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VAMOS DE ESTRENO * Viernes 23 de enero de 2026 *

ARCO (Ugo Bienvenu, 2025)

Francia. Duración: 82 min. Guion: Ugo Bienvenu, Félix De Givry Música: Arnaud Toulon Compañías: Remembers, MountainA, France 3 Cinéma, CNC, Fit Via Vi Film Productions. Productor: Natalie Portman. Distribuidora: Diaphana Distribution Género: Fantástico
Sinopsis: En el año 2075, Iris, una niña de 10 años, ve caer del cielo a un misterioso niño con un traje de arcoíris. Es Arco. Iris lo acogerá y lo ayudará por todos los medios posibles a volver a su hogar.

Bajo la apariencia de una Bildung Roman, Arco de Ugo Bienvenu nos habla de la finitud humana y la importancia del legado. La narrativa rompe con el tropo tradicional del héroe que debe sobrevivir o ganar para centrarse en la transmisión de valores y esperanza a través del tiempo. Desde la contraposición de dos tiempos futuros (2075 versus 2984) nos propone un viaje desde lo distópico a la utopía, la obra de Bienvenu utiliza el marco de la ciencia ficción para advertir sobre un futuro deshumanizado (distopía), pero se desvía de la norma al construir un camino hacia la esperanza y el reencuentro con lo esencialmente humano (utopía). Al cinismo oscuro de nuestro tiempo, contesta con un optimismo estético no exento de una cierta pátina de agridulce melancolía.

Iris tiene diez años en 2075, la tierra es un mundo dominado por la tecnología, los trabajos más pesados los realizan ciborgs de aspecto humanoide, algunos de ellos, los más evolucionados, se ocupan también de los servicios y cuidados, los humanos pueden concentrarse en las labores cualificadas y prosperar sin las distracciones que suponen las preocupaciones cotidianas. Podría decirse que el progreso ha avanzado. Pero el planeta se está agotando, asolado por terribles incendios que amenazan con devastar nuestra civilización. Para escudarse de las inclemencias de unos fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, frutos del calentamiento, y protegerse de los fuegos cada vez más virulentos, los hogares disponen de unas cúpulas transparentes que aíslan las casas del entorno. Si es que se progresa, se hace a costa de perder el contacto con el medio, se hace a cambio de deshabitar el espacio de comunión con la biósfera. El mundo se ha deshumanizado.

Arco tiene 10 años en 2984, la tierra ya no es habitable, pero la humanidad ha subsistido gracias al ingenio de crear un sistema de plataformas que se ramifican fuera de la atmósfera, mundos diversos en los que se va desplegando el tiempo y la historia. El de Arco es un auténtico Edén, un locus amoenus, en el que se ha retornado a la convivencia con la naturaleza, con su familia se dedica a cultivar, y repoblar de especies que el caos climático prácticamente extinguió, su pequeño entorno. Un invernadero que hace eterna la primavera. No todo se encuentra en su territorio, por eso sus padres y su hermana mayor viajan a otros espacios y otros tiempos para recuperar las semillas y brotes del pasado y darles nueva vida en su ingrávido hábitat. Es un mundo de reconciliación entre lo humano y lo biológico.

Arco e Iris existen en paralelo, hasta que la desobediencia les hace confluir. El niño quebranta la norma de no salir a navegar hasta cumplir los 12, movido por su afán de ver dinosaurios con sus propios ojos. La impericia le hace perder el control de su rumbo y caer estrellado contra el suelo de una tierra no prevista. La niña se aburre en la escuela cuyas lecciones no sacian su curiosidad, con una falsa excusa abandona el aula y se adentra en el bosque infringiendo la prohibición expresa tanto de sus padres, como de las reglas del colegio. En un claro, Iris descubrirá a Arco tendido en el suelo inconsciente, ahí empieza su aventura en común. Iris había pedido un deseo el día de su cumpleaños, que las cosas cambien, la irrupción de Arco en su mundo viene a ser el prodigio que espera. Iris se erige en protectora de Arco y está dispuesta a hacer lo posible por lograr que regrese a su casa, en la peripecia de ambos no estará en juego sólo su destino individual sino que de su resolución se desprenderá el futuro colectivo. Relato de crecimiento, el fin de la niñez de Arco e Iris será el detonante que permitirá la supervivencia de la especie. “Nadie puede conocer su futuro”, se dice en la cinta, pero del encuentro de dos tiempos surgirá la posibilidad de la continuidad.

Con una cuidada animación 2D, que toma elementos de la línea clara para fundirlos con otros procedentes del manga japonés, y una paleta que sabe elegir el cromatismo idóneo para cada secuencia, Arco nos regala una brillante reflexión visual sobre la identidad y la tecnología. Bienvenu domina las técnicas de la narración visual, tanto del cine como, especialmente, del cómic, y nos ofrece una obra a contracorriente que apuesta por centrarse en la importancia de la transmisión de valores y esperanza a través del tiempo. La cinta nos dice que la importancia no está en la permanencia, sino en el legado que iluminará a otros para que florezcan. Nada está a salvo de la obsolescencia, pero el impacto humano llega a parecer permanente, puesto que, siendo finitos, la herencia que dejemos influirá en el bienestar de quienes vendrán después. Arco es un canto a la memoria y al sacrificio.

Un magistral secundario es el encargado de entonar esa melodía, Mikki, el androide nana de Iris. Mikki protagonizará la escena más nuclear de la historia, una secuencia que se ha convertido instantáneamente en el “momento Bambi”, pero con una vuelta de tuerca existencial y tecnológica. El androide sirve a la acción para introducir el tema del libre albedrío, puesto que su afecto por la protagonista no depende del programa que le rige, al menos no deterministamente, su capacidad de toma de decisión se manifiesta cuando las circunstancias le ponen en la tesitura de renunciar a ser guardián de la niña para convertirse en su aliado. Y toma esa determinación aún a costa de ponerse en riesgo, su ética de utilidad le conduce al sacrificio por un bien más alto que su propia permanencia. A través de este episodio, Bienvenu concluye que no importa que cada uno de nosotros no sea el fin de la existencia, porque nuestra auténtica relevancia estriba en ser el combustible para que el futuro exista.

Arco es una odisea en la que no hay villano a combatir, hasta los antagonistas acaban colaborando para lograr el éxito de Arco, lo que se enfrenta es nuestra continuidad como civilización, más aún, como especie, y pudiendo quedarse en la desolación entona un himno a la esperanza. De nuestro presente distópico aún puede germinar un futuro propicio, dependerá de la luz de arcoíris que dejemos tras de nosotros como estela para guiar a las generaciones que habrán de venir. De que nos coloquemos cdel lado del conocimiento y la empatía y no nos aliemos con el cinismo oscuro que impera en las ideologías pujantes. La película de Bienvenu es una fábula utopista que viene a morder las raíces de la política de muros y segregación. Porque la realidad ha tropezado con Trump, máscara del líder anexionista y déspota en nuestros días (como antes lo fueron otros engendros autoritarios), pero la imaginación todavía es libre. Y si la propuesta de Arco es inalcanzable, si no queda esperanza, habrá que inventarla de nuevo.

 

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