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Mondo d’Arbó 5: Cena de asesinos

CENA DE ASESINOS

Sinopsis: Héctor Ross (Jordi Torras) está involucrado en el tráfico de drogas, pero la muerte de su hijo por una sobredosis le hará reaccionar y jurará acabar con sus socios traficantes. Para ello contratará a tres asesinos profesionales como ejecutores de su venganza, sin explicarles sus motivos para matar. Tras llevar a cabo su misión, Héctor, en complicidad con Marta (Laura Conti), su joven amante decidirá citarlos en su mansión, situada en una solitaria isla, con la excusa de escribir un libro con las experiencias que los sicarios le relaten[1]. Pero todo resultará ser un juego mortal, una trampa durante la cual los asesinatos se irán sucediendo de manera inexplicable.

Tras Más allá de la muerte (1986), D’Arbó baraja varios proyectos, entre los que se encuentran adaptar al cine la novela La sombra de Hitchcock[2], escrita por su colaborador Salvador Sainz, y también una serie de suspense para televisión junto Narciso Ibáñez Menta con el inquietante título de “El asesino está entre nosotros[3].  En este proyecto de serie cabe ver el germen de Cena de asesinos, pues Sebatià D’Arbó se proponía hacer una nueva adaptación de la exitosa serie que Ibáñez Menta realizó en Argentina en 1985, El pulpo negro. La serie no se realizó, pero en su lugar el director abordó su último largometraje de ficción que se estrenó y exhibió del 25 de mayo al 6 de junio de 1990 en las pantallas de los barceloneses cines Pelayo y Waldorf (en ambos en versión catalana), y a partir del 28 de mayo en el Lido y Magallanes de Madrid como Cena de asesinos, asuntos sucios.

El propio D’Arbó reniega de esta cinta: “dejé el cine por la desgracia de esta película. Bueno, más que por esta película por la administración y lo mal que estaba el sistema de cine aquí en España[4]. Y es que, pesar de estar subvencionada por la Generalitat de Catalunya, para llevar adelante este trabajo se hubo de recurrir al sistema de coproducción y, siempre según el director, fue la participación italiana la que arrojó la maldición a la cinta: “Vincenzo Salviani quería hacer una especie de spaguetti-western. Él venía al rodaje y rodaba unas escenas de violencia adicionales fuera de guion. Además, se llevó todos los negativos a Roma y montó la película sin mi autorización. Por lo tanto, comuniqué a la prensa que abdicaba de esta película y que además el verdadero asesino de la película no era otro que el productor, al menos metafóricamente[5]. A Vincenzo Salviani achacó también el director la profusión de escenas de cama no previstas en el guion y que convierten a Cena de acusados en una película erótica con gotas de intriga y no un thriller con gotas de erotismo, como era intención del director[6]. Sin duda le asiste la razón, pues, si bien todas las cintas de Sebastíà D’Arbó incluyen (a veces de forma un tanto torpe) ligeras dosis de erotismo, algo por otra parte achacable a la época en la cual fueron rodadas, Cena de asesinos carga las tintas hasta convertirse en un filme softcore que, sin lugar a duda, hubiera llevado, de estar todavía vigente, una ‘S’ en su cartel. Si damos un somero repaso a su filmografía queda refrendado que ese tratamiento fue debido a Salviani , pues es manifiesta su afición a, más que incluir, saturar sus películas de erotismo. Algunos ejemplos los encontramos en Oleadas de placer (Una ondata de piacere, 1975) de Ruggero Deodato, a quien produjo alguna película más; Deseo de mujer (Boglia di donna, Franco Bottari, 1978); El periscopio (1979) de José Ramón Larraz que incluye el a(na)tómico encuentro entre las dos euro divas Laura Gemser y Barbara Rey; y, sobre todo, La miel del diablo (Il miele del diavolo, 1986), co-escrita entre su director, Lucio Fulci, el propio Salviani y Jaime Jesús Balcázar productor, como hemos visto, de la práctica totalidad de la filmografía de Sebastià D’Arbó. Por otro lado, parece que el italiano formó la productora, Anna International Films, con la intención de rodar coproducciones eróticas en Cataluña si hacemos caso a las otras obras del sello, El vuelo de venus (Sogno proibito,1988) dirigida por el propio Salviani y La señora del Oriente Express (1989) de Franco Lo Cascio.

Dicho esto, tampoco es que la profusión de estas escenas dañe por si sola el resultado final de Cena de asesinos. Este también queda empañado por una primera parte totalmente independiente de lo que será el grueso del argumento, con esa opaca trama de lucha entre traficantes que resultará fuera de sitio, a razón de la acción que se desarrollará durante la segunda parte del filme y que parece ser es la que realmente quería rodar el director, que volvía a firmar el guion junto a Luis Murillo. Otras decisiones deplorables la empañan, como la selección de una música ratonera de sintetizador (una de las muchas secuelas deplorables de los años ochenta) que servirá como banda sonora para este despropósito con desmadejado resultado, lleno de escandalosos tropezones técnicos, como esas escenas de archivo que se delatarán, más allá de su textura, por ser de diferente formato. Tampoco los actores están todo lo bien que podrían, quizás por tener que recitar diálogos redundantes, cuando no ridículos, como el que recita Laura Conti y que cierra el filme: “La ficción supera a la realidad y a veces lo contrario.”

Laura Conti, la protagonista femenina, se hizo popular gracias a su anterior filme, L’Escot (1987) una cinta de Antoni Verdaguer basada en la novela Amorrada al piló de María Jaén, de alto contenido erótico. Tras la cinta, la bella actriz parecía estar llamada al éxito, o al menos así parecía a tenor de la apuesta que hacía por ella Playboy (España), en cuyo número de julio de 1989, además de protagonizar la portada, figuraba un artículo titulado ‘Hollywood la espera’. Lamentablemente no fue del todo cierto ya que, si bien su siguiente trabajo fue una serie norteamericana de extenso reparto rodada entre España y Estados Unidos, también este sería su canto de cisne. El resto del reparto está compuesto por eficaces y longevos actores, veteranos catalanes de la actuación junto a meritorios que tan solo actuaron en esta cinta y alguna contribución italiana como la de Gabio Gabrani. La participación más sangrante corresponde al prestigioso Jordi Dauder, que iniciaba su carrera cinematográfica justo por entonces y que tuvo que vestir a su personaje, Simón, el marinero, con toda la convicción que le fue posible otorgarle. En la parte técnica repite Ignasi P. Ferré como asistente de Sebastià D’Arbó, quién como viene siendo habitual, se reservó un pequeño papel en su película.

Cena de asesinos, pues, supone para D’Arbó la gran decepción que le llevó a abandonar el cine y centrarse en otros medios hasta que en 2011 volvió a ponerse tras las cámaras para rodar su documental El misterio Fassman. El director afirma que él nunca hizo cine por hacer cine, por eso rechazó ofertas que le hubiesen apartado de la temática de su interés (llama la atención la propuesta que recibió de rodar la primera película de Jesulín de Ubrique). No sabremos nunca qué hubiera ocurrido de no darse la injerencia del productor italiano, pero tal como ha llegado hasta nosotros es un triste punto final para D’Arbó en el cine de ficción.

Tras su breve vida en salas, Cena de asesinos llegó al mercado doméstico. Además de una edición española de video realizada por el sello Cine Base, cuya carátula destaca la parte erótica del filme, se tiene conocimiento de que la película de D’Arbó se editó también en Grecia con el título de Deipno gia dolofonous.

NOTAS

[1] Una excusa idéntica a la que en Viaje al más allá (1980) utiliza el personaje interpretado por Narciso Ibáñez Menta para reunir al resto de personajes en su mansión

[2] S. F. “D’Arbó trata en su última película sobre la vida más allá de la muerte.” La Vanguardia. Martes 25 de marzo de 1986, pág. 43.

[3] Ibidem.

[4] RODRÍGUEZ LAZO, J. P. & SALVADOR ESTÉBENEZ, J.L. “Entrevista a Sebastián D’Arbó” en La abadía de Berzano, 7 de marzo de 2011. https://cerebrin.wordpress.com/2011/03/07/entrevista-a-sebastian-darbo/

[5] Ibidem.

[6] S. F. Opus Cit.

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