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Mala praxis, Boris Karloff y Bela Lugosi
Con permiso de Lionel Atwill, que tantos retratos de Mad Doctors ha dejado para la posteridad, han sido Boris Karloff, y en especial Bela Lugosi, los que más a menudo han tenido que ponerse la bata blanca y hacerse pasar por químicos experimentados, hablando
un ininteligible lenguaje metacientífico mientras pasan fluidos de un tubo de ensayo a otro. Rodeados de matraces, probetas e ingenios eléctricos dieron entidad a uno de los personajes más socorridos del cine fantástico y de terror, encarnando a doctores más o menos locos que para conseguir sus objetivos se pasan el código deontológico por el arco de triunfo. Investigadores de lenguaje intenso, proclives al histrionismo que realizan experimentos imposibles que saben muy bien que serán mal vistos por sus colegas y por una pacata sociedad que no solo no los comprende, sino que a la mínima de cambio los condena a muerte o, en el caso de encontrarse en aquella pintoresca Europa de los estudios Universal, quemados junto a sus laboratorios por una turba de campesinos armados dehorcas y antorchas.
Karloff se especializó en amables ancianitos, con objetivos laudables y beneficiosos, cuyos méritos terminaban afectando a un tercero o al él mismo, provocando locura y muerte. Mientras que Lugosi se metió a fondo en la piel del doctor demente que todos amamos: pedante, con aires de superioridad y cínico. De sonora y prolongada carcajada y cuyo objetivo es vengarse o dominar el mundo. Lo que viene siendo un Mad Doctor al uso.
Demos un repaso a las numerosas películas en las que tanto Karloff como Lugosi se metieron en la bata blanca de un científico de métodos dudosos, dejando fuera los papeles de doctor ‘normal’, así como a telépatas e hipnotizadores, que también encarnaron en sus largas carreras.
Bela Lugosi estrena, y a lo grande, el ranking metiéndose en la piel del Dr. Mirakle en El doble asesinato de la calle Morgue (Murders in the Rue Morgue, 1932) una adaptación -por decir algo- de Edgar Allan Poe que sirvió como consuelo para Robert Florey y Bela Lugosi tras ser ambos apartados del proyecto Dr. Frankenstein, autor del monstruo (Frankenstein, 1931), que como es bien sabido terminó dirigiendo James Whale con Boris Karloff, quien despegó así una carrera con la que terminó desbancando a Lugosi como máxima estrella del cine de terror de la Universal. El Dr. Mirakle, perfecto sosia del Dr. Caligari trabaja, como él, en un barracón de feria exhibiendo, en su caso a Erik, un fiero gorila. O mejor dicho, un hombre dentro de un traje de gorila[1]. Pero al grano: ¿Cual es el objetivo del Dr. Mirakle? Pues aparear a Erik con una señorita y obtener una nueva raza. Lo que viene siendo un perfecto acto zoofílico que como pueden suponer, no llevará a cabo. Lugosi vuelva a las andadas tres años después con una nueva ‘adaptación’ del universo Poe, El cuervo (The Raven, Louis Friedlander, 1935) con Boris Karloff como coprotagonista. Aquí Bela Lugosi interpreta al Dr. Richard Vollin, un gran admirador del escritor de Boston que no se limita a coleccionar sus libros, no: posee una cámara de tortura en su sótano. ¿Su plan? Más terrenal: vengarse del prometido de la mujer que ama. Y ustedes dirán ¿Pero es un Mad Doctor? Bueno, algo de eso hay pues deforma mediante cirugía la cara de un delincuente (Karloff),El poder al que promete restituir el rostro si le ayuda a cumplir sus planes. Y de nuevo Lugosi es un refinado sibarita que disfruta torturando sádicamente a cuantos caen bajo sus redes.

Eran buenos tiempos para ambos intérpretes, así que al año siguiente vuelven a coincidir en una película, El poder invisible (The invisible ray, Lambert Hillyer, 1936), aunque en este caso es Boris Karloff el que adopta el rol prominente encarnando a un científico loco de manual: miradas
ojipláticas, frases grandilocuentes (“pigmeos que se burlan de un gigante”) y laboratorio en los Cárpatos. ¿Su nombre?: Janos Rukh. Y Janos descubrirá el Radio X, que lo convertirá en un arma humana (cosa que toca, cosa que muere), además de hacerlo fosforescente en la oscuridad (con brillo gentileza de John P. Fulton, el mismo técnico de efectos especiales que dos años antes había convertido a Claude Rains en El hombre invisible) consiguiendo así “más poder del que ningún humano haya tenido” y, de paso, perder la chaveta.
Ciencia-Ficción con resquicios del terror Universal que tanto amamos y algún elemento de aventura selvática, todo en una memorable producción, escasamente valorada, pero que ofrece suficientes alicientes como para formar parte de lo más destacado de la filmografía de Karloff.
Tampoco suele destacarse la británica El hombre que trocó su mente es el médico loco (The Man Who Changed His Mind, Robert Stenvenson, 1936), película magníficamente rodada, con un sólido guión, que narra los experimentos del doctor Laurience, que ha descubierto como “extraer el contenido mental del cerebro de un hombre. Vaciarlo. Almacenándolo como si fuera electricidad” para transplantarlo de un individuo a otro. Y aunque tan solo lo ha probado con éxito en chimpancés, ya fabula con realizar su primer experimento con humanos. Para que le ayude en sus investigaciones reclama a una de sus alumnas, la doctora Clare Wyatt (Anna Lee), una resuelta científica que lejos de encarnar al personaje chillón y en apuros que el primer cine de terror reservaba para los personajes femeninos, posee un carácter fuerte y muy superior intelectualmente al del mozalbete que la pretende, interpretado por John Loder y que, eternamente en celo, no ceja en su fijación de casarse con ella. Pero, el doctor, al presentar su teoría ante la comunidad científica, es ridiculizado y tachado de loco, pergeñando un plan para 1: ser millonario y 2: casarse con Clare, su joven ayudante, pues al parecer no solo está interesado en su pericia como científica. Unos planes que incluyen el asesinato. Naturalmente Laurience muere, no sin antes pedir a su ayudante que destruya todo.
Mientras, Lugosi rueda un serial en episodios también para Universal, The Phantom Creeps (Ford Beebe y Saul A. Goodkind, 1939)[2], donde interpreta un Dr. Zorka que no se anda con chiquitas, quiere dominar el mundo, pero al ser descubierto organiza un accidente en su laboratorio para eliminar las pruebas, simular su muerte y vengarse de los policías que llevan el caso. La única que pierde la vida es su esposa, todo lo cual enloquece aún más a Zorka que clama, claro, venganza. Inofensiva acción pulp de serie B antes de volver a encontrarse con Boris Karloff en Black Friday (Arthur Lubin, 1940), también para Universal. En esta película Karloff incorpora a su repertorio un papel que repetirá en diversas ocasiones, el de científico bienintencionado pero de métodos dudosos que opera al margen de la ley. En este caso como Dr. Sovak realiza el trasplante de cerebro de un gangster que ha muerto asesinado por sus rivales al cuerpo de un bondadoso profesor de literatura, lo malo es que los recuerdos del sanguinario criminal convivirán con los del profesor, adueñándose del cuerpo de su huésped. El resultado es tan descacharrante como entrañable.
Más tarde, Boris Karloff firma contrato en 1939 con los estudios Columbia para protagonizar cinco películas básicamente iguales, tanto que en muchos casos comparten reparto, guionista y director. Y en todas interpreta su papel de bondadoso científico. Nick Grinde, director eminentemente de películas de serie B que no hace ascos a ningún género se encarga eficientemente de las tres primeras, The Man They Could Not Hang (1939), The Man With Nine Lives (1940) y Before I Hang (1940).
En La horca fatal (The Man They Could Not Hang, 1939), la única de las cinco que se estrena en nuestras pantallas y armado con un vistoso peluquín, como Dr. Henryk Savaard crea un corazón artificial con el que mantener un cuerpo vivo pero en pausa, para poder repararlo reactivándolo posteriormente. Una loable idea si no fuera que le lleva a experimentar con un sujeto que termina muriendo. Condenado a muerte y ahorcado, su socio lo revive utilizando su técnica, cuya eficacia queda así probada, buscando vengarse de los seis jurados que lo condenaron.
A toda velocidad y sin cambiar decorado, actores, ni peluquín, Grinde rueda The Man With Nine Lives (1940), en la que Karloff, ahora como Dr. Leon Kravaal, investiga exactamente lo mismo que en la anterior, solo que mediante la terapia de congelación, o sea, dejando los cuerpos en animación suspendida para poder operarlos. Pero la mala praxis terminará con el buen doctor.
La tercera y última de Boris Karloff con Nick Grinde, que no con Columbia, es Before I Hang (1940). Otra vez con la soga al cuello en esta película que deja entrever más medios y en la que de nuevo Karloff, ahora como Dr. John Garth, es juzgado por la muerte accidental del paciente con el que experimenta. Hasta ahí lo habitual. En la cárcel, mientras espera que se cumpla la pena de muerte a la que ha sido condenado, proseguirá con sus experimentos obteniendo un suero en el que utiliza la sangre de un asesino. La pena le será conmutada, pero la sangre poseerá al buen doctor, que iniciará una carrera de asesinatos.
Quedaban todavía dos desmanes a entregar a Columbia, así que Karloff vuelve a colocarse la bata de científico –y el peluquín- para encarnar al Dr. Julian Blair en el primero de ellos, The Devil Commands (1941), un film dirigido por Edward Dmytryk[3] con un guión de lo más descabellado: el cerebro humano emite ondas que pueden grabarse con ayuda de un casco -por cierto, de lo más bizarro- y el Dr. Blair descubrirá que, además, mediante ese sistema los muertos podrán comunicarse con los vivos ¿ridículo? pues eso no es todo, a esto cabe añadir algunos ingredientes tan del gusto del más clásico cine de terror como son el ayudante retrasado, Karl, y los lugareños recelosos con lo que está haciendo el científico que terminarán, como es ya obligado, prendiendo fuego al caserón con el científico dentro. ¡Ah! ¡Aquellas pequeñas comunidades con sus entrañables grupos de linchadores! Siempre con la posada como hogar social. Una tradición tan americana como la tarta de manzana.
La despedida de Karloff de la Columbia no podrá ser más humillante. The Boogie Man Will Get You (Lew Landers, 1942) pretende ser una comedia y en ella Karloff interpreta al Dr. Nathaniel Billings, que está realizando un experimento con el que “juguetea con la fisiodinámica sacudiendo las inamovibles leyes de la existencia”. O lo que –debe ser- lo mismo: crear un súper hombre poderoso y volador que termine, él solo, con la 2ª Guerra Mundial. Para conseguirlo utilizará como cobaya a cuanto vendedor ambulante se cruce en su camino. Rodada de manera teatral y casi en su totalidad en un único escenario, la película se beneficia de la presencia de Peter Lorre, que consigue hacerse con la función, algo que no le resulta demasiado difícil en una cinta dominada por el humor negro y los chistes sin gracia alguna.
Mientras tanto, Bela Lugosi chapotea en el cenagal de la más estricta serie-B. En The Devil Bat (Jean Yarbrough, 1941) encarna el encantador Dr. Paul Carruthers, que cría un enorme murciélago asesino que ataca en el cuello de sus víctimas al detectar una loción de afeitado de su invención con la que, amable y zalamero, obsequia a todo al que quiere quitar de en medio ¿El móvil? La venganza, claro. Y, a continuación, hace de los vecinos estudios Monogram un segundo hogar al firmar un contrato por nueve películas, varias de las cuales, por supuesto, son protagonizadas por sardónicos científicos locos. Este es el caso de Black Dragons (William Nigh, 1942) en la que es al Dr. Melcher, cirujano plástico del Tercer Reich que alterará los rostros de varios japoneses para que se infiltren en Estados Unidos como espías y saboteen instalaciones e industrias estratégicas. Igual de descabellada fue El ladrón de cadáveres (The Corpse Vanishes, Wallace Fox, 1942), única de estas cintas estrenadas en nuestros cines y en la que, como Dr. Lorenz, pretende mantener joven a su envejecida esposa mediante las glándulas femeninas de jóvenes vírgenes a las que secuestra en el día de su boda. Enanos, ayudantes deformes, y el agradecido detalle de que el Dr. Lorenz y su esposa duerman en ataúdes, intentarán sacar un poco de brillo a esta producción. Más simpática resulta, por lo psicotrónico de la propuesta, The Ape Man (William Beaudine, 1943) en la que el Dr. James Brewster experimentará en sí mismo transferir la fuerza de los primates a los hombres, mediante una inyección en la columna vertebral de un fluido extraído del bulbo raquídeo de un gorila, algo que terminará convirtiéndolo, más o menos, en hombre-mono, llegando a compartir jaula con un gorila (o lo que es lo mismo, con un hombre con traje de gorila[4]). El único antídoto contra su mal será, mala suerte, el fluido espinal humano, que deberá obtener previo asesinato de los donantes. Sin duda animados por las criticas que el film recibió, (”Monogram a cubierto de basura a Bela Lugosi” The Daily News), el estudio realizó una secuela, Return of the Ape Man (Phil Rosen, 1944) que no tenía absolutamente nada que ver con la anterior. Juzguen si no. En esta ocasión el Dr. Dexter viaja al Círculo Polar Ártico a recuperar el cuerpo de un cavernícola. Una vez de vuelta matará a su ayudante transplantado su cerebro al recién llegado. Lo dicho, nada que ver.
Y todavía le quedaba a Lugosi un nuevo horror/error que protagonizar para Monogram y con el que daría por finalizado su contrato, Voodoo Man (William Beaudine, 1944) otra olvidable película que a la temática Mad Doctor añade gotas de vudú ¿el resultado? Otra serie B. Y del fuego a las brasas, pues finalizado su contrato con Monogram, RKO le tiene preparada una propuesta que no
difiere mucho de los subproductos comentados, Zombies on Broadway (Gordon Douglas, 1945) que parodia la obra maestra de Jacques Tourneur, I Walked with a Zombie (1943) utilizando los mismos escenarios y dos de sus actores: Darby Jones, el inolvidable Carrefour, y Sir Lancelot, el inaguantable cantante de Calypso. A esto sumaron a Bela Lugosi como Dr. Reanault, inventor de un fluido zombie, y unos cómicos de tercera regional que hacían buenos a Abbott y Costello.
A mediados de los años cuarenta los monstruos de la Universal ya tenían un pié puesto en las ciénagas de la serie-B. En 1943 se estrenaba el primer cóctel de monstruos, Frankenstein y el hombre lobo (Frankenstein Meets the Wolf Man, Roy William Neill) protagonizado por Lon Chaney Jr. y Bela Lugosi, que en el papel de monstruo de Frankenstein recibía una última humillación de los estudios que ayudó a salvar de la bancarrota en 1931. Al año siguiente alguien pensó exprimir, aún más, a los productivos monstruos metiendo a cuantos cupieran en una sola película, y el cartel de la cinta lo dejaba bien claro, pues como si estuviera declamado desde una barraca de feria decía: “¡Todos juntos! ¡El monstruo de Frankenstein! ¡El hombre lobo! ¡Drácula! ¡El jorobado! ¡El doctor loco!” papel este último que recayó en Boris Karloff, que como Dr. Niemann, alumno de tercera del doctor Frankenstein, escapa de la cárcel en la que cumple condena por intentar “dar a un perro una mente humana (¡!) usando cadáveres recientes”, con el poco original objetivo de vengarse de los que lo enviaron a la cárcel. Pero de paso resucitará al propio Drácula (ahora John Carradine) extrayendo la estaca de su pecho; liberará del hielo donde permanecen congelados al hombre lobo (Lon Chaney Jr.) y al monstruo de Frankenstein (ahora Glenn Strange); y hallará los archivos del Dr. Frankenstein, con los cuales comenzará a experimentar.
Volviendo a Lugosi, para que su última gira teatral por el Reino Unido con Drácula resultara más rentable, se le ofreció una película en la que realizaría un papel como comparsa de un ridículo cómico, Arthur Lucan[5]. Mother Riley Meets the Vampire (John Gilling, 1952) es un trabajo
estrictamente alimenticio en el que Lugosi interpreta a un personaje conocido como el vampiro, que no es otra cosa que un científico loco que busca dominar el mundo obteniendo unas reservas de uranio con la ayuda de un robot, hasta que se cruza una anciana irlandesa en su camino desbaratando sus planes. Para mayor humillación de Lugosi, la cinta llegó a exhibirse en Estados Unidos, aunque al menos con un bello nombre, Vampire Over London. Pero no finalizarían aquí las humillaciones para el veterano actor: de vuelta a casa le esperaba un subproducto que se ha convertido, merecidamente, en pieza de culto: Bela Lugosi Meets a Brooklyn Gorilla (1952) película perpetrada por William Beaudine en tan solo nueve días en la que Lugosi, como Dr. Zabor y desde su laboratorio de la isla Kola-Kola, crea un suero que convierte a los hombre en gorila. Allí irán a perturbar la paz dos imitadores de Dean Martin y Jerry Lewis: Duke Mitchell y Sammy Petrillo que, uno con sus inaguantables canciones, en especial la repetitiva Deed I do, y el otro con sus muecas, causarán la más insufrible vergüenza ajena al espectador. Aún así las críticas fueron positivas: mientras Variety destacaba sus títulos de crédito (¿?), Box Office la recomendaba para “arrancar algunas risas a los espectadores de pueblo”.
A Karloff no le iba mucho mejor, pues si bien se libró de participar en Abbott y Costello contra los fantasmas (Abbott and Costello Meets Frankenstein, Charles Barton, 1948), en la que hubiera coincidido de nuevo con Lon Chaney Jr., Glenn Strange y Bela Lugosi, no pudo escaparse de la inenarrable Abbot and Costello Meet the Killer, Boris Karloff (Charles Barton, 1949) y Abbott and Costello Meet Dr. Jekyll and Mr. Hyde (Charles Lamont, 1953) en la que Karloff como Henry Jekyll, utilizará su celebérrima fórmula para, en la piel de Hyde, quitar de en medio a todo el que se entrometa en sus planes. Una, a pesar de todo, cuidada producción, con buen vestuario y que incluso resulta atmosférica en algunos momentos. Las transformaciones están muy conseguidas, y más teniendo en cuenta que Hyde era interpretado por Eddie Parker, un especialista cuya caracterización se realizaba mediante máscara.
A Bela Lugosi tan solo le quedaba un papel de doctor loco por interpretar y, sencillamente, lo bordó. Su Eric Vornoff en Bride of the Monster (Edward D. Wood Jr.,1955) representa el paradigma de lo que debe de ser un Mad Doctor.
Tan solo un año después de su estreno Lugosi entraba en la inmortalidad. Les dejo con su inolvidable monólogo:
“¿Hogar? Yo no tengo hogar. Perseguido, despreciado, viviendo como un animal, la jungla es mi hogar. Pero yo demostraré al mundo que puedo ser su amo. Yo perfeccionaré mi propia raza humana ¡¡Una raza de superhombres atómicos que van a conquistar el mundo!!”
Y… ¡Corten!
Con Bela Lugosi fuera de plano, Karloff tenía el campo libre para acoger cuantos papeles le fueran ofrecidos, entre ellos los de sabio loco, y pocos dejó escapar de sus manos. Por lo pronto vuelve al
personaje que lo encumbró en Frankenstein 1970 (Howard W. Kotch), película de engañoso título, pues ni fue realizada ni estrenada ese año, sino en 1958, y en la que Karloff encarna al último de los Frankenstein. Una disfrutable película que nos cuenta como el anciano y rijoso heredero, de prolongada carcajada y aficionado a tocar tétricas melodías con el órgano, arruinado, alquila su castillo a un equipo de televisión para que ruede un programa sobre su antecesor, y así, poder adquirir nuevo instrumental atómico con el que dar la vida a la criatura más fea que la franquicia ha ofrecido, con todo el cuerpo vendado y una cabeza inexplicablemente grande. Mucho mejor resultó Corridors of Blood (Robert Day, 1958) cinta en la que como Dr. Bolton inventa la anestesia, investigación que le llevará a experimentar consigo mismo convirtiéndose en un adicto, pues la fórmula contiene derivados del opio. Esto le llevará a frecuentar los bajos fondos y ejercer malas praxis al mezclarse con pésimas compañías para que le faciliten su dosis. Una de las mejores actuaciones de Karloff en un atmosférico filme que tiene entre sus atractivos el de contar también con Christopher Lee encarnando al vil asesino Resurrection Joe.
Y Boris Karloff será de nuevo un Frankenstein en Mad Monster Party (Jules Bass, 1967) un delirio pop realizado mediante animación Stop Motion que narra como el buen doctor desea retirarse no sin antes nombrar sucesor y confiar todos sus descubrimientos a su sobrino. Para ello convoca una reunión en su castillo con todos los monstruos como invitados, entre los que figura el hombre lobo, la momia, Drácula… así como un sosia de Peter Lorre, entre muchos otros. El propio actor puso voz a su personaje.
Y tras rodar Targets (Un héroe anda suelto, Peter Bogdanovich, 1968), su siguiente film y un magnífico testamento cinematográfico, Karloff debería haber aprovechado la coyuntura para retirarse, pues lo que quedaba por delante terminaría siendo mucho más indigno que los delirios de Ed Wood con Lugosi.

Las cuatro películas mexicanas de Karloff han estado disponibles con los más diversos títulos, desde los tiempos del VHS. En la imagen una de las ediciones españolas.
Las cuatro últimas películas de Boris Karloff son subproductos mexicanos producidos por Luis Enrique Vergara. Jack Hill rodó las escenas con Karloff en un estudio de Los Angeles y con estas tomas, ya en México, Juan Ibáñez rodó el resto con actores autóctonos. En tres de ellas Boris Karloff realiza papeles de –Pinche– Mad Doctor. Repasémoslas brevemente: Invasión siniestra (1971) está ambientada en Gudenburg en 1880 y en ella como Dr. Mayer inventa un rayo tan poderoso que provoca que los extraterrestres envíen a un emisario para que cese las investigaciones, pues podría provocar la destrucción del universo. Todo realizado con una alarmante pobreza de medios, abundancia de anacronismos y un extraterrestre ye-yé con traje plateado. Un horror. Como también lo fue La muerte viviente (1971) donde el veterano actor como Dr. Carl van Moulder controla las ondas telequinésicas del cerebro. Vudú, adoradores de serpientes y experimentos con LSD ¿Lo mejor? Que sale la exuberante Tongolele. Finalmente, porque todo tiene un final, llegó La cámara del terror (1971) en la que Karloff, como el Dr. Mantel, descubre una roca semiviva que se alimenta de la sustancia desprendida por las personas atemorizadas, todo lo cual lleva al buen científico a experimentar con jovencitas que se encarga de secuestrar un enano a su servicio.
Al menos queda el consuelo de pensar que para cuando estas películas llegaron a los cines, Boris Karloff ya había pasado a mejor vida.
Bela Lugosi y Boris Karloff. Boris Karloff y Bela Lugosi. Dos actores de la vieja escuela. Actuaron en obras de teatro, vivieron la edad de oro del cine de Hollywood y llegaron a participar en televisión. Siempre con dignidad. Siempre con profesionalidad. Quisieron y consiguieron morir al pié del cañón y alcanzaron la inmortalidad siendo objeto de veneración por parte de generaciones de cinéfilos.
NOTAS
[1] En este caso concreto el filipino Charles Gemora, maquillador y ‘actor’ que se metió en la piel de gorila en 56 filmes, interpretado a gorilas anónimos y a otros de llamativo nombre como Plato, Sultán, Gibraltar, Caesar, Josephine, Jocko o Ethel. Aunque en ocasiones pudo realizar algún papel que no requirió de su experiencia como gorila interpretando, por ejemplo, a un oso en Ruta a Utopía (Road to Utopia, Hal Walker, 1945), un marciano en La guerra de los mundos (The War of the Worlds, Byron Haskin, 1953) y a un extraterrestre en I Married a Monster from Outer Space (Gene Fowler, Jr. 1958).
[2] Este serial de doce episodios también tuvo versión reducida en forma de largometraje para televisión diez años más tarde.
[3] Dmytryk dirigió algunas memorables cintas policíacas y de cine negro entre las que destaca El abrazo de la muerte (Criss Cross, 1949), y tuvo serios problemas a finales de los años cuarenta con el Comité de Actividades Antiamericanas por haber pertenecido, tras la Segunda Guerra Mundial, al partido comunista.
[4] En este caso encarnado por Emil Van Horn, afortunado poseedor de un disfraz de gorila con el que se paseó por trece producciones de medio pelo interpretado a Gargo el gorila, Lulu la gorila, Satán el mono y cuanto primate hiciera falta. Su última aparición en pantalla la hizo, precisamente, sin traje de mono.
[5] Arthur Lucan, travestido en el personaje Old Mother Riley, había dado el salto desde los escenarios de los Music Hall londinenses hasta la pantalla, protagonizado entre 1937 y 1952 quince inexportables cintas de las que Mother Riley Meets the Vampire (1952) sería la última. Por cierto, que la película esté dirigida por John Gilling, que durante la siguiente década rodaría unas cuantas perlas para la Hammer, no debería llamarles a engaño.
L’Atelier presenta raros títulos de Karloff en DVD para este verano
DOBLE SESIÓN GÓTICA: THE STRANGE DOOR /THE BLACK CASTLE
A principios de los años 50, el inolvidable Boris Karloff intervino en dos producciones de estilo gótico de la Universal, surgidas a modo de respuesta a la oleada de ciencia ficción que iba a dominar buena parte del cine de género norteamericano durante esa década. Inéditas en cines españoles, y respectivamente realizadas por Joseph Pevney y Nathan Juran (en el que sería el debut como director del luego firmante de la famosa Simbad y la princesa), ambas han devenido títulos de culto gracias a su elevado interés y el notable componente sádico de sus tramas.
THE STRANGE DOOR (1951, Joseph Pevney)
CON CHARLES LAUGHTON, BORIS KARLOFF, SALLY FORREST y RICHARD STAPLEY
El caballero Denis de Beaulieu es secuestrado por Sire Alain de Maletroit, quien le encierra en su mansión con un extraño propósito: obligarlo a casarse con su hermosa sobrina Blanche. Ello forma parte de un retorcido plan de venganza de Alain contra su propio hermano Edmond, quien 20 años atrás se casó con la madre de Blanche, de la cual el primero también estaba perdidamente enamorado.
THE BLACK CASTLE (1952, Nathan Juran)
CON RICHARD GREENE, BORIS KARLOFF, STEPHEN MCNALLY, PAULA CORDAY y LON CHANEY Jr.
Sir Ronald Burton decide investigar la desaparición en extrañas circunstancias de dos amigos suyos. Para eso adopta la identidad secreta de Richard Beckett y viaja con dos fieles criados, Romley y Fender, a las tierras del principal sospechoso de dichas desapariciones, el siniestro conde austriaco Karl von Bruno.
DOBLE SESIÓN TERROR: THE WALKING DEAD / WOMAN WHO CAME BACK
Tras el éxito de Frankenstein, Boris Karloff no dejaría de interpretar a resucitados a lo largo de toda su carrera. No obstante, THE WALKING DEAD ocupa un lugar aparte en su filmografía. Dirigida por el genial Michael Curtiz, es una obra maestra que abrió el camino al cine de zombi, todavía de moda. En cuanto a WOMAN WHO CAME BACK, es una modesta y extraña cinta de terror atmosférica en la vena de las producciones de Val Lewton e inspirada por la histeria colectiva de brujería en Salem.
THE WALKING DEAD (estrenada en España como Los muertos andan, 1936 Michael Curtiz)
CON BORIS KARLOFF, RICARDO CORTEZ y EDMUND GWENN
Manipulado por un abogado corrupto, John Ellman, un pianista que acaba de pasar diez años en prisión por un homicidio involuntario, se ve acusado del asesinato de un juez y condenado a la silla eléctrica. Después de su muerte, el Dr. Beaumont, un genio de la medicina que trabaja en mantener con vida células y órganos, intenta resucitarle, con consecuencias inesperadas…
WOMAN WHO CAME BACK (1945, Walter Colmes)
CON JOHN LODER, NANCY KELLY y OTTO KRUGER
En el autocar que la conduce a su pueblo natal de Massachusetts, Lorna Webster es abordada por una anciana. Le dice ser Jezebel Trister, una mujer acusada de brujería y condenada a morir en la hoguera por su tatarabuelo Elijah Webster. Minutos después, el autocar tiene un accidente del que Lorna es la única superviviente. Empieza a creer que está poseída por el espíritu de Jezebel Trister, que ha vuelto para vengarse…
Corominas vuelve a la Universal
Enrique Jiménez Corominas, historietista, pintor e ilustrador nacido en Valladolid en 1969, ha encaminado mayoritariamente su obra hacia la fantasía y el terror.
Teniendo como referencia a Corben y especialmente a Wrightson, en 1986 entra en el mundo del cómic cuando gana el premio Zona 84 y se pone a trabajar para Toutain, siendo Tragaldabas (1989) una de sus obras más conocidas de ese periodo y de lo poco salvable de la segunda etapa de Creepy.
También trabajó para Norma, publicando en Cimoc y para Francia (Dontar) y la americana Heavy Metal.
Posteriormente centra su obra en la ilustración, realizando portadas para comics de Forum (Kull, Hellraiser…) y libros editados por Gigamesh, Integral, Timum Mas y Minotauro.
Pronto publicará, si no lo ha hecho ya, una adaptación en comic para Ed. Maghen (Francia) de su novela favorita, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde.
En 1999/2000 realizó la serie de cuadros Classic Monsters, protagonizada en su mayor parte por personajes de la Universal. Doce obras que mostraban a nuestros héroes: Boris Karloff (Frankenstein, La novia de Frankenstein, La momia), Lugosi (Drácula), Lon Chaney (El fantasma de la ópera, El jorobado de Notre Dame y London After Midnight), Lon Chaney Jr. (El hombre lobo), Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein), Fredric March (El hombre y el monstruo) y King Kong. Una excepcional colección de la que, por milagros de la época, soy feliz propietario de tres de ellos ya que su anterior comprador se deshizo de ellos a un precio ventajoso e irresistible. Les aseguro que ahora ni por esas podría pero… ya les he dicho que eran otros tiempos.
Unos años después Corominas hizo otra admirable serie centrada en el cine expresionista alemán, pero ahora ha vuelto a la Universal con otra magnífica serie que les muestro aquí. Los cuadros están a la venta, así que si quieren darse un placer, pueden consultar en esta dirección: http://corominasart.blogspot.com/
¡¡¡Les aseguro que si pudiera no les dejaría ni uno!!!
Todos óleo sobre lienzo .Medidas 65×46 cms.
Gloria Stuart (1910-2010):Retorno al Caserón de las Sombras
Hoy martes 28 informa la revista Variety que la actriz Gloria Stuart falleció el domingo, poco después de haber cumplido los 100 años (el 4 de julio). La adorable actriz, conocida por la gente «de a pié» como la «vieja de Titanic» fue mucho más, como todos los fans de cine de terror sabe de sobra, ya que nos deleitó con su presencia en algunos de los clásicos de la Universal, siendo dirigida por James Whale en El Caserón de las Sombras (The Old Dark House, 1932) y El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) y El beso ante el espejo (The Kiss Before the Mirror, 1933).
Pero Gloria Stuart hizo mucho más: inició su carrera a los 22 años con Street of Women (1932, Archie Mayo) y su carrera se prolongó durante 46 películas más antes de su retiro en 1946, para dedicarse a su familia y a su otra pasión, la pintura. Entre los títulos que interpretó: Secret of the Blue Room (1933, Kurt Neumann) junto a Lionel Atwill; Escándalos romanos (Roman Scandals, 1933 Frank Tuttle) y Vampiresas 1935 (Gold Diggers of 1935, Busby Berkeley). El retiro duró hasta 1975, año en el que vuelve otra vez al mundo de la actuación, aunque centrando su carrera en la televisión realizando pequeños papeles en series como The Waltons (1972-1981) (¿Os acordais de los Waltons?) o Se ha escrito un crimen (Murder, She Wrote) e incluso en
The Invisible Man (2000-2002, Breck Eisner) hasta llegar a Titanic (1997, James Cameron), papel al que accedió porque su director quería a una actriz de la era dorada de Hollywood y como ella se definió estaba «aún disponible, sin problemas con el alcohol, ni con reuma ni cayéndose por la edad«. El papel le dió muchas alegrias y reconocimiento como la nominación al Óscar como mejor actriz de reparto, nominación al Globo de Oro y galardón del Sindicato de Actores, entre otros. Su último papel fue en 2004 en Tierra de abundancia (Land of Plenty, Wim Wenders).
También intervino en documentales sobre cine de terror como The Horror Show (1979, Richard Schickel), The World of Gods and Monsters: A Journey with James Whale (1999, Sam Irving, David J. Skal), Universal Horror (1998, Kevin Brownlow) y Karloff and Me (2006, Sam Borowski).
En 1988 escribió su biografía con la colaboración de su hija, la escritora Sylvia Thompson , que se publicó con el nombre de Gloria Stuart: I Just Kept Hoping.
Para mí, Gloria Stuart quedará eternamente como la elegante y sexy dama del vestido de noche que pasó la tormenta en el caserón de los dementes hermanos Femm, siendo objeto de deseo de Morgan, el borracho y deforme sirviente en ese gran clásico que es El caserón de las sombras, que como deben saber ha sido recientemente editada en DVD por Vellavisión, ya les hablé de ella aquí, ¿Cómo? ¿Que no la tienen ya? pues… ¡A que esperan!
Por fin llega Karloff y… El caserón de las sombras
Así es amigos, Vellavision ha puesto en nuestras ansiosas manos el gran clásico The Old Dark House de James Whale, film que no tiene ningún desperdicio y que aún hoy sorprende por la mezcla de pintorescos personajes y transposición de géneros, ya que en ciertos momentos uno no sabe muy bien si Whale rodaba una comedia o un film de terror, práctica que retomó en su posterior retorno al personaje que le dio la inmortalidad con La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935), aunque de forma menos, digamos, alocada.
Para esta adaptación de la novela Benighted del prolífico escritor y guionista J. B. Priestley, James Whale se rodeó de muchos compatriotas (al igual que en La novia…donde de hecho varios repitieron). Por un lado tenemos a unos visitantes inesperados que buscan refugio de la tormenta en un viejo y sórdido caserón: el recién llegado a Estados Unidos Charles Laughton, que realizaba su primer papel americano (de hecho rodó este film prestado ante el retraso de su primera producción real, The Devil and the Deep
(1932, Marion Gering); la londinense Lilian Bond, con un papel de corista y chica «moderna» ; el elegante Melvyn Douglas realizando uno de los papeles de galán que tan bien se le daban, aunque en esta ocasión algo más rico en contrastes e ironía; Raymond Massey, que de vuelta a Inglaterra rodaría la memorable La vida futura (Things to Come, 1936 William Cameron Menzies) . Tanto Douglas como Massey llegaron de rebote a The Old Dark House cuando se demoró el rodaje de Adventure Lady . Y finalmente la bellísima Gloria Stuart, como esposa de Massey, que se pasa toda la película, por capricho de su director, con un traje de noche blanco que no hace más que poner burro al bueno de Morgan (Karloff) y naturalmente a nosotros. Parece que Gloria Stuart gusto al Whale, ya que volvió a rodar a sus órdenes sus dos siguientes films: El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) y El beso ante el espejo (The Kiss Before the Mirror, 1933).
Un dato a anotar y que supongo todos ustedes sabrán es que la ancianita que sale en ese engendro llamado Titanic (1997, James Cameron) es la misma Gloria Stuart de la que estamos hablando, que fue nominada al Oscar por esa actuación.
Pero si el ramillete de personajes que se refugian en el caserón es del todo variopinto, no lo es tanto la familia Femm y su alegre mayordomo Morgan: Estos estan todos locos.
Como recordaba Elsa Lanchester (que como saben fue La novia de Frankenstein y en la vida real esposa de Laughton), «La casa albergaba a una familia bastante numerosa de ancianos muy asustadizos, que ocultaban a otros parientes todavía más provectos en los pisos superiores. Sólo recuerdo con claridad que cada nuevo horror parecía tener más pelo que el anterior; la película se ocupaba sobre todo de horrores peludos».
Peludos o no, son toda una estirpe de asustadizos freaks que representan el fin de la estirpe de los Femm: Ernest Thesiger está increíble como Horace, el más cuerdo de los hermanos, brindándonos una actuación de alto nivel, tanto que su presencia se come a los otros como buen robaplanos que es (escuchen su deliciosa dicción al ofrecer «Potato» insistentemente a sus forzosos invitados). Thesiger, pasará a nuestra memoria al interpretar al loco/a Dr. Pretorius en la segunda película de la saga de Frankenstein y, más comedido, como sirviente de Karloff en El resucitado (The Ghoul, 1933 T. Hayes Hunter). Eva Moore, una legendaria actriz británica, encarna a la desagradable y sorda hermana de Horace, Rebecca Femm, que consigue incluso que el público quiera abandonar la mansión -el cine- por la firmeza con la que hace saber que los intrusos no son bienvenidos.
Tenemos a Brember Wills como el tercer hermano Saul Femm, un demente -más que los otros- pirómano y amigo de los cuchillos. Y también tenemos al padre de los adorables ancianos, Sir Roderick Femm de 102 años interpretado por… Elspeht Dudgeon, una actriz teatral vieja amiga del director que se incluyó en el reparto como John Dudgeon.
Pero no se vayan todavía, no me olvido de Morgan, el mayordomo mudo, bebedor y lúbrico perseguidor de Gloria Stuart. Con barba y nariz rota, Morgan, incorporado eficazmente -como siempre- por un Boris Karloff primorosamente maquillado por el genio Jack Pierce, tuvo una campaña publicitaria, que se reflejo como prólogo del film:
«Karloff, el mayordomo malvado de esta película es el mismo Karloff que creó al monstruo mecánico (¿?) en Frankenstein. Aclaramos este punto para zanjar todas las dudas y confusiones que puedan surgir al respecto, aunque sabemos fehacientemente que tales dudas sólo pueden interpretarse como un tributo a la gran versatilidad del actor».
La película se rodó durante la primavera de 1932 y se estrenó la noche de Halloween de ese mismo año, pero a pesar de que las críticas no fueron desfavorables, no fue del agrado del público, posiblemente por el papel secundario de Karloff o por la incomprensión ante el disparatado humor de la cinta. Curiosamente conectó más con el público inglés, ya que obtuvo un gran éxito en Inglaterra. En España se estrenó poco después que en Estados Unidos, el 7 de marzo de 1933 con un lanzamiento similar al americano, donde se resaltaba la figura de Karloff.

Ilustración del genial Basil Gogos utilizada como portada del número 66 de Famous Monsters y también para la portada del número 18 de la entrañable edición española de Garbo editorial.
El caserón de las sombras se reestrenó en 1939, pero Universal perdió los derechos del film en 1957. Afortunadamente Curtis Harrington, director de cine/tv (Queen of Blood, 1966) , personaje curioso (actor colaborador de Kenneth Anger) y admirador confeso de James Whale, encontró una copia en los baúles de Universal que es la que tenemos ocasión de disfrutar.
Aunque la copia no está lo todo bien que pudiera estar, contiene toda la magia completa y deberíamos de darnos con un canto en los dientes por la posibilidad de poder seguir disfrutando de esta suculenta película. Kino Video editó un bonito dvd sin subtítulos pero con buenos extras (audio comentarios de Gloria Stuart y de James Curtis, autor de la biografía de James Whale A World of Gods and Monsters, además de una entrevista con Curtis Harrighton), pero ahora Vellavision nos da la posibilidad de poderla ver bien subtitulada y con un sonido mejorado con respecto a la edición de Kino. Todo ello dentro de las posibilidades de la copia original, bastante maltrecha. En todo caso Vellavision no ha querido hacer una severa remasterización
de imagen, tal y como nos cuentan ellos mismos: «(…) al principio estábamos un poco preocupados en cuanto a la imagen (…) todavía conservaba ciertas manchas de celuloide en algunas partes de la película que, tras valorarlo mucho, decidimos no limpiar «digitalmente» para no cargarnos la estupenda fotografía de Whale -cosa que finalmente nos han agradecido varios compradores.
Una estupenda película que tenemos la oportunidad de incorporar a nuestra colección y que además viene acompañada con un libreto a cargo de Carlos Díaz Maroto y audiocomentario y presentación de Ángel Gómez Rivero, viejo conocido de todos y co-autor junto a Ángel Agudo de Paul Naschy: La máscara de Jacinto Molina, además de las consabidas fichas técnicas y filmografías. Poco más que queda que agradecer a Vellavision que tenga el buen gusto de poner a nuestra disposición estos films, no hay que olvidar que tuvieron el buen tino de sacar una bonita y extensa selección de films de Paul Naschy que quedarán como homenaje al actor, director y guionista y que prometen nuevos e interesantes lanzamientos de los que puntualmente os informaremos.
Por cierto, de la otra versión del film de William Castle de 1963 mejor hablar en otra ocasión.
(más información, carteles, programas e imágenes apretando aquí)
Se cumplirá el deseo de Naschy: por fin existirá el documental «El Hombre que vio llorar a Frankenstein» (The Man who Saw Frankenstein Cry)
Bajo el poético título Cuando las luces se apagan (T&B 2008)Naschy nos regalaba una condensación actualizada de su autobiografía Memorias del hombre lobo (Alberto Santos 1997). Con su léxico arcaizante que le daba aires de señor decimonónico como aquellos que protagonizan los films de terror gótico que tanto amaba, Paul compartía con nosotros en sus memorias, el lado más humano de sus recuerdos cinematográficos. Entre sus evocaciones emotivas, probablemente la más querida por él fue haber visto llorar a uno de los mayores monstruos del cine, tanto es así que le dedica todo un capítulo. Naschy podía decir que fue el único hombre que vio llorar a Frankenstein.
Todo empezó la madrugada del 25 de febrero de 1966. Una productora estadounidense estaba rodando en España uno de los episodios de la serie I Spy (1965-68), concretamente el capítulo 22 de la segunda temporada llamado Mainly on the plain , y necesitaba algunos figurantes para su reparto y ahí es donde entra Naschy, que fue contratado para una minúscula aparición. En ese capítulo Boris Karloff, encarna a Don Ernesto Silvando, ciéntifico español especializado en misiles (¡!) que se cree una reencarnación del Quijote, y entre otras peripecias confunde lo que es una merienda
campestre con una dama en peligro a la que al intenta «salvar», provocando que tres lugareños (que lucen todos boina) manteen al pobre anciano. Uno de esos mozalbetes agrestes es nuestro Paul Naschy, en una aparición que la censura de la época no permitió, ya que cuando la serie se programó en nuestras pantallas, este capítulo se lo saltaron por no dejar en buen lugar a la Benemérita. Esta serie mi memoria catódica la recuerda más que nada por las imágenes de sus protagonistas, Bill Cosby y Robert Culp en un álbum de cromos, pero se trató de una serie muy popular, realizada en plena moda de los agentes secretos y sobre todo porque el rodaje fue muy internacional, rodando episodios en Roma, Atenas, Tokio, Hong-Kong, Marruecos o este capítulo del que hablamos, que se desarrolló en Madrid.
Aquella madrugada de febrero fue el primer día en que Paul llegó al rodaje; en aquel contexto que reunía todas las trazas de lo sombrío: paisaje nocturno, frío espantoso… Naschy cruzó su mirada con la de Boris Karloff: «Cuando alzó la mirada y clavó sus penetrantes e hipnóticos ojos verdes en mí, un escalofrío me recorrió la columna vertebral. Hablaba con voz profunda, y se mostraba entrañablemente amable.(…)Al verle en acción comprendí lo que la mirada significa para un actor de cine.» Karloff se movía trabajosamente, unas prótesis metálicas le permitían caminar a duras penas y el frío le caló durante todo el rodaje, entonces fue cuando: «Una tarde vi a Boris Karloff llorar, el anciano se quejaba del lacerante frío y estaba muy cansado; el coche de producción se retrasaba y las gélidas rachas de viento cortaban como cuchillos. Sorprendente: debí de ser uno de los pocos, tal vez el único, que vio llorar al monstruo de Frankenstein.«
Años después Emilio Pina quiso llevar al cine la vida de nuestro hombre lobo, el guión tomó su título de ese momento tan íntimo que acabamos de reproducir, se iba a llamar El Hombre que vio llorar a Frankenstein. El proyecto le fue ofrecido a Bajo Ulloa pero éste lo rechazo. Sin embargo, Naschy fue un hombre inaccesible al desaliento, recibió con estas palabras ese rechazo: «sinceramente, creo que fue lo mejor que pudo pasar. Tarantino me ha hablado del tema, hace muy poco y existe otro proyecto. Ya veremos.»
Y en la próxima edición del Festival de Sitges se estrenará en primicia el documental El hombre que vio llorar a Frankenstein (The man who saw Frankenstein cry, fuera de España). No, no será Tarantino quien lo filme, sino otro hombre que admiró a Paul, que le acompañó hasta sus últimos momentos y que puso su grano de arena para inmortalizarle: Ángel Agudo, autor de la biografía definitiva de Naschy, Paul Naschy: La Máscara de Jacinto Molina (Scifiworld 2009) ,que fue presentada también en Sitges en octubre del año pasado con la presencia de Naschy, que aunque ya estaba siendo devorado por la enfermedad no dio su brazo a torcer y hasta el último momento quiso estar con sus fans. El documental está producido por Scifiworld (con la colaboración de La Cruzada Entertainment -José Luis Alemán- y Waldemar Media -Sergio Molina-), tendrá aproximadamente una hora de duración y desde ya estamos deseando verlo. Scifiworld daba la noticia la pasada semana del inicio del rodaje. Concretamente el equipo se ha desplazado a Londres donde han entrevistado a John Landis a quien debemos otro
memorable hombre lobo y a manos de quien Naschy recibió el premio Máquina del Tiempo en el Festival de Sitges y a Caroline Munro, que colaboró con Paul en la más polémica de sus películas, El Aullido del diablo (1987, Jacinto Molina).Una inglesita con muy interesante carrera y de la que me enamoré perdidamente tras ver sus ojos en El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Simbad, 1974 Gordon Hessler) y poco más tarde alimento mis más bajos instintos con los modelitos que lucía en Starcrash (1978 Luigi Cozzi), pero que entre otros títulos clásicos del fantástico colaboró en El abominable Dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971 Robert Fuest) y su secuela El retorno del Dr. Phibes (Dr. Phibes Rises Again) dirigida por el mismo director y estrenada al año siguiente; tardíos Hammer como Drácula 73 (Dracula A.D. 1972, 1972 Alan Gibson) o Captain Kronos: Vampire Hunter (1974, Brian Clemens); fue chica Bond en La espía que me amó (The Spy who Loves Me, 1977 Lewis Gilbert); tampoco se cortó en enfrentarse al temible Joe Spinell en la enfermiza Maniac (1980, William Lustig), además de haber trabajado para Paul Naschy en El Aullido del Diablo y con Jesús Franco en uno de sus films más bien rodados, Los depredadores de la noche (Faceless, 1987).
De la actriz, Naschy no conservó más que buenos recuerdos, tal y como escribió en sus Memorias del hombre lobo: «La más bella de todas las actrices que he conocido, una auténtica profesional y un ser humano extraordinario. Se hizo amiga y cómplice de mi hijo pequeño, Sergio, y siempre estaban juntos». Después de Londres el equipo recorrerá España (Madrid, Barcelona, Burgos…) y cruzará después el Atlántico para recalar en Los
Ángeles, donde presumiblemente entrevistarán a los dos directores con los que realizó sus dos únicos fims americanos, Fred Olen Ray (Tomb of the Werewolf) y Don F. Glut (Countess Dracula’s Orgy of Blood) sobre cuyos rodajes pueden ver un extenso artículo en este, su blog. En cada una de esas ciudades se entrevistará a las muchas personalidades que intervendrán en el documental, como Jordi Grau, Nacho Cerdá, Angel Sala o Sir Christopher Lee, entre otros que Scifiworld irá desvelando poco a poco. Como narrador el director Mick Garris (lástima, nosotros hubiéramos apostado por la voz de Christopher Lee)
Habremos de estar muy pendientes del portal de Scifiworld para ir descubriendo todo lo que nos va a deparar este film. También aprovechamos para recordar el otro documental pendiente de estreno oficial o, al menos distribución, La sonrisa del lobo de Javier Perea, un interesante repaso a la filmografía de Waldemar Daninsky de mano del propio Naschy.
Allá dónde esté nuestro hombre lobo, nuestro querido Paul, seguro que está complacido con esta noticia y este homenaje. Naschy vio llorar a Frankenstein y se emocionó, a nosotros nos emocionó no verle llorar a él, en palabras de Ángel Mora (que nos cedía en la entrevista que le realizamos): «Paul en su libro de memorias describe bajo el título “El hombre que vio llorar a Frankenstein”, como en el rodaje en España de un episodio de la serie I Spy con Boris Karloff , encontró a éste, muy anciano y enfermo sollozando de frío y de dolor en una pausa del rodaje -sólo, ausente, triste-. Yo he de decir que pese al dolor que sentía (físico, psíquico), pese a la cercanía de su muerte, Paul murió sin miedo, murió como quería, con su familia, con las botas puestas (hablando de cine) y que ni yo ni nadie podré/podrán decir aquello de que “Vieron llorar al hombre lobo”.»








































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