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Archive for the ‘LA BIBLIOTECA DE BABEL’ Category

La biblioteca del Festival de Sitges

Se han cumplido 52 ediciones del festival más importante de cine fantástico y de terror del mundo. Y no hay duda de que durante tantos años el festival ha generado mucho papel. Y más hablando de un evento que desde sus inicios ha basado su política en la información, tanto hacia la prensa, como hacia el público. También, como acontecimiento cultural de primer orden, el Festival de Sitges ha querido, al igual que otros certámenes, editar libros sobre géneros, sus protagonistas más destacados o ilustrar sus ciclos retrospectivos, y aunque no siempre se ha hecho con la regularidad o el cuidado deseable, hay que añadir que los años en los que no se editó ningún libro, fueron compensandos por otros en los cuales se llegaron a publicar hasta cuatro libros oficiales.

Realmente ha sido labor complicada el reunir todos estos tomos, pues el propio festival no ha realizado ningún inventario oficial hasta la fecha, aunque una gran parte de los libros oficiales, catálogos y otras publicaciones, se pudieron ver en la exposición «50 Aniversari. SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya 1968-2017: Memòria del Fantàstic», centrada en el 50 Aniversario del SITGES en el año 2017. Asimismo es justo añadir que ha sido fundamental para completar esta lista el estudio Bibliografía del festival de Sitges publicado en 2014 en el blog Fantasía: Cine sin cortaprisas. También desde aquí queremos agradecer a Diego López sus aportaciones y sugerencias.

Sin más preámbulos vamos a ofrecer una amplia panorámica de las diferentes publicaciones que el Festival de Sitges ha editado durante estos más de cincuenta años, poniendo especial cuidado en los libros publicados para a venta durante y posteriormente al certamen. Unos tomos que, en muchos casos, forman parte de la bibliografía imprescindible de todo buen amante del cine.

CATÁLOGOS Y PUBLICACIONES GRATUÍTAS PARA PRENSA Y PÚBLICO

Ya desde aquella Primera Semana Internacional de Cine Fantástico de 1968, el futuro Sitges Film Festival editó un programa-catálogo con las películas y eventos que tendrían lugar. Con los años esta publicación se dividió en dos: uno en forma de catálogo de bolsillo destinado al público, que se encargó de editar principalmente la entidad bancaria en la que, antes de los tiempos de internet, podían adquirirse las entradas de manera anticipada; y un catálogo más voluminoso, vertical y tamaño folio destinado a la prensa. El formato destinado al público ha sido conservado y puede encontrarse en los puntos oficiales y salas cinematográficas del festival,  pero el catálogo de prensa, ante el imparable crecimiento de las secciones del festival se tuvo que, primero, dividir con catálogos adicionales dedicados a la sección de animación (Anima’t) y de la crítica (Seven Chances) durante los años noventa; para finalmente y ya a inicios del nuevo milenio, juntar todas las secciones en un voluminoso y único catálogo apaisado. Ni que decir tiene que estas publicaciones son un impagable archivo histórico del Festival.

Por su parte el popular Brigadoon, nacido en 1986 cuando el certamen estaba bajo la dirección de Joan Lluís Goas, se ha convertido en todo un «festival dentro del festival» que ha ido adquiriendo mayor importancia año tras año y que recientemente ha celebrado su treinta aniversario con un acto oficial. En 2003, cuando esa sección estaba dirigida por Hernán Migoya, se editó un Brigadoon’zine y también se potenciaron los ciclos cinematográficos, como el dedicado a los Hermanos Calatrava y el cine de Manuel Esteba, entre otros. Aunque la publicación no tuvo más continuidad, en la actualidad Brigadoon es una sección totalmente consolidada que además de ofrecer títulos actuales, otorga una especial importancia a las retrospectivas y homenajes. También se celebra anualmente el premio Brigadoon Paul Naschy para el mejor cortometraje, así como el Premio Nosferatu como homenaje a diversas personalidades destacadas del cine fantástico.

También y conforme el catálogo de películas y actividades aumentaba, se optó por informar al público de manera más detallada, así que se comenzó a editar, como complemento al pequeño catálogo con la programación, un periódico que, además de horarios, contenía información adicional sobre las diferentes películas y actividades, así como entrevistas con los invitados. Si bien se tiene constancia de alguna iniciativa en forma de fanzine a finales de los setenta, el primer periódico diario del que tenemos noticia se publica en 1983, coincidiendo con el relevo en la cúpula del festival, que hasta entonces había estado en manos de su creador, el histórico Antonio Ráfales, y que pasaría a manos del mencionado Joan Lluís Goas, que también iniciaría de manera regular la edición de El Diari del Festival. Primero en blanco y negro y editado por el propio certamen para,  posteriormente y ya con portada a todo color, pasar a ser editado  por el Grupo Z (El Periódico), que se hará cargo de una cabecera que evolucionará con los años a publicación en color. Hasta 2009, en que tomará el relevo La Vanguardia manteniendo, eso si, el formato.

El número de ejemplares variará según los días de los que conste el festival. En la actualidad se editan un total de 12: Diez con la programación diaria; uno general sobre el festival; y uno fotográfico con el palmarés.

A todo esto hay que sumar diferentes catálogos que se han realizado sobre exposiciones, de los que también el festival ha realizado postales coleccionables, que junto a su rica cartelería y otros objetos como sellos, posavasos, postales o juegos, conforman un conjunto de material altamente atractivo para el aficionado y coleccionista.

 

CATÁLOGOS MONOGRÁFICOS

Editados por el propio festival, de tirada más limitada y menor número de páginas, estas publicaciones posiblemente estuvieron tan solo al alcance de la prensa o disponibles únicamente durante los días del certamen. Resultan más difíciles de localizar que los libros y los catálogos.

1968

– Índice analítico del cine fantástico

Autor: Antonio Cervera. Edita: Semana Internacional de Cine Fantástico de Sitges. Encuadernación en rústica, 48 págs. 23 x 15.5 cm

1994

– Jan – Eva Svankmajer: el lenguaje de la analogía

Autor: VV.AA. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 56 págs. Edición bilingüe: castellano-catalán

1995

– Segundo de Chomón                                                  

Autor: VV.AA. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges/Filmoteca de la Generalitat de Catalunya. Cartoné, 75 págs. Editado con motivo de la retrospectiva dedicada al cineasta aragonés.

1996

– The Spanish Fantasy Pictures Show

Autor: Marcos Ordóñez. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 95 págs. Edición trilingüe en  castellano/catalán/inglés. Editado con motivo de la retrospectiva dedicada al cine fantástico español.

2000

Ladislaw Starewicz

Autor: Fernando de Felipe. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 48 págs. Editado por la sección Anima’t.

2001

– Quay brothers

Autor: Jordi Costa. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 47 págs. Editado por la sección Anima’t.

2002

– Hayao Miyazaki

Autor: Antonio Trashorras. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 51 págs. Formato apaisado. Editado por la sección Anima’t.

2003

– Curtis Harrington. Danza Macabra

Autor: Jordi Sánchez-Navarro. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 38 págs.

– Alexandre Alexeieff: Poemas de Luz y Sombra

Autor: Giannalberto Bendazzi. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 37 págs. Editado por la sección Anima’t.

2010

– No por mucho madrugar amanece más temprano

Autor: Jack Torrance. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, 315 págs. Editado con motivo del 30 º aniversario de la película El Resplandor, se trata de un objeto destinado a invitados y prensa seleccionada.

 NOTA: Al no haber podido revisar físicamente todas estas publicaciones, no podemos asegurar que estuvieran redactadas, tal como suponemos, en los tres idiomas oficiales del festival, catalán, castellano e inglés.

CATÁLOGOS EXPOSICIÓN

Desde el inicio del festival se organizaron todo tipo de exposiciones relacionadas con el fantástico. Las primeras fueron realizadas por el artista Pierrot, que tuvo problemas con la justicia por alguna de sus obras artísticas. Desde hace unos años la salida de l’Auditori del hotel Melià ha servido de espacio para exposiciones, las últimas comisariadas por Borja Crespo en las que diversos ilustradores han ofrecido su visión sobre el leitmotiv escogido anualmente por el festival. Estas ilustraciones se han reunido asimismo en catálogos gratuitos y también, y de forma individual, se han puesto a disposición del público postales coleccionables también gratuitas.

2008                                                

– King Kong Solidario

Autor: VV.AA. Edita: ScifiWorld. Tapa blanda, 160 págs.

2013

– Exposición de pósteres del Festival de Sitges en el Palau Maricel.

Pequeño catálogo folleto editado con motivo de la exposición. Tapa blanda, A5. Ejemplar gratuito.

2015

– Dossier Sinclair: L’Art de Vicente Ballester

Autor: Vicente Ballester. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, A5, 28 págs. Catálogo de la exposición que tuvo lugar durante el festival de Sitges en el Palau Maricel comisariada por Borja Crespo. Multilingüe catalán/castellano/inglés. Ejemplar gratuito.

2016

– The Vault of Rob Zombie – A Comic Tribute

Autor: VV.AA. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, A5, 20 págs. Catálogo de la exposición que tuvo lugar durante el festival de Sitges comisariada por Borja Crespo. Multilingüe catalán/castellano/inglés.  Ejemplar gratuito.

2017

– Ink of Dracula – A Comic Tribute

Autor: VV.AA. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, A5, 20 págs. Catálogo de la exposición que tuvo lugar durante el festival de Sitges comisariada por Borja Crespo. Multilingüe catalán/castellano/inglés.  Ejemplar gratuito.

2018

– Psycho Killers Superstars – A Bloody Comic Tribute

Autor: VV.AA. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, A5, 20 págs. Catálogo de la exposición que tuvo lugar durante el festival de Sitges comisariada por Borja Crespo. Multilingüe catalán/castellano/inglés.  Ejemplar gratuito.

2019

– Mad Max World – An Apocalyptic Comic Tribute

Autor: VV.AA. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Cartoné, A5, 20 págs. Catálogo de la exposición que tuvo lugar durante el festival de Sitges comisariada por Borja Crespo. Multilingüe catalán/castellano/inglés.  Ejemplar gratuito.

LIBRO JUEGO

 

–  The Game – El joc de preguntes sobre Sitges i el cinema fantàstic 

Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges/Patronat Municipal de Turisme de Sitges, 1994. Cartoné, A5. Edición Trilingüe: castellano/catalán/inglés.

 

LIBROS

Diversos han sido los sellos editoriales que han publicado bajo el auspicio del Festival de Sitges. Todos los libros que vamos a enumerar se pusieron tanto a la venta durante el festival como posteriormente en librerías, una costumbre que se inició en 1985 adquiriendo cierta continuidad hasta la actualidad.

1985

– Terrores Íntimos

Autor: VV.AA. Edita: Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Impreso en Gráficas 82. Tapa blanda con solapas, A5, 185 págs.

Primero de una serie de tres libros en los que varios colaboradores del festival escogían y comentaban de manera informal sus películas favoritas. Se publicó este primer tomo centrado en el cine de terror y la intención era que fuera seguido al año siguiente por otro dedicado al fantástico y, ya en 1987, un último centrado en la Ciencia Ficción, aunque finalmente tan solo se llegó a editar este.

1992

– 25 anys. Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges

Autor: VV.AA Coordinado por Jordi Batlle Caminal. Edita: Patronat Municipal Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Tapa blanda con solapas, 24×22, 272 págs. Edición limitada de 1500 ejemplares para el certamen y 1000 más destinados a la distribución comercial. Edición bilingüe catalán/castellano.

1997

– David Lean & Karel Zeman

Autor: Sergi Sánchez y Artur Amorós. Edita: Paidós Ibérica. Rústica, 143 págs.

Con este libro se inicia una colaboración entre el festival y la editorial Paidós Ibérica, que se prolongará hasta 2003. Todos los libros de esta editorial se publicarán simultáneamente en castellano y catalán

1998

– Alain Resnais: viaje al centro de un demiurgo (Edición en castellano. Colección Paidós Comunicación 102 Cine)

– Alain Resnais: viatge al centre d’un demiürg (Edició en català)

Autor: VV.AA. Edita: Paidós Ibérica. Rústica, 23×15, 256 págs.

Publicado coincidiendo con la retrospectiva de Sitges 98-Festival Internacional de Cinema de Catalunya dedicada a la filmografía de Alain Resnais.

1999

– Profondo Argento. Retrato de un maestro del terror italiano (Edición en castellano. Colección Paidós  Comunicación 108 Cine)

– Profondo Argento. Retrat d’un Mestre del terror italià (Edició en català)

Autor: VV.AA. Edita: Paidós Ibérica. Rústica, 23×15, 268 págs.

Publicado coincidiendo con la retrospectiva de Sitges 99-Festival Internacional de Cinema de Catalunya dedicada a la filmografía de Dario Argento.

2000

– El tiempo del héroe. Épica y masculinidad en el cine de Hollywood (Edición en castellano. Colección Paidós Comunicación 122 Cine)

– El temps de l’heroi. Èpica i masculinitat en el cinema de Hollywood (Edició en català. Colección Paidós Cine)

Autor: Núria Bou y Xavier Pérez. Edita: Paidós Ibérica. Rústica, 23×15, 234 págs.

2001

– Vida secreta de las sombras. Imágenes del fantástico en el cine francés (Edición en castellano. Colección Paidós Comunicación 131 Cine)

– Vida secreta de les ombres. Imatges del fantàstic en el cinema francés (Edició en català. Colección Paidós Cine)

Autor: Gonzalo de Lucas. Edita: Paidós Ibérica. Rústica, 23×15, 294 págs.

– Imágenes para la sospecha: falsos documentales y otras piruetas de la no-ficción

Autor: VV.AA Edición a cargo de Jordi Sánchez-Navarro y Andrés Hispano. Edita: Glénat. Rústica, 21×14, 174 págs.

– El Giallo italiano. La oscuridad y la sangre

Autor: VV.AA. Edición a cargo de Antonio José Navarro. Edita: Nuer Ediciones. Rústica, 20×13, 336 págs.

2002

– Fantipodas. Una Aproximación Al Cine Fantástico Australiano y Neozelandés (Edición en castellano. Colección Paidós Comunicación 140 Cine)

– Fantipodes. Una aproximació al cinema fantàstic australià i neozelandés (Edició en      català. Colección Paidós Comunicación Cine)

Autor: VV.AA. Edita: Paidós Ibérica. Rústica, 23×15, 222 págs.

– La Nueva carne. Una estética perversa del cuerpo

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 006, 14×21, rústica con solapas, 400 págs.

Con este título, la emblemática editorial Valdemar entra en juego colaborando con algunos de los títulos más interesantes ofrecidos con relación al festival de Sitges.

– Nosferatu. Revista de cine 41-42 Euro-Western

Autor: VV.AA. Edita: Donostia Kultura con la participación del Festival de Cinema Fantàstic de Sitges. Editado con motivo de la retrospectiva dedicada a este género. Rústica, 21×30, 298 págs.

2003

– El principio del fin. Tendencias y efectivos del novísimo cine japonés (Edición en castellano. Colección Paidós Comunicación 150 Cine)

– El principi de la fi. Tendències i efectius del novíssim cinema japonés (Edició en català. Colección Paidós Comunicación Cine)

Autor: VV.AA. Edita: Paidós Ibérica. Rústica, 23×15, 280 págs.

– El día del niño

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Rubén Lardín. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 009. Rústica con solapas, 14×21, 352 págs.

– Mondo Macabro: El cine más alucinante y extraño del planeta

Autor: Pete Tombs. Edita: Círculo Latino. Rústica, 23×29, 240 págs. con numerosas ilustraciones a todo color. Todo un festín de cine fantástico y de terror extraño proveniente de lugares tan exóticos como Pakistán, Turquía, Indonesia y Filipinas, pero también Hong-Kong, Japón y Brasil, entre otros. Una lectura imprescindible para los más inquietos y desprejuiciados lectores y demás buscadores de gemas ocultas que adaptaba y ampliaba el tomo original publicado por Brainiac Books en 1997.

2004

– Sam Raimi. De la transgresión al neoclasicismo

Autor: VV.AA. Edita: Calamar Editores. Rústica con solapas, 19×13, 176 págs.

2005

– Tiburón ¡Vas a necesitar un barco más grande! El Filme que cambió Hollywood

Autor: Ángel Sala. Edita: Círculo Latino. Rústica, 23×29, 141 págs.

 – Johnnie To. Redefiniendo el cine de autor

Autor: VV.AA. Edita: CineAsia. Rústica, 21,7×14,4, 212 págs.

 – Diez Años de Terror Asiático: 1995-2005 (Hong Kong, Japón, Corea del Sur)

Autor: VV.AA. Edita: CineAsia. Rústica, 21,7×14,4, 254 págs.

– Freaks en acción, Álex de la Iglesia o el cine como fuga

Autor: Jordi Sánchez-Navarro. Edita: Calamar Ediciones. Rústica con solapas, 19×13, 192 págs.

 

2006

– Universo Lynch

Autor: VV.AA. Edita: Calamar Editores. Rústica, 19×13, 176 págs.

– Europa imaginaria. Cinco miradas sobre lo fantástico en el Viejo Continente

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro y Ángel Sala. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 016. Rústica con solapas, 14×21, 192 págs.

2007

– American Gothic. El cine de terror USA 1968-1980

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro. Edita: Donostia Cultura- Festival de Cinema Fantàstic de Sitges. Rústica con solapas, 17×24, 414 págs.


– El demonio en el cine. Máscara y espectáculo

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 018. Rústica con solapas, 14×21, 760 págs.


– Sitges 1968-2007. Viaje alucinante. Historia de un festival en 100 carteles

Coordinado por Antonio José Navarro. Edita: Notorious Ediciones. Rústica con solapas, 20,5×29,5, 223 págs. Edición trilingüe: catalán, castellano e inglés.

2008

– El cine de ciencia ficción. Explorando mundos

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 020. Rústica con solapas, 14×21, 752 págs. La presente edición es producto de una colaboración entre el Festival de Sitges y Fanzine (XVIII Festival de Cine Fantástico -Universidad de Málaga)

– King Kong, 75 años después

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 021. Rústica con solapas, 14×21, 176 págs.

2009

– Las sombras del horror. Edgar Allan Poe en el cine

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 022. Rústica con solapas, 14×21, 272 págs.

2010

– Pesadillas en la oscuridad. El cine de terror gótico

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Antonio José Navarro. Edita: Valdemar. Colección Intempestivas 023. Rústica con solapas, 14×21, 456 págs.

2011

– The Twilight Zone

Autor: VV.AA. Edita: ScifiWorld. Rústica con solapas, 24×17, 432 págs.

 2012

– Neoculto. El libro definitivo sobre cine de culto

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Ángel Sala y Desirée de Fez. Edita: Calamar Ediciones. Rústica con solapas, 24×17, 224 págs.

2013

– Takashi Miike. La provocación que llegó de Oriente

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Ángel Sala y Desirée de Fez. Edita: Calamar Ediciones. Rústica con solapas, 24×17, 148 págs.

2014

– Pantalla Rasgada. Quince conversaciones con cineastas y escritores sobre sueños y cine

Autor: Desirée de Fez y Jordi Sánchez-Navarro Edita: Arkadin Ediciones. Rústica con solapas, 17×24, 272 págs.

2015

– Seven. Los pecados de David Fincher

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Desireé de Fez. Edita: Tyrannosaurus Books. Rústica con solapas, 15×21, 205 págs.

– Taboada

Autor: VV.AA. Edita: Tyrannosaurus Books. Rústica con solapas, 15×21, 162 págs. Este libro inauguraba una colección de libros editados por la sección Brigadoon del festival y contó con la colaboración del Mórbido Fest de México.

2016

– El imperio del miedo: el cine de horror norteamericano post 11-S

Autor: Antonio José Navarro. Publica: Valdemar. Colección Intempestivas 028. Rústica con solapas, 14×21, 528 págs.

– Donde nadie ha llegado antes

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Ángel Sala, Jordi Sánchez-Navarro y Luís M. Rosales. Publica: Tyrannosaurus Books. Rústica con solapas, 15×21, 312 págs.

– Red Planet Marx: la conquista soviética del espacio

Autor: VV.AA. Edición coordinada por Ángel Sala, Desirée de Fez y Luís M. Rosales. Publica: Tyrannosaurus Books. Rústica con solapas, 15×21, 147 págs.

2017

– 50 Sitges. 50 festival internacional de Cinema Fantastic de Catalunya

Autor: VV.AA. Edita: Fundació Sitges. Tapa dura sin sobrecubierta, 241 págs.

2018

– Michele Soavi. Cineasta de lo macabro

Autor: VV.AA. Edita: Hermenaute. Colección Janus. Edición coordinada por Diego López. Rústica con solapas, 15×21, 174 págs.

2019

– Apocalypse Domani. La década dorada de la exploitation italiana de ciencia ficción (1977-1990)

Autor: VV.AA. Edita: Hermenaute. Colección Janus. Edición coordinada por Ángel Sala. Rústica con solapas, 15×21, 260 págs.

CON EL FESTIVAL COMO ESCENARIO

Finalmente, y a modo de curiosidad, incluimos dos novelas escritas con el Festival de Sitges como telón de fondo.

– Festival de terror

Autor: Manuel Quinto. Publica: Timun Mas (1988). Rústica, 13×20, 300 págs. Publicado en edición catalana y castellana.

Sinopsis: El festival de Sitges ha comenzado. Stanley Hyde, actor de films de terror, no sabe que su vida ya ha sido puesta a precio.

– El Festival Maldito

Autor: Monica Parra Edita: Createspace Independent Publishing Platform, United States (2019) Rústica, 160 págs.

Sinopsis: La celebración de la edición número cuarenta y dos del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges se ve alterada por las amenazas anónimas de un fanático obsesionado con el séptimo arte. Pronto la prensa se hace eco de la noticia y bautiza al desconocido autor de dichas intimidaciones como «el loco cinéfilo.»Al contrario de lo que opina Richard Sedano, director del festival, el retrato psicológico trazado por la policía caracteriza a la persona que se esconde detrás de los inquietantes mensajes como peligrosa y retorcida. Por ello, el inspector Ignacio Aguilera deberá descubrir y detener al culpable antes de que sea demasiado tarde. La clave para la resolución del caso, sorprendentemente, no procederá de su labor policial, sino de su propia hija, Cata, una gran aficionada al cine fantástico, al igual que sus amigos Eduard, Fer, Silvia y Nico.

Novedades Astiberri Editorial: Febrero 2020

Astiberri anuncia sus novedades para febrero que cuentan con buen cómic y un ensayo. Unas publicaciones en las que predomina la voz femenina y que tocan temas tan variados como el humor absurdo, el embarazo no deseado y el tabú del aborto. Sin olvidar a Mauro Entriago, cuya colección de tomos recopilatorios de historias de El Jueves alcanza su decimotercera entrega. Humor, cómic social y ensayo se dan la mano en Astiberri Ediciones.

XTC69

Jessica Campbell

Blanco y negro. Rústica con solapas
120 páginas. 15 x 20 cm
12 euros
ISBN: 978-84-17575-76-2
A la venta el 6 de febrero

En esta obra metarreferencial con ecos del film Cómo ser John Malkovich, Campbell combina magistralmente el humor y la crítica feminista junto con la ciencia ficción “pulp” para burlarse del machismo y la misoginia a la vez que se ríe de sí misma.

Humor absurdo.
Una constelación del disparate en España

Mery Cuesta y otros

Color. Cartoné
296 páginas. 17 x 24 cm
24 euros
ISBN: 978-84-17575-63-2
A la venta el 13 de febrero

Este ensayo concebido por Mery Cuesta plantea una nueva mirada a las prácticas humorísticas absurdas y es también el catálogo de la exposición que produce y alberga el CA2M, de Móstoles, a partir del 30 de enero.

Heathen 2

Natasha Alterici

Color. Cartoné
112 páginas. 17 x 26 cm
18 euros
ISBN: 978-84-17575-97-7
A la venta el 13 de febrero

Aydis, la vikinga expulsada de su pueblo por besar a otra mujer, animada por la diosa del amor, navega por mar abierto para llegar hasta la tierra de los dioses. La travesía es complicada y, para sobrevivir al peligroso viaje, la brava pagana necesita la ayuda de una variopinta tripulación de mujeres-pirata y sirenas devoradoras de hombres.

Juntas en esto

Blanca Vázquez

Color. Cartoné

56 páginas. 17 x 21 cm
12 euros

ISBN: 978-84-17575-71-7

A la venta el 20 de febrero

En su primera obra, Blanca Vázquez reflexiona sobre el tema del embarazo no deseado y cómo el aborto sigue siendo un tema tabú hoy en día a través de la historia de dos mujeres jóvenes. Una en la España de los años sesenta y otra en la actualidad.

Ángel Sefija y sigue en sus trece

Mauro Entrialgo

Color. Rústica con solapas

80 páginas. 18,5 x 24,5 cm
13 euros

ISBN: 978-84-16880-49-2

A la venta el 27 de febrero

Con 19 años de presencia semanal en El Jueves, llega el decimotercer álbum recopilatorio de esta saga protagonizada por un gran observador que diserta con humor, ironía y desarmante lógica sobre los más variados temas que se le ponen a tiro.

Essex County
Edición integral

Jeff Lemire

Blanco y negro. Rústica con solapas

512 páginas. 17 x 24 cm
25 euros

ISBN: 978-84-17575-72-4

A la venta el 27 de febrero

Un estudio íntimo de una excéntrica comunidad agrícola y una tierna meditación sobre la familia, la memoria, el dolor, los secretos y la reconciliación. Seleccionada en 2011 como una de las 5 novelas canadienses esenciales de la década, se publica ahora en edición integral con más de 50 páginas de extras.

Categorías: Cómic y Manga

Ya disponible ‘El Buque Maldito’ #32

Ya está a la venta el nuevo número del fanzine El Buque Maldito, que centra la mayor parte de su contenido en la crónica de la edición número cincuenta y dos del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.

El reportaje sobre el festival viene acompañado de las entrevistas a los realizadores Michele Soavi (La befana vien di notte, AquariusEl engendro del Diablo), Juan Diego Escobar (Luz), Rudy Riverón Sánchez (¿Eres tú, papá?), Pupi Avati (La casa dalle finestre che ridonoZeder, Il signor Diavolo), Orçun Behram (The Antenna) y David Gregory (Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson).

En paralelo al certamen, la publicación contiene además una extensa y exclusiva entrevista con el realizador italiano Enzo G. Castellari realizada con motivo de su presencia en Isla Calavera 2018 – Festival de Cine Fantástico de Canarias, donde recibió el Premio de Honor.

Finalmente, se incluyen los artículos Demonios bajo túnicas de frailes, centrado en el film portugués O construtor de anjos (Luís Noronha da Costa, 1978), y Juan José Plans, la voz del miedo, repaso-fantástico a la figura del escritor y guionista Juan José Plans.

PVP: 4€ + gastos de envío. 43 páginas.

A la venta los últimos ejemplares de los números 30 y 31.

Pedidos e información: 

elbuquemaldito_zine@hotmail.com

También disponible en: 

Freaks C/. Ali Bei, nº10 Barcelona

Arkham Comics C/. Xuclà, nº16 Barcelona

El Setenta-Nou C/. Tallers, 79 Barcelona

Fantastic Films Neutrón: ¡¡Fandom-manía!!

Fandom-Manía, proyecto englobado dentro del fanzine Fantastic Films Neutrón ya lleva cuatro gruesas entregas en las que ha reseñado detalladamente todas las publicaciones sobre cine fantástico que se han publicado en España. O al menos ese es el objetivo perseguido.

Para llevar a cabo esta titánica labor su editor, Txema Gil, se ha rodeado de un amplísimo elenco de colaboradores, muchos de ellos estrechamente relacionados o responsables de las publicaciones que se comentan y el resultado, sin ser perfecto, va camino de conseguir su objetivo.

En todos los números se repescarán publicaciones que quedaron fuera de los anteriores por haberse conocido posteriormente su existencia o haber encontrado datos sobre las mismas. Profusamente ilustrados, raro es el no descubrir entre tanto dato y publicación, alguna revista que no se conocía o curiosidad. Desde Terror Fantastic a Fangoria; o desde el propio Neutrón a Amazing Monsters, todo lo relacionado con el fantástico y el terror editado en formato papel tiene cabida en estas guías, aunque los límites, en algunos casos, no estén del todo claros.

 

Novedades Diábolo: enero 2020

Novedades Astiberri: enero 2020

Nuevo año y las mejores propuestas en forma de cómic de Astiberri 

EL CINEASTA

Julien Frey y Nadar

Blanco y negro. Cartoné
184 páginas. 17 x 24 cm
19 euros
ISBN: 978-84-17575-62-5
A la venta el 16 de enero

Julien Frey investiga la vida y la obra de Édouard Luntz, un director de cine francés cuya obra desapareció misteriosamente. Sus películas fueron premiadas y seleccionadas en festivales como Cannes, Berlín o Venecia, pero su enemistad con Darryl F. Zanuck, el último magnate de Hollywood, borró todo rastro de su obra.

PERDIDOS POR EL MÁS ALLÁ

Ramón Boldú

Color (un pantone). Cartoné
112 páginas. 15,5 x 21,5 cm
18 euros
ISBN: 978-84-17575-65-6
A la venta el 23 de enero

Ramón Boldú insiste en hacer reír al personal con el peculiar relato de su vida. Se va hasta 2003 para contar en Perdidos por el más allá el inicio de una nueva relación en serio, la tercera después de sus dos primeros divorcios.

RUMBLE 5. COSAS REMOTAS

John Arcudi, David Rubín

Color. Cartoné
160 páginas. 17 x 26 cm
18 euros
ISBN: 978-84-17575-74-8
A la venta el 23 de enero

¡Comienza la búsqueda del corazón inmortal de Rathraq! Rathraq y sus amigos se embarcan, nunca mejor dicho, en un viaje para recuperar el corazón inmortal de este antiguo dios guerrero. Sin embargo, lo que se encuentran va más allá. De hecho, ¡encuentran MUCHO más!

BLACK HAMMER 4. LA EDAD SOMBRÍA. PARTE 2

Jeff Lemire, Dean Ormston

Color. Cartoné

192 páginas. 17 x 26 cm
18 euros

ISBN: 978-84-17575-55-7

A la venta el 30 de enero

¡La revelación que cambiará el mundo de Black Hammer para siempre! Tras descubrir cómo habían quedado atrapados en la granja, los seis exsuperhéroes de Spiral City han encontrado respuesta al misterio que les azoraba desde hacía una década, pero… ¿es suficiente para recuperar su paz?

Categorías: Cómic y Manga

Klowns Horror Fanzine #8 Mad Doctors ¡Ya a la venta!

28 diciembre 2019 Deja un comentario

Ya está a la venta el número 8 del KLOWNS HORROR FANZINE, revista temática publicada por KlownsAsesinos.com, que de manera exhaustiva hace un repaso a la historia del cine fantástico de terror y ciencia ficción a través de la figura del Mad Doctor. Personaje demente que a lo largo de sus más de 100 años de vida ha ido evolucionando como consecuencia de las etapas sufridas por la sociedad, como las guerras, las enfermedades, la revolución industrial o la era tecnológica, y que siempre ha mostrado una obsesión desmedida por crear vida, por lograr la inmortalidad o por tener el control del ser humano para tratar de acercarse a Dios.

Un monográfico que arranca directamente desde las obras literarias de autores clásicos como Mary Shelley, H.G.Wells, Robert Louis Stevenson o H.P. Lovecraft, y que continúa con las representaciones más influyentes de cada una de las décadas hasta nuestros días. Una recopilación en la que desgranamos de manera cronológica más de 60 películas y adaptaciones cinematográficas a través de críticas, artículos y análisis de los títulos y personajes más populares en torno a los Mad Doctors. Además, contamos con las entrevistas a Brian Yuzna y Eric Red sobre sus respectivas películas, y como siempre, cerramos el fanzine con un artículo que trata el tema fuera de la ficción.

CONTENIDO

Artículos

  • Mad Doctors ¿Dioses o Monstruos? Introducción a la temática y un repaso de los títulos más representativos de cada década.

 

  • El Mito de Dr. Jekyll y Mr. Hyde: Una Breve Historia. Ensayo sobre la obra de Robert Louis Stevenson y sus adaptaciones cinematográficas.

 

  • El Mito de Frankenstein visto por James Whale y Terence Fisher. Análisis sobre las adaptaciones más importantes de la obra de Mary Shelley bajo el prisma de James Whale y Terence Fisher.

 

  • Mala Praxis. Boris Karloff y Bela Lugosi. Interesante repaso a los mad doctors interpretados por Karloff y Lugosi durante las décadas 30, 40 y 50.

 

  • Las Adaptaciones de la Isla del Dr. Moreau. Artículo que explora la novela de H.G.Wells y sus 3 adaptaciones cinematográficas.

 

  • Mad Doctors tras la II Guerra Mundial y el III Reich. Artículo que repasa las películas de serie B de los años 50 y 60, y el cambio en éstas producciones tras el holocausto nazi.

 

  • Médicos Locos. Obsesión por la Belleza. Las perversas reconstrucciones a manos de doctores como Génessier, Orloff, Flamand o Ledgard a estudio.

 

  • David Cronenberg. La revolución del Terror. Artículo especial dedicado a los experimentos médicos en cinco importantes obras del director canadiense.

 

  • La Adaptación de Herbert West: Reanimador. Repasamos el personaje creado por H.P. Lovecraft que Jeffrey Combs interpretó en la saga Re-animator.

 

  • Prometeos del siglo XXI. Análisis y reflexión sobre las últimas adaptaciones del mito en torno a los avances genéticos y tecnológicos.

 

  • The Human Centipede Trilogy. Locura, escatología y autoparodia. Repaso a la incómoda saga creada por Tom Six y al personaje del Dr. Josef Heiter.

  • La Oscuridad de la Mente Humana. Artículo que repasa los crueles experimentos de doctores reales como Josef Mengele, Walter Jackson Freeman y Oshiro Ishii.

 

Entrevistas

  • Brian Yuzna. Un Fanático del Terror. Hablamos con el legendario director filipino sobre sus comienzos y su participación como director, productor y guionista en la saga Re-animator.

 

  • Entrevista a Eric Red. Charlamos en profundidad con el realizador estadounidense sobre Cuerpo Maldito, una libre adaptación de la novela Choice Cuts de Thomas Narcejac y Pierre Boileau.

 

Críticas

Completan este número especial las críticas de interesantes títulos que han aportado diferentes perspectivas sobre el personaje del Mad Doctor. Desde El Gabinete del Dr. Caligari, El Hombre Invisible, El Abominable Dr. Phibes, The Rocky Horror Picture Show, Los Niños del Brasil, Frankenhooker, Beyond the Black Rainbow, La Cura del Bienestar, Overlord, entre otros.

 

FICHA TÉCNICA

Formato: Din A5 15,5×21,5cm

Encuadernado: Fresado rústico con lomo

Nº de páginas: 110

Color: Blanco y negro (portadas en color)

Fecha de lanzamiento: Diciembre de 2019

PVP: 4,50€ + gastos de envío

*Camiseta de Regalo para Pedidos On-line (Promoción hasta agotar existencias)

Pedidos: klownshorrorfanzine@gmail.com

También disponible en:

FREAKS. C/ Ali bei, nº10 (Barcelona)

ARKHAM COMICS. C/ Xucla, nº16 (Barcelona)

 

Las lecturas de Serendipia: ‘Noches de Halloween. La saga de Michael Myers’

16 diciembre 2019 Deja un comentario

NOCHES DE HALLOWEEN

La saga de Michael Myers

Octavio López Sanjuán

Prólogo: PJ Soles
Portada: José Mellinas

Applehead Team, 2019. Tapa blanda, 15 x 21 Color/blanco y negro. 650 páginas.

Del escritor cinematográfico Octavio López Sanjuán ya les hemos hablado detenidamente en Proyecto Naschy. Lo entrevistamos en cuanto supimos de la publicación de Noches de Halloween y con anterioridad habíamos tenido ocasión de comentar otras de sus obras, como ¿A quien vas a llamar?, un exhaustivo repaso del universo Cazafantasmas que, actualizado y con nueva maquetación ha sido reeditado recientemente por Applehead; y  Cinezoico, un  repaso al cine jurásico editado por Roseta, obras que tienen en común el concienzudo trabajo de campo que hay tras ellos. Además de un profundo amor al cine que traspasa sus páginas.

López Sanjuán inicia su largo ensayo sobre la saga de Michael Myers introduciendo al lector en los arcaicos orígenes de la festividad del  Halloween; así como aproximándolo a los inicios cinematográficos de la carrera de John Carpenter y los hechos relevantes en conexión con la creación de su emblemática obra. Todo ello mezclado con leyendas urbanas que por entonces circulaban y que, todavía hoy, se narran como verídicas al amparo de la lumbre, algunas de las cuales contribuyeron en la creación del misterioso asesino de la máscara blanca. Asimismo, López Sanjuán ha realizado numerosas entrevistas con personas conectadas con las diferentes producciones, ya sean actores, guionistas o técnicos, integrándolas en el texto y enriqueciéndolo. Pero no piense el lector que tal profusión de datos es puro relleno o resulta extenuante. Ni mucho menos. Su lectura es amena y fluida y encamina perfectamente al lector al único objetivo del libro, adentrarlo en la saga Halloween y si es posible, transmitirle una parte de la pasión puesta por el autor en ello.

López Sanjuán sitúa cada película en su época, analizando el cine de terror contemporáneo a cada una de ellas, repasando la gestación de los filmes y analizando cada película sin caer en vacuos fanatismos. Consigue escribir un texto sobre cine que resultará por igual interesante y atractivo para el lector ajeno al conjunto de esta saga, como para el fan die hard del slasher en general y de Michael Myers, uno de sus mayores paradigmas, en particular.

Y es que podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que todo aquel que adquiera un libro de Octavio López Sanjuán puede tener la total seguridad, no solo de que ha comprado un buen libro, sino de añade a su biblioteca el mejor trabajo que se ha escrito en castellano sobre el tema.

Cabe destacar la cuidada edición y su diseño, la magnífica selección fotográfica y la estupenda portada, todo lo cual no hace más que añadir más atractivo a esta redonda propuesta.

 

 

Las lecturas de Serendipia: ‘Informe Madelman’ y ‘En busca de Totoro’

16 diciembre 2019 Deja un comentario

INFORME MADELMAN VOL. I

Jon Diez de Ulzurrun

Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24. 256 pgs. Color. 

Desde que los descubrí lo tuve claro. Cada Navidad, cuando mis padres me preguntaban qué iba a pedir a los reyes, les decía que «un Madelman». Si me decían que sí, pero que pidiera algo más, les decía con todo convencimiento: «otro Madelman». Y es que desde que tuve el primero en mis manos, toda mi alegría era poder jugar con ellos y utilizarlos para representar lo  que más me gustaba: películas.

Los Madelman eran Bruce Lee, Spiderman (bueno, Peter Parker, que para eso tenía el Mego), Drácula y cualquier personaje que deseara. Los ‘maquillaba’ y utilizaba decorados (cajas de zapato), vestuario y efectos especiales (¡bendita plastilina y lapiz rojo!). Si el Capitán América debía aparecer congelado en el polo desde la 2ª Guerra Mundial, tal y como leí en un tomo de Vértice, el Madelman se dejaba congelar durante unos días en la cubitera.

La imaginación era el complemento imprescindible para estos muñecos, que en muchos casos fueron mis mejores amigos. Luego ya uno creció. Y más tarde vinieron las increíbles figuras de acción que hay en la actualidad, pero ninguna de esas figuras puede sustituir a aquellos Madelman, que podían convertirse en cualquier personaje y con los que podía disfrutar todas las aventuras que se me pasaran por la cabeza, pues, como es bien sabido, los Madelman lo pueden todo.

Comercializados en 1968, cuando yo tenía tan solo dos añitos, los Madelman tuvieron una evolución, con diferentes modelos, equipos y accesorios. Una historia deliciosa que el especialista en el tema, Jon Diez de Ulzurrun desgrana en Informe Madelman. Estudioso en el tema y responsable de libros y documentales sobre estos hombres articulados dispuestos para la acción, realiza en Informe Madelman el más profundo estudio sobre el tema: con todos los datos y misterios; los ilustradores, la propaganda, los prototipos, los catálogos; la historia de estos pequeños hombres sin pies y sus imitaciones; secretos ofrecidos con todo el cariño que tan solo puede ofrecer aquel que escribe y publica el libro que le hubiera gustado haber encontrado  a él mismo para saber absolutamente todo sobre estos personajes.

Este primer volumen comprende toda la información referente a las Madelman fabricados entre 1968 y 1976, el comienzo de todo. De hecho son los Madelman ‘cabeza cuadrada’ y sin pies que personalmente viví y de los cuales uno ha sobrevivido y me está mirando, ahora mismo, desde mi librería. Mi favorito, astronauta en origen (las manos lo delatan) con el traje de Marinero Servico Portaaviones, el que más me gustaba porque podía pasar por un personaje normal, no era un soldado y podía ser utilizado en historias normales. O para representar una identidad secreta de algún superhéroe. O… y es curioso. No me pregunten que es lo que cené ayer, pues no lo recuerdo, pero sí les puedo decir todos los Madelman y el equipo concreto (pequeño o mediano, grande entró solo uno).

Una segunda entrega estará dedica a los Madelman de segunda generación, con pies y diferente cara, así como otras reencarnaciones. Promete ser un itinerario emocionante. Y sin duda con alguna carga de nostalgia, pues personalmente cuando pienso en lo mejor de mi niñez pienso en cuando jugaba con los Madelman, por eso es estupendo poder contar con el que va a ser EL libro para conocer todo sobre ellos y además editado por Diábolo con la solvencia de medios y calidad de impresión que les caracteriza.

EN BUSCA DE TOTORO

Apuntes de un paseo por el bosque

Sebastián Hirr

Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24. 248 pgs. Color. 

Hace un par de años Diábolo Ediciones publicaba un delicioso libro que analizaba, casi fotograma a fotograma, El viaje de Chihiro. Un laborioso trabajo que introducía y explicaba al lector muchos elementos culturales del Japón presentes en la cinta de Miyazaki que aclaraban y podían ofrecer nuevas lecturas a sus imágenes.

Aunque ya les confesé entonces y me reitero en que aquella es mi película favorita del mago japonés de la animación, la segunda que le sigue y muy de cerca es Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988), cinta que he descubierto mucho después y que todavía necesita terminar de conquistar mi alma como hizo aquella. Algo que, sin duda, este libro me ayudará a hacer.

Sebastián Hirr ofrece en estos apuntes de un paseo por el bosque, una mirada pormenorizada a ese mundo, una experiencia que para el autor «tiene la capacidad de influenciar la forma en que vemos al mundo una vez atravesamos la experiencia de mirarla.»

Y es que Mi vecinoTotoro es una oda a la naturaleza y a la imaginación, y un relato de crecimiento. Pero también es mucho más. Cuando Miyazaki llegó a mí mediante El viaje de Chihiro, un amigo me la recomendó como un viaje lisérgico muy imaginativo. Y sabía que yo entendía lo que quería decir. Mientras su hija la disfrutaba a un nivel, él encontraba otra lectura que convertía la película en una experiencia totalmente diferente. Y ahora, en el libro de Hirr, me encuentro que compara a Miyazaki con un chamán. Y yo así lo siento también. Como un chamán que acompaña al espectador por un mundo lleno de misterios y simbologías que tan solo él comprende. Y otras que este libro puede ayudarnos a entender.

Junto al autor analizaremos cada escena, deteniéndonos en las partes que, ya sea por merecer una interpretación (o más de una) o por hacer referencia a algún detalle perteneciente a la cultura oriental en general, y japonesa en particular, merece ser explicado.

Y el autor lo hará todo llevándonos por un paseo por el film. Escena a escena, de manera fluida, deteniéndose para mostrarnos lo que le parece interesante, lo que le llama la atención, lo que no hemos visto y lo que no comprendemos. Enriqueciendo la experiencia de revisar una historia que nos tiene cautivados. En sus palabras, el autor intentará «amplificar su percepción», partiendo de la base de que «lo importante no es dar con respuestas sino con nuevas preguntas que transformen en obsoletas a las anteriores.» Sin duda un atractivo juego. Y no es que saber todo sobre ella sea realmente imprescindible para disfrutar de esta maravillosa historia, pero puede ofrecer al lector una nueva visión de la película, también apasionante, enriqueciendo así el visionado de esta obra capital del cine. Un visionado que, de nuevo en palabras del autor «no nos aleja de la realidad: la reconfigura

Más información y pedidos: Diábolo Ediciones

 

 

Las lecturas de Serendipia: Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50. Momias

26 noviembre 2019 Deja un comentario

BIBLIOTECA DE CÓMICS DE TERROR DE LOS AÑOS 50: MOMIAS

Seleccionados por Steve Banes

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. Formato magazine, 144 páginas a todo color

Si la anterior entrega de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50 estaba dedicada al zombie, muerto andante moderno por autonomasia y paradigma del cine y literatura de terror del siglo XXI, el cuarto volumen, que recientemente ha salido a la venta, se centra en un muerto viviente de origen más romántico y que marcó una época a comienzos del siglo XX plena de maravillas y descubrimientos: la momia egipcia.

La leyenda que gira alrededor de las maldiciones faraónicas y la maldad inherente a estos seres se remonta a las expediciones británicas por Egipto y sus descubrimientos, más concretamente al de la momia de Tutankamon en 1921 por parte de la expedición del Museo Británico dirigida por Howard Carter, con el auspicio de Lord Carnarvon. Este hallazgo dio pie a la que se llamó maldición del faraón, creencia que se basa en que cualquier persona que profane la tumba de un faraón del Antiguo Egipto cae en una maldición por la que morirá en poco tiempo. La maldición asociada al descubrimiento de la tumba del faraón de la XVIII dinastía Tutankamón es la más famosa en la cultura occidental. Muchos autores (incluido el propio descubridor de la tumba, Howard Carter) niegan que hubiese una maldición escrita, pero algunos investigadores del caso aseguran que Carter encontró en la antecámara un sello en la pared cuya inscripción decía: «La muerte golpeará con su miedo a aquel que turbe el reposo del faraón» Por supuesto había mucha literatura en todo esto, pues no en vano unos años antes, en 1892, en el cuento El lote núm. 249  Arthur Conan Doyle abordó por primera vez la figura de una momia como elemento terrorífico, siendo el relato precursor de futuros filmes, entre los que destaca el primero de ellos y el mejor, La momia (The Mummy, Karl Freund, 1932), protagonizada por el gran Boris Karloff para Universal Pictures en la que interpretaba a Im-ho-tep, sacerdote egipcio momificado en vida que retornaba de la tumba para buscar a la reencarnación de su amada. Pero el personaje no siempre fue así de activo y romántico y pasó a ser, película tras película, poco más que un criado al servicio del malvado de turno.

Steve Banes, recupera y selecciona un buen número de historias protagonizadas por momias y las reúne en este cuarto volumen de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50. Con un extenso prologo de Banes y una introducción de Steven Thompson, el libro cuenta con un buen número de historietas inéditas en nuestro país ilustradas por Frank Giusto, Sy Grudko, Iger Shop o Bob Powell, entre otros, seleccionadas de oscuros comic books de títulos tan sugerentes como Web of Evil, The Beyond, The Thing o Spook. El tomo se cierra con un buen número de portadas de comic books reproducidas a tamaño original.

Editado, como es habitual en Diábolo Ediciones, con un papel de buen gramaje y a todo color, este tomo es una adición imprescindible para todo aficionado al buen cómic de terror.

 

Las lecturas de Serendipia: Ortega y Pacheco Deluxe Vol. 4

26 noviembre 2019 Deja un comentario

ORTEGA Y PACHECO DELUXE Vol. 4

Pedro Vera

¡Caramba!, 2019. 200 páginas. B/N y color. Cartoné. 20.0 x 25.6 cm

Hay que decirlo bien alto y sin ningún tipo de rubor: Pedro Vera es lo mejor que le ha pasado al cómic humorístico español en los últimos años. Pero también es lo más grande que le ha sucedido a los futuros estudiosos que quieran saber como era y de donde salió el español del siglo XX y XXI, pues el dibujante manchego ha sabido capturar mejor que nadie todos los guiños, costumbres y frases que nos unen, que nos aúnan, pese a quien pese, a todos los habitantes de esta península ibérica que recientemente ha validado su eterno grado de ranciedad convirtiendo, con su voto, en tercera fuerza política al paradigma del cuñao iletrado que siempre tiene que opinar sobre todo aunque no tenga ni la más somera idea de lo que habla. Ese cuñado que todos tenemos y junto al que volveremos a sentarnos durante estas ‘fiestastanentrañables‘ para escucharle decir las mismas frases y sentencias de cada año. Pedro Vera ha sabido captar la esencia de la España rancia, tanto la que palpita en la calle y  en la empresa, como la que se reúne en tascas o en la intimidad del hogar.

Naturalmente hablamos de la serie Ranciofacts, que cada semana se ofrece desde las hojas de la revista El Jueves y que ¡Caramba! reúne regularmente en imprescindibles -y muy esperados- tomos, de los que la editorial ya lleva editados cuatro volúmenes. Pero antes de la obra maestra que, sin lugar a duda es Ranciofacts, Pedro Vera creó unos personajes que ya conectaban con ese ideario cañí, Ortega y Pacheco, dos cazurros que ponían justicia a base de zurriagazos ahí donde hiciera falta: tertulianos, políticos, personajes de la jet… y todo de la manera más políticamente incorrecta, por supuesto.

Dibujante muy acertado en el arte de la caricatura, ¡Caramba!, también ha estado reuniendo en lujosos tomos la integral de Ortega y Pacheco, que se publicó originariamente en El Jueves entre 1998 y 2012 y que con su cuarto volumen llega a su final. El libro reúne todas las últimas historias publicadas en el El Jueves, muchas de ellas no incluidas en los recopilatorios Pendones del Humor. El libro se completa con mas de sesenta páginas que reúnen una larga y reveladora entrevista con el autor, en la que confirma que hay ranciofacts para largo -incluidos unos tomos recopilatorios sobre cine que prometen ser muy grandes-; además de un buen puñado de ilustraciones a todo color, cameos de Ortega y Pacheco en historietas de otros personajes y mucho más,  todo un festín para el fan de la obra de Pedro Vera en particular y del amante del cómic de humor en general. No es que la obra de Pedro Vera sea recomendable: es imprescindible.

Migoya o revienta: la entrevista (casi) definitiva

22 noviembre 2019 Deja un comentario

Foto: Johanna Valcárcel

Hernán Migoya nace en Ponferrada en 1971, pero pronto se deja caer por Barcelona y estudia periodismo en Bellaterra. En 1992 y por tanto con tan solo 20 años entra en La Cúpula, refugio de dibujantes y/o crápulas, algunos de los cuales, como Mariscal, había ascendido a los infiernos del diseño con su Cobi, que ese mismo año sobrevolaría el mundo. Hernán es contratado con la delicada misión de reflotar El Víbora, que atraviesa un bajón de ventas. Y lo que hace es renovarla buscando nuevos talentos y dando así la oportunidad a, por ejemplo, Miguel Ángel Martín, Javier Rodríguez, María Colino, Iron, Mauro Entrialgo, Álvarez Rabo, Gat, etc. También se encarga de otras cabeceras de la casa como Kiss Comix y lanza la colección Brut Comix, con la que pone a disposición de los lectores los talentos de Peter Bagge, Daniel Clowes o Chester Brown, además de nuestros Martín, Sequeiros o Juaco Vizuete. Si han leído algo de todos estos, que deseamos pensar por su salud mental que así ha sido, fue gracias a la visionaria iniciativa de Hernán, al que con todo ese lío aún le quedó tiempo para ver muchas películas… ¡cientos!… ¡miles! y realizar un extenso listado alfabético de actrices señalando todas las escenas de sus películas en las que se les puede ver un pecho o algo más, recopilando ese tórrido inventario en ¡Desnudas!, editado por Midons. Una empresa que en tiempos del VHS y, recuerden, sin internet, tenía mucho mérito.

El libro se publica en 1996 y dos años después decide abandonar La Cúpula para dedicarse exclusivamente a escribir. En 2002 obtiene el premio del Salón del Cómic al mejor guión por El hombre con miedo, con dibujo de Manolo Carot y a partir de ahí es un no parar, ya sea publicando con La Cúpula o Norma Comics, entre otras editoriales.

Realiza sus primeros pinitos en el cine rodando cortometrajes, el primero de los cuales es D.N.I en 1998. Escribe su primera novela. Y se lía parda. Todas putas, que reúne una colección de relatos que publica la editorial El Cobre, de la que era copropietaria Miriam Tey, directora del Instituto de la Mujer, recibe todos los bofetones, puñetazos y el fuego cruzado por parte de feministas y partidos de izquierda, culminando con su retirada después de que la Asociación de Mujeres Juristas Themis pida su secuestro por vía judicial. Algo escaldado escribe ensayos sobre el escritor Charles Williams y una biografía de la stripper Chiqui Marti, entre otros. Cuando salta el escándalo por su libro Hernán trabajaba en la sección Brigadoon del Festival de Sitges, que dirigió durante cuatro años y también había autoeditado la revista Ojalatemueras junto a Rubén Lardín, que publicó tres sicalípticos números centrados en cine, cómic, literatura, música, mocedades, ocio tonto y paparruchas. Así que quieto, lo que se dice quieto, no ha estado nunca nuestro amigo, que probó también a rodar un largometraje, que bautizó con un más que premonitorio título, Soy un pelele. Sucedió en 2008 y ocasionó un nuevo escándalo en su haber que culminó cuando denunció a sus productores en los medios con una carta abierta por los trapicheos realizados con su película. Unos arreglos con los que estos buscaban forrarse a base de subvenciones.

¿Y después de eso creen que Hernán tuvo suficiente?¿Piensan acaso que se estuvo quieto? Pues no, ha seguido publicando buenos comics y libros y en 2013 se instaló en Lima (Perú), donde continuó trabajando compaginando su actividad entre España, Francia, Lima y donde le llamaran. Eh…también secuestraron a su compañera durante tres días al llegar a Perú, tal y como relató exhaustivamente en la novela gráfica Plagio: el secuestro de Melina, pero oigan, aquí hemos venido a escucharle hablar a él, que para eso le hemos interrogado durante casi dos horas con la excusa de Nuevas Hazañas Bélicas, el lujoso libro que ha editado Norma Editorial del que ya les hablamos detenidamente aquí. Así que, sin más dilación, con ustedes… ¡Hernán Migoya: la entrevista!

De dónde surgió la idea de resucitar Hazañas Bélicas.

Siempre me gustaron los tebeos, también los tebeos españoles. De niño veraneaba en Villagarcía de Arosa y me pasaba horas leyendo los cómics de mi tío Juan Luis y las novelas policíacas de mi tía Mita. Él tenía muchos ejemplares de Hazañas bélicas, El pequeño luchador, Purk, el hombre de piedra… y yo de niño leía eso, en cuanto a historietas se refiere. En casa, algún retapado del TBO de los 70, en plena etapa dorada del equipo El Habichuelo, que tanto me influyeron con sus deliciosas absurdeces, y alguno yanqui a cuentagotas. Mi primer cómic no lo compré conscientemente hasta los 14 años, que ya comencé a coleccionar series Marvel contemporáneas.

Pero no sé por qué casi siempre he leído cosas pertenecientes a una generación anterior a la mía, por lo menos veinte años anterior, porque El Coyote lo leía a los doce años, en la edición de Fórum de 1983. Y de mi generación y entorno sólo he encontrado a otra persona que lo haya leído, el coordinador editorial Alejandro Viturtia. Y mi libro sobre el autor clásico de novela negra Charles Williams suele ser valorado por personas quince o veinte años mayores que yo, porque El arrecife del Escorpión y otros títulos señeros del género que sacó Bolsilibros Bruguera y El Club del Misterio los leían adultos: yo en cambio los leí desde los 10 a los 13 años, básicamente. O El increíble hombre menguante y Soy leyenda, la cumbre cincuentera de Richard Matheson, antes de los quince tuve la suerte de que cayeran en mis manos: para mí eran libros juveniles. Así que sí, creo que tengo una sensibilidad especial hacia la cultura popular añeja: siento más curiosidad por lo que existía que por lo nuevo que llega, porque además con el tiempo por medio es más fácil diferenciar el oro de la morralla, así como

«Foto con Will Eisner tomada en 1992 en la ComiCon de San Diego. Llevo una camiseta de El Mazas, personaje del autor Gambarte que guionicé para él una temporada para el Makoki y que significó mi primer guion profesional publicado»

contextualizar la obra. ¡Y el pasado cultural olvidado es una mina inagotable! La gente que sólo consume obras de su época termina creyendo que la moral predominante es cosa de siempre. Pero lo malo de mi formación cultural es que casi todos mis héroes y heroínas ya están muertos… Por cierto, llevo especialmente fatal la ausencia reciente de dos grandes de la cultura pop como George Michael y Tony Scott, no me acostumbro a vivir en un mundo sin nuevas obras suyas. Solía creer que los profesionales del cómic son olvidados antes, y me fuerzo a mencionar siempre que puedo a guionistas de referencia como Carlos Trillo y artistazos como Didier Comès, pero en realidad nos acabamos olvidando de todos por igual, independientemente de la mayor proyección que haya tenido su medio o carrera (Brian Clemens es otro héroe personal caído hace poco, el guionista televisivo de las series Los vengadores y Tensión), porque lo que conservamos muchas veces de ellos no es su obra, sino solamente una cáscara. La sociedad ni siquiera lee a los clásicos, sólo respeta su reputación: pero la mayoría no están vivos dentro de sus urnas. Por eso le tengo más pánico al olvido que a la muerte. Cuando era niño y quería ser escritor, creía que la obra quedaba: pero la obra también se esfuma. La vida es un continuo insoportable que borra los pasos de nuestros maestros con una celeridad de vértigo.

Siempre  los clásicos: Galería de personajes de una precuela del Corsario de Hierro que nunca salió adelante: ‘El Corsario de Hierro: los años dorados’, con dibujo de César Carpio.

Y finalmente en eso coincidía con el editor de Nuevas Hazañas Bélicas, Joan Navarro: cuando comencé a colaborar con Glénat vimos que ahí compartíamos una afinidad de gustos por el tebeo antiguo. Yo había coleccionado de adolescente la etapa de El Capitán Trueno que él coordinó, la dibujada por el grandioso Luis Bermejo. En folclórico contraste con sus convicciones independentistas, considero que Joan Navarro es la persona que más sabe de tebeo español y al que más le apasiona: siempre me gustaron las personas así, con rasgos chocantes en su personalidad, y adoro esas particularidades en él. Así que juntos empezamos a soñar a inicios de esta década con la idea de remozar viejos éxitos tebeísticos, como hacen los yanquis, e intentar ponerlos de nuevo de moda, o al menos darles nueva carta de vigencia para que las generaciones de hoy los conozcan, no dejarlos como anécdotas de un pasado que en nuestro país siempre cae en el limbo antes de tiempo.

En realidad mi primera idea como editor para Navarro fue proponerle un equipo artístico con el que resucitar El cachorro de Iranzo, que de niño era mi personaje favorito de los tebeos. De hecho siempre me ha sorprendido que Iranzo no esté superreeditado, es un autor muy interesante y está demasiado sepultado en nuestro presente cultural. Entonces organicé un pequeño equipo con Santiago Arcas al frente, pues es uno de los pocos guionistas, más o menos de mi generación, con cuyas inquietudes me identifico de pleno. Y me hubiera encantado que hubiéramos editado El Cachorro con su concepto y guion, pero el propietario de los derechos del personaje pedía una barbaridad de dinero, una suma absolutamente ridícula en comparación con la demanda que hay de tebeos de El Cachorro en la sociedad española (risas). Río por no llorar. No se pudo hacer y fue una lástima, pero vimos que Hazañas Bélicas era mucho más factible, así que se lo propuse a Navarro.

Una de las primeras ideas «goyescas» de Daniel Acuña para la portada de ‘Nuevas Hazañas Bélicas’

¿Y por qué la particularidad de situar la nueva etapa en la guerra civil española?

Comencé a releer los viejos Hazañas Bélicas y repasando e investigando los números de Boixcar pensé que lo que molaría sería situar la nueva versión en nuestra guerra civil. Ese fue el germen. El concepto real. Primero escribí dos álbumes situados en el contexto de la II Guerra Mundial pero con protagonistas españoles: una monja catalana que se alista en la División Azul para encontrar a sus violadores (Unidos en la División, con dibujo de Bernardo Muñoz) y un republicano asturiano que va a Hendaya a matar a Franco y Hitler (Dos águilas de un tiro, con dibujo de Beroy, Joan Fuster y Perro). Esos dos álbumes ya incluían de regalo los dos primeros cuadernos apaisados, que contaban el origen de los personajes, con dibujo de Diego Olmos y Joan Marín, respectivamente. Y entonces me puse a escribir más tebeos apaisados para su propia colección.

La idea de partida para Dos águilas de un tiro procede de la historia real de mi tío abuelo Vicente García, quien presenció el fusilamiento de su padre -mi bisabuelo- y su hermano por los franquistas y se pasó ocho años preso en un campo de concentración en el Bierzo; Unidos en la División, en cambio, nació de una anécdota extrañísima que me sucedió en Barcelona hace diez años: un día ejercí de guía nativo para un amigo estadounidense y, al cruzar de camino hacia las Ramblas frente a la Parròquia de Betlem de la calle del Carme, decidimos entrar y me agencié un folleto municipal para explicarle sobre la historia particular de esa iglesia, historia que yo desconocía. El folleto, impreso por el ayuntamiento, destacaba las riquezas artísticas, retablos y pinturas de la iglesia, para a continuación informar de que “lamentablemente, un incendio en los años 30 destruyó ese patrimonio por completo”. Yo le traduje la explicación a mi amigo yanqui al pie de la letra y, hasta varios minutos después de leído el folleto, cuando ya andábamos tan campantes por la estatua de Colón por lo menos, no caí en la cuenta de que ese “incendio en los años 30” no podía ser más que un pillaje en toda regla típico de los disturbios de la guerra: ¡en plena democracia, mi ayuntamiento había convertido un acto de violencia en un accidente! Ahí comprendí que el veneno de la mentira histórica y el embellecimiento del pasado puede ser un vicio inoculado en todos. Y de resultas empecé a coquetear con darle el protagonismo de mi segundo álbum “bélico” a una monja barcelonesa. Y así nació Àngels, uno de mis personajes favoritos de la colección.

Decidí situar las Nuevas Hazañas Bélicas en ambos bandos porque tal premisa me ofrecía una ocasión única de bucear y explorar sin miedo en todas las motivaciones bajo el manto de la guerra: y como autor que juega limpio, honestamente no puedes resignarte a que los individuos de un bando sean buenos sin matices y todos los otros caricaturas. En mi infancia me impresionó muchísimo El puente, la película de Bernhard Wicki: me dejó muy tocado esa historia real de unos chicos alemanes enrolados a la fuerza en su escuela para suplir las cuantiosas bajas de su ejército. Me parecía insólito poder asomarme a sus tragedias entra tanta película bélica y tópica de Hollywood. También me acordaba de cuando vi de niño El fuera de la ley [1], la película de Clint Eastwood en la que hacía de forajido confederado enfrentado a un grupo de yanquis que viola y mata a toda su familia: la novela, por cierto, publicada recientemente por Valdemar en su colección Frontera, que tan brillantemente coordina Alfredo Lara, es buenísima.

Entiendo que cualquier autor, cualquier artista, narrador o escritor tiene que ponerse en la piel de todo tipo de personaje sin cosificarlo ni deshumanizarlo de partida, da lo mismo que este personaje vista un uniforme sudista o yanqui, sea franquista o etarra: lo entiendo así y lo veo natural. Hasta Marlon Brando hizo en 1958 de militar nazi en El baile de los malditos y los sectores más retrógradas le reprocharon que su retrato era demasiado “simpático”: como si, para empezar, un monstruo no pudiera ser simpático en apariencia (lo más denunciable de su actuación en realidad era ese horrible teñido rubio que se hizo…).

Tampoco he sentido nunca que un personaje esté obligado a representar a todo un grupo: soy demasiado individualista para eso, igual que no me siento parte de ningún colectivo. Digo anecdóticamente que soy charnego porque me siento mestizo de muchas culturas y porque abogo por el mestizaje cultural y social: el mestizaje es mi única causa. Pero en cualquier caso, supone un reto para un autor que el lector entienda cualquier personaje suyo y comprenda sus motivaciones internas, si son dignas de comprender; o comprenda lo abominable de su interior, cuando es el caso, sin necesidad de darlo por sentado al recurrir a clichés: mi ficción apunta de entrada a que el germen de la monstruosidad está dentro de todos nosotros. Y que los monstruos conviven con nosotros como personas normales. Por eso la era de las redes sociales significa el momento dorado para todos los lobos con piel de cordero, donde fingir que eres buena persona y estás del lado correcto es lo único que importa.

Así que para mí fue un ejercicio lógico desde el punto de vista creativo fabular historias con protagonistas desde ambas perspectivas. Ya lo volvió a hacer el propio Eastwood en su díptico sobre la II Guerra Mundial, desde la óptica gringa y la japonesa; o uno de mis cineastas favoritos, Paul Verhoeven, contando una historia de amor entre una miembro judía de la Resistencia holandesa y un oficial alemán en la extraordinaria El libro negro. Además, en las Hazañas originales había una Serie Azul y una Serie Especial, que era de color rojo, así que en nuestro caso tenía todo el sentido. Recordé las novelas que me impresionaron de niño de Sven Hassel y Tom T. Chamales sobre lo que era la guerra y cómo ellos escribían desde el punto de vista de los pacifistas, de los excluidos, de los parias, y eso me sirvió también. O el Tuareg de Vázquez-Figueroa, que es una maravilla.

Escribiste dos guiones por mes para Nuevas Hazañas Bélicas durante todo un año.

Resultó una experiencia muy interesante, porque fue a partir de ahí cuando comencé a documentarme y leí el que para mí es un libro fundamental sobre la Guerra Civil, El laberinto español de Gerald Brenan, que nos retrata como si nos hubiera parido. Debería ser lectura recomendada en los institutos, puesto que prevé muchos de nuestros futuros tics de conducta. Ahí te das cuenta de que obtener la visión de una sociedad desde fuera siempre resulta un ejercicio muy sano: ese ensayo entiende muy bien lo que nos sucede y cómo los extremos en España no solo se tocan, sino que en ocasiones también se merecen el uno al otro. Brenan hace hincapié en hasta qué punto estamos marcados por el catolicismo, por la noción interiorizada del bien y el mal sin matices, por el pecado y la pureza, por la demagogia, por el afán de opinar con absolutos, destruir y proyectar negatividad sobre cualquier anhelo de construcción… y cómo demonizamos al que piensa distinto con reacciones algo primitivas. O sea, por qué somos casi todos un hatajo de radicales fanáticos cuando hablamos de política. Y eso, siempre con matices, lo hacen los dos bandos: el franquista de base, puesto que para empezar la suya ya es una ideología totalitaria; y parte del bando republicano también, dado que muchos no albergaban ningún interés en respetar la voluntad de una sociedad conjunta. La cuestión es que me pareció muy interesante meterme en la piel del otro y ver adónde me podía llevar…

En Nuevas hazañas bélicas se incluyen multitud de historias sobre las atrocidades cometidas por los nacionales, la futura España dictatorial, pero intenté abarcar un rango tonal un poco más amplio. Así, cuando escribes la Serie Roja, te das cuenta de que te posicionas mucho más contra el abuso moral y planteas historias que proponen una fuerte toma de conciencia, con las que humanamente te puedes identificar por completo… Pero la épica despiadada, los bajos impulsos sin justificaciones morales, te pedía a veces la Serie Azul. Ese lado irracional y salvaje que tenemos y que quemamos viendo películas anglosajonas, perfectamente aceptables hoy por nuestra sociedad porque las despacha el imperio de nuestros días, los EEUU, nación de “pioneros” que cuenta con una tradición cotidiana en el uso de la violencia y de la imposición por la fuerza mucho más interiorizada y aceptada oficialmente que la sociedad española. Por eso generan títulos de crueldad nihilista pero espíritu lúdico como Harry el Sucio, Rambo, The Punisher o John Wick. Es decir, con nuestro prisma moral, tú ves ese cine USA desde los tiempos de Murieron con las botas puestas[2] y es superfacha. Si nosotros hiciéramos algo similar, nos acusarían de glorificar la violencia de un modo inaceptable.

Paradójicamente, podemos decir que Conan el Bárbaro es una gran película, pero si fuera española nadie se atrevería a decir que le gusta, renegaríamos de ella en cuanto el héroe empezara a pronunciar ese parlamento de “¿Qué es lo mejor de la vida? Aplastar enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres…”. ¡A ver quién se atreve a presentar un guion así a las subvenciones! Lo triste es que lo que celebramos con espíritu abierto e inteligencia para relativizar si viene de fuera, lo sancionamos indignados si nos llega de dentro. Las fantasías violentas solo son aprobadas si proceden de los canales aceptados por años de imperialismo interiorizado. Pero Frank Miller es mucho, muchísimo más radicalmente reaccionario opinando que aquí lo era un Arturo Fernández, por ejemplo: si no aguantas lo que decía el segundo, tendrías que denunciar lo que dice el primero. Y al lado de James Ellroy, Pérez Reverte es el Che Guevara. Así que me parece bien que los progres de postal del mundillo del cómic pierdan ahora el culo por tomarse una foto con Miller… pero serían los mismos que promoverían su veto como autor si hubiera nacido en nuestro país. De hecho, ya estaría vetadísimo.

Opinando uno puede nadar y guardar la ropa cuando habla de un autor estadounidense o inglés porque desde hace décadas nos sentimos inferiores a ellos -por eso siempre hay gente que se mata por descubrir lo último que está de moda en la industria anglosajona, aunque provenga de su cultura rural (la que si es española denominamos “caspa” sin derecho a réplica), porque siente que eso le eleva sobre los demás-, pero no admitiríamos lo mismo si el autor fuera de aquí. ¿Quién celebraría sin miedo ni reticencias a un Chesterton cañí, tan catoliquísimo y superconservador como era? Tendríamos que mofarnos de él para ser aceptados en la tribu cultural.

O por ejemplo Érase una vez en Hollywood, el notable filme de Tarantino. Si fuera español, recibiría aún más palos de los que ya está recibiendo en los USA: se sumarían además las acusaciones de visión complaciente y sin una sola crítica a Hollywood como industria de masas; la de otorgar un protagonismo heroico a dos patanes blancos conservadores, mientras la visión ofrecida del hipismo y cualquier pensamiento subversivo es totalmente negativa; la de recreación nostálgica de una era completamente heterohedonista -¿dónde está el Hollywood gay?- y de un sector privilegiado y despreocupado socialmente; es más, la única mención a la tragedia del Vietnam sale de la boca de una menor dispuesta a regalar sus favores sexuales y con el cerebro lavado por una secta asesina… Lo que más me intriga de todo sería comprobar cuántos de mis paisanos defensores del filme echarían a su director a los perros si el tipo hubiera nacido en Vallecas. Somos muy miserables para los nuestros.

Y esa es la situación anómala, esa especie de sectarismo por el que no puedes ponerte en la piel del otro porque está prohibido por tu propia cultura, si ese otro pertenece a nuestra sociedad. Pero si está bendecido por los USA no pasa nada y nos permite además dárnoslas de enteradillos. Así funcionamos.

Por ejemplo, en la progresía española no encontramos aceptable el patriotismo como motivación legítima de un protagonista (como lo es en James Bond, por ejemplo), a no ser que ese patriotismo provenga de la periferia. En España los únicos que hacen simbología épica del acto de guerrear son la derecha franquista y cierto independentismo (aún recuerdo al empresario y presentador catalán Miquel ‘Mikimoto’ Calçada proclamando con fe ciega en TV3 en los años 90 que él estaba dispuesto a “morir por mi patria”: yo que era superfán de su etapa televisiva, me quedé traumatizado con esa declaración tan a lo José María Pemán…). Me refiero a esa simbología épica que también poseen Estados Unidos y Gran Bretaña en su cultura, como potencias colonialistas que son. Por eso la épica per se la delegamos en Hollywood.

Y así se entiende por qué casi no hay género épico en España desde hace 30 o 40 años. Todo lo que rodee al Cid y a figuras épicas “unificadoras” a lo Alatriste se considera una caspa derechona. En la tele hemos tenido a Curro Jiménez y a Águila Roja, que más allá de la eventual ridiculización de los invasores franceses en el primer caso, hacían épica basada sobre todo en la lucha de clases, nuestra causa por antonomasia, y sin exaltación patriótica: o luchas y matas recalcando que es en favor de los pobres o aquí no te dan el sello de aprobación moral. Por eso oficialmente abundan las historias desde la óptica del victimismo -dado que a la cultura de invernadero promovida por el Estado también le interesa mostrarse de continuo del lado del “pueblo”, tomado el concepto de pueblo desde ese sentido compasivo y algo maniqueo que lo percibe como una masa pseudorrevolucionaria, aunque luego resulte que en nuestro caso el pueblo nos salió más inmovilista y conservador de lo que pensábamos-. Por su parte, las comunidades autónomas llevan una década produciendo material épico autóctono muy interesante, productos televisivos divertidos, al menos en el caso catalán, como Serrallonga o Bruc el desafío o ese fantástico espagueti western que fue la versión de Terra baixa dirigida por Isidro Ortiz. Y tenemos un superescritor independentista como Albert Sánchez Piñol. El nacionalismo catalán y vasco pueden generar todavía obras épicas muy chulas en terrenos que desde hace décadas ya le están vetados al nacionalismo español por desacreditación de su concepto. Sólo Pérez Reverte está ahí solo, escribiendo géneros sin complejo y con éxito arrollador, un fenómeno insólito en sí mismo. Bueno, y en cómics tenemos nuestros mejores héroes épicos: el Capitán Trueno, El Jabato y el Corsario de Hierro, cortesía del catalán Víctor Mora. El Corsario es el que me tocó a mí generacionalmente. La vida española sin los dibujos de Ambrós hubiera sido mucho más gris.

Eso sí, todavía no hemos llegado al extremo gringo de John Wick, donde el héroe de la película puede ser un asesino a sueldo y matar a dios es cristo porque ya ha demostrado amor por un perro. A nosotros nos queda todavía un largo camino…

¿Cómo fue el proceso de documentación de Nuevas Hazañas Bélicas?

De partida, traté de explorar más allá de lo superficial: busqué episodios curiosos de la Guerra Civil que no fueran los de siempre y, según su naturaleza, los conducía a una representación realista o a la más pura sátira, incluso al delirio. O, como dijo la única voz crítica que se ha posicionado en contra de las Nuevas Hazañas Bélicas, “no es pulp, ¡es un desmadre!”. Lo cual en sí es una frase gloriosa que me gustaría que añadieran como faja promocional en la portada del cómic. Me hubiera encantado poder regalar un ejemplar a Berlanga y a Armando Matías Guiu; pero bueno, a cambio tengo un prólogo de uno de mis maestros, Enrique Sánchez Abulí.

Por ejemplo, desde el inicio quería confeccionar específicamente un guion sobre el Alcázar de Toledo, así que probé a plasmarlo bajo un punto de vista centrado en la escaramuza bélica. Pero al final, cuando ahondé en el drama humano desencadenado dentro… Era imposible no subrayar el destino de las víctimas republicanas atrapadas allí. De esa base surgió Con el Moscardó tras la oreja, con espléndido dibujo de Kim.

 

La inspiración para otros guiones la busqué por internet, en libros… Mi padre colecciona muchos ensayos sobre el tema, pues le encanta leer sobre la Guerra Civil, sobre todo desde la perspectiva comunista. Así que si yo encontraba alguna anécdota interesante la investigaba y de ahí veía cómo podía llevarla a mi terreno. Luego descartaba las que veía 100% claras, las que pensaba que iban a salir muy planas, las que iban a parecer un cómic con buenos y malos de una pieza, subrayando lo obvio… Creo que los únicos villanos de una pieza que incluyo son el golpista Queipo de Llano y el falangista Yagüe, el “carnicero de Badajoz”. ¡A esos no los humaniza ni Dios! Pero por lo demás se trataba de darle la vuelta a cualquier amenaza de situación trillada, ya sea desde el punto de vista satírico o épico. Y luego adaptarlo al dibujante: ésa era la segunda fase del proceso.

Alguna vez el cuerpo me pedía algo de acción, otra algo más de humor negro o incluso coqueteamos con el romance. La cuestión era jugar, bailar, “orgiar” con los géneros.

¿Fue fácil contar con la colaboración de tantos grandes dibujantes?

Fue asombrosamente fácil. La mayoría aceptó jugar, creo que porque ya casi no hay cultura de evasión en el cómic de hoy que no sea derivativa del cómic comercial USA. Ahora lees una maravilla como ¡Universo! de Albert Monteys y de pronto te das cuenta de la cantidad de años que el cómic español lleva dándole la espalda al tebeo de puro entretenimiento. He sido muy afortunado de contar con tantos talentos de nuestra historieta. Lo siento, tengo que mencionarlos a todos: Daniel Acuña, Monteys, Seguí, Calpurnio, Cels Piñol, Danide, Diego Olmos, Edmond, Javi Fernández, Escandell, Joan Marín, Juaco Vizuete, Juanjo Sáez, Kano, Keko, Kim, Miguel Ángel Martín, Miquel Fuster, Natacha Bustos, Pedro Rodríguez, Pere Joan, Sequeiros, Enrique Ventura… Después de haber trabajado con semejante plantel de estrellas, mejor ya retirarse, ¿no?

Una vez escogido el autor, yo pensaba el tipo de historia para adaptarme a él, porque eso sí lo tengo muy claro: el guionista está al servicio del dibujante, así que tienes que adaptarte a su narrativa, a su estilo, a lo que ves que es su fuerte a nivel dibujo.

Empecé trabajando con los dibujantes que tenía a mi lado, con los que ya me había emparejado profesionalmente y sabía que me entendía bien: Vizuete, Marín, Piñol… Otros los propuso Navarro, como Kim, Calpurnio o Pere Joan. Pere Joan y yo estamos en las antípodas de intereses, de estéticas y gustos, y precisamente el que dibujó es uno de los episodios con el que más satisfecho estoy, Rossi de Palma. Fue con quien más me costó encontrar el tipo de historia que le pudiera encajar, porque su grafismo es muy personal, poético y surrealista. No quería cagarla presentándole un planteamiento que no estuviera a su enorme altura artística. Y así acabamos llegando a esta historia semiabsurda del Conde Rossi, que además se basa en un suceso real: un caudillete italiano, excreción del Fascio mussoliniano, que sometió Palma de Mallorca y organizaba desfiles en su propio honor al que sólo podía asistir la población femenina, bajo amenaza de fusilar a cualquier hombre que asomara.

«Aquí con parte del equipo de dibujantes de Nuevas Hazañas Bélicas: Joan Marín, Kim, Pedro Rodríguez y Sequeiros. La foto es de Flor Castellanos»

¿Qué ha supuesto para ti en lo personal esa exploración de las dos Españas?

Pues me he dado cuenta de que soy mucho más de izquierdas de lo que me había atrevido a confesar ante mí mismo. Casi diría que soy de izquierdas a mi pesar, porque al provenir de la clase baja y proletaria de extrarradio, le tengo mucha rabia al entorno de izquierdismo de salón que me encontré en una parte significativa del mundo cultural metropolitano. Me hacían sentir como el protagonista emigrante de América, América de Kazan, cuando contempla a las parejas pijas que bailan en la cubierta del barco donde él viaja hacinado y en la mayor miseria. Realmente no he tenido nunca contacto vivencial con el facherío ni la ultraderecha, ni siquiera familiarmente he vivido situaciones de intolerancia o imposiciones, pues mis padres son rojos de origen rural que siempre me dejaron elegir lo que deseaba hacer. Sólo conozco al pijo progre citadino, inevitable en mi entorno gremial. Y contra ese estereotipo reacciono visceralmente, pero luego confronto mis convicciones y resulta que en mi trayectoria personal he sido mucho más de izquierdas e íntegro que ellos y por eso me cabrean. Aunque sigo pensando que los artistas no deberíamos poder votar por ley, estamos demasiado locos.

En verdad soy demasiado ácrata para cualquier ideología. Estoy a favor de la diversidad cultural y sexual, de la libertad absoluta de creación sin barreras, apoyo la inmigración, la educación gratuita y la sanidad pública (viviendo en un país casi sin estado como el Perú, esos detalles se aprecian), pero encima soy apátrida: a mí me pones una bandera en la mano y me entra la risa, no lo puedo evitar. Todas las banderas son patéticas, porque todas son excluyentes. Ah, y ateo: no creo en Dios y, si Dios existiera, consideraría mi deber el combatirle. Todos los artistas, los interesantes al menos, somos ángeles caídos y debemos escupir al poder establecido.

A ver, tampoco es que ningún grupo político haya querido exhibirme a su lado, porque soy como ese soldado que vuelve a su patrulla con una granada sin espoleta en las manos… Todos los partidos me quieren lejos, por suerte para mí. Siempre he sido un punk de corazón y tanto la izquierda como la derecha lo han advertido intuitivamente. Por fortuna, porque me daría mucho pudor tener que confesar que soy de izquierdas y arriesgarme a que me confundan con uno de esos niñatos calvos de 50 años que votan a Podemos y luego lloran viendo una peli del Capitán América… ¡Qué horror! Eso sería como ir a una manifestación contra la explotación infantil vistiendo ropa de Nike de la cabeza a los pies. Como dirían en España, “un poquito de por favor”… O como dicen en el Perú, “¡tampoco, tampoco!”.

Como no tengo pareja ni descendencia ni la tendré, me siento un nihilista desapegado de un “futuro esperanzador”. No me importa el futuro y detesto cualquier fundamentalismo, proceda de donde proceda. Sospecho que yo en la Guerra Civil hubiera luchado junto a los anarquistas: pero sí me hubiera puesto uniforme, por pura coquetería. O sea, hubiera sido un anárquico entre los anarquistas y ellos mismos me hubieran fusilado por desacato a su autoridad. (¿A quién quiero engañar? Hubiera desertado, pero no por pacifista, sino de puro cobarde.)

Ya desde el arranque de Nuevas Hazañas Bélicas me di cuenta de que cogía las reglas del bando azul y las subvertía de alguna manera, como en el primer episodio, dibujado por un Diego Olmos en estado de gracia, Furia Roja, con el que en realidad, con una fanfarria, una caligrafía solemne y unas reglas narrativas del cómic franquista de los años cuarenta y cincuenta, hemos construido un romance interclasista de lesbianismo y una reivindicación de la tolerancia sexual. Ese punto de giro también me gusta mucho, “it’s so you”, como decía Freddie Mercury.

A mí me gusta mucho meterme en voces narrativas que sean hijas de puta y que no resulten necesariamente simpáticas para el lector, por eso genero tantos problemas. Así, en Furia Roja me meto en la voz de un narrador que es un Matías Prats Senior extirpado de los deportes, un portavoz franquista con el tono mayestático de los imperialismos, pero a la vez un subtexto con el que el lector va descubriendo que estamos ironizando, porque se ve claramente que lo que se cuenta es una historia de amor entre dos tías, y que ahí hay “marro”… Me gusta mucho ofrecer en ese contexto una apariencia de cómic antiguo, superrancio y carrinclón, y luego insuflar una vidilla subterránea que diga que aquí hay algo más: ¡la vida es otra cosa!

Hay muchos juegos ahí dentro. Y no es necesariamente el subtexto de una mentalidad moderna: la tradición cultural está repleta de ejemplos de la época donde se ve esa “vida real”. Sin ir más lejos, el beso que le propina Marlene Dietrich a una espectadora en Marruecos, ¡nada menos que en 1930! O las novelas gays que publicaba hace un siglo nuestro Álvaro Retana, a quien homenajeo en el último ‘Carvalho’. Hoy día me paso la vida leyendo novelas y viendo películas de siglos anteriores y descubriendo esas aguas cristalinas recorriéndolos. Cada noche miro películas que yo llamo “de fantasmas”: anteriores a 1940, donde todos sus participantes, intérpretes y responsables ya están muertos. Me generan mucha paz.

En un episodio parodias Tintin para contar la vida de Juan Antonio Samaranch.

Reconozco que no soy muy fan de Tintín -ya desde niño me mataba de aburrimiento-, así que me hizo mucha gracia disfrazar a Samaranch del héroe asexuado de Hergé. Me apetecía matar dos pájaros de un tiro. Destrozar dos personajes (risas) que no me caen bien, Tintín y Samaranch. Ambos cumplen sendas paradojas que no lo son tanto: uno, personaje tradicionalista y blanco en todos los sentidos, se erigió como héroe predilecto de la élite cultural progreurbanita europea; el otro, exfalangista y franquista no arrepentido, logró los Juegos Olímpicos para Barcelona y paradójicamente inició el proceso que la ha convertido en la megaciudad símbolo de la modernidad y el buenrrollismo, así como del turismo mundial. Hace seis años que no vivo allí y no extraño mucho eso de Barcelona… ¡pero sí sus fabulosas bibliotecas!

Lo de Tintín y Samaranch fructificó en una mezcla muy bonita gracias a su dibujante, Joan Escandell, quien además cuenta con 82 años: trabajar con un señor que dibujó tantas Joyas Literarias Juveniles para Bruguera fue un privilegio. Y se adaptó al grafismo con una gracia e ilusión propias de un dibujante veinteañero.

¿Qué te faltó por hacer en las Nuevas Hazañas?

Me gusta mezclar tonos y llevar mis voces narrativas hasta la esquizofrenia, lo cual crea un recipiente donde caben muchos artistas. Yo quería también escribirle una historia a Purita Campos, a la que admiro como artista y como temperamento, pero fue imposible porque estaba atadísima a Esther y su mundo. Me hubiera encantado que Acuña se hubiera lanzado, además de con las portadas, a dibujar también un cómic. O Irene Roga, la mangaka. Me faltó que hubiera un manga en Nuevas hazañas bélicas y admiro muchísimo el estilo de Irene, para mí ella es la Miguel Ángel de nuestro cómic. O los magníficos dibujantes españoles que dibujan superhéroes: Carlos Pacheco, David Aja, Mikel Janín, Jorge Jiménez. Daría un brazo por escribirle un guión a José Luis Munuera. Y el torso por escribirle otro a Alfonso Font. También fue mi primera toma de contacto con Tomeu Seguí y ahí vi lo bien que trabajaba, así que hice lo posible por volver a ser su pareja artística y de ese precedente surgió lo de Carvalho[3].

Y claro, sueño con que Nuevas hazañas bélicas tenga continuidad. No lo he hablado nunca con la gente de Norma Editorial, pero si esto funcionara me encantaría escribir otra tanda de historias de la guerra civil. Por ejemplo, ahora que he vuelto a trabajar con el dibujante Manolo Carot, con quien gané mi segundo premio en el Salón del Cómic de Barcelona y con el que este año acabo de publicar en Francia el álbum Venus Pop, no paro de pensar en que le podría escribir un superhistorión de Nuevas Hazañas Bélicas.

Hay un sector del establishment en el mundo del cómic al que no le interesan las visiones controvertidas, porque les pone a ellos también en un compromiso, y muchos quieren llevarse de maravilla con las instituciones públicas para vivir de ellas. Así que básicamente hacen como si no existiéramos los que vamos por libre. Aquí se aplica la ley del silencio a todo lo que el ministro de Cultura de turno no le pueda poner su sello de aprobación para regalarle una medallita al autor y hacerse la foto con él. Todo lo demás molesta. En el fondo el estatus cultural que tenemos es muy biempensante y asustadizo y en cuanto te sales un poco rebrota aquello de “ya está el Migoya haciendo una de las suyas”. Y te silencian completamente. Averigua en cuántas antologías/exposiciones del cómic español me han incluido en mis 30 años de carrera y, si me ves en alguna, avísame. Luego, eso sí, todo sonrisitas conmigo. Cuando los veo, pienso el viejo dicho que una vez leí a Stephen King en los 80: “Si me vas a mear en la pernera, no me digas que está lloviendo”.

¿Qué personajes históricos te impresionaron en el curso de la documentación?

Cuando comienzas a investigar la Guerra Civil te das cuenta de que hay pocos realmente admirables, a los que te puedas aferrar con la mentalidad antibélica que hoy tenemos. En mi caso fue Manuel Azaña el que para mí marcó un poco la diferencia con el resto. Azaña tenía una conciencia clara de lo que estaba pasando e intentaba, con unos valores demócratas, llevar la cosa adelante. Pero aquello era un torbellino de pasiones, de sangre y fuego. Es imposible reflotar un país cuyas comunidades sólo están unidas por el pegamento del odio entre sí. He de añadir que si mi carrera como cineasta continuara, me hubiera encantado llevar al cine la historia de los amores homosexuales de Azaña.

 

Desde niño siento simpatía por Federica Montseny, por su look de empollona gafotas como era yo también, por su antiestatismo, su frenética labor en el poco tiempo que fue ministra y porque escribía novelas rosas. Y también le tengo cierta simpatía chancera a Millán Astray. Es un personaje esperpéntico digno de Valle Inclán, lo cual demuestra que por no ser, la épica española no tiene derecho ni a ser estética. Me parece un espantajo como persona real, pero como personaje seduce su entrega a la guerra. Él lo único que quería era guerrear y ya a los 17 años se fue a Filipinas a pegar tiros. Y todo eso desde la distancia y desde el punto de vista romántico y literario resulta muy atractivo.

A mí cuando escribo me pone la épica, me ponen las películas de John Milius y de Sergio Leone, los cómics de Frank Miller y Howard Chaykin. Crecí escuchando corridos de la revolución mexicana y leyendo novelas sobre gente despiadada de comunistas como Dashiell Hammett y Jean-Patrick Manchette, de libertarios como Ayn Rand o Andrew Vachss, y de derechones como James Ellroy. Ojo, también me seduce la veta lírica de un Coppola o una Jane Campion, o el melodrama tipo La rosa de versalles de Riyoko Ikeda, que es una biblia para narrar un buen cómic. Siempre me arrastra ese tono de ficción más grande que la vida. Por desgracia, cuando se aplica la épica a la realidad es un desastre, porque resulta imposible cantar una gesta violenta o “epopeyizar” sin saber que estás aplastando la perspectiva de alguna víctima…

¿Fue difícil reflotar el proyecto para recopilarlo en libro?

Estoy muy asombrado con Norma Editorial, porque tras la hecatombe de la editorial original de la serie, EDT, había cierto resquemor lógico entre algunos de los autores que se habían quedado sin cobrar. Hubo que resolver eso y Norma se hizo cargo del asunto financieramente y la verdad es que además apostó mucho por la obra. También apoyó que Joan Navarro ejerciera de maestro de ceremonias de la presentación barcelonesa: me emocionó mucho verle allí presentando nuestra obra junto a varios de los dibujantes. Sólo tengo palabras de agradecimiento para mi editor Luis Martínez y el director de Norma, Óscar Valiente, prácticamente un compañero de trinchera con el que comparto muchas alegrías y cicatrices a través de tres décadas de profesión.

Yo les ofrecí el proyecto después de la buena experiencia con Carvalho, pero no me esperaba el entusiasmo despertado en la redacción. Creo que conseguimos disipar todo el recelo que hubiera podido quedar entre los veintitrés dibujantes, con quienes ahora estoy en deuda de por vida. Los veintitrés se portaron de primera. Todos nos pusimos de acuerdo enseguida y a partir de ahí comenzó la producción del tomo recopilatorio.

Cuando llegué de vacaciones desde el Perú me encontré con el tocho editado y me quedé alucinado, porque yo me esperaba el formato original apaisado, pero mucho más reducido, así que cuando vi esto… Verdaderamente, Norma ha hecho una edición formidable y se ha volcado a nivel promocional. El único reproche que le hago es que tengo que volver dentro de dos semanas a Lima y no me puedo llevar conmigo casi ejemplares, porque pesan un montón (risas).

¿Qué nos puedes contar de tu ya vieja etapa como redactor jefe en El Víbora?

Cuando entré en El Víbora me dijeron claramente que se estaba hundiendo y que había que conseguir que vendiera. Al tiempo que los artistas de la generación anterior iban pillando un perfil mucho más reposado, más comprometido socialmente de una manera más poética y reflexiva, también con más ambición premeditadamente artística desde el punto de vista esteticista, notabas que la revista iba cayendo en picado en el quiosco, y me dijeron que había que remontarla. Yo tenía 20 años cuando entré, así que lo primero que hice fue sondear lo que estaba dibujando gente nueva por ahí. El consejo de redacción lo formábamos el editor Josep Maria Berenguer, el jefe de producción Emilio Bernárdez y el director de arte Pablo López: todos fuimos a una en esa búsqueda. Y dentro del espíritu underground legítimo hicimos todo lo que pudimos y renovamos la generación de autores. En mi etapa se publicó desde el cinismo de Miguel Ángel Martín a la hiperviolencia de Iron (otra de las víctimas del puritanismo ideológico comiquero, que entonces también había inquisidores del gremio que se ofendían a la primera); y de las soflamas independentistas de Gat al humor superizquierdista de Álvarez Rabo y de Mauro Entrialgo. Publicamos de todo sin imponerles nada. Eran libres de expresar lo que les diera gana. Mi único baremo para defender una obra ante el consejo de redacción es que ofrecieran algún aspecto de interés, ya fuera en cuestiones de ingenio, artístico o expresivo. Y a ser posible, que no fuera cultura autocomplaciente. Que se oliera la libertad en ella.

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Una portada de El Víbora ilustrada por Paco Roca perteneciente a la etapa en la que Migoya estaba al frente

Casi toda la crítica y muchos lectores antiguos se persignaban ante lo que estábamos haciendo, una infamia según ellos. Y hasta exigieron mi dimisión por carta, cartas que yo publicaba sin problemas. Pero la revista remontó los escollos y empezó a venderse mejor. Yo estuve siete años como redactor jefe, el tercero en el cargo después de Onliyú y el ya fallecido Jesús Benavides, a quien siempre me gustar recordar, porque no se le suele tener muy en cuenta. Creo que gracias a nuestra labor y a la de los redactores jefes que nos siguieron, Félix Sabaté y Sergi Puertas, bajo la batuta de Bernárdez y Berenguer y merced al esfuerzo de un equipo en verdad entregado con entusiasmo (en mi caso, debo destacar al diseñador Pablo López o Pablópez, como firmaba, quien por desgracia tampoco está ya entre nosotros), El Víbora duró hasta 2005, trece años más de lo que hubiera durado de no practicársele esa operación a corazón abierto. También contamos con la lealtad y el respeto de varios autores de la primera época, que en todo momento se portaron de modo exquisito en la nueva etapa, como Max, Laura Pérez Vernetti o Nazario.

En aquella época también tuvisteis encontronazos con la censura.

Los problemas de censura o con la justicia no se sobredimensionaban entonces tanto como ahora: hombre, es que todavía no habían desaparecido los ecos de la dictadura, aquello sí había sido hardcore de verdad. Sí hubo un problema con nuestros envíos a Venezuela: al librero que distribuía El Víbora allí lo querían meter en la cárcel, creo que por considerarse el nuestro un material obsceno o algo así, y durante semanas nos tuvieron retenido todo el pedido en la aduana. En España, lo más curioso tenía que ver normalmente con la revista Kiss Cómix, la de historietas porno. Cuando algún autor estadounidense llegaba a España invitado por La Cúpula, solía quedarse pasmado con las revistas pornográficas abiertamente expuestas en los quioscos: ahí me di cuenta de la sana relación con el cuerpo desnudo que realmente disfrutamos en nuestro país.

¿Crees que el cómic se sigue valorando menos que el cine o la literatura?

Sí, y gracias a eso el cómic en España es un arte mucho más libre que la novela o el cine, porque todavía no hay tanta injerencia del gobierno ni de las instituciones ni goza de tanto prestigio. Pese a todos los intentos de una minoría interesada por elitizarlo, de momento aún sigue siendo un medio que todo el mundo puede leer, disfrutar y tirar, como una peli de Hollywood. Y por ese motivo el poder aún no le da tanta importancia. ¡No hace tanto que una ministra de Cultura, Carmen Alborch, decía que el cómic era un arte menor, ja ja ja, qué candidez la suya!

Mis obras más duras son cómics y nunca ha pasado nada: en cambio, cuando he intentado hacer lo mismo en literatura, el sistema se ha llevado las manos a la cabeza, escandalizado… porque en el fondo dentro de todo escritor hay un pequeño hijo de puta que quiere ser prestigioso y sentarse al lado de un político y que le den subvenciones y viajar gratis por todo el mundo con el Instituto Cervantes sufragándole sus charlas. En cambio, el cómic sigue siendo, pese a que hay gente por ahí que todavía quiere “dignificarlo”, un frente abierto y mucho más libre. Todavía es, afortunadamente, un arte de trinchera. Su objetivo principal no es pedagógico ni pretende quedar bien. Imagínate un Liberatore o un Corben domesticados por el dinero público… ¡qué horror! Desde las instituciones ya dicen que el cómic es arte, sí, pero por suerte aún no lo leen.

Para mí los cómics son para leerlos. Está muy bien que se pueda ver un original en la vitrina de un museo y que a su autor le paguen tanto como a un pintor moderno cotizado que no le importa a nadie excepto a cuatro cabrones ricachones, pero creo que la gente no debería olvidar que los cómics son para ser leídos. Yo no quiero que valoren tanto el cómic como arte hasta llegar a un punto en que a la gente le acabe importando una mierda el cómic, que es lo que está pasando con el rock, que al final la gente joven tira hacia otros estilos musicales porque son los que ahora están vivos. Hay museos de rock, pero por suerte todavía no los hay dedicados al pop latino que hoy gusta a la gente y que el clasismo español tanto desprecia (como hace con casi toda la cultura popular latinoamericana). Pero a ver, cuando se empezó a decir que el cómic era arte, ¿qué hicieron los jóvenes? Se tiraron de cabeza al manga. Y los autores consagrados reaccionaron diciendo que en la industria del manga todos dibujaban igual y que ese estilo era una puta basura. El manga fue el reggaetón de la historieta en los años 90.

Los japoneses no odian el dinero o lo popular ni explotar una saga como se odia desde nuestro sector cultural. Aquí, cuando vendíamos veinte o veinticinco mil ejemplares al mes de Kiss Comics en los años 90, cuando ya había una crisis comercial generalizada en el sector historietístico, bastantes críticos siempre te decían lo mismo, ¡que se vendía porque era porno! ¿Y El Jueves? Porque es humor. ¿Y Marvel y DC? Pues porque son superhéroes. Pero los cómics se vendían, ¿no? Así que me parece absurdo ese argumento. Un medio artístico, como la propia palabra lo define, es un “medio”, no un fin en sí mismo. Y eso sólo lo ratifica el consumo popular.

Así que está muy bien lo de los museos, pero yo voy a seguir comprando algo que vea en la calle. Es lo que me interesa. A mi este complejo del cómic con respecto a la literatura y la “alta cultura” me fastidia un poco. El equilibrio entre cultura popular y consideración artística no lo hemos resuelto todavía, eso está claro.

¿Te preocupa la crisis de los cómics de superhéroes?

Para mí la auténtica Marvel española de nuestros días es Sálvame. Yo veo Sálvame con mi madre y me digo: “Éste es el mejor universo que se ha montado nadie desde el tinglado de Stan Lee”. De hecho, Paolo Vasile es el Stan Lee de nuestra televisión, y creo que ambos comparten la misma ética comercial. Y encima lo de Sálvame reviste mayor mérito, ¡porque todos son supervillanos! No hay ni un puto héroe ahí metido. Se han montado una tele con villanos dándole a la lengua todo el rato. Todos pelean contra todos verbalmente, lo cual también requiere mucho talento creativo para lograr mantener el interés argumental. E influyen mucho más en la población, a nivel de masa, que todo lo que escribamos nosotros en toda nuestra vida. Eso me parece fascinante, un universo que funciona solo, se autoagrede y se retroalimenta, de programa en programa. Es la Marvel de la mayoría silenciosa. Tú ves hoy una reunión de fans de los cómics de superhéroes y son cuatro cincuentones nostálgicos de la cultura de masas primermundista de los 80; la masa que sigue Sálvame, en cambio, es mucho más numerosa, rica y diversa: desde las amas de casa a los gays más modernos. ¿Cómo asimilamos culturalmente ese fenómeno? Tengamos en cuenta que, en el fondo, no hace tanto que Stan Lee también estaba considerado un vendedor de hamburguesas: así que es probable que en veinte años más, Paolo Vasile y su etapa de Sálvame sean valorados como un momento álgido, añorado e irrepetible de la cultura televisiva.

¿Y cómo ves el futuro del cómic en España?

Con todo, la situación del cómic autóctono con respecto a cuando yo era editor está mucho mejor ahora. Actualmente se ha abierto un abanico de editoriales y opciones de edición mucho mayores y publican un montón de autores de todos los sexos. Y curiosamente en España somos mucho más abiertos a nivel de temáticas de cómic que, por ejemplo, Estados Unidos, donde se les desmoronan los superhéroes y se hunde el 80% de su industria. Si te pones a mirar con lupa, el cómic independiente nunca dejó de ser minoritario en Estados Unidos, lo compran cuatro gatos en proporción -excepto el superfenómeno de ventas que ha supuesto ahora la autora Emil Ferris, además desde la sana reivindicación de la monstruosidad como alegato por la diferencia-, así que dentro de eso sí me parece que aquí el cómic está en un buen momento porque se edita mucho y hay mucha riqueza temática y estilística: sólo tenemos que resolver esa “pequeña cuestión” pendiente de que el autor de cómic pueda vivir de su obra para que no tenga por obligación que hacer las Américas en Marvel/DC o tomar la ruta franco-belga. O sea, que no volvamos simplemente a ser una buena cantera de mano de obra para industrias culturales ajenas, sino que podamos establecer el soporte económico que al autor le permita crear su obra personal (si eso es lo que desea, claro: cada artista decide cuál es su obra personal, que por descontado puede consistir en dibujar Superman toda la vida).

Mi lucha como editor en lo personal siempre ha sido que dejemos de ser mercenarios de la industria foránea. Porque yo siempre tuve claro, cuando nos criticaban por Kiss Comics, que las ventas de esa revista daban de comer a sus autores y además nos permitía que se publicara el Brut Comix, línea consagrada a autores minoritarios[4], tanto extranjeros como nacionales. No entiendo esa dicotomía entre alta y baja cultura, ese miedo a perder prestigio, que es un rasgo muy común de sociedades culturalmente clasistas y anquilosadas.

Como guionista, siempre has apostado por contenidos propios.

Nunca he intentado guionizar para Marvel, aunque sé que probablemente estuviera condenado al fracaso por lo impermeable que es la cultura estadounidense a cualquier contenido extranjero y por la estricta censura que aplican: siempre he preferido jugar con una mitología nacida de mi propia cultura, ya sea con la serie Carvalho adaptando las novelas de Vázquez Montalbán, ya sea con las Nuevas Hazañas Bélicas, con el universo de periferia barcelonesa que desarrollé junto a Manolo Carot en Kung Fu Kiyo o incluso con la parodia/homenaje de Julio Iglesias y la canción melódica que pergeñé junto a Juaco Vizuete en Julito el cantante cojito. Siempre he usado las herramientas narrativas o conceptuales de otras culturas mayoritarias y las he aplicado a mis historias, casi siempre muy locales y entresacadas de mi entorno, aunque sepa que de entrada partiré con desventaja comercial, porque viste más mirar a la temática estadounidense y realizar pseudoexplotations (ojo, de vez en cuando de esa amalgama salen resultados formidables y con sabor propio, como la serie televisiva Vis a vis). Pero creo que ahí, en el caldo de cultivo en el que creces y vives, es donde nace la obra verdadera, al menos en mi caso.

Sigo pensando, pese a todo, que en lo creativo y a nivel de cómic en España estamos en un momento superdulce. La prueba está en que hay decenas de autores que todavía tienen los ovarios de currarse una novela gráfica entera a cambio de una remuneración ridícula. Ojalá pronto puedan hacerlo pero cobrando el dinero que merecen.

Hay muchas más editoriales y muchos más canales abiertos para trabajar para mercados extranjeros. En los ‘80 no había autores españoles trabajando para Marvel o el mercado franco-belga, y ahora muchos se pueden colocar allí laboralmente, hasta el punto de que la mayoría se van directamente fuera y esperan a que sus obras publicadas en Francia o los USA vean sus derechos adquiridos por cualquier editorial española para que salga aquí de rebote, como si fueran autores originalmente franceses o yanquis. Aquí empieza a cambiar poco a poco la mentalidad, nuestro complejo hacia lo mercantil está por suerte mudando a una actitud menos talibana por parte de las generaciones jóvenes, y ya hay un sector de editores y autores que quieren abiertamente construir industria propia con el cómic (insisto: una industria óptima es aquella en la que el artista puede vivir de su obra y eso todavía no lo hemos logrado). Pero todavía subsiste también una especie de marxismo católico con la noción sectaria de que la industria es mala, un enfoque que llevamos en nuestro adn. Cuando comencé a finales de los ochenta a escribir algún guion para la revista Makoki, siempre oía que Bruguera era una puta mierda. Una fábrica de chorizos. Y ahora se considera la edad dorada del tebeo español. Siempre había ese menosprecio hacia lo mercantil, eran casi todos unos exquisitos desde el punto de vista teórico y opinaban que el cómic no se tenía que rebajar: asociaban sin matices la pureza artística al desapego comercial. De ahí que en nuestra cultura el intervencionismo estatal -y el desvío de fondos públicos, inherente a nuestra catadura real- sea una de nuestras características casi idiosincrásicas. Y por eso nuestra cultura actual respecto a la USA parece un poco mortecina: porque en muchos casos nace muerta.

La generación de autores anterior a la mía vivió muy bien. La generación de un buen puñado de grandes artistas como Carlos Giménez o Josep Maria Beà ganó mucho dinero trabajando para editoriales del primer mundo (Fleetway, Warren, etc.) con el visionario de Toutain, figura con su cuota de controversia, al timón. Creo, de hecho, que son los que más dinero ganaron. Pero aquí había arraigada una actitud antiindustrial y a mí me llamaban vendido porque pensaba que la cultura tenía que ser autónoma en base a sus ventas y no subsistir supeditada a una dependencia del poder público. Porque si nos basamos solo en cultura subvencionada, esa que está hecha para que el poder presuma de ella… Yo no quiero que el poder presuma de lo que hago ni que me dicte los contenidos que debo enfatizar a su servicio. Yo no quiero que el gobierno me pague las Nuevas Hazañas Bélicas porque me van a censurar todo. Quiero que invierta millones en la difusión de la cultura, pero no en su producción. Y, en eso, siempre he tratado de ser coherente.

Parece que nunca te has tomado muy en serio a ti mismo, ni siquiera como cineasta.

A mí no, pero a mi trabajo sí: he sacrificado toda mi vida personal por mi obra. Y claro que está bien que nos sepamos reír de nosotros mismos. Si llega el momento en el que la cultura por la que hemos luchado la sacralizamos hasta el punto de que no podemos reírnos un poco y mantener una actitud desenfadada, estaremos cayendo en lo mismo que cuando nos cabreábamos porque Ángel Fernández Santos pontificaba en sus críticas de cine que El imperio del sol era una pálida imitación de David Lean y La madre muerta era cine falso. Ahora tengo que aguantar a ochenta mil Fernández Santos de mi generación diciéndome que no hay cine como el de los 80… Mientras, el pueblo de verdad está viendo Sálvame, más cuatro exquisitos diciendo “¡Ay, Houellebecq! ¡Cómo mola el último de Houellebecq!”. Y si Houellebecq fuera español lo estarían corriendo a boinazos en todos los suplementos literarios, gritándole “¡Deja de hacerte pajas, idiota! ¡¡¡Y a ver si te lavas!!!”…

Por suerte, en el presente, la gente joven está disfrutando peliculones gracias a la hornada desprejuiciada que ha llegado siguiendo la senda de superdirectores como Maria Ripoll, Bayona o Collet-Serra: Fernándo González Molina, Oriol Paulo, Paco Plaza, Guillem Morales, Miguel Ángel Vivas… todos ellos, si no tenemos ya el alma embalsamada, nos compensan por las obras maestras que Juanma Bajo Ulloa nos dejó a deber después del hito de La madre muerta. Yo aún soy su devoto, aviso.

¿Qué opinas de los tiempos revueltos que se viven en nuestro país?

A nivel político, ahora mismo hay en España un remolino de cabreos que yo estoy flipando, vamos, y que se traduce en un recorte de libertades. Y en el aspecto cultural, sobre todo, se está imponiendo una antinaturalidad al enfocar los temas y contenidos. Lo natural, el desenfado, la relativización, son actitudes hoy prohibidas: la denuncia de la equidistancia no es más que la exigencia de una militancia ciega. Y ése es el inicio del autoritarismo y del mal rollo que degenera en conflicto y enfrentamientos, en un estallido masivo de pus.

Me alegro de no vivir en España. Políticamente todo se está volviendo a repetir, es verdad, en el sentido de que las fuerzas, al final, juegan a ser las mismas y el discurso ha variado muy poco, además. Hay un término medio, que aquí no existe, que es el liberalismo anglosajón, muy difícil de implementar en nuestro país, porque se sigue considerando que o eres de derechas o eres de izquierdas. O eres facha o eres rojo. Y de ahí la gente no quiere salir porque le resulta mucho más fácil proyectarse contra alguien que cuestionarse y evolucionar. Y el carácter español es muy de proyectarse contra alguien. Tu identidad inamovible es fuerte mientras tengas a alguien que consideres un hijo de puta y con el que aparentemente no compartas ningún punto de afinidad, para poder mantener un enfrentamiento ilusorio con él, un enfrentamiento que te garantice vender que estás del lado de los buenos. De ahí decía que los extremos se tocan y se merecen, porque en el fondo yo los veo a todos muy parecidos: actúan como creyentes con un fin absoluto. Y aun en democracia están en un bando para liquidar al otro, no para convencerlo. Ni para convivir. Eso sí, luego todos a fichar y a competir en ego dentro del Facebook. Por lo demás, en cine y cómic se están haciendo cosas fantásticas, apasionantes, tal vez porque los tiempos revueltos siempre producen buena cultura.

Tú también tuviste tu “recorte de libertades”.

Con mi libro de cuentos Todas putas hubo gente que me dejó de hablar, que me dijo que no me podía reír de ciertas cosas. Y me censuraban moralmente al afirmar que era reprochable lo que yo escribía. ¿No es fantástico, en pleno siglo XXI, recibir la reprobación de adultos serios, hechos y derechos? Me asombró la actitud puritana en los medios de unos cuantos “opinadores” profesionales que se creen legitimados a prohibir una obra de ficción. De los conservadores ya te lo esperas, pero de los otros… Si no estuvieran forrados de dinero gracias a sus sermones, me caerían todos mucho mejor, ja ja. En fin, yo creo que la gente ya percibe de qué corcho están hechos… Que me hayan excomulgado de su círculo fue en realidad un honor.

Tu paso por el cine español tampoco fue un camino de rosas.

¡Soy un pelele!, la única película que he dirigido, reveló una situación aún peor que mi intento de censura literario: fue como chocar contra la barrera de la delincuencia establecida. Con Todas putas hubo su escándalo y se me cerraron muchas puertas, muchísimas, pero lo del cine casi me dio más rabia, porque ahí sí había una mafia. He recibido correos de algún director famosete diciéndome que me callara la boca sobre la corrupción. Y me llevan los demonios cuando encima se le celebra como moderno y demócrata y sólo con escarbar un poco sabemos que es un mafioso: lo sabe todo el mundillo. Eso jode mucho porque responde a la ley del silencio y a un desentendimiento de la sociedad. ¿Qué se puede decir de nuestro panorama cultural cuando un veterano crítico de cine escribe un artículo hace tres años, en un diario nacional, afirmando que si el director de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha de ir a la cárcel, procesado como fue por fraude y corrupción, debería entonces ir preso todo el mundo en el cine español, y que cómo va a permitirse eso? El crítico estaba justificando que tantos profesionales fueran delincuentes en nuestro cine… ¡y a los medios de comunicación les parece bien!

Mi película no existe oficialmente. Sólo existe como película catalana rodada en catalán, lo cual es mentira. Çomo al parecer había recibido una fuerte subvención de la Generalitat como filme rodado en lengua catalana, a mí me exigió el productor que, cuando se estrenara en el Festival de Sitges, dijera a la prensa que estaba rodada en catalán pero muy bien doblada, tanto que parecía que se hubiera rodado en castellano (risas). Ése es el nivel… ¿Qué puedes pensar de un país así? Y que el Estado lo permita y que te llamen todos los responsables de las instituciones cinematográficas españolas diciéndote “¿Cómo te atreves a revelar esto?”. Y tener que aguantar encima a algún periodista cultural diciendo “este tipo, el Migoya, lo único que busca es darse publicidad”. Periodistas que han estado alojados en festivales y comiendo a dos carrillos con todos los gastos pagados con dinero público… ¡Cómo tenéis la vergüenza de minimizar eso!

Hernán Migoya (centro) con Jordi Ordóñez y los hermanos Calatrava. «La productora organizó un falso pase de prensa para hacerme creer que la iban a publicitar, ¡y no avisó a ningún periodista! Sólo acudieron Jordi Costa, Fausto Fernández y Luis Martínez, porque les avisé yo personalmente». Foto: D. Sinova

Tú ya tenías experiencia en el cine español, pero en el sector festivales.

Trabajé cuatro años como miembro del comité de selección en el Festival de Cine Fantástico de Sitges y en la dirección de Brigadoon: cuando Ángel Sala entró como director, el festival era poco menos que una aldea gala de resistencia tenaz en pro de los géneros de terror y fantasía; y, aunque al principio criticaban a Ángel por el tono más expansivo que insufló al festival, Sitges se ha consolidado hace ya años como una referencia internacional indiscutible. Y todo es gracias a Ángel Sala y su equipo: él se negó a venderse a las instituciones y transformar el festival en un escaparate de buenrrollismo esclerótico. Mantuvo el marchamo de festival de fantasía y horror, un caso único y admirable cuando lo fácil hubiera sido venderse y chupar del bote público, y dedicarse a programar películas buenistas.

También me encanta cómo se ha continuado la sección de Brigadoon: Diego López la ha dimensionado mucho más. Yo lo hice lo más dignamente que pude, pero creo que Diego López le ha dado una categoría mítica a Brigadoon.

¿Qué opinas del nacimiento de tantas pequeñas editoriales de género?

Lo de la eclosión de pequeñas editoriales es un fenómeno inevitable, como cuando todo el mundo comenzó a rodar con video, es lo mismo en el fondo. Y por entonces también la gente se quejaba diciendo que “ahora todo el mundo se cree que es director”, pero eso son rasgos puristas y yo no soy purista ni prejuicioso. Si algo no me interesa no lo compro o no lo leo, pero prefiero que esté a que no esté. Hace poco circulaba en las redes un artículo muy celebrado en el que se denunciaba que hoy todo el mundo se creía que era escritor y que no, que para serlo hacía falta algo “especial”… ¡No hace falta nada! Para ser escritor hace falta escribir y ya está. En todos los humanos está esa semilla.

Y cuando empiezas a mirar a todos los escritores, al menos a los que yo admiro -que no son precisamente de los que reciben medallitas en vida-, casi todos llevaron una existencia de puta pena, y en muchos casos los consideraban una mierda en sus tiempos. Robert E. Howard murió a los 30 años y lo que escribía era tachado de subliteratura. Igual que Daphne du Maurier en los años 40-50 o Stephen King en los 80, o como le sigue pasando a Alberto Vázquez-Figueroa, que para más inri nació aquí. Pienso en todos los autores sin domesticar que yo leía de niño: José Mallorquí, Patricia Highsmith, Jim Thomson, Maurice Leblanc, James Hadley Chase, Agatha Christie, Gaston Leroux, Mickey Spillane, Giorgio Scerbanenco… ¿Te los imaginas escribiendo una columna de opinión y vendiéndose como ciudadanos ejemplares? Son escritores indómitos, como debe ser. Cuando llegué al mundo literario, me quedé perplejo ante la cantidad de autores que conciben sus columnas de prensa como hojas parroquiales, como un púlpito desde el que proyectar una imagen intachable, soltando discursos moralistas y cívicos para obtener una cuota de influencia y poder que revierta en ventas de sus libros. No soporto a los escritores que opinan como curas.

Además, me gusta la literatura basada en la imaginación, y por desgracia procedemos de una tradición cultural acomplejada que desprecia la imaginación y obliga a intelectualizar la ficción para poder considerarla digna. Yo no encajo en esa manera de pensar. A mí dame autores sin domesticar, que los demás se repartan su anhelado prestigio.

Para terminar, haz una valoración de tu trayectoria hasta ahora.

Yo entré en la industria con El Víbora con 20 añitos y a mí me fue muy bien. No es que ganara mucho dinero pero sí seguridad. Si hubiera querido podría haber seguido con contrato fijo en La Cúpula toda la vida, pero presenté mi dimisión tras siete años, en 1998, porque tenía una depresión brutal por no poder dedicarme sólo a escribir ficción, que era lo que quería. En el impás puse el dinero ahorrado para editar a fondo perdido el fanzine cultural Ojalatemueras que codirigía Rubén Lardín, me llamaron del Festival Erótico y también me metí en el de Sitges. Y bueno, me iban pagando bien y eso podía compaginarlo mejor con el tema de la escritura. Mi única condición desde 1998 para entrar a trabajar con empresas ha sido que no me hagan contrato: así luchaba contra la tentación de quedarme apalancado en ellas. En eso, mi espíritu es muy libertario y respeto la precariedad de la vida, no trato de saber ni controlar dónde voy a estar dentro de diez años.

Por medio me pilló el trolebús de Todas putas y no supe gestionar bien esa súbita fama que podría haber adquirido. No supe demostrar una actitud más cínica o más confiada, me acojoné vivo y me cerré totalmente a la proyección pública. Ya cuando me atreví a volver, lo siguiente que escribí, Observamos cómo cae Octavio, fue tan distinto que no tuvo pegada y ha sido con el tiempo cuando de repente la gente me comienza a considerar como autor, con una obra desplegada en muchos frentes.

A decir verdad, no estoy obsesionado con el fantasma de Todas putas, su espectro no me persigue: yo escribo muy libre y tranquilo a ese respecto. Si me entra una crisis, leo las duras represalias que padecieron autores que sí son admirables, como Milan Kundera o D.H. Lawrence, y se me pasa la tontería… Gracias a mi amor por fabular he sacado más de veinte obras desde entonces. Para mucha gente ahora seré el de Nuevas Hazañas Bélicas, para otros el de los cómics de Carvalho, o el de la novela que sacaré el año que viene con Reservoir Books. Y veo que las nuevas generaciones me tratan mucho mejor, algo que agradezco infinito.

Hace unas semanas ha salido a la venta ‘La soledad del mánager’, segunda adaptación a cómic que Seguí y yo hemos realizado de los casos del detective Pepe Carvalho. La novela original es mi favorita de la primera etapa que escribió Manuel Vázquez Montalbán. El género negro fue mi primer amor y en esta saga de cómic trato de reflejar no sólo mi pasión por el insuperable Montalbán policíaco, sino también por sus enormes coetáneos Andreu Martín, Juan Madrid, Pérez Merinero… Intento tomarme el guion y mi storyboard de ‘Carvalho’ como si filmara un polar barcelonés. Pienso en la tranquilidad aparente y la tensión interna de un Melville, un Verneuil, un Becker, esa naturalidad rellena de pulso. Imagino cómo lo harían ellos y me pongo manos a la obra. Encima, es un lujazo poder trabajar junto a un talento artístico para el dibujo, la plasmación de ambientes y la narración visual con la categoría de Bartolomé Seguí. Nuestro ‘Carvalho’ es puro noir cañí.

Yo con poder escribir en la soledad absoluta de mi casa en Lima y que suene en el ordenata un instrumental de Francis Lai o de Bruno Nicolai o de cualquier compositor cuyo apellido acabe en “lai”, ya estoy contento. Con menos se construye un edén.

Gracias.

[1] The Outlaw Josey Wales (Clint Eastwood, 1976)

[2] They Died with their Boots On (Raoul Walsh, 1941)

[3] Con Hernán Migoya en el guión y Bartolomé Seguí en el dibujo, Norma ha comenzado a editar una colección de álbumes de cómic basados en el popular detective de Vázquez Montalbán. Por el momento se ha publicado Tatuaje, con gran éxito de crítica y público.

[4] M. A. Martín, Peter Bagge, Chester Brown, Daniel Clowes, Thomas Ott, entre otros.

‘El día 3’ gana el Premio Nacional del Cómic 2019

12 noviembre 2019 Deja un comentario

La novela gráfica El día 3, de Cristina Durán, Miguel Á. Giner y Laura Ballester es la ganadora del Premio Nacional del Cómic 2019 que otorga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Esta novela gráfica recoge la lucha de las familias de las víctimas del accidente de metro de Valencia del 3 de julio de 2006, que se vieron obligadas a movilizarse para que se investigase la verdad sobre esta tragedia.

El jurado de los premios ha escogido El día 3 por «saber realizar, desde el respeto, la crónica de un drama social con una narrativa en la que se equilibran la emoción, la excelencia gráfica y el uso de potentes metáforas visuales«.

El galardón, que se entrega desde el año 2007, está dotado con 20.000 euros y tiene como objeto distinguir la mejor obra de esta especialidad publicada en cualquiera de las lenguas del Estado durante el año 2018.

EL DÍA 3

El 3 de julio de 2006, a cinco días de la visita del papa Benedicto XVI, el subsuelo de Valencia vivía el peor accidente de metro de la historia de España. Las vías de la estación de Jesús se cobraron 43 vidas, hirieron de gravedad a 47 personas y dejaron rotas a centenares de familias. En la superficie, los representantes institucionales se daban prisa en pasar página ante la inminente llegada del sumo pontífice. La versión oficial de la fatalidad se imponía, el blindaje gubernamental obstaculizaba las investigaciones y una densa capa de olvido se extendía sobre la tragedia.

Sin embargo, ante el abandono por parte de las instituciones, las víctimas siempre mantuvieron la dignidad y la esperanza. Mes tras mes, durante casi diez años, se concentraron en la plaza de la Virgen en busca de justicia.

El día 3 es la historia de una lucha contra el silencio, el olvido y contra la mentira programada. El día 3 es la historia de la lucha de unas familias, como la tuya o la mía, que se vieron obligadas por las circunstancias a movilizarse en busca de respuestas. El día 3 es la historia de una gran ola de solidaridad, del despertar de una sociedad.

Para la realización de esta novela gráfica, los autores se han basado en las investigaciones de Laura Ballester, reflejadas en el libro Luchando contra el olvido, el largo camino de las víctimas del metro de Valencia (Sembra Llibres, 2015). También se apoyaron en el trabajo de la productora Barret Cooperativa Valenciana, recopilado en su web 0responsables, y en el documental La estrategia del silencio. Los autores han contado, además, con el apoyo y el asesoramiento de la AVM3J (Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio). Esta obra ganó el Premi Ciutat de Palma de Còmic de 2016.

Miguel Á. Giner Bou (Benetússer, València, 1969). Se dedica a contar historias desde que tiene memoria y, profesionalmente, desde 1993 en LaGRUAestudio, el estudio que comparte con Cristina Durán. Es licenciado por la Facultad de Bellas Artes de Valencia y fue becado en la asignatura de Sistemas de Representación Espacial. Inicialmente trabajó un tiempo en animación en el departamento de preproducción y ha ilustrado numerosos libros juveniles.

Cristina Durán (Valencia, 1970). Es licenciada por la Facultad de Bellas Artes de Valencia y fue becada Erasmus en la Middlesex University de Londres. Inicialmente trabajó un tiempo en animación, pero desde 1993 se dedica profesionalmente a la ilustración y el cómic en su estudio, LaGRUAestudio, que comparte con Miguel Á. Giner Bou. Ha ilustrado numerosos cuentos infantiles y como dibujante de cómics ha publicado (junto a Miguel Á. Giner Bou) Una posibilidad entre mil (Sins entido, 2009) y La máquina de Efrén (Sins entido, 2012), recopilados en un volumen integral bajo el título Una posibilidad (Astiberri, 2017), y Cuando no sabes qué decir (Salamandra Graphic, 2015).

Laura Ballester. Es periodista en Levante-EMV, el periódico de ámbito autonómico líder en la Comunitat Valenciana, donde se curtió en la información local y comarcal, la mejor escuela para un periodista. Desde 2006 hizo un seguimiento exhaustivo del accidente del metro de Valencia, un trabajo por el que ha recibido el Premi de l’Ateneu Cultural de Torrent en 2012, el premio de la Cartelera Turia a la mejor contribución periodística 2014, el Premio de la Crítica Valenciana 2016 en la modalidad de ensayo a la obra Luchando contra el olvido. El largo trayecto de las víctimas del metro de Valencia (Sembra Llibres, 2015) y el premio Libertad de Expresión 2016 de la Asociación de Vecinos de Patraix.

Categorías: Cómic y Manga

Novedades Diábolo Ediciones: Noviembre 2019

12 noviembre 2019 Deja un comentario

Más novedades de Diábolo Ediciones para este mes de noviembre. Y claro, más cine, en esta ocasión protagonizado por el mejor Western y los omnipresentes zombies. Merchandising y coleccionismo con el tercer volumen dedicado a Star Wars ‘made in Spain’ y la llegada del primer tomo dedicado a los eternos Madelman. Y más cómic, por supuesto, con la tercera entrega de ‘La espada de San Eufrasio’. Pasen y vean: 

Categorías: LA BIBLIOTECA DE BABEL

Las lecturas de Serendipia: ‘¡Anda! la merienda… Vol. II’

8 noviembre 2019 Deja un comentario

¡ANDÁ!, LA MERIENDA… VOL. II

Más deliciosas colecciones de nuestra niñez

Vicente Pizarro

Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24 Color. 

En ¡Andá!, la merienda Vicente Pizarro abría la caja de los truenos de nuestra memoria más arcaica mostrándonos viejas colecciones de cromos que pudimos completar a base de dejarnos la salud, adquiriendo de paso unas eternas lorzas que nos acomplejarían durante el resto de nuestra adolescencia y más allá. Y todo gracias a los productos Bimbo, Cropán y Panrico, entre otros. Y es que los niños de los sesenta, setenta y ochenta adquirimos el hábito del coleccionismo, del que todavía sufrimos diversas secuelas, gracias a estas colecciones y las de quiosco. Pero, ¡ay!, las que venían en la bollería y pastelería industrial tenían un nosequé, que las hacía mágicas, especiales para aquellos tiempos de carencias: superhéroes; discos diminutos que sonaban narrando las grandes hazañas de los guerreros del pasado; adivinanzas; figuras; brutos mecánicos troquelados… fantasía desatada.

Tiempo después el mismo autor trajo a nuestra memoria los cromos y las colecciones que venían en aquella pesadilla de nuestras madres (y alegría de dentistas) que era la goma de mascar con el libro ¿Quieres un chicle? Una amenaza menor para sus vástagos si la comparamos con la de las drogas, el sexo y el alcohol, claro. Pero eso sería después.

Ahora, Vicente Pizarro retorna y devuelve al lector al universo de los productos alimenticios de nuestra infancia y sus objetos promocionales con ¡Andá! la merienda II en el que enumera y analiza las promociones incluidas en productos como quesitos, pipas, mermeladas, chocolates solubles, cremas de cacao y snacks, volviendo así a nuestra perjudicada memoria aquellos minerales que daba Cola-Cao en sus tapas; los Pitufos troquelados (y acolchados) de Matutano; o los adhesivos pasotas de Bollycao. Además de descubrirnos colecciones más oscuras,  como las que se ofrecían en las bolsas de pipas o por los productos Ortiz, y reservando sus últimas páginas para ofrecer algunas imágenes de colecciones y productos que quedaron sin reseñar en la primera entrega.

En resumen, todo un milagro, un maravilloso viaje en el tiempo, cuidado hasta el detalle, que destila un gran amor del autor por el objeto del libro y que más allá del dichoso factor nostálgico y del deleite para los sentidos que supone, ofrece un impagable estudio sobre el impacto de la televisión y el cine sobre los niños de la época, la marcha y la competencia en el mercado entre las diferentes marcas, así como el nacimiento del merchandising en España. Así que ¡Andá, la merienda… II funciona a varios niveles, de ahí que sea un interesante libro que merezca ocupar un espacio en nuestra Biblioteca de Serendipia junto a los dos anteriores.