Mondo D’Arbó 1: Viaje al más allá (1980)
VIAJE AL MÁS ALLÁ (1980)
Sinopsis: El Dr. Meinen (Narciso Ibáñez Menta) cita en su mansión, situada en los Pirineos, a una serie de personas con el común denominador de haber vivido fenómenos paranormales: un viajante (Emilio Gutiérrez Caba) al que se le ha aparecido un difunto; un sacerdote (Antonio Molina Rojo) que intervino en un exorcismo; una joven viuda (Rosa M. Espinet) cuyo marido tuvo la premonición de su propia muerte; una pareja (Rosa Morata y Carlos Martos) cuyo hijo tuvo un episodio de regresión a una vida anterior; y, finalmente, un parapsicólogo (Ramiro Oliveros) testigo en un caso de poltergeist. La intención del Dr. Meinen será escribir un libro con los casos que sus invitados le narren, pero, a pesar de que todo parece desarrollarse con normalidad, los protagonistas harán un viaje al más allá.
El lunes 16 de febrero de 1981 se estrenaba en el cine Fémina de Barcelona Viaje al más allá. La histórica sala, inaugurada en 1929 en pleno Paseo de Gracia, engalanó el local con las acostumbradas pinturas con las que, tal y como se hacía antes de que absurdas normativas prohibieran tan colorista costumbre, los cines anunciaban su programación. Y el cine Fémina era uno de los mejores decorando su fachada, pues no en vano uno de los encargados de hacerlo fue el mismísimo Antoni Clavé, antes de que la Guerra Civil le obligara a marchar exiliado a Francia.
Decíamos que Viaje al más allá se estrenó en lunes, y eso es algo que no debería extrañarnos, puesto que por entonces estos se producían en tan aciago día de la semana en el que, por cierto, mucha prensa también libraba. Así pues, la primera información que se ofreció en, por ejemplo, La Vanguardia, sobre el estreno del filme se publicó el viernes anterior y consistió en una pequeña imagen en la sección de espectáculos que incluía un extracto del cartel en el cual se anotaba que Viaje al más allá (La frontera de lo desconocido) se estrenaría con carácter de gran estreno el lunes siguiente por la tarde, presentada por Club de Vanguardia y contando con la presencia, en la sesión de noche, del director y parte de los protagonistas.
La “primera película parapsicológica basada en casos auténticos y dirigida por un parapsicólogo profesional: D’Arbó” recibió mayor cobertura en la edición de La Vanguardia del domingo 15 de febrero, pues además de mencionarse en portada, se entrevistó al director, que contó qué era Viaje al más allá:
“En la película se narran cinco historias diferentes, basadas en hechos auténticos que se han producido en nuestro país. Evidentemente han sido adaptados y dramatizados para la pantalla, pero son historias en que lo que importa verdaderamente es poner una serie de fenómenos paranormales que no por ignorados, dejan de producirse y ser reales, por eso se les denomina fenómenos ocultos. Para un más que completo y acabado producto cinematográfico se ha creado una gran historia alrededor de todas las otras, que las engloba en sí misma y que hace que ésta sea una película de misterio y suspense”.[1]

Como vemos, la película narra cinco casos vertebrados por una historia nexo, a la usanza de películas como Al morir la noche (Dead of Night, 1945) o de filmes de terror del sello británico Amicus, como Condenados de ultratumba (Tales from the Crypt, Freddie Francis, 1972) o La bóveda de los horrores (The Vault of Horror, Roy Ward Baker, 1973), aunque, ya desde su promoción, huye de ser etiquetada como película de terror, empleando su mayor baza en basar estos episodios fantásticos en sucesos paranormales reales. Así, un caso sucedido en 1969 en la carretera de Barcelona a Platja d’Aro se convertirá en la aparición que narra el viajante interpretado por Emilio Gutiérrez Caba. El caso de posesión diabólica que presenció el sacerdote jesuita Francisco de Paula Solà en un colegio de monjas de Zaragoza a finales de los años treinta servirá para el segundo episodio. El caso de un joven estudiante barcelonés que a mediados de los años sesenta soñaba repetidamente que sufría un accidente de tráfico en el que finalmente falleció ilustrará el caso de premonición. Y el poltergeist se basará en un hecho acaecido a mediados de los años setenta en el barcelonés barrio de Sagrada Familia, del que el propio Sebastià D’Arbó fue testigo presencial, tal y como relata en su libro La verdadera historia del… viaje al más allá[2]. El único caso en el cual los hechos no sucedieron en España es el de la reencarnación, que se inspira en un suceso acaecido en Cuba.
Cada protagonista contará su caso adquiriendo Viaje al más allá una estructura similar a la de un whodunit, o reunión de acusados. Pero no nos encontramos ante ese tipo de historia, pues lo que se narra es más cercano al terror: poltergeist, exorcismos, fenómenos extraños, aparecidos y presencias invisibles atenazarán a los protagonistas hasta ese clímax, ese bucle final. Sin olvidar la magnética presencia de Narciso Ibáñez Menta, nombre de gran predicamento para el aficionado al cine fantástico y que como Dr. Meinen nos retrotrae, inevitablemente, desde su primera aparición al propio Drácula, bajando las escaleras mientras da la bienvenida a sus invitados… Todo ello englobaría a la película en el género de terror, como parece confirmado por la participación del filme en el II Festival de cine Imaginario y de Ciencia Ficción de Madrid, que se celebró del 2 al 15 de marzo de 1981 y donde Viaje al más allá compitió con, entre otras 40 cintas, El retorno del hombre lobo (1981) de Jacinto Molina. Entre los miembros del jurado, el certamen contó con Narciso Ibáñez Serrador, Narciso Ibáñez Menta, John Gilling o Moebius, entre otros. Concretamente sobre este festival se emitió el 16 de marzo de ese año un espacio en TVE2, Revista de cine, que ofreció una entrevista con Sebastià D’Arbó y escenas de Viaje al más allá.
La película, que tal y como explicó Sebastià D’Arbó: “se hizo enteramente en tierras de Cataluña, desde los Pirineos hasta Begas, pasando por la Costa Brava”[3], se beneficia de estar rodada en bellas y bien aprovechadas localizaciones como son Ribes de Freser y el Vall de Núria (Girona). Por otra parte, ser estructurada como cinta episódica resulta un formato perfecto para el fin que persigue. Sin embargo, hay varios inconvenientes que deslucen el resultado.
El continuo tono didáctico cumple bien con el objetivo de dar a conocer la casuística paranormal, pero, por contrapartida, lastra la efectividad de la ficción cinematográfica. La cinta logra transmitir el interés de los casos (supuestamente) reales, pero su ficcionalización es pobre, defecto más palpable en unas historias que en otras (como parece inevitable en este tipo de estructura). Hay que destacar para bien el capítulo dedicado a las premoniciones que, involuntariamente, desde luego, llega a tener un agradable toque de humor negro; mientras que, por el contrario, la narración del caso de poltergeist es bastante desafortunada, por sus momentos sobreactuados (esa
sesión de espiritismo), pero más, y sobre todo, por su injustificado cambio de narrador: lo escuchamos desde la perspectiva del parapsicólogo (Ramiro Olivares) que siguió el caso y, sin que sea excusado por nada, a partir de cierto punto la voz en off será la de Ovidi Montllor, que interpreta al protagonista del suceso. Ahora bien, la principal deficiencia del filme es la trama que engarza los fragmentos, pues, a pesar de ocupar buena parte del metraje, no está suficientemente desarrollada como para que resulte creíble ni justificable. Es más, con su giro final rocambolesco, entra en contradicción con la voluntad de realizar un filme que funcione como crisol de ejemplos que documenten la labor de la parapsicología. Es decir, lo que debiera haber sido una mera excusa para dar pie al desarrollo de los episodios, les acaba robando su protagonismo, sin darnos a cambio una intriga con entidad.
Del mismo modo que presenta defectos, tiene aciertos. La cinta sabe dotarse de los recursos del terror gótico, el caserón, las tormentas, el halo de extrañeza propio de esos relatos, a lo que contribuye la atmosférica banda sonora de José Espeita y, sobre todo, el buen hacer de Narciso Ibáñez Menta, todo un clásico del género.
Además del carismático Ibáñez Menta, en el reparto destaca Emilio Gutiérrez Caba, que en clave fantástica ya protagonizara el reivindicable drama sobrenatural La llamada (1965) de Xavier Setó, varias Historias para no dormir dirigidas por Narciso Ibáñez Serrador y, el mismo año del filme de D’Arbó, Estigma, película de terror de José Ramón Larraz. O Ramiro Oliveros, actor todo terreno que en Viaje al más allá interpreta al parapsicólogo que vivió un caso de poltergeist, papel en el que sin duda podemos intuir a un sosia del propio D’Arbó. El actor, que también participó en alguna cinta adscrita al fantástico como Al otro lado del espejo (Jesús Franco, 1973), El pantano de los cuervos (Manuel Caño, 1974), La cruz del diablo (John Gilling, 1975) o Virus (Apocalypse Domani, Anthony M. Dawson, 1980) volvería a trabajar con Sebastià D’Arbó en su siguiente película, El ser. Sin olvidar a Ovidi Montllor, una presencia carismática del cine español que tantos personajes inolvidables dejó en su corta pero intensa trayectoria cinematográfica. O Antonio Molina Rojo, cuyo físico dio perfecto para infinidad de spaguetti western y que, como Red Mills, interpreta al sacerdote que se enfrenta al maligno.
De entre el resto de los actores, varios nombres resultarán familiares para el aficionado al cine de género. Como Montse Prous, recordada especialmente por sus películas para Jesús Franco o alguna de corte erótico con Carlos Aured; Berta Singerman (más tarde Berta Cabré) protagonista de, entre otras, Los últimos golpes de ‘El Torete’ (José Antonio de la Loma, 1980), además de El invernadero (1983) de Santiago Lapeira, la nombrada Estigma (1980) y Más allá de la muerte (1986) de nuevo para D’Arbó.
Este atinado elenco[4] se puede contar entre las buenas bazas del filme. Y, siguiendo con sus méritos, hemos de volver a hablar de los episodios. Pese a su irregularidad, en general tienen buen ritmo y, aun en su brevedad, saben jugar a la introducción de la sorpresa, así, cuanto menos, resultan entretenidos. Uno de los más citados por los comentaristas como virtuoso es el que nos describe la posesión diabólica, tema que contaba con una gran popularidad en el cine gracias al gran éxito cosechado por El Exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973), estrenada en nuestro país en el 75, y que dio pie a un buen número de imitaciones. La posesión que muestra Viaje al más allá no resulta tan espectacular ni truculenta como la del filme de Friedkin, pero sí da pie a escenas de desnudo protagonizadas por Berta Singerman, y a un plano que iconográficamente se utilizó en la promoción del filme: el del vuelo de la posesa. Una escena que a pesar de parecer exagerada le fue descrita al director por el propio padre jesuita, testigo del caso en el cual se basa el del filme:
“Entonces ocurrió algo realmente increíble, pues, de pronto, en una de sus convulsiones, dio un gran salto, pasó por encima de la pila del agua bautismal y salió volando por los aires en posición horizontal a una altura de metro y medio del suelo. Así, volando paralelamente al suelo, pasó por encima de los bancos y atravesó toda a capilla de extremo a extremo, hasta darse un fuerte golpe al chocar violentamente contra el altar mayor: había pasado volando los 20 metros de longitud que tenía la capilla.”[5]
Este fugaz vuelo se utilizó en la portada de la novelización de la película, que publicó el mismo año de su estreno Producciones Editoriales, así como en dos de los fotocromos e incluso en el propio, y estupendo, póster del filme.
Para el director, Viaje al más allá consiguió el objetivo para el que había sido concebida: “Dar a conocer al gran público, a todos los interesados, este misterioso y sin embargo fascinante mundo oculto que nos rodea. Para que se conozca mejor y se comprenda el inmenso poder de la mente que puede llegar a tener el ser humano”. Y esto solo ya es suficiente motivo para hacer de esta cinta un filme a reivindicar.
La película la produjo la propia compañía de D’Arbó contando con la colaboración de otros productores. Uno de ellos el editor de Producciones Editoriales: “(…) el proyecto no se hubiera podido llevar a cabo sin la decidida colaboración de nuestro productor, el editor Juan Fernández Mateu, que publica libros sobre estas temáticas”[6] y también Jesús Balcázar, director de cine y uno de los hijos de Enrique Balcázar, fundador de Balcázar P. C., el estudio cinematográfico barcelonés más longevo junto a I.F.I de Iquino. Las películas de D’Arbó serían de las últimas producidas por Balcázar, pues los estudios cerrarían en 1988.
El cine de género rodado en España, ya fuera de terror, de acción o del oeste, había desaparecido de las pantallas ante la irrupción del cine erótico y Viaje al más allá compartió cartelera durante su estreno con productos del cine ‘S’ como La frígida y la viciosa de Carlos Aured o La caliente niña Julieta de Ignacio F. Iquino; algunas reposiciones de clásicos, y la casi total ausencia de cine fantástico si no fuera por El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick), cinta que también tocaba los fenómenos paranormales y que llevaba por entonces varias semanas de éxito en el barcelonés cine Tivoli. La llegada del video doméstico terminaría de dar el tiro de gracia a las salas de reestreno, que no tardarían en ser seguidas por las de estreno, entre ellas el propio cine Fémina, que, tras anunciar su cierre en 1987, fue pasto de un incendio en 1991.

Volvemos, así, al lunes 16 de febrero de 1981. La pantalla del Fémina está de gala y se abre para ofrecer al público hechos extraños e inexplicables. Tanto o más que los que desde otro escenario, y tan solo una semana después, el lunes 23 de febrero, convulsionarían a toda la sociedad española.
NOTAS
[1] Declaraciones de D’Arbó en “Primer filme español sobre parasicología”. La Vanguardia, Domingo 15 de abril de 1981. Pág. 57
[2] D’ARBO, S.: La verdadera historia del…viaje al más allá. Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1987.
[3] Declaraciones de D’Arbó: Op. Cit.
[4] Como era común en la época, fue doblado. El doblaje de Viaje al más allá fue registrado en los Estudios Carbonell de Barcelona dirigido por Juan Ramón Romaní. En el mismo, varios de los actores, de voces tan características como Ibáñez Menta, Ovidi Montllor, Ramiro Oliveros o el propio D’Arbó, se doblaron a sí mismos. No así otros actores y actrices como Montse Prous, que fue doblada por Carmen Elías o Antonio Molino Rojo, que lo fue por el gran Constantino Romero.
[5] D’ARBO, S.: Op. Cit. Pág. 72
[6] Declaraciones de D’Arbó: Op. Cit.
Fernández Mateu, fue fundador de Editorial Ferma (1954-1970), que especializada en cómic y literatura popular tuvo continuidad en Producciones Editoriales (1970-1982), que prosiguió la línea editorial de la anterior. Publicó algunos de trabajos de Sebastià D’Arbó y, una vez tomó las riendas de la empresa el hijo del editor, el sello apostó por proyectos más arriesgados apoyando la contracultura con publicaciones como STAR, El Rrollo Enmascarado o Bésame mucho.
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