Inicio > HOMENAJES > Iquino y el puterío fino: a propósito de la IFI transicional

Iquino y el puterío fino: a propósito de la IFI transicional

Porque nos gusta como escribe nuestro amigo, y más que competente director de cortos (de momento) Sergio Colmenar, le hemos pedido alguno de sus textos para compartir desde Proyecto Naschy. Ahí va el primero, muy oportuno teniendo en cuenta que uno de los filmes de los que se habla, Los violadores del amanecer, ha sido recientemente publicado y en excelentes condiciones tanto en DVD como Blu ray. Así que con Sergio e Iquino les dejamos. Disfruten con ellos tanto como nosotros. 

«Le diré la verdad: nosotros lo pasamos cojonudamente. Hace días nos divertimos con una niña de 15 años, anteayer con otra, y mañana con tu hija si la encontramos».

Un quinqui a un poli en Los violadores del amanecer (1978, Ignacio F. Iquino)

 El cine por encima de todo

1 IquinoUn tío, y me estoy refiriendo a mí, que ha sido amamantado con un concepto muy claro de cine-espectáculo, cuyo arte, si lo hay, es el fin mismo y no necesariamente un vehículo, jamás se hubiera acercado a la obra del viejo maestro Ignacio F. Iquino, el rey de las pelis-denuncia españolas, primero, y del cine clasificado “S”, después (todo empezando en los 70, con el régimen franquista ya en decadencia y la censura dando sus últimos coletazos y cediendo cada vez más), si no fuera porque el suyo no dejaba de ser un reducto traslúcido de estricto cine espectacular y comercial del bueno, aunque casi siempre fuese con dos duros y apoyado en montones de guayabos desnudos de forma excelsa y dudosas intenciones.

Iquino era un tío fino y exquisito, pianista, dibujante, fotógrafo, escritor y dramaturgo antes que director, guionista, iluminador y productor. Lleva la consigna de director más prolífico del cine catalán y español. Su vasta filmografía está muy cerquita de lo producido en España por Jesús Franco y José Luís Sáenz de Heredia, con ciento y pico títulos dirigidos o producidos por él. Rodaba a toda hostia y confería a los montajes un ritmo aceleradísimo, amén de un estilo de documental de gran gusto estético y formal (la fotografía del propio Iquino era el aspecto técnico más destacable de sus películas, combinación perfecta del noir yanqui clásico y el más siniestro poliziesco italiano, de llamativos tonos claroscuros), aunque cada vez más descuidado, debido, claro, a la brutal prontitud aplicada a los rodajes. Una de las mejores pelis de Iquino en este sentido quizá sea uno de los clásicos seminales del cine negro español por antonomasia, Brigada criminal (1950), en ángulos transversales imposibles a lo Welles y narración violenta y eficaz, poco o nada que envidiar, por ejemplo, a la muy posterior Rififi en la ciudad (1963, Jesús Franco), que era un guiño confeso a Welles mejor que el propio Welles.

11779861Fue el creador de las dobles versiones en España (las que se exportaban al extranjero con desnudos o cierto contenido controvertido que no colaba en la administración, o sea, comercializar por donde se podía el final cut sin censura) y el cine catalán (y español, en gran medida) le debe su prestigio de cine industrializado y bien encauzado gracias a la llegada de la famosa empresa de exclusiva marca Iquino IFI S.A., nacida a finales de los años 40 y en desuso a principios de los 80, con un total de 123 títulos producidos, muchos de ellos, grandes éxitos. Intentó en vano producir la primera película sobre la guerra civil en los inicios de la posguerra. Jodió el proyecto la censura, claro. Con El judas (1952), además de revolucionar el cine religioso español con esta obra ingeniosa y original, fue el primer director en rodar en lengua catalana, no sin tener graves problemas con la puta censura, la cual al final confiscó el doblaje en catalán con el fin de exhibir únicamente el doblaje en castellano, lo cual no impidió que El judas fuese declarada de Interés nacional y tuviera un montón de reconocimientos internacionales, ya que, en el fondo, era una película que exaltaba los buenos sentimientos y la fe católica.

La hábil estrategia Iquino

Espectacular fachada del barcelonés cine Comedia

Espectacular fachada del barcelonés cine Comedia

Cierto es, y como el propio Iquino reconocía, que la actitud moralizante, radical y reaccionaria manifiesta en su primera peli-denuncia, Aborto criminal (1973), ya estaba latente en algunos de los viejos títulos en B/N que dirigió o tuteló, pero no fue hasta que vio cómo fuera de su país, en Europa y EE.UU, se hacía un cine escapista plagado de violencia, sexo y tramas policíacas desmadradas que recogían el testigo de lo que sucedía realmente en las calles, que decidió hacer lo propio con la más famosa de sus triquiñuelas: el cine-denuncia. Iquino, con la Junta de Censura franquista dando malamente por el culete a todo dios, no podía permitirse hacer cine de género sin una excusa acomodaticia y afín al régimen, pero él, gran conocedor y amante de los subgéneros y todo lo que huela a rentable, pasó por el aro. La coló, y cómo, el cabrón. Fueron muchos los directores y guionistas que jugaban a este juego, toreando como se podía a la censura. Berlanga, Azcona o Pedro Olea (el ejemplo perfecto sería su terror anti-estampita La casa sin fronteras -1972-, que presentaba a fanáticos religiosos como psicópatas justificados por Aborto criminal 2salvaguardar la moral biempensante, y estos, claro, parece que eran bien recibidos por el régimen) presentaban proyectos a la junta muy estudiados que podían someterse a los cortes de manera que, lo que quedara, si quedaba algo, mantuviera una sutil y subliminal aridez crítica y social. Por el contrario, Iquino iba a lo seguro, no hacer una crítica de nada con respecto al franquismo sino enaltecer lo que éste defendía, promulgando una soflama moralista y tontorrona que condenara los malos hábitos sociales. Putas, camellos, macarras, asesinos, maricones, lesbianas, travestís, abortistas, el amor libre y las drogas serían los estereotipos que más utilizaría y sus objetivos moralizantes, los cuales, luego, a finales de los 70, volvería del revés, incluso defendiendo y promoviendo la mayoría de ellos, los permisibles, eh (los numerosos gags con travestís y mariquitas, la obsesión lésbica…), empezando así su etapa de esquizofrenia ideológica más famosa entre erotómanos.

Así, previo acuerdo con la censura, que Iquino odiaba pero que bien sabía comerle la oreja para embelesarla y que le dejara hacer, colaba mierdas antiabortistas y anti-mala-gente-corrompe-jóvenes-inocentes con pelaje de pura serie B de autor, que más que denunciar o moralizar nada, en el fondo, se usaba de los ambientes sórdidos que le entregaban estos personajes de manera sensacionalista, pero con estilo, ojo, como un buen subproducto de explotación, porque eso era la iquinada de los 70 y 80, sea de denuncia, melodrama sado-erótico o comedia “S”, a veces ligeramente hard, puro cine de explotación comercial. Y, joder, si uno logra obviar ese falso mensaje aleccionador de muchos de ellos, lo pasa de puta madre siempre, porque Iquino no solo tenía oficio, como se ha dicho hasta la saciedad para excusarle de tanto título fariseo, sino que, hay que darle la razón, era un autor, con distintivas señas de identidad, y que, poco a poco, con la renqueante llegada de la democratización del cine y la vida en España, iría desprendiéndose de su fingido sentido moralizante para descubrir a la bestia amoral, libertina y, siguiendo mi criterio, aunque algunos dirán que exagero o me equivoco, hasta libertaria que se escondía reprimida. Puntualicemos este último dato: Iquino podía decir lo que quisiera, pero solo se la coló a los memos del régimen, quienes declararon de interés especial una peli tan descaradamente lúdica, violenta, sexual y escabrosa como Aborto criminal (pero claro –y, curiosamente, algo así ya le pasó, aunque fraude-matrimonial-img-33637años más tarde, con la democracia, a Coto de caza (1983, Jorge Grau)-, como en el epílogo te narra una supuesta denuncia, eso sí, muy explícita, de que las chicas malas van medio desnudas y follan con quien sea sin pensar, además de ser delincuentes; del aborto, porque es asesinar; y del amor libre y  de comprar revistas guarras exportadas de Suiza, porque lleva por el mal camino y te aleja de la palabra de Dios: pues eso, denuncia social a tope. Y es que, madre mía, ¿cómo cojones pudo nadie tragarse semejante imbecilidad? Fue un pelotazo, sí, pero porque la forma y su grata estética de telediario cañero –algunos la han comparado incluso con el periodicucho amarillo El caso-,que no el fondo, verdaderamente execrable, eran y siguen siendo la hostia, música reinterpretada de Bach aparte, algo en lo que Iquino volvería a incidir en Fraude matrimonial (1975), porque, por lo demás, y por mucho que se lleve la contraria a sí mismo, ya en plena transición democrática y desaparecida la censura, insisto, ha hecho algunas de las reivindicaciones feministas más bellas y las mejores apologías del folleteo, el lesbianismo, el fetichismo más rebuscado y el sadismo porque sí que este devora-todo ha podido ver con sus ojos, degustar con sus coversentidos y saludar con la entrepierna, verbigracia éxitos que a mí me apasionan especialmente de la filmografía de Iquino como Las que empiezan a los 15 años (1979), Los violadores del amanecer (1978), Esas chicas tan pu… (1982), La desnuda chica del relax (1981), Los sueños húmedos de Patrizia (1981), un fantaterror cojonudo y jodidamente atmosférico y sangriento que es la leche satánica, nunca mejor dicho (ésta ya sin IFI), Secta sangrienta (1982) y el clásico de clásicos del cine “S” español La caliente niña Julieta (1980), que nos descubrió (a lo bestia, digo) a la grandiosa Lali Espinet, alias Andrea Albani. Iquinadas maestras todas, aun con sus interpretaciones de café teatro (no todas, que hay que reconocer también el talento de Iquino para dirigir actores y la entrega de ciertos miembros, genitales y personales, del reparto, como Concha Valero -brutal en Secta sangrienta y cachonda como pocas en Los sueños húmedos de Patrizia y en Inclinación sexual al desnudo (1981), donde se la ve haciéndose una paja frente a la cámara, enseñando bien el filete-, Raquel Evans, la Lali, Alicia Orozco -impresionante de quinqui encinta en Los violadores del amanecer– y las tres maravillosas mozuelas de Las que empiezan a los 15 años, Sonia Blanca, Patricia Becker y Judith Jamber), música monótona, descuido en la puesta en escena y composición de imágenes y montaje aparentemente improvisados, nada, en realidad, que riñera con el indudable buen hacer y la evidente experiencia plástica y visual tras la cámara de Iquino.

La puta verdad moral de un cine de putas amoral  

Nunca es sencilla, y menos tratándose de analizar éticamente a Iquino, quien aseguraba no ser de izquierdas ni de derechas. Sin embargo, la ley y el orden al coversgusto franquista era algo que le gustaba respetar y defender, seguramente, para hacer películas y tener éxito después, lo cual le salió mejor que a nadie. Iquino era un listo, no un facha, y aunque se le llenara la boca de imbecilidades retrógradas y beatas sobre los supuestos males de la sociedad que criticaba en sus pelis-denuncia, ideológicamente se ha contradicho, de forma harto descarada, siempre. Por ejemplo, cuando a finales del 77 se abolió del todo la censura (a principios del 76, una orden del ministerio permitió una tímida apertura en el cine español y, poco tiempo después, se eliminaría la censura de guiones), Iquino no vaciló en poner toda la carne en el asador y cambiar radicalmente de parecer con respecto al mensaje de Aborto criminal en Los violadores del amanecer, una de esas maravillas cuya suciedad moral te mancha el cerebro para siempre, con una denuncia radical-feminista de postín (condena a los violadores con el lema “contra la agresión, castración”) y un convincente y (esta vez) creíble y coherente mensaje proabortista, condenando, encima, al clero fanático y la madre dominante. El asunto es que Iquino ya no podía disimular su condición de cerdo sexual español y nos regaló su primer drama quinqui sado-erótico (el siguiente sería la muy inferior pero igualmente obscena y degradante La desnuda chica del relax, también con falsa denuncia).

Eva Lyberten, una de las chicas Iquino

Eva Lyberten, una de las chicas Iquino

Si La zorrita en bikini (1976) ya vaticinaba el humor porno y de vuelta de todo que pronto Iquino convertiría en impronta personal, La máscara (historia sexual de una adolescente, 1977), iniciaría con nervio y tenacidad la obsesión lésbica de Iquino, acentuada en venideras iquinadas como Emanuelle y Carol (1977), la extrañamente moralista (otra vez, por falsa) La basura está en el ático (1979) y ya sin tapujos ni sermones monjiles, las obras maestras absolutas (y mis favoritas) La caliente niña Julieta, Los sueños húmedos de Patrizia, Esas chicas tan pu… y Las que empiezan a los 15 años, que acaban prácticamente igual, llegando a la misma conclusión, la felicidad a veces se logra no fingiendo fidelidad a una educación judeo-cristiana, sino aferrándote a tus instintos, a tu condición real, a tu libertad. Por eso, y aunque Iquino tendía siempre a reírse cariñosamente de los mariquitas (gays afeminados), las chicas con las chicas y los chicos con los chicos como colofón, si hace falta.

Son éticamente brutales y plásticamente perfectas algunas escenas de La caliente niña Julieta (todos y cada uno de los momentos en que aparece la Lali, sencillamente, el ideal de dona ben feta, ese amor imposible en mi vida y demasiado posible como para soportarlo en pantalla; los continuos gags cachondos y pornos que se suceden a ritmo de vértigo en esta magistral comedia de enredo; el momento sadomaso en que la Lali le pide al personaje de Joaquín Gómez que la zurre fuerte, primero con la mano y luego con una correa; las escenas de sexo, increíblemente tórridas, incluso las más torpes ponen), de Los sueños húmedos de Patrizia (Concha Valero siendo enculada por su ambiguo marido mientras ve 31321688vídeos de una mujer misteriosa pajeándose; los tríos lésbicos que se monta borracha; y Jaime Bascú merendándose el cimbrel de un travestí de las Ramblas convertido en actriz ocasional en una escena antológica) y de Esas chicas tan pu… (el brutal inicio, todos dios, chicos y chicas, drogándose, emborrachándose y follándose a diestro y siniestro durante largos minutos en un piso destartalado con olor a lefa recién hecha). Está claro que la pulcritud mentecata de fondo en la iquinada quedaba ya aparcada, y ni hablar tampoco de esa sordidez con coartada en la misma. Solo quedaba, pues, la consabida esquizofrenia ideológica en la evolución del cine de Iquino.

¡Un maestro (sin entrecomillado), coño!

Porque no lo entiendo. Iquino ha dejado un legado irrepetible y creó, guste o no, escuela. Su condición de maestro no debe tomarse a la ligera y no hay que seguirle nunca el rollo a la crítica que habituaba a destrozarlo. Coño, este tío era muchas, muchas veces buenísimo, en su etapa más autoral o taquillera. Quizá no usara la letra “S” del modo combativo en que la usaba Joaquín Coll Espona en su mejor dislate, El fascista, la beata y su hija desvirgada (1978), pero, desde que Jorge Grau despelotara a la Cantudo en La trastienda (1975), Iquino ha sido el rey del destete y el desmadre sexual en España, con algunos de los mejores títulos eróticos de la historia del cine. Este hombre es un referente del cine independiente para todos los que nos dedicamos, intentamos o tenemos que dedicarnos por cojones al cine sin ayudas en Cataluña o España. Solía darle igual la mayoría de pelis que hacía, prueba de ello sería que acabaría vendiendo muchas de ellas para la fabricación de cuellos de camisa. Así pues, y con todo, maestro Iquino, mis respetos y mi admiración profunda.

Para acabar, os dejo una muestra iquinesca de cómo hay que tratar a la crítica, algunos fragmentos de los créditos de un Iquino tomándose un respiro de tanto despelote, Dos pillos y pico (1980).

Sergio Colmenar

(publicado inicialmente en Yo soy fulano de tal)

image

image

image

image

Categorías:HOMENAJES
  1. eric cábal
    8 mayo 2018 en 3:13

    Estoy intentando hacer un documental sobre Laly Espinet. ¿Sería posible hablar con alguien que tenga mas información sobre ella, o el tema Iquino (estoy buscando su libro).

    • 8 mayo 2018 en 9:27

      Hola, Éric, el libro sale por Todocolección si no me equivoco. Si no lo encuentras avísame y te ayudo a conseguirlo. Por cierto, conozco al autor del libro, lo que pienso que no sabrá mucho sobre la actriz pero… le puedo preguntar. Saludos

  2. Blasco
    23 diciembre 2014 en 10:54

    Sólo como dato: Olea sorteó la censura franquista -que en esa época ya no era lo que fue- en “La casa sin límites” vendiendo su película como una denuncia de la Masonería y las sociedades secretas en general. Otros han visto en ella una crítica al Opus Dei, cuyos miembros ocuparon varios ministerios en el régimen de Franco.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: