Archivo

Posts Tagged ‘Chappie’

Vamos de estreno (o no), viernes 13 de marzo 2015

CHAPPIE (*****)

Año 2015 País: Estados Unidos Duración: 120 Género: Ciencia Ficción Dirección: Neill Blomkamp Reparto: Sigourney Weaver, Hugh Jackman, Dev Patel, Sharlto Copley Distribuidora: Sony Pictures Productora: Columbia Pictures, Media Rights Capital, Alpha Core

Chappie PósterComo en Distrito 9, Blomkamp vuelve a tomar  un corto suyo previo, Tetra Vaal, como punto de partida para contarnos la peripecia de Chappie (al que Sharlto Copley, actor fetiche del director, le presta voz y captura de movimientos), el primer robot consciente de sí mismo, una Inteligencia Artificial autónoma que no se diferencia de los humanos salvo porque es capaz de desarrollar un intelecto superior al de los hombres. En este esquema ya visto, la novedad es que Chappie no está predeterminado por su programa, al contrario su programación tiene como característica que se desarrollará por sí misma y sería inmortal de no ser porque su cuerpo no puede recargarse. Todo ello arropado por una trama que nos lleva a un Johannesburgo futuro, asolado por la delincuencia (un paisaje apocalíptico al modo de Mad Max) a la que se puede combatir gracias a los androides creados por Deon Wilson (Dev Patel), ingeniero de una empresa diseñadora de armas para la policía. El rival de Wilson es Vincent Moore (Hugh Jackman), creador del prototipo Alce (una especie de tanque con patas sin inteligencia propia), que ve como su proyecto es puesto aparte por culpa de los androides de Wilson. Cuando Wilson introduzca una nueva variante de su programa que permite esa Inteligencia Artificial inagotable, empezarán los problemas. (crítica completa aquí)

PURO VICIO (*****)

Año 2014 País: Estados Unidos Duración: 148 Género: Noir paródico Dirección: Paul Thomas Anderson Reparto:   Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Katherine Waterston, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro Distribuidora: Warner Bros. Productora: Warner Bros. Pictures / Ghoulardi Film Company

Puro_vicio-633642867-largeLa séptima película de Paul Thomas Anderson es la adaptación de la séptima obra de Thomas Pynchon cuyo argumento es casi el de una novela negra clásica. Casi porque aquí los lugares comunes del género están tratados con la distancia irónica que caracteriza a los homenajes paródicos. Es un noir desarrollado desde la visión alucinada de un hippie detective politoxicómano, Doc Sportello (un inspirado Joaquin Phoenix). Estamos en la California de finales de los sesenta, después de mucho tiempo sin verse, su ex, Shasta (Katherine Waterston), una seductora «femme fatale», le pide ayuda debido a los planes de hacer desaparecer a su amante, un magnate inmobiliario que pretendía devolverle a la sociedad todo lo que había expoliado. Este es sólo el cabo del ovillo que es la enmarañada trama en la que se mezclarán el tráfico de drogas, las mafias orientales, la corrupción, la inestabilidad política del momento, las alusiones a Manson y sus acólitas, moteros nazis trabajando como guardaespaldas de un judío, y un sinnúmero de personajes esperpénticos.

El cine negro tuvo su época dorada en la década de los cuarenta y en El sueño eterno alcanzó una de sus cumbres. El clásico de Hawks es el epítome del género por excelencia, una suerte de compendio de los motivos arquetípicos entre los que no es menor el de exponer un embarullado argumento difícil de seguir. Y es que en el negro importa más la atmósfera y el retrato que el sentido narrativo. Anderson lo sabe bien y ha logrado dar ese toque a su cinta, pero retorciendo todavía más las digresiones narrativas. Tal se diría que estamos ante una pesadilla psicodélica fruto del consumo desbocado de estupefacientes (mientras la vemos nuestras neuronas establecerán conexiones con otras piezas inclasificables y alucinógenas como El gran Lebowski y Miedo y asco en Las Vegas).

puro vicio

Su título ‘Inherent Vice’ (aká traducido equívocamente como Puro vicio) se refiere al término legal conforme al cual se designa el vicio oculto que adolece una cosa de tal modo que provoca su deterioro, en el que se apoyan las aseguradoras a la hora de abonar a la baja sus indemnizaciones. Esa es la pista sobre cómo interpretar la peripecia de los personajes, todos ellos parecen estar al borde de la desintegración, moviéndose por un Los Ángeles fantasma, metáfora del sueño americano que no fue. Una melancolía sonámbula (acrecentada por la voz en off del narrador testigo) trufa esta cinta repleta de humor marciano, que Anderson recrea con una planificación enamorada de los primeros planos de su crisol coral. Como si quisiera hacernos transitar por su misma derrota, en su acepción marinera (rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones), claro, pero también por su condición de vencidos, de perdedores.

Puro vicio es todo un ejercicio de antiépica que nos regala algunos momentos de antología (a destacar el excelente el trabajo de Robert Elswit, habitual director de fotografía de Anderson), pero que acusa (mal) su excesivo metraje. Y es que Anderson no pasará a la historia por su capacidad de síntesis, su denso universo personal se lo impide, y eso, en esta obra en concreto, se nos antoja un lastre. Hubiéramos preferido un trabajo más ágil, como el de Embriagado de amor (esa otra comedia extraña que nos regalaba en 2002), que compensara con un ritmo más dinámico el abigarramiento argumental, haciendo más claro el retrato y sirviendo mejor a la ironía.  Reparo personal que no nos impide ver que nuevamente nos ha brindado una pieza singular que para sus fans acérrimos (que los tiene y muchos) podrá considerarse de culto instantáneo.

Chappie, un Frankenstein Naíf

13 marzo 2015 2 comentarios

Prometeo-fuegoSentemos el principio: el ser humano es el animal que se cuenta fábulas. Y los relatos parecen inagotables, pero si los desnudamos de sus ropajes argumentales descubrimos que las historias se limitan a unas pocas estructuras y unos pocos temas que se repiten. Es más, si las sometiéramos a un ejercicio de reduccionismo extremo veríamos que todas las historias acaban hablando del amor y de la muerte, por separado cada uno o en la dialéctica que los relaciona. Eterno danzar de lo erótico y lo tanático.

Uno de las motivos más repetidos es el del asalto prometéico, esto es el de la posibilidad (o no) de transgredir los límites y alcanzar la capacidad de componer el poema que ponga en pie a la materia, dicho en clave romántica. Y donde ponemos poema  podemos  poner creación. La voluntad de disolver nuestras limitaciones para convertirnos en dioses. Hace poco hablábamos en este blog de una de las últimas revisiones del mitema: Ex machina la ópera prima de Alex Garland como directorcon la Inteligencia Artificial como telón de fondo. Hoy traemos otra, Chappie, el tercer largo de Neill Blomkamp. Siendo ambas películas hermanas, no podrían estar más en las antípodas una de otra. La película de Garland es una pieza de cámara en la que tiene mayor peso el diálogo que la acción, mientras que Blomkamp, en su línea habitual, nos trae un ejercicio de Ciencia Ficción mainstream en el que la reflexión viene servida como excusa para la acción y el derroche de efectos especiales.

Como en Distrito 9, Blomkamp vuelve a tomar  un corto suyo previo, Tetra Vaal, como punto de partida para contarnos la peripecia de Chappie (al que , actor fetiche del director, Sharlto Copley, presta voz y captura de movimientos), el primer robot consciente de sí mismo, una Inteligencia Artificial autónoma que no se diferencia de los humanos salvo porque es capaz de desarrollar un intelecto superior al de los hombres. En este esquema ya visto, la novedad es que Chappie no está predeterminado por su programa, al contrario su programación tiene como característica que se desarrollará por sí misma y sería inmortal de no ser porque su cuerpo no puede chappie-movie-appleseedrecargarse. Todo ello arropado por una trama que nos lleva a un Johannesburgo futuro, asolado por la delincuencia (un paisaje apocalíptico al modo de Mad Max) a la que se puede combatir gracias a los androides creados por Deon Wilson (Dev Patel), ingeniero de una empresa diseñadora de armas para la policía. El rival de Wilson es Vincent Moore (Hugh Jackman), creador del prototipo Alce (una especie de tanque con patas sin inteligencia propia), que ve como su proyecto es puesto aparte por culpa de los androides de Wilson. Cuando Wilson introduzca una nueva variante de su programa que permite esa Inteligencia Artificial inagotable, empezarán los problemas.

La aventura de Chappie permite que Blomkamp vuelva a plantear viejos interrogantes en clave de humor para todos los públicos. Su criatura es un niño ingenuo que nos recuerda al Número 5 de la ochentera Cortocircuito (1986, John Badham), pero con un punto de mayor autoconciencia. A través del robot podemos reflexionar sobre la condición humana, nos identificamos con él cuando pregunta a su creador por qué le ha dado una inteligencia personal si lo ha atado a un cuerpo condenado a perecer. El sudafricano nos asoma al dualismo con herramientas del Siglo XXI, el envoltorio carnal (de titanio para Chappie) es perecedero, de ello no nos cabe duda, la incógnita es qué pasa con la conciencia, ¿podría perpetuarse si consiguiéramos aislarla y remitirla a otro cuerpo sin fecha de caducidad? A este núcleo lo acompañan derivaciones suyas como la del discernimiento entre el bien y el mal, la inclinación humana a la mentira y la manipulación, pero también a la virtud (con el perdón como horizonte), lugares comunes orquestados dentro de un canto a la importancia del sentimiento. Y todo esto desde el ánimo de la acción cartoonesca y el humor naíf. Un festín visual con la partitura electrónica de Hans Zimmer contrapunteando la intriga.

El principal problema de Blomkamp son las expectativas que se proyectaron sobre él tras su debut en el largo. Esperar más de él es lo que llevó a ver chappie 3Elysium como una decepción, cuando es un más que correcto ejercicio que no pretende ser profundo pero que sí cumple con la función de introducir notas reflexivas a una obra en la que prima la acción, pensada, además para el público mayoritario (que no se caracteriza precisamente por desayunarse con El Ser y el Tiempo de Heidegger, no sé si me entienden). Y las escenas de acción no se le resisten al sudafricano. También esta Chappie que estamos comentando se busca ejercicio de evasión no reñido con un punto de especulación. Blomkamp cubre un espacio de espectro cinematográfico, el entretenimiento de masas, que no siempre es abordado desde una mirada suficientemente inteligente. Tal vez algún día el sudafricano nos dé la obra redonda que algunos parecen exigirle, pero de momento su carrera está consolidada y sus películas tienen sello propio aunque no sean cumbres.

Chappie nos parece una película simpática, muy coleccionable para los completistas del motivo prometéico. Pero quizás no deban hacerme demasiado caso, al fin y al cabo, aún conservo buena parte de mi alma infantil y Chitty, Chitty, Bang, Bang sigue siendo una de las películas que me llevaría a un retiro espiritual.