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Archive for 17 julio 2012

Estrategias comerciales en el cine de Piquer Simón

Es indiscutible que Juan Piquer Simón sabía promocionar sus obras, no en vano su carrera comenzó en la publicidad donde trabajó durante unos 18  años, primero para una multinacional anglo-holandesa, con la que por ejemplo rodó en Londres los recordados anuncios españoles de jabón Lux, y más tarde con su propia compañía, lo que le sirvió para recoger dinero con el que  entrar en lo que de verdad le interesaba: el cine.

Con la publicidad aprendió lo que es promocionar bien el producto; lo que son los rodajes y además fue un aprendizaje en efectos especiales. También su vocación desde su primer film fue ofrecer un cine internacional, desgajado de la producción nacional, “disfrazando” todos sus rodajes con un reparto que tuviera nombres extranjeros (Peter Cushing, Terence Stamp, Kenneth More, Cameron Mitchell…) junto a unos actores autóctonos que, si bien  no eran figuras demasiado conocidas, formaron parte de varios de sus films, para lo que era imprescindible que hablaran inglés ya que las películas se rodaban en ese idioma. Entre los actores de “su” compañía se pueden nombrar a Frank Braña (recientemente fallecido), Emilio Linder o  Ian Sera. Todo esto unido a rodar en escenarios naturales hacía que sus películas colaran como americanas ante el espectador español, que en aquella época era reticente a todo lo que sonara a cine español de género, al cual, por lo general, el público autóctono miraba con cierto aire jocoso tras un par de décadas de westerns rodados en Almería  y del boom del Fantaterror, films que en la época eran en general poco respetados.

Así que, además de con atractivos pósters, guías y fotocromos,  Piquer Simón apoyó la promoción de sus films de diversas formas, algunas realmente novedosas (cómics, discos…). Vamos a analizar algunas. Recuerdo perfectamente ver por todas partes el cartel de la primera película dirigida por Piquer Simón, Viaje al centro de la tierra (1978) y en ningún momento pensar que se tratara de una producción española. El espectacular póster estaba decorado con monstruos y un prometedor gorila gigante (no en vano apenas un año antes había vuelto a las pantallas un renovado King Kong de la mano de John Guillermin), además de destacar a Kenneth More de protagonista, actor a quien los niños de la época identificábamos con una serie que recientemente habíamos visto en televisión dedicada al detectivesco Padre Brown. Con su siguiente film la estrategia es más audaz, ya que se trata de promocionar al que creo es el primer súper-héroe del cine español, aunque también desde una óptica “americana”. Supersonic Man (1980) nos promete desde el cartel un combinado de ciencia ficción, aventuras, robots psicotrónicos  y claro, un personaje volador en pijama a imagen y semejanza de los salidos de los comic books americanos. Y todo ello en un momento en el que triunfaba en todo el mundo  Superman (1978, Richard Donner) y la saga galáctica Star Wars, que no sólo resucitó para el cine la televisiva Star Treck en 1979, sino que a su vez  también hizo que el fenómeno saltara a la pequeña pantalla mediante series como Galáctica (1978-79). Por su parte los súper-héroes tenían  su versión doméstica en nuestras pantallas con El Gran Héroe Americano (1981-83) o El increíble Hulk  (1978-82).

Pero en este caso se creó algo alrededor del personaje totalmente nuevo en el cine fantástico español: el merchandising. Si bien de una forma un tanto sencilla pero no por ello escasa de interés. Por un lado tenemos un single editado por RCA con el machacón y tremendamente discotequero tema principal de la película, compuesto por Juan Luis Izaguirre. Y por otro, la edición de unos cómics sobre el personaje. Detengámonos aquí.

Editorial Valenciana publicó, dentro de una colección genérica llamada Colosos del Cómic que reunía aventuras de personajes como El hombre enmascarado, Flash Gordon o Popeye, cuatro números que reproducían la trama de la película y que dibujó el archiconocido dibujante Sanchís (¿Recuerdan a Pumby, su personaje más popular?). Números que más tarde se reunieron en un tomo único que utilizó el cartel de la película como portada. La serie continuó brevemente durante cuatro números más con una nueva saga.  Una propuesta totalmente original e  inédita en nuestro país al interconectar  el mundo del cómic y el del cine.

Su siguiente film, Misterio en la Isla de los monstruos (1981),  tuvo un más que interesante lanzamiento. Ya desde el cartel los niños de la época podíamos ponernos a soñar porque mostraba un amenazador saurio gigante rodeado de misteriosos personajes, todo ello en otra adaptación de Julio Verne. Los atrayentes nombres de Peter Cushing y Terence Stamp añadían interés a un cartel que compartido con Blanca Estrada, Ian Sera, Ana Obregón  o Paul Naschy, en la que queda como única colaboración con el director. La campaña se apoyó, además de en los elementos promocionales habituales, de nuevo en Editorial Valenciana, que adaptó el film en dos cómics y también en un single con el tema principal que interpretaba el horrible grupo infantil, Regaliz, formación que por cierto dio una patada en el hígado al Fantaterror protagonizando Buenas noches, señor monstruo (1982, Antonio Mercero), película que contó con la colaboración del mismísimo Paul Naschy como licántropo.

Con Los diablos del mar (1982)  reincide Piquer Simón en el universo de Julio Verne que tan caro era para el director, y lo hace mediante un estupendo cartel realizado por el genial y popular ilustrador Sanjulián. Una obra que ya desde el papel nos promete aventuras, misterio y una amenazadora ballena. Para la ocasión se distribuyó en las salas un pequeño programa de mano adhesivo que reproducía el póster y que rápidamente los niños de la época ubicaron en sus carpetas y libretas. También se editó una publicación con fotos de la película la cual, una vez más, aprovechaba el soberbio dibujo de Sanjulián en su portada.

Para el primer largometraje dirigido a un público claramente adulto, la terrorífica Mil gritos tiene la noche (1982), Piquer Simón no utilizaría directamente el cómic, propuesta que quizás hubiera sido más que interesante en un momento en el que la nueva encarnación de Creepy arrasaba de la mano de Toutain Editor, pero sí  en espíritu, ya que uno de sus carteles estaba ilustrado por el gran Mike Kaluta (o por alguien claramente inspirado en él) y en los trabajos que realizó para el personaje pulp The Shadow. Y digo en uno de sus carteles, ya que para la ocasión se editaron dos propuestas totalmente diferentes, algo bastante raro para la época y que el mismo Piquer explicó que hizo por cuestiones de “marketing”, aunque claramente se puede decir que de los dos diseños el que reflejaba más lo que nos ofrecía el film era el  “inspirado” o ilustrado por Mike Kaluta, ya que además del misterioso asesino de negro nos mostraba parte de su arma (¡una “atractiva” y destructora motosierra!) y a la semi desnuda damisela de rigor.

De nuevo la producción en sí, las localizaciones en Boston y la gran cantidad de nombres extranjeros que figuran en su cartel, “maquillan” la película haciéndola pasar como una producción americana.

Su siguiente propuesta, Los nuevos extraterrestres (1983) tenía en  la exitosa E.T. (1982, Steven Spielberg) el espejo en el que reflejarse y de nuevo iba dirigida al público infantil. Si bien el cartel de Jano no mostraba tanto esta influencia, para su edición en video fueron menos discretos y se pueden ver ciertos ojos que nos recuerdan directamente al simpático extraterrestre desarraigado de Spielberg. En todo caso se editó un Lp con la banda sonora de Liberto Pastor, un disco que contenía únicamente cuatro temas, uno de ellos cantado por el actor Ian Sera.

Si bien poco o nada hay que decir de la puramente alimenticia Guerra Sucia (1984), es más que interesante abordar la campaña que se preparó para el lanzamiento de Slugs, muerte viscosa (1988). Tenemos un atractivo cartel y un logotipo que  se adaptaron para el programa de mano que se repartió en las salas, además de una propuesta mucho más interesante, impactante y también inédita por estas tierras, ya que en algunas salas se repartieron bolsas para el mareo similares a las que dan en los aviones. Este “gimmick” promocional, que  ya se utilizó unos

Bolsa de vómito de Slugs, muerte viscosa

años antes en Estados Unidos para el lanzamiento de, por ejemplo, Las torturas de la inquisición (Hexen bis aufs Blut gequält, 1970 Michael Armstrong) se adaptó aquí de forma ejemplar con unas discretas bolsas  que han pasado a ser un raro objeto de colección.

A partir de La Grieta (1990),  las campañas dejan de apoyarse en objetos o programas que ofrecer al público. Su eficaz cartel, ejemplar en su simpleza, nos lleva directos al fondo del mar y, claro,  a films de temática similar como Abyss (The Abyss, 1989 James Cameron), que también inspiró Leviathan, el demonio del abismo (Leviathan, 1989, Pan Cosmatos) y Profundidad 6 (Deepstar Six, 1989, Sean S. Cunningham), entre otros.

Tras el fallido intento de entrar en el universo Lovecraft con La mansión de Cthulhu (1992), La Isla del diablo (1994) nos devuelve el Piquer Simón aventurero de los inicios, y no es extraño que para el cartel recurra de nuevo al eficaz Sanjulián, que realiza una obra a la altura o superior a la que realizó para Los diablos del mar. Un cartel que nos ofrece todo el misterio y las aventuras con las que Piquer Simón cerraría su filmografía, recurriendo a otros grandes clásicos en sus dos últimos films: Emilio Salgari para Manacoa, ciudad de oro (1999) (basada en El tesoro de los incas)  y Edgar Allan Poe, cuyo Escarabajo de oro (1999) adaptaría pero no dirigiría. Para ambos carteles contaría también con la colaboración de un inspirado Sanjulián.

Como hemos podido ver, Piquer Simón aprovechó su formación en el mundo de la publicidad para promocionar sus films, si bien de una forma sencilla, también inédita en España, sobre todo cuando hablamos de cine fantástico.

Programa de mano tipo postal de Slugs, muerte viscosa.

Categorías:FANTATERROR
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