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Iquino y el puterío fino: a propósito de la IFI transicional

22 diciembre 2014 3 comentarios

Porque nos gusta como escribe nuestro amigo, y más que competente director de cortos (de momento) Sergio Colmenar, le hemos pedido alguno de sus textos para compartir desde Proyecto Naschy. Ahí va el primero, muy oportuno teniendo en cuenta que uno de los filmes de los que se habla, Los violadores del amanecer, ha sido recientemente publicado y en excelentes condiciones tanto en DVD como Blu ray. Así que con Sergio e Iquino les dejamos. Disfruten con ellos tanto como nosotros. 

«Le diré la verdad: nosotros lo pasamos cojonudamente. Hace días nos divertimos con una niña de 15 años, anteayer con otra, y mañana con tu hija si la encontramos».

Un quinqui a un poli en Los violadores del amanecer (1978, Ignacio F. Iquino)

 El cine por encima de todo

1 IquinoUn tío, y me estoy refiriendo a mí, que ha sido amamantado con un concepto muy claro de cine-espectáculo, cuyo arte, si lo hay, es el fin mismo y no necesariamente un vehículo, jamás se hubiera acercado a la obra del viejo maestro Ignacio F. Iquino, el rey de las pelis-denuncia españolas, primero, y del cine clasificado “S”, después (todo empezando en los 70, con el régimen franquista ya en decadencia y la censura dando sus últimos coletazos y cediendo cada vez más), si no fuera porque el suyo no dejaba de ser un reducto traslúcido de estricto cine espectacular y comercial del bueno, aunque casi siempre fuese con dos duros y apoyado en montones de guayabos desnudos de forma excelsa y dudosas intenciones.

Iquino era un tío fino y exquisito, pianista, dibujante, fotógrafo, escritor y dramaturgo antes que director, guionista, iluminador y productor. Lleva la consigna de director más prolífico del cine catalán y español. Su vasta filmografía está muy cerquita de lo producido en España por Jesús Franco y José Luís Sáenz de Heredia, con ciento y pico títulos dirigidos o producidos por él. Rodaba a toda hostia y confería a los montajes un ritmo aceleradísimo, amén de un estilo de documental de gran gusto estético y formal (la fotografía del propio Iquino era el aspecto técnico más destacable de sus películas, combinación perfecta del noir yanqui clásico y el más siniestro poliziesco italiano, de llamativos tonos claroscuros), aunque cada vez más descuidado, debido, claro, a la brutal prontitud aplicada a los rodajes. Una de las mejores pelis de Iquino en este sentido quizá sea uno de los clásicos seminales del cine negro español por antonomasia, Brigada criminal (1950), en ángulos transversales imposibles a lo Welles y narración violenta y eficaz, poco o nada que envidiar, por ejemplo, a la muy posterior Rififi en la ciudad (1963, Jesús Franco), que era un guiño confeso a Welles mejor que el propio Welles.

11779861Fue el creador de las dobles versiones en España (las que se exportaban al extranjero con desnudos o cierto contenido controvertido que no colaba en la administración, o sea, comercializar por donde se podía el final cut sin censura) y el cine catalán (y español, en gran medida) le debe su prestigio de cine industrializado y bien encauzado gracias a la llegada de la famosa empresa de exclusiva marca Iquino IFI S.A., nacida a finales de los años 40 y en desuso a principios de los 80, con un total de 123 títulos producidos, muchos de ellos, grandes éxitos. Intentó en vano producir la primera película sobre la guerra civil en los inicios de la posguerra. Jodió el proyecto la censura, claro. Con El judas (1952), además de revolucionar el cine religioso español con esta obra ingeniosa y original, fue el primer director en rodar en lengua catalana, no sin tener graves problemas con la puta censura, la cual al final confiscó el doblaje en catalán con el fin de exhibir únicamente el doblaje en castellano, lo cual no impidió que El judas fuese declarada de Interés nacional y tuviera un montón de reconocimientos internacionales, ya que, en el fondo, era una película que exaltaba los buenos sentimientos y la fe católica.

La hábil estrategia Iquino

Espectacular fachada del barcelonés cine Comedia

Espectacular fachada del barcelonés cine Comedia

Cierto es, y como el propio Iquino reconocía, que la actitud moralizante, radical y reaccionaria manifiesta en su primera peli-denuncia, Aborto criminal (1973), ya estaba latente en algunos de los viejos títulos en B/N que dirigió o tuteló, pero no fue hasta que vio cómo fuera de su país, en Europa y EE.UU, se hacía un cine escapista plagado de violencia, sexo y tramas policíacas desmadradas que recogían el testigo de lo que sucedía realmente en las calles, que decidió hacer lo propio con la más famosa de sus triquiñuelas: el cine-denuncia. Iquino, con la Junta de Censura franquista dando malamente por el culete a todo dios, no podía permitirse hacer cine de género sin una excusa acomodaticia y afín al régimen, pero él, gran conocedor y amante de los subgéneros y todo lo que huela a rentable, pasó por el aro. La coló, y cómo, el cabrón. Fueron muchos los directores y guionistas que jugaban a este juego, toreando como se podía a la censura. Berlanga, Azcona o Pedro Olea (el ejemplo perfecto sería su terror anti-estampita La casa sin fronteras -1972-, que presentaba a fanáticos religiosos como psicópatas justificados por Aborto criminal 2salvaguardar la moral biempensante, y estos, claro, parece que eran bien recibidos por el régimen) presentaban proyectos a la junta muy estudiados que podían someterse a los cortes de manera que, lo que quedara, si quedaba algo, mantuviera una sutil y subliminal aridez crítica y social. Por el contrario, Iquino iba a lo seguro, no hacer una crítica de nada con respecto al franquismo sino enaltecer lo que éste defendía, promulgando una soflama moralista y tontorrona que condenara los malos hábitos sociales. Putas, camellos, macarras, asesinos, maricones, lesbianas, travestís, abortistas, el amor libre y las drogas serían los estereotipos que más utilizaría y sus objetivos moralizantes, los cuales, luego, a finales de los 70, volvería del revés, incluso defendiendo y promoviendo la mayoría de ellos, los permisibles, eh (los numerosos gags con travestís y mariquitas, la obsesión lésbica…), empezando así su etapa de esquizofrenia ideológica más famosa entre erotómanos.

Así, previo acuerdo con la censura, que Iquino odiaba pero que bien sabía comerle la oreja para embelesarla y que le dejara hacer, colaba mierdas antiabortistas y anti-mala-gente-corrompe-jóvenes-inocentes con pelaje de pura serie B de autor, que más que denunciar o moralizar nada, en el fondo, se usaba de los ambientes sórdidos que le entregaban estos personajes de manera sensacionalista, pero con estilo, ojo, como un buen subproducto de explotación, porque eso era la iquinada de los 70 y 80, sea de denuncia, melodrama sado-erótico o comedia “S”, a veces ligeramente hard, puro cine de explotación comercial. Y, joder, si uno logra obviar ese falso mensaje aleccionador de muchos de ellos, lo pasa de puta madre siempre, porque Iquino no solo tenía oficio, como se ha dicho hasta la saciedad para excusarle de tanto título fariseo, sino que, hay que darle la razón, era un autor, con distintivas señas de identidad, y que, poco a poco, con la renqueante llegada de la democratización del cine y la vida en España, iría desprendiéndose de su fingido sentido moralizante para descubrir a la bestia amoral, libertina y, siguiendo mi criterio, aunque algunos dirán que exagero o me equivoco, hasta libertaria que se escondía reprimida. Puntualicemos este último dato: Iquino podía decir lo que quisiera, pero solo se la coló a los memos del régimen, quienes declararon de interés especial una peli tan descaradamente lúdica, violenta, sexual y escabrosa como Aborto criminal (pero claro –y, curiosamente, algo así ya le pasó, aunque fraude-matrimonial-img-33637años más tarde, con la democracia, a Coto de caza (1983, Jorge Grau)-, como en el epílogo te narra una supuesta denuncia, eso sí, muy explícita, de que las chicas malas van medio desnudas y follan con quien sea sin pensar, además de ser delincuentes; del aborto, porque es asesinar; y del amor libre y  de comprar revistas guarras exportadas de Suiza, porque lleva por el mal camino y te aleja de la palabra de Dios: pues eso, denuncia social a tope. Y es que, madre mía, ¿cómo cojones pudo nadie tragarse semejante imbecilidad? Fue un pelotazo, sí, pero porque la forma y su grata estética de telediario cañero –algunos la han comparado incluso con el periodicucho amarillo El caso-,que no el fondo, verdaderamente execrable, eran y siguen siendo la hostia, música reinterpretada de Bach aparte, algo en lo que Iquino volvería a incidir en Fraude matrimonial (1975), porque, por lo demás, y por mucho que se lleve la contraria a sí mismo, ya en plena transición democrática y desaparecida la censura, insisto, ha hecho algunas de las reivindicaciones feministas más bellas y las mejores apologías del folleteo, el lesbianismo, el fetichismo más rebuscado y el sadismo porque sí que este devora-todo ha podido ver con sus ojos, degustar con sus coversentidos y saludar con la entrepierna, verbigracia éxitos que a mí me apasionan especialmente de la filmografía de Iquino como Las que empiezan a los 15 años (1979), Los violadores del amanecer (1978), Esas chicas tan pu… (1982), La desnuda chica del relax (1981), Los sueños húmedos de Patrizia (1981), un fantaterror cojonudo y jodidamente atmosférico y sangriento que es la leche satánica, nunca mejor dicho (ésta ya sin IFI), Secta sangrienta (1982) y el clásico de clásicos del cine “S” español La caliente niña Julieta (1980), que nos descubrió (a lo bestia, digo) a la grandiosa Lali Espinet, alias Andrea Albani. Iquinadas maestras todas, aun con sus interpretaciones de café teatro (no todas, que hay que reconocer también el talento de Iquino para dirigir actores y la entrega de ciertos miembros, genitales y personales, del reparto, como Concha Valero -brutal en Secta sangrienta y cachonda como pocas en Los sueños húmedos de Patrizia y en Inclinación sexual al desnudo (1981), donde se la ve haciéndose una paja frente a la cámara, enseñando bien el filete-, Raquel Evans, la Lali, Alicia Orozco -impresionante de quinqui encinta en Los violadores del amanecer– y las tres maravillosas mozuelas de Las que empiezan a los 15 años, Sonia Blanca, Patricia Becker y Judith Jamber), música monótona, descuido en la puesta en escena y composición de imágenes y montaje aparentemente improvisados, nada, en realidad, que riñera con el indudable buen hacer y la evidente experiencia plástica y visual tras la cámara de Iquino.

La puta verdad moral de un cine de putas amoral  

Nunca es sencilla, y menos tratándose de analizar éticamente a Iquino, quien aseguraba no ser de izquierdas ni de derechas. Sin embargo, la ley y el orden al coversgusto franquista era algo que le gustaba respetar y defender, seguramente, para hacer películas y tener éxito después, lo cual le salió mejor que a nadie. Iquino era un listo, no un facha, y aunque se le llenara la boca de imbecilidades retrógradas y beatas sobre los supuestos males de la sociedad que criticaba en sus pelis-denuncia, ideológicamente se ha contradicho, de forma harto descarada, siempre. Por ejemplo, cuando a finales del 77 se abolió del todo la censura (a principios del 76, una orden del ministerio permitió una tímida apertura en el cine español y, poco tiempo después, se eliminaría la censura de guiones), Iquino no vaciló en poner toda la carne en el asador y cambiar radicalmente de parecer con respecto al mensaje de Aborto criminal en Los violadores del amanecer, una de esas maravillas cuya suciedad moral te mancha el cerebro para siempre, con una denuncia radical-feminista de postín (condena a los violadores con el lema “contra la agresión, castración”) y un convincente y (esta vez) creíble y coherente mensaje proabortista, condenando, encima, al clero fanático y la madre dominante. El asunto es que Iquino ya no podía disimular su condición de cerdo sexual español y nos regaló su primer drama quinqui sado-erótico (el siguiente sería la muy inferior pero igualmente obscena y degradante La desnuda chica del relax, también con falsa denuncia).

Eva Lyberten, una de las chicas Iquino

Eva Lyberten, una de las chicas Iquino

Si La zorrita en bikini (1976) ya vaticinaba el humor porno y de vuelta de todo que pronto Iquino convertiría en impronta personal, La máscara (historia sexual de una adolescente, 1977), iniciaría con nervio y tenacidad la obsesión lésbica de Iquino, acentuada en venideras iquinadas como Emanuelle y Carol (1977), la extrañamente moralista (otra vez, por falsa) La basura está en el ático (1979) y ya sin tapujos ni sermones monjiles, las obras maestras absolutas (y mis favoritas) La caliente niña Julieta, Los sueños húmedos de Patrizia, Esas chicas tan pu… y Las que empiezan a los 15 años, que acaban prácticamente igual, llegando a la misma conclusión, la felicidad a veces se logra no fingiendo fidelidad a una educación judeo-cristiana, sino aferrándote a tus instintos, a tu condición real, a tu libertad. Por eso, y aunque Iquino tendía siempre a reírse cariñosamente de los mariquitas (gays afeminados), las chicas con las chicas y los chicos con los chicos como colofón, si hace falta.

Son éticamente brutales y plásticamente perfectas algunas escenas de La caliente niña Julieta (todos y cada uno de los momentos en que aparece la Lali, sencillamente, el ideal de dona ben feta, ese amor imposible en mi vida y demasiado posible como para soportarlo en pantalla; los continuos gags cachondos y pornos que se suceden a ritmo de vértigo en esta magistral comedia de enredo; el momento sadomaso en que la Lali le pide al personaje de Joaquín Gómez que la zurre fuerte, primero con la mano y luego con una correa; las escenas de sexo, increíblemente tórridas, incluso las más torpes ponen), de Los sueños húmedos de Patrizia (Concha Valero siendo enculada por su ambiguo marido mientras ve 31321688vídeos de una mujer misteriosa pajeándose; los tríos lésbicos que se monta borracha; y Jaime Bascú merendándose el cimbrel de un travestí de las Ramblas convertido en actriz ocasional en una escena antológica) y de Esas chicas tan pu… (el brutal inicio, todos dios, chicos y chicas, drogándose, emborrachándose y follándose a diestro y siniestro durante largos minutos en un piso destartalado con olor a lefa recién hecha). Está claro que la pulcritud mentecata de fondo en la iquinada quedaba ya aparcada, y ni hablar tampoco de esa sordidez con coartada en la misma. Solo quedaba, pues, la consabida esquizofrenia ideológica en la evolución del cine de Iquino.

¡Un maestro (sin entrecomillado), coño!

Porque no lo entiendo. Iquino ha dejado un legado irrepetible y creó, guste o no, escuela. Su condición de maestro no debe tomarse a la ligera y no hay que seguirle nunca el rollo a la crítica que habituaba a destrozarlo. Coño, este tío era muchas, muchas veces buenísimo, en su etapa más autoral o taquillera. Quizá no usara la letra “S” del modo combativo en que la usaba Joaquín Coll Espona en su mejor dislate, El fascista, la beata y su hija desvirgada (1978), pero, desde que Jorge Grau despelotara a la Cantudo en La trastienda (1975), Iquino ha sido el rey del destete y el desmadre sexual en España, con algunos de los mejores títulos eróticos de la historia del cine. Este hombre es un referente del cine independiente para todos los que nos dedicamos, intentamos o tenemos que dedicarnos por cojones al cine sin ayudas en Cataluña o España. Solía darle igual la mayoría de pelis que hacía, prueba de ello sería que acabaría vendiendo muchas de ellas para la fabricación de cuellos de camisa. Así pues, y con todo, maestro Iquino, mis respetos y mi admiración profunda.

Para acabar, os dejo una muestra iquinesca de cómo hay que tratar a la crítica, algunos fragmentos de los créditos de un Iquino tomándose un respiro de tanto despelote, Dos pillos y pico (1980).

Sergio Colmenar

(publicado inicialmente en Yo soy fulano de tal)

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Categorías: HOMENAJES

De Carla Dey a Carmen Serret: un viaje por el cine «S» y de terror de los ochenta

19 mayo 2012 5 comentarios

El denominado cine clasificado «S» que «por su temática o contenido pudiera herir la sensibilidad del espectador» nace para proteger al españolito y advertirle de que lo que se disponía a ver era algo diferente a lo que se le había  acostumbrado durante los cuarenta años anteriores.  El público demandaba ver lo que la dictura y sus organismos  le habían prohibido durante tanto tiempo y que habian podido atisbar algunos viajando a Perpignan, donde cada fin de semana podian verse cosas que, en nuestras salas estaban más que prohibidas o en el «mejor» de los casos, cortadas. Así que en 1976, con el caudillo enterrado bajo una enorme losa, comienza una tímida apertura en la que se suprime la censura previa en los guiones  que da paso al año siguiente a la abolición de la censura, pero como ya se estaban estrenando films que podrian espantar a los de siempre, como es el caso de El último tango en París (1972, Bernardo Bertolucci) o varios ejemplos del castizo «destape», que encumbró a recordadas divas como Agata Lys, María José Cantudo o Barbara Rey,   se decide  crear una nueva clasificación, la «S», que engloba tanto films políticos como de terror,  pero muy especialmente eróticos. Primero con el estreno de producciones foráneas como es el caso de las primeras en estrenarse en enero de 1978, Emmanuelle (1974, Just Jaeckin)  y Emmanuelle II, la antivirgen (1975, Francis Giacobetti). En cuanto a producción española, la primera película  que recibió tal clasificación  fue Una loca extravagancia sexy (1978) de Enrique Guevara, y la última en recibirla No me toques el pito que me irrito (1983) de Richard Vogue (que no es otro que el amigo Ricard Reguant, que ya nos contó parte de sus batallitas en esta entrevista).

Pronto ven los avispados productores españoles que se trata de un buen negocio, ya que cualquier film, por malo que fuera, por el hecho de tener una «S» colgada en su cartel parecía interesar mucho y dar substanciosas prevendas, además de recibir su subvención, tal y como explican Joe Krankol y Tomás Pérez Niño en el libro E»s»paña erótica:  «Los productores y directores españoles  podían acogerse a la ayuda oficial que representaba el 15% del rendimiento bruto en taquilla, así como a los créditos cinematográficos. Las «S» recaudaban como media unos más que aceptables 30 millones de pesetas (…)»

Así que a partir de 1980 los productores españoles se meten de lleno en el género, destacando sobre todos ellos el avispado Ignacio F. Iquino, que con el exito La caliente niña Julieta (1981) abre el portón a otros directores como Carlos Aured o Jesús Franco que ven una forma de seguir rodando y tener mercado, así como a otros directores y actores que debutan con unos filmes de rodaje veloz, poco presupuesto y  guiones picantes que mezclan comedia o terror con erotismo, mezclas de géneros que hacían más digerible este tipo de cine a las sufridas (o no) esposas a las que su marido llevaba al cine (por aquello de poner en práctica lo visto…) Pero en 1982 el filón termina cuando Pilar Miro decreta el final de esta clasificación y la puesta en marcha de las salas X. El cine S sigue en vigor durante unos pocos años más, concretamente hasta 1985, cuando se estrena el último film con tal clasificación, La mansión de los muertos vivientes de Jesús Franco, en el que ya predomina el terror. A partir de entonces este lucrativo negocio, que por supuesto daba mucho trabajo, se viene abajo dejando un total de 425 filmes con la clasificación «S»,  de los que 285 eran extrajeros y el resto españoles o realizados en régimen de coproducción.

CARMEN SERRET ERA UNA JOVEN ACTRIZ DE ESA GENERACIÓN:

«Desde que era una niña adoraba el cine. Cuando me preguntaban que quería ser de mayor siempre respondía «ACTRIZ». Iba a un colegio de monjas y eso no les gustó nada,  hasta el extremo de que me invitaron a que dejara el cole. Tenia por entonces 12 años.

Mi madre fue Vedette de revista y estaba muy relacionada con ese mundo aunque ya no ejercía. Su nombre artístico era Carmen Duwal. Trabajo con Aladi, Mari Samtpere, Paco Martinez Soria, etcétera, y Paco en una baja de la obra «Guardame el secreto Lucas» me hizo una prueba para sustituir a la que hacia de hija suya. Le gusto mucho mi interpretación y trabaje con él 10 meses.

Me apunté en la agencia de Marta Flores, donde al poco tiempo me propuso hacer un papel casi de figuración en Viriato, de José Antonio de la Loma.
Marta Flores me llamó para una prueba con Iquino, me vió, me hizo leer unas frases y me dijo: ‘Carmen Serret no es comercial, te vas a poner otro nombre, pensaré y te lo diré’. Yo me quedé alucinada, me comentó sobre los desnudos y que se tenian que hacer para hacer cine en la época en la que estábamos. Me lo pensé mucho antes de aceptar. Al final dije que si, y  cuando firmé el contrato me dijo, ‘¿que te parece Carla Dey?’ Bueno, no me pareció mal y con este nombre me quedé. Seguro que ahora no se cambiarían los nombres como antes, pero me acostumbré y hasta me sonaba muy bien».
A partir de entonces Carmen (ya Carla) entra en el desquiciado mundo del director catalán Ignacio F. Iquino, un prolífico artesano todo-terreno que había organizado una importante productora y que poseía un buen olfato para hacer negocio. En activo desde los años treinta en el cine y el teatro y tras rodar todo tipo de género, se apuntó al destape y poco después produjo un buen número de películas » S» eróticas. Tenía proverbial fama de, digamos, ser ahorrativo durante sus rodajes:
» ¡¡¡Pues si, era muy tacaño!!! Era un personaje raro, especial. El ‘cámara…¡Acción!’, no existía. Su paso a entrar en escena era «Y…» Ahorraba hasta en frases (jejejeje).
Recuerdo al ayudante de Dirección, Sr. Liza, que era impresentable, nada amable, con muy mal carácter y pegaba broncas por todo.
También recuerdo un día que tenia una escena y me dió un ataque de risa que no podía parar. La cara de Iquino era un poema. Se enfadó, pero su enfado aun me hacía más gracia……Total, no pudimos rodarla hasta que rodaron otra escena en la  que no estaba yo….
El cine clasificado «S» no  me gustaba nada, según que escena me costaba rodarla y lo pasaba mal, pero era la opción mas rápida para introducirte en este mundo. Muy duro al momento de rodar erótico y muy bien cuando eran escenas normalitas. Pero lo pase bien viendo como se rodaba una película: maquillaje, compañeros, compañeras…..Adoraba y adoro el cine.  Me mentalice y pensé en todo lo bueno que podía aportarme lo que estaba haciendo. Quizás estaba muy impaciente y tendría que haber esperado otro tipo de películas, que pocas, pero las había sin ser «S».  Además, hay mucha gente inculta de cine que confunde «S» con «X». Y has de dar muchas explicaciones.
Con mi madre no hubo ningun problema. Mi padre había fallecido y él no lo habría aceptado.
Es más,  he tenido problemas con los años, como en el caso de mi actual marido. No le ha gustado nada y he recibido por su parte algún que otro comentario desafortunado. Es difícil dependiendo tu mentalidad entender según que cosas.
Carla Dey debuta en un papel sin acreditar  con Iquino en La desnuda chica del rélax (1980), y con Inclinación sexual al desnudo (1981) ya entra de lleno en la “troupe” Iquino, con papeles más destacados. El film parece ser era de los más atrevidos de la época, mejor rodados y que además obtuvo una más que importante recaudación (35 millones de pesetas):
«Lo pase genial, conocí mucho mejor a Concha Valero, y nos hicimos muy buenas amigas. Estaba Victor Guerrero, que también llegamos a ser buenos amigos y mantenemos esa amistad.
¡¡¡El rodaje duraba unas 3 semanas o más!!!
Anécdota: rodaba una chica, que no se su nombre,  que resulto ser un transexual, pero no lo parecía. Estábamos Concha, ella y yo diciendo que no nos creíamos que fuera un hombre….y coge y se baja los pantalones. ¡Nos quedamos las dos de piedra! Tuvimos muy buen rollo, salíamos fuera del rodaje y nos llevábamos muy bien».
En cuanto a la abundancia de escenas lésbicas: «Pienso que era una forma de vender más. Las odiaba, les hacía comer chiclet…me ponía enferma. No es lo mismo hacer una escena de amor con un hombre que con una mujer, aunque todo sea ficticio».
Luego vino, también con el mismo director,  Jóvenes amiguitas buscan placer (1981) y a continuación Playa Azul (1981) ya con Jaime Jesús Balcázar . Su protagonista es la tan admirada por los fans del cine de terror español (y de género en general) Helga Line:  
«Muy simpática. Queríamos ir a tomar el sol y era imposible del aire que nos hizo los 15 días en Lanzarote. Los compañeros muy bien y sobre todo Jesús Balcazar (el dire), al que tengo mucho cariño. Terminé de rodar y me pidió que me quedara para hacer de canguro de su hijo Jaime (el cual hace unos años falleció en accidente de trafico). Mantuve mucho tiempo muy buena amistad con ellos».
En Porno, situación límite (1981)  parece que se pretende dar algo de dignidad al cine erótico español , rodando con más presupuesto y mezclando actores no habituales en el género como Emilio Gutiérrez Caba  o Joaquín Kremel, junto a los rostros más familiares de Raquel Evans, Eva Lyberten y Concha Valero, además de Carla:
«Lo pasamos de maravilla, hicimos varias fiestas cenas etc… Había mucha alegría en el rodaje
Íbamos siempre juntos, Emilio, Joaquín, Concha y yo (pero sin nada más que amistad). Le pedí a Joaquin que me diera un bofetón para hacer una escena en la que tenía que llorar….él no quería… hasta que me lo dió.
Emilio, por problemas de hotel, me pidió si podía quedarse dos días en mi casa, (yo vivía con mi madre y ella no estaba). Y se quedó. Mantenemos mucho contacto. Es más, es mi padrino,  el que me entró en mi segunda boda hace casi dos años. Y en una cena Joaquin y yo al final del rodaje montamos un improvisado en mitad de la cena, ¡fue divertidisimo!.
El director Manel Esteba era un señor encantador del que,  por desgracia,  fui hace unos años al entierro».
A continuación Carla entró en el “mundo” del director chileno Enrique Guevara. Primero rodando junto a su hermana Raquel Evans Una virgen para Calígula (1982, Jaime J. Puig) y a continuación ya con el director con En busca del polvo perdido (1982), donde conoce a Ricard Reguant, que más tarde la contrató para su film No me toques el pito que me irrito. En Bacanales Romanas, que posiblemente se rodó a la vez que Una virgen para Calígula, también intervino Ajita Wilson, actriz de la que luego se supo que era transexual. De esta última película se sospecha que existe una versión X:
 Bien. Bonito maquillaje, vestidos, peinados… Yo hacia de Agripina y de Ajita recuerdo que apenas hablaba, muy seca, sosa, pero de que era transexual lo sabíamos  todos. Me contó lo de su próxima operación, que se la iba hacer en el extranjero.
Creo que si  hubo la versión «S» y luego había una versión que se hacia con actores porno. Pero no sé muy bien si llego al cine en esa versión.
Otro rodaje fue De niña a mujer, film dirigido por Carlos Aured:
No era erótico, era una comedia con algo de destape, pero muy poco y solo destape superior.
Una de las actrices, una chica jovencita, al poco de terminar el rodaje, se mato con una moto.
Carlos Aured era muy agradable y asequible. Pasamos un rodaje agradable.
Y Llegamos al final del cine S, que es sustituido por la X. En 1983 se estrena uno de sus últimos films eróticos No me toques el pito que me irrito de Ricard Reguant (Richard Vogue), más tarde responsable de diversos musicales.
«Muy buenos recuerdos de Ricard (aun tenemos contacto por face) es como tu bien dices muy simpático y próximo.
Andrea Albani una pena de chica. Era muy reservada, tenia su círculo y no era muy abierta, por lo menos conmigo. La veía como con miedo, influenciable totalmente, como con traumas o complejos….
Me supo muy mal como se destrozó la vida. Creo que tenía mucho futuro y se lo fumó».
Con el cine erótico comenzando a estar de capa caída, Carla comienza a  rodar películas en los que predomina el terror (aunque en algunos casos no se abandonan las gotas de erotismo), como El invernadero (1983) de Santiago Lapeira, compartiendo reparto con Ovidi Montllor, Llàtzer Escarceller, Alfred Luchetti  y Víctor Israel.
«Aquí no había desnudos, ¡¡Por lo menos por mi parte!! Me lo pasé muy bien con Ovidi y con Santi, hablamos mucho y compartimos muchas confidencias personales y profesionales. ¡¡Un buen rodaje!!»
Y a continuación vino Morbus (1983) de Ignaci P. Ferrer, una película un tanto desquiciada que mezcla terror, erotismo y comedia con guión de Isabel Coixet y en la que repite junto a Víctor Israel
«Mi Película». La rodamos en invierno, mucho frío, pero fue un mes inolvidable.
No conocí a Isabel. Pero quiero decirte que Ignasi es un hombre encantador, me gusto mucho rodar con él y todos los compañeros fueron realmente muy buenos compañeros.
Y quiero hacer mención al cámara, Paco Ribas, con el que había trabajado en varias películas y que murió al estrellarse en  globo cuando estaba él y otros más rodando. Fue una noticia impactante».
Tras el final del cine «S» y el bajón de trabajo que eso significó, Carla fue tentada con rodar cine «X». Pero lo tuvo claro y recicló su trabajo: 
«¡¡¡NOOOOOO eso jamás!!! Me lo propuso un compañero actor. Iba a dirigir una porno y me propuso todo lo que te puedas imaginar. Pero le dije que no, que es algo que no haría nunca.
¿Bajón de trabajo? Algo si, pero hice varias cosas: azafata en TV en el programa «Si lo sé no vengo», doblé algunas películas  y presenté la III Mostra Cinematográfica en Sitges.  Me encantó estar toda una semana presentando el festival, entrevistando… ¡Qué buenos momentos! Y la cantidad de gente que conocí…
Aquí me ofrecieron si quería cambiar mi nombre y me pusieron Carmen Cano. No sé si fue buena decisión, pero pensé que sería como cambiar el chip de lo pasado».
Trás  Yo, el vaquilla (1985, José Antonio de la Loma)  donde«aparte del poco papel conocí al Vaquilla y al Torete, impresionada de ver a estos delicuentes tan cerca»,su útimo trabajo en el cine ha sido en Más allá de la muerte de Sebastián D’Arbó, donde coincide con el gran Narciso Ibáñez Menta y, de nuevo, con Víctor Israel.
«Conocí a Narciso,  persona muy interesante con muchas cosas que contar. Con Víctor habíamos coincidido en varias ocasiones, muy divertido y  un placer trabajar con él.
Me hubiera gustado rodar mas películas de terror, sin erotismo… pero estaba embarazada de mi primer hijo. En la película de Sebastiá no pude hacer casi nada ya que se me notaba el embarazo. Y dejé el cine al ver que no tenía ofertas interesantes y estaba esperando un bebé. Seguro que si hubiese tenido la insistencia que tengo ahora en todo, aún seguiría haciendo CINE, y por desgracia tendría que haberme ido a Madrid, que es donde hay mas posibilidades de cine, teatro etc…
Hace unos 10 años quise volver al cine, me apunte en  una agencia de representantes en París, ya que aquí faltaban buenos y reales representantes que se preocuparan realmente de tí. Y me llamaron de la Agencia para que fuera a Madrid a una reunión para hacer un papel co-protagonista junto Annie Girardot y Emma Penella. Fui y me cogieron para el papel de hija de Annie.
Fue un mes inexplicable de maravilloso: estaba las 24 horas con Annie; nos convertimos en muy buenas amigas; el rodaje era todo lujo de entrevistas, ruedas de prensa, TV etc…hasta que la productora dejó de pagar y no se pudo terminar la película.
Para mi fue un desastre ya que confiaba que esta peli fuera como el lanzamiento y la segunda oportunidad de volver por la puerta grande al cine.
Corrí un tupido velo y saqué lo mejor: tener por amiga a una de las grandes, ANNIE GIRARDOT.
Ahora soy visitadora de farmacia, trabajo para un laboratorio. Y si me ofrecieran algo de cine o teatro volvería por tercera vez.
Por eso me he dado de alta en AISGE y, bueno, el destino verá si es  o no posible que entre en este mundo que amo.
Amo interpretar».
A nosotros solo nos queda agradecer a Carmen el haber contestado amablemente  esta entrevista y contribuido con varias de las fotos que la ilustran. Ha sido todo un lujo. Nosotros también amamos el cine y a las personas que, con mejor o peor fortuna han puesto y ponen su ilusión en ello.