Archivo
José María Elorrieta: del fantástico al terror
Guionista, productor y director capaz de adaptarse, como demostraría, a todo tipo de género, José María Elorrieta fue uno de los pioneros del fantástico en el cine español, pero de aquel fantástico que el régimen permitía, mezclado en su mayor parte con comedia para poder colarlo sin problema a censura. Algo que ya hicieron en los años cuarenta Rafael Gil[1] o el propio primo de Elorrieta, Edgar Neville[2].
Nacido en Madrid en febrero de 1921, José María Elorrieta de Lacy tuvo que licenciarse en Derecho, por presiones familiares, antes de poder dedicar su vida a lo que de verdad le apasionaba: el cine. La carrera de José María Elorrieta se inicia en 1946 con una inencontrable, que no desaparecida, película infantil protagonizada por marionetas, La ciudad de los muñecos, en la que un titiritero y su hijo (José Telmo y Ginés Gallego respectivamente), cuentan la historia de Bambolín, una marioneta que quiere fundar una ciudad habitada por muñecos. La película la produce el propio director con su compañía, Producciones Cinematográficas Aladino.
Tras un buen número de documentales en pequeño formato, producidos también por Aladino y que sirvieron para que Elorrieta adquiriera práctica y soltura, dirige una segunda película, La tienda de antigüedades (1949) un film actualmente perdido que representa el despegue definitivo de la carrera del director. Horas inciertas (1951) fue, según comenta Marcos Ordoñez,[3] un thriller con gotas de fantástico sobre una mujer que dice haber matado a otra por celos y a la que su esposo no creerá, por lo que recurrirá a un psiquiatra con el que intentará descubrir las causas de su obsesión con el crimen.
De El cerco del diablo, producción estrenada en 1952, sabemos de su existencia porque consta en algunos libros y bases de datos, pero para nosotros conforma todo un misterio a descubrir. Y ciertamente atractivo, pues a pesar de los escasos datos que hay sobre ella, podría tratarse de un interesante film a recuperar. Veamos porqué:
Primero de todo porque se trata de una película de episodios compuesta por diferentes historias de temática fantástica, algo muy poco común en la época, escritas por José María Elorrieta. Y segundo porque cada episodio fue adaptado por un importante escritor (Camilo José Cela, Gumersindo Montes Agudo, Edgar Neville, José Antonio Pérez Torreblanca y Gonzalo Torrente Ballester) y lo dirigió un celebre realizador (Antonio del Amo, Enrique Gómez, Edgar Neville, José Antonio Nieves Conde y Arturo Ruiz Castillo. No en vano fue calificada en su momento como “la película más original realizada en España” con “un gran contenido emocional y un final aleccionador”, todo lo cual no evitó que el crítico cinematográfico de La Vanguardia escribiera una feroz crítica de la cinta definiendo su estructura episódica como “un incesante choque de criterios que llevan a la pérdida irremisible de toda posible unidad entre los distintos episodios, cuya falta de congruencia y de sentido resulta pasmosa”, destacando “la inutilidad de congregar tantos y tan claros talentos para moldear en un ente de ficción sin dimensiones de originalidad ni perspectivas de auténtica hondura humana o, si se quiere, metafísica.”[4]

Durante el resto de los años cincuenta la carrera del director deambuló por todo tipo de género, ocupándose con idéntica profesionalidad de destacables comedias (El fenómeno, El hincha, Al fin solos), dramas folklóricos (Curra Veleta, Torero por alegrías), como de las obligadas películas de contenido piadoso como El milagro del sacristán (1954) o Tres huchas para oriente (1954). Destacando en especial Mensajeros de paz (1957),
bizarra propuesta en la que podemos ver a unos Reyes Magos paseándose por la Gran Vía de Madrid en Land Rover, o haciendo arrancarse a cantar villancicos, embargados por la emoción, a los clientes y las barraganas de una sala de fiestas.
Con Aladino P.C dando paso a otra nueva compañía, Universitas films, Elorrieta produce, escribe y dirige nueve largometrajes, el último de los cuales, La montaña de arena (1955), no llegaría a estrenarse.
Alterna el cine con otras actividades relacionadas, como la presidencia del Círculo Cinematográfico Nosotros; la vocalía del Círculo Ramiro de Maeztu, que funda; la dirección de la Escuela Técnica de Cinematografía; ejerce de censor de guiones de la Dirección General de Cinematografía y Teatro; es profesor auxiliar de Historia del Cine en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC); o funcionario técnico de la Dirección General de Tráfico. Y aún le queda tiempo para colaborar y escribir guiones para otros directores como el de Curra Veleta (Ramón Torrado, 1955), Hospital de urgencia (Antonio Santillán, 1956) y Escuela de seductoras (León Klimovsky, 1962).
Entre 1961 y 1962 será gestor de la Cooperativa Cinematográfica Unión, donde rodará seis películas más (tres por año), entre ellas una que cabe destacar especialmente por tratarse de la primera cinta abiertamente fantástica que dirige, Mi adorable esclava (1961), para cuyo papel de genio de la lámpara Elorrieta apostará por una exuberante vedette y bailarina argentina, Ethel Rojo.
La trama del filme no puede ser más sencilla: un país en dificultades económicas necesitará obtener un préstamo de un banco de Estoril y Leopoldo (Antonio Casal), primer secretario del embajador, deberá negociarlo. De forma accidental conseguirá una lámpara de la que saldrá una genio que, además de causar varios equívocos, pues tan solo él podrá verla, ayudará a Leopoldo a conseguir su objetivo. Sencillos efectos especiales de levitación de objetos e invisibilidad, además de la participación de un buen número de actores sudamericanos más, como la hermana de la protagonista, Gogó Rojo, la uruguaya Margott Cottens o Pastor Serrador, primo hermano de Narciso Ibáñez Serrador, todo ello en una comedia amable e inocente, apta para todos los públicos que demuestra, una vez más, las dotes para la comedia de su protagonista y las posibilidades de Ethel Rojo, que rodaría junto a José María Elorrieta su siguiente película, Esa pícara pelirroja (1963). Por otra parte conviene señalar que el director se adelantó unos años a la popular serie televisiva Mi bella genio (A Dream of Jeannie, 1965-1970), que llegó a las pantallas españolas a finales de 1968 y que poseía un argumento similar al del film español.
Elorrieta estrena en 1962 nueva productora, P. C. Alesanco, y lo hace con otro nuevo acercamiento al fantástico y también en clave de comedia, El diablo de vacaciones, en la que el director nos ofrece una versión amable y burlesca del pacto mefistofélico. Aquí el tentador es un vicediablo (de nuevo Pastor Serrador), que en lugar de reclamar el alma de sus víctimas, firma el pacto a cambio de dinero con el que seguir apostando en los casinos de Biarritz. En el caso que nos ocupa, el elemento sobrenatural es apenas una excusa para alumbrar una comedia puesta al servicio de, otra vez, Antonio Casal, que parte de la obra de Edgar Neville Veinte añitos, estrenada nueve años antes. Y aunque Elorrieta no dejaba de ser un artesano y en sus manos los mimbres de Neville (que acompañaban el humor con lo lírico e incluso lo trascendente) apenas sirvieron para dar a luz una comedia mediana, su desenfado fue elogiado por la crítica madrileña.
Con su nueva compañía, además, el director se apuntará a la moda imperante del western y el cine de aventuras en coproducción con Italia. Y lo hará coproduciendo películas para otros directores como Leon Klimovsky (2000 dólares por coyote), Arturo Ruiz Castillo (El secreto del capitán O’Hara), e incluso al italiano Umberto Lenzi (Los piratas de la Malasia).
En coproducción con Estados Unidos dirigirá el filme de aventuras El tesoro de Makuba (1967), el western Los 7 de Pancho Villa (1967) y su nueva incursión en la comedia fantástica, Una bruja sin escoba (1967), producida entre la americana Cinemagic, Inc. y Lacy Internacional Films, desde ese año nuevo nombre de la productora de Elorrieta.
De prolongada carrera cinematográfica, el actor norteamericano Jeffrey Hunter había desembarcado en España por primera vez para interpretar nada menos que a Jesucristo en Rey de Reyes (King of Kings, Nicholas Ray, 1961), una de las películas rodadas en España por el imperio Bronston. A partir de ahí compaginó su carrera entre televisión y cine en su país y las ofertas llegadas de Italia y España, como es el caso de Una bruja sin escoba, una comedia en la que compartió protagonismo con una arrebatadora Maria Perschy. El film narra las peripecias de un profesor irlandés (Hunter) del que se encapricha una bruja (Maria Perschy) a la que él solo puede ver y que gracias a una joya mágica puede hacer viajes en el tiempo. De esa forma ambos visitarán la época medieval, la prehistoria, el imperio romano y el futuro, concretamente al año 1999 en una Tierra en la que tan solo quedan siete bellas supervivientes, debiendo ponerse manos (y otras cosas) a la obra para repoblarla. Pero la bruja truncará la situación retornándolo a la época actual. El resultado es un disparate, a veces hasta el sonrojo, pero ante todo curioso por ser posiblemente la única o una de las únicas películas españolas que han tratado el viaje en el tiempo y también por contar con algunos actores muy jóvenes y reconocibles para el aficionado, como Frank Braña, Perla Cristal, Esperanza Roy (acreditada como Esperanza Roig), el uruguayo Gustavo Rojo y el futuro director de cine Julio Pérez Tabernero, que aquí realiza un pequeño papel.
Desafortunadamente Jeffrey Hunter sufriría un ataque al corazón en el avión en el que retornaba a Estados Unidos tras haber rodado en España la posterior ¡Viva América! (1969), de Javier Setó. Y aunque se recobraría, poco después sufriría otro ataque en su hogar golpeándose en el cráneo al caer, lo cual ocasionó la muerte del actor con tan solo 42 años.
De nuevo en coproducción con Italia (De Laurentis), Elorrieta se embarca en La esclava del paraíso (1968), una fantasía oriental a lo mil y una noches ambientada en una Granada bajo dominio árabe. Naturalmente la ciudad ofrece al director escenarios de categoría, llegando a rodar en la misma Alhambra, pero también en otras localizaciones de Córdoba, Almería y Sevilla. El papel de héroe lo encarna Jeff Cooper, un actor norteamericano con una carrera no demasiado ilustre en televisión que decidió probar fortuna en España, rodando para Elorrieta, y a continuación en Alemania antes de marchar a México, donde encarnó al exótico héroe de la radio y el cómic Kalimán, el hombre increíble, volviendo después a Estados Unidos. Tras interpretar al protagonista de El círculo de hierro (Circle of Iron, 1978), monumental desastre basado en un argumento del difunto Bruce Lee, retornó al mundo de la televisión. Como acompañante y soporte cómico del héroe, Elorrieta contó con Rubén Rojo, hermano del también actor Gustavo Rojo, un perfecto todoterreno nacido en Madrid pero que desarrolló su carrera en México.
La esclava del paraíso narra las aventuras de Omar (Cooper) y de su amigo/sirviente Alí (Rojo) que, de vuelta a su país, descubrirán que en su ausencia el malvado Hixxum (Raf Vallone) ha acusado falsamente de traición al padre de Omar, el gran visir de Granada, a resultas de lo cual es depuesto y ejecutado. Omar jura vengarse y casualmente encuentra una lámpara maravillosa con una bella genio, Mizziana (Luciana Paluzzi), maga de tercera categoría con sus poderes limitado a resultas de una insubordinación, que ayudará al héroe ocasionando de paso las consiguientes situaciones equívocas. Como nota curiosa cabe señalar la presencia de Paul Naschy y Ricardo Palacios como los guardias del visir usurpador. Colorista y simpática, con actores de la categoría de Raf Vallone o una atractiva Luciana Paluzzi, reciente chica Bond en Operación Trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), La esclava del paraíso queda como curiosidad sin continuidad en la cinematografía española.
Con Lacy Internacional Films, con la que llega a producir la cinta tunecina Une si simple histoire (Abdellatif Ben Animar) en 1970, rueda poco antes Las joyas del diablo (1969), película que algunas fuentes incluyen erroneamente entre las producciones de terror que Elorrieta abordaría a partir de entonces y con las que cerraría su carrera. Ayudaría también a la confusión el que, posiblemente con intención de venderla como cinta adscrita a ese género, por entonces en alza y con más demanda en los mercados extranjeros, fuera rebautizada como El secreto del Toisón de Oro[5], elaborándose un chapucero póster con ilustraciones siniestras y ninguna relación con el filme. Pero a pesar de que se promocionó como “una película fuerte… contundente”, Las joyas del diablo es un eurospy de acción con muchos toques de comedia rodado en régimen de coproducción con, atención, Canadá y Túnez, contando con actores de allí y añadiendo muchos detalles folklóricos españoles
con los que ofrecer un producto exótico para su exportación. No solo hay una colorista corrida de toros y las localizaciones están rodadas en el Toledo más monumental, una de las protagonistas, la actriz autóctona Mariucha, demuestra que es una competente bailaora de flamenco. Su argumento gira entorno a unos robos de joyas relacionadas con una orden medieval. A la policía española se le sumará la Interpol, que averiguará que tras esos robos está el Duque (Ángel Picazo) descendiente de ‘Cebrián el místico y templario y Gran Maestre de la orden de caballería del Águila de Oro’, orden que pretende reinstaurar con intención de devolver al mundo su pureza original. Para ello se valdrá de sus secuaces, armados con una tronchante máquina fotográfica paralizante. Protagonizada por un actor-cantante canadiense, Donald Lautrec, como agente de Interpol; la también cantante francesa Michèle Torr como su ayudante; y el supuesto karateca Zaaza Razak, posible contribución artística tunecina, como tercero en discordia, la película resulta muy deudora de su época y muy pop.
Aclarado esto, ahora si puede incluirse todo el resto de la filmografía de Elorrieta, sin complejos, dentro del género de terror. Con su nueva compañía, IMT (Internacional de Turísticos), produjo en 1969 el filme de ciencia-ficción S.O.S. Invasión, dirigido por Silvio S. Balbuena que, rodado en gran parte en Portugal, narra la invasión de España, y esto es en serio, por unos robots con forma de exuberante rubia en bikini provenientes de la galaxia de Epsilon. Protagonizan Jack Taylor y el bizarro José María Tasso, presente en muchas de las películas de Elorrieta. La cinta también contaría con dos actores que serían significativos para las siguientes películas del director, Jean Sorel y Aramis Ney.
La primera de las películas de terror del director fue Las amantes del diablo (1971), una coproducción hispano-italiana a medias con la también española Prodimex, compañía responsable de varias coproducciones dirigidas por José Luis Merino (entre ellas Ivanna y La orgía de los muertos), Jesús Franco (El proceso de las brujas) y Eugenio Martín (Réquiem para el gringo). Las amantes del diablo no es, desde luego, la mejor.
El guion, basado en una idea de Elorrieta y su protagonista, Espartaco Santoni, fue escrito por un habitual del director, José Luis Navarro, al que se sumó Marino Girolami (futuro director de Zombi Holocausto) y Miguel Madrid, que firmó como Michael Skaife, el mismo seudónimo con el que dirigió Necrophagus (1971) y la cinta de culto El asesino de muñecas (1975). Las amantes del diablo narra las andanzas del satánico Dr. Tills Nescu (Santoni), un playboy a imagen y semejanza del propio actor que incluso vive en un castillo situado en un lugar sospechosamente similar a Marbella. Al parecer practica magia negra y posee unos poderes hipnóticos con los que conquista a todas las mujeres jóvenes de la zona, incluida la protagonista, Hilda (Krista Nell) que investiga la extraña desaparición de su hermana María (Verónica Luján). Andrea, la secretaría de Nescu, interpretada por una fascinante Teresa Gimpera, también parece haberse prendado de Hilda, así que termina salvándola antes de matar al propio Nescu, que conserva en un ala del castillo los cadáveres de todas las chicas que ha secuestrado. Se descubrirá que el odio que profesa a las mujeres tiene su origen en un trauma infantil causado por su malvada madre. O algo así.
Poco terror en una cinta en la que, como nota curiosa, destaca la presencia de actores y extras ‘de lujo’ en las escenas de los fiestones marbellís. Entre ellos la propia esposa de Santoni, Marujita Díaz y algún que otro elemento de la fauna de Marbella como Jaime de Mora y Aragón. También, como era habitual en la época, se rodaron algunas escenas con desnudo para la versión destinada a la exportación.
El barcelonés Francisco Martínez Celeiro estaba haciendo cierta fortuna en el cine de género gracias a su aspecto de galán foráneo bajo el nombre artístico de George Martin. Tras protagonizar un buen puñado de spaguetti westerns; encarnar a Robin Hood e incluso ser uno de los bizarros tres supermen, George Martin se lanzó a escribir, producir, dirigir e interpretar su primera película y escogió, en vista de que era el género que estaba en boga, una cinta de terror, Escalofrío diabólico (1972), que si figura aquí es porque en su deslavazado guion tomó parte José María Elorrieta, algo de lo que sin duda no debería estar orgulloso, pues el resultado no lo salva ni la presencia de Patty Shepard, ni las localizaciones en San Martín de Valdeiglesias, ni la risible secta de los hermanos de Satán, prestos a sacrificar no una, sino a dos doncellas. La historia resulta confusa, deslavazada, con una madre medio loca, el cadáver del padre conservado en un ala del castillo, un hijo que espera heredarlo todo y su hermano, presuntamente muerto, confinado drogado en una mazmorra. Por medio la secta satánica y un sirviente mudo y algo desequilibrado que cuando le sobreviene un calentón, algo que sucede a menudo, escapa a las familiares ruinas de Valdeiglesias a desfogarse con un maniquí que tiene allí escondido.
Rodada en su mayor parte en exteriores diurnos, y no por decisión artística, no vayan a creer, sino más bien porque posiblemente se olvidaron de poner el filtro para rodar en noche americana, Escalofrío diabólico resulta bastante infame y olvidable, tan solo salvable en algunos momentos en los cuales han cuidado la iluminación ‘a lo Bava’ en las escaleras del castillo que las protagonistas bajan una y otra vez antes de que concluya todo con un vergonzante beso final. Una traumática experiencia recomendable tan solo para estudiosos y completistas del género.
La cinta de terror de Elorrieta que personalmente más nos gusta, por diversos motivos, es La llamada del vampiro (1972), que adapta un guion escrito por el propio director junto a Enrique González Macho, que probaría tener mucha más fortuna como productor. La llamada del vampiro narra la llegada de la doctora Materlick (Diana Sorel) y su enfermera Erica (encarnada por la propia hija del director, Beatriz Elorrieta, bajo el nombre artístico de Beatriz Lacy), a un pueblo aquejado de una rara epidemia en la que los afectados fallecen de anemia. Allí se alojarán en el castillo del extraño Barón von Rysselberg que, como podrán suponer, es un vampiro.
La película entra de lleno en el ciclo fantaterrorífico español, con sus monstruos clásicos, su ambiente foráneo, sus familiares exteriores en Valdeiglesias, sus rubias amenazadas y su doble versión con escenas de desnudo. Y en esta ocasión hablamos de unas escenas bastante subidas de tono, posiblemente las más audaces rodadas nunca para una doble versión de película de terror en España. Una de ellas, protagonizada por dos lesbianas, está realizada por las dos hermanas Tovar, Loreta y Marisa. Por lo demás cabe destacar a Nicholas Ney, actor uruguayo que se especifica en los títulos de crédito que debuta con este film, a pesar de que con su nombre real, Aramis Ney, ya había participado en S.O.S Invasión (Silvio S. Balbuena, 1969. Excesivo e histriónico, de aspecto enfermizo, Aramis Ney estaba muy dotado para los papeles de psicópata, algo que explotaría en las películas de José Luis Elorrieta y prolongaría en su corta carrera cinematográfica, durante la cual trabajaría en diversas ocasiones para Javier Elorrieta, hijo del realizador. Posteriormente obtendría mucho más reconocimiento en su faceta de pintor. Por su parte la protagonista, Jean Sorel, era una actriz madrileña con cierta popularidad en televisión que participó también en S.O.S Invasión y Los monstruos del terror (Tulio Demicheli, 1970), dedicándose al mundo de la canción y retirándose con la llegada del destape.
Noche americana, colmillos a mansalva, vampyrettes relocas y de risa fácil a cámara lenta y una parte final surrealista, mucho más en la versión de exportación, en una película de lo más simpática y que pide a gritos una edición uncut que incluya gloriosamente remasterizados esos locos tres minutos extra.
La última película dirigida por José María Elorrieta antes de que llegara su prematura muerte fue El espectro del terror, en la que una atractiva azafata (Maria Perschy), es acosada por un desconocido (Aramís Ney). Inicialmente nadie la creerá, incluido su psiquiatra (interpretado por Sancho Gracia), galán, caballista y amigo de olvidarse de las recomendables distancias entre paciente y médico. Pero a mitad de la cinta, se producirá un cambio de punto de vista y Elorrieta preferirá centrarse en el desconocido, un excombatiente de Vietnam traumatizado que, tras un itinerario que le ha llevado de Chicago a Madrid, pasando por México y Caracas, malvive en un cuchitril tan desordenado como su mente. Y es aquí donde la cinta de Elorrieta se pone más interesante. El asesino es un sádico sexual y heroinómano al que veremos en su día a día de sordidez y suciedad. Llegando a matar a una prostituta sin recordar nada al despertar al siguiente día. Desgraciadamente, la película contiene tantos momentos ilógicos y tantas lagunas en su guion que casi podría considerarse experimental, vanguardista, sino fuera por lo precipitado y ridículo de su final.
De nuevo como Aramis Ney, el protagonista realiza una estupenda actuación, casi se diría que poniendo mucho de su parte e improvisando. Será la última ocasión en la que copará tanto la pantalla. Maria Perschy hará su papel con la profesionalidad habitual, a pesar de tener que soportar a Sancho Gracia como improbable psiquiatra y macho alfa. La película cuenta con nombres propios del Fantaterror como Víctor Barrera, nombre real de Víctor Alcázar, que volvería a cambiar su nombre por el de Vic Winner, un actor que tendría un 1973 movidito, pues tan solo en ese año estrenaría la friolera cifra de ocho títulos, entre los que hay perlas de la talla de El espanto surge de la tumba (Carlos Aured), El gran amor del conde Drácula (Javier Aguirre) o La rebelión de las muertas (León Klimovsky). El espectro del terror también cuenta con la colaboración de María Dolores Tovar que interpreta su fugaz papel de víctima; y May Oliver, que no es otra que la mexicana Maritza Olivares, a la que veríamos ese mismo año en El retorno de Walpurgis (Carlos Aured), interpretando a una de las dos hermanas enamoradas de Waldemar. Finalmente destaca la elaborada partitura de Federico Contreras y Javier Elorrieta, que debutaba así en la composición de bandas sonoras.
El espectro del terror, a la que se adivina una muy probable existencia de doble versión, posee una suciedad e insania que la sitúa en un lugar especial entre el resto de la producción terrorífica española.
Cuando José María Elorrieta falleció, de manera repentina con tan solo 53 años, se encontraba rodando Las alegres vampiras de Vögel (1974), una comedia que terminó y firmó Julio Pérez Tabernero y que, sin ser gran cosa, resulta simpática. Con ella Elorrieta retornaría al mundo de los vampiros, aunque en clave de humor y sumando a la ecuación la creciente moda del ‘destape,’ que no tardaría en adueñarse de los cines españoles. Para eso contó con la participación de las máximas estrellas de la época, María José Cantudo, que debutó en el cine precisamente el año anterior con El espanto surge de la tumba de Carlos Aured, y Ágata Lys.
El argumento no podría ser más sencillo: una compañía de revista llega a la ciudad de Vögel, que a pesar de tener un nombre con reminiscencias germánicas, está habitado por pueblerinos de refajo y boina calada. Allí descubrirán que hay un castillo habitado por vampiros, entre ellos uno de los actores fetiche de Elorrieta, José María Tasso, y una bellísima Cantudo, además de algún jorobado y hombre lobo que terminarán de animar esta fiesta de chicas en negligé y ropa interior.
Con guion del propio Pérez Tabernero, que hace una pequeña aparición al final del filme y una divertida y entrañable partitura de Alfonso Santiesteban, para nosotros tanto El liguero mágico (Mariano Ozores, 1980) como Las alegres vampiras de Vögel representan para el Fantaterror lo que, salvando distancias, Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott Lou Costello Meet Frankenstein, Charles Barton, 1948) simboliza para los monstruos de la Universal.
En 1975 se estrenó La diosa salvaje (M. I. Bonns), producción Profilmes de aventuras selváticas protagonizada por Kilma (Eva Miller), una especie de Tarzán femenino en cuyo guion al parecer participó José María Elorrieta, a pesar de no salir acreditado. No es una gran pérdida, pues con todo y resultando una película muy simpática, no es gran cosa. Protagonizada por Eva Miller, muy atractiva con su bikini de piel de leopardo y su látigo, cuenta con un argumento muy sencillo e inofensivo que la convierte en un entretenimiento ideal para disfrutar en familia. Villanos codiciosos que buscan diamantes en la selva, un chimpancé que, por supuesto, acompaña a Kilma y hace monerías, un romance y la participación nuevamente de Maria Perschy y Paul Naschy, estrella exclusiva de la productora. Rodada en un bosque mediterráneo que en ningún momento cuela como selva africana, La diosa salvaje tuvo una -más o menos- secuela, Kilma, reina de las Amazonas (1976) que dirigió el mismo Miguel Iglesias Bonns y que contó con un personaje de Kilma más poderoso y reforzado que el que nos ofrece en La diosa salvaje, donde era poco menos que una damisela asustadiza a la que, a la primera de cambio, engañan y dejan sin sentido los villanos.
Finalmente, ese mismo año debutaba en la dirección Javier Elorrieta con un western, Si quieres vivir… dispara (1975), con un guion de Manuel Sebares que adaptaba una historia escrita por el padre del director.
Es posible que estas postreras películas no representen una despedida muy gloriosa para un director tan ecléctico pero que, como hemos visto, profesaba una querencia especial por el fantástico y el terror, tanto cuando no era un género común en el cine español como cuando por fin pudo realizarlo como opción económicamente viable. En todo caso, José María Elorrieta fue un esforzado hombre de cine que, además, inculcó el amor al séptimo arte en sus dos hijos, la actriz Beatriz Elorrieta y el compositor y director, Javier Elorrieta, digno continuador del trabajo de su padre.
![]()
Carlos Benítez (Proyecto Naschy) Publicado originalmente en El Buque Maldito
NOTAS
[1] El hombre que se quiso matar (1942), Viaje sin destino (1942), El fantasma y Doña Juanita (1945) o La otra vida del Capitán Contreras (1955).
[2] La torre de los siete jorobados (1944) o La vida en un hilo (1945)
[3] The Spanish Fantasy Pictures Show (Marcos Ordoñez, Festival de Sitges, 1996)
[4] H. S. G “El cerco del diablo” en La Vanguardia, domingo 6 de septiembre de 1953
[5] Un nombre no demasiado afortunado, pues puede dar pie a confusión por su similitud con Tintín y el secreto del Toisón de Oro (Tintin et le mystère de la Toison d’Or, Jean-Jacques Vierne, 1961) producción francesa estrenada en España en 1963.
Tomás Aznar, una rara avis del cine español
Tomás Aznar ha dejado una huella y un legado poco profundos en la historia del cine Español. Tan poco que escasea la información sobre el realizador, nacido en Valencia recién estallada la Guerra Civil y fallecido sesenta años después. Tan solo dirigió cinco películas. E incluso podrían ser cuatro, pues los datos sobre una de ellas no están nada claros y se atribuye, según la fuente, a un director galo. Con una carrera que se inició por todo lo alto con una película de éxito comercial, es recordado hoy por los aficionados al cine de terror de todo el mundo por Más allá del terror, una cinta alimenticia y de bajo presupuesto protagonizada por actores desconocidos que, 40 años después cuenta con una cuidada edición remasterizada realizada en Estados Unidos.
Tomás Aznar, nacido en 1936, pronto demuestra una sensibilidad artística que le lleva a matricularse en Bellas Artes, carrera que no finaliza y que abandona para iniciar sus estudios en la Escuela Oficial de Cinematografía. Allí realiza sus primeros pinitos en el cine participando como actor en algunos cortometrajes de sus compañeros, producidos por la Escuela Oficial de Cinematografía a modo de prácticas: Los delatores (Mario Gómez Martin, 1964), La soga cortada (Luis F. Vasconcelos, 1964), La función (César Santos Fontela, 1964) el, a priori, más ambicioso, El Jarama (Julián Marcos, 1965), basado en la obra de Sánchez Ferlosio. Pequeñas historias realizadas por directores que tuvieron aún peor suerte que Aznar: de entre ellos podemos destacar a Mario Gómez Martin, que si bien no llegó a dirigir largometrajes, sí rodó más cortos, entre ellos el muy interesante Soy leyenda (1967), basado en el texto de Richard Matheson. En cuanto a Julián Marcos, que cuenta tan sólo con un tardío largometraje, inició sus prácticas con el sugestivo Día de muertos (1960), documental firmado junto a Joaquím Jordà, y en 1968 dirigió El libro de buen amor con José Antonio Páramo, realizador, este, que desarrolló su carrera en televisión con memorables espacios, como la serie El quinto jinete (1975-76). Esta adaptación del texto del Arcipreste de Hita, (en otras fuentes se especifica que es un documental) de 22 minutos de duración, contó con la participación de Asunción Balaguer, Paco Rabal y Fernando Rey como protagonistas. Lamentablemente poco más puede decirse de estas obras en pequeño formato al estar, en su extensa mayoría y en el mejor de los casos, archivadas en filmotecas.

Los protagonistas de ‘El desastre de Annual’ Tomás Aznar es el primero de la izquierda y el tercero Ricardo Franco (Web Pere Portabella)
Tomás Aznar fue también uno de los protagonistas del largometraje El desastre de Annual (1970), film rodado en 16 milímetros en blanco y negro con el que debutó Ricardo Franco. Prohibido por censura, fue tachado de subversivo al hacer referencia, de manera irreverente, a la mayor derrota del ejército español del siglo XX. Exhibida en cineclubes y colegios mayores llegó al festival de Benalmádena de 1971, donde obtuvo el Premio de la Federación Napolitana de Cineclubes, entelequia «inventada sobre la marcha», según un asistente anónimo. Un italiano que estaba en el festival le entregó el presunto premio a Franco, y éste lo celebró alzando el puño, lo que ocasionó la subsiguiente trifulca y redada de la guardia civil que terminó con Ricardo Franco y otros antifranquistas (Luis Eduardo Aute, Vicente Molina Foix y Víctor Erice, entre otros), en el calabozo. Como cuenta el escritor Javier Marías, coguionista del film, la intención era irreverente, más que subversiva, «Contra el ejército, contra la Historia de España, todo dentro de un tono de farsa”. Entre los créditos del filme sobresalen, además de los nombrados, los de Pere Portabella o Emilio Martínez Lázaro en la producción. Visto lo cual, es posible que Tomás Aznar formara parte de la izquierda antifranquista, pero esto, como casi todo lo referente al director, forma parte de suposiciones.
Tomás Aznar realiza diversos trabajos publicitarios y debuta, según señala el solvente Javier G. Romero[1], con los cortometrajes La corrida (1970) y Viajeros estables (1970), a los que otras filmografías suman La Albufera (1970). Más conocidos fueron Las sepulcrales (1970), corto de 12 minutos de duración basado en un lúgubre cuento de Guy de Maupassant cuya acción transcurre, en su mayor parte, en un cementerio, y dos documentales, también en pequeño formato, Concierto en llamas (1971), sobre la figura del compositor Manuel de Falla y Una estoreta velleta (1972), entorno a una tradición valenciana que se celebra durante Las Fallas y que se expone en los 14 minutos de duración de este cortometraje. En alguna de estas cintas colaboró en el guion Juan Piquer Simón, futuro director y productor al que Aznar había conocido en la facultad de Bellas Artes y con el que estuvo a punto de debutar también en el largo poco antes, pues ellos dos, junto a Víctor Erice y el chileno Patricio Guzmán (otras fuentes ponen a Paco Montoliu), planearon realizar un film de episodios basados en obras de Gustavo Adolfo Bécquer, Historias de amor y muerte. Según Piquer Simón[2], “El primer episodio, el mío, era El monte de las ánimas. Tomás Aznar dirigiría El beso”. Un interesante proyecto de fantástico autóctono que por razones administrativas no llegó a buen puerto, pero que no enturbió la excelente relación entre Piquer Simón y Tomás Aznar, que prosiguió y, como veremos, se prolongó en futuros proyectos. Es en esta época cuando Aznar funda su propia productora, CineVisión, sello con el que produce, al menos, los tres últimos cortometrajes nombrados y parte de su filmografía posterior.
El 23 de abril de 1974 y dentro de la serie Los libros, se emitió por TVE una competente adaptación de Manuel Criado del Val y Jesús Fernández Santos de El libro de buen amor, dirigida por Santos. Y al año siguiente llegaba a los cines españoles la película de igual título con la que debutaba en el largometraje Tomás Aznar.
El libro de buen amor, obra maestra de la literatura castellana de la Edad Media escrita por el Arcipreste de Hita, ya señalaba en su texto que se trataba de una obra abierta a “añadir y enmendar si quisiere” el escrito por cualquier futuro poeta que lo deseara. Así que, al no haber ningún autor que corrigiera o ampliara el universo del Arcipreste, tuvo que ser, primero la televisión y poco después el cine, y no la literatura, los que, en forma de guion, acometieran la labor. Aunque existe una versión en Biblioteca Nacional fechada en 1972 y firmada por Tomás Aznar en solitario, el guion con el cual se rodó el largometraje está escrito por Tomás Aznar, Rubén Caba y Julián Marcos. Un guion que dio como resultado un film muy de su época pues, si por un lado a mediados de los años setenta, tanto la televisión como el cine buscaban inspiración en los clásicos; también, la picaresca del texto estaba abierta a incluir las gotas de erotismo necesarias en aquellos momentos de -tímido- destape. No en vano, uno de los más importantes cambios que incluye la adaptación cinematográfica de la obra es que, a diferencia del original, ‘Buen amor’ no se refiere al amor de Dios, sino al amor de las mujeres hacia el protagonista, que en la película no es arcipreste, sino simplemente amante y poeta. También Aznar utilizaría episodios y desecharía otros, cambiándolos de orden para crear una historia lineal.
Esta tendencia a recuperar textos eróticos y galantes del pasado se había iniciado en Italia con la adaptación de Petronio que realizó Fellini, Fellini – Satiricón (Fellini – Satyricon, 1969) y, sobre todo Pasolini con El Decamerón (Il Decameron) de Boccaccio. Luego surgieron mil y una imitaciones de estos clásicos. A pesar de que, paradójicamente, estas películas llegarían con años de retraso a nuestras pantallas, ya en la promoción del film se tuvo claro la conexión de El libro de buen amor con otros clásicos europeos: “En Italia: El Decamerón – En Inglaterra: Los cuentos de Canterbury – En España: El libro de buen amor. Comparable al Decamerón por su originalidad, por su poesía y por… todo lo demás”.
El film de Aznar, que produjo con su compañía Cinevisión, narra las peripecias y lances amorosos de Don Juan Ruiz (Patxi Andión), caballero que recorre diferentes lugares acompañado, primero, de un (in)fiel sirviente y, más tarde, de la sabia Trotaconventos (Josita Hernán), que ejercerá de consejera y celestina del joven. Amor y desamor, comedia y drama, la acción está bien narrada y bellamente fotografiada en escogidos escenarios naturales y de época (no en vano estuvieron a cargo de los prestigiosos Hans Burmann y Gerardo Moschioni). La película avanza dramáticamente hasta su abrupto fin, que ahora se diría abierto a una secuela. Un notable film de debut que cuenta con buenos medios de producción y un reparto que incluye a actrices del cine pretérito, como la gran Josita Hernán, una de las estrellas de Cifesa, aquella productora valenciana estandarte del franquismo que se anunciaba como “La antorcha de los éxitos”, que se despide del cine con este papel; así como también del cine libertino que estaba por llegar con actrices como Blanca Estrada, Susana Estrada o Mónica Randall; y finalmente del que ocuparía su lugar en los ochenta, representado por Pilar Bardem.
A pesar de lo que suele pensarse, y lo que es peor, escribirse, delatando que el que lo hace no ha visto el film, la película de Aznar no incluye numerosos desnudos, factor este que quizás pueda deberse a la acción de la censura. En todo caso, los que hay están más que justificados y repartidos, con Patxi Andión mostrando posiblemente más epidermis que las actrices. El actor, que recibió desiguales críticas, compuso e interpretó, además, las canciones de la banda sonora, inspiradas en los madrigales medievales, y que fueron editadas más tarde en disco.
La película se presentó en la XX Semana Internacional de Cine de Valladolid en abril de 1975, un certamen en el que la gran triunfadora fue La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) de Kubrick, que se ofrecía por primera vez en nuestro país a modo de retrospectiva. En cuanto a El libro de buen amor, para Manuel Alcalá, enviado especial del ABC al festival, la película “ha fracasado, a pesar de aciertos individuales, no sólo por la dificultad del tema, sino además, por la incompetencia del director. La exhibición, que además tenía algunas secuencias de mal gusto, fue abundantemente pateada”[3]. Mejor fue el recibimiento por parte de la crítica y el público cuando se estrenó, pero a pesar del buen recibimiento, durante su estreno arrastró la mala fama que trajo de Valladolid. Así, Pilar Trenas recogía el ambiente posterior a la première y, tras destacar la “generosa muestra de anatomía” que lució Mabel Escaño, señaló cómo el nervioso director anunció lo avanzados que estaban los preparativos para la segunda parte del filme: “Tras la visión del filme, todos los presentes coincidían en que había sido una pena retirar

Fotograma de ‘El libro de buen amor (Archivo Serendipia)
de cartel una de las películas más dignas y mejor hechas del cine español, ‘Hay que matar a B’, para sustituirla por algo tan malogrado como ‘El libro de buen amor’. Se comentaban las exhibiciones anatómicas de Patxi Andión en compensación a su poca eficacia como actor y cantante en esta película. De Blanca Estrada solo se salvaba su rostro angelical, ya que se hablaba de su nulidad como actriz y del desafortunado tipo con que le había retratado la muy regular cámara de Burman”[4]. Anunciada como “la película española más aperturista del momento”, Ángeles Maso, a quien no terminó la película de convencer, aplaude la interpretación de Josita Hernán y la audacia de su novel realizador, a la vez que indica que “Para seguir a Pasolini le hace falta a Aznar bastante más experiencia y mucha más apertura”, a pesar de lo que, añade: “en cuanto a erotismo lo que se ve es más de lo que se ha visto hasta ahora. Por lo pronto la señora de Pitas Payas enseña lo suficiente para que el público confunda aperturismo con exhibicionismo”[5]. Mejor recibida fue por el crítico del ABC, que, aunque la suspende como
adaptación del clásico literario, resalta “La belleza plástica, muchas veces notable; la fotografía, nítida, profunda, con acertada valoración colorista” del film, así como el buen hacer de su protagonista, insinuando, de paso, la posible acción de la censura: “Patxi Andión es gallardo, da bien, canta poco, pero con buen aire, y si no tiene nada que ver con el auténtico personaje, que en Juan Ruiz se queda y a arcipreste no llega, no es culpa suya. Quizá ni tan siquiera de Tomás Aznar”, concluyendo que El libro de buen amor “es trabajo digno, decoroso, grato de contemplar”[6].
Dado el éxito que El libro de buen amor obtuvo en los cines, donde fue distribuida por Almena Films, S.A., la productora de su amigo Piquer Simón, extraña que Aznar no fuera el elegido para dirigir su continuación, El libro de buen amor II (1976), y más teniendo en cuenta que la adaptación también fue firmada por Aznar, pero así fue y la secuela, muy inferior en cuanto a resultado y rendimiento, fue dirigida por el catalán Jaime Bayarri, y protagonizada por el divo de la época Manolo Otero, en sustitución de Patxi Andión, y un buen grupo de señoras estupendas entre las cuales destacan Esperanza Roy, Sandra Mozarowsky, Isabel Mestres y Carmen Maura, que ya formaba parte del reparto en la adaptación televisiva.
Quizás buscando prolongar el éxito de su ópera prima, Tomás Aznar se embarca en una nueva adaptación literaria con Viva muera Don Juan Tenorio (1977), y en la que, como en aquella, recurre a la

Guion original de ‘Viva-muera Don Juan Tenorio’
participación de populares cantantes/actores, en este caso Lorenzo Santamaría como protagonista y una jovencísima Ángela Molina de 21 años como Doña Inés, además de Carmen Carrión y Massiel, dando como resultado otra esmerada producción, con un aceptable y cuidado nivel de producción y localizaciones, pero sin llegar a la altura de El libro de buen amor.
Su argumento es harto conocido: lances amorosos, traiciones, aventuras y, acechando al fondo, el temible Santo Oficio. No tuvo el éxito y reconocimiento que hubiera merecido y representó la salida de Tomás Aznar de una prometedora posición en el cine español, así como el inicio de su (teórico) descenso a los infiernos pues, los siguientes guiones que escribe, Burlesque, junto a José Gabriel Ruiz Fuentes en 1977 o Adagio para una estrella, escrito en solitario al año siguiente, no se rodarán. Su productora, Cinevisión, se une a Almena Films para producir Escalofrío (1978), la segunda película de Carlos Puerto y otras producciones de aventuras dirigidas por Piquer Simón.

Fotograma de ‘Viva-muera Don Juan Tenorio’
Y llegamos a Más allá del terror.
En 1980 el cine de género español y especialmente el de terror no vivían su mejor momento. Tras unos años sesenta prolijos en coproducciones con Italia o Alemania que llevaron a los cines de todo el mundo películas protagonizadas por agentes secretos de saldo y vaqueros cabalgando por Almería; y unos años setenta durante los cuales hicieron lo propio con un eficaz cine de terror poblado de hombres lobo, vampiros y espectros resucitados, llegó la crisis. Ese cine pasó de moda. Dejó de dar beneficios en los mercados externos y se dejó de hacer. También llegó la Transición, y con la supresión de la censura, el españolito quiso ver todo el erotismo que se le había negado durante el franquismo.
Para intentar poner algo de orden y que no se desmadrara mucho la cosa, pues el desnudo se incluía, justificado o no, a modo de reclamo en casi todas las películas, se creó a finales de 1977 la clasificación ‘S’, que advertía al espectador que la película que se disponía a ver «por su temática, imágenes y contenido, puede herir la sensibilidad del espectador». Ya fuera por abordar temática de corte político que se estimara delicada, o escenas de violencia y sexo.
Así, lo directores que antaño se especializaron en género, pasaron a realizar incursiones en el cine erótico, como es el caso de Amando de Ossorio (Pasión prohibida), Miguel Iglesias Bonns (Violación inconfesable) o, el que más incidió en ello, Carlos Aured (Apocalipsis sexual, El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter…). Paul Naschy fue navegando dentro del género terrorífico, con algunas paradas en el cine político, el thriller e incluso la comedia, añadiendo, eso sí, las prescriptivas dosis de erotismo, lo cual le supuso alguna calificación ‘S’ (El caminante). Así que durante la segunda parte de los setenta y primera de los ochenta, prácticamente el cine de terror desapareció, quedando por el camino algunas obras difuminadas, la mayoría de bajo nivel, manteniéndose en el fantástico, además de Jacinto Molina, unos pocos directores independientes como Juan Piquer Simón y Sebastià D’Arbó, que desarrollaron su carrera durante esos años. Más allá de la muerte forma parte de ese grupo de islas dispersas en el que también están títulos como la nombrada Escalofrío (1978) de Carlos Puerto, Sexo sangriento (1981) de Manuel Esteba o Secta siniestra (1982) de Iquino. Películas de muy bajo presupuesto en las que el sexo también campaba a sus anchas tras desaparecer el corsé de la censura.
Algunas de estas películas se han convertido, pasados los años, en obras de culto. O, si no tanto, en piezas para coleccionistas completistas, tanto es así que Escalofrío, Secta siniestra y Más allá del terror cuentan con lujosas ediciones realizadas en Estados Unidos o Alemania, donde gozan de gran prestigio entre los aficionados más especializados.
Más allá del terror, al igual que el film de Carlos Puerto, fueron producidas por Cinevisión y Almena Films y coescritas entre el director correspondiente y el propio Piquer Simón que, al contrario que en Escalofrío, en la película de Aznar intervino “bastante poco: aporté alguna localización, controlé el título, el cartel, revisé el guion por encima y para de contar”[7]. En cuanto a localización, el film se rodó a caballo entre el antiguo poblado del oeste de Daganzo, creado por Philip Yordan en las cercanías de Madrid y que había adquirido poco antes, y los Estudios que poseía en la calle Pradillo. Piquer la coescribe firmándola con su seudónimo, Alfredo Casado, el mismo con el que figura como productor ejecutivo, y diseña el póster, que al igual que haría con el de Mil gritos tiene la noche, copiaría de un autor ajeno y conectado con el mundo del cómic: si en Mil gritos tiene la noche utilizó (sin acreditarlo) el trabajo de Mike Kaluta para The Shadow[8]; en el de Más allá del terror fusiló sin piedad la magnífica ilustración de Frank Frazetta para el número 11 de Vampirella (mayo 1971, Warren, USA)[9].
Original de la obra de Frank Frazetta utilizada como portada de Vampirella número 11
COPIANDO, QUE ES GERUNDIO…
Vayamos, pero, a la película en sí, con cuya sinopsis fantasea la guía original: “Más allá del terror es la historia de un grupo de jóvenes drogadictos y violentos en un mundo de crueldad y destrucción. Tienen los principales atributos humanos: amor a la agresión, al lenguaje, a la belleza. Pero no han entendido aún la verdadera importancia de la libertad, la que disfrutan del modo más sangriento… Es, en primera estancia, la tragedia de una locura, pero de una locura colectiva que va cubriéndose obsesivamente de estructuras dobles, paralelas y subyacentes hasta arribar a un plano alambicado en que la ficción y lo real intercambian sus posibilidades para descubrirnos un mundo alucinante en el que el más allá se adueña del presente y el presente se transforma en una enfermedad carcomática de seres desechados…Algo tenebroso que podría situarse en el corazón de la región onírica y esotérica del mundo… del terror”.
Leyendo semejante sinopsis, se diría que el drogado fue el encargado de redactarla. La película, como ya hemos dicho, escrita por Aznar con la colaboración de Miguel Lizondo y Alfredo Casado (Piquer Simón), mezcla el, por entonces en boga, cine quinqui con el terror, añadiendo de paso unas gotas de sexo. Una mezcla genérica que resulta, cuanto menos, sorprendente pero cuyo resultado, más que emparentar el film con los de De la Loma o Eloy de la Iglesia, se encuentra mucho más cerca del Iquino de Los violadores del amanecer (1978), de Los violadores (1981) de Paul Grau e incluso, salvando las distancias, de Coto de Caza (1983) de Jordi Grau.

Raquel Rodríguez y Alexia Loreto en ‘Más allá del terror’
La película, que se comenzó a rodar en marzo de 1980 y se estrenó el 14 de julio, sigue a cuatro amigos Lola (Raquel Ramírez), su hermano Nico (Emilio Siegrist), Chema (Francisco Sánchez Grajera) y Jazz (Martin Kordas), que no se detienen ante nada para conseguir dinero, el cual gastan en droga. Mientras roban en una cafetería son descubiertos por la policía y no dudan en masacrar a todos los clientes, trabajadores y agentes, además de al propio Jazz, que ha sido herido y al que rematan. Faltos totalmente de escrúpulos, como vemos, secuestrarán a una pareja “para cubrir las apariencias”, Linda y Jorge (Alexia Loreto y Antonio Jabalera), que resultarán ser igual o peor que los delincuentes. Prenderán fuego tras entrar y robar en una casa, quemando vivos a sus habitantes, una anciana (Andreé Van de Woestyne) y un niño (David Forrest), que vivían junto a un perro (interpretado por Sultán). Una casa que tiene una extraña decoración en sus paredes. Mientras muere, la anciana realiza una invocación y comenzarán a suceder extraños sucesos, que se intensificarán cuando el grupo se refugie en una antigua iglesia abandonada: música misteriosa, muerte y unos espectros que cobrarán vida en una pesadilla durante la cual serán visitados por el niño, su perro y la vieja dama.
Gotas de gore, mucha violencia y una escena, no demasiado gráfica, de sexo, a lo que se suman muchos elementos blasfemos e incluso incestuosos, hicieron merecedor al film de la clasificación ‘S’. Correctamente rodada, con decorados construidos en los Estudios California y exteriores localizados en Madrid, Alpedrete, Daganzo y Segovia, concretamente en Fuentes de Carbonero, un pueblo deshabitado donde se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. El templo semiderruido con la casona cercana[10] llega a ser un protagonista más en la trama, rodeado de una fantasmal niebla que le otorga un aspecto de portal a otra dimensión. El interior de la iglesia supone para los protagonistas un espacio que, al igual que sucedía con los de Escalofrío, no parecen poder abandonar. Algo que se ajusta bien al reducido presupuesto de ambas cintas.

Alexia Loreto se enfrenta a sus fantasmas en ‘Más allá del terror’
Lo cierto es que, vista ahora y en buenas condiciones, la película resulta simpática y entretenida. Un producto que ha valido la pena recuperar. Con buenas localizaciones y una atmósfera extraña que consigue que el espectador no se fije demasiado en los enormes agujeros de guion y en la alarmante economía de medios reinante. También consigue hacernos sonreír con sus diálogos y expresiones de argot, muy de su época.
A los actores, auténticos desconocidos, se les suele defenestrar sin piedad. Pero disfrazarse de lo que se entiende como quinqui y competir con los protagonistas de Perros callejeros o Deprisa, deprisa e intentar trasmitir credibilidad con semejantes diálogos es, cuanto menos, imposible. Alexia Loreto, que interpreta a Linda, es la que tuvo una carrera más prolongada en el cine, pues cubrió los años ochenta participando en todo tipo de género: terror (El carnaval de las bestias, El retorno del hombre lobo, ambas de y con Paul Naschy); acción (la inenarrable Matad al buitre); comedia (J.R. Contraataca, Brujas mágicas, El liguero mágico, El hijo del cura…); musical (La comedia musical, en TVE) hasta que, por las circunstancias que fueran, abandonó el cine. En Más allá del terror su papel cumplimentará la tasa, por entonces casi obligada, de desnudo. Antonio Jabalera, interpreta al amante de Linda y al contrario que la actriz, desarrolló su carrera durante los años setenta, principalmente en televisión, culminándola con su labor en esta película. Por la parte “quinqui” el promedio no es mucho mejor: Francisco Sánchez Grajera, que interpreta al cabecilla de la banda de malhechores, es titulado en Arte Dramático por el Instituto del Teatro de Barcelona y daba el tipo para esta clase de personaje, por eso ya venía dehaber participado en La patria del rata (Francisco Lara Polop, 1981) cinta que se enmarca también dentro del cine quinqui. Haría poco más en el cine, pero mucho menos haría su compañera en la banda, Lola, (Raquel Ramírez), que tan solo participó en esta película. Como se intuye la actriz procede de otro mundo interpretativo, algo que confirma Grajera, “era una extraordinaria artista, que era bailarina, cantante de jazz y de lo que le pusieras. Era una persona que me interesaba muchísimo, porque era muy inteligente. Estuvo en The Rocky Horror Show, en Jesucristo Superstar, y en otros muchos musicales, y actuaba en boites y discotecas en las que había espacio para la canción de mayor calidad. Yo la respetaba y la quería mucho”[11]. Emilio Siegrist, por su parte, debutó en la excelente Los claros motivos del deseo (Miguel Picazo, 1976), tras lo cual estuvo realizando pequeño papeles en todo tipo de producciones durante sus 20 años de carrera cinematográfica.

A pesar de que Piquer Simón siempre declaró estar satisfecho con la recaudación obtenida con Más allá del terror, la -por otro escasamente fiable- web del Ministerio de Cultura declara un monto de 461.196, 41 pesetas de recaudación en taquilla, con 532.250 espectadores. Algo que no parece demasiado, teniendo en cuenta que costó unos 20 millones de pesetas (120.000€ aprox.). Así que quizás las ganancias a las que se refiera Piquer Simón sean las obtenidas en el mercado doméstico y exterior. No en vano aseguró a la prensa que la película estaba vendida antes del rodaje a Estados Unidos[12], Inglaterra e Italia.
También recibe fuertes pullazos por parte de la escasa crítica que se digna a hablar de ella: “Difícilmente pueden darse, en una película, tantas torpezas y tantas pruebas de ignorancia y tantas ocasiones de ejercitar la vergüenza ajena como se dan en ‘Más allá del terror’” escribía Pedro Crespo en ABC[13]. “El empeño -marcado con la denigrante ‘S’-“, prosigue Crespo, “no pasa de ser un ‘producto’ que, con mayor profesionalidad, alcanzaría la poco deseable calificación de ‘porno-terrorífico-blasfematorio’, y que se queda, simplemente en una colección de groserías, truculencias y trucos fallidos realmente lamentables”. Tras este tropiezo en carteleras, la carrera de Aznar ya fue en caída libre.
C’est facile et ça peut rapporter… 20 ans, conocida por estos lares como Un gendarme en Benidorm, es una extraña comedia que según donde se consulte, se acredita diferente director y nacionalidad. Parece más que claro que se trata de una producción enteramente francesa, pues tanto las productoras, como el equipo técnico, sus protagonistas y la mayor parte de los secundarios lo son. Pero al estar rodada en Villajoyosa (Alicante) -que no en Benidorm- y contar con algunos nombres españoles en su reparto, se ha tendido a considerar, en nuestra opinión, erróneamente, española. También se atribuye alegremente a Tomás Aznar, pero estamos convencidos de que no fue así. Jean Luret, tanto su director, de prolongada trayectoria en el porno galo, como los protagonistas, son cómicos totalmente desconocidos en nuestro país, así que nos cuesta pensar, a pesar de estar incluida en el inventario de la web del Ministerio de Cultura, que se trate de una película española e incluso de una coproducción (se llega a decir que es coproducción entre España-Francia y Canadá). La película cuenta con la participación de Rafael Alonso (Alonzo en los títulos) totalmente doblado con una voz grave; Ricardo Merino (Melino en créditos); Emilio Linder, como ligón de playa; y Rafael Hernández. También se especifica en diversas fuentes la participación de Carla Antonelli, pero ni está ni se la espera… Es posible que en nuestro país fuera editada en formato video, y de ahí su título español, pero no hay constancia de que se estrenara en cines.
A pesar de que este engendro no sea atribuible a Aznar, sí que lo es su última película, Playboy en paro (1984),
producida por José Frade con guion del prolífico Juan José Alonso Millán, responsable de los guiones de memorables comedias, aunque, en este caso, no se encontrara en estado de gracia. Playboy en paro es un encargo alimenticio que Tomás Aznar acomete como mejor puede. Una comedia de la época a remolque de los grandes éxitos de Mariano Ozores, pero sin llegar a su solvencia. A pesar de contar con la presencia de un Andrés Pajares, que acababa de terminar su colaboración con Fernando Esteso, y una poco inspirada Silvia Tortosa como protagonistas; además de los siempre eficaces veteranos José Sazatornil ‘Saza’, Gracita Morales y José Luis López Vázquez, a los que da bastante grima vez en este subproducto; y a los que se suman los jóvenes talentos de Azucena Hernández y Alejandra Grepi. También, a modo de curiosidad, puede verse a José Luis Ayestarán (Supersonic Man, Tarzán…) luciendo palmito. Chascarrillos políticos muy de su época y hoy totalmente desfasados, equívocos y saltos de cama en cama en una forma de entender la comedia que comenzaba a agonizar.
Tomás Aznar falleció en Madrid en 1996 dejando un reducido legado fílmico, y si hoy es recordado, no es por el éxito de la hoy olvidada El libro de buen amor (casi 2 millones y medio de espectadores), sino por Más allá del terror (que llevó al cine en su momento a tan sólo medio millón de almas), film que primero se convirtió en pieza de culto entre buscadores de rarezas, especialmente tras su edición en VHS y que, rescatada por los norteamericanos tras su paso por sus cines y videoclubs, ha sido restaurada en 4K por el sello especializado Cauldron, que la ha puesto (dignificada) a disposición del aficionado con una insuperable edición en blu-ray.
Carlos Benítez (Artículo publicado previamente en el fanzine ‘El Buque Maldito’)
NOTAS
[1] Cuyo artículo ‘Juan Piquer Simón. Arte y negocio de la fantasía’ incluido en la primera edición del libro Juan Piquer Simón, mago de la serie B, (Museo Fantástico, 2011), en el que también tuvimos ocasión de participar, ha sido de estimable ayuda.
[2] En “El reencuentro con la niñez. Entrevista a Juan Piquer Simón” realizada por Miguel Ángel Plana e incluida en Juan Piquer Simón, mago de la serie B (Museo Fantástico, 2011) y previamente en el fanzine Flash-Back número 3 (otoño 1994).
[3] ALCALÁ, M. “Gran éxito de la sección informativa y cultural”. ABC (Edición Andalucía) del jueves, 24 de abril de 1975, pág. 67.
[4] TRENAS, P. “El libro de buen amor, un estreno poco feliz”. Blanco y negro, 16 de agosto de 1975, pág. 83.
[5] MASO, A. “El libro de buen amor”. La Vanguardia, miércoles 18 de junio de 1975, pág. 61.
[6] LÓPEZ SANCHO, L. “El libro de buen amor, loable ensayo en un gran camino para el cine español”. ABC, miércoles 6 de agosto de 1975, pág. 39.
[7] VALENCIA, M. “Entrevista. El cine de género desde la trinchera”. Cine fantástico y de terror español. Donostia Kultura, 1999, pág. 430
[8] Concretamente The Shadow – The Master of Men (1976)
[9] Pintura mítica que también se plagió y utilizó, sin ningún tipo de reparo, para el póster de The Witch Who Came from the Sea (Matt Cimber, 1976).
[10] Recientemente el templo ha sido reconstruido por iniciativa popular y habilitado nuevamente como lugar de oración.
[11] SALVADOR ESTÉBENEZ, J.L., “Entrevista a Francisco Sánchez Grajera, protagonista de «Más allá del terror»”. La Abadía de Berzano, 11 de junio de 2021 <https://cerebrin.wordpress.com/2021/06/11/entrevista-a-francisco-sanchez-grajera-protagonista-de-mas-alla-del-terror/>
[12] Donde recibió diferentes nombres: Beyond Terror, Further Than Fear y Terror Gang
[13] CRESPO, P. “Más allá del terror, de Tomás Aznar”. ABC, sábado 9 de agosto de 1980, pág. 35.

Estreno de ‘Más allá del terror’ en Broadway con ‘La marca del hombre lobo’
Paul Naschy: los años de hierro.

Los siguientes videos, que nos han sido amablemente cedidos, constituyen un testimonio de una época, la de los noventa, en la que Paul Naschy no vivía sus mejores momentos. Algunos de ellos han permanecido inéditos hasta ahora, y en ellos podemos ver a Naschy presentando su homenaje en la Filmoteca de Madrid o en una viva entrevista sin cortes en la que el actor habla sobre el cine fantástico español y narra el difícil momento personal que vivía.
Unos momentos duros que afortunadamente remontó.
A mediados de los años noventa la vida y carrera de Paul Naschy dio varios reveses. Diez años antes y tras el esplendor del género fantaterrorífico español durante los años setenta, el actor vivió uno de sus mejores momentos con los rodajes realizados en Japón, mediante los cuales pudo realizar un buen número de películas, series y reportajes. Pero todo terminó, y de nuevo en España tuvo que enfrentarse con una sequía de contratos y una situación laboral totalmente adversa. El aullido del diablo (1988) se convirtió en una experiencia casi traumática que no llegó a estrenarse salvo en un canal televisivo en una hora intempestiva. Para postre, la década de los noventa comenzó con un ataque al corazón del que pudo salir gracias al constante apoyo de su familia. Después de varias colaboraciones y films menores, en 1993 La noche del ejecutor, un film sobre justicieros urbanos, tampoco pudo verse en condiciones y los noventa continuarían anodinamente para Paul, a pesar de que es recordado y homenajeado en el extranjero (Londres) e incluso España, donde recibe la medalla de honor del Círculo de Escritores Cinematográficos y es homenajeado por la Filmoteca Nacional, que proyecta un extenso ciclo dedicado a él con títulos como La noche de Walpugis, El retorno del hombre lobo, El caminante, El jorobado de la morgue, El huerto del francés o El espanto surge de la tumba.
Afortunadamente en 1993 sale a la venta un libro que habla del cine de terror realizado en España, teniendo como icono a Naschy y escrito por Adolfo Camilo Díaz.
1994 no fue un año especialmente productivo para el director y actor en cuanto a producción cinematográfica, pero al menos pudo comenzar su andadura con el Festival de Cine Fantástico de Burgos, implicación que tuvo corta duración. Poco después la situación laboral le sumió en una depresión de la que afortunadamente pudo resurgir. Licántropo (1996, Francisco Rodríguez Gordillo), fallido retorno a las salas de exhibición de Waldemar Daninsky, volvió a demostrar, a pesar de todo, que Naschy continuaba en forma. Y si bien el film no fue del agrado de todos (comenzando por el mismo actor) sí consiguió volver a ponerlo en la palestra.
Después vinieron homenajes y rodajes en Estados Unidos y la revalorización de Naschy por parte de los que nunca le abandonaron: sus fans.
Los últimos años del actor fueron ricos en experiencias: una autobiografía; rodajes como el de School Killer (2001, Carlos Gil), Rojo Sangre (2004, Christian Molina) y La herencia Valdemar (2010, José Luis Alemán) ;la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes; DVD’s que recuperaban lo más granado de su obra; el reconocimiento del Festival de Sitges y todo ello sin olvidar su aportación al mundo de cómic junto a Javier Trujillo, que acercó al actor a nuevas generaciones de fans, sin olvidar la magnífica biografía La Máscara de Jacinto Molina de Ángel Agudo, resposable también del documental El hombre que vió llorar a Frankenstein. En resumen, un conjunto de experiencias que hicieron más llevaderos los últimos años de un actor que estuvo prácticamente en activo hasta su último suspiro.
LOS VIDEOS
Los he incluído a pesar de las deficiencias de sonido e imagen. Sin duda el que contiene la entrevista es el más interesante, además de ser el más completo tecnicamente.
PRESENTACIÓN DEL CICLO EN LA FILMOTECA DE MADRID (1993)
Presentación ciclo en la filmoteca dedicado a Paul Naschy 1993) from Proyecto Naschy on Vimeo.
MESA REDONDA (1993)
ENTREVISTA (1994)
Entrevista a Paul Naschy (1994) from Proyecto Naschy on Vimeo.
Únicamente queda agradecer a la persona que nos los ha cedido amablemente la atención tenida con nosotros.

Últimos comentarios