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A Serbian Film, moralismo y censura entre bastardos

Esta entrada toma prestado parte de su título del hilo de debate abierto en el focoforo para discutir sobre el dislate que se ha generado en España a raíz de la proyección en el pasado Festival de Sitges de la película A Serbian Film. En ese foro encontrarán todos los puntos de vista desde los que se puede abordar la cuestión, desde la reflexión sobre los límites morales de la representación (si los hay o no), hasta la denuncia de los medios por haber creado la  alarma social ficticia que ha conducido a la imputación a Ángel Sala, director del Festival de Sitges, de los cargos de difusión y exhibición de pornografía infantil (denuncia en la que este blog colaboró activamente editando la cronología del “escándalo”); todo ello pasando también por los aspectos jurídicos que se dan en el caso. Se diría que ya está todo dicho allí y que, por si faltara algo, el artículo de Jordi Costa en El País ha puesto el punto final, sin embargo todavía es necesario seguir hablando porque todo testimonio de apoyo Ángel Sala en este momento puede ayudar a detener este despropósito.

Ángel Sala haciendo de presentador en Sitges

Al director del Festival de Sitges se le acusa de haber violado el artículo 189-7 del código penal: “Será castigado con la pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis meses a dos años el que produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada“; Jordi Costa en su artículo afirma que se está acusando a Sala de un delito inexistente, pero ¿tiene razón?¿Acaso no es verdad que las polémicas imágenes muestran representaciones de infantes en situaciones de abuso sexual? Para responder a estas cuestiones hay que dar una definición clara de ‘pornografía’ y ‘imagen alterada de un menor’.

A la hora de definir qué es la pornografía el Diccionario de la RAE es de poca ayuda:

1. f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.

2. f. Obra literaria o artística de este carácter.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.

Más útil nos es la Wikipedia: El término pornografía procede del griego πορνογραφíα (porne es “prostituta” ygrafía, “descripción”, es decir, “descripción de una prostituta”). Por tanto, en sentido estricto designa la descripción de las prostitutas y, por extensión, de las actividades propias de su trabajo. Hay que decir, sin embargo, que el término es de aparición muy reciente, pues en la Antigua Grecia nunca se usó la palabra “pornografía”. Modernamente se entiende por pornografía todos aquellos materiales, imágenes o reproducciones que representan actos sexuales con el fin de provocar la excitación sexual del receptor (la negrita es nuestra). Milos, el protagonista de A Serbian Film es, efectivamente, un actor porno, pero lo es en la ficción, y la película nos lo muestra en acción también en la ficción dentro de la propia ficción que ya es el film. Las imágenes sexuales que aparecen en la película no buscan provocar la excitación sexual sino que es una crónica de aquellas películas que la procuran por medios extremos (y que se producen abundantemente en los países del este para uso y disfrute de esta hipócrita sociedad occidental que nos rodea), más allá del valor metafórico que pueda tener el film (véase nuestra crítica), A Serbian Film es la película sobre el rodaje de una cinta porno y no pornográfica en si misma, en algún punto de esta metareferencialidad se ha perdido la “avispada” fiscalía de Barcelona que ha confundido la representación fingida dentro del film con el film mismo. Lo importante es que si A Serbian no es una película pornográfica no se ha podido de ninguna manera violar el artículo 189-7 por mucho que algunos actores sean niños (que fueron custodiados por sus padres durante todo el rodaje, también hay que decirlo) y si no hay violación no hay delito, la acusación es improcedente. Quod erat demonstrandum podríamos concluir como si hubiéramos demostrado un razonamiento lógico.

Qué ha llevado al fiscal a incoar una causa improcedente, más allá de su absoluto desconocimiento de los elementos más básicos del lenguaje cinematográfico, no lo sabemos, pero intuimos que lo que busca es demostrar cómo la justicia española es solidaria con los más débiles cuando son víctimas de maltrato. El problema es que aquí el maltrato sólo ha existido en la imaginación de quienes orquestaron la polémica mediática (mucho más allá de lo que habría pretendido Spasojevic con su film provocativo, seguro que no esperaba que su provocación produjera reacciones tan estúpidas). Fueron unos cuantos periodistas los que repitieron las palabras de Irene Dalmases sin contrastar qué había de cierto y qué no (obviando, además, que la redactora de EFE expresaba una opinión personal y no un análisis objetivo), profesionales de medios supuestamente progresistas despertaron la alarma ante un producto que de otro modo no habría salido de sus canales de difusión (esto es, festivales especializados y público aficionado al género) despertando las iras de asociaciones conservadoras (CONCAPA) y también progresistas (FAPMI), está claro que la tiranía de la corrección política no entiende de ideologías. Los medios desencadenaron este huracán y ahora, pasados unos meses, sin mediar públicas disculpas, se reclaman paladines de la libertad de expresión y se deshacen farisáicamente en muestras de apoyo a Ángel Sala, a la prensa tradicional no le importa la noticia sino las ventas. Los mismos que instigaron a la denuncia son los que ahora cargan las tintas contra el fiscal, la libertad de expresión (con sus límites cuando entra en conflicto con otros derechos) es una causa justa, pero no necesita de estos apoyos mercenarios.

¿Quién puede apoyar a Ángel Sala?: los ciudadanos que hayan desarrollado una conciencia crítica y sean capaces de formarse una opinión fundada sobre la importancia de rebasar los límites en la ficción como un medio para hacer reflexionar a la sociedad sobre sus lacras y ello sin ignorar su importancia como entretenimiento. Todos aquellos que sepan valorar el cine en su faceta lúdica, en su faceta subversiva y en su faceta crítica. Es el caso de los fans del Festival de Sitges que han abierto una Web para recoger los comentarios de apoyo y articular las posibles estrategias de defensa no sólo de Ángel Sala sino del propio Festival (que no nos hagan caer en la autocensura): http://www.apoyoangelsala.com/ Y más aún los directores de los principales festivales de cine del país que han redactado un manifiesto (del que se hicieron eco en Sitges) de repulsa para el que buscan la firma de todos aquellos que creemos en en la libertad de expresión, en la libertad de trabajo, como ejes fundamentales de la articulación democrática de nuestro país: http://www.ipetitions.com/petition/contralacensurasitges/

Nosotros ya hemos firmado, ¡¡ahora faltas tú!!

Categorías:Festival de Sitges
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