARE ANIMALS’ de Thijs Bouman; ‘HALF-DREAM’ del polaco Jan Grabowski y ‘RETRODREAMING’, coproducción alemana y japonesa que dirige Alisa Berger.

Cortos en el Brigadoon
Si hablamos de espacios para cinéfilos intrépidos, no nos podemos dejar una sección como el Brigadoon donde se proyectarán un total de 10 cortos durante el primer fin de semana del Festival. La selección incluye obras de todo tipo: ‘ZUIGER’, un drama-fantástico neerlandés en el que un robot se enamora de su dueña; ‘MY DREAMS HAVE BEEN DARK OF LATE’, corto inglés en el que un caballero se enfrenta a su armadura; ‘L’ISOLA DEI RESUSCITATI MORTI’, corto de explotación italiano que firma Domenico Montixi; ‘THE NIGHT HUNTER’ corto de terror cósmico del portugués Paulo Leite; ‘THE FLEDGING’ del estadounidense Joe Gietl o ‘KNOCK KNOCK’, relato monstruoso de la realizadora Marli Lee. No obstante, el acento de la selección es sobre todo español, con los cortos nacionales ‘EL PADRASTRO’ de José Casas Arévalo y ‘ELLOS’ de Néstor López y Óscar Romero; además del corto chileno vampírico ‘MÁS ESPESO QUE LA SANGRE’ de Joaquín Campos Astroza y ‘LA OTRA HERMANA’ de las realizadoras argentinas Abril Dores y Malena Martins Yanz redondean una programación brutal.

Nueva Autoría
El Festival de Sitges siempre ha apostado por el desarrollo de la industria y del talento nacional con iniciativas como los Premios SGAE Nova Autoria, donde un jurado conformado por Jaume Balagueró, Marta Grau y Alfonso de Villalonga otorgarán premios a la Mejor Dirección, Mejor Guion y Mejor Música Original de una selección de 10 títulos provenientes de 10 escuelas catalanas de cine. Las seleccionas son las siguientes: el documental ‘NOT YET’, dirigido por Pau Ballesté Aguirre, Maria Bros Carreras y Jorge Librero Cano; ‘EL ÚLTIMO RECUERDO’ de Javier Sáez; ‘LOS FRUSTRADO’ de Martí Rovira Cortada; ‘TENEMOS PATRIA’, de Mikel Garrido Linares; ‘O QUE ME PARTA UN RAYO’, de Karen Joaquín; ‘TIET’ de Iris Dalmau; ‘LIFETIME’ de Ariadna Puigdemasa; ‘FUEGO AMIGO’, de Asha Ruiz; ‘CALIFORNA’, de Albert Mariné y ‘THE SUN THIEF’, de Joan Cerdà Montero y Maria Agustina Montaña.
Sesiones especiales
Acabamos esta ráfaga de títulos presentados hoy con aquellas proyecciones que se realizarán fuera de las secciones habituales. Un total de 6 cortometrajes formarán parte de las sesiones especiales de SITGES2023: las españolas ‘LA LEY DEL MÁS FUERTE’ de Raul Monge y ‘PARADERO 893’ de Marc Martínez; las francesas ‘DARK CELLS’ de Jean-Michel Tari y ‘VENUS’ de Jolan Nihilo y Mickaël Dusa; la animación experimental y retro suiza de ‘ALEXX196 & LA PLAGE DE SABLE ROSE’ de Loïc Hobi y la comedia de terror estadounidense ‘TOOTH’, de Jillian Corsie.
Secció Oficial
‘ABOMINATIONS’ – Mike Fontaine (Estados Unidos)
‘AHORA VUELVO’ – Lucas Paulino y Gabe Ibáñez (España)
‘BLOODY FURY’ – Jordan Inconstant (Francia)
‘CALLUS’ – Ciarán Hickey (Irlanda)
‘ESCAPE ATTEMPT’ – Alex Topaller, Daniel Shapiro (Estados Unidos/Polònia)
‘EYESTRING’ – Javier Devitt (Estados Unidos/Argentina)
‘FISHMONGER’ – Neil Ferron (Estados Unidos)
‘HITO’ – Stephen Lopez (Filipines)
‘HONK’ – Charles de Lauzirika (Estados Unidos)
‘I’M NOT A ROBOT’ – Victoria Warmerdam (Países Bajos/Bèlgica)
‘INTERCANVI’ – Alberto Evangelio (España)
‘PARAGON’ – Colin Treneff (Estados Unidos)
‘PESUDO’ – Miquel Díaz Pont (España)
‘STOP DEAD’ – Emily Greenwood (Regne Unit)
‘STORM’ – Lena Tsodykovskaya (Rusia)
‘SUGAR RAG’ – Jai Love (Estados Unidos/Australia)
‘THE MANY WORLDS OF GEORGE GOODMAN’ – Gregg Bishop (Estados Unidos)
‘THE SHORE’ – Eron Sheean (Países Bajos/Bélgica)
Anima’t
‘A NIGHT WITH MOOSINA’ – Tsai Shiu-cheng (Taiwán)
‘ASTORIA’ – Franck Dion (Francia)
‘BYE BEAR’ – Jan Bitzer (Alemania)
‘DE IMPERIO’ – Alessandro Novelli (España/Portugal)
‘DRIJF’ – Levi Stoops (Bélgica)
‘EEVA’ – Lucija Mrzljak, Morten Tsinakov (Croacia/Estonia)
‘FLITE’ – Tim Webber (Estados Unidos)
‘GARDEN OF REMEMBRANCE’ – Naoko Yamada (Japón)
‘GHOST OF THE DARK PATH’ – Fish Wang (Taiwán)
‘LA GRANDE ARCHE’ – Camille Authouart (Francia)
‘LA ÚLTIMA HISTORIA – Vicente Molina Prado (España)
‘NEZUMIKOZO JIROKICHI’ – Rintaro (Japón)
‘NO ROOM AT THE INN’ – R. O. Blechman (Estados Unidos)
‘RADIO-PILOTIS’ – Sonia Gerbeaud (Francia)
‘SWEET LIKE LEMONS’ – Jenny Jokela (Finlandia)
‘THE SMILE’ – Erik van Schaaik (Países Bajos/Bélgica)
‘TO BIRD OR NOT TO BIRD’ – Martín Romero (España)
Noves Visions – Cortos
‘A KIND OF GIRL WHO KNOWS BLANCHE’ – Seyoung Lee (Corea del Sur)
‘COLLECTION OF EXTREMELY SHORT STORIES’ – Pedro Fraga Villaça (Brasil)
‘CULTES’ – David Padilla (Francia)
‘DAYS OF SPRING’ – Arianne Hinz (Países Bajos)
‘GABLE’ – Theo Taplitz (Estados Unidos)
‘HALF-DREAM’ – Jan Grabowski (Polonia)
‘MOTHERS & MONSTERS’ – Edith Jorisch (Canadá)
‘PRUNING’ – Lola Blanc (Estados Unidos)
‘RETRODREAMING’ – Alisa Berger (Alemania, Japón)
‘SPOOR’ – Statten Roeg, Sunita Soliar (UK, Irlanda del Norte, México)
‘THE OLD YOUNG CROW’ – Liam LoPinto (Japón/Estados Unidos)
‘WE ARE ANIMALS’ – Frank Wever (Países Bajos)
‘ZERO AT THE BONE’ – Erin Grant (Estados Unidos)
Noves Visions – Sesiones Especiales
‘PRINT THE LEGEND’ – Victor Matellano (España)
‘MAMANTULA’ – Ion de Sosa (España)
Premio Brigadoon Paul Naschy
‘ZUIGER’ – Steve Oen (Países Bajos)
‘MY DREAMS HAVE BEEN DARK OF LATE’ – Joshua Warren (UK)
‘L’ISOLA DEL RESUSCITATI MORTI’ – Domenico Montixi (Italia)
‘EL PADRASTRO’ – José Casas Arévalo (España)
‘THE FLEDGLING’ – Joe Gietl (Estados Unidos)
‘MÁS ESPESO QUE LA SANGRE’ – Joaquín Campos Astroza (Chile)
‘LA OTRA HERMANA’ – Abril Dores, Malena Martins Yanz (Argentina)
‘THE NIGHT HUNTER’ – Paulo Leite (Portugal)
‘KNOCK KNOCK’ – Marli Lee (Estados Unidos)
‘ELLOS’ – Néstor López, Óscar Romero (España)
Nueva Autoría
‘NOT YET’ – Pau Ballesté Aguirre, Maria Bros Carrera, Jorge Librero Cano (España)
‘EL ÚLTIMO RECUERDO’ – Javier Sáez (España)
‘LOS FRUSTRADO’ – Martí Rovira Cortada (España)
‘TENEMOS PATRIA’ – Mikel Garrido Linares (España)
‘O QUE ME PARTA UN RAYO’ – Karen Joaquín (España)
‘TIET’ – Iris Dalmau (España)
‘LIFETIME’ – Ariadna Puigdemasa (España)
‘FUEGO AMIGO’ – Asha Ruiz (España)
‘CALIFORNIA’ – Albert Mariné (España)
‘THE SUN THIEF’ – Joan Cerdà Montero i Maria Agustina Montaña (España)
Sesiones Especiales
‘ALEXX196 & LA PLAGE DE SABLE ROSE’ – Loïc Hobi (Suiza)
‘DARK CELLS’ – Jean-Michel Tari (Francia)
‘LA LEY DEL MÁS FUERTE’ – Raul Monge (España)
‘PARADERO 893’ – Marc Martínez (España)
‘TOOTH’ – Jillian corsie (Estados Unidos)
‘VENUS’ – Jolan Nihilo, Mickaël Dusa (Francia)
Nuevo tráiler en español de ‘El exorcista: Creyente’.
Disponible en calidad HD el nuevo tráiler en español de El exorcista: Creyente. David Gordon Green dirige esta producción de Blumhouse (M3GAN, Black Phone y El hombre invisible) en la que se presenta un nuevo capítulo de la película de terror más icónica.
Sinopsis: Desde que falleció su esposa embarazada en el terremoto de Haití hace doce años, Victor Fielding (interpretado por Leslie Odom, Jr., ganador de un Tony y nominado a un Oscar; Una noche en Miami, Hamilton) se ha encargado de cuidar de Angela (Lidya Jewett, la serie “Chicas buenas”), la hija de ambos. Pero cuando Angela y su amiga Katherine (la recién llegada Olivia O’Neill) desaparecen en un bosque durante tres días y a su regreso no recuerdan nada de lo que les pasó, se desata una serie de acontecimientos que obligarán a Victor a enfrentarse a la cúspide del mal. Desesperado y aterrado, decide pedir ayuda a Chris MacNeil, la única persona que ha sido testigo de algo parecido.
Hace exactamente cincuenta años que la película más aterradora jamás vista llegó a la gran pantalla, impactando al mundo entero. Basada en la novela de William Peter Blatty, El exorcista cambió nuestra cultura, batió récords de taquilla y fue nominada nada menos que a diez Oscar, convirtiéndose en la primera película de terror nominada a Mejor Película. Imitada pero nunca superada, el 13 de octubre de 2023 empezará un nuevo capítulo de la mano de Blumhouse y dirigida por David Gordon Green, el cineasta que hizo pedazos el statu quo con la franquicia Halloween, llega El exorcista: Creyente.
Por primera vez desde el largometraje de 1973, la oscarizada Ellen Burstyn vuelve a meterse en el papel de Chris MacNeil una actriz cuya carrera se vio truncada por lo que le ocurrió a su hija hace cinco décadas. Coprotagonizan la película Ann Dowd, ganadora de un Emmy (la serie “El cuento de la criada”, Hereditary), en el papel de la vecina de Victor y Angela, así como Jennifer Nettles, ganadora de un Grammy (Harriet: En busca de la libertad, la serie “Los Gemstones”) y Norbert Leo Butz, ganador de dos Tony (Fosse/Verdon, la serie “Bloodline”) como los padres de Katherine, la amiga de Angela.
El exorcista: Creyente se estrena en España el 6 de octubre de 2023, exclusivamente en cines.
EL EXORCISTA: CREYENTE está dirigida por David Gordon Green, con guion de Peter Sattler (Camp X-Ray) y el propio David Gordon Green, basado en una historia de Scott Teems (Halloween Kills), Danny McBride (la trilogía Halloween) y David Gordon Green, a partir de personajes creados por William Peter Blatty. Los productores de la película son Jason Blum, para Blumhouse, y David Robinson y James G. Robinson, para Morgan Creek Entertainment. La producción ejecutiva corre a cargo de Danny McBride, David Gordon Green, Stephanie Allain, Ryan Turek y Atilla Yücer. Universal Pictures presenta una producción Blumhouse/Morgan Creek Entertainment en asociación con Rough House Pictures.
‘La espera’, el nuevo film de F. Javier Gutiérrez participará en la Sección Oficial del Festival de Sitges
La espera (The Wait), se estrenará en cines el próximo 1 de noviembre. Dirigida por F. Javier Gutierrez tendrá su estreno nacional en la Sección Oficial del Festival de Sitges.
Tras ganar el Festival de Málaga de 2008 con su ópera prima 3 días y dirigir en Hollywood Rings (2017), el director cordobés F. Javier Gutiérrez estrenará La espera en el Fantastic Fest de Austin y en el Oldenburg Film Fest, uniéndose a la corriente de nuevos cineastas que crean un punto de unión entre lo dramático y lo fabulístico. La espera está ambientada en Andalucía, donde los terrores nocturnos harán mella tanto en su protagonista como en los propios espectadores.
Protagonizan el filme Víctor Clavijo (El ministerio del tiempo, 30 monedas), junto a Ruth Díaz (Tarde para la ira, Hogar) y Pedro Casablanc (Dolor y gloria, Extraña forma de vida).
F. Javier Gutiérrez habla así de su nuevo proyecto: “Después de Rings sentí la necesidad de volver a España, a Andalucía, mi tierra, y rodar algo más íntimo, más
personal. España me devuelve a mis raíces, a mis recuerdos, así como a mi narrativa más personal. Trato de ahondar en las emociones, explorando una vez más la complejidad, oscuridad, belleza y fragilidad de la naturaleza humana. Todo ello disfrazado de un thriller de terror brutal, sin concesiones, descarnado, con alma de western. Eso es ‘La espera’.”
La espera es una producción de Antonio P. Pérez para SPAL FILMS en asociación con Nostromo Pictures y Unfiled Films.
F. Javier Gutiérrez es un director, guionista y productor de cine cuyo trabajo ha obtenido más de 100 galardones y nominaciones en el Circuito Internacional de Festivales (Berlín, Karlovy Vary, Sitges, Edimburgo, Los Ángeles AFI Fest, etc.) Dos veces nominado al «Melies de Oro* (Mejor Película y Cortometraje Fantástico Europeo), su filmografía combina géneros como el terror, el drama o la ciencia-ficción.
Con Brasil, su primer cortometraje, Javier ganó uno de los festivales especializados en Cine Fantástico de mayor prestigio a nivel mundial, el Festival de Sitges. Ese mismo año Javier obtuvo el «Melies de Plata» (Mejor Cortometraje Fantástico Europeo), la «India Catalina de Oro» (Mejor Cortometraje Ibero Americano) y el Premio «Film Master» de los Estudios Universal (Mejor Director Europeo), consolidándose como una de las jóvenes promesas de nuestro cine. 3 Días, la primera película de Javier, se estrenó en la Sección Oficial «Panorama Especial» del Festival de Berlín. En España, cosechó entre otros los premios principales del Festival de Cine Español de Málaga (Mejor Película y Mejor Guión), así como el Premio «Miradas’ de TVE2 a la Mejor Película del Año. Poco después de su estreno en Estados Unidos en el marco del Festival de Cine de Los Ángeles (AFI Fest), la película captó la atención de la industria norteamericana posicionándose en el tercer puesto de la prestigiosa «Hollywood International Watchlist». Ese mismo año 3 Días recibió una oferta para un remake del legendario director de cine Wes Craven.
El último trabajo de Javier, Rings, la tercera entrega de la franquicia The Ring, fue producido por Walter Parkes y Laurie MacDonald (Gladiator, Minority Report, MIB) para Paramount Pictures. Alabada por Koji Suzuki, autor de la novela original The Ring, Rings debutó en el segundo puesto de la taquilla estadounidense, sumando una recaudación de 83 millones de dólares a nivel mundial.
Javier es miembro del Sindicato de Directores Americano (DGA) y la Academia de Cine Europeo (EFA), la Academia de Cine Andaluz y la Academia de Cine Español.
Sitges2023 – Selecciones WomanInFan y FanPitch


El concurso GIRLS JUST WANNA HAVE FAN. II CONCURSO CREACIÓN CORTO-TEASER WOMANINFAN – SITGES FANLAB estará impregnado este año por aires directamente provenientes de Belice, territorio poco visitado por el cine, y de donde es originaria la familia de Samantha Aldana, directora y co-guionista de Little Lying Wild, una mezcla de fantasía,
horror y realismo mágico envuelta en un absorbente misterio que tiene que ver con un terrible asesinato; una historia de empoderamiento femenino fuertemente arraigada en el folklore maya. Esta iniciativa del Festival de Sitges para la visibilización y la incorporación de la mujer creadora en la cinematografía fantástica propone con este concurso la creación de una pieza para su circulación en el mercado audiovisual. Con esto, WomanInFan consolida su campo de actuación hasta la producción cinematográfica para dar apoyo al trabajo de las cineastas dentro de la industria del género fantástico.
Premio GIRLS JUST WANNA HAVE FAN. II CONCURSO CREACIÓN CORTO-TEASER WOMANINFAN – SITGES FANLAB
- 1 Acreditación de Industria.
- Un presupuesto de 10.000 euros (IVA incluido), que serán destinados íntegramente a la producción del corto-teaser ganador.
- Apoyo del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya en las fases de producción del proyecto.
- Presentación del proyecto dentro del marco de la edición correspondiente del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya en la sección de Industria y/o en aquellos espacios que el certamen considere más convenientes.
Por su parte, la RESIDENCIA FANTÁSTICA WOMANINFAN – SITGES FANLAB anuncia los nombres de las tres ganadoras de su primera convocatoria: Anna Kasińska, Elisa Puerto Aubel y Gigi Romero. La primera de ellas, directora y guionista polaca, vendrá con Hiss bajo el brazo, una misteriosa fusión de naturaleza humana y animal en forma de body-horror. Elisa Puerto Aubel, cineasta nacida en Bélgica y de herencia franco-española, traerá The Mound (La loma), un escalofriante regreso al hogar de un hombre abocado a enfrentarse a las peores circunstancias (climatológicas, emocionales… sobrenaturales); una invitación a encerrarse en una casa embrujada, y a descubrir en ella los monstruos que también habitan en nuestro interior. Gigi Romero, directora y guionista hispano-venezolana especializada en terror psicológico, dará a conocer La cura, sobre la lucha desesperada contra una enfermedad: un proceso de sanación de base espiritual, pero cuyas ramificaciones expondrán las dinámicas de dependencia de las relaciones más tóxicas.
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Esta iniciativa del Festival propone una nueva plataforma para la mujer creadora de género fantástico. Se trata de una propuesta formativa a través del formato residencia, que tendrá lugar durante la 56ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.
La beca incluye:
- Acceso a todas las sesiones de Industria de la 56ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.
- Las seleccionadas recibirán un asesoramiento intensivo de expertos destacados del sector cinematográfico para que puedan desarrollar sus proyectos en diferentes facetas.Formación a través de visionados, masterclasses y workshops.
- Posibilidad de presentación del proyecto dentro del marco de una edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya en la sección de Industria y/o en aquellos espacios que el certamen considere más convenientes.
Por último, las finalistas de WomanInFan anuncia también las finalistas de sus respectivos concursos. Elizabeth Schuch, Nerea Úbeda Segura, Norma Vila, Natacha Thomas, Nikki Bohm, Rioghnach Ní Ghrioghair, Coral Amiga, Lucía Forner y Haizea Giménez Viana, quienes recibirán cada una acreditación de Industry para la 56ª edición del Festival.

SITGES FANPITCH es el evento internacional de concurso de pitch enfocado a largometrajes y producción serializada en desarrollo con temática de terror, ciencia ficción y/o fantástico. La iniciativa mantiene su objetivo de descubrir los mejores proyectos de género y conectarlos con empresas líderes en la industria. El evento tendrá lugar de forma híbrida los días 8 y 9 de octubre de 2023 en el marco del Festival de Sitges.
En formato largo tendremos All the World Drops Dead, de Kevin Kopacka, una road movie terrorífica en clave femenina; Daddy’s Little Girl, de Coral Amiga y Nicole Hartley, crónica de una crisis de pareja infernal en plena escapada idílica; El destello, de Guillermo Carbonell, una historia de encuentros sobrenaturales en la antesala de la muerte; El día después, de Jordi López Navarro, sobre el desconcertante regreso después de una supuesta abducción; Horrordomo, de Jordi Jimeno e Ignacio Malagón, un escalofriante pacto con el Diablo que nos enfrentará a nuestros peores miedos; Idaho Winter, de Sean Wainstein, adaptación de la delirante novela homónima de Tony Burgess; ‘El visitante’, de Lucía Nieto Salazar, cuento de terror sobre la muerte de los seres queridos, y sobre la amenazante desolación que queda después; ‘Malamuerte’, de Caye Casas, un reflejo de las miserias humanas en forma de comedia negra con pinceladas surrealistas; ‘Please Bear With Me’, de Gabriela Serrano, la cual nos llevará a unas Filipinas futuristas donde la gente ha perdido la capacidad para soñar; ‘Ruta al Sol’, de Jorge Leyva, un intenso drama con sectas religiosas y profundas crisis de fe como ingredientes principales; ‘Shadow Work’, de Areito Echevarria y Raqi Syed, un thriller psicológico alimentado por la angustiosa amenaza de doppelgängers; ‘The Hive’, de Rioghnach Ní Grioghair, un recorrido por las bajezas morales de una streamer retransmitido en riguroso directo; ‘This Thing Inside Me’, de Quarxx, un drama romántico que lucha por salir del cautiverio sobreprotector de los lazos maternales.
Las Menciones han sido para ‘Aytasi’, de Safet Ayhan, una historia surrealista suspendida en el Purgatorio; ‘Dead Enders’, de Fidel Ruiz-Healy y Tyler Walker, sobre las dificultades de crecer y de cultivar el espíritu artístico; ‘Durst’, de Paul Ertl, una road movie vampírica; ‘Eucharistia’, de Desiré Sobrino Gutiérrez, con el explosivo catalizador de las tensiones vecinales en un pequeño pueblo extremeño; ‘L.A. Calor’, de Edgar Burgos, una asfixiante y alucinógena odisea urbana-nocturna.
En el apartado series, los tres proyectos seleccionados han sido ‘The Lost Gods of Memphis’, de Jon-Carlos Evans, un neo-noir mitológico ambientado en las tierras bañadas por el río Mississippi; ‘Martes de misterio’, de Martín Echevarría, a partir del popular podcast de recopilación de hechos reales paranormales contados por sus propios protagonistas ; ‘White Noise’, de Tamara Scherbak, antología del body-horror.


Las Menciones han sido para ‘Huellas’, de Silvia Espín y Ainhoa Bolaños, un cuento de fantasmas con espíritu juvenil; ‘Malebeste’, de J.P. Bouix, una fantasía moderna vertebrada a partir de distintos puntos de vista; ‘Miasma’, de Tomás Lazarowski, una impactante investigación de un crimen inenarrable.
Sitges2023: Seven Chances

La sección Seven Chances que el Festival programa en colaboración con la ACCEC cumple 30 años. Y lo hace (re)descubriendo, un año más, siete perlas oscuras.
En esta nueva edición, podremos ver The McPherson Tape, de Dean Alioto (quien va a estar presente en el Festival), película OVNI, pieza extraviada y posteriormente recuperada cuyo aprovechamiento del formato vídeo para filmar el encuentro de una familia con unos extraterrestres, marca un tempranero y casi-olvidado (pero igualmente reivindicable) capítulo dentro de los terrores invocados por el found footage. Y lo hace siete años después de Holocausto Canibal, del llorado Ruggero Deodato, pero más de una década antes de la eclosión definitiva de este subgénero gracias al fenómeno de El proyecto de la bruja de Blair, de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez.
Celebrando su reciente restauración, la siempre fértil cosecha británica contará con The Appointment, único largometraje de Lindsey C. Vickers, una perturbadora TV movie sobre el poder sugestivo de las imágenes a través de la construcción de profecías funestas, que intoxican la mente y el -angustiado- día a día de una familia de clase media, en lo que promete ser una de las sensaciones del Festival.
Desde Polonia llegará O-Bi O-Ba. The End of Civilization, de Piotr Szulkin, rey de la ciencia-ficción cuya figura presumiblemente resurgirá a raíz de la restauración inminente de su filmografía. Antes, podremos disfrutar con las invocaciones del caos y las situaciones extremas de una cinta que más que ácida, es altamente corrosiva, en su desesperante y absurdo retrato de un mundo que, como el nuestro, se ha encerrado en los asfixiantes bunkers de la posverdad.
Desde Hungría llegará Twilight, de György Féher, alumno aventajado de Béla Tarr. La que promete ser una de las propuestas evento de la sección, se traduce en un slow thriller con una atmósfera cargadísima, de una belleza visual aterradora, con un blanco y negro fantasmal, casi granítico; un ejercicio de suspense que gira alrededor de un crimen irresoluble, y que tiñe de culpa a una comunidad entera.
Yendo a la otra punta del mundo, aterrizaremos en México para reencontrarnos con las aventuras de Santo, el enmascarado de plata con la recién encontrada versión nudie del delirante western Santo contra los jinetes del terror de René Cardona, que como Los leprosos y el sexo, ofrecerá una bienvenida dosis de sicotronía a esta edición de Seven Chances.
De vuelta al viejo continente, presenciaremos el emocionante relevo generacional entre Mario y Lamberto Bava (este último, Premio Honorífico este año en Sitges). La Venere d’Ille, episodio de la serie de la RAI I giochi del Diavolo, antología de adaptaciones de cuentos
fantásticos del siglo XVIII.
Por último, y ya en casa, nos esperará un encuentro con La última Señora Anderson, del recientemente fallecido Eugenio Martín, a quien ya se le concediera en el pasado el Premio Nosferatu. En este giallo a la española brilla con luz propia la presencia de Carroll Baker, y de José Luis López Vázquez como inspector de Scotland Yard.
Selección Seven Chances 2023The Appointment (Lindsey C. Vickers, 1981), presentada por Andreu Marves.Los leprosos y el sexo (René Cardona, 1970), presentada por Ignasi Franch.The McPherson Tape (Dean Alioto, 1989), presentada por Javi Parra.O-Bi O-Ba. The End of Civilization (Koniec Cywillizacj) (Piotr Szulkin, 1985), presentada por Aarón Cabañas.Twilight (Szürkület) (György Féher, 1990), presentada por Violeta Kovacsics.La última Señora Anderson (Eugenio Martín, 1971), presentada por Marla Jacarilla.La venere d’ille (Mario Bava, Lamberto Bava, 1981), presentada por Antonio José Navarro.
Para el catedrático Sebastián Serrano, somos hijos del miedo. De un miedo con alto valor adaptativo que tiene por antónimo la temeridad. Los temerarios no le tienen tomado el pulso al peligro, por eso se arriesgan sin tino, juansinmiedos de la vida, se atreven con todo, su falta de juicio les expone y… no llegan a viejos. Los temerosos, en cambio, no corren riesgos innecesarios, actúan con prudencia y sobreviven dejando su herencia genética para la especie. Una perpetuación biológica de los miedicas que se refuerza con la educación. A sus vástagos les legan sus genes y los cuentos. Las leyendas y el folklore vestían los peligros naturales con el ropaje de entes dañinos y taimados, así, si no tienes vértigo, un barranco puede resultar hasta atractivo, pero si es la oscura morada de una legión de trolls (por poner), y eres niño, la cosa ya se pone más seria. Vino la Ilustración queriendo poner coto a las supersticiones en nombre del reinado de la recta Razón, pero la generación romántica que la sucedió volvió a elevar y dar valor a lo sobrenatural. Movimiento pendular de la historia en el que tuvo su peso descubrir que el sueño de la razón produce monstruos. Terror por antonomasia es el método expeditivo de represión revolucionaria (o contrarrevolucionaria) que instauraron Robespierre y su pandilla. No es de extrañar la reacción de la generación siguiente que empezó a poner en valor lo medieval y lo oscuro, siguieron la estela de Horace Walpole que en 1764 escribía
cabezas de cartel. Es el vienés el que va a adentrarse en la mente y sus traumas y, claro, pondrá sus miras sobre qué es y qué produce el terror, esa emoción que ahora sabemos que nace en una región del cerebro denominada amígdala, ubicada en el sistema límbico, que se encarga de regular las funciones de conservación del individuo. Aunque admira a Darwin, Freud da una explicación que no es biologista sino una lectura que podríamos denominar (un poco a bulto) metafísica. El padre del psicoanálisis se interesa por el terror desde bien temprano, pero es después de la Gran Guerra cuando dará su definición más elaborada, distinguiendo entre angustia, miedo y terror. Si el miedo es el temor a un peligro presente, conocido, y la angustia la señal de alarma de la mente, que lo anticipa sirviendo de entrenamiento, el terror está relacionado a un estado en que se encuentra el sujeto cuando se ve sorprendido por un peligro para el cual no estaba preparado. Según esta lógica, aterrarse es estar al borde del colapso, enfrentarnos a una adversidad, tan grande, que quedamos paralizados y, en el peor de los casos, condenados a repetir mentalmente el trauma que hemos vivido (algo que Freud observó entre los veteranos de la Gran Guerra). El miedo nos cualifica, el terror nos incapacita. Así las cosas, deberíamos concluir que los que ven cine de terror somos unos absolutos masocas. Pero es que la cosa no es tan simple. Si disfrutamos del género es porque mientras vemos estas producciones nuestro cuerpo está tensionado y libera cortisol, una hormona que está relacionada con el estrés, por eso, asustarse con una película mejora el estado de ánimo y ayuda a sentirse mejor. El miedo que vivimos en la sala oscura nos activa, nos despierta, hasta nos enardece. Definiéndolo coloquialmente: vivimos un “subidón” químico que nos provoca una euforia
momentánea. Sobre todo si el final es catártico. Se disfruta del terror que no paraliza, que es tanto como decir que no aterra, ergo no puede existir algo así como películas de terror puro. De haberlas nos lisiarían, nos dejarían traumatizados (en el sentido fuerte del término) de por vida. Casi muertos. Defender la pureza del género es defender algo que no lleva a parte alguna. Lo puro es lo que está libre y exento de toda mezcla de otra cosa. Lo que es fiel a una esencia imperturbable, impermeable a cualquier cambio. Pero el terror es también un reflejo de la sociedad, de los miedos de una época, por eso no puede ser invariable. Cada momento histórico vive sus propios espantos y los expresa bajo formas narrativas acordes. En definitiva, no es más puro, ni menos, el terror gótico de Walpole que eso que llaman horror elevado. Sólo son distintos rostros del miedo. Bienvenidas sean todas las manifestaciones del monstruo.
Comenzar la jornada con Pedro Olea está más que bien. Si es en el Prado y sin ningún tipo de restricción para ocupar la butaca que se deseé, mejor. Y si lo que se proyecta es una versión remasterizada (gentileza de Mondo Macabro) de una de sus más oscuras cintas, eso, ya no tiene precio.
Daniel (Toni Isbert), que busca trabajo e instalarse en Bilbao. Ya en la propia estación averigua la dirección de una pensión económica y conoce a un extraño individuo, con el que se topa en diversas ocasiones (José Orjas), que se ofrece a facilitarle un contacto para conseguir un empleo. Una vez en la dirección que le ha sido dada recibirá el encargo de localizar a Lucía Alfaro (Geraldine Chaplin), antigua integrante de la misteriosa organización que le ha contratado y que se hace llamar La casa sin fronteras. Absoluto fracaso en su momento, lo que le costó tener que cerrar su productora, Amboto Producciones Cinematográficas, pese al éxito obtenido con su anterior film, la película ha permanecido semioculta entre la producción del bilbaíno hasta que el sello norteamericano Mondo Macabro se ha animado a editarla remasterizada para su óptimo visionado, como pudo comprobar el público del Prado y el propio Olea, que no perdió la ocasión de ver su película restaurada.
protagonizada por una familia norteamericana, los Nordheim, que retorna a sus raíces tras heredar una casa en las montañas de Noruega. Los productores de
Hora de volver al Prado y al mejor cine clásico con
considerada bruja en el pueblo y sobre la que se cernirá la sospecha de ser la artífice de los infanticidios. Una escena de alta intensidad dramática, pavorosa por su crudeza y violencia, pues no en vano es una película de Lucio Fulci. Esa brutalidad que se respira desde el propio montaje, contrasta con la sensualidad de otras tomas y otras escenas, como aquella de desnudo y seducción a un menor protagonizada por Patrizia, el personaje que interpreta la Bouchet, escena que todavía hoy llama la atención y escandaliza, por lo cual es una pregunta recurrente en las entrevistas que le hacen al actriz el saber cómo se pudo rodar esa secuencia, así que Barbara Bouchet no esperó a que se la hiciera el público y explicó directamente que los planos en los que se ve a las dos figuras juntas, con el niño de espaldas, este era sustituido por un enano. Amable y diva, en el buen sentido del término, Barbara Bouchet se mostró cercana y accesible con sus fans y no dejó de recordar que se encuentra todavía en activo, como demuestra el gran número de películas y series en las que ha participado desde los años sesenta a este mismo año.
las simpatías de los espectadores en la edición de 2021 con su debut, 
mecanismo de relojería bien afinado y rebosa talento, incluso para sacar rédito significativo de la localización, ese río que se pone de relevancia en el título original (que podría traducirse como No dejes que el río fluya). El río no es solo el escenario sino la inspiración de la evolución de la trama. Símbolo del cambio continuo y, a la vez, de la permanencia constante (mismo cauce, distintas aguas) es toda una metáfora de la transformación personal como desarrollo de las propias características que nos definen. Sin ningún efecto especial, todo a base de un buen uso de cámara y cambios de plano para representar el salto en el pliegue, esta repetición con variaciones de un mismo tema es grácil y ligera. Divertida. También profundamente seria. 












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