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VAMOS DE ESTRENO (o no) * Miércoles 8 de abril de 2020 *

VIVARIUM (Lorcan Finnegan, 2019)

USA. Duración: 97 min. Guion: Garret Shanley (Historia: Lorcan Finnegan, Garret Shanley) Música: Kristian Eidnes Andersen Fotografía: Miguel De Olaso Productora: Fantastic Films / Frakas Productions / PingPong Film. Distribuida por: XYZ Films Género: Ciencia ficción
Premios: 2019: Sitges Film Festival: Mejor actriz (Imogen Poots)
Reparto: Imogen Poots, Jesse Eisenberg, Jonathan Aris, Olga Wehrly, Danielle Ryan, Senan Jennings, Molly McCann, Eanna Hardwicke, Shana Hart
Sinopsis: Gemma (Imogen Poots) y Tom (Jesse Eisenberg) son una joven pareja que se ha planteado la compra de su primera casa. Para ello visitan una inmobiliaria donde los recibe un extraño agente de ventas, que les acompaña a Yonder, una nueva, misteriosa y peculiar urbanización donde todas las casas son idénticas, para mostrarles una vivienda unifamiliar para ellos. Volviendo de la visita, quedan atrapados en una laberíntica e interminable pesadilla surrealista.
Vivarium quedará en nuestra memoria como uno de los primeros filmes que tuvo estreno comercial en tiempos del coronavirus, una ficción laberíntica, que roza a veces lo distópico, para una distopía presente y real, que tiene bastante de laberíntica. Terrores modernos para momentos terribles. Nunca un estreno tuvo un momento tan adecuado a su propia medida.

Un terror sin monstruos clásicos, porque los miedos contemporáneos son más abstractos y existenciales, en palabras de su director: “Ya no tenemos miedo a los monstruos, sino un miedo más existencial a que nos quiten nuestra libertad, las esperanzas y a que los sueños de un futuro emocionante se conviertan en aburrimiento, los padres se alejan de sus hijos, que pasan todo su tiempo en línea, viendo televisión y hablando con extraños en Internet. Vivarium solo amplifica estas ansiedades sociales, por lo que se puede ver cuán extraño y aterrador podría ser ese tipo de vida”. El segundo largo de Lorcan Finnegan explora la atomización de nuestra sociedad postmoderna y el yugo del compromiso social que impone un modelo de vida aséptica y estandarizada como ideal. Algo de lo que los barrios residenciales (suburbios en USA) son metonimia. Eso es lo que expone Vivarium en clave de fábula de invasión alienígena cruzada con buenas dosis de cuento de terror.

Vivarium arranca con una situación fácilmente reconocible: una pareja joven (Jesse Eisenberg y Imogen Poots) busca casa. Por casualidad se tropiezan con una agencia que las vende en las afueras y van a visitar una de las residencias, la número 9, en compañía de un extraño e inquietante agente. Pero una vez dentro del complejo de viviendas quedan atrapados, sin poder volver a la ciudad. Y eso no es todo: pronto tendrán ocasión de poner en marcha una familia disfuncional perfectamente normal, con el “regalo” de un bebé que alguna fuerza desconocida deja frente a su casa con una nota: “Abrazadlo y os liberaréis”. Su vida es un mal sueño dentro de un escenario de pesadilla en el que se cruza el arte de Magritte con el de Escher para sumirnos en un mundo de postal, con su sol artificial y sus nubecillas perfectas, que hace de la simetría y los colores fríos una geografía infernal construida, milimétricamente, con casas unifamiliares. En el diseño de arte se reconoce igualmente la influencia de las fotografías de Gregory Crewdson, inspirador del estilo del nuevo terror independiente urbano de películas como It Follows (David Robert Mitchell, 2014) o Hereditary (Ari Aster, 2018).

Rabiosamente actual por su concepción y representación del terror, el filme no deja de reconocerse deudor de la cultura del Siglo XX. En palabras del director:  “Mi película es retorcida, extraña, surrealista y oscura. Su tono es cercano al de The Twilight Zone y las películas de ciencia ficción de los 70“. Junto a esas influencias reconocidas estaría también la estela de El pueblo de los malditos (Village of the Damned, Wolf Rilla,1960), con la que comparte la carga metafórica del ciclo vital de los cucos, esos pájaros que parasitan los nidos de otros pájaros para hacer crecer a sus crías, una acción que acompaña a los títulos de crédito de Vivarium. Pero, si algo agradece quien esto escribe, son las alusiones al mítico episodio Juego de niños (1984) de la serie Hammer’s House of Mystery and Suspense, cuya memoria ha acompañado mi formación como espectadora. En él una familia iba dándose cuenta progresivamente de que no tenía recuerdos mientras su casa se iba calentando y no podían salir, para acabar descubriendo que son los juguetes de una casa de muñecas de una niña extraterrestre, escondida por el hermano de ella en el circuito de la calefacción. Un episodio progresivamente decadente y con un punto existencialista que parece calcado en Vivarium.

No tendríamos completo el cuadro de influencias de nuestro director si no mencionáramos a Kafka. La filiación Kafkiana de Finnegan y su guionista, Garret Shanley, estaba ya presente en su corto de terror sobrenatural de 2011, Foxes. Y se había incrementado en, la no suficientemente valorada, Without Name (2016) con la que el irlandés debutó en el largo y en la que la narración sigue a un agrimensor en su tarea de medir un bosque antiguo para un constructor, pero que pronto perderá la razón en un entorno sobrenatural que tiene sus propios planes. La espiral que devora impávida, la imposibilidad de encontrar el centro que ilustre el sentido en un mundo consumido por lo burocrático, son los rasgos que definen lo kafkiano y Vivarium participa de ellos. La pareja protagonista, atrapada en un laberinto del que no se atisba el fin, que por mucho que se recorra siempre devuelve en círculo al punto de partida, se ve obligada a sobrevivir a expensas de unos captores que nunca se hacen visibles, por mucho que traten de sorprenderles. Están a merced de un amo sin presencia que les exige que vivan lo programado, sin mostrarse ni menos mostrarles las razones de su encierro. Vigilados por un retoño de crecimiento acelerado que hace las veces de carcelero. Están atrapados por la vida sin posibilidad de alterar un plan que desconocen. Una vida vacua y esclavizada por su propia abundancia. Metáfora extrema de nuestro existir contemporáneo marcado por la avaricia capitalista, que nos obliga a medrar en la escalera de la propiedad, a hipotecarnos como medida de la prosperidad, dejándonos atrapados en el circuito alimentando una vida que no acaba de ser la que planeamos.

La interesante propuesta de Finnegan es efectiva, además, gracias a la excelente labor interpretativa de sus protagonistas. Un Jesse Eisenberg que nada como pez en el agua en la piel de su personaje, un joven al que le asusta el compromiso y que se verá obligado a rendirse a él, pero no sin tratar de encontrar un camino de salida. Y una inmensa Imogen Poots, que obtuvo el galardón a mejor actriz en la edición de 2019 del Festival de Sitges por esta interpretación. Ella es el alma de la cinta, entregada a una maratón emocional desgarradora en la que pugnan el amor y el miedo, el anhelo de felicidad y la desesperación, en un intento de enderezar la situación desde su comprensión. Un esfuerzo que no llegará a buen puerto.

Vivarium, pesadillesca y surrealista, incisiva y retorcida, eminentemente inquietante, puede ser una buena compañía en estos días de encierro.

Estreno en: salavirtualdecine.com

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