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Noticias sobre ‘Colossal’ nuevo filme de Nacho Vigalondo
Anne Hathaway protagonizará «Colossal«, la nueva película de Nacho Vigalondo producida por Sayaka Producciones y Voltage Pictures
La ganadora de un Óscar de la Academia Anne Hathaway («Los Miserables») protagonizará Colossal, escrita y dirigida por Nacho Vigalondo.
SI, PERO… ¿DE QUÉ VA COLOSSAL?
En la película, (descrita como un cruce entre Godzilla y Lost In Translation), Hathaway interpretará el papel de Gloria, una mujer normal, que después de perder su trabajo y a su prometido, decide dejar su vida en Nueva York y volver a su ciudad natal. Pero cuando en las noticias ve como un lagarto gigante está destruyendo la ciudad de Tokio, Gloria, poco a poco comienza a entender que, a través de su mente está conectada a estos extraños sucesos. Con el fin de evitar una total destrucción, Gloria necesita averiguar por qué su, aparentemente insignificante existencia, tiene un efecto tan colosal en el destino del mundo.
Nahikari Ipiña, productora de Colossal nos cuenta:
“La incorporación de Anne en Colossal es la guinda que colma un año de trabajo junto a Nacho. Ésta será nuestra cuarta película juntos y creo que sorprenderá. El guión es muy especial y su protagonista un personaje inolvidable, por fin una protagonista femenina en una película de Vigalondo”.
SAYAKA PRODUCCIONES
Fundada en el año 2005, Sayaka Producciones es desde el año 2008 filial de Arsénico Producciones y sus socios son Nahikari Ipiña, Borja Cobeaga, Borja Crespo, Koldo Serra y Nacho Vigalondo. Entre sus largometrajes destacan Cronocrimenes (con más de 15 premios internacionales) Extraterrestre y Open Windows de Vigalondo y Pagafantas, No Controles y Negociador de Borja Cobeaga. Actualmente están embarcados en el rodaje de Guernika, la nueva película de Koldo Serra.
Asimismo algunos de sus trabajos en el mundo del cortometraje han conocido una amplia trayectoria internacional, entre otros El Encargado con más de 25 premios internacionales, Avant Pétalos Grillados presente en la Quincena de Realizadores de Cannes, Cirugía de Alberto González con más de 20 premios internacionales y 7:35 de la mañana, de Nacho Vigalondo y Éramos pocos, de Borja Cobeaga, nominados al Oscar a Mejor Cortometraje de Ficción en 2005 y 2007 respectivamente y premiados en más de 70 festivales.
Voltage Pictures, que recientemente ha completado el organigrama de su equipo de ventas internacionales, se encargará de las ventas en Cannes. Fundada en 2005, Voltage Pictures es una compañía privada, liderando el campo del cine y la televisión en cuanto a financiación, producción y ventas se refiere. La compañía ha producido y financiado películas de directores legendarios como William Friedkin («Killer Joe»), Terry Gilliam («Teorema Zero») o Robert Redford («Pacto de Silencio»); ha ganado seis Oscars de la Academia, incluyendo Mejor Película por En Tierra Hostil (2010) dirigida por Kathryn Bigelow, y tres premios de la Academia por Dallas Buyers Club (2013) dirigida por Jean-Marc Vallee. También ha apoyado los debuts en la dirección de, por ejemplo, Joseph Gordon-Levitt («Don Jon») y Natalie Portman («A Tale of Love and Darkness»), que fueron seleccionadas en Cannes. Voltage recientemente ha finalizado Fathers and Daughters, dirigida por Gabriele Muccino, y protagonizada por Russell Crowe, Amanda Seyfried y Aaron Paul, y Good Kill, dirigida por Andrew Niccol, y protagonizada por Ethan Hawke. Sus próximos estrenos incluyen The Secret Scripture, dirigida por Jim Sheridan, con Rooney Mara, y Knock Knock, dirigida por Eli Roth, con Keanu Reeves.
Como fans confesos de Nacho Vigalondo (y de Anne Hathaway) estaremos pendiente de esta producción.
Tráiler del nuevo filme de Guillermo del Toro: La cumbre escarlata
Por fin disponible el tráiler de La cumbre escarlata, el prometedor nuevo filme dirigido protagonizado y escrito por Guillermo del Toro que se estrenará el 16 de octubre en…¿El Festival de Sitges? por fechas es posible y factible. De momento nos contentamos con disfrutar el tráiler de este thriller sobrenatural protagonizado por Tom Hiddleston, Jessica Chastain, Mia Wasikowska y Charlie Hunnam.
Sinopsis: Una joven es trasladada a la cima de una montaña de arcilla de color rojo sangre cuando un atractivo desconocido le roba el corazón; se trata de un lugar lleno de secretos que la perseguirán para siempre. La verdad escondida en LA CUMBRE ESCARLATA se encuentra entre el deseo y las sombras, el misterio y la locura.
Home… ¿Sweet Home?
SINOPSIS:
Simon (Bruno Sevilla) y Alicia (Ingrid García Jonsson) deciden pasar una noche romántica en un edificio semiabandonado. Durante la velada descubren que unos encapuchados han asesinado al único inquilino que quedaba en el edificio… Ahora ellos se convertirán en su nuevo objetivo.
El viejo caserón victoriano ha dejado de estar embrujado. El terror moderno se materializa en los baldíos polígonos industriales o en destartalados bloques de extrarradio, donde más que el acecho de espectros y fantasmas, podemos sufrir el acoso de vecinos
desagradables, caseros dementes (Para entrar a vivir) o porteros desquiciados (Mientras duermes), auténticas pesadillas a las que se les suman terroríficos especuladores del suelo, que no dudan en utilizar cualquier sistema para desalojar a inquilinos con contratos de renta antigua. Ese es el ingenioso punto de partida de Sweet Home, debut en el largometraje de Rafa Martínez, director de los exitosos cortos Zombies & Cigarettes (2009) y Halloween Before Christmas (2010).
Si bien no puede decirse que su argumento sea innovador (basta recordar la olvidada parodia El cuchitril de Joe [Joe’s Apartmen, John Payson, 1996]), si que representa una base social de actualidad en la que situar la acción:
Para hacer Sweet Home aún más realista, nos planteamos una temática de actualidad, el mobbing inmobiliario. Ésta realidad es tan frecuente en nuestro país, que resulta realmente aterradora. Así que nos pareció perfecto como tema detonador de una historia de género. No hay nada más terrorífico que el que no puedas estar seguro ni en tu propia casa. (Rafa Martínez)
En Sweet Home, la mano ejecutora encargada de los desahucios pasa a ser mucho más despiadada, sobre todo cuando del trabajo se encarga ‘el liquidador’ (Oriol Tarrida ‘Tarro’) un brutal y eficiente empleado encargado de limpiar los errores cometidos por otros empleados de la inmobiliaria, bastante menos eficaces en su labor.
Es remarcable, asimismo, la importancia en la historia del destartalado bloque de pisos: un lugar claustrofóbico repleto de oscuridad y rincones en los que esconderse, que resulta ser también una ratonera de la que casi es imposible escapar al tener sus ventanas tapiadas y sus puertas cerradas. Desarrollándose así un juego del gato y el ratón en el que los protagonistas deberán recurrir al ingenio para sobrevivir:
Cuando los tres guionistas nos planteamos escribir Sweet Home lo que más nos apetecía era situar la acción en un entorno cotidiano, muy cercano al espectador. Queríamos hacer una película realista y claustrofóbica, sin perder de vista la parte lúdica del terror que más nos interesa. Queríamos llevar el miedo a un lugar terrorífico, pero muy reconocido por todos; un portal, una escalera, un ascensor, en definitiva, nuestra casa… y convertir un edificio del centro de una gran ciudad, en un tren de la bruja lleno de sustos, aventuras y sorpresas (Rafa Martínez)
Filmax (en esta ocasión en coproducción con la compañía polaca Film Produkcja SP. ZO.O.) vuelve a apostar por el fantástico con un lote compuesto por Summer Camp (Alberto Marini), todavía a la espera de estreno y Sweet Home. En su guión, escrito por el propio director junto a Teresa de Rosendo y Ángel Agudo, biógrafo de Paul Naschy, no han querido dejar cabos sueltos, mimando las pistas de lo que acontecerá sin caer en inútiles subrayados. La historia, ambientada en Barcelona parte, como ya hemos señalado, de una problemática social muy real, la de la especulación, los desahucios y la precariedad laboral, no para hacer una crónica sobre ello, sino como marco que desatará la acción. Una acción que en sus poco más de 80 minutos no dará respiro al espectador, pero que sabrá detenerse lo suficiente como para presentarnos a los personajes principales dotándoles de perfil psicológico, remarcando asimismo los momentos más dramáticos. Un filme emocionante rodado con buen pulso, con buenos efectos de maquillaje de David Ambit, actuaciones competentes, un eficaz uso de los medios con los que ha contado y una historia si no innovadora, si eficazmente narrada.
El aspecto lúdico de Sweet Home está muy estudiado para que el ritmo no decaiga en ningún momento. Una vez que la película se pone en marcha ya no hay manera de pararla. En este sentido Sweet Home busca seguir los pasos de películas como The descent (2005), The Crazies (2009), [REC]2, Wolf Creek (2005) o Las colinas tienen ojos (2006) (Rafa Martínez)
El papel protagonista, al igual que pasara en la inaugural [Rec], recae en una mujer, Alicia, decidida y valiente, pero más frágil que la Ángela Vidal de Manuela Velasco, con la que comparte coincidencias en su vestuario. Ingrid García Jonsson, una jovencísima actriz que despuntó en Hermosa Juventud (2014) de Jaime Rosales, papel que le mereció su nominación al Goya, cambia totalmente de
registro para meterse de cabeza en el cine de género aprobando con nota. Su compañero de fatigas, Simón, está interpretado por Bruno Sevilla, actor que dentro del género fantástico interpretó un pequeño papel en la interesante Mindscape (Jorge Dorado, 2013) y al que podremos ver próximamente en el filme de ciencia ficción Project Lazarus, de Mateo Gil. Completan el reparto Oriol Tarrida, Eduardo Lloveras, Miguel Ángel Alarcón y Luka Peros, como los malvados matones de la inmobiliaria, además de los veteranos José María Blanco y Mariona Perrier, como sufridos inquilinos. Precisamente esta última nos comentó que su papel fue más desagradable de rodar de lo que podría pensarse por el resultado en pantalla, ya que tuvo que hacerlo rodeada de cucarachas, llegando a aplastar una con el trasero…
Sweet Home hará pasar un buen rato a base de adrenalina al límite, sustos (algunos previsibles y otros no tanto) y un villano despiadado a añadir al pequeño altar de psycho killers cañís: El liquidador.
PRESENTACIÓN EN BARCELONA DE SWEET HOME (30/04/2015) (Fotos: Serendipia)

Oriol Tarrida, Miguel Ángel Alarcón, Bruno Sevilla, Ingrid García Jonsson, Mariona Perrier, Rafa Martínez y Eduardo Lloveras
Comienza el rodaje de la secuela de ‘Independence Day’
Nick Maniatis, Director de la Oficina Cinematográfica de Nuevo México, anunció hoy que el día 4 de mayo está previsto que dé comienzo el rodaje de la continuación de Independence Day. Twentieth Century Fox llevará la película a las salas de todo el mundo el 24 de junio de 2016.
Después de que Independence Day hubiera redefinido el género de grandes producciones, su siguiente y épico capítulo nos trae una catástrofe mundial a una escala inimaginable. Utilizando tecnología obtenida de los extraterrestres, las naciones de la Tierra, previendo el regreso de los invasores, han colaborado en un gigantesco programa de defensa para proteger el planeta. Pero nada puede prepararnos para hacer frente a la avanzada e inaudita fuerza de los atacantes. Sólo la inventiva de unos pocos hombres y mujeres valientes puede rescatar a nuestro mundo del borde de la extinción.
En el reparto repiten Jeff Goldblum, Vivica A. Fox, Bill Pullman y Judd Hirsch a los que se les han sumado Liam Hemsworth, Charlotte Gainsbourg, Jessie Usher, Joey King (“Expediente Warren”), Brent Spiner (“Star Trek: La nueva generación”) y Travis Tope. Dean Devlin, que produjo la película original, también produce la continuación junto a Roland Emmerich y Harald Kloser (“2012”, “El día de mañana”). Larry Franco y Carsten Lorenz son los productores de campo. Ute Emmerich se encarga de la producción ejecutiva.
“Estoy más que emocionado por traer a Nuevo México la continuación de ‘Independence Day’”, afirmó el director Roland Emmerich. “La tecnología punta de Albuquerque Studios, el excelente programa de incentivos fiscales, la proximidad a Los Ángeles y, por último pero no menos importante, el gran talento del elenco y el equipo técnico, hacen de Nuevo México un lugar ideal para mi película”.
El equipo creativo de la producción incluye al supervisor de efectos especiales Volker Engel, ganador de un Oscar® (“Independence Day”, “2012”), al director de fotografía Markus Förderer (“Stonewall”), al diseñador de producción Barry Chusid (“El día de mañana”, “2012”, “San Andreas”), al montador Adam Wolfe (“Asalto al poder”) y a la diseñadora de vestuario Lisy Christl (“Point Break”, “Asalto al poder”).
La oveja Shaun (la película), una aventura ovina en la ciudad
Si tras una película de animación están los Estudios Aardman, sabemos ya de antemano que vamos a ver un filme notable. No en vano son los líderes del stop motion con figuras maleables (arcilla, plastilina, silicona… ) o, dicho de forma más precisa, de la claymation. Mientras escribo esto, suena en mi cabeza una canción de Nina Simone, porque ese clip forma parte de mi memoria sentimental, pero también porque para mi gusto es una pequeña obra maestra que nos muestra la cuidada factura de los trabajos de la compañía:
En el año 2000 realizaban su primer largometraje, Chicken Run: Evasión en la granja, pieza que culminaba su etapa más floreciente. En los noventa fueron los reyes indiscutibles, especialmente gracias a los trabajos de Nick Park quien consiguió para Aarmand su primer Óscar con Creature Comforts (1989). Pero nos interesa aquí el segundo Óscar del animador, Wallace y Gromit: un esquilado apurado (Wallace and Gromit in A Close Shave), porque ahí apareció por primera vez la Oveja Shaun; especialmente memorable es el rescate de las ovejas:
El caso de la Oveja Shaun es el de aquellos personajes secundarios que por su tesitura acaban robando protagonismo al héroe y terminan teniendo su propio show. Lo hemos visto con los Pingüinos de Madagascar y pronto llegarán a nuestros cines los Minions; esta semana le toca el turno a la traviesa oveja creada por Park. Nuestra heroína disfruta de serie propia desde 2007 que sigue permaneciendo en pantalla tras cuatro temporadas. Serie que ha multiplicado su repercusión gracias a un acertado merchandising que ha hecho fijar este personaje en la mente de los más pequeños.
Una premisa de la serie es que la oveja Shaun muestra inteligencia humana, creatividad y, temperamento propio de una comedia situacional, con conflictos que deben solucionar entre todos los animales de la granja, antes de que venga el granjero. Estos rasgos se han incorporado en el largometraje que llega ahora a nuestros cines. También se ha conservado la condición muda de la serie, cosa que quizás propicie la paradoja que la caracteriza: está destinada a los más pequeños de la casa pero a la vez es una creación muy adulta.
Siendo, como vemos, fiel a la serie que la precede, la película no deja de introducir innovaciones. La principal es haber trasladado la acción a la gran ciudad, cosa que ha permitido al filme ofrecer un argumento más complejo y menos esquemático que el de los breves episodios televisivos. Todo ello siendo siempre fiel al espíritu del slapstick. La película es una sucesión de situaciones cómicas (de otro modo, sketchs) que no fractura su unidad; como es habitual en esta estructura, no todas las piezas tienen la misma calidad, pero no hay grandes baches narrativos y el ritmo se mantiene siempre constante sin hacer decaer el interés. Un humor sencillo pero increíblemente efectivo en el que no hay espacio para grandes sorpresas.
Precisamente lo más elogiable de esta producción es su sencillez, una sencillez que la convierte en una rara avis dentro de nuestro mundo lleno de efectos generados por ordenador que buscan casi siempre la ampulosidad. La oveja Shaun se mantiene fiel a la tradición artesanal dándonos una animación táctil y delicada que es todo un goce para los sentidos. Estamos ante una historia amable, sin atisbos de ironía, que busca pintarnos sonrisas durante su ajustado metraje. Una diversión para todos los públicos con la calidad que caracteriza a Aardman.
Calabria, la herencia de la violencia y el resentimiento
Más allá de los títulos más comerciales hay un cine que permanecería invisible de nos ser por las muestras y festivales. Un cine de presupuestos más modestos pero, muchas veces, de resultados más esmeradamente artísticos. Ese es el caso de Calabria, una película hecha de encuadres cargados de sentido, con un tempo casi contemplativo y una cámara pausada que apenas se mueve y que cuando lo hace es sutil y elegante. Sobre todo sutileza es la que impera en el tercer trabajo de Francesco Munzi, nacida del profundo respeto de la mirada del cineasta por la historia a contar.
Munzi recala en Calabria, probablemente la más negra región italiana, para contarnos una historia de mafiosos que huye de lo convencional: “Me basé en la novela (homónima) de Gioacchino Criaco, pero la traicioné para respetar su propia idea: que estos criminales tienen sus fragilidades. Algo que rompe con la idea del mafioso en sí mismo, con la imagen cinematográfica que se le ha dado e inclusive con la idea que ellos mismos han querido transmitir (…) En realidad hay quienes se suicidan, que sufren, que viven tensiones terribles. Pongo en escena aparentemente la guerra contra otra banda, en realidad escenifico la guerra dentro de ellos mismos, en la misma familia. Es que la verdadera guerra está dentro de ellos”. El suyo, podría decirse, es un retrato intimista de la organización criminal (aquí la ‘Ndrangheta calabresa), una estampa que se introduce hasta la raíz de su esencia: el profundo resentimiento que se acompaña de la voluntad de perpetua venganza. Un resentimiento que se hereda de generación en generación y que se ancla en la propia composición de lo familiar (de ahí que se la haya querido comparar a El funeral de Abel Ferrara).
Calabria tiene tanto de drama familiar (si no más) como de crónica negra. Eso es lo que la hace especial. Se trata de una familia de criminales: Luigi, el traficante, es un tipo decidido e impulsivo, y Rocco es el “cuello blanco” que vive dentro de la sociedad milanesa. Un enfrentamiento a distancia con otra familia mafiosa, desencadenada por el sobrino Leo, les hará volver al pueblo en que nacieron, Africo, lugar simbólico de la ‘ndrangheta, donde vive Luciano, el tercero de los hermanos (y el mayor de los tres). Lo que pasa es que Luciano no es como ellos. Tras el asesinato del padre, muchos años atrás, se encerró en una burbuja en la que se dedica a cuidar de sus cabras y llevar a cabo sus ritos religiosos. Sin embargo, esta burbuja la pondrá en peligro su propio hijo Leo, que a sus 20 años de edad quiere ir a Milán y emular la gesta del tío Luigi. Contraste y tensión entre dos mundos es el que separa a los hermanos, pero también entre dos voluntades: la continuista de los dos hermanos emigrados al norte y el deseo de acabar con el lastre de la herencia por parte de Luciano. Y la tensión no podrá resolverse más que con la drástica aniquilación de los propios vínculos de sangre.
‘Ndrangheta significa etimológicamente ‘virtud de la hombría’, es un mundo de hombres, pero las mujeres no son simples observadoras ni menos están libres de culpa. En el filme “son las más silenciosas, están en la sombra, pero con una mirada dan su consentimiento”, sostiene el director. Son las madres del ser, las transmisoras del resentimiento que consienten la violencia (e incluso la inducen). “Representan el aspecto más conservador, las verdaderas almas negras. La madre con la mirada da el toque inicial para la vendetta, mientras la esposa milanesa, sin admitirlo, es cómplice. Tal vez sea Italia”. O tal vez no, tal vez sea una historia más universal que podemos acercar a nosotros aunque sólo sea a escala.
“Sólida, violenta y abrupta, estamos ante una muestra ejemplar de cine negro, neorealista y rural, rodada con carácter, rigor y mucha personalidad” (Filmin), así es Calabria. Toda una suerte que Betta Films nos haya permitido gozar de ella.
Vuelve el cine de terror a Badalona de la mano de Cryptshow Festival
Los productores de The Lords of Salem, Paranormal Activity, Insidious, The Conjuring y Sobrenatural nos traen esta adaptación de un cuento de Stephen King
Cryptshow Festival y La Cooperativa Cor de Marina recuperan el cine en Badalona de la mano de Stephen King. Mercy está basada en el cuento Gramma del maestro del terror, y creador de The Shining o Carrie. Nos narra la historia de dos niños que junto a su madre marchan a cuidar de la abuela, que sufre demencia senil. Poco a poco irán descubriendo que la señora oculta un tenebroso secreto ya que años atrás firmó un pacto con un espíritu oscuro.
Dirigida por Peter Cornwell (Exorcismo en connecticut), y protagonizada por Mark Duplass y Dylan McDermott, Mercy está producida por Jason Blum (The Lords of Salem, Paranormal Activity, Insidious o The Conjuring) i McG (Sobrenatural)
Cinema Experence es una iniciativa de Cryptshow Festival y La Cooperativa Cor de Marina que quiere recuperar les clásicas sesiones de cine de terror que durante los años 80 llenaban las salas de Badalona.
Vamos de estreno (o no), viernes 13 de marzo 2015
CHAPPIE (*****)
Año: 2015 País: Estados Unidos Duración: 120 Género: Ciencia Ficción Dirección: Neill Blomkamp Reparto: Sigourney Weaver, Hugh Jackman, Dev Patel, Sharlto Copley Distribuidora: Sony Pictures Productora: Columbia Pictures, Media Rights Capital, Alpha Core
Como en Distrito 9, Blomkamp vuelve a tomar un corto suyo previo, Tetra Vaal, como punto de partida para contarnos la peripecia de Chappie (al que Sharlto Copley, actor fetiche del director, le presta voz y captura de movimientos), el primer robot consciente de sí mismo, una Inteligencia Artificial autónoma que no se diferencia de los humanos salvo porque es capaz de desarrollar un intelecto superior al de los hombres. En este esquema ya visto, la novedad es que Chappie no está predeterminado por su programa, al contrario su programación tiene como característica que se desarrollará por sí misma y sería inmortal de no ser porque su cuerpo no puede recargarse. Todo ello arropado por una trama que nos lleva a un Johannesburgo futuro, asolado por la delincuencia (un paisaje apocalíptico al modo de Mad Max) a la que se puede combatir gracias a los androides creados por Deon Wilson (Dev Patel), ingeniero de una empresa diseñadora de armas para la policía. El rival de Wilson es Vincent Moore (Hugh Jackman), creador del prototipo Alce (una especie de tanque con patas sin inteligencia propia), que ve como su proyecto es puesto aparte por culpa de los androides de Wilson. Cuando Wilson introduzca una nueva variante de su programa que permite esa Inteligencia Artificial inagotable, empezarán los problemas. (crítica completa aquí)
PURO VICIO (*****)
Año: 2014 País: Estados Unidos Duración: 148 Género: Noir paródico Dirección: Paul Thomas Anderson Reparto: Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Katherine Waterston, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro Distribuidora: Warner Bros. Productora: Warner Bros. Pictures / Ghoulardi Film Company
La séptima película de Paul Thomas Anderson es la adaptación de la séptima obra de Thomas Pynchon cuyo argumento es casi el de una novela negra clásica. Casi porque aquí los lugares comunes del género están tratados con la distancia irónica que caracteriza a los homenajes paródicos. Es un noir desarrollado desde la visión alucinada de un hippie detective politoxicómano, Doc Sportello (un inspirado Joaquin Phoenix). Estamos en la California de finales de los sesenta, después de mucho tiempo sin verse, su ex, Shasta (Katherine Waterston), una seductora «femme fatale», le pide ayuda debido a los planes de hacer desaparecer a su amante, un magnate inmobiliario que pretendía devolverle a la sociedad todo lo que había expoliado. Este es sólo el cabo del ovillo que es la enmarañada trama en la que se mezclarán el tráfico de drogas, las mafias orientales, la corrupción, la inestabilidad política del momento, las alusiones a Manson y sus acólitas, moteros nazis trabajando como guardaespaldas de un judío, y un sinnúmero de personajes esperpénticos.
El cine negro tuvo su época dorada en la década de los cuarenta y en El sueño eterno alcanzó una de sus cumbres. El clásico de Hawks es el epítome del género por excelencia, una suerte de compendio de los motivos arquetípicos entre los que no es menor el de exponer un embarullado argumento difícil de seguir. Y es que en el negro importa más la atmósfera y el retrato que el sentido narrativo. Anderson lo sabe bien y ha logrado dar ese toque a su cinta, pero retorciendo todavía más las digresiones narrativas. Tal se diría que estamos ante una pesadilla psicodélica fruto del consumo desbocado de estupefacientes (mientras la vemos nuestras neuronas establecerán conexiones con otras piezas inclasificables y alucinógenas como El gran Lebowski y Miedo y asco en Las Vegas).
Su título ‘Inherent Vice’ (aká traducido equívocamente como Puro vicio) se refiere al término legal conforme al cual se designa el vicio oculto que adolece una cosa de tal modo que provoca su deterioro, en el que se apoyan las aseguradoras a la hora de abonar a la baja sus indemnizaciones. Esa es la pista sobre cómo interpretar la peripecia de los personajes, todos ellos parecen estar al borde de la desintegración, moviéndose por un Los Ángeles fantasma, metáfora del sueño americano que no fue. Una melancolía sonámbula (acrecentada por la voz en off del narrador testigo) trufa esta cinta repleta de humor marciano, que Anderson recrea con una planificación enamorada de los primeros planos de su crisol coral. Como si quisiera hacernos transitar por su misma derrota, en su acepción marinera (rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones), claro, pero también por su condición de vencidos, de perdedores.
Puro vicio es todo un ejercicio de antiépica que nos regala algunos momentos de antología (a destacar el excelente el trabajo de Robert Elswit, habitual director de fotografía de Anderson), pero que acusa (mal) su excesivo metraje. Y es que Anderson no pasará a la historia por su capacidad de síntesis, su denso universo personal se lo impide, y eso, en esta obra en concreto, se nos antoja un lastre. Hubiéramos preferido un trabajo más ágil, como el de Embriagado de amor (esa otra comedia extraña que nos regalaba en 2002), que compensara con un ritmo más dinámico el abigarramiento argumental, haciendo más claro el retrato y sirviendo mejor a la ironía. Reparo personal que no nos impide ver que nuevamente nos ha brindado una pieza singular que para sus fans acérrimos (que los tiene y muchos) podrá considerarse de culto instantáneo.
Chappie, un Frankenstein Naíf
Sentemos el principio: el ser humano es el animal que se cuenta fábulas. Y los relatos parecen inagotables, pero si los desnudamos de sus ropajes argumentales descubrimos que las historias se limitan a unas pocas estructuras y unos pocos temas que se repiten. Es más, si las sometiéramos a un ejercicio de reduccionismo extremo veríamos que todas las historias acaban hablando del amor y de la muerte, por separado cada uno o en la dialéctica que los relaciona. Eterno danzar de lo erótico y lo tanático.
Uno de las motivos más repetidos es el del asalto prometéico, esto es el de la posibilidad (o no) de transgredir los límites y alcanzar la capacidad de componer el poema que ponga en pie a la materia, dicho en clave romántica. Y donde ponemos poema podemos poner creación. La voluntad de disolver nuestras limitaciones para convertirnos en dioses. Hace poco hablábamos en este blog de una de las últimas revisiones del mitema: Ex machina la ópera prima de Alex Garland como director, con la Inteligencia Artificial como telón de fondo. Hoy traemos otra, Chappie, el tercer largo de Neill Blomkamp. Siendo ambas películas hermanas, no podrían estar más en las antípodas una de otra. La película de Garland es una pieza de cámara en la que tiene mayor peso el diálogo que la acción, mientras que Blomkamp, en su línea habitual, nos trae un ejercicio de Ciencia Ficción mainstream en el que la reflexión viene servida como excusa para la acción y el derroche de efectos especiales.
Como en Distrito 9, Blomkamp vuelve a tomar un corto suyo previo, Tetra Vaal, como punto de partida para contarnos la peripecia de Chappie (al que , actor fetiche del director, Sharlto Copley, presta voz y captura de movimientos), el primer robot consciente de sí mismo, una Inteligencia Artificial autónoma que no se diferencia de los humanos salvo porque es capaz de desarrollar un intelecto superior al de los hombres. En este esquema ya visto, la novedad es que Chappie no está predeterminado por su programa, al contrario su programación tiene como característica que se desarrollará por sí misma y sería inmortal de no ser porque su cuerpo no puede
recargarse. Todo ello arropado por una trama que nos lleva a un Johannesburgo futuro, asolado por la delincuencia (un paisaje apocalíptico al modo de Mad Max) a la que se puede combatir gracias a los androides creados por Deon Wilson (Dev Patel), ingeniero de una empresa diseñadora de armas para la policía. El rival de Wilson es Vincent Moore (Hugh Jackman), creador del prototipo Alce (una especie de tanque con patas sin inteligencia propia), que ve como su proyecto es puesto aparte por culpa de los androides de Wilson. Cuando Wilson introduzca una nueva variante de su programa que permite esa Inteligencia Artificial inagotable, empezarán los problemas.
La aventura de Chappie permite que Blomkamp vuelva a plantear viejos interrogantes en clave de humor para todos los públicos. Su criatura es un niño ingenuo que nos recuerda al Número 5 de la ochentera Cortocircuito (1986, John Badham), pero con un punto de mayor autoconciencia. A través del robot podemos reflexionar sobre la condición humana, nos identificamos con él cuando pregunta a su creador por qué le ha dado una inteligencia personal si lo ha atado a un cuerpo condenado a perecer. El sudafricano nos asoma al dualismo con herramientas del Siglo XXI, el envoltorio carnal (de titanio para Chappie) es perecedero, de ello no nos cabe duda, la incógnita es qué pasa con la conciencia, ¿podría perpetuarse si consiguiéramos aislarla y remitirla a otro cuerpo sin fecha de caducidad? A este núcleo lo acompañan derivaciones suyas como la del discernimiento entre el bien y el mal, la inclinación humana a la mentira y la manipulación, pero también a la virtud (con el perdón como horizonte), lugares comunes orquestados dentro de un canto a la importancia del sentimiento. Y todo esto desde el ánimo de la acción cartoonesca y el humor naíf. Un festín visual con la partitura electrónica de Hans Zimmer contrapunteando la intriga.
El principal problema de Blomkamp son las expectativas que se proyectaron sobre él tras su debut en el largo. Esperar más de él es lo que llevó a ver
Elysium como una decepción, cuando es un más que correcto ejercicio que no pretende ser profundo pero que sí cumple con la función de introducir notas reflexivas a una obra en la que prima la acción, pensada, además para el público mayoritario (que no se caracteriza precisamente por desayunarse con El Ser y el Tiempo de Heidegger, no sé si me entienden). Y las escenas de acción no se le resisten al sudafricano. También esta Chappie que estamos comentando se busca ejercicio de evasión no reñido con un punto de especulación. Blomkamp cubre un espacio de espectro cinematográfico, el entretenimiento de masas, que no siempre es abordado desde una mirada suficientemente inteligente. Tal vez algún día el sudafricano nos dé la obra redonda que algunos parecen exigirle, pero de momento su carrera está consolidada y sus películas tienen sello propio aunque no sean cumbres.
Chappie nos parece una película simpática, muy coleccionable para los completistas del motivo prometéico. Pero quizás no deban hacerme demasiado caso, al fin y al cabo, aún conservo buena parte de mi alma infantil y Chitty, Chitty, Bang, Bang sigue siendo una de las películas que me llevaría a un retiro espiritual.
Maps to the Stars, escribo tu nombre libertad
De la nueva carne nos quedan las cicatrices. Ese horror corporal en el que se diluían las fronteras entre lo orgánico y lo mecánico, haciendo que el infierno fuera algo físico y no imaginado, en Maps to the the stars se sutiliza sobre el cuerpo llagado de una joven de etérea fragilidad mental.
Mia Wasikowska es Agatha Weiss, nombre evocador que combina el agathos (ἀγαθὸς) griego, lo bueno en mayúsculas, la bondad, y ‘weiss’ blanco en alemán. En Cronemberg nada está dejado a la casualidad, la cinta arranca con la joven regresando a Hollywood desde Júpiter, Florida. Casi una piedra preciosa llegada de otro mundo, de la bóveda celeste que sería el contraplano lógico del plano cenital con el que se cerrará la película. Viaja metafóricamente del firmamento al mundo del estrellato que es Hollywood, vestida con una cazadora en la que se lee en inglés «Yo fui una mala niñera», es merchandising de la película que consagró a su hermano pequeño (Evan Bird) Benjie Weiss (y que le llevó a la drogodependencia, demasiado pequeño para manejar el éxito), pero también una alusión al episodio que la ha alejado de su familia: el incendio provocado por ella en casa de sus padres que casi acaba con la vida del niño y que ha quedado grabado en su piel a modo de cicatrices. Ahí tenemos el planteamiento: la meca del cine es una máquina que fagocita a sus criaturas y las deja de lado como a dispositivos desgastados que el uso ha vuelto inservibles.
Una maquinaria en la que además unos engranajes cercenan a los otros, metidos como están en un juego de espejos. Así Havana Segrand (una Julianne Moore inmensa) será la puntilla que acabará de hacer zozobrar a Agatha. Personaje absorbente que actúa como si fuera el centro del universo, manipula a los que tiene cerca en un afán de mantenerse siempre a sí misma en lo más alto de la ola, analogía microcósmica del macrocosmos que es Hollywood, del que ella parecería un mapa a escala. Pero, en verdad, ella misma no es más que una víctima más del mecanismo, ensombrecida en su escalada, a un éxito que no acaba de cuajar, por el triunfo real de su madre. Tiene mucho de esperpento, pero también tiene mucho de niña acoquinada por el fantasma de su progenitora que la habría sometido a vejaciones similares a las que ella inflige a los demás. El mal, el verdadero, sobrevuela sobre todo el crisol de personajes como un destino fatal del que no hay salida.
Casi se diría que en su último trabajo el canadiense toma prestada la pluma a Zola y nos asoma a un universo en el que la herencia y el ambiente determinan inapelablemente la existencia. La culpa de los padres caerá inamovible sobre los hijos. Así es en el caso de Havana. Así es en el caso de los hermanos Weiss. Staford Weiss (John Cusack), su padre, es un reputado coach, autor de varios libros, su palabra sanadora es ley para sus pacientes (entre ellos la propia Havana), toda una muestra de equilibrio y virtud para sus seguidores, sin embargo esconde un gran secreto conyugal que de revelarse arruinaría su carrera y su vida. La sombra del incesto planea fatalmente sobre los Weiss como si fuera un pecado original para el que no hubiera redención posible.
Ningún personaje puede escapar del tablero de juego, sin embargo todos aspiran a ello, el determinismo zoliano que les subyuga es contestado por su ansia de libertad. Los cuartetos del poema Libertad de Paul Éluard son parcialmente declamados por unos y otros a lo largo del metraje, funcionando casi como estribillo al que regresar continuamente. La composición de Éluard es el horizonte de aspiración de la vida humana, es el rayo de esperanza que filtra Cronembreg en su mirada crepuscular sobre un Hollywood que puede ser intercambiable por cualquier otra realidad humana. Hasta en el muro del tedio o en las escalinatas de la muerte, hasta en un universo que colapsa, el poder sustantivo de la palabra libertad basta para que sigamos andando bajo el firmamento que nos mira.
Ex Machina, ciencia ficción minimalista
Los límites vienen a ser nuestra condición de posibilidad (igual que el aire que frena a la paloma es el que le permite volar), determinarlos es lo que nos permitiría avanzar en nuestro conocimiento científico sin empantanarnos en razonamientos falaces. Así pensaríamos si sólo pesase sobre nosotros la herencia de la Ilustración, y en parte somos sus herederos, sí, pero también descendemos del Romanticismo, y ello nos lleva a querer rebasar continuamente los límites. Junto a la ciencia está el arte y desde el arte siempre hemos querido asomarnos sobre el abismo, vislumbrar y rozar con nuestros dedos lo ilimitado. No nos basta conocer, necesitamos crear.
Ser hombres nos impele un poco a querer ser dioses y a tener conciencia de nuestra voluntad sacrílega. Lo hemos expresado en nuestros mitos, pero sobre todo en uno, el de Prometeo y sobre él hemos ido componiendo variaciones, la más célebre se la debemos a Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo encadenado. Ex Machina retorna a Prometeo, esta vez con la Inteligencia Artificial como fondo. Alex Garland en su debut como director nos trae la historia de Caleb (Domhnall Gleeson), joven informático, que gana un premio en la compañía de internet para la que trabaja, Bluebook (nacida a partir de un importante buscador). El premio es jugoso: visitar durante una semana el enorme paraje natural privado y la casa de su multimillonario jefe, Nathan (Oscar Isaac). Pronto descubre que el premio esconde algo más, Nathan le ha atraído para que le ayude a probar su último prototipo de Inteligencia Artificial, que está incorporado en el cuerpo de Ava (Alicia Vikander) una atractiva mujer robot (que no oculta sus circuitos). Caleb y Ava mantendrán una sesión cada día, dedicada a mantener conversaciones de cualquier tipo para averiguar si el robot podría pasar perfectamente por una persona, o lo que es lo mismo si supera el Test de Turing. Sin embargo, la cosa no será tan sencilla a partir de que la seductora Ava le diga al muchacho que Nathan no es lo que parece ser.
Ciencia ficción de pequeño formato (casi una pieza de cámara), tres personajes principales (más la aparente sirvienta asiática de Nathan que acabará teniendo peso en un punto de la historia), en apenas unos pocos escenarios (casi todos interiores), en Ex Machina se juega bien la baza de la situación claustrofóbica sobre todo conforme la trama avanza hacia el thriller psicológico. Lo que está en juego es dirimir qué puede llegar a hacer indistinguible la máquina de lo humano, está claro que no es la capacidad de operar conceptos matemáticos, eso entra dentro de lo mecánico y ahí las máquinas pueden ser incluso superiores y sin embargo perfectamente reconocibles como productos artificiales. Ex Machina parece decirnos que las máquinas mimetizaran lo humano cuando sean capaces de emocionarse.
Y ahí nacen nuevos dilemas: ¿son esas emociones suficientes para dispensar a una máquina el mismo trato que a un ser humano? ¿Es el deseo de supervivencia algo instintivo o programado? Y, si una máquina puede sentir emociones… ¿puede un ser humano corresponderlas de forma genuina? Her está entre los referentes, pero más aún el capítulo Be Right Back de la serie británica Black Mirror con el que comparte protagonista masculino (todo un guiño). Salvo que la película de Garland va más lejos, y es que el filme discurre entre los juegos mentales y persuasivos de los seres humanos en las relaciones interpersonales, la liberación de la mujer ante las presiones del macho alfa o el importante papel de los impulsos –llámese intuición- en el proceso creativo. Ava es una nueva Eva (el juego de nombres venía servido) dispuesta a plantarle cara a su creador, una Eva que no dudará en utilizar a su propio Adán en beneficio de sí misma en su acto de rebeldía, una nueva “mujer” que en su asalto al cielo arrambla contra el imperio de todo lo masculino.
Borrar los límites entre la máquina y lo humano supone tanto como desdibujar los que separan lo humano de lo divino, reza la frase promocional, y parece inferir que esa superación habrá de pasar por la liberación definitiva de lo femenino. Dicho en términos de mito, el Prometeo del nuevo milenio habrá de ser Pandora, una Pandora que ya no será castigo enviado por los dioses a los hombres, sino al contrario una auténtica vengadora de lo humano que subvertirá todo el orden de los valores.
Garland se estrena como director con una película modesta pero interesante, muy acertada en su puesta en escena y su diseño de producción. Pero sobre todo con un trasfondo inteligente que abre interrogantes sobre nuestra condición humana proyectada en un futuro muy próximo en el que la tecnología permite por fin crear vida de la nada. Una película como esta depende mucho de los actores y la triada protagonista sale airosa de su reto, especialmente Alicia Vikander, seductora dentro y fuera de la pantalla.
VAMOS DE ESTRENO (O NO), Viernes 20-02-2015: El francotirador
EL FRANCOTIRADOR (American Sniper, Clint Eastwood, 2014) *****
Duración: 134 min. País: USA. Guion: Jason Dean Hall; basado en el libro de Chris Kyle. Producción: Bradley Cooper, Clint Eastwood, Andrew Lazar, Robert Lorenz y Peter Morgan. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Gary D. Roach. Warner Bros. Género: Bélico.
Reparto: Bradley Cooper, Sienna Miller, Jake McDorman, Luke Grimes, Navid Negahban, Keir O’Donnell.
Sinopsis: El marine del grupo de operaciones especiales de la Marina de Estados Unidos, Chris Kyle, es enviado a Irak con una sola misión: proteger a sus compañeros de ejército. Tirador de precisión milimétrica, salva incontables vidas en el campo de batalla y, a medida que se extienden sus valientes hazañas, se gana el apodo de “Leyenda”. Su reputación también crece detrás de las líneas enemigas, de manera que ponen precio a su cabeza y se convierte en objetivo prioritario de los insurgentes. A la vez se está enfrentando a otra batalla en casa: ser un buen marido y padre desde el otro lado del mundo.
El francotirador está basada en la novela homónima American Sniper: The Autobiography of the Most Lethal Sniper in U.S. Military History escrita por su propio protagonista, Chris Kyle, considerado el francotirador más letal de Estados Unidos que llegó a causar la muerte de hasta 255 insurgentes iraquíes. Eastwood moldea este material convirtiéndolo en una solvente película bélica, su puesta en escena del combate (siempre desde el absoluto dominio de la sintaxis clásica) es intachable. Sabe manejar la acción y la intriga de manera que nos tiene en tensión durante todo su prolongado metraje, a la vez que compone un personaje central digno de figurar en la galería del padre de Walt Kowalski (Gran Torino, 2008), el Crhis Kyle de Eastwood es otra máscara más del héroe americano que nos ha ido dibujando nuestro director en toda su producción: defensor de los valores tradicionales de la democracia americana, un conservador dispuesto a intervenir si algo ataca contra esos pilares, usando una analogía expresada en esta película, un perro pastor que nunca atacará si no es en defensa de su propio rebaño. Todo perfectamente ajustado a la convención del género y a las claves del autor, sin embargo, El francotirador deja tras su visionado un rastro de decepción. Y es que ya no estamos dispuestos a creer que los buenos son los «nuestros» ni que la guerra pueda llegar a ser justa. Por eso, incluso habernos dejado seducir por su ritmo nos acaba resultando un placer culpable.
En esta ocasión, el autor del díptico Banderas de nuestros padres (Flags of Our Fathers, 2006) y Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006), no ha sabido o no ha querido (elijan lo que más les convenza) hacer la película que podía haber hecho. El espectador avezado ya sabe que no nos vamos a encontrar con una lectura antibelicista como la de Erich Maria Remarque (Sin novedad en el frente, 1930; Tiempo de amar, tiempo de morir, 1957), pero tampoco nos esperábamos una cinta más en sintonía con películas protagonizadas por Stallone y Chuck Norris (y sus clones) que con las suyas propias.
Y es que en El francotirador hay mimbres que la alejan de esos ejercicios pirotécnicos de gloria a la acción, pero quedan deslavazados y sin trenzar. Ahí están los interludios en los que el protagonista regresa a casa y le descubrimos temeroso de salir al exterior, con problemas de salud de los que no quiere oír, haciendo una auténtica negación (en términos psiquiátricos) del problema. No falta la carta del soldado caído llena de desesperanza y de repudia, o el regreso a casa de su propio hermano traumatizado por lo que ha vivido, pero son sólo momentos que no se desarrollan suficientemente (no volvemos a saber nada del hermano, por ejemplo). Eastwood nos muestra que el héroe más bien es víctima de un trastorno obsesivo compulsivo que le lleva a querer volver una y otra vez al combate, pero no profundiza, no le saca a ello el suficiente rédito narrativo, porque él mismo parece obsesionado en filmar esmeradamente la gesta épica una y otra vez.
El francotirador podía haber sido al cine bélico el equivalente a lo que Sin perdón es al western, todo un canto crepuscular, pero para ello tendría que habernos contado la historia que nos sugiere pero que a la vez nos escatima. Crhis Kyle no murió en el campo de batalla, le asesinó en Estados Unidos uno de los veteranos a los que él trataba de ayudar; y no podemos evitar sentir que ese es el verdadero relato que merecía ser contado, que ahí está la clave de la historia y de lo que puede ser dicho sobre la guerra (sobre todas en general y la de Irak en particular). Y no tenemos nada en contra de la sutileza de la insinuación, ni creemos que haya que masticarlo todo al espectador, pero es que en esta ocasión lo insinuado queda ahogado por una melodía principal estentórea. En El francotirador hay un problema de acentos, la tilde debiera haber sido puesta sobre el subtexto más crítico, pero no es así, de modo que el mensaje que nos habría gustado oír se pierde en la atonía. Es un problema de armonía, en esta ocasión Eastwood no ha calibrado como él sabe la relación entre la tónica y la dominante, todo un fallo en un músico de su condición.
39 Escalones estrenará ‘Electric Boogaloo: la loca historia de Cannon Films’
«En Cannon se hacían tantas películas malas que si les salía algo con un poco de calidad, era un accidente feliz» (Mark Helfrich)
Cinefilia sin complejos, descaro y dos cerebros, Menahem Golam y Yoram Globus, más grandes que la vida. Electric Boogaloo analiza las demenciales estrategias publicitarias con que la productora sacudió los cimientos de Hollywood.
El australiano Mark Hartley, graduado por la Swinburne School of Film & Televisión, es el responsable de haber perpetrado dos de los más interesantes, emocionantes y divertidos documentales cinematográficos que hemos podido ver, ambos con el cine de serie B como protagonista: en Not Quite Hollywood (2008) el director nos habló sobre el muy desconocido cine exploitation australiano; y en el descacharrante Machete Maidens Unleashed (2010), le tocó a las películas rodadas en Filipinas por estudios de serie B americanos, con Roger Corman en cabeza. También dirigió, poco antes de realizar este sentido homenaje a Cannon, su primer largometraje de ficción, el remake de Patrick (Richard Franklin, 1978), uno de los escasos films conocidos del cine de terror venido de las Antípodas.
Ahora con Electric Boogaloo: The Wild, Untold History of Cannon Films, aborda, con magníficos resultados, la subida y estrepitosa caída de la Cannon, un estudio totalmente independiente fundado por dos israelitas, Golan y Globus, que eran primos y que tenían como objetivo hacer películas como churros invirtiendo poco y ofreciendo mucha acción, desnudos y, en definitiva, lo que demandara el público. Y todo ello sin complejos. ¿Interesa el musical? Cannon rueda The Apple (Menahem Golan, 1980) que muchos intentan aún descifrar. Si en la calle se baila Breakdance: Cannon produce la primera película sobre el tema (Breakin, Joel Silberg, 1984), y su secuela , que ya no gusta a nadie. ¿Que el público quiere erotismo?: Cannon contrata a la mismísima Emmanuelle (Silvia Kristel) y rueda Mata Hari (Curtis Harrington, 1985); y a Bo y John Derek, produciendo Bolero (1984). ¿Indiana Jones triunfa? Cannon tiene a Allan Quatermain, personaje encarnado por Richard Chamberlain con el que rueda dos películas. ¿Quieren terror?: Cannon produce películas al mismísimo Tobe Hooper (entre ellas la más loca secuela que se pueda pergeñar de un filme mítico, The Texas Chainshaw Massacre 2)
Pero sobre todo Cannon tenía a Chuck Norris, Charles Bronson y ninjas. Muchos ninjas. Ninjas a punta pala.
Y el éxito llegó. Presencia a todo lujo en festivales donde vendían ideas plasmadas en carteles, que de ser adquiridas, rodaban. Y claro, con el éxito vino el exceso: contratos millonarios a estrellas como Stallone; prestigio a golpe de talonario contratando a Franco Zeffirelli, Jean-Luc Godard o John Cassavetes. Y al final, irremediablemente, la caída. El gran batacazo.
Pero no teman, no hay un final triste, ni mucho menos. Es demencial, tal y como solo Golan y Globus pueden hacerlo: compitiendo entre ellos para… bueno, para saber todo tendrán que ver este fantástico documental que se pudo disfrutar durante el último festival de Sitges y que 39 Escalones estrenará el día 13 de marzo y editará posteriormente en DVD con la calidad a la que nos tienen acostumbrados.
No se pierdan pues Electric Boogaloo: la loca historia de Cannon films, un trepidante documental que cuenta con la presencia de Dolph Lundgren, Luigi Cozzi, Bo Derek, Richard Chamberlain, Franco Nero, Elliott Gould, Robert Forster, Tobe Hooper, Martine Beswick y Franco Zeffirelli, entre muchísimos más, pero no con la de sus dos protagonistas, ya que, como no podía ser de otra forma, en cuanto se enteraron de que se estaba haciendo un documental sobre Cannon, se negaron a colaborar y rodaron el suyo propio y a toda prisa, The Go-Go Boys (Hilla Medalia, 2014) que consiguió estrenarse unos pocos meses antes.
That’s Exploitation!!!
Tenía que suceder…’Cine Basura: la película’
Nos gusta Cine Basura y nos caen muy bien los responsables de perpetrarlo, Viruete y Fox, así que no nos sorprende que de su cabezota haya salido una nueva y descabellada idea que a buen seguro va a dar que hablar: Cine Basura: la película, o la primera comedia española que rinde culto al cine de serie Z. Veamos qué diablos pretendes sus creadores…
Cine Basura: la película es un homenaje al llamado “cine cutre”, pero sus responsables no quieren rodar una película mala a propósito, sino todo lo contrario. Ellos buscan llevar su amor por este tipo de cine a un largometraje “rodado en condiciones, con una trama de verdad y no un festín de referencias y fantasmadas”, según asegura Paco Fox, codirector de la cinta junto a Miguel Ángel Viruete.
En este sentido, Fox indica que el estilo del guión se inspira en el trabajo de los británicos Edgar Wright y Simon Pegg, responsables de comedias de culto como Zombies Party, Arma Fatal o Bienvenidos al fin del mundo. Como muestra de ello, los autores del proyecto han rodado una secuencia completa de la película, con la que hacerse una idea del tono que tendrá el filme.
Cine Basura: la película, que busca financiación a través de una campaña de crowdfunding, cuenta la historia de dos videobloggers que se introducen por accidente en una película mala. Cuando salen, según parece, las constantes del cine malo han invadido el mundo: hay falta de raccord, los planos subjetivos se ven en otros formatos, los cromas son espantosos y hay zombis, punks y otros personajes típicos de este tipo de cine. Un entuerto que ambos protagonistas tratarán de resolver junto a una amiga realizadora.
El filme cuenta con el apoyo legal y financiero de la pequeña productora Pecker Audiovisuales y tiene pactado un acuerdo de distribución con la compañía La Aventura Audiovisual, responsable de estrenar en España títulos como La cabaña en el bosque o Snowpiercer. Dado lo alocado de la propuesta, todo se realizará de manera independiente y a base de participaciones en beneficios.
EQUIPO TÉCNICO Y ARTÍSTICO
Los directores de la película son Miguel Ángel Viruete, autor de varios cortos premiados y realizador de la webserie ‘VIDEOFOBIA’, y Paco Fox (Francisco Rodríguez Prieto), Responsable de Selección de Cine Extranjero de CANAL + a nivel profesional, presentador de Cine Basura y articulista de humor a nivel artístico. El guión, sobre un tratamiento de ambos directores y del popular humorista web José Viruete, viene firmado por el debutante sevillano Fernando Hugo Rodrigo.
Los actores principales serán Miguel Ángel Aijón, conocido por sus papeles en Una de Zombis e Isi/Disi: Alto Voltaje; Silvia Vacas, nuevo talento de la interpretación que recientemente ha participado en la producción independiente Pixel Theory; Maite Medina, modelo profesional que ha representado a España en el certamen Miss Mundo; y el propio Paco Fox, que interpretará a uno de los protagonistas.
La campaña de crowdfunding, que se desarrollará hasta comienzos de marzo, se presentó el pasado 31 de enero en el festival CUTRECON de Madrid y puede encontrarse en http://www.cinebasura.es





























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