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VAMOS DE ESTRENO * Viernes 3 de diciembre de 2021 *

CAZAFANTASMAS: MÁS ALLÁ (Ghostbusters: Afterlife, Jason Reitman, 2021)
USA. Duración: 124 min. Guion: Jason Reitman, Gil Kenan. Música: Rob Simonsen Fotografía: Eric Steelberg Productora: The Montecito Picture Company, Columbia Pictures, Ghostcorps, Bron Studios, Sony Pictures Entertainment (SPE). Distribuidora: Sony Pictures Entertainment (SPE) Género: Fantástico.
Reparto: Finn Wolfhard, Carrie Coon, Mckenna Grace, Paul Rudd, Celeste O’Connor, Logan Kim, Annie Potts, Bill Murray, Dan Aykroyd, Ernie Hudson, Bokeem Woodbine, Oliver Cooper, Sigourney Weaver.
Sinopsis: Una madre soltera y sus dos hijos llegan a una pequeña ciudad, descubriendo su conexión con los cazafantasmas originales y el legado secreto que dejó su abuelo tras de sí. Secuela directa de «Cazafantasmas 2».
El hijo de Ivan Reitiman, productor y director de la bastante envejecida Los Cazafantasmas (Ghostbusters, 1984), de su secuela Los Cazafantasmas II (Ghostbusters II, 1989), así como productor de la correcta actualización femenina de la serie, Ghostbusters (Paul Feig, 2016), Jason Reitman, ha decidido desmarcarse de esta última y retomar la saga original situando la acción en la actualidad, con la hija y los nietos de uno de los cazafantasmas, el Dr. Egon Spengler (que interpretara el fallecido Harold Ramis), como los protagonistas y herederos de una granja alejada de todo y de todos en la que el abuelo realizaba sus experimentos.
¿El resultado? Si bien se mantiene medianamente bien durante su primera hora, con los esperados y bastante bien medidos guiños a la cinta original, gracias a los nuevos y atractivos personajes, y a la presunta actualización del universo cazafantasmas, todo termina destilando sabor a años ochenta, desde la banda sonora a los efectos especiales ¡incluso los niños ven en la escuela películas en VHS!, adquiriendo todo apariencia de haber salido de entre las páginas de una novela de R. L. Stine. Un viaje al pasado que ira in crescendo y culminará en su final. Y es que Cazafantasmas: Más allá va dirigida eminentemente al público infantil. Al de ahora y también a aquellos que fueron niños en los ochenta y vieron, una y otra vez, las películas originales. ESE final es el que hará que a aquellos niños de antaño se les salte la lagrimilla durante este ejercicio de nostalgia en el linde con la pornografía.
En su parte artística Cazafantasmas: Más allá cuenta en su renovado reparto con Paul Rudd (Ant-Man) como el maestro del pueblo, Carrie Coon (Perdida) como la alcoholizada madre y Finn Wolfhard (Stranger Things) y Mckeenna Grace (Yo, Tonya) interpretando a los jóvenes protagonistas, de entre los que destaca especialmente Grace como pequeña nerd y heroína de la función, una actriz con un brillante futuro por delante.
EL AMOR EN SU LUGAR (Love Gets a Room, Rodrigo Cortés, 2021)
España. Duración: 103 min. Guion: Rodrigo Cortés, David Safier. Obra: Jerzy Jurandot Música: Víctor Reyes Fotografía: Rafael García Productora: Nostromo Pictures Género: Drama
Reparto: Clara Rugaard, Ferdia Walsh-Peelo, Magnus Krepper, Freya Parks, Jack Roth, Henry Goodman, Dalit Streett Tejeda, Anastasia Hille, Valentina Bellè, Mark Davison
Sinopsis: Enero de 1942, 400.000 judíos de toda Polonia llevan más de un año confinados por los nazis en un estrecho gueto en mitad de la ciudad. Fuera del muro, la vida sigue adelante. Dentro, sus habitantes luchan por sobrevivir. Sin embargo, el alto muro de ladrillos no consigue parar la creación de un grupo de actores judíos que, en una helada noche invernal, interpreta una comedia musical en el teatro Fémina. Los espectadores ríen y se emocionan ante una historia de amor, olvidando por un momento su difícil situación. Entre bambalinas, los actores se enfrentan a un dilema de vida o muerte ante la posibilidad de llevar a cabo una fuga después de la función.
Mi suegra Asunción contaba que cuando era pequeña su madre les llevaba mucho, a ella y a su hermano, al cine. Igual comían algo menos, pero el cine no faltaba. Era la evasión que no podía faltar para aquellos niños y adultos que vivieran la dura y larga postguerra que tuvieron que sufrir los perdedores y sus familias. Años después, tanto mis padres como mis suegros pasaron su luna de miel en un cine. Fue ese el único lujo que pudieron permitirse. El cine les hacía más llevadera la vida y les evadía de los problemas y las estrecheces que vivían.
Esa lección sobre el cine como cura, la reflejó muy bien Preston Sturges en la maravillosa Los viajes de Sullivan (Sullivan’s Travels, 1941), película que, vayan a saber porqué, no se estrenó en España hasta mucho más tarde. Si no saben a qué película me refiero, ya tardan en buscarla y disfrutar de esa indiscutible obra maestra.
Con El amor en su lugar, Rodrigo Cortés emplea esa máxima trasladándola a un pequeño teatro del gueto de Varsovia, cuyo público no puede aplaudir a causa del tremendo frío pero que ocupa todas las butacas en busca de un rayo de esperanza. Allí los actores divierten a sus vecinos, judíos como ellos, condenados a una muerte lenta a causa de la hambruna, las enfermedades y el frío. Unos vecinos a los que el futuro les deparará, de sobrevivir a todo ello, un destino aún peor.
Pero por lo pronto en el gueto la vida se ha detenido. Todo es gris, no hay alimento ni ropa de abrigo. Hay cadáveres por las calles que los transeúntes esquivan o despojan de lo poco de valor que les queda. Pero ese pequeño teatro, el Fémina, es otro mundo. Está lleno de risas y esperanzas. Allí se desarrolla una comedia que protagonizan jóvenes actores y actrices, mientras que entre bambalinas tendrá lugar un profundo drama que Rodrigo Cortés narrará de manera ejemplar, persiguiendo por todas partes a su protagonista (la estupenda Clara Rugaard), recurriendo incluso a falsos planos-secuencia para trasmitir inmediatez y crear un fuerte contraste con lo que sucede sobre el escenario, que rodará de forma más convencional. Dos historias que acaban mezclándose en una sola y única trágica historia de amor y sacrificio.
Sitges 2014: Álbum fotográfico
Y esto fue todo lo que para Serendipia ha dado de sí el 47 Festival de Sitges: 49 películas; muchas conversaciones y risas en las colas de los cines y ante algún buen menú; reencuentro con amigos a los que ya se empieza a echar de menos; encuentro con nuevos amigos; algunas fotos y autógrafos para la colección (solo se escapó Franco Nero y como no quiso firmar a casi nadie, pues como que no cuenta); DVD’s para ver tranquilamente en casa; conseguir ¡Al fin! la máscara de La huérfana que se repartió en la edición de 2009 y la nueva que se ha dado este año para el pase de Annabella. Pero sobre todo muchos, muchos buenos momentos y mucho, mucho buen cine.
Como hicimos bastantes fotos y nos gusta compartir, ponemos aquí una selección.

La muñeca Annabelle se paseó por el Melià y repartió máscaras en la sesión de la noche. También posó con todo el que se quiso fotografiar con ella.

Manuela Vellés también es una muñeca. Uno se quedó con ella desde que la vio en la magnífica Camino (Javier Fesser 2008), pero impresionó con su admirable interpretación en Secuestrados (M. Ángel Vivas).

Sitges es más que películas. También es literatura. Aquí vemos un momento de la presentación de Mataré a vuestros muertos, la nueva novela de Daniel Ausente.
(Todas las fotos: Serendipia)
Sitges 2014: Muy buen cine y para todos los gustos
Serendipia pudo disfrutar de otra edición del festival de Sitges, y eso en estos tiempos de estrecheces es algo que celebramos. Especialmente si el festival ha contado con una intensa y fresca programación que, a pesar de que a bote pronto no contaba con ningún título que llamara especialmente la atención, fuera de las ya tradicionales entregas de Miike (bastante inspirado en ambas) y el último Cronenberg, se tornó en un festival de sorpresas para todos los paladares en el que se hizo difícil escoger una favorita: siempre nos venía más de una a la memoria por diversas razones.
También los fallos técnicos que ensombrecieron la edición de 2013 fueron subsanados, y los pocos y breves cortes que se produjeron durante las proyecciones fueron generales y responsabilidad de la compañía eléctrica. Quizás se echó en falta algún invitado estrella, ya que Joe Dante había estado recientemente y quizás el peso específico de Roland Emmerich o del entrañable Dick Miller no era suficiente. Y bueno, Antonio Banderas fuera de la difusión televisiva y el ‘glamour’ que ofreció al festival, poco o nada aportó al público de Sitges. Pero tuvimos amplia presencia estatal: además del mediático Banderas se contó con otros amigos del festival como Álex de la Iglesia, Carolina Bang, Carlos Areces, Rodrigo Cortés, Macarena Gómez, Manuela Vellés y las estrellas de [REC]4 así como de los directores de la saga, entre muchos otros, de modo que quien quiso cazar autógrafos y tomar fotografías, tuvo donde escoger. Hubo clases magistrales,
exposiciones, series de televisión, mesas redondas, libros, cómic, Cine basura con Fox y Viruete y sobre todo cine, mucho cine. Tanto que no pudimos abarcar todos los títulos que hubiéramos deseado, dejando en el tintero algunos que esperamos recuperar. También hubo lo más importante: muchos amiguetes con los que comentar la jugada. Nuevos y viejos. Además, pudimos ser testigos del nacimiento de una nueva especie autóctona: el Freakpster. Si en la edición de 2013 sorprendió el desembarco de los Hipsters, que si no saben lo que son es que no han vivido en la tierra durante los últimos años, este año nos ha llamado mucho la atención la afluencia al festival de un nuevo ser híbrido entre el tradicional Freak de camiseta fandom y el Hipster de corte a navaja, raya al lado, pobladísima barba y gafas oscuras, al que hemos bautizado como Freakpster. Una especie de temporada que no teman, es totalmente inofensiva. También hubo molestas moscas pegajosas de las que zumban en los oídos y mosquitos de esos que te pillan y te acribillan. Sin olvidar al individuo que hace el efecto grillo durante los silencios del Auditori. Todo un mago del humor. Pero todo esto fue totalmente ajeno a la organización, así que no hace falta que salgan las ya molestas voces pidiendo dimisiones.
Demos un somero repaso a lo que Sitges 2014 nos ofreció:
DIARIO DE SERENDIPIA EN SITGES 2014: LAS PELÍCULAS
Si el anterior año la programación la definimos como correcta, lisa y sin sobresaltos, más sorprendente, variopinta y heterogénea nos ha parecido la de esta edición. Con nueva sección, Fantàstic Òrbita, en la que se incluyen todos esos títulos que de fantástico tienen poco o nada, pero que tantas alegrías han despertado en el espectador, como ha sido el caso en esta edición del drama carcelario Starred Up o el thriller Cold in July. Una forma de abrir oficialmente el festival hacia otros géneros que puede molestar a unos pero que sin duda dará pié a dar más heterogeneidad a la ya de por si variada programación de Sitges.
Quizás sería de agradecer que hubiera un número menor de títulos y más posibilidad de verlos mediante más pases. Es imposible abarcar todo, y aunque se ponga voluntad en ello siempre quedan buenas películas en cartera que uno desearía haber visto, así como propuestas minoritarias ajenas a la sección oficial que apetece revisar.
INAUGURACIÓN
La esperada [REC]4 (2014, Jaume Balagueró) abrió el festival ofreciendo un digno final a la serie. Más centrada en la acción, al igual que la segunda entrega de la que es continuación directa, desecha
teorías y orígenes, ofrece respuestas a algunas de las claves de la saga y un final un tanto abierto a pesar de que Balagueró ha jurado y perjurado que con esta cuarta entrega finaliza la saga. El tiempo dirá.
SECCIÓN OFICIAL FANTÁSTICO
Babadook es el hombre del saco de los miedos infantiles. El que acecha en los armarios, bajo la cama o en las sombras que se proyectan en la pared. The Babadook (Australia, 2013, Jennifer Kent), film basado en un corto de la misma directora rodado en 2005, fue uno de los títulos clave del festival, que recompensó el film, opera prima de su directora, con un premio especial del jurado, además de otro a la mejor interpretación femenina para Essie Davis. Una muestra, de las varias que nos ofreció el festival de Sitges de que el cine fantástico australiano ha venido para quedarse, y que a tenor de la mayoría de los films de esa procedencia que tuvimos la fortuna de disfrutar, estamos de suerte.
Les ofrecemos Monster, el cortometraje dirigido en 2005 por Jennifer Kent que dio pié a The Babadook:
The Quiet Ones (UK, 2014, John Pogue) es un relato de posesión ambientado en los años setenta producido por la nueva Hammer Films. Un film menor basado en un hecho real que no desaprovecha la moda ‘found footage’ recurriendo a tomas en 16 mms. Es el segundo trabajo de su director tras la innecesaria Quarantine 2: Terminal (2011). Más interesante resultó la áspera Young Ones (USA, 2014, Jake Paltrow) un western apocalíptico ambientado en un desértico y polvoriento futuro más o menos cercano en el que el bien más valioso es el agua. Dividida en tres capítulos, uno por cada personaje protagonista, la película cuenta con unos actores eficaces encarnando personajes con aristas, entre ellos el joven (y autraliano) Kodi Smit-McPhee, habituado desde niño a los paisajes apocalípticos a juzgar por su labor en La carretera (The Road, John Hillcoat, 2009) película que, al igual que Déjame entrar (Let me In, 2010, Matt Reeves), interpretó antes de pegar el estirón. También sorprende una antipática Elle Fanning alejada de su registro habitual y una mula cibernética con la que es difícil no llegar a encariñarse. El guión, escrito por su director Jake Paltrow, se llevó el premio del jurado.
La producción de Álex de la Iglesia, Musarañas (Juanfer Andrés y Esteban Roel, 2014) habría merecido mejor suerte en el palmarés que la que corrió. Un spanish gothic esperpéntico con desenlace grand guignol. Una hermana (que no lo es), solitaria y reprimida en luto perpetuo interpretada por una inmensa Macarena Gómez en la que es posiblemente su mejor interpretación. Con algunas (más bien pocas) gotas de humor negro y una ambientación años cincuenta inmejorable para este film detallista que tiene cuatro únicos escenarios: tres interiores (la casa de las hermanas, la vivienda del piso superior y el rellano) y un único exterior pero visto desde la ventana. Algo muy buscado para reflejar el encierro en el que se encuentra el personaje interpretado por Macarena, afectado de agorafobia. Además de la gran protagonista, tenemos otros personajes que completan el reparto, como la televisiva Silvia Alonso, la hermana que parece no poseer nombre; Hugo Silva, como el catalizador que hace aflorar la verdad (así como el deseo de las hermanas) ocultos en el interior claustrofóbico del hogar; Luis Tosar y la escultural Carolina Bang. Aunque hay algunos errores en el guión (¿Por qué no huyen los personajes cuando pueden?) es la primera producción de Álex de la Iglesia que no ha dirigido él mismo y que esperamos obtenga el éxito que sin duda se merece. Una de esas película que uno desea volver a ver.
Pos Eso (Esp, 2014) es el primer largometraje de animación stop motion de Sam tras el exitoso corto Vicenta (2010), que llegó a estar nominado a los Goya. Un detallado trabajo de artesanía que cuida tanto los fondos como a los personajes principales, a los que prestan su voz, entre otros, Santiago Segura, Carlos Areces, Álex Angulo, Anabel Alonso y Mariví Bilbao. Exorcismos, folklore, toreros y mucho humor con gotas de actualidad bizarra y guiños cinéfilos para un film que obtuvo una merecida mención especial del jurado.

El equipo de Pos eso presentando el film en L’Auditori. Carlos Areces se dirige al público con Sam, su director, tras él acompañado de los productores.
Los castores zombis de Zombeavers (USA, 2014, Jordan Rubin) resultaron menos ridículos de lo que esperábamos gracias a no tomarse en serio a si mismos, y ofrecer una propuesta divertida hasta el descacharre con unos castores tipo muppet, víctimas estúpidas, transformaciones absurdas y unas protagonistas muy sexys. El público cómplice (entre ellos un divertido Carlos Areces) disfrutaron de esta propuesta que pronto podrán ver en sus pantallas de la mano de A Contracorriente Films.
Muy diferente es lo que nos propuso la marciana La distancia (Esp., 2014, Sergio Caballero). Si les digo que sus protagonistas son tres enanos y una actriz porno y la localización una fábrica abandonada en un desolado paisaje invernal, les dejo unas expectativas que no se producen. La distancia es uno de los perros verdes del festival, aunque agradecido, ya que cuando uno se deja llevar y desiste de entender algo de lo que nos quiere contar Sergio Caballero, se encuentra ante una hipnótica trama que se desarrolla en una inhóspita y bella localización. La actriz porno Sophie Evans sale muy poco, aunque muestra su gran flexibilidad. Presente en el festival, fue de las más buscadas por los aficionados a hacerse fotos con famosos. Saquen sus propias conclusiones. Por su parte, Sergio Caballero sigue siendo el chico raro de la clase, como ya demostró en su anterior largo, Finisterrae (2010)

Sergio Caballero, con los actores Sophie Evans, Alberto Martínez y Michal Lagosz tras la proyección de ‘La distancia’ (Foto: El periódico)
I Oringins (USA, 2014, Mike Cahill), que obtuvo el premio a la mejor película del festival, no pasaba de ser un film mainstream sobre la reencarnación con viaje a la India incluido y estreno garantizado de la mano de Fox. Correcta y olvidable. Una de esas películas que no se perderá tu cuñada aficionada a la espiritualidad New Age que gusta de ir al cine los domingos. Mike Cahill ya presentó en Sitges 2011 su anterior película, Otra tierra (Another Earth), con la que su protagonista, Brit Marling obtuvo el premio a la mejor actriz.
Otra cosa fue la celebrada The Guest (USA, 2014, Adam Wingard) con la que su director sigue chapoteando en el terror de los ochenta como ya hiciera con Tú eres el siguiente (You’re Next, 2011) y los slashers. En esta ocasión da otra vuelta de tuerca al casi nano subgénero del súper soldado que se escapa de las manos de sus creadores o instructores . Si entonces (en los ochenta) habría retornado de Vietnam, ahora lo hace de Oriente Próximo y saturado de mala leche y humor, pasando de ángel de la guarda a ángel exterminador y consiguiendo que el público se rinda ante este atractivo y simpático tipo que cualquier suegra querría como yerno o retozando entre sus sábanas. A destacar su joven protagonista Maika Monroe, a la que también veremos en la remarcable It Follows.
Home/At the Devil’s Door (USA, 2014, Nicholas McCarthy) es un correcto film que combina en su guión posesiones diabólicas y fantasmas. Su director ya presentó su primera película, The Pact, en Sitges 2012. Home hace pasar un buen rato y después se esfuma rápidamente de nuestra memoria de camino a casa. Mucho más difícil de olvidar resulta The Voices (USA-Alemania, 2013) una inesperada propuesta de la iraní Marjane Satrapi con la que nos sorprende tras Persépolis (2007) y Pollo con ciruelas (Poulet aux prunes, 2011). Su nueva película es irónica y petarda sin caer en histrionismos. Evita hacer juicios de valor sobre los actos de su protagonista Jerry, interpretado por un fantástico Ryan Reynolds, víctima de unos desórdenes mentales (reflejados con el color y la iluminación), que terminarán convirtiéndolo en un asesino múltiple, pero que también le liberarán de su solitario y sórdido mundo. Vinculado siempre al terror, el asesino múltiple que nos muestra Satrapi es un pobre diablo al que nos es imposible odiar. Un ser similar al Elwood P. Dowd que interpretó James Stewart en la memorable El invisible Harvey (Harvey, 1950, Henry Koster) solo que en lugar de ser un loco inofensivo que solo ve a su amigo imaginario, el conejo Harvey, nuestro Jerry ve un mundo totalmente imaginario limpio y de vivos colores en el que todos son amables y en el que incluso sus mascotas hablan con él haciendo las veces de ángel y diablo, como si de su propia conciencia se tratara. The Voices es El invisible Harvey del nuevo milenio, mucho más truculenta, sí, también bastante más oscura, en sintonía con los tiempos que nos han tocado, pero al igual que aquella, con un fondo amable. Y es que Jerry, al igual que Harvey y tantos otros, tan solo tiene un problema de soledad.
That Demon Within (Mo Jing, Hong-Kong/China, 2014) es la nueva propuesta de Dante Lam tras la fantástica Umbeatable (Ji Zhan, 2013) que se pudo disfrutar en la última edición de las Nits de Cinema Oriental de Vic obteniendo el premio del festival. Se trata de una operística historia policíaca con las dosis acostumbradas en el cine de Hong-Kong de venganzas, traiciones y, por supuesto, acción. Otro viaje a la locura aunque en esta ocasión afecta al ‘bien’ representado por el policía incorruptible que encarna Daniel Wu. Un film elegante y con la cadencia que caracteriza este tipo de producciones orientales.
La distancia (Esp., 2014, Sergio Caballero) es una película futurista que denuncia la falta de solidaridad con los refugiados provenientes de otros países por conflictos bélicos o sociales. En la trama del film, estos refugiados tendrán que participar en un reality show para conseguir el visado salvador. El film aprovecha para mostrar como las desgracias ajenas son noticiables y tratadas frívolamente como recurso para general audiencia. L’altra frontera se muestra a veces demasiado obvia, pero bien intencionada, aprovechando los pocos recursos con los que parece contar y ofreciendo una buena interpretación de Ariadna Gil y la veterana Mireia Ros. Su director debuta en el largo con este film.
Jamie Marks is Dead (USA, Carter Smith) tiene un buen arranque, pero termina siendo una ñoña historia adolescente de fantasmas y salidas de armario, en alguna escena, textualmente. Conflictos, complejo de culpabilidad, amor, crisis de identidad sexual… un concepto interesante pero que en algún momento de la narración pierde fuerza. Es el segundo largometraje del director tras la también terrorífica Las ruinas (The Ruins, 2008) y en él destaca la presencia de la joven y prometedora Morgan Saylor y de una irreconocible Liv Tyler como madre del protagonista, que mantiene una ambigua relación con la causante del accidente automovilístico que la dejó paralítica. El film obtuvo el premio a la mejor fotografía.
These Final Hours, de Zak Hilditch es otra producción australiana de peso. Un relato apocalíptico con una historia en la línea de la clásica La hora final (On the Beach, 1959, Stanley Kramer). El fin del mundo se aproxima irremediablemente y diferentes son las opciones que pueden tomarse ante esas últimas horas. Una propuesta dura pero con final, nunca mejor dicho, esperanzador. Su notable
protagonista, Nathan Phillips, que obtuvo un merecido premio a la interpretación masculina, y que es recordado además por su participación en la memorable Wolf Creek (2005, Greg McLean), tiene que competir con su maravillosa co-protagonista, la niña Angourie Rice, auténtica actriz revelación a la que el director descubrió en su anterior, y en este caso post-apocalíptico corto, Transmission (2012). Pero These Final Hours es más que un relato apocalíptico, es una historia de crecimiento que demuestra que nunca es tarde para madurar.
En Oculus (USA, 2014, Mike Flanagan), filme de fantasmas de corte clásico a la manera de James Wan, encontramos más desórdenes mentales. La película, basada en un corto que dirigió su director en 2006, funciona en su objetivo de producir miedo, tal y como pudimos comprobar observando a parte de la platea, atemorizada por los sustos producidos por este espejo maldito, auténtica puerta de entrada al mundo sobrenatural. El film destaca también por su forma de narrar la acción en dos tiempos trenzando y cruzando pasado y presente. Y entre sus actores tenemos a la pelirroja Karen Gillan que, aunque no lo parezca, es la misma actriz que encarna a Nebula en Los Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014, James Gunn). Sin ser excepcional, cumple su objetivo superando con creces a la decepcionante Annabelle, una propuesta similar de la que hablaremos más adelante.
Incluímos también el corto Oculus: Chapter 3 -The Man with the Plan (Mike Flanagan, 2006):
Aux yeux des vivants (2014) es el nuevo trabajo de los franceses Julien Maury y Alexandre Bustillo. Un film eficaz y con trasfondo de humor negro, ya que no es otra cosa que una versión perversa de la empalagosa The Goonies (1985, Richard Donner), pero aquí con unos pequeños protodelincuentes y un monstruo, Klarence, que es todo un paradigma del mal rollo. Una película que va directa al hueso y que decepcionó a los que querían volver a ver À l’intérieur (2007) y se sintieron frustrados con la también magnífica Livide (2011). Estos podrán al menos consolarse viendo sufrir de nuevo a una madre gestante a manos de los simpáticos directores galos. Buena imaginería visual, mal rollo y una bocanada de aire fresco (o pútrido).
Over Your Dead Body (Kuime, 2014) la propuesta ‘seria’ de Takashi Miike es un film que mezcla los ensayos de una obra teatral con la vida real de los actores protagonistas, trenzando ambas acciones hasta confundirse. Algo similar, con sus naturales variaciones, a lo que nos ofreció George Cukor en Doble vida (A Double Life, 1947), conjugando asimismo dos lenguajes expresivos hermanos como son los del teatro y los del cine, todo ello con una preciosista puesta en escena, como es habitual en el director japonés.
Una de las propuestas más terroríficas que ofreció el festival, sino la que más, fue It Follows (2014), un film de David Robert Mitchell turbador y atmosférico protagonizado por adolescentes reales con ausencia total de adultos. Como nos comentó Antonio Trashorras, en uno de esos corrillos que se hacen en las colas de los cines, funciona como una novela clásica juvenil en la línea de Enid Blyton, aunque con elevadas dosis de horror sobrenatural y el proverbial terror al sexo y a la enfermedad, inevitable metáfora del Sida. De estupenda puede tacharse también la labor de su joven protagonista, Maika Monroe, presente también, tal y como hemos comentado, en The Guest. Para Serendipia uno de los platos fuertes de Sitges 2014 y hubiera merecido más suerte en el palmarés. Uno de esos films que se quedan en la memoria.
La dosis vampírica del festival llegó con A Girl Walk Home Alone at Night, dirigida en recurrente blanco y negro (me viene a la memoria The Addiction de Abel Ferrara) por la iraní Ana Lily Amirpour, un film con ínfulas artys que encantó a unos, desagradó a otros y que era totalmente opuesto a la comedia neozelandesa What we do in the Shadows (Jemaine Clement, Taika Waititi), reconocida unánimemente como una propuesta brillante y muy divertida, que se alzó con el premio del público. Con estructura de documental, el film nos narra el vivir cada día de cuatro vampiros muy distintos entre sí: del anciano Nosferatu Petyr (Ben Fransham) hasta el dandy Viago, interpretado por el propio Taika Waititi. Muy eficaz y bien documentada, la película brinda una propuesta similar a la que ofreciera la belga Vampires (2010, Vincent Lanno), aunque mucho más divertida.
Terminando ya esta sección, no nos olvidamos de R100, un descerebre dirigido por Hitoshi Matsumoto , un realizador veterano en Sitges, pues ha presentado todas sus obras en el festival. Su última propuesta está repleta de humor, acción y dominatrix. Están locos estos japoneses y así es como nos gustan. También vimos otros títulos de los que ya hablamos detenidamente con anterioridad, como las británicas How I Live Now (2013, Kevin Macdonald), con una cada vez más solicitada Saoirse Ronan y la raruna The Double (2013, Richard Ayoade), que cuenta con la cada vez más popular Mia Wasikowska, a la que también pudimos ver en el film de Cronenberg, Maps to the Stars.
SECCIÓN OFICIAL FANTÀSTIC ÒRBITA
Tal y como les indicamos ya tenemos una sección nueva que pretende englobar película que, están en el linde del fantástico (en la órbita) para los responsables del festival. Y totalmente fuera de ese género para los que estos escriben. En todo caso se trata de películas agradecidas, adscritas en su mayoría al thriller y al policíaco. Buenos títulos de los que pudimos disfrutar los siguientes:
A Hard Day cinta coreana dirigido por Kim Seong-hun que resultó ser toda una sorpresa: humor negro, mala leche y acción a ritmo endiablado en un film sobre corrupción policial. Filth (2013, John S. Bird) es una producción al alimón entre Inglaterra, Bélgica, Alemania y Suecia escrita por la calenturienta mente que perpetró la recordada Trainspotting (Dany Boyle, 1996), el escocés Irvine Welsh, y que reincide temáticamente en las drogas, el sexo y la violencia, pautas que marcan el día a día de un detective de policía interpretado por un soberbio James McAvoy, deseoso de trepar a lo más alto por la vía rápida y sin ningún tipo de escrúpulo. Un aprendiz aventajado del teniente
corrupto que interpretara Harvey Keitel en el clásico de Abel Ferrara pero entrando de nuevo en juego los desórdenes mentales ¿Cómo que Sitges 2014 iba sobre los sueños?: De eso nada amigos, si algo ha dejado claro este festival es lo peligroso que puede ser dejar de tomar la medicación prescrita por nuestro psiquiatra.
Starred Up (UK, 2013, David Mackenzie) es un potente drama carcelario perfectamente construido que muestra, al igual que Welcome to New York (y otra vez sale a colación Abel Ferrara), un ingreso en prisión a tiempo real, aunque en aquella ocasión se trataba de un banquero corrupto (¿hay de otros?) y ahora de un vulgar delincuente común. En todo caso, la cárcel solo es el escenario y sirve de fondo para el reencuentro entre padre e hijo. Áspera, sin recurrir a manidos tópicos carcelarios (drogas, violaciones…), el film avanza con el ritmo exacto ofreciendo el arco de transformación de sus personajes impecablemente trazado. Un film memorable. Al igual que Cold in July (USA, 2014, Jim Mickle) cuyas impresiones ya dejamos vertidas aquí.
SECCIÓ OFICIAL FANTÀSTIC ESPECIALS
The Boxtrolls (USA, Anthony Stacchi y Graham Annable) es una fantasía stop motion en impecable 3D que a pesar de estar dirigida al público infantil propone temas adultos, como el de la corrupción del poder, los límites entre el bien y el mal y el ansía de aparentar algo que no se es a toda costa, incluso aunque ello nos perjudique. Los Boxtrolls del título son una especia de duendes inofensivos que viven bajo tierra cuya supuesta maldad es utilizada como pantalla de humo para esconder males superiores causados por los propios gobernantes, que alimentan el odio hacia los Boxtrolls incentivando su captura. Ambientada en un oscuro siglo XIX de aires expresionistas, se vale también de parafernalia steampunk para logran impacto visual. Una delicia.
Maps to the Stars (Canadá-Alemania, 2014), el último film de David Cronenberg, es un lúcido y ácido alegato sobre el estrellato en el Hollywood actual protagonizado por una magnífica y ascendente Mia Wasikovska, actriz australiana (¿Qué les dije sobre la cinematografía de ese país?) que está de racha (también la vimos en The Double durante el festival) y cuyo personaje ofrece un guiño cronenberiano con las cicatrices que luce y sus, lo han adivinado, desórdenes mentales. Formula a la que se le añaden unas gotas de incesto. ¿Quién da más? Pues Maps to the Stars que cuenta también con la participación de Robert Pattinson, lejos de sus escarceos vampírico-descafeinados en su segundo trabajo con el director canadiense tras la magistral Cosmópolis (2012), y sobre todo una Julianne Moore más en estado de gracia si cabe,realizando una actuación que obtuvo el premio del jurado. Hay quien sigue echando de menos al Cronenberg de los inicios, pero soy incapaz de decir una de sus últimas obras que nos haya defraudado.
Annabelle (USA, 2014, John Leoneti) cuenta con el protagonismo de la enigmática muñeca que
vimos en el sótano de los Warren en la magnífica The Conjuring (2013, James Wan). Y como todos nos quedamos con ganas de saber más sobre esa horrible muñeca, la maquinaria de Hollywood no ha tardado en ofrecernos este spin-off de serie-B que, si bien es bastante pobre, tiene el atractivo de la propia muñeca, todo un acierto. Con trama más centrada en el terror satánico que en los fantasmas y un conservador discurso moral sobre la maternidad y el matrimonio, comete el error de mostrarnos al demonio que anima a Annabelle, con sus cuernos, rabo y toda la iconografía clásica. A pesar de todo, no deja de ser una película disfrutable que contó con un gimmick añadido: al igual que hace cinco años con La huérfana (2009, Collet-Serra), la distribuidora tuvo la feliz idea de repartir máscaras de Annabelle a todos los asistentes.
Yo no sé que esperaba el público de Adieu au langage (2014), el film rodado en 3D por Jean-Luc Godard. Yo algo muy, muy marciano, muy, muy pedante e ininteligible para una mente tan limitada como el que esto les narra. Y bien, así fue, por lo que no hubo sorpresa, pero al ser en 3D pues como que no se hicieron muy pesados los escasos 70 minutos del experimento de Godard, que metió en su película fragmentos de conocidos films, bonitas melodías, un perrete, Roxy, que pasea por diferentes escenarios, experimentos visuales (que llegan a molestar a la vista), sonoras ventosidades y bastantes planos de los pechos y el frondoso sexo de la protagonista, no olvidemos, en 3D. ¿Aburrida? No. Una hazaña que contar a los nietos que nunca tendré. Por cierto, les emplazo a que lean el artículo pormenorizado sobre el film que ha escrito la otra parte de Serendipia en la que les cuenta de que va, pues afirma que ha entendido su significado.
Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) es un film que unánimemente nos han definido de dos maneras: como ‘rarilla’ o como ‘mierda’. Los dos epitetos resultan válidos, aunque Serendipia no se ha puesto de acuerdo entre sí. Para una de sus partes resulta ser una propuesta de estética pretenciosa, algo que la otra parte no niega, al contrario, lo admite, pero el ser fan incondicional de la protagonista, Scarlett Johansson, que además tiene el detalle de mostrar toda su lozanía al desnudo, pues como que le hace sentirse más compasivo con lo que el director nos propone. ¿Qué es un ladrillo? pues como que sí. ¿Qué tiene demasiado metraje para lo que a fin de cuentas narra? Sin lugar a dudas. Juzguen si no: alienígena llega a la tierra, conoce y comienza a comprender y ansiar poseer lo mejor de la naturaleza humana siendo esta su perdición. Con un seis y un cuatro te hago tu retrato. Algo muy sencillo pero narrado de la forma más aburrida posible por un director en el que parecen confiar las estrellas, a juzgar por las que pueblan sus films: Ben Kingsley, Nicole Kidman, Lauren Bacall, Anne Heche y ahora una Scarlett que no ha dudado en poner toda su carne en el asador (de acuerdo, mal chiste).
Otra de las varias sorpresas que nos ofreció el festival fue la producción hispano-argentina Relatos Salvajes (2014, Damián Szifron), que a pesar de sus dos horas de duración no solo no se hace pesada, sino que uno lamenta que se termine. Titulada como una colección de tebeos editada en España por Vértice que servía de cajón de sastre para diferentes series Marvel dirigidas a un publico lector más adulto, el film es una recopilación de historias con el nexo común de la venganza, que mediante un humor negrísimo denuncia a la absurda sociedad occidental. Siendo de episodios, ninguno desmerece o baja el listón cualitativo consiguiendo, con el último, dejarnos un atisbo de esperanza dentro del caos. Toda una delicia ver a Leonardo Sbaraglia y Ricardo Darín en dos de los episodios más divertidos, así como a Rita Cortese y Julieta Zylberberg en el magnífico corte del restaurante. De reciente estreno, a poco que funcione bien el boca-oreja se vaticina un merecido éxito popular. No les digo más que no se pierdan estos Relatos Salvajes, continuadores de la rica tradición literaria argentina de relatos breves que tan bien cultivaran Cortázar o Borges. Y es que hay muchos mundos pero están en este, a pesar de que algunos se empeñen en levantar más fronteras.
Del tan bien intencionado como fallido Asmodexia, debut en el largo de Marc Carreté, tan solo
comentar que quizás no estuvo bien escogida la sección, el espacio y la hora en el que se pasó: Auditori a las 17.15. Un caramelo envenenado para un director cuyo film, de temática satánica, pasó a ser uno de los más comentados en los corrillos y en la red, siendo objeto de sangrantes wassaps. Todo lo contrario que Autómata (2014, España/Bulgaria, Gabe Ibáñez) que venía precedido de pésimas críticas provenientes del Festival de San Sebastián y que no es, ni de lejos, un producto desdeñable. Muy al contrario, se trata de una película de ciencia-ficción muy digna y pródiga en referencias, puede que excesivas, a títulos señeros de los años setenta y sesenta que el director ya enumeró durante su presentación. Una interesante producción de Antonio Banderas que apoya así al cine español ofreciendo una oportunidad a un director novel aunque con las ideas muy claras. Autómata cuenta con un excelente diseño de producción en sus dos contrastados escenarios: el desierto y la ciudad tipo Blade Runner. Puestos a buscar un pero, nos chirría la escena ‘Único testigo’ entre Banderas y la autómata Cleo, pero en general el film tiene un muy buen tono y nos parece una loable apuesta de Banderas por los nuevos valores del cine español y, de rebote, por el cine de género.
De Dead Snow 2: Red Vs. Dead (Noruega/Islándia y 2014, Tommy Wirkola) y Goal of the Dead (Francia, 2014, Benajamin Rocher y Thierry Poiraud) ya les hablamos en sus respectivos artículos. Si a priori nos daba pereza ver la francesa, por la indiferencia que Serendipia siente por el llamado deporte rey, finalmente resultó una obra interesante, entre otras cosas por la equiparación que hace entre hinchas e infectados. Además de que profundiza en los personajes, algo casi inaudito en este tipo de películas. Y a todo ello le pone humor. Francia sigue apostando por el cine de terror y lo celebramos.
El Ardor (Argentina/México/Brasil/Francia, 2014, Pablo Fendrik) es una denuncia ecológica a los estragos que el hombre perpetra en la selva amazónica. Para narrarnos la venganza de Kaï (Gael García Bernal) contra unos violentos mercenarios, el director no duda en utilizar el lenguaje del spaguetti western homenajeando, concretamente, a Sergio Leone y ofreciendo como resultado un film entretenido con la nota fantástica puesta en Kaï, como supuesto espíritu protector.
La exquisita Giovanni’s Island (Japón, 2014, Mizuho Nishikubo) sirvió como muestra de la buena salud que goza la animación nipona a la hora de abordar historias adultas. Ambientada en una pequeña isla de pescadores ocupada por las tropas soviéticas y sus familias tras la derrota japonesa en la segunda guerra mundial, se centra en las pequeñas historias de una familia japonesa y su convivencia con los recién llegados. Veremos como el protagonista abandonará su niñez al ser golpeado por la muerte de su hermano y el internamiento de su padre en un campo de concentración, refugiándose para paliar el dolor en la fantasía que le ofrece un libro, Tren nocturno a la Vía Láctea. La narración se aleja del revanchismo y mantiene la esperanza de que los diferentes pueblos pueden vivir en armonía.
Monsters: Dark Continent (UK, 2014) es el primer largometraje de Tom Green, un director curtido en cortos y series de televisión, y representa una vuelta al universo creado por Gareth Edwards antes de resucitar a Godzilla. Evitando realizar una secuela al uso, se ha escogido otro escenario en el que situar la invasión alienígena, Oriente Medio, en pleno conflicto contra las fuerzas de occidente, dando como resultado un eficaz film repleto de acción y mensajes pacifistas en el que los invasores de otras galaxias pasan a ser elementos secundarios en un paisaje apocalíptico.
Muy bizarra y petarda es la última propuesta de Kevin Smith, Tusk (USA, 2014) de la que recomendamos no lean nada ya que se arriesgan a perder el factor sorpresa, una de sus mejores bazas. Tras la galardonada Red State (2011), Tusk representa el retorno del Smith más corrosivo y cómico, ofreciéndonos en esta ocasión una inesperada y en el fondo triste historia con la soledad como protagonista. Su argumento atiza a esos podcasters que se mofan de los solitarios que universalizan su torpeza o su falta de talento mediante ridículos videos en YouTube. Para disfrutar. Un Michael Parks de altura y Johnny Deep irreconocible.
OTRAS SECCIONES
Teniendo que escoger, ya que es prácticamente imposible ver todos los films proyectados durante el festival, uno ve limitada su vena descubridora escarbando en secciones como Noves Visions o Panorama. Así como obligado a perderse los varios y apetitosos documentales. También, porque no tenemos edad para trasnochar y por la mañana hay que madrugar (¿O que se creen? Serendipia se levantó cada día a las 6.45) tuvimos que dejar de lado los maratones nocturnos de la sección Midnight X-treme. No hay más cera que la que arde y los experimentos se hicieron con gaseosa, así que las escapadas a otras secciones fueron contadas, pero afortunadamente interesantes:
La alemana Der Samurai (2014, Till Kleinert) era extravagante, pero no tanto como nos esperábamos. Cuenta como el protagonista acepta su propia homosexualidad enfrentándose a un licántropo travesti vestido de novia y con katana. ¿Rebuscado?: Ciertamente. Pero no por ello desdeñable. Siendo un filme de bajo presupuesto destaca por su fotografía, ocre con atmósfera de cuento de hadas y un argumento sí, estrafalario, pero interesante y que no alcanza las cotas de rareza de, por ejemplo, La distancia. Uno de los títulos que había que ver.

El director de Der Samurai, Till Kleinert (izq.) junto a uno de los productores del film, Linus de Paoli.
Por su parte 2030 (Vietnam, 2014, Nguyên-Võ Nghiêm-Minh) era otra parábola apocalíptica con escasez de agua potable de por medio, al igual que Young Ones, aunque si allí el escenario era desértico, en esta producción vietnamita el paisaje está anegado por agua salada, producto del calentamiento global. Denuncia ecológica al canto. Aunque todo esto es casi un elemento secundario que sirve para enmarcar una romántica historia con sus traiciones, desengaños y un final ‘amor fou’.
No queríamos perdernos la primera incursión de Adrián García Bogliano en la industria norteamericana, Late Phases (USA, 2014), una película de licántropos que homenajea los efectos especiales tradicionales a base de látex (no en vano está por medio Robert Kurtzman), aunque la sensación que nos quedó tras verla es la de un encargo eficientemente realizado. Entres sus varios aciertos se encuentra su protagonista, Ambrose (Nick Damici), militar retirado ciego y viudo con reminiscencias al Eastwood más quisquilloso, que será el encargado de enfrentarse a una comunidad de hombres lobo instalada en Crescent Bay, zona residencial para la tercera edad en la que Ambrose ha sido confinado por su hijo. Por cierto, Nick Damici también figura en el reparto de Cold in July. Finalmente la neozelandesa Housebound (Gerard Johnstone) mezclaba falsos fantasmas y casas encantadas con truco junto altas dosis de humor y acción. Un film ideal para desengrasarse tras varias horas viendo películas.
La retrospectiva, como por desgracia va siendo habitual, constó de muy pocos títulos, aunque hay que decir que muy ilustres. Wake in Fright, estrenada en su momento en España con el muy descriptivo título Despertar en el infierno, es una pesadilla australiana dirigida en 1971 por Ted Kotcheff, director que puso en circulación con Acorralado (First Blood, 1982) al prolífico Rambo de Sylvester Stallone. Wake in Fright es un descenso etílico a los infiernos protagonizado por un profesor de escuela. Una aventura salvaje que demuestra que el infierno existe, está en este planeta y se llama Bundanyabba. Sin lugar a dudas el reverso tenebroso de The Hangover. No apta para almas sensibles a la crueldad animal, cuenta con un, como siempre, magnífico Donald Pleasence. También pudo, quien tuvo la suerte de conseguir tickets, disfrutar de la magnífica copia restaurada de Carga maldita (Sorcerer, 1977, William Friedkin) versión a su vez del gran clásico de Clouzot El salario del miedo (Le salaire de la Peur, 1953) así como de Gremlins (1984) que se proyectó por gentileza de Phenomena. La copia estaba prístina y la muchachada disfrutó de lo lindo en compañía de sus muñecos Gizmo, desempolvados para la ocasión. Joe Dante estuvo presente junto a su actor fetiche Dick Miller, que recibió el premio Máquina del tiempo de manos del subdirector del festival Mike Hostench. Y precisamente Joe Dante fue el encargado de cerrar esta 47 edición del Festival de Sitges con su último film, Burying the Ex, una magnífica comedia repleta de cinefilia que narra como una promesa de amor eterno puede tornarse en pesadilla si una de las partes muere y se resiste a seguir su camino hacia la otra vida. Una premisa que habíamos visto igualmente en tono de comedia, aunque más amable, en la española ¿Estás ahí? (Roberto Santiago, 2011) y con mala leche en el corto Quédate conmigo (Zoe Berriatúa, 2010).
Un buen broche para un festival que resultó más redondo de lo que a primera vista aparentaba.
OTRAS ACTIVIDADES
Pero pocas, ya que en esta ocasión Serendipia ha visto la escalofriante cifra de 49 títulos. Cifra en la que debe influir el no trasnochar ni beber espirituosos, aunque por otra parte el ver tanto cine ha contribuido a que no se pudiera acudir a otras actividades que también apetecían, como son ruedas de prensa, Master Class, mesas redondas, presentaciones y más visitas al Brigadoom. Aún así pudimos acudir al encuentro con Joe Dante y Dick Miller; a la presentación del corto 1:58, patrocinado por Gas Natural, dirigido por nuestro admirado Rodrigo Cortés y protagonizado por la radiante Manuela Vellés; presentaciones de libros como el de [REC], un lujoso volumen que salía ciertamente caro pero que tuvimos ocasión de llevarnos a casa firmado por un buen montón de participantes de la saga; la puesta de largo de la novela de nuestro amigo Daniel Ausente, Mataré a vuestros muertos, presentada por el autor y los capos de la nueva editorial Prosa inmortal, John Tones y Francisco Serrano; y el nuevo y voluminoso Exhumed Movies/Killer Toons, un tomo con 264 páginas a todo color editado en formato A4 que mezcla cómic y reseñas de película «oscuras y de culto» y que endulzará la espera hasta el nuevo Exhumed Movies a publicarse en febrero. Disfrutamos también de una nueva edición en directo de Cinebasura con Paco Fox y José Viruete, a los que se les sumó como invitado Manuel Bartual. En esta ocasión, que contó con mucho más público que el pasado año, nos lo pasamos más que bien viendo Zombie 3 (Lucio Fulci y Bruno Mattei, 1983). Puro delirio. Asimismo rocuramos hacer las visitas obligadas a exposiciones, entre ellas una muy vistosa dedicada a la saga [REC] en la Casa Bacardí, así como a los puestos de venta del paseo marítimo, entre ellos el más que goloso ’79’. Finalmente Serendipia también consiguió hacerse con una buena serie de autógrafos con los que alimentar su fetichismo coleccionista.

Parte de los integrantes de Exhumed Movies y Killer Toons tras presentar el libro que han editado conjuntamente (foto gentileza de Alfredo Orive)
CONCLUSIÓN Y PALMARÉS PARTICULAR
Para Serendipia la edición 47 del Festival de Sitges ha contado con los suficientes títulos memorables como para considerar que tuvo un buen nivel. Naturalmente teníamos, como todo el mundo, nuestras favoritas, y como suele suceder el palmarés del jurado no nos ha convencido, ya que ha relegado películas que, a nuestro parecer, tenían méritos más que suficientes como para reclamar la atención del jurado. En todo caso les ofrecemos nuestro particular top 10:
SERENDIPIA’S TOP 10+1 SITGES 2014
IT FOLLOWS (David Robert Mitchell)
MUSARAÑAS (Esteban Roel y Juanfer Andrés)
THE VOICES (Marjane Satrapi)
THE DOUBLE (Richard Ayoade)
THE BABADOOK (Jennifer Kent)
RELATOS SALVAJES (Damián Szifron)
THESE FINAL HOURS (Zak Hilditch)
STARRED UP (David Mackenzie)
AUX YEUX DES VIVANTS (Alexandre Bustillo y Julien Maury)
WHAT WE DO IN THE SHADOWS (Jemaine Clement y Taika Waititi)
YOUNG ONES (Jake Paltrow)
Hay que indicar que varios de los títulos exhibidos durante el certamen se han estrenado o pronto pasarán por las carteleras españolas. Es el caso de Magical Girl (Carlos Vermut), La distancia (Sergio Caballero), Relatos Salvajes (Damián Szifron), Annabelle (John R. Leonetti), Mi vida ahora (How I Live Now, Kevin MacDonald), Cuando despierta la bestia (When Animals Dream, Jonas Alexander Arnby), [REC]4 (Jaume Balagueró), Los Boxtrolls (Graham Annable y Anthony Stacchi), Filth (Jon S. Baird), Orígenes (I Origins, Mike Cahill), Cold in July (Jim Mickle) y Musarañas (Esteban Roel y Juanfer Andrés) que se estrenará el 25 de diciembre. Ya en 2015 lo harán, de momento, The Babadook (Jennifer Kent) y Autómata (Gabe Ibáñez), el 16 y el 23 de enero respectivamente.
Y ya vamos cerrando esta crónica de unos días, como siempre, mágicos. En los que lo mejor fue saludar a viejos y nuevos amigos, hablar de cine y compartir películas, cenas y buenos momentos. Y es que sin ustedes no habría sido los mismo.
¡NOS VEMOS EN SITGES 2015!
(Todas las fotos realizadas durante el festival menos la que se indique lo contrario: Serendipia)
Luces Rojas de Rodrigo Cortés: eppur si muove
«Un solo consejo a quienes deseen ver #LucesRojas: No esperéis NADA. Ni bueno ni malo. Es un viaje. Dejáos llevar, y a ver dónde acabamos :)» Este es el consejo que nos da Rodrigo Cortes desde el Twitter. Sin embargo, es inevitable acudir al cine con expectativas, aunque no se haya leído apenas nada sobre ella. ¿Y qué esperamos ver? Sencillo, queremos comprobar si se cumple la promesa que suponía Buried, esto es, esperamos que Cortés revalide lo que demostró con su segunda película, ser un director que revivía a Hitchcock en su buen hacer. Y aquí se produce una división de pareceres. Mientras Ángel Sala (por citar un ejemplo) considera a Luces Rojas una superación de Buried, para otros, como quien esto escribe, Cortés no ha alcanzado con ella la magistralidad que había mostrado.
No es una película carente de valores, el pulso de Cortés es firme y nos ofrece una trama bien trabada que avanza hacia un tercer acto que resulta lo más sobresaliente del film. Nuevamente nos cuece un thriller sólido partiendo de unos mimbres que a priori no hubiéramos identificado como base suficiente para una película de acción. Pero el reto era mayor en Buried y Cortés lo resolvía de forma más brillante.
No obstante, no es justo verlo todo a través de la comparación. Si hacemos caso al consejo de Cortés, descubriremos un film no carente de interés por sí mismo. La película nos cuenta la peripecia de dos científicos la doctora Matheson (una madura Sigourney Weaver que no ha perdido nada de su categoría actoral) y Thom Buckley (Cillian Murphy, que va ganando enteros a lo largo del film) consagrados a desenmascarar el fraude que se esconde tras los fenómenos supúestamente paranormales. Se enfrentan al departamento de investigación de su misma universidad que trata de hallar la explicación a esos mismos fenómenos partiendo de la creencia en su veracidad y en que es la ciencia ortodoxa la que tiene límites (con Toby Jones, el mad doctor de Capitán américa, al frente). Pero el verdadero antagonista es Simon Silver, (Robert de Niro, haciendo de Robert de Niro), el más famoso y convincente de los psíquicos que reaparece después de treinta años (aparentemente se había retirado de la escena por la extraña muerte de un espectador). A partir de ahí, asistimos a un auténtico tour de force entre el mentalista y Thom Buckley quien poco a poco se va convirtiendo en el protagonista del film. Evidentemente, este argumento es un MacGuffin, lo que está en juego son los límites de la ciencia y el valor de la creencia, de la fe.
La película es una caza interactiva de luces rojas. ¿Pero qué son las luces rojas? Dejemos que el propio Cortés nos lo explique:
Ochos, nueves y cartas que no ligan, o lo que es lo mismo aquello que pone a prueba nuestra percepción. Como si volviéramos al siglo XVII, los protagonistas buscan hallar el punto fiable de la razón para derrotar al engaño de los sentidos, cuyos puntos flacos son pasto de los ilusionistas y los vendedores de esperanzas (a destacar el episodio del timador interpretado por Leonardo Sbariglia, todo un actor fetiche para Cortés). Pero si hay esa caza de brujas, es porque, en el fondo, la orfandad de los humanos les hace desear que haya un más allá, es por eso que en este mundo, que contempla la demolición del Estado de Bienestar, florecen los predicadores, los pseudoportavoces de dioses garantes de salvación. La doctora Matheson y su ayudante simbolizan esa apoyatura en la razón, pero la película nos muestra sus flaquezas, sus momentos de duda, y lo que es más, su fanatismo (alguien tenía que decirlo). La creencia exacerbada en la ciencia es también una forma de dogmatismo e impermeabilidad. En el reino de lo científico hay también luces rojas.

Cortés sabe de las relaciones entre ilusionismo y cine. Sabe de mostrar y esconder. Por eso decíamos que la película es una caza de luces rojas interactiva: como espectadores estamos a la caza de las cartas que no ligan, de los trucos, para tratar de descubrir a dónde nos está llevando el viaje filmíco. Y constantemente nos vemos forzados a cambiar de hipótesis. Pensamos en un principio que la doctora Matheson va a ser la protagonista, la que va a tener el duelo con Simon Silver. Lo pensamos en gran medida porque la interpreta Sigourney Weaver, la estrella debe tener un papel relevante, pero Cortés no duda en eliminarla casi antes de media película (sólo Hitchcock le dobla la apuesta en Psicosis, donde Janet Leigh protagoniza tan sólo el arranque del film). Pensamos que Simon Silver, Robert de Niro, va a relevarla en el protagonismo, pero vamos asistiendo al engrosamiento del personaje de Cillian Murphy que acaba siendo el auténtico protagonista. Pensamos que el quid va a estar en demostrar que Silver es un farsante, o, mejor aún, que la ciencia va a tener que rendirse a él, pero la conclusión del tercer acto nos obliga a reconocer que tampoco habíamos acertado con esa hipótesis. Al final nos vemos obligados a reconocer que siempre nos pasa desapercibido el truco y que sólo cuando nos lo muestran al ralentí (esa voz en off repasando los principales momentos) comprobamos que nuestros sentidos nos han hecho caer en el engaño.

Si hubiera que buscarle parentescos, no dudaríamos en recordar The last exorcism (2010, Daniel Stamm), los personajes comparten intenciones: mostrar el fraude de lo paranormal para evitar que sea dañino; y comparten también, en cierto modo, el giro final. Ahí se acaban las semejanzas, porque el tratamiento de la puesta en escena es totalmente distinto.
Cortés elige tonos fríos para hablar de las rojas notas de lo discordante, su cámara deambula por la pantalla con elegantes travellings circulares, pero no vacila en convertirse en cámara al hombro documental cuando quiere hacernos compenetrar con el protagonista. Pasa de la fotografía nítida a jugar con el desencuadre y el desenfoque para centrar nuestra atención en el punto del plano que él decide. El prodigio técnico sigue jugando a su favor. Y sin embargo… La historia no decae en interés. Y sin embargo… El tema subyacente tiene plena vigencia, es de rabiosa actualidad. Y sin embargo…
Sin embargo, quien esto escribe no pudo evitar una cierta sensación de chasco. Si repasamos la filmografía del joven director, vemos como, desde su prometedor corto Quince Días, va en ascenso hasta Buried, para no acabar de resultar totalmente en Luces Rojas. No podemos evitar la comparación con Shyamalan (y que me perdonen los incondicionales de uno y otro), éste logró una obra maestra con El protegido (Unbreakable, 2001) pero nunca ha vuelto a estar a su propia altura, pese a haber ofrecido películas muy interesantes. Y en ambos casos no acabas de discernir qué es lo que le falla, sólo que no acaba de ser redondo. En definitiva, la mejor valoración que he escuchado de Luces rojas fue el juicio de dos jóvenes espectadores al salir de la proyección: «me ha gustado mucho, pero no sé».

Buried se alza con el Méliès d’Or 2010
Hace apenas quince días os ofrecíamos nuestra crítica de Buried (2010, Rodrigo Cortés) comparando el trabajo del joven director con el del mago del suspense, Alfred Hitchcock. Hay algo en lo que no deseamos que Cortés siga la carrera del británico, pocos fueron los premios que ganó Hitchcock ni siquiera un Óscar como director pese a haber estado nominado seis veces (sólo lo ganó Rebeca, 1940, como película). Y todo parece indicar que los certámenes no serán remisos a reconocer su trabajo otorgándole premios, en estas últimas semanas ha obtenido el premio de la crítica internacional en el festival de Deauville, el mejor película en el Étrange de París y premio del público y el Méliès de Plata en Estrasburgo. Bien, pues, ¡¡¡¡esta noche en Sitges recogerá un nuevo premio, el Méliès d’Or!!! Galardón a la mejor película europea de género fantástico otorgado por la European Fantastic Film Festivals Federation (EFFF).
Los otros candidatos al Méliès d’Or del 2010 eran los ganadores de los Méliès de Plata de los nueve festivales europeos que componen la EFFF: además de Buried, la alemana Die tur, de Anno Saul; la belgo-francesa Amer, de Hélène Cattet y Bruno Forzani; la húngara Transmission, de Roland Vranik; las inglesas Red, white & blue, de Simon Rumley, Strigoi, de Faye Jackson, Heartless, de Philip Ridley, y The children, de Tom Shankland; y la irlandesa The eclipse, de Conor McPherson. Ninguna ha sido rival para este thriller claustrofóbico que está arrasando entre crítica y público.
El Méliès de Oro al mejor cortometraje fue para El ataque de los robots de Nebulosa -5, dirigido por Chema García Ibarra. El corto se había llevado el Méliès d’Argent en Espoo. El jurado de este año lo formaban Philipp Engel, Annick Mahnert y Carlos Pumares. En el marco de la gala se proyectará la película We are the night (Dennis Gansel).
En la edición del 2009, la ganadora del Méliès d’Or fue la tremenda Martyrs, de Pascal Laugier. Este año Rodrigo Cortés ha demostrado que no es necesario recurrir a efectos ultragores para rodar una excelente película de terror.
Buried (Enterrado): Rodrigo Cortés o el nuevo Hitchcock renacido
Después de disfrutar de un final vertiginoso y adrenalítico, escucho el comentario de un calvo sentado dos filas por delante de mí: regular, no está mal, pero me esperaba más; y pienso, con qué facilidad un crítico de oficio criticón se puede cargar en dos segundos un trabajo de meses. Mientras, yo sentenció que el de Rodrigo Cortés es un buen trabajo, un muy buen trabajo. Y lo afirmo desde la autoridad que me da haber visto, quizás no tantas películas como el crítico, pero sí las suficientes como para tener un criterio fundado que soy capaz de defender. Serendipia no es más que una juntaletras aficionada que ama el cine, no pertenece a la prensa especializada, pero representa la voz del público cinéfago que, pese a las muchas horas pasadas ante una pantalla, todavía conserva la suficiente inocencia como para disfrutar de un espectáculo. Digan lo que digan los especialistas, el público va a acoger Buried con la misma ovación que recibió en Sundance.
Y hay razones para que el público goce. La producción de Cortés cuida la puesta en escena hasta el mínimo detalle, su esmeradísima película obtiene una auténtica Matrícula de Honor desde los créditos iniciales. Porque Buried tiene títulos de crédito, tan ausentes en el cine actual, y que para quien esto escribe no debieran faltar nunca. Esos créditos recuerdan los de Saul Bass, especialmente los que creo el genio para Con la Muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959) y la música de Víctor Reyes está igualmente a la altura del maestro Herrmann. La sombra de Hitch es alargada, afirmaba Rodrigo Cortés en una entrevista concedida a Juan Luis Sánchez para Decine21, y reconocía haber tenido al mago del suspense como manual de cabecera, Cortés quería que su cinta tuviera el ritmo sincopado de, precisamente, Con la muerte en los talones y creedme que lo consigue. La Banda Sonora es fundamental para obtener ese resultado, Reyes ha compuesto un Score clásico con reminiscencias herrmannianas donde a cada emoción le corresponde un tema, desde el lirismo para los episodios más sentimentales (esa llamada a la madre que va perdiendo la memoria en un asilo) hasta los épicos que acompañan los actos más dramáticos del protagonista (su habilidad para librarse de una molesta compañera de entierro). La música entra en los momentos precisos participando de la narración, aumentando su efectismo, pero en aras de ese efectismo Cortés no vacila en rodar planos y secuencias sin más sonido que el del propio personaje. Excelente tandem es el que forman Rodrigo Cortés y Víctor Reyes, que ya habían trabajado juntos en El concursante (2007), y de ellos cabe esperar mucho cine con mayúsculas.

Presencia de música y ausencia de la misma se alternan para intensificar la tensión. Así la película se abre con un plano negro, una absoluta oscuridad en la que la cámara se mueve mientras escuchamos una respiración agitada, gemidos sordos, golpes secos, el sonido de un Zippo y con la llama se hace la luz. Ahí está Paul Conroy (Ryan Reynolds) atado y amordazado en el interior de un ataúd de madera, ese es el punto de partida del argumento: Paul Conroy, un transportista civil que trabaja para una compañía (CRT) ocupada en la reconstrucción de Irak, recupera la conciencia en el interior, sólo recuerda que su convoy ha sido asaltado y pronto descubre que él es el único superviviente y ha sido secuestrado por insurgentes, ahora sólo sabe que está enterrado en algún punto del desierto y que sólo tiene hora y media para pagar el rescate y ser liberado; como únicas herramientas para subsistir cuenta con un mechero, un móvil que no es el suyo con la batería a medias, una navaja y una linterna. Un único escenario y un solo personaje, todo un reto para actor y director resuelto brillantemente por ambos. Ryan Reynolds no debe ser envidiado sólo por su matrimonio con Scarlett Johanson y por su imponente figura, en Buried da muestras de un gran talento interpretativo que le permite mantener la atención de los espectadores durante ochenta y cinco minutos, pese a la importante limitación de movimientos, teniéndose que valer casi exclusivamente de su expresión para transmitir toda la complejidad de su personaje y la angustia que padece. Cortés es tan protagonista como Reynolds, la película es un pas a deux, un dúo en el que los pasos de ballet son ejecutados conjuntamente por la coreografía de la cámara y la interpretación del actor. Pese a lo limitado del escenario Cortés no escatima recursos para lograr comunicar aquello que desea, así habrá travellings, planos cenitales, grúas, cámara al hombro, según le convenga a la narración y al tempo. Se llegó a construir un artilugio hidráulico para poder rodear a Reynolds y conseguir el plano deseado, él propio Cortés se lo contaba a Juan Luis Sánchez en la entrevista citada: A veces filmábamos desde huecos imposibles, usando ataúdes distintos, con los huecos que necesitábamos. O por contra, algunos momentos de la narración se volvían más intensos si dejábamos la cámara completamente quieta durante cuatro minutos, así que elegía esa opción. Los movimientos de cámara vienen marcados por las necesidades dramáticas y no por el espacio físico en el que transcurre la acción.
Cortés en Buried bebe de Hitchcock, le tiene presente en todo momento e invoca su fantasma cada vez que lo cree conveniente. De Hitchcock aprendió que en una película no importa ni el tiempo real ni el espacio real, sobre lo que hay que trabajar es sobre el tiempo y el espacio fílmico, es por eso que ambos acuden al artificio técnico (lo contábamos a propósito del cincuenta aniversario de Psycho) para poner en situación al espectador. Artificio, además, que pasa inadvertido al público mayoritario, igual que nunca se descubren los trucos de un prestidigitador. Hitchcock y Cortés no hacen cine, hacen magia, en el ourensano tiene el maestro británico su relevo. Sólo Hitchcock podía rodar una película como Náufragos (Lifeboat, 1944), sólo Cortés podía conseguir esta filigrana de suspense y acción que es Buried. En verdad, el guión había llegado a manos de Versus Entertainment (productora del film) y lo habían dado a leer a personalidades relevantes (no revelan a quién), pero nadie se había atrevido a filmarla: el guión era perfecto, pero era imposible de rodar. Sin embargo, Cortés logró lo
imposible y eso le valió ser incluido por Variety en su lista 10 Directors to Watch en la que se referencia a los directores más prometedores de este 2010.
Suspense y acción constante sin salir de los escasos metros cuadrados de un ataúd, a favor de la película juega el tratar uno de los miedos atávicos del ser humano: ser enterrado vivo. A Buried la preceden numerosos ejemplos literarios y cinematográficos anteriores sobre los que pregunto a mis otras dos manos. Sí, claro, antecedentes tiene: desde el literario de la mano de Poe y su Entierro Prematuro que inspiró el film de Roger Corman Premature Burial (1962), la clásica Vampyr (Carl T. Dreyer), La serpiente y el arco iris (The Serpent and the Rainbow, 1988 Wes Craven), pasando por Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (Paura Nella Città Dei Morti Viventi, 1980) del maestro Fulci que posiblemente sirvió de inspiración al Tarantino de Kill Bill Vol. 1 (2003), todo ello sin olvidar el soberbio capítulo doble de la serie CSI, Peligro Sepulcral (Grave Danger, 2005) dirigido por el mísmisimo Tarantino. Y ya en otro orden de cosas, ¿Porqué no hablar de la incomunicación? eso me lleva hasta la castiza y genial La Cabina (1972, Antonio Mercero), con un José Luís López Vázquez atrapado en un ataud con forma de cabina telefónica armado únicamente de un teléfono que le resulta del todo inútil… Y con mi mano de uñas pintadas añado que no debe olvidarse el episodio 18 de la segunda temporada de la serie Alfred Hitchcock presenta, Final Escape de 1964 que tuvo su remake en 1985. La gran diferencia de Buried con todas ellas es que no hay un sólo plano fuera del ataúd, no se ve la acción que transcurre fuera de él, ni hay flashbacks para rememorar un momento anterior, Cortés reconoce haberse inspirado en la célebre escena de Kill Bill, ocurre que lo que Tarantino limita a siete minutos, Cortés lo eleva a un largo de ochenta y cinco.
Incomunicación me soplan mis otras manos, pero más que de incomunicación yo hablaría de la impotencia, de la inutilidad de la
comunicación para evitar catástrofes. Ni las continuas llamadas consiguen que las autoridades competentes cambien su modus operandi, ni las 47.000 visitas que recibe en Youtube el vídeo que graba Paul Conroy permiten una acción ciudadana. Nuestro destino escapa a nuestro control, políticos y magnates deciden sobre nosotros y por nosotros. Porque Rodrigo Cortés no olvida la crítica social que impregna su cine desde su ópera prima El Concursante. Si allí veíamos los entresijos perversos del capitalismo, aquí vemos como los gobiernos sólo se mueven en defensa de los intereses de los lobbys, y la compañía CRT para la que trabaja Conroy nos dará el momento más cruel de toda la cinta. Pero no creáis que toda esa trama no es más que un Macguffin para llevarnos al discurso más político, Cortés no olvida en ningún momento que está realizando una película de género y, lo que es aún más importante, no olvida el humor que salpica aquí y allá a la película haciendo todavía más humano al personaje y permitiéndonos mejor la empatía con él. Nos ponemos en la piel de Conroy y junto a él llegamos a sentir casi un Síndrome de Estocolmo, porque los secuestradores son villanos, como no pueden faltar en una cinta de suspense, pero al menos ellos son personas de a pie, como el propio Conroy, que lo único que pretenden es mejorar su vida, gentes sencillas que no tienen responsabilidad en los acontecimientos que marcan la historia pero sí pagan las consecuencias. Al pueblo le toca las de perder, los villanos son otros.
Mis manos femeninas pecan siempre de pedantes, pero no os dejéis desanimar por ellas, la película merece que la veáis en pantalla grande y en versión original para no perder ni uno sólo de los matices del trabajo de actor y director. Dejad que os convenzan mis manos masculinas, tan arrebatadamente apasionadas ellas:
Emocionante, angustiosa, ingeniosa, crítica, inteligente, técnicamente impecable: CINE, todo ello es Buried, algo más que una triquiñuela o experimento cinematográfico elitista con ínfulas de autor. Sencillamente CINE que me ha mantenido en vilo durante toda la proyección, con un nudo en el estómago que he tardado casi una hora en deshacer. PURO CINE como hacía tiempo que no veía, del que te envuelve, del que te hace revolverte en la butaca, disfrutar, sufrir… todo ello es Buried. A pesar de toda influencia pajera que le queramos buscar, Buried es fresca, original y una pieza muy valiosa realizada en España que puede dar esperanza a los que no vamos a ver películas de Amenabar y tenemos a Balagueró como un santo patrón.
Esperemos que este impecable trabajo no quede enterrado entre tanta mediocridad.
Lo más esperado: Buried (Enterrado) de Rodrigo Cortés
Rodrigo Cortés es uno de los directores a los que hay que seguir este 2010 según opinión de Variety.
Este joven salmantino se manifestó como promesa para el cine español ya en 2001 cuando llegaba a las pantallas su corto (casi un mediometraje) 15 días, falso documental del timador Cástor Vicente Zamacois, con tintes que recuerdan a Woody Allen, que recibió más de 50 premios. En 2007 daba el salto al largometraje con la rara avis Concursante, una cinta que reflexiona sobre las bases y trampas del capitalismo mediante la historia de un profesor de economía que gana el mayor premio de la historia en un concurso televisivo. Cine social que no olvida los aspectos visuales y las innovaciones narrativas; con su debut Rodrigo Cortés demostró que es un cineasta con ideas y capacidades artísticas.
No es de extrañar, pues, que le haya bastado con sólo dirigir su segundo largometraje para poner una pica en Flandes en modo triunfo espectacular en Sundance. Buried (enterrado), su segunda película, fue seleccionada para la sección Park City at Midgnight de la última edición (donde pudo verse en su momento El proyecto de la Bruja de Blair) y ha sido aclamada por la crítica pero también por el público que llegó a hacer colas de seis horas bajo la nieve y la despedía con ovaciones. A las 24 horas de su primera proyección ya había firmado contrato con la importante Lionsgate para su distribución.
¿Qué ofrece Buried? Se trata de un thriller angustioso y claustrofóbico: en la posguerra irakí, un camionero despierta en un ataúd de madera, con un móvil, una linterna y un cuchillo. Poca cobertura, escasa batería y un oxígeno que va a agotándose le deja sólo noventa minutos de plazo para salir con vida. Todo un reto. Y reto ha sido también este film para Cortés que ha sostenido la cinta rodando en los marcos del ataúd, sin escenas externas, para lograr que el espectador se introduzca en el cerebro del enterrado, sienta su asfixia, la presión de la oscuridad. No menos difícil ha sido el esfuerzo de su protagonista,
Ryan Reynolds, a quien muchos envidian por su fortuna al contraer matrimonio con Scarlet Johanson y que ha confirmado ya su presencia en Green Lantern. En palabras de Cortés ha saldado su actuación con una exhibición obscena de talento .
Realmente lo que hemos leído hasta ahora abre las ganas de hincarle el diente en las salas a esta película producida por Versus Enterteinment, productora que ya nos tiene acostumbrada a su buen olfato cinematográfico.
Estaremos pendientes de su estreno (anunciado para esta primavera) y estaremos también pendientes de la carrera de Cortés que ya está preparando su próximo proyecto: mostrar como el cerebro humano no es un instrumento fiable y ello mediante un thriller en el que se mezclará el rigor científico y elementos paranormales. Su futura película ya tiene título, Red Lights, esperamos que con ella continúe la racha de inspiración y éxito de Cortés que apunta ya como uno de los directores más prometedores de este país. Nosotros hemos estado aquí para seguiros informando y ya podemos recomendarla personalmente.
El estreno finalmente se retrasó, no fue en primavera sino que nos llega este primero de octubre que ahora ya podrá ser recordado por razones más festivas que el nombramiento de Franco como Jefe del Estado. Nosotros la pudimos ver el martes pasado y gozamos como enanos, podéis leer nuestras impresiones y nuestra crítica aquí.





























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