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Las lecturas de Serendipia: ‘Colecciones Monstruosas’ de Vicente Pizarro

COLECCIONES MONSTRUOSAS
Vicente Pizarro
Diábolo Ediciones, 2025. Tapa dura, 17 x 24. Color


Durante los años cincuenta y especialmente en los sesenta se produjo en Estados Unidos una moda entre los niños por los monstruos. Varios fueron los factores que hicieron que niños de toda América se aficionaran a ver películas de monstruos y coleccionar todo lo relacionados con ellos. Entre estos factores figuran la comercialización de las primera maquetas de montar, una afición en auge, que en lugar de aviones de combate ofreció a la chiquillería la oportunidad de tener en su estantería al monstruo de Frankenstein o Drácula. Otro de los factores que influyeron fue la llegada a los kioscos de Famouns Monsters of Fimland, una revista que, eminentemente visual, utilizaba un lenguaje muy cercano a lo que se darían en llamar Monsters Kids. Ambos inventos fueron copiados y llegaron los monstruos articulados de Mego y otros que harían las delicias de aquellos niños. También fueron los años en los cuales los cómics de terror copaban los kioscos y las películas de invasiones alienígenas llenaban las carteleras de los cines de barrio. Desgraciadamente, también se vivía una guerra fría que trajo a los mismos hogares y colegios norteamericanos la posibilidad de un cataclismo atómico.

En España hubo que esperar a los años setenta para que cómics como Dossier Negro, Vampus, Rufus y Vampirella, que adaptaban las publicaciones Warren, llegaran a nuestras manos. Pero llegaron y seguidos de una pléyade  de imitaciones que colmaron nuestros kioscos. Había, por tanto, interés en los cómics de terror. Y siempre hubo afición por el cine de terror. Los monstruos de la Toho llegaban a nuestras pantallas y los niños no tenían problema para entrar en los cines de sesión doble y ver esas películas, junto a otras como la saga de El planeta de los simios y los vestigios de la Hammer, además del cine de terror español, con lúgubres templarios esqueléticos y hombres lobo a la cabeza. Sí los monstruos gustaban a los niños y las primeras colecciones de cromos llegaron a las librerías y kioscos.

Vicente Pizarro ya nos ha hablado de la afición a los cromos y coleccionables que tuvimos los niños de los setenta y los ochenta en algunos deliciosos libros, también publicados por Diábolo, como ¡Andá!, la merienda…Las deliciosas colecciones de nuestra niñez, ¡Andá!, la merienda…Más Deliciosas colecciones de nuestra niñez y ¿Quieres un chicle? Regalos y sorpresas con sabor extralargo de los que ya hemos hablado aquí, y ahora se atreve con un libro monográfico sobre las colecciones dedicadas a los monstruos y al terror. Y, desde luego, hay más de las que, personalmente, pensábamos. Desde Frankenstein y el hombre lobo, una rara avis de 1946 publicado por Fher, hasta La Pandilla Basura a finales de los ochenta, pasando por Hippy Monsters y su reencarnación en los ochenta, Punky Monsters, sin olvidar colecciones de películas y series e incluso los gore cromos de La mansión del Terror y Efectos Especiales. Y no solo cromos, también figuras de pastelitos y otros artículos.

Pizarro, además, completa su volumen con otros objetos relacionados con los monstruos con apartados dedicados a los juguetes, barajas, juegos de mesa, baratijas de kiosco, helados… y en general todos los objetos relacionados con monstruos desde los setenta a los noventa y más allá. En total un completísimo volumen con interesantes textos explicativos y, como es norma en Diábolo, cientos de imágenes reproducidas a todo color. Un libro, en general, del todo recomendable para los que ya peinamos (si hay pelo) canas y los que comienzan a sacar panza por la edad, pues sus objetos y colecciones cubren tres décadas.


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