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¿Karloff, Lugosi, Peter Lorre y King Kong en la misma película?
¿Qué conexión hay entre Boris Karloff, Bela Lugosi y Peter Lorre con el King Kong de 1933 ?.
Pues muy sencillo: En 1940 durante el triunfal retorno del cine de terror a las pantallas americanas, aunque de una forma descafeinada en comparación a los gloriosos años anteriores, RKO, estudio que no olvidemos produjo King-Kong (1933, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack), tuvo la «brillante» idea de reunir en una película musical a Boris Karloff, Bela Lugosi y Peter Lorre con Kay Kyser y su orquesta, estrellas de la radio que con su «Colegio de conocimientos musicales», una bizarrada con bastantes dosis de sonido novelty, martirizó a la población desde las ondas hasta que Kyser se retiró para centrarse en la religión ocultando a sus hijos la carrera que había tenido hasta entonces. Lo que visto el film no nos extraña.
La película se llamó You´ll Find Out y se llegó a estrenar aquí como El castillo de los misterios. La dirigió el prolífico David Butler, director también de la rareza Una fantasía del porvenir (Just Imagine, 1930) .
Karloff firmó para tres semanas, que se prolongaron a cuatro semanas y cuatro dias cobrando un
total de 19.444 dólares, mientras que Lugosi por, también cuatro semanas, cobró 6.041 dolares. Además de Peter Lorre se contó con Dennis O´Keefe (The Leopard Man, 1943 Jackques Tourneur) y la encantadora Helen Parrish, que murió prematuramente en 1959 a los 36 años.
Los tres villanos: Karloff como Juez Spencer Mainwaring; Bela
Lugosi como Principe Saliano (con un turbante para hacerlo más exótico y ¿amenazador?) y Peter Lorre como el profesor Fenninger se enfrentarán a los músicos y a los protagonistas mediante misterios, artimañas, falso espiritismo y finálmente con los puños… y es precisamente en esta escena de lucha entre Kay y Karloff donde podemos ver esta conexión con King Kong, ya que la lucha se inicia cuando Kay es sorprendido al encontrar el escondrijo secreto de Saliano, que RKO decoró con todos los trastos raros que encontraron en los almacenes de los estudios, entre ellos tres creaciones que Willis O´Brien construyó para la inmortal película: un dinosaurio, concretamente un triceratops y lo que es más curioso, dos arañas pertenecientes a la famosa escena perdida que Peter Jackson recreó a la «vieja usanza» para el documental RKO Production 601: The Making of Kong, Eighth Wonder of the World, incluído en la edición especial en DVD del King Kong original editada en 2005.
Y si las arañas tienen su miga también la tiene el dinosaurio ya que la escena, que se llegó a rodar ya que existen dos fotografias, comienza con la persecución del grupo por un triceratops, y aquí empiezan las preguntas: ¿Será el mismo triceratops sobreviviente del King Kong original que Peter Jackson utiliza como modelo para su escena?, ¿Será el mismo que se puede ver en El hijo de Kong (The Son of Kong, 1933 Ernest B. Schoedsack)?y ¿Sera este el mismo que se puede ver en la escena de You´ll Find Out?). Quien sabe, pero todo lleva a pensar que si.
Tan solo pequeñas banalidades que encantan a los aficionados al cine de terror clásico y en todo caso otra curiosidad del mundo del cine.
Veamos los (sagrados) trastos:

Bien, aquí tenemos a Karloff y Kyser luchando, mientras Lugosi está en el suelo. Fíjense en la estanteria de la derecha. En el segundo estante se puede ver el triceratops.

Siguen los zurriagazos y bajo el primer estante (justo en la axila de Kyser) puede verse el cangrejo-araña que también salía en la escena que nunca vimos.

La lucha termina y detrás de Kyser tenemos otro detalle del triceratops.Propaganda para prensa.Propaganda para prensa.
Y finalmente aquí tenemos la escena del pozo de las arañas tal y como la recreó Peter Jackson y su equipo.
Thor, colosal vuelta a Midgar del dios del trueno
Al principio fue el mito
XXI. …Thor es el más noble de ellos [los Æsir], es llamado Thor de los Æsir, u Öku-Thor; es el más fuerte de los dioses y los hombres. Tiene su reino en el lugar llamado Thrúdvangar, y su palacio es llamado Bliskirnir; allí hay 540 habitaciones. Es la mayor morada que conocen los hombres…
Thor tiene dos machos cabríos, que son llamados «dientes esparcidos» y «rechina dientes», y un carro que conduce, y es tirado por ellos; por lo que es llamado Öku-Thor. También tiene tres cosas de gran valor: primero es el martillo Mjolnir, que los gigantes de la escarcha conocen, cuando lo alza saben que no hay esperanza; ha machacado muchos cráneos entre los de su raza. Tiene una segunda cosa de mucho valor: su cinturón de poder, y cuando lo abrocha su fuerza de deidad su duplica. Además tiene un tercer objeto de gran valor: sus guantes de hierro; no puede sin ellos tomar el mango de su martillo. Pero nadie es tan sabio como para contar todas sus grandes hazañas… (La alucinación de Gylfi)
Y el mito se hizo cómic
“Lo genial de la conexión de Marvel con la mitología noruega es su comprensión de que la dimensión humana que hay en el centro de los relatos épicos es el cemento que lo une todo” (Kenneth Branagh)
Cuando era más niño y comencé a leer cómics de superhéroes rápidamente me interesé por los de Marvel. Se trataban de personajes más humanos y con debilidades: Dare Devil era ciego; el hombre de hierro estaba enfermo (y más tarde alcoholizado);La Cosa era… la cosa y, en general, todos eran muy enamoradizos. Pero mi héroe favorito era Spiderman, colección que hasta hoy sigo comprando. Pero devoraba todos los que podía y que por entonces editorial
Vértice editaba por estos lares de una forma más o menos decente.
Pero en cuanto a Thor, a pesar de que me resultaba atractivo, no me hacía ninguna gracia por lo complejo que me parecían sus personajes y sus aventuras en Asgard. Eran tan fantásticas que las veía lejanas y a mi me gustaba, tal y como ya he dicho, ese realismo de un Peter Parker que se quedaba sin telarañas o que tenía que reparar el disfraz o al que las chicas daban calabazas o al que acosaba (como se diría ahora) el matón de su clase.
Pero posteriormente supongo que le dí un poco más de atención y descubrí algunas sagas y épocas, como la de Walter Simonson, que hicieron que me congraciara con la mitología de Asgard y con su Dios más representativo en Midgar.
Pero no quiero aburrirles más, es más interesante saber como nace Thor como personaje del noveno arte y naturalmente todo surge de la mente de Stan Lee.
Vamos a ello:
Cuando Stan Lee vio a inicios de los años sesenta que los superhéroes volvían a ponerse de moda tras la exitosa serie Los 4 Fantásticos, comenzó a experimentar con otros en colecciones ya
abiertas. Así el primer episodio de Spiderman se publicó en el 15 de Amazing Fantasy (Agosto de 1962) o la primera aparición de Iron Man fue en el 39 de Tales of Suspense (marzo de 1963), hasta que consiguieron colección propia (unos antes que otros) una vez se consolidaban los personajes en el mercado. Thor, adaptación al comic de la mitología nórdica por Stan Lee y el dibujante Jack Kirby se publicó por primera vez en Journey Into Mistery nº 83 en agosto de 1962 y esa primera aventura nos narraba como Donald Blake, un médico cojo de vacaciones en Noruega, se quedaba encerrado en una cueva mientras los extraterrestres invadían la tierra. En la cueva encontraba un bastón que al golpearlo le transformaba en el dios Thor y al bastón en su martillo (Mjolnir). Naturalmente Thor terminaba con la invasión alienígena (¡¡De hombres de piedra de Saturno!!) y a partir de ahí con toda amenaza que se cerniera sobre la tierra (principalmente en Estados Unidos). Y como siempre hay un interés romántico, Blake estaba enamorado de su enfermera Jane Foster, a la que no podía desvelar su secreto, mientras esta estaba dividida entre sus sentimientos por el experto cirujano, (que tenía complejo por su cojera) y por el heroico Dios del Trueno.
Las aventuras de Thor fueron la obra más importante de Kirby tras Los 4 Fantásticos y me atrevo a decir que la más personal. Dibujó casi un centenar de episodios desde 1962 a1970 y su evolución como dibujante puede admirarse a partir de 1964, concretamente en los episodios dedicados a Asgard. Kirby era un ávido lector de mitologías de toda índole y con Thor puede dedicarse a dibujar sus obsesiones con los súper-seres, retratando directamente a dioses mitológicos no únicamente nórdicos, sino también griegos o de donde hiciera falta.
Aunque como hemos visto todo comenzó de forma muy naif, con Thor luchando contra los típicos alienígenas, comunistas o incluso con su archienemigo Loki ya en el tercer episodio, la cosa se fue complicando conforme Kirby cogía los hilos de la serie enfrentándolo a enemigos tan desaforados como Ego, el planeta viviente, Hela, diosa de la muerte o Hércules. La serie comenzó desarrollándose enla Tierra, pero más adelante el dibujante (yo creo que debemos casi considerarle autor), realizará episodios que se centrarán en el Asgard mitológico con grandes dosis de la ciencia ficción que caracteriza al Kirby más inspirado y que se incrementaría conforme avanzaban los años sesenta.
Pero… ¿Cómo se le ocurrió a Stan Lee convertir a un Dios en un Superhéroe?, pues dejemos que el mismo lo explique:”Ocurrió cuando fui invitado a dar una charla en un programa de radio en New York. El entrevistador no dejaba de referirse a nuestros coloridos superhéroes como la nueva mitología de nuestra generación. Entonces, cuando me preguntó acerca de qué nueva creación íbamos a desencadenar sobre el indefenso público lector, fue cuando se me ocurrió. Entrar en el mundo del mito. ¡Convertir en personaje a un dios!”.
¡¡Excelsior!! añado yo.
A partir del número 126, la colección pasa a llamarse El Poderoso Thor (The Mighty Thor) permaneciendo Kirby hasta el número 177, culminando así la mejor época de una serie que viviría otros buenos momentos cuando se hizo cargo de ella John Buscema.
En 1983, cuando la colección se daba por perdida, dieron libertad total para hacer con la serie lo que quisiera a Walter Simonson, un dibujante y guionista que a partir del número 337 y durante 45 números levantó al personaje retornándolo a sus raíces mitológicas y eliminando de paso al personaje de Donald Blake, todo ello en una recordada temporada que se inició con la estupenda y original saga de Bill Rayo Beta.
Tampoco hay que olvidar que a partir de 1963 Thor formará parte del grupo de héroes más poderosos de la tierra, Los Vengadores (The Avengers) junto al Capitán América, El hombre gigante, la avispa y el hombre de hierro, entre otros.
Pero existe otro Thor -o mejor dicho, otra interpretación del personaje- al que debe mucho la película.
Y es que tras los mil experimentos y actualizaciones de los personajes a las que Marvel nos tiene regularmente acostumbrados, la editorial lanza una nueva línea denominada Ultimate. El primer personaje abordado es, claro, el buque insignia Spiderman, siendo seguido por X-Men. El éxito anima a seguir en este caso con una serie limitada que sí que representa una renovación o mejor dicho, una nueva interpretación, este caso de Los Vengadores, The Ultimates con guión de Mark Millar y lápices de Bryan Hitch. Una innovadora serie realizada de forma cinematográfica, tanto que incluso la encarnación de los personajes está inspirada en actores: Iron Man:Johnny Depp; Nick Furia: Samuel L. Jackson; Capitán América: Brad Pitt; Hombre Gigante: Matthew McConnaghy; Avispa: Zihi Zhang (de La Casade las Dagas Voladoras); Bruja Escarlata: Angelina Jolie; Ojo de Halcón: Bruce Willis y Bruce Banner (alter ego de Hulk): Steve Buscemi.
La serie no evita conflictos realistas como la violencia doméstica o las conspiraciones gubernamentales y temas escabrosos como el canibalismo o la relación abiertamente incestuosa de dos personajes.
Mark Millar, claramente inspirado por el trabajo de Alan Moore con los superhéroes, declaró que “La noción de como serian los superhéroes en el mundo real siempre me había hecho gracia y ésta era mi oportunidad de desarrollar el concepto”.
Los 26 episodios realizados por Millar y Hitch forman parte de la historia del comic. Una obra colosal realizada en cinco años y tres meses. Se editó en dos volúmenes: el primer número vio la luz en febrero de 2002 y el último de esa temporada llegó en diciembre de 2004. El segundo ciclo comenzó en diciembre de 2004 y finalizó en mayo de 2007. Sus autores se tomaron todo con calma y el resultado no podría ser más redondo.
El personaje de Thor, que sus autores basaron, ni más ni menos que en Jesucristo, es bastante similar al que podemos ver en la película. Un film que demuestra que ha valido la pena esperar para poder ver a nuestros héroes Marvel favoritos en la gran pantalla.
Y el cómic habitó entre nosotros como película monumental
Cuando se apagan las luces en la sala, nos invaden los compases de un viejo conocido: Patrick Doyle va a arropar las imágenes que nos irán llegando complementándolas para desarrollar su pleno sentido. La película se abre con notas intimistas en las que las cuerdas generan un ambiente místico y a la par intrigante hasta que entra la percusión creando una atmósfera agitada que aumenta la tensión dramática; en la pantalla estamos asistiendo al rastreo de la tormenta por parte de Jane Foster, la enfermera enamorada del héroe en el cómic y convertida aquí en una doctora que se ha interesado por la astrofísica para extender lo científico más allá de los límites actuales. Esta secuencia es un auténtico avance de lo que va a ocurrir, nos instala en el presente de la acción precediendo al propio prólogo. Con el prólogo, donde Doyle expone los principales temas de su score, arrancan los títulos de crédito mostrándonos ese escenario (Asgard) mezcla del futurismo de Metrópolis y las Carceri d’invenzione de Piranesi. La banda sonora es totalmente redonda, alternando temas líricos con los que remarcan las escenas de acción y los momentos épicos, son veinticuatro cortes de excelente factura. Por destacar algunos , entre los líricos nos quedamos con el tema de amor que se expone por primera vez en Forgive me y que se desarrolla con máximo esplendor en Can you see Jane?. Teñido de melancolía nos sumerge en ese amor que lleva a la madurez y es estímulo para la lucha por aprender. En cuanto a los motivos épicos sobresale por mérito propio Frost Giant Battle, un tema dinámico en la que las notas parecen perseguirse unas a otras en una carrera por ganar la batalla, contrapunto ideal a las imágenes filmadas por Kennetn Branagh quien desde su primera película mostró su magistralidad en el rodaje de este tipo de secuencias, recuérdese la Batalla de Agincourt en Enrique V también en perfecto maridaje con la música de Doyle que ha formado siempre un excelente tandem con el director.
Branagh aceptó participar en este proyecto porque: “Tiene todo lo que me gusta. Un héroe que es un joven arrogante y obstinado, y que tiene que enfrentarse a su pasado y solucionar una relación complicada con su padre. Hay muchos europeos salvajes acuchillándose a muerte en diversos momentos, y en realidad, a mí me recordaba mucho a “Enrique V”. Me dije a mí mismo: ‘Ya he pasado antes por esto…’ Así que se podría decir que yo empecé en películas de superhéroes, ¡solo que en las anteriores la gente hablaba raro!”. Efectivamente, la cinta está planteada al modo de los dramas shakaspearianos (¡que no se me asuste nadie!) en lo que estos tienen de intriga y acción, aproximándolo así al cómic. De la misma forma, dota al cómic de intensidad trágica al poner los acentos en los vínculos entre padres e hijos y las difíciles relaciones entre ellos. Para Branagh, el cómic que le cautivó en su niñez se basa en los conflictos familiares y universales que han provocado dramas entre los hombres desde el principio de los tiempos: un hijo impaciente por demostrarle su valía a su padre, un hermano letalmente resentido, y una mujer que ayuda a un hombre a ver el mundo con nuevos ojos. Sangre real, mortíferas venganzas, el orgullo y la posterior caída. Una historia que para el director debía ser contada y pone a su servicio toda la megalomanía de su cámara.
El director de Hamlet (1996) no desperdicia ocasión para ofrecernos planos y movimientos de cámara delirantes (gocen ustedes de la secuencia en la que Thor trata de recuperar su martillo enfrentándose a todo el cuerpo de seguridad de la agencia de inteligencia): planos en diagonal, planos cenitales, grúas descendiendo verticalmente desde un plano cenital hasta un plano medio… y las 3D le dan una mayor profundidad de campo que hace todavía más grandiosa la historia. El propio uso de la cámara pone el tempo a la narración tal como ocurría en Morir Todavía (Dead Again, 1991) sin llegar a los desmanes de Mary Shelley’s Frankenstein (la más desmesurada de sus películas). Branagh ha demostrado estar en buena forma y ha dado la razón a quienes en Marvel le tenían como favorito, el productor Feige, por ejemplo que declaraba: “Como bien han subrayado personas mucho más inteligentes que yo, los cómics son la mitología actual, y Ken Branagh es alguien capaz de adaptar la literatura como nadie. Es, en el fondo, un narrador muy dotado, y eso es lo que queríamos, alguien que pudiera contar la historia. Hace siglos, esas historias se contaban alrededor de la hoguera, y hoy es bastante parecido, sólo que el fuego es la luz del proyector”.
Branagh fue además el reclamo para los actores que interpretan los papeles protagonistas. Natalie Portman no sólo era fan del género y del universo de los cómics de Marvel, sino que estaba sumamente interesada en trabajar con el director Kenneth Branagh. Hubo varias reuniones entre la actriz y el director, en donde se enfatizó que Jane no iba a ser ‘el tipo de damisela en apuros atada a las vías del tren’, sino de hecho un factor clave para motivar a Thor en su transformación a lo largo de toda la película. Así elogiaba Natalie el trabajo de Branagh: “Creo que el liderazgo de Ken ha hecho que este proyecto sea muy, muy especial. He trabajado en varias producciones a gran escala, y esta es la primera vez que realmente he sentido tal nivel de intensidad y concentración en la interpretación por parte de un director. Me parece extraordinario poner tanto énfasis en la interpretación, la historia y los detalles, y creo que todo eso hace que los grandes y excitantes momentos de acción sean más reales y, en cierto modo, más entretenidos”. A su personaje lo describe la actriz como: “Al principio, Jane cree que Thor es un tema para estudiar. Aparte de su propio equipo de investigación, ella es la único testigo del extraordinario suceso que han observado sobre las llanuras de Nuevo México, así que él es importante para su trabajo. Lentamente, comienza a sentirse identificada con él y, bueno, sus emociones comienzan a sacar lo mejor de ella, pero luego se enfrenta al desafío omnipresente para todo científico o académico inmerso en una investigación: ser objetivo”.
Jane Foster, el personaje, es la clásica mujer capaz de descubrir y compartir los sentimientos del súperheroe, personaje característico en todos los cómics de superheroes, en su caso no es sólo guapa sino que su inteligencia es igual a su belleza. Por eso se pensó en Natalie Portman para el papel. Y Natalie compone perfectamente el personaje, esa mujer de ciencias que ha llegado a los límites de la astrofísica porque considera mensurable aquello que otros científicos ven como mero esoterismo.
Ya en la primera escena en medio del desierto de Nuevo México la vemos aguardando la tormenta con una mezcla de curiosidad analítica y fe, igual que la Jodie Foster de Contact (Robert Zemeckis, 1997) y esa será su actitud a lo largo del film contagiándonos, además, su entusiasmo. Es Jane Foster la que llevará a Thor a madurar y descubrir la prudencia en toda la amplitud de su significado gracias a su amor, pero también gracias a su coraje. Por supuesto, la clave para Portman estaba en el intensa concentración con que se afinaban los personajes por entre el impresionante paisaje de los platós de acción. Dice: “Creo que el liderazgo de Ken ha hecho que este proyecto sea muy, muy especial. He trabajado en varias producciones a gran escala, y esta es la primera vez que realmente he sentido tal nivel de intensidad y concentración en la interpretación por parte de un director. Me parece extraordinario poner tanto énfasis en la interpretación, la historia y los detalles, y creo que todo eso hace que los grandes y excitantes momentos de acción sean más reales y, en cierto modo, más entretenidos”.
Sobre el trabajo de los interpretes bascula la gran capacidad de Branagh en la dirección de actores y su saber poner la cámara al servicio de los mismos. Por eso no es de extrañar que un actor de la talla de Sir Anthony Hopkins aceptara participar en él. Hopkins admite que puede que no fuera muy fan de los cómics de Thor (“Yo leía El Capitán Marvel, y aquellos cómics de posguerra”), pero sí lo era de su director. “Mi agente me llamó y me dijo que si quería interpretar a Odín, así que me reuní con Ken, con quien ya había coincidido antes varias veces. Es un personaje muy atractivo, un hombre brillante. Un gran actor y un gran director. Es uno de esos tipos imparables que piensan que si pones todo tu empeño en algo, puedes hacer prácticamente cualquier cosa. Y él lo pone todo de su parte, así es su personalidad. Creo que trabajar en esta película ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. ¡De hecho, me gustaría haber tenido más cosas que hacer en ella!” En esta ocasión el inglés nos ofrece una interpretación sobria, sin histrionismos, como suele ser por otra parte, pero logra comunicar la fuerza de Odín, su poder como monarca y dios de dioses, sus habilidades guerreras y , a la vez, su prudencia diplomática y sobre todo el gran amor hacia sus hijos, Thor y Loki. Precisamente uno de sus momentos interpretativos más brillantes tiene lugar en el enfrentamiento entre él y Thor después de que este le haya desobedecido y haya puesto en peligro la paz de Asgard. Hemsworth hace memoria de ese momento: “La película llevaba un mes de rodaje y yo me estaba empezando a sentir bien, como que ya tenía controlado al personaje. Así que llegó el día de la gran confrontación entre padre e hijo. Es algo muy colérico, con ambos gritándonos el uno al otro. Entonces Ken se acerca a Anthony y le dice: ‘Deja que te afecte. Altérate. Te desafío. Y Anthony se queda un callado un segundo y luego responde: ‘Vale, buena idea’. Así que yo me preguntaba: ‘Madre mía, ¿qué es lo que va a hacer ahora? Y empezamos la escena de nuevo y yo hago mi entrada. Entro, hago mi parte, y él se queda callado. Sus ojos empiezan a encenderse. Es el padre herido y desilusionado porque su hijo le ha faltado al respeto, y ha deshonrado a la familia, al reino y a todos sus principios. Y uno se da cuenta de que le está rompiendo el corazón. Cuando dijeron ‘¡corten!’, la gente estaba llorando. Luego el equipo empezó a aplaudir y recuerdo que pensé: ‘Eso ha sido impresionante… y yo no hago falta.«
Sin duda esa escena es uno de esos momentos de cine en mayúsculas, pero Hemswoth está equivocado: él no está en absoluto de más. Thor es casi invencible, todo un dios imponente, aunque se enfrente a gigantes mayores que él es él quien se ve imponente; no es altivo pero sí impetuoso y arrogante, se precipita en sus decisiones por sus ansias de demostrar su fuerza y la de Asgard, esto es lo que le conduce al destierro tras provocar la cólera de Odín. Ya en la tierra sigue comportándose como un bárbaro hasta que el amor le dulcifica y apacigua, sacando de él sus mejores virtudes. Es un dios, sí, pero un dios próximo a lo humano, eso hace que podamos sentirnos atraídos y reflejados. Se necesitaba un actor con un físico imponente, capaz de dar el resto en los momentos de acción trepidante, pero a la vez tenía que ser suficientemente maleable como para mostrar con sutileza la evolución de su carácter hacia la temperancia, hacia la capacidad de amar y sacrificarse, que le hará merecedor del trono que le corresponde. Chris Hemsworth parecía llamado para ese papel. El australiano cumplía las condiciones por su físico, físico que además trabajó duramente en el gimnasio durante cuatro meses en el intenso entrenamiento al que fue sometido, y su capacidad para interpretar la coreografía de sus peleas (inspiradas en Mike Tyson); pero también por su sentido del humor que le permite adaptarse a los momentos de comicidad que se producen cuando llega a la tierra y, sobre todo, porque sin dejar de ser un superhéroe todo el tiempo (no tiene identidad secreta) sabe mostrarse a la vez como un simple humano con sus sufrimientos y sentimientos. De hecho, Hensworth confiesa que prefería los momentos más intimistas y cotidianos, a los otros más heróicos: “Thor está llena de grandes momentos, con muchísima acción y pirotecnia, pero algunas de mis secuencias favoritas son entre Thor y Jane: conversaciones normales, cotidianas. Rodamos esas escenas en Nuevo México, con un hermoso fondo de montañas. Eso sí, tuvimos que espera a que la nieve se fundiera, pero creó un bello entorno. Esas fueron las escenas en las que aprovechamos toda la investigación del personaje, los libros sobre observar la existencia y encontrar la tuya. Y poder interpretarlo con Natalie… bueno, un sueño para mí”.
En ninguna historia de hazañas heroicas puede faltar la presencia del villano, aquí tenemos dos: Laufey ,el monarca de Jotunheim (el Reino del Hielo) interpretado por Colm Feore; supone la antítesis de Odín ,un gigante belicoso que asalta la tierra en su beneficio hasta que el máximo dios nórdico y sus ejércitos le derrotan. Laufey, sin embargo, parece cansado de la guerra aunque la paz también le resulte tediosa, así se vale de la traición de Loki pero en su enfrentamiento con Thor nos recuerda al replicante de Blade Runer, así al menos lo compone Feore. Como el resto de los personajes siendo un ser mitológico se nos aparece humano. El auténtico villano, el antagonista del héroe, es su hermano Loki que mantiene con él una intensa relación de amor-odio, Tom Hiddleston le da cuerpo; Branagh había trabajado previamente con él en la serie televisiva Wallander, conocía sus dotes interpretativas y por eso lo eligió, porque: . “Necesitábamos a alguien con muchísima versatilidad y una absoluta falta de temor a ser las muchas clases de personalidades diferentes en las que se convierte Loki. Tom también hace una pareja maravillosa con Chris. Ambos son grandotes, se sienten como hermanos, con el tipo apropiado de cualidades opuestas y complementarias”. Aunque el cómic y, en consecuencia, la película lo hayan convertido en el hermano reprobo del protagonista y explique su carácter por la rivalidad con él, sigue conservando algunos rasgos del dios del fuego de la mitología nórdica, como el Loki del mito, el del cómic-película domina el arte de embaucar con la palabra, un auténtico príncipe de la mentira. Hiddleston construye al personaje desde los celos y la ambición ocultos que le mueven, pero no olvida que también tiene virtudes puesto que, después de todo, lo que más anhela Loki es ser apreciado por su padre, ocupar en su corazón el lugar que parece exclusivo de su hermano. En él el ansia de poder se combina de forma peligrosa con el ansia de ser amado, por eso aunque no dude en traicionar a unos y otros nosotros, los espectadores, podemos sentirlo cercano: sus pasiones son idénticas a nuestros bajos instintos y, al igual que él, nos dejamos dominar por ellos sintiendo simultáneamente placer y dolor por haber caído. Hiddleston le da la réplica a Hemsworth componiendo entre ambos un ejemplo más dentro del tópico de los gemelos que representan el bien y el mal recíprocamente.
No es sólo el apartado artístico es el que le da colosalismo al film: el apartado técnico juega en la misma liga. Nada sería de Thor sin el vestuario, la dirección artística y los efectos especiales.
El vestuario tuvo en vilo a los aficionados, cada vez que se filtraba alguna información era comentada en foros de todo el mundo y la gran mayoría de ellos quedó satisfecha. La encargada de ese trabajo fue Alexandra Byrne, acostumbrada a la teatralidad del ropaje en las artes escénicas, para ella era fácil afrontar el desafío de lograr esa corporeidad y ese movimiento que son características de esos personajes míticos. La capa de Thor fue uno de los mayores retos de Byrne: sabía muy bien que no iba a pasar sin transición de dibujo a prenda completada. Mucho más que un elegante adorno, la capa define a Thor, junto con su casco con alas y su escudo. Para Byrne “La capa tenía que parece a la vez completamente creíble y sublimemente mágica. En los cómics, Kirby la utilizaba como un gran recurso gráfico para el movimiento, la tensión y el dramatismo. Así que nuestra capa necesitaba tener esa clase de expresividad. También tenía que enmarcar la forma y las proporciones de Chris cuando no está moviéndose, y luego henchirse, moverse y volar con él cuando está luchando. Es fácil conseguir que una capa haga todo eso en un dibujo, pero no es tan fácil con un trozo de tela”. Finalmente el tejido elegido fue una lana inglesa que fue teñido varias veces hasta dar con la tonalidad de rojo satisfactoria, luego se empezó a trabajar con ella hasta dar con la definitiva no sin antes haber descartado muchos modelos previos, “Teníamos un cementerio de capas que no gustaron”, bromeaba Byrne. Luego vino el traje. Con una construcción compleja a base de muchas capas de tela, cuero y armadura, el traje de ‘héroe’ de Thor resultante (el principal diseño para la mayoría de las escenas) era pesado y daba calor. Para Hensworth era una auténtica tortura rodar con él hasta que Byrne dio con la solución: el chaleco refrigerante que llevan los pilotos de coches de carreras, un chaleco con pequeños tubos por donde corre agua fría para refrigerarse. La confección del vestuario se inició un año antes de que Hemsworth entrara en el rodaje, la verdad es que ha valido la pena todo ese trabajo porque los resultados logrados son majestuosos como debe ser para el mundo mágico de Asgard.
El mundo de Asgard no es el único escenario del relato. La historia se desarrolla además en Jotunheim y en la tierra. Dos escenarios mitológicos y uno real. Para que la película resultara convincente, los tres espacios debían poderse equiparar, ser todos ellos verosímiles hasta tomar la misma carta de naturaleza que nuestro paisaje terrícola. Bo Welch estuvo al frente de la dirección artística y él es el artífice del prodigio: que la narración se desplace de un lugar a otro sin que se noten fisuras. Construyó en estudio los opuestos mundos de Asgard y Jotunheim, el primero está inspirado por las imágenes del universo que nos muestra el Hubble, mientras que la frialdad de Jotunhein toma el mundo marino como modelo. Si en el primero abundan los dorados y los colores cálidos, la tonalidad del segundo está pintada en azul y colores fríos, en uno todo es luminosidad que se refleja de los propios objetos obra de la fotografía de Haris Zambarloukos , el otro es un espacio brumoso que se consiguió con la ayuda de los efectos especiales de Dan Sudick . Escenario físico y efectos digitales se combinan a la perfección, no se abusó de los CGI para hacer predominante lo tangible, cosa que siempre arropa más el trabajo de los actores. Con todo el mundo advertido de que había que buscar lo creíble en lo fantástico, los actores se sintieron muy complacidos de poder basar su trabajo en sitios muy reales. Anthony Hopkins sacó mucha inspiración de la representación física de Asgard, y le pareció que los escenarios le infundían mucha verosimilitud a sus interpretaciones. Hopkins confiesa: “Los platós de Bo son impresionantes. Fui a echarles un vistazo mientras los construían y pensé: ‘Bueno, no voy a tener mucho que hacer, sólo dejarme barba, decir las frases, aparecer en escena, ponerme la armadura… y dejar que suceda”.
El paisaje terrestre elegido para entrar en consonancia con los dos representados fue Nuevo México. Para Branagh, la naturaleza del estado y su gente le añadieron una plus de atractivo a la película. Comentaba medio en broma: “Estamos en una parte del mundo donde la gente mira de verdad al cielo. Si eres de otro mundo, y te gustaría tener la posibilidad de que te den la bienvenida al llegar a la Tierra, es un buen sitio para aterrizar”. La épica del Western es lo que se perseguía, al principio incluso se pensó en ambientar la historia en 1850, si se abandonó la idea fue para lograr una mayor empatía con los espectadores. Se construyó un pueblo ficticio al que llamaron Puente Antiguo con la clara intención de reforzar la sensación de tránsito entre mundos. El resultado fue un escenario que recuerda la pintura de Edward Hopper. Welch quería sobre todo evocar algo de Asgard en Puente Antiguo. “El Observatorio de Heimdall es la entrada a Asgard, a través del Puente del Arco Iris, hasta un palacio central flanqueado por edificios, en Puente Antiguo, tenemos una calle que sale del desierto, flanqueada por edificios, y que conduce hasta una vieja tienda de coches usados. Smith Motors, de una forma un tanto extraña, recuerda la forma del palacio de Asgard… pero es mucho una versión mucho más modesta, y un poco desgarradora”.
En definitiva, el objetivo de armonizar esos tres escenarios tan dispares se cumple con creces, convirtiéndose así en la plataforma ideal para que director y actores dieran cuerpo al relato.
Para muchos Thor no será más que otro Blockbuster, otra película pensada para el consumo del público menos exigente, nosotros hemos visto algo más en ella. Para quien esto escribe Thor es un drama clásico, épico y colosal, como los antiguos peplums o como las mejores adaptaciones de Shakaspeare, salvo que puesto al día. Si Branahg afirmaba que el acierto de Marvel era haber descubierto el carácter humano del mito, su película tiene el mérito de extraer lo mítico que hay en el cómic. No en vano para muchos los cómics son los relatos mitológicos del presente.
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No nos importaría que se cumpliera el rumor de una segunda parte, de momento nos basta con saber que esta película forma parte de la exposición de los superhéroes que participarán en el máximo proyecto de Marvel, The Avengers, que llegará el año próximo (¡por fin!) a nuestras pantallas y ya ha empezado a promocionarse.
Mientras todavía nos relamemos en el buen sabor de boca que nos ha dejado Thor, vamos preparándonos ya para ese plato fuerte y disfrutamos con los avances lanzados.
Calamar ediciones edita James Whale, El padre de Frankenstein de Juan A. Pedrero Santos
El viernes 13 de enero de 1939 se estrenaba La sombra de Frankenstein (The Son of Frankenstein, 1939 Rowland V. Lee) en el Pantages Theatre junto a la comedia de RKO Next Time I Marry (1938, Garson Kanin) interpretada por Lucille Ball. Fue todo un acontecimiento que inició una nueva era del cine de terror tras los problemas ocasionados por la censura, principalmente en Inglaterra. Fueron años aciagos en los que tanto Karloff como Lugosi tuvieron que rebajar sus respectivos sueldos para poder subsistir. Karloff pudo reciclarse en diversos géneros, mientras que Lugosi conoció el desempleo y las privaciones. Pero a petición popular el cine de terror volvió a las pantallas tras el atronador éxito que cosechó un doble programa que reunía Drácula (Tod Browning) y Frankenstein (James Whale), dos viejas cintas Universal de 1931 que en el verano de 1938 un avispado empresario se animó a alquilar y programar conjuntamente, siendo un bombazo que llegó a proyectarse ininterrumpidamente durante 24 horas seguidas.
Universal vió que el filón volvía a ponerse en marcha, y tras ofrecer un nuevo contrato a Karloff (pero no a Lugosi), rodó un nuevo episodio de la más exitosa saga de los estudios, la protagonizada por la criatura del Dr. Frankenstein.
El día que se estrenó La sombra de Frankenstein, un personaje se dirigió a la taquilla presentándose como el director de El Doctor Frankenstein y La novia de Frankenstein: se trataba de James Whale, que en ese momento se encontraba rodando El hombre de la máscara de hierro (The Man in the Iron Mask) para la pequeña productora Edward Small Productions. El taquillero, en absoluto impresionado por el ilustre director, le invitó a ponerse al final de la cola y comprar su ticket si quería entrar.
Ignoro si finalmente entró en la sala, pero creo que de haberlo hecho la película no hubiera agradado a James Whale, ya que , a pesar de ser un film más que meritorio, no llega a la altura de las grandes películas que el defenestrado director rodó cuando era el niño mimado de unos estudios Universal regentados por los Laemmle, films de la categoría de Journey’s End (1931), El puente de Waterloo (Waterloo Bridge, 1931) , El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932), El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) o Magnolia (Show Boat, 1936).
Whale fue otro juguete roto y otra tragedia en el camino de Hollywood, cuya biografía y obra ya pudimos ver en dos libros muy diferentes editados en nuestro país: James Whale de James Curtis editado por la Filmoteca Española y el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 1989, y El padre de Frankenstein, de Christopher Bram editado por Anagrama diez años después.
Los dos son excelentes: el de James Curtis un detallado análisis a la obra del director repleta de magníficas imágenes y el segundo una novela que dió lugar al maravilloso film Dioses y monstruos (Gods and Monsters, 1998 Bill Condon).
Pero no es suficiente. Nunca es suficiente. Y a estas dos obras tenemos las suerte de poder sumar la escrita por Juan Andrés Pedrero Santos, un escritor nacido el mismo año que yo (1966) y aficionado al cine y a los comics (como yo). Pedrero ya tiene en su haber dos libros: Terror Cinema, publicado por Calamar Ediciones en 2008 y Johnny Weissmuller. Biografía, editado por T&B Editores en 2010 que contó con prólogo de Paul Naschy. También colabora con la revista “Scifiworld Magazine” y con las webs dedicadas al cine “Pasadizo.com” y “La abadía de Berzano”.
Ahora tenemos este James Whale, el padre de Frankenstein, un libro necesario editado también por Calamar Ediciones en el que tal y como indica su prologuista de lujo Guillermo del Toro: “encontraremos una puntillosa crónica y un inteligente análisis de la obra de un cineasta único. El ascenso y eventual olvido de Whale se narran con precisión y bien informadas opiniones. En esta crónica encontraremos los fortuitos accidentes que impidieron que Bela Lugosi hiciera el papel del monstruo, la metodología del volcánico y quimérico maquillador Jack Pierce, mago del colodión y el algodón; las castas crónicas de un Hollywood salvaje y descocado y todos los demás detalles que conforman el vía crucis de un hombre que creía tener el alma manchada de hollín, como un minero, y que creó una autobiografía imaginaria sin censura, sin medida y sin final«.
Estamos deseando echarle el diente a este libro y volver a pasear por la edad de oro de los estudios Universal siendo testigos del ascenso y caida de un director excepcional que legó obras que formarán para siempre parte de la historia del cine con mayúsculas.
JAMES WHALE, EL PADRE DE FRANKENSTEIN. Calamar Ediciones. 288 páginas profusamente ilustradas, 24 euros.
Y como somos unos fetichistas, ponemos unos cuantos programas de mano españoles de algunos de sus títulos más representativos:
Interesante libro sobre el descubrimiento del metraje «perdido» de Metrópolis.
Hace un tiempo os hablamos de los estupendos libros que se han editado en Argentina, y más concretamente de los lanzados por Fan Ediciones. Pues bien, su último libro es una muy interesante obra sobre el descubrimiento de la edición íntegra de la obra maestra de Fritz Lang, Metrópolis, hallazgo que hizo realidad la quimera de verla tal y como se estrenó en el lejano 10 de enero de 1927. Lo más interesante del libro es que está narrado por el mismo descubridor de este metraje «perdido», Fernando Martín Peña.
Este «Detective del celuloide», como acertadamente lo llama Kevin Brownlow en el prólogo de este libro—, realizó un descubrimiento considerado por muchos investigadores del cine como el de un verdadero «Santo Grial» cinéfilo: una copia de la versión completa del monumental film «Metrópolis», de Fritz Lang. La noticia se hizo mundialmente conocida en 2008, aunque Peña, para entonces, llevaba varias décadas tras la pista.
Como una cautivante novela policial «Metrópolis», el libro, nos lleva a recorrer la historia de esa cinta perdida desde su desembarco en los cines porteños de la década del ‘20 hasta el reestreno del film completo —posible sólo gracias al reciente hallazgo— en la edición 2010 del Festival de Berlín (que también pudimos disfrutar en Sitges 2010). Contada por su protagonista, el lector disfrutará en primera fila de una historia no exenta de curiosidades, humor y un toque de idiosincrasia bien criolla, como cuando hace su aparición un dúo de paradigmáticos «empleados públicos argentinos» para aguar la fiesta, un momento del relato sólo digerible gracias a la certeza de un —demorado— final feliz.
152 páginas. Pedidos a: http://www.fanediciones.com.ar/la_editorial.html
Fernando Martín Peña nació en Buenos Aires en 1968. Egresó en 1991 de la escuela de cine del Instituto Nacional de Cinematografía, donde se especializó en Investigación y Crítica. Docente y periodista, codirigió la revista Film. Con Octavio Fabiano fundó la Filmoteca Buenos Aires, entidad dedicada a la preservación y difusión del cine. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Gag: La comedia en el cine, René Mugica, Cine de súper acción (en colaboración con Diego Curubeto), El cine quema: Raymundo Gleyzer (en colaboración con Carlos Vallina) y El cine quema: Jorge Cedrón. Ideó y editó el libro Generaciones 60/90. Desde noviembre de 2004 hasta diciembre de 2007 fue director artístico del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI). Desde 2002 es responsable del área de cine del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Ideó y conduce, junto a Fabio Manes, el programa de TV Filmoteca – Temas de cine, emitido diariamente por Canal 7.
Continúa en DVD el ciclo «terrorífico» de Abbott y Costello
Atelier edita dos nuevos volúmenes de esta serie dedicada a las comedias que Abbott y Costello protagonizaron y que contaban con personajes que, pocos años antes, había popularizado la misma Universal para la que trabajaban los cómicos.
El primer volumen contenía dos títulos que en la época se estrenaron aquí: el primer acercamiento del dúo al cine fantástico, Agárrame ese fantasma (Holt that Ghost, 1941 Arthur Lubin) que contó con el atractivo de las Andrews Sisters en los números musicales y El fantasma huye (The Time of Their Lives, 1946 Charles Barton), otra comedia de fantasmas.
El menú mejoraba con la segunda entrega, ya que contiene el mejor título de estos cómicos: Bud Abbott y Lou Costello contra los fantasmas (Abbott y
Costello Meets Frankenstein, 1948 Charles Barton), uno de los films que más monsters freaks ha creado en todo el planeta, incluida España, ya que además de estrenarse en la época fue repuesta varias veces, siendo en una de estas reposiciones de los años setenta en las que el antiguo niño que esto les cuenta tuvo ocasión de verla numerosas veces, quedando enloquecido para siempre por sus queridos monstruos, cosa que no me extraña ya que cuenta con la presencia de Bela Lugosi, Lon Chaney Jr. y Glenn Strange, que sustituye al ausente Boris Karloff en el rol de monstruo de Frankenstein quedando más presentable que los anteriores experimentos que hizo Universal con Bela Lugosi y Lon Chaney Jr. Pero no teman, ya que el otro título que contiene este segundo volumen es Abbott y Costello contra el asesino (Abbott and Costello Meet the Killer Boris Karloff, 1949 Charles Barton), film menor pero estimable sobre todo por la presencia del mágico Karloff haciendo de mago hipnotizador de pega (de esos con turbante que también interpretó Lugosi).
Ahora Atelier 13 anuncia otros dos lanzamientos dobles:
El volumen 3 reune dos películas que, al igual que la de Karloff quedaron inéditas en nuestro pais: Abbott y Costello contra el hombre invisible (Abbott and Costello Meet the Invisible Man, 1951 Charles Lamont) y la descabellada Abbott y Costello van a Marte (Abbott and Costello Go to Mars, 1953 Charles Lamont) que contó con la intervención siempre agradable de Anita Ekberg.
Finalmente el cuarto DVD doble contiene las muy interesantes -y naturalmente inéditas- Abbott y Costello contra el Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Abbott and Costello Meet Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1953 Charles Lamont), que contó con Karloff en el p
apel de Dr. Jekyll, pero no como Hyde, que interpretó Eddie Parker con una máscara y Abbot y Costello contra la momia (Abbott and Costello Meet the Mummy, 1955 Charles Lamont).
Todos los DVD tienen trailers, filmografias y están en V.O. en inglés con subtítulos en castellano y francés. También incluyen el libreto al que nos tiene acostumbrados Atelier.
¿Qué queda por editar? pues ciñéndonos al fantástico yo diría que bien poco, si acaso se echa en falta el documental Meet the Monsters que se incluía en el cuarto pack americano The Best of Abbot and Costello y que tenía la curiosidad de contener tomas falsas de Abbott y Costello contra los fantasmas, incluídas bromas a Bela Lugosi que no se toma nada bien, por cierto. Y ya puesto a pedir: The 30 Foot Bride of Candy Rock (1959, Sidney Miller), comedia interpretada en solitario por Lou Costello el mismo año en el que falleció y que parodiaba Attack of the 50 Foot Woman (1958, Nathan Hertz), con novia gigante incluída para el gordo cómico.
Corominas vuelve a la Universal
Enrique Jiménez Corominas, historietista, pintor e ilustrador nacido en Valladolid en 1969, ha encaminado mayoritariamente su obra hacia la fantasía y el terror.
Teniendo como referencia a Corben y especialmente a Wrightson, en 1986 entra en el mundo del cómic cuando gana el premio Zona 84 y se pone a trabajar para Toutain, siendo Tragaldabas (1989) una de sus obras más conocidas de ese periodo y de lo poco salvable de la segunda etapa de Creepy.
También trabajó para Norma, publicando en Cimoc y para Francia (Dontar) y la americana Heavy Metal.
Posteriormente centra su obra en la ilustración, realizando portadas para comics de Forum (Kull, Hellraiser…) y libros editados por Gigamesh, Integral, Timum Mas y Minotauro.
Pronto publicará, si no lo ha hecho ya, una adaptación en comic para Ed. Maghen (Francia) de su novela favorita, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde.
En 1999/2000 realizó la serie de cuadros Classic Monsters, protagonizada en su mayor parte por personajes de la Universal. Doce obras que mostraban a nuestros héroes: Boris Karloff (Frankenstein, La novia de Frankenstein, La momia), Lugosi (Drácula), Lon Chaney (El fantasma de la ópera, El jorobado de Notre Dame y London After Midnight), Lon Chaney Jr. (El hombre lobo), Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein), Fredric March (El hombre y el monstruo) y King Kong. Una excepcional colección de la que, por milagros de la época, soy feliz propietario de tres de ellos ya que su anterior comprador se deshizo de ellos a un precio ventajoso e irresistible. Les aseguro que ahora ni por esas podría pero… ya les he dicho que eran otros tiempos.
Unos años después Corominas hizo otra admirable serie centrada en el cine expresionista alemán, pero ahora ha vuelto a la Universal con otra magnífica serie que les muestro aquí. Los cuadros están a la venta, así que si quieren darse un placer, pueden consultar en esta dirección: http://corominasart.blogspot.com/
¡¡¡Les aseguro que si pudiera no les dejaría ni uno!!!
Todos óleo sobre lienzo .Medidas 65×46 cms.
María Alba, la catalana que rodó con Bela Lugosi
Sí, él es Bela Lugosi, pero ¿y ella? pues ella es la barcelonesa María Alba y… ¿Qué diablos hace junto a Lugosi en esta foto promocional de The return de Chandu?
Pasen, lean y conozcan la historia de María Alba y de rebote la de como se explica que Chandú y su peor enemigo Roxor fuesen interpretados por Bela Lugosi ¿Desdoblamiento? ¿Magia? ¿Falta de presupuesto? ¿Burdo truco a la manera de Tu a Boston y yo a California o Marisol rumbo a Río?… ¡Nada de eso! (bueno, igual falta de presupuesto sí) pero, no sean tímidos y penetren en el oscuro y poco conocido mundo del Hollywood hispano, un mundo paralelo donde todo es posible: que Laurel y Hardy sean políglotas, que Drácula sea cordobés y hasta que una catalana co-protagonice un film junto a Bela Lugosi.
Pero… comencemos por el principio:
LOS INICIOS
María del Pilar Margarita Casajuana Martínez nace en Barcelona según unas fuentes el 28 de diciembre de 1905 y según otras el 19 de marzo de 1910. Tras cursar estudios primarios y trabajar de mecanógrafa prueba suerte en el mundo del cine presentándose en los rodajes que hay en su ciudad, no consiguiendo nada. Tras ganar en 1926 el premio de fotogenia promovido por la Fox y el diario El Día Gráfico, parte hacia Hollywood y firma un contrato con la Fox el 30 de mayo de 1927 que tendrá un año de vigencia. También ese mismo año una María Casajuana, anunciada como actriz y bailarina que bien podría ser nuestra protagonista, queda cuarta en el certamen de Miss Universo, edición que gana la representante de Estados Unidos, Miss New York.
Nuestra amiga comienza su andadura en la época del cine mudo como María Casajuana con la comedia Her Blue Black Eyes (1927, Eugene Border). Ya en su segundo film es dirigida por Howard Hawks en Un amor en cada puerto (A Girl in Every Port, 1928) donde interpreta un papel secundario, que según algunas bases de datos es el de Chiquita, y según muchas otras es el de “The girl from Buenos Aires”, pero de eso nada, en la película se la presenta como brasileña y su personaje tiene nombre y apellidos: María Buenjoya. El equívoco puede ser motivado a que en el Brasil fantástico ideado por Hollywood en el que todo vale mezclan indistintamente mexicanos con gauchos.
María comparte reparto junto a actores de la talla de la legendaria Louise Brooks, Victor McLaglen y Robert Armstrong. El film es seguido de Road House (1928, Richard Rosson) un melodrama que protagoniza junto a Lionel Barrymore y Jack Oakie que destaca por ser su primera película como protagonista y ya como María Alba en el papel de “Spanish Marla”.El siguiente es Blindfold (1928, Charles Klein), otro melodrama en el que ejerce de nuevo de protagonista hispana con el papel de Pepita, junto al entonce popular George O’Brien, histórico y tristemente olvidado actor que quedó inmortalizado por su interpretación en Amanecer (Sunrise, 1927) de Murnau y otros films históricos como Tres hombres malos (3 Bad Men, 1926) y El caballo de hierro (The Iron Horse,1924), dos de los primeros westerns de John Ford.
Con su siguiente trabajo, Joy Street (1929, Raymond Cannon), pasa a hacer papeles algo más secundarios, situación que se incrementa con su siguiente film, Santos del infierno (Hell’s Heroes,1929 William Wyler), su primera película hablada, rodada para Universal y en el que vuelve a interpretar a una hispana (Carmelita) como buena belleza morena y racial que era, lo que la encasillaba en el estereotipo, tal y como sigue pasando.
SPANISH HOLLYWOOD
Pero para María se acercaba una buena oportunidad. Con la eclosión del sonoro comenzaron los problemas en los mercados exteriores , ya que las películas eran estrenadas en el idioma original o suprimiendo el sonido, lo que no satisfacía a los espectadores, que ponian toda su buena voluntad acudiendo al cine a ver, por ejemplo, El Doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931 James Whale) en inglés o M, el vampiro de Düsseldorf (M, 1931 Fritz Lang) en alemán. El cine Coliseum de Barcelona, primera sala en España que contó con equipo sonoro, tuvo que conformarse cuando estrenó en septiembre de 1929 La canción de París (Innocents of Paris, 1929 Richard Wallace), con proyectarla muda y poner el sonido durante los números musicales de Maurice Chevalier. Así que los grandes estudios comienzan a producir filmes en distintas lenguas interpretados por actores autóctonos de cada país. Desde las poderosas Fox, Universal, Columbia, Metro-Goldwyn-Mayer, Paramount y Warner, hasta pequeñas productoras, todas se lanzan a realizar, no solo versiones de producciones americanas, que se rodaban a la vez o a continuación de la original aprovechando sus mismos decorados, sino también filmes dirigidos únicamente al mercado exterior, como pasó, por poner un ejemplo, con las películas de Carlos Gardel.
Los estudios vieron rápidamente la importancia del mercando hispano y pronto se llenaron de jóvenes aspirantes y renombrados actores provenientes de España y Sudamérica en busca de su oportunidad. También se importaron directores y escritores para adaptar los diálogos. Con todo ello, de paso, se eliminaba la competencia exterior.
Los primeros fims estrenados fueron cortometrajes musicales en su mayor parte, pero pronto se animó la actividad, llegando a ser febril de 1929 a 1935, decreciendo a partir de ahi y desapareciendo en 1939, dejando unos 175 títulos que han quedado casi totalmente olvidados y en muchos casos perdidos. Los únicos que han pasado a la historia son la versión hispana de Drácula (1931, George Melford), que muchos consideran superior a la americana y también las comedias de Laurel y Hardy, que rodaban películas en varios idiomas hablando ellos mismos como buenamente podían en castellano, alemán, francés e italiano, dándose la curiosa situación de que en muchos casos la versión hispana es mucho más larga y contiene gags más elaborados. Incluso Buster Keaton hizo y otros actores de la factoría Hal Roach, como Charley Chase interpretaron sus propias versiones hispanas de sus films americanos.
También la poderosa UFA alemana tomó nota y existen dobles versiones de algunos de sus títulos, como El Ángel Azul (Der Blaue Engel, 1930 Josef Von Sternberg) que tiene además de la versión alemana, una inglesa interpretada por los mismos protagonistas y La ópera de tres peniques (Die Dreigroschenoper, 1931 G. W. Pabst ) de la que, al igual que de El testamento del Dr. Mabuse (Das Testament des Dr. Mabuse, 1933 Fritz Lang), se realizaron, además de la original alemana, versiones francesas, aunque en este caso se tuvo que cambiar la mayor parte del reparto, y en el caso de la última incluso había un co-director
Uno de estos films rodados en Hollywood fue Charros, gauchos y manolas (1930), dirigido por Gene Walsh con Xavier Cugat como productor y director musical, un divertimento creado exclusivamente para el mercado hispano (aunque se planeó una versión americana cuya existencia no se ha podido confirmar) compuesto por diversos números musicales en el que colaboró un nutrido grupo de actores hispanos. Cugat la produce con la cooperativa Hollywood Spanish Pictures, una compañía que tuvo efímera vida con la que únicamente se rodó otro film, Un fotógrafo distraido, asunto corto que también contó con Xavier Cugat como productor y director.
Tras esta aventura, María se enroló en el rodaje de versiones hispanas de películas americanas, recuperando de paso con estos fims el papel de protagonista. Así ese mismo año rueda El cuerpo del delito (1930, Cyril Gardner / A. Washington Pezet) versión del film policiaco The Benson Murder Case (1930, Frank Tuttle), adaptado por el novelista y poeta Josep Carner, en cuya versión hispana predominaron claramente los actores españoles como Ramón Pereda, interpretando el papel que en la americana hacía William Powell y el por entonces popular Antonio Moreno, que llegó a protagonizar junto a Greta Garbo La tierra de todos (The Temptress, 1926 Fred Niblo) y el clásico Ello (It, 1927 Clarence G. Badger) junto a Clara Bow.
En el film también colaboraron, Carlos Villarías y Barry Norton, dos actores que pronto se embarcarían en el rodaje de la versión hispana de Drácula para la Universal.
Más rodajes: La fuerza del querer (1930, Ralph Ince), rodada al término de la versión americana, The Big Fight (Walter Lang), un drama con boxeo, gangsters ambientado en los bajos fondos rodada para Paramount, sello que poco después organizó cerca de París los estudios Joinville, que se dedicaron al rodaje de sus films hispanos, que así dejaron de rodarse en Hollywood.
Sigamos con más títulos: Olimpia / Si el emperador los supiera (1930) con dirección acreditada a Frank Davis, aunque los títulos de crédito no expresan el nombre de director y con Juan de Homs como director de diálogos. La película, una producción Metro Goldwyn-Mayer y versión de His Glorious Night (Lionel Barrymore, 1929), se rodó simultáneamente con las versiones en francés y en alemán, al igual que la siguiente, Los que danzan (1930, Alfredo del Diestro / William C. McGann), versión de Those Who Dance (1930, William Beaudine). La película contó con la colaboración de Pablo Álvarez Rubio, el Rendfield del Drácula hispano; Su última noche (1931, Carlos F. Borcosque y Chester M. Franklin), comedia realizada para la Metro en versión única a partir de la muda The Gay Deceiber (1926) junto a los prestigiosos actores Ernesto Vilches, Conchita Montenegro y Juan de Landa; El Código Penal (1931, Phil Rosen /Julio Villareal) para Columbia, de nuevo con Barry Norton y Carlos Villarías, un film que en su versión americana, The Criminal Code (1931, Howard Hawks) contó con la recordada actuación de un Boris Karloff pre-Frankenstein. También se realizó una versión francesa, , dirigida por Jack Forrester. Termino esta enumeración de rodajes con Camino del infierno / Del infierno al cielo (1931, Richard Harlan) , obra realizada para 20 thCentury Fox donde interpretaba el papel que Janet Gaynor encarnó en la versión original americana, The Man Who Came Back, que dirigió Raoul Walsh y que aquí se estrenó sin sonido.
Criminel
En febrero de 1931 se casa con David Todd, un ejecutivo de la Fox, con lo que su situación en América queda normalizada, aunque en 1937, un supuesto marido español de la actriz solicita el divorcio al tener noticia de ese segundo matrimonio de María Alba en Hollywood.
También es reclamada para hacer papeles secundarios en algunas producciones americanas como Nada más que un gigoló ( Just a Gigolo (1931, Jack Conway), para la Metro, con un papel que rechazó Conchita Montenegro. Si no hubiera ya bastante lío con que la actriz fuese anunciada en los carteles como María Casajuana, María Alba y María Alba Casajuana, en el programa de mano español, un inepto añadió de forma totalmente expontanea un nuevo nombre para la actriz, el de Irene Alba. También intervino en Goldie (1931, Benjamin Stoloff) junto a Spencer Tracy y Jean Harlow para la Fox, donde retorna de paso a los papeles de hispana encarnando el papel de Dolores.
Tras interpretar La ley del harem (1931, Lewis Seiler), versión única y musical de la muda Fazil (1928, Howard Hawks) y ser desplazada a un papel secundario, no vuelve a tomar parte en películas hispanas, centrando su trabajo en producciones americanas y obteniendo el que posiblemente sea su mayor éxito con El Robinson moderno (Mr. Robinson Crusoe, 1932 Edward Sutherland), comedia producida, escrita y protagonizada por un Douglas Fairbanks lejos de su época dorada que se rodó en escenarios naturales de Fiji, Samoa y Tahití.
A partir de ahí compagina papeles secundarios con protagónicos en todo tipo de producción, aunque alejándose de los grandes estudios: comedia en Hypnotized (1932, Mack Sennet); aventuras con Kiss of Araby (1933, Phil Rosen); misterio y fantasía con The Return of Chandu (1934, Ray Taylor); comedia de nuevo con Flirting with Danger (1934, Vin Moore) interpretando el personaje de Rosita, y ya con la Monogram, western con West of Pecos (1934, Phil Rosen), naturalmente incorporando a una mexicana con el nombre de Dolores.
En 1935 con la producción Monogram Great God Gold (Arthur Lubin), decide dar por finalizada su carrera.
Aunque en 1946 rodaría dos películas más en México: El hijo de nadie (Miguel Contreras Torres) y La Morena de mi copla (Fernando A. Rivero), siendo ella la protagonista absoluta de esta, su última película.
El 9 de julio de 1950 se casó con Richard J. Burk y tuvo 3 hijos.
Y finalmente la actriz falleció de Alzheimer el 26 de octubre de 1999 en San Diego (California).
Pero les prometí hablar de…
CHANDU
Chandú el mago nace en 1931 en forma de programa radiofónico. Sobrevivió hasta 1936 e incluso volvió a las ondas durante dos años más en 1948. Al año siguiente de su estreno Fox adquiere los derechos para rodar un largometraje, Chandú, Fantasía Oriental (Chandu the Magician, 1932 Marcel Varnell y William Cameron Menzies). La película cuenta con Edmund Lowe interpretando el papel del mago, rol que sin duda obtiene tras su éxito en The Spider (1931) film también codigido por Cameron Menzies donde hacía de Chartrand, un personaje similar. Chandú tuvo como antagonista a Roxor, encarnación también del personaje radiofónico e interpretado por Bela Lugosi, que tuvo que acomodarse un turbante, como también haría en otros films como Night of Terror (1933, Benjamin Stoloff) y El castillo de los misterios (You’ll Find Out, 1940 David Butler).
El rodaje se prolonga durante tres meses y se estrena ese mismo año.
Lugosi, que un año antes había tenido su primer éxito con Dracula (1931, Tod Browning) y acababa de interpretar dos míticos films como son El doble asesinato de la calle Morgue (Murders in the Rue Morgue, 1932 Robert Florey) y Zombie, La legión de los hombres sin alma (White Zombie, 1932 Victor Halperin), acepta este film menor en un intento de cambiar de registro alejándose del cine de terror, aunque eso sí, interpretando a un villano que pretende apoderarse del rayo de la muerte para (por supuesto) dominar el mundo, pero que contará con la oposición de Chandú, que de paso conquistará a la princesa Nadji de Egipto.
El film fue co-dirigido por William Cameron Menzies, responsable del diseño de producción de, por ejemplo, El ladrón de Bagdad (The Thief of Bagdad, 1924 Raoul Walsh) y Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939 Victor Fleming) y también dirección de, entre otras, La vida futura (Things to Come,1936) e Invaders from Mars (1953).
La obra es pura fantasía oriental de aventuras con elementos pulp, y a pesar de que Roxor aparentemente no muere al final, circunstancia que podía aventurar una secuela, Fox no retomó el personaje.
El film alcanzó cierta popularidad, como atestigua que Radio Pictures realizara el corto cómico, Sham Poo the Magician. También este primer Chandú se estrenó aquí en la época, cosa que no consiguió la segunda encarnación del personaje que pasamos a revisar.
En 1934 el productor independiente Sol Lesser obtiene los derechos del personaje y rueda en tres semanas The Return of Chandú, un serial de 12 episodios en el que Lugosi también interviene, aunque en esta ocasión, quien sabe si por arte de magia (juo,juo…) interpreta el papel de Chandú, dándose la paradoja de que si en el primer film con Lugosi como Roxor secuestra a la princesa Nadji, en este como galán acaba conquistándola. Cosas del cine, por otra parte nada raras, si no vean lo que pasó con Terminator.
Cuando se embarca en The Return of Chandú, Bela Lugosi acababa de rodar junto a su competidor Boris Karloff, Satanás (The Black Cat, 1934 Edgar G. Ulmer) para Universal, así que tras arañar la gloria de nuevo, pone los pies en un pequeño estudio para rodar su segundo serial -el primero fue The Whispering Shadow (1933 Al Herman y Cobert Clark).
La película nos cuenta la lucha del místico mago Chandú contra una bizarra secta gatuna ubicada en la isla de Lemuria. Los Lemurianos necesitan un sacrificio para resucitar a su diosa Ossana y naturalmente escogen al interés romántico del mago: la princesa Nadji de Egipto (nuestra María Alba). Naturalmente Chandú lo desbaratará todo, perdiendo incluso sus poderes por medio.
En la película Lugosi está en su salsa, y como el personaje también tiene poderes hipnóticos, no duda en utilizar todos sus recursos interpretativos, ya saben, la manita en actitud hipnótica, la mirada y su “rest, rest” que tanto nos gusta.
El productor, para dar algo de consistencia al producto, alquiló a RKO unos muy reconocibles decorados de King Kong (1933, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack) y El hijo de Kong (The Son of Kong, 1933 Ernest B. Schoedsack) . Así la puerta que retenía a nuestro gorila favorito se convierte por arte de birlibirloque en el templo de Lemuria, mientras que el puerto de Dakang de El hijo de Kong es ahora la ciudad de Suva. También contó con escenarios de Rey de reyes (King of Kings, 1927 Cecil B. DeMille).
Durante el rodaje Lugosi intervino además en El don de la labia (Gift of Gab, 1934, Karl Freund), donde al igual que Karloff, hace una breve aparición especial.
Del serial se hicieron dos montajes para lanzarlos como largometraje. El primero de 76 minutos, The Return of Chandu (1934, Ray Taylor), condensaba los cinco primeros episodios, mientras que el segundo, Chandu on the Magic Island (1935, Ray Taylor), resumía los siete restantes en 67 minutos.
Lugosi, además de los dos seriales nombrados, colaboraría en otros tres: Shadows of Chinatown (1936) de 15 episodios de 20 minutos; The Phantom Creeps (1939) de 12 episodios de 21 minutos y S.O.S Coastguard (1937) de 12 episodios de 20 minutos. De todos ellos se hizo el correspondiente largo.
CHANDU THE MAGICIAN (Chandú, fantasía oriental, 1932 Marcel Varnel y William Cameron Menzies)
Edmund Lowe (Dr. Frank Chandler / Chandú), Irene Ware (Princesa Nadji), Bela lugosi (Roxor), Herbert Mundin (Albert Miggles), Henry B. Walthall (Robert Regent(, Weldon Heyburn (Abdulah), June Lang (June Vlasek), Michael Stuart (Nestor Aber), Virginia Hammond (Dorothy Regent), Nigel De Brulier (maestro Yogi), Charles Stevens (Ali), Dick Sutherland (Henchman).
THE RETURN OF CHANDU (1934, Ray Taylor
Reparto: Bela Lugosi (Dr. Frank Chandler/Chandú el Mago), María Alba (Princesa Nadi), Clara Quimba Yong, Lucien Prival, Phyllis Ludwig, Dean Benton, Bryant Washburn, Peggy Montgomery, Wilfred Lucas, Cyril Armbrister, Elias Lazaroff, Dick Botiller, Murdock McQuarrie, Jack Clark y Joseph Swickard.
Este artículo no habría sido posible sin dos libros imprescindibles sobre el desconocido cine realizado en Estados Unidos por actores españoles entre 1929 y 1939: Cita en Hollywood (Juan B. Heinink y Robert G. Dickson) y Los que pasaron por Hollywood (Florentino Hernández Girbal y Juan B. Heinink ).
Y grácias reiteradas a Juan B. Heinink por las correcciones aportadas a este artículo, producto de investigaciones del autor posteriores a la publicación de Cita en Hollywood. Es todo un privilegio contar con su colaboración
Más allá de la vida, un Eastwood más allá de la muerte
Harry Callahan sigue siendo el pistolero solitario que vaga por el Far West por un puñado de dólares, con aire de duro en su semblante, pero cargando arrobas de ternura en su corazón negro de cazador blanco. Y la ternura se le escapa cada vez más por las comisuras de ese rictus de dureza que sigue manteniendo en sus labios. Anda a la búsqueda del sucesor que merezca el legado del Gran Torino que es su cine, porque sabe que la Parca ya no va a tardar mucho en llevarle más allá de la vida. Y en Hereafter (esta vez no se quejen de mis spoilers que ya quien le ha puesto el título en español les ha dado el principal) medita sobre la muerte para alentarnos a seguir viviendo de aquí en adelante hacia el futuro, aunque no tengamos todas las respuestas.
Los cuatro ojos simétricos a los míos me espetaron tras la proyección: «A mí me ha gustado, pero tú te la cargarías si no fuera de Clint Eastwood». Mi otra cabeza presume de no dejarse influir, de opinar siempre desde la propia vivencia interior al margen de los criterios de otros, y, a veces, piensa que esta cabeza fría que dicta ahora las palabras a las manos está tejida sólo con datos librescos y adquiridos. No negaré mi perplejidad y la falta de rapidez en la respuesta. No respondí, de hecho. Sólo después caí en que la cosa es que sí es una película de Clint Eastwood, de su autoría nos vendrá o no una obra maestra, que no me olvido de que también dirigió Los Puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995), pero, sea lo que sea lo que nos ofrezca, el placer está garantizado de entrada.
Y es que Eastwood domina a la perfección el arte de narrar con imágenes. Leía en alguna parte que no es que haga cine clásico sino que rueda películas actuales del modo en que lo habrían hecho los grandes clásicos de la época dorada; no puedo estar más de acuerdo. Más allá de lo que venga a contarnos, quedaremos satisfechos por el enorme alivio que es gozar de esos planos impolutos, de esa cámara serena que se desliza por el encuadre con la sutilidad de una bailarina de ballet, nada de tomarla en mano así porque sí, ni ningún otro desvarío de aquellos que cometen quienes quieren ser a toda costa modernos (y, no, no tengo nada contra de lo novedoso, es más saturación que otra cosa). Sabemos que se va a jugar con toda la profundidad de campo; que ningún detalle captado será superfluo y que esa precisión hará innecesario que las escenas se prolonguen más de la cuenta; sabemos también que habrán elipsis dirigidas directamente a nuestra inteligencia para hacernos cómplices de la trama; que la grúa y los travellings serán firmes y elegantes, esa cuestión moral de la que hablaba Godard; en definitiva, sabemos que vamos a ver una película y no un experimento con gaseosa. Que una película sea de Eastwood es sinónimo de que va a estar bien dirigida, que la historia la va a contar la cámara y no el guión, igual que será la cámara la que construirá los personajes acompañada por una excelente dirección de actores (hasta los enemigos de Matt Damon se quedarán sin palabras para criticarle en esta ocasión). Todo esto lo sé antes de entrar en el cine y por eso, pese a toda mi frialdad racional, no voy a poder emitir un juicio absolutamente objetivo, porque aunque la película no llegará a convencerme, siempre habré pasado un buen rato.
Todos estos aprioris se cumplen perfectamente en Más allá de la vida, robándole las palabras a Quim Crusellas (Nits de Cinema Oriental): donde otros habrían perpetrado un telefilm infumable, Eastwood nos pare un peliculón. Uno de esos de toda la vida, happy end incluido.
Hereafter es el título original de la película, pero también es el título de la novela que presenta Marie Lelay (Cecile de France) en Londres. Con su peripecia se inicia el film. Tras unos breves créditos iniciales, Eastwood nos sumerge en el paraíso de sol y aguas cristalinas que pueden ver desde la habitación de su hotel la célebre periodista Marie Lelay y su amante, el realizador televisivo Didier. Es diciembre de 2004 y estamos en el sur de Asía. Todo le sonríe a Marie, se siente en la cresta de la ola de su éxito profesional y sentimental, pero el mar va a abatirse sobre ella dando un giro de 180º a su vida. Más allá de la vida arranca emulando las películas de catástrofes con una maestría que ya quisiera Roland Emmerich para sí: la secuencia del tsunami es de un realismo aterrador. Pero es en medio de ese verismo donde se inicia lo fantástico, cuando Marie es engullida y sus pulmones se llenan de agua entramos en un limbo azulado de luces y sombras en el que la periodista ve a otras personas en su misma situación. Rescatada de las aguas, vuelve a la vida cuando ya había sido dada por muerta. La experiencia de la muerte marcará en adelante su vida. Como esa misma experiencia, vivida desde otros ángulos, marca la existencia de los protagonistas de los otros dos relatos que se entretejen en esta película de acciones paralelas. Por un lado tenemos en San Francisco a George Lonegan (Matt Damon), un psíquico (llámenlo medium si lo prefieren) amante de Dickens
y hastiado de su habilidad, que los demás consideran un don, pero que el siente como una maldición de la que quiere librarse. Y por otro lado, en Londres, tenemos a Marcus (Frankie McLaren), hijo de una heroinómana vigilada por los servicios sociales, y hermano gemelo de Jason (George McLaren) quien se considera el mayor por haber nacido once minutos antes; cuando Jason muera en un accidente, Marcus sentirá en su carne el miedo a la muerte y la inmensa soledad de haber perdido a su hermano, protector y álter ego. Desde ese momento lo único que le impulsa es saber que ocurre tras la muerte, dónde está su hermano, poder hablar con él. Y buscará las respuestas en Internet de la mano de nuestro amigo Google.
No pude evitar pensar en González Iñárritu mientras veía este relato de vidas cruzadas. Concretamente en el González Iñárritu de Babel (2006). Ambas son películas de episodios que se entrelazan por el azar y una problemática común (allí el tema es la comunicación), pero cada director opta por un modo distinto de narrar el entretejido de la trama. El mexicano acude a la desecuenciación temporal para ir desgranando la trabazón de unas historias que han sido unidas ya de entrada por el azar. Eastwood, en cambio, recurre a un tiempo lineal, y será él quien vaya estableciendo el azar (cual si fuera un demiurgo) que acabará uniendo tres historias, que no guardaban relación, en el transcurso de un año. Si Iñárritu (y Guillermo Arriaga, por supuesto) se decanta por una estructura vanguardista, Eastwood (de la mano de Peter Morgan) escoge aquella otra más convencional que ya había consagrado la narrativa clásica del cine desde sus primeras manifestaciones. Y quien escribe esto no elige entre un planteamiento u otro, me quedo con ambos, porque los dos autores se han inclinado por el modo que mejor convenía al estilo personal y al tono que querían darle a la película, ambos hacen lo adecuado.
En Más allá de la vida las casualidades están construidas a posteriori, pero no resultan forzadas, porque no hay un sólo plano gratuito, ni ningún elemento en el encuadre que no tenga una razón de ser para estar allí. Si algo define el tránsito de un personaje a otro, de un episodio a otro, es la elegancia. La cámara de Eastwood se desliza por el paisaje urbano que envuelve a cada uno para moverse de un país a otro, de un continente a otro, de una intriga a otra, sin necesidad de rótulos que habría utilizado un director menos experto. Los personajes no comparten escenario pero Eastwood consigue que no se fragmente y nos saque de la historia, los vamos acompañando en su viaje mientras avanza su anécdota vital aproximándose cada vez más uno a otro. Si sus inquietudes son cada vez más comunes a lo largo de un tiempo compartido en la distancia, es lógico que acaben confluyendo personajes e historias en un mismo espacio. Es previsible, el espectador se limita a preguntarse cómo, cuándo, dónde y por qué, los va a reunir. Pero poco importa que se vea venir, leerán ustedes estos días que Eastwood ha filmado un drama sobrenatural al estilo del El sexto sentido (The Sixth Sense,1999, M. Night Shyamalan), pero les estarán mintiendo. En ningún momento nuestro director se ha propuesto introducir una vuelta de tuerca, no nos quiere sorprender con un final inesperado, porque lo que pretende que nos asombre es descubrir que se puede vivir con plenitud sin ignorar la muerte. Es más, nos está diciendo que sólo mirando la verdad de la muerte podremos vivir con valentía y gozar del amor que nos hace suave el camino.
Peter Morgan no es creyente, pero la muerte repentina de un amigo le hizo necesitar escribir este guión; Clint Eastwood no sabe si hay un más allá, pero sabe que en el más acá la gente necesita esperanzas. Ambos creen que hay demasiado tabú al hablar de la muerte. Con ese mismo sentimiento componen a Marie Delay. Ella es una periodista política de éxito, es conocida por su hacer crítico e incisivo, lidera un programa de máxima audiencia y nunca ha tenido miedo de cubrir los sucesos en el lugar de los hechos. Pero todo eso cambia cuando vive la experiencia de estar al borde de la muerte. Es una vivencia demasiado intensa como para que su rutina no se vea interferida.
Su perspectiva de la vida cambia y quienes la rodean la fuerzan a que se tome un respiro. Es la hora de dedicarse a ese libro, siempre pospuesto, que desvelará el lado oscuro de Miterrand. Sin embargo, su inquietud ya no es la misma, las preguntas que se hace son muy otras. Decide investigar sobre el después de la muerte desde las circunstancias vividas y desde los datos que ha podido arrojar la ciencia médica: hace falta que alguien reputado dé su testimonio para sacar a la luz lo que más preferimos ocultar. Quienes creían en ella le dan la espalda, poco a poco va quedando relegada a un segundo plano de lo que ella misma había sido (esos flases en la profundidad de campo que nos van dando el indicio de cómo le van arrebatando su trabajo, su prestigio, el corazón del hombre al que ama). La ola la ha arrastrado a un fondo más profundo del que creía, pero pese al dolor por la pérdida no dejará de seguir adelante, porque lo que está buscando es más importante que lo que ha perdido. Quizás lo que la había rodeado hasta entonces era sólo vanidad, quizás triunfar era otra cosa y quizás su fracaso sea la victoria de reconocerse a sí misma.
Porque Más allá de la vida no es sólo un drama fantástico, no sólo hace que nos preguntemos por el después de la vida, sino que sobre todo nos hace preguntarnos por el aquí y ahora. Es una reflexión sobre quién es triunfador, quién un fracasado, quién es un modelo a imitar, quién no es más que un inadaptado al que marginar.
George Lonegan se define en un momento del film como freak (aprovecho para exhortarles a que vean la película en su versión original), porque así se siente: como un monstruo de feria que todos quieren observar pero a quien nadie deja vivir con normalidad. Una enfermedad en las meninges padecida en su infancia está detrás de las visiones que le asaltan desde la adolescencia (que no se preocupen los escépticos que la película da suficientes argumentos como para sostener que lo paranormal no es más que una deformación de la mente). Visiones que le llevaron a la fama cuando ejerció de medium, (tuvo consulta, página web y hasta se escribió un libro sobre él), pero lo dejó todo para intentar tener una vida normal. Ante la incomprensión de su hermano, trabaja de obrero en los muelles y vive aislado, aunque hace todo lo posible por salir de su soledad, incluso apuntarse a un curso de cocina (que tire la primera piedra aquel que no se haya apuntado nunca a un cursillo de centro cívico o similar con tal de conocer gente) que sólo servirá para comprobar de nuevo que su virtud es una maldición que le impide establecer relaciones normales. Así se muestra en el sugerente miniepisodio que vive con Bryce Dallas Howard interpretando a Melanie, una bella compañera de curso que esconde traumas en su pasado. La historia de George está sumida en la melancolía, una melancolía que remarca ese solo de guitarra que es el tema musical asociado a él (Eastwood es quien firma una banda sonora compuesta para ahondar en el lirismo nostálgico que recorre el film). Se siente condenado a estar solo, como solo come en su cocina (nuevamente la delicadeza de Eastwood para construir todo un universo de sentimientos con un único encuadre y un único movimiento de cámara); es en ese recogimiento donde toma conciencia de que quienes le conocen sólo se acercarán a él por interés, incluido su propio hermano. Así decide irse, poner un océano de por medio, en busca de sí mismo y de aquello que pueda llenar sus vacíos.
El destino elegido por George será Londres, un Londres que se recupera de los atentados del 7J . Y en la ciudad del Támesis verá cumplidos sus deseos. Me permito hacer un alto aquí para introducir un inciso y preguntarme qué película vio el crítico de La Vanguardia. Sin duda no la misma que yo, pues si hubiera sido así no podría no haber comprendido el motivo de incluir el atentado del metro Londinense en la trama. Hablaba yo más arriba de los recursos utilizados por Eastwood para entrelazar los espacios escénicos, para secuenciar el tiempo de acción también recurre a lo sutil. Nada de rótulos que habrían introducido un efecto de suspense que en ningún momento se persigue en la película, acude a la inteligencia del espectador, más concretamente a su memoria haciendo coincidir los momentos de mayor intensidad con acontecimientos y eventos que el propio público puede situar en el tiempo. Así pues, durante las poco más de dos horas de proyección, sabemos que transcurre algo más de un año en la vida de los personajes sin necesidad de que nos sea dicho (aunque se deja caer en un momento de los diálogos por si hubiera algún que otro pulpo despistado), puesto que vemos como la acción arranca con el tsunami que asoló los países índicos en diciembre de 2004, continúa desplegándose en julio de 2005, fecha de los atentados londinenses, y concluye durante la feria del libro de Londres (The book fair of London) que suele celebrarse en el mes de abril. Pautar el tiempo es uno de los motivos para incluir sucesos tan conocidos, pero también son escogidos para arropar los momentos climáticos del film. Funcionan como intensificadores de la tensión dramática, a la vez que nos hacen observar con nuestros propios ojos cuán efímero es el bienestar (en este sentido es espectacular el arranque del tsunami). Nos hacen ver como en pocos segundos podemos atravesar la delgada línea que separa la vida de la muerte y consigue que nos alegremos de que tanto los personajes como nosotros mismos sigamos estando en este lado de esa línea.
Eastwood ha afirmado que esta es su película más francesa en alusión a que es la más intimista, sin embargo, el espectador, pese a la monumental presencia de Cecile de France, siente que ese intimismo, que esa investigación del yo que se lleva a cabo en la película, está más próximo a las brumas del realismo londinense que al onirismo de los surrealistas franceses. Al fin y al cabo el desenlace tendrá lugar en Londres y George Lonegan ha ido a esa ciudad siguiendo las huellas de su admirado Dickens. Interrogado Peter Morgan sobre por qué había elegido al autor de Grandes esperanzas, señaló que no tenía un motivo definido, que simplemente le pareció que servía para decir mucho sobre el personaje de Matt Damon sin recurrir a la descripción, mostrándolo en relación al escritor. Ese sería el motivo (definir al personaje y su temperamento) por el que George Lonegan se duerme todos los días escuchando un capítulo de David Coperfield en la voz de Derek Jacobi, en un audiolibro que probablemente es ficticio (al menos eso he de concluir después de investigar sobre ello); tiene colgado un retrato de Dickens en su sala; lo primero que visita es el 48 de Doughty Street, la casa en la que vivió (y murió) el autor británico; y acude a la Book Fair atraído por un cartel que anuncia la lectura de La pequeña Dorrit por el propio Jacobi (que aparece en la película interpretándose a sí mismo). Sin embargo, muchas veces los relatos se independizan de su autor y sobrepasan las pretensiones de éste: la presencia de Dickens no le va a resultar anecdótica al espectador. Todo lo contrario el espíritu de Dickens, quien formó parte del The Ghost Club interesado como estaba por los fenómenos paranormales y la comunicación con los muertos (ya ven que Morgan ha tropezado con una auténtica serendipia), está muy presente en la atmósfera de la película, especialmente en el episodio de Marcus que es un auténtico cuento dickensiano del siglo XXI.
Efectivamente, la historia de los dos gemelos recuerda a los relatos de huérfanos de Charles Dickens, incluso el tratamiento del color y su forma de vestir nos remonta al Londres victoriano desde que nos los presenta en casa de un fotógrafo. Esa secuencia sola sirve para caracterizar a los dos hermanos, Jason, el mayor por once minutos, es locuaz, avispado y es el dominante, Marcus en cambio es introvertido, casi desvalido, se deja proteger por su hermano del que es un auténtico vasallo. Los gemelos McLaren debutan con esta actuación (cuántos quisieran entrar en el cine de la mano de un grande como Eastwood) y fueron interpretando a uno u otro de los gemelos de ficción según cuál de ellos dos diera el mejor registro de la escena. En su historia se dan la mano el tono picaresco (toda la estratagema para engañar a los representantes de los servicios sociales) y la mayor carga dramática del film con la muerte por atropello de Jason (una secuencia montada con un ritmo de vértigo que nos hace sentir tan en directo la muerte del pequeño como lo hace el hermano de Jason y con la misma sensación de impotencia). Marcus queda sólo y separado de sus seres más queridos justo cuando parecía que su madre heroinómana se iba a desintoxicar e iban a ser por fin una familia normal. Marcus ha perdido su reflejo, aquel que le daba fuerza y vagará en su búsqueda. De todos los protagonistas, Marcus es el más herido por la muerte real, perder a su gemelo le aboca doblemente a ella, porque su hermano ha dejado de estar entre los vivos y porque siendo su igual él también ha muerto un poco pero sin saber a dónde ha ido a parar la mitad de su alma. Este episodio es el que más fácilmente se habría convertido en sensiblero y lacrimógeno de no haber estado detrás la mano de Clint Eastwood. Y es que toda la amargura y el quebranto que deja la muerte de Jason en Marcus ( y que tan bien recoge el tema musical que la refleja en el que los violines parece llorar mientras el piano pone las notas hondas del dolor), está entrelazada con enormes dosis de humor e ironía. Ese ir de psíquico en psíquico en busca del contacto con el más allá tiene más de comedia que de drama, y los pequeños McLaren (sólo tienen doce años) bordan una actuación repleta de leves matices de expresión como si en ellos anidara ya toda la experiencia interpretativa de un Viggo Mortensen.
Las imágenes de rodaje que muestran al viejo Clint junto a los pequeños McLaren hacen recordar la relación que tenía aquel con su joven vecino chino en Gran Torino. Cuando acabé de ver el Eastwood del 2008 salí del cine lanzando vivas porque Eastwood lo había logrado: ya era tan grande como Ford, pues este no hubiera dudado en firmar aquella película. No reaccioné así tras la proyección de Más allá de la vida, supe que no estaba ante su mejor película, pero salí feliz como cuando en mi infancia vi en la pantalla grande Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977, Steven Spielberg). Esta cabeza racional que escribe no dejará de ser agnóstica por mucho que la cabeza emotiva se declare creyente, pero me gustan los cuentos y esa suspensión trágica del «y si…». Más allá de la vida es un canto de esperanza y un empujón hacia el carpe diem aunque las esperanzas no llegasen a ser reales. Un cuento con final feliz cuyos personajes nos siguen acompañando cuando ya han terminado los créditos. Sabemos que se nos aparecerán cuando nos sintamos inmortales por aceptar la mortalidad y nos rodearán en esos momentos de ensoñación como a Dickens le envolvían sus personajes durante el sueño.
No es la película de Eastwood que más me gusta, pero sé de cierto que es la que más le habría gustado a mi padre, aunque fuera sólo por eso ya la habría puesto entre mis favoritas.
L´Atelier lanza la Colección El Doctor Terror Boris Karloff
De nuevo Atelier lanza un más que interesante DVD al mercado, en esta ocasión un imprescindible pack dedicado al gran Boris Karloff que reune ocho títulos (¡¡Dos de ellos con Bela Lugosi!!), entre los que destaca especialmente El Poder Invisible (The Invisible Ray, 1936 Lambert Hillyer), último gran trabajo conjunto de Karloff y Lugosi en Universal y Black Friday (1940, Arthur Lubin) con guión de Curt Siodmak, escritor de guiones míticos como el de El hombre lobo (The Wolf Man, 1941 George Waggner), Frankenstein Meet the Wolf Man (1943, Roy William Neill) y muchísimos más de esos films que tantísimas veces hemos visto y que nunca nos casaremos de volver a ver. También cuenta la película con Lugosi, aunque no coincide con Karloff en ningún plano. El film se promocionó en la época publicando que Lugosi fue hipnotizado para hacer más realista la escena de su muerte, mostrando incluso imágenes del supuesto trance hipnótico en el trailer.
El resto de títulos del pack no son en absoluto despreciables y mantienen el nexo común de estar protagonizados por Boris Karloff en el papel de científico loco, rol con el que también compitió su «amigo» Lugosi en incontables films de Poverty Row. El pack forma parte de la nueva colección Vintage Serie e incluye un libreto de 56 páginas. Se estima que el pack de 4 DVD costará unos 40 euros y estará a la venta este mismo mes.
Las películas de la colección son:
THE INVISIBLE RAY (EL PODER INVISIBLE, 1936): Karloff descubre un nuevo elemento químico, el Radio X. Bela Lugosi le encontrará grandes aplicaciones curativas, pero Karloff, contaminado por las radiaciones, querrá vengarse. 80 min.
THE MAN THEY COULD NOT HANG (LA HORCA FATAL, 1939): Karloff ha creado un corazón artificial, pero acusado de asesinato es ahorcado. Devuelto a la vida por su asistente, querrá vengarse de los que lo enviaron a la horca. 64 min.
BLACK FRIDAY (VIERNES 13, 1940): Karloff le trasplanta a un amigo moribundo parte del cerebro de un gángster que tiene escondido medio millón de dólares, un dinero que el malvado Bela Lugosi quiere recuperar al coste que fuera. 70 min.
THE MAN WITH NINE LIVES (LA ISLA DE LOS RESUCITADOS, 1940): Un joven científico se lanza a la búsqueda de Karloff, impulsor de una terapia revolucionaria por congelación y desaparecido misteriosamente diez años atrás. 74 min.
BEFORE I HANG (EL MAGO DE LA MUERTE, 1940): Karloff busca revertir los efectos del envejecimiento. Condenado a la horca por eutanasia, se inyecta en prisión la sangre de un asesino con consecuencias desastrosas. 62 min.
THE DEVIL COMMANDS (MÁS ALLÁ DE LA TUMBA, 1941): Después de la muerte de su mujer, Karloff utiliza un aparato de su creación para intentar entrar en comunicación con ella, bajo la fuerte influencia de una siniestra médium. 64 min.
THE BOOGIE MAN WILL GET YOU (¡QUE VIENE EL OGRO!, 1942): En el sótano de su casa transformada en hotel, Karloff intenta, junto a Peter Lorre, crear superhombres, utilizando como cobayas a vendedores ambulantes y clientes del lugar. 66 min.
FRANKENSTEIN 1970 (EL CASTILLO DE FRANKENSTEIN, 1958): Karloff, descendiente del famoso Dr. Frankenstein, alquila su castillo a un equipo de televisión con el fin de financiar la compra de un reactor atómico necesario a la creación de un nuevo monstruo. 83 min.

Gloria Stuart (1910-2010):Retorno al Caserón de las Sombras
Hoy martes 28 informa la revista Variety que la actriz Gloria Stuart falleció el domingo, poco después de haber cumplido los 100 años (el 4 de julio). La adorable actriz, conocida por la gente «de a pié» como la «vieja de Titanic» fue mucho más, como todos los fans de cine de terror sabe de sobra, ya que nos deleitó con su presencia en algunos de los clásicos de la Universal, siendo dirigida por James Whale en El Caserón de las Sombras (The Old Dark House, 1932) y El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) y El beso ante el espejo (The Kiss Before the Mirror, 1933).
Pero Gloria Stuart hizo mucho más: inició su carrera a los 22 años con Street of Women (1932, Archie Mayo) y su carrera se prolongó durante 46 películas más antes de su retiro en 1946, para dedicarse a su familia y a su otra pasión, la pintura. Entre los títulos que interpretó: Secret of the Blue Room (1933, Kurt Neumann) junto a Lionel Atwill; Escándalos romanos (Roman Scandals, 1933 Frank Tuttle) y Vampiresas 1935 (Gold Diggers of 1935, Busby Berkeley). El retiro duró hasta 1975, año en el que vuelve otra vez al mundo de la actuación, aunque centrando su carrera en la televisión realizando pequeños papeles en series como The Waltons (1972-1981) (¿Os acordais de los Waltons?) o Se ha escrito un crimen (Murder, She Wrote) e incluso en
The Invisible Man (2000-2002, Breck Eisner) hasta llegar a Titanic (1997, James Cameron), papel al que accedió porque su director quería a una actriz de la era dorada de Hollywood y como ella se definió estaba «aún disponible, sin problemas con el alcohol, ni con reuma ni cayéndose por la edad«. El papel le dió muchas alegrias y reconocimiento como la nominación al Óscar como mejor actriz de reparto, nominación al Globo de Oro y galardón del Sindicato de Actores, entre otros. Su último papel fue en 2004 en Tierra de abundancia (Land of Plenty, Wim Wenders).
También intervino en documentales sobre cine de terror como The Horror Show (1979, Richard Schickel), The World of Gods and Monsters: A Journey with James Whale (1999, Sam Irving, David J. Skal), Universal Horror (1998, Kevin Brownlow) y Karloff and Me (2006, Sam Borowski).
En 1988 escribió su biografía con la colaboración de su hija, la escritora Sylvia Thompson , que se publicó con el nombre de Gloria Stuart: I Just Kept Hoping.
Para mí, Gloria Stuart quedará eternamente como la elegante y sexy dama del vestido de noche que pasó la tormenta en el caserón de los dementes hermanos Femm, siendo objeto de deseo de Morgan, el borracho y deforme sirviente en ese gran clásico que es El caserón de las sombras, que como deben saber ha sido recientemente editada en DVD por Vellavisión, ya les hablé de ella aquí, ¿Cómo? ¿Que no la tienen ya? pues… ¡A que esperan!
Por fin llega Karloff y… El caserón de las sombras
Así es amigos, Vellavision ha puesto en nuestras ansiosas manos el gran clásico The Old Dark House de James Whale, film que no tiene ningún desperdicio y que aún hoy sorprende por la mezcla de pintorescos personajes y transposición de géneros, ya que en ciertos momentos uno no sabe muy bien si Whale rodaba una comedia o un film de terror, práctica que retomó en su posterior retorno al personaje que le dio la inmortalidad con La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935), aunque de forma menos, digamos, alocada.
Para esta adaptación de la novela Benighted del prolífico escritor y guionista J. B. Priestley, James Whale se rodeó de muchos compatriotas (al igual que en La novia…donde de hecho varios repitieron). Por un lado tenemos a unos visitantes inesperados que buscan refugio de la tormenta en un viejo y sórdido caserón: el recién llegado a Estados Unidos Charles Laughton, que realizaba su primer papel americano (de hecho rodó este film prestado ante el retraso de su primera producción real, The Devil and the Deep
(1932, Marion Gering); la londinense Lilian Bond, con un papel de corista y chica «moderna» ; el elegante Melvyn Douglas realizando uno de los papeles de galán que tan bien se le daban, aunque en esta ocasión algo más rico en contrastes e ironía; Raymond Massey, que de vuelta a Inglaterra rodaría la memorable La vida futura (Things to Come, 1936 William Cameron Menzies) . Tanto Douglas como Massey llegaron de rebote a The Old Dark House cuando se demoró el rodaje de Adventure Lady . Y finalmente la bellísima Gloria Stuart, como esposa de Massey, que se pasa toda la película, por capricho de su director, con un traje de noche blanco que no hace más que poner burro al bueno de Morgan (Karloff) y naturalmente a nosotros. Parece que Gloria Stuart gusto al Whale, ya que volvió a rodar a sus órdenes sus dos siguientes films: El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) y El beso ante el espejo (The Kiss Before the Mirror, 1933).
Un dato a anotar y que supongo todos ustedes sabrán es que la ancianita que sale en ese engendro llamado Titanic (1997, James Cameron) es la misma Gloria Stuart de la que estamos hablando, que fue nominada al Oscar por esa actuación.
Pero si el ramillete de personajes que se refugian en el caserón es del todo variopinto, no lo es tanto la familia Femm y su alegre mayordomo Morgan: Estos estan todos locos.
Como recordaba Elsa Lanchester (que como saben fue La novia de Frankenstein y en la vida real esposa de Laughton), «La casa albergaba a una familia bastante numerosa de ancianos muy asustadizos, que ocultaban a otros parientes todavía más provectos en los pisos superiores. Sólo recuerdo con claridad que cada nuevo horror parecía tener más pelo que el anterior; la película se ocupaba sobre todo de horrores peludos».
Peludos o no, son toda una estirpe de asustadizos freaks que representan el fin de la estirpe de los Femm: Ernest Thesiger está increíble como Horace, el más cuerdo de los hermanos, brindándonos una actuación de alto nivel, tanto que su presencia se come a los otros como buen robaplanos que es (escuchen su deliciosa dicción al ofrecer «Potato» insistentemente a sus forzosos invitados). Thesiger, pasará a nuestra memoria al interpretar al loco/a Dr. Pretorius en la segunda película de la saga de Frankenstein y, más comedido, como sirviente de Karloff en El resucitado (The Ghoul, 1933 T. Hayes Hunter). Eva Moore, una legendaria actriz británica, encarna a la desagradable y sorda hermana de Horace, Rebecca Femm, que consigue incluso que el público quiera abandonar la mansión -el cine- por la firmeza con la que hace saber que los intrusos no son bienvenidos.
Tenemos a Brember Wills como el tercer hermano Saul Femm, un demente -más que los otros- pirómano y amigo de los cuchillos. Y también tenemos al padre de los adorables ancianos, Sir Roderick Femm de 102 años interpretado por… Elspeht Dudgeon, una actriz teatral vieja amiga del director que se incluyó en el reparto como John Dudgeon.
Pero no se vayan todavía, no me olvido de Morgan, el mayordomo mudo, bebedor y lúbrico perseguidor de Gloria Stuart. Con barba y nariz rota, Morgan, incorporado eficazmente -como siempre- por un Boris Karloff primorosamente maquillado por el genio Jack Pierce, tuvo una campaña publicitaria, que se reflejo como prólogo del film:
«Karloff, el mayordomo malvado de esta película es el mismo Karloff que creó al monstruo mecánico (¿?) en Frankenstein. Aclaramos este punto para zanjar todas las dudas y confusiones que puedan surgir al respecto, aunque sabemos fehacientemente que tales dudas sólo pueden interpretarse como un tributo a la gran versatilidad del actor».
La película se rodó durante la primavera de 1932 y se estrenó la noche de Halloween de ese mismo año, pero a pesar de que las críticas no fueron desfavorables, no fue del agrado del público, posiblemente por el papel secundario de Karloff o por la incomprensión ante el disparatado humor de la cinta. Curiosamente conectó más con el público inglés, ya que obtuvo un gran éxito en Inglaterra. En España se estrenó poco después que en Estados Unidos, el 7 de marzo de 1933 con un lanzamiento similar al americano, donde se resaltaba la figura de Karloff.

Ilustración del genial Basil Gogos utilizada como portada del número 66 de Famous Monsters y también para la portada del número 18 de la entrañable edición española de Garbo editorial.
El caserón de las sombras se reestrenó en 1939, pero Universal perdió los derechos del film en 1957. Afortunadamente Curtis Harrington, director de cine/tv (Queen of Blood, 1966) , personaje curioso (actor colaborador de Kenneth Anger) y admirador confeso de James Whale, encontró una copia en los baúles de Universal que es la que tenemos ocasión de disfrutar.
Aunque la copia no está lo todo bien que pudiera estar, contiene toda la magia completa y deberíamos de darnos con un canto en los dientes por la posibilidad de poder seguir disfrutando de esta suculenta película. Kino Video editó un bonito dvd sin subtítulos pero con buenos extras (audio comentarios de Gloria Stuart y de James Curtis, autor de la biografía de James Whale A World of Gods and Monsters, además de una entrevista con Curtis Harrighton), pero ahora Vellavision nos da la posibilidad de poderla ver bien subtitulada y con un sonido mejorado con respecto a la edición de Kino. Todo ello dentro de las posibilidades de la copia original, bastante maltrecha. En todo caso Vellavision no ha querido hacer una severa remasterización
de imagen, tal y como nos cuentan ellos mismos: «(…) al principio estábamos un poco preocupados en cuanto a la imagen (…) todavía conservaba ciertas manchas de celuloide en algunas partes de la película que, tras valorarlo mucho, decidimos no limpiar «digitalmente» para no cargarnos la estupenda fotografía de Whale -cosa que finalmente nos han agradecido varios compradores.
Una estupenda película que tenemos la oportunidad de incorporar a nuestra colección y que además viene acompañada con un libreto a cargo de Carlos Díaz Maroto y audiocomentario y presentación de Ángel Gómez Rivero, viejo conocido de todos y co-autor junto a Ángel Agudo de Paul Naschy: La máscara de Jacinto Molina, además de las consabidas fichas técnicas y filmografías. Poco más que queda que agradecer a Vellavision que tenga el buen gusto de poner a nuestra disposición estos films, no hay que olvidar que tuvieron el buen tino de sacar una bonita y extensa selección de films de Paul Naschy que quedarán como homenaje al actor, director y guionista y que prometen nuevos e interesantes lanzamientos de los que puntualmente os informaremos.
Por cierto, de la otra versión del film de William Castle de 1963 mejor hablar en otra ocasión.
(más información, carteles, programas e imágenes apretando aquí)
Kick Ass: el triunfo de la voluntad
«Para ser un superhéroe no hacen falta poderes especiales, basta con un poco de optimismo y un mucho de ingenuidad»
nos dice el protagonista; y para gozar como enanos viendo Kick Ass basta con conectar con el niño que todos llevamos dentro. O mejor con el que soñábamos ser cuando nos embobábamos con Pipi Lansgtrum o imaginábamos que eramos Koji Kabuto dirigiendo a Mazinger contra los brutos mecánicos del Doctor Infierno. Haciéndolo así descubriremos que también nosotros podemos calzar las botas amarillas de Dave Lizewski.
Dave Lizewski es un adolescente normal: no destaca en los deportes; no es un nerd de la informática y los videojuegos; no destaca en los estudios pero tampoco es un mal alumno; no es el gracioso de su grupo ni tampoco un out sider retraído. Un adolescente del montón, de los que, como él mismo dice, se limitan a existir. Sólo posee una peculiaridad: fanático de los cómics como es, se pregunta por qué nadie se ha propuesto nunca ser un superhéroe. Y él va a tener ese propósito, se comprará por Internet un traje verde de neopreno y empezará a luchar contra el crimen convirtiendo su fantasía en acción. Pero descubre pronto que ser un superhéroe no es nada fácil, le apuñalan, le atropellan y, si logra saltar a la fama, es porque los cirujanos no consiguieron restablecer todas sus conexiones nerviosas cosa que le concede la capacidad de soportar bien las palizas. Un vídeo aficionado que recoge su lamentable pelea con unos delincuentes (a quienes contra pronóstico hace huir) es subido a Youtube y se convierte en un fenómeno mediático, su vida entonces da un vuelco de 180º, sobre todo cuando entran en contacto con él dos extraños seres (¿superhéroes de verdad?): Hit Girl y Big Papi. Para rematar, su amistad con Bruma Roja acabará de sumergirle en un mundo delirante.
A caballo entre Supersalidos (Superbad, 2007, Greg Mottola) y Kill Bill (2003-2004, Quentin Tarantino) como la ve Aaron Johnson (Kick Ass), Kick Ass nos regala dos horas de entretenimiento, risa y emoción sin tregua. Desde los títulos de crédito, un traveling de acercamiento atravesando nubes, que casi se diría el plano subjetivo de la visión de Superman, la película nos mueve a identificarnos con el protagonista quien nos irá acompañando con su voz en off. Nosotros somos tan grismente normales como él pero compartimos igualmente su sueño y nuestra sorpresa es la suya cuando vemos que nuestra (su) vida se convierte en un verdadero cómic con la primera aparición de Hit Girl, probablemente el momento más importante de la película. Mathew Vaugh (Stardust, 2007) dirige la cinta con eficiencia, desde la elegante presentación de los personajes mediante saltos en tiempo y espacio (que se señalan con rótulos al modo de los bocadillos en un cómic), hasta la maestría con las que resuelve las escenas de acción, pasando por una acertada dirección de actores que les ayuda a matizar la evolución de los personajes. En las escenas de acción Vaugh huye de modernidades superfluas como la cámara en mano o los planos hipercortos ensamblados con un montaje parkinsoniano, nada más lejos, el británico opta por el más fiel clasicismo que hace brillar a las coreografías con luz propia. Pero su mayor logro es haber sabido crear un ritmo perfecto, sin valles que hagan decaer el interés, con una secuenciación precisa de los momentos climáticos, que nos mantiene en tensión y a la espera del apoteosis final y su correspondiente epílogo emotivo, con plano final que deja el paso abierto a futuras intrigas.
Kick Ass no es una adaptación al uso, cómic y película han nacido casi a la par.
Mark Millar (Hijo Rojo, The Ultimates, Wanted) cuando tuvo la idea para la historieta ya pensó inmediatamente en verterla al cine. El germen de la historia fueron dos personajes, una niña vestida al estilo de Robin y un tipo grande con aire a Batman, le gustaban ambos personajes pero los encontraba demasiado exagerados para ser protagonistas. Millar buscó entonces en su propio material autobiográfico y se recordó como quinceañero con aspiraciones a combatir el crimen en Glasgow, sintió que de haberse atrevido a cumplir su sueño habría sido una buena historia, así que se puso a la labor de diseñar la secuencia de la primera noche del torpe adolescente metido a superhéroe. Se dio cuenta de que ambos puntos de partida se complementaban y los fundió en una sola historia; así nació Kick Ass. Se puso en contacto con el grafista John S. Romita jr (El asombroso Spiderman, The Eternals, Daredevil) y cuando tenían sólo una tira de viñetas ya empezó a sondear la posibilidad de llevarlo a la gran pantalla. El proyecto llegó a manos de Jane Goldman quien a su vez se apresuró a contar la idea a su coguionista (y director) de Stardust, Matthew Vaughn. Bastó que Millar y Vaughn pasaran una tarde juntos discutiendo y organizando el relato para alcanzar el acuerdo. Cuando se publicaba la tercera entrega del cómic ya había empezado el rodaje de la película, es por eso que la línea divisoria entre cómic y película no es tan nítida como en otras adaptaciones, el trasvase de ideas circulaba en las dos direcciones.
Matthew Vaughn y Jane Golmand trabajaban junto a Mark Millar Y John S. Romita jr, este último dibujó toda una secuencia de animación para la película, la que cuenta los orígenes de Hit Girl y Big Papi. El desarrollo del guión ayudaba al cómic y viceversa. Sin embargo, la película no es una mera copia, el guión se completó antes que la serie de entregas del cómic, eso permite que tengan independencia y algunos personajes, es el caso de Big Papi, reciban distinto tratamiento en cada formato. Por otra parte, la acción es más espectacular en el film. Este perfecto maridaje hace que se haya logrado recrear la atmósfera cómic como nunca antes para satisfacción de todos los aficionados.
Destaca en el film la construcción de los personajes en manos de los actores. Como anecdota cabe señalar que Aaron Jhonson (Dave Lizewski-Kick Ass) se presentó a la prueba para el papel de Chris d’Amico-Bruma Roja adjudicado a Christopher Mintz-Plasse y este último se presentó a la de Kick Ass.
La decisión final fue acertada porque el protagonista de Supersalidos sabe dotar a Chris d’Amico de la vis cómica requerida para interpretar al niño rico solitario, hijo del mafioso Frank d’Amico, que busca infructuosamente la confianza de su padre, cosa que logrará cuando le convence de que él tiene la estrategia perfecta para derrotar a Kick Ass que supuestamente está arruinando su negocio. Esa estrategia consiste en convertirse en Bruma Roja, superhéroe antagonista que logrará derrotar al héroe ganándose su confianza para traicionarle, como corresponde a los tópicos del género que tan bien conoce Chris d’Amico como fanático que es. Chris es el reverso de Dave, pero comparte con él numerosas similitudes que se muestran como un doble simétrico.
Superhéroes impostados ambos, Bruma Roja resulta un villano cómico tan torpe y fuera de papel como el propio Kick Ass. Pero la mayor comicidad la introducen los mafiosos, verdaderos villanos de la historia, y Big Papi, magistralmente interpretado por un Nicholas Cage que consigue por fin interpretar un personaje de cómic bien resuelto después de la fallida El Motorista Fantasma (Ghost Rider, 2007, Mark Steven Johnson) que sólo obedecía a la afición de auténtico coleccionista que posee el actor. Mark Strong nos compone una lujosa parodia del típico capo mafioso como interprete de Frank d’Amico, el único personaje que no cree en los cómics.
Por su parte, Nicholas Cage nos regala una interpretación rica en matices dando cuerpo a un padre obsesionado con la venganza y el adiestramiento de su hija, capaz de inspirar simultáneamente, risas, ternura y emoción adrenalínica en su enfrentamiento a los malos, escena de acción trepidante que se rodó en una sola toma. El principal escollo con el que se tropezaron a la hora del casting fue encontrar el interprete ideal para Kick Ass hasta el punto de que el director a punto estuvo de retrasar seis meses el rodaje. Matthew Vaughn pretendía que el protagonista fuera americano para darle mayor credibilidad, por eso no había visto siquiera la prueba de Aaron Johnson; fueron las responsables de casting las que le convencieron de que la viera. Quedó absolutamente entusiasmado, el joven británico no era únicamente capaz de dar el aire de adolescente desubicado, su habilidad era la de saber reflejar las emociones que definen al personaje. Y la verdad es que ya no podríamos imaginar a nadie más calzándose esas botas amarillas que transmutan a Dave Lizewski en Kick Ass. Compone a la perfección al soñador capaz de luchar voluntariosamente para convertir en realidad sus deseos, nos hace que nos pongamos en su piel y revivamos aquella ingenuidad que perdimos según íbamos renunciando a nuestros deseos y expectativas. Aaron Johnson sabe soñar y hacernos soñar. Pero si alguien brilla con luz propia en todo el reparto, esa es la pequeña Chloë Grace Moretz que con apenas doce años es ya toda una estrella que dará que hablar en el futuro. Ella es la que da vida a Hit Girl y Hit Girl es el personaje más poderoso de todo el relato.
Efectivamente, esa pequeña Swarzeneger, como la llamaban sus compañeros de rodaje, se adueña de la pantalla cada vez que aparece.
Con Hit Girl entramos de lleno en el mundo de lo fantástico, la puesta en escena, el ritmo de las coreografías que marcan sus intervenciones y, sobre todo, la interpretación de la pequeña Chloë, nos secuestran la razón (como hacía Natalie Portman en Leon -aka El Profesional, 1994, Luc Besson-) y rendidos a su encanto suspendemos la incredulidad. Y su presencia en la película de poco no llegó a existir, la cortedad de miras de las grandes productoras siempre al servicio de la corrección política exigían para financiar la película que se suprimiera el personaje de Hit Girl, afortunadamente Matthew Vaughn no cedió, autoprodujo el film junto a Plan B (de Brad Pitt) y la película pudo conservar su esencia. Porque Hit Girl es la que hace que la historia se convierta en cómic, la que hace saltar a Dave Lizewski a la ficción, consiguiendo así que Kick Ass llegue a ser verdaderamente un superhéroe.
Kick Ass es un homenaje al amor por los cómics. Vaughn deconstruye sus elementos, nos lleva hacia la mirada crítica que nos hace descubrir el entramado de cartón piedra de las hazañas gráficas, pero no destruye su esencia y nos mantiene a la vez en la actitud crítica y en la ingenuidad. Nos sonreímos de la grotesca aspiración de Dave Lizewski, nos reímos de ese absurdo, pero a la vez nos dejamos llevar por la aventura y llegamos a sentir posible lo imposible. También el espectador se pregunta por qué nadie ha querido convertirse en superhéroe, sobre todo porque debajo de la cubierta de fantasía nos llega el mensaje de que no hacen falta trajes ni superpoderes, basta con asumir nuestra responsabilidad en el buen hacer del mundo, en no mirar hacia otro lado cuando alguien es agredido, en mejorar nuestro entorno y asumir el compromiso que es vivir. Dave Lizewski-Kick Ass nos demuestra que todo esfuerzo es útil para conseguir entre todos el bienestar. Y el escepticismo nos volverá a atrapar en cuanto abandonemos la sala oscura, pero mientras nos alumbran los haces de luz de la proyección, por un momento, llegamos a creer que el triunfo de la buena voluntad es posible.
Vuelve el mejor Sherlock Holmes (y en edición de lujo)
Creados en 1934 producto de la fusión de varios intereses, los estudios 20th Century Fox no se caracterizaron por la producción de cine fantástico, sobre todo en sus inicios, pero sí realizaron unos elegantes títulos quizás no demasiado sobrenaturales, pero ciertamente repletos de calidad, como The Undying Monster (1942), Jack el destripador (The Lodger, 1944) y Concierto Macabro (Hangover Square, 1945), todas dirigidas por John Brahm, que contaron con buenos medios y la participación de reputados actores como George Sanders, Larid Cregar (que falleció en 1944 tras una severa dieta que su organismo no pudo soportar, siendo Concierto Macabro su último film) y actrices como Merle Oberon y Linda Darnell. El ciclo culminó los años cuarenta con El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs Muir, 1947 Joseph L. Mankiewicz) una obra que no hace más que resaltar la elegancia de este estudio a la hora de afrontar el género, y que contó de nuevo con la participación de George Sanders junto a los imponentes Rex Harrison y Gene Tierney.
Pero este pequeño e interesante ciclo se inicia en 1939 con El perro de Baskerville (The Hound of the Baskervilles) dirigida por Sidney Lanfield. Film que adapta la novela más cercana al género de las protagonizadas por el impecable personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle: Sherlock Holmes. Además de ser la que conoce más versiones, al ser adaptada en 1914, 1917,1929 y 1937 en Alemania y en 1921, 1931 y 1959 en Inglaterra, perteneciendo esta última al ciclo de terror Hammer y contando con la participación de Peter Cushing (Holmes) y Christopher Lee.
Pero sin duda la versión de la 20th Century Fox queda como una de las mejores (sino la mejor) y sobre todo los actores seleccionados para interpretar a Sherlock Holmes (Basil Rathbone) y Dr. Watson (Nigel Bruce), quedarán como los más memorables y representativos, tanto que repetirán papel en trece films más. En este film contaron con la estimable colaboración de los viejos conocidos Lionel Atwill y John Carradine.
20th Century Fox rodó al año siguiente otro título con Holmes y Watson, Sherlock Holmes contra Moriarty (The Adventures of Sherlock Holmes, Alfred Werker), con George Zucco interpretando al archienemigo del detective y una encantadora Ida Lupino.
A pesar de los satisfactorios resultados, el estudio prefiere ceder la franquicia a Universal, estudio que de 1942 a 1946 estrena ¡Doce títulos más!, haciendo que Basil Rathbone reniegue de haber dicho que «hacer de Sherlock Holmes era mejor que interpretar a diez Hamlets». Este prolongado ciclo de Universal sufrió de carencias de presupuesto, pero aún así no deja de tener su interés, dejando cintas muy entretenidas con la participación de actores y actrices familiares para el fan del ciclo de terror Universal como Evelyn Ankers (The Wolf Man, The Ghost of Frankenstein, Son of Dracula…); Lionel Atwill (The Ghost of Frankenstein, Frankenstein meets the Wolf Man, House of Frankenstein, House of Dracula…); George Zucco (The Mummy’s Hand, The Mummy’s Tomb, House of Frankenstein…) o Rondo –The Creeper– Hatton (House of Horrors, The Pearl of Death).
Las de Universal han estado disponibles en el mercado de video y dvd bastantes veces, y muchas de ellas en circunstancias lamentables, pero no las dos inaugurales del ciclo de 20th Century Fox, así que es un lujo y un privilegio el hacerse con el pack que recientemente ha editado Vellavision, que además de reunir las dos películas en muy buenas condiciones de sonido (VOS Castellano o en castellano) e imagen que, a pesar de que advierten de la antigüedad del celuloide y de sus deficiencias, tiene una bonita gama de grises en un cuidada edición que incluye además un interesante documental de una hora dirigido por el estudioso Philip Gardiner, en el que entre otras cosas, se analiza a Watson como reencarnación literaria del propio escritor, además de las conexiones del autor con lo sobrenatural y la influencia en su obra, y sobre Sherlock Holmes, personaje del que escribió cuatro novelas y cincuenta y seis relatos y que ha visto como ha sido adaptado en un total de 260 películas, un ballet y dos musicales.
Por si todo esto les pareciera poco, tenemos una audiocomentario del mismo Conan Doyle sobre Sherlock Holmes y lo sobrenatural, además de un libreto escrito por el erudito Carlos Díaz Maroto, en el que podrán empaparse de todo sobre Holmes, Doyle y el ciclo de Basil Rathbone/Nigel Bruce. Otro nuevo acierto de Vellavision que se complementará en breve con la otra bomba, en este caso de Universal El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932 James Whale) que en breve estará en los estantes.
Promoción española de la saga Frankenstein de Universal (2ª Parte)
Ya vimos la promoción de programas de mano y carteles que se editaron para el Frankenstein original de James Whale, así que hoy completaremos el ciclo revisando la promoción española del resto de la saga original de Universal que contó con la colaboración del simpático e incomprendido transplantado de las botas de asfaltar.
Como no podía ser de otra forma, comienzo con su primera secuela, La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935) considerada casi unánimemente como mejor que la original. Un film dirigido por el propio Whale en el que repitieron papel Colin Clive (en una de sus últimas interpretaciones, ya que dos años después dejaría de atormentarse) Dwight Frye, haciendo otra vez papel de esbirro del doctor y, por supuesto, Boris Karloff, que lució una nueva variación en el maquillaje (obra del genial Jack P. Pierce) que muestra las secuelas del incendio del molino, escena que cierra el primer film y es punto de partida de este.
Entre las nuevas incorporaciones: un estupendo Ernest Thesiger más loco (o mejor dicho, loca) que en El caserón de las sombras (Old Dark House, 1932) del mismo Whale; la bella Valerie Hobson, que también se las vería con el primer hombre lobo de la casa en El lobo humano (Werewolf of London, 1935 Stuart Walker) y por supuesto Elsa Lanchester, estupenda actriz y esposa de Charles Laughton que, curiosamente nunca estuvo tan bella como en esta película en su doble papel: como Mary W. Shelley en la introducción del film y como la misma novia del monstruo. Visto lo visto, el director se sentiría como en casa, ya que menos Frye todos son actores ingleses.
No les voy a contar la película, ya que todos ustedes la han visto: una fantasía que humaniza más que nunca a la criatura, repleta de humor negro y arropada con una maravillosa banda sonora de Franz Waxman.
El ciclo vuelve a ponerse en marcha a finales de los años treinta tras un pequeño parón con La sombra de Frankenstein (The Son of Frankenstein, 1939 Rowland W. Lee), película que nos muestra a un Karloff más fondón y ataviado con una zamarra de lana. Aún así demostraría que era la mejor criatura de todas.
El film contó con Basil Rathbone, como el hijo del Dr. Frankenstein que se pone otra vez a la labor; Lionel Atwill como el Inspector Krogh, que tan bien parodiaran en El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974 Mel Brooks) y sobre todo Bela Lugosi, que hace del humillante papel de Ygor toda una creación, siendo lo mejorcito del film, que termina con la criatura cayendo en ácido sulfúrico y encontrado así su final… ¿o no?: ¡Por supuesto que no!, pero sí lo fue para Boris Karloff, que con este film deja de maquillarse de creación del Dr. Frankenstein para el cine, cediendo el testigo a la nueva apuesta de los estudios Universal, Lon Chaney Jr., el mismísimo hijo del hombre de las mil caras, que había dado la campanada con El hombre lobo (The Wolf Man, 1941 George Waggner) y al que harian interpretar a todos los monstruos de los estudios con excepción de la criatura de la Laguna Negra.
Este film, The Ghost of Frankenstein (1941, Erle C. Kenton) no se estrenaría en nuestro país, siendo así el único de la serie que quedó inédito. En todo caso si se estrenó el siguiente, Frankenstein y el hombre lobo (Frankenstein Meets the Wolf Man, 1943 Roy William Neill), película que Paul Naschy vio en su infancia dejándolo marcado para siempre.
Con está película se inicia el cocktail de monstruos que se prolongará hasta su agotamiento ya en forma de comedia. Pero no nos adelantemos y veamos que nos ofrecía Frankenstein y el hombre lobo: por un lado a Chaney Jr. realizando el papel que lo hará inmortal y por el otro al pobre Lugosi, que interpreta (con la colaboración de un muy detectable doble) al monstruo de Frankenstein. Y la cosa tiene su lógica, eso sí, perversa: En The Ghost of Frankenstein, el cerebro de Ygor es transplantado en el cuerpo del monstruo y poco después despierta hablando con la voz de Lugosi, aunque poco después se hunde el castillo «acabando con el». Así que alguna mente preclara del estudio pensó que lo lógico sería que el monstruo fuera el propio Lugosi, que de forma inexplicable en esta ocasión ya no habla y, aunque en ningún momento se aclara, es ciego, lo que hizo que pareciera un monstruo más torpe y patoso de lo habitual … Poor Bela!.
La película fue lo suficientemente popular por aquí como para que se editara un encantador álbum de cromos, cuya portada puedes ver aquí.
Para terminar de explotar la franquicia de lo que ahora se conoce como Universal Monsters, el estudio junta unos cuantos de ellos en los tres siguientes títulos que voy a comentar:
En La zíngara y los monstruos (The House of Frankenstein, 1944 Erle C. Kenton) tenemos un cocktail del todo explosivo: Lon Chaney Jr. (el hombre lobo), John Carradine (Dracula), Glenn Strange, un digno «impersonator» del monstruo de Frankenstein que recibiría lecciones del mismo Karloff, que interpretaba en el film al perverso Dr. Niemann, que tiene como ayudante al enamoradizo jorobado Daniel (J. Carrol Naish).
Al año siguiente se estrena La Mansión de Dracula (House of Dracula, 1945 Erle C. Kenton), otro pastiche (adorable, eso sí), en el que todos los monstruos piden de rodillas una cura para sus males, situación del todo lamentable y atípica para otro que no sea el sufridor Larry Talbot de Lon Chaney Jr., que junto a John Carradine y Glenn Strange repiten papel, secundados en esta ocasión por Lionel Atwill (Inspector Holz) y la bella Jane Adams como ayudante (jorobada, eso sí) del doctor Franz Edelmann (Onslow Stevens) ,que pretende ser el benefactor de los hijos de la noche pero…

El programa en diseño fotográfico que misteriosamente se retiró, siendo el diseño definitivo el siguiente.
…los clavos del ataúd y el cerrojazo al estilo Universal se dio con Contra los fantasmas (Abbott and Costello Meet Frankenstein, 1948 Charles T. Barton), el único film de todos los nombrados que no cuenta con los servicios a la mesa de maquillaje de Jack P. Pierce, que había sido relegado y sustituido por Bud Westmore y Jack Kevan, equipo que reproduce sus inmortales diseños. Toda la plana mayor de los Universal Monsters se pusieron al servicio de los dos cómicos en una película que es recordada por muchos que pudieron ver así por primera vez en un cine a Bela Lugosi, Lon Chaney Jr. y Glenn Strange con un encanto especial a todo blanco y negro. A mí me gustó tanto y la vi tantas veces que hasta pedí el cartel de la película al dueño del cine, que aún conservo. Más tarde me enteré incluso que este film fue el responsable (junto a la revista Famous Monsters y el pase por televisión de clásicos del género) del nacimiento de muchos de los denominados Monsters Kids, que en los años 60 enloquecieron por las películas de terror clásicas, pasión de la que nunca se han sobrepuesto, ya que como deben de saber si están leyendo esto, el amor por esas películas nunca desaparece, muy al contrario, no deja de crecer.












































































































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