VAMOS DE ESTRENO * Viernes 5 de junio de 2026 *
BACKROOMS (Kane Parsons, 2026)
USA. Duración: 105 min. Guion: Roberto Patino, William Bromell. Historia: Kane Parsons Música: Edo Van Breemen, Kane Parsons Fotografía: Jeremy Cox Compañías: A24, Atomic Monster, 21 Laps Entertainment, Chernin Entertainment, Oddfellows Pictures. Distribuidora: A24, Blumhouse Productions Género: Terror.
Reparto: Renate Reinsve · Chiwetel Ejiofor · Mark Duplass · Finn Bennett · Lukita Maxwell · Avan Jogia · Chelah Horsdal.
Sinopsis: Una extraña puerta aparece en el sótano de una exposición de muebles. Cuando el paciente de una terapeuta desaparece en una dimensión más allá de la realidad, ella deberá adentrarse en lo desconocido para intentar salvarlo… Adaptación de un cortometraje del propio Kane Parsons.
Existe una trampa recurrente al analizar el fenómeno del terror digital: perderse en el laberinto de su propio lore. Quien acuda al salto al largometraje de Kane Parsons buscando únicamente respuestas sobre la corporación ASYNC o la cronología de su universo analógico, se perderá la verdadera e incómoda radiografía que late bajo sus luces fluorescentes. Al igual que el uranio en Notorious de Hitchcock, la mitología de ciencia ficción de los años 80 y el portal magnético del «Umbral» no son más que un MacGuffin de manual. Un armazón procedimental, frío y corporativo, diseñado exclusivamente para desplegar una demoledora reflexión sobre la psique humana. El «Complejo» no es una anomalía dimensional; es la arquitectura literal de nuestro subconsciente. La genialidad de la propuesta de Parsons y la productora A24 radica en transformar este laberinto de alfombras húmedas en un historial clínico en bucle. El viaje de la psicóloga Mary (Renate Reinsve) en busca de su paciente Clark (Finn Bennett) funciona como un descenso terapéutico hacia los esquemas maladaptativos que automatizamos desde la infancia. Somos prisioneros de nuestro propio «algoritmo» emocional: patrones de conducta reprimidos que, ante estímulos familiares, se activan como el motor invisible de nuestros peores impulsos. Los Backrooms son esos cuartos traseros de nuestra personalidad donde confinamos las frustraciones que no nos atrevemos a mirar de frente. Esta tesis alcanza su cénit dramático en un clímax que se aleja del terror convencional para
convertirse en un catártico duelo de frustraciones heredadas. La criatura que acecha en las sombras, ese «Pirata» deforme, no es un demonio exterior, sino la proyección física de la regresión de Clark: la encarnación grotesca del fracaso profesional y personal que lo devoró tras su divorcio, atrapado en el disfraz publicitario de su antigua tienda de muebles. Frente a él, Mary no se defiende con un arma azarosa, sino con el molde de escayola de su propia mano. Un objeto cargado de un simbolismo abrumador, que condensa su propio cautiverio infantil y la traumática imposibilidad de salvar a su madre; la herida fundacional que, irónicamente, la empujó hacia la psicología. Cuando Mary golpea al monstruo con el molde de su mano, la película abandona cualquier pretensión de ciencia ficción para firmar un tratado poético sobre la liberación. Es el impacto literal de dos traumas en colisión: la terapeuta destruyendo la frustración de su paciente con el peso físico de su propia frustración reprimida. Al romper la escayola, Mary rompe el bucle conductual que la encadenaba al pasado. Mientras Clark se rinde a la inercia del laberinto, ella elige la violencia de la lucidez. En ese instante, Parsons demuestra que el verdadero horror no es caer por error en un pasillo infinito de internet, sino la aterradora certeza de que somos nosotros quienes construimos las paredes de nuestra propia prisión mental.
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