Archivo

Archive for marzo 2025

Palmarés ‘Americana’ 2025

La 12ª edición del Americana Film Fest se cerró ayer, domingo, con una nueva jornada llena de propuestas indies y la lectura del palmarés. El drama rural Harvest, de la cineasta griega Athina Rachel Tsangari, ha resultado el film ganador del Premio Tops de la Crítica ACCEC. Una película metafórica y onírica, protagonizada por Caleb Landry Jones, que funciona como una fábula sobre la modernidad y sus traumas, y que fue presentada en la pasada edición del Festival de Venecia. El jurado ha destacado su “imaginación desbordante a la hora de crear un universo alternativo”.

El jurado de la crítica también ha otorgado una mención especial a El brillo de la televisión (I Saw The TV Glow), de Jane Schoenbrun, la cinta indie revelación del año, deudora del universo de David Lynch pero con personalidad propia.

El Premio del Jurado Cineclubista FCC ha sido para Familiar Touch, de Sarah Friedland, film que triunfó en la reciente edición del Festival de Venecia consiguiendo tres premios en la sección Orizzonti. El jurado lo ha premiado por ser “un retrato muy delicado y tierno de la vejez y de las relaciones intergeneracionales, y que rompe con la idea generalizada que tenemos de una mujer mayor”. El jurado cineclubista también ha concedido una mención a El brillo de la televisión (I Saw The TV Glow).

Por su parte, el Jurado Joven de La Casa del Cine ha premiado Janet Planet, la ópera prima de Annie Baker, que después de su paso por la Berlinale y sus nominaciones a los Independent Spirit Awards, ha aparecido en numerosas listas de crítica de lo mejor del año. El jurado ha explicado que “la película nos ha hecho hablar sobre ella durante horas, por su capacidad para crear imágenes que abren múltiples posibilidades”.

En cuanto a los Premios del Público, la comedia religiosa Between the Temples ha resultado ganadora en la categoría de Ficción. Dirigida por Nathan Silver, está protagonizada por un cantor de sinagoga con crisis de fe. En el apartado de No Ficción, el documental escogido ha sido Group Therapy, de Neil Berkeley, sobre una sesión de terapia a la que asisten diferentes monologuistas. En la categoría Shorts (cortometrajes), el premio es para Rock Paper Scissors, de Alex Kweskin y Lauren Ward.

Por último, también se han entregado los Premios ATRAE a los Mejores Subtítulos, que han recaído en Marina Torruella por National Anthem (catalán), y Jara Segura por Look Into My Eyes (castellano).


Palmarés Americana Film Fest 2025

Premio TOPS del Jurado de la Crítica ACCEC 
Harvest, de Athina Rachel Tsangari

Mención TOPS del Jurado de la Crítica ACCEC
El brillo de la televisión (I Saw The TV Glow), de Jane Schoenbrun

Premio del Jurado Cineclubista FCC
Familiar Touch, de Sarah Friedland

Mención del Jurado Cineclubista FCC
El brillo de la televisión (I Saw The TV Glow), de Jane Schoenbrun

Premio NEXT del Jurado Joven La Casa del Cine
Janet Planet, de Annie Baker

Premio del Público Ficción
Between the Temples, de Nathan Silver

Premio del Público No Ficción
Group Therapy, de Neil Berkeley

Premio del Público Shorts
Rock Paper Scissors, de Alex Kweskin y Lauren Ward

Premio ATRAE a los mejores subtítulos en catalán
National Anthem, por Marina Torruella

Premio ATRAE a los mejores subtítulos en castellano
Look Into My Eyes, por Jara Segura

Categorías: Americana

HISTORIAS IMPÚDICAS. PROGRAMA ERÓTICO DE BIGAS LUNA

En 1977, sin ningún largometraje estrenado todavía, Bigas Luna acepta realizar cortometrajes de corte erótico realizados en Súper-8 para consumo doméstico en venta por correo.

Junto a Fernando Amat, Bigas Luna crea el sello Cine Promoción y con un reducido equipo conformado por, entre otros, Pep Cuxart a la producción, que más tarde ejercerá el cargo en  Bilbao (1978) y Caniche (1979); Rosa Fernández como ayudante de dirección; la por entonces esposa del director, Consol Tura, en vestuario, y que continuaría trabajando para su marido en sus siguientes proyectos; y contando con la fotografía del prestigioso Tomas Pladevall y Pedro Aznar, este último responsable asimismo de la de Bilbao y Caniche, Bigas Luna dirigió un total de doce cortometrajes: Coctel internacional, El ídolo, La mora, La deportista, Esquí, La roulotte, El espejo, El desayuno, París-Hollywood, La millonaria, La guitarrista y Mona y Temba.

Se trataba de inocentes cortometrajes de unos diez minutos de duración en los que las actrices se despojaban de la ropa, varios de ellos con una pequeña excusa argumental y acompañamiento musical seleccionado por el propio director. Entre las protagonistas destaca Linda Lay, actriz que participo en varias películas dirigidas por Iquino; o Rosa Raich, que también intervino en el primer largometraje de Bigas Luna, Tatuaje (1978), además de starlettes de la época como Sarima, Pilar Matus, Maica Tihenen, Jennie o Nicola Brown.

Lejos de ser obras meramente alimenticias, estas pequeñas historias muestran ya en gran parte el universo temático del director, pues en ellos profundiza por primera vez en el sexo y el erotismo, que a partir de Bilbao, su segunda película, conformará un hilo conductor en su carrera. Bigas Luna, definió la experiencia de rodar estos cortometrajes como “cojonuda, muy divertida y además muy difícil. Teníamos que hacer películas que teóricamente hicieran trempar, pero en las que no se podía ver nada (…) Ahora las veo como películas cómicas.” (Martí Font, J. M.: “Bigas Luna. El erotismo es una tontería”, Star, número 51, 1979)

Algunos retazos de estos cortometrajes, concretamente de La millonaria, pueden verse en Bilbao. Y no solo eso, también en uno de ellos, Cóctel Internacional, se muestra el cuadro de una colegiala que más tarde formará parte del mobiliario del hogar de Leo (Àngel Jové) y María (María Martín) en el mismo filme.

En 1984 once de estos cortometrajes fueron reunidos en forma de largometraje y editados por Uros Films en VHS y Betamax para su alquiler en videoclubs con el título Historias Impúdicas. Programa erótico de Bigas Luna, en cuya carátula se mostraba una imagen del propio director y las fundas de los Súper-8 de los que quedó, de manera inexplicable, excluido uno de ellos, Mona y Temba[1].

Recientemente se intentó mediante un ripeado remasterizado del propio VHS autorizado por los descendientes del director pero tuvieron que retirarse por problemas y discusiones respecto a los derechos de los mismos.


[1] Respecto a este cortometraje, el propio Bigas Luna lo describió en la misma entrevista para la Revista Star 51: “Un día apareció una pareja para ofrecerse porque hacían un número sexi en un cabaret. Querían que los viera por si me interesaba rodar una película con ellos. Primero me mandaron una foto, ella era una tía rubia y larguirucha, bastante fea. Él era un negro de Ghana. Fui a verlos al hotel donde se hospedaban, una pensión de mala muerte en las Ramblas. Cuando llegué a la habitación y me abrieron la puerta resultó que ella tenía anginas, estaba con la bata de boatiné puesta y unos magníficos rulos le coronaban la testa. La habitación era un cuartucho lleno de paquetes desordenados, la radio y la televisión funcionaban al mismo tiempo, a un lado una nevera y la cocina. El enorme negro llevaba una camiseta de Olot. Un panorama encantador. (…) Él puso en marcha una casette de la que salió una música y una voz que decía; “Mona y Temba, the most exciting show in the world…” y se pusieron a actuar. Ella con la bata y los chufos y él tal cual. Yo estaba en un rincón absolutamente hipnotizado, con la piel de gallina. Por un lado tenía ganas de reír, mientras por otro aquello me llegaba al fondo. Se me ocurrió filmarlo tal como yo lo había visto. Quedé con ellos un domingo por la mañana. Tan solo con los focos y un angular filmé la misma escena, incluso dejé puesta la televisión por la que salía un programa deportivo. Su número era muy simple, se desnudaban y al ritmo de una música africana se abrazaban”

Novedades Diábolo marzo 2025: Akira, ultracuerpos, Candy Candy y tebeos

Más novedades de Diábolo Ediciones y esta vez inciden más en el audiovisual: Anime y manga con Akira y los animes que lo cambiaron todo y la reedición ampliada del 50 aniversario de Candy Candy, más bonita cuando sonríe. Por su parte el mejor cine de terror y ciencia-ficción tiene su espacio con ¡Ya están aquí! ¡Tú eres el siguiente! donde su autor trata sobre las invasiones de ladrones de cuerpos en cine y televisión. Finalmente, un libro que ya se hacía necesario para cubrir el vacío informativo en español sobre unos influyentes (e influidos) cómics y publicaciones en Warren, la editorial que revolucionó los cómics. Mucho y variado y en breve vuelve EC con el terror y sus cómics bélicos al estilo EC, o sea,  antibélicos.





Pedidos y más información: Diábolo Ediciones

Categorías: Cómic y Manga

Ceremonia Sangrienta, mucho más que un cuento de terror

Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible[1], así habla Alejandra Pizarnik sobre Erzsébet Báthory, considerada durante largo tiempo responsable del asesinato de 650 muchachas, razón por la cual figura entre los peores criminales de la historia. La atormentada poetisa argentina vio en esa aristócrata perversa la corporización de sus fantasías. La condesa sangrienta, publicada por primera vez en el número uno de la revista Testigo (Buenos Aires, enero-marzo de 1966), es una de las composiciones clave de Alejandra Pizarnik, sus páginas construyen un retrato perturbador en el que se mezcla la narración descriptiva con apuntes ensayísticos impregnados de lirismo poético. Pizarnik fue deslumbrada por la leyenda de la loba de los Cárpatos, le atrajo su claustrofóbica vida criminal, su ser monstruoso, el círculo erótico y voraz de mujeres brujas que armó a su alrededor. Y su ansia de mantenerse joven, en la que vio expresada un perfecto pretexto para ahondar en su obsesión con la muerte o la locura: “Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer. Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte. Porque, ¿Cómo ha de morir la Muerte?”[2].

Pizarnik no fue la primera en acercarse a la figura de la Báthory, de hecho supo de su existencia gracias a la poco ortodoxa biografía escrita y publicada cuatro años antes (1962) por la surrealista olvidada, Valentine Penrose, obra que fascinó a la argentina. En su abordaje, Penrose, se acerca a la legendaria condesa descendiente de Vlad Tepes como expresión de su propia voluntad de mirar de frente el misterio del mal: “Valentine sondea el furioso caos del deseo y revela que el erotismo es energía vital que desborda los límites de la razón[3]. Aunque deponga el juicio de valor, la surrealista no absuelve a la sangrienta condesa, porque su novela es también una reflexión sobre el poder: al tiempo que defiende la soberanía del deseo, pone en evidencia los abusos de la impunidad. Obra celebrada por sus colegas surrealistas como el acontecimiento anunciado por Bataille en su ensayo Las lágrimas de Eros (un año antes de la publicación de Penrose), la biografía de este personaje cruel supone un intento de vencer a las religiones patriarcales que han sometido al eterno femenino, pero, sobre todo, y junto al texto de Pizarnik, consigue elevar lo transmitido por las leyendas al estadio de los mitos que solo la literatura puede forjar.

En la misma década que ambas autoras, se arrebataba Jordi Grau por la figura de Erzsébet Báthory. La idea de retratar su vida le llegó a Grau durante su estancia, en 1964, en el festival de Karlovy Vary (República checa), en el cual participó con su segundo largometraje, El espontáneo. Allí le hablaron por primera vez de la trágica historia de la condesa y visitó las ruinas del castillo en el que vivió, situado en Čachtice (Csejte), actual Trenčín (Eslovaquia), y en cuya habitación en la torre fue emparedada en vida tras su condena en el juicio celebrado en Bytča (actual Eslovaquia), por torturar y asesinar a 650 doncellas. La historia conmovió al director, que la describió como “la expresión patética del deseo de superar, no ya la muerte, sino el final de la juventud, la belleza, del atractivo vital que para muchas mujeres, es la razón -confesada o no- de la propia existencia[4] . De esta fascinación llegaría Ceremonia Sangrienta (1973), que habría sido el primer acercamiento cinematográfico a la figura, si el azar y el desinterés de las productoras hispanas por el género de terror, no lo hubieran impedido.

Fue la producción Hammer, Countess Dracula (Peter Sasdy,1971) la que arrebató a Grau el honor de ser el primer cineasta en llevar a la alimaña de los Cárpatos al cine. La primera encarnación de la Báthory en la pantalla, como Elisabeth Nádasdy [5], correspondió a una excitante Ingrid Pitt, que no pudo gozarse en España hasta mucho más tarde y solo en formato doméstico. La producción británica daba el pistoletazo de salida a sucesivas adaptaciones, unas más fieles que otras. Tras la de Grau, en el mismo año de su estreno, llegaba Cuentos inmorales (Contes immoraux, 1973) de Walerian Borowczyk que contó, en su segmento dedicado a la sangrienta, con Paloma Picasso. Emitida en televisión dentro del espacio Cine de medianoche el 20 de septiembre de 1985, siete millones de españoles se quedaron estupefactos al ver a la hija del excelso pintor sumergirse en una bañera rebosante de sangre, uno de los mayores índices de audiencia conquistados por el programa. Torturas, lesbianismo, culto a la sangre y Transilvania de fondo. No se puede imaginar cóctel más atractivo para los amantes del terror.

Paloma Picasso tomando un reparador baño.

No es de extrañar que Jacinto Molina tampoco dudara a la hora de colocar a la Báthory en su propio muestrario de monstruos e iconos. Ya en forma de chupasangres, creó a su Condesa Wandesa Dárvula de Nadasdy[6], interpretada por Patty Shepard en La noche de Walpurgis (León Klimovsky,1971) y, más tarde, Julia Saly en El retorno del hombre lobo (Jacinto Molina, 1981), en esta ocasión como “Elisabeth Bathory”.

Con el nuevo siglo llegan tres producciones eslovacas: Bathory (Juraj Jakubisko, 2008), Blood Countess (2008) y Blood Countess 2:  The Mayhem Begins de Lloyd A. Simandl, estas dos últimas ya en clave sexploitation. Al año siguiente, 2009, llegaba al   Festival de cine fantástico de Sitges la producción alemana La condesa (The Countess, 2009), dirigida y protagonizada por Julie Delpy (que también compuso la banda sonora). En este su tercer trabajo como directora, Delpy vuelve a su tema recurrente, el desamor, la suya es una revisión en clave de tragedia griega y logra un filme de terror oscuro y austero, que refleja con honestidad la época y la salpica de sorprendentes momentos gore. En una posición diametralmente opuesta nos encontramos con la cinta rusa Lady of Csejte (Andrei Konst, 2015), Konst no se acerca al vampirismo, siquiera hace hincapié en los baños de sangre, y nos ofrece un retrato de la Báthory como simple aristócrata cruel. La narración, realmente, se centra en dos hermanos gitanos que buscan a su hermana mayor supuestamente secuestrada por la condesa. Es la producción más reciente basada en las tropelías de la aristócrata húngara por lo que hace referencia al cine, pero no podemos desdeñar la recreación que hizo Lady Gaga en la quinta temporada de la televisiva serie American Horror Story, generosa en sangre y sensualidad.

Tantas aproximaciones[7] y, sin embargo, ninguna ha indagado sobre la Erzsébet real y su auténtica peripecia histórica. El personaje ficcionado ha desplazado al real, a esa Erzsébet Báthory de Ecsed nacida el 7 de agosto de 1560, hija de un matrimonio endogámico, y que antes de cumplir los seis años sufría ataques de lo que se puede considerar hoy en día epilepsia (precisamente por causa de esa práctica de contraer nupcias entre personas de la misma ascendencia). La misma que recibió una formación que muchos varones de la época no poseían: leía y hablaba perfectamente el húngaro, el alemán y el latín. Con once años fue prometida a su primo, cinco años mayor que ella, Ferencz Nádasdy, con el que se casaba cuatro años después en una ceremonia a la que acudieron más de 4500 invitados, incluso se invitó al emperador Maximiliano II. Su esposo la mayor parte del tiempo estaba combatiendo en alguna de las muchas guerras de la zona (empalando a sus enemigos), lo que le mereció el apodo de «Caballero Negro de Hungría». La muerte temprana de Ferencz (por una súbita enfermedad), la dejó en una situación peculiar: señora feudal de un importante condado de Transilvania, metida en todas las intrigas políticas de aquellos tiempos convulsos, pero sin ejército con el que proteger su poderío, a lo que hay que sumar su pertenencia y apoyo a la iglesia luterana en pleno terreno católico. ¿Sangrienta? En el registro epistolar de su correspondencia con su esposo figura el intercambio de información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, pero esta era una práctica habitual de los nobles feudales de esa Europa del este sumida aún en el medioevo. ¿650 asesinatos? Narrémoslo en presente. A través de un pastor protestante local, llegan a la corte historias de que la condesa practica la brujería (explícitamente, la magia negra), y para ello utiliza la sangre de muchachas jóvenes, rumores que solían verterse sobre judíos y disidentes. El rey de Hungría, muy interesado en esos feudos, ordena al conde palatino Jorge Thurzó —enemistado con ella—, que tome el lugar con sus soldados y que realice una investigación en el castillo. Con esta trama es muy fácil deducir que, la mujer poderosa que figura en el Guinnes de los récords como la mayor asesina de la historia, probablemente fuese víctima de una conspiración. En lo único que coinciden la leyenda y la historia es en su final: tras un juicio en el que los testimonios de sus sirvientes fueron sonsacados mediante tortura (considerados sus cómplices, debían someterse a ese proceso habitual) y en el que no se la dejó declarar, fue condenada a ser emparedada en sus dependencias del castillo de Csejte.

Lo que la leyenda escribe, pocas veces es derrotado por la historia[8]. También Jordi Grau fue seducido por el mito, pero en su caso al menos hay un intento de humanizar a la protagonista, a la vez que de denunciar las fraudulentas prácticas en los juicios de supuestos casos sobrenaturales. Ceremonia Sangrienta no es únicamente un cuento de terror, tiene una proyección de más largo recorrido. Y es que Grau, estimulado por lo que sabía de la condesa, se documentó sobre las supersticiones populares de las que se aprovechaban los poderosos. Tampoco se quedó sólo con el relato oral, en Roma, preparando la banda sonora de la coproducción hispano-italiana Historia de una chica sola (1971), llegaron a sus manos las actas del proceso contra la Báthory, lo que definitivamente despertó su interés en llevar la historia al cine. En ese momento, y no antes, escribe el primer guion.

Nuestro director se había formado en el documental, esos fueron sus inicios, que nunca dejó de lado, e incluso había dirigido una pieza en la que se mezclaba la ficción y el falso documental, con momentos en los que el propio director entrevistaba a algunas de las actrices que interpretaban a chicas de compañía. Estamos hablando de Chicas de club (Cántico) (1970), un trabajo de encargo que Grau convierte en un juego metacinematográfico que enlaza muy bien con su faceta más experimental. El barcelonés acababa de ser apartado del rodaje de Tuset Street (1968)[9] por desavenencias con la diva y protagonista Sara Montiel, cuando Juan Huarte (que ya le había producido Acteón en 1965) le encargó que convirtiera en película la experiencia que él (Huarte) tenía en locales de alterne. Y el ahínco que puso Grau en la encomienda fue tal que Chicas de Club fue seleccionada para representar a España en la edición de 1970 del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, en la que sería su segunda vez en el festival checo el cual, como hemos dicho, fue el detonante indirecto de Ceremonia Sangrienta.

Juan Huarte era responsable de la productora y distribuidora X-Films, fundada a mediados de los 60, con interés por el cine de autor. Además de a Jordi Grau, produjo varios cortometrajes a unos jóvenes Angelino Fons, Claudio Guerín, Chumy Chúmez y José Luis Garci, entre muchos otros. Al asociarse con José María González Sinde, que haría de responsable estratégico y económico, X-Films se abrió a un cine más comercial. Y Ceremonia Sangrienta sería la primera apuesta de González Sinde en 1973.

Edmondo Amati

En 1973, el cine de terror español e italiano copaban los mercados internacionales, con lo cual Los vampiros, título provisional de aquel primer guion que escribiera Grau en el 71, ya no era una apuesta descabellada para los productores españoles. Y ahí es cuando Star Films entra en el juego, reactivándolo como posible coproducción con Italia y enviando el guion a Edmondo Amati de Fida Internazionale. Pero cuando Jordi Grau viajó a Italia a hablar con el productor, resultó que este estaba interesado en hacer una cinta de terror, sí, pero “como La noche de los muertos vivientes, pero en color”, por lo que Amati le ofreció modificar el guion de Los vampiros para aproximarlo a lo que deseaba. Una labor que se demostró imposible a pesar de que puso al guionista Sandro Continenza a su servicio. De vuelta a Madrid, Star Films se alió a X-Films y con la italiana Luis Films se inició, por fin, el rodaje de Ceremonia sangrienta.

Rodada en soberbias localizaciones, en su mayor parte españolas, como el Castillo de Castilnovo (Segovia) y en Nuevo Baztán (Madrid), e interiores en Estudios Ballesteros, Ceremonia sangrienta posee una mimada ambientación y decorados de Cruz María Baleztena, con una atmosférica partitura del prolífico Carlo Savina. Pero si algo destaca es el tratamiento que se le da al tema en el guion, en el cual, además de Grau y Sandro Continenza, también participó Juan Tébar[10]: el barcelonés desplaza la acción a tres siglos más tarde y la protagonista (Lucía Bosé) no es la condesa sangrienta, sino su descendiente. Está casada con el marqués Karl Ziemmer (Espartaco Santoni), el cual trata despóticamente a las supersticiosas gentes de Cajlice, un pequeño pueblo de la Europa central del que es señor el marqués. Cuando la Erzebet  Báthory decimonónica crea descubrir que la sangre de doncellas, efectivamente, puede mantener su piel más tersa, se proveerá del líquido vital de varias jóvenes con la colaboración de su sádico marido y de su vieja nodriza (Ana Farra), versada en las artes oscuras. Esta trama, en el guion, se entrelaza con la creencia de los supersticiosos habitantes del pueblo en la existencia de los vampiros, lo que sirve al director para reproducir, lo más fielmente posible,  los procesos judiciales por vampirismo. Procesos que escondían, de hecho, los mezquinos intereses de jueces y jurados, quienes aprovechaban las condenas para apropiarse de tierras, fincas y bienes de los inculpados.

Grau despoja a la narración de todo contenido sobrenatural, acercando la historia a la crónica negra con unos crímenes producto de la mente enferma de la marquesa, de su soledad, de sentirse no deseada por el marqués, el cual busca la emoción en la caza y más tarde en la joven y ambiciosa Marina (Ewa Aulin), personaje que precipitará el final de la historia. Haber trasladado la acción al siglo XIX le permite mostrar el enfrentamiento dialéctico entre la razón y el oscurantismo y cómo los poderosos se valen de este último en favor de sus propios intereses. La superstición, como dijo Karl Marx de la religiones, es el opio del pueblo: merma su voluntad y lo hace manipulable. Un más que interesante abordaje, el de Ceremonia Sangrienta, que sólo se verá debilitado por el poco desarrollo de la trama interna de los personajes. Su perfil psicológico está apenas hilvanado, de ahí que el desenlace resulte precipitado y se le acaben viendo las costuras al guion.

Este último apunte no anula el buen hacer en la puesta en escena. La pericia es manifiesta ya desde el brillante arranque del film, Grau nos sumerge dentro de la acción in media res, sin preámbulos discursivos previos: acompañando los créditos iniciales la imagen nos transporta a una procesión nocturna de antorchas, con un punto de vista de la cámara a ras de suelo y un ángulo contrapicado, los procesionarios se despliegan simétricos a ambos lados del plano frontal, un punto de vista en el que se seguirá insistiendo intercalado con planos cortos a la altura de los ojos presentando personajes y detalles relevantes durante toda la secuencia, hasta que concluye esta con un diálogo plano-contraplano entre la visión de un ataúd exhumado y de los congregados vistos desde la perspectiva del cadáver[11]. Un inicio de impacto que marcará el tono del relato. Una descripción pormenorizada del cuidadoso trabajo de planificación excedería las dimensiones de este trabajo, por eso vamos a centrarnos en dos ítems destacados: la querencia de Grau por significativos montajes internos; y el crescendo del rojo sanguíneo hasta su estallido en la escena del baño en sangre de Erzebet, con una Lucía Bosé que reluce en todo su esplendor.

La sangre es la vida” brama Renfield desde su encierro en Carfax en el Drácula de Stoker, fuente de eterna juventud la supondrá Erzebet, sugestionada por las insinuaciones de su nodriza, que la incita a recurrir a las artes de su antepasada para solucionar sus cuitas. Y el bermellón del fluido vital discurre por la cinta con una presencia que va aumentando progresivamente como un in crescendo musical. El rojo destaca en la paleta cromática de colores cálidos de la fotografía del filme, salpicando aquí y allá los planos e incrementando su dramatismo conforme avanza la trama. Dos son los momentos álgidos en los que revienta el color de la incandescencia: el banquete de recepción a las autoridades que intervienen en el primer juicio por vampirismo; y la ducha de sangre en la escena más icónica. En la primera, invitados por el marqués, los notables departen sobre qué puede haber de verdad, y qué de superstición en la creencia en el vampirismo, mientras degluten una carne que rezuma sangre y que Grau retrata en plano detalle. El rojo es opresivo en esa escena, abigarra los planos que la componen, desde la decoración de la sala y la mesa, hasta el significativo vestido rojo de la marquesa, engalanada toda ella con joyas de rubíes incrustados (las piedras que alejan a los vampiros). Toda una premonición de lo que va a suceder a partir de ahí: la escalada de violencia y la degradación moral de Erzebet. La marquesa, tímidamente al principio, se va aproximando a una convicción de que el contacto con la sangre inocente rejuvenece sus carnes, con prácticas que cada vez tienen más de ritual y que ascienden progresivamente en su crueldad, hasta culminar en un éxtasis de perversión cuando la sangre desciende sobre ella a modo de lluvia limpiadora y envilecedora, a partes iguales. Un filtro rojo aumenta la intensidad del momento, reforzando el dramatismo cromáticamente. Grau lo interpone entre el objetivo y el rostro de la Báthory, reforzando lo que revela la expresión de la actriz: su entrega definitiva a la voluptuosidad del mal practicado en beneficio propio. Es un primer plano el que nos muestra su deleite, a partir de él la cámara retrocede hasta un plano largo que nos descubre que, en verdad, la estamos viendo a través de un espejo, montaje interno al servicio de subrayar el sentimiento que recorre al personaje. El espejo retrata el alma, el cambio interno que se produce en el sujeto que se refleja en él. Y Grau acudirá a este recurso con profusión, no por razones esteticistas, sino con la intención de desarrollar la narración sin descuidar las motivaciones que mueven a los implicados en ella.

Hasta quince desdoblamientos del plano a través del uso del espejo se pueden contar en Ceremonia Sangrienta. Cada uno de ellos nos retrata la situación anímica de los personajes en relación al momento de la trama en que se hallan, anticipando sus acciones futuras. Erzebet es el carácter nuclear de la función, por ello es a quien más acompaña el cristal azogado, pero no falta tampoco su uso para caracterizar a su esposo. Son tres los montajes principales que describen la psicología de Karl Ziemmer, todos ellos en relación con Marina, la joven que a la postre resultará rival de la marquesa. Estamos en el principio de la película, la primera en ser compuesta por la imagen espejeada es Báthory, la hemos visto emplazada en el eje de simetría, flanqueada por rosas rojas y enmarcada por las velas del suntuoso candelabro, que la iluminan en el primer plano como a una madona en su altar. La transición entre esta presentación y la de su partenaire es dada sobre las velas: ella las apaga y funde a negro, a continuación se abre la cámara sobre la acción simétrica de él, que enciende las velas en su alcoba de la posada, acciones ambas transcurridas sobre la superficie reflectada. Vemos al marqués desde dos ángulos, en escorzo, a la izquierda, y frontalmente, a la derecha, en el espejo donde comparte plano con una Marina instalada en el cuadrante superior derecho, usando la profundidad de campo. La dirección de la mirada del galán incide sobre el punto en el que se halla la joven, espacio en el que se situará la cama cuando la muchacha abandone la estancia, toda una declaración sobre las intenciones del personaje. Más tarde, en la misma noche en la posada, Marina regresa a la habitación, y si en su primer contacto el espejo se situaba a la derecha, ahora está emplazado en la izquierda, ofreciendo un rico juego de imágenes multiplicadas del marqués en la profundidad de campo (hay otro espejo en la pared opuesta), situadas en la esquina superior derecha sobre la doncella. Y es que a la derecha está ese marqués depredador. Recurrir a los reflejos permite mostrar los rostros de ambos, juego de miradas que no habríamos visto de otro modo, pues la chica permanece de espaldas en el centro del primer plano de la imagen. Y ello agudiza el sentido de la relación entre los dos, una relación en la que se entremezclan el deseo carnal y el ansia de dar (y recibir) muerte. Cuando la cinta se acerque a su desenlace, volveremos a encontrarnos con una Marina que blande su feminidad lozana y joven ante un espejo. El protagonista la ha llevado al castillo después de que ella se haya revelado como mujer ambiciosa de lujos, en las dependencias privadas, se probará las sedas de su rival y coqueta se dirigirá a admirarse en una luna de azogue. Todo esto lo vemos, sin embargo, a través del espejo del salón que sobredimensiona la escena en un juego finito de imágenes múltiples. Imágenes que allí, en la profundidad de campo, muestran a la pareja en su momento de mayor proximidad y distancia. Entre ellos y el espectador un reloj se aproxima a la medianoche. Es hora de morir y de matar.

Ewa Aulin y Lola Gaos

Porque el conflicto de Erzebet es su consternación por los estragos del tiempo sobre su piel y su belleza, ella es la que ocupa mayor metraje de reflectancia en la cinta. Enemigos a la par que aliados, los espejos son vitales en su día a día. La observamos en su mirarse y remirarse en su espejito de mano, como la madrastra de Blancanieves, atenta hasta el último detalle que pueda confirmarle que sigue siendo bella. En un momento decisivo de su evolución, la vemos contemplarse ensimismada en su fiel accesorio mientras su sirvienta la peina, en un descuido, esta última la pincha con una aguja de moño y ella reacciona violentamente asestándole un golpe con el objeto que guarda los secretos de su rostro, es tal la fuerza que imprime que hiere a la muchacha y la sangre de esa herida manchará sus vestidos y su mano: será la primera vez que descubra los efectos de la sangre virgen en su piel[12]. Pero Grau, sobre todo, nos muestra a la protagonista en grandes lunas en las que su reflejo da cuenta de su estado y su situación, en unos planos de riquísima y compleja composición. El director juega con su posición en el reflejo para significar su condición emocional y sus fuerzas, resulta magistral su uso del recurso para mostrar su caída en la depravación que supone, a la vez, su momento de mayor fuerza. El plano nos la ubica en el vértice inferior izquierdo de la imagen, desde un ángulo picado que la empequeñece, y, sin embargo, en el reflejo queda situada en el vértice superior derecho, invirtiendo el ángulo de la cámara, que pasa a ser un contrapicado que la agranda. Brillante juego de diagonales que se bastan para enunciar  en su mismo diálogo la coincidencia (la identidad, de hecho) del momento de mayor ruina moral con el apogeo de su máximo poder. Una intensidad dramática del reflejo que sólo será superado en el último montaje interno. Confesados sus crímenes, en un arrebato pasional más para enaltecerse que para exculpar a Karl, es condenada a pasar sus últimos días emparedada en vida en sus aposentos del castillo, con la única atención de su nodriza (a la que han arrancado la lengua por ser cómplice) que le hará llegar los alimentos a través del pequeño resquicio que da a los pasillos. En la última secuencia partimos del gesto de la nodriza introduciendo el plato de las viandas, la cámara entra en el recinto de la emparedada y va desplazándose hacia la izquierda, se pasea sobre los restos de platos que se amontonan en distintos estados de descomposición hasta acercarse lateralmente a Erzebet y pararse finalmente frente al espejo, desde ahí, un zoom nos encierra en su rostro, el postrer reflejo de la dama en el mismo espejo que nos la había presentado aún hermosa al inicio. Ahora la imago que devuelve la superficie acristalada es el retrato de la máxima decrepitud. Quiso derrotar a la vejez, pero la muerte la ancla a ella para la eternidad. La vanidad no triunfa. Ni siquiera cierra el film su vicisitud, Grau decide cortar el plano tenebroso y abrir a exterior día con una vista de las ventanas tapiadas que la sepultan, sobre ellas se imprimen en rojo los créditos finales. La cámara que la había situado en el centro de la narración es la misma que le niega decir la última palabra sobre su fatalidad.

Jorge Grau y su actriz Ewa Aulin

Lo que no se lograba en el trabajo del arco de transformación de los personajes, la profundidad psicológica, se consigue con creces en el lenguaje de la imagen. Jordi Grau obtiene mejor nota como director que como guionista. Y es esta capacidad de dominar la sintaxis de los planos la que lleva a Ceremonia Sangrienta a elevarse por encima de la media de las producciones de terror españolas de su época.

Las cintas de esta índole solían recaudar más en el mercado foráneo que en el nacional. Para hacer de Ceremonia Sangrienta un bocado aún más apetecible para sus posibles compradores extranjeros, no se reparó en gastos a la hora de seleccionar a los actores principales. Contó con la participación de estrellas internacionales como la milanesa Lucía Bosé (Báthory), quien tras contraer matrimonio con el torero y poeta Luis Miguel Dominguín, se había instalado en España y desarrollaba su carrera a caballo entre nuestro país y su Italia natal. O la sueca Ewa Aulin (Marina), la cual cinco años atrás había despegado una prometedora carrera con Candy, de Christian Marquand, y que ya había trabajado con Lucía Bosé en La contrafigura (La controfigura, Romolo

Los protagonistas de Ceremonia Sangrienta: Lucía Bosé, Espartaco Santoni y Ewa Aulin

Guerrieri, 1971)[13]. Anecdótico, pero no tanto, es señalar que Aulin se retiró de la escena ese mismo año, con tan solo 23[14].  Después de unos inicios prometedores (estrenó seis películas en un mismo año) se alejó de los paltós declarando que: “Actuar es un negocio duro, grosero y desgarrador…” Y Las razones de su amargura hunden sus raíces en su pase por el cine de Grau, pues la tríada protagonista la completó el playboy Espartaco Santoni. El galán no hacía honor a la máxima griega de que lo bello es bueno, su catadura moral no estaba a la altura de sus gracias físicas, durante el rodaje de la cinta que nos ocupa, no perdió oportunidad de ejercitar sus artes de Casanova y su principal víctima fue la actriz sueca, a quien forzó literalmente y presumió de ello en sus memorias (ni que decir que sin atisbo de remordimiento). Vale la pena reproducir el pasaje en el que se jacta de su conducta:

Durante el rodaje de la película con Ewa Aulin y Lucía Bosé, pude conocer mejor a esta última. Entablamos una simpática amistad. Era un ser muy especial y le tomé mucho aprecio.

Ewa Aulin no dio pie a que me hiciese ilusiones desde el principio. Cada vez que llegaba el momento final de la estocada, enseguida me cambiaba el tercio. Hasta que una noche, después de cenar, le pedí que me invitara a una copa en su cuarto. Habíamos bebido hasta por los codos y nuestro comportamiento erótico llamó la atención de toda la gente del restaurante. Ewa aceptó y, durante el trayecto, continuamos con los besos y los manotones. Mi cuerpo entero respiraba deseo y no veía el momento de llegar a destino.

Una vez frente a su habitación, ella me dijo:

-Mejor no, estoy muy cansada.

Intentó cerrar la puerta en mis narices, pero yo le di un tremendo empujón que la hizo caer sobre la alfombra. Cerré la puerta y me abalancé sobre ella. Forcejeamos. Yo terminé rasgando sus ropas y haciendo jirones sus bragas. Luego separé con fuerza sus piernas y le introduje mi sexo. Sus uñas se clavaron en mi espalda y, de a poco, comenzó a acariciarme.

Pasamos mucho tiempo amándonos hasta que, de repente, ella se levantó furiosa y se largó a insultarme. Había enloquecido repentinamente y yo, sin saber qué hacer, hui semidesnudo de su cuarto.

Al día siguiente recibí un llamado de Ibrahim Mussa, su agente en Roma, que era además su amante, pidiendo una explicación a mi conducta. Antes de colgar furioso, le dije en italiano: “¡Va fanculo!”.[15]

No cabe añadir más comentarios, salvo señalar que su canalla conducta no es óbice para afirmar que su encarnación del Señor Marqués Karl Ziemmer es poderosa y representa, más que posiblemente, su mejor trabajo ante las cámaras.

No sólo los protagonistas estuvieron atinados en su interpretación, también los secundarios bordaron sus papeles. Entre ellos destacan la magnífica Lola Gaos ejerciendo de bruja, un rol breve pero de gran relevancia para la trama (como curiosidad este personaje se llama Carmilla); y la veterana y convincente Ana Farra como la nodriza. Esta última fue un rostro habitual en el denominado Fantaterror español, intervino en El retorno de Walpurgis (Carlos Aured, 1973), El monte de las brujas (Raúl Artigot, 1973), El mariscal del infierno (León Klimovsky,1974), El extraño amor de los vampiros (León Klimovsky, 1975) y El colegio de la muerte (Pedro L. Ramírez, 1975). También puede verse a Loreta Tovar (como Dolores Tovar), otro de los rostros habituales del cine de terror español, que interpretaba un pequeño papel, especialmente reducido en la versión española, pues como era habitual, varias secuencias de Ceremonia sangrienta se rodaron en doble versión con desnudos femeninos para su explotación en el extranjero[16] como en Italia, donde se estrenó como Le vergini cavalcano la morte o Estados Unidos, donde recibió el nombre de The Legend of Blood Castle.

Espartaco Santoni, que se quedó con las ganas de producir Ceremonia sangrienta, quedó tan satisfecho con el trabajo con Jordi Grau que le ofreció rodar una película para él con total libertad de elección. El resultado fue Pena de muerte (1974), durante cuyo accidentado rodaje el director conocería la cara más desbocada y festiva del Donjuán, de la que tanto había oído hablar. Y ahí terminó su colaboración con el actor.

Ceremonia Sangrienta es una obra significativamente superior a otras de su mismo género y así es reconocido actualmente, sin embargo, no recibió por parte del público de su época la respuesta que merecía. Como escribió Jordi Grau en su autobiografía, Ceremonia sangrientasorprendió a la crítica y el público especializados” pero prácticamente fue ignorada por el resto de los críticos y espectadores, “tanto por los convencionales, como por los inquietos[17].

Estrenada en Barcelona  el 10 de septiembre de 1973 en los cines Atlanta y Bonanova en doble sesión junto a Mi querida señorita[18], y en el Edén con Más allá de la ley[19], Ceremonia Sangrienta no convenció al crítico de La Vanguardia, para el cual la historia que Grau narraba tenía “(…) más de extravagante que de interesante” señalando, con todo, y sin que por ello llegara a impresionarle, el fondo clasista que contenía la propuesta del director catalán: “Naturalmente, el filme, tal como está de moda, tiene también su «clave». Consiste en sugerir que siempre el que está arriba encima—, como la condesa-, puede bañarse en la sangre del que está abajo, porque para eso es el «poderoso». Tesis sin novedad alguna, pero que tiende a servir, con mayor o menor eficacia, una cierta tendencia demagógica”. Salvando de la quema, más que su trabajo, la buena voluntad puesta por Lucía Bosé para encarnar a su siniestro personaje. Y concluyendo que, “Los actores son movidos con no excesivo acierto, y en general el filme no puede decirse que esté destinado a las antologías[20]. Tras su estreno en Barcelona, llegó a las pantallas italianas en octubre, antes de desembarcar en los cines Montera y Vergara de Madrid el 19 de noviembre de ese mismo año, eso sí, individualmente y sin compartir cartel con otra película. Allí, tampoco convenció a Lorenzo López Sancho, crítico del ABC, que, a pesar de todo, resultó más atinado en su juicio que su colega barcelonés, extrayendo lo mejor del film y elogiando la labor del director: “Jorge Grau produce en Ceremonia Sangrienta algunas escenas que aportan novedad al género y que tienen esa fuerza dramática de las supersticiones antiguas. Las ceremonias procesales o el rito contra los vampiros provisionalmente muertos, se cumplen dentro de un orden plástico suntuoso, grave, sugestivo, y eso hay que apuntarlo a la fuerza que tiene Grau como poseedor de un lenguaje cinematográfico sólido y elocuente”. Las peores críticas se las lleva su reparto, pues a su juicio: “Son discretas, y no es posible añadir otros adjetivos, a las interpretaciones que Lucía Bosé y Espartaco Santoni hacen de sus muñecones a la hemoglobina, y Ewa Aulin, belleza provocante y sensual, aparece como una actriz sin personalidad y sin interés”. Concluyendo que “Ceremonia Sangrienta es un producto comercial decoroso, con algunas calidades superiores en las que Grau deja su huella. Pero Grau es digno de más ambiciosas empresas[21].

Tras esta decepción y la agotadora experiencia posterior con Santoni, Jordi Grau recibió una llamada efectuada desde un hotel de Madrid. Se trataba del productor italiano Edmondo Amati, y llamaba para ofrecerle, nuevamente, rodar una película “como La noche de los muertos vivientes, pero en color” aunque en esta ocasión ya traía con él un primer tratamiento del guion firmado por su amigo Sandro Continenza. Ese fue el germen de uno de los grandes clásicos del cine de terror: No profanar el sueño de los muertos (1974).  Pero esa es ya otra historia.

Montse Rovira y Carlos Benitez (Publicado previamente en el fanzine El Buque Maldito Nº 36)

NOTAS
[1] PIZARNIK, A.: Prosa completa, Editorial Lumen, 2001
[2] Ibidem
[3] PEÑAS, E. y MARTÍNEZ, L.: “Valentine Penrose, la surrealista que quiso comprender el misterio del mal” en Contexto y acción (CTXT), https://ctxt.es/es/20200501/Culturas/32228/valentine-penrose-surrealismo-roland-penrose-bathory-condesa-sangrienta-lurdes-martinez.htm
[4] GRAU, J.: Confesiones de un director de cine descatalogado. Calamar Ediciones, Madrid, 2014
[5] Nádasdy era, en realidad, el apellido del marido de Erzsébet, pero, contrariamente a lo que consideraran los guionistas británicos, ella nunca utilizó el apellido de su esposo, fue justo al revés,  Ferencz Nadásdy adoptó el apellido de ella por ser de una familia de más alta alcurnia.
[6] Este curioso apelativo hace referencia al nombre (Anna Darvula) de la supuesta anciana nigromante que habría instruido a la condesa en las artes oscuras y el uso de la sangre como regenerador de la juventud.
[7] El listado no es exhaustivo, se han referido solo las más relevantes
[8] Otro caso célebre y cercano que se puede referir es el de Enriqueta Martí Ripoll, conocida como La vampira del Raval, que tradicionalmente fue mostrada como secuestradora, proxeneta y proveedora de menores para la clase alta catalana y asesina múltiple de niños, amén de sacamantecas, pues se llegó a decir que preparaba ungüentos con la grasa de los desafortunados niños. Prosiguiendo esa creencia popular, se han escrito varios libros y artículos, pero una reciente y minuciosa investigación de Jordi Corominas, durante la cual recopiló todas las noticias de la época, llegó a la conclusión de que a Enriqueta Martí tan solo se la pudo acusar del secuestro de una niña y de estar, muy posiblemente, desequilibrada por la muerte, causada por la malnutrición, de su hijo de 10 meses. Una investigación que el escritor reunió en su libro Barcelona 1912. El Caso Enriqueta Martí (publicado en 2014 por Editorial Sílex).
[9] La cinta la terminaría rodando el también catalán Luis Marquina
[10] Al que los aficionados al Fantaterror recordarán por ser el autor del cuento que adaptaría Chicho Ibáñez Serrador en La residencia.
[11] Se trata de la ceremonia del caballo, que montado por un doncel virgen tenía por objetivo localizar tumbas de vampiros en cementerios. Cuando el caballo se detenga, marcará el lugar donde está enterrado el supuesto vampiro. Esta práctica tiene su origen en Bulgaria, donde para localizar un Krvopijac, que el nombre que recibían allí los chupasangres, sentaban a una joven virgen sobre un caballo negro y la paseaban por el cementerio. Allí donde no pisara el caballo, es donde se encontraría la tumba del vampiro.
[12] Este ítem es una constante que se repite en todos los relatos tradicionales sobre la condesa histórica.
[13] Película que, por cierto, contó con un guion de Sandro Continenza.
[14] Instalada en Italia, probó suerte en 1979 en el mundo de la música llegando a grabar un disco antes de retirarse definitivamente de los escenarios.
[15] SANTONI, E.: “No niego nada”. Memorias de Espartaco Santoni. El arte de la seducción. Confesiones de un moderno casanova, Consorcio de Ediciones Capriles, Caracas, 1990.
[16] Una práctica habitual, especialmente en el cine de terror español, tal y como narró el productor Josep Antón Pérez Giner, responsable del mítico sello Profilmes: “Se rodaban -paralelamente – algunas escenas «atrevidas» (en realidad ahora serian calificadas «para mayores de trece años») y se rodaban planos complementarios para intercalar o no, según la censura”.” (…)  En nuestras «dobles» versiones pocas veces mostrábamos el sexo de las mujeres y nunca el de los hombres, pero a la hora de rodar, los actores rodaban desnudos, aunque la cámara ocultara su sexo. Algunos actores tapaban sus «partes» con un trozo de tela que pegaban con minúsculo esparadrapo por «pudor». Si pedían en el Ministerio de Fraga Iribarne y compañía la destrucción de las tomas prohibidas (estilo Inquisición Franquista) se ordenaba al laboratorio que destruyera una segunda toma y se conservaba la buena para enviar al extranjero”. (Benitez, C.: “Las dobles versiones en el cine de Paul Naschy” Proyecto Naschy, 12 de marzo de 2011. https://proyectonaschy.com/2011/03/12/las-dobles-versiones-en-el-cine-de-paul-naschy/
[17] GRAU, J.: Opus cit
[18] Película de Jaime de Armiñán en la que, junto a su interpretación en El bosque del lobo (Pedro Olea, 1970) y La cabina (Antonio Mercero, 1972), José Luis López Vázquez demostró su valía más allá de la comedia.
[19] Más allá de la ley (Al di là della legge, Giorgio Stegani, 1968) es uno de los muchos Spaghetti Westerns rodados en régimen de coproducción. En este caso, además de Italia participaron Alemania Occidental y Mónaco. Rodada en Tabernas (Almería), contó con la presencia de Lee Van Cleef y Bud Spencer, entre otros.
[20] M.T.: “Ceremonia sangrienta”. La Vanguardia, sábado, 15 septiembre de 1973, página 43
[21] LÓPEZ SANCHO, L.: “Grau es mejor que Ceremonia Sangrienta”. ABC, jueves, 22 de noviembre de 1973, página 92

Conozca a los protagonistas de ‘Fantasmagoría’, el nuevo film de César del Álamo

Comienza el rodaje de Fantasmagoría, una historia de fantasmas de corte clásico con producción de Norberfilms que,  escrita y dirigida por César del Álamo, representa la vuelta a la dirección de su realizador, que tiene en su haber otras películas como las cintas de corte fantástico (2009), La mujer que hablaba con los muertos (2014) y De la piel del diablo (2019), además del giallo Buenas noches dijo la Señorita Pájaro (2012). Como es habitual, César del Álamo cuenta con un reparto coral formado por Marta Almodóvar, Rafa Casette, Chema Coloma, María Muñoz, Ruxandra Oancea, Diego Sánchez, Laura Hernando, Eros Herrero, Adrián Labrador y Maya Reyes.
Sinopsis: El profesor Jorge Ollot y la doctora Iris de Miguel han reunido a un grupo de personas, cuidadosamente escogidas, con las que se aislaran durante una semana en una casa apartada. ¿Su intención? Demostrar que lo paranormal existe, pero que es nuestra propia mente lo que lo provoca. Así, dándose las condiciones adecuadas, está seguros de que crearán un fantasma… Pero el experimento que llevan tanto tiempo preparando no saldrá tal y como ellos esperaban.

Se espera que se estrene en plataformas y en algunas salas escogidas a mediados de año.



Nace una estrella, L’Horror Film Festival, y Silvia García nos lo presenta

Mi amiga Berta, que es uno de esos seres de luz tocados con el don de la creatividad, ha acuñado un nuevo adjetivo, ‘miyazaki’, añadiéndole al apellido del célebre cineasta la acepción: ‘Dícese de todo aquello que desprende una dulzura mágica y conversora capaz de iluminar y transformar el mundo que nos rodea’. En abril, aguas mil. Y entre las miríadas de gotas culturales que nos lloverá el próximo cuarto mes del año, algunas destacan con brillo propio, es el caso de la que será recién nacida muestra de cine de terror con perspectiva de género, L’Horror Film Festival, en L’Hospitalet de Llobregat, un nuevo certamen gestado con mimo y pasión que, estoy convencida de ello, podrá ser calificado de ‘miyazaki’. Hemos hablado de todo lo humano y lo divino en relación al próximo neonato con Silvia García Palacios, una de las mujeres al frente de la iniciativa. Locuaz y entusiasta, contagia su dinamismo y sus ganas de construir nuevos mañanas. También Silvia es ‘miyazaki’. Pero mejor os dejo con lo que ella nos ha contado.

Empecemos parafraseando un título de película de Marco Ferreri, ¿Il futuro è donna?

Buona sera, chi lo sa? Lo que sí sabemos es que el pasado no lo ha sido y sabemos sus consecuencias. Estamos en un momento en el que se escucha la reivindicación de la igualdad y equidad con más fuerza que nunca, por algo será. En realidad, es cuestión de tener mismas oportunidades y derechos. En todo caso, el futuro ha de ser de todas y todos o no habrá futuro, es decir, el futuro es de la humanidad en su más concreto y abstracto significado.

Para continuar, una semblanza. La tuya. ¿Cómo te gustaría ser presentada?

Me gustaría ser presentada como una persona que demuestra su pasión por el cine en su día a día. Como productora, programadora, crítica y activista social, todos mis proyectos se ven impregnados por la inquietud de contribuir a un mundo mejor. Será un granito de arena, pero será.

Despegáis en primavera ¿L’Horror Film Festival nace para ser otro festival más de cine de mujeres? Porque, ¿Es lo mismo una película de mujeres que una película con perspectiva de género? Pensaba, por ejemplo, en Siesta de Mary Lambert, lo dirige una mujer, tiene protagonista femenina, al menos dos personajes relevantes son mujeres que hablan entre ellas de algo distinto a un hombre, y, sin embargo, su concepción global, el universo que refleja, incluida la sensualidad, sigue siendo masculina, ¿Estoy equivocada?

Sí y no. L’Horror Film Festival nace como una muestra de films con perspectiva de género y más que obras dirigidas por mujeres, buscamos esa mirada que tradicionalmente se ha relegado e incluso olvidado, aquella que se aleja de la hegemónica.

Así pues, por un lado, destacar un film dirigido por una mujer o persona con diversidad de género es un hito siempre a celebrar por el mero hecho de la poca representatividad existente -las estadísticas de los ochenta no eran precisamente boyantes y que hoy en día tengamos mejores estadísticas no significa que sean buenas, aun hay mucho trabajo por delante-. Ahora bien, sea del género que sea quien lleva la batuta, esto no determina per se la temática ni el punto de vista de la obra, por lo tanto, podemos encontrarnos, como en cualquier ámbito, casos que contradicen los prejuicios que todas tenemos ante algo. Así pues, por el hecho de no ser un hombre no significa que tengas, hayas podido desarrollar o quieras aplicar una mirada concreta y viceversa. Siesta se ha de contextualizar, como toda obra, dentro de su época, con todo lo que ello conlleva a todos los niveles; como bien dices, parece aprobar algún que otro test de sesgos, cosa que denota ya alguna diferencia con sus coetáneas.

En relación con lo anterior, en la Web del festival enlazáis como herramientas una serie de test, imagino que para orientar sobre qué es una cinta con perspectiva de género, encabeza la lista el más difundido, el test de Bechdel-Wallace, claramente basado en parámetros cuantitativos, ¿Ahora resulta que el tamaño importa? Perdón por el chascarrillo, quiero decir, quizás esas evaluaciones estaban bien para empezar a tematizar la brecha de género en lo fílmico, pero, ¿No empieza a ser necesaria una evaluación que tome en consideración cuestiones cualitativas que definan la naturaleza de una auténtica perspectiva femenina?

Es una pregunta muy interesante sin duda. Y el tamaño claramente aún importa… Para demasiadas personas (risa)

Pensamos que era algo muy positivo que la web tuviera su apartado pedagógico precisamente para ayudar a entender nuestras intenciones. Los test tienen una función de visibilizar e identificar las desigualdades existentes -y evidentemente persistentes-, algo que nuestros sentidos asumen como lo que debe ser, una “normalización” de la que hay que ser consciente para ver sus carencias.

La perspectiva femenina es un constructo social y cultural. Su existencia depende únicamente de ello. Yo no me abanderaré como una experta en el tema, pero, personalmente, tendría serios problemas en encontrar una vía de definición sin caer en inexactitudes de todo tipo, por ejemplo, culturales e históricas. Así pues, es más justo hablar de perspectiva de género en oposición a la visión dominante que mantiene y defiende una diferenciación por cuestiones meramente físicas o fisiológicas.

En todo caso, en cuanto que hablamos de cine, de arte, ya es abrir un melón, pero, por ejemplo ¿Cómo definimos qué es una buena película? Definiciones parametrizadas se traducen en constructos con connotaciones particulares que pueden -y deben?- diferir en tanto que formas culturales, sociales y personales existen. Por lo tanto, a la hora de tocar lo cualitativo se corre el riesgo de caer en un dogmatismo, algo bastante contraproducente. 

¿Debiera estar obsoleto el término ‘feminazi’? Recapitulo, que he empezado la pregunta por el tejado. Parece que tampoco lo social se libra de la Tercera Ley de Newton, toda acción genera una reacción de igual intensidad, pero en sentido opuesto. La acción feminista ha seguido una senda ascendente desde que Olympe de Gouges escribiera en 1791 la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, pero ese camino no ha estado libre de vaivenes y retrocesos. La pujanza parece haber despertado la aversión, fue en 1992 cuando Rush Limbaugh, locutor y comentarista estadounidense conservador, acuñó y popularizó el término ‘feminazi’ con el argumento de que el feminismo no busca la igualdad entre hombres y mujeres sino una suerte de supremacismo femenino. Internet ha hecho de caja de resonancia ampliando la desconfianza y el malentendido, agrandando la bola de nieve hasta el alud de los discursos de odio. ¿Es necesario hacer más pedagogía? ¿Necesitamos una definición clara del verdadero horizonte de expectativas del feminismo? ¿Cómo pasar a la acción? Por cierto, Olympe de Gouges murió en la guillotina.

A nivel personal, siempre he creído que cuando estás haciendo algo muy bien siempre nace la oposición y su fuerza es proporcional a lo bien que lo hagas. Ahora bien,  siempre se avanza, lento, pero se avanza, aunque se hayan segado muchas cabezas por el camino… El terror siempre nos acompaña.

En el caso del movimiento feminista, y desde mi humilde punto de vista, en el momento en que se percibe como una amenaza (de poder, estatus, identidad…), se tiende a contratacar, una reacción que surge de determinadas formas de pensar desde el privilegio (tradicionalmente retrógradas) las cuales, lejos de asumir su desequilibrada posición, mediante autoconciencia o autocrítica, se decantan por el uso de la violencia a través de mentiras, exageraciones y sobre todo utilizando el gran poder que da el miedo.

Recapitulando, el término “feminazi” está obsoleto y carece de rigor desde que se pronunció. Pero en ese sentido, apoderémonos “de alguna forma” del término, aprovecho para recomendar el cortometraje Feminancy de Uxuri Etxegia ;)

Por lo que pasar a la acción se refiere, para mí la pedagogía es precisamente una de las estrategias fundamentales. El cine forma parte de esa pedagogía, con un lenguaje universal, tiene la capacidad de convertirse en una herramienta que aporta nuevos y diferentes enfoques ¡qué maravilla! ¡Siempre más y mejor!

El terror. Género por antonomasia, vive en la actualidad un momento dulce de auge y esplendor, quizás porque siempre florece en los momentos de mayor confusión y convulsión, como si las sociedades necesitaran exorcizar sus miedos, el ejemplo más florido lo tendríamos en el éxito de los monstruos de la Universal en la década de los 30 del siglo pasado. La pregunta es doble (o triple). ¿Puede ser el terror el mejor vehículo para atacar la brecha de género? ¿Y cómo debe hacerlo: resignificando el rol de víctima propiciatoria y reina del grito, creando categorías nuevas, todo un poco a la vez? No hay dos sin tres, históricamente el ascenso de la mujer ha coincidido con la muerte de un mundo conocido, pasó en Grecia, pasó en Roma, en la Baja Edad Media… El ascenso de la ultraderecha, y el quebranto del espíritu del 45, parece ser más que un cambio de ciclo político, ¿Cuál debe ser el papel de la lucha feminista en un momento en el que parece reclamarse el yugo del autoritarismo?

Estoy completamente de acuerdo en que estamos en una época de florecimiento y tengo la esperanza de que gracias a ésta llegaremos a una maduración que transformará la visión peyorativa que acompaña al terror en cuanto a mero divertimento. Precisamente por eso, uno de los pilares del Festival es demostrar eso mismo, que el género de terror es una de las mejores, sino la mejor, herramienta para expresar la perspectiva de género. El terror brinda una gran libertad a la hora de crear y abarcar una historia o tema desde múltiples prismas. Quizás ya no sea necesaria ni pertinente ninguna scream person o la victimización, y sí la creación de nuevos arquetipos. El séptimo arte tiene el poder de abrirnos una ventana de aire fresco directo a nuestro cerebro, y puede convertirse en un instrumento para mejorar nuestra comprensión del mundo, para aprender o para superar el miedo a lo desconocido e ir más allá de lo que nos rodea. 

En relación al papel de la lucha feminista frente al autoritarismo, no creo tener la respuesta. Por mi parte, ha sido crear un Festival de cine junto a un excepcional grupo de personas que creen en el proyecto y ven su potencial, un evento para celebrar la diversidad lejos de encorsetarla. 

Más breve y concreto: ¿Por qué es necesario, que digo, imprescindible, asistir a la primera edición de L’Horror Film Festival? ¿Qué nos tenéis preparado? ¿Qué visión del cine nos vamos a encontrar?

El origen del proyecto nace por una necesidad, como siempre, por una carencia, si lo queremos llamar así. Conocer el Final Girls Berlin Film Festival me dio a conocer un espacio seguro, libre y fresco dentro y fuera de una sala de cine que no supe, hasta ese momento, que hacía tiempo quería vivir en un Festival. Con esa idea nació L’Horror Film Festival y con ese ánimo de honrar dicha inspiración.

Con eso en mente, L’Horror Film Festival se centrará en dar voz a obras con perspectiva de género en todo su terrorífico y amplio abanico sin olvidar la inclusión de debates que refuercen el análisis del sector aportando un nuevo enfoque. Esperamos añadir al panorama cultural una forma renovadora de plantear la creación y ejecución de un festival, una experiencia única y distintiva.

Para esta primera edición tenemos preparada una excepcional inauguración con proyecciones (por el momento sorpresa) y un encuentro de profesionales y entidades del medio; un meet&greet en el que queremos dar un espacio para conocernos, reconocernos y claro que sí, propiciar sinergias. Para la segunda jornada, tendremos dos pases de cortometrajes y un conversatorio: la Sección Talent Novell formada por obras de cineastas emergentes; una charla en la que tendremos el lujo de contar con la participación de Dones Visuals y la Acadèmia del Cinema Català; y pondremos la guinda con la Sesión especial Final Girls Berlin que contará con una selección de los cortometrajes ganadores de la edición 2024 de este gran Festival dedicado al cine de terror dirigido, escrito o producido por mujeres. 

Deseamos que cada proyección, cada evento, sea una invitación para compartir nuestra cinefilia y descubrir nuevos horizontes.

Y última: la tortilla de patatas ¿Con o sin cebolla? No respondas que igual se me cae un mito. En serio, quizás me he enrollado como una persiana y no he incidido en lo esencial. Tómate la libertad: añade las preguntas que hubieras querido contestar.

Te sorprenderás, ¡pre-tortilla! Prefiero y me deleito las papilas con patatas fritas y huevo batido, Crudo, por supuesto.

¡Es hora de romper clichés, redefinir monstruos :)!

 Más información: L’Horror Film Festival 

 

 

Ecoterror en 6 películas: ranas, hormigas, cocodrilos, jabalís y mucho más.

Analizamos un subgénero que nació sin tener constancia de serlo con seis películas representativas del mismo.


FROGS (George McCowan, 1972)

Frogs es una película serie B de American International que no engaña a nadie (bueno, quizás el póster un poco), y aunque se esfuerza en dotar a los personajes de personalidad y dar cierta coherencia a la historia,  lo cierto es que esta venganza de la naturaleza resulta algo risible, y las muertes son de campeonato de torpes de lo mal resueltas que están. Protagonizada por un Ray Milland en las últimas haciendo de abuelo malas pulgas y un Sam Elliott lozano como único personaje «normal», lo cierto es que este desastre, no se sabe muy bien porqué, tiene su encanto. Como el de ser una simpática serie B pura y dura que, en forma de slasher, es una clara denuncia ecológica protagonizada por reptiles y otros seres de la ciénaga comandados por unas enormes ranas que parecen vengarse de una familia cuya industria echa pesticidas en su hábitat. Otro personaje colecciona mariposas, y el veterano cabeza de familia es cazador, tal y como demuestra su sala de trofeos. Sam Elliott, interpretando a un fotógrafo, deberá refugiarse en la mansión, de la que serán eliminados ordenadamente uno tras otro todos los miembros de la familia mediante tan mal resueltas como ridículas muertes. Como la tiene lugar en el invernadero o las protagonizadas por arañas, sin ir más lejos.

Como ya hemos comentado, además de Elliott, en la cinta podemos ver al veterano e incansable Ray Milland y a muchos actores eminentemente televisivos ¿Lo mejor? El engañoso póster y el tono irreal con ese cabeza de familia que quiere celebrar su 4 de julio caiga quien caiga, nunca mejor dicho, haya o no cadáveres de por medio.

Todo ello en una película cuyo indudable encanto, en lugar de otorgarle solera, la ha avinagrado.


PHASE IV (Sucesos en la IV fase, Saul Bass, 1974)

Diseño Hard Sci-fi con instalaciones futuristas y destacables imágenes de hormigas rodadas con potentes lentes que las convierten casi en seres de otro planeta en esta cinta de Saul Bass en la que estos pequeños seres se rebelan contra la tiranía del hombre. Todo tan bien llevado que hasta nos ha parecido creíble lo que nos han contado, desde su inicio hasta su extraño final. Se trata de una cinta que el tiempo ha revalorizado, interesante, curiosa y protagonizada por una muy joven Lynne Frederick, actriz a la cual los más jóvenes igual no reconocen, pero que fue una prometedora y bella artista que tuvo un final prematuro y bastante triste. Phase IV también es el único largometraje de Saul Bass, un todoterreno del cine, pero especialmente conocido por los memorables títulos de crédito en películas como Con la muerte en los talones, Vértigo, Psicosis, El hombre del brazo de oro o Anatomía de un asesinato.

Por cierto, el cártel original con una hormiga saliendo de la palma de una mano quedó muy Daliniana. Sin ir más lejos, y prosiguiendo en el cine, una imagen idéntica puede verse en El perro andaluz de Luis Buñuel y Salvador Dalí.

El título español es similar y quiere aprovecharse del de la popular Encuentros en la tercera fase, (Close Encounters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977), un film posterior al de Saúl Bass, pero cuya coincidencia en el título se explica porque a pesar de ser anterior a esta, Sucesos en la IV fase llegó a nuestras pantallas con retraso, estrenándose en 1980.


DAY OF THE ANIMALS (William Girdler, 1977)

Un pequeño microcosmos humano recibirá el ataque de diversos animales afectados por los rayos solares a causa de la acción humana sobre la capa de ozona.

Deudora del cine de catástrofes que tanto predicamento tuvo durante los años setenta, cuesta ver a Leslie Nielsen, uno de sus protagonistas, como actor dramático, y más cuando pierde la cabeza, también a causa de los rayos gamma, y comienza a hacer de las suyas. Aunque la premisa que denuncia sigue estando más que vigente, la película ha envejecido bastante mal, la verdad.

Day of the Animals cuenta con la participación de otros actores, como Christopher George o Lynda Day, matrimonio en la vida real que más tarde terminaron recalando en el cine de Piquer Simón, para el que protagonizando la, por muchos motivos, mítica, Mil gritos tiene la noche (1982).


LARGO FIN DE SEMANA (Long Weekend, Colin Eggleston, 1978)

Una remarcable película australiana, que mediante dosis de terror clásico refleja la destrucción sistemática de la relación de los protagonistas mientras son atacados por las fuerzas desatadas de la naturaleza. Todo con denuncia ecologista e incluso antiabortista de por medio. Los dos protagonistas, en especial él, consiguen ser dos zoquetes de marca a los que desearemos una muerte lo más dolorosa posible. Maravillosa fotografía y bellos paisajes de la fauna australiana, tan marciana como siempre.

La pareja protagoniza realiza pequeñas acciones inconscientes y cotidianas como usar insecticida, tirar colillas por la ventanilla del coche, llenar todo de basura, cazan y pescan o atropellan incluso un canguro, acciones que, quien más quien menos, todos ustedes han hecho alguna vez (bueno, sustituyan canguro por perro o gato o paloma o persona).

Todo ello parece provocar un anómalo y violento comportamiento de los animales, que atacan a la pareja. Como es el caso de una zarigüeya, que atacó realmente al actor. Si, ya les dijimos que los protagonistas eran bastante cretinos. Los sucesos y los ataques se desatan sin justificación aparente, aunque en un momento se habla en la radio de avistamientos de ovnis, extremo este en el que, afortunadamente, no se incide.

Posiblemente Long Weekend es la mejor de esta selección, cuyo guion se debe a  Everett De Roche, responsable del libreto de otras producciones australianas de terror como Patrick y Razorback, la siguiente que pasamos a analizar.


RAZORBACK, LOS COLMILLOS DEL INFIERNO (Razorback, Russell Mulcahy, 1984)

En Razorback, los colmillos del infierno el mensaje ecologista, quizás animalista, brilla menos por su ausencia. Se  centra en un jabalí enorme que se lleva a las personas e incluso las casas por delante. Con algunos afortunados gags, en esta, su primera película, Russell Mulcahy demuestra su escaso cariño por la fauna humana autóctona del sur de Australia, unos rednecks de mucho cuidado. Incluso utiliza el truco de Hitch de cargarse a la supuesta protagonista cuando ya nos habíamos habituado a ella. Por su parte el monstruo es un animatronic al que apenas se ve. Con cierta ambientación apocalíptica (una de sus actrices participa en Mad Max 2) la película posee un diseño de producción muy de su época (azules, humos…) pues no en vano el director se introdujo en el oficio rodando muchos video-clips en los años ochenta, atmósfera que traslada a su película y que alcanzaría su culmen con Los inmortales (Highlander) en 1986.


LA BESTIA BAJO EL ASFALTO (Alligator, Lewis Teage, 1980)

La historia pone en imágenes la leyenda urbana de que en las cloacas de NY hay caimanes que han crecido tras ser tratados como mascotas y tirados por el retrete al crecer, a lo que los guionistas han sumado un vertido de hormonas de crecimiento a las cloacas, todo lo cual han convertido a un cocodrilo normal en un en una mala bestia gigante. Todo ello mezclado con un relato policial sobre un agente caído en desgracia.

Alligator es una simpática producción protagonizada por el recientemente fallecido Robert Foster, al que Tarantino dotó de nueva vida al ponerlo de co-protagonista en Jackie Brown (1997). Los efectos especiales son imaginativos, con un pequeño caimán andando en cámara lenta por calles en miniatura secundado por los animatronics de turno. A esto se suman unos saludables toques de comedia y un Henry Silva haciendo de cazador chulopiscina.

El director, tres años después rodaría la adaptación cinematográfica de Cujo,  la novela de Stephen King, así como Los ojos del gato (Cat’s Eye, 1985), también basada en narraciones de King.

Por cierto, como el final es abierto, once años después un nuevo director tomó el relevo y rodó una secuela: La bestia bajo el asfalto 2 (Alligator II: The Mutation, Jon Hess, 1992).


Novedades Astiberri · Abril de 2025



Anzuelo, Emma Ríos

Color. Cartoné
304 páginas
17 x 26 cm
29 euros
A la venta el 3 de abril

El esperado regreso de la autora es un colosal relato sobre la no violencia como única respuesta a una vida sin esperanza. A través de unas virtuosas acuarelas cuyos colores transitan entre el amanecer y el atardecer, lleva al lector a la orilla del mar para observar una historia de eco-horror postapocalíptico en la que la belleza y lo extraño se entrelazan. Los cuerpos de sus protagonistas, que se van diluyendo como la luz de la acuarela, van perdiendo su forma humana, a la vez que perdura una humanidad empática como única respuesta a una sociedad despojada de futuro.


Versus, Luis Bustos

Edición 10.º aniversario 

Blanco y negro. Cartoné
88 páginas
22 x 22 cm
21 euros
A la venta el 3 de abril

Llega la edición 10.º aniversario de Versus, una adaptación libre a partir del cuento Por un bistec, de Jack London, que incluye páginas inéditas, bocetos y apuntes de Luis Bustos sobre el proceso de creación de la obra. Tom King es un boxeador. Tom King es viejo. No siempre lo fue. Hubo un tiempo en que sus puños eran cemento, sus músculos se tensaban como el acero y su corazón bombeaba adrenalina con la potencia de una locomotora. Eran otros tiempos. Pero ahora Tom King es viejo y esta puede ser su última pelea. Su contrincante, Jesse Sandel, es todo lo que Tom fue: joven, fuerte, impulsivo, rabioso, feroz. En esta pelea Tom King se juega más que una bolsa de dinero. Se juega la vida entera…


Ángel Sefija en todoterreno, Mauro Entrialgo

Color. Rústica con solapas
80 páginas
18,5 x 24,5 cm
19 euros
A la venta el 10 de abril

Ya son más de 20 los años que el autor vasco lleva radiografiando la sociedad española a través de Ángel Sefija. En este nuevo volumen recopilatorio de la popular serie de El Jueves, reflexiona sobre grandes y pequeñas inquietudes de nuestro tiempo como la pereza laboral, las costumbres de los taxistas, el lío de las criptomonedas, la política-ficción, el pestiño de los audios de Whatsapp o la moderna afición navideña al panettone. Una vez más, nada se escapa a la tan afilada como peculiar mirada de Ángel Sefija.


La misma diferencia, Derek Kirk Kim

Traducción: Diego García
Blanco y negro. Rústica
144 páginas
16,3 x 22,2 cm
15 euros
A la venta el 10 de abril

Nancy y Simon son dos jóvenes amigos. Un día deciden contarse una historia personal que han sido incapaces de asumir. Estas confidencias los llevarán a hacer un viaje que les permitirá reconsiderar su forma de enfocar la relación con los demás y enfrentarse a sus pequeñas cobardías. La voz distintiva del autor, junto con su arte claro, nítido y expresivo, han convertido esta historia en un clásico. Fue elegido como uno de los mejores libros de 2003 por Publishers Weekly y ganador de los premios Eisner, Harvey e Ignatz en 2004.


Magda, cocinera intergaláctica 2. El duelo de las chefs, Nicolas Wouters y Mathilde Van Gheluwe

Traducción: Alba Pagán
Color. Rústica con solapas
160 páginas
19 x 23 cm
20 euros
A la venta el 17 de abril

La continuación de esta trilogía vuelve a poner sobre la mesa todo lo que nos encantó del primer volumen: en primer lugar, una trama trepidante que sigue el ritmo de las pruebas del concurso y de las revelaciones hasta el cliffhanger final; en segundo lugar, unos concursantes enigmáticos cuyas motivaciones no siempre comprendemos, pero a los que nos encanta ver ocupados en la cocina, picando, flambeando o triturando sus ingredientes al ritmo frenético del cronómetro; y en tercer lugar, una forma deliciosa de ridiculizar la sociedad del entretenimiento y de reflexionar sobre los daños causados por el productivismo y el colonialismo. Ni más ni menos.


Archivos expiatorios, Flavita Banana

Blanco y negro y color
Cartoné
208 páginas
21 x 21 cm
20 euros
A la venta el 24 de abril

Flavita Banana pone el broche final a la celebrada colección de Archivos con un volumen que reúne más de 200 páginas de sus viñetas más recientes. El cómic mantiene intacto su característico estilo gráfico y su capacidad para retratar, con agudeza y frescura, las luces y sombras de la vida cotidiana. Este libro es una culminación y, a la vez, una celebración de su talento. Un recorrido por momentos que despiertan risas inesperadas y reflexiones certeras, con ese ingenio único que ha hecho de Flavita Banana una de las grandes referentes del humor humor gráfico actual.


La última sirena. Libro 1, Derek Kirk Kim

Traducción: Santiago García
Color. Rústica con solapas
184 páginas
21 x 24 cm
21 euros
A la venta el 30 de abril

El autor ganador de los premios Eisner, Ignatz y Harvey regresa con una historia literal de pez fuera del agua que pondrá patas arriba el género postapocalíptico y atraerá las miradas tanto del público juvenil como adulto. Una sirena solitaria vaga por un páramo interminable en una búsqueda más allá de la razón. Acompañada de Lottie, su inseparable ajolote, la sirena deberá escapar de bandas itinerantes de caníbales cibernéticos y temibles bestias mutantes. Pero ¿Qué la impulsa a correr semejante riesgo? ¿Y quién es esa figura encapotada que la observa desde lejos?


 

Categorías: Cómic y Manga

Bárbaros a la española: Los Cántabros, Tunka y Hundra

Como todo el mundo sabe Conan era español ¿cómo lo dudan si de pequeño era pastado a Jorge Sanz y su madre era Nadiuska? ¿cómo dudarlo si John Milius lo puso a cabalgar de Almería a Segovia y de Granada a Ávila? Pues por eso, porque Conan era español. Así que no resulta extraño (o no debería parecérnoslo) que una película producida en España, Los Cántabros (Jacinto Molina, 1980) se adelantara, por dos años, a la fiebre por el cine bárbaro que despertó, especialmente en Italia, claro, Conan, el bárbaro (1982), poniendo en marcha la fábrica de las copias en el país transalpino. No debería extrañarnos mucho que tras el éxito del film de Milius, dos nuevas cintas habitadas por héroes y heroínas de mirada torva en ropa interior de piel, se sumaran desde España a ese subgénero de espada y brujería.

Tras ser uno más de los géneros producidos en la España de los sesenta, principalmente en régimen de coproducción con Italia, el peplum, las populares ‘películas de romanos’, hacía tiempo que habían dejado de producirse en nuestras tierras, así que la aventura de rodar un peplum en la España de los ochenta era un anacronismo y toda una aventura. Y de lo más descabellada, por cierto. Pero al guion de Los Cántabros, ideado por Joaquín Gómez Sáinz, tanto Amando de Ossorio primero como Jacinto Molina más tarde, le añadieron  salsa, transformando a las tribus cántabras y concretamente a su líder, Corocotta, en todo un sosia de Conan, lo que convirtió esa epopeya seudo histórica en la primera película española con bárbaros de por medio ¿influencia de Conan? posiblemente, pues las novelas y los comics eran editados por entonces con mucho éxito por Fórum y antes por Vértice, pero no de la película de John Milius, que se estrenaría en 1982.

Dan Barry (Joaquín Gómez Sáinz de Rozas) actor, guionista, productor y director cántabro comenzó su andadura, al igual que Paul Naschy, en el mundo del deporte, obteniendo galardones en halterofilia y lucha grecorromana. Su físico le llevó a realizar papeles en el cine como actor y especialista en diversas producciones internacionales y españolas, la mayoría de género, hasta que en 1980 tuvo la oportunidad de poner en marcha un proyecto largamente acariciadoLos Cántabros, que narraba la lucha entre las tribus cántabras acaudilladas por Corocotta y las tropas romanas lideradas por Marco Vespaciano Agripa.

La tesis tradicional presenta a Corocotta como héroe de la resistencia ante Roma, como unificador y caudillo local durante las Guerras Cántabras de Augusto durante los años 29 a 19 a. C., pero la única constancia de la existencia de Corocotta se basa en una cita del historiador romano Dión Casio, que tradujo Adolf Schulten y que hace referencia a uno de los hechos más populares relacionados con el cántabro:

“Irritóse tanto [Augusto] al principio contra un tal Corocotta, ladrón hispano muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de doscientos mil sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no solo no le hizo ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma.”[1]

Este episodio, que naturalmente se muestra en el largometraje, es el que ha creado toda la leyenda sobre el supuesto cántabro Corocotta (hay quien dice que su origen es norteafricano), motivando que su figura sea realzada como símbolo cultural y turístico de Cantabria. Y apoyándose en esta tesis, la más conocida y difundida, Dan Barry quiso inicialmente realizar una serie televisiva, aunque desechó la idea optando por un largometraje, que comenzó a dirigir el veterano Amando de Ossorio, tal y como recuerda el propio Barry:

Amando de Ossorio, en efecto, incluso llegó a rodar una primera versión, pero cuando acudimos a los lugares de Cantabria que yo había escogido como escenarios del rodaje, como los Picos de Europa y otros, no hubo forma de hacerle llegar a aquellos parajes; siempre quería rodar los planos desde la carretera, por lo que no me quedó más remedio que sustituirle.”[2]

Con Amando de Ossorio fuera del proyecto, hubo que buscar rápidamente un sustituto. Paul Naschy asegura que la dirección del filme se la ofreció Augusto Boué, jefe de producción de Los Cántabros, pero según Dan Barry, fue él mismo quien se lo propuso a Jacinto Molina, por entonces compañero suyo en el gimnasio Guzmán el Bueno. Algo de lo que Barry terminó arrepintiéndose:

“El proyecto de Los Cántabros fue una idea original mía. Durante más de tres años estuve acumulando datos históricos para confeccionar el guion. Cuando ya lo tenía todo dispuesto cometí el error de dárselo a dirigir a Jacinto Molina, que por entonces era compañero de gimnasio. Posiblemente sea, en cuanto al cine se refiere, una de las equivocaciones más grandes que he cometido, ya que además del proyecto le puse al señor Molina en la mano cuarenta millones de la época y me traicionó en todos los sentidos.” [3]

En todo caso Paul Naschy no aceptó utilizar lo rodado por Ossorio, y quiso reescribir el guion de este proyecto, que sin duda le atrajo por las favorables condiciones de rodaje:

Por primera vez voy a trabajar con un presupuesto por encima de los treinta millones, que no podía ni soñar. Por primera vez dispongo de cinco semanas para rodar.”[4]

Un holgado presupuesto que cuesta apreciar tras ver los resultados en pantalla. Cuestión que también ha sabido ver Adolfo Camilo Díaz al definir Los Cántabros como “un cómic con pocos medios y muchas ideas.”[5] El mismo director narró como se las tuvo que ingeniar para suplir la falta de vestuario:

Carecíamos de suficientes armaduras y cascos romanos, y logré un ataque de la caballería de Marco Vespasiano Agripa  -mi maravilloso personaje- haciendo pasar al mismo grupo de caballistas una y otra vez, emergiendo de un gran montículo.”[6]

Quizás esta pobreza de medios sea la responsable de que una lucha entre gladiadores tenga lugar en el salón del palacio del César y no en el habitual circo romano. O que la batalla final entre ambos ejércitos se represente con un solitario duelo entre Corocotta y Marco Vespasiano en la playa, atmosférico clímax que es, por otra parte, lo mejor de la película.

Y a todas estas carencias cabe añadir los problemas ocasionados por una huelga de extras y el accidentado rodaje a 40 grados bajo cero, que causó la muerte de algunos caballos.

Lo cierto es que con la reescritura del guion el personaje de Marco Vespasiano Agripa, encarnado por Paul Naschy, resultó muy reforzado, erigiéndose en auténtico protagonista de la trama y restando protagonismo al líder cántabro interpretado por Dan Barry. El personaje de Naschy también protagoniza, como es habitual, el romance, en esta ocasión con Elia (Verónica Miriel) la brava hermana de Corocotta. Y aunque se ha comentado que Paul Naschy fue el responsable del giro argumental hacia el subgénero de ‘espada y brujería’, este era un ingrediente supuestamente aportado al libreto por Amando de Ossorio, que declaró su intención de: (…) hacer una película de ‘espada y brujería’ con druidas, magia, los romanos en contra de todos estos ritos, etcétera.”[7] Aunque naturalmente Naschy dotó al guion de Los Cántabros de elementos fantásticos, así como de pequeñas dosis de dudoso humor, de hecho es posible que el director se dejara influenciar por el Asterix de Uderzo Goscinny, algo que resalta especialmente en las caricaturas de los romanos, de entre los que destaca un muy improbable Luis Ciges.

Al recaer la dirección en Paul Naschy, este se rodeo de actores y técnicos habituales en sus películas. Como Andrés Resino que intervino en La noche de Walpurgis (León Klimovsky, 1971) y Jack el destripador de Londres (José Luis Madrid, 1975), y que en Los Cántabros interpreta eficazmente a César Augusto. Precisamente, sobre el rodaje de este film, el actor comentó un curioso detalle al especialista cinematográfico norteamericano Mirek Lipinski:

(…) Naschy no se aprendía sus líneas por estar muy ocupado haciendo y planeando esto y aquello, por lo que usaba un apuntador cuando tenía que hablar. Así que uno tenía que esperar a que el apuntador hablara primero y luego Naschy. Esto afectaba al otro actor, pero bueno, si Naschy no memorizaba sus diálogos es porque estaba muy liado con la producción y negociando cosas. Esto es lo único reprochable, pero hay que perdonarle porque tenía muchas cosas que hacer en esta película.”[8]

El film también contó con la ya mencionada Verónica Miriel, una preciosa y aniñada actriz a la que también pudimos ver en La maldición de la bestia (Miguel Iglesias, 1975); Julia Saly, que mantenía una relación profesional con el actor y director que se extendió durante diez años; la encantadora Blanca Estrada, una de la actrices más populares en la época del ‘destape’ y que intervino junto a Naschy en El francotirador (Carlos Puerto, 1978), El caminante (Jacinto Molina, 1979) y tras Los Cántabros  en Misterio en la isla de los monstruos (1981) de Juan Piquer Simón; el veterano Alfredo Mayo, que encarna al druida, uno de los personajes más pintorescos de Los Cántabros, mezcla de Panorámix y Gandalf y el que más frases grandilocuentes declama. Por su parte Pepe Ruiz y Ricardo Palacios representan el contrapunto cómico de la película, realizando un papel similar al que ya realizaron en El retorno del hombre lobo (Jacinto Molina, 1981).

También intervienen otros actores habituales en el cine de Naschy realizando pequeños papeles, como Antonio IranzoPaloma Hurtado, Frank Braña, Mariano Vidal Molina, el ya nombrado Luis Cigés, o Jenny Llada. Así como Antonio Mayans que recuerda que: “gracias a Juana de la Morena y Augusto Boué [Naschy] me volvió a contratar en Los Cantabros. Yo hacía de mensajero que llegaba, entregaba el mensaje y moría.”[9] Y David Rocha,  que mantiene un buen recuerdo de su también breve participación en el filme:

Recuerdo, además de a Paul que la dirigió e interpretó y con el que me sentí muy unido, a otros actores con los que coincidí en alguna otra película y de los que tengo bonitos recuerdos. Por ejemplo Frank Braña, que trabajó en Los Cántabros y en La herencia del mal, que dirigió Dan Barry; Blanca Estrada, con la que coincidí en El Caminante; y a algunos otros actores que trabajaron conmigo en doblaje en diferentes series y películas que dirigí. Pero a quien recuerdo con más cariño es a Antonio Iranzo.”[10].

En la parte técnica también encontramos rostros habituales en las películas de Naschy como el compositor Ángel Arteaga, responsable también de las bandas sonoras de La marca del hombre lobo (Enrique López Eguiluz, 1968) y La furia del hombre lobo (José María Zabalza, 1972) y al que el propio director confió la de El huerto del francés (Jacinto Molina, 1978); y Alejandro Ulloa, director de fotografía que tanto contribuyó a crear las mágicas atmósferas de El caminante El retorno del hombre lobo, en la que también participaron el montador Pedro del Rey y León Revuelta diseñando vestuario.

Lamentablemente no hubo un buen ambiente de rodaje, y los dos antagonistas en la ficción también lo fueron en la realidad. Dan Barry se arrepintió de haber contado con Paul Naschy como director, llegando a declarar que “hubiese sido mejor seguir con Ossorio que con Paul Naschy, que a la hora de la verdad rodó casi toda la película en Torrelaguna, en paisajes que nada tienen que ver con los cántabros.[10] Por su parte Naschy se quejaba de la poca fotogenia de Dan Barry (cuya voz fue doblada por José Guardiola):

No sé (…) si es que fui muy autoritario en el rodaje y él no estaba acostumbrado o si es que le llegaron unos comentarios del equipo de fotografía sobre que era imposible fotografiarlo de lo feo que era, pero la tomó conmigo y se vengó quitándome el nombre de los carteles.”[12]

El resultado es un filme mayormente destinado a un público infantil, cuajado de luchas descafeinadas, humor chusco y personajes arquetípicos. Según Ángel Sala, para quien Los Cántabros “fue un más que aceptable film de aventuras que recuperaba en parte el espíritu del peplum clásico de los años sesenta[13]”, la película resultó un fracaso comercial que “casi no pudo verse en su estreno, lastrada por unos distribuidores y exhibidores que no confiaron en el proyecto[14]

Para Paul Naschy fue un dignísimo peplum de acción sin buenos ni malos y una muy bella película, rodada en una época en la que Naschy estaba profesionalmente en estado de gracia, ejerciendo como director, guionista y actor en sus películas. Había estrenado poco antes dos de sus mejores títulos: El huerto del Francés El caminante e iniciaría una relación con una productora cinematográfica japonesa que le llevaría a rodar varios documentales y largometrajes, ofreciéndole unos años de estabilidad y prosperidad que, lamentablemente, se truncaron en 1984 con el fracaso de Operación Mantis.

Por su parte Dan Barry, tras interpretar pequeños papeles en diversas cintas, intervino en 1982 en Estirpe de dioses / Raza de guerreros (Diego Santillán), otro proyecto suyo ahora ya puramente de espada y brujería que por diversos motivos no llegaría a estrenarse, a pesar de estar rodado, quedando a falta de montar y sonorizar. Al año siguiente dirigirá él mismo y conseguirá estrenar, aunque tres años después de finalizado, Tunka el guerrero, otra cinta adscrita al subgénero de espada y brujería a la que añadió gotas de cine apocalíptico y que el propio Barry tuvo que dirigir tras despedir a José María Zabalza por su problema de alcoholismo. Tunka el guerrero tampoco deja muy alto el listón en cuanto a calidad cinematográfica, con su acabado amateur y alarmante falta de presupuesto y oficio, que repercute en todo, desde los títulos de crédito al ridículo vestuario de los personajes. Tampoco tuvo mucha más suerte Dan Barry con su siguiente proyecto, La herencia del mal, película de terror que tampoco llegará a estrenarse.

Prosiguiendo el tirón iniciado por Conan el bárbaro, aún se rodará en nuestras tierras, concretamente en Tabernas (Almería) escenario de tantos y tantos spaghetti western e incluso del film de John Milius, Hundra 1983), una cinta escrita y dirigida por Matt Cimber, director norteamericano que había unido sus fuerzas con la actriz Laurene Landon, con la que rodó, además de Hundra, el western influido por Indiana Jones, Yellow Hair & the Pecos Kid (1984). La película de Cimber, que narra las peripecias de la única superviviente de una estirpe de amazonas es, con diferencia, la mejor de las tres comentadas. Y aunque ni mucho menos pueda calificarse de obra maestra, al menos las luchas están trabajadas, Laurene Landon realiza las escenas de acción con convicción y el presupuesto, aunque se adivina escaso, luce más y llega, al menos, para contratar figurantes.

Tras su periplo español, Laurene Landon participaría en varias producciones  del recientemente fallecido Larry Cohen, que también recuperaría a la actriz en 2006, cuando llevaba 15 años retirada del cine.

Con todas sus carencias, Los Cántabros, Tunka y Hundra, nuestra reducida filmografía bárbara, conforma un simpático tríptico de producciones llevadas adelante con más imaginación que medios y en un momento en el que el cine de género en España estaba desapareciendo.

NOTAS

[1] Schulten, A. Fontes Hispaniae Antiquae, vol. V. Emporium, Barcelona, 1940. Pág. 335
[2] Salvador Estébenez, J. L.: Dan Barry, el Conan españolhttps://cerebrin.wordpress.com/2008/01/07/dan-barry-el-conan-espanol/
[3] Ibídem
[4] Sáinz, S.: ‘Diálogos de la luna llena’. Transilvania Express Nº 2, 1981. Pág. 51
[5] Camilo Díaz, A.: El cine fantaterrorífico español. Santa Bárbara, S.L., Gijón, 1993. Pág. 159.
[6] Molina, J.: Paul Naschy. Memorias de un hombre lobo. Alberto Santos Editor, Madrid, 1997. Pág. 132.
[7] Olano, J. y Crespo, B.: ‘Entrevista a Amando de Ossorio’. Cine fantástico y de terror español 1900-1983. Donostia Kultura, S. Sebastián, 1997. Pág. 371
[8] Lipinski, M.: ‘The Andrés Resino Interview’. Latarnia Fantastique International Nº 1, 2010.
[9] Mensaje personal al autor de este artículo.
[10] Mensaje personal al autor de este articulo.
[11] Salvador Estébenez, J. L.: Opus cit.
[12] Agudo, A.: Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina. Scifiworld, Pontevedra, 2009. Pág. 225. Algo que no es del todo cierto. El nombre de Jacinto Molina y Paul Naschy figuran en el cartel, lo que sucede es que el personaje encarnado por Paul Naschy nos da la espalda, en lo que no deja de ser una extraña decisión del, por otra parte, magnífico cartelista Mac.
[13] Sala, A.: Profanando el sueño de los muertos. Scifiworld, Pontevedra, 2010. Pág. 67
[14] Ibídem.