Mondo d’Arbó 3: Más allá de la muerte
MÁS ALLÁ DE LA MUERTE (1986)
Sinopsis: Möser (Tony Isbert) acude a la clínica del profesor Hammerman (Narciso Ibáñez Menta) atraído por sus experimentos sobre la vida después de la muerte, ya que él mismo ha tenido una experiencia sobrenatural con su esposa recién fallecida. En la clínica es testigo de como Hammerman retorna a la vida a una esquiadora a la que se había dado por muerta y cómo esta narra las experiencias que ha vivido en la ‘otra vida.’ Todo ello hará que Möser termine colaborando con el profesor. También conocerá a su joven hija, Florence (Berta Cabré) de la que se sentirá cada vez más atraído.
Möser averiguará que Hammerman había iniciado sus experiencias de vida-muerte-vida como científico obligado por los nazis en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. Ahora experimenta con animales, a los que vuelve a la vida haciéndoles retornar del más allá a voluntad. Sin embargo, nunca ha experimentado con seres humanos. Möser, que en realidad pertenece a una logia esotérica nazi, ha sido enviado tras la pista del profesor para acabar con él, pero la admiración hacia sus experimentos y el amor de Florence le disuadirán de cumplir su misión, lo que no impedirá que el profesor sea asesinado y él mismo se ofrezca como conejillo de indias para continuar las investigaciones del profesor de viajar más allá de la muerte…
Más allá de la muerte cierra la trilogía parapsicológica de Sebastià D’Arbó. Por tercera vez mezcla cine y fenómenos paranormales en esta cinta que, como las anteriores, también presenta el propio director. Rodada en los nevados paisajes de Girona y La Molina, su popular estación de ski, toda la cinta se contagiará con el ambiente gélido de la nieve y… De la muerte. Una presencia habitual también en los hospitales, escenarios interiores de la cinta, para los que se contó con la colaboración del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona, más conocido popularmente como Can Ruti, inaugurado tan solo tres años antes.
El núcleo de la historia gira en torno a los experimentos del profesor Hammerman (Narciso Ibáñez Menta), un estudioso de la posibilidad de la vida tras la muerte. Hammerman pretende volver a la vida a un difunto para que narre sus experiencias al otro lado de la vida. Fácil es reconocer el origen literario de este motivo temático en The Facts in the Case of M. Valdemar, harto conocido cuento de terror de Edgar Allan Poe publicado en 1845 que relata la experiencia de un individuo que es mesmerizado justo en el momento de su muerte. Una historia que adaptada en forma de Historia para no dormir fue dirigida por Narciso Ibáñez Serrador y protagonizada por su padre, Narciso Ibáñez Menta, en 1982 y que también dio pié a un cortometraje Valdemar, el homómculus dormido (1977) que, dirigido por Tomás Muñoz[1], produjo el propio Sebastià D’Arbó. También ha habido algunas películas americanas que trataron posteriormente el tema, como Linea mortal (Flatliners, Joel Schumacher, 1990), que ha sido recientemente objeto de un remake, Enganchados a la muerte (Flatliners, Niels Arden Oplev, 2017), y que cuenta como varios estudiantes de medicina realizan experimentos provocándose la muerte clínica para averiguar qué sucede en los minutos posteriores a la muerte.

Lo que presenta D’Arbó como novedad es haber basado su cinta en la recopilación paracientífica de innumerables experiencias de personas que atravesaron realmente la muerte clínica y narraron después sus vivencias. Unas vivencias con muchos puntos en común (ver su propio cuerpo desde arriba, sentir una gran paz, ver un túnel que finaliza en una luz intensa…) que hacen pensar en la posibilidad de dar de ellas una explicación fundada y verificable. Esta es la idea subyacente a Más allá de la muerte, la hipótesis de trabajo, a cuyo servicio será puesta la trama. Como en su primera película, D’Arbó cuenta con la colaboración de Jesús Borrás y Antonio Colomer, que firman el guion bajo el seudónimo conjunto de Jean Colbor, y juntos dan a luz al argumento más ambicioso de los abordados hasta aquí. Hay, pues, una clara evolución desde la primera cinta a esta que cierra la terna, planteándose retos cada vez más difíciles en la búsqueda de una ficción que arrope el contenido parapsicológico a divulgar. Si la primera se apoyaba en una estructura episódica, más fácil, en cierta forma, de manejar, en Más allá de la muerte se anima con una intriga compleja en la que se da cita incluso, como villanos de la función, a la Sociedad Thule, un grupo ocultista, racista y völkisch (esto es, folklórico-populista) de Múnich creado por Rudolf von Sebottendorff, notable principalmente por ser la organización que patrocinó al Partido Obrero Alemán (DAP), más tarde transformado por Adolf Hitler en el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP). Un argumento fantasioso en el que se mezclarán los experimentos con humanos realizados en los campos de concentración alemanes (teniendo a los de Joseph Mengele en Auschwitz como referente supuestamente directo) con la anécdota de los personajes del filme, interés romántico inclusive, para desembocar en una tesis cósmica que nos recuerda a Stanley Kubrick y su 2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) aunque, eso sí, naturalmente en clave muy doméstica y limitada por sus posibilidades.

La osadía del guion hace despertar nuestras simpatías, pero ello no es óbice para que descubramos sus flaquezas. Las altas pretensiones de la trama chocan con la impericia de su desarrollo, se abren líneas argumentales que no conducen a nada (¿Qué hace y qué busca la hija de Hammerman en el laboratorio del hospital de noche? ¿Quién es el que la sigue y del que solo vemos sus pies?); con su descuidado engranaje narrativo, se pasa de una escena a otra sin cuidar mínimamente el progreso del relato (patente sobre todo en la historia de amor: en una escena los presentan, en la siguiente juegan en un parque infantil y en la siguiente ya se acuestan); y con su total desentendimiento de la secuenciación lógica del desenlace, de hecho nada concluye, una vez se enuncia la tesis salimos fuera del relato y ya no regresamos más.
En el reparto de Más allá de la muerte de nuevo encontramos actores y actrices que ya han colaborado con anterioridad con el director. Además de Narciso Ibáñez Menta, presente en todas las cintas de la trilogía parapsicológica de D’Arbó, repite Berta Cabré interpretando a Florence, la hija del profesor e interés romántico de Möser, personaje que como ya hemos señalado está interpretado por Tony Isbert, un joven actor que, aunque inició su carrera como pareja de la mismísima Marisol, no tuvo nunca mucha suerte pese a ser nieto del carismático actor Pepe Isbert, e hijo a su vez de la también notable actriz María Isbert, algo que quizás resultó ser más impedimento que ventaja para su carrera. Tony acumulaba más de una veintena de filmes a sus espaldas cuando en 1978 fue detenido en el aeropuerto de Londres por portar kilo y medio de cocaína en el fondo de su maleta. Hizo de transportista y fue empleado como chivo expiatorio, para acabar ingresando en la prisión de Oxford. Afortunadamente, tras cumplir dos años y medio de condena, retomó su carrera sin problema en 1983.
Otros actores que colaboran en el filme y que ya habían trabajado con D’Arbó son Antonio Molina Rojo, ahora en la piel del Inspector Castillo, y Víctor Israel, como el conserje de la academia. Pero realizando pequeños papeles también descubrimos algunos nombres cuanto menos curiosos, como son los de Salvador Sainz, que interviene en dos ocasiones: como estudiante que felicita al profesor Hammerman y como hitleriano componente de la Sociedad Thule[2] y Carmen Serret (protagonista de Morbus de Ignasi P. Ferré). También está acreditado como prisionero judío el director Germán Monzó (Magic London, Kibris: la ley del equilibrio). Así mismo, en el apartado técnico se repiten varios nombres, destacando el mencionado Ignasi P. Ferré, ejerciendo aquí como ayudante de dirección.
La película se estrenó en tres salas de Barcelona el día 2 de junio de 1988: Pelayo, Continental y Waldorf, a cuya sesión de noche acudió el director junto a parte del reparto. Como curiosidad cabe añadir que, en el Pelayo, que tenía tres salas, se exhibió en la sala 3 mientras que en la 1 y 2 se proyectaban, respectivamente, La serpiente y el arco iris (The Serpent and the Rainbow,1988) de Wes Craven, y Al filo del hacha (1988) de José Ramón Larraz.
Coincidiendo con su estreno, Sebastià d’Arbó anunció que no rodaría ningún otro filme del género fantástico debido a “la absoluta ignorancia que las instituciones, tanto las catalanas como la Administración central, muestran hacia este tipo de cine”[3].
La trilogía, que finaliza con Más allá de la muerte, representa una apuesta por una modernización en España del cine de género fantástico, huyendo de los monstruos clásicos y de los asesinos sacamantecas, y con la loable intención de rodar películas en línea con producciones de terror psicológico como las que se hacían en Estados Unidos. Es el caso de Scanners (David Cronenberg, 1981), El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980), Poltergeist (Tobe Hooper, 1982) o La zona muerta (The Dead Zone, David Cronenberg, 1982), por citar unas pocas de aquella época. Una puesta del género al día que, combinada con su intención divulgadora (que es su objetivo y su peculiaridad fundamental), pone a estas cintas en la historia del fantástico.
NOTAS
[1] Colaborador, como hemos visto, de D’Arbó en su largometraje El ser.
[2] Como curiosidad cabe añadir que la escena en la que Salvador Sainz, como el estudiante, felicita y da la mano a Narciso Ibáñez Menta, fue cortada en la versión en catalán, al igual que otra escena en la que los protagonistas hablan reunidos en una mesa, haciendo que la duración entre ambas versiones varíe en cuatro minutos.
[3] “Sebastià D’Arbó anuncia que no rodará más filmes fantásticos”. La Vanguardia. Domingo 5 de junio de 1988, pág. 61
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