VAMOS DE ESTRENO * Viernes 6 de marzo de 2026 *
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EL ÚLTIMO VIKINGO (Den Sidste Viking, Anders Thomas Jensen, 2025)
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Dinamarca/Suecia. Duración: 116 min. Guion: Anders Thomas Jensen Música: Jeppe Kaas Fotografía: Sebastian Blenkov Compañías: Zentropa Productions, Film i Väst, Film Fyn, TV2, The Danish Film Institute Archive, Zentropa Sweden Género: Comedia
Sinopsis: Anker sale de prisión tras cumplir una condena de quince años por robo. El dinero del atraco fue enterrado por su hermano Manfred. Solo él sabe dónde está. Por desgracia, desde entonces Manfred ha desarrollado un trastorno mental que le ha hecho olvidarlo todo. Juntos, los hermanos emprenden un viaje inesperado para encontrar el dinero y descubrir quiénes son en realidad.
«No juzguen, y no serán juzgados» esta enseñanza bíblica de Jesús (Mateo 7:1-5, Lucas 6:37) que exhorta a la misericordia y a evitar la condena hipócrita de los demás parece planear sobre el último
film Anders Thomas Jensen. Pero no esperen una obra pía, ni menos una cinta reverente, porque con el danés siempre vamos a movernos en las antípodas de la corrección y la moralina, lo suyo es más bien un iluminar la empatía desde el absurdo. Jensen es, posiblemente, el director que mejor entiende la «fraternidad de los dañados. Su cine casi siempre gira en torno a hombres rotos, violentos o inadaptados que se ven obligados a convivir, encontrando una extraña redención a través de la aceptación de sus taras. Es así desde su debut, Luces parpadeantes (2000), tiene una cima en Las manzanas de Adam (2005), su obra maestra sobre la fe y el trauma en la que la anagnórisis es constante y el humor es tan negro como el de una fábula de los hermanos Grimm, y sigue manteniendo brillo en sus cintas de 2015 y 2020, Men & Chicken y Jinetes de la justicia, respectivamente. Y en El último Vikingo se reafirma en su tesis y en su estilo, una especie de cruce entre los Coen y Roy Andersson.El último vikingo no es solo una comedia de humor negro; es un tratado visual sobre la autoaceptación y la redención de nuestras sombras. La película nos sumerge en una «banda de tarados» donde las excentricidades no son defectos de fábrica, sino cicatrices de una infancia negada.
El corazón del film late con fuerza en su momento de anagnórisis: cuando el hermano supuestamente «sano» reconoce su papel en la desaparición del padre. En ese instante, la jerarquía moral se desploma. Al descubrir que su sombra es tan oscura como la de aquellos a quienes cuida, la superioridad da paso a una empatía radical. Ya no se trata de tolerar al otro desde la condescendencia, sino de reconocerse en su fractura. Solo cuando aceptamos nuestra propia capacidad para el horror, estamos listos para comprender el dolor ajeno.
El golpe maestro de Jensen reside en el simbolismo del nuevo dueño de la casa familiar de los protagonistas, Werner (Søren Malling). Lo que parecía un personaje secundario se revela en los créditos finales como el arquitecto del relato. Al ser él quien dibuja esa fábula infantil, su rol transmuta de simple observador a narrador fundamental. Sus dibujos no solo dialogan con el inicio y el cuerpo del film, sino que otorgan una dignidad artística al trauma; Werner logra construir el relato que el mundo le negaba, transformando el horror en un mito compartido.
Este viaje emocional se sostiene gracias a un elenco prodigioso, donde destaca especialmente la interpretación de Mads Mikkelsen como Manfred, aquejado de trastorno de identidad disociativa. Su trabajo actoral dota de una humanidad desgarradora a la patología, recordándonos que detrás de cada tic o comportamiento errático hay un niño buscando refugio.
Al final, la película nos enseña que la verdadera comprensión que rige el mundo no nace de la normalidad, sino de la mirada del «otro» que, desde su aparente silencio, es capaz de dar sentido a nuestro caos.
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