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Las lecturas de Serendipia: ‘Informe Madelman’ y ‘En busca de Totoro’

INFORME MADELMAN VOL. I
Jon Diez de Ulzurrun
Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24. 256 pgs. Color.
Desde que los descubrí lo tuve claro. Cada Navidad, cuando mis padres me preguntaban qué iba a pedir a los reyes, les decía que «un Madelman». Si me decían que sí, pero que pidiera algo más, les decía con todo convencimiento: «otro Madelman». Y es que desde que tuve el primero en mis manos, toda mi alegría era poder jugar con ellos y utilizarlos para representar lo que más me gustaba: películas.
Los Madelman eran Bruce Lee, Spiderman (bueno, Peter Parker, que para eso tenía el Mego), Drácula y cualquier personaje que deseara. Los ‘maquillaba’ y utilizaba decorados (cajas de zapato), vestuario y efectos especiales (¡bendita plastilina y lapiz rojo!). Si el Capitán América debía aparecer congelado en el polo desde la 2ª Guerra Mundial, tal y como leí en un tomo de Vértice, el Madelman se dejaba congelar durante unos días en la cubitera.
La imaginación era el complemento imprescindible para estos muñecos, que en muchos casos fueron mis mejores amigos. Luego ya uno creció. Y más tarde vinieron las increíbles figuras de acción que hay en la actualidad, pero ninguna de esas figuras puede sustituir a aquellos Madelman, que podían convertirse en cualquier personaje y con los que podía disfrutar todas las aventuras que se me pasaran por la cabeza, pues, como es bien sabido, los Madelman lo pueden todo.
Comercializados en 1968, cuando yo tenía tan solo dos añitos, los Madelman tuvieron una evolución, con diferentes modelos, equipos y accesorios. Una historia deliciosa que el especialista en el tema, Jon Diez de Ulzurrun desgrana en Informe Madelman. Estudioso en el tema y responsable de libros y documentales sobre estos hombres articulados dispuestos para la acción, realiza en Informe Madelman el más profundo estudio sobre el tema: con todos los datos y misterios; los ilustradores, la propaganda, los prototipos, los catálogos; la historia de estos pequeños hombres sin pies y sus imitaciones; secretos ofrecidos con todo el cariño que tan solo puede ofrecer aquel que escribe y publica el libro que le hubiera gustado haber encontrado a él mismo para saber absolutamente todo sobre estos personajes.
Este primer volumen comprende toda la información referente a las Madelman fabricados entre 1968 y 1976, el comienzo de todo. De hecho son los Madelman ‘cabeza cuadrada’ y sin pies que personalmente viví y de los cuales uno ha sobrevivido y me está mirando, ahora mismo, desde mi librería.
Mi favorito, astronauta en origen (las manos lo delatan) con el traje de Marinero Servico Portaaviones, el que más me gustaba porque podía pasar por un personaje normal, no era un soldado y podía ser utilizado en historias normales. O para representar una identidad secreta de algún superhéroe. O… y es curioso. No me pregunten que es lo que cené ayer, pues no lo recuerdo, pero sí les puedo decir todos los Madelman y el equipo concreto (pequeño o mediano, grande entró solo uno).
Una segunda entrega estará dedica a los Madelman de segunda generación, con pies y diferente cara, así como otras reencarnaciones. Promete ser un itinerario emocionante. Y sin duda con alguna carga de nostalgia, pues personalmente cuando pienso en lo mejor de mi niñez pienso en cuando jugaba con los Madelman, por eso es estupendo poder contar con el que va a ser EL libro para conocer todo sobre ellos y además editado por Diábolo con la solvencia de medios y calidad de impresión que les caracteriza.
EN BUSCA DE TOTORO
Apuntes de un paseo por el bosque
Sebastián Hirr
Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24. 248 pgs. Color.
Hace un par de años Diábolo Ediciones publicaba un delicioso libro que analizaba, casi fotograma a fotograma, El viaje de Chihiro. Un laborioso trabajo que introducía y explicaba al lector muchos elementos culturales del Japón presentes en la cinta de Miyazaki que aclaraban y podían ofrecer nuevas lecturas a sus imágenes.
Aunque ya les confesé entonces y me reitero en que aquella es mi película favorita del mago japonés de la animación, la segunda que le sigue y muy de cerca es Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988), cinta que he descubierto mucho después y que todavía necesita terminar de conquistar mi alma como hizo aquella. Algo que, sin duda, este libro me ayudará a hacer.
Sebastián Hirr ofrece en estos apuntes de un paseo por el bosque, una mirada pormenorizada a ese mundo, una experiencia que para el autor «tiene la capacidad de influenciar la forma en que vemos al mundo una vez atravesamos la experiencia de mirarla.»
Y es que Mi vecinoTotoro es una oda a la naturaleza y a la imaginación, y un relato de crecimiento. Pero también es mucho más. Cuando Miyazaki llegó a mí mediante El viaje de Chihiro, un amigo me la recomendó como un viaje lisérgico muy imaginativo. Y sabía que yo entendía lo que quería decir. Mientras su hija la disfrutaba a un nivel, él encontraba otra lectura que convertía la película en una experiencia totalmente diferente. Y ahora, en el libro de Hirr, me encuentro que compara a Miyazaki con un chamán. Y yo así lo siento también. Como un chamán que acompaña al espectador por un mundo lleno de misterios y simbologías que tan solo él comprende. Y otras que este libro puede ayudarnos a entender.
Junto al autor analizaremos cada escena, deteniéndonos en las partes que, ya sea por merecer una interpretación (o más de una) o por hacer referencia a algún detalle perteneciente a la cultura oriental en general, y japonesa en particular, merece ser explicado.
Y el autor lo hará todo llevándonos por un paseo por el film. Escena a escena, de manera fluida, deteniéndose para mostrarnos lo que le parece interesante, lo que le llama la atención, lo que no hemos visto y lo que no comprendemos. Enriqueciendo la experiencia de revisar una historia que nos tiene cautivados. En sus palabras, el autor intentará «amplificar su percepción», partiendo de la base de que «lo importante no es dar con respuestas sino con nuevas preguntas que transformen en obsoletas a las anteriores.» Sin duda un atractivo juego. Y no es que saber todo sobre ella sea realmente imprescindible para disfrutar de esta maravillosa historia, pero puede ofrecer al lector una nueva visión de la película, también apasionante, enriqueciendo así el visionado de esta obra capital del cine. Un visionado que, de nuevo en palabras del autor «no nos aleja de la realidad: la reconfigura.»

Más información y pedidos: Diábolo Ediciones
Las lecturas de Serendipia: Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50. Momias
BIBLIOTECA DE CÓMICS DE TERROR DE LOS AÑOS 50: MOMIAS
Seleccionados por Steve Banes
Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. Formato magazine, 144 páginas a todo color
Si la anterior entrega de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50 estaba dedicada al zombie, muerto andante moderno por autonomasia y paradigma del cine y literatura de terror del siglo XXI, el cuarto volumen, que recientemente ha salido a la venta, se centra en un muerto viviente de origen más romántico y que marcó una época a comienzos del siglo XX plena de maravillas y descubrimientos: la momia egipcia.
La leyenda que gira alrededor de las maldiciones faraónicas y la maldad inherente a estos seres se remonta a las expediciones británicas por Egipto y sus descubrimientos, más concretamente al de la momia de Tutankamon en 1921 por parte de la expedición del Museo Británico dirigida por Howard Carter, con el auspicio de Lord Carnarvon. Este hallazgo dio pie a la que se llamó maldición del faraón, creencia que se basa en que cualquier persona que profane la tumba de un faraón del Antiguo Egipto cae en una maldición por la que morirá en poco tiempo. La maldición asociada al descubrimiento de la tumba del faraón de la XVIII dinastía Tutankamón es la más famosa en la cultura occidental. Muchos autores (incluido el propio descubridor de la tumba, Howard Carter) niegan que hubiese una maldición escrita, pero algunos investigadores del caso aseguran que Carter encontró en la antecámara un sello en la pared cuya inscripción decía: «La muerte golpeará con su miedo a aquel que turbe el reposo del faraón» Por supuesto había mucha literatura en todo esto, pues no en vano unos años antes, en 1892, en el cuento El lote núm. 249 Arthur Conan Doyle abordó por primera vez la figura de una momia como elemento terrorífico, siendo el relato precursor de futuros filmes, entre los que destaca el primero de ellos y el mejor, La momia (The Mummy, Karl Freund, 1932), protagonizada por el gran Boris Karloff para Universal Pictures en la que interpretaba a Im-ho-tep, sacerdote egipcio momificado en vida que retornaba de la tumba para buscar a la reencarnación de su amada. Pero el personaje no siempre fue así de activo y romántico y pasó a ser, película tras película, poco más que un criado al servicio del malvado de turno.
Steve Banes, recupera y selecciona un buen número de historias protagonizadas por momias y las reúne en este cuarto volumen de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50. Con un extenso prologo de Banes y una introducción de Steven Thompson, el libro cuenta con un buen número de historietas inéditas en nuestro país ilustradas por Frank Giusto, Sy Grudko, Iger Shop o Bob Powell, entre otros, seleccionadas de oscuros comic books de títulos tan sugerentes como Web of Evil, The Beyond, The Thing o Spook. El tomo se cierra con un buen número de portadas de comic books reproducidas a tamaño original.
Editado, como es habitual en Diábolo Ediciones, con un papel de buen gramaje y a todo color, este tomo es una adición imprescindible para todo aficionado al buen cómic de terror.
Las lecturas de Serendipia: Ortega y Pacheco Deluxe Vol. 4

ORTEGA Y PACHECO DELUXE Vol. 4
Pedro Vera
¡Caramba!, 2019. 200 páginas. B/N y color. Cartoné. 20.0 x 25.6 cm
Hay que decirlo bien alto y sin ningún tipo de rubor: Pedro Vera es lo mejor que le ha pasado al cómic humorístico español en los últimos años. Pero también es lo más grande que le ha sucedido a los futuros estudiosos que quieran saber como era y de donde salió el español del siglo XX y XXI, pues el dibujante manchego ha sabido capturar mejor que nadie todos los guiños, costumbres y frases que nos unen, que nos aúnan, pese a quien pese, a todos los habitantes de esta península ibérica que recientemente ha validado su eterno grado de ranciedad convirtiendo, con su voto, en tercera fuerza política al paradigma del cuñao iletrado que siempre tiene que opinar sobre todo aunque no tenga ni la más somera idea de lo que habla. Ese cuñado que todos tenemos y junto al que volveremos a sentarnos durante estas ‘fiestastanentrañables‘ para escucharle decir las mismas frases y sentencias de cada año. Pedro Vera ha sabido captar la esencia de la España rancia, tanto la que palpita en la calle y en la empresa, como la que se reúne en tascas o en la intimidad del hogar.
Naturalmente hablamos de la serie Ranciofacts, que cada semana se ofrece desde las hojas de la revista El Jueves y que ¡Caramba! reúne regularmente en imprescindibles -y muy esperados- tomos, de los que la editorial ya lleva editados cuatro volúmenes. Pero antes de la obra maestra que, sin lugar a duda es Ranciofacts, Pedro Vera creó unos personajes que ya conectaban con ese ideario cañí, Ortega y Pacheco, dos cazurros que ponían justicia a base de zurriagazos ahí donde hiciera falta: tertulianos, políticos, personajes de la jet… y todo de la manera más políticamente incorrecta, por supuesto.
Dibujante muy acertado en el arte de la caricatura, ¡Caramba!, también ha estado reuniendo en lujosos tomos la integral de Ortega y Pacheco, que se publicó originariamente en El Jueves entre 1998 y 2012 y que con su cuarto volumen llega a su final. El libro reúne todas las últimas historias publicadas en el El Jueves, muchas de ellas no incluidas en los recopilatorios Pendones del Humor. El libro se completa con mas de sesenta páginas que reúnen una larga y reveladora entrevista con el autor, en la que confirma que hay ranciofacts para largo -incluidos unos tomos recopilatorios sobre cine que prometen ser muy grandes-; además de un buen puñado de ilustraciones a todo color, cameos de Ortega y Pacheco en historietas de otros personajes y mucho más, todo un festín para el fan de la obra de Pedro Vera en particular y del amante del cómic de humor en general. No es que la obra de Pedro Vera sea recomendable: es imprescindible.

Las lecturas de Serendipia: ‘¡Anda! la merienda… Vol. II’

¡ANDÁ!, LA MERIENDA… VOL. II
Más deliciosas colecciones de nuestra niñez
Vicente Pizarro
Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24 Color.
En ¡Andá!, la merienda Vicente Pizarro abría la caja de los truenos de nuestra memoria más arcaica mostrándonos viejas colecciones de cromos que pudimos completar a base de dejarnos la salud, adquiriendo de paso unas eternas lorzas que nos acomplejarían durante el resto de nuestra adolescencia y más allá. Y todo gracias a los productos Bimbo, Cropán y Panrico, entre otros. Y es que los niños de los sesenta, setenta y ochenta adquirimos el hábito del coleccionismo, del que todavía sufrimos diversas secuelas, gracias a estas colecciones y las de quiosco. Pero, ¡ay!, las que venían en la bollería y pastelería industrial tenían un nosequé, que las hacía mágicas, especiales para aquellos tiempos de carencias: superhéroes; discos diminutos que sonaban narrando las grandes hazañas de los guerreros del pasado; adivinanzas; figuras; brutos mecánicos troquelados… fantasía desatada.
Tiempo después el mismo autor trajo a nuestra memoria los cromos y las colecciones que venían en aquella pesadilla de nuestras madres (y alegría de dentistas) que era la goma de mascar con el libro ¿Quieres un chicle? Una amenaza menor para sus vástagos si la comparamos con la de las drogas, el sexo y el alcohol, claro. Pero eso sería después.
Ahora, Vicente Pizarro retorna y devuelve al lector al universo de los productos alimenticios de nuestra infancia y sus objetos promocionales con ¡Andá! la merienda II en el que enumera y analiza las promociones incluidas en productos como quesitos, pipas, mermeladas, chocolates solubles, cremas de cacao y snacks, volviendo así a nuestra perjudicada memoria aquellos minerales que daba Cola-Cao en sus tapas; los Pitufos troquelados (y acolchados) de Matutano; o los adhesivos pasotas de Bollycao. Además de descubrirnos colecciones más oscuras, como las que se ofrecían en las bolsas de pipas o por los productos Ortiz, y reservando sus últimas páginas para ofrecer algunas imágenes de colecciones y productos que quedaron sin reseñar en la primera entrega.
En resumen, todo un milagro, un maravilloso viaje en el tiempo, cuidado hasta el detalle, que destila un gran amor del autor por el objeto del libro y que más allá del dichoso factor nostálgico y del deleite para los sentidos que supone, ofrece un impagable estudio sobre el impacto de la televisión y el cine sobre los niños de la época, la marcha y la competencia en el mercado entre las diferentes marcas, así como el nacimiento del merchandising en España. Así que ¡Andá, la merienda… II funciona a varios niveles, de ahí que sea un interesante libro que merezca ocupar un espacio en nuestra Biblioteca de Serendipia junto a los dos anteriores.
Las lecturas de Serendipia: ‘El destape en el quiosco’

EL DESTAPE EN EL QUIOSCO.
Revistas y cómics que revolucionaron nuestra líbido
Guillem Medina
Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24 Color. 312 páginas.
Para quien no haya vivido los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, puede resultarle complicado comprender la fiebre del desnudo, eminentemente femenino, que inundó los quioscos y los cines españoles a mediados de los setenta. Algo inimaginable en la actualidad, pero que tiene una explicación sencilla si nos desplazamos a aquellos tiempos.
Y es que a los que la ‘ola de erotismo’ nos pilló con los primeros picores venéreos la viñeta de un cómic; un inocente anuncio de lencería femenina y, en especial, un reportaje central de Interviú, revista más o menos permitida en los hogares españoles por aquello de los interesantes reportajes de índole político-social, podía abrirnos las puertas al misterio femenino y… a múltiples sesiones de onanismo. No digamos ya si dábamos de manera casual con el escondite de las revistas de nuestro hermano mayor o de nuestro padre. Eso representaba la perdición eterna, o al menos contribuía a aumentar nuestro sentimiento de culpa y el miedo a ir, tras una vida de vicio y depravación causada por la lectura de semejantes inmundicias, a parar a las calderas de Pedro Botero, tal y como el catolicismo nos había inculcado.
En el cine, habituado a la censura, los desnudos comenzaron a permitirse «por exigencias del guión«, que era la manera culta y elegante con la que las actrices y los directores intentaban justificar desnudos gratuitos. Surgieron divas que vivieron, y en muchos casos padecieron, esta época como simple carne de cañón, como fue el caso de María José Cantudo, Agatha Lys, Barbara Rey o Nadiuska, por decir tan solo las más conocidas entre muchísimas más. Y tanto jóvenes estrellas, como una Maribel Verdú de 17 años o Pepa Flores;
como veteranas de la talla de Carmen Sevilla, Lola Flores o Sara Montiel, llegaron a mostrar en mayor o menor medida sus encantos, ofreciendo en unos escasos años, toda la carne que el españolito había deseado ver durante aquellos cuarenta años que fueron de pan negro a desarrollismo. A muchas de estas grandes divas las vimos mediante «robados pactados» pero también en bellos reportajes fotográficos realizados por experimentados artistas de la talla de César Lucas o José María Castellví, que dotaron de arte a la fotografía erótica.
Al calor de todo ello llegaron a los quioscos, hasta textualmente inundarlos, una ingente cantidad de publicaciones, muchas de efímera vida, con el sexo como reclamo. Unas, a imagen y semejanza de clásicos como Playboy, mezclando reportajes fotográficos con artículos periodísticos; otras, ya existentes, introduciendo los desnudos entre sus páginas, como Fotogramas, El Jueves o El Papus; también en forma de cómic, dejando de censurar sus páginas las ya conocidas y editándose muchas nuevas, especialmente provenientes de Italia; y finalmente las revistas y publicaciones íntegramente dedicadas al sexo, que poco después dieron paso directamente a las revistas pornográficas, primero de importación y más tarde incluso en su edición española, como fue el caso de la emblemática Private (de la que, por cierto, reunir las imitaciones chuscas daría para otro libro). Pero ese es otro cantar, pues Guillem Medina en El destape en el quiosco lo que analiza y reúne son aquellas primeras pubicaciones surgidas al calor de la Transición y la, ejem, desaparición de la censura. Revistas como Party, Siesta, Stop, Bocaccio, Lib y muchas otras de cuya existencia había que dejar constancia. Publicaciones que explican mucho más y mejor el pulso de aquella época que todos los libros y estudios que queramos reunir. Sin olvidar el mundo gay y trans. Y es que todavía no se ha
hablado nada sobre la curiosidad que despertaban los transformistas y Travestís, que actuaban en sus propios y populares locales en Barcelona y Madrid. Artistas de fama como Pierrot o Paco España, cuyas actuaciones se desarrollaban ante un público compuesto, mayormente, por parejas heterosexuales. Pues bien, también hubo revistas como Party o Pierrot que dieron puntual noticia sobre estos temas y abrieron, más bien entornaron, el armario.
De toda aquella ola de erotismo y de todas las publicaciones, que en consonancia con los tiempos lo que aireaban a los cuatro vientos era, a fin de cuentas, el ansia de libertad y apertura, poco queda ahora. Interviú desapareció recientemente, y la única que se publicaba en aquella época y prosigue es El Jueves. Los tiempos han cambiado, pero es de agradecer que alguien, con el detallismo y completismo que demuestra Guillem, realice un primer inventario de muchas de aquellas publicaciones, revistas, cómics. Labor que redondea repasando a las principales protagonistas de aquellas publicaciones y películas. Actrices que padecieron y vivieron aquella época en su esplendor y tras la cual vieron como, para la mayoría, se cerraban las puertas del cine.
Diábolo Ediciones, como es habitual, redondea la obra con abundancia de imágenes a todo color, imprescindibles para disfrutar de los diseños ‘vintage‘ y de las sugerentes imágenes de aquellas cabeceras. Pero que no se engañe el lector, la imagen están al servicio del documentado texto del autor, que ayudará al neófito a situarse en aquella época y al estudioso a conocer los entresijos editoriales y socioeconómicos que se vivían en aquellos años.
Las lecturas de Serendipia: ‘Viviendo del cuento’

VIVIENDO DEL CUENTO
Juanjo Sáez
Astiberri, 2019. Rústica con solapas. 18 x 21.5. Color. 176 páginas.
He de admitir que este libro lo adquirí a ciegas. No solo no sabía quien era Juanjo Sáez, sino que tampoco conocía su obra. O eso pensaba, pues lo cierto es que me he llevado una grata sorpresa, y no solo al reconocer entre sus hojas algunos flyers que en el pasado me había encontrado en el camino, sino porque habla de un tema que viví, en cierto modo, y de gente que conocí. Y me ha sorprendido muy gratamente. Sobre todo porque se mete con la vacuidad que había tras todo ello y les saca los colores. Me explico.
El barcelonés Juanjo Sáez vivió una época previa a las redes sociales que ya anunciaban lo que se nos venía encima: infinidad de gente presumiendo de lo que no es, explicando lo fenomenales que son desde publicaciones de diseño y tendencias. Aquellos periódicos gratuitos que florecieron como los champiñones y desde los que muchos músicos mediocres, artistas que solo ellos sabían que lo eran, diseñadores de moda y creadores de tendencia asaltaron los cielos. Páginas en las que los colaboradores no cobraban, pero en las que, eso sí, había cuchilladas por publicar. Eso sin olvidar la famosa ‘cultura de club’. Todo eso lo conoció el que todo esto les cuenta en el ocaso de su juventud, a finales de los noventa, cuando ya el salir de noche dejó de ser divertido para convertirse en poco menos que una pesadilla. Por los bares de Barcelona me topé en muchas ocasiones con octavillas (entonces se llamaban así) y publicidad de lugares como el Nitsa, el Astin, el Apolo, algunas dibujadas por Juanjo Sáez, como he podido comprobar ahora. Lugares a los que me llevaron amigos químicamente incansables y desde los que aburrido/asqueado/ciego preparé mi lenta, pero obligada, retirada.
Tuve amigos que iban al Sonar. Ese lugar al que todavía hay que ir, aunque sea a hacerse la foto. Un festival que presume de progresivo, aunque programe a Los Chunguitos. Un festival que he oído que también programa sesiones infantiles. Todo ello, por entonces, pues volvemos a los noventa, con el Britpop y el niñopop de fondo, a base de flequillos, delgadez, palidez, Adidas y chicas vestidas como alumnas de un colegio de monjas de los sesenta. Mucho dinero y mucha pose. El nacimiento del ‘postureo’. Con grupos y amigos que conocía de la escena mod de la que yo estaba saliendo y ellos también, aunque reciclándose en editores de revista de tendencias, como Yolanda -ABarna- Muelas o los Sidonie, sin ir más lejos. Y todo eso, toda esa salsa, todo aquel ambiente y todo aquel postureo antes del postureo, Juanjo Sáez lo retrata de manera milimétrica, con sus dibujos sencillos, pero personales, y un léxico sencillo, el suyo, el mío. Su libro es biográfico y sincero y por eso se siente. Se vive. Y en él nos cuenta cómo, partiendo de los fanzines (eso que ahora se llama autoedición) unos remansos de libertad a pequeña escala en la que uno hacía lo que le daba la gana sin grandes pretensiones más allá de pasarlo bien, fue escalando, a veces sin pretenderlo, introduciéndose en exposiciones y revistas hasta terminar convirtiendo su pasión en su profesión. Y todo ello en un libro publicado cuando ya aquella época ha pasado, recuperando tiras de prensa que publicó en diversos medios y, mucho más allá de la simple recopilación, convirtiendo este libro en una reflexión sobre una época, una profesión y, en
general, la vida y la familia.
Pero también es un libro que anticipa el infierno en la tierra que representan las redes sociales, en las que todos escriben sobre todo, en las que todo el mundo es bello y tiene una vida tan interesante que tiene que retransmitirla en directo. Compartir continuamente. Una arena en la que todos saben de todo, están a la última y opinan de todo. Resumiendo, vaticina la vida moderna (o postmoderna, como quieran). Y lo hace con mucho humor, ironía y mala leche, pero también inocencia, porqué no, y a pesar de todo, madurez.
Publicado originalmente por Ramdom House en 2004, Astiberri reedita Viviendo del cuento con un nuevo prólogo de 12 páginas del autor.

Las lecturas de Serendipia: ‘Los Estados Divididos de Histeria’

LOS ESTADOS DIVIDIDOS DE HISTERIA
Howard Chaykin
Dolmen Editorial, 2019. Encuadernación en tapa dura. 21×29. Color. 160 páginas.
Sinopsis: EE. UU. ha pasado por cuatro años de crisis económica que han culminado en el asesinato del Presidente y de todo su gabinete, un presidente despreciado dentro y fuera del país cuyo mandato solo exacerbó una situación social, política y económica que parecía no poder ser más desastrosa…
Es en ese ambiente en el que el agente de la CIA Frank Villa, adúltero y ególatra, descubre un complot para convertir Washington DC en un páramo nuclear… y comete un terrible error que acaba por sumir el país, y su propia vida, en un infierno aún mayor.
La única forma que tiene de enmendarlo un poco es recurriendo a cuatro criminales de la peor especie, condenados a cadena perpetua sin condicional.
Estamos ante una obra densa, confusa. Que merece más de una lectura para comprenderla en toda su integridad. Como la situación que refleja. Una situación no demasiado alejada de la que vivimos actualmente. Puede que incluso más fácil de entender y menos compleja. En Los Estados Divididos de Histeria Chaykin lleva al extremo aquella máxima de que la política hace extraños compañeros de cama, y lo hace con tal maestría que el lector adulto y maduro al que va dirigida la obra no se extrañará de las diferentes combinaciones de aliados que formarán los frentes de esta guerra. Una guerra declarada en la que el que posee la información -o la desinformación- tiene el poder. Y Howard Chaykin, como autor comprometido con su tiempo, combate la situación con las armas que tiene:
“El deber de un artista es mostrar la realidad tal y como la ve, por muy desagradable que sea. Su deber es ofender si es necesario. Nunca se callará para no ofender a mentes débiles, incapaces de afrontar la dura realidad. Esa es la clase de gente que piensa que una portada concebida para estremecer al lector es en realidad una apología de la extrema derecha.”
A sus 68 años Chaykin podría vivir plácidamente de su fama, labrada con míticas colaboraciones con las dos grandes majors, Marvel y DC, en las que ha dejado obras prestigiosas y conocidas por todo lector medianamente serio de cómics. Memorable entre todas ellas es, por ejemplo, aquella Conexión Escorpio que reunió a Lobezno y Nick Furia. Pero su consagración llegaría en los años noventa con la serie American Flagg (1983-86) y, sobre todo, Black Kiss (1988-89) que nos descubriría un Chaykin autor total y con la que conocería ya el poder de la censura, del que este Estados Divididos de Histeria tampoco ha estado exento, pues una de sus portadas tuvo que ser cambiada, como explica detalladamente el propio autor en el tomo.
Apasionante, con una narrativa muy cinematográfica y una libertad creativa de lo más saludable, esta magnífica obra maestra, que ha editado de manera lujosa Dolmen Editorial, merece ocupar un puesto de honor en la biblioteca de todo amante de la buena literatura que viva preocupado por el ascenso de los populismos de carácter fascista que están teniendo lugar en diferentes partes del mundo ante la casi total indiferencia de todos. Una pesadilla que, a pesar del tono de su obra, ni el mismo autor pensaba que terminaría siendo casi profética.
«Escribí y dibujé Los Estados Divididos de Histeria suponiendo que Hillary Clinton ganaría la presidencia, y que Donald Trump empujaría a sus partidarios a la violencia y la agitación social.
No imaginaba que Trump ganaría las elecciones, y que, al ganarlas, permitiría y empoderaría una mentalidad de linchamiento que solo estaba esperando una oportunidad para retomar el mundo en nombre de la supremacía blanca, y devolver al fascismo su puesto como potencia internacional.
Por supuesto, Estados Unidos no es la única que saluda el regreso del autoritarismo, el fascismo, el racismo y el nacionalismo… y vuelven a recordarme una infancia pasada escuchando a esos antiguos veteranos de las Brigadas Internacionales que sobrevivieron a la Guerra Civil española, y vuelvo a desesperar»

Cita ineludible con el mejor ‘Cine-Bis’
Los hijos le están dando muchas satisfacciones a Javier G. Romero. En mayo de este mismo año durante la XXV edición del festival FANT de Bilbao, del que fue creador, recibió un merecido reconocimiento en forma de Fant de Honor. Su hijo mayor, la publicación especializada en cine fantástico y terror Quatermass, ha cumplido el cuarto de siglo (¡25 años ya!), y su hermano pequeño, Cine-Bis, puede presumir de nueve
magníficos números en su haber, el último de los cuales acaba de salir a la venta con un extenso artículo sobre la labor que Javier ha desarrollado por amor al cine. Porque que se desengañen los que piensen que se puede hacer dinero publicando fanzines, escribiendo sobre cine u organizando modestos festivales. No, todo esto se hace por amor, y cuando se hace así, se nota en los resultados. Javier repasa en el artículo toda su actividad: fanzines, proyecciones, programas de radio, un festival que le fue arrebatado justo cuando comenzaba a caminar solo, artículos robados por sobrinos de golpistas… Pequeños y grandes momentos. Unos dulces y otros agrios, pero que reflejan todo el cariño, trabajo y dedicación puesta en ello: ahí están los números antológicos de Quatermass, bibliografía obligada para todo estudioso del cine fantástico que se precie; el festival Fant de Bilbao, creciendo de manera exponencial año tras año; y Cine-Bis, la mejor publicación estatal sobre cine.
Todo ello en un número, el noveno, muy especial para Serendipia, pues Operación Dragón (Enter the Dragon, Robert Clouse, 1973) es una de nuestras películas de cabecera, así que con esa magnífica portada ya nos tenía más que ganados. Pero más allá del inolvidable póster de Bob Peak, el artículo que se ha marcado el propio Javier sobre el film es mucho más que una reseña, en él repasa la vida y obra del Pequeño Dragón, aportando datos poco o nada conocidos sobre el rodaje de su obra maestra.
Otro artículo que personalmente nos ha llegado bien hondo ha sido el dedicado al cine sobrenatural de los años cuarenta. Y ha sido así porque es un tema que nos ha interesado íntimamente desde hace unos años. Ese fantastique amable que muchos no incluyen casi como cine fantástico y que comprende un buen puñado de joyas provenientes de todas las cinematografías. Nos interesaba tanto el tema que nos planteamos escribir largo y tendido sobre él, recopilando toda información y cinta. Y no fue fácil, pues es un temática que, como pudimos comprobar, apenas interesaba a nadie, motivo este de que aparcáramos el proyecto. Un tema que les aseguramos da para mucho y que Juan Carlos Vizcaíno ha desarrollado en su articulo, centrándose en una época muy concreta: los años cuarenta en Estados Unidos, o lo que es lo mismo, durante la II Guerra Mundial.
Este número también cuenta con dos entrevistas. Dos grandes entrevistas, pues es difícil no disfrutar con la elocuencia y simpatía del recientemente desaparecido José Luis Merino, ni con la profesionalidad y humildad del gran Herbert Lom. Dos aportaciones de David Pizarro y Carlos Aguilar, respectivamente.
De entre los artículos destaca una extensa aproximación a la carrera de John Hough realizada por Tonio L. Alarcón; la segunda entrega dedicada al golpe perfecto y que se centra en las aportaciones norteamericanas al tema, gentileza del siempre eficaz José Luis Salvador Estébenez; un acercamiento pormenorizado al revalorizado Spaghetti Western analizando la saga -oficial y bastarda- de Sartana, escrito por José Manuel Romero Moreno y, finalmente, la primera entrega de cine y toros, una faena realizada «mano a mano» entre Ángel Comas y Javier G. Romero, que introduce al lector en la extensa filmografía que ha ofrecido esta entente. Y no únicamente en España. Esta primera entrega se centra en el cine silente, analizando y descubriendo apasionantes piezas, algunas desaparecidas irremediablemente y otras poco conocidas. Toda una delicia para el estudioso sin prejuicios que guste de la arqueología cinematográfica.
Y todo ello con el magnífico diseño que caracteriza esta publicación (¡Oh, negro sobre blanco!) y la fantástica y abultada selección de imágenes (¡590!), por las que ya valdría la pena adquirir Cine-Bis. Tan solo debemos señalar una nota negativa, y es que a pesar de su extensión (228 páginas a todo color), su lectura es tan apasionante que se devora en un suspiro
¡Muchas felicidades a Javier por 25 años de pasión cinéfila y trabajo bien hecho! Si se atreve con 25 más, nosotros seguiremos otros 25 encantados.
Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50: Zombis

BIBLIOTECA DE CÓMICS DE TERROR DE LOS AÑOS 50: ZOMBIS
Seleccionados por Steve Banes y Craig Yoe
Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. Formato magazine, 144 páginas a todo color
Por fin llega una nueva entrega de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50 que edita Diábolo Ediciones, una lectura adictiva que en esta ocasión dedica sus páginas al monstruo por excelencia del siglo XXI: el zombi. El muerto andante. Y ese simpático e inquieto cadáver protagoniza las 17 terroríficas historias de este tercer tomo de gloriosos cómics clásicos seleccionados por Craig Yoe, ganador de un premio Eisner, y Steve Banes, propietario del famoso blog The Horrors of It All. Ambos han revuelto entre los sepulcros, apartando gusanos y otras liendres y quitando mortajas para desvelar las mejores historias seleccionadas de viejos y raros cómics pre-code como Adventures Into The Unknown, The Beyond, Blac Cat, Dark Mysteries o Eerie, que no hay que confundir con el más famoso y posterior editado por Warren. Ofreciendo autores de la talla de Wally Wood, Gene Colan, Jack Cole o Basil Wolverton, todo ello en un magnífico tomo que muestra aquellas historias tal y como se publicaban, con el color original, pues las reproduce directamente de las páginas de los cómics. Pero no solo eso, este tercer tomo presenta una agradable sorpresa, pues incluye dos historietas reproducidas directamente de los o originales entintados en blanco y negro. Dos auténticas piezas supervivientes pertenecientes a la colección de Bill Leach que permiten admirar los delicados trazos de los ilustradores, Vic Donahue y Al Eadeh, trazos que en muchos casos quedan sepultados ante el color y sus tramas, tal y como podemos comprobar, por ejemplo, en la historieta Ken Shannon, ilustrada por un casi irreconocible Reed Crandall, cuyo talento afloraría en todo su esplendor primero en EC y más tarde en Creepy.
En cuanto a las historias, tenemos vudú, mucho vudú, pues antes de que George A. Romero abriera la puerta a los zombis degustadores de vísceras y cerebros, este era el zombi habitual, el tradicional, que tan bien supo llevar el cine a las pantallas ya desde tan temprana fecha como 1932 con White Zombie de Victor Halperin, con un inolvidable Bela Lugosi, a la que siguieron algunas cintas menores, en su mayor parte de serie B, hasta culminar con la gran obra maestra pre-Romero: Yo anduve con un zombie (I Walked with a Zombie, 1942) de Jacques Tourneur. Pero aquí hemos venido ha hablar de un magnífico libro repleto de cadáveres mugrientos que regresan de la tumba para vengarse, como en La criatura del mar y La cripta de los muertos vivientes; o de difuntos que deberán enfrentarse a detectives e investigadores aguafiestas como Ken Shannon y Purple Claw; o periodistas y escritores
que en busca de historias lúgubres meterán sus narices en lugares prohibidos, como sucede en La misión de las almas perdidas y Experto en los no muertos.
El volumen se completa con dos introducciones de Yoe y Banes y un buen puñado de putrefactas portadas de cómics, auténticas reliquias reproducidas a toda página e ilustradas por Lee Elias, Frank Frazetta o Basil Wolverton, este último todo un precedente de los cómics underground de los setenta.
Es posible que alguna de estas historias le resulte familiar a los lectores más talluditos, y es porque fueron publicadas por una de las editoriales antepasadas de Marvel, Atlas, y recicladas como complemento de los cómics Marvel editados en España por Vértice, así como en las colecciones de terror que la misma editorial barcelonesa lanzó en los años setenta, como Fantom y Espectros.
Escalofriantes relatos que poco después sufrirán el peso de la censura, como ya explicamos cuando comentamos el primer tomo de esta colección, y que daría al traste con todo este imaginativo terror, unas veces tétrico, otras naíf, pero siempre entrañable de aquellos viejos cómics que Diábolo Ediciones pone a disposición de los lectores españoles en cuidadas ediciones de corte temático que sin duda ayudarán a combatir la canícula que se nos viene encima. Y prepárense, porque el siguiente tomo también estará repletos de muertos andantes, pero de otro tipo. No se pierdan Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50 Vol. 4: ¡momias!
Las lecturas de Serendipia: La divina comedia de Oscar Wilde

LA DIVINA COMEDIA DE OSCAR WILDE
Javier de Isasi
Astiberri Ediciones, 2019. Encuadernación en tapa dura. 376 pág. 15×21 cm. Color.
Oscar Wilde fue un genio que dejó varias obras maestras para la posteridad, entre ellas su propia existencia. Una existencia repleta de anécdotas y momentos felices que finalizó en olor de malditismo. Condenado a dos años de prisión culpable de indecencia grave, tras su liberación partió inmediatamente para Francia, donde escribió su última obra La balada de la cárcel de Reading. En noviembre de 1900, dos años después de salir de la cárcel y a la temprana edad de 46 años murió, sumido en la total indigencia y el alcohol.
Ahora, Javier de Isasi recompone, con dosis de fantasía y admiración, los últimos días del poeta. Días oscuros en los cuales Wilde ya era la sombra de su pasado. Incapaz de escribir y mantener la joie de vivre que le caracterizó como personaje de moda en el Londres de antaño. Con él nació la modernidad y con su muerte se inició el siglo XX.
Por las páginas de La divina comedia de Oscar Wilde desfilan nombres clave de la literatura como Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, los hermanos Antonio y Manuel Machado o André Gide, además de otros personajes de la bohemia parisina como el artista Toulouse-Lautrec. Todos ellos y muchos más entran y salen libremente de las viñetas de Javier de Isasi sin necesidad de pedir permiso, pues el autor no las delimita con lineas, dando todos ellos voz al autor irlandés, cuya dolorosa decandencia traspasa las páginas, traspirando desde cada página del tomo y llegando al lector, hasta su fallecimiento, en compañía de uno de sus amantes más fieles que será el encargado, además, de hacerle su último retrato.
Javier de Isasi realiza un trabajo ágil, de lectura apasionante, intercalando entrevistas con varios de los personajes que compartieron los últimos días del escritor, añadiendo anécdotas y vivencias que contribuyen al cariño que sentimos por su figura, desgastada por el alcohol, sombra de lo que fue pero, todavía, manteniendo esa dignidad que distingue a los grandes genios.
Javier de Isasi, que ya adaptó al noveno arte y también para Astiberri El retrato de Dorian Gray, ha tardado cinco años en finalizar esta magnífica obra, con un mimo que se nota en cada una de sus páginas ilustradas con un trazo suave que contiene momentos altamente sugerentes y poéticos en los que deja que sean las imágenes, sin ningún tipo de texto, las que narren todo, como ese momento en el que, con el fin cercano, el poeta atraviesa el espejo y viaja a su pasado y presente. O ese final, antológico y perfecto, que cierra el tomo y que pone en imágenes aquello de que la vida es puro teatro.
Pero hay más. El libro cuenta con una introducción de una de las mayores, sino la mayor, eminencia sobre Oscar Wilde que hay en España, Luis Antonio de Villena, que ofrece acertadas observaciones sobre la obra. Finalmente se han incluido unos útiles apéndices con apuntes biográficos sobre Wilde, una galería de los personajes que aparecen en el libro, así como bibliografías.
Una obra que ejemplifica cuan cercanas están la literatura y el cómic y como este puede ser un vehículo perfecto para contar vidas literarias, como la de Oscar Wilde o, en Astiberri también, la de ese otro genio irlandés que fue James Joyce y que tan bien recreó Alfonso Zapico en el también recomendable Dublinés.
Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse.
Oscar Wilde
Las lecturas de Serendipia: ‘Dracula’ de Mike Mignola y Roy Thomas
En 1992 se estrenaba Bram Stoker’s Dracula, monumental homenaje de Francis Ford Coppola más que a la propia novela del escritor irlandés, al universo cinematográfico creado por las diferentes versiones que sobre el personaje rodaron desde F. W. Murnau a John Badham sin descuidar, naturalmente, a Tod Browning y Terence Fisher.
La película agradó y desagradó por igual, pues si bien por un lado era visualmente rica y respetaba el modelo epistolar de la novela, por el otro la traicionaba a lo grande mostrando al vampiro como un ser enamoradizo y pasional, algo que el personaje original no lo era ni por asomo, poniendo además en su boca (o mejor dicho, en la de Gary Oldman), algunas frases que han pasado a engrosar el museo de los horrores. Pero en todo caso y dejando al margen la escasa fidelidad al texto original algo, por otra parte, habitual en todas las adaptaciones de la novela de Stoker a la pantalla, creemos firmemente que el tiempo ha tratado bien la cinta, poniéndola en su lugar entre las mejores versiones del mito.
Un año después de su estreno, la película de Coppola fue adaptada al noveno arte por un equipo compuesto por el dibujante Mike Mignola y el guionista Roy Thomas y publicado en formato miniserie de cuatro números por Topps Comics con una tirada, sino limitada, si bastante reducida. El resultado fue magnífico. Soberbio. Pues ambos creadores resultaron ideales para convertir esa adaptación en mucho más que una copia rotoscópica del filme. De hecho Mignola había participado en la producción cinematográfica, por lo que captó en sus viñetas la atmósfera del filme, enriqueciéndola con la oscuridad que tan bien sabía desplegar, tal y como había demostrado en su magistral interpretación del hombre murciélago: Gotham by Gaslight (Batman. Luz de gas, publicado en 2003 por Norma), trazo que confirmaría en su creación maestra, Hellboy, y en otros comics como el reivindicable The Amazing Screw-On Head (El asombroso cabeza de tornillo) publicado también en España, al igual que la serie Hellboy, por Norma Comics. Pero el trabajo de Mignola en Drácula resulta de especial importancia, pues tanto el dibujo como la atmósfera fueron, sin ningún género de duda, un punto de partida para Hellboy.
Roy Thomas, por su parte, tiene su nombre unido al sello Marvel desde los años sesenta, donde ha realizado sobre todo guiones para personajes de espada y brujería como Red Sonja, Salomon Kane y, especialmente, Conan, así que está habituado a las atmósferas sobrenaturales. Además, no sería esta la primera ni única ocasión en la que se toparía con el no muerto, pues participó tanto en la serie Drácula Lives! de Marvel en los setenta como, posteriormente y junto a Esteban Maroto, en Dracula: Vlad the Impaler (2019), donde volvería a encontrarse con el personaje histórico que inspiró a Bram Stoker.
El Dracula de Topps salió en España en forma de tomo de la mano de Ediciones B, y al igual que en el resto del mundo, no pudo volver a ser editado desde entonces por problemas legales, provocando que se convirtiera en uno de los comics más buscados y cotizados por los coleccionistas, algo que afortunadamente se ha visto solventado con la lujosa edición que ha efectuado Norma tan solo unos meses después de que lo hiciera IDW en Estados Unidos.
Editado en tapa dura, con lomo de tela, un tamaño bastante más grande que el habitual y un papel excelente, que destaca aún más los cortantes contrastes entre el blanco y negro, entre la luz y la oscuridad con la que Mignola tiñe la historia, ya serían estas características más que suficientes como para considerar la edición de Norma mucho más que una simple reedición. Pero sin duda lo que la hace especial es que, al igual que la versión americana, ha sido reproducida en blanco y negro y no en color, como el original, dando una nueva dimensión al productor acercándolo a los viejos cómics de terror de Warren, que tantas alegrías dieron al aficionado, así como al mejor cine clásico, en el que como hemos señalado, se inspira la cinta de Coppola.
Personalmente somos de la opinión de que el blanco y negro sienta de maravilla a la historia. Las líneas de Mignola y sus manchas de negro resultan más impactantes, ofreciendo una experiencia más intensa al lector. Lector que si a pesar de todo prefiere tener el álbum en color, tan solo deberá ser paciente, pues al parecer también se editará de esa forma en un futuro.
El propio Mignola celebra esta nueva edición de Drácula:
“No puedo expresar qué alivio es poder volver a editar este cómic. La gente ha estado preguntando por él durante años, más que cualquier otro cómic mío, y sinceramente pensaba que no iba a ser posible ver una nueva edición, pero aquí llega. No suelo ser fan de mis antiguos trabajos, pero creo que éste se sostiene por sí mismo. Dejando de lado que estaba adaptando una película (lo cual tiene su propio abanico de problemas), creo que hay algo de buen dibujo y narrativa en él. Es una de las pocas viejas obras de las que estoy bastante orgulloso”.
Cada plancha del álbum merece ser vista detenidamente, disfrutada. Además, el libro incluye algunas fotocopias realizadas por el encargado de entintar el trabajo de Mignola, John Nyberg, efectuadas antes de realizar su trabajo y que servirán para admirar el trabajo a lápiz del artista. También podremos disfrutar de los originales de algunas de las portadas de los comic book de Topps.
En resumen, una pieza que no debería falta en la biblioteca de todo aficionado serio al cine fantástico y al menor cómic y que gracias a Norma Comics vuelve a estar disponible.
Las lecturas de Serendipia: ‘Robots de cine. De María a Alita’

ROBOTS DE CINE
DE MARÍA A ALITA
Jordi Ojeda
Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 304 pág. repletas de ilustraciones en blanco y negro y a todo color.
Que todo un doctor en ingeniería industrial con Máster en Producción Automatizada y Robótica escriba un libro de cine no debería espantar al lector, pues Jordi Ojeda es también un apasionado del cine fantástico y de terror, y como docente que es, está habituado a hacerse entender. Robots de cine, primer libro no técnico que escribe, posee una prosa ágil, con un lenguaje preciso pero cercano al lector, que ayudará y, lo que es mejor, motivará al profano a adentrarse en tan extenso como apasionante universo.
Didáctico y repleto de datos, la obra está mucho más allá de el clásico listado de películas al haber optado el autor por dividir el libro en diferentes capítulos temáticos. Arranca con entradas dedicadas a los autómatas, antecedente del robot, descubriendo un mundo cuanto menos fascinante; continuando con un acertado repaso a las leyes de la robótica, lo que obliga al lector a adentrarse, de manera superficial pero eficiente, en los universos literarios de Asimov, Bradbury o Philip K. Dick; pasando de los primeros robots cinematográficos y televisivos a los modernos androides y ciborgs. De Robby, B9 y Klaatu a C3PO y Alita. De Metrópolis (Fritz Lang, 1927) a La momia azteca contra el robot humano (Rafael Portillo, 1958). Todos estos ingenios más o menos elaborados, más o menos aparatosos, más o menos creíbles. Todos, tienen su espacio, ocupado de manera natural, en las páginas de Robots de cine. Un libro de lectura ágil y cómoda, al estar dividido, como hemos señalado, en capítulos no demasiado extensos, algunos de los cuales ha utilizado el autor para hablar detenidamente sobre películas fundamentales dentro del tema que está tratando, como 2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968), La guerra de las galaxias (y sus derivados más o menos afortunados) o Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979). Sin olvidar el campo de la animación.
Cíborgs, exoesqueletos, drones, ginoides, robots orgánicos, realidad aumentada… encontraremos mucho más que robots en las páginas de este libro que, como es natural, también plantea las eternas dudas morales que conlleva la coexistencia del individuo con estas máquinas hechas a imagen y semejanza de su creador. La extrañeza y el denominado valle inquietante que sin duda estamos destinados a experimentar. Y es que, como bien dice el propio autor en el preámbulo de su libro, «no es un sueño, ya estamos viviendo en la era de la robótica«, así que hay que estar preparado y no se nos ocurre mejor forma de hacerlo que de la mano de un autor que, además, sabe muy bien de lo que habla: de robots y de cine.

‘Nuevas Hazañas Bélicas’: Jugando con viejos conflictos vigentes
Publicadas inicialmente por Glénat en formato cuadernillo coleccionable en 2011, las Nuevas Hazañas Bélicas son recuperadas ahora por Norma Comics en un lujoso tomo que añade, además, dos historias inéditas. Y todo ello respetando el formato apaisado e incluyendo las portadas originales al final del tomo. Presentado durante la reciente edición de Comic Barcelona, Nuevas Hazañas Bélicas es una de las perlas del reciente cómic español.
Serendipia nunca ha sido lector de cómic bélico o del oeste. Por eso cuando su padre, gran lector de tebeos de todo tipo, le pasaba un cuadernillo de Hazañas Bélicas o un Zona de Combate, acostumbraba a despreciarlo. Y aunque debo confesar que de todos los dibujantes dedicados al género Boixcar me parece, con diferencia, el mejor de todos ellos, me terminaba resultando acartonado, con una magnífica técnica a la hora de retratar aviones y armamento de combate, pero no en sus personajes, que resultaban demasiado similares. Si leía algún tebeo de guerra, eran los del Sgt. Gorila, personaje que obtuvo serie propia tras ejercer de secundario, precisamente, en Hazañas Bélicas
Hazañas Bélicas comenzó ha editarse en 1958 con España apoyando, tras haberse alineado en su momento con los países del eje, a los aliados. Inspirado en esos deliciosos tebeos apaisados, las Nuevas Hazañas Bélicas comparten con aquellas el formato y la temática, pero con la particularidad de que Hernán Migoya (1), su guionista, las ha ambientado en los dos frentes de la Guerra Civil española: Serie Azul con historias situadas en la zona rebelde. Y Serie Especial, bajo el punto de vista del bando republicano.
Para ello Migoya, perro viejo en el mundillo del cómic español, repite la operación que realizó cuando se convirtió en editor de El Víbora: mezclar artistas clásicos con los más modernos; lo académico con lo experimental, pero todo ello con un alto nivel de calidad. El resultado no podía ser más interesante, pues Nuevas Hazañas Bélicas ofrece unos guiones con garra, nada panfletarios y repletos de humor y rabia, ilustrados por un variopinto plantel de dibujantes, uno por cuadernillo, que convierten esta obra en una auténtica antología del cómic español contemporáneo.
Clásicos como Miquel Fuster, Joan Escandell o Edmond, comparten páginas con artistas surgidos y consolidados en la revista satírica El Jueves como Ventura (2) y Kim; junto a nuevos elementos como Danide o Javier Fernández; enfants terribles como Miguel Ángel Martín; y perros verdes como Calpurnio, Cels Piñol o Juanjo Sáez. Pero también Keko, Monteys, Kano, Sequeiros… un sólido grupo de 23 dibujantes que ofrecen lo mejor de sí mismos y que a priori uno diría que difícilmente encajan entre sí, precisamente por su diversidad, pero que consiguen realizar una de las propuestas más sólidas e interesantes que nos ha dejado el último cómic español. Y una de las más originales dentro del cómic enmarcado en la Guerra Civil.
Estas Nuevas Hazañas Bélicas no hubieran sido posibles sin los guiones de Hernán Migoya, que ha sabido conjugar drama, acción, humor y una importante labor de documentación histórica, pues en sus guiones se dan cita desde el fantasma de Muñoz Seca a Durruti; del General Conde Aldo Rossi a Millán Astray; del horror infligido por las tropas regulares, a las aventuras falangistas de un joven -y Tintinesco– Samaranch.
Como expone Hernán Migoya en el epílogo del libro: «Algunos episodios se ríen de los dos bandos, sí; y algunas caricaturas humanizan a personas con cuyos principios no tenemos por qué coincidir. (…) El conjunto de estas Nuevas Hazañas Bélicas juega con un pasado común teñido de sangre, y eso es lo bonito de la cultura no institucional: que podemos jugar«.
Y de eso se trata, de jugar. Juguemos que todavía se puede. Y riamos que todavía hay lugar para el humor en esta polarizada sociedad nuestra que parece no escarmentar nunca. Pero no olvidemos nunca jugar ¡Jugando, que es gerundio, coño!
NOTAS
(1) En breve el propio autor nos lo contará TODO sobre Nuevas Hazañas Bélicas y el resto de su obra en una larga entrevista.
(2) Por cierto, durante los años ochenta Ventura realizó una parodia de Hazañas Bélicas que se regaló con la revista El Jueves, Castañas Bélicas, que reproducimos en este enlace por su rareza y en el que reproduce, con su maestría habitual, el estilo de dibujo de Boixcar.
Las lecturas de Serendipia: H.P. Lovecraft, vida y obra ilustradas

H.P. LOVECRAFT, VIDA Y OBRA ILUSTRADAS
Agustín y Hernán Conde De Boeck
Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 272 pág. con ilustraciones en blanco y negro.
La vida de H.P. Lovecraft, el legendario soñador de Providence, ha sufrido, durante una prolongada época, carencia de bibliografía en castellano. Durante años los curiosos y estudiosos tuvimos que echar mano de la biografía que, escrita por Sprague de Camp, publicó en España Alfaguara a finales de los setenta.
Con el tiempo otros escritores e investigadores han escrito las suyas, algunas bien voluminosas, y varias en lengua española, aunque hay que decir que muchas de ellas pecan de densas e incluso de resultar ciertamente plomizas. Esto no sucede con H.P. Lovecraft, vida y obra ilustradas, curiosa obra que trasciende de la curiosidad de que haya sido escrita e ilustrada por dos hermanos de tan pintoresco como apropiado apellido: Conde de Boeck. Agustín, licenciado en letras y especialista en literatura argentina y fantástica y Hernán, que estudió diseño gráfico y es gran aficionado al cine oriental, la historia griega y la narrativa de Joseph Conrad. Ambos han unido esfuerzos para mostrar al lector la vida y obra del solitario de Providence, y lo han hecho de forma cronológica, mezclando episodios de la vida del autor con los títulos publicados o creados en cada uno de ellos, indicando la repercusión que estos acontecimientos pudieran haber tenido en su obra. El producto resultante es realmente ameno, escrito con un lenguaje nada enrevesado e igual de interesante tanto para el erudito sobre el tema como para el neófito.
El libro, impreso en magnífico papel mate con tono envejecido también cuenta, como ya hemos comentado, con las ilustraciones de Hernán Conde De Boeck, que basadas en la larga tradición de ilustradores que han intentado dar forma al enrevesado universo lovecraftiano, ofrece «tanto versiones personales como guiños y homenajes a diseños ya canónicos«. Y el resultado es hartamente positivo:
retratos de tono caricaturesco del escritor, junto a interpretaciones de las criaturas que conforman sus mitos, sin olvidar alguna representación pictórica de las más icónicas pesadillas que produjo Lovecraft en su tan corta como prolífica existencia.
H.P. Lovecraft, vida y obra ilustradas es un libro didáctico y fácil de leer, que anima a volver a sumergirse en la mitología de uno de los escritores más influyentes de la literatura de terror al que, como los autores del libro indican en su introducción, no hay que temer por su terror intelectual (que no específicamente para intelectuales), pues si bien sus usos narrativos ciertamente pertenecen a otra época, siguen del todo vigentes al no basarse simplemente en el temor físico a la muerte, sino a otros temores mucho más profundos y atávicos, ya que, para los autores, Lovecraft «escribió para aterrorizar y cuestionar nuestras seguridades más esenciales, aquellas que nos hacen sentir que tenemos un destino, que somos la especie elegida, la más inteligente, que tenemos una razón de ser en el orden del universo«.
El libro de los hermanos De Boeck funciona a varios niveles: realiza una semblanza biográfica del autor de manera eficaz y amena; analiza cronológicamente su obra y la pone en relación entre sí; y como lectura, más allá de la exhaustiva investigación y del repaso de toda su narrativa, representa una didáctica y muy entretenida obra, recomendable más allá de otros intentos de profundizar en una vida, la de Lovecraft, que dista mucho de resultar apasionante.
Una magnífica propuesta que Diábolo Ediciones ha puesto en nuestras librerías y que podría tener continuidad en una serie de obras dedicadas a otros autores de literatura de terror, desde E.T.A. Hoffmann a Thomas Ligotti, escritores cuyas vidas y obras, repletas de pesadillas, nos traerán de vuelta al plano físico Agustín y Hernán Conde De Boeck.
Más información y pedidos: http://www.diaboloediciones.com/
Las lecturas de Serendipia: La loca historia de Mel Brooks

LA LOCA HISTORIA DE MEL BROOKS
JORGE SAN ROMÁN
Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 304 pág. repletas de ilustraciones a todo color.
Los que disfrutamos en el cine, su hábitat natural, El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974) o La última locura (Silent Movie, 1976), tardamos en enterarnos de que el torpe Maxwell Smart, aquel Superagente 86 al que se le cerraban las puertas en los títulos de crédito hasta pillarle las narices, también estaba creado por Mel Brooks, un actor, director, guionista y muchas cosas más que inició su carrera creando guiones y gags para shows de la pequeña pantalla.
Mel Brooks, que para varias generaciones de espectadores fue responsable de algunas de sus comedias favoritas, forma parte de una larga tradición de cómicos judíos que partiendo desde los escenarios del vodevil y los teatros se popularizaron en la gran y pequeña pantalla y de los que los hermanos Marx, Jack Benny, Eddie Cantor e incluso el mismísimo Woody Allen, con el que Brooks coincidió en su etapa televisiva, son tan solo algunos ejemplos.
Enérgico, divertido, vital,… Mel Brooks cumple a rajatable una de sus máximas: «Nunca intentes ser gracioso (…) solo la situación debe de serlo«, y eso es lo que ha vertido en los guiones de sus películas. Nada escapa al humor de Mel Brooks: unas veces salvaje; otras sutil; siempre disparatado, ha parodiado géneros como el thriller (Máxima ansiedad); el terror (El jovencito Frankenstein, Dracula. Un muerto muy contento y feliz); el western (Sillas de montar calientes); el cine mudo (La última locura); la Space Opera (La loca historia de las galaxias)… todo siempre desde el máximo respeto, conocimiento y cariño hacia los clásicos que reinterpreta en clave disparatada.
Aunque muchos juegos de palabras quedan malogrados por la traducción, sus inolvidables gags visuales sirvieron de modelo para Zucker, Zucker y Abrahams, Bobby y Peter Farrelly y otros cómicos de este subgénero del humor denominado spoof. Algunos de los gags de sus películas han envejecido mal, mientras otros han ganado gracias a lo políticamente incorrectos que resultan hoy en día, en el que el humor es tan inmaculado y se pretende que no ofenda. Mel Brooks lo tuvo claro desde el principio, y a pesar de que ya en la época le dio algunos problemas, hizo humor con absolutamente todas las razas y credos, comenzando con la suya.

Posiblemente Lynch no sería Lynch si no hubiera recibido el apoyo de Mel Brooks, que le produjo El hombre elefante, su entrada en la industria cinematográfica de Hollywood
Por todo esto y mucho más, Mel Brooks pedía un homenaje en forma de libro, y eso es lo que Jorge San Román y Diábolo Ediciones ofrecen con La loca historia de Mel Brooks, en el que el autor repasa la vida y carrera de Brooks desde sus inicios como músico a su paso por televisión como guionista y finalmente sus largometrajes, que analiza de forma cronológica título a título, sin ofrecer al lector un profundo análisis cinematográfico, pero perlando la narración con numerosos fragmentos de entrevistas y declaraciones en las que Melvin Kaminsky, bautizado para el arte como Mel Brooks, deja amplia constancia de su talento.
El autor no olvida detenerse en los actores y compañeros de fatiga del director, como el adorable e histriónico Gene Wilder, Zero Mostel, el inolvidable Marty Feldman o Madeline Kahn, entre muchos otros, sin olvidar su faceta de productor y creador de musicales basados en sus mayores éxitos, El jovencito Frankenstein y Los productores. Todo esto y mucho más en La loca historia de Mel Brooks, libro que, como es habitual en Diábolo Ediciones, está profusamente ilustrado.









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