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VAMOS DE ESTRENO * Viernes 20 de enero de 2023 *

BABYLON (Damien Chazelle, 2022)

USA. Duración: 188 min. Guion: Damien Chazelle Música: Justin Hurwitz Fotografía: Linus Sandgren Compañías: Paramount Pictures, Material Pictures, Marc Platt Productions. Distribuidora: Paramount Pictures Género: Drama.

Reparto: Margot Robbie, Brad Pitt, Diego Calva, Katherine Waterston, Tobey Maguire, Li Jun Li, Olivia Wilde, Max Minghella, Samara Weaving, Eric Roberts

Sinopsis: Ambientada en Los Angeles durante los años 20, cuenta una historia de ambición y excesos desmesurados que recorre la ascensión y caída de múltiples personajes durante una época de desenfrenada decadencia y depravación en los albores de Hollywood.

Babylon se inicia en la puerta de servicio de Hollywood, en donde trabaja, realizando todo tipo de labores y encargos, el protagonista, encarnado por Diego Calva. Y de ahí pasa a la locura de una fiesta en la que se rebasan todos los excesos imaginables. Estamos en 1926, el sistema de estrellas ha nacido y los actores y actrices son dioses. El cine mudo está alcanzando su cénit y el séptimo arte nunca volverá a ser tan mágico como lo fue entonces pues, con la llegada del sonido, dejará de ser arte. Una Babilonia que hace referencia a la que mostró el mago Kenneth Anger en su díptico Hollywood Babilonia, dos libros que resultan imprescindibles para el que desee desentrañar las verdades y mentiras que se explican en el film. Un Kennet Anger que, su vez, tituló sus libros así en referencia a Intolerancia (Intolerance, 1916), el majestuoso filme de D.W. Griffith cuyos majestát icos decorados, junto a metros y metros de celuloide mudo de los archivos de la MGM sirvieron para alimentar las llamas del incendio de Atlanta que se reprodujo en Lo que el viento se llevó. Pero para entonces, ese Hollywood de pecado, sexo, drogas y escándalo, que es el que muestra Babylon, ya había desaparecido, al menos, del ojo público.

Drama y comedia se dan la mano en este viaje a la fábrica de sueños con un periodo que cubre de 1926 a 1952, cuando el denominado sistema de Estudios comenzó a desmoronarse. Pero Damien Chazelle se mantiene durante la mayor parte del metraje en aquel primer Hollywood, que tan profundamente cambiaría con la llegada del sonido.

Babylon construye su historia con los ecos de los auténticos personajes de aquella época: Clara Bow, Anna May Wong/Marlene Dietrich, John Gilbert y otros, que encarnarán en el film, respectivamente, una desatada Margot Robbie; una elegante Li Jun Li (cuyo personaje se permitirá reproducir la más famosa escena del film Marruecos de Josef von Sternberg) y un Brad Pitt cínico y mítico. Otros nombres que circulan por la historia de Babylon son los de los actores Buster Keaton y Lya de Putti, y el de los productores Irving Thalberg y Paul Bern, ambos fallecidos tempranamente. Bern se saltó la tapa de los sesos por sus problemas de erección dos meses después de casarse con Jean Harlow, la rubia platino. Hay tanto detalle y tanta referencia que en un plano incluso se muestra a un oriental tras la cámara. Y no es un error, o uno de esos planos inclusivos que se hacen ahora para satisfacer a la audiencia: uno de los más importantes directores de fotografía de la época fue el chino James Wong Howe, cuya carrera cubrió 50 años (de 1923 a 1975) con un largo número de películas importantes a sus espaldas. 

Babylon, pues, es un torbellino de vida, tan efímera como intensa, muy intensa, en el que unos personajes pasan de la nada a formar parte de un nuevo Olimpo y de ahí, devueltos a los más infectos callejones del Poverty Row, pasando otros nuevos dioses a sustituirlos. Damien Chazelle, dándole la mano a Cantando bajo la lluvia, usa esos materiales como un cincel con el que labrar un magno epitafio a esa época dorada del cine. Pero todo lo que nos cuenta de ese momento es fácilmente trasladable al presente del séptimo arte, el director nos lo hace sentir sin necesidad de explicitar los paralelismos. Ahora, quizás más que entonces, también el cine se enfrenta a un radical cambio de paradigma y nos parece vislumbrar una transformación que le hará tan otro que no lo reconoceremos. Babylon entona una bella oración fúnebre que, como la que pronunciara Perícles sobre Atenas durante las Guerras del Peloponeso, loa las virtudes de un espectáculo cuando ya parece ser pasto para la memoria. Y todo esto en el tiempo en el que se consume una llama ¡Pero qué llama! 

DECISION TO LEAVE (Heojil kyolshim, Park Chan-wook, 2022)

Corea del Sur. Duración: 138 min. Guion: Jeong Seo-Gyeong, Park Chan-wook Música: Cho Young Wuk Fotografía: Kim Ji-yong Compañías: Moho Films, CJ Entertainment Género: Drama

Reparto: Tang Wei, Park Hae-Il, Park Yong-woo, Yoo Seung-mok, Kim Shin-young, Lee Jung-hyun, Seo Hyun-woo, Park Jung-min, Ha-dam Jeong, Go Min-si, Go Kyung-pyo, Jung Yi-seo, Lee Hak-Joo

Sinopsis: Hae-Joon, un veterano detective, investiga la sospechosa muerte de un hombre en la cima de una montaña. Pronto, comenzará a sospechar de Sore, la mujer del difunto, mientras la atracción que siente por ella le desestabilizará.

Quiero el amor o la muerte, quiero morir del todo, // quiero ser tú sangre, esa lava rugiente// que renegando encerrada en bellos miembros extremos// siente así los hermosos límites de la vida”. Estos versos componen la más hermosa y célebre estrofa de la poesía de Vicente Aleixandre, el poeta expresa mediante la disyuntiva no excluyente la identidad de Eros y Thanatos, pues hay que morir del todo para alcanzar la unidad plena con la amada, disolverse entero para fusionarse por completo uno en el otro. Es el ideal del romanticismo que aspira a la comunión con el absoluto cósmico a través del amor, esa destrucción de la que habrá de nacer una nueva creación que nos elevará. Como escribió Goethe en el último verso de su Fausto: “El eterno femenino nos eleva”. Una profundidad desmesurada de la acción de amar, que a día de hoy nos parecería insana, pero que todavía perdura en el imaginario colectivo como el límite sublime de la pasión. Los franceses le dieron nombre: amor fou, y ese es el que nacerá entre los protagonistas de Decision to leave.

El último trabajo de Park Chan-wook es un thriller que cumple con todos los códigos del género los cuales tienen como objetivo tejer una trama que tenga al espectador sumido en la intriga, ocupado en desvelar las incógnitas de la acción como si él mismo fuera el detective, valiéndose para ello de los giros de guion y de la creación de suspense en el sentido hitchcockiano del término, el público tiene o cree tener más información que el personaje y sufre por lo que el destino parece depararle. Y toda esa tensión dramática, además, se desarrolla mediante un inteligente uso del montaje y la planificación. El coreano domina la técnica milimétricamente, tanto que logra coser un relato de amor sobre las mismas costuras que definían el thriller. La acción policíaca y el interés romántico se vuelven aquí indisolubles y de su maridaje surge una historia trágica de un voltaje que, quizás, no habíamos visto desde Hana-Bi (1997, Takeshi Kitano). En verdad, se podría decir que la estructura de intriga policíaca es el Macguffin, una mera falsilla sobre la que se escribe lo que importa que no es otra cosa que sumergirnos en las profundidades de la pasión romántica. En su sentido estricto, no en el laxo que tiene por patrón un santo agrario y que muchos celebran cada 14 de febrero.

El romanticismo apostaba por exaltar los sentimientos y los estados de ánimo por encima del racionalismo, en Decision to leave nos encontramos con un sentimiento desaforado que nace por causa de la racionalidad obsesiva de su protagonista masculino. El que fuera el detective más joven de la unidad, Hae-Joon, es ahora un policía maduro perseguido por el insomnio y la fijación en los casos no resueltos. Su expediente es impecable y su matrimonio está bien asentado pese a que, por razones de trabajo, sea una relación a distancia, nada explica, pues, porque no puede conciliar el sueño. Perfeccionista y meticuloso, su rigor en la investigación se convertirá en obsesión cuando se cruce en su camino Sore, una joven china esposa de un agente de inmigración que acaba de morir al despeñarse de una cima. Todo parece apuntar que se trata de un accidente, pero el celo profesional del detective le lleva a seguir de cerca a la recién enviudada como si fuera sospechosa. Durante su turno de noche, al que es asiduo por causa de su trastorno del sueño, se convertirá en la sombra de Sore. La sigue a todas partes con un desvelo que nos recuerda al James Steward de Vértigo, quizás porque sus persecuciones en coche son tratadas por Park Chan-wook con una puesta en escena similar a la que usó Hitchcock en su cinta de culto. La coartada de Sore resulta sólida y las pruebas que van apareciendo acaban apuntando al suicidio como causa de la muerte. Sin embargo, aún cuando la investigación se cierra, Hae-Joon continúa su asedio a distancia y sigue manteniendo las fotografías del asunto en el tablón en el que colecciona las imágenes de los casos no resueltos. Sore no ignora en ningún momento el acoso y sabrá jugar sus cartas, el director le muestra al espectador detalles que inducen a pensar que todo lo que se va sucediendo entre ellos es fruto de su manipulación. Porque conocemos las claves del argumento de Vértigo, formamos la hipótesis de la insinceridad, pero, nuevamente como en la obra de Sir Alfred, la película entra en una segunda parte bien diferenciada de la primera (los giros de guion son vertiginosos y casi nos podemos perder si no ponemos la mirada en el tema de fondo) en la que el desafuero que los vincula alcanza su máxima expresión. Estamos ante la destrucción o el amor, e igual que Scottie desea a una Madeleine muerta, Sore (y nosotros con ella) sabe que Hae-Joon la desea culpable. Todo concluye con un desenlace que plásticamente recuerda la pintura de Caspar David Friedrich y que bien podría haber salido de la pluma de E.T.A. Hoffmann. Un final propio de novela gótica escrita desde el romanticismo más negro, acompañada como sintonía por el Adagietto de la 5ª de Mahler (el mismo al que acudió Visconti en su versión de Muerte en Venecia).

Una fina línea distingue la tragedia del folletín: el sentido e intención de la narración y la pericia del narrador a la hora de expresarlo. Park Chan-wook tiene maestría de sobra para penetrar en la fibra de lo trágico y con Decision to leave nos regala una obra que está destinada a engrosar la larga lista de tragedias imperecederas. Sus personajes trascienden su circunstancia y se elevan universales como puntos de referencia del amor convertido en fatalidad. El coreano nos deja abandonados en la bruma de la contrariedad, acompañados sólo por los versos de una canción desolada de Chung Hoon Hee. “¿Adónde fue esa persona?// Solo en la niebla, voy sin fin”.

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