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Archive for the ‘CINE FANTÁSTICO Y DE TERROR’ Category

Chronicle: cuando los superpoderes son humanos demasiado humanos

29 febrero 2012 Deja un comentario

«(…)allí donde observamos una inmediata y primera fuerza de algo originariamente movido, nos vemos obligados a pensar en la voluntad como su interna esencia, la vida misma es manifestación de la voluntad.» Y la voluntad es insaciable, el ser humano está condenado al hastío y la infelicidad. El pesimismo de Shopenhauer flota sobre Chronicle (2012, Josh Trank) desde que Matt Garetty (Alex Russell) enuncia su raíz en el inicio del film. Revés perverso de Kick Ass, nos pone ante un grupo de adolescentes que adquieren superpoderes al entrar en contacto con una sustancia en una caverna (con reminiscencias de la platónica), sin adiestramiento para usarlos. Más que como superhéroes, se manifestarán  como jóvenes en proceso de maduración que se van descubriendo a sí mismos mientras van experimentando sus fuerzas sobrehumanas.

Se trata de una cinta de ciencia ficción, pero no es una más, Josh Trank en su debut en el largometraje trató de hacer una película realista sobre qué ocurriría si alguien normal adquiriera poderes especiales, y el debutante ha conseguido plenamente su propósito. Chronicle tiene tanto de film fantástico como de drama y crítica social, es por eso que podemos empatizar con los personajes y es por eso, también, que vemos el film como si se adscribiera al realismo. Aumenta esa sensación de verismo el uso de la cámara, ésta es interna al film. El principal protagonista, Andrew Detmer (Dane Dehaan), se relaciona  con el mundo y consigo mismo a través de su cámara y nosotros lo veremos todo a través de ella (y de otras cámaras igualmente pertenecientes a la trama). Si hubiera de ponerse en relación con otros films enseguida vendría a nosotros el recuerdo de Redacted (2007, Brian de Palma). De Palma nos enfrentaba a la verdad mediatizada a la que estamos abocados en nuestro mundo contemporáneo, nos mostraba cómo la comunicación entre humanos se hace imposible, precisamente gracias a los nuevos medios de comunicación e información; pareciendo que estamos más cerca que nunca de conocer la realidad del mundo y de los que nos rodean, por el contrario, vivimos en un mundo fragmentado en el que es imposible acceder a las fuentes de la verdad. En Cronicle aparece esa noción pero particularizada en esa difícil etapa que es la adolescencia. Andrew es un chico de clase media, retraído y apocado, con dificultades para relacionarse con los demás, de clase media pero con problemas familiares (su madre está enferma, su padre jubilado antes de tiempo se ha dado a la bebida), y usará su cámara amateur para protegerse de un entorno que no acaba de aceptarle. No es una película de cámara en mano al uso, porque en ella ese recurso tiene pleno sentido narrativo: nos habla de los personajes y de su evolución hacia la madurez, así como de su relación con esos superpoderes adquiridos. Como ocurría en Monstruoso (2008, Matt Reeves) con las monstermovies, su arquitectura hace que una película de superhéroes tenga corte real, no es como el slogan de Superman (1978, Richard Donner), usted creerá que un hombre puede volar, aquí aceptamos que vuelan de verdad, siendo tan humanos como nosotros mismos.

Chronicle nos mantiene pegados al asiento durante todo su metraje. Su ritmo sigue un ascenso creciente hasta alcanzar su clímax, esa pelea entre el bien y el mal que no puede faltar en una película de superpoderes, y no hay un sólo momento de declive. De la máxima acción se desciende hacia un epílogo que quizás no habría sido necesario.

Al principio es apenas un juego, la primera manifestación de sus nuevas fuerzas es la telequinesis. Primero mueven objetos pequeños, luego más grandes. Siempre entre risas y afianzando esa amistad que nace de compartir un secreto. Especialmente es Steve Montgomery (Michel B. Jordan) el que se acerca a Andrew: el chico más popular del instituto y el más ignorado. No tienen plena conciencia de hasta dónde pueden llegar, sólo se divierten. Hasta que la primera reacción airada de Andrew a punto está de cobrarse una vida. Es Matt el que se da cuenta de la responsabilidad que tienen entre manos. Se perfila de ese modo lo que nos espera, un Andrew cada vez más propenso a usar su fuerza con violencia y un Matt cada vez más prudente y maduro. Cuanto más aumenta la gravedad de los problemas de Andrew (fracaso en su intento de ser popular, agravamiento de su madre, un padre cada vez más violento), más aumentan sus poderes. Como en el caso de Peter Parker, la ira le hace más fuerte. Pero mientras nuestro Spiderman se vuelve sensato y decide aplicar sus privilegiadas cualidades a hacer el bien, Andrew entra en una espiral de  violencia cada vez mayor. Eso es lo que ocurre cuando los superpoderes anidan en los humanos reales, parece decirnos Josh Trank.

La investigación sobre sus habilidades lleva a Andrew  a descubrir la teoría del superdepredador: si el hombre preside la cadena trófica y no tiene inconveniente en matar a otros animales sin ninguna clase de remordimiento, él será el superhombre que someterá la voluntad de los demás. La película se hace cada vez más ácida y comprendemos que sólo la lógica de los relatos de superhéroes permite que la conclusión sea esperanzadora. En la vida real, la que está más allá incluso del realismo de Chronicle, la que respiramos cada día, no siempre tiene un final feliz.

 

La invención de Hugo: Méliès dinamita la cuarta pared

22 febrero 2012 3 comentarios

En 1928 Leon Druhot descubrió, casualmente, a George Méliès vendiendo juguetes y caramelos en un puesto callejero de la Gare Montparnasse. Ese fue el primer paso en la reivindicación del creador del cine como arte de entretenimiento, el incorregible mago como lo definió Renè Claire. Tres años más tarde es invitado a una gala en París en la Salle Pleyel, donde proyectan sus películas y en 1931 es condecorado con la Cruz de la Legión de Honor, que le fue entregada por Louis Lumière. A partir de ese momento, historiadores, críticos y un joven Henri Langlois, futuro fundador de la Cinemathéque Francaise, se acercaron a entrevistarle. En 2012 Martin Scorsese, uno de los más grandes directores de la historia, pone la guinda a el restablecimiento de los honores que nunca se le debieron negar con  La invención de Hugo (Hugo).

A La invención de Hugo se la considera como la primera incursión de Scorsese en el cine familiar, pero es mucho más que eso. Cine dentro del cine, cine homenaje que aúna pasado, presente y futuro en su perfecta sintaxis 3D (de los mejores 3D que hemos podido ver). Un auténtica delicatesen para hacer gozar los paladares más cinéfilos sin que el público medio, ese que llevará a los críos a comer palomitas y una maxi Coca Cola, pase un rato menos divertido. Según nos cuenta Paramount, la película nos narra la asombrosa aventura de un chico resuelto e ingenioso cuyos esfuerzos por desvelar un secreto que le ha dejado su padre trasformarán a Hugo y a todos los que le rodean, y le descubrirán un lugar tranquilo y lleno de cariño al que podrá considerar su casa, sinopsis que a fuerza de no querer desvelar la trama no dice nada (¿quién redactará las notas de prensa?), porque sí es la historia de un huérfano, Hugo (Asa Butterfiled), pero lo que nos cuenta es su viaje iniciático en busca del sentido, de la razón de su existencia y la buscará de la mano de la memoria de su padre, pero también del descubrimiento de la amistad, que es a su vez el descubrimiento de lo femenino, Isabelle una Clhoe Moretz que no decepciona a quienes la venimos siguiendo desde Kick Ass, y del cine que se nos muestra como archivo de la memoria colectiva. Magistral la secuencia en la que Hugo evoca el recuerdo de su padre con el sonido del mecanismo de los relojes, tan parecido al de los viejos proyectores, en contraluz, como si fuera la imagen traída por los haces de una película. Secuencia que por su sentido nos recuerda aquella otra de Coppola en su Drácula (Bram Stoker’s Dracula, 1992) cuando Gary Oldman salía de un cine y parecía como sí toda la tradición cinematográfica asociada al personaje se pusiera en pie ante nosotros. No es, pues, anecdótico que la peripecia de Hugo le lleve a sacar del olvido a Georges Méliès (en la película abuelo de Isabelle).

¿Se acuerdan de Harold Lloyd?

Hugo vive en las tripas de una estación de trenes en el París de los años 30, perfectamente podría representar la de Montparnasse (las localizaciones se han obtenido de diferentes estaciones parisinas que se conservan como en la época, cosa que no ha sucedido con la de Motparnasse a día de hoy modernísima estación de los TGV), aunque la película nos la sitúe en el 7 arrondissement (tal vez porque algunas de las escenas parecen rodadas en el Museo de Orsay, antigua terminal de trenes). Allí se encarga de alimentar la cuerda de los relojes que miden la vida en la estación, esos fantásticos relojes de las viejas estaciones. Se mueve por los pasadizos que van de una a otra maquinaria con la misma habilidad con la que lo hacía Quasimodo en Nôtre-dame y Scorsese  le sigue con vertiginosos travelings, casi planos secuencia, acentuando aún más la sensación de movimiento en el tiempo. Tiempo y movimiento son los dos elementos básicos de las imágenes cinéticas y el ítaloamericano maneja ambos a la perfección, su película va de la imagen movimiento de los primeros films (asistiremos a una proyección de la mano de los dos niños) a la imagen tiempo, la imagen memoria, del cine moderno y llega hasta a la imagen espacio por su manejo del 3D. La propia película se manifiesta como uno de esos mecanismo de relojería que llenan sus planos. Los engranajes, los físicos, harán entrar en contacto a Hugo y Papa George (grandísimo Ben Kingsley en el papel de Méliès), el niño se los roba para reparar un viejo autómata que su padre encontró abandonado en los sótanos de un museo y el anciano le descubrirá. Ahí arranca la peripecia y las relaciones entre personajes se irán estableciendo igual que las ruedecillas encajan unas con otras.

La reparación del autómata, con su gran parecido a la María de Metropolis (1927,Fritz Lang) es el gran MacGuffin de la película, el ingrediente fundamental del suspense. La llave que lo pone en marcha, al autómata, es un corazón; bonito símbolo para expresar que ese invento mecánico que fue el cine no habría llegado a donde está sin el aliento humano. Es por eso que de los pioneros, aunque el invento fuera de los hermanos Lumierè, Méliès es el más importante: fue él el que le vio las posibilidades que tenía como entretenimiento, como truco, como narración, como arte. Y precisamente Viaje a la luna (1902, Méliès), es la obra que enamoró al padre de Hugo del cine, él heredó ese amor y se lo trasladará a  Isabelle, la nieta de Papa George. Pura magia es la que  rezuma el plano de la pareja infantil sentados en la sala oscura, recortados por los haces de luz que proyectan las imágenes del festival de cine mudo al que han asistido, evoca lejanamente al plano de Gloria Swanson levantándose frente al proyector en Sunset Boulevard (1950, Billy Wilder). Auténtico instante de epifanía que reúne al espectador con el espectáculo, nosotros somos ellos maravillados por La invención de Hugo tal como ellos lo están de las imágenes silentes que contemplan. Entramos así al tercer acto de la película donde se producirá la anagnorisis, el reconocimiento de la figura paterna: Méliès, Papa George, como padre de todos los que amamos el cine.

Rodeando a la trama principal, todo un plantel de personajes secundarios componen una comedia coral que alcanza tintes de slapstick cuando entra en escena el inspector de la estación, un  Sacha Baron Cohen mucho más morigerado de lo que tiene por costumbre. Gran parte del ‘color local’ de la estación lo aporta la gente que depende del tránsito de personas por el vestíbulo de la estación para ganarse la vida, entre ellos la vendedora de flores, Lisette (Mortimer), el vendedor de libros, Labisse (Lee), el caballero que atiende el quiosco de prensa,  Monsieur Frick, y su vecina, que regenta el café,  Madame Emilie. Para los papeles de esa ligeramente excéntrica pareja (potencial),  Scorsese recurrió a dos de los mejores actores británicos de carácter,  Richard Griffiths (“uno de los mejores actores actuales”, según Scorsese, e act

idéntico a S. Z. Sakall, característico en los años veinte, treinta, añadimos nosotros) y Frances de la Tour (“siempre he sido un gran admirador suyo”, añade). El director opina: “Los personajes que metió John Logan (uno de los guionistas) en ese pequeño mundo de la estación, en nuestra impresión del París de esa época, yo los llamo las ‘viñetas’, y viven en ese mundo. Trabajan ahí todos los días. Todos esos personajes están pensados para aparecer de vez en cuando en la película, con todos intentando conectar entre ellos, de la misma forma que Hugo intenta conectar con su pasado”. Scorsese abordó las viñetas con un toque ligero, y las filmó casi como una película muda. Los personajes entran y salen del plano silenciosamente, casi sin palabras, mientras se relacionan unos con otros. Sólo con verles, surgen perspectivas que intensifican el ambiente y la sensación que produce la terminal.

La excelente banda sonora de Howard Shore completa el trabajo de ambientación y dramatización. La música por ella misma nos transporta al París de los años 30, pero más aún, nos conduce hacia la infancia y la inocencia. Inocencia que es también la del cine mágico de Méliès. Vaya un corte como muestra (quien quiera un análisis exhaustivo del score aquí tiene un brillante análisis).

La feria estuvo en el origen y algunos consideran que el 3D no es más que un elemento circense, Scorsese demuestra, de una parte la dignidad de ese inicio y, de otra, que el 3D sirve para mucho más que para lanzar objetos a la platea. En sus propias palabras (recogidas en la nota de prensa): En lugar de ser un efecto, tiene que ver con la narrativa, y utiliza el espacio como un elemento de la narrativa. Lo que he descubierto trabajando en 3D es que intensifica al actor, es como ver una escultura en movimiento. Ya no es algo plano. Con las interpretaciones adecuadas y los movimientos de cámara precisos, se convierte en una mezcla de cine y teatro, pero diferente de ambos. Es algo que siempre me ha hecho mucha ilusión…siempre he soñado con hacer una película en 3D. Efectivamente, el 3D de Scorsese es el más inteligente que se ha utilizado hasta ahora (en defecto de no haber visto el de Hitchcock en Crimen perfecto), consigue dotar al cine de una profundidad insospechada que no es mero adorno sino que ayuda al desarrollo de la historia. La película envuelve al espectador con un realismo que ni siquiera el teatro puede lograr. Y es que con Scorsese vemos a los personajes atravesar la cuarta pared como nunca antes se había visto, Scorsese, como antes Méliès, le ha descubierto nuevas posibilidades al cine. Y el genio de ambos maestros se aúna en la pantalla.

Los momentos más brillantes de La invención de Hugo son aquellos en los que pasamos de ver los films de Méliès a pasearnos por entre sus escenarios recreados por la ficción. El cine ayer y hoy participan de la misma voluntad de crear sueños  desde los desafíos e innovaciones técnicas, por eso es el arte que más representa al mundo contemporáneo (y lo viene haciendo desde hace más de cien años). Arte, emoción, fantasía, es lo que descubre Scorsese en Méliès. Es lo que nosotros descubrimos en Scorsese.

 

La mujer de negro o el renacimiento del terror gótico de la Hammer

16 febrero 2012 Deja un comentario

Niños que dibujan, niños dibujados, niños en un sótano, niños en la ventana, niños a través de la ventana. Si para Henry James no hay nada más terrorífico que una historia con dos niños, La mujer de negro (The woman in black, 2012, James Watkins ) multiplica casi por infinito esa ecuación. Que el terror provenga de los niños parece estar convirtiéndose en una constante en el cine de James Watkins (quizá por ello ha elegido como protagonista a Daniel Radcliffe , el niño por antonomasia después de haber protagonizado  ocho veces la saga Harry Potter), pero si en Eden Lake (2007) ellos eran los causantes aquí son los receptores. Y no sabemos que es lo que causa más pánico que sean agresores o que sean víctimas, pues ambas cosas pertenecen a nuestros miedos más atávicos.

Tras esta cinta está la mano de la nueva Hammer a la que vemos totalmente dispuesta a recuperar el espíritu gótico que le dio esplendor durante décadas (50s, 60s, 70s). La mujer de negro rezuma clasicismo por todo lo ancho de sus fotogramas, por ambientación (esmeradísima dirección artística), por temática (nuevamente el caserón encantado con sus fantasmas étereos) y por tratamiento de la trama. Esta película, que nos cuenta el avatar de un joven abogado viudo y padre de un niño, consumido por una pena que no escapa a los ojos de su hijo, que se ve obligado a viajar a algún lugar de la costa presionado por su jefe para resolver un asunto de herencia, reúne todos los lugares comunes de las historias de fantasmas: el mundo victoriano, el recibimiento hostil al forastero (emulando el inicio de la novela de Stoker) la mansión en ruinas, los autómatas, las muñecas de porcelana, los objetos que se mueven solos, las puertas que se cierran o se abren, unas gotas de espiritismo y, por supuesto, las apariciones. Por momentos nos parece estar viendo un relato del mencionado Henry James cuyo carácter ha sabido captar Susan Hill autora de la novela que adapta el guión. En la línea de El Orfanato (2007, J.A. Bayona, que estuvo presente en el prestreno en Barcelona) el film de Watkins sigue la estela de The Innocents (1961, Jack Clayton) sin llegar, claro está, a su redondez.

Poster Hammer Old Style

La mujer de negro no pretende innovar nada, no se aparta ni un momento de lo convencional, de las claves de género y nos ofrece un producto de muy correcta factura. Destaca la economía de recursos con la que presenta a los personajes y va insinuando la historia, de modo que el espectador anticipa a la vez que teme ver cumplidas sus expectativas. Elegante es también el tratamiento de la mujer de negro que da nombre a la película, desde que es apenas una sombra intuida hasta que su rostro nítido y desafiante irrumpe en la pantalla. No hay, así, ningún plano que resulte innecesario, cosa que permite darle efectividad a los sustos que tanto placer produce entre el público más joven. El target al que va dirigido es amplio y en su propuesta pueden entrar tanto los amantes del terror clásico como aquellos que prefieren el efectismo del terror moderno. La cinta mantiene el tono hasta el final (ya me dirán si, después de todo, no es feliz), aunque el ritmo se resiente en ocasiones por la acumulación de elementos y lo dilatado del metraje dedicado a algunos episodios (por ejemplo, la noche que pasa el protagonista en la casa).

En cuanto a Daniel Radcliffe, pasa con éxito la prueba de su reaparición fuera de la saga Harry Potter. En verdad tampoco se ha alejado demasiado del ambiente que domina y en algunos instantes casi nos gustaría que sacase esa varita que creemos debe de guardar escondida todavía.

Salimos del cine con buen sabor de boca con la sensación de haber consumido un producto de entretenimiento con clase. Esperamos que la nueva Hammer, por una parte, y James Watkins, por otra, sigan regalando nuestro paladar cinéfilo con estos agradables platos.

 

Sitges 2011 Premio Órbita: Guilty of Romance

3 diciembre 2011 Deja un comentario

Ya era de noche cuando K. llegó. La aldea yacía hundida en la nieve. Nada se veía de la colina; bruma y tinieblas la rodeaban; ni el más leve resplandor revelaba el gran castillo. Largo tiempo K. se detuvo sobre el puente de madera que del camino real conducía a la aldea, con los ojos alzados al aparente vacío.

Con estas palabras inicia Kafka su novela El castillo. Sabemos todos que el Agrimensor no alcanzará ese castillo que le oculta la bruma pese a haber sido llamado a su servicio, ni conocerá su empresa ni podrá desempeñarla, siempre ante la puerta de la ley hay un guardián. El Castillo es la metáfora de esa misión que nos parece tener y a la que no llegamos a vislumbrar cual si un velo de bruma la cubriese. Todos buscamos nuestro propio Castillo, unos sin saberlo otros a sabiendas, pero no todos estamos dispuestos a arriesgar lo mismo. Los personajes de Guilty of Romance emprenderán esa búsqueda hasta sus últimas consecuencias.

Guilty of Romance (Koi no tsumi, 2011, Sion Sono) nos lleva hábilmente desde la comedia al más sobrecogedor descenso a los infiernos. La historia de Izumi, ama de casa perfecta que pasa sus días dentro de la más anodina rutina hasta que sale al mundo laboral y desde allí, en un salto mortal, se introduce en el mundo del sexo desenfrenado y su comercio, cierra la trilogía del odio que se inició con Love Exposure (Ai no mukidashi, 2008) y continuó con Cold Fish (Tsumetai nettaigyo, 2010). Si algún tema es recurrente es el de la perversión entendida como acto de pervertir, acción en la que el degradante y el degradado llegan hasta las últimas consecuencias ya sean en el sexo o en la muerte (que no dejan de ir parejas). El cine de Sono no puede dejar indiferente, esa mezcla de lirismo y destrucción gore le hacen ser un autor personalísimo que para muchos es de culto. Pero no sólo es seguido por los afines a su irreverente temática, ha recibido también un merecidísimo plantel de premios entre ellos el concedido en el Festival de cine de Berlín. Su última película, la que estamos comentando, se alzó en la última edición del Festival de Sitges con el premio Órbita.

Guilty of Romance empieza con un arranque de impacto: el hallazgo de un cadáver de mujer mutilado del cual algunas partes se han insertado en un maniquí vestido de colegiala (esa fantasía tantas veces repetida por los japoneses). La investigación policial irá sirviendo de contrapunto en el presente al desarrollo de la trama que ha conducido a esa muerte, en una especie de estructura circular. Inspirado en un hecho real acontecido en el barrio de Maruyama allá por los 90s; de ese asesinato la película nos lleva hasta la cotidianidad de Izumi, la joven y abnegada esposa que cada día repite el mismo ritual: espera a su marido, un famoso escritor de novelas eróticas, arrodillada tras la puerta con las zapatillas perfectamente alineadas; le sirve la cena ceremoniosamente; y después ven la tele sin mirarse y sin que ella pierda nunca la sonrisa.

Y la sonrisa se contagia al espectador, porque en este retrato de la sumisión (ella) y la soberbia (él) no nos alecciona con la seriedad de los sermones sino que todo está visto en clave de humor. Sono sabe que la risa se dirige a la inteligencia y que el público recibirá el mensaje sin que él haya de subrayárselo (y quien esto escribe lo agradece mucho). El humor no nos abandona en toda la película, pero poco a poco va tiñéndose de negro del mismo modo que la trama va volviéndose progresivamente más oscura y dramática.

Matrimonio de clase media alta, cumplen con lo que se espera de ellos: la pulcritud y el comedimiento. Viven en un universo ordenado  que sería perfecto si en Izumi no hubiera esa clase de infelicidad que es el aburrimiento. Pobre niña burguesa, busca un empleo ordinario que la entretenga y lo encuentra en un supermercado como vendedora de salchichas, ese será el episodio más cómico de toda la cinta. Sobre todo cuando se entrecruza con la captación de Izumi para el mundo de las modelos fotográficas (oferta que le hace por su candor una especie de madam),  y más concretamente cuando ya se ha deslizado hasta las películas porno (cada vez más subidas de tono). Izumi va cambiando su vestuario, el sexo la libera y se va abriendo a un mundo interior que desconocía. La película usa en este acto intermedio colores vivos, todo se desarrolla a plena luz de un sol radiante, clara metáfora de cual es el estado anímico de nuestra protagonista.

Izumi va cada vez más allá, así llega al barrio de Shibuya (barrio comercial) y se deja seducir y conducirse al Dōgenzaka, la zona donde se concentran los Love Hotels, el centro de la prostitución callejera de Tokio. Y ahí es donde empieza la búsqueda de El Castillo. En un Love Hotel es retenida por su pareja casual que la inicia en el sexo más salvaje y la obliga a no presentarse a su casa. Izumi huye y entra en contacto con una extraña mujer que hace la calle: Mitsuko. A partir de ese momento Mitsuko se convierte en su Virgilio, la guía por el infierno en un viaje iniciático que lleva a la realización del yo, precisamente, en su abandono.

Desde la aparición de Mitsuko en la película Izumi pasa a un segundo término. Mitsuko es una auténtica Belle de Nuit, su bajada al comercio de la carne no es una caída en la depravación sin más, por mucho que se entregue a las prácticas más extremas, es una auténtica búsqueda existencial. Hija de un pintor famoso, se acostumbró al arte desde bien niña, pero igual que en el caso de Izumi ese hombre de cultura la dejó vivir en la insinuación (en este caso además incestuosa) negándole la consumación. Negándole el encuentro consigo misma a través de la sensualidad. Lleva una doble vida y hace partícipe a Izumi de sus dos rostros, el de barata prostituta nocturna y el de brillante profesora universitaria diurna.

“Nunca debí aprender las palabras” es el verso que les está leyendo a sus alumnos cuando Izumi la visita en su aula. Mitsuko es el agrimensor (y nos atrevemos a decir que el trasunto del propio Sono, poeta además de cineasta), sabe que tanto sus alumnos como Izumi sólo se dejan llevar por la melodía superficial del poema. Pero ella quiere llegar más allá, la imbuye el kafkiano deseo de ser piel roja, quiere la experiencia pura, sin embargo sabe, que a ella le está negada la “alegría de vivir entre las plantas”. Quiere que las palabras sean carne, que la poesía sea vida, que el abismo esté encarnado, ese es su Castillo. Ahora bien, el agrimensor nunca llega al Castillo.  Mitsuko no puede acceder al fondo del verbo hecho carnalidad, por mucho que se entregue a la concupiscencia, por más que quiera recuperar la sexualidad que le negaron desde niña a través del abuso, de la lascivia más indómita, de la perdición. A ella no le queda más camino que la muerte.

Pero Izumi puede ocupar su lugar. Así que la arrastra hasta el fondo para adiestrarla, para convertirla en ella misma cuando aún había esperanza, aunque fuera desesperada. Izumi se rompe pero al romperse se libera: ahora será ella la que irá en pos del Castillo.

 

Atelier 13 nos ofrece: Lionel Atwill – El Doctor X. Un sádico en Hollywood

1 diciembre 2011 4 comentarios
Atelier nos propone un magnífico pack protagonizado por el más loco y sádico  de los mad doctors de Hollywood: Lionel Atwill.
En el programa, seis películas (muchas esenciales) de su breve carrera, varias de ellas editadas por primera vez en nuestro país en DVD  y solo tres de ellas estrenadas en su época: El asesino diabólicoEl hombre que fabricaba monstruos y El extraño doctor Rx, de los que reproducimos los programas españoles. En el pack, para rozar la perfección solo se echa de menos Los Crímenes del museo (Mystery of the Wax Museum, 1933 Michael Curtiz)  pero esa puede conseguirse facilmente si se hacen con la versión en DVD de André de Toth (1953)  protagonizada por Vincent Price, ya que la tiene como extra de lujo. Este  pack les ofrece:
DOCTOR X (EL DOCTOR X, 1932): Un periodista se interesa por una historia de asesinatos y canibalismo. Su investigación le lleva al instituto del doctor Jerry Xavier, que trabaja con cuatro científicos realmente extraños. Un extraño film de terror de Warner repleto de tipos extraños y rodado en color (al igual que Los crímenes del museo) pero con un procedimiento del color tan poco perfeccionado que nos da un resultado aún más aterrador. Además de director de lujo en ciernes, tenemos a Fay Wray, la primera Scream Queen del cine poco antes de enfrentarse al rey Kong. Años después, la misma Warner produjo The Return of Dr. X (Vincent Sherman, 1939), un descacharrante film de terror interpretado por un nada convencido Humphrey Bogart (aquí como Maurice Xavier). El actor NUNCA volvió a interpretar un film de terror.
Dirigida por Michael Curtiz – Con Lionel Atwill, Fay Wray y Lee Tracy. 76 min.MURDERS IN THE ZOO (EL ASESINO DIABÓLICO, 1933): Eric Gorman, un zoólogo tan rico como celoso, le cose los labios a un pretendiente que ha osado besar a su mujer en una expedición por Oriente. De vuelta a Nueva York, sospecha que ella le es infiel. Un film del todo bizarro que tengo ganas de revisar al ser uno de los menos difundidos del actor. En su reparto el caracartón de Randolph Scott, por entonces a punto de iniciar su vida en común con Cary Grant.
Dirigida por A. Edward Sutherland – Con Lionel Atwill, Randolph Scott y Kathleen Burke. 62 min.

Programa doble frontal (Cerrado).

Programa doble reverso (cerrado) nótese la propaganda política.

MAN MADE MONSTER (EL HOMBRE QUE FABRICABA MONSTRUOS, 1941): Todos los pasajeros de un autobús mueren electrocutados en un accidente a excepción de Dynamo Dan, un artista de feria. El oscuro doctor Rigas pone a prueba su inmunidad para crear una raza de superhombres. 59 min.
Otra interpretación de Lon Chaney Jr. en la que mezcla su registro inocente ya demostrado en el Lennie de  Of Mice and Men  (1939, Lewis Milestone) junto al fatalismo visto una y otra vez en su papel estrella como Larry Talbot.
Dirigida por George Waggner – Con Lionel Atwill, Lon Chaney Jr. y Anne Nagel. 59 min.THE MAD DOCTOR OF MARKET STREET (EL MÉDICO LOCO, 1942): Al fracasar un experimento sobre animación suspendida, un científico loco huye a Oceanía y acaba en una isla en la que aterroriza a la población local y a sus compañeros de naufragio. Poco puedo decirles de este film salvo que estoy deseando verlo…
Dirigida por Joseph H. Lewis – Con Lionel Atwill, Una Merkel y Claire Dodd. 61 min.THE STRANGE CASE OF DOCTOR RX (EL EXTRAÑO DOCTOR RX, 1942): Absueltos de varias acusaciones criminales, cinco hombres son asesinados por un vengador, el misterioso Dr. Rx. La policía contrata al detective Jerry Church para que le ayude en su investigación.
Dirigida por William Nigh – Con Lionel Atwill, Patric Knowles y Anne Gwynne. 66 min.

Programa sencillo.

Programa sencillo.

NIGHT MONSTER (EL MONSTRUO NOCTURNO, 1942): En el pantano que rodea la mansión del riquísimo Kurt Ingston se producen varios asesinatos. Los rumores dicen que hay un monstruo. Tres médicos, un psiquiatra, un yogui, un chófer, una loca, su cuidadora y un mayordomo figuran entre los sospechosos… o futuras víctimas.
Con semejantes individuos metidos en la tenebrosa mansión de turno (uno de ellos un casi invisible mayordomo interpretado por Bela Lugosi) entenderán que no puedan perdérsela. Además, si la cosa no funciona muy bien, siempre hay un consuelo: Dura 73 minutos.
Dirigida por Ford Beebe – Con Lionel Atwill, Bela Lugosi y Ralph Morgan. 73 min.

Idioma: inglés
Subtítulos: español – français
Imagen: blanco y negro
Formato: 1.33:1 (original)
Duración total: 400 min.

Sitges 2011: presupuestos dispares, distintos resultados, La Cosa (2011) versus El Páramo

29 noviembre 2011 Deja un comentario

De grandes presupuestos no necesariamente resultan grandes películas. Prueba de ello es The Thing (2011, Matthijs Van Heijningen), precuela de la obra maestra de Carpenter, que sin duda es un cinta entretenida y de impecable factura, pero totalmente olvidable. En el lado opuesto nos encontramos con El páramo (2011, Jaime Osorio), película modesta que rezuma honestidad y que vuelve a nuestra memoria una vez vista para descubrirle cada vez nuevos valores. Veámoslo con más detenimiento.

En 1982 Carpenter versionaba El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, 1951, Christian Nyby) logrando un film que superaba el original.  A todo color, con unos efectos especiales que no han perdido su espectacularidad, Carpenter extrae de aquella modesta obra de Serie B todo un clásico de la Ciencia Ficción que rivalizó en su momento con Alien (1979 ,Ridley Scott). Pero no es sólo un clásico por su diseño artístico sino también por su profundización en las tensiones que desata la vida aislada de unos hombres que se ven obligados a vivir sin la presencia de nadie más que ellos mismos. Precisamente cuando se ven enfrentados a una presencia ajena (y amenazante) los conflictos afloran y acaban siendo un peligro mayor unos para otros que la propia amenaza externa. Y esto último es lo que se pierde en la precuela.

Matthijs Van Heijningen se limita a poner imagen a lo que en la película de Carpenter tenía una medida condición de elipsis y, para su desdicha, no consigue aportarle nada a la historia con ello. Al contrario, banaliza su episodio (qué ocurrió en la primera base ocupada) y el resultado global si hubiese pretendido versionar lo ya contado por Carpenter. La nueva The Thing es tan sólo un producto comercial que no profundiza en los mimbres de la historia que cuenta, sino que se limita a presumir de los avances tecnológicos que permiten a día de hoy lograr impecables efectos digitales (aunque también sea loables los de maquillaje y los visuales). Ni siquiera la presencia de Mary Elizabeth Winstead es capaz de dar calado a la trama, no se le saca partido a su condición de elemento femenino que se entromete en ese nido masculino, con Howard Hawks en la dirección su presencia habría desatado más tormentas que el propio alienígena. A la inversa que en la obra de Carpenter, todo se somete (y sacrifica) al logro de la espectacularidad circense. En su honor hay que reconocer que se trata de un producto de agradable ingesta, eso sí, una vez consumido no queda el más leve poso.

Jaime Osorio se alzaba con el Premio Citizen Kane a mejor director revelación en este pasado Festival de Sitges, lo hacía por un trabajo que un espectador definió como «La Cosa sin cosa», y no le faltaba razón. El Páramo nos cuenta la historia de una brigada de nueve soldados a los que se les ha encargado acudir a una base de la que se ha perdido todo contacto. Una vez allí descubren que todo el destacamento ha muerto y la única persona viva es una extraña mujer que había sido encerrada. Nada permite descubrir qué ha llevado a la muerte a los soldados de la base, pero unas extrañas pintadas con alusiones al diablo genera el temor de que esa mujer superviviente tiene mucho que ver con esas muertes. Poco a poco el aislamiento, la incapacidad de comunicarse con el exterior y la imposibilidad de huir, socavan la integridad y la cordura de los soldados, haciendo que pierdan la certeza sobre la identidad del enemigo y les crea dudas sobre su verdadera naturaleza.

Rodada en una base militar real a 4.300 metros sobre el nivel de mar (a la que el equipo y los actores tenían que acceder a diario desde los 3.600 mts de altura donde se ubicaba el Hotel Carretero), el propio paisaje desolado funciona como un personaje más. Para comprender mejor la trama hay que tener en cuenta la particularidad del ejército colombiano y es que en su mayoría esta integrado por soldados campesinos que provienen de las mismas zonas donde a diario deben combatir al enemigo. El campo con su inmensidad, la inocencia y las costumbres arraigadas de sus habitantes, está plagado de historias que se convierten en mitos y leyendas. Eso explica la locura que va adueñándose de los nueve soldados, progresivo ingreso en la enajenación que les convierte a ellos mismos en sus peores enemigos. Creyendo atacar a una amenaza externa son ellos los que se van dando muerte paulatinamente instigados por el pánico que el horror de lo bélico lleva asociado.

Aunque algunos puedan afirmar que es una película bélica y no fantástica y discutan la pertinencia de incluirla en la sección oficial de Sitges, nosotros la consideramos una película de terror: el terror real que conlleva la brutalidad de la guerra. Y así debe de considerarla el propio Osorio quien aclaraba en su presentación en el festival que su intención había sido que los espectadores participarán, vivieran en sus propias carnes el pánico de los protagonistas. Es por esa pretensión que escoge la técnica de la cámara en mano, una cámara que se hace opresiva por su escasa profundidad de campo, casi nos introduce en la piel de esos soldados y sentimos la presión del aislamiento, de su enfrentamiento a ciegas contra una amenaza indefinida que en su superstición achacan a alguna presencia infernal. Nosotros estamos tan a oscuras como ellos mismos y vivimos la incomprensión de ese darse muerte unos a otros al que se entregan. Cuando descubren que no hay más maldición que su propio terror, es demasiado tarde. Y nosotros también nos hemos visto privados de la capacidad de anticipación, partícipes como somos de la ausencia de perspectiva a la que nos han forzado esos planos cortos y vertiginosos.

En esta ópera prima, sin duda, no todo son virtudes: su metraje es excesivo, su escasa iluminación, su ausencia de profundidad es abusiva y, para el espectador español, lo enrevesado de ese sociolecto hace difícil seguir los diálogos (aunque ese no es un defecto de la película). Pero en su honor, y a nuestro juicio, hay que reconocerle que triunfa allí donde fracasa la precuela de La Cosa: Osorio sí sabe mostrarnos que el verdadero lobo para el hombre es él mismo. En suma, como declara el propio director galardonado: El Páramo logra generar una sensación física, así sea de repulsión y al mismo tiempo intelectual. Quitándole al espectador la comodidad que tiene al sentarse en una sala de cine (…) lo que me interesa o me llama del cine y que me gustaría lograr con él, es finalmente una cosa: no es invitar a soñar sino a despertar. Eso sí define el cine que me interesa. Uno puede hacer ambas, una: que el espectador evada, o despertar, generar una reacción no solo emocional, sino cuestionarlo, invitarlo a la reflexión, que sea una actividad activa y no pasiva.

 

The Human Centipede 2 : La escatología del horror

3 noviembre 2011 Deja un comentario

¡Que deliciosamente desagradable es  Human Centipede 2 (Full Sequence)! Si pensaban que Tom Six ya había dicho todo que tenía que decir sobre su retorcida idea con la primera… ¡Andan totalmente equivocados!  ya que, no sólo es  bastante más retorcida esta segunda entrega, es que el bueno de Six  prepara la tercera entrega con esta todavía caliente. ¡Y vaya si está caliente!

Les supongo totalmente informados sobre la premisa que sirve de argumento a esta saga, pero hagamos un recuento: El primer film (The human Centipede: First Sequence, 2009)  narra el proyecto de un mad doctor al uso que tiene la descabellada idea de unir tres personas boca-ano,  conectando así sus sistemas digestivos. El experimento llega a buen puerto y da como resultado un (des)agradable film no apto para todos los estómagos que se anunciaba como “Médicamente posible al 100%”, pero aunque Six jura que sí, los médicos disienten, ya que nadie podría nutrirse de materia fecal y tendría infecciones como la hepatitis, el cólera, amibiasis, E. coli y tifoides, transmitidas por comer partículas de heces.

El film  se proyectó con éxito en  certámenes como el de  Sitges,  Frightfest (Londres) o Fantastic Fest (Austin, Texas), obteniendo premios en estos últimos, lo que animó a su director, el holandés Tom Six a continuar desarrollando la idea. ¡Y vaya si la está desarrollando!

Si la primera entrega es una película escándalo que despierta la curiosidad a la vista  del original punto de partida, NO ES NADA, comparada con la segunda parte que he podido visionar. Después de un festival de Sitges en el que la propuesta más sangrienta a competición que nos han ofrecido es The Woman, (2011, Lucky McKee), la verdad es que con este film uno se quita el gusanillo de ver algo que, bajo mi punto de vista, es desagradablemente transgresor ¿Por qué no se ha proyectando en Sitges? Posiblemente la organización no ha querido más problemas tras la polémica  absurda del año anterior, una opción muy lógica tal y como está el patio con eso de la corrección política y con todos los inquisidores  de guardarropía cogiéndosela con papel de fumar.

Pero  vayamos con The Human Centipede 2 (Full Sequence) : ¿De qué va esta segunda parte?, Pues  a grandes rasgos se trata del delirio de Martin (sosias en horrible de Peter Lorre)  un vigilante de parking obsesionado con la película original de Mix, de tal forma que planea realizar el experimento pero incrementando el número de elementos a enlazar. Para recrear a la perfección el primer film, nuestro amigo Martin consigue, mediante engaño, contar incluso con la actriz sobreviviente del primer film, Ashlynn Yennie, que se verá interpretando «en la vida real» el papel que realizó en la primera parte. Pero claro, nuestro protagonista tiene nulos conocimientos de cirugía así que… tendrá que hacer las cosas con los medios que tiene a mano, experiencia que será muy dolorosa para sus conejillos de indias…

Martin  es el protagonista absoluto del film. Un tipo con grandes problemas mentales y que sufre un historial de abusos bastante voluminoso que hace que cuando salta la chispa, entre como un elefante en una cacharrería haciendo realidad su fantasía y creando, con más ilusión que destreza, su propio «ciempiés humano». Además, Martin se retrata como un perfecto especialista en el cachiporrazo y tentetieso en vista de como captura a sus víctimas.  El actor Laurence R. Harvey (Martin), tiene una larga carrera teatral en su Inglaterra natal, además de haber participado en programas infantiles. Con este personaje logra una gran creación que, a veces hace dudar de si se trata de un actor profesional o … un actor natural (ustedes ya me entienden).

Todo ello brillantemente rodado de forma feísta y acertadamente en blanco y negro, ya que como deben de saber, la sangre casi es más terrorífica en negro… además de que se nos ahorra ver a todo color otro tipo de fluidos escatológicos que embadurnan una porción del metraje. También adquiere   el film así  aspecto semidocumental. Los diálogos escasean  y contiene una banda sonora cacofónica que contribuye a crear  un ambiente asfixiante  y opresivo que en ningún momento nos da tregua. Un terror casi de arte y ensayo que  apesta desde la pantalla. Así que si dan con ella, no se alarmen aunque esté en versión original sin subtítulos, ya que tal y como les he dicho el film contiene escasos diálogos.

Naturalmente esta secuela ya nace con polémica, cosa que alimenta el director, lo que motivó que tras visionar el primer tráiler,  el Comité Británico de Calificación de Películas (BBFC) prohibiera su difusión en el Reino Unido. Prohibición  que resultó ser la mayor publicidad para el film. Para el comité:

«Hay pocos intentos de presentar a alguna de las víctimas como algo más que objetos para ser maltratados, degradados y mutilados para la diversión y la excitación del personaje central así como por el placer de la audiencia».

Laurence R. Harvey, que  también vive con su madre, declaró alegrarse de que ella no la hubiera visto. Y no sólo eso, también se alegraba de que se hubiera prohibido su exhibición en Inglaterra . Pero lamentablemente (para el actor), su madre podrá verle en las salas ya que  se estrenará, eso sí,  tras 32 cortes  que reducen el metraje en dos minutos y treinta y siete segundos.

Mientras, en Estados Unidos el filme está recaudando buenas cifras, y eso que únicamente se proyecta en sesión nocturna y con una versión algo aligerada también. Veamos el trailer australiano:

Durante el pase en Austin (Texas), la Distribuidora IFC Films aparcó una ambulancia en la puerta del cine (como ya se hiciera en 1931 durante el pase de El Dr. Frankenstein), por si sus servicios fueran necesarios. También se proveyó con una bolsa para vomitar a cada asistente  (un gimmick también poco original  que ya se hizo con por ejemplo, Las torturas de la Inquisición de Michael Armstrong en su pase por  Estados Unidos y en España con Slugs, muerte viscosa  de Piquer Simon). Aquí algunos de los comentarios que despertó tras su  proyección en Austin:

«Una experiencia intensamente interesante y absolutamente divertida»  (Bloody-Disgusting)

«La película no aspira a ser algo más que una experiencia cinematográfica muy incómoda.  (ColeSmithey)

«Yo nunca le diría a nadie abiertamente que no vea una película, pero la más cercana que he encontrado es «The Human Centipede 2»  (WeAreMovieGeeks)

Por lo que a mi respecta la película me parece correcta. Me parece altamente saludable el tener la posibilidad de ver este espectáculo bizarro sin que se me prohíba y sin discutir mi salud mental ya que, a fin de cuentas se trata de una película (Repitan conmigo: «Sólo es una película, sólo es una película, sólo es una película…»). No, no es una visión agradable, ni mucho menos y quizás el director juega a escandalizar y a realizar un más difícil todavía, pero en todo caso tiene su lugar y después de ver este salto sin red que es The Human Centipede 2: Full Sequence, tengo mucha, mucha curiosidad por saber que nueva aberración sacará de su manga Tom Six con ese Human Centipede 3: Final Sequence, que según el propio director dejará esta segunda como una película de Disney…

 SPOILERS EN LA RED

Expongo unos detalles de última hora que explican que la versión que se puede ver por la web posiblemente no es completa ¿Leyenda? ¿Realidad? En todo caso son detalles para un film que, ya de por sí es bastante fuerte:

«Poco antes de que la embarazada se despierte, Martin se pone a violar al ciempiés humano con el miembro envuelto en alambre de espino. También se está masturbando con papel de lija cuando las borrachas se ríen de él en el parking. Lo del recién nacido también me suena que era más hardcore» (Trelkovsky, Focoforo).

«OJO CUIDAO DE VANGUARDIA: Parece ser que la versión mutilada no merece la pena en absoluto. Por lo que deduzco de lo que leo, con los cortes se ha perdido el mejor salto con tirabuzón de la película: Todo es en blanco y negro, menos la mierda, que es MARRÓN» (Vigalounge, Focoforo)

Cowboys & Aliens: un western espacial especial

1875, Territorio de Nuevo México. Un extraño (Daniel Craig), sin recuerdos de su pasado llega dando tumbos a un pueblo del desierto. La única pista de su historia es un misterioso grillete que le rodea la muñeca. Lo que descubre es que la gente del pueblo no da la bienvenida a los forasteros, y nadie hace un movimiento en sus calles a menos que la orden de hacerlo venga de la mano del coronel Dolarhydel (Harrison Ford). Es un pueblo que vive en el miedo.

Pero Absolution está a punto de experimentar algo que apenas puede comprender, ya que el desolado pueblo es atacado por merodeadores desde el cielo. Descendiendo con estrépito a una velocidad impresionante y con unas luces cegadoras para abducir uno a uno a la gente indefensa, esos misteriosos visitantes desbordan todo lo que el pueblo haya conocido hasta ahora.

Ahora, ese desconocido al que rechazaron es su única esperanza para la salvación. A medida que este pistolero comienza lentamente a recordar quién es y dónde ha estado, se va dando cuenta de que tiene un secreto que podría darle al pueblo la oportunidad de luchar contra las fuerzas alienígenas. Con la ayuda de la esquiva viajera Ella (Olivia Wilde: Tron: Legacy, The Change-Up), reúne una tropa formada por antiguos adversarios: la gente del pueblo, Dolarhyde y sus muchachos, y los guerreros apaches, todos en peligro de ser aniquilados. Unidos contra un enemigo común, se preparan para un enfrentamiento épico por la supervivencia.

Así resume Paramount para la prensa  (bien poco resumido, a fuer de sinceros) el argumento de otro de los estrenos más esperados: Cowboys & Aliens, en el que también está implicado el Midas de Hollywood, Spielberg, que quedó tan entusiasmado con la historia que llegó a comentar: Yo estaba extrañado de que nadie hubiera hecho antes algo como esto. ¿Pero realmente es tan original esta fusión de géneros?

Sabido es y no voy a descubrir nada si digo aquello de que los grandes estudios a veces (más de lo que lo admiten) escarban entre los más humildes productos buscando la idea mágica que les haga llevarse el gato al agua. Bueno, a veces también se la clavan directamente vendiéndoles productos descabellados (o casi) en un día especialmente generoso y feliz del productor o porque, el humilde guionista está poseído de la inventiva de un vendedor de almohadas mariposa. El caso es que a veces los estudios compran como magníficas ideas marcianas que, eso sí, bien maquilladas, con buenos actores y una inversión más que respetable puede convertirse en una película taquillera e incluso de culto.

Así, con  casi todo ya visto y sin nada nuevo bajo el sol, se han podido ver, en el estricto plano de la más adorable serie B, híbridos desprejuiciados y mezclas de géneros tan dispares  como kárate y (spaghetti) western (El kárate, el colt y el impostor, 1972 de Anthony M. Dawson -Antonio Margheriti- o La ley del kárate en el oeste, 1973 de Tonino Ricci); kárate y vampiros (Kung fu contra los 7 vampiros de oro, 1974 de Roy Ward Baker); terror y western (Billy The Kid vs. Drácula y Jesse James Meets Frankenstein Daughter, 1966, ambas del incombustible William Beaudine); humor y ciencia ficción  (El E.T y el oto, 1986 Manuel Esteva); dinosaurios cazados a lazo por vaqueros (La Bestia de la montaña, 1956 de E. Nassour e Ismael Rodríguez ) o vaqueros y ciencia ficción.

Y ya hemos llegado donde queríamos.

Y es que claro, alguien ya tuvo la idea antes, aunque el presupuesto del, en este caso serial, fue el equivalente al  invertido en peluquines para Harrison Ford en Cowboys & Aliens (2011, Jon Favreau). Se trata de El Imperio Fantasma (The Phantom Empire, 1935 Otto Brower y Reeves Eason ) serial en 12 episodios producido por Mascot, uno de los más humildes estudios del Powerty Row, o lo que es lo mismo, la zona de los estudios más pobres de Hollywood. El Imperio Fantasma narraba lo que sucede cuando el cowboy cantante Gene Autry descubre la civilización subterranea de Murania bajo su rancho, con reina malvada incluída con ansias de dominar el mundo. Y con un Autry principalmente preocupado por llegar a tiempo a la emisión de su programa de radio antes de que le rescindan el contrato. Tan humilde era el presupuesto que para los robots se reciclaron, los ya ridículos utilizado por la Metro en un número musical de Alma de bailarina (Dancing Lady, 1933 Robert Z. Leonard).

Por si todo esto no sonara  bastante triste, en España se estrenó después de la guerra en tres episodios (llamados en la época jornadas), que, en vista del éxito obtenido por el  serial de Flash Gordon, Marte ataca a la tierra (Flash Gordon’s Trip to Mars, 1938 Ford Beebe) que aquí se estrenó condensada como largometraje, se decidió que si salían robots, rayos y tipos raros con chillonas camisas de cowboys, lanzarían el serial como otra aventura, en este caso, de “Flas” Gordon, tal y como lo indicaron en el cartel. Así resumía la trama una publicación de la época: Espectaculares aventuras de Flash Gordon (ahora bien escrito) que con la ayuda de sus dos pequeños amigos, Frankie y Betsy, sostiene una descomunal lucha contra un grupo de sabios ambiciosos y una poderosísima ciudad situada a seis mil metros bajo el nivel de la tierra y dotada de los más increíbles adelantos técnicos y científicos“.  A pesar de todo, el serial fue un éxito en nuestro piadoso pais, cosa que no es sorprendente dadas las ganas de evasión en un país sumido en plena postguerra, así como los atractivos nombres de los tres episodios con los que se distribuyó: La ciudad subterranea, La Cámara Diabólica y El rayo de la muerte. …¡¡Qué bien suenan y cuánto han cambiado las cosas!!… ¿O no?

Fergus y Ostby, guionistas del film de Favreau (Iron man, Iroman II) afirman haberse motivado con la imagen de portada de una novela gráfica, ¿de cuál se trata? Bien, ahí está el inicio del proyecto. Scott Mitchell Rosenberg editor de cómics y creador de Platinum films, tuvo la idea de hacer un crossover entre el viejo oeste y la ciencia ficción, por eso en 2006 creó y adquirió los derechos de la novela gráfica escrita por Fred Van Lente y Andrew Foley con los dibujos de Luciano Lima, Cowboys&Aliens. Así pues, aunque no sea la primera vez en la historia del cine en la que se combinan ambos géneros, la película de Favreau es la adaptación de esta novela gráfica, que siempre estuvo pensada para ser llevada al cine. Cuando Spielberg y más tarde Ron Howard conocieron el proyecto, no vacilaron en financiarlo y de ese modo llegamos a la película que va a estrenarse en España este próximo viernes 2 de septiembre.

Favreau se muestra sabio en la utilización del scope y en la construcción de escenas de acción grandiosas, pero esta vez nos firma una película, entretenida, sí, que peca de obvia. Aparecen tooodos los tópicos del western: el forastero, los cazarecompensas, el hacendado que tiene dominado al pueblo, su hijo gañán, ese sheriff honesto que no se deja corromper y está dispuesto a hacer cumplir la ley, el hombre del Este que viene a hacer fortuna y a tratar de que la civilización llegue al salvaje Oeste… Todos, salvo el duelo final, que aquí se ve sustituido por el enfrentamiento definitivo contra esos lagartos mutantes que son los aliens. Mientras la veía recordaba Navigator (Vincent Ward, 1988), sobre todo porque se echa en falta el pánico ante esos seres y esas naves que tendrían que haber acojonado al más curtido de los hombres en ese Oeste recién salido de la guerra civil donde no se había visto ni siquiera un automóvil. No nos podemos creer esa reacción y es que la película está más centrada en apurar el western que en combinar los géneros y, sobre todo, en transmitir su mensaje de envoltura de chocolate italiano (¿No habéis probado los Baci?): los aliens no son más que una excusa para enarbolar un discursito sobre lo buena que es la unión entre los hombres de todas las razas (sean de paz o no) y como así todos redimen sus culpas (por si se nos escapaba el pueblo se llama Absolución).

La mezcla de géneros sólo se cumple de verdad en el espectacular desenlace, en el que asistimos a las mejores coreografías y donde se integra la trama fantástica dentro de lo que hasta entonces no ha sido más que un western sobrevolado por efectos especiales de ciencia ficción. Es ahí además cuando Harrison Ford da lo mejor de sí mismo como habitual al género de aventuras que es. Un Harrison Ford desigual a lo largo de la cinta.

Enmarcados por una fotografía excelente (debida a Matthew Libatique, colaborador habitual de Aronofsky), la tríada de protagonistas cumple su cometido con diferentes resultados. Nuestro último Bond, Daniel Craig, construye un muy creíble hombre sin nombre, como el que solía interpretar Eastwood en las películas de Leone. Explota bien su mirada fría, su temple y su mutismo, dando perfectamente la talla de antihéroe carismático que va a resolver todos los problemas para después seguir su caminar solitario. Por el contrario, Olivia Wilde podría haberle sacado más partido a su personaje, no sabe jugar todas las bazas que le da ni siquiera después del giro argumental que aumenta su relevancia dentro de la trama. No parece encontrarse, porque ni es la guapa chica florero ni la aguerrida compañera de batalla, decepciona un tanto aunque más decepciona su recatado desnudo (¡asco de corrección política!) que sacrifica todas sus posibilidades eróticas para no dejar de ser ni en un sólo momento una película apta para todos los públicos.

En definitiva, se le habría podido sacar mucho más partido a la historia con esos mimbres, pero la película no pasa de ser un mero entretenimiento sin el menor calado. Eso sí, si dejamos apartada la mente crítica y volvemos a nuestra candidez prepuberscente podemos pasar un rato entretenido, que hay bonitas praderas, mejores cañones y buenas escenas de jinetes cabalgando a través de ellos.

Respecto a la taquilla, nuestra previsión no es muy optimista atendiendo a lo tardío de su estreno. Que la vuelta al cole ya está en El Corte Inglés y ya no hay que tener distraídos a los enanos para que los padres puedan descansar de ellos un rato.

Veredicto, pues: blockbuster veraniego que llega a destiempo y al que no lo salva la conjunción de talentos que se da en él.

Destino Final 5 o el espíritu del cartoon llevado al horror

Cuando en el año 2000 aparecía la primera entrega de esta saga suponía una innovación: como en cualquier slasher todos van muriendo, salvo que no en manos de un psicópata sino perseguidos por la propia muerte, que les avisa mediante su enigmático emisario: el forense Mr Bludworth. Lo que fue innovación se convirtió en esquema de una serie que acaba de estrenar su quinta secuela la cual ofrece lo que de ella se espera. No pasamos miedo, al contrario, estamos pendientes de cómo van a ser esas muertes que ya sabemos se van a dar con una actitud de animus jocandi.

Aunque parta de la idea de fatalismo, sus trágicas muertes están carentes de tragedia, más bien las adorna un humor negrísimo cual si nos encontráramos ante un episodio del Correcaminos o de tantos otros cartoons. Tanto es así que casi estamos esperando que de un momento a otro aparezca en cualquier objeto la famosa marca Acme. Vean este vídeo con diez de las mejores muertes como ejemplo de lo que estamos diciendo:

Desde la primera secuela se juega a darle pistas al espectador y guiños que hacen referencia a episodios anteriores, así todos estamos esperando que salga en algún momento el número 180 que corresponde al del vuelo que se estrella en el inicio de la primera parte. El mayor problema al que se enfrenta esta franquicia es el reto de conseguir muertes cada más espectaculares y grotescas para mantener la atención del público que acude a cada entrega igual como quien lo hiciera a algún episodio de Jackass, pero mucho más radical aunque ficticio. Es difícil de conseguir y así Destino final 4 (Final Destination 4: Death Trip 3D, 2009, David R. Ellis ) resultó la más floja de las rodadas hasta entonces a pesar de la utilización del 3D. Por otro lado, su mejor baza es crear suspense ante cada nuevo accidente porque la película juega con nosotros al despiste y asistimos a la escena elucubrando cómo va a encontrar la muerte cada personaje según se nos van mostrando planos de detalles que pueden provocar la desgracia.

Este próximo viernes día 26 llega a las pantallas españolas  Destino final 5 (Final destinarion 5, 2011, Steven Quale) también en 3D, contar algo de su argumento, pese a que el punto de partida sea el mismo (premonición-evasión del primer acidente-progresiva muerte de los supervivientes), supondría ya un spoiler que eliminaría ese factor sorpresa que sigue conservando. Por otra, parte quien esto escribe no puede compararla a las anteriores por no haber seguido la franquicia, de modo que no sabría decirles si efectivamente es más profunda que las anteriores, lo que sí puedo decir es que el dibujo de los personajes no pasa de cuatro líneas que apenas los bosquejan; sin embargo, ello no es un inconveniente en el film que busca más la espectacularidad que la empatía.

Y la espectacularidad está lograda desde los títulos de crédito (auténticas pistas de lo que nos espera). Igualmente el accidente evitado ofrece alguno de los momentos más atractivos del film. Puedo asegurarles, eso sí,  que, a menos que sean ustedes muy aprensivos, les esperan una buena dosis de carcajadas. Ninguno puede salir del cine pensando que acaba de ver una obra maestra, pero cumple suficientemente bien su cometido: es una cinta de verano fresca que nos procura casi dos horas de evasión de nuestra realidad veraniega, tan sofocante ella fuera del cine. La película carece de grandes expectativas (ni siquiera pretende del 3D otra cosa que efectos circenses) y eso juega a su favor, abandonamos la sala con menor decepción de la que nos dejan algunas películas más ambiciosas en sus planteamientos. En definitiva, no apta para ser vista sin palomitas (y casi estoy por decir que sin estar rodeado de adolescentes con las hormonas revoloteadas).

Si están atentos a la aparición del célebre 180 descubrirán que, siendo la última hasta ahora, funciona como precuela cerrando aparentemente el círculo. ¿Significa eso que ya no habrá más partes? Pues según su director, Steven Quale , eso va a depender del éxito en taquilla que tenga ésta en sus exhibiciones. Así que ya saben, depende de ustedes que continúe o no, si lo han pasado bien con las anteriores no duden en ir a verla y si no, pues ya saben, pueden hacer que acabe aquí. Esta vez no les recomiendo ni lo uno ni lo otro, sino que se lo dejo totalmente a su elección.

Destino Final 5

Cuando en el año 2000 aparecía la primera entrega de esta saga suponía una innovación: como en cualquier slasher todos van muriendo, salvo que no en manos de un psicópata sino perseguidos por la propia muerte, que les avisa mediante su enigmático emisario: el forense Mr Bludworth. Lo que fue innovación se convirtió en esquema de una serie que acaba de estrenar su quinta secuela la cual ofrece lo que de ella se espera. No pasamos miedo, al contrario, estamos pendientes de cómo van a ser esas muertes que ya sabemos se van a dar con una actitud de animus jocandi.

Aunque parta de la idea de fatalismo, sus trágicas muertes están carentes de tragedia, más bien las adorna un humor negrísimo cual si nos encontráramos ante un episodio del Correcaminos o de tantos otros cartoons. Tanto es así que casi estamos esperando que de un momento a otro aparezca en cualquier objeto la famosa marca Acme. Vean este vídeo con diez de las mejores muertes como ejemplo de lo que estamos diciendo:

Desde la primera secuela se juega a darle pistas al espectador y guiños que hacen referencia a episodios anteriores, así todos estamos esperando que salga en algún momento el número 180 que corresponde al del vuelo que se estrella en el inicio de la primera parte. El mayor problema al que se enfrenta esta franquicia es el reto de conseguir muertes cada más espectaculares y grotescas para mantener la atención del público que acude a cada entrega igual como quien lo hiciera a algún episodio de Jackass, pero mucho más radical aunque ficticio. Es difícil de conseguir y así Destino final 4 (Final Destination 4: Death Trip 3D, 2009,David R. Ellis ) resultó la más floja de las rodadas hasta entonces a pesar de la utilización del 3D. Por otro lado, su mejor baza es crear suspense ante cada nuevo accidente porque la película juega con nosotros al despiste y asistimos a la escena elucubrando cómo va a encontrar la muerte cada personaje según se nos van mostrando planos de detalles que pueden provocar la desgracia.

Este próximo viernes día 26 llega a las pantallas españolas  Destino final 5 (Final destinarion 5, 2011, Steven Quale) también en 3D, contar algo de su argumento, pese a que el punto de partida sea el mismo (premonición-evasión del primer acidente-progresiva muerte de los supervivientes), supondría ya un spoiler que eliminaría ese factor sorpresa que sigue conservando. Por otra, parte quien esto escribe no puede compararla a las anteriores por no haber seguido la franquicia, de modo que no sabría decirles si efectivamente es más profunda que las anteriores, lo que sí puedo decir es que el dibujo de los personajes no pasa de cuatro líneas que apenas los bosquejan; sin embargo, ello no es un inconveniente en el film que busca más la espectacularidad que la empatía.

Y la espectacularidad está lograda desde los títulos de crédito (auténticas pistas de lo que nos espera). Igualmente el accidente evitado ofrece alguno de los momentos más atractivos del film. Puedo asegurarles, eso sí,  que, a menos que sean ustedes muy aprensivos, les esperan una buena dosis de carcajadas. Ninguno puede salir del cine pensando que acaba de ver una obra maestra, pero cumple suficientemente bien su cometido: es una cinta de verano fresca que nos procura casi dos horas de evasión de nuestra realidad veraniega, tan sofocante ella fuera del cine. La película carece de grandes expectativas (ni siquiera pretende del 3D otra cosa que efectos circenses) y eso juega a su favor, abandonamos la sala con menor decepción de la que nos dejan algunas películas más ambiciosas en sus planteamientos. En definitiva, no apta para ser vista sin palomitas (y casi estoy por decir que sin estar rodeado de adolescentes con las hormonas revoloteadas).

Si están atentos a la aparición del célebre 180 descubrirán que, siendo la última hasta ahora, funciona como precuela cerrando aparentemente el círculo. ¿Significa eso que ya no habrá más partes? Pues según su director, Steven Quale , eso va a depender del éxito en taquilla que tenga ésta en sus exhibiciones. Así que ya saben, depende de ustedes que continúe o no, si lo han pasado bien con las anteriores no duden en ir a verla y si no, pues ya saben, pueden hacer que acabe aquí. Esta vez no les recomiendo ni lo uno ni lo otro, sino que se lo dejo totalmente a su elección.

 

Súper 8: mucho más que otro blockbuster revival

El verano del 2011 podrá ser recordado como el verano en el que las películas aptas para todos los públicos (como se las llamaba antes) se tiñeron de nostalgia. Ya sea a modo de relectura de viejas ( y no tan viejas) sagas, como  El Origen del planeta de los simios (Rise of the planet of the apes, 2011, Rupert Wyatt) o X men firts class (2011, Matthew Vaughn). Ya sea como recuperación de héroes de otras décadas como  Conan el bárbaro (Conan The Barbarian 3D, 2011, Marcus Nispel). O ya sea como revisión de todo un género. Ese es el caso de Súper 8 (2011, J.J. Abrams): todo un homenaje a la Ciencia Ficción tal como la ha visto Spielberg desde Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977, Steven Spielberg)

También los carteles manifiestan el amor por lo retro

La gran baza que ha jugado J.J. Abrams para crear expectación es no filtrar apenas nada sobre la película, incluso se le hizo firmar a los actores una cláusula de confidencialidad según la cual no podían hablar de la película más que con los miembros del equipo. Y está justificado, porque su película es para disfrutarla con aquella inocencia de las tardes de domingo en los que la única referencia para decidir en qué cine entrar era «mirar los cuadros». De modo que quien se adentre en este comentario ya sabe a lo que se expone: perder ese factor sorpresa que es el valor añadido que aporta Súper 8.

Valor añadido, aquello que suma y hace especial a un producto, es lo que busca Charles (Riley Griffiths), el mejor amigo del protagonista para su película de súper 8.  Lo encuentra en un tren que descarrila después de chocar con una furgoneta, mientras la pandilla andaba rodando en la estación. Este es el arranque argumental, pero antes Abrams nos había dado toda una lección de cine en los cinco minutos de prólogo. Ése prólogo es una excelente muestra de que, con las líneas de diálogo justo y un calculado manejo de la cámara, es posible contar mucho en muy poco tiempo. En apenas cinco minutos, se nos caracteriza ya a todos los personajes,los conflictos que hay entre ellos, los sentimientos que les unen y se siembra la incógnita por el qué va a pasar  a partir de ahí con los personajes. Desde ese inicio hasta el descarrilamiento del tren hay más historia narrada que en otras películas que invierten más de dos horas de metraje para contar la visión que el «autor» tiene del mundo.

Como todo buen blockbuster, viene bien servida de acción y efectos especiales, tanto visuales como de sonido, que la hacen  espectacular en su ritmo bien modulado (no hay caídas significativas, salvo cierta precipitación hacia el desenlace). Y el espectador la contempla con mirada ingenua a poco que se deje llevar, porque, sin necesidad de usar cámara subjetiva ,el film nos la muestra desde los ojos de los protagonistas. Abrams sabe sumergirnos en la trama como si nos pasara a nosotros mismos, porque nos identificamos con la sorpresa que vemos retratada en los ojos de los protagonistas, nos miran a nosotros y nosotros nos transponemos en su piel como si ellos fueran nuestra imagen en el espejo. Y es que todos hemos sido niños ávidos de protagonismo y aventura.

Los efectos no son todo, sin la gran actuación de los pequeños actores la película no funcionaría. Cada cual interpreta a la perfección su rol en la pandilla: Riley Griffiths (Charles) es el gordito listo con gran inventiva hijo de una familia numerosa (que propicia los momentos más cómicos de la cinta) con madera de líder que consigue enrolar a todos sus amigos en el film que quiere rodar (sabe que será de zombies pero no su argumento, ¿les recuerda algo?); Ryan Lee (Cary) es el clásico aficionado a actividades extrañas (lo que se considera un friqui para algunos), en su caso los petardos y explosivos; Gabriel Basso (Martin) es el más aprensivo del grupo; Joel Courtney es el chico tímido con mucho mundo interior que se evade con sus amigos de problemas recientes; y Elle Fanning (Alice Dainard) es la chica en toda la polisemia del término. Entre ellos destacan el debutante Joel Courtney y la veterana Elle (¡hay que ver cómo está creciendo esta jovencita!), especialmente la niña, que apunta ya maneras de estrella. A Elle Fanning le debemos algunos de los momentos más emotivos de la película, aquellos en los que interpreta dentro de la interpretación y que la revelan como una actriz con talento y sensibilidad. Juntos forman la pandilla ideal, aquella que leíamos en las novelas juveniles, la misma que veíamos en las películas, y a la que tanto se parecían las nuestras aunque no fuéramos conscientes.

Ambientada en los albores de los 80’s, el tratamiento de la imagen y la iluminación juegan a emular las texturas de los films de esa década. Con esa fotografía granulosa y esos destellos de luz azul filtrada en los encuadres. La banda sonora de Michael Giacchino, que algunos verán como emulación de su propia composición para Lost, evoca las composiciones del Williams que formó tandem con Spielberg en esa década.

En esa década abundaron las películas de género fantástico con protagonistas infantiles, films como Los Goonies (1985, Richard Donner), Una pandilla alucinante (The Monster Squad, 1987 Fred Dekker),  Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986 Rob Reiner), basada en The Body de Stephen King (cuya sombra se proyecta alargada sobre el film)  o, por supuesto,  E.T, el extraterrestre (E.T. The Extra-Terrestrial, 1982 Steven Spielberg) . Pero aunque esa sea la época recreada, al verla no podemos dejar de pensar en épocas anteriores, la de los 50’s y 60’s con su entrañable serie B poblada de monstruos y extraterrestres los cuáles (por falta de presupuesto en muchas ocasiones) apenas se mostraban, cosa que no siempre iba en detrimento del miedo que pretendían provocar sino que, al contrario, lo estimulaban aún más. También aquí el monstruo es entrevisto más que mostrado (hasta el momento preciso en que ha de hacer aparición) y nos recuerda  a films como La noche del demonio (Night of the Demon, 1952 Jacques Tourneur) que aunque mostró un bicharraco por exigencias de los productores, habría funcionado igual de bien sin que se hubiera visto o el mismo Alien (1979, Ridley Scott), donde se enseñó lo justo. E.T y Alien son seguramente los dos referentes que más han inspirado a Abrams en la creación de su propia criatura y, si permanecen atentos en sus pantallas, hasta igual les parece que se funden en un plano.

Y es que Súper 8 es, ante todo, un homenaje a la infancia en general, pero en particular lo es de la de los monsters kids entre los que se cuenta el propio Spielberg, entre otros como John Landis, Joe Dante o el propio Stephen King. A finales de los años cincuenta y especialmente durante los sesenta, creció en Estados Unidos toda una generación alrededor de la publicación Famous Monsters of Filmland, del entrañable Forrest J. Ackerman, donde aprendieron a adorar a los viejos monstruos de Universal y, sobre todo a los maquilladores, auténticos hacedores de monstruos, cuyos nombres  y trabajos conocían los niños, como Jack Pierce o Dick Smith (nombre que se escucha en el film). También coleccionaban y montaban maquetas de la marca Aurora, que representaba a los adorados monstruos (puede verse al Quasimodo de Aurora en la película). Devoraban películas en televisión en programas presentados por anfitriones del calibre de Vampira, Zacherley o Svengoolie, que entre chistes chuscos y telarañas quitaban el susto del cuerpo de los pequeños aprendices de monstruo. Aprendices que también hacían sus pinitos con el súper-8 (y antes con 8 mms.) imitando los films que veían, con especial predilección por Ray Harryhausen, al que emulaban poniendo en movimiento sus muñecos o fabricando sus propios dinosaurios, que cobraban vida  en la pantalla rodados frame to frame. Esos pequeños aprendices se veían seguramente a sí mismos como protagonistas  de historias que narraban invasiones alienígenas; o como luchadores contra el mal; o como monstruos. Todo ello con un lenguaje y en un mundo que parece que ellos solos entendían, ante el rechazo de unos padres que no podían comprender lo que ellos calificaban de morboso.

El corto que ruedan los muchachos del film bien podría haber sido una monster kid home movie como las que pueden verse en el vídeo que hemos incrustado (no hay que perderse los créditos finales de Súper 8, porque guardan una sorpresa). Eso es lo que está en el sustrato de Súper 8, por eso atrajo la atención del Rey Midas de Hollywood. Todas las claves del Spielberg de los ochenta (cuando vio cumplido el sueño de hacer monster movies con presupuesto) están en el film: sus pueblecitos de casas con garaje, sus niños en bici, su sheriff honrado, sus vecinos que se conocen, su refinería donde trabajan todos (aquí planta química), su reunión vecinal para tratar los problemas …  Y el final, que parece el negativo del de Encuentros en la tercera fase, pero para llegar a la misma conclusión: nos está diciendo que la comprensión del alien es la única manera de llegar a saber de civilizaciones extraplanetarias. Pero eso  no es otra cosa que una metáfora de cómo pueden superarse los conflictos humanos y las relaciones entre nosotros. Alien es cada otro y sólo la empatía puede subsanar los defectos de la comunicación. Eso es lo que descubren los personajes en ese paso a la madurez, un paso que no sólo dan los niños protagonistas sino también los adultos que les rodean.

Todo mueve a un ejercicio de nostalgia entrañable en Súper 8. Hasta el viejo logotipo de Amblin ha sido utilizado, parece ser que por capricho del mismo Abrams. Eso puede abrirnos preguntas:  ¿Qué pasa? ¿Todo lo que se hace nos tiene que llevar a tiempos pretéritos? ¿por qué no un buen film que no sea remake o rememore a otros.?  Que los guiños hacen gracia y eso, pero… para variar ¿Qué tal algo totalmente original? .E igual que preguntas genera  también sus réplicas: se podrá decir que no aporta nada argumentalmente, que resulta previsible, pero es que de eso se trataba de homenajear el género tal como lo entendió Spielberg, por tanto no pretende ser original sino partir de los tópicos ya usados. La Vanguardia impuso una exigencia de continua ruptura que se acabó manifestando como excesiva además de baldía, porque no condujo más que al silencio. El arte siempre ha sido una continua reformulación de sí mismo, los topós se heredan de generación en generación y lo que distingue a las diferentes obras es la nueva manera de plantear el sentir de su época respecto a los problemas que han rodeado al hombre desde su inicio. Crear es recrear y J.J. Abrams lo borda.

El origen del Planeta de los Simios: ¡¡Así, si!!

3 agosto 2011 5 comentarios

…VALE, PERO AL PRINCIPIO FUE EL HOMBRE DEL TRAJE DE MONO

Ya se sabe que cada generación tiene su saga cinematográfica: unos pueden ser de La Guerra de las Galaxias; otros de El señor de los anillos e incluso hay los que son forofos y tendrán en el recuerdo la saga de Harry Potter, en fin, lo que les digo, hay gente para todo. Pero puedo asegurarles que mi saga, y pienso que la de mi «quinta» es la de El planeta de los simios. Tuve  el privilegio de verla completa en cines, ya que antes la vida de las películas se prolongaba durante años exhibiéndose en cines de barrio, no como ahora, que rapidamente pasan al consumo doméstico.

¿Pero, porqué el cine tiene tanta obsesión por los monos y no, por ejemplo, con los Ñu? Supongo que por la proximidad (de algunos más que de otros) con nuestro vecino de enfrente en la evolución. Pero desde luego es un hecho, lean, lean…

Ya desde el cine fantástico  mudo se puede ver a hombres con maquillaje de mono o con disfraces de gorila en films como   Habla el mono (The Monkey Talks, 1927 Raoul Walsh); El gorila (The Gorilla, 1927 Alfred Santell) e incluso en La obsesión de un sabio (A Blind Bargain, 1922 Wallace Worsley), donde el genial Lon Chaney nos ofrecía una sencilla pero más que verosímil mutación hombre / mono. Eso por nombrar unos pocos…  ¿Y qué decirles de Tarzán, en cuyos primeros films se mezclaban hombres con traje de gorila y chimpancés reales? … Y por si no tuvieran bastante, recuerden a los gorilas gigantes con King Kong (1933, Cooper & Schoedsack) a la cabeza. Y eso solo fue el principio, porque durante los años 30 y 40, los tipos con traje de gorila parecían ser la compañía obligada de los sabios locos que interpretaron Bela Lugosi en films como El doble asesinato de la calle Morgue (Murders in the Rue Morgue, 1932 Robert Florey), The Ape Man (1943, William Beaudine), Bela Lugosi Meets a Brooklyn Gorilla (1952, William Beaudine), o Boris Karloff en El  gorila (The Ape, 1940). Tanta era la querencia con los simios peludos que incluso Lugosi acudía a algunos estrenos cinematográficos haciendo el numerito acompañado de  un tipo con traje de mono.

Pero visto esto… ¿Que es lo que nos falta?

… ¿QUE TAL TODO UN PLANETA DE SIMIOS?

Pues primero fue la obra, escrita por el francés Pierre Boulle, escritor que había conocido un gran éxito con El puente sobre el río Kwai , novela que fue adaptada al cine convirtiéndose en uno de los grandes clásicos de todos los tiempos, así que cuando escribió en 1963 La Planète des Singes, el mundo del cine no se lo pensó dos veces y rápidamente pusieron a trabajar en el guión a uno de los grandes de la ciencia- ficción: Rod Serling, que tras mil vicisitudes entra en contacto con Arthur P. Jacobs de 20th Century Fox, que también está interesado en llevar la historia de esta sociedad compuesta por simios al cine. La producción se pone en marcha  en 1967 con los resultados que ustedes ya saben: un sólido film repleto de estrellas: Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter y Maurice Evans, que sustituye en el papel de Dr. Zaius al popular Edward G. Robinson. Destacando la increíble e innovadora labor de maquillaje de John Chambers, que por entonces experimentaba con un novedoso material, el látex.

Aquí comenzó una saga que se prolongó durante 6 años y cinco films que encajan como la

Una indignada Zira

maquinaria de un reloj suizo y que están repletos de entretenimiento, acción, ternura y sobre todo inteligencia. Lamentablemente el último título (que afortunadamente no se estrenó aquí) ya era del todo innecesario, así como una floja serie de televisión que intentó, inutilmente prolongar la saga del planeta de  los simios que tan bien se había cerrado con La rebelión de los simios (Conquest of the planet of the  apes, 1972 J. Lee Thompson).

En todo caso, la serie propició la edición de una colección  de cómics editados por Marvel que, tras iniciarse adaptando a ese medio las historias de las películas originales, iniciaba aventuras inéditas en una colección que lo mejor que tenía era, sin duda, sus portadas,   ya que el contenido estaba creado para explotar el filón mientras durase. Quizás lo mejor que legó aquella época fueron los excelentes muñecos y complementos que fabricó Mego.

El primer origen de El Planeta de los simios se narra en La rebelión de los simios.

En 2001 Tim Burton realiza un remake del primer título de la serie que decepcionó a todos: fans de la serie original y fans de Burton. Aunque quizás habría que revisarla y darle otra oportunidad, quien sabe. Al menos queda un momento delicioso: la intervención de Charlton Heston (sin acreditar) aquí como simio interpretando a Zaius y la de Linda Harrison, la Nova original.

Pero vayamos con la nueva, hablemos de…

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

Naturalmente uno tenía sus reticencias pero, nos ha sorprendido y mucho esta nueva e ingeniosa incursión en la serie simiesca, que no es un remake, sino una nueva visión de la misma historia que narraba la cuarta película de la serie: La rebelión de los simios.

Al igual que X-Men: Primera generación (X-Men: First Class, 2011 Matthew Vaughn), El origen del planeta de los simios  (Rise of the Planet of the Apes, 2011, Rupert Wyatt),  no es una precuela, sino una relectura de la saga anterior, que, afortunadamente, obvia el fallido intento de Tim Burton. Relectura y no precuela, porque si bien enuncia los nexos, como lo es que la rebelión comience cuando César dice «¡No!», supone una puesta al día de la trama de fondo.  Toda obra de Ciencia Ficción explora los miedos y peligros del presente trasladándolos a un futuro donde tienen cumplimiento; esto es así en la saga original y en la nueva película, pero si en aquella respondía al temor de que la Guerra Fría acabara en una confrontación armada queconduciría al desastre nuclear y la extinción del planeta (de ahí antológicas escenas como la de Charlton Heston ante la Estatua de la Libertad al final del  primer título de la saga o los adoradores de la bomba en el segundo, Regreso al planeta de los simios), en El origen del planeta de los simios responde a una de nuestras más grandes incógnitas: qué ocurrirá si siguen adelante las investigaciones en el campo de la ingeniería genética. La ingeniería genética es uno de los campos de investigación que más avances está procurando (el otro sería la inteligencia artificial que protagonizará el festival de Sitges 2011), pero ningún avance está exento de riesgos, pues nadie puede preveer todas las consecuencia de la manipulación genética. Ahí están, por ejemplo, las voces de los ecologistas avisando de los posibles efectos adversos de los transgénicos para la salud de los humanos. También la discusión bioética alza la voz, centrándose tanto en problemas filosóficos como qué es la vida y la licitud del hombre para recrearla (que en la película vemos reflejado en la figura de un espléndido James Franco, como un nuevo sosias de Frankenstein) como en la licitud de los propios experimentos con animales. El origen del planeta de los simios nos mueve a reflexionar sobre todo ello cuando vemos el trato que se da a los animales en el film, y también en sus títulos de crédito finales, donde expone nuestro temor a una pandemia mundial.

Un cartel con inequívoco y exquisito regusto retro.

Por otra parte se esboza una posible continuación al ver la rivalidad entre César y otro chimpancé, Koba, pues en los momentos finales se nos presenta a César como un buen lider que sólo busca la liberación de los suyos  (incluso rechazando matar a los humanos), mientras que su antagonista quiere declarar la guerra a los humanos.

Tenemos en James Franco un mad doctor en toda regla que no duda en experimentar con su propio padre, enfermo de Alzheimer, el medicamento que finalmente acabará, no sólo con él, sino con toda la civilización humana, a la vez que propiciará el dominio de los  simios al crear el suero que les dota de inteligencia. Como vemos todo un «logro» que ya quisiera para sí el mismísimo Duendecillo Verde, sin olvidar que el personaje del científico Will Rodman, que encarna Franco es,  paradójicamente el «héroe» de la función. Pero descuiden, si olvidan estos pequeños detalles les caerá muy bien el personaje interpretado por Franco, que solo busca lo mejor para el prójimo (menos mal…)

Últimamente me sorprende favorablemente, y mucho, John Lithgow. Este veterano actor ya demostró que era excelente en el campo de la comedia con la serie Cosas de marcianos (3rd Rock from the Sun), pero recientemente me tiene cautivado con el papel de psicópata que encarna en la estupenda  serie Dexter, así que verlo aquí con un papel repleto de sensibilidad como padre del científico, no hace más que confirmar que este actor,  que me parecía del todo anodino, tiene algo especial: talento.

Mención aparte merece el apartado de efectos especiales. Sencillamente se ha conseguido algo cercano a la perfección con la creación del chimpancé César, que muestra unas expresiones que llegan al espectador transmitiendo sentimientos. Vamos, que interpreta, que se trata de un actor más y, …no precisamente malo (¡¡Algunos que hay por aquí pueden empezar a temblar!!). Algo que da que pensar que, ahora sí, en cualquier momento pueda estrenarse una película nueva de, por ejemplo, Bruce Lee o James Dean o…

También tenemos, por supuesto,varios guiños a la saga original: una simia llamada Cornelia; una imagen de Charlton Heston en un televisor; César con una estatua de la libertad en sus manos; la denominación «ojos claros» para los monos inteligentes, que rememora a el «ojos azules» que llamaban a  Taylor (Charlton Heston), único humano inteligente en el primer film. Y una de las frases más famosas de la película original (y de la historia del cine): antes de que hable por primera vez César, un humano le dice aquello de: «Quítame tus apestosas zarpas de encima, sucio simio», la misma frase que Taylor espeta a los simios cuando habla por primera vez en el primer film. También en la música de Doyle, se homenajea la banda sonora original de Goldsmith, una de las más importantes de la historia del cine.

Pero a pesar de los homenajes y guiños, sin duda El origen del planeta de los simios es una propuesta seria que nos ha sorprendido y que, en ningún modo, puede ofender a los admiradores de la saga original ni en general a los amantes del buen cine de entretenimiento (vamos, lo que viene siendo el cine desde siempre y que algunos no acaban de entender).

En septiembre Tod Browning asalta las librerias

Si hace bien poco pudimos congratularnos de la publicación del magnífico  libro sobre James Whale escrito por Juan Andrés Pedrero Santos, en septiembre podremos comprar otro libro dedicado a otro gran director de cine fantástico (y no fantástico), Tod Browning.

Este libro, el número 87 de la colección  Signo e imagen /Cineastas de editorial Cátedra y es  un volumen del todo necesario ante la escasez actual de bibliografía en castellano sobre el director. Sobre su autor, el gaditano José Manuel Serrano Cueto hay poco que añadir, sus obras hablan sobradamente sobre su amor al cine, con especial dedicación al fantástico como demuestran sus libros Vincent Price, el villano exquisito (T&B Editores), Zombie Evolution (T&B Editores), Horrormanía (Alberto Santos Editor), De monstruos y hombres. Los reyes del terror dela Universal (T&B Editores) y en Italia, Jess Franco. Tutto Sul Suo Cinema «Spiazzante» Da Orson Welles Alla Pornografia (Profondo Rosso).

Estoy seguro de  que la biografía de este director, que inició su carrera cinematográfica como actor pero desempeñó también labores de productor y guionista, nos ofrecerá suficientes atractivos como para que el libro de Serrano Cueto  sea una lectura apasionante. Lamentablemente, parte de su filmografía está perdida o es difícil de visionar (con excepción de las mudas que se conservan con Lon Chaney de protagonista y varias de las sonoras), pero a bien seguro que descubriremos muchas facetas interesantes de este apasionante director.

No es muy abundante la bibliografía en inglés sobre el director, pero sí tiene gran calidad. Tenemos el gran libro Dark Carnival. The Secret World of Tod Browning, Hollywood Master of the Macabre (1995, Anchor Books /Doubleday), escrito por David J. Skal y Elias Savada, que en la actualidad se encuentra descatalogado. Se encuentan disponibles: Films of Tod Browning (Black Dog Publishing, 2006) y The Cinema of Tod Browning: Essays of the Macabre and Grotesque (McFarland), escritos por Bern Herzogenrath, además de algunos libros dedicados a sus films más conocidos como el magnífico Dracula (Magicimage, 1990), escrito por el especialista Philip J. Riley o Carnival from Hell. Tod Browning’s Freaks (Creation, 2010), edición limitada y numerada de 100 ejemplares que a pesar de sus 36 páginas y 54 fotografías alcanza cifras astronómicas.

En España hemos sido afortunados, ya que en 1996 el   Festival de Cine de San Sebastián conjuntamente con la Filmoteca Española publican la edición en castellano del libro de Skal y Savada con el nombre de El carnaval de las tinieblas. El mundo secreto de Tod Browning, maestro de lo macabro en el cine de Holywood,  un libro de lujo con infinidad de imágenes magníficamente reproducidas. Lamentablemente este volumen se encuentra descatalogado, así que el libro de Serrano Cueto cubrirá este hueco. También tenemos un magnífico estudio sobre Freaks: Guía para ver y analizarLa Paradade los Monstruos, escrito por Lucía Solaz Frasquet publicado por Nau Llibres /Octaedro en 2004.  

Pero, ¿Porqué es tan necesario un libro sobre Tod Browning? Pues porque a pesar de la inmensa popularidad de varios de sus films como La parada de los monstruos (Freaks, 1932) o Drácula(1931), la vida y obra de Browning siguen siendo unos grandes desconocidos para el gran público. Proveniente del mundo del circo, que tan bien conocía y que tan bien reflejó

Tod Browning encendiento el farol de Lon Chaney en compañía de Edna Tichenor durante el rodaje de London After Midnight.

en varios de sus films, su filmografía contiene varias obras de arte de lo retorcido y de lo oscuro,  especialmente durante su perfecta alianza con  Lon Chaney, indiscutiblemente el más grande actor de cine que ha existido nunca, con quien retrató los bajos fondos y el mundo del hampa en, la felizmente recuperada recientemente La rosa del arroyo (The Wicked Darling, 1919), o en Fuera de la ley (Outside the Law, 1920) o en las dos versiones de  El trío fantástico (The  Unholy Three, 1925 y 1931) o en Maldad encubierta (The  Black Bird, 1926) y Los antros del crimen (The Big City, 1928) pero también en otras fantásticas parábolas sobre el desamor y la venganza como son Garras humanas (The Unknown, 1927) y  Los pantanos de Zanzibar (West of Zanzibar, 1928). El dúo Browning / Chaney nos ofrecieron dramas exóticos como La sangre manda (The Road to Mandalay, 1926) y Oriente (Where East Is East, 1929). Sin olvidar la película  perdida más importante de la historia del cine, La casa del horror (London After Midnight, 1927) con la iconográfica caracterización de vampiro que creó el mítico hombre de las 1000 caras.

Sobre La parada de los monstruos (Freaks, 1932) ¿Qué más se puede decir? en la época  fue denostada, mutilada (casi media hora tras el pre-estreno) y finalmente retirada, terminando alquilada por el genio del cine exploitation Dwain Esper, que la remontó y cortó a gusto, permaneciendo en su poder durante 25 años.  Exhibida en sesiones especiales junto a espectáculos de feria, cambió su nombre a placer, proyectándose como Nature Mistakes, Love Live of Freaks  e incluso Forbidden Love. Tras volver a su propietario original, Metro-Goldwyn-Mayer, estuvo en sus archivos hasta que la recuperó el Festival de Cannes en 1962, desde donde partió para diversos festivales convirtiéndose en inmortal.   La versión que nos ha llegado no es, ni de lejos la que su creador parió, pero conformémonos, al menos podemos disfrutarla. En España nuestros abuelos y padres pudieron verla en la época y también en una reposición posterior durante los años cuarenta. Luego hubo que esperar a 1977, momento en el que la recuperó el Festival de Sitges. Un pase televisivo en los ochenta hizo sacar humo a los magnetoscopios, hasta llegar a  la flamante edición en Dvd, que en su versión española venía acompañada de, además de unos magníficos extras presentes en la edición americana, otro film de Tod Browning, Garras humanas (The Unknown, 1927). 

Tod Browning junto a Lon Chaney en una escena cortada de West of Zanzibar. Se puede ver que este "Pato Humano" es todo un antecedente de la posterior Cleopatra, la mujer gallina de Freaks.

Tod Browning también tiene otros films fantásticos de valor, ya que, además de en Drácula (1931), dirigió a Bela Lugosi en dos ocasiones más: en The Thirteenth Chair (1929) y en La marca del vampiro (Mark of the Vampire, 1935), nueva versión, ahora sonora de London After Midnight. Sin olvidar films como Muñecos infernales (The Devil-Doll, 1936) con un travestido Lionel Barrymore que rememora al Lon Chaney de El trío fantástico y un film menor pero de interés, Miracles for Sale (1939), último de su carrera.

Por todo ello creo que comprenderán las ganas que desde Proyecto Naschy tenemos de que este libro forme parte de nuestra polvorienta biblioteca de los horrores

Browning, Chaney y Lucky.

  

 

 

 

 

Hemos leido el libro James Whale. El padre de Frankenstein y nos ha encantado

29 junio 2011 5 comentarios

En algún sitio leí (o escuché) que a los fans de los films clásicos de terror de  Universal nos encantaría  meternos en el rodaje y compartir escenas con nuestros monstruos predilectos, de ahí que veamos mil veces las películas buscando pequeños detalles que se nos hayan escapado,  leamos todo libro que cae en nuestras manos buscando ese dato que no conocíamos y analicemos cada fotografía minuciosamente. Los más bizarros (entre los que me incluyo) recolectan pequeños vestigios de aquella época como programas, carteles o incluso algún autógrafo (no de los protagonistas, piezas cotizadísimas para el que les cuenta esto) sino de algún co-protagonista o actor que trabajó con ellos. Por no hablar del merchandising que hace desesperar al más equilibrado de los ya de por sí desequilibrados fans. Vemos mil y una veces documentales buscando esa escena cortada  o ampliada  y…  por supuesto también leemos libros, y aunque sobre el tema se han publicado muchos, uno no puede más que alegrarse cuando lee uno que realmente vale la pena. Así que, si hace un tiempo os  informábamos de la inminente salida al mercado de un libro que parecía, así de entrada de lo más interesante, nos complace, una vez leído, confirmarlo: estamos ante un libro imprescindible para los amantes del cine de terror y del cine en general. Uno volumen definitivo,  especializado y necesario, ya que si sobre cine de terror o sobre los monstruos de Universal ya comienza a haber suficiente bibliografía, ahora toca hacer obras más especializadas y concretas. Si de otros actores o directores, como  por ejemplo Bela Lugosi,

James Whale: un dandy por generación expontanea

Lon Chaney  o Ed Wood, las obras editadas en castellano no hacen olvidar los maravillosos trabajos que se  han publicado en Estados Unidos escritos respectivamente  por  Gary D.  Rhodes, Michael F. Blake y Rudoph Grey , eso no pasa con este libro, aquí tenemos  una obra definitiva que complementa y actualiza  perfectamente el libro que sobre James Whale escribió James Curtis y cuya versión española  editó en 1989 el Festival Internacional de cine de San Sebastián conjuntamente con  Filmoteca Española, una obra que, si bien  sirve de referencia para Juan Andrés  Pedrero Santos, ni mucho menos  lastra su libro, que resulta ser una obra más  personal  y viva, mucho más que un frío recuento de datos. Derrocha pasión por el director y por el cine.

James Whale, El padre de Frankenstein es el tercer libro escrito por el madrileño Juan Andrés Pedrero Santos, cinéfilo y aficionado a los cómics que, en los ratos libres  que les deja su trabajo, escribe sobre cine en Scifiworld Magazine y en las webs amigas Pasadizo.com y La Abadía de Berzano. También es responsable de otros dos  interesantes libros: Terror Cinema (2008, Calamar Ediciones) y Johnny Weissmuller. Biografía (2010, T&B Editores) Pero… ¿Como nace este proyecto? Dejemos que nos lo cuente el propio autor:

«En mi caso, el objetivo prioritario a cumplir siempre que encaro un nuevo proyecto va a ser, dentro de lo posible, escribir sobre algo que aporte novedad al mercado editorial, o al menos que refresque una temática o una personalidad que ande un poco olvidada y merezca su revisión y recuerdo. Ese no fue el caso de mi primer libro “Terror Cinema”, pero a partir de ahí esas son la directrices que me marco. Ya digo, siempre en la medida de lo posible. La crisis ha provocado que muchos proyectos, a priori atractivos, puedan ser rechazados por las editoriales que temen (con razón) su supuesta poca comercialidad.

Concretamente hablando de James Whale, no cabe duda de que es un cineasta importante para el cine fantástico, pues sus cuatro películas dedicadas al género pueden estar en cualquier lista que se haga sobre lo mejor del mismo; siempre según gustos. Pero lo que más me atraía y hacía de Whale un personaje interesante estaba en el gran desconocimiento que existe (aparte de su homosexualidad, algo bien conocido) sobre los detalles de su vida y del resto de su filmografía; elementos que merecen una mayor difusión. Además, Whale, lejos de ser un artesano a sueldo de un gran estudio, siempre destacó por su comportamiento un tanto díscolo, siempre que le dejaban, muy afín a su carácter y personalidad. Y el ejemplo más claro es La novia de Frankenstein, su indiscutible y siempre rica obra maestra».

Jack Pierce acompaña a un Boris Karloff con el maquillaje tapado para evitar accidentes

Juan Andrés edita este libro muy poco después (un año) de su anterior obra dedicada a Johnny Weissmuller ¿Como ha afrontado la creación del libro?

«Por mi experiencia –ya tengo tres libros publicados y otro (del que no voy a desvelar nada) en un tercio de su probable extensión–, puedo decir que el tiempo habitual de documentación y escritura está en algo más de un año. El resto de mis ocupaciones (las que me dan de comer) y la familia no me dejan tiempo para ser más rápido. Por otro lado no creo que nunca me plantee temáticas o estudios de directores cuya filmografía sea muy extensa, pues me quemaría demasiado y no me veo capaz de soportar mucho más de un año con un proyecto abierto sin verle el final. Eso sí, cuando acabo un libro siempre me digo que me tomaré unos cuantos meses de descanso para leer libros y cómics, y ver películas sobre las que no tenga que escribir, pero cuando pasan dos meses ya no quepo dentro de mí y ya comienzo a volverme loco pensando en cual va a ser mi siguiente libro».

El libro es muy completo y minucioso. El autor repasa todos los films de Whale  y  los comenta, descubriendo algunos detalles desconocidos de los rodajes de nuestras películas favoritas, deteniéndose  para descubrirnos nuevos matices que obligan a volver a repasar (y gozar) la filmografía del director, al menos de los títulos accesibles, ya que, quitando los grandes clásicos,  no todos son tan fáciles de visionar. El mismo Juan Andrés nos cuenta como ha conseguido acceder a los más raros:

(…) «Actualmente Internet es una maravilla que permite encontrar casi cualquier cosa. Y no me refiero a bajarse ilegalmente películas para ahorrarse un dinero, sino que te hablo de películas que jamás se han editado en ningún país ni en video ni en dvd, y que gracias a estar disponibles en Internet emisiones en alguna televisión del mundo se tiene acceso a ellas. Te puedo decir que casos como dos de las películas bélicas de Whale, me refiero a Journey´s End y The Road Back, me han tardado en bajar más de dos meses cada una, con el ordenador echando humo las veinticuatro horas. Así de escasas son las fuentes que las tenían disponibles; pero al final se consiguió, al igual que fue el caso de otras. Podrías decirme que porqué no solicite ayuda dela Filmoteca, por ejemplo; organismo que me consta que es muy amable y se desvive en este tipo de cosas, lo cual es muy de agradecer, pero si te dejaran ver las películas en pantalla grande se lo podía uno pensar; no obstante al final solo la puedes ver en unas condiciones similares a visionarlas en tu casa; con lo que tampoco ganas mucho; siempre, claro, contando con la ayuda de Internet como recurso sustitutivo».

Digiendo El hombre invisible

 También es muy acertado el retrato biográfico del director, aunque uno hubiera deseado quizás ahondar más pero, según me comenta el propio Juan Andrés, “la única información de este señor es básicamente el libro de James Curtis”

 Y  todo ello escrito con sencillez y con las notas necesarias para hacer el texto asequible a todo tipo de lector, no únicamente cinéfilos empedernidos, que tendrán ocasión de, por medio de la carrera de Whale, repasar la historia misma del cine.
Si el  anterior libro sobre Weissmuller  ya fue un trabajo necesario y atractivo para el que escribe esto, este me ha encantado mucho más, es posible que a ello haya  contribuido  la riqueza de sus  imágenes: fotos de calidad cristalina, interesantes carteles, programas de mano y  lobby cards. Ese mimo merece un capítulo aparte: Nos lo explica el propio Juan Andrés:

(…) «Salvo un par de dibujos que han sido capricho mío (me refiero al de Alfonso Zapico y al de Corben; el primero de ellos dibujado por el asturiano en exclusiva para mi libro, lo cual siempre lo agradeceré en el alma) todo el material lo ha seleccionado y buscado Miguel San José Romano, el editor responsable de Calamar Ediciones. De este señor siempre podré decir que con él por medio uno puede estar seguro de que la edición (formato, diseño de portada, maquetación, título del libro,…) en cualquier caso siempre será sobresaliente; lo cual es una tranquilidad para el autor, pues aunque parezca fácil desde fuera, no hay más que ver lo desastroso y feo de los diseños y maquetaciones de otras editoriales. Miguel nunca falla».

 Y si he disfrutado con las imágenes, también lo he hecho con su lectura, que se me ha hecho corta.  Aunque me tranquiliza intuir que  el libro de Pedrero es uno de esos que con el tiempo vuelves a leer, aunque sea en espera de su próxima obra,  así que no puedo evitar pedirle a Juan Andrés  que nos hable, si no es supersticioso, del proyecto que tiene en cartera:

«No soy supersticioso, pero el mundo editorial no está como para ir dando ideas a los colegas escritores. Bastante se rompe uno la cabeza buscando temáticas de interés que no estén trilladas como para dárselo todo hecho a algún competidor más rápido que uno mismo, je je. Solo te diré que, como decía antes, lo duro del mercado del libro me ha obligado a ser un poco más comercial en el proyecto que tengo entre manos, pues proyectos algo menos comerciales me fueron rechazados por varias editoriales y, como también dije antes, yo no puedo estar sin escribir, necesito estar siempre liado con algo. Volviendo a James Whale, solo espero que los lectores se sientan satisfechos con el intento que el libro supone de dar a conocer un director del que hay muy pocos estudios sobre su obra al completo y ninguno en castellano, salvo la traducción que la Filmoteca y el Festival de San Sebastian hicieron del trabajo de James Curtis en 1989; un libro, por otro lado, imprescindible. Existen estudios parciales de sus películas más conocidas, y muy poco escrito (en realidad una o dos cosas en inglés) sobre su biografía. Por eso creo que es un trabajo bonito e interesante. Si lo he conseguido o no serán los lectores quienes lo juzguen. También quisiera dar las gracias a Guillermo del Toro por su amabilidad a la hora de redactar un prólogo como solo él era capaz de hacerlo, cosa que da buen empaque al libro ya de entrada; y, como te puedes imaginar, todo un orgullo para mí. Aprovecho también para darte a ti, Carlos, las gracias por tu interés por el libro y por esta entrevista».

Gracias a ti Juan Andrés y esperamos ya con impaciencia ese nuevo proyecto del que, por supuesto os mantendremos puntualmente informados.

La criatura siempre viva (incluso en el futuro) vista por Richard Corben.

¡Feliz cumpleaños Vincent!: 100 años de Vincent Price.

Solo unos apuntes para recordar a uno de esos actores importantes no únicamente para los amantes del cine fantástico, sino también para los del cine en general. Un actor que vió como se le encasillaba con el terror, como un ser siniestro y cruel y…¡Nada más falso! Ya que Vincent Price  era un tipo refinado, simpático, amante esposo, sibarita  de la buena mesa  y especialista en arte.

Nacido en San Luis, Missouri el 27 de mayo de 1911, Vincent, hijo del presidente de una fábrica de caramelos, tuvo una vida acomodada: estudia historia de arte y bellas artes en Yale y Londres y en los años 30 comienza a interesarse por el teatro, llegando a trabajar junto a Orson Welles en el Mercury Theatre.

Tras unos intensos años de  experiencia teatral, Vincent Price se pasa al cine, interpretando su primera película, Service de Luxe (Rowland V. Lee)  en 1938,  pero ya en su tercer film entra en contacto con dos grandes figuras del género cinematográfico por el que será recordado: Boris Karloff y Basil Rathbone junto a los que actúa en La torre de Londres (Tower of London, 1939 Rowland V. Lee) .

En 1939 «encarna» al hombre invisible en El hombre invisible vuelve (The Invisible Man Returns, 1940  Joe May), personaje que volverá a «incorporar» en Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott Lou Costello Meet Frankenstein, 1948 Charles Barton). A partir de ahí va cogiendo prestigio gracias a los films que interpreta para 20th Century Fox: Laura (1944, Otto Preminger), El castillo de Dragonwyck (Dragonwyck, 1946 Joseph L. Mankiewicz), Que el cielo la juzgue (Leave Her to Heaven, 1945 John M. Stahl) (todas  junto a una Gene Tierney  de sobrenatural belleza),  La canción de Bernadette (The Song of Bernadette, 1943 Henry King), Las llaves del reino (The Keys of the Kingdom, 1944 John M. Stahl) y El susto (Shock, 1946 Alfred L. Werker), entre muchas otras.

Pero cuando Vincent Price brilló especialmente fue con su retorno triunfal al cine de terror con Los crímenes del museo de cera (House of  wax, 1953 André De Toth) primera película rodada en 3-D en la que Vincent luce  un impactante e inolvidable maquillaje que lo aupó al panteón del cine de terror. A partir de ahí encadena algunos films fantásticos  como La mosca (The Fly, 1958 Kurt Neumann), El regreso de la mosca (Return of the Fly, 1959 Edward Bernds), The Bat (1959, Crane Wilbur) y  House on Haunted Hill (1959) y  The Tingler (1959), ambas dirigidas por el genio del marketing William Castle.

Pleno de humor y actividad, durante los años sesenta se atreve con el musical interpretando en Broadway Darling of the day y también encarna en televisión a  Egghead, el rapado enemigo del Batman pop  en siete episodios. Pero sobre todo es en esta década cuando se rubrica su compromiso con el cine de terror al protagonizar el ciclo de Roger Corman dedicado a Edgar Allan Poe con La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960), El péndulo de la muerte (Pit and the Pendulum, 1961), Historias de terror (Tales of Terror, 1962), El cuervo (The Raven, 1963), La máscara de la muerte roja (The Masque of the Red Death, 1964) , La tumba de Ligeia (The Tomb of Ligeia, 1964) y El palacio de los espíritus (The Haunted Palace, 1963) en esta última adaptando a Lovecraft,   películas en las que comparte cartel con actores de la talla de Peter Lorre, Boris Karloff, Barbara Steele y Basil Rathbone.

Con Peter Lorre el duo dinámico.

Tampoco podemos olvidar títulos como El amo del mundo (Master of the World, 1961 William Witney), La comedia de los horrores (The Comedy of Terrors, 1963 Jacques Tourneur), El último hombre sobre la tierra (The Last Man on Earth, 1964 Ubaldo Ragona) o La ciudad sumergida (The City Under the Sea, 1965 Jacques Tourneur)

En los siguientes años, películas como las fantasias Art Decó El abominable Dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971 Robert Fuest), su secuela El retorno del Dr. Phibes (Dr. Phibes Rises Again, 1972 Robert Fuest),Matar o no matar, este es el problema  (Teather of  Blood, 1973 Douglas Hickox), El club de los monstruos (The Monster Club, 1981 Roy Ward Baker) o House of the Long Shadows (1983, Peter Walker), mantendrán a Price en una merecida  popularidad, que se tradujo en programas de radio, anuncios comerciales, juegos de mesa, televisión, cómics y también colaboraciones, muchas veces sorprendentes,  con Alice Cooper, Michael Jackson o con un principiante llamado Tim Burton, poniendo la voz en la narración de su corto Vincent (1982), dedicado cariñosamente al actor. Precisamente con Burton Vincent Price haría su último film, ya que falleció durante el rodaje de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990), el día 25 de octubre de 1993 a los 82 años.

Price se casó tres veces y tuvo dos hijos, fundó la colección de arte del East Los Ángeles College, donando varias obras. Esta fundación que todavía existe se llama actualmente Vincent Price en homenaje al actor. También escribió junto a su segunda esposa, Mary,  varios libros de cocina.

Un áctor del todo entrañable que ha interpretado varias de nuestras películas favoritas, dándoles clase y humor y granjeándole un puesto de honor en el  podium de los inmortales del cine de terror.

En 2004 el escritor José Manuel Serrano Cueto publica Vincent Price, el villano exquisito de la mano de T&B editores dentro de una colección «Lo esencial de…» en la que se  publicaban pequeños libros que nos dejaban bastante a medias, todo hay que decirlo. El caso es que afortunadamente la editorial subsana semejante error  con una nueva edición ampliada de aquel libro que ya está a punto de llegar a las librerias. En está nueva edición, publicada también por T&B, el autor gaditano, que tiene varios libros en su haber dedicados al cine que más nos gusta como Horrormanía (Albertos Santos, 2007),  Zombie evolution (T&B, 2009) o De monstruos y hombres (T&B, 2007), nos ofrece una interesante mirada sobre el refinado actor, ampliando capítulos y con una edición más acorde con la importancia del personaje que esperamos pronto podamos revisar.

Era habitual que Vincent firmara acompañando su rúbrica con una caricatura.

El juego del ahorcado con …. Vincent Price.

Y para terminar con este homenaje, que prometemos no volver a celebrar hasta dentro de 100 años, una selección de los programas de cine más representativos del actor. Todos editados en España.

El primer terror de Vincent Price (sin acreditar en el programa)

Su primer monstruo fue visto y no visto (juo, juo, juo…) Tan bien lo hizo que repitió con Abott y Costello.

Otro modelo del mismo título en forma de cómic (o de auca, como prefieran) Programa sencillo en gran formato.

Cartel (el programa es idéntico) ilustrado por el genial Soligó.

Programa doble del estreno.

Programa doble troquelado del estreno.

Programa sencillo (reposición)

No me digan que no es fantástico. Programa sencillo.

El único Corman/Price del que se editó programa, concretamente sencillo.

Programa sencillo.

Programa sencillo.

Un Vincent Price más desquiciado y ye-yé que nunca y con música de The Supremes ¡¡Groovy!!

Por no perderse no se perdió ni las coproducciones. Aquí en una Hispano-Alemania. Programa sencillo.

Una de las películas más divertidas del actor ¡¡¡Cuantas ganas tengo de volverla a ver!!! Programa sencillo.