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Entrevistamos a John Tones autor de ‘Empire: El cine de Charles Band Vol. 1’
Dentro de la colección La generación del Videoclub de Applehead Team, John Tones, un nombre más que reconocido dentro del fandom y la crítica cinematográfica publica ‘Empire: El cine de Charles Band Vol. 1‘, un estudio en profundidad, y cuando decimos en profundidad hablamos de 500 páginas, con todo lo que ha dado de si el sello Empire, que tutelado por Band, produjo cosas como Ghoulies, Trancers, Eliminators, Creepzoids, TerrorVision, Dolls, Robot Jox, Troll y, claro, Re-Animator y From Beyond, títulos que hicieron ganar mucho dinero al productor, tanto en salas cinematográficas como después en los videoclubs de todo el mundo. Y cuyas ganancias engorilaron a Band de tal modo que llegó a comprar en Italia un castillo del siglo XII con intención de utilizarlo como base europea de operaciones y lugar de rodaje. Charles Band también compró Dino de Laurentiis Cinematografica, el estudio fundado por Dino De Laurentiis en 1946. Y todo ello sucedió en un periodo que cubrió de 1983 a 1988, año en el que los problemas financieros hicieron que Empire se fuera a pique… y Charles Band se embarcar en Full Moon. Pero esa es otra historia y otro libro y de momento, John Tones y Applehead Team han lanzado este primer y voluminoso tomo con el que el autor nos lo cuenta todo sobre Empire.
Dejemos pues que sea el propio John Tones el que nos explique como ha podido repasar toda la filmografía del sello Empire y sobrevivido a semejante exposición al cine fantástico y de terror de los años ochenta.
¿Cómo surge la posibilidad de realizar este proyecto?
Applehead ya tenía un proyecto de características similares en mente, y yo llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de revisar todo el cine de Empire y Full Moon y publicarlo de algún modo, quizás en algún blog. Surgió esta oportunidad y no me lo pensé demasiado, pese a que el trabajo ha sido considerable: he revisado todas las películas de Empire, muchas no las había vuelto a ver desde los tiempos del VHS y algunas muy concretas no había podido verlas aún. El resultado son quinientas hermosas páginas de repaso de todo el cine de Empire, y me ha llevado un par de años porque no siempre he tenido la disponibilidad que me habría gustado para avanzar con el tocho.
¿Cómo has enfocado el trabajo?
Al ser un número limitado de películas, algo más de sesenta, y de todas poder decir algo relevante o significativo dentro de la historia de Empire, simplemente las he analizado en orden cronológico. Dentro del comentario de cada una, iba incluyendo las disgresiones necesarias para contextualizarlas en la historia de Empire. Así, en un momento dado de principios de los ochenta, hablo del nacimiento de Wizard Video, la distribuidora de VHS de Band, y según se va acercando el final de los ochenta de sus problemas financieros. He intentado también ir revisando por encima el trabajo fuera de Empire de sus muchos colaboradores técnicos e intérpretes recurrentes. Bajo una apariencia de videoguía o listado cronológico de películas he intentado hablar de por qué es tan importante Empire: más allá de los títulos que produjo, lo fue por el entramado de artistas que en algún momento colaboraron con Band, lo que arroja una perspectiva bastante amplia sobre la producción de serie B de la época en Estados Unidos.
¿Cuántas películas te ha supuesto escribir estos libros?
La producción de Charles Band Productions y Empire es de 64 películas, que he vuelto a ver en su integridad (con mucho gusto en la mayoría de los casos, la verdad). A ello se suma el típico completar algún fleco aquí y allá para redondear el texto. Parece mucho, pero el drama va a venir con el libro de Full Moon, donde claramente no podré seguir una estructura tan exhaustiva.
¿Cual es la peor y la mejor película que has tenido que repasar?
Las mejores son las que sabemos todos que son las mejores: Re-Animator, Dolls, Re-Sonator, Ghoulies, Trancers… son las que median entre el bombazo de Ghoulies, el afortunado encuentro de Empire con Stuart Gordon y la inversión generosa en presupuestos no enormes, pero sí lo suficientemente holgados como para que las películas no se resolvieran de forma apresurada. Mi favorita es, sin duda, Re-Animator, una auténtica película-milagro que significó la confluencia de muchísimos talentos creativos y una mezcla explosiva de valor, sentido del riesgo y suerte.
Por otra parte, las peores también son fáciles de identificar: en la segunda mitad de los ochenta, cuando a Band le entraron las prisas por producir películas que se rodaban en diez días con presupuestos bajísimos. Les tengo manía a muchas, pero me resultan especialmente cargantes las comedias de Gorman Bechard como Psychos in Love, Galactic Gigolo y Cemetery High. También es muy odiosa Arma mortal, una pseudo-secuela de la estupenda El rayo destructor del planeta desconocido.
¿Ha ganado el cine de Charles Band con el tiempo o es un fenómeno exclusivamente de su época, destinado ahora a nostálgicos?
Particularmente pienso que no es un cine exclusivamente para nostálgicos, pese a que la estética, medios y circunstancias de la mayoría de sus producciones son muy de su época. Sus mejores películas mantienen intactos sus valores: la perfección de los efectos especiales de animación de David Allen y el descaro de los muñecos de goma de Ghoulies o Troll. La agudeza del guión de Trancers o la explosión de creatividad de Re-Animator o Re-Sonator, absolutamente incomparables con la mayoría del cine de terror actual. No hace falta perdonarles la vida ni echar mano de la nostalgia para disfrutar de ellas. Son películas directas y baratas, la mayoría en torno a los setenta minutos y que en casos abiertamente de explotación y buscando el dinero rápido, como Creepozoides, Rawhead o El morador de las tinieblas, brillan por su desvergüenza y por un ir al grano del que carece la serie B actual, digital, feísima y demasiado autoconsciente.
¿Qué crees que tiene aquel cine para que se siga hablando y escribiendo de él?
El cine de serie B de los ochenta tiene un espíritu muy difícil de describir y que creo que se resume en que no necesitaba justificarse para ser loco, ridículo, imaginativo o extraño. No pedía permiso al espectador ni necesitaba contenerse para no pasarse de la raya. Por eso a veces las películas tienen esas explosiones de ideas que no se sabe de donde salen, o tienen tantos altibajos, la sensación era que se echaban los restos, también en espíritu, con cada película (en las buenas, claro), y ahora el género no funciona así. Exigimos a los monstruos que den mucho miedo y que estén muy torturados para autoconvencernos de que no estamos perdiendo el tiempo, o todo lo contrario, exigimos el cartel de la ironía y la nostalgia con letras fluorescentes para que nos quede claro que todos participamos del chiste. Creo que ese espíritu tan libre, que se perdió con la desaparición de los presupuestos medios y con la sobredosis actual de información, es lo que nos hace volver una y otra vez a ese cine. Re-Animator, Re-Sonator, Dolls, Presidio, Terrorvision, recuperadas ahora siguen sorprendiendo por su descaro y atrevimiento, lo que hace que no envejezcan tanto como producciones de ayer mismo.


Escarbando en los cajones de Empire y Full Moon ¿has encontrado alguna joya que te haya sorprendido? ¿Que desconocieras?
Me ha sorprendido que algunas películas con las que temía reencontrarme me hayan gustado incluso más que en su día: algunas como Terrorvision, El rayo destructor del planeta desconocido, Creepozoides o Rawhead conservan su frescura y su potencia, para mi sorpresa. Descubrimientos absolutos ya ha habido menos, pero alguno ha habido: Mujeres caníbales in the Avocado Jungle es quizás la parodia más frenética e inteligente de Empire, oculta bajo una apariencia de explotación selvática. Catacombs no la conocía y también ha sido una sorpresa total, con una atmósfera y unos efectos que son una delicia.
¿Incluyes entrevistas?
Por desgracia no he incluido, aunque sí hay gran cantidad de declaraciones procedentes de fuentes muy diversas. Mi intención para el libro de Full Moon es hablar con los responsables del sello para que me cuenten su experiencia en primera persona.
¿Estás satisfecho con la edición que ha realizado Applehead Team?
Sí, las ediciones de Applehead son estupendas y destacan sobre todo por su amplísima documentación gráfica. En un tema como Empire, donde las portadas brillaban con tanto ímpetu como las propias películas, es un aspecto importante, y lo han trabajado mucho, intercalando carátulas en color con cada ficha.
¿Tendrá presentación tu libro durante el inminente Festival de Sitges?
¡Sí! Miércoles 10 de octubre a las 18 horas.
Pues esto es todo. Añade lo que quieras
El libro está hecho desde la devoción absoluta a un cine irrepetible. Si ese entusiasmo se ha conseguido comunicar y contagiar al lector, misión cumplida. Y nos leemos en el volumen 2.
Se publican muchos libros sobre cine, pero pocos cuentan con la garantía de estar escritos, ya no solo por un cinéfago y cinéfilo de categoría, sino además, por alguien que narra y escribe de manera tan ágil como John Tones, cuyas 500 páginas a buen seguro serán una compañía deliciosa… y delirante.
Peter Nanoogian y el rodaje de ‘Eliminators’
Tras unas primeras incursiones en el mundo del cine realizando, entre otras tareas, la de asistente de director para algunas de las más destajistas productoras norteamericanas como la New World de Roger Corman, Cannon o Embassy, donde asiste al propio Charles Band en la dirección de Parásito (Parasite, 1982) y Metalstorm: The Destruction of Jared-Syn (1983), Peter Nanoogian parecía estar más que preparado para librar su propia batalla, así que tras participar en el filme episódico El amo del calabozo (Ragewar /The Dungeonmaster, 1984), para el que escribe y dirige el segmento Cave Beast, recibe el encargo de Empire de hacerse cargo de Eliminators, una producción que en principio se pensaba rodar en Florida contando con una fuerte inversión por parte de Bob Guccione, propietario de Penthouse. Financiación que le permitiría contar con unos efectos especiales de John Buechler presupuestados en 200.000 dólares. Pero al volver de buscar localizaciones en los Everglades y los pantanos de Florida, Manoogian se llevó el gran chasco al ser informado de los nuevos planes que Band tenía para la producción:
“Charlie Band me dijo: ‘Peter, no haremos la película en Florida porque he decidido que no quiero tener ningún compañero coproductor en ella. Yo mismo aportaré el dinero y la haremos por 600.000 dólares en España’. Me dejó destrozado. Le contesté: ‘Charlie, la película está ambientada en los Everglades’. Me dijo: ‘¡No te preocupes, encontraremos una selva en España!’”[1]
Charles Band había oído hablar de lo ajustado de presupuesto que le habían resultado a Eduard Sarlui de Transworld Pictures las dos producciones que rodó en España, Leviatán (Monster Dog, Claudio Fragasso, 1984) y Cosmos Mortal (Alien Predator, Deran Sarafian, 1985). “Charlie quedó tan impresionado de que se pudiera hacer una película con tan poco dinero que pensó que debería financiarla él mismo y así ganaría mucho más dinero. Así que tuve que buscar localizaciones en España y reescribimos el guión”. [2]
Eliminators contó con el guión de Paul de Meo y Danny Bilson, guionistas de confianza de Band que volverían a colaborar con Nanoogian en Arena, ring de las galaxias (Arena, 1989). Lo cierto es que la historia que escribieron no es demasiado compleja:
Takada (Tad Horino) y Reeves (Roy Dotrice) son dos científicos que disponen de una máquina del tiempo, con la que envían al pasado a su mandroide (Patrick Reynolds). Cuando el despiadado Reeves sugiere a Takada que desmantele al Cyborg, pues ya ha dejado de serles útil, este intentará escaparse con él. En su huída Takada será herido de muerte por los secuaces de Reeves, no sin antes indicarle al mandroid que debe buscar al Coronel Hunter.
El Coronel Hunter resultará ser Nora Hunter (Denise Crosby), una atractiva científica que tras escuchar lo que le cuenta el mandroide, entenderá que sus descubrimientos han sido utilizados para crear aberraciones (como el propio Cyborg). Partirá pues junto a él para enfrentarse a Reeves. Con ellos irá el pequeño robot Spot y Harry Fontana (Andrew Prine), un aventurero al que contratarán para que les lleve en su barco a la isla donde está el laboratorio de Reeves, cerca de México. Finalmente se les unirá Kuji (Conan Lee), un Ninja que resultará ser hijo de Takada y que al enterarse del fin de su padre, se unirá al grupo para vengarse.
Una vez en la fortaleza de Reeves, descubrirán que ha modificado su cuerpo convirtiéndose en un poderoso mandroide y que planea viajar al pasado para convertirse en César de la antigua Roma. Pero gracias a la intervención de los Eliminators, Reeves terminará en la era Silúrica, millones de años antes de la aparición del hombre en la tierra[3].
Los resultados, como no podía ser de otra forma no satisficieron al director, que tenía claras las carencias del producto: “Mi problema principal con la película fue el guión. Es como un dibujo animado (…) no es el tipo de película que quisiera hacer, es como un Indiana Jones de pobre. Si vas a hacer una película como esa, tienes que hacerla por 30 millones de dólares y dejar que la acción brille. Pero Charlie no deja que ese tipo de contratiempos lo detengan, lo cual explica por qué ha hecho más de 200 películas”[4].
La cinta se inicia con unos confusos títulos de crédito compuestos por un batiburrillo de imágenes entre las que vemos un ser con media cara ‘a lo Terminator’, romanos (sí, romanos) y alguien que tiene un accidente de avión. La perplejidad da paso sin respiro al comienzo de la película que se desarrolla en el laboratorio donde conoceremos a los doctores Takada y Reeves y al mandroide, un organismo cibernético creado con partes mecánicas y orgánicas. Aunque el aspecto de su cara es insultantemente similar al que lució ese mismo año Arnold Schwarzenegger en Terminator, de James Cameron, lo cierto es que ciertas características de su diseño nos trae a la memoria a Robocob, lo cual resulta curioso, ya que la cinta de Paul Verhoeven no se estrenaría hasta tres años después del estreno de Eliminators. También comparte con el protagonista del filme de Verhoeven que ambos personajes tan solo conservan de humano la cabeza, siendo el resto mecánico. Así vemos como adapta armas a su brazo o sustituye sus piernas por lo que llama ‘unidad móvil’, accesorios que resultarán, tal y como veremos a lo largo de la cinta, francamente ineficaces: las armas lanzan unos proyectiles con sonido y aspecto de cohete verbenero, y la ‘unidad móvil’ más que velocidad y autonomía, ralentiza y entorpece el desplazamiento del mandroide. Eso sí, esta ‘unidad móvil’ luce magníficamente bien en los carteles promocionales y carátulas del filme.
Además del cyborg tenemos otro ingenio futurista, Spot, (Search, Patrol Operacional Tactician), un pariente lejano de R2-D2 con aspecto de aspiradora que pretende ser un desahogo simpático a la acción y un guiño hacia el público infantil. Spot terminará siendo una especie de compinche del mandroide, llegando a situarse en su hombro, como si del loro un corsario se tratara. Continuando con los paralelismos efectuados con la saga galáctica, Harry Fontana sería el equivalente, en pobre, a Han Solo: un buscavidas que con su barco (de significativo nombre, No questions!), llevará al grupo a su destino y terminará luchando codo a codo junto a los protagonistas. La taberna donde será contratado no tendrá tanta clientela de diversos pelajes como la que muestra el filme de George Lucas: los principales competidores de Fontana para hacerse con el encargo del grupo de aventureros será Betty Bayou, (claramente una lesbiana) y su compañero Maurice (un homosexual). Dos arquetipos sexistas que perseguirán a los protagonistas con su lancha y serán ridiculizados en diversas ocasiones pretendidamente cómicas.
Pero no todo es acción en Eliminators. También se intenta introducir con calzador su cuota de drama e interés romántico cuando vemos que el mandroide conserva parte de su memoria humana. Averiguamos que se llamaba John, tenía mujer e hijo y se estrelló con un avión antes de ser convertido por los doctores Reeves y Kanada en un mandroide para sus experimentos. También comenzará a tener dudas existenciales, llegando a pedir a la doctora que lo desactive en una escena que desemboca en algo parecido a un intervalo romántico que terminará en un beso interrumpido por el simpático SPOT.
Ya en la isla el grupo tendrá más aventuras: serán apresados por unos extraños seres que resultarán ser neandertales traídos por Reeves con su máquina del tiempo; y se les unirá un nuevo miembro, Kuji, un Ninja que resultará ser hijo del doctor Takada. Porque no hay nada más natural que el hijo de un científico se haga Ninja. Kuji va equipado con sus nunchakus, un elemento que por cierto se censuró en Inglaterra, donde había una ley que no permitía mostrarlos, así que esta escena fue recortada en las ediciones de video que se editaron en la pérfida Albión.
La delirante aparición del Ninja motivará que incluso Harry Fontana exclame algo que muchos espectadores piensan:
“¿Esto qué es? ¿Un cómic? Tenemos robots, tenemos cavernícolas, tenemos Kung-Fu… Pero ya está bien, ¿entienden?: renuncio”
Es posible que el personaje hablara por boca del director, el reparto, el equipo y gran parte de los espectadores, pero faltaba el delirio final, protagonizado por Abbott Reeves, que convertido en una poderosa reinona Cyborg, con capa y escudo y armado con un rayo destructor de átomos, planea ir a la antigua Roma para ser su nuevo César. Pero como ya hemos indicado antes, nuestros amigos terminarán con sus planes enviándolo, de forma casual, a la era Silúrica.
Con semejantes medios y argumento fue todo un mérito que los actores se tomaran medianamente en serio sus papeles pero, ¿Quién puede censurárselo?
Denise Crosby no resulta en Eliminators nada creíble como mujer de acción. Nieta de Bing Crosby, al que nunca llegó a conocer, Denise fue en 1979, con tan solo 22 años, protagonista de un soberbio reportaje fotográfico en Playboy que posiblemente hizo revolverse en su tumba a su mítico abuelo, fallecido tan solo dos años antes. Pero a Denise le llegó la inmortalidad (o algo así) gracias a que llegó a entrar a formar parte de Star Trek, la nueva generación (Star Trek: The Next Generation), donde encarnó durante siete años a la Teniente Tasha Yar, papel que compaginó con otras series televisivas y películas como Muñeco diabólico (Child’s Play, Tom Holland, 1988), El cementerio viviente (Pet Sematary, Mary Lambert, 1989) o Il ritmo del silenzio (Andreas Marfori, 1993), junto a Traci Lords. En la actualidad continúa realizando pequeños papeles para cine y televisión, además de acudir a convenciones Trekkies.
El mandroide / John está encarnado por Patrick Reynolds, otro nieto ilustre, ya que su abuelo era nada menos que R.J. Reynolds, fundador de una de las más importantes industrias tabaqueras norteamericanas (Camel, Winston…). Patrick estudió cine y su documental Berkeley se presentó en Cannes en 1970. Fue invitado por Robert Altman a participar en Nashville (1975), a raíz de lo cual decidió dedicarse a la actuación, faceta en la que no tuvo mucha suerte a tenor de su filmografía, compuesta por series de televisión y pequeños papeles en largometrajes, muchos de ellos sin acreditar, como hippy bailarín en Hair (Milos Forman, 1979); Hare Krishna en Aterriza como puedas (Airplane!, Zucker, Zucker y Abrahams, 1980) o bailarín en Xanadú (Xanadu, Robert Greenwald, 1980). Así que su primer y único papel importante fue el que le proporcionó Eliminators, experiencia que Reynolds no ha dudado en calificar como los tres meses y medio más memorables de su vida.
En todo caso si el actor se ha hecho popular no ha sido por el cine, sino por la campaña que inició contra el consumo de tabaco mediante su organización por una América libre de humo. Y es que, paradójicamente, el nieto se rebeló contra el imperio que su abuelo ayudó a fundar.
Andrew Prine es, como Harry Fontana, posiblemente uno de los actores que quedan más aparentes en el filme. Y es que Prine es un prolífico actor de teatro, televisión y en menor medida, cine, al que pueden ver en películas como El milagro de Anna Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962) o Chisum (Andrew V. McLaglen, 1970), pero también en La tumba de la isla maldita (Julio Salvador / Ray Lanton, 1973), una coproducción hispano-americana rodada en Turquía en la que compartía reparto con Teresa Gimpera, Patty Shepard y Frank Braña. Tras su intervención en Eliminators su carrera sorprendentemente no se resintió y continuó su itinerario por diferentes series televisivas. Recordado es su papel como uno de los visitantes de la serie V (1983). Recientemente Rob Zombie contó con él para que realizara un pequeño papel en The Lords of Salem (2012).
Aunque se tuvo en consideración a Don ‘The Dragon’ Wilson, para el papel de Kuji el Ninja, finalmente fue Conan Lee quien interpretó y coreografió sus intervenciones en el film. Nacido en Hong-Kong como Lloyd Hutchinson, Conan ha realizado su poco remarcable carrera a caballo entre su lugar de nacimiento y Estados Unidos. Estudiante de Wing chun, Kung-fu, Taekwondo, Karate y boxeo, creó su propia arte marcial que bautizó como ‘Realistic Fist’.
Roy Dotrice es un prolífico profesional británico que dos años después de interpretar a Leopold Mozart en Amadeus, de Milos Forman, se las tuvo que ver encarnando al villano de la función, Abbott Reeves, en Eliminators. Todavía muy en activo, su papel más reciente es en la serie Juego de tronos (Game of Thrones).
Como ya se ha comentado con anterioridad, Charles Band decidió que la producción se rodara en España, contando con parte autóctona del equipo y del reparto. Como ejecutivo de producción, por la parte americana se contó con un hombre de confianza de la compañía, Dennis Stuart Murphy, responsable de otros producciones como Re-Animator; Zone Troopers (1985) de Danny Bilson (uno de los guionista de Eliminators); Torok el Troll (Troll, John Carl Buechler, 1986) o Dolls (Stuart Gordon, 1987). Pero para la parte española, esta labor la realizó el director Carlos Aured, detengámonos un momento en este nombre.
Carlos Aured, que inició su carrera como ayudante de León Klimovsky, se lanzó a la dirección en solitario realizando algunos de los más memorables títulos españoles del terror de los setenta como El espanto surge de la tumba (1973), El retorno de Walpurgis (1973) o La venganza de la momia (1973). Cuando llegó el boom del cine ‘S’ dirigió varias cintas eróticas, entre las que destacaron La frígida y la viciosa (1981) y El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter… (1981). Cuando recibió la propuesta de colaborar en algunas coproducciones con Estados Unidos, Carlos Aured “quería descansar, replantearme las cosas y meditar sobre la insoportable levedad del ser, así que me pareció una buena idea”[5]. En la primera de ellas, Leviatán (1984), cinta dirigida por Clyde Anderson (Claudio Fragasso) y lanzada en video como Monster Dog, título que también recibiría en Estados Unidos, Carlos Aured realizó labores de producción y guión. En Cosmos mortal (Alien Predator, Deran Serafian, 1985) rodada casi a la vez que la anterior, también se encargó Aured de la producción.
Posiblemente su participación en estos dos títulos facilitó el que Carlos Aured trabajar en Eliminators, una decisión que como veremos terminará lamentando. Otros técnicos y actores españoles que habían participado en estas cintas se incorporaron a la producción Empire, como el actor Charly Bravo o el director artístico Gumersindo Andrés, que trabajó en los tres proyectos. En Eliminators se encargó de ambientación y decorados. Con una larga carrera a sus espaldas, Andrés había trabajado en los años setenta en muchas películas de terror, coincidiendo con Carlos Aured en El espanto surge de la tumba (1973), La venganza de la momia (1973) y Los ojos azules de la muñeca rota (1974).
La producción también contó con la participación del realizador cinematográfico Francisco Lara Polop como asistente de director.
Los efectos especiales de maquillaje estuvieron, por la parte americana, a cargo de Everett Burrell, responsable el año anterior de los de Re-Animator (Stuart Gordon, 1985). Y por parte española estuvieron a cargo de Carlos Paradela, que creó maquillajes especiales para La furia del hombre lobo (José María Zabalza, 1972) o El buque maldito (Amando de Ossorio, 1974), por nombrar algunos de sus múltiples trabajos. Su hija Mar Paradela, que debutó en Eliminators encargándose de peluquería, compaginó este trabajo con el de maquilladora hasta la actualidad en películas como El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), o las series Hispania e Isabel, de TVE.
En cuanto a los intérpretes españoles, su participación fue muy poco destacada:
Luis Lorenzo interpreta a Maurice, uno de los roles de afeminado que tantas veces interpretara en cine y televisión. Nos viene a la memoria el de hombre lobo amanerado en El liguero mágico (Mariano Ozores, 1980) o su personaje en El chiste (Eduardo Manzanos, 1976); el chamán neanderthal está interpretado por Pepe Moreno, actor nacido en Chiclana (Cádiz) con una larga trayectoria entre la que destaca El huerto del Francés (Jacinto Molina, 1978); Charly Bravo, que encarna al barman de la taberna donde los protagonistas contratan los servicios de Harry Fontana, tiene una larguísima filmografía, en la que destaca, precisamente por ser uno de sus contados papeles protagonistas, el de Robin Hood nunca muere (1975) de Francesc Bellmunt, cinta de aventuras que produjo Profilmes. En 2012 Charly Bravo, junto a otros actores olvidados por la industria, fue homenajeado en el documental Contra el tiempo de José Manuel Serrano Cueto. Finalmente la cinta cuenta con la presencia de un joven Gabino Diego, que interpreta un minúsculo papel como vigilante de seguridad.
Eliminators fue rodada íntegramente en Madrid, de junio a mediados de octubre de 1985. Patrick Reynolds recuerda que el tiempo fue especialmente caluroso.
Peter Nanoogian, que llegó a Madrid acompañado de Marc Ahlberg, el director de fotografía y de su ayudante de dirección, no sabía gran cosa sobre el equipo español que iba a encontrarse, y mucho menos sobre Aured: “No conocía su trayectoria, aunque cuando llegué a España tenía entendido que había trabajado en películas eróticas y que nunca rodó con sonido directo”[6]. Precisamente esa inexperiencia con el sonido directo fue una de las principales quejas de Nanoogian, “¡Teníamos un equipo técnico de nivel inferior que ni siquiera sabía cómo grabar el sonido! Fue una pesadilla. Afortunadamente tuvimos seis semanas de preparación, lo cual es extraño en una película de Charlie. Se dio cuenta de que esta era una película mayor con muchos efectos especiales”[7]. Y pronto comenzaron los problemas de liquidez: “Charlie estaba diciendo a Carlos que teníamos 600.000 dólares. Pero cuando hice el primer presupuesto me di cuenta de que no podríamos hacer la película por menos de 900.000 dólares. Carlos se encontraba entre la espada y la pared porque siempre estaba intentando recortar gastos y no sabía realmente cómo tratar con todo esto. No sabía lo que debería costar una película de este tipo. Y entonces, a las dos semanas de rodaje me di cuenta de que la película tardaba en rodarse el doble de lo previsto (…) Así que un rodaje de cuatro semanas se convirtió en uno de ocho semanas y la película terminó costando alrededor de un millón de dólares. A pesar de todo creo que a cambio del dinero obtuve muchos valores de producción, construimos algunos decorados enormes y las actuaciones fueron buenas. Se la mostré a un amigo mío que trabajaba como jefe de producción en Cannon y pensó que nos debimos gastar alrededor de 3 millones de dólares”[8].
Aured no recuerda la experiencia con tanta satisfacción: Eliminators, (…), fue un desastre. Por “blancas y polvorientas razones” que no vienen al caso, el director se pasó de tiempo y presupuesto en un 120% (…) y me dejaron colgado con ciento ochenta mil euros de deudas a mis espaldas. Tuve que andar escondido, pues los acreedores me perseguían”[9].
La película se estrenó el 31 de enero de 1986 en casi 1000 salas estadounidenses, recaudando durante el primer fin de semana, 1.987.072 millones de dólares de los 4.601.256 millones totales de su recaudación. Poco después se editó en videocasete por Playhouse Video, la división infantil de CBS/FOX Video, donde continuó su andadura por los video clubs norteamericanos.
En muchos países europeos, incluida España, la película fue directa al estante del video club. Entre los más exóticos nombres que recibió podemos destacar Decapitron (Francia), Os Mercenários da Aventura (Portugal) y Destroyers (Alemania).
Resulta cuanto menos curioso que en muchas de estas carátulas venia una sinopsis un tanto libre del argumento. Por ejemplo, la que venía en la edicion española de CBS/FOX nos narra lo siguiente:
“Diana Carson, una profesora de matemáticas y física recibe la trágica noticia de la desaparición de todos los chicos de un campamento de verano, entre los que se encontraban sus hijos. Diana decide salir en su busca. Todas las pistas conducen a Abbott Reeves, un genio renegado que capitanea las terribles legiones de Worship. Para conseguir la liberación de sus hijos, Diana Carson alista a un grupo de guerreros: Reinhardt, un ex-mercenario, junto a su robot Robota, el Ninja Kuji y el poderoso Crossbow. Juntos se convierten en una fuerza invencible de eliminators vengadores”. Un imaginativo argumento que se repite en las carátulas noruegas, por poner un ejemplo.
La versión VHS argentina editada por Magia Video Home también recurrre a la imaginación para explicar el argumento de Eliminators, titulada allí Los aniquiladores:
“La importante KGB busca apoyo en la CIA para lograr encontrar y reducir a una muy peligrosa organización delincuente que con técnicas sofisticadas elude constantemente a la ley. Los EE.UU. tampoco logran someterlos pero encargan a un grupo profesional privado la misión ‘aniquilar’. Ellos son una MERCENARIA, un BOINA VERDE, un MANDROIDE (mitad hombre, mitad máquina) y un NINJA, cada uno es el mejor en lo suyo… juntos son ‘LOS ANIQUILADORES’ ”
Lo más curioso es que estos falsos argumentos se repiten por internet, figurando en algunos de los portales de cine más populares de la red, perpetuando así otro de los múltiples misterios de la era VHS, muchos ellos producto de la picaresca de las casas editoras.
En cuanto a su edición digital, la norteamericana Shout! Factory editó en DVD Eliminators en 2013 formando parte de un cuadruple ‘SciFi Movie Marathon’ ochentero junto Arena (1989), también de Nanoogian, America 3000 (David Engelbach, 1986) y The Time Guardian (Brian Hannant, 1987). Y diciembre de 2015 la misma compañía la editó en formato Blu-ray formando programa doble con The Dungeonmaster / Ragewar, película en episodios de la que recordemos, Nanoogian dirigió uno. La edición cuenta entre sus extras con una entrevista con el director.
Finalmente, no sabemos si puede decirse que un filme como Eliminators puede haber dejado huella, más allá de las deudas que persiguieron a Carlos Aured durante años. Nanoogian reconoce que se la han acercado jóvenes que en 1986 eran niños reconociendo cuanto les gustó la cinta. Posiblemente uno de ellos podría haber sido el director Steven Kostanski, que ha reconocido en Eliminators su principal fuente de inspiración para Manborg (2011), película con la que también comparte un delirante argumento y puntos en común: soldados que vuelven a la vida como Cyborgs y una banda de aventureros que deberán luchar contra hordas de demonios en un futuro apocalíptico.
NOTAS:
[1] Jay, D., Dewi, T. y Shumate, N. Empire of the B’s: The Mad Movie World of Charles Band. Hemlock Books Limited, 2014. Pág. 263
[2] Íbidem.
[3] El Silúrico es el periodo de la era Paleozoica que abarca desde el final del Ordovícico (hace 443,7 ± 1,5 millones de años) hasta el principio del Devónico (hace 416,0 ± 2,8 millones de años). La base del Silúrico viene marcada por un gran evento de extinción, en el que aproximadamente el 60% de las especies marinas se extinguieron.
[4] Jay, D., Dewi, T. y Shumate, N. Opus cit.
[5] López, D. y Pizarro, D. Silencios de pánico. Historia del cine fantástico y de terror español 1897-2010. Tyrannosaurus Books, Barcelona 2014. Pág. 452-453.
[6] Jay, D., Dewi, T. y Shumate, N.
[7] Íbidem
[8] Ïbidem
[9] López, D. y Pizarro, D. Opus cit.










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