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VAMOS DE ESTRENO * Jueves 18 de agosto de 2022 *

¡NOP! (Nope, Jordan Peele, 2022)

USA. Duración: 135 min. Guion: Jordan Peele Música: Michael Abels Fotografía: Hoyte van Hoytema Productora: Universal Pictures, Monkeypaw Productions.Distribuidora: Universal Pictures Género: Terror

Reparto: Steven Yeun, Daniel Kaluuya, Keke Palmer, Terry Notary, Donna Mills, Michael Wincott, Barbie Ferreira, Brandon Perea, Jennifer Lafleur, Ryan W. Garcia, Sophia Coto, Andrew Patrick Ralston, Conor Kowalski

Sinopsis: Daniel Kaluuya y Keke Palmer interpretan a los hermanos James y Jill Haywood, los personajes principales de esta aventura. Ellos dirigen un rancho de caballos domados para Hollywood. En medio de varios incidentes desafortunados, ellos deciden filmar de alguna manera a eso que acecha desde una nube en sus terrenos. Sin embargo, todo parece indicar que los visitantes que están en el cielo están dispuestos a eliminar a cualquiera que se anime a mirar hacia arriba. La gran pregunta es si los Haywood vivirán para contarlo.

La culinaria debiera figurar entre las bellas artes, posiblemente es la manifestación de cultura más antigua de la historia y combina en su expresión un despliegue sensorial que va más allá del gusto. Es un arte visual, no está limitada a la función de saciar, el primer alimento lo proporciona a la vista que habrá de disfrutar tanto de la paleta cromática de los ingredientes como de su distribución en el plato. Por ello debiera recalar entre las artes espaciales casi con el mismo derecho que la arquitectura, considerada como la más excelsa y perdurable. Cierto que la efimeridad es una de sus condiciones, pero el recuerdo de sus texturas en nuestro paladar es capaz de sobrevivir en nuestra memoria mucho después de haber deleitado nuestro tacto. Que se lo cuenten si no a Marcel Proust. El rumor de una madalena rebañándose en la leche llevó al galo a emprender una carrera en busca del tiempo perdido en una aventura de siete volúmenes que culmina en el tiempo recobrado. Y es que la cocina es, sobre todo, un arte temporal. Del justo calibrado de los tiempos de cocción depende la excelencia del guiso. Ni prisas ni pausas, todo en su justa proporción, o el compuesto de texturas, aromas, colores y sonidos (los que preceden a la y los que proceden de la degustación) se derrumbará como una construcción mal equilibrada y quedará totalmente arruinada su buena embocadura. Igual que queda malograda una partitura si los músicos aceleran su ejecución o malbaratada una película si la acción se demora más de lo que requiere el suspense. Y a esta comparación queríamos llegar: ¡Nop! es un condumio mal guisado. Buenos ingredientes, planteamientos y (hasta) conclusiones, pero con un cierto fondo de insipidez que displace al comensal. Es cierto que estirar los prolegómenos permite poner toda la carne en el asador, pero lo que ya no está siempre al alcance de la pericia del chef es lograr darle la vuelta a tiempo a todas las viandas, ni en la del director retener la atención de todo su público si dilata el tempo hasta la exasperación. Hasta la náusea.

No nos entiendan mal, ¡Nop! no es un filme nauseabundo, es sólo que marea a la perdiz más de lo que hacía falta para cazarla, así que, para cuando llega a la mesa, los asistentes al banquete ya han perdido hace rato el apetito. O al menos lo ha perdido el grueso de los convidados. Más aún, lo han perdido, sobre todo, los asistentes que habían acudido con mayor hambre de una nueva película de Jordan Peele. Los fans. Porque, paradójicamente, los más reticentes con la que ha sido hasta ahora la carta de sugerencias del afroamericano, libres como están de expectativas, son los que podrán rescatar de esta su última oferta los apreciables condimentos que la sazonan. Decir que hasta ahora nunca había cocinado tan bien la entrada del tercer acto puede saber a rancio tanto como escribir usando la tipografía comic sans, pero no por ello deja de ser una impresión acertada. El cine de Peele siempre ha querido integrar la crítica social al género de terror, pero hasta aquí siempre había batido la masa con unas varillas excesivamente gruesas y con giros más torpes que envolventes, con lo que los grumos acababan afeando el conglomerado final y resultando(nos) indigesto para muchos. Las metáforas si no están bien aderezadas pueden llegar a atragantar. En ¡Nop! el cineasta cambia el ritmo y liga los detalles, con lo que la salsa esta vez sí es homogénea, otra cosa es que siga siendo un humilde kétchup y no una delicada besamela. Se diría que ha sacrificado parte de la intriga al concepto y, al hacerlo, ha salvado la mezcla. Ahí quedan para reflexionar con los cafés ideas como el respeto a la naturaleza de los seres, el no menospreciar nunca al adversario, escuchar al prudente y al experto, saber que para domar hay que no herir ni engreírse y, por supuesto, que de los humildes puede llegar la salvación. Todo regado con unas gotas de esencia antirracista que llevan a embriagar prejuicios y a despertar conciencias.

Lo mejor, como está prescrito por los cánones de la gastronomía, los postres, el elogio del héroe anónimo que transforma sin ser visto, tanto la vida, como el arte. Y la guinda del pastel: una declaración de amor al cine y a los olvidados que lo hicieron posible, aquí representados por el jinete negro, de nombre ignorado que montó, la yegua Sally Gardner con la que Eadweard Muybridge en 1878 inauguró la captura del movimiento en imágenes estáticas. Bon appetit!

alejandra.morata@nbcuni.com

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