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Sitges 2011: presupuestos dispares, distintos resultados, La Cosa (2011) versus El Páramo
De grandes presupuestos no necesariamente resultan grandes películas. Prueba de ello es The Thing (2011, Matthijs Van Heijningen), precuela de la obra maestra de Carpenter, que sin duda es un cinta entretenida y de impecable factura, pero totalmente olvidable. En el lado opuesto nos encontramos con El páramo (2011, Jaime Osorio), película modesta que rezuma honestidad y que vuelve a nuestra memoria una vez vista para descubrirle cada vez nuevos valores. Veámoslo con más detenimiento.
En 1982 Carpenter versionaba El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, 1951, Christian Nyby) logrando un film que superaba el original. A todo color, con unos efectos especiales que no han perdido su espectacularidad, Carpenter extrae de aquella modesta obra de Serie B todo un clásico de la Ciencia Ficción que rivalizó en su momento con Alien (1979 ,Ridley Scott). Pero no es sólo un clásico por su diseño artístico sino también por su profundización en las tensiones que desata la vida aislada de unos hombres que se ven obligados a vivir sin la presencia de nadie más que ellos mismos. Precisamente cuando se ven enfrentados a una presencia ajena (y amenazante) los conflictos afloran y acaban siendo un peligro mayor unos para otros que la propia amenaza externa. Y esto último es lo que se pierde en la precuela.
Matthijs Van Heijningen se limita a poner imagen a lo que en la película de Carpenter tenía una medida condición de elipsis y, para su desdicha, no consigue aportarle nada a la historia con ello. Al contrario, banaliza su episodio (qué ocurrió en la primera base ocupada) y el resultado global si hubiese pretendido versionar lo ya contado por Carpenter. La nueva The Thing es tan sólo un producto comercial que no profundiza en los mimbres de la historia que cuenta, sino que se limita a presumir de los avances tecnológicos que permiten a día de hoy lograr impecables efectos digitales (aunque también sea loables los de maquillaje y los visuales). Ni siquiera la presencia de Mary Elizabeth Winstead es capaz de dar calado a la trama, no se le saca partido a su condición de elemento femenino que se entromete en ese nido masculino, con Howard Hawks en la dirección su presencia habría desatado más tormentas que el propio alienígena. A la inversa que en la obra de Carpenter, todo se somete (y sacrifica) al logro de la espectacularidad circense. En su honor hay que reconocer que se trata de un producto de agradable ingesta, eso sí, una vez consumido no queda el más leve poso.
Jaime Osorio se alzaba con el Premio Citizen Kane a mejor director revelación en este pasado Festival de Sitges, lo hacía por un trabajo que un espectador definió como «La Cosa sin cosa», y no le faltaba razón. El Páramo nos cuenta la historia de una brigada de nueve soldados a los que se les ha encargado acudir a una base de la que se ha perdido todo contacto. Una vez allí descubren que todo el destacamento ha
muerto y la única persona viva es una extraña mujer que había sido encerrada. Nada permite descubrir qué ha llevado a la muerte a los soldados de la base, pero unas extrañas pintadas con alusiones al diablo genera el temor de que esa mujer superviviente tiene mucho que ver con esas muertes. Poco a poco el aislamiento, la incapacidad de comunicarse con el exterior y la imposibilidad de huir, socavan la integridad y la cordura de los soldados, haciendo que pierdan la certeza sobre la identidad del enemigo y les crea dudas sobre su verdadera naturaleza.
Rodada en una base militar real a 4.300 metros sobre el nivel de mar (a la que el equipo y los actores tenían que acceder a diario desde los 3.600 mts de altura donde se ubicaba el Hotel Carretero), el propio paisaje desolado funciona como un personaje más. Para comprender mejor la trama hay que tener en cuenta la particularidad del ejército colombiano y es que en su mayoría esta integrado por soldados campesinos que provienen de las mismas zonas donde a diario deben combatir al enemigo. El campo con su inmensidad, la inocencia y las costumbres arraigadas de sus habitantes, está plagado de historias que se convierten en mitos y leyendas. Eso explica la locura que va adueñándose de los nueve soldados, progresivo ingreso en la enajenación que les convierte a ellos mismos en sus peores enemigos. Creyendo atacar a una amenaza externa son ellos los que se van dando muerte paulatinamente instigados por el pánico que el horror de lo bélico lleva asociado.
Aunque algunos puedan afirmar que es una película bélica y no fantástica y discutan la pertinencia de incluirla en la sección oficial de Sitges, nosotros la consideramos una película de terror: el terror real que conlleva la brutalidad de la guerra. Y así debe de considerarla el propio Osorio quien aclaraba en su presentación en el festival que su intención había sido que los espectadores participarán, vivieran en sus propias carnes el pánico de los protagonistas. Es por esa pretensión que escoge la técnica de la cámara en mano, una cámara que se hace opresiva por su escasa profundidad de campo, casi nos introduce en la piel de esos soldados y sentimos la presión del aislamiento, de su enfrentamiento a ciegas contra una amenaza indefinida que en su superstición achacan a alguna presencia infernal. Nosotros estamos tan a oscuras como ellos mismos y vivimos la incomprensión de ese darse muerte unos a otros al que se entregan. Cuando descubren que no hay más maldición que su propio terror, es demasiado tarde. Y nosotros también nos hemos visto privados de la capacidad de anticipación, partícipes como somos de la ausencia de perspectiva a la que nos han forzado esos planos cortos y vertiginosos.
En esta ópera prima, sin duda, no todo son virtudes: su metraje es excesivo, su escasa iluminación, su ausencia de profundidad es abusiva y, para el espectador español, lo enrevesado de ese sociolecto hace difícil seguir los diálogos (aunque ese no es un defecto de la película). Pero en su honor, y a nuestro juicio, hay que reconocerle que triunfa allí donde fracasa la precuela de La Cosa: Osorio sí sabe mostrarnos que el verdadero lobo para el hombre es él mismo. En suma, como declara el propio director galardonado: El Páramo logra generar una sensación física, así sea de repulsión y al mismo tiempo intelectual. Quitándole al espectador la comodidad que tiene al sentarse en una sala de cine (…) lo que me interesa o me llama del cine y que me gustaría lograr con él, es finalmente una cosa: no es invitar a soñar sino a despertar. Eso sí define el cine que me interesa. Uno puede hacer ambas, una: que el espectador evada, o despertar, generar una reacción no solo emocional, sino cuestionarlo, invitarlo a la reflexión, que sea una actividad activa y no pasiva.
The Human Centipede 2 : La escatología del horror
¡Que deliciosamente desagradable es Human Centipede 2 (Full Sequence)! Si pensaban que Tom Six ya había dicho todo que tenía que decir sobre su retorcida idea con la primera… ¡Andan totalmente equivocados! ya que, no sólo es bastante más retorcida esta segunda entrega, es que el bueno de Six prepara la tercera entrega con esta todavía caliente. ¡Y vaya si está caliente!
Les supongo totalmente informados sobre la premisa que sirve de argumento a esta saga, pero hagamos un recuento: El primer film (The human Centipede: First Sequence, 2009) narra el proyecto de un mad doctor al uso que tiene la descabellada idea de unir tres personas boca-ano, conectando así sus sistemas digestivos. El experimento llega a buen puerto y da como resultado un (des)agradable film no apto para todos los estómagos que se anunciaba como “Médicamente posible al 100%”, pero aunque Six jura que sí, los médicos disienten, ya que nadie podría nutrirse de materia fecal y tendría infecciones como la hepatitis, el cólera, amibiasis, E. coli y tifoides, transmitidas por comer partículas de heces.
El film se proyectó con éxito en certámenes como el de Sitges, Frightfest (Londres) o Fantastic Fest (Austin, Texas), obteniendo premios en estos últimos, lo que animó a su director, el holandés Tom Six a continuar desarrollando la idea. ¡Y vaya si la está desarrollando!
Si la primera entrega es una película escándalo que despierta la curiosidad a la vista del original punto de partida, NO ES NADA, comparada con la segunda parte que he podido visionar. Después de un festival de Sitges en el que la propuesta más sangrienta a competición que nos han ofrecido es The Woman, (2011, Lucky McKee), la verdad es que con este film uno se quita el gusanillo de ver algo que, bajo mi punto de vista, es desagradablemente transgresor ¿Por qué no se ha proyectando en Sitges? Posiblemente la organización no ha querido más problemas tras la polémica absurda del año anterior, una opción muy lógica tal y como está el patio con eso de la corrección política y con todos los inquisidores de guardarropía cogiéndosela con papel de fumar.
Pero vayamos con The Human Centipede 2 (Full Sequence) : ¿De qué va esta segunda parte?, Pues a grandes rasgos se trata del delirio de Martin (sosias en horrible de Peter Lorre) un vigilante de parking obsesionado con la película original de Mix, de tal forma que planea realizar el experimento pero incrementando el número de elementos a enlazar. Para recrear a la perfección el primer film, nuestro amigo Martin consigue, mediante engaño, contar incluso con la actriz sobreviviente del primer film, Ashlynn Yennie, que se verá interpretando «en la vida real» el papel que realizó en la primera parte. Pero claro, nuestro protagonista tiene nulos conocimientos de cirugía así que… tendrá que hacer las cosas con los medios que tiene a mano, experiencia que será muy dolorosa para sus conejillos de indias…
Martin es el protagonista absoluto del film. Un tipo con grandes problemas mentales y que sufre un historial de abusos bastante voluminoso que hace que cuando salta la chispa, entre como un elefante en una cacharrería haciendo realidad su fantasía y creando, con más ilusión que destreza, su propio «ciempiés humano». Además, Martin se retrata como un perfecto especialista en el cachiporrazo y tentetieso en vista de como captura a sus víctimas. El actor Laurence R. Harvey (Martin), tiene una larga carrera teatral en su Inglaterra natal, además de haber participado en programas infantiles. Con este personaje logra una gran creación que, a veces hace dudar de si se trata de un actor profesional o … un actor natural (ustedes ya me entienden).
Todo ello brillantemente rodado de forma feísta y acertadamente en blanco y negro, ya que como deben de saber, la sangre casi es más terrorífica en negro… además de que se nos ahorra ver a todo color otro tipo de fluidos escatológicos que embadurnan una porción del metraje. También adquiere el film así aspecto semidocumental. Los diálogos escasean y contiene una banda sonora cacofónica que contribuye a crear un ambiente asfixiante y opresivo que en ningún momento nos da tregua. Un terror casi de arte y ensayo que apesta desde la pantalla. Así que si dan con ella, no se alarmen aunque esté en versión original sin subtítulos, ya que tal y como les he dicho el film contiene escasos diálogos.
Naturalmente esta secuela ya nace con polémica, cosa que alimenta el director, lo que motivó que tras visionar el primer tráiler, el Comité Británico de Calificación de Películas (BBFC) prohibiera su difusión en el Reino Unido. Prohibición que resultó ser la mayor publicidad para el film. Para el comité:
«Hay pocos intentos de presentar a alguna de las víctimas como algo más que objetos para ser maltratados, degradados y mutilados para la diversión y la excitación del personaje central así como por el placer de la audiencia».
Laurence R. Harvey, que también vive con su madre, declaró alegrarse de que ella no la hubiera visto. Y no sólo eso, también se alegraba de que se hubiera prohibido su exhibición en Inglaterra . Pero lamentablemente (para el actor), su madre podrá verle en las salas ya que se estrenará, eso sí, tras 32 cortes que reducen el metraje en dos minutos y treinta y siete segundos.
Mientras, en Estados Unidos el filme está recaudando buenas cifras, y eso que únicamente se proyecta en sesión nocturna y con una versión algo aligerada también. Veamos el trailer australiano:
Durante el pase en Austin (Texas), la Distribuidora IFC Films aparcó una ambulancia en la puerta del cine (como ya se hiciera en 1931 durante el pase de El Dr. Frankenstein), por si sus servicios fueran necesarios. También se proveyó con una bolsa para vomitar a cada asistente (un gimmick también poco original que ya se hizo con por ejemplo, Las torturas de la Inquisición de Michael Armstrong en su pase por Estados Unidos y en España con Slugs, muerte viscosa de Piquer Simon). Aquí algunos de los comentarios que despertó tras su proyección en Austin:
«Una experiencia intensamente interesante y absolutamente divertida» (Bloody-Disgusting)
«La película no aspira a ser algo más que una experiencia cinematográfica muy incómoda. (ColeSmithey)
«Yo nunca le diría a nadie abiertamente que no vea una película, pero la más cercana que he encontrado es «The Human Centipede 2» (WeAreMovieGeeks)
Por lo que a mi respecta la película me parece correcta. Me parece altamente saludable el tener la posibilidad de ver este espectáculo bizarro sin que se me prohíba y sin discutir mi salud mental ya que, a fin de cuentas se trata de una película (Repitan conmigo: «Sólo es una película, sólo es una película, sólo es una película…»). No, no es una visión agradable, ni mucho menos y quizás el director juega a escandalizar y a realizar un más difícil todavía, pero en todo caso tiene su lugar y después de ver este salto sin red que es The Human Centipede 2: Full Sequence, tengo mucha, mucha curiosidad por saber que nueva aberración sacará de su manga Tom Six con ese Human Centipede 3: Final Sequence, que según el propio director dejará esta segunda como una película de Disney…
SPOILERS EN LA RED
Expongo unos detalles de última hora que explican que la versión que se puede ver por la web posiblemente no es completa ¿Leyenda? ¿Realidad? En todo caso son detalles para un film que, ya de por sí es bastante fuerte:
«Poco antes de que la embarazada se despierte, Martin se pone a violar al ciempiés humano con el miembro envuelto en alambre de espino. También se está masturbando con papel de lija cuando las borrachas se ríen de él en el parking. Lo del recién nacido también me suena que era más hardcore» (Trelkovsky, Focoforo).
«OJO CUIDAO DE VANGUARDIA: Parece ser que la versión mutilada no merece la pena en absoluto. Por lo que deduzco de lo que leo, con los cortes se ha perdido el mejor salto con tirabuzón de la película: Todo es en blanco y negro, menos la mierda, que es MARRÓN» (Vigalounge, Focoforo)
Cowboys & Aliens: un western espacial especial
1875, Territorio de Nuevo México. Un extraño (Daniel Craig), sin recuerdos de su pasado llega dando tumbos a un pueblo del desierto. La única pista de su historia es un misterioso grillete que le rodea la muñeca. Lo que descubre es que la gente del pueblo no da la bienvenida a los forasteros, y nadie hace un movimiento en sus calles a menos que la orden de hacerlo venga de la mano del coronel Dolarhydel (Harrison Ford). Es un pueblo que vive en el miedo.
Pero Absolution está a punto de experimentar algo que apenas puede comprender, ya que el desolado pueblo es atacado por merodeadores desde el cielo. Descendiendo con estrépito a una velocidad impresionante y con unas luces cegadoras para abducir uno a uno a la gente indefensa, esos misteriosos visitantes desbordan todo lo que el pueblo haya conocido hasta ahora.
Ahora, ese desconocido al que rechazaron es su única esperanza para la salvación. A medida que este pistolero comienza lentamente a recordar quién es y dónde ha estado, se va dando cuenta de que tiene un secreto que podría darle al pueblo la oportunidad de luchar contra las fuerzas alienígenas. Con la ayuda de la esquiva viajera Ella (Olivia Wilde: Tron: Legacy, The Change-Up), reúne una tropa formada por antiguos adversarios: la gente del pueblo, Dolarhyde y sus muchachos, y los guerreros apaches, todos en peligro de ser aniquilados. Unidos contra un enemigo común, se preparan para un enfrentamiento épico por la supervivencia.
Así resume Paramount para la prensa (bien poco resumido, a fuer de sinceros) el argumento de otro de los estrenos más esperados: Cowboys & Aliens, en el que también está implicado el Midas de Hollywood, Spielberg, que quedó tan entusiasmado con la historia que llegó a comentar: Yo estaba extrañado de que nadie hubiera hecho antes algo como esto. ¿Pero realmente es tan original esta fusión de géneros?
Sabido es y no voy a descubrir nada si digo aquello de que los grandes estudios a veces (más de lo que lo admiten) escarban entre los más humildes productos buscando la idea mágica que les haga llevarse el gato al agua. Bueno, a veces también se la clavan directamente
vendiéndoles productos descabellados (o casi) en un día especialmente generoso y feliz del productor o porque, el humilde guionista está poseído de la inventiva de un vendedor de almohadas mariposa. El caso es que a veces los estudios compran como magníficas ideas marcianas que, eso sí, bien maquilladas, con buenos actores y una inversión más que respetable puede convertirse en una película taquillera e incluso de culto.
Así, con casi todo ya visto y sin nada nuevo bajo el sol, se han podido ver, en el estricto plano de la más adorable serie B, híbridos desprejuiciados y mezclas de géneros tan dispares como kárate y (spaghetti) western (El kárate, el colt y el impostor, 1972 de Anthony M. Dawson -Antonio Margheriti- o La ley del kárate en el oeste, 1973 de Tonino Ricci); kárate y vampiros (Kung fu contra los 7 vampiros de oro, 1974 de Roy Ward Baker); terror y western (Billy The Kid vs. Drácula y Jesse James Meets Frankenstein Daughter, 1966, ambas del incombustible William Beaudine); humor y ciencia ficción (El E.T y el oto, 1986 Manuel Esteva); dinosaurios cazados a lazo por vaqueros (La Bestia de la montaña, 1956 de E. Nassour e Ismael Rodríguez ) o vaqueros y ciencia ficción.
Y ya hemos llegado donde queríamos.
Y es que claro, alguien ya tuvo la idea antes, aunque el presupuesto del, en este caso serial, fue el equivalente al invertido en peluquines para Harrison Ford en Cowboys & Aliens (2011, Jon Favreau). Se trata de El Imperio Fantasma (The Phantom Empire, 1935 Otto Brower y Reeves Eason ) serial en 12 episodios producido por Mascot, uno de los más humildes estudios del Powerty Row, o lo que es lo mismo, la zona de los estudios más pobres de Hollywood. El Imperio Fantasma narraba lo que sucede cuando el cowboy cantante Gene Autry descubre la civilización subterranea de Murania bajo su rancho, con reina malvada incluída con ansias de dominar el mundo. Y con un Autry principalmente preocupado por llegar a tiempo a la emisión de su programa de radio antes de que le rescindan el contrato. Tan humilde era el presupuesto que para los robots se reciclaron, los ya ridículos utilizado por la Metro en un número musical de Alma de bailarina (Dancing Lady, 1933 Robert Z. Leonard).
Por si todo esto no sonara bastante triste, en España se estrenó después de la guerra en tres episodios (llamados en la época jornadas), que, en vista del éxito obtenido por el serial de Flash Gordon, Marte ataca a la tierra (Flash Gordon’s Trip to Mars, 1938 Ford Beebe) que aquí se estrenó condensada como largometraje, se decidió que si salían robots, rayos y tipos raros con chillonas camisas de cowboys, lanzarían el serial como otra aventura, en este caso, de “Flas” Gordon, tal y como lo indicaron en el cartel. Así resumía la trama una publicación de la época: Espectaculares aventuras de Flash Gordon (ahora bien escrito) que con la ayuda de sus dos pequeños amigos, Frankie y Betsy, sostiene una descomunal lucha contra un grupo de sabios ambiciosos y una poderosísima ciudad situada a seis mil metros bajo el nivel de la tierra y dotada de los más increíbles adelantos técnicos y científicos“. A pesar de todo, el serial fue un éxito en nuestro piadoso pais, cosa que no es sorprendente dadas las ganas de evasión en un país sumido en plena postguerra, así como los atractivos nombres de los tres episodios con los que se distribuyó: La ciudad subterranea, La Cámara Diabólica y El rayo de la muerte. …¡¡Qué bien suenan y cuánto han cambiado las cosas!!… ¿O no?
Fergus y Ostby, guionistas del film de Favreau (Iron man, Iroman II) afirman haberse motivado con la imagen de portada de una novela gráfica, ¿de cuál se trata? Bien, ahí está el inicio del proyecto. Scott Mitchell Rosenberg editor de cómics y creador de Platinum films, tuvo la idea de hacer un crossover entre el viejo oeste y la ciencia ficción, por eso en 2006 creó y adquirió los derechos de la novela gráfica escrita por Fred Van Lente y Andrew Foley con los dibujos de Luciano Lima, Cowboys&Aliens. Así pues, aunque no sea la primera vez en la historia del cine en la que se combinan ambos géneros, la película de Favreau es la adaptación de esta novela gráfica, que siempre estuvo pensada para ser llevada al cine. Cuando Spielberg y más tarde Ron Howard conocieron el proyecto, no vacilaron en financiarlo y de ese modo llegamos a la película que va a estrenarse en España este próximo viernes 2 de septiembre.
Favreau se muestra sabio en la utilización del scope y en la construcción de escenas de acción grandiosas, pero esta vez nos firma una película, entretenida, sí, que peca de obvia. Aparecen tooodos los tópicos del western: el forastero, los cazarecompensas, el hacendado que tiene dominado al pueblo, su hijo gañán, ese sheriff honesto que no se deja corromper y está dispuesto a hacer cumplir la ley, el hombre del Este que viene a hacer fortuna y a tratar de que la civilización llegue al salvaje Oeste… Todos, salvo el duelo final, que aquí se ve sustituido por el enfrentamiento definitivo contra esos lagartos mutantes que son los aliens. Mientras la veía recordaba Navigator (Vincent Ward, 1988), sobre todo porque se echa en falta el pánico ante esos seres y esas naves que tendrían que haber acojonado al más curtido de los hombres en ese Oeste recién salido de la guerra civil donde no se había visto ni siquiera un automóvil. No nos podemos creer esa reacción y es que la película está más centrada en apurar el western que en combinar los géneros y, sobre todo, en transmitir su mensaje de envoltura de chocolate italiano (¿No habéis probado los Baci?): los aliens no son más que una excusa para enarbolar un discursito sobre lo buena que es la unión entre los hombres de todas las razas (sean de paz o no) y como así todos redimen sus culpas (por si se nos escapaba el pueblo se llama Absolución).

La mezcla de géneros sólo se cumple de verdad en el espectacular desenlace, en el que asistimos a las mejores coreografías y donde se integra la trama fantástica dentro de lo que hasta entonces no ha sido más que un western sobrevolado por efectos especiales de ciencia ficción. Es ahí además cuando Harrison Ford da lo mejor de sí mismo como habitual al género de aventuras que es. Un Harrison Ford desigual a lo largo de la cinta.
Enmarcados por una fotografía excelente (debida a Matthew Libatique, colaborador habitual de Aronofsky), la tríada de protagonistas
cumple su cometido con diferentes resultados. Nuestro último Bond, Daniel Craig, construye un muy creíble hombre sin nombre, como el que solía interpretar Eastwood en las películas de Leone. Explota bien su mirada fría, su temple y su mutismo, dando perfectamente la talla de antihéroe carismático que va a resolver todos los problemas para después seguir su caminar solitario. Por el contrario, Olivia Wilde podría haberle sacado más partido a su personaje, no sabe jugar todas las bazas que le da ni siquiera después del giro argumental que aumenta su relevancia dentro de la trama. No parece encontrarse, porque ni es la guapa chica florero ni la aguerrida compañera de batalla, decepciona un tanto aunque más decepciona su recatado desnudo (¡asco de corrección política!) que sacrifica todas sus posibilidades eróticas para no dejar de ser ni en un sólo momento una película apta para todos los públicos.
En definitiva, se le habría podido sacar mucho más partido a la historia con esos mimbres, pero la película no pasa de ser un mero entretenimiento sin el menor calado. Eso sí, si dejamos apartada la mente crítica y volvemos a nuestra candidez prepuberscente podemos pasar un rato entretenido, que hay bonitas praderas, mejores cañones y buenas escenas de jinetes cabalgando a través de ellos.
Respecto a la taquilla, nuestra previsión no es muy optimista atendiendo a lo tardío de su estreno. Que la vuelta al cole ya está en El Corte Inglés y ya no hay que tener distraídos a los enanos para que los padres puedan descansar de ellos un rato.
Veredicto, pues: blockbuster veraniego que llega a destiempo y al que no lo salva la conjunción de talentos que se da en él.
Destino Final 5 o el espíritu del cartoon llevado al horror
Cuando en el año 2000 aparecía la primera entrega de esta saga suponía una innovación: como en cualquier slasher todos van muriendo, salvo que no en manos de un psicópata sino perseguidos por la propia muerte, que les avisa mediante su enigmático emisario: el forense Mr Bludworth. Lo que fue innovación se convirtió en esquema de una serie que acaba de estrenar su quinta secuela la cual ofrece lo que de ella se espera. No pasamos miedo, al contrario, estamos pendientes de cómo van a ser esas muertes que ya sabemos se van a dar con una actitud de animus jocandi.
Aunque parta de la idea de fatalismo, sus trágicas muertes están carentes de tragedia, más bien las adorna un humor negrísimo cual si nos encontráramos ante un episodio del Correcaminos o de tantos otros cartoons. Tanto es así que casi estamos esperando que de un momento a otro aparezca en cualquier objeto la famosa marca Acme. Vean este vídeo con diez de las mejores muertes como ejemplo de lo que estamos diciendo:
Desde la primera secuela se juega a darle pistas al espectador y guiños que hacen referencia a episodios anteriores, así todos estamos esperando que salga en algún momento el número 180 que corresponde al del vuelo que se estrella en el inicio de la primera parte. El mayor problema al que se enfrenta esta franquicia es el reto de conseguir muertes cada más espectaculares y grotescas para mantener la atención del público que acude a cada entrega igual como quien lo hiciera a algún episodio de Jackass, pero mucho más radical aunque ficticio. Es difícil de conseguir y así Destino final 4 (Final Destination 4: Death Trip 3D, 2009, David R. Ellis ) resultó la más floja de las rodadas hasta entonces a pesar de la utilización del 3D. Por otro lado, su mejor baza es crear suspense ante cada nuevo accidente porque la película juega con nosotros al despiste y asistimos a la escena elucubrando cómo va a encontrar la muerte cada personaje según se nos van mostrando planos de detalles que pueden provocar la desgracia.

Este próximo viernes día 26 llega a las pantallas españolas Destino final 5 (Final destinarion 5, 2011, Steven Quale) también en 3D, contar algo de su argumento, pese a que el punto de partida sea el mismo (premonición-evasión del primer acidente-progresiva muerte de los supervivientes), supondría ya un spoiler que eliminaría ese factor sorpresa que sigue conservando. Por otra, parte quien esto escribe no puede compararla a las anteriores por no haber seguido la franquicia, de modo que no sabría decirles si efectivamente es más profunda que las anteriores, lo que sí puedo decir es que el dibujo de los personajes no pasa de cuatro líneas que apenas los bosquejan; sin embargo, ello no es un inconveniente en el film que busca más la espectacularidad que la empatía.
Y la espectacularidad está lograda desde los títulos de crédito (auténticas pistas de lo que nos espera). Igualmente el accidente evitado ofrece alguno de los momentos más atractivos del film. Puedo asegurarles, eso sí, que, a menos que sean ustedes muy aprensivos, les esperan una buena dosis de carcajadas. Ninguno puede salir del cine pensando que acaba de ver una obra maestra, pero cumple suficientemente bien su cometido: es una cinta de verano fresca que nos procura casi dos horas de evasión de nuestra realidad veraniega, tan sofocante ella fuera del cine. La película carece de grandes expectativas (ni siquiera pretende del 3D otra cosa que efectos circenses) y eso juega a su favor, abandonamos la sala con menor decepción de la que nos dejan algunas películas más ambiciosas en sus planteamientos. En definitiva, no apta para ser vista sin palomitas (y casi estoy por decir que sin estar rodeado de adolescentes con las hormonas revoloteadas).

Si están atentos a la aparición del célebre 180 descubrirán que, siendo la última hasta ahora, funciona como precuela cerrando aparentemente el círculo. ¿Significa eso que ya no habrá más partes? Pues según su director, Steven Quale , eso va a depender del éxito en taquilla que tenga ésta en sus exhibiciones. Así que ya saben, depende de ustedes que continúe o no, si lo han pasado bien con las anteriores no duden en ir a verla y si no, pues ya saben, pueden hacer que acabe aquí. Esta vez no les recomiendo ni lo uno ni lo otro, sino que se lo dejo totalmente a su elección.
Destino Final 5
Cuando en el año 2000 aparecía la primera entrega de esta saga suponía una innovación: como en cualquier slasher todos van muriendo, salvo que no en manos de un psicópata sino perseguidos por la propia muerte, que les avisa mediante su enigmático emisario: el forense Mr Bludworth. Lo que fue innovación se convirtió en esquema de una serie que acaba de estrenar su quinta secuela la cual ofrece lo que de ella se espera. No pasamos miedo, al contrario, estamos pendientes de cómo van a ser esas muertes que ya sabemos se van a dar con una actitud de animus jocandi.
Aunque parta de la idea de fatalismo, sus trágicas muertes están carentes de tragedia, más bien las adorna un humor negrísimo cual si nos encontráramos ante un episodio del Correcaminos o de tantos otros cartoons. Tanto es así que casi estamos esperando que de un momento a otro aparezca en cualquier objeto la famosa marca Acme. Vean este vídeo con diez de las mejores muertes como ejemplo de lo que estamos diciendo:
Desde la primera secuela se juega a darle pistas al espectador y guiños que hacen referencia a episodios anteriores, así todos estamos esperando que salga en algún momento el número 180 que corresponde al del vuelo que se estrella en el inicio de la primera parte. El mayor problema al que se enfrenta esta franquicia es el reto de conseguir muertes cada más espectaculares y grotescas para mantener la atención del público que acude a cada entrega igual como quien lo hiciera a algún episodio de Jackass, pero mucho más radical aunque ficticio. Es difícil de conseguir y así Destino final 4 (Final Destination 4: Death Trip 3D, 2009,David R. Ellis ) resultó la más floja de las rodadas hasta entonces a pesar de la utilización del 3D. Por otro lado, su mejor baza es crear suspense ante cada nuevo accidente porque la película juega con nosotros al despiste y asistimos a la escena elucubrando cómo va a encontrar la muerte cada personaje según se nos van mostrando planos de detalles que pueden provocar la desgracia.
Este próximo viernes día 26 llega a las pantallas españolas Destino final 5 (Final destinarion 5, 2011, Steven Quale) también en 3D, contar algo de su argumento, pese a que el punto de partida sea el mismo (premonición-evasión del primer acidente-progresiva muerte de los supervivientes), supondría ya un spoiler que eliminaría ese factor sorpresa que sigue conservando. Por otra, parte quien esto escribe no puede compararla a las anteriores por no haber seguido la franquicia, de modo que no sabría decirles si efectivamente es más profunda que las anteriores, lo que sí puedo decir es que el dibujo de los personajes no pasa de cuatro líneas que apenas los bosquejan; sin embargo, ello no es un inconveniente en el film que busca más la espectacularidad que la empatía.
Y la espectacularidad está lograda desde los títulos de crédito (auténticas pistas de lo que nos espera). Igualmente el accidente evitado ofrece alguno de los momentos más atractivos del film. Puedo asegurarles, eso sí, que, a menos que sean ustedes muy aprensivos, les esperan una buena dosis de carcajadas. Ninguno puede salir del cine pensando que acaba de ver una obra maestra, pero cumple suficientemente bien su cometido: es una cinta de verano fresca que nos procura casi dos horas de evasión de nuestra realidad veraniega, tan sofocante ella fuera del cine. La película carece de grandes expectativas (ni siquiera pretende del 3D otra cosa que efectos circenses) y eso juega a su favor, abandonamos la sala con menor decepción de la que nos dejan algunas películas más ambiciosas en sus planteamientos. En definitiva, no apta para ser vista sin palomitas (y casi estoy por decir que sin estar rodeado de adolescentes con las hormonas revoloteadas).
Si están atentos a la aparición del célebre 180 descubrirán que, siendo la última hasta ahora, funciona como precuela cerrando aparentemente el círculo. ¿Significa eso que ya no habrá más partes? Pues según su director, Steven Quale , eso va a depender del éxito en taquilla que tenga ésta en sus exhibiciones. Así que ya saben, depende de ustedes que continúe o no, si lo han pasado bien con las anteriores no duden en ir a verla y si no, pues ya saben, pueden hacer que acabe aquí. Esta vez no les recomiendo ni lo uno ni lo otro, sino que se lo dejo totalmente a su elección.
Súper 8: mucho más que otro blockbuster revival
El verano del 2011 podrá ser recordado como el verano en el que las películas aptas para todos los públicos (como se las llamaba antes) se tiñeron de nostalgia. Ya sea a modo de relectura de viejas ( y no tan viejas) sagas, como El Origen del planeta de los simios (Rise of the planet of the apes, 2011, Rupert Wyatt) o X men firts class (2011, Matthew Vaughn). Ya sea como recuperación de héroes de otras décadas como Conan el bárbaro (Conan The Barbarian 3D, 2011, Marcus Nispel). O ya sea como revisión de todo un género. Ese es el caso de Súper 8 (2011, J.J. Abrams): todo un homenaje a la Ciencia Ficción tal como la ha visto Spielberg desde Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977, Steven Spielberg)
La gran baza que ha jugado J.J. Abrams para crear expectación es no filtrar apenas nada sobre la película, incluso se le hizo firmar a los actores una cláusula de confidencialidad según la cual no podían hablar de la película más que con los miembros del equipo. Y está justificado, porque su película es para disfrutarla con aquella inocencia de las tardes de domingo en los que la única referencia para decidir en qué cine entrar era «mirar los cuadros». De modo que quien se adentre en este comentario ya sabe a lo que se expone: perder ese factor sorpresa que es el valor añadido que aporta Súper 8.
Valor añadido, aquello que suma y hace especial a un producto, es lo que busca Charles (Riley Griffiths), el mejor amigo del protagonista para su película de súper 8. Lo encuentra en un tren que descarrila después de chocar con una furgoneta, mientras la pandilla andaba rodando en la estación. Este es el arranque argumental, pero antes Abrams nos había dado toda una lección de cine en los cinco minutos de prólogo. Ése prólogo es una excelente muestra de que, con las líneas de diálogo justo y un calculado manejo de la cámara, es posible contar mucho en muy poco tiempo. En apenas cinco minutos, se nos caracteriza ya a todos los personajes,los conflictos que hay entre ellos, los sentimientos que les unen y se siembra la incógnita por el qué va a pasar a partir de ahí con los personajes. Desde ese inicio hasta el descarrilamiento del tren hay más historia narrada que en otras películas que invierten más de dos horas de metraje para contar la visión que el «autor» tiene del mundo.
Como todo buen blockbuster, viene bien servida de acción y efectos especiales, tanto visuales como de sonido, que la hacen espectacular en su ritmo bien modulado (no hay caídas significativas, salvo cierta precipitación hacia el desenlace). Y el espectador la contempla con mirada ingenua a poco que se deje llevar, porque, sin necesidad de usar cámara subjetiva ,el film nos la muestra desde los ojos de los protagonistas. Abrams sabe sumergirnos en la trama como si nos pasara a nosotros mismos, porque nos identificamos con la sorpresa que vemos retratada en los ojos de los protagonistas, nos miran a nosotros y nosotros nos transponemos en su piel como si ellos fueran nuestra imagen en el espejo. Y es que todos hemos sido niños ávidos de protagonismo y aventura.
Los efectos no son todo, sin la gran actuación de los pequeños actores la película no funcionaría. Cada cual interpreta a la perfección su rol en la pandilla: Riley Griffiths (Charles) es el gordito listo con gran inventiva hijo de una familia numerosa (que propicia los momentos más cómicos de la cinta) con madera de líder que consigue enrolar a todos sus amigos en el film que quiere rodar (sabe que será de zombies pero no su argumento, ¿les recuerda algo?); Ryan Lee (Cary) es el clásico aficionado a actividades extrañas (lo que se considera un friqui para algunos), en su caso los petardos y explosivos; Gabriel Basso (Martin) es el más aprensivo del grupo; Joel Courtney es el chico tímido con mucho mundo interior que se evade con sus amigos de problemas recientes; y Elle Fanning (Alice Dainard) es la chica en toda la polisemia del término. Entre ellos destacan el debutante Joel Courtney y la veterana Elle (¡hay que ver cómo está creciendo esta jovencita!), especialmente la niña, que apunta ya maneras de estrella. A Elle Fanning le debemos algunos de los momentos más emotivos de la película, aquellos en los que interpreta dentro de la interpretación y que la revelan como una actriz con talento y sensibilidad. Juntos forman la pandilla ideal, aquella que leíamos en las novelas juveniles, la misma que veíamos en las películas, y a la que tanto se parecían las nuestras aunque no fuéramos conscientes.
Ambientada en los albores de los 80’s, el tratamiento de la imagen y la iluminación juegan a emular las texturas de los films de esa década. Con esa fotografía granulosa y esos destellos de luz azul filtrada en los encuadres. La banda sonora de Michael Giacchino, que algunos verán como emulación de su propia composición para Lost, evoca las composiciones del Williams que formó tandem con Spielberg en esa década.
En esa década abundaron las películas de género fantástico con protagonistas infantiles, films como Los Goonies (1985, Richard Donner), Una pandilla alucinante (The Monster Squad, 1987 Fred Dekker), Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986 Rob Reiner), basada en The Body de Stephen King (cuya sombra se proyecta alargada sobre el film) o, por supuesto, E.T, el extraterrestre (E.T. The Extra-Terrestrial, 1982 Steven Spielberg) . Pero aunque esa sea la época recreada, al verla no podemos dejar de pensar en épocas anteriores, la de los 50’s y 60’s con su entrañable serie B poblada de monstruos y extraterrestres los cuáles (por falta de presupuesto en muchas ocasiones) apenas se mostraban, cosa que no siempre iba en detrimento del miedo que pretendían provocar sino que, al contrario, lo estimulaban aún más. También aquí el monstruo es entrevisto más que mostrado (hasta el momento preciso en que ha de hacer aparición) y nos recuerda a films como La noche del demonio (Night of the Demon, 1952 Jacques Tourneur) que aunque mostró un bicharraco por exigencias de los productores, habría funcionado igual de bien sin que se hubiera visto o el mismo Alien (1979, Ridley Scott), donde se enseñó lo justo. E.T y Alien son seguramente los dos referentes que más han inspirado a Abrams en la creación de su propia criatura y, si permanecen atentos en sus pantallas, hasta igual les parece que se funden en un plano.
Y es que Súper 8 es, ante todo, un homenaje a la infancia en general, pero en particular lo es de la de los monsters kids entre los que se cuenta el propio Spielberg, entre otros como John Landis, Joe Dante o el propio Stephen King. A finales de los años cincuenta y especialmente durante los sesenta, creció en Estados Unidos toda una generación alrededor de la publicación Famous Monsters of Filmland, del entrañable Forrest J. Ackerman, donde aprendieron a adorar a los viejos monstruos de Universal y, sobre todo a los maquilladores, auténticos hacedores de monstruos, cuyos nombres y trabajos conocían los niños, como Jack Pierce o Dick Smith (nombre que se escucha en el film). También coleccionaban y montaban maquetas de la marca Aurora, que representaba a los adorados monstruos (puede verse al Quasimodo de Aurora en la película). Devoraban películas en televisión en programas presentados por anfitriones del calibre de Vampira, Zacherley o Svengoolie, que entre chistes chuscos y telarañas quitaban el susto del cuerpo de los pequeños aprendices de monstruo. Aprendices que también hacían sus pinitos con el súper-8 (y antes con 8 mms.) imitando los films que veían, con especial predilección por Ray Harryhausen, al que emulaban poniendo en movimiento sus muñecos o fabricando sus propios dinosaurios, que cobraban vida en la pantalla rodados frame to frame. Esos pequeños aprendices se veían seguramente a sí mismos como protagonistas de historias que narraban invasiones alienígenas; o como luchadores contra el mal; o como monstruos. Todo ello con un lenguaje y en un mundo que parece que ellos solos entendían, ante el rechazo de unos padres que no podían comprender lo que ellos calificaban de morboso.
El corto que ruedan los muchachos del film bien podría haber sido una monster kid home movie como las que pueden verse en el vídeo que hemos incrustado (no hay que perderse los créditos finales de Súper 8, porque guardan una sorpresa). Eso es lo que está en el sustrato de Súper 8, por eso atrajo la atención del Rey Midas de Hollywood. Todas las claves del Spielberg de los ochenta (cuando vio cumplido el sueño de hacer monster movies con presupuesto) están en el film: sus pueblecitos de casas con garaje, sus niños en bici, su sheriff honrado, sus vecinos que se conocen, su refinería donde trabajan todos (aquí planta química), su reunión vecinal para tratar los problemas … Y el final, que parece el negativo del de Encuentros en la tercera fase, pero para llegar a la misma conclusión: nos está diciendo que la comprensión del alien es la única manera de llegar a saber de civilizaciones extraplanetarias. Pero eso no es otra cosa que una metáfora de cómo pueden superarse los conflictos humanos y las relaciones entre nosotros. Alien es cada otro y sólo la empatía puede subsanar los defectos de la comunicación. Eso es lo que descubren los personajes en ese paso a la madurez, un paso que no sólo dan los niños protagonistas sino también los adultos que les rodean.
Todo mueve a un ejercicio de nostalgia entrañable en Súper 8. Hasta el viejo logotipo de Amblin ha sido utilizado, parece ser que por capricho del mismo Abrams. Eso puede abrirnos preguntas: ¿Qué pasa? ¿Todo lo que se hace nos tiene que llevar a tiempos pretéritos? ¿por qué no un buen film que no sea remake o rememore a otros.? Que los guiños hacen gracia y eso, pero… para variar ¿Qué tal algo totalmente original? .E igual que preguntas genera también sus réplicas: se podrá decir que no aporta nada argumentalmente, que resulta previsible, pero es que de eso se trataba de homenajear el género tal como lo entendió Spielberg, por tanto no pretende ser original sino partir de los tópicos ya usados. La Vanguardia impuso una exigencia de continua ruptura que se acabó manifestando como excesiva además de baldía, porque no condujo más que al silencio. El arte siempre ha sido una continua reformulación de sí mismo, los topós se heredan de generación en generación y lo que distingue a las diferentes obras es la nueva manera de plantear el sentir de su época respecto a los problemas que han rodeado al hombre desde su inicio. Crear es recrear y J.J. Abrams lo borda.
El origen del Planeta de los Simios: ¡¡Así, si!!
…VALE, PERO AL PRINCIPIO FUE EL HOMBRE DEL TRAJE DE MONO
Ya se sabe que cada generación tiene su saga cinematográfica: unos pueden ser de La Guerra de las Galaxias; otros de El señor de los anillos e incluso hay los que son forofos y tendrán en el recuerdo la saga de Harry Potter, en fin, lo que les digo, hay gente para todo. Pero puedo asegurarles que mi saga, y pienso que la de mi «quinta» es la de El planeta de los simios. Tuve el privilegio de verla completa en cines, ya que antes la vida de las películas se prolongaba durante años exhibiéndose en cines de barrio, no como ahora, que rapidamente pasan al consumo doméstico.
¿Pero, porqué el cine tiene tanta obsesión por los monos y no, por ejemplo, con los Ñu? Supongo que por la proximidad (de algunos más que de otros) con nuestro vecino de enfrente en la evolución. Pero desde luego es un hecho, lean, lean…
Ya desde el cine fantástico mudo se puede ver a hombres con maquillaje de mono o con disfraces de gorila en films como Habla el mono (The Monkey Talks, 1927 Raoul Walsh); El gorila (The Gorilla, 1927 Alfred Santell) e incluso en La obsesión de un sabio (A Blind Bargain, 1922 Wallace Worsley), donde el genial Lon Chaney nos ofrecía una sencilla pero más que verosímil mutación hombre / mono. Eso por nombrar unos pocos… ¿Y qué decirles de Tarzán, en cuyos primeros films se mezclaban hombres con traje de gorila y chimpancés reales? … Y por si no tuvieran bastante, recuerden a los gorilas gigantes con King Kong (1933, Cooper & Schoedsack) a la cabeza. Y eso solo fue el principio, porque durante los años 30 y 40, los tipos con traje de gorila parecían ser la compañía obligada de los sabios locos que interpretaron Bela Lugosi en films como El doble asesinato de la calle Morgue (Murders in the Rue Morgue, 1932 Robert Florey), The Ape Man (1943, William Beaudine), Bela Lugosi Meets a Brooklyn Gorilla (1952, William Beaudine), o Boris Karloff en El gorila (The Ape, 1940). Tanta era la querencia con los simios peludos que incluso Lugosi acudía a algunos estrenos cinematográficos haciendo el numerito acompañado de un tipo con traje de mono.
Pero visto esto… ¿Que es lo que nos falta?
… ¿QUE TAL TODO UN PLANETA DE SIMIOS?
Pues primero fue la obra, escrita por el francés Pierre Boulle, escritor que había conocido un gran éxito con El puente sobre el río Kwai , novela que fue adaptada al cine convirtiéndose en uno de los grandes clásicos de todos los tiempos, así que cuando escribió en 1963 La Planète des Singes, el mundo del cine no se lo pensó dos veces y rápidamente pusieron a trabajar en el guión a uno de los grandes de la ciencia- ficción: Rod Serling, que tras mil vicisitudes entra en contacto con Arthur P. Jacobs de 20th Century Fox, que también está interesado en llevar la historia de esta sociedad compuesta por simios al cine. La producción se pone en marcha en 1967 con los resultados que ustedes ya saben: un sólido film repleto de estrellas: Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter y Maurice Evans, que sustituye en el papel de Dr. Zaius al popular Edward G. Robinson. Destacando la increíble e innovadora labor de maquillaje de John Chambers, que por entonces experimentaba con un novedoso material, el látex.
Aquí comenzó una saga que se prolongó durante 6 años y cinco films que encajan como la
maquinaria de un reloj suizo y que están repletos de entretenimiento, acción, ternura y sobre todo inteligencia. Lamentablemente el último título (que afortunadamente no se estrenó aquí) ya era del todo innecesario, así como una floja serie de televisión que intentó, inutilmente prolongar la saga del planeta de los simios que tan bien se había cerrado con La rebelión de los simios (Conquest of the planet of the apes, 1972 J. Lee Thompson).
En todo caso, la serie propició la edición de una colección de cómics editados por Marvel que, tras iniciarse adaptando a ese medio las historias de las películas originales, iniciaba aventuras inéditas en una colección que lo mejor que tenía era, sin duda, sus portadas, ya que el contenido estaba creado para explotar el filón mientras durase. Quizás lo mejor que legó aquella época fueron los excelentes muñecos y complementos que fabricó Mego.
En 2001 Tim Burton realiza un remake del primer título de la serie que decepcionó a todos: fans de la serie original y fans de Burton. Aunque quizás habría que revisarla y darle otra oportunidad, quien sabe. Al menos queda un momento delicioso: la intervención de Charlton Heston (sin acreditar) aquí como simio interpretando a Zaius y la de Linda Harrison, la Nova original.
Pero vayamos con la nueva, hablemos de…
EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS
Naturalmente uno tenía sus reticencias pero, nos ha sorprendido y mucho esta nueva e ingeniosa incursión en la serie simiesca, que no es un remake, sino una nueva visión de la misma historia que narraba la cuarta película de la serie: La rebelión de los simios.
Al igual que X-Men: Primera generación (X-Men: First Class, 2011 Matthew Vaughn), El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes, 2011, Rupert Wyatt), no es una precuela, sino una relectura de la saga anterior, que, afortunadamente, obvia el fallido intento de Tim Burton. Relectura y no precuela, porque si bien enuncia los nexos, como lo es que la rebelión comience cuando César dice «¡No!», supone una puesta al día de la trama de fondo. Toda obra de Ciencia Ficción explora los miedos y peligros del presente trasladándolos a un futuro donde tienen cumplimiento; esto es así en la saga original y en la nueva película, pero si en aquella respondía al temor de que la Guerra Fría acabara en una confrontación armada queconduciría al desastre nuclear y la extinción del planeta (de ahí antológicas escenas como la de Charlton Heston ante la Estatua de la Libertad al final del primer título de la saga o los adoradores de la bomba en el segundo, Regreso al planeta de los simios), en El origen del planeta de los simios responde a una de nuestras más grandes incógnitas: qué ocurrirá si siguen adelante las investigaciones en el campo de la ingeniería genética. La ingeniería genética es uno de los campos de investigación que más avances está procurando (el otro sería la inteligencia artificial que protagonizará el festival de Sitges 2011), pero ningún avance está exento de riesgos, pues nadie puede preveer todas las consecuencia de la manipulación genética. Ahí están, por ejemplo, las voces de los ecologistas avisando de los posibles efectos adversos de los transgénicos para la salud de los humanos. También la discusión bioética alza la voz, centrándose tanto en problemas filosóficos como qué es la vida y la licitud del hombre para recrearla (que en la película vemos reflejado en la figura de un espléndido James Franco, como un nuevo sosias de Frankenstein) como en la licitud de los propios experimentos con animales. El origen del planeta de los simios nos mueve a reflexionar sobre todo ello cuando vemos el trato que se da a los animales en el film, y también en sus títulos de crédito finales, donde expone nuestro temor a una pandemia mundial.
Por otra parte se esboza una posible continuación al ver la rivalidad entre César y otro chimpancé, Koba, pues en los momentos finales se nos presenta a César como un buen lider que sólo busca la liberación de los suyos (incluso rechazando matar a los humanos), mientras que su antagonista quiere declarar la guerra a los humanos.
Tenemos en James Franco un mad doctor en toda regla que no duda en experimentar con su propio padre, enfermo de Alzheimer, el medicamento que finalmente acabará, no sólo con él, sino con toda la civilización humana, a la vez que propiciará el dominio de los simios al crear el suero que les dota de inteligencia. Como vemos todo un «logro» que ya quisiera para sí el mismísimo Duendecillo Verde, sin olvidar que el personaje del científico Will Rodman, que encarna Franco es, paradójicamente el «héroe» de la función. Pero descuiden, si olvidan estos pequeños detalles les caerá muy bien el personaje interpretado por Franco, que solo busca lo mejor para el prójimo (menos mal…)
Últimamente me sorprende favorablemente, y mucho, John Lithgow. Este veterano actor ya demostró que era excelente en el campo de la comedia con la serie Cosas de marcianos (3rd Rock from the Sun), pero recientemente me tiene cautivado con el papel de psicópata que encarna en la estupenda serie Dexter, así que verlo aquí con un papel repleto de sensibilidad como padre del científico, no hace más que confirmar que este actor, que me parecía del todo anodino, tiene algo especial: talento.
Mención aparte merece el apartado de efectos especiales. Sencillamente se ha conseguido algo cercano a la perfección con la creación del chimpancé César, que muestra unas expresiones que llegan al espectador transmitiendo sentimientos. Vamos, que interpreta, que se trata de un actor más y, …no precisamente malo (¡¡Algunos que hay por aquí pueden empezar a temblar!!). Algo que da que pensar que, ahora sí, en cualquier momento pueda estrenarse una película nueva de, por ejemplo, Bruce Lee o James Dean o…
También tenemos, por supuesto,varios guiños a la saga original: una simia llamada Cornelia; una imagen de Charlton Heston en un televisor; César con una estatua de la libertad en sus manos; la denominación «ojos claros» para los monos inteligentes, que rememora a el «ojos azules» que llamaban a Taylor (Charlton Heston), único humano inteligente en el primer film. Y una de las frases más famosas de la película original (y de la historia del cine): antes de que hable por primera vez César, un humano le dice aquello de: «Quítame tus apestosas zarpas de encima, sucio simio», la misma frase que Taylor espeta a los simios cuando habla por primera vez en el primer film. También en la música de Doyle, se homenajea la banda sonora original de Goldsmith, una de las más importantes de la historia del cine.
Pero a pesar de los homenajes y guiños, sin duda El origen del planeta de los simios es una propuesta seria que nos ha sorprendido y que, en ningún modo, puede ofender a los admiradores de la saga original ni en general a los amantes del buen cine de entretenimiento (vamos, lo que viene siendo el cine desde siempre y que algunos no acaban de entender).
En septiembre Tod Browning asalta las librerias
Si hace bien poco pudimos congratularnos de la publicación del magnífico libro sobre James Whale escrito por Juan Andrés Pedrero Santos, en septiembre podremos comprar otro libro dedicado a otro gran director de cine fantástico (y no fantástico), Tod Browning.
Este libro, el número 87 de la colección Signo e imagen /Cineastas de editorial Cátedra y es un volumen del todo necesario ante la escasez actual de bibliografía en castellano sobre el director. Sobre su autor, el gaditano José Manuel Serrano Cueto hay poco que añadir, sus obras hablan sobradamente sobre su amor al cine, con especial dedicación al fantástico como demuestran sus libros Vincent Price, el villano exquisito (T&B Editores), Zombie Evolution (T&B Editores), Horrormanía (Alberto Santos Editor), De monstruos y hombres. Los reyes del terror dela Universal (T&B Editores) y en Italia, Jess Franco. Tutto Sul Suo Cinema «Spiazzante» Da Orson Welles Alla Pornografia (Profondo Rosso).
Estoy seguro de que la biografía de este director, que inició su carrera cinematográfica como actor pero desempeñó también labores de productor y guionista, nos ofrecerá suficientes atractivos como para que el libro de Serrano Cueto sea una lectura apasionante. Lamentablemente, parte de su filmografía está perdida o es difícil de visionar (con excepción de las mudas que se conservan con Lon Chaney de protagonista y varias de las sonoras), pero a bien seguro que descubriremos muchas facetas interesantes de este apasionante director.

No es muy abundante la bibliografía en inglés sobre el director, pero sí tiene gran calidad. Tenemos el gran libro Dark Carnival. The Secret World of Tod Browning, Hollywood Master of the Macabre (1995, Anchor Books /Doubleday), escrito por David J. Skal y Elias Savada, que en la actualidad se encuentra descatalogado. Se encuentan disponibles: Films of Tod Browning (Black Dog Publishing, 2006) y The Cinema of Tod Browning: Essays of the Macabre and Grotesque (McFarland), escritos por Bern Herzogenrath, además de algunos libros dedicados a sus films más conocidos como el magnífico Dracula (Magicimage, 1990), escrito por el especialista Philip J. Riley o Carnival from Hell. Tod Browning’s Freaks (Creation, 2010), edición limitada y numerada de 100 ejemplares que a pesar de sus 36 páginas y 54 fotografías alcanza cifras astronómicas.
En España hemos sido afortunados, ya que en 1996 el Festival de Cine de San Sebastián conjuntamente con la Filmoteca Española publican la edición en castellano del libro de Skal y Savada con el nombre de El carnaval de las tinieblas. El mundo secreto de Tod Browning, maestro de lo macabro en el cine de Holywood, un libro de lujo con infinidad de imágenes magníficamente reproducidas. Lamentablemente este volumen se encuentra descatalogado, así que el libro de Serrano Cueto cubrirá este hueco. También tenemos un magnífico estudio sobre Freaks: Guía para ver y analizarLa Paradade los Monstruos, escrito por Lucía Solaz Frasquet publicado por Nau Llibres /Octaedro en 2004.
Pero, ¿Porqué es tan necesario un libro sobre Tod Browning? Pues porque a pesar de la inmensa popularidad de varios de sus films como La parada de los monstruos (Freaks, 1932) o Drácula(1931), la vida y obra de Browning siguen siendo unos grandes desconocidos para el gran público. Proveniente del mundo del circo, que tan bien conocía y que tan bien reflejó

Tod Browning encendiento el farol de Lon Chaney en compañía de Edna Tichenor durante el rodaje de London After Midnight.
en varios de sus films, su filmografía contiene varias obras de arte de lo retorcido y de lo oscuro, especialmente durante su perfecta alianza con Lon Chaney, indiscutiblemente el más grande actor de cine que ha existido nunca, con quien retrató los bajos fondos y el mundo del hampa en, la felizmente recuperada recientemente La rosa del arroyo (The Wicked Darling, 1919), o en Fuera de la ley (Outside the Law, 1920) o en las dos versiones de El trío fantástico (The Unholy Three, 1925 y 1931) o en Maldad encubierta (The Black Bird, 1926) y Los antros del crimen (The Big City, 1928) pero también en otras fantásticas parábolas sobre el desamor y la venganza como son Garras humanas (The Unknown, 1927) y Los pantanos de Zanzibar (West of Zanzibar, 1928). El dúo Browning / Chaney nos ofrecieron dramas exóticos como La sangre manda (The Road to Mandalay, 1926) y Oriente (Where East Is East, 1929). Sin olvidar la película perdida más importante de la historia del cine, La casa del horror (London After Midnight, 1927) con la iconográfica caracterización de vampiro que creó el mítico hombre de las 1000 caras.
Sobre La parada de los monstruos (Freaks, 1932) ¿Qué más se puede decir? en la época fue denostada, mutilada (casi media hora tras el pre-estreno) y finalmente retirada, terminando alquilada por el genio del cine exploitation Dwain Esper, que la remontó y cortó a gusto, permaneciendo en su poder durante 25 años. Exhibida en sesiones especiales junto a espectáculos de feria, cambió su nombre a placer, proyectándose como Nature Mistakes, Love Live of Freaks e incluso Forbidden Love. Tras volver a su propietario original, Metro-Goldwyn-Mayer, estuvo en sus archivos hasta que la recuperó el Festival de Cannes en 1962, desde donde partió para diversos festivales convirtiéndose en inmortal. La versión que nos ha llegado no es, ni de lejos la que su creador parió, pero conformémonos, al menos podemos disfrutarla. En España nuestros abuelos y padres pudieron verla en la época y también en una reposición posterior durante los años cuarenta. Luego hubo que esperar a 1977, momento en el que la recuperó el Festival de Sitges. Un pase televisivo en los ochenta hizo sacar humo a los magnetoscopios, hasta llegar a la flamante edición en Dvd, que en su versión española venía acompañada de, además de unos magníficos extras presentes en la edición americana, otro film de Tod Browning, Garras humanas (The Unknown, 1927).

Tod Browning junto a Lon Chaney en una escena cortada de West of Zanzibar. Se puede ver que este "Pato Humano" es todo un antecedente de la posterior Cleopatra, la mujer gallina de Freaks.
Tod Browning también tiene otros films fantásticos de valor, ya que, además de en Drácula (1931), dirigió a Bela Lugosi en dos ocasiones más: en The Thirteenth Chair (1929) y en La marca del vampiro (Mark of the Vampire, 1935), nueva versión, ahora sonora de London After Midnight. Sin olvidar films como Muñecos infernales (The Devil-Doll, 1936) con un travestido Lionel Barrymore que rememora al Lon Chaney de El trío fantástico y un film menor pero de interés, Miracles for Sale (1939), último de su carrera.
Por todo ello creo que comprenderán las ganas que desde Proyecto Naschy tenemos de que este libro forme parte de nuestra polvorienta biblioteca de los horrores
Hemos leido el libro James Whale. El padre de Frankenstein y nos ha encantado
En algún sitio leí (o escuché) que a los fans de los films clásicos de terror de Universal nos encantaría meternos en el rodaje y compartir escenas con nuestros monstruos predilectos, de ahí que veamos mil veces las películas buscando pequeños detalles que se nos hayan escapado, leamos todo libro que cae en nuestras manos buscando ese dato que no conocíamos y analicemos cada fotografía minuciosamente. Los más bizarros (entre los que me incluyo) recolectan pequeños vestigios de aquella época como programas, carteles o incluso algún autógrafo (no de los protagonistas, piezas cotizadísimas para el que les cuenta esto) sino de algún co-protagonista o actor que trabajó con ellos. Por no hablar del merchandising que hace desesperar al más equilibrado de los ya de por sí desequilibrados fans. Vemos mil y una veces documentales buscando esa escena cortada o ampliada y… por supuesto también leemos libros, y aunque sobre el tema se han publicado muchos, uno no puede más que alegrarse cuando lee uno que realmente vale la pena. Así que, si hace un tiempo os informábamos de la inminente salida al mercado de un libro que parecía, así de entrada de lo más interesante, nos complace, una vez leído, confirmarlo: estamos ante un libro imprescindible para los amantes del cine de terror y del cine en general. Uno volumen definitivo, especializado y necesario, ya que si sobre cine de terror o sobre los monstruos de Universal ya comienza a haber suficiente bibliografía, ahora toca hacer obras más especializadas y concretas. Si de otros actores o directores, como por ejemplo Bela Lugosi,
Lon Chaney o Ed Wood, las obras editadas en castellano no hacen olvidar los maravillosos trabajos que se han publicado en Estados Unidos escritos respectivamente por Gary D. Rhodes, Michael F. Blake y Rudoph Grey , eso no pasa con este libro, aquí tenemos una obra definitiva que complementa y actualiza perfectamente el libro que sobre James Whale escribió James Curtis y cuya versión española editó en 1989 el Festival Internacional de cine de San Sebastián conjuntamente con Filmoteca Española, una obra que, si bien sirve de referencia para Juan Andrés Pedrero Santos, ni mucho menos lastra su libro, que resulta ser una obra más personal y viva, mucho más que un frío recuento de datos. Derrocha pasión por el director y por el cine.
James Whale, El padre de Frankenstein es el tercer libro escrito por el madrileño Juan Andrés Pedrero Santos, cinéfilo y aficionado a los cómics que, en los ratos libres que les deja su trabajo, escribe sobre cine en Scifiworld Magazine y en las webs amigas Pasadizo.com y La Abadía de Berzano. También es responsable de otros dos interesantes libros: Terror Cinema (2008, Calamar Ediciones) y Johnny Weissmuller. Biografía (2010, T&B Editores) Pero… ¿Como nace este proyecto? Dejemos que nos lo cuente el propio autor:
«En mi caso, el objetivo prioritario a cumplir siempre que encaro un nuevo proyecto va a ser, dentro de lo posible, escribir sobre algo que aporte novedad al mercado editorial, o al menos que refresque una temática o una personalidad que ande un poco olvidada y merezca su revisión y recuerdo. Ese no fue el caso de mi primer libro “Terror Cinema”, pero a partir de ahí esas son la directrices que me marco. Ya digo, siempre en la medida de lo posible. La crisis ha provocado que muchos proyectos, a priori atractivos, puedan ser rechazados por las editoriales que temen (con razón) su supuesta poca comercialidad.
Concretamente hablando de James Whale, no cabe duda de que es un cineasta importante para el cine fantástico, pues sus cuatro películas dedicadas al género pueden estar en cualquier lista que se haga sobre lo mejor del mismo; siempre según gustos. Pero lo que más me atraía y hacía de Whale un personaje interesante estaba en el gran desconocimiento que existe (aparte de su homosexualidad, algo bien conocido) sobre los detalles de su vida y del resto de su filmografía; elementos que merecen una mayor difusión. Además, Whale, lejos de ser un artesano a sueldo de un gran estudio, siempre destacó por su comportamiento un tanto díscolo, siempre que le dejaban, muy afín a su carácter y personalidad. Y el ejemplo más claro es La novia de Frankenstein, su indiscutible y siempre rica obra maestra».
Juan Andrés edita este libro muy poco después (un año) de su anterior obra dedicada a Johnny Weissmuller ¿Como ha afrontado la creación del libro?
«Por mi experiencia –ya tengo tres libros publicados y otro (del que no voy a desvelar nada) en un tercio de su probable extensión–, puedo decir que el tiempo habitual de documentación y escritura está en algo más de un año. El resto de mis ocupaciones (las que me dan de comer) y la familia no me dejan tiempo para ser más rápido. Por otro lado no creo que nunca me plantee temáticas o estudios de directores cuya filmografía sea muy extensa, pues me quemaría demasiado y no me veo capaz de soportar mucho más de un año con un proyecto abierto sin verle el final. Eso sí, cuando acabo un libro siempre me digo que me tomaré unos cuantos meses de descanso para leer libros y cómics, y ver películas sobre las que no tenga que escribir, pero cuando pasan dos meses ya no quepo dentro de mí y ya comienzo a volverme loco pensando en cual va a ser mi siguiente libro».
El libro es muy completo y minucioso. El autor repasa todos los films de Whale y los comenta, descubriendo algunos detalles desconocidos de los rodajes de nuestras películas favoritas, deteniéndose para descubrirnos nuevos matices que obligan a volver a repasar (y gozar) la filmografía del director, al menos de los títulos accesibles, ya que, quitando los grandes clásicos, no todos son tan fáciles de visionar. El mismo Juan Andrés nos cuenta como ha conseguido acceder a los más raros:
(…) «Actualmente Internet es una maravilla que permite encontrar casi cualquier cosa. Y no me refiero a bajarse ilegalmente películas para ahorrarse un dinero, sino que te hablo de películas que jamás se han editado en ningún país ni en video ni en dvd, y que gracias a estar disponibles en Internet emisiones en alguna televisión del mundo se tiene acceso a ellas. Te puedo decir que casos como dos de las películas bélicas de Whale, me refiero a Journey´s End y The Road Back, me han tardado en bajar más de dos meses cada una, con el ordenador echando humo las veinticuatro horas. Así de escasas son las fuentes que las tenían disponibles; pero al final se consiguió, al igual que fue el caso de otras. Podrías decirme que porqué no solicite ayuda dela Filmoteca, por ejemplo; organismo que me consta que es muy amable y se desvive en este tipo de cosas, lo cual es muy de agradecer, pero si te dejaran ver las películas en pantalla grande se lo podía uno pensar; no obstante al final solo la puedes ver en unas condiciones similares a visionarlas en tu casa; con lo que tampoco ganas mucho; siempre, claro, contando con la ayuda de Internet como recurso sustitutivo».
También es muy acertado el retrato biográfico del director, aunque uno hubiera deseado quizás ahondar más pero, según me comenta el propio Juan Andrés, “la única información de este señor es básicamente el libro de James Curtis”
Y todo ello escrito con sencillez y con las notas necesarias para hacer el texto asequible a todo tipo de lector, no únicamente cinéfilos empedernidos, que tendrán ocasión de, por medio de la carrera de Whale, repasar la historia misma del cine.
Si el anterior libro sobre Weissmuller ya fue un trabajo necesario y atractivo para el que escribe esto, este me ha encantado mucho más, es posible que a ello haya contribuido la riqueza de sus imágenes: fotos de calidad cristalina, interesantes carteles, programas de mano y lobby cards. Ese mimo merece un capítulo aparte: Nos lo explica el propio Juan Andrés:
(…) «Salvo un par de dibujos que han sido capricho mío (me refiero al de Alfonso Zapico y al de Corben; el primero de ellos dibujado por el asturiano en exclusiva para mi libro, lo cual siempre lo agradeceré en el alma) todo el material lo ha seleccionado y buscado Miguel San José Romano, el editor responsable de Calamar Ediciones. De este señor siempre podré decir que con él por medio uno puede estar seguro de que la edición (formato, diseño de portada, maquetación, título del libro,…) en cualquier caso siempre será sobresaliente; lo cual es una tranquilidad para el autor, pues aunque parezca fácil desde fuera, no hay más que ver lo desastroso y feo de los diseños y maquetaciones de otras editoriales. Miguel nunca falla».
Y si he disfrutado con las imágenes, también lo he hecho con su lectura, que se me ha hecho corta. Aunque me tranquiliza intuir que el libro de Pedrero es uno de esos que con el tiempo vuelves a leer, aunque sea en espera de su próxima obra, así que no puedo evitar pedirle a Juan Andrés que nos hable, si no es supersticioso, del proyecto que tiene en cartera:
«No soy supersticioso, pero el mundo editorial no está como para ir dando ideas a los colegas escritores. Bastante se rompe uno la cabeza buscando temáticas de interés que no estén trilladas como para dárselo todo hecho a algún competidor más rápido que uno mismo, je je. Solo te diré que, como decía antes, lo duro del mercado del libro me ha obligado a ser un poco más comercial en el proyecto que tengo entre manos, pues proyectos algo menos comerciales me fueron rechazados por varias editoriales y, como también dije antes, yo no puedo estar sin escribir, necesito estar siempre liado con algo. Volviendo a James Whale, solo espero que los lectores se sientan satisfechos con el intento que el libro supone de dar a conocer un director del que hay muy pocos estudios sobre su obra al completo y ninguno en castellano, salvo la traducción que la Filmoteca y el Festival de San Sebastian hicieron del trabajo de James Curtis en 1989; un libro, por otro lado, imprescindible. Existen estudios parciales de sus películas más conocidas, y muy poco escrito (en realidad una o dos cosas en inglés) sobre su biografía. Por eso creo que es un trabajo bonito e interesante. Si lo he conseguido o no serán los lectores quienes lo juzguen. También quisiera dar las gracias a Guillermo del Toro por su amabilidad a la hora de redactar un prólogo como solo él era capaz de hacerlo, cosa que da buen empaque al libro ya de entrada; y, como te puedes imaginar, todo un orgullo para mí. Aprovecho también para darte a ti, Carlos, las gracias por tu interés por el libro y por esta entrevista».
Gracias a ti Juan Andrés y esperamos ya con impaciencia ese nuevo proyecto del que, por supuesto os mantendremos puntualmente informados.
¡Feliz cumpleaños Vincent!: 100 años de Vincent Price.
Solo unos apuntes para recordar a uno de esos actores importantes no únicamente para los amantes del cine fantástico, sino también para los del cine en general. Un actor que vió como se le encasillaba con el terror, como un ser siniestro y cruel y…¡Nada más falso! Ya que Vincent Price era un tipo refinado, simpático, amante esposo, sibarita de la buena mesa y especialista en arte.
Nacido en San Luis, Missouri el 27 de mayo de 1911, Vincent, hijo del presidente de una fábrica de caramelos, tuvo una vida acomodada: estudia historia de arte y bellas artes en Yale y Londres y en los años 30 comienza a interesarse por el teatro, llegando a trabajar junto a Orson Welles en el Mercury Theatre.
Tras unos intensos años de experiencia teatral, Vincent Price se pasa al cine, interpretando su primera película, Service de Luxe (Rowland V. Lee) en 1938, pero ya en su tercer film entra en contacto con dos grandes figuras del género cinematográfico por el que será recordado: Boris Karloff y Basil Rathbone junto a los que actúa en La torre de Londres (Tower of London, 1939 Rowland V. Lee) .
En 1939 «encarna» al hombre invisible en El hombre invisible vuelve (The Invisible Man Returns, 1940 Joe May), personaje que volverá a «incorporar» en Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott Lou Costello Meet Frankenstein, 1948 Charles Barton). A partir de ahí va cogiendo prestigio gracias a los films que interpreta para 20th Century Fox: Laura (1944, Otto Preminger), El castillo de Dragonwyck (Dragonwyck, 1946 Joseph L. Mankiewicz), Que el cielo la juzgue (Leave Her to Heaven, 1945 John M. Stahl) (todas junto a una Gene Tierney de sobrenatural belleza), La canción de Bernadette (The Song of Bernadette, 1943 Henry King), Las llaves del reino (The Keys of the Kingdom, 1944 John M. Stahl) y El susto (Shock, 1946 Alfred L. Werker), entre muchas otras.
Pero cuando Vincent Price brilló especialmente fue con su retorno triunfal al cine de terror con Los crímenes del museo de cera (House of wax, 1953 André De Toth) primera película rodada en 3-D en la que Vincent luce un impactante e inolvidable maquillaje que lo aupó al panteón del cine de terror. A partir de ahí encadena algunos films fantásticos como La mosca (The Fly, 1958 Kurt Neumann), El regreso de la mosca (Return of the Fly, 1959 Edward Bernds), The Bat (1959, Crane Wilbur) y House on Haunted Hill (1959) y The Tingler (1959), ambas dirigidas por el genio del marketing William Castle.
Pleno de humor y actividad, durante los años sesenta se atreve con el musical interpretando en Broadway Darling of the day y también encarna en televisión a Egghead, el rapado enemigo del Batman pop en siete episodios. Pero sobre todo es en esta década cuando se rubrica su compromiso con el cine de terror al protagonizar el ciclo de Roger Corman dedicado a Edgar Allan Poe con La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960), El péndulo de la muerte (Pit and the Pendulum, 1961), Historias de terror (Tales of Terror, 1962), El cuervo (The Raven, 1963), La máscara de la muerte roja (The Masque of the Red Death, 1964) , La tumba de Ligeia (The Tomb of Ligeia, 1964) y El palacio de los espíritus (The Haunted Palace, 1963) en esta última adaptando a Lovecraft, películas en las que comparte cartel con actores de la talla de Peter Lorre, Boris Karloff, Barbara Steele y Basil Rathbone.
Tampoco podemos olvidar títulos como El amo del mundo (Master of the World, 1961 William Witney), La comedia de los horrores (The Comedy of Terrors, 1963 Jacques Tourneur), El último hombre sobre la tierra (The Last Man on Earth, 1964 Ubaldo Ragona) o La ciudad sumergida (The City Under the Sea, 1965 Jacques Tourneur)
En los siguientes años, películas como las fantasias Art Decó El abominable Dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971 Robert Fuest), su secuela El retorno del Dr. Phibes (Dr. Phibes Rises Again, 1972 Robert Fuest),Matar o no matar, este es el problema (Teather of Blood, 1973 Douglas Hickox), El club de los monstruos (The Monster Club, 1981 Roy Ward Baker) o House of the Long Shadows (1983, Peter Walker), mantendrán a Price en una merecida popularidad, que se tradujo en programas de radio, anuncios comerciales, juegos de mesa, televisión, cómics y también colaboraciones, muchas veces sorprendentes, con Alice Cooper, Michael Jackson o con un principiante llamado Tim Burton, poniendo la voz en la narración de su corto Vincent (1982), dedicado cariñosamente al actor. Precisamente con Burton Vincent Price haría su último film, ya que falleció durante el rodaje de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990), el día 25 de octubre de 1993 a los 82 años.
Price se casó tres veces y tuvo dos hijos, fundó la colección de arte del East Los Ángeles College, donando varias obras. Esta fundación que todavía existe se llama actualmente Vincent Price en homenaje al actor. También escribió junto a su segunda esposa, Mary, varios libros de cocina.
Un áctor del todo entrañable que ha interpretado varias de nuestras películas favoritas, dándoles clase y humor y granjeándole un puesto de honor en el podium de los inmortales del cine de terror.

En 2004 el escritor José Manuel Serrano Cueto publica Vincent Price, el villano exquisito de la mano de T&B editores dentro de una colección «Lo esencial de…» en la que se publicaban pequeños libros que nos dejaban bastante a medias, todo hay que decirlo. El caso es que afortunadamente la editorial subsana semejante error con una nueva edición ampliada de aquel libro que ya está a punto de llegar a las librerias. En está nueva edición, publicada también por T&B, el autor gaditano, que tiene varios libros en su haber dedicados al cine que más nos gusta como Horrormanía (Albertos Santos, 2007), Zombie evolution (T&B, 2009) o De monstruos y hombres (T&B, 2007), nos ofrece una interesante mirada sobre el refinado actor, ampliando capítulos y con una edición más acorde con la importancia del personaje que esperamos pronto podamos revisar.
Y para terminar con este homenaje, que prometemos no volver a celebrar hasta dentro de 100 años, una selección de los programas de cine más representativos del actor. Todos editados en España.

Su primer monstruo fue visto y no visto (juo, juo, juo…) Tan bien lo hizo que repitió con Abott y Costello.

Otro modelo del mismo título en forma de cómic (o de auca, como prefieran) Programa sencillo en gran formato.
¿Karloff, Lugosi, Peter Lorre y King Kong en la misma película?
¿Qué conexión hay entre Boris Karloff, Bela Lugosi y Peter Lorre con el King Kong de 1933 ?.
Pues muy sencillo: En 1940 durante el triunfal retorno del cine de terror a las pantallas americanas, aunque de una forma descafeinada en comparación a los gloriosos años anteriores, RKO, estudio que no olvidemos produjo King-Kong (1933, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack), tuvo la «brillante» idea de reunir en una película musical a Boris Karloff, Bela Lugosi y Peter Lorre con Kay Kyser y su orquesta, estrellas de la radio que con su «Colegio de conocimientos musicales», una bizarrada con bastantes dosis de sonido novelty, martirizó a la población desde las ondas hasta que Kyser se retiró para centrarse en la religión ocultando a sus hijos la carrera que había tenido hasta entonces. Lo que visto el film no nos extraña.
La película se llamó You´ll Find Out y se llegó a estrenar aquí como El castillo de los misterios. La dirigió el prolífico David Butler, director también de la rareza Una fantasía del porvenir (Just Imagine, 1930) .
Karloff firmó para tres semanas, que se prolongaron a cuatro semanas y cuatro dias cobrando un
total de 19.444 dólares, mientras que Lugosi por, también cuatro semanas, cobró 6.041 dolares. Además de Peter Lorre se contó con Dennis O´Keefe (The Leopard Man, 1943 Jackques Tourneur) y la encantadora Helen Parrish, que murió prematuramente en 1959 a los 36 años.
Los tres villanos: Karloff como Juez Spencer Mainwaring; Bela
Lugosi como Principe Saliano (con un turbante para hacerlo más exótico y ¿amenazador?) y Peter Lorre como el profesor Fenninger se enfrentarán a los músicos y a los protagonistas mediante misterios, artimañas, falso espiritismo y finálmente con los puños… y es precisamente en esta escena de lucha entre Kay y Karloff donde podemos ver esta conexión con King Kong, ya que la lucha se inicia cuando Kay es sorprendido al encontrar el escondrijo secreto de Saliano, que RKO decoró con todos los trastos raros que encontraron en los almacenes de los estudios, entre ellos tres creaciones que Willis O´Brien construyó para la inmortal película: un dinosaurio, concretamente un triceratops y lo que es más curioso, dos arañas pertenecientes a la famosa escena perdida que Peter Jackson recreó a la «vieja usanza» para el documental RKO Production 601: The Making of Kong, Eighth Wonder of the World, incluído en la edición especial en DVD del King Kong original editada en 2005.
Y si las arañas tienen su miga también la tiene el dinosaurio ya que la escena, que se llegó a rodar ya que existen dos fotografias, comienza con la persecución del grupo por un triceratops, y aquí empiezan las preguntas: ¿Será el mismo triceratops sobreviviente del King Kong original que Peter Jackson utiliza como modelo para su escena?, ¿Será el mismo que se puede ver en El hijo de Kong (The Son of Kong, 1933 Ernest B. Schoedsack)?y ¿Sera este el mismo que se puede ver en la escena de You´ll Find Out?). Quien sabe, pero todo lleva a pensar que si.
Tan solo pequeñas banalidades que encantan a los aficionados al cine de terror clásico y en todo caso otra curiosidad del mundo del cine.
Veamos los (sagrados) trastos:

Bien, aquí tenemos a Karloff y Kyser luchando, mientras Lugosi está en el suelo. Fíjense en la estanteria de la derecha. En el segundo estante se puede ver el triceratops.

Siguen los zurriagazos y bajo el primer estante (justo en la axila de Kyser) puede verse el cangrejo-araña que también salía en la escena que nunca vimos.

La lucha termina y detrás de Kyser tenemos otro detalle del triceratops.Propaganda para prensa.Propaganda para prensa.
Y finalmente aquí tenemos la escena del pozo de las arañas tal y como la recreó Peter Jackson y su equipo.
Thor, colosal vuelta a Midgar del dios del trueno
Al principio fue el mito
XXI. …Thor es el más noble de ellos [los Æsir], es llamado Thor de los Æsir, u Öku-Thor; es el más fuerte de los dioses y los hombres. Tiene su reino en el lugar llamado Thrúdvangar, y su palacio es llamado Bliskirnir; allí hay 540 habitaciones. Es la mayor morada que conocen los hombres…
Thor tiene dos machos cabríos, que son llamados «dientes esparcidos» y «rechina dientes», y un carro que conduce, y es tirado por ellos; por lo que es llamado Öku-Thor. También tiene tres cosas de gran valor: primero es el martillo Mjolnir, que los gigantes de la escarcha conocen, cuando lo alza saben que no hay esperanza; ha machacado muchos cráneos entre los de su raza. Tiene una segunda cosa de mucho valor: su cinturón de poder, y cuando lo abrocha su fuerza de deidad su duplica. Además tiene un tercer objeto de gran valor: sus guantes de hierro; no puede sin ellos tomar el mango de su martillo. Pero nadie es tan sabio como para contar todas sus grandes hazañas… (La alucinación de Gylfi)
Y el mito se hizo cómic
“Lo genial de la conexión de Marvel con la mitología noruega es su comprensión de que la dimensión humana que hay en el centro de los relatos épicos es el cemento que lo une todo” (Kenneth Branagh)
Cuando era más niño y comencé a leer cómics de superhéroes rápidamente me interesé por los de Marvel. Se trataban de personajes más humanos y con debilidades: Dare Devil era ciego; el hombre de hierro estaba enfermo (y más tarde alcoholizado);La Cosa era… la cosa y, en general, todos eran muy enamoradizos. Pero mi héroe favorito era Spiderman, colección que hasta hoy sigo comprando. Pero devoraba todos los que podía y que por entonces editorial
Vértice editaba por estos lares de una forma más o menos decente.
Pero en cuanto a Thor, a pesar de que me resultaba atractivo, no me hacía ninguna gracia por lo complejo que me parecían sus personajes y sus aventuras en Asgard. Eran tan fantásticas que las veía lejanas y a mi me gustaba, tal y como ya he dicho, ese realismo de un Peter Parker que se quedaba sin telarañas o que tenía que reparar el disfraz o al que las chicas daban calabazas o al que acosaba (como se diría ahora) el matón de su clase.
Pero posteriormente supongo que le dí un poco más de atención y descubrí algunas sagas y épocas, como la de Walter Simonson, que hicieron que me congraciara con la mitología de Asgard y con su Dios más representativo en Midgar.
Pero no quiero aburrirles más, es más interesante saber como nace Thor como personaje del noveno arte y naturalmente todo surge de la mente de Stan Lee.
Vamos a ello:
Cuando Stan Lee vio a inicios de los años sesenta que los superhéroes volvían a ponerse de moda tras la exitosa serie Los 4 Fantásticos, comenzó a experimentar con otros en colecciones ya
abiertas. Así el primer episodio de Spiderman se publicó en el 15 de Amazing Fantasy (Agosto de 1962) o la primera aparición de Iron Man fue en el 39 de Tales of Suspense (marzo de 1963), hasta que consiguieron colección propia (unos antes que otros) una vez se consolidaban los personajes en el mercado. Thor, adaptación al comic de la mitología nórdica por Stan Lee y el dibujante Jack Kirby se publicó por primera vez en Journey Into Mistery nº 83 en agosto de 1962 y esa primera aventura nos narraba como Donald Blake, un médico cojo de vacaciones en Noruega, se quedaba encerrado en una cueva mientras los extraterrestres invadían la tierra. En la cueva encontraba un bastón que al golpearlo le transformaba en el dios Thor y al bastón en su martillo (Mjolnir). Naturalmente Thor terminaba con la invasión alienígena (¡¡De hombres de piedra de Saturno!!) y a partir de ahí con toda amenaza que se cerniera sobre la tierra (principalmente en Estados Unidos). Y como siempre hay un interés romántico, Blake estaba enamorado de su enfermera Jane Foster, a la que no podía desvelar su secreto, mientras esta estaba dividida entre sus sentimientos por el experto cirujano, (que tenía complejo por su cojera) y por el heroico Dios del Trueno.
Las aventuras de Thor fueron la obra más importante de Kirby tras Los 4 Fantásticos y me atrevo a decir que la más personal. Dibujó casi un centenar de episodios desde 1962 a1970 y su evolución como dibujante puede admirarse a partir de 1964, concretamente en los episodios dedicados a Asgard. Kirby era un ávido lector de mitologías de toda índole y con Thor puede dedicarse a dibujar sus obsesiones con los súper-seres, retratando directamente a dioses mitológicos no únicamente nórdicos, sino también griegos o de donde hiciera falta.
Aunque como hemos visto todo comenzó de forma muy naif, con Thor luchando contra los típicos alienígenas, comunistas o incluso con su archienemigo Loki ya en el tercer episodio, la cosa se fue complicando conforme Kirby cogía los hilos de la serie enfrentándolo a enemigos tan desaforados como Ego, el planeta viviente, Hela, diosa de la muerte o Hércules. La serie comenzó desarrollándose enla Tierra, pero más adelante el dibujante (yo creo que debemos casi considerarle autor), realizará episodios que se centrarán en el Asgard mitológico con grandes dosis de la ciencia ficción que caracteriza al Kirby más inspirado y que se incrementaría conforme avanzaban los años sesenta.
Pero… ¿Cómo se le ocurrió a Stan Lee convertir a un Dios en un Superhéroe?, pues dejemos que el mismo lo explique:”Ocurrió cuando fui invitado a dar una charla en un programa de radio en New York. El entrevistador no dejaba de referirse a nuestros coloridos superhéroes como la nueva mitología de nuestra generación. Entonces, cuando me preguntó acerca de qué nueva creación íbamos a desencadenar sobre el indefenso público lector, fue cuando se me ocurrió. Entrar en el mundo del mito. ¡Convertir en personaje a un dios!”.
¡¡Excelsior!! añado yo.
A partir del número 126, la colección pasa a llamarse El Poderoso Thor (The Mighty Thor) permaneciendo Kirby hasta el número 177, culminando así la mejor época de una serie que viviría otros buenos momentos cuando se hizo cargo de ella John Buscema.
En 1983, cuando la colección se daba por perdida, dieron libertad total para hacer con la serie lo que quisiera a Walter Simonson, un dibujante y guionista que a partir del número 337 y durante 45 números levantó al personaje retornándolo a sus raíces mitológicas y eliminando de paso al personaje de Donald Blake, todo ello en una recordada temporada que se inició con la estupenda y original saga de Bill Rayo Beta.
Tampoco hay que olvidar que a partir de 1963 Thor formará parte del grupo de héroes más poderosos de la tierra, Los Vengadores (The Avengers) junto al Capitán América, El hombre gigante, la avispa y el hombre de hierro, entre otros.
Pero existe otro Thor -o mejor dicho, otra interpretación del personaje- al que debe mucho la película.
Y es que tras los mil experimentos y actualizaciones de los personajes a las que Marvel nos tiene regularmente acostumbrados, la editorial lanza una nueva línea denominada Ultimate. El primer personaje abordado es, claro, el buque insignia Spiderman, siendo seguido por X-Men. El éxito anima a seguir en este caso con una serie limitada que sí que representa una renovación o mejor dicho, una nueva interpretación, este caso de Los Vengadores, The Ultimates con guión de Mark Millar y lápices de Bryan Hitch. Una innovadora serie realizada de forma cinematográfica, tanto que incluso la encarnación de los personajes está inspirada en actores: Iron Man:Johnny Depp; Nick Furia: Samuel L. Jackson; Capitán América: Brad Pitt; Hombre Gigante: Matthew McConnaghy; Avispa: Zihi Zhang (de La Casade las Dagas Voladoras); Bruja Escarlata: Angelina Jolie; Ojo de Halcón: Bruce Willis y Bruce Banner (alter ego de Hulk): Steve Buscemi.
La serie no evita conflictos realistas como la violencia doméstica o las conspiraciones gubernamentales y temas escabrosos como el canibalismo o la relación abiertamente incestuosa de dos personajes.
Mark Millar, claramente inspirado por el trabajo de Alan Moore con los superhéroes, declaró que “La noción de como serian los superhéroes en el mundo real siempre me había hecho gracia y ésta era mi oportunidad de desarrollar el concepto”.
Los 26 episodios realizados por Millar y Hitch forman parte de la historia del comic. Una obra colosal realizada en cinco años y tres meses. Se editó en dos volúmenes: el primer número vio la luz en febrero de 2002 y el último de esa temporada llegó en diciembre de 2004. El segundo ciclo comenzó en diciembre de 2004 y finalizó en mayo de 2007. Sus autores se tomaron todo con calma y el resultado no podría ser más redondo.
El personaje de Thor, que sus autores basaron, ni más ni menos que en Jesucristo, es bastante similar al que podemos ver en la película. Un film que demuestra que ha valido la pena esperar para poder ver a nuestros héroes Marvel favoritos en la gran pantalla.
Y el cómic habitó entre nosotros como película monumental
Cuando se apagan las luces en la sala, nos invaden los compases de un viejo conocido: Patrick Doyle va a arropar las imágenes que nos irán llegando complementándolas para desarrollar su pleno sentido. La película se abre con notas intimistas en las que las cuerdas generan un ambiente místico y a la par intrigante hasta que entra la percusión creando una atmósfera agitada que aumenta la tensión dramática; en la pantalla estamos asistiendo al rastreo de la tormenta por parte de Jane Foster, la enfermera enamorada del héroe en el cómic y convertida aquí en una doctora que se ha interesado por la astrofísica para extender lo científico más allá de los límites actuales. Esta secuencia es un auténtico avance de lo que va a ocurrir, nos instala en el presente de la acción precediendo al propio prólogo. Con el prólogo, donde Doyle expone los principales temas de su score, arrancan los títulos de crédito mostrándonos ese escenario (Asgard) mezcla del futurismo de Metrópolis y las Carceri d’invenzione de Piranesi. La banda sonora es totalmente redonda, alternando temas líricos con los que remarcan las escenas de acción y los momentos épicos, son veinticuatro cortes de excelente factura. Por destacar algunos , entre los líricos nos quedamos con el tema de amor que se expone por primera vez en Forgive me y que se desarrolla con máximo esplendor en Can you see Jane?. Teñido de melancolía nos sumerge en ese amor que lleva a la madurez y es estímulo para la lucha por aprender. En cuanto a los motivos épicos sobresale por mérito propio Frost Giant Battle, un tema dinámico en la que las notas parecen perseguirse unas a otras en una carrera por ganar la batalla, contrapunto ideal a las imágenes filmadas por Kennetn Branagh quien desde su primera película mostró su magistralidad en el rodaje de este tipo de secuencias, recuérdese la Batalla de Agincourt en Enrique V también en perfecto maridaje con la música de Doyle que ha formado siempre un excelente tandem con el director.
Branagh aceptó participar en este proyecto porque: “Tiene todo lo que me gusta. Un héroe que es un joven arrogante y obstinado, y que tiene que enfrentarse a su pasado y solucionar una relación complicada con su padre. Hay muchos europeos salvajes acuchillándose a muerte en diversos momentos, y en realidad, a mí me recordaba mucho a “Enrique V”. Me dije a mí mismo: ‘Ya he pasado antes por esto…’ Así que se podría decir que yo empecé en películas de superhéroes, ¡solo que en las anteriores la gente hablaba raro!”. Efectivamente, la cinta está planteada al modo de los dramas shakaspearianos (¡que no se me asuste nadie!) en lo que estos tienen de intriga y acción, aproximándolo así al cómic. De la misma forma, dota al cómic de intensidad trágica al poner los acentos en los vínculos entre padres e hijos y las difíciles relaciones entre ellos. Para Branagh, el cómic que le cautivó en su niñez se basa en los conflictos familiares y universales que han provocado dramas entre los hombres desde el principio de los tiempos: un hijo impaciente por demostrarle su valía a su padre, un hermano letalmente resentido, y una mujer que ayuda a un hombre a ver el mundo con nuevos ojos. Sangre real, mortíferas venganzas, el orgullo y la posterior caída. Una historia que para el director debía ser contada y pone a su servicio toda la megalomanía de su cámara.
El director de Hamlet (1996) no desperdicia ocasión para ofrecernos planos y movimientos de cámara delirantes (gocen ustedes de la secuencia en la que Thor trata de recuperar su martillo enfrentándose a todo el cuerpo de seguridad de la agencia de inteligencia): planos en diagonal, planos cenitales, grúas descendiendo verticalmente desde un plano cenital hasta un plano medio… y las 3D le dan una mayor profundidad de campo que hace todavía más grandiosa la historia. El propio uso de la cámara pone el tempo a la narración tal como ocurría en Morir Todavía (Dead Again, 1991) sin llegar a los desmanes de Mary Shelley’s Frankenstein (la más desmesurada de sus películas). Branagh ha demostrado estar en buena forma y ha dado la razón a quienes en Marvel le tenían como favorito, el productor Feige, por ejemplo que declaraba: “Como bien han subrayado personas mucho más inteligentes que yo, los cómics son la mitología actual, y Ken Branagh es alguien capaz de adaptar la literatura como nadie. Es, en el fondo, un narrador muy dotado, y eso es lo que queríamos, alguien que pudiera contar la historia. Hace siglos, esas historias se contaban alrededor de la hoguera, y hoy es bastante parecido, sólo que el fuego es la luz del proyector”.
Branagh fue además el reclamo para los actores que interpretan los papeles protagonistas. Natalie Portman no sólo era fan del género y del universo de los cómics de Marvel, sino que estaba sumamente interesada en trabajar con el director Kenneth Branagh. Hubo varias reuniones entre la actriz y el director, en donde se enfatizó que Jane no iba a ser ‘el tipo de damisela en apuros atada a las vías del tren’, sino de hecho un factor clave para motivar a Thor en su transformación a lo largo de toda la película. Así elogiaba Natalie el trabajo de Branagh: “Creo que el liderazgo de Ken ha hecho que este proyecto sea muy, muy especial. He trabajado en varias producciones a gran escala, y esta es la primera vez que realmente he sentido tal nivel de intensidad y concentración en la interpretación por parte de un director. Me parece extraordinario poner tanto énfasis en la interpretación, la historia y los detalles, y creo que todo eso hace que los grandes y excitantes momentos de acción sean más reales y, en cierto modo, más entretenidos”. A su personaje lo describe la actriz como: “Al principio, Jane cree que Thor es un tema para estudiar. Aparte de su propio equipo de investigación, ella es la único testigo del extraordinario suceso que han observado sobre las llanuras de Nuevo México, así que él es importante para su trabajo. Lentamente, comienza a sentirse identificada con él y, bueno, sus emociones comienzan a sacar lo mejor de ella, pero luego se enfrenta al desafío omnipresente para todo científico o académico inmerso en una investigación: ser objetivo”.
Jane Foster, el personaje, es la clásica mujer capaz de descubrir y compartir los sentimientos del súperheroe, personaje característico en todos los cómics de superheroes, en su caso no es sólo guapa sino que su inteligencia es igual a su belleza. Por eso se pensó en Natalie Portman para el papel. Y Natalie compone perfectamente el personaje, esa mujer de ciencias que ha llegado a los límites de la astrofísica porque considera mensurable aquello que otros científicos ven como mero esoterismo.
Ya en la primera escena en medio del desierto de Nuevo México la vemos aguardando la tormenta con una mezcla de curiosidad analítica y fe, igual que la Jodie Foster de Contact (Robert Zemeckis, 1997) y esa será su actitud a lo largo del film contagiándonos, además, su entusiasmo. Es Jane Foster la que llevará a Thor a madurar y descubrir la prudencia en toda la amplitud de su significado gracias a su amor, pero también gracias a su coraje. Por supuesto, la clave para Portman estaba en el intensa concentración con que se afinaban los personajes por entre el impresionante paisaje de los platós de acción. Dice: “Creo que el liderazgo de Ken ha hecho que este proyecto sea muy, muy especial. He trabajado en varias producciones a gran escala, y esta es la primera vez que realmente he sentido tal nivel de intensidad y concentración en la interpretación por parte de un director. Me parece extraordinario poner tanto énfasis en la interpretación, la historia y los detalles, y creo que todo eso hace que los grandes y excitantes momentos de acción sean más reales y, en cierto modo, más entretenidos”.
Sobre el trabajo de los interpretes bascula la gran capacidad de Branagh en la dirección de actores y su saber poner la cámara al servicio de los mismos. Por eso no es de extrañar que un actor de la talla de Sir Anthony Hopkins aceptara participar en él. Hopkins admite que puede que no fuera muy fan de los cómics de Thor (“Yo leía El Capitán Marvel, y aquellos cómics de posguerra”), pero sí lo era de su director. “Mi agente me llamó y me dijo que si quería interpretar a Odín, así que me reuní con Ken, con quien ya había coincidido antes varias veces. Es un personaje muy atractivo, un hombre brillante. Un gran actor y un gran director. Es uno de esos tipos imparables que piensan que si pones todo tu empeño en algo, puedes hacer prácticamente cualquier cosa. Y él lo pone todo de su parte, así es su personalidad. Creo que trabajar en esta película ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. ¡De hecho, me gustaría haber tenido más cosas que hacer en ella!” En esta ocasión el inglés nos ofrece una interpretación sobria, sin histrionismos, como suele ser por otra parte, pero logra comunicar la fuerza de Odín, su poder como monarca y dios de dioses, sus habilidades guerreras y , a la vez, su prudencia diplomática y sobre todo el gran amor hacia sus hijos, Thor y Loki. Precisamente uno de sus momentos interpretativos más brillantes tiene lugar en el enfrentamiento entre él y Thor después de que este le haya desobedecido y haya puesto en peligro la paz de Asgard. Hemsworth hace memoria de ese momento: “La película llevaba un mes de rodaje y yo me estaba empezando a sentir bien, como que ya tenía controlado al personaje. Así que llegó el día de la gran confrontación entre padre e hijo. Es algo muy colérico, con ambos gritándonos el uno al otro. Entonces Ken se acerca a Anthony y le dice: ‘Deja que te afecte. Altérate. Te desafío. Y Anthony se queda un callado un segundo y luego responde: ‘Vale, buena idea’. Así que yo me preguntaba: ‘Madre mía, ¿qué es lo que va a hacer ahora? Y empezamos la escena de nuevo y yo hago mi entrada. Entro, hago mi parte, y él se queda callado. Sus ojos empiezan a encenderse. Es el padre herido y desilusionado porque su hijo le ha faltado al respeto, y ha deshonrado a la familia, al reino y a todos sus principios. Y uno se da cuenta de que le está rompiendo el corazón. Cuando dijeron ‘¡corten!’, la gente estaba llorando. Luego el equipo empezó a aplaudir y recuerdo que pensé: ‘Eso ha sido impresionante… y yo no hago falta.«
Sin duda esa escena es uno de esos momentos de cine en mayúsculas, pero Hemswoth está equivocado: él no está en absoluto de más. Thor es casi invencible, todo un dios imponente, aunque se enfrente a gigantes mayores que él es él quien se ve imponente; no es altivo pero sí impetuoso y arrogante, se precipita en sus decisiones por sus ansias de demostrar su fuerza y la de Asgard, esto es lo que le conduce al destierro tras provocar la cólera de Odín. Ya en la tierra sigue comportándose como un bárbaro hasta que el amor le dulcifica y apacigua, sacando de él sus mejores virtudes. Es un dios, sí, pero un dios próximo a lo humano, eso hace que podamos sentirnos atraídos y reflejados. Se necesitaba un actor con un físico imponente, capaz de dar el resto en los momentos de acción trepidante, pero a la vez tenía que ser suficientemente maleable como para mostrar con sutileza la evolución de su carácter hacia la temperancia, hacia la capacidad de amar y sacrificarse, que le hará merecedor del trono que le corresponde. Chris Hemsworth parecía llamado para ese papel. El australiano cumplía las condiciones por su físico, físico que además trabajó duramente en el gimnasio durante cuatro meses en el intenso entrenamiento al que fue sometido, y su capacidad para interpretar la coreografía de sus peleas (inspiradas en Mike Tyson); pero también por su sentido del humor que le permite adaptarse a los momentos de comicidad que se producen cuando llega a la tierra y, sobre todo, porque sin dejar de ser un superhéroe todo el tiempo (no tiene identidad secreta) sabe mostrarse a la vez como un simple humano con sus sufrimientos y sentimientos. De hecho, Hensworth confiesa que prefería los momentos más intimistas y cotidianos, a los otros más heróicos: “Thor está llena de grandes momentos, con muchísima acción y pirotecnia, pero algunas de mis secuencias favoritas son entre Thor y Jane: conversaciones normales, cotidianas. Rodamos esas escenas en Nuevo México, con un hermoso fondo de montañas. Eso sí, tuvimos que espera a que la nieve se fundiera, pero creó un bello entorno. Esas fueron las escenas en las que aprovechamos toda la investigación del personaje, los libros sobre observar la existencia y encontrar la tuya. Y poder interpretarlo con Natalie… bueno, un sueño para mí”.
En ninguna historia de hazañas heroicas puede faltar la presencia del villano, aquí tenemos dos: Laufey ,el monarca de Jotunheim (el Reino del Hielo) interpretado por Colm Feore; supone la antítesis de Odín ,un gigante belicoso que asalta la tierra en su beneficio hasta que el máximo dios nórdico y sus ejércitos le derrotan. Laufey, sin embargo, parece cansado de la guerra aunque la paz también le resulte tediosa, así se vale de la traición de Loki pero en su enfrentamiento con Thor nos recuerda al replicante de Blade Runer, así al menos lo compone Feore. Como el resto de los personajes siendo un ser mitológico se nos aparece humano. El auténtico villano, el antagonista del héroe, es su hermano Loki que mantiene con él una intensa relación de amor-odio, Tom Hiddleston le da cuerpo; Branagh había trabajado previamente con él en la serie televisiva Wallander, conocía sus dotes interpretativas y por eso lo eligió, porque: . “Necesitábamos a alguien con muchísima versatilidad y una absoluta falta de temor a ser las muchas clases de personalidades diferentes en las que se convierte Loki. Tom también hace una pareja maravillosa con Chris. Ambos son grandotes, se sienten como hermanos, con el tipo apropiado de cualidades opuestas y complementarias”. Aunque el cómic y, en consecuencia, la película lo hayan convertido en el hermano reprobo del protagonista y explique su carácter por la rivalidad con él, sigue conservando algunos rasgos del dios del fuego de la mitología nórdica, como el Loki del mito, el del cómic-película domina el arte de embaucar con la palabra, un auténtico príncipe de la mentira. Hiddleston construye al personaje desde los celos y la ambición ocultos que le mueven, pero no olvida que también tiene virtudes puesto que, después de todo, lo que más anhela Loki es ser apreciado por su padre, ocupar en su corazón el lugar que parece exclusivo de su hermano. En él el ansia de poder se combina de forma peligrosa con el ansia de ser amado, por eso aunque no dude en traicionar a unos y otros nosotros, los espectadores, podemos sentirlo cercano: sus pasiones son idénticas a nuestros bajos instintos y, al igual que él, nos dejamos dominar por ellos sintiendo simultáneamente placer y dolor por haber caído. Hiddleston le da la réplica a Hemsworth componiendo entre ambos un ejemplo más dentro del tópico de los gemelos que representan el bien y el mal recíprocamente.
No es sólo el apartado artístico es el que le da colosalismo al film: el apartado técnico juega en la misma liga. Nada sería de Thor sin el vestuario, la dirección artística y los efectos especiales.
El vestuario tuvo en vilo a los aficionados, cada vez que se filtraba alguna información era comentada en foros de todo el mundo y la gran mayoría de ellos quedó satisfecha. La encargada de ese trabajo fue Alexandra Byrne, acostumbrada a la teatralidad del ropaje en las artes escénicas, para ella era fácil afrontar el desafío de lograr esa corporeidad y ese movimiento que son características de esos personajes míticos. La capa de Thor fue uno de los mayores retos de Byrne: sabía muy bien que no iba a pasar sin transición de dibujo a prenda completada. Mucho más que un elegante adorno, la capa define a Thor, junto con su casco con alas y su escudo. Para Byrne “La capa tenía que parece a la vez completamente creíble y sublimemente mágica. En los cómics, Kirby la utilizaba como un gran recurso gráfico para el movimiento, la tensión y el dramatismo. Así que nuestra capa necesitaba tener esa clase de expresividad. También tenía que enmarcar la forma y las proporciones de Chris cuando no está moviéndose, y luego henchirse, moverse y volar con él cuando está luchando. Es fácil conseguir que una capa haga todo eso en un dibujo, pero no es tan fácil con un trozo de tela”. Finalmente el tejido elegido fue una lana inglesa que fue teñido varias veces hasta dar con la tonalidad de rojo satisfactoria, luego se empezó a trabajar con ella hasta dar con la definitiva no sin antes haber descartado muchos modelos previos, “Teníamos un cementerio de capas que no gustaron”, bromeaba Byrne. Luego vino el traje. Con una construcción compleja a base de muchas capas de tela, cuero y armadura, el traje de ‘héroe’ de Thor resultante (el principal diseño para la mayoría de las escenas) era pesado y daba calor. Para Hensworth era una auténtica tortura rodar con él hasta que Byrne dio con la solución: el chaleco refrigerante que llevan los pilotos de coches de carreras, un chaleco con pequeños tubos por donde corre agua fría para refrigerarse. La confección del vestuario se inició un año antes de que Hemsworth entrara en el rodaje, la verdad es que ha valido la pena todo ese trabajo porque los resultados logrados son majestuosos como debe ser para el mundo mágico de Asgard.
El mundo de Asgard no es el único escenario del relato. La historia se desarrolla además en Jotunheim y en la tierra. Dos escenarios mitológicos y uno real. Para que la película resultara convincente, los tres espacios debían poderse equiparar, ser todos ellos verosímiles hasta tomar la misma carta de naturaleza que nuestro paisaje terrícola. Bo Welch estuvo al frente de la dirección artística y él es el artífice del prodigio: que la narración se desplace de un lugar a otro sin que se noten fisuras. Construyó en estudio los opuestos mundos de Asgard y Jotunheim, el primero está inspirado por las imágenes del universo que nos muestra el Hubble, mientras que la frialdad de Jotunhein toma el mundo marino como modelo. Si en el primero abundan los dorados y los colores cálidos, la tonalidad del segundo está pintada en azul y colores fríos, en uno todo es luminosidad que se refleja de los propios objetos obra de la fotografía de Haris Zambarloukos , el otro es un espacio brumoso que se consiguió con la ayuda de los efectos especiales de Dan Sudick . Escenario físico y efectos digitales se combinan a la perfección, no se abusó de los CGI para hacer predominante lo tangible, cosa que siempre arropa más el trabajo de los actores. Con todo el mundo advertido de que había que buscar lo creíble en lo fantástico, los actores se sintieron muy complacidos de poder basar su trabajo en sitios muy reales. Anthony Hopkins sacó mucha inspiración de la representación física de Asgard, y le pareció que los escenarios le infundían mucha verosimilitud a sus interpretaciones. Hopkins confiesa: “Los platós de Bo son impresionantes. Fui a echarles un vistazo mientras los construían y pensé: ‘Bueno, no voy a tener mucho que hacer, sólo dejarme barba, decir las frases, aparecer en escena, ponerme la armadura… y dejar que suceda”.
El paisaje terrestre elegido para entrar en consonancia con los dos representados fue Nuevo México. Para Branagh, la naturaleza del estado y su gente le añadieron una plus de atractivo a la película. Comentaba medio en broma: “Estamos en una parte del mundo donde la gente mira de verdad al cielo. Si eres de otro mundo, y te gustaría tener la posibilidad de que te den la bienvenida al llegar a la Tierra, es un buen sitio para aterrizar”. La épica del Western es lo que se perseguía, al principio incluso se pensó en ambientar la historia en 1850, si se abandonó la idea fue para lograr una mayor empatía con los espectadores. Se construyó un pueblo ficticio al que llamaron Puente Antiguo con la clara intención de reforzar la sensación de tránsito entre mundos. El resultado fue un escenario que recuerda la pintura de Edward Hopper. Welch quería sobre todo evocar algo de Asgard en Puente Antiguo. “El Observatorio de Heimdall es la entrada a Asgard, a través del Puente del Arco Iris, hasta un palacio central flanqueado por edificios, en Puente Antiguo, tenemos una calle que sale del desierto, flanqueada por edificios, y que conduce hasta una vieja tienda de coches usados. Smith Motors, de una forma un tanto extraña, recuerda la forma del palacio de Asgard… pero es mucho una versión mucho más modesta, y un poco desgarradora”.
En definitiva, el objetivo de armonizar esos tres escenarios tan dispares se cumple con creces, convirtiéndose así en la plataforma ideal para que director y actores dieran cuerpo al relato.
Para muchos Thor no será más que otro Blockbuster, otra película pensada para el consumo del público menos exigente, nosotros hemos visto algo más en ella. Para quien esto escribe Thor es un drama clásico, épico y colosal, como los antiguos peplums o como las mejores adaptaciones de Shakaspeare, salvo que puesto al día. Si Branahg afirmaba que el acierto de Marvel era haber descubierto el carácter humano del mito, su película tiene el mérito de extraer lo mítico que hay en el cómic. No en vano para muchos los cómics son los relatos mitológicos del presente.
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No nos importaría que se cumpliera el rumor de una segunda parte, de momento nos basta con saber que esta película forma parte de la exposición de los superhéroes que participarán en el máximo proyecto de Marvel, The Avengers, que llegará el año próximo (¡por fin!) a nuestras pantallas y ya ha empezado a promocionarse.
Mientras todavía nos relamemos en el buen sabor de boca que nos ha dejado Thor, vamos preparándonos ya para ese plato fuerte y disfrutamos con los avances lanzados.
Calamar ediciones edita James Whale, El padre de Frankenstein de Juan A. Pedrero Santos
El viernes 13 de enero de 1939 se estrenaba La sombra de Frankenstein (The Son of Frankenstein, 1939 Rowland V. Lee) en el Pantages Theatre junto a la comedia de RKO Next Time I Marry (1938, Garson Kanin) interpretada por Lucille Ball. Fue todo un acontecimiento que inició una nueva era del cine de terror tras los problemas ocasionados por la censura, principalmente en Inglaterra. Fueron años aciagos en los que tanto Karloff como Lugosi tuvieron que rebajar sus respectivos sueldos para poder subsistir. Karloff pudo reciclarse en diversos géneros, mientras que Lugosi conoció el desempleo y las privaciones. Pero a petición popular el cine de terror volvió a las pantallas tras el atronador éxito que cosechó un doble programa que reunía Drácula (Tod Browning) y Frankenstein (James Whale), dos viejas cintas Universal de 1931 que en el verano de 1938 un avispado empresario se animó a alquilar y programar conjuntamente, siendo un bombazo que llegó a proyectarse ininterrumpidamente durante 24 horas seguidas.
Universal vió que el filón volvía a ponerse en marcha, y tras ofrecer un nuevo contrato a Karloff (pero no a Lugosi), rodó un nuevo episodio de la más exitosa saga de los estudios, la protagonizada por la criatura del Dr. Frankenstein.
El día que se estrenó La sombra de Frankenstein, un personaje se dirigió a la taquilla presentándose como el director de El Doctor Frankenstein y La novia de Frankenstein: se trataba de James Whale, que en ese momento se encontraba rodando El hombre de la máscara de hierro (The Man in the Iron Mask) para la pequeña productora Edward Small Productions. El taquillero, en absoluto impresionado por el ilustre director, le invitó a ponerse al final de la cola y comprar su ticket si quería entrar.
Ignoro si finalmente entró en la sala, pero creo que de haberlo hecho la película no hubiera agradado a James Whale, ya que , a pesar de ser un film más que meritorio, no llega a la altura de las grandes películas que el defenestrado director rodó cuando era el niño mimado de unos estudios Universal regentados por los Laemmle, films de la categoría de Journey’s End (1931), El puente de Waterloo (Waterloo Bridge, 1931) , El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932), El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) o Magnolia (Show Boat, 1936).
Whale fue otro juguete roto y otra tragedia en el camino de Hollywood, cuya biografía y obra ya pudimos ver en dos libros muy diferentes editados en nuestro país: James Whale de James Curtis editado por la Filmoteca Española y el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 1989, y El padre de Frankenstein, de Christopher Bram editado por Anagrama diez años después.
Los dos son excelentes: el de James Curtis un detallado análisis a la obra del director repleta de magníficas imágenes y el segundo una novela que dió lugar al maravilloso film Dioses y monstruos (Gods and Monsters, 1998 Bill Condon).
Pero no es suficiente. Nunca es suficiente. Y a estas dos obras tenemos las suerte de poder sumar la escrita por Juan Andrés Pedrero Santos, un escritor nacido el mismo año que yo (1966) y aficionado al cine y a los comics (como yo). Pedrero ya tiene en su haber dos libros: Terror Cinema, publicado por Calamar Ediciones en 2008 y Johnny Weissmuller. Biografía, editado por T&B Editores en 2010 que contó con prólogo de Paul Naschy. También colabora con la revista “Scifiworld Magazine” y con las webs dedicadas al cine “Pasadizo.com” y “La abadía de Berzano”.
Ahora tenemos este James Whale, el padre de Frankenstein, un libro necesario editado también por Calamar Ediciones en el que tal y como indica su prologuista de lujo Guillermo del Toro: “encontraremos una puntillosa crónica y un inteligente análisis de la obra de un cineasta único. El ascenso y eventual olvido de Whale se narran con precisión y bien informadas opiniones. En esta crónica encontraremos los fortuitos accidentes que impidieron que Bela Lugosi hiciera el papel del monstruo, la metodología del volcánico y quimérico maquillador Jack Pierce, mago del colodión y el algodón; las castas crónicas de un Hollywood salvaje y descocado y todos los demás detalles que conforman el vía crucis de un hombre que creía tener el alma manchada de hollín, como un minero, y que creó una autobiografía imaginaria sin censura, sin medida y sin final«.
Estamos deseando echarle el diente a este libro y volver a pasear por la edad de oro de los estudios Universal siendo testigos del ascenso y caida de un director excepcional que legó obras que formarán para siempre parte de la historia del cine con mayúsculas.
JAMES WHALE, EL PADRE DE FRANKENSTEIN. Calamar Ediciones. 288 páginas profusamente ilustradas, 24 euros.
Y como somos unos fetichistas, ponemos unos cuantos programas de mano españoles de algunos de sus títulos más representativos:
Interesante libro sobre el descubrimiento del metraje «perdido» de Metrópolis.
Hace un tiempo os hablamos de los estupendos libros que se han editado en Argentina, y más concretamente de los lanzados por Fan Ediciones. Pues bien, su último libro es una muy interesante obra sobre el descubrimiento de la edición íntegra de la obra maestra de Fritz Lang, Metrópolis, hallazgo que hizo realidad la quimera de verla tal y como se estrenó en el lejano 10 de enero de 1927. Lo más interesante del libro es que está narrado por el mismo descubridor de este metraje «perdido», Fernando Martín Peña.
Este «Detective del celuloide», como acertadamente lo llama Kevin Brownlow en el prólogo de este libro—, realizó un descubrimiento considerado por muchos investigadores del cine como el de un verdadero «Santo Grial» cinéfilo: una copia de la versión completa del monumental film «Metrópolis», de Fritz Lang. La noticia se hizo mundialmente conocida en 2008, aunque Peña, para entonces, llevaba varias décadas tras la pista.
Como una cautivante novela policial «Metrópolis», el libro, nos lleva a recorrer la historia de esa cinta perdida desde su desembarco en los cines porteños de la década del ‘20 hasta el reestreno del film completo —posible sólo gracias al reciente hallazgo— en la edición 2010 del Festival de Berlín (que también pudimos disfrutar en Sitges 2010). Contada por su protagonista, el lector disfrutará en primera fila de una historia no exenta de curiosidades, humor y un toque de idiosincrasia bien criolla, como cuando hace su aparición un dúo de paradigmáticos «empleados públicos argentinos» para aguar la fiesta, un momento del relato sólo digerible gracias a la certeza de un —demorado— final feliz.
152 páginas. Pedidos a: http://www.fanediciones.com.ar/la_editorial.html
Fernando Martín Peña nació en Buenos Aires en 1968. Egresó en 1991 de la escuela de cine del Instituto Nacional de Cinematografía, donde se especializó en Investigación y Crítica. Docente y periodista, codirigió la revista Film. Con Octavio Fabiano fundó la Filmoteca Buenos Aires, entidad dedicada a la preservación y difusión del cine. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Gag: La comedia en el cine, René Mugica, Cine de súper acción (en colaboración con Diego Curubeto), El cine quema: Raymundo Gleyzer (en colaboración con Carlos Vallina) y El cine quema: Jorge Cedrón. Ideó y editó el libro Generaciones 60/90. Desde noviembre de 2004 hasta diciembre de 2007 fue director artístico del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI). Desde 2002 es responsable del área de cine del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Ideó y conduce, junto a Fabio Manes, el programa de TV Filmoteca – Temas de cine, emitido diariamente por Canal 7.
Continúa en DVD el ciclo «terrorífico» de Abbott y Costello
Atelier edita dos nuevos volúmenes de esta serie dedicada a las comedias que Abbott y Costello protagonizaron y que contaban con personajes que, pocos años antes, había popularizado la misma Universal para la que trabajaban los cómicos.
El primer volumen contenía dos títulos que en la época se estrenaron aquí: el primer acercamiento del dúo al cine fantástico, Agárrame ese fantasma (Holt that Ghost, 1941 Arthur Lubin) que contó con el atractivo de las Andrews Sisters en los números musicales y El fantasma huye (The Time of Their Lives, 1946 Charles Barton), otra comedia de fantasmas.
El menú mejoraba con la segunda entrega, ya que contiene el mejor título de estos cómicos: Bud Abbott y Lou Costello contra los fantasmas (Abbott y
Costello Meets Frankenstein, 1948 Charles Barton), uno de los films que más monsters freaks ha creado en todo el planeta, incluida España, ya que además de estrenarse en la época fue repuesta varias veces, siendo en una de estas reposiciones de los años setenta en las que el antiguo niño que esto les cuenta tuvo ocasión de verla numerosas veces, quedando enloquecido para siempre por sus queridos monstruos, cosa que no me extraña ya que cuenta con la presencia de Bela Lugosi, Lon Chaney Jr. y Glenn Strange, que sustituye al ausente Boris Karloff en el rol de monstruo de Frankenstein quedando más presentable que los anteriores experimentos que hizo Universal con Bela Lugosi y Lon Chaney Jr. Pero no teman, ya que el otro título que contiene este segundo volumen es Abbott y Costello contra el asesino (Abbott and Costello Meet the Killer Boris Karloff, 1949 Charles Barton), film menor pero estimable sobre todo por la presencia del mágico Karloff haciendo de mago hipnotizador de pega (de esos con turbante que también interpretó Lugosi).
Ahora Atelier 13 anuncia otros dos lanzamientos dobles:
El volumen 3 reune dos películas que, al igual que la de Karloff quedaron inéditas en nuestro pais: Abbott y Costello contra el hombre invisible (Abbott and Costello Meet the Invisible Man, 1951 Charles Lamont) y la descabellada Abbott y Costello van a Marte (Abbott and Costello Go to Mars, 1953 Charles Lamont) que contó con la intervención siempre agradable de Anita Ekberg.
Finalmente el cuarto DVD doble contiene las muy interesantes -y naturalmente inéditas- Abbott y Costello contra el Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Abbott and Costello Meet Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1953 Charles Lamont), que contó con Karloff en el p
apel de Dr. Jekyll, pero no como Hyde, que interpretó Eddie Parker con una máscara y Abbot y Costello contra la momia (Abbott and Costello Meet the Mummy, 1955 Charles Lamont).
Todos los DVD tienen trailers, filmografias y están en V.O. en inglés con subtítulos en castellano y francés. También incluyen el libreto al que nos tiene acostumbrados Atelier.
¿Qué queda por editar? pues ciñéndonos al fantástico yo diría que bien poco, si acaso se echa en falta el documental Meet the Monsters que se incluía en el cuarto pack americano The Best of Abbot and Costello y que tenía la curiosidad de contener tomas falsas de Abbott y Costello contra los fantasmas, incluídas bromas a Bela Lugosi que no se toma nada bien, por cierto. Y ya puesto a pedir: The 30 Foot Bride of Candy Rock (1959, Sidney Miller), comedia interpretada en solitario por Lou Costello el mismo año en el que falleció y que parodiaba Attack of the 50 Foot Woman (1958, Nathan Hertz), con novia gigante incluída para el gordo cómico.






























































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