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Sesión de cortos al aire libre como avance del Festival de Sitges
Por segundo año consecutivo, el Festival organiza una mini-maratón de cortometrajes en el Port d’Aiguadolç de Sitges
Quedan menos de 3 meses para abrir el esperado telón del 46º Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. Para que la espera se haga más apetecible, el Festival ha programado, como ya se hizo el año pasado, una mini-maratón de cortos al aire libre. La primera cita de los fans con el Festival será, entonces, el próximo jueves, 25 de julio en el auditorio del Mar del Port d’Aiguadolç.
El programa incluye cinco cortometrajes, algunos de los cuales se pudieron ver en Sitges 2012. Todos tienen en común la temática fantástica y de terror y su trayectoria por diferentes festivales nacionales e internacionales, donde muchos de ellos han obtenido destacados premios. El acto se organiza en colaboración con el Port d’Aiguadolç y la revista Scifi World.
Programa
Jueves, 25 de julio a les 22:30 horas
Auditori del Mar del Port d’Aiguadolç
Entrada gratuita
Proyecciones:
Elefante, de Pablo Larcuen. 9 min
Premi Méliès d’Argent al Sitges 2012, Elefante es el segundo cortometraje (y el trabajo final de estudios de la ESCACC) de su director, Pablo Larcuren. El anterior trabajo, Mi amigo invisible, ya se proyectó en festivales de prestigio como Sundance.
Hotel, de José Luis Alemán. 11 min
La cinta ha sido escogida en un gran nombre de festivales nacionales e internacionales, entre los cuales el de Sitges 2012, consiguiendo galardones como el premio al Mejor Cortometraje al 33º Fantasporto y al XIX Festival de Cinema Fantàstic de Bilbao 2013.
Human Core, de Manfre y Iker Iturria. 11 min
Ganadora del premio al Mejor Cortometraje Nacional al Nocturna, Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid, Human Core nos si túa en un futuro lejano, en el cual ha desaparecido la emotividad. Un reallity show de divulgación científica que cuenta también con una versión largometraje y que ya pudimos ver en Sitges 2012.
Fist of Jesus, de David Muñoz y Adrià Cardona. 15 min.
Fist of Jesus, que se pudo ver en Sitges 2012, es una revisión libre de la historia de Jesús. Dirigida por David Muñoz y Adrià Cardona, el corto se ha convertido en un fenómeno viral en la red, con más de un millón de visionados. Además, ha recogido una docena de premios, como ahora el del Mejor cortometraje internacional al Fantafestival de Roma o el primer premio al Viralfest. Sus responsables preparan ya la versión largometraje.
Necrolovers, de Víctor Uribe. 13 min
Fuerzas sobrenaturales y un protagonista maníaco en una pel&iacu te;cula que promete un apocalíptico final. La cinta llega a Sitges después de su paso por festivales de todo el mundo (Brasil, Santiago de Chile, Budapest, Panamá o Ámsterdam), así como por el Nocturna, Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid.
Festival de Sitges 2013: nuevas manifestaciones del mal
Con emotivas palabras de homenaje a Richard Matheson, iniciaba Ángel Sala la presentación de la 44 edición del Festival de Sitges. Un festival que goza de buena salud, incluso en estos tiempos de vacas flacas, gracias al entusiasmo de todo el equipo, la entrega del público fan, y los cimientos que desde los tiempos de Rafales han ido poniendo todos aquellos que lo han dirigido.
Mientras la asistencia a las salas comerciales registra su peor taquilla, por la crisis y la piratería, pero también por la pérdida del sentido de rito colectivo que antaño tuvo acudir al cine, la desafección no alcanza a los festivales (necesarios todos, incluso los modestos) porque ellos conservan ese carácter de gran evento social. De ese modo, los festivales suponen la posibilidad de recuperar el contacto con los espectadores y se convierten en una esperanza de futuro para el séptimo arte. Así lo expuso Ángel Sala ante una audiencia que asentía a sus palabras y que está dispuesta a aportar su granito de arena para ayudar a esa recuperación de la cultura del cine.
Si el futuro pasa por los certámenes es porque indagan en lo novedoso y perpetúan lo clásico, esta es la clara tendencia que han seguido las últimas ediciones del Festival de Sitges, y la de este 2013 no podía ser menos. Con el leitmotiv de las nuevas manifestaciones del mal, la 44 edición celebra el aniversario de La semilla del diablo ya desde su cartel; un homenaje que da pie a reflexionar sobre todas las dimensiones del terror y lo fantástico. En este sentido, es de destacar que la figura dominante es la del vampiro con obras tan esperadas como Byzantium de Neil Jordan u Only Lovers Left Alive de Jim Jarmusch, presentes ambas en la sección oficial. Vampiros sofisticados en la línea de los que nos presentó Tony Scott en El ansia y alejados de los superficiales protagonistas de la saga Crepúsculo.
Igualmente va a tener protagonismo un autor fetiche de Sitges: Takashi Miike, sobre el que versará la retrospectiva y el libro coordinado por Desirée de Fez; además presentará sus dos nuevas obras dentro de la sección oficial Lesson of the Evil y Shield of Straw. Para delicia de los aficionados se ha anunciado ya la presencia del japonés durante el festival. Otro de los totems que pisará la alfombra roja será el director Johnnie To, que presentará al público de Sitges dos de sus últimas películas, Drug War y la comedia negra Blind Detective.
La sección más esperada es siempre la Oficial Fantàstic en la que se presentará algunos de los títulos más esperados del año, como Only God Forgives, la nueva película de Nicoladis Winng Refn, director de films como Valhalla Rising o Drive; A Glimpse Inside the Mind of Charles Swann III, una comedia surrealista y extraña de la mano de Roman Coppola; The Congress, la que más expectativa ha generado en quien esto escribe, una espectacular adaptación de Stanislaw Lem dirigida por Ari Folman –responsable de Vals con Bashir–, que mezcla animación con una historia de ciencia ficción protagonizada por Robin Wright y Harvey Keitel;
o Real, el retorno del director Kiyoshi Kurosawa al cine fantástico. Sitges 2013 también será el de otros retornos esperados, como el de Alejandro Jodorowsky y su biografía imaginaria, La danza de la realidad, pero también acogerá obras de audaces jóvenes realizadores como Magic, de Sebastián Silva, y autores polémicos como Shane Carrtuh, con su nueva propuesta Upstream olor, o Marina de Van, con Dark Touch, película con la que su directora retoma el mejor tono del Nuevo cine francés de terror.
No sólo de competición se nutre el festival, en su marco hay espacio para lo más radical y experimental: la sección Noves Visions. En ella tendremos ocasión de reencontrarnos con uno de los directores más sorprendentes, que inundó la cartelera con su cine minimalista y que no ha dejado de manifestar que el cine ha muerto, pero que parece que no puede dejar de tentarse con la realización. Hablamos de Peter Greenaway del que tendremos ocasión de ver su último trabajo, Goltzius & The Pelican Company. No faltarán tampoco propuestas de nuevos realizadores con perspectivas poco acomodadas como la que representa Denis Coté enVic et flo ont vu un ours o la coreana Fatal, así como la no ficción más innovadora representada por The End of Time, de Peter Mettler. En este apartado documental, el cine será objeto de debate, a través de retratos de grandes autores, como Milius, de Joey Figueroa y Zak Nutson, una mirada a la obra del director de Conan, el bárbaro.
La llegada de los medios digitales está abriendo camino a un cine de calidad realizado con escasos medios, el que se ha dado en llamar cine Low cost. Sitges ha querido mostrarlo al mundo dentro del programa Emergents que tendrá como ejemplo la espectacular película sobre zombies The Battery, dirigida por Jeremy Gardner; la versión final de La tumba de Bruce Lee, de Canódromo Abandonado, o El lobito de Antonio Dyez. Emergents también prestará una especial importancia a nuevos mercados del cine que se están proyectando como una tendencia que abre circuitos y aporta nuevos talentos. Será en este apartado donde se tendrá ocasión de revisar el proyecto Little secret films del que ya hablamos en este blog.
Competición, innovación y también diversión a gogó. Nos traerá entretenimiento a raudales esta edición en sus secciones Panorama y Midnight X-treme. Secciones pensadas para los amantes de las emociones fuertes con títulos que ya suenan en los mercados internacionales y los medios, como Big Ass Spider, de Mike Mendez; Frankenstein’s Army, de Richard Raaphorst; Contracted, de Eric England; Kiss of the Damned, de Xan Cassavettes; Milo, de Jacob Vaughn o las esperadas Hellbenders 3D, de J.T. Petty, así como la nueva entrega de la saga slasher Hatchet.
La popular maratón La noche más zombi, que ilustra la famosa Zombie Walk sitgetana, tendrá como estrella la película Battle of the Damned, un film de robots contra zombis con Dolph Lundgren en medio de toda la masacre (no sabemos si como robot, como zombi o como ambas cosas).
En su amplia oferta, Sitges tiene siempre presente al cine asiático y al de animación. Focus Asia apuesta este año por el cine filipino y Anima´t nos dejará obras espectaculares como 009 RE-Cyborg y el fenómeno otaku Evangelium 3.0. No se han avanzado todos los títulos (en ninguna de las secciones) aunque haya más confirmados por respeto al festival de Toronto, donde muchos de los filmes tendrán su premiere.
Habrá que esperar un poco más para saber todo lo que nos aguarda en la blanca Subur, pero lo que ya podemos ir avanzando es que el Brigadoon (auténtico festival dentro del festival) va a tener en esta edición una programación apetitosa. Ya nos estamos relamiendo por la posibilidad de ver los documentales Eurociné 33 Champs Élysées, centrado en la mítica productora francesa Eurociné; y The Outsider – Il cinema di Antonio Margheriti, un repaso a la obra cinematográfica del realizador italiano Antonio Margheriti. Un auténtico recorrido por el cine de género europeo que no es tan fácil de ver en pantalla grande (o más o menos grande), al que se sumará el homenaje al recientemente desaparecido Tío Jess con el estreno de dos películas suyas inéditas y codirigidas con la actriz y directora Fata Morgana: Lascivia (2007) y Monte de Venus (2006).
Jess Franco recibirá, también, otro homenaje en Sitges 2013, en este caso en la sección Mondo Macabro, con la proyección de las películas Miss muerte, Los depredadores de la noche y el documental La última película de Jess Franco(2013), dirigido por Pedro Temboury, y que tendrá en Sitges su première mundial. La sesión será, además, presentada por diferentes expertos y conocedores de la obra de Jess Franco y contará con un post-screening.
Dentro del marco del Brigadoon se avanzó igualmente otra de las figuras que van a visitarnos, se trata de Simón Andreu , actor que nos hace especial ilusión, quien recibirá el Premio Nosferatu.
Y acabamos está crónica mencionando el principio, esto es la sesión inaugural que, como viene siendo en las últimas ediciones, recaerá en una producción catalana. Grand Piano, de la productora catalana Nostromo, Antena 3 y con la participación de TV3, será la encargada de inaugurar Sitges 2013. Una obra que confirma el talento de su director, Eugenio Mira, en formato de thriller formalista y preciosista desarrollado en la celebración de un concierto de piano, y que tiene como protagonistas a Elijah Wood, John Cusack, Alex Winter y Kerry Bishé. Sitges continúa apostando por el cine nacional y estatal de género y con una gran calidad para abrir el acontecimiento especializado más importante de Europa.
Ya tenemos el cartel de Sitges 2013
Sitges 2012: el fin de una era, Cosmópolis
Quien tiene la información, tiene el control, ese fue uno de los descubrimientos más importantes de la matemática del siglo XX, ahora en plena era de la información es más cierto que nunca. Pero también es un valor sutil que va de la mano de la entropía. La Entropía puede ser considerada como una medida de la incertidumbre y de la información necesarias para, en cualquier proceso, poder acotar, reducir o eliminar esa incertidumbre. Los mensajes menos probables son los que más información aportan, y eso es lo que anhelamos, pero en ellos va el riesgo del desorden de la incomprensión y el colapso, esto es del desorden, del descontrol. Y ahí mismo estamos ahora en nuestra época de crisis sistémica. Si una obra de arte lograra explicitarlo como imagen, como símbolo, esa sería la obra de arte que expresara el espíritu de nuestro tiempo (el zeitgeist) y eso es precisamente lo que ha conseguido Cronemberg en Cosmópolis de la mano de la novela de Don DeLillo. Podría decirse sin exagerar (o así nos lo parece) que la última cinta del canadiense es la primera que logra hablar del S. XXI.
Un chico de portada: un documental de David Muñoz sobre el cartelista Mac
El director de cortos David Muñoz, además de ser un tipo humilde y competente, poseé una mente creativa que no para de pensar proyectos de todo tipo. Ha tocado la animación, el subrrealismo y también con Un chico de portada, el documental. Un trabajo dedicado al mejor artista de carteles de cine que ha dado España, Mac. Y es que a Macario Gómez, lo de cartelista le queda definitivamente corto, lo suyo es arte y en este documental vemos una muy pequeña muestra de su genio. Ha habido otros prolíficos cartelistas como Jano o el genial Soligó que han dejado una obra repleta de calidad tras ellos, pero en nuestra opinión, Mac convirtió en arte lo que pasó por ser un efímero objeto de propaganda y un reclamo para hacernos entrar en las salas. Tan poco recordado, como suele pasar en este santo país, sorprende y se agradece que David Muñoz nos ofrezca un acercamiento a la figura de este artista, que se muestra también tan humilide como humano. Un gran dibujante, un gran artista y también un gran documental en el que tuvimos ocasión de colaborar y que ofrecemos integramente desde nuestro blog.
Queriendo saber más sobre los entresijos de Un chico de portada, le hacemos unas preguntas a David Muñoz.
– ¿Cómo nace la idea de hacer un documental sobre Mac?
En Olesa de Montserrat conocí a Akira, posteriormente productora del documental, que era amiga de Mac y ambos comentamos que sería muy interesante realizar, en la medida de nuestras posibilidades, un documental para dar difusión a la obra de Mac, ya que a pesar de todo lo que ha hecho por el cine sigue siendo un gran desconocido en nuestro país.
– ¿Conocías con anterioridad sus carteles?
Conocía los más míticos, pero mis conocimientos sobre el trabajo de Mac han aumentado con creces tras el documental. He descubierto montones de carteles impresionantes. Ojala hubiéramos podido sacar más en el documental, pero desgraciadamente ni el propio Mac tiene muchos de sus carteles, ya que, anteriormente, sobre todo en nuestro país, no se respetaba mucho al autor y jamás se le devolvía el original, a diferencia de cómo funcionaba todo en el extranjero.
– ¿Cómo recibió Mac la idea del documental?
Pensamos que iba a ser más complicado poder filmarle, pero se mostró entusiasmado con la idea. A fin de cuentas quiere lo que cualquier otro artista, que su obra se dé a conocer.
– ¿Cómo fue el rodaje?
El rodaje transcurrió muy a contrareloj, por desgracia o tal vez por suerte no hubo tiempo para que ocurriera alguna anécdota. Solo disponíamos de un par de horas y media para estar con él. Mac está muy mayor y no muy bien de salud, así que decidimos no atosigarle mucho y estando ese par de horas con él, grabar todo lo que nos contara. Ojala todo lo hubiéramos podido preparar mejor, pero para ser algo que hemos hecho con escasos medios, estamos muy contentos del resultado.
– ¿Cómo fue la presentación en Sitges? ¿Has recibido ofertas para proyectarlo en algún otro festival?
La presentación en Brigadoon fue genial. La verdad es que tenía miedo dado lo amateur que fue el rodaje de que a Mac no le agradara, pero la expresión que pude ver en su cara al acabar la
proyección disipó todos mis miedos. Quedó muy satisfecho y por lo visto, el público también. Incluso tuvimos que improvisar una sesión de firmas de Mac en una mesa, dada la gente que quería carteles dedicados. Y varias personas estaban interesadas en comprar el Dvd. Como no tenía ninguna intención de comercializarlo, justo después de estrenarlo he decidido colgarlo en Internet. Cuanto más se dé a conocer la figura de Mac y todo lo que ha hecho por el cine, mejor.
En cuanto a festivales, por el momento ya hay varios que se han mostrado muy
interesados en proyectarlo e incluso en invitar a Mac para homenajearlo. Pero aún falta bastante para que se celebren la mayoría de ellos. Casi todos son de cara a 2013.
– ¿Algún nuevo proyecto en cartera?
Junto a Adrián Cardona acabo de finalizar Fist of Jesus, un corto bien loco cargado de golpetazos y gore, que esperemos divierta a la gente. Estamos tan contentos del resultado que ansiamos convertirlo en largo, así que en cuanto empecemos a moverlo vamos a ponernos de lleno a buscar ayuda, tanto de productoras como mediante crowfunding y eventos para financiar Once Upon a Time in Jerusalem. Esperamos conseguir un cruce entre Mad Max y las típicas películas del Nuevo Testamento.
También, junto a David García, de Monsterworld, esperamos poder hacer un documental similar al de Mac sobre la figura de Sanjulián, siempre que nos sea posible coincidir a los tres, ya que vivimos en distintas ciudades.
Ahora os dejo con Mac que tiene cosas más interesantes que decir:
Diario de Serenidipia en Sitges 2012 (Segunda Parte)
En el episodio anterior: Serendipia llega al Festival de Sitges y comienza el atiborre de cinefilia, pero no sabían que… ¡lo peor estaba por llegar!
LUNES DIA 8
Casi todo el mundo tenía dos películas en mente que no podía perderse durante este festival, Holy Motors y la nueva de Rob Zombie: The Lords of Salem. Zombie, que se había tomado su tiempo para presentar un nuevo film, nos ofreció un cambio de registro que dejó defraudados a parte de sus seguidores. En The Lords of Salem el terror pasa a ser más psicológico y menos visceral y directo. La película, que no deja de ser una actualización encubierta de La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968 Roman Polanski), tiene varios logros estéticos y un principio brutal, trozos sueltos que, para nosotros, no logran una película redonda. Aunque es muy de valorar el que Zombie no quiera eternizarse en psicokillers y familias enfermas para dar un paso adelante con nuevas propuestas, este Lords of Salem es un tanto quiero y no puedo. En el reparto, la siempre bienvenida compañera del director, Sheri Moon Zombie y los rostros familiares de Ken Foree (Zombi), Dee Wallace (Aullidos) y Meg Foster, presentes ambas actrices en el festival. Lamentablemente se cortó en la película una escena en la que salía la inolvidable Barbara Crampton (Re-animator). Eso sí, para el que esto suscribe, la película no es ni mucho menos desechable y no se merecía los silbidos que recibió, así que seguiremos atentos a las nuevas obras que este interesante realizador, que tanto aire fresco ha aportado al género, nos siga ofreciendo.
Tras la necesaria comida tocó el turno a una nueva dosis de cine de animación con Alois Nevel (Tomás Lunák) un film checo que sigue la línea de clásicos como Trenes rigurosamente vigilados (Ostre Sledované Vlaky, 1966), del también checo Jirí Menzel. La acción se enmarca en las postrimerías de la Guerra Fría con los soviéticos abandonando Checoslovaquia. Imágenes en blanco y negro y animación rotoscópica para acompañar un guión agridulce en el que es el primer largometraje de su director. Un oasis de paz en medio del festival.
Pero tras la calma llega de nuevo el despiporre. Ya le hablamos en la anterior entrega de la presencia italiana en esta edición del festival, y en esta jornada tuvo uno de sus momento álgidos con el concierto gratuíto de Claudio Simonetti en Ricky’s, actuación memorable organizada por Diego López, responsable del Brigadoom y del fanzine El Buque Maldito. Una buena experiencia y un agradecido cambio de ambiente que satisfizo a todos. Simonetti repasó con su teclado para el público que abarrotaba el local memorables bandas sonoras de Phenomena (1985, Dario Argento), Demons (1985, Lamberto Bava) o Suspiria (1977, Dario Argento) ante el delirio de muchos. Un gran ambiente que además contó con la presencia de Lamberto Bava, Luigi Cozzi y el mismo Argento, que acababa de llegar al festival. Nosotros lo vimos desde lejos y apostados en la barra del local, pero gracias a la tecnología y gentileza de J. M. Contel, que tuvo a bien compartirlo en el tubo, podemos rememorar unos momentos de la actuación.
Un buen broche para un día que culminó con Lovely Molly (2011, Eduardo Sánchez), de la que mejor leen aquí con más detalle lo que nos pareció.
MARTES DIA 9
No sé porqué pero siempre hay un día en el Festival de Sitges en el que la ingestión de películas es mayor. En el que se acumulan títulos imprescindibles de ver y en el que uno acaba al límite de sus fuerzas, llegando a confundir todos los argumentos e incluso realizando algun inevitable fundido en negro personal. Leve, pero inevitable. Ese día fue el martes 8.
La jornada comenzó con Chained, última película de Jennifer Chambers Lynch, digna vástaga de su padre que nos ofreció la que para el que esto les cuenta, fue una de las mejores películas del festival. Triste, físicamente molesta, sucia, perturbadora y con una interpretación que le valió a su protagonista Vincent D’Onofrio el merecido premio a la mejor interpretación masculina, Chained, historia del secuestro de larga duración de un niño por parte de un psichokiller, no da tregua ni lugar para la esperanza. En este artículo la tratamos más detenidamente. Sin pausa, tras este escalofriante film nos sumergimos en Cosmópolis de David Cronenberg, un complejo film cuyos diálogos obligan a estar pendientes al 100% de lo que sucede en pantalla (algo que parecen olvidar las almas de cántaro que no dejan de juguetear con sus móviles mientras ojean la película). Un muy correcto Robert Pattison demuestra que sabe hacer algo más que de lánguido vampiro enamoradizo en la saga Crepúsculo, interpretando la bajada a los infiernos de un despiadado broker de bolsa que vive en su Limusina. Enrevesados diálogos y un desenlace en la que el personaje interpretado por Pattison se enfrentará a su némesis, alargado fin que quizas lastra un poco el resultado final redondo de la cinta. Para volver a visionar con más calma.
Si ambos films despertaron cierta controversia entre los espectadores, hubo unanimidad para El juego de los niños, un innecesario remake del clásico ¿Quien puede matar a un niño? (1976, Narciso Ibáñez Serrador) al que sigue de forma casi textual. Las mejores escenas del film clásico son recreadas milimétricamente y las únicas innovaciones de Maquinov, un director que se oculta tras un seudónimo, son unas gotas de gore del todo postizas. Sin duda resulta mucho más perturbador ver en el film original como el protagonista descubre a unos niños desnudando el cadáver de una turista que la escena que nos
ofrece Maquinov con los niños destripando el cadáver de la desafortunada. Por otra parte, el desenlace también acerca al film a las tan manidas películas de muertos andantes, escenas que fueron, por otra parte, aplaudidas por el respetable. Por nuestra parte estamos casi seguros de que Narciso Ibáñez Serrador no aplaudiría ese gore y esa violencia de saldo que no hacen más que confirmar a ¿Quien puede matar a un niño? en el podium de las obras más perfectas, completas e inteligentes que ha dado el Fantaterror español.
De la británica Berberian Sound Studio (Peter Strickland) no sé muy bien que decirles. Lo que se inicia como la muy interesante historia de Gilderoy, un creador de efectos especiales inglés (Toby Jones) que desembarca en unos pintorescos estudios italianos durante los años setenta para colaborar en una película gótica, mostrándonos los diferentes modos de trabajo entre el tímido inglés y el peculiar modo de hacer mediterraneo, finaliza como un experimento lisérgico de los de coger con pinzas. Lo dicho, no sé que decirles, así que no les digo más, prefiero que lean lo que escribió la otra parte de Serendipia sobre este film que en Berlín se alzó con el Oso de Plata.
Desde luego Drácula 3-D, la última película de Dario Argento no presagiaba, en vista de lo que se había podido leer sobre ella, nada bueno y, lamentablemente así fue. Si bien el pope del giallo ha creado escuela con sus logros visuales, aquí no vamos a descubirles nada sobre ello, desde hace unos años está bien lejos de lo que había sido. Aún así, como admiradores del cineasta y sobre todo por curiosidad al nuevo tratamiento de la novela de Stoker, no podíamos perdernos la cita con el rey de los no muertos. Rodada en régimen de coproducción entre Italia y España, por esta parte de la mano de Enrique Cerezo (que también ha ejercido de guionista), personaje del que los aficionados al fútbol (entre los que no me cuento) sabrán más, este Drácula 3-D tiene una factura televisiva y unos cambios con respecto a la novela que no aportan gran cosa. Se ha intentado evitar tanto que el vampiro se convierta en murciélago que en una delirante escena, que ha pasado automáticamente a formar parte del museo del esperpento y el despropósito, aparece como… ¡Mantis gigante! en uno de los momentos más memorables y que más jolgorio despertaron en la amodorrada platea del Auditori. Efectos especiales de vergüenza ajena y algunas interpretaciones risibles con especial mención al que sin duda pasará a la historia como el peor Renfield, Giovanni Franzoni y unos del todo perdidos Rutger Hauer, como un Van Helsing con la mirada siempre pendiente hacia lugar fuera de plano, dando la sensación de que lee el guión en pancartas preparadas ex profeso. Y finalmente el español Unax Ugalde como Jhonathan Harker, al que hacia el final de la película alguien tiene a bien clavarle una estaca y terminar con su sufrimiento (y con el nuestro).
El alemán Thomas Kretschmann, que repite con Argento tras La sindrome di Stendhal (1996) film que marca la decadencia del cineasta a decir de sus seguidores, no tiene demasiado carisma en el difícil papel de Drácula. Pero indudablemente no ha de ser fácil tener que enfrentarse a comparaciones con sus ilustres antecesores. Finalmente, la parte femenina, por distintas razones, es quizás la que se salva, con Asia Argento a la cabeza, una presencia que siempre es bienvenida aunque no ejerza como protagonista y la italiana afincada en España Miriam Giovanelli, que es la encargada de poner toda su carne en el asador. Aún así y a pesar de todo fue una proyección entretenida si a uno le queda un gramo de compasión, y los efectos 3-D eran bastante efectivos. Además, la glamorosa presentación del filme, que se proyectó en gala en el Auditori, contó con la presencia de Argento, Ugalde, Giovanelli, Cerezo (que recibió una María honorífica) y un Simonetti poco inspirado como compositor de la banda sonora y al que prefiero recordar por el memorable concierto del día anterior. Y venga, a dormir que es tarde y al día siguiente hay que madrugar…
MIERCOLES DIA 10
A madrugar de nuevo que el mundo se acaba y la cita es con Brandon Cronenberg y su esperada ópera prima, Antiviral. La verdad es que el muy digno hijo de su padre ha demostrado su valía con este filme, una obra total, ya que también es responsable del guión. La historia es bastante retorcida, pero no por ello esta parábola ¿futurista? se ve demasiado lejana o irreal ¿Quien no conoce o ha oido de alguien que tenga ADN de su ser admirado o aspire a ello? ya sea en forma de cabello o incluso toallas mojadas por el sudor de una estrella de rock. Madonna hace que se destruyan todos los kleenex (y lo demás) de sus camerinos tras sus conciertos, sin duda para evitar que se trafique con ellos. Pues imagínense que se comercializara con las
enfermedades y virus de «los famosos» e incluso de sus mascotas, para poder compartir los mismos males y sentirse así más cerca de ellos… algo así es el punto de partida de este Antiviral, que obtuvo el premio del jurado jóven del festival y que, a pesar de algún silvido que calificaría de inexplicable, pone a Brandon Cronenberg entre los valores a tener en cuenta en el futuro. Si quieren leer más detalladamente sobre ella les emplazo a nuestro artículo.
The Tall Man, la nueva película del responsable de Martyrs (2008) Pascal Laugier, es posible que defraudara a parte de sus seguidores por ese engañoso argumento en el que nada es lo que parece, además de por su falta de carnaza, pero es un film que indudablemente tiene su interés y también es un paso adelante para un realizador esforzado por ofrecer un trabajo muy distinto a su aplaudida antecesora, contando con una impecable Jessica Biel en el reparto, un misterioso hombre del saco que resultará ser una ONG radical y un mensaje tachado de fascista e inmoral por algunos críticos y amigos a los que parece que hay que recordar que… Es solo una película… es sólo una película… es sólo una película…
De The Tall Man, que para su estreno en nuestras pantallas ha sido bautizada como El hombre de las sombras, pueden leer con más detalle en este artículo, así como sobre Grabbers, del irlandés Jon Wright, una monster movie en toda regla repleta de humor beodo que dió una buena bocanada de aire fresco a las proyecciones de la jornada aliviando, en parte, la nota raruna oriental de nuestra selección, la coreana The Weight (Mu-Ge). Un film agrio, pesimista y sobre todo marciano del director Jeon Kyu-Hwan que nos ofrece varias variantes de un catálogo de perversiones con la necrofilia en cabeza. Delirios subrrealistas y costumbrismo macabro como solo la mente de un oriental puede concebir. A veces me planteo el dejar de ver cierto cine oriental, pero no puedo evitar terminar seleccionando lo más extraño del catálogo del festival, ya que a veces nos ofrece agradables e inolvidables sorpresas como Guilty of Romance (Koi no Tsumi, 2011 Shion Sono), que tuvimos ocasión de ver durante la edición del pasado año y que todavía hoy se mantiene dulcemente intacta en la memoria.
Queriamos redondear el día con dos propuestas que no tuvieron éxito por distintas razones: una era ir a la Master Class que ofrecía Dario Argento, pero al ser abierta al público (y la asistencia fue importante), se dejó pasar a prensa en último lugar, lo que dificultaba en parte el realizar nuestra labor, así que decidimos desechar la idea. La otra opción condenada al fracaso fue la intención de ver la última película de Tim Burton, Frankenweenie. Decir que se agotaron los pases para prensa en un microsegundo es exagerar… fue en menos, lo que quizás hace sospechar que, de haber algun ticket para prensa, fueron muy, muy escasos ya que les puedo asegurar que fui muy rápido al teclear. Pero como ya les dije en la anterior entrega de esta crónica, de ese tema ya hablaremos más adelante.
Pero no hay mal que por bien no venga, así que se pudo cenar en condiciones humanas y en plato, como los seres civilizados que a veces recordamos que somos.
JUEVES DIA 11
Al barcelonés Daniel Calparsoro ya hace tiempo que le seguimos la pista. Desde su debut con Salto al vacío en 1995, ha construido una interesante filmografía de películas de escueto título a la que se suma este año Invasor, un thriller denuncia poco o nada alejado de la realidad de esas noticias filtradas que se nos ofrecen en prensa de, en este caso, conflictos bélicos. Desde que vimos la Guerra del Golfo en directo y como si de un vídeo juego se tratara, han saltado a la prensa algunas imágenes que demuestran que no todo es como nos quieren hacer creer y que ni unos son los campeones de la libertad, ni los otros salvajes fu-manchús que guardan bombas de destrucción masiva en pintorescos zulos con aspecto de decorado. Calparsoro nos muestra como puede manipularse la información para ocultar la cruda realidad en la que unos soldados (en misión humanitaria) se ven inmersos. Para ello se vale de un pulso narrativo frenético en las modélicas escenas de acción, de un guión perfectamente construido y de unos protagonistas creíbles interpretados por Alberto Ammann, el ascendente Antonio de la Torre y el fantástico Karra Alejalde en el papel de villano con actitud diplomática hasta que pierde los papeles… ¡y cuanto demonio suelta por su boca cuando los pierde!
Pero naturalmente el día nos ofreció bastante más, como Sinister de Scott Derrickson, un director adscrito al fantástico como demuestran sus dos anteriores cintas: El exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose, 2005) y Ultimátum a la tierra (The Day the Earth Stood Still, 2008) . Su más reciente obra es un film terrorífico al uso con sustos y momentos inquietantes. Un escritor de crónica negra que tiene la costumbre de trasladarse al lugar de los hechos para motivarse, encuentra en una de estas casas, en la que se instala con su familia, un proyector de super-8 con varias cintas que, además de las típicas escenas familiares, contienen terribles asesinatos con un misterioso personaje por medio. Ya estamos otra vez, aunque de forma implícita, con aquello del found footage pero realizado de forma ingeniosa. Un principio de impacto y terror sobrenatural puro y duro que se agradece, aunque solo sea para no olvidar que uno está en EL Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges y también deben proyectarse películas de ese género.
Y… ¿Que mejor que un poco de comedia para despedir las proyecciones del día? pues eso es lo que nos ofrece la película inglesa A fantastic fear of Everything (Crispian Mills y Chris Hopewell). Una fábula sobre la inseguridad y el miedo a lo desconocido por parte de un escritor (y van…) de cuentos infantiles que decide pasarse al terror. Chistes ingeniosos y una potente selección musical (no en vano Mills es cantante del grupo Kula Shaker), además de una fantástica actuación de su protagonista Simon Pegg, al que seguro que recuerdan de Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004 Edgar Wright), entre otras, ya que este actor está en alza. La película cuenta además con algunas caras conocidas para el fan del cine de terror, como Clare Higgins, la morbosa Julia de Hellraiser (1987, Clive Barker).
Quedan más días de festival y más aventuras para nuestros amiguitos, pero el resto se lo contaremos en la tercera (y última entrega) de esta crónica.
(Continuará)
Todas las fotos: Serendipia
Sitges 2012: la magia del sonido, Berberian Sound Studio
Lejos quedan los tiempos en que las estrellas del mudo despotricaban contra el sonoro considerando que con el sonido no se aportaba nada al cine, la historia no les ha dado la razón porque, si bien es cierto que las imágenes se bastan por sí mismas para crear una obra maestra, no deja de serlo tampoco que con la sonorización se contribuye a generar atmósfera y que el sonido, por tanto, interviene narrativamente en las películas. Y no sólo por los diálogos, sino por el score y los efectos de sonido. Pese a todo, algunos sentimos que todavía se valora poco la importancia de la banda sonora pues algunos la ven como elemento secundario pese a los numerosos ejemplos que pueden demostrar su trascendencia. Ahí está Scarlata O’Hara jurando a Dios que nunca volverá a pasar hambre con la maravillosa música de Steiner realzando y dando el auténtico peso a la acción, o Marion huyendo en Psicosis con la música de Herrmann introducinedo la angustia que vive el personaje, o, buscando un ejemplo reciente, el crescendo de Desplat creando tensión en el momento en que el personaje de Ben Affleck toma la decisión fundamental en la recién estrenada Argo. Por otra parte, los efectos de sonido aún corren peor suerte y los galardones que reciben se consideran premios menores, tanto es así que en algunos certámenes ni siquiera existe la categoría. Ese es el caso de Sitges, por ejemplo, y nos parece que es un olvido imperdonable puesto que en el fantástico el sonido tiene especial relevancia.
De haber existido la categoría de Mejores efectos de sonido en Sitges la ganadora absoluta habría sido Berberian Sound Studio. Y es que la cinta de Peter Strickland es una apuesta original, película homenaje, se apoya en los efectos sonoros para crear el relato. Nos cuenta la historia de Gilderoy (Toby Jones) técnico de sonido inglés especializado en sonorizar documentales sobre la campiña británica. Gilderoy es llamado por el estudio Berberian para encargarse de organizar el
sonido de una película italiana de terror gótico. Una vez allí descubre la desorganización, prácticamente kafkiana, de la compañía italiana, pero, más importante, poco a poco irá sucumbiendo a la pavorosa atmósfera que él mismo ayuda a crear hasta quedar totalmente vampirizado por ella.
Berberian Sound Studio es toda una tesis sobre la importancia del sonido en el cine de terror, su reto ha sido conseguir la tensión de la trama, esa progresiva obsesión por la película que se está montando, sin mostrarnos una sola imagen de ella. Y sale bien parada de este experimento. Durante dos tercios del film asistimos a todo un despliegue testimonial de cómo en los años setenta se lograban artesanalmente los efectos, todo un festín para los sentidos resulta ver esos melones y sandias que simulan el ruido de los cuerpos y las cabezas al quebrarse, y más recursos igualmente ingeniosos y caseros para reproducir las torturas (vaginales algunas, pues ese cine transalpino se definía por mezclar violencia y sexo) y todo lo que creaba la atmósfera. Y consigue hacernos sentir cómo sólo el sonido ya basta para provocar terror.
De la mano de los efectos creados con la habilidad de la ingeniaría nos adentramos en una historia de obsesión que acaba desembocando, como ya decíamos, en la vampirización de Gilderoy por parte de la película que construyen. Así, en su tercio final, el filme entra en un descenso a los infiernos de influencias lynchianas que, al menos a los espectadores españoles, nos trae a la memoria el Arrebato de Zulueta. Strickland se reconoció deudor de Lynch en la rueda de prensa, pero afirmó no haber visto la genialidad de Zulueta, cosa que parece demostrar la existencia de universales en el arte que serían recorridos por los diferentes artistas sin necesidad de que haya habido conocimiento entre ellos. El problema de Berberian Sound Studio es que ese giro hacia la caída, hacia la sumersión en la ficción hasta no distinguirla de lo real, pese a utilizar recursos conocidos no acaba de estar totalmente logrado; toma una dirección que lleva a la confusión del público llegando incluso a provocar anonadamiento, y no un anonadamiento extático sino el asimilable a la simple perplejidad. Toda una lástima.
Con todo celebramos haberla incluido en nuestra selección y pese al casi chasco final, pensamos que es una cinta muy disfrutable en lo que tiene de estimulación de otros sentidos implicados en el arte visual por excelencia. Lo mejor es dejarse llevar por el homenaje sonoro y dejarse arrullar por su serenata.
Sitges 2012: Antiviral & Chained dos películas con apellidos ilustres
Fotos: Sitges Film Festival
Brandon Cronemberg respondía en la rueda de prensa en el Festival de Sitges que David Cronemberg no es su padre, ocurrencia que no fue bien recibida por todos. Lo cierto es que en su debut es inevitable encontrarle influencias de su progenitor puesto que Antiviral entronca con la nueva carne en la que tanto ahondó Cronemberg padre. La película nos sitúa en un futuro no muy lejano (e incluso bastante verosímil) en el que las industrias farmacéuticas comercian con virus incubados por los famosos para que sus fans puedan inoculárselos y padecer así los mismos dolores que sus ídolos. Syd Marc (un acertadísimo Caleb Landry Jones), trabaja para una de esas compañías y trafica con virus pirateados, poco a poco se irá complicando y descubrirá toda una red de corrupción.
Impecable en su puesta en escena, retrata espaciosas estancias dominadas por la asepsia del blanco para retratar una sociedad enferma, que se regodea en lo mórbido como negocio. Llama igualmente la atención que no haya escenas de sexo, en verdad el deseo de entrar en comunión con los idealizados famosos se viabiliza igualmente a través de la enfermedad, incubar sus virus es una manera de poseerlos, de hacerlos carne de la propia carne (y por si fuera poco también se comercializan filetes de carne elaborados con las células de los admirados).
Antiviral se alzó con el premio a mejor película concedido por el jurado joven en Sitges, prueba de que se supo reconocer sus méritos. Sin embargo, en la platea se oyeron algunos silbidos empañando los aplausos, se hace extraña esa reacción ante una película que de haber estado firmada por Cronemberg padre habría sido recibida como el gran regreso al fantástico. Parece que algunos no le perdonasen la filiación al body horror quizás precisamente porque lo hace con mucho talento propio y con un ojo crítico muy certero. Ya se sabe, hay tantas opiniones como opinantes y es difícil que haya unanimidad. En cualquier caso, desde esta tribuna animamos a estar pendientes de este director que muestra buenas trazas ya desde este distópico debut.
Tampoco hubo unanimidad en la acogida a Chained, última película de Jennifer Lynch que se hizo con la mención especial del jurado y el premio a la mejor interpretación masculina para Vincent D’onofrio.
Lynch sigue dándonos buenos momentos de cine de género con este relato de uno de esos secuestros prolongados durante años que tanto nos impresionan en las noticias. Por su tono frío y realista nos recordaba en ocasiones la atmósfera de Henry, retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, 1986, John McNaughton), aquí el asesino serial adopta al hijo de una de sus víctimas para entrenarlo como esclavo casero y, más tarde, como primogénito de su linaje de perversiones. Una tarde de sábado, Tim (Evan Bird) de ocho años, y su madre Sarah (Julia Ormond), serán escogidos por un demente taxista, Bob (Vincent D’onofrio) a la caza de su próxima víctima. Para su horror, Tim es testigo del asesinato de su madre. Pero no será el último. Bob mantiene a Tim como un esclavo, encerrándolo bajo llave y forzándolo a limpiar y enterrar los cuerpos de las jóvenes mujeres que lleva a casa. Ahora un adolescente, Tim (Eamon Farren) comprende que se le permitirá tener cierta libertad si él se convierte también en un asesino.
“Sentía una fascinación enorme por el personaje de un monstruo humano y de la infancia robada”, ha explicado Lynch. Así lo retrata, el personaje de D’Onofrio tiene mucho de esos ogros de los cuentos infantiles, se alimenta del niño (al que pasa a denominar rabbit) pero no literalmente como en las fábulas sino que se estimula más a sí mismo pervirtiendo a su rehén, eso es lo que hace diferente a Chained. Pueden ser brutales sus asesinatos (aunque Lynch no se regodea en los aspectos más gores) pero su malignidad se manifiesta en su máximo esplendor en su trabajo de anulación del pequeño al que condiciona en toda su voluntad. Y la cámara de Lynch se muestra precisa en su planificación, los detalles justos para hacer comprender al espectador la intensidad dramática de lo que nos plantea la película. Se le critica que haya sucumbido a la tentación de haberle buscado una explicación biográfica y psicológica al origen de la psicopatía de nuestro asesino, es cierto que le resta crudeza pero se entiende como intención de mostrar al monstruo humano en toda la polisemia del término. Igualmente se le critica el último giro que viene a explicar el secuestro, pero, sea más o menos forzado ese final, no empaña a un film crudo como pocos se tuvo ocasión de ver en Sitges.
Y no lo empaña porque el segmento central tiene la suficiente fuerza como para hacerse perdonar ese supuesto declive en el epílogo. Ahí es donde brilla, además, el buen hacer de D’onofrio, quien borda ese ser depredador por el que sentimos asco, miedo y pena. Muy merecido el premio a su actuación contenida a la par que espléndida. En suma, una pequeña gran obra la que nos ofrece Jennyfer Lynch, en ella brilla con luz propia lo que ya es un logro cuando el apellido pesa como un constante juego de comparaciones.
Sitges 2012: la reina del palmarés, Holy Motors
Un año más el Festival de Sitges ha tocado a su fin. Atrás quedan las carreras para llegar a las colas en buen lugar, las risas, las cervezas, los comentarios y horas y horas de buen cine. Y como cada año la culminación ha venido con el anuncio del palmarés que este año ha tenido una novia indiscutible, la francesa Holy Motors que se alzaba con cuatro de los principales galardones: Méliès de Plata; Premio de la crítica; Mejor director para Leos Carax y mejor película. Amada y odiada por la crítica tras su paso por Cannes, en Sitges se convirtió en la película del festival, con permiso de The cabin in the wood (2012, Drew Goddard) que no concurría a la sección oficial. No es una película fácil, y aunque está llena de fantasía, no es una película de género, que haya resultado ser la ganadora indiscutible habla bien de la salud del fandom como colectivo que no se deja encasillar por sus gustos y que muestra ser apto para ejercicios de cinefilia de los que algunos le creen incapaz.
Leos Carax no dirigía un largo desde 1999, llevaba trece años casi apartado del cine, y ya antes se había tomado una pausa considerable entre Les amants du Pont Neuf (1991) y Pola X (1999) (concretamente ocho años), sigue siendo a sus más de cincuenta años el mismo enfant terrible que fue en sus inicios. Carax ha despertado desde siempre amores y odios irreconciliables, en 1999 se decía: «A Carax no se le puede ne-gar -pese a su inclinación al manierismo y el jugueteo audiovisual- talento, pero tampoco hay que escatimarle la petulancia, con frecuencia algo idiota, de los que se sienten genios incomprendidos, con el añadido de que en el arte la verdadera genialidad tiende casi siempre a la humildad como sombra inseparable y perturbadora» (fuente El País), duras palabras, sin duda. Para otros en cambio el francés se convirtió en director de culto, por lo breve y extravagante de su carrera, y ese aura impregna su última película, todo un ejercicio descarnado de reflexión sobre la vida y el cine que transpira pesimismo y voluntad a partes iguales.
A Holy motors se la califica de película de culto inmediato, se la podría tildar igualmente de obra personalísima no apta para todos los públicos, pero a nosotros todos esos calificativos se nos antojan huecos. Esos epítetos suelen esconder el extravío del crítico ante una obra difícil de juzgar, ante una obra como esta que dinamita todas las estructuras clásicas de la narración; no hay inicio ni desenlace sino que la película se mantiene en un prolongado nudo que deja sin resolver el conflicto, porque el conflicto es la vida misma y nuestra posición en el mundo. Durante las casi dos horas de proyección acompañamos a Óscar (Denis Lavant) en su viaje en limusina, conducida por la fiel Celine (Edith Scob), durante el que cumplirá con varias citas en las que adoptará diferentes personalidades, desde magnate de la banca a barriobajero asesino, pasando por padre de clase media, citas pues que funcionan casi como episodios separados engarzados por la línea común de ese viaje por la representación. Al espectador virgen, aquel que llega sin referencias sobre el film, le causará extrañeza porque, aunque nunca nada es real en la ficción al contemplarla nos esforzamos por crear la línea de la verdad en el relato, línea que normalmente es ocupada por la trama principal, jugamos a trazarle un perfil único al protagonista, a buscarle una lógica al relato incluyendo, si es necesario, episodios ficticios que se discernirían de la trama «real». Pero en Holy Motors no se da esa realidad de la ficción, como en un texto de Pirandello, la única tierra firme es la representación dentro de la representación, y su sentido no tiene excusa argumental. Así el filme se convierte en metáfora de la propia vida en la que todos vivimos sin guión.
Desde un sentir nihilista, Carax nos enfrenta en su última obra a la vida como representación. «Unos mueren y otros siguen viviendo» se nos dice en un momento del film, verdad perogrullesca que, sin embargo, pocos serán quienes la perciban en toda su crudeza. Para captar la tragedia que esconde esa afirmación tan simple es necesario haber demolido todos los filtros con los que nos enfrentamos al día a día, vivir desnudos ante la conciencia cárnica de la muerte, hay que haber percibido la fuga constante del tiempo como un fluir continuo e inapelable hacia la agonía del individuo y la continuidad de la existencia que no se compromete con ningún sujeto. Estamos aquí como actores de un guión no escrito, nuestro actuar es un representar sin cámaras ni público. Lo humano viaja sin repetición, no hay retorno a ninguna Ítaca, igual que Óscar en su limusina se desplaza de una actuación a otra sin solución de continuidad. Y en medio de esta fuga, los hombres modernos ya no quieren ver la verdad, ya no se comprometen con la acción, banales como el signo de los tiempos prefieren desprenderse de su responsabilidad con los motores de la historia, así lo concluye Carax en el epílogo dejándonos con un regusto amargo cuando se encienden de nuevo las luces de la platea.
Y no puede haber reflexión sobre la vida sino la hay también sobre el arte. Holy Motors es también un ejercicio de metacine. Ahí están las citas a Franju y a Renè Clair, pero ahí está sobre todo la pregunta por el sentido de seguir haciendo cine. Carax, a través del actor como alter ego, se manifiesta cansado ante un arte que ha perdido su poética, arrastrado hacia lo digital que lo vuelve todo más simple y superficial. Pero, con todo, no quiere tirar la toalla porque sigue importando crear belleza. Ahora bien, la belleza de la obra se completa en el espectador que la contempla, ¿podrá mantenerse en una sociedad en la que la mirada cada vez está menos educada? Con su arrolladora fuerza visual Holy Motors nos deja con la pregunta como problema.
Holy Motors funciona pues a varios niveles, como canto, como reflexión, como interrogante, pero lo que nos acompañará siempre de ella es su poderío visual, porque no deja resolverse en el plano conceptual. Lo que más cuenta es el anonadamiento estético en el que nos sume y esa sensación de dulce tristeza que era comentario general a la salida del cine. Podrá decidirse que es un tipo de cine que no nos interesa, e incluso abandonar la proyección, pero nadie podrá negarle nunca su carácter de sinfonía de imágenes inquietantes. Difícil de catalogar, nos atrapará o nos provocará rechazo, pero a nadie le va a dejar indiferente este ejercicio cinético y el reto actoral que presupone. Para gozarla u odiarla, no admite término medio.
Sitges 2012: la odisea de la sección noves visions, una aproximación a Keyhole
«Creo que el cine no puede admitir más que un género concreto de filmes: únicamente aquel en que sean utilizados todos los medios de acción sensual del cine.
El cine implica una subversión total de los valores, un trastoque completo de la óptica. de la perspectiva, de la óptica. Es más excitante que el fósforo, más cautivante que el amor. No es posible ocuparse en destruir su poder de galvanización por el empleo de temas que neutralizan sus efectos y que pertenecen al teatro.» Antonin Artaud.
La cinematografía del canadiense Guy Maddin parece suscribir la afirmación de Artaud que citamos, especialmente en su destacado en negrita. Podría decirse que su revolución consiste en una regresión a los orígenes vanguardistas del cine, viendo Keyhole nos sentimos transportados a la perplejidad con la que los primeros espectadores se enfrentaron a los experimentos de Duchamp, de Man Ray, del primer Buñuel… Y una de dos, o nos dejamos seducir por su universo onírico o abandonamos la sala en busca de aire fresco y lógica cotidiana. Por ser un ente dual, Serendipia pudo encaminarse por ambos senderos de la bifurcación a la vez, aunque debo admitir que yo, que permanecí en el cine, lo hice más por obediencia a mis pretensiones de cinéfila que porque las imágenes causaran fascinación en mí.
Vayamos por partes. ¿Quién es Guy Maddin? Canadiense nacido en febrero de 1956 es conocido por su original recreación del cine mudo y del primer cine sonoro, recreación que en Keyhole le lleva a utilizar la lluvia para emular el ruido de imagen que aqueja a las copias que han llegado a nuestros días sin restaurar. Según confiesa él mismo: “Tengo una fantasía en la cual viajo atrás en el tiempo para robar las películas de otros directores, conformando así una gran filmografía propia. Resulta como una transfusión de sangre: no quieres tomar tanta como para matarlos o incluso debilitarlos, solo la cantidad justa para poder obtener beneficios, permitiendo que continúen viviendo repletos de sangre.” Algunos títulos destacados (que nosotros seleccionamos al azar) de su filmografía son Dracula: Pages From a Virgin’s Diary (2002) (mejor película en Sitges en 2002); Brand Upon the Brain!; Mándame a la silla eléctrica (Send Me to the ‘Lectric Chair) (C) (2008); Tales from the Gimli Hospital (1988) Ha trabajado distintos géneros a los que homenajea, en Keyhole, que es la que nos ocupa, ha escogido el cine negro para citar vagamente la Odisea de Homero.
¿Qué nos «cuenta» Keyhole? Ulises regresa a casa tras un tiempo ausente. Con él, llega una chica ahogada y un extraño hombre. La banda de Ulises ha estado sosteniendo el negocio. A su llegada, él deberá reencontrar a su esposa. Maddin evoca la Odisea de Homero, pero lo hace en clave rotundamente doméstica, con una estética al borde del sueño y con una Isabella Rossellini convertida definitivamente en musa del cineasta. Pero el argumento es apenas una excusa para desplegar un experimento formal en el que mezcla aportaciones del expresionismo alemán, el surrealismo francés y el constructivismo ruso. Y ello mezclando el fantástico europeo del primer cuarto del siglo XX (se citan referencias a el Vampyr de Dreyer, La caída de la casa Usher de Epstein, y La carreta fantasma de Sjöström) con el cine negro americano de los años 30. En Keyhole conviven el juego con planos de tiempo distintos que se interseccionan en un presente, apariciones fantasmales, y alusiones a la Odisea, bajo una estética del cine de gangsters, pero lo importante es siempre su juego formal y su ambientación onírica que suspende la lógica. El problema que le detectamos es que suspende hasta tal punto la lógica que la trama argumental que debiera articular el experimento se desdibuja hasta su desaparición. Hay que reconocerle que es una obra personalísima pero gustará sólo a aquellos que se dejen llevar por lo envolvente de sus imágenes, el resto asistiremos obedientes a un ejercicio de cinefilia de los duros, más por disciplina que por agrado.
Maddin es comparado con Lynch pero a quien esto escribe no le ha tocado la fibra igual que el americano. Ya se sabe la obra de arte se completa en el espectador que la contempla, pero creemos que al canadiense no le ilumina la misma gracia que a otros directores amantes de lo críptico, por mucho que su actitud de admiración-recreación del mudo pueda parecerle a algunos más sincera y atrevida que la planteada por la oscarizada The artist. En resumen, las alusiones a la Odisea que lleva a cabo Maddin son tangenciales, pero enfrentarse a la sección Noves Visions le resulta a Serendipia una auténtica odisea llena de penalidades.
Sitges 2012: cuando la realidad es lo terrorífico,The Tall Man y Compliance
En The Tall Man (2012, Pascal Laugier), el nuevo film del responsable de Martyrs (2008), se nos ofrece , esta vez en coproducción entre Francia y Canadá, un argumento con pueblos semidesiertos que se derrumban, niños que desaparecen y la encarnación del mal en un hombre del saco al que llaman The Tall Man. En el rol protagonista una eficaz Jessica Biel –a la que también podemos ver en el remake de Desafío Total (Total Recall, 2012 Len Wiseman) y en la (como mínimo curiosa) Hitchcock, donde recreará a Vera Miles– sabe pasar perfectamente del papel de víctima al de culpable con su actuación temperada, nada histriónica.
Efectivamente, en The Tall Man nada es lo que parece y el juego de espejos distorsionadores nos desliza hacia giros inesperados que obligan al espectador a reinterpretar las imágenes una y otra vez hasta conducirle a una encrucijada moral. Y ello sin que las vueltas de tuerca, tan de moda en el cine actual, chirríen un sólo momento. Esa efectividad se consigue con la puesta en escena y, sobre todo, con su meticuloso montaje: Laugier juega con los encuadres salpicándolos con detalles de fondo a los que habrá que estar muy atentos porque acabarán cobrando significación cuando cambie radicalmente el punto de vista de la narración, pequeños detalles como fotos en las paredes que interpretamos de un modo cuando los vemos por primera vez y de otro cuando vuelvan a aparecer gracias a como se han montado los hechos en la trama.
Otro elemento, pues, que juega a su favor es la desecuenciación del tiempo. La película empieza in media res: vemos a la policía cercando la salida de una mina (tras unos rótulos que hablan de la desaparición de niños en EE.UU) e inmediatamente pasamos a un primer plano del rostro de Jessica Biel lleno de heridas, sumando ambos detalles pensamos que la protagonista ha sido víctima de uno de esos secuestros. Y durante el primer tercio, el flashback, seguimos pensándolo. La primera hipótesis es que alguien está secuestrando a los niños del pueblo amparándose en la superstición del hombre del saco, pero conforme avanzamos en el flashback (ojito con el SPOILER) pasamos a pensar que son los mismos lugareños los que llevan a cabo los raptos, hasta descubrir que la culpable es la propia protagonista (fin del SPOILER). Si en su primer tercio la película avanza a modo de whoduit en el último acto ese interrogante es sustituido por el por qué lo ha hecho. Y cuando se revele (después de habernos hecho una hipótesis que el film vuelve a desmentir), nos encontraremos ante una encrucijada moral: ¿es lícito practicar el mal para conseguir un bien mayor?
El film de Laugier funciona, por tanto, como un juego de escaques en el que todos los movimientos están pensados para llevarnos desde la confusión a la luz y a la reflexión. Conducido todo ello por una voz en off que resulta ser la del único personaje silente, clara metáfora de que es posible devolver su relevancia a los que han sido silenciados por la injusticia social. Es posible que a los más fanáticos del género y, sobre todo, a los que estén esperando otro ejercicio como Martyrs, se vean decepcionados, sin embargo, nosotros pensamos que este es un film de brillante factura, aunque las dos partes de Serendipia no llegan a un acuerdo sobre el ritmo. Mientras una insiste en que es el que más favorece a la precisión de la trama, la otra indica que es excesivamente pausado, lento hasta la exasperación. Lo que está claro es que The Tall Man no es una cinta pensada para entretener, es una película que le habla a la inteligencia más que a la emoción, y eso no será de agrado para todos los públicos. En todo caso, no os la perdáis porque dará que hablar.
The Tall Man se estrenará en España con el dudosamente bien elegido título de El Hombre de las Sombras, esperamos que si la cinta de Craig Zobel (de la que vamos a hablar a continuación) se estrena en nuestra tierra no traduzcan su título, porque el campo semántico del ‘compliance’ inglés va desde el acatamiento hasta la complacencia, y la acción de la película no se explicaría si ese actuar desde la conformidad que obtiene placer en la observancia.
Compliance se vio envuelta de controversia en su paso por Sundance, no tanto por sus imágenes, como por su aparente falta de verosimilitud y, sin embargo, la cinta está basada en hechos reales (y los internautas han podido comprobar que lo narrado aconteció en un McDonalds de Kentucki). Se nos cuenta la historia de Becky (Dreama Walker) quien acude a otro anodino día de trabajo en el restaurante de fast food en el que trabaja. Todo es totalmente normal hasta que se recibe una llamada telefónica, supuestamente de la policía, en la que se la acusa de haber robado a una cliente, desatándose desde ese momento una pesadilla en la que el abuso de poder campa a sus anchas y en el que vemos que la pérdida de los derechos puede depender de, simplemente, una llamada de teléfono. Un hilo argumental que posiblemente hubiera agradado al Hitch de Falso culpable (The Wrong Man, 1956). La pérdida de la cotidianidad que corta el hilo del presente y amenaza el futuro de la protagonista. Y no sólo por el tema del falso culpable habría satisfecho a Sir Alfred, también le habría complacido el uso del suspense que no procede de elementos sobrenaturales sino de miedos muy ordinarios como el temor a perder el trabajo (en una situación como la actual puede ser una auténtica catástrofe) o la aprensión que nos produce todo lo que guarde relación con la policía. Compliance demuestra que para construir a un villano no se necesitan colmillos ni rasgos monstruosos, basta con un elemento tan habitual como un simple un teléfono móvil en manos de una mente perversa.
La cámara de Craig Zobel se entretiene en detalles mínimos en la obertura del film, es una mañana fría en algún lugar de Estados Unidos, nieve en la calzada, la trasera de un camión, objetos típicos de un fast food abandonados en el suelo… Compone así auténticas naturalezas muertas que tienen por objeto situarnos en un paisaje que nos resulta conocido por corriente.
Sandra (una efectiva Ann Dowd), la directora del restaurante de la franquicia se dispone a encarar un día duro, un descuido con el congelador la ha dejado sin suficientes provisiones para servir sus especialidades justo en un día en que habrá supervisión. Todos van a tener una carga de trabajo extra para salir con éxito de la prueba, pero nada de eso mina la camaradería habitual. Con muy pocos elementos Zobel describe a sus principales personajes, Sandra es una mujer madura que sigue siendo bonachona e ingenua pese a su cargo y Becky es una joven adolescente algo frívola que no ha acabado de perder su inocencia. Estos rasgos de carácter ahondarán el drama cuando empiece a trastornarse todo.
A media jornada se recibe la llamada del agente Daniels (Pat Healy), que informa de que una de las trabajadoras ha sido acusada de robo y ordena a Sandra que sea su intermediaria en el interrogatorio e inspección de la sospechosa. En todo momento la cámara es cercana a los personajes, se diría que actúa como un narrador que, aún siendo omnisciente, está contaminado del punto de vista de los protagonistas de la acción; siempre firme en su trípode realiza sutilísimas correcciones de encuadre que nos imbuyen el nerviosismo que se vive en la escena. Como en los mejores filmes de suspense el espectador intuye que los personajes están siendo víctimas de un engaño, así descubre con satisfacción que el autor de la llamada no es más que un vulgar bromista que nada tiene que ver con la policía. Durante el primer tercio de la película no vemos al villano Daniels, de modo que cuando aparece en pantalla, nosotros como «detectives» aficionados, nos felicitamos por nuestra perspicacia.
La extorsión de Daniels se asienta sobre los mecanismos del timo, es decir, todos son sus víctimas, no sólo Becky, pero Sandra y quienes colaboran con ella, no dejan de obedecer al supuesto agente con complacencia incluso cuando les instiga a darle a la adolescente un trato vejatorio. Y como todo buen film de intriga hace al público cómplice del delito porque todos esperamos ver hasta dónde van a ser capaces de llegar y casi nos alarmamos tanto como el falso oficial Daniels cuando está a punto de perder la comunicación (igual como cuando deseamos que Norman Bates pueda ocultar el cadáver en Psicosis).
Lo dicho, Compliance, habría complacido al bueno de Hitchcock. Y el aficionado también saldrá satisfecho, porque, más allá de que esta hiperrealista cinta (Zobel se apoyo en grabaciones reales), pueda en ocasiones resultar paradójicamente inverosímil, hay que reconocerle su capacidad de mantenernos en tensión durante todo el metraje.
Sitges 2012: Fantástico con gotas de comedia
A veces el fantástico y la comedia se han unido en extraña alianza. Tan solo hay que ver Freaks (1932, Tod Browning), que revosa
buen humor y chascarrillos mezclados con cirugias abominables y venganzas. O en plan despiporre, Braindead (1992, Peter Jackson), ya puro slapstick o Frakenhooker (1990, Frank Henenlotter). La lista es bastante abultada, no hay que olvidar las españolas Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011) y Lobos de Arga(Juan Martínez Moreno, 2011) vistas en la pasada edición del Festival de Sitges. También, naturalmente, hay películas que consiguen provocar hilaridad sin proponérselo, de eso ciertamente también hay mucho en el fantástico.
Esta edición del festival nos ha ofrecido dos buenas y sanas muestras de terror/humor. Por un lado la irlandesa Grabbers (2012) es una monster movie de Jon Wright, director que ya nos había ofrecido otro cóctel de este tipo con Tormented (2009) su primer largometraje tras rodar algunos cortos. Si en La guerra de los mundos H.G. Wells nos narra que la invasión extraterrestre pudo ser frenada por los habitantes más diminutos de este planeta, las bacterias, en esta su segunda película, Wright muestra que la única manera de terminar con unos vampíricos calamares del espacio exterior que han invadido un pequeño pueblo marinero irlandés es «contaminando» la sangre de todos sus habitantes con alcohol; cosa que, por otro lado, no resulta nada difícil: basta con anunciar barra libre en el pub de la localidad.
El director, además de resolver este desquiciado y a la vez ingenioso argumento de una forma muy satisfactoria, consigue fotografiar los paisajes del pueblo marinero con gran belleza. Sabe mover la cámara y no vacila en usarla en mano cuando rueda las escenas de mayor enfrentamiento, cosa que en este film le resulta satisfactoria a Serendipia, prueba de que no nos negamos en banda al recurso cuando está justificado. En cuanto a la dirección de actores, resulta también convincente, gracias, en parte, a que en el guión los prototipos que son sus protagonistas están perfilados de forma modélica, de modo que se consigue incluso aquello, tan difícil a estas alturas, de que nos caigan bien.
Grabbers ha sido puesta en relación con Súper 8 de J.J. Abrahams pues sus chuhtluianos invasores recuerdan a los monstruitos de las películas de los 80s, concretamente a los Gremlins de Joe Dante, creemos, sin embargo, que la relación no es más que tangencial; más bien la pondríamos en relación con la serie B de los 50s y sus relatos de invasores del espacio. No se puede olvidar, además, que la película es una comedia que hace gala de una sanísima autoparodia (uno de los tópicos más extendidos sobre el pueblo irlandés es el de que se beben hasta el agua de los jarros, bueno, si está bautizada de alcohol) y del espíritu británico que despertaba nuestra hilaridad en las célebres comedias de la Ealing, alguna de las cuales también bromeaba con las inclinaciones etílicas de los británicos, como Whisky a Go Go (Whisky Galore, 1949, Alexander MacKendrick), aunque en esa ocasión fueran los escoceses. Monstermovie, comedia y, también, película de compañeros, pues la pareja protagonista serán la recién llegada guardia Lisa Nolan y el veterano sargento Ciarán O’Shean, entre los cuales el antagonismo irá cediendo hasta el sentimiento extremamente opuesto. Lo tiene todo para hacernos pasar un buen rato. Un film sin grandes pretensiones ni complicaciones realizado con la única finalidad de entretener ¿Les parece poco?
La segunda propuesta es una coproducción entre Finlandia, Alemania y Australia, pero no se espanten, el resultado es altamente
satisfactorio, tanto en guión como en medios técnicos. Iron Sky de Timo Vuorensola es una ingeniosa parábola sobre qué sucedería si al llegar un cohete americano en 2018 a la luna se encontrara con una base nazi perfectamente organizada desde 1945 en la cara oculta del satélite. Con el añadido, además, de que el astronauta fuese afroamericano (negro, vamos). Con estos mimbres, el finlandés, construye una comedia de ciencia ficción con tintes de fábula política.
Timo Vuorensola debuta con esta película en la pantalla grande, después de haber conseguido darse a conocer con su fan film StarWreck en 2005 (sobre el que puede leerse una interesante crítica aquí). Iron Sky no resulta totalmente redonda, pero sí tiene buenas dosis de aciertos. Entronca de algún modo con la estética steampunk con su gran despliegue de tecnología retrofuturista, ese laboratorio en la luna con su mad doctor de cómic, esos platillos voladores (ahora ya saben de dónde venían) y, sobre todo, esas naves espaciales con forma de zepelines. Ayuda a darle ese aire añejo la fotografía con color degradado casi hasta el blanco y negro en todo lo que se relaciona con la vida de los nazis en la luna y, por supuesto, la labor vestuario, maquillaje y peinado. En este último apartado destaca el trabajo sobre la francesa Julia Dietze (una belleza aria que quita el hipo) que interpreta a la instructora Renate Richter, la hija del mad doctor, especialista en terraqueología que prepara a los niños para una futura toma de la tierra por parte de los nazis quienes, ella cree ingenuamente, llevan un mensaje de paz y armonía. En cuanto a los actores, destacan igualmente Christopher Kirby, que ha formado parte de distinguidos repartos, entre ellos Star Wars III: La venganza de los Sith (Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith, 2005 George Lucas) en el papel del astronauta Washintong, Gödz Otto como el villano Klaus Adler y sobre todo el siempre correcto y casi mítico Udo Kier en el papel de fürer sucesor de Hitler en la luna. Todos ellos nos brindan una interpretación correcta.
Comedia en tres actos, Iron Sky brilla sobre todo en su segundo tercio cuando Klaus Adler, acompañado por Renate Richter y el astronauta Washintong (que ha sido albinizado y adoctrinado en la luna) se desplazan a la tierra. Allí van a contactar con Vivian Wagner (Peta Sergeant) jefa de campaña para la reelección de la presidenta americana (Stephanie Paul), presidenta que nos recuerda a Sarah Palin pero aún más extrema. El eslogan bajo el que se presenta a las elecciones emula al Yes we can de Obama, pero no duda en adoptar para sus discursos las soflamas propagandísticas Nazis. Aquí, pues, es donde la sátira se hace más ácida: nuestros políticos actuales carecen de escrúpulos y en lo único que piensan es en arrancarnos el voto. Con humor Vuorensola denuncia algunos de los puntos más débiles de nuestras modernas democracias.
Es en el último tercio cuando desplegará lo aprendido en su fan film, Iron Sky se convierte en su último acto en una space opera que emula las batallas de Star Wars. Brillante en su ejecución y en sus efectos, adolece quizás de romper un tanto la línea satírica que la ha definido, aunque no la abandona pues en la batalla contra el invasor se descubrirá que todas las naciones desarrolladas han construido armas nucleares pese a haber firmado pactos renunciando. Con ironía el finlandés nos ofrece en esta ópera prima un film de género y denuncia, no se le puede pedir más a un debutante, y Vuorensola insistirá en esta línea en su próximo film, I Killed Adolf Hitler, película que adapta el cómic del noruego Jason ganador de un Eisner, un relato de viajes en el tiempo en el que Jason nos muestra un mundo extraño y violento en donde los asesinos a sueldo suelen ser contratados para eliminar gente como parientes, colegas abusones, vecinos o tan solo personas molestas en general. Sus servicios tienen una gran demanda. Un científico contrata a uno de estos asesinos para viajar al pasado y matar a Adolf Hitler en 1938, con la esperanza de que quizás así la humanidad cambie. Pero el asesino falla estrepitosamente y Hitler escapará al presente. Nos esperan sorpresas venidas de este director, estaremos pendientes.



























































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