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VAMOS DE ESTRENO * Viernes 10 de abril de 2026 *
- INCONTROLABLE (I Swear, Kirk Jones, 2025)
- UK. Duración: 120 min. Guion: Kirk Jones Música: Stephen Rennicks Fotografía: James Blann Compañías: One Story High, Tempo Productions Limited. Distribuidora: Bankside Films Género: Drama
- Reparto: Robert Aramayo, Peter Mullan, Maxine Peake y Shirley Henderson
- Sinopsis: La historia real de John Davidson. Diagnosticado con Tourette a los 15 años, señalado como loco por sus compañeros, luchó con una condición que pocos habían presenciado. Ya adulto, hizo campaña en favor del síndrome de Tourette.
La película arranca con fuerza mostrando la aparición de los primeros síntomas en la adolescencia, capturando con crudeza cómo el joven se convierte en el blanco perfecto de las burlas de sus compañeros. Sin embargo, el guion acierta al señalar que el dolor no solo viene de fuera: la incomprensión general cala hondo en su hogar, retratando a unos padres desbordados que, lejos de ser villanos, simplemente no saben cómo enfrentarse a una condición que les supera.
LA BUENA HIJA (Júlia de Paz, 2025)
España/USA/Bélgica. Duración: 101 min. Guion: Júlia de Paz, Nuria Dunjó Fotografía: Sandra Roca Compañías: Avalon, Astra Motion Pictures, Krater Films, RTVE, Movistar Plus+, 3Cat Género: Drama
Reparto: Kiara Arancibia. Janet Novás. Julián Villagrán. Petra Martínez. Anna Cerveró
Sinopsis: Tras la separación de sus padres, Carmela (Kiara Arancibia) y su madre (Janet Novás) se mudan a casa de su abuela (Petra Martínez). Mientras trata de adaptarse a su nueva situación, Carmela anhela pasar más tiempo en casa de su padre (Julián Villagrán), un artista plástico a quien admira e idolatra. La sombra de este llevará a las tres generaciones de mujeres de la familia a decidir el futuro que merecen. Adaptación al formato largometraje del corto homónimo de la propia Júlia de Paz.
La buena hija parece encajar perfectamente en ese modelo de realismo austero que, aunque académicamente respetado y favorecido por las comisiones de subvenciones por su «pureza» y relevancia social, a veces sacrifica la coherencia dramática en favor de la tesis.Al prescindir de banda sonora y artificios, la película se lo juega todo a la verosimilitud. Si el cambio de comportamiento de la protagonista no está cimentado en acciones previas, el naturalismo se rompe y se percibe la «mano del guionista» forzando el final para lanzar un mensaje, perdiendo precisamente esa honestidad que buscaba. Ese giro, por una parte esperado, es especialmente sangrante cuando la película ha dedicado tanto tiempo a construir la química con el padre. Y es doblemente doloroso por el cuidado y el detallismo que la directora ha puesto en todo momento.
En Custodia compartida (Xavier Legrand), la tensión es un crecimiento orgánico. El espectador (y el hijo) detectan la violencia latente en los silencios, las miradas y el control obsesivo del padre desde el minuto uno. En La buena hija, pasar de «padre modelo» a «agresor casi homicida» sin una gradación de microviolencias previas convierte el giro en un golpe de efecto artificial. Con la protagonista siendo una adolescente madura, el guion falla al no dotarla de memoria emocional. Es inverosímil que ella no reconozca los disparadores de ira de su padre si estos son tan extremos. Legrand utiliza el miedo del niño como termómetro; aquí, la confusión de Carmela parece forzada por la dirección para dilatar el clímax.
El fallo técnico se extiende a la representación del sistema. En un drama naturalista, si introduces especialistas y tutores, su incapacidad para ver lo que el espectador ve debe estar justificada (por burocracia, frialdad o manipulación). Es imposible que no se dan cuenta de que la menor necesita ayuda sicológica urgente.
En última instancia, La buena hija fracasa donde Custodia compartida triunfa: en la cimentación del terror doméstico. Mientras Xavier Legrand construye una tensión ascendente y orgánica, donde cada gesto del padre es una nota en una sinfonía de violencia latente, la película de la directora española opta por un volantazo de guion que traiciona su propia estética naturalista. Al convertir a un «padre modelo» en un agresor homicida sin una progresión psicológica previa, la cinta sacrifica la verosimilitud en el altar del mensaje social.
ATRAPANDO A UN MONSTRUO (Dust Bunny, Bryan Fuller, 2025)
- USA. Duración: 106 min. Guion: Bryan Fuller Música: Isabella Summers Fotografía: Nicole Hirsch Whitaker Compañías: Entertainment One, Thunder Road Pictures, Hero Squared, Dust Bunny Productions, Living Dead Guy Productions Género: Terror
- Reparto: Mads Mikkelsen · Sophie Sloan · Sigourney Weaver · David Dastmalchian.
- Sinopsis: Aurora, una niña de 10 años, está convencida de que el monstruo que vive bajo su cama se ha comido a su familia. Cuando descubre que su vecino (Mads Mikkelsen) es un asesino a sueldo, decide contratarlo para cazar a la criatura. Para protegerla, el sicario tendrá que abrirse paso entre una oleada de matones liderados por Sigourney Weaver y asumir que, a veces, los monstruos existen de verdad.
Atrapando a un monstruo marca el debut cinematográfico de Bryan Fuller con una propuesta que es, simultáneamente, un abrazo cálido y un zarpazo en la oscuridad. La película se envuelve en una fantasía de colores pastel y una estética modernista tan meticulosa que evoca inevitablemente el universo cromático de Wes Anderson por su simetría y saturación, aunque aquí la paleta sirve para enmascarar una realidad mucho más oscura y retorcida.Mads Mikkelsen como el vecino sicario, despliega una mezcla de letalidad y vulnerabilidad emocional. Su química con la niña evita el sentimentalismo, aportando una sobriedad que ancla la fantasía en algo peligrosamente real. Por su parte, Sophie Sloan es el corazón de la cinta, construyendo una interpretación que logra que el espectador crea en el monstruo tanto como ella.
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