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Diario de Serendipia en Sitges 2023: séptima cápsula

15 noviembre 2023 Deja un comentario

Serendipia se planta ya en la séptima jornada de festival. El cansancio comienza a hacer mella pero… ello no quita para que haya seleccionado cuatro películas más: tres de ellas de la sección Oficial Fantàstic Competició (Divinity, Vermin y El reino animal) y una en Noves Visions (Hundred of Beavers). Serendipia también estuvo tentado de acudir a ver un documental que pintaba francamente bien, Enter the Clones of Bruce Lee, pero dada la hora en la que se ofrecía, no nos hubiera permitido madrugar o soportar con dignidad las sesiones del siguiente día. Así que, con todo nuestro dolor, tuvimos que dejar el documental para mejor ocasión…

fotos: Serendipia

Y Serendipia escoge iniciar la jornada en la sala Tramontana con Divinity (Eddie Alcazar), una extraña película que tenía todos los ingredientes para pertenecer a la sección Noves Visions, pero que inexplicablemente fue a parar a Oficial Fantàstic Competició. Y es toda una lástima, pues si bien en Noves Visions hubiera tenido posibilidades de rascar algo, en Oficial Fantàstic fue prácticamente ignorada. A esta circunstancia cabe añadir que esta sesión tuvo lugar mientras en l’Auditori se proyectaba la última de Takeshi Kitano y que los dos pases restantes del film se programaron a horas algo intempestivas, uno de ellos dentro de una maratón nocturna. Así fue poco -o nada- vista por prensa y público asistente. Rodada en blanco y negro y en 16mm, esta fábula futurista se desarrolla en una sociedad distópica en la que el prima el culto al cuerpo, a la belleza y juventud (bueno, aún mucho más que ahora). Divinity ve al científico Sterling Pierce (Scott Bakula) dedicar su vida a la búsqueda de la inmortalidad, creando lentamente los componentes básicos de un suero innovador llamado Divinity. Años más tarde, su hijo Jaxxon Pierce  (Stephen Dorff) controla y fabrica la droga, dando como resultado un planeta hedonista que ha quedado 97% infértil, pero inmortal. La acción arranca con la llegada a la mansión del magnate de dos misteriosos hermanos (¿extraterrestes? ¿ángeles), que le inmovilizan con la ayuda de una seductora mujer llamada Nikita (Karrueche Tran).  El suero de la eterna juventud no consigue, todavía, que el cerebro deje de deteriorarse y los semigemelos convierten al propio Pierce en conejillo de indias para hacerle probar las consecuencias de su invento. Producida por Steven Soderbergh, motivo, posiblemente, de que la cinta participara en la sección «grande»,  el extraño filme contiene escenas rodadas en stop-motion, que lejos de chirriar con el conjunto le añaden extrañeza y fascinación, consiguiendo que sus imágenes permanezcan en la retina del espectador una vez finalizada. Hay quien alegremente le pone el cartelito de «película de culto». No nos atreveríamos a tanto, pues pensamos que actualmente se eleva muy a la ligera a cualquier película a la calificación de cinta de culto u obra maestra («masterpiece» para los guais) sólo con que se salga un tanto de los cánones. Lo que sí es cierto es que, sin llegar a las cotas de radicalidad de Skinamarink (Kyle Edward Ball, 2023),  ya saben, esa cinta que Variety considera mejor película de terror del año, pero que ha llegado directa a plataformas, Divinity,  lo que se dice extraña, lo es un rato la jodía.

Si el año pasado el gran momento friki del festival se produjo durante la proyección del documental Ummo, la España alienígena por los incidentes que causó José Luis Jordán Moreno, el autoproclamado «hijo y coheredero de José Luis Jordán Peña, emisario del planeta Ummo en la Tierra», este año el show estuvo protagonizado por los protagonistas de Hundred of Beavers (Mike Cheslik), una locura súper independiente, ingeniosa, divertida y, por desgracia, un tanto larga con la que culminan varios años de trabajo. Se trata de una epopeya que se desarrolla en el siglo XIX, en América del Norte y en pleno invierno, donde un vendedor de aguardiente de manzana arruinado querrá convertirse en el mayor cazador de pieles de castor para conquistar a la hija del comerciante local, que es quien se las compra. Para ello deberá cazar cientos de ellos, lo cual hará mediante locas trampas que, en muchos casos, se volverán contra sí mismo. Rodada en blanco y negro, utilizando técnicas del viejo slapstick mudo -no hay diálogos-, Hundred of Beavers es una de las óperas primas más salvajes de la temporada, un cartoon viviente de la Warner con gotas de Terry Gilliam cuyos 15.000 planos tardaron cuatro años en rodarse. Con sus casi dos horas de gags continuos, que hicieron las delicias del público del Tramontana, el film es tan consciente de su deuda con los dibujos animados de la Warner, y en concreto con los del Coyote y el Correcaminos, que incluso alguna de las trampas del cazador son marca Acme.

Pero, ¿por qué decimos que fue un momento friki? pues por el show que organizaron durante la presentación su director, Mike Cheslik, y su protagonista (y coguionista) Ryland Brickson Cole Tews. Tras tomar el director un tanto el pelo a la traductora, el actor saltó sobre un castor que apareció en el cine, reduciéndolo con una llave de lucha. Otro funny animal apareció, en este caso un perro, al que raudo venció otra vez, al igual que al tercero, un conejo que llegó a subir al escenario antes de caer a los pies del bizarro cazador de castores. Serendipia, al igual que el resto del público, no creía lo que estaba viviendo. Pero les garantizamos que sucedió. Cuando la película finalmente comenzó, quedó rápidamente demostrado que Hundred of Beavers es  una divertida cinta a disfrutar en compañía, pues el Tramontana se convirtió en una auténtica fiesta.

Por cierto, si el año pasado tras el incidente Ummo vimos  Les cinq diables (Léa Mysius), protagonizada por Adèle Exarchopoulos, en esta ocasión repetiríamos circunstancia: performance bizarra y actriz, pues la bella parisina también es una de las protagonistas de El reino animal, última cinta que veríamos durante esta jornada.

Pero antes… llegaron las arañas.

La francesa Vermin: la plaga (Vermines), con la que debuta en el largo Sébastien Vanicek, director criado en los suburbios parisinos donde sitúa la acción, fue una de las películas que, dentro del más estricto terror (no puro, recuerden), gustaron más a Serendipia, algo que casi parecía asemejarse a un placer culpable, pues si bien en los mentideros del festival todo el mundo estaba de acuerdo en lo bien que se lo había pasado con el film, nadie parecía tenerla en cuenta a la hora del palmarés. Y es una lástima y algo que Serendipia no llega a comprender. En TerrorMolins, por ejemplo, donde también fue programada, lo hizo dentro de una larga maratón. Todo y con ello, obtuvo en Sitges el Premio Especial del Jurado.

Vermin: la plaga es una muy digna producción de terror, enmarcada dentro del subgénero de invasiones de insectos. Una rebelión de la que, naturalmente, el culpable será el hombre. Kaleb (Théo Christine), es un joven que está a punto de cumplir 30 años y nunca ha estado más solo. Peleado con su hermana por un asunto de herencia, también ha cortado los lazos con su mejor amigo. Vive en un barrio parisino que está siendo devorado por la especulación,  y su único consuelo es su gran  pasión son los animales exóticos, muchos de ellos especies protegidas que adquiere de manera ilegal. Un día llega a casa con una extraña y violenta araña proveniente del desierto, que se escapa y multiplica rápidamente, provocando una plaga en el bloque de pisos. Cuando el edificio es puesto en cuarentena, los vecinos se verán  forzados a combatir a los arácnidos, que se vuelven más mortíferos conforme pasa el tiempo. ¡Y también más grandes!

Y Serendipia finaliza la jornada con El reino animal (Le règne animal, Thomas Cailley), otra producción francesa en la que los animales también tienen su protagonismo, pero digamos que de una forma más pacífica, menos molesta. Una pandemia causa mutaciones en la población, trasfiriendo características de diferentes animales a los afectados. Aunque no suponen una amenaza real, los mutantes son tratados con rechazo por buena parte de la sociedad. La película de Cailley nos enfrenta a una fábula que refleja la crispación pospandémica, enfrentarnos a la circunstancia extrema de vivir una situación límite no nos ha hecho mejores, casi todo lo contrario. En El reino animal se explora el lugar común del bosque como espacio de lo misterioso (cuando no de lo estremecedor) para alumbrar un fantástico, que la crítica de cine Desirée de Fez adjetiva como luminoso, en el que lo real muy real se cruza con éxito con lo sobrenatural sin generar fisuras. Lo fantástico es utilizado como la herramienta útil que es para denunciar los males de una época. Cailley elige, además, el tono intimista para su relato y lejos de ofrecernos la descripción objetiva de cómo está desarrollándose la situación general, se centra en las vivencias subjetivas de una familia que se ha visto afectada en primera persona por la plaga. Elegir la perspectiva del caso particular apela a la empatía del espectador, haciendo al relato más efectivo para cumplir sus pretensiones.

El reino animal sigue a François Marindaze (Romain Duris) que hace todo lo posible por salvar a su esposa, aquejada por la misteriosa enfermedad. Mientras la sociedad parece abocada a un nuevo orden, François buscará un remedio a todo ello, sobre todo cuando Émile (Paul Kircher), su hijo de 16 años,  comience a mutar y vea como todo se resquebraja a su alrededor. Juntos comprenderán que el remedio es dejar que suceda, que la especie evolucione. Que la vida siga. El mensaje nos cala gracias a nuestra identificación con los protagonistas (muy bien recreados por sus interpretes), al fin y al cabo lo que se nos plantea no es más que la estilización fantástica de problemas que todos podríamos haber enfrentado. Amén de que nos hace reflexionar sobre nuestro presente en el que la responsabilidad del hombre en el desastre ecológico, cada vez más evidente, hace cuestionarnos nuestra racionalidad. Nos hemos considerado centro del universo y ahora el orden desestabilizado que nos rodea nos lleva a replegarnos, a descubrir nuestras facetas más oscuras y a ensayar respuestas que devuelvan el equilibrio. Cailley entona un bello canto a la búsqueda de una nueva armonía que reponga los equilibrios y nos ponga en nuestro lugar.

Resulta cuanto menos inevitable recordar a H. G. Wells y La isla del Dr. Moreau, una novela publicada en 1896 y varias veces adaptada al cine en la que el buen doctor protagonista realizaba dolorosos cruces quirúrgicos entre especies animales y seres humanos, obteniendo unos resultados que eran tratados como bestias salvajes carentes de humanidad. Pero también es lícito traer a colación a los X-Men originales, de Stan Lee y Jack Kirby, donde se trataba el tema del diferente y de los cambios hormonales de la adolescencia. Aquí los mutantes no tienen superpoderes, si acaso el de lograr contagiarnos su voluntad de posicionarse ante un mundo que parece preferir la violencia a la convivencia. El reino animal rezuma un humanismo tan sincero, casi ingenuo, que nos enternece y le perdonamos que caiga en algunos desajustes en el tono y que dilate en exceso su desenlace. Defectos que no empañan su condición de fábula cautivadora ambientada en impresionantes decorados naturales y con unos efectos especiales que tienen mucho de poético y que le valieron el premio del festival en esta categoría.

La última cinta del día nos pilló algo cansados, así que casi la hemos disfrutado más al remebrarla que al ingerirla. Así que nos recogemos, ya está bien por hoy, que al día siguiente quedaban todavía perlas por descubrir y un largo fin de semana que gestionar. Cerramos con el cuarto Making of de lo que acontece por Sitges, realizado por Quim Crusellas y su equipo. Unos estupendos cortometrajes en sí mismos, repletos de humor y buen hacer que miden el ambiente del festival. 

 

 

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Diario de Serendipia en Sitges 2023: Sexta cápsula

14 noviembre 2023 Deja un comentario

La jornada promete ser fuerte: 4 películas, 4. Y las cuatro pertenecientes a la sección Oficial Fantàstic Competició. Entre ellas la que ganaría el premio a la mejor película. Comenzando en l’Auditori con Pobres criaturas de Yorgos Lanthimos, fuera de competición y que  esperábamos con auténtica expectación. También la extraña producción japonesa Best Wishes to All (みなに幸あれ) de Yûta Shimotsu. Y ya en nuestro segundo hogar, el Tramontana, Cuando acecha la maldad (Demián Rugna), que para nada nos esperábamos el impacto que iba a obtener. Y La espera, el retorno a casa de Francisco Javier Gutiérrez tras su aventura americana.

Fotos: Serendipia

No sabemos a qué hora se acuestan las gallinas, pero ha de ser lo suficientemente temprana como para estar prestas al alba cuando cante el gallo. Y Serendipia se acostó con las gallinas porque sabía que la luna aún reinaría en el firmamento cuando estuviese haciendo cola frente a l’Auditori. Necesitaba estar frescx (más que las rosas) para no perder detalle de la cinta que más esperaba, Pobres criaturas, bastante más de dos horas que iban a requerir toda su atención. La estrategia funcionó y la experiencia fue tan fructífera como esperaba.

Pobres criaturas (Poor Things), la última barrabasada de Yorgos Lanthimos fue, de largo, la mejor película que se proyectó durante esta edición del festival, aunque se ofreciera fuera de competición. La flamante cinta se alzó con el León de Oro en el pasado Festival de Venecia, donde la película fue ovacionada con ocho minutos de aplausos. Y estamos seguros de que hubiera encantado a los surrealistas, que entrarían de buen grado en el laboratorio del Dr. Godwin Baxter (Willem Dafoe) y disfrutarían con sus bizarras criaturas y su más compleja creación: Bella (gran Emma Stone), resultado de sustituir el cerebro de una suicida por el de un nonato.

Bella, es un bebé que todo lo descubre y aprende con pasmosa velocidad, pero con el cuerpo de una mujer adulta, diciéndolo freudianamente, es puro ello, pura amalgama de pulsiones regidas exclusivamente por el Principio del placer (siguiendo con la jerga de Freud). Bella es una hermosa paradoja, una mente sin censura, anterior, no solo al superyo (conciencia moral), sino al mismo yo (sentido corporal-emocional del sí-mismo), en un cuerpo que está en su plena madurez. La inspira un hedonismo inocente como el de los recién nacidos, así va descubriendo el mundo, así también va descubriendo el propio cuerpo. Se palpa como se palpan los bebés y se autosatisface con todo lo que le da placer sin que ningún Principio de realidad (Freud de nuevo) la aliente a posponer sus deseos. Todos al nacer somos así, desvergonzados, nadie nos ha descubierto el pudor, eso es algo que se nos irá inculcando de a poco desde las primeras cucharadas de papilla con cada estonosehace/estonosetoca, para que antes de la pubertad sepamos comportarnos. Bella, en cambio, luce espléndida como una fruta madura, pero con la estructura interna de un primer brote. Su mente, brillante y primitiva, la convierten en la imagen de una adulta no reprimida, espontánea y sin prejuicios, algo que, como cabía esperar, se pondrá de manifiesto, con todas sus consecuencias, cuando descubra la sexualidad.

Hasta el momento de ese despertar, Bella ha vivido en un mundo en blanco y negro encerrada entre los muros de la mansión/laboratorio de Godwin Baxter. Porque su creador/padre necesita unas condiciones ideales para seguir la evolución del experimento que es ella. No la aísla por celo represor sino en aras de alcanzar el mayor rigor científico en la observación de su mejor criatura. En su jaula de oro nada le falta, ni el contacto amoroso, pues el propio Goodwin alienta a su ayudante, el joven Max McCandles (Ramy Youssef) a que dé rienda suelta a su pasión platónica tomándola como prometida. Todo es ordenado y meticuloso hasta que Bella descubre la fruición sexual y con ella la pasión por conocer, lo que la lleva a descubrir el mundo junto al abogado de la familia, un libertino canallita interpretado por Mark Ruffalo. El mundo de la joven se llena de un color vivo en un viaje que va desde una Lisboa retrofuturista (con esos zepelines y ese monoraíl aéreo surcando los cielos) a los barrios bajos de Alejandría y los burdeles de París.  Un recorrido quijotesco en el que a medida que Bella adquiere mayores conocimientos, empieza a entender el mundo en el que vive, aprende a comportarse de acuerdo con las normas de la sociedad y toma consciencia de sus derechos. Así, cuando Bella regresa, es un ser totalmente diferente, experimentado en todos los aspectos y dueña de sí misma. No como mujer liberada, nunca fue prisionera, sino como mujer consciente de su libertad.

Fácil es descubrir en Bella a un trasunto de Mary Shelley a la que su padre describía a sus quince años como una chica «singularmente valiente, un tanto impetuosa y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible». El trasunto shelleyniano estaba ya en el material del que parte Lanthimos, la novela casi homónima del singular escocés Alasdair Gray, ¡Pobres criaturas!: episodios de la juventud del Dr. Archibald McCandless, funcionario de Salud Pública, algo que se aprecia ya en el nombre del personaje que interpreta Willem DaFoe, Godwin, como el apellido del anarquista padre de la Shelley, y Baxter, apellido del mentor escocés de la autora del Frankenstein (o moderno Prometeo encadenado), el botánico y filósofo radical, que habría terminado de formar el espíritu revolucionario de Mary. La novela, un buen ejemplo de literatura postmoderna, es un pastiche (en la acepción positiva del término) que teje entre sí los modos narrativos del clásico de Mary Shelley con los del Drácula de Bram Stoker, para ofrecer una pieza que en clave satírica se hace eco de las críticas sociales de ambas obras. Y Lanthymos profundiza, también con mucho de comedia, en la reflexión sobre si todo es válido para el desarrollo de la ciencia junto a otros de sus temas más queridos. La Pobres criaturas del griego es, ante todo, un canto al libre albedrío y la libertad de la mujer para decidir y seguir su propio camino. Pero eso se destaca sobre una crítica más ambiciosa que ahonda en el análisis de la complejidad de las dinámicas sociales, los estatus asumidos y el valor de la rebelión. Algo que no reflejaban las primeras y equívocas sinopsis que llegaban en las que se tildaba al personaje de Bella como una especie de criatura de Frankenstein ninfómana.

La mirada del griego hacia la especie humana se vuelve  aquí menos inclemente y cruel, pues, aunque refleja los aspectos negativos de los desarrollos de la humanidad, también tienen cabida la exposición más amable de los perfiles positivos de la especie, deja asomar también la bondad, la empatía y la solidaridad. Y mientras se estiliza en sus contenidos temáticos se radicaliza en su barroquismo visual. Yendo un paso más allá de lo experimentado en La favorita (2018), nos regala una puesta en escena extrema en la que no sólo destaca la transición narrativa del blanco a negro al color, sino que asalta al espectador con  imágenes deformadas por lentes de ojo de pez, con zooms violentos y con grandes escenarios construidos en estudio y digitalmente. Y no se trata de un ejercicio megalómano de un director encantado de conocerse, como sugerían algunas voces al terminar la proyección, sino que sus decisiones formales barrocas resultan perfectamente ajustadas al espíritu que quiere imprimir a su relato. Todo ese artificio e imaginación se ajustan perfectamente a lo que requiere la historia. Toda esa acumulación de elementos resulta coherente y plena de sentido. El espectador atento sabe comprender que la historia no podría haber fluido si se hubiese contado con la parquedad de recursos visuales. Las columnas salomónicas tuvieron razón de ser, por más que las sobrias columnas dóricas cumplían de igual modo su función de sostén.

Es la primera ocasión en la que el director griego ha trabajado con material ajeno, aunque tenía muy claro lo que quería y así se lo pidió a su guionista, Tony McNamara, nombrándole tres películas como referencia al tono que quería para la suya: Y la nave va (E la nave va, Federico Fellini, 1983), Belle de Jour (Luis Buñuel, 1967) y El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, Mel Brooks, 1974). Y en vista de los resultados puede decirse que se fabricó un híbrido perfecto.

Emma Stone repite con Lanthimos tras La favorita (The Favourite, 2018) y el cortometraje Vlihi (2022), como actriz, y en esta ocasión, como productora, demostrando tener muy buen ojo, pues el director sabe sacar de ella unas interpretaciones  antológicas. La actriz ha tenido que a inventarse una nueva forma de andar, una nueva forma de hablar, una nueva forma de actuar. Porque se trataba de alumbrar a la nueva mujer con suficiente histrionismo y suficiente temple como para no caer en la caricatura. Stone asume riesgos que son poco transitados por las estrellas de Hollywood y que pasan también por entregarse sin remilgos a las escenas de sexo.

Lanthymos firma un excelente trabajo de género. ¿De cuál? De uno inclasificable que no se deja resumir en las etiquetas: ¿Es fantasía?, ¿Es humor?, ¿Es sátira? Es todo ello y mucho más. El griego diluye las fronteras en otra obra de rico mestizaje genérico.

Con la cinta de Lanthymos nos acercamos a la prometida reflexión sobre qué narices puede ser la pureza del terror, pero antes haremos otra escala para hablar de la opera prima de Yûta Shimotsu, que es el plato que degustó Serendipia en su antepenúltima sesión en el Auditori.

Shimotsu llegaba a la presentación de su opera prima ataviado con la camiseta del festival. Divertido nos contó que había tenido que comprar ropa de urgencia porque la aerolínea le había extraviado la maleta. Puro entusiasmo, el japonés, sin darse cuenta, hacía todo un spoiler de su largo, procedente de su corto homónimo que se alzó en 2022 con el gran premio de la Japan Horror Movie Competition de Kadokawa: confesó haberse inspirado en una leyenda nipona según la cual ser feliz depende directamente de la infelicidad de otros.

Best Wishes to All (みなに幸あれ) nos sumerge en una pesadilla doméstica. Una llena de extrañeza, que recuerda las atmósferas de Junji Ito, y en la que su joven protagonista (Kotone Furukawa), una estudiante de enfermería,  descubrirá en una visita a casa de sus abuelos que las cosas no están bien. Que estos tienen un comportamiento extraño. Y que, además, suenan golpes provenientes del trastero. Ella parece ser la única de la familia que se percata de todo, pero pronto descubrirá, por las malas, que todo ello es producto de una peculiar tradición ancestral para alejar la infelicidad. 

El arranque de Best Wishes to All nos hace recordar La visita (The Visit, 2015) de M. Night Shyamalan, con esos abuelos que incluso en los primeros compases resultan intrigantes.  haciendo anticipar que algo va a torcerse hacia una esfera de perversidad. Pero pronto, cuando, por ejemplo, los ancianos empiezan a gruñir como los cerdos ante el cochinillo que van a comer, mientras sostienen que los cerdos están satisfechos de ser sacrificados para deleitar nuestros ágapes, y, sobre todo, cuando se arrastra hacia el comedor un personaje semidesnudo que tiene cosidos los párpados y los labios, la cinta de Shimotsu deriva hacia territorios más autóctonos del terror. Takashi Shimizu, uno de los fundadores del terror japonés moderno (y que ya produjo el corto que extiende esta opera prima), saluda a Yûta Shimotsu como nueva savia que va a renacer al J-horror, que parecía haberse aletargado en las últimas décadas.

Aunque aquí no exista la presencia de ningún yūrei, esos fantasmas femeninos que nos deleitaron en el The Ring (リング, 1998) de Hideo Nakata, sí nos movemos en el terreno de los cuentos y leyendas sobrenaturales que han distinguido al País del sol naciente, explotando a las mil maravillas un terror surreal y psicológico. Shimotsu dibuja una pesadilla poblada por monstruos muy humanos con una gran dosis de humor negrísimo, utilizando los efectos visuales y el sonido con moderación para crear una sensación de pavor y terror que se infiltra en nuestra conciencia. Logra un terror que es local y a la vez universal, porque no podemos dejar de mirar pasmados sus extravagantes viñetas de comedia oscura, divertidos a la par que un punto horrorizados. Reímos, pero a la vez se nos queda un gesto sombrío, sobre todo ante su plano final (Spoiler Alert) en el que tomamos conciencia de que nuestra protagonista ha acabado por aceptar la locura de dañar a otros para procurarnos bienestar.

¿Qué harías por la felicidad? Es la interrogación con la que se promocionan estos mejores deseos para todos. Sabemos al terminar que se está preguntando por los límites de lo ético. Esa es la clave conceptual de este cuento de horror en familia, una premisa temática que recuerda la crítica similar de Kiyoshi Kurosawa al consumismo contemporáneo y su correspondiente narcisismo en Creepy (クリーピー 偽りの隣人, 2016). Aún sin llegar a la altura del maestro más autoral del J-horror, el debut de Shimotsu resulta un excelente y atmosférico ejercicio de terror. ¿Puro? Llegamos ya a la gran disquisición, justo cuando cambiamos de sala y vemos la próxima película.

Serendipia vuelve a instalarse en el paraíso de la primera fila del Tramontana, le gusta comerse la pantalla y sólo aquí le es posible. Toca ver otro de los títulos que han despertado expectativas desde que fue anunciada su participación en la sección Oficial Fantàstic Competició: el segundo largo de Demián Rugna, Cuando acecha la maldad. En 2018 Serendipia había disfrutado con su prometedora opera prima, Aterrados, una visceral y efectiva película de terror sobrenatural con elementos de comedia. Y el arranque de Cuando acecha la maldad no podía ser más prometedor, parecíamos estar ante un weird western gaucho: Una hacienda, noche, los perros ladran, se oyen disparos; por la mañana los dos hermanos que guardan la finca inspeccionan el terreno, hallan un cadáver decapitado y todo los lleva a la casa de unos masoveros indígenas, allí descubren que el hijo mayor, Uriel, se ha convertido en una masa de carne hinchada y llena de fístulas: es un embichado. Serendipia se relame acariciando la idea de estar ante un enigmático mal ancestral de color autóctono. La producción argentina (con parte de capital norteamericano) envuelve su atmósfera malsana con toques de humor muy oscuro,  ambas cosas van in crescendo hasta que el primer acto culmina con un festín de muertes bastante gore. Qué es lo que sea un embichado se desgrana, en este primer momento, dosificando la información paulatina y sosegadamente, manteniendo alta la intriga y haciendo cómplice al espectador de la reconstrucción de la lógica de esa particular mitología. Pero la cosa cambia: se abandona la apariencia de western rural, para introducirnos en una especie de road movie de huida de la maldad que acecha a los protagonistas. Lo peor es que se abandona también el desarrollo de la acción progresivo, y las claves de la trama avanzan a golpe de diálogo, puesto en boca de los nuevos personajes que van incorporándose. Nada molesta más a Serendipia que los subrayados discursivos, sobre todo cuando, a su juicio, el metraje de la cinta hubiera sido suficiente como para continuar acudiendo a los elementos puramente visuales para desarrollar la acción.  Además, la naturaleza de los embichados no era todo lo original que habíamos esperado. La acción va derivando hacia unos derroteros más trillados, los embichados no son otra cosa que un cruce entre infectados y poseídos, que sí, es novedoso, pero no deja de ser la fusión de figuras ya establecidas con anterioridad en el género. Como sentencia Wilson Chapman, donde se nos prometía una pesadilla febril de alta temperatura, acabamos encontrando un resfriadillo tejido con los mimbres de un recital de sustos que son más espeluznantes y escandalosos que aterradores. Rugna malogra el potencial de lo que él mismo había planteado. O esa fue la impresión de Serendipia, al menos, porque, al salir, sus compañeros de platea celebraban exaltados lo visto ¡Por fin terror!

Cuando acecha la maldad convenció a casi todos, incluidos los miembros del jurado,  que la coronarían mejor película del certamen. Como explicaron en el palmarés: «nos gusta el cine de terror, las películas de terror y creemos que a veces no tienen el reconocimiento que deberían tener y por eso hemos escogido esta película porque creemos que es la mejor de las películas que hemos visto». Incluso la organización se felicitaba pues «la película supone un éxito para Sitges Industry ya que fue un proyecto que empezó a gestarse en el contexto del Sitges Fanpitch«. Cuanto menos, curioso.

Ante tamaños festejos, la cabeza más secundaria del monstruo que esto escribe empezó a plantearse si acaso eso del terror no iba con ella y, entonces, no tenía derecho a acudir a un festival que está consagrado a ello. Y, a partir de ahí, de su pequeño trauma (diciéndolo un tanto hiperbólicamente), se enfrascó en toda una indagación sobre qué narices es eso del terror que tantos habían calificado de puro. Y ahora es cuando va a soltar la digresión prometida desde el día anterior.

Para el catedrático Sebastián Serrano, somos hijos del miedo. De un miedo con alto valor adaptativo que tiene por antónimo la temeridad. Los temerarios no le tienen tomado el pulso al peligro, por eso se arriesgan sin tino, juansinmiedos de la vida, se atreven con todo, su falta de juicio les expone y… no llegan a viejos. Los temerosos, en cambio, no corren riesgos innecesarios, actúan con prudencia y sobreviven dejando su herencia genética para la especie. Una perpetuación biológica de los miedicas que se refuerza con la educación. A sus vástagos les legan sus genes y los cuentos. Las leyendas y el folklore vestían los peligros naturales con el ropaje de entes dañinos y taimados, así, si no tienes vértigo, un barranco puede resultar hasta atractivo, pero si es la oscura morada de una legión de trolls (por poner), y eres niño, la cosa ya se pone más seria. Vino la Ilustración queriendo poner coto a las supersticiones en nombre del reinado de la recta Razón, pero la generación romántica que la sucedió volvió a elevar y dar valor a lo sobrenatural. Movimiento pendular de la historia en el que tuvo su peso descubrir que el sueño de la razón produce monstruos. Terror por antonomasia es el método expeditivo de represión revolucionaria (o contrarrevolucionaria) que instauraron Robespierre y su pandilla. No es de extrañar la reacción de la generación siguiente que empezó a poner en valor lo medieval y lo oscuro, siguieron la estela de Horace Walpole que en 1764 escribía El castillo de Otranto haciendo nacer la literatura de terror. Si el arte desconfiaba de la Razón, también la propia filosofía la ponía en cuestión: en el siglo XIX nacía la que se ha denominado Filosofía de la Sospecha, que tiene en Marx, Nietzsche y Freud sus cabezas de cartel. Es el vienés el que va a adentrarse en la mente y sus traumas y, claro, pondrá sus miras sobre qué es y qué produce el terror, esa emoción que ahora sabemos que nace en una región del cerebro denominada amígdala, ubicada en el sistema límbico, que se encarga de regular las funciones de conservación del individuo. Aunque admira a Darwin, Freud da una explicación que no es biologista sino una lectura que podríamos denominar (un poco a bulto) metafísica. El padre del psicoanálisis se interesa por el terror desde bien temprano, pero es después de la Gran Guerra cuando dará su definición más elaborada, distinguiendo entre angustia, miedo y terror. Si el miedo es el temor a un peligro presente, conocido, y la angustia la señal de alarma de la mente, que lo anticipa sirviendo de entrenamiento, el terror está relacionado a un estado en que se encuentra el sujeto cuando se ve sorprendido por un peligro para el cual no estaba preparado. Según esta lógica, aterrarse es estar al borde del colapso, enfrentarnos a una  adversidad, tan grande, que quedamos paralizados y, en el peor de los casos, condenados a repetir mentalmente el trauma que hemos vivido (algo que Freud observó entre los veteranos de la Gran Guerra). El miedo nos cualifica, el terror nos incapacita. Así las cosas, deberíamos concluir que los que ven cine de terror somos unos absolutos masocas. Pero es que la cosa no es tan simple. Si disfrutamos del género es porque mientras vemos estas producciones nuestro cuerpo está tensionado y libera cortisol, una hormona que está relacionada con el estrés, por eso, asustarse con una película mejora el estado de ánimo y ayuda a sentirse mejor. El miedo que vivimos en la sala oscura nos activa, nos despierta, hasta nos enardece. Definiéndolo coloquialmente: vivimos un “subidón” químico que nos provoca una euforia momentánea. Sobre todo si el final es catártico. Se disfruta del terror que no paraliza, que es tanto como decir que no aterra, ergo no puede existir algo así como películas de terror puro. De haberlas nos lisiarían, nos dejarían traumatizados (en el sentido fuerte del término) de por vida. Casi muertos. Defender la pureza del género es defender algo que no lleva a parte alguna. Lo puro es lo que está  libre y exento de toda mezcla de otra cosa. Lo que es fiel a una esencia imperturbable, impermeable a cualquier cambio. Pero el terror es también un reflejo de la sociedad, de los miedos de una época, por eso no puede ser invariable. Cada momento histórico vive sus propios espantos y los expresa bajo formas narrativas acordes. En definitiva, no es más puro, ni menos, el terror gótico de Walpole que eso que llaman horror elevado. Sólo son distintos rostros del miedo. Bienvenidas sean todas las manifestaciones del monstruo.

Aliviados tras la perorata, ya podemos continuar con el relato de la jornada que tuvo para Serendipia un bonito final de fiesta: La espera, otra cinta que usa los caminos del western rural, ahora ambientado en la Andalucía natal de su director, Francisco Javier Gutiérrez.

Gutiérrez en La espera incluye varios guiños a su recordada cinta de 2008, 3 Días, con la que debutó en el largometraje y que le supuso bastante reconocimiento en la época. Recupera a uno de sus protagonistas, Víctor Clavijo, que realiza nuevamente un trabajo excepcional. Al igual que el resto de su escogido reparto: Pedro Casablanc, Luis Callejo y Manuel Morón, entre otros. Clavijo encarna a Eladio, guarda de una finca que organiza partidas de caza y que acepta el soborno de uno de los señoritos, el secretario del hacendado, que sabedor de la necesidad que se pasa en el hogar del guarda, le tienta con un cuantioso soborno para que descuide la seguridad y reparta más lotes de caza en la montería. Semanas después su vida entera colapsa. Lo que parecía un vuelco favorable del destino se convertirá en un macabro descenso a los infiernos en el que Eladio sufrirá la trágica pérdida de su familia y verá puesta a prueba su cordura con algo mucho más oscuro.

Después de su poco afortunada aventura americana, Gutiérrez sintió la necesidad de volver a España, a Andalucía, su tierra, y rodar algo más íntimo, más personal, «España me devuelve a mis raíces, a mis recuerdos, así como a mi narrativa más personal. Trato de ahondar en las emociones, explorando una vez más la complejidad, oscuridad, belleza y fragilidad de la naturaleza humana. Todo ello disfrazado de un thriller de terror brutal, sin concesiones, descarnado, con alma de wéstern». Una vez en este blog hablamos de Los santos inocentes (Mario Camus, 1984) y decíamos de ella: «No es una película de terror, pero sí una película sobre el miedo, ¿o acaso no es terrorífico ese abuso de poder de los señoritos, su absoluto desprecio por las vidas ajenas?  Los miedos cotidianos son más sórdidos que los fabulados, por eso tienen más cuerpo y nos remueven más«. La espera entronca con el relato de Miguel Delibes, con la película de Camus, pues estos nos hablaban del monstruo, el que representan los hacendados, esos cazadores de hombres, y también los otros, esos que hacen honor a la etimología del término, los que son dignos de ser mostrados. Azarías es nuestro héroe, el inocente capaz de derramar sangre y conducirnos a la liberación de acabar con mano certera con el servilismo. Pero si Los santos inocentes dejaba margen a la catarsis, eso no ocurrirá en La espera. En el filme del andaluz las partidas de caza se convierten en algo directamente tenebroso y se encauza el drama rural hacia el sendero de lo siniestro, magia negra y sociedades secretas incluidas. El terror se irá cociendo asentado sobre la dilación, sobre la angustia de lo que no llega, pero sí se espera. Y se teme.

La película de Francisco Javier Gutiérrez tiene en la espera del título el centro mismo de su funcionamiento narrativo. Con un sol inmisericorde y un calor constante, que baña de sudor a los personajes, La espera es un trabajo sobre el dolor, la pérdida y el infierno de la culpa. Así como sobre la imbatibilidad del poder, hambriento de sacrificios con los que perpetuarse. Filme de puesta en escena brillante, no faltan las voces que catalogan este ejercicio de realismo, más que mágico, maléfico, de muestra de folk horror nacional.

Más allá de la etiquetas, la propuesta de Gutiérrez se manifestaba como una de las más sugestivas de esta edición. Incluida en la sección Oficial Fantàstic Competició, habría merecido mayor eco de sus bondades. El público que compartió la sala Tramontana disfrutó, además, de las palabras de presentación del propio director.

Cerrar con el filme de Gutiérrez fue un magnífico broche para un día casi perfecto, repleto de importantes títulos de autores ya consagrados, de debutantes y de otros prometedores que aún siguen en la liga de  haber de darnos todavía mucho más.

Mientras tanto, en Sitges continuaban pasando cosas…

 

 

Categorías: Sitges Film Festival

En diciembre llega a las salas un siniestro flautista de Hamelín en ‘La partitura’

13 noviembre 2023 Deja un comentario

El 6 de diciembre llega a los cines españoles La partitura, última apuesta de terror de Millennium Media basada en el popular cuento El flautista de Hamelín, escrita y dirigida por el islandés Erlingur Thoroddsen (Child Eater, Patience Seven). 

Sinopsis: Basada en la fábula de Pied Piper (El flautista de Hamelín), la película se centra en una joven compositora (Charlotte Hope) que se encuentra frente a la oportunidad de su vida cuando recibe el encargo de componer el tercer movimiento de la partitura que su  difunta mentora dejó incompleta al morir repentinamente. Sin embargo, pronto descubrirá que tocar esas notas conlleva repercusiones mortales, lo que la llevará a desenmascarar los orígenes perturbadores de la melodía y la malvada fuerza que ésta despierta.

La partitura está protagonizada por el recientemente desaparecido Julian Sands, quien interpreta al mentor y músico experimentado y Charlotte Hope (La monja, Aliados), la joven compositora que se encontrará ante la oportunidad de su vida, con sorpresa inesperada incluida. Para la composición de la banda sonora, algo fundamental al tratarse de la leyenda del misterioso flautista, la productora ha apostado por uno de sus valores seguros, el experto Christopher Young (Cementerio de animales, Hellraiser, The OfferingSinister), toda una eminencia en la composición de bandas sonoras de películas de terror.

El rodaje de La partitura se desarrolló durante el verano de 2021 en los estudios Nu Boyana (Sofia) y en algunas localizaciones adicionales de la capital búlgara.

Palmarés y clausura 42 TerrorMolins 2023

12 noviembre 2023 Deja un comentario

El TerrorMolins ha anunciado el palmarés de su 42ª edición después de una gran noche de clausura donde se proyectó Mudbrick en première mundial y el mismo día que celebra los 50 años de la primera Maratón de Terror volviendo al formato original de 16 horas y con todas las entradas agotadas desde antes del inicio del festival. Lo ha hecho proclamando como gran triunfadora la película catalana que ya se ha convertido en uno de los fenómenos cinematográficos de la temporada. La mesita del comedor, de Caye Casas, film inaugural del festival, se ha alzado con el premio a la Mejor película de la Sección Oficial. El jurado, formado por Nerea Torrijos, Héctor García y Eulàlia Iglesias ha premiado también Cuando acecha la maldadLa esperaNew LifeVive dentro y Stopmotion. Entre las secciones paralelas de largometrajes, las principales premiadas han sido dos obras con dirección femenina: la malasia Tiger Stripes y la estadounidense The Wrath of Becky. El corto Écorchée ha ganado el principal premio de la Sección Oficial de cortometrajes.

Clausura con Mudbrick. Foto: Joan Gosa

El Festival de Cine de Terror de Molins de Rei llega así a su recta final después de nueve días de proyecciones y presencias destacadas, como las del mismo equipo de La mesita del comedor, con Caye Casas, Estefanía de los Santos y David Pareja, y los directores de títulos internacionales como la noruega Good Boy, con Viljar Bøe; la británica Hostile Dimensions, con Graham Hughes; o la serbia Mudbrick, que se estrenaba al festival con presencia de todo el equipo, incluidos el director Nikola Petrovic y el actor protagonista, Andrew Howard. También la cineasta Mar Targarona, premio honorífico, y unos 300 acreditados de industria y prensa, han pasado por el festival en su 42ª edición.

Las premiadas del TerrorMolins 2023

En Sección Oficial, además del premio a la Mejor película para La mesita del comedor, destacan también los premios a la coproducción catalana La espera, de F. Javier Gutiérrez, a la Mejor interpretación para Víctor Clavijo y Mejor música, y a la argentina Cuando acecha la maldad, de Demián Rugna, a la Mejor dirección. Las británicas New Life y Stopmotion han obtenido el premio al Mejor guion y a los Mejores efectos especiales y maquillaje, respectivamente, y la estadounidense Vive dentro a la Mejor fotografía.

De la sección Being Different destacan la gran ganadora, la malasia Tiger Stripes, de la directora debutante Amanda Nell Eu, y la australiana You’ll Never Find Me, doblemente premiada —Mejor interpretación y Mejor guion—, así como el reconocimiento al Mejor guion para Hostile Dimensions, de un Graham Hughes presente en el TerrorMolins. De la otra sección paralela, Bloody Madness, el principal premio ha sido para The Wrath of Becky, de Matt Angel y Suzanne Coote, mientras que Malum ha ganado los premios a la Mejor dirección y Mejores efectos especiales.

De la Sección Oficial de cortometrajes, el film ganador ha sido el francés Écorchée, de Joachim Hérissé. El film norteamericano Night Walks: Edith and The Empty ha ganado el reconocimiento al Mejor guion y el Premio Crítica de Oro, que otorga la asociación Blogos de Oro; y el australiano Gummy también ha sido doblemente galardonado, con el Premio Víctor Israel a la mejor interpretación y Mejores efectos especiales. El corto británico Measure, de Helen Simmons y Julia Cranney, ha ganado el Méliès d’Argent, y Stop Dead el Premio del Público Manel Gibert.

Categorías: Terror Molins

Diario de Serendipia en Sitges 2023: Quinta cápsula

11 noviembre 2023 Deja un comentario

De nuevo en el Melià tras la enorme afluencia de público que representa el fin de semana,  Serendipia inicia una nueva con dos sesiones en el Tramontana, ergo, Noves Visions y dos más en l’Auditori -desde la distancia- con dos pertenecientes a Oficial Fantàstic Competició. 

Fotos: Serendipia

Mientras l’Auditori estaba repleto de almas para ver La sociedad de la nieve, última película de J. Bayona, con menú carnívoro ultracongelado,  Serendipia escoge seguir el olor a podredumbre y sordidez que emana del Tramontana y ver The Funeral (Cenaze), que, por la sinopsis del propio festival, prometía una historia de amor necrófilo entre un conductor de coche fúnebre y su pasajera. Junto al encanto de premisa, Serendipia se sintió atraid@ por tratarse de una producción turca, con todo lo que ello conlleva, y por estar dirigida por  Orçun Behram, del que vimos, en este mismo festival, pero en 2019, su opera prima, The Antenna (Bina).

The Funeral se inicia cuando a Cemal (Ahmet Rifat Sungar), que como hemos indicado se gana la vida conduciendo un furgón fúnebre, le encomiendan transportar y ocultar  durante un mes (y sin despertar sospechas, claro), el cadáver de una joven (Cansu Türedi) a petición de su familia. Extraño encargo al que Cemal no pone trabas, simplemente acepta el fajo de billetes que le ofrecen y emprende su misión. Pero una noche abre las puertas traseras del coche fúnebre y encuentra a la muerta emitiendo extraños gruñidos, retira el sudario y descubre a la joven aniñada respirando y sin pulso. La retornada a la vida, además de tener escasa conversación, despierta con unos apetitos muy peculiares, lo que obligará a su pretendiente a facilitarle la necesaria carne fresca. Primero la suya propia, después la del reguero de cadáveres que irán sembrando a su paso. Este Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008, Tomas Alfredson) versión no-muerta se desarrolla en pasajes desolados, vertederos, ruinas y barrios bajos, inmejorables escenarios para una  historia de amor desaforada. Un cuento gótico envuelto en una niebla opresiva permanente que podría haber salido de la pluma de algún autor romántico, amantes como eran de lo siniestro y de las pasiones extremas que desafían los límites de lo racional. Zeynep, la joven renacida, lleva consigo, además, el recuerdo de los horrores de su muerte, víctima de un siniestro ritual. Por ello, buscará venganza.

La cinta concluye en un tercer acto que brinda un festival de sangre en una secuencia de acción filmada de noche (que el director destacó que fue muy difícil para todo el equipo). Y cierra con la única escena luminosa: ambos protagonistas al frente del furgón, ya sin que Zeynep tenga que ocultarse, en lo que se adivina una huida hacia el futuro…¿feliz?

Breve pausa, vuelta a la Sala Tramontana y más bucles con The Uncle (Stric, David Kapac y Andrija Mardesic), una producción croata (con participación serbia) ambientada, aparentemente, en los años ochenta en Yugoslavia. Allí, una familia se prepara, como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. Nervios antes de la celebración, se rompe un plato de la vajilla buena, el hijo lleva el mismo jersey de la última vez… Nervios durante la celebración, el pavo estaba crudo, las galletitas de canela quemadas… «La Navidad es en realidad el mayor ataque subliminal al subconsciente, donde la forma se apodera de la sustancia»  declaran David Kapac y Andrija Mardesic, que no parecen amar la celebración. Pero parece haber algo más detrás del comportamiento histriónico de la familia (cuyos miembros no tienen apellido, ni nombre), no hay naturalidad y todo resulta exagerado y extraño. Como si se tratara de una mala obra de teatro. La revelación nos llega la jornada siguiente, la familia se prepara, como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. Y la siguiente cuando la familia se prepara, como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. La representación se repite día tras día, siempre igual, las mismas frases, los mismos actos, pero siempre algo no está bien, despertando la ira del obsequioso tío. El ingenioso guion del que también son responsables Kapac y Mardesic, sabe jugar bien la baza de la repetición con variaciones para mantener el suspense, el humor impera, pero poco a poco se nos va torciendo el gesto, pues con cada cambio, el ambiente supuestamente festivo se vuelve cada vez más tenso y desequilibrado. También dudamos de la época en la que se están dando los hechos, porque según todo, desde el modelo del mercedes del tío, hasta la decoración de la casa y el vestuario de todos, deberíamos estar en los 80. Pero hay teléfonos móviles que suenan de improviso, alterando el guion. La verdad irá emergiendo de manera vacilante y poco sistemática, pero no nos impacientamos porque el ejercicio fílmico está perfectamente orquestado y nuestra atención está rendida.  Vamos sabiendo de un secuestro, vemos a la coerción violenta convertirse en abuso psicológico, un abuso que cada vez  raya más en la tortura mental. En cada etapa, la tensión aumenta constantemente, preparándonos para un clímax de derramamiento de sangre y catarsis que inevitablemente llegará.

El talento de los dos jóvenes croatas, que debutan en el largo con esta The uncle, fue premiado con el galardón a mejor director de la sección Noves Visions. Porque la suya es una manera particualr de entender el género, algo que ya se intuía en su mediometraje para televisión, Zagorski specijalitet (2012) que mezclaba pijos perdidos en el monte jugando al paintball, lugareños afables y…canibalismo. Claro que, la pregunta del millón es a qué género nos referimos exactamente, porque aquí hay una deriva desde la comedia a la tensión (tensión como la del título de aquella serie de la infancia de Serendipia), y de la intriga al desenlace violento. Si le buscamos paralelismos o influencias, tendríamos que referirnos al Michael Haneke de Funny games o al Yorgos Lanthimos de Canino, y seguimos moviéndonos en las marismas. No nos atreveríamos a decir que es terror puro, pero quizás es más aterrador que cintas que sí cabrían en esa pureza. Quizás Serendipia, la cabeza más secundaria de Serendipia, estaba a punto de descubrir que a lo mejor no le gusta el género. O sí. Continuaremos esta disquisición mañana, es decir en la sexta cápsula, pero no adelantemos acontecimientos. Vayámonos a cambiar de sala no sin antes destacar que en el rol de tío nos encontramos con ‘Miki’ Manojlovic, a quien los amantes de Emir Kusturica recordarán bien y cuya presencia en este filme fue todo un deseo cumplido para los jóvenes directores: «Cuando nuestros productores nos preguntaron a quién queríamos para el papel, dijimos: Miki Manojlović. Parecía una fantasía, pero los productores tenían su email y le enviaron el guion sin muchas expectativas. Respondió muy rápido, exaltado ante un guion escrito por dos jóvenes cineastas cuyas obras nunca había visto. ¡El resto es historia!«

Con un buen promedio de interesantes propuestas, Serendipia prosigue su itinerario cinéfago del lunes, ya en l’Auditori, con Brujería (Christopher Murray), una cinta coproducida entre Chile, México y Alemania que denuncia el déspota colonialismo de los europeos contra los nativos, mediante la recreación de unos hechos ocurridos en Chiloé a finales del siglo XIX: el juicio contra «La Mayoría» (sociedad huilliche)  bajo el cargo de asociación ilícita. Cuando empieza la película de Christopher Murray (que es autor del guion, además, junto a Pablo Paredes), estamos en 1880 en isla de Chiloé, al sur de Chile, donde el colono alemán, Stefan (Sebastian Hülk), vive junto a su familia en una aldea criando ganado. Cuando sus ovejas mueren misteriosamente, reacciona de forma violenta contra el pastor y padre de la criada, Rosa (Valentina Véliz Caileo), enviando a los perros para que acaben con su vida. Todo lo cual sucede delante de Rosa, de 13 años, que a continuación es despedida. Rosa y su padre son indios huilliches y Rosa, además, es cristiana. En busca de justicia recurre al subdelegado, que no le hace ni caso («a los perros no se les mete en la cárcel«), después al sacerdote, que la emplaza a no buscar justicia divina sino humana, a la vez que le indica que vaya a hablar con Mateo (Daniel Antivilo), un huilliche anciano. Mateo está al frente de La Recta Provincia, una sociedad indígena, real, anterior a la independencia, pero será Aurora Quinchen, la  machi (curandera) (Neddiel Muñoz Millalonco), la que le explicará su origen y sentido: el piloto español José Manuel de Moraleda se presentó como un poderoso hechicero y desafió el poder de la machi Chillpila, oriunda de Quetalco, en una competencia de magia. Ella lo derrotó dejando su barco en seco y él le obsequió un libro de magia, conocido como el Libro de arte, el Levisterio o Revisorio, con el que se instruyeron posteriormente algunos indígenas y crearon esta sociedad secreta. Y es ahí donde la historia de venganza de Rosa se transforma definitivamente en una de magia y hechicería, que se hace eco de la leyenda más que de la historia de los hechos a los que se remite. Murray nos mueve por una Chiloé más inventada que real para conseguir su objetivo de denuncia, lo que hace más rica su lectura y la engloba dentro del fantástico.

Su fuerte, el de la película, es la atmósfera, como señala Aaron Rodríguez, en El antepenúltimo mohicano, mediante «una fotografía húmeda y apagada, acuosa, de verdes musgosos, azules apagados y dominantes del gris«. Con esa tonalidad nos mueve por el paisaje, un paisaje que invita a la pausa, al uso del fuera de campo como mejor recurso para transmitir no sólo los hechos sino la sensación que de ellos se desprende. Murray baraja bien el tempo, porque sabe que la dilación es la que le va a permitir abordar el fondo de la cuestión. Ese debate interno de Rosa por reivindicar(se), que la enfrenta a dos realidades, su cristianismo de nacimiento, la religión colona, frente a las creencias huilliches que parecen vivir en su propio rostro, como le hizo ver el sacerdote. Siendo fantástica, Brujería es también un relato de crecimiento en el que está en juego, no sólo el paso a la madurez de una adolescente, sino la conservación de la propia raíz genética de un pueblo. Aquel al que Murray quiere dar la palabra. Él, que por su tez blanca y su cabello taheño, recuerda más al colono opresor que al indio que clama por su realidad y su tierra. Y es que Brujería va más allá de ser un mero reflejo de creencias y dialécticas anteriores, diciéndolo nuevamente con Aaron Rodríguez, «tiene mucho de los conflictos éticos a los que se asoma el espectador moderno, de sus dudas, de su necesidad de pertenecer a una comunidad que no se base únicamente en las líneas de explotación, pero al mismo tiempo, de la necesidad de cantar, de aprender, de mantener otra relación con la realidad y con la Historia». Murray usa la falsilla del fantástico como metáfora para hablar de temas socioculturales, que aún siendo locales, es capaz de hacérnoslos sentir cercanos. Ahí estamos, de nuevo, con los límites del género.

Hablada en español, mapuche y alemán y coproducida por Pablo Larraín, esta cinta, que algunos calificarían como otra pieza de Folk Horror, que parece englobar ahora todo lo que sucede fuera de las ciudades, y otros no dudarían en colocar dentro del Elevated Horror (categorías tan de moda que acabarán por englobarlo casi todo y no significar nada), esta pequeña(gran) película juega a la mixtura, por tanto, no es pura. ¿O acaso sí? ¿Qué será la pureza genérica? Ya saben mañana en la sexta cápsula. De momento ahora nos vamos de Brujería a Salem. Y todo sin movernos de l’Auditori.

Cualquiera diría que continuamos en tierras de brujas, pero no es así, el Salem que da título al film que Serendipia ve a continuación, y con el que cierra la jornada, no es el tristemente célebre proceso contra las «ocho perras brujas» de la población norteamericana. El salem al que se refiere el título es en realidad un saludo que significa paz. La acción de Salem se desarrolla en los suburbios de Marsella, donde una pareja de adolescentes pertenecientes a barrios/bandas -y etnias- rivales (Cigarras y Grillos), se enamoran: Djibril, negro, de origen comorano y musulmán; y Camilla, de sangre gitana y cristiana. Todo empeorará cuando ella quede embarazada y culminará con una muerte y la entrada de Djibril en prisión. Pasados los años, cuando por fin cumple su condena, en régimen psiquiátrico, Djibril cree poseer poderes de curación y que su  hija, que al parecer los ha heredado, puede ser la clave para salvar al mundo del odio que bulle en los suburbios de su ciudad. Jean-Bernard Marlin dirige y firma el guion, el marsellés, crecido en uno de los barrios más pobres y conflictivos de la ciudad, el 13ème arrondissement, parece haberse especializado en filmes que dan voz a los marginados después de haber ganado el César a mejor opera prima con su película de 2018, Shéhérazade, otra historia de amor en los suburbios interpretada (como Salem) por actores no profesionales. Se podría decir que su segundo largo, el que nos ocupa, es un Romeo y Julieta suburbial en la línea del clásico de Robert Wise, West side story, pero va más allá de ser la adaptación «quinqui» (a la marsellesa) de la tragedia de Shakespeare: Salem es una película ambiciosa y personal en la que se dan la mano el drama shakesperiano, sí, pero también el cine de bandas callejeras y la fantasía esotérica, que es la que le ha dado cabida en la Sección Oficial Fantástico Competición de esta edición del Festival de Sitges.

Y es que Djibril es, desde su adolescencia, un visionario, se figura y cree con facilidad cosas quiméricas, por ello cumple condena en el psiquiátrico y no en el penal. Como decíamos al principio, cree tener poderes de sanación y que estos además los habrá heredado su hija, Ali, por lo que ella será la profeta que llevará la paz (salem) a los dos barrios enfrentados en constante pugna territorial. ¿Lo cree o los posee realmente? Salem sabe jugar la doble baza, todo podría tener una explicación racional, o ser verdaderamente fruto de una verdad mística. El filme logra un casi perfecto equilibrio entre el relato naturalista y la ilusión onírica representada por esas cigarras doradas que, a la vez, persiguen y guían a Djibril. Un equilibrio que es logrado con la imagen, con el lenguaje cinematográfico. La cinta combina la cámara fija y efectos visuales de gran plasticidad. Como declaraba el propio Marlin en Cannes: «Por un lado, estamos cerca de los personajes respetando un cierto clasicismo y, por el otro, podemos ver aspectos visuales experimentales, como los sueños. Al igual que con la música original, el lema de las imágenes era ser una película alucinante». Salem  tiene una ferocidad y una ambición que merecen llamar la atención por la película y su talentoso director.

Salem como la Brujería de Murray es una película liminar, un film frontera, tejido con el espíritu del mestizaje entre la denuncia social y el fantástico más surrealista. Estamos otra vez ante la discusión sobre los límites del género, también la película de Marlin es impura si es que existe algo así como la pureza del terror y lo fantástico. ¿No es género si el subtexto tiene casi tanto peso como el texto? ¿Es necesaria la ortodoxia,  sea esta lo que sea, para estar en un festival como el de Sitges? ¿Es algo que puede espantar al público natural del certamen o es la mixtura la que lo hace todo más atractivo? Las respuestas, ya saben, tal vez las encontremos mañana en la sexta cápsula.

De momento, y como ya cuadra, les dejamos con el tercero de los cinco videos sobre los entresijos del festival, en el cual se visitan otros lugares y donde se desarrollan otras actividades de las que les contamos aquí.

 

Categorías: Sitges Film Festival

VAMOS DE ESTRENO * Viernes 10 de noviembre de 2023 *

10 noviembre 2023 Deja un comentario

Sinopsis: Tras escapar de su agobiante vida en la ciudad, Nat (Laia Costa), treintañera, encuentra refugio en el pequeño pueblo de La Escapa, en lo más profundo de la España rural. En una casa rústica y en ruinas, acompañada de un perro salvaje y tosco, esta joven intenta reconstruir su vida de nuevo. Después de enfrentarse a la hostilidad de su casero y a la desconfianza de los habitantes del pueblo, Nat se descubre a sí misma aceptando una inquietante propuesta sexual de su vecino Andreas (Hovik Keuchkerian). A partir de este extraño y confuso encuentro, surge una pasión devoradora y obsesiva que consumirá a Nat completamente y le hará poner en cuestión el tipo de mujer que cree ser.

Un amor no es, ni mucho menos, una historia de amor al uso. De hecho la única historia de amor compartida que puede verse es la de Nat (Laia Costa) con su perro Sieso. Un amor es más un viaje iniciático, pero un viaje de esos en los que la lección se aprende a base de batacazos. Y varios son los que se lleva su protagonista cuando descubre que la vida no es como pensaba y que no todo el mundo es amable ni las cosas son fáciles. Y que quien algo quiere, algo le cuesta. Y que no todo el monte es orégano.

Natalia ha dejado la vida en la ciudad y su trabajo de traductora simultánea para una ONG de refugiados de conflictos bélicos, atemorizada por los relatos que le cuentan los supervivientes provenientes de África. Huye a lo que piensa es una vida más sana y sencilla. Pero allí aprenderá lo que cuesta vivir. Comprobará lo chismosa que es la gente en un lugar tan pequeño. Desde el inhumano casero (odiosamente interpretado por Luis Bermejo); a un vecino «civilizado» y «agradable», Piter (Hugo Silva), artesano llegado de la ciudad que no cesa de meterse en su vida con la excusa de ayudarla; pasando por una familia que va exclusivamente los fines de semana, ridículos animales de ciudad; y, sobre todo, el alemán (que nadie sabe de donde vino), un huraño y gordo vecino, un hombre en el que ella nunca se hubiera fijado, que le pedirá un trueque a cambio de arreglar su tejado: que le deje entrar en ella. De la repugnancia inicial nacerá una historia de amor que no lo es, una historia de dependencia anti-natura, de la que saldrá más fuerte que nunca, eso sí, a base de fuertes batacazos. Y además de salir más fuerte conseguirá una buena compañía, la de su perro Sieso, un chucho al que nadie quiere, con el rostro marcado de cicatrices del pasado.

Isabel Coixet retrata la dureza del pueblo, el frío, la tormenta y sus habitantes. También se fija en pequeños detalles. Ruinas, carteles arruinados, restos de lo que una vez fueron hogares y vidas. Basada en la novela homónima de Sara Mesa (Un amor, publicada por Anagrama), la película cuenta con guion de la propia Coixet y la escritora, periodista y guionista Laura Ferrero. Un amor tuvo su estreno mundial en la 71ª edición del Festival de Cine de San Sebastián dentro de la Sección Oficial a Concurso y recibió el Premio Feroz Zinemaldia 2023. Además de Laia Costa y Hugo Silva, el film está protagonizado por Hovik Keuchkerian (fue galardonado con la Concha de Plata a la Mejor Interpretación de Reparto), Hugo Silva, Luis Bermejo, Ingrid García-Jonsson y Francesco Carril.

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Teaser tráiler de ‘Cazafantasmas: imperio helado’

9 noviembre 2023 Deja un comentario

Teaser tráiler oficial de Cazafantasmas: imperio helado, la nueva entrega de la exitosa saga basada en la película Cazafantasmas (1984) de Ivan Reitman, dirigida por Gil Kenan estará exclusivamente en cines. ¡Sentirás escalofríos!

SINOPSIS 

En Cazafantasmas: Imperio Helado, la familia Spengler regresa al lugar donde empezó todo-el icónico parque de bomberos de Nueva York- para formar equipo con los Cazafantasmas originales, que han desarrollado un laboratorio de investigación ultra secreto para llevar la caza de fantasmas al siguiente nivel. Pero cuando el descubrimiento de un antiguo artefacto desata una fuerza maligna, los nuevos y los viejos Cazafantasmas deben unir sus fuerzas para proteger su hogar y salvar al mundo de una segunda Edad de Hielo.

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Diario de Serendipia en Sitges 2023: Cuarta cápsula

9 noviembre 2023 Deja un comentario

El domingo Serendipia se despliega por las salas de cine de la ciudad, Prado y Retiro, lo  que también significa el reencuentro con los clásicos, que ese día fueron dos: La casa sin fronteras (1972) de Pedro Olea y Angustia de Silencio (1972) de Lucio Fulci. Dos muestras de cine de género mediterráneo bien diferentes y del mismo año. Pero también hubo tiempo para otra muestra de la sección Noves Visions con la japonesa Atrapados en un bucle infinito de Junta Yamaguchi, y de Oficial Fantàstic Competició con la divertida There’s Something in the Barn (Magnus Martens). 

Fotos: Serendipia

Comenzar la jornada con Pedro Olea está más que bien. Si es en el Prado y sin ningún tipo de restricción para ocupar la butaca que se deseé, mejor. Y si lo que se proyecta es una versión remasterizada (gentileza de Mondo Macabro) de una de sus más oscuras cintas, eso, ya no tiene precio. La casa sin fronteras (1972) es una atípica muestra de thriller fantástico que el director bilbaíno dirigió tras El bosque del lobo (1970). Una cinta de intriga con veladas alusiones a sociedades secretas como la Masonería, pero que fue vista en la época como una crítica directa al Opus Dei, algo que el propio director negó durante la presentación del film. De atmósfera opresiva, rodada en un Bilbao oscuro, gris, en el que no cesa de llover, La casa sin fronteras  puede ser vista también como una metáfora de la agonizante dictadura franquista, en la que el disidente es controlado en todo momento, apartado o, en el peor de los casos, eliminado. El film se inicia con la llegada a la ciudad de Daniel (Toni Isbert), que busca trabajo e instalarse en Bilbao. Ya en la propia estación averigua la dirección de una pensión económica y conoce a un extraño individuo, con el que se topa en diversas ocasiones (José Orjas), que se ofrece a facilitarle un contacto para conseguir un empleo. Una vez en la dirección que le ha sido dada recibirá el encargo de localizar a Lucía Alfaro (Geraldine Chaplin), antigua integrante de la misteriosa organización que le ha contratado y que se hace llamar La casa sin fronteras. Absoluto fracaso en su momento, lo que le costó tener que cerrar su productora, Amboto Producciones Cinematográficas, pese al éxito obtenido con su anterior film, la película ha permanecido semioculta entre la producción del bilbaíno hasta que el sello norteamericano Mondo Macabro se ha animado a editarla remasterizada para su óptimo visionado, como pudo comprobar el público del Prado y el propio Olea, que no perdió la ocasión de ver su película restaurada.

Tras La casa sin fronteras, y con todo el pesar del mundo, Serendipia tuvo que abandonar el Prado pese a que iba a tener lugar una charla con el director, pero los horarios mandaban y en el Retiro comenzaba There’s Something in the Barn, una divertida propuesta nórdica protagonizada por una familia norteamericana, los Nordheim, que retorna a sus raíces tras heredar una casa en las montañas de Noruega. Los productores de Zombis nazis (Død snø, Tommy Wirkola, 2009) se enfrascan en una comedia de terror navideña con Magnus Martens al frente de la dirección, y, aunque la cafrería de aquella no se alcanza, la segunda parte de la cinta no decepcionará a los amantes de la hemoglobina. Si en la cinta de Tommy Wirkola la carnicería estaba en manos de nazis zombis, aquí lo serán los Nisse, criaturas de la mitología escandinava de aspecto entrañable que pueden tener muy mala leche si se los contraría. Son los gnomos de granero que cuidan del hogar del granjero y de sus hijos, protegiéndolos de la mala suerte, en especial cuando cae el sol y transcurre la noche, pero, ¡Ay de quien incumpla sus reglas! Por supuesto, los Nordheim las quebrantarán todas, y si en la primera mitad de la cinta los únicos problemas que enfrentan son los propios de los choques culturales, en la segunda habrán de enzarzarse en una auténtica lucha por su territorio. Y es que si no se debe alimentar a los Gremlins después de la medianoche, con los Nisse lo más importante de todo, es poner un tazón de avena en Nochebuena. Así que, igual que las criaturas de Joe Dante se transmutaban en fieras gamberras, descontroladas y sangrientas, lo mismo ocurrirá con el gnomo del granero de la familia protagonista, que acompañado de otros gnomos desatará una gran carnicería que hizo las delicias del público de Sitges.

Un buen divertimento que llegará a nuestras pantallas de la mano de A Contracorriente  en fecha tan significativa como el 5 de enero.

Hora de volver al Prado y al mejor cine clásico con Angustia de silencio (Non si sevizia un paperino, 1972), una de las películas con las cuales se homenajeó a Barbara Bouchet, Premio Nosferatu de esta edición del festival. La actriz, que inició su carrera en Estados Unidos pero es más recordada por su trayectoria en el cine italiano, recordó algunos momentos del rodaje con Lucio Fulci, que a pesar de tener fama de difícil, fue muy considerado con ella. A pesar de ser poco amante del cine de terror, Barbara Bouchet protagonizó algunos sangrientos giallos, pero entre sus películas prefiere destacar como favoritas otras como el policiesco Milán, calibre 9 (Milano calibro 9, Fernando di Leo, 1972). La película de Fulci se desarrolla en Accendura, un pequeño pueblo de la región italiana de Lucania, donde su habitantes están aterrorizados ante la aparición en la zona de varios cadáveres de niños. El juego de las sospechas se activará de manera algo truculenta, poniendo, como es habitual en el subgénero italiano, la sospecha revoloteando sobre la cabeza de todos los personajes hasta su resolución. Aunque Angustia de silencio es expuesta como ejemplo de giallo, la cinta tiene mucho de terror rural, algo que nos la hace sentir próxima a Una vela para el diablo de Eugenio Martín. Ambas películas se hacen eco de la cerrazón de mente de los lugareños, que choca contra la liberalidad de los personajes femeninos llegados de fuera, cuyas conductas son vistas como una amenaza al decoro que sólo puede traer desorden y depravación de las buenas costumbres. Tanto Martín como Fulci supieron exprimir el lado más oscuro de la vida rural y retratar los monstruos que pueden surgir de su condición más represiva, supersticiosa y atrasada. Al respecto, destaca en la italiana la secuencia de la brutal paliza de la que es víctima Maciara (Florinda Bolkan), una joven que es considerada bruja en el pueblo y sobre la que se cernirá la sospecha de ser la artífice de los infanticidios. Una escena de alta intensidad dramática, pavorosa por su crudeza y violencia, pues no en vano es una película de Lucio Fulci. Esa brutalidad que se respira desde el propio montaje, contrasta con la sensualidad de otras tomas y otras escenas, como aquella de desnudo y seducción a un menor protagonizada por Patrizia, el personaje que interpreta la Bouchet, escena que todavía hoy llama la atención y escandaliza, por lo cual es una pregunta recurrente en las entrevistas que le hacen al actriz el saber cómo se pudo rodar esa secuencia, así que Barbara Bouchet no esperó a que se la hiciera el público y explicó directamente que los planos en los que se ve a las dos figuras juntas, con el niño de espaldas, este era sustituido por un enano. Amable y diva, en el buen sentido del término, Barbara Bouchet se mostró cercana y accesible con sus fans y no dejó de recordar que se encuentra todavía en activo, como demuestra el gran número de películas y series en las que ha participado desde los años sesenta a este mismo año.

Y Serendipia sale del Prado, hace cola y…  Vuelve a  estar sentade en el mismo asiento del Prado, como si se hubiese convertido en el Phil Connors de Bill Murray y hubiese quedado atrapade en el tiempo. Y es que se disponía a ver el particular día de la marmota del japonés Junta Yamaguchi. El nipón ya es un viejo conocido del público del festival, pues se hizo con las simpatías de los espectadores en la edición de 2021 con su debut, Más allá de los dos minutos infinitos (ドロステのはてで僕ら), una comedia de viajes temporales, hecha, presupuestariamente hablando, con una mano delante y otra detrás, que venía a demostrar que el ingenio puede suplir con creces la carencia de dinero. Exhibida en Noves Visions, esta opera prima, que  nace como proyecto plenamente pandémico, para el que solo fueron necesarios un pequeño grupo de rodaje, una localización y una idea genial, se sustenta por un firme pulso y una tremenda voluntad de romper los moldes de la narrativa contemporánea empleando nuevas tecnologías. Se estrenó en un pequeño cine de Tokio ante una platea de sólo doce asistentes, el confinamiento, después, la catapultó a la cadena Toho y fue vista por miles de espectadores. Y de allí a convertirse en película del festival para los pocos que pudieron verla. Pero el boca oreja cundió y su segunda incursión, la divertida Atrapados en un bucle infinito (リバー流れないでよ), fue recibida este año 2023 con un lleno hasta la bandera, una audiencia entregada de antemano que no dejó de fruir durante toda la proyección. Se trata de un nuevo e ingenioso experimento con el espacio-tiempo, una nueva paradoja protagonizada por los empleados de un hotel rural atrapados en un tirabuzón temporal que se reinicia cada dos minutos sin posibilidad, aparente, de escapar de la repetición. Esta vez no se trata de un viaje en el tiempo, sino de un bucle, un pliegue del tiempo que condena a los que quedan encerrados en él a no poder avanzar más allá de ese espacio cronológico. Como decíamos, un día de la marmota versión low cost (menos que la anterior) en la que nuevamente el ingenio es rey.

Jugando otra vez a  la toma única, el aumento de fondos se traduce en la posibilidad de aumentar el elenco y, por tanto, las subtramas. Más personajes, arquetipos de la sociedad japonesa, bien dibujados pese a su esquematismo, dan para explorar mejor las distintas reacciones que puede provocar la misma situación: aunque todos están condenados a volver a su posición de inicio, en cada nueva repetición las variaciones serán reinas y no todos tomarán la misma actitud ante lo que sucede. Para algunos será una liberación de las cargas que les estresan, para otros un parón que interrumpe su apreciada cotidianeidad. Tampoco tendrán la misma prisa para regresar al mundo ordinario, pues en esta pausa algunos sienten que pueden experimentar todo aquello que una vez quisieron. Así, un escritor por entregas, atosigado por su editor y su falta de inspiración, aprovechará la oportunidad para ensayar los límites de lo real, y, en un momento dado, empieza a suicidarse, sabedor de que esa acción mientras dure el bucle es reversible. Más romántico es el partido que quiere obtener Mikoto (), la empleada de la posada con la que parece empezar todo, enamorada de un compañero de trabajo que está a punto de partir para Francia: querrá aprovechar la dilación que les envuelve para vivir lo que las circunstancias ordinarias parecían dispuestas a impedir. Una historia de amor que es toda una comedia dentro de la comedia. Y es que Yamaguchi se permite el lujo de trabajar distintos géneros dentro de su filme de ajustado metraje. El guion de Atrapados en un bucle infinito funciona como un mecanismo de relojería bien afinado y rebosa talento, incluso para sacar rédito significativo de la localización, ese río que se pone de relevancia en el título original (que podría traducirse como No dejes que el río fluya).  El río no es solo el escenario sino la inspiración de la evolución de la trama. Símbolo del cambio continuo y, a la vez, de la permanencia constante (mismo cauce, distintas aguas) es toda una metáfora de la transformación personal como desarrollo de las propias características que nos definen. Sin ningún efecto especial, todo a base de un buen uso de cámara y cambios de plano para representar el salto en el pliegue, esta repetición con variaciones de un mismo tema es grácil y ligera. Divertida. También profundamente seria. 

Esta segunda incursión quizás no goza del mismo factor sorpresa que convirtió a la anterior en un hito, pero demuestra que las expectativas por seguir la obra de este autor y entrar en el nuevo juego que nos propone no eran infundadas, pues consiguió que las entradas se agotaran en menos de esos dos minutos, en esa ocasión, para nada infinitos. Yamaguchi es suficientemente perspicaz como para dar vueltas sobre un motivo sin que al espectador se le quede cara de déjà vu.

Y Serendipia se retiraba a sus aposentos con la cara de satisfacción que se queda después de haber vivido una nueva jornada redonda. Y Serendipia se retiraba a sus aposentos con la cara de satisfacción que se queda después de haber vivido una nueva jornada redonda. Y Serendipia se retiraba a sus aposentos con la cara de satisfacción que se queda después de haber vivido una nueva jornada redonda. Y Serendipia se retiraba a sus aposentos con la cara de satisfacción que se queda después de haber vivido una nueva jornada redonda.

Categorías: Sitges Film Festival

Diario de Serendipia en Sitges 2023: Interludio en ‘El otro lado’

9 noviembre 2023 Deja un comentario


¡¡¡UN MOMENTO!!!

ANTES DE REPASAR MÁS PELÍCULAS,PERMITAN QUE NOS DETENGAMOS EN UNA SERIE. QUE NOS DETENGAMOS A COMPROBAR LO QUE HAY EN

EL OTRO LADO


Ya instalados en Sitges, pero con un día libre antes de comenzar nuestra particular ensalada de películas, Serendipia recibió, de mano de Movistar+, los enlaces de visionado que había solicitado de El otro lado, serie producida por la plataforma en colaboración con El Terrat y dirigida por Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro, que precisamente iba a presentarse durante esta edición del festival. Ocho episodios de veinte minutos que nos dispusimos a ojear y que no pudimos abandonar hasta su conclusión. Basada en una idea original de Berto Romero, El otro lado supone un avance en su carrera como actor, pues si bien la serie tiene mucho humor, este no viene dado especialmente por su personaje.

Pero no nos avancemos y veamos en qué es El otro lado, ¿una serie de terror? ¿una comedia? Pues todo eso y bastante más. En la serie Nacho Nieto (Berto Romero), periodista especializado en lo paranormal, pasa por su peor momento profesional y personal. Tiene dificultades para adaptarse a las nuevas tecnologías, para él una titánica tarea en la cual cuenta con la colaboración de un ayudante bastante inepto (Albert García). Y es que Nieto es un claro heredero de aquel periodismo, algo bizarro, todo hay que decirlo, que se cultivaba en espacios de radio y televisión  como Más allá y publicaciones tipo Karma-7 y Mundos Desconocidos, durante los años setenta y ochenta.

Tras un intento fallido de suicidio, vuelve a la vida acompañado por el fantasma de su mentor, el doctor Estrada (Andreu Buenafuente), mítico comunicador del misterio, y una de las notas de humor de la serie, pues fallecido hace más de 20 años, su lenguaje y modo de comportarse resulta muy chocante para los parámetros del siglo XXI. En ese momento se cruza en la vida del periodista un virulento caso poltergeist en un piso del extrarradio de Barcelona, quizás el caso paranormal más importante de los últimos años. Nacho acude al piso de los fenómenos, donde viven Eva (María Botto) y Rubén (Hugo Morenilla), acompañado por el espíritu de su mentor y ayudado por Juana (Eva Ugarte), su mano derecha en su antiguo programa de radio. Mientras Nacho desenreda el misterio, se enfrentará a un oscuro secreto de su pasado. Un secreto que le relaciona directamente con Gorka Romero (Nacho Vigalondo), antiguo compañero de investigaciones, y que ahora se ha convertido en el referente del periodismo del misterio en España, un clarísimo y cómico sosias de Iker Jiménez.

En vista de este argumento, ¿puede considerarse El otro lado una serie de humor? Pues sí, lo cierto es que resulta muy cómica, sobre todo cuando intervienen los personajes interpretados por Andreu BuenafuenteNacho Vigalondo, pero nos parece también una serie de terror. Y muy digna, con todo muy bien medido y equilibrado, como tuve ocasión de comentarle al mismo Buenafuente durante el festival. Algo que suponemos los responsables de El otro lado se habrán hartado de escuchar pero, es que se trata de algo muy meritorio por la dificultad que entraña. No predomina una cosa sobre la otra. El humor no pisa a la intriga y el terror.

Muchas han sido las propuestas de combinar humor y terror desde que en 1948 los estudios Universal mezclara a sus, hasta entonces, terroríficos monstruos con dos cómicos de vodevil, en Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott and Lou Costello Meet Frankenstein, Chas T. Barton) y en la mayoría de ocasiones el  resultado no ha pasado de ser eminentemente cómico, con el terror como complemento. En España muchas han sido las cintas que han intentado mezclar pavor y humor. Sin ser exhaustivos recordamos a los Hermanos Calatrava en Horror Story (Manuel Esteba, 1972); Joe Rígoli en El pobrecito Draculín (Juan Fortuny, 1977); Andrés Pajares en El liguero mágico (Mariano Ozores, ) o Martes y 13 en  Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!) (1991) y el gran Chiquito de la Calzada en Brácula. Condemor II (1997), perpetradas ambas por Álvaro Sáenz de Heredia. Por fortuna, El otro lado no tiene nada que ver con todo esto pues, repetimos, el equilibrio entre géneros funciona a la perfección, algo que se debe a que Berto Romero, responsable de la serie, es también un buen amante del cine de terror, algo que se deja entrever en los guiños que hace  en la serie a dos terrores castizos (y bien diferentes) como son ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Chicho Ibáñez Serrador y Mil gritos tiene la noche (1982) de Juan Piquer Simón. Su cinefilia también queda bien latente en la serie Zombis (2009), así que no es extraño que se aventurara en ofrecer algo diferente: «Se juntaron dos elementos: por un lado, la voluntad de hacer algo nuevo y por otro poder, por fin, escribir algo de lo que a mí me gusta. Tenía muchas ganas de realizar un cambio de registro, de tratar temas que a mí me interesan más como espectador desde siempre, de toda la vida, de terror y de fantástico. No tanta comedia ni autoficción». 

Para dirigir El otro lado se ha contado con Javier Ruiz Caldera, que ya dirigió a Berto Romero y Eva Ugarte en la magnífica serie Mira lo que has hecho (2018), también para El Terrat / Movistar+, y a Berto en 3 Bodas de más (2013). En esta ocasión Javier Ruiz Caldera ha optado por dirigir la serie a cuatro manos junto a Alberto de Toro, con el que ya dirigiera Malnazidos (2020), largometraje que tuvo muy mala suerte y que urge recuperar.

Berto Romero y Andreu Buenafuente han demostrado, sobre todo el primero, que pueden considerarse actores sin sonrojarse. Juntos participaron en la estupenda El pregón (Dani de la Orden, 2016), y Berto, por separado, ha realizado diversos papeles, la mayoría de comedia, pero tan variopintos como los que encarna en  Algo muy gordo (Carlo Padial, 2017), Ocho apellidos catalanes (Emilio Martínez-Lázaro, 2015) o en el memorable cortometraje Hostiable (2015) de David Galán Galindo.

Así que no se llamen a engaño, si bien resulta inevitable comenzar a ver El otro lado con una sonrisa al ver aparecer en pantalla a Berto Romero, (viniendo de paso a la cabeza del espectador ciertos sketches televisivos en los que visitábamos ‘la nave del misterio)’, esa sonrisa desaparece pronto, pues también hay mucho terror sobrenatural, con una mezcla tan bien construida que tras el modélico primer episodio, no queda otra que seguir desentrañando los misterios que esperan en El otro lado. Aparecidos, poltergeist y sanadores se mezclarán con cosas más terrenales y mundanas hasta su conclusión, perfecta y, afortunadamente, abierta a una segunda temporada pues, en nuestro caso estamos dispuestos a volver a cruzar a El otro lado.

Al otro lado se estrena en doble episodio semanal el jueves 23 de noviembre en Movistar Plus+


Y AHORA, PROSEGUIMOS CON LA PROGRAMACIÓN HABITUAL DEL FESTIVAL EN NUESTRA CUARTA CÁPSULA

 

 

Diario de Serendipia en Sitges 2023: Tercera cápsula

8 noviembre 2023 Deja un comentario

Fotos: Serendipia

Primer fin de semana de festival y las cosas se van calentando. Ya se dejan ver algunos de los más esperados invitados y homenajeados y termina, en cierto modo, la tranquilidad con el máximo de pases que nos permite nuestra acreditación…¡Y nuestra salud! Este sábado será el día en el cual Serendipia podrá comprobar por qué tenía tantas ganas de ver la última de Pablo Berger, Robot Dreams, también descubrirá una perla oculta, Moon Garden (Ryan Stevens Harris) y revisará una, bastante mal envejecida, Siesta (1987), de Mary Lambert. Mientras tanto, Oriente Medio volvía a temblar víctima de un terror del que no da cuenta la ficción, pero permanecíamos ajenos a todo ello desde la oscuridad de los cines. Sitges es la mejor de las burbujas, una fiesta en su sentido griego. Un tiempo fuera del tiempo en el que los villanos sólo son de cartón piedra y maquillaje.  Como los inofensivos muertos vivientes, protagonistas absolutos de la Zombie Walk, que llenaron las calles de la Blanca Subur la  misma jornada en la que volvía a temblar la paz del orbe.   

Este sábado, Serendipia se lo pasa íntegramente en la sala Tramontana, donde se dejará llevar por un maratón que irá de las 8,30 a cerca de las 17,30 horas. Nueve horas, pues, de buen cine que se inició de inmejorable manera con Moon Garden (Ryan Stevens Harris), una apuesta a la que no se apuntó demasiado público, que al parecer prefirió volcarse con nuevas entregas de las 30 Monedas de Álex de la Iglesia. Moon Garden está rodada con celuloide caducado de 35 milímetros, una elección que, pudiera parecer absurda pero que, vistos los resultados, resulta fundamental para obtener la textura y la atmósfera onírica que requiere este film con sabor a cuento clásico, protagonizado por una niña y que cuenta con sus hadas y villanos. Un universo feérico en el que la protagonista se ve inmersa tras sufrir un terrible accidente y entrar en coma. Un mundo industrial, oscuro, y surrealista  en el que es atormentada por un espectro de pesadilla que se alimenta de sus lágrimas. Deberá seguir la voz de su madre para encontrar el camino de regreso a la vida.

La mejor baza de la cinta es haber sabido penetrar en el mundo alucinado de la percepción durante un episodio de estado alterado de la mente. Ryan Stevens Harris parece saber cómo la realidad, en situaciones cerebrales extremas, queda mezclada y confundida con los materiales irreales de la alucinación, y da cuenta de ello con un excelente dominio de los dos planos de la narración. La cinta se centra en la acción que no tiene correlato real fuera de la mente de la pequeña, pero tiene la habilidad de no ignorar qué está ocurriendo allá fuera. Más aún, logra ilustrar cómo una mente, casi desconectada de la conciencia, transforma lo acontecido en el mundo objetivo en construcciones oníricas que sirven a efecto de explicación y herramienta con las que elaborar estrategias de subsistencia. Vemos el debate entre la vida y la muerte como nunca antes lo habíamos conocido. Y la cinta nos mantiene en vilo durante los 93 intensos minutos de su duración.

Realizada con efectos especiales tradicionales, el director no duda en utilizar stop-motion en algunos pasajes de la cinta los cuales, lejos de resultar postizos, añaden aún más encanto y autenticidad a la cinta. Dirigida y escrita por Ryan Stevens Harris, si la película se hubiera presentado como un desconocido título perdido en los años ochenta y hallado dentro de un baúl, les aseguramos que nos lo hubiéramos creído. Bajo presupuesto pero muy bien utilizado, y sobre todo mucha fantasía y cine. Puro cine fantástico que vio su esfuerzo recompensado con el premio a mejor película en la sección Noves Visions.

De la fantasía más desbordante al terror más extravagante con Where the Devil Roams, la última barrabasada de la familia Adams. Y no nos referimos a la deliciosa creación de Charles Addams que dio pie a una inolvidable serie (y unas más olvidables películas), nos referimos a John y Zelda Adams y Toby Poser, directores, interpretes y compositores a los que conocimos con Hellbender (2021) y que se sumergen con Where the Devil Roams en el American Gothic, representado por las decadentes ferias de fenómenos en plena Gran Depresión. Y lo hacen a su modo, respetando los lugares comunes del género, pero llevándolos a su propia estética, en la que intercalan momentos con tempo de videoclip que realzan la banda sonora de la que son autores (casi como si asistiéramos a un recital), con otros en los que la oscuridad es reina reforzando un horror que huele a descomposición. Los rituales posteriores a los asesinatos implican de todo, desde tomar fotografías de las escenas del crimen hasta tocar un ukelele junto a los cadáveres, inyectando a las muertes una apariencia extrañamente bizarra.

Where the Devil Roams es una road movie que acompaña a la familia protagonista en su periplo sangriento, el cual coincide con el progresivo éxito de su número de feria. Un éxito que aumenta proporcionalmente a la escalada de violencia de los protagonistas. Hábil es su tratamiento de la fotografía, que se vale por sí mismo para situarnos en el contexto temporal de la acción. Esa América de la Gran depresión, cuya desesperanza lo tiñe todo de desolación y añoranza, se deja retratar bien con los modos digitales que reproducen la textura de los daguerrotipos, esa antesala de la fotografía que nos ha llegado desvaída como si hubiera capturado un mundo espectral. Las imágenes van cambiando gradualmente del color al blanco y negro para reflejar el descenso de la propia familia en el horror y la putefracción, esto último literalmente, además.

Supersticiones, brujería, religión, música y una matriarca que entre sus tareas del hogar está incluido asesinar a todo el que estorba. Y amor. Seven, Maggie y Eve, así se llaman los integrantes del grupo familiar, manifiestan una delicada atención los unos por los otros. Así, la película intercala sus interludios más sangrientos con escenas de tipo doméstico: los vemos lavando la ropa, cenando alrededor de una fogata y quejándose de los ronquidos de los demás. Puede que sean asesinos descompuestos, pero también son extrañamente adorables, y eso es lo que nos mantiene atentos. Casi cómplices.

Un cóctel variopinto es Where the Devil Roams, levantado con un presupuesto más que ajustado, pero bien rentabilizado, que le da un inequívoco sabor a película indie con un resultado marciano. Una aproximación al American Gothic particular y moderna.

Y, de lo actual, marchamos de vuelta al sabor del cine de los ochenta, ahora real, con Siesta (1987), una producción que en España se estrenó, directa a video, como Relación fatal, por aquello de aprovecharse del éxito de la Fatal Attraction de Adrian Lyne (1987) que puso en boga en su momento los thrillers eróticos, subgénero en el que no todos los acercamientos resultaron igual de afortunados. Siesta no estuvo llamada a figurar entre los mejores ejemplos.

Rodada en España, resulta involuntariamente divertida por el modo de retratar nuestro país, en donde todo el mundo parece estar en constante sopor (a lo que pudiera contribuir la banda sonora de Miles Davis). Tampoco el paisanaje patrio sale bien parado, su más representativo exponente es un taxista sucio y de aviesas intenciones interpretado por el británico Alexei Sayle, al que los más viejos del lugar recordarán por sus locas intervenciones en la serie de culto The Young Ones (Els joves / Los jóvenes, 1982-84) donde interpretaba al inefable Balowski. La trama nos lleva de nuevo por terrenos oníricos cuando su protagonista (Ellen Barkin) despierta en una carretera cubierta de sangre que no es suya, sin recordar nada de las últimas 24 horas y con la convicción de que ha asesinado a alguien. Así que seguiremos sus pesquisas para recomponer ese último día. Con una abultada filmografía a sus espaldas, Ellen Barkin se ganó el cielo con esta interpretación, bien acompañada por figuras como Gabriel Byrne, Isabella.  Rossellini, Jodie Foster, Martin Sheen, Grace Jones o el recientemente fallecido Julian Sands, algunos de los cuales parecen preguntarse qué diablos hacen allí. Además de algunos rostros autóctonos como los de Daniel Martín, Santiago Álvarez, Blaki, Frank Braña o José María Cañete, que realizan pequeños papeles. Destaca la participación de la pareja de flamenco Lole y Manuel, mucho antes de que Tarantino escogiera una de sus canciones para Kill Bill, ante los que la Barkin nos sorprende con sus dotes de funambulista.

Con este hilarante engendro debutó en el cine Mary Lambert, eficaz directora de algunos de los videoclips más célebres de Madonna, The Go-Go’s o Janet Jackson que tiene su lugar en el fantástico por ser la primera mujer en dirigir un film de terror y que este fuera, con permiso de Stanley Kubrick,  la mejor adaptación de una novela de Stephen King, El cementerio viviente (Pet Sematary, 1989), y su secuela en 1992, tras lo cual su labor se limitó, principalmente, a la televisión. La directora fue homenajeada con un  premio  Màquina del Temps.

Serendipia finaliza esta tercera jornada con la encantadora Robot Dreams de Pablo Berger, que participaba tanto en Oficial Fantàstic Competició, como en Anima’t y acabó alzándose con el Premio del Público. Una deliciosa película de animación sobre la vida y el amor que se mira en la tradición del anime japonés a la hora de poner en movimiento a sus personajes. Protagonizada por Dog, un perro solitario que vive en Manhattan y que decide comprarse un robot armable para tener compañía. No sabemos si los androides sueñan con ovejas eléctricas, pero el de Berger sí tiene inquietudes y sentimientos: se sorprende y se entusiasma con todo lo que descubre en sus primeros pasos; se emociona hasta la risa con lo divertido y se entristece con lo infortunado, colmando los días de Dog con una amistad que va más allá de lo que éste había esperado. La que les une es, como la Annie Hall de Woody Allen, casi una historia de amor. Viven momentos mágicos que afianzan sus vínculos en un crescendo de felicidad que se diría no va a conocer fin. Pero toda comedia que se precie tiene su punto de inflexión dramático. Por un accidente Dog debe abandonar a su robot en la playa la última tarde del verano, la burocracia impedirá que vuelva con ayuda hasta el siguiente, y lejano, verano. Las estaciones se suceden parsimoniosas y la suerte que correrá cada uno juega en contra del feliz reencuentro. Ambos acabarán reiniciando su vida con nuevas compañías. Habrá un momento en el que sus caminos están a punto de volver a cruzarse, pero ¿Acaso sería deseable y justo que ello sucediese? El primer amor existe para vivir en nuestra memoria, idealizado e intocable, mientras lo sensato se impone, como si fuera ese beso que Peter Pan dejó prendido en las comisuras de los labios de Wendy.

Basada en el cómic de idéntico título de Sara Varon, editado por Norma, Pablo Berger traslada la acción a Nueva York (en la historieta no se concreta la ubicación) que, a la postre, se convierte en un protagonista más. Y firma el guion junto a la autora de la novela gráfica, a la que prometió que “respetaría el espíritu y el alma de la obra original”, algo con lo que Sara Varon está totalmente de acuerdo, llegando incluso a afirmar que “la película es más divertida”. El director también habló en la rueda de prensa sobre la banda sonora de Alfonso de Vilallonga, con el que vuelve a trabajar, y de cómo en una película que no tiene diálogos, “la música es la voz de los personajes”. Para el director era muy “importante que la banda sonora representara a la perfección la ciudad de Nueva York.” Earth, Wind & Fire y su canción September nunca ha sonado tan bien y ha trasmitido tanto buen rollo como en Robot Dreams. A pesar de que suene admonitoriamente con las torres gemelas de fondo.

 

Y tras Robot Dreams Serendipia se recoge, con una sonrisa agridulce, y abandona, después de nueve horas de cine, su Sitges particular por hoy. No sin dejarles un nuevo video con otra cara del festival, la más pública con los oropeles y el lujo; las alfombras rojas y las reuniones de industria. Dos días condensados en cuatro minutos y medio por Quim Crusellas y su estupendo equipo.

 

Categorías: Sitges Film Festival

«L’Home dels nassos», candidata a los Premis Gaudí, llega a los cines el 27 de diciembre

6 noviembre 2023 Deja un comentario

L’Home dels nassos, ópera prima de Abigail Schaaff, y candidata a los Premis Gaudí llegará a las salas de cine de la mano de Filmax el próximo 27 de diciembre. La película tendrá su premiere mundial este mes de noviembre dentro del Festival internacional de cine de Almería dedicado a las óperas primas.

La película es un drama de época que combina aventura y fantasía, y a través de este ser mitológico, un hombre visible sólo el 31 de diciembre y que tiene tantas narices como días el año, se narra una historia que conecta los años 30 y los 60 y se adentra en la mentira y el silencio impuestos durante décadas.

Pablo Derqui e Ivan Benet son los protagonistas de este film que navega entre la mitología y la memoria histórica. Completan el reparto Mercè Llorens, Pep Munné, Maria Molins, Jeannine Mestre, Jorge Motos, Berner Maynes y Malcolm McCarthy, acompañados por los jóvenes actores Salli Diallo, Miranda Munné y Lluc Miravete.

Sinopsis:

En el invierno de 1968, en un pequeño pueblo de montaña, tres niños intentan escapar del llamado Home dels nassos (hombre de las narices), un ser legendario que captura a los niños mentirosos durante el último día del año. Pero ellos no son los únicos que lo temen: las mentiras del pasado también se pueden oler.

Sobre la leyenda:

El hombre de las narices (Home dels nassos)  es un personaje mitológico cuya tradición se mantiene en Cataluña, Comunidad Valenciana, Islas Baleares. Tradicionalmente, se suele explicar a los niños que el día 31 de diciembre sale a la calle el Hombre de las narices, un hombre que tiene tantas narices com días tiene el año.


L’Home dels nassos una coproducción de Aguacate & Calabaza Films, Turanga Films, Lhome de los nazarenos AIE e Inaudita. Es una coproducción cultural con la productora francesa Halley Production. Cuenta con el apoyo de Televisió de Catalunya, el ICEC, TMV y CREA SGRFilmax distribuirá la película en las salas de cine y también se encarga de las ventas internacionales.

«L’HOME DELS NASSOS» se estrena el 27 de diciembre solo en cines

El TerrorMolins 2023 cierra su primer fin de semana con el Premio Honorífico a Mar Targarona y las salas llenas

6 noviembre 2023 Deja un comentario

Fotos: Joan Gosa

El Festival de Cine de Terror de Molins de Rei ha finalizado su primer fin de semana con unos registros extraordinarios de público, que ha llenado el patio de butacas del Teatro de La Peni en varias de sus sesiones. La inauguración, con La mesita del comedor, y la sesión de Cuando acecha la maldad, colgaron el cartel de entradas agotadas, y las de cortometrajes de Sección Oficial y TerrorKids, llenaron la práctica localidad de las entradas. Cerca estuvieron las sesiones de V/H/S/85Sleep y Ç-Trencada. Todo ello supone el mejor arranque del TerrorMolins en sus 42 ediciones, sumando más de 2.500 espectadores, contando solo proyecciones, en el primer fin de semana.

Los primeros días de certamen estuvieron marcados también por el homenaje a Mar Targarona, Premio Honorífico del festival de este año. La cineasta barcelonesa presentó su última película, El cuco, en una jornada dedicada en el cine catalán, y agradeció el reconocimiento y el galardón, diseñado por la escultora y forjadora Berta Canals Vilanova.

Premio de Ç-Trencada y TerrorKids

La noche de sábado se entregaron los premios de la sección Ç-Trencada después de la proyección de la selección de este año, valorada por el jurado formado por Laia Aubia, Max Calvera y Mentxu Sesar. El premio al mejor cortometraje fue para The Holy Yield, de Diego Collado Castells, “por su apuesta valiente en el lenguaje y por su inteligencia en el uso de las herramientas cinematográficas”. El Premio del Público de la sección fue a parar al corto Co-haunting, de Adrián Carande, Pepe Rico y Paula Sánchez Álvarez.

La mañana de domingo empezó con la sección infantil TerrorKids, con una platea llena de niños y familias que disfrutaron de dos sesiones de cortometrajes y que por primera vez recibían premio. El premio del Público Caca a la Butaca, que se medía con un contador de decibelios según la ovación que recibía cada film, fue para el sueco At the Window, de Tomas Stark y Peter Larsson, y el Premio del Jurado Joven, que decidían un grupo de jóvenes cinéfilos después de hacer un taller impartido por Agustí Lloberas donde se explicaban los principales criterios y herramientas para ser un buen jurado de festival, fue para la estadounidense Hector’s Hell House, de John Adam Krueger.

La jornada dedicada a niños y adolescentes finalizó con la proyección del largo No tengas miedo (Cobweb), de Samuel Bodin, programada por un grupo de jóvenes y dedicada al público que se empieza a sumerger en el cine de terror.

Durante el domingo también tuvieron lugar, a la Pista de La Peni, varias actividades profesionales, como la charla sobre montaje en el cine de terror impartida por Gerard Vila o la mesa redonda «Bruja, más que bruja!», con Carme Puche Moré, Sergio Álvarez-Napagao, Magdalena Oliver y Vibha Daryanani Melwani, donde se hablaba del imaginario colectivo y de las interrelaciones con el mundo del séptimo arte hacia la figura de la bruja.

Categorías: Terror Molins

Programación de la Undécima edición del festival FantaElx

6 noviembre 2023 Deja un comentario

La undécima edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Elche – FANTAELX se celebrará del 9 al 25 de noviembre de 2023, siendo todas sus actividades de acceso gratuito.

Para esta nueva edición, el ilustrador y cineasta Mario-Paul Martínez se ha encargado de la elaboración de los cuatro carteles que, conectados entre sí, responden a leitmotiv de este año: Ciencia y Criaturas Fantásticas. En ellos, encontramos a grandes emblemas de lo fantástico devorándose uno tras otro como: al colosal gorila King Kong, cuya primera película en blanco y negro se estrenó hace 90 años; al famoso Tyrannosaurus Rex de la película “Parque Jurásico”, la cual cumple 30 años desde su estreno; a la entidad cósmica de la ciencia ficción Cthulhu, creada por H.P. Lovecraft; y al clásico Godzilla, el kaiju más famoso de Nipón, fruto de la radiación nuclear. El Festival también contará con la proyección gratuita en pantalla grande de “Parque Jurásico”, cuyo homenaje tendrá lugar el jueves 9 de noviembre a las 20:00h en Cines Odeón, actividad que dará el pistoletazo de salida de esta edición.

Seguidamente, el viernes 10 de noviembre a las 19:00h, en la librería Ali i Truc, tendrá lugar la presentación del libro “Territorios de la Alta Fantasía”, obra que aborda una diversidad de propuestas y reflexiones en torno a la Alta Fantasía, un género donde lo fantástico desarrolla una mitología propia cuya marca distintiva se fundamenta en el épico enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal.

En la presente edición, además, el Festival expande sus actividades a nuevos municipios, como es el caso de Catral, donde el sábado 11 de noviembre a las 19:00h tendrá lugar el “Ciclo Raíces del Fantástico Valenciano”, con la proyección y coloquio del documental “Segrelles. Il·lustrador Universal”, y la asistencia de José Enrique Segrelles (curador de arte y sobrino nieto de Segrelles), e Ignacio Estrela (director de la película); y el domingo 12 de noviembre con la exhibición de los primeros cortometrajes a competición.

Además, el Festival contará con otras actividades detalladas en su programación, como la “Formación Fantástica” para públicos infantiles y juveniles desarrollada en centros educativos de Sant Joan d’Alacant y Benidorm; el Premio Especial FANTAELX-L’ALJUB, donde parte del estudiantado de la Universidad Miguel Hernández tendrá la oportunidad de presentar y estrenar sus trabajos en los cines ABC del centro comercial (además de la proyección de cortometrajes en su megascreen) y las conferencias dentro de una nueva edición del Congreso Internacional de Género Fantástico, Audiovisuales y Nuevas Tecnologías, en conexión directa con el citado letimotiv de este año. El Congreso tendrá lugar los días 23 y 24 de noviembre en formato presencial y online. Así, las ponencias del jueves 23 se realizarán en modalidad online a través de la web del festival; mientras que las ponencias del viernes 24 se llevarán a cabo de forma presencial en el Auditorio del Centro de Congresos “Ciutat d’Elx”, entre cuyos invitados se encontrarán el cineasta e investigador Jasper Vrancken, que acudirá a Elche desde Bélgica para estrenar su nuevo trabajo, o Ainara Aberasturi, directora del Museo Paleontológico de Elche (MUPE).

Por otro lado, el jueves 23 de noviembre a las 19:00h, en el Auditorio del Centro de Congresos “Ciutat d’Elx”, se celebrará la “Sección Transversal”, una sesión que tiene como objetivo visibilizar y debatir los diversos aspectos que giran en torno a las cuestiones de género, queer y LGTBI+, dentro de la producción audiovisual de corte fantástico, en la que se proyectará una selección temática de cortometrajes y tendrá lugar un coloquio con parte de sus creadores y creadoras, y personalidades expertas en la materia, tales como Augusto Almoguera (cineasta y organizador del Cortesina Fest), Fernando Fernández (artista e ilustrador) o Toni Díaz (actriz, y vicepresidenta trans de Diversitat Alacant).

Asimismo, aquellas personas que deseen disfrutar de una Sesión Especial “Ciencia y Criaturas Fantásticas”, tendrán una cita el sábado 25 de noviembre a las 12:00h en el Auditorio del Centro de Congresos “Ciutat d’Elx”. En ella, habrá una presentación de la película documental “Los albores del Kaiju Eiga”, la cual vendrá acompañada de un coloquio junto a Jonathan Bellés (director de la película), Gloria Costas (bióloga ambiental y marina) y Octavio López Sanjuán (escritor especializado en género fantástico). Por otro lado, las tardes del 24 y 25 de noviembre, también en el Centro de Congresos, se llevarán a cabo las últimas proyecciones de cortometrajes a competición, donde se podrán ver reconocidos trabajos de género fantástico, muchos de ellos proyectados por primera vez en la provincia.

Finalmente, el sábado 25 de noviembre a las 19:30h en el Centro de Congresos, llegará la Gala de Clausura y entrega de premios, presentada por la actriz, cineasta y jurado, Silvia Conesa. En esta nueva edición, los cortometrajes ganadores recibirán por primera vez premios en metálico, además del acceso a festivales colaboradores como el Skyline Benidorm Film Festival, el Festival de Cine Sant Joan d’Alacant, el Festival de Cortometrajes de Terror y Fantástico 1000 Gritos de Buenos Aires, o el Navidades Sangrientas – Weekend Horror Awards de Alicante.

Toda la programación detallada con sedes y horarios, se encuentra disponible en la web del festival: https://www.festivalcinefantaelx.com/programa/

La undécima edición del Festival está organizada por la asociación “Unicornio Negro”, el Centro de Investigación en Artes (CIA) y el grupo de investigación Massiva, de la Universidad Miguel Hernández. Asimismo, también cuenta con el apoyo de diversos organismos, como la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche, Visit Elche, el Vicerrectorado de Cultura de la Universidad Miguel Hernández, el Instituto Valenciano de Cultura, el centro comercial L’Aljub, la tienda alicantina Cinema Paradiso, la librería ilicitana Ali i Truc, el I.E.S. Luis García Berlanga, el Lope de Vega International School, Santō Pub Elche, o la Asociación Cineclub Catral.

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Novedades Diábolo Ediciones: 1-15 de noviembre de 2023

4 noviembre 2023 Deja un comentario




Halloween ha pasado, el año va terminando y Diábolo Ediciones presenta sus novedades para noviembre. Y hay tantas que hay un boletín para cada quincena. El primer boletín, todo hay que decirlo, viene bien cargado: cómic con el primer tomo de Shock SuspenStories, una de las más impactantes colecciones de E.C., en este caso dedicada al género policíaco. Y con prólogo de Steven Spielberg. Más cómic con el número 28 de la revista Cthulhu, dedicado enteramente al horror cósmico de Lovecraft; No escupas al viento, de Stefano Cardoselli y Dan Lee; y finalmente un cuento que Mauro Entrialgo realizado para los más pequeños, Los monstruos también tienen miedo. ¿Suficiente? ¡No! Hay más: Anime con las segundas ediciones de Viaje al mundo Digimon de Sergio Reyes y En busca de Totoro de Sebastián Hirr. Y cultura popular con Los circos de nuestra infancia, nuevo libro de Juan José Montijano y Rutas hacia el misterio. Lugares sobrenaturales en España, un estudio realizado por varios autores que promete poner los pelos de punta… Pasen y lean




























MÁS INFORMACIÓN Y PEDIDOS: https://www.diaboloediciones.com/




Novedades Astiberri · Diciembre de 2023

4 noviembre 2023 Deja un comentario