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Diario de Serendipia en Sitges 2024: Décima cápsula

Bueno, pues los días se sucedieron rápidamente y el festival llegó a su fin. Este año Serendipia ha decidido no terminar, como es habitual, en el Prado con Seven Chances, pero casi. Visitamos todas las sedes para despedirnos una por una hasta el próximo año, si Nyarlathotep quiere. Así, de buena mañana y tras un buen madrugón vio la película de clausura Nunca te sueltes de Alexander Aja en l’Auditori. A continuación la comedia involuntaria Luna, de la Oficial Fantàstic Competició en el Tramontana; Vampyros Lesbos (que no Las vampiras) de Jesús Franco en el Prado; terminando el día en nuestra sala favorita, Tramontana, con el documental 2073.

Nunca te sueltes (Never Let Go, Alexander Aja) es una cinta postapocalíptica protagonizada por Halle Berry, como una angustiada madre que junto a sus dos hijos gemelos viven en una cabaña en el bosque bajo el influjo de un espíritu maligno. Necesitan estar conectados en todo momento, aferrándose los unos a los otros, llegando incluso a atarse con cuerdas. Pero, cuando uno de los niños se pregunta si el mal es real, los lazos que los unen se rompen, desencadenando una aterradora lucha por la supervivencia. Estamos, obviamente, ante otra película producto de la pandemia, que, demuestra que el mal puede manifestarse de diversas formas para cazar a sus presas. Con un buen grado de intriga y misterio, Nunca te sueltes que el director definió como «un cuento de hadas realmente oscuro«, consigue su propósito de entretener y repartir algunas reflexiones sobre el dolor, la cordura, la rebelión y la redención, y también pone al espectador en el mismo brete en el que termina el más pequeño de los niños ¿será todo real o producto de una paranoia de la madre? ¿Habrá algo más allá de los límites del hogar?

Ya nos advirtieron sobre Luna (Alfonso Cortés-Cavanillas). Nos dijeron que estábamos locos si queríamos verla, que el público de los dos pases anteriores desertaba de las salas y en algunas partes del film reía a mandíbula batiente. Nos dijeron muchas cosas, pero no nos convencieron de desistir en nuestra convicción de ver Luna. Es más, Serendipia tuvo aún más ganas de verla pues, el humor involuntario es una de las últimas fronteras que le quedan al buen cinéfago, así que, decidido: nos encaminamos al Tramontana para ver Luna.

Y mal comenzamos, pues una película producida por La Caña Brothers y La Caña Sisters ya cuesta tomársela en serio. Pero cuando Serendipia comenzó a ver a buenos actores como Roberto Álamo, Asier Etxeandia o Greta Fernández dando botecitos en la luna, perdidos en el espacio con su banderita rojo y gualda prendida del brazo,  todo fue un venirle a la cabeza la película El astronauta (Javier Aguirre, 1970) con un genial Toni Leblanc; o aquella Pandeirada Sideral que cantaban los inefables reyes del rock tuno Zapato Veloz y que decía algo así:

Hay un gallego en la Luna, Luna.
Hay un gallego en la Luna, Luna.
Hay un gallego en la Luna
que ha venido del Ferrol.

Pá calentar las marcianas sí.
Pá que votaran a Fraga sí.
Y al cabo de una semana
el planeta conquistó.

Así, así se sentía Serendipia viendo a los terrícolas españoles dando botecitos por la luna sin ningún objetivo. Yendo a ninguna parte. Entre ellos un niño que no tarda en morir; una influencer gilipollas (vamos, lo que viene siendo un/una influencer); y otros personajes que verán, desde la luna, como un cometa chocará contra la superficie de la Tierra y cómo se quedarán, además, a causa de un accidente, sin nave con la que regresar al maltrecho planeta azul.  Pero… saldrá la bondad, la solidaridad, los chinos, que hasta en la luna se encontrarán, y el inmortal espíritu del capitán Moscardó, que poseerá a uno de los bravos astronautas haciendo que se sacrifique dando su vida por otros, harán el milagro. Serendipia no sabe si fue a causa del film, o por ese final apoteósico con canción de Nino Bravo incluida, pero el caso es que al terminar de ver Luna descubrió que tenía un escandaloso derrame en su ojo izquierdo. Tampoco es que el film de Alfonso Cortés-Cavanillas fuera tan, tan malo, ¿no?… ¿o si?

Por fortuna en el Prado nos esperaba material conocido, muy conocido. Vampyros Lesbos (1971) es una de las películas más populares del prolífico Jesús Franco. Protagonizada por una Soledad Miranda (aquí Susan Korda) perfecta, que consigue encoger el corazón de todo aquel o aquella que tenga sangre corriendo por sus venas. Mágica. Su argumento es otra vuelta de tuerca a Drácula, pero en clave femenina. La película, que también es generosa en momentos disparatados, consigue enganchar también gracias a su banda sonora, que mezcla jazz y psicodelia con sitar y que ha conseguido gran popularidad, ya no solo entre los fans del cine de terror español, si no también entre los modernos durante los años noventa, cuando tuvo gran predicamento.

Con esta, mi película favorita de Jesús Franco, del que aguanto bien pocas, la verdad sea dicha, Serendipia tuvo una experiencia curiosa hace unos años. Yo leía que era fantástica y que tenía una estupenda banda sonora, así que cuando pude hacerme con una copia beta de Las  vampiras y la vi… no entendí para nada la pasión que desataba. Ni el film, ni su música, ni Soledad Miranda. Y es que hay que tener en cuenta que Las vampiras, que así se llamó la versión de Vampyros lesbos que se estrenó en su época en España tiene tantos cortes que tuvieron que poner una anodina banda sonora de archivo. Tampoco se entendía nada (menos aun) y las escenas de Soledad Miranda estaban suprimidas, por el tema de los desnudos, así que cuando finalmente pude recuperarla completa lo entendí todo: se trataba de otra película totalmente diferente.

Una vez disfrutada Vampyros lesbos y nuestra estancia en el palco del gallinero del Prado, nos encaminamos, ahora sí, a por la última del festival, 2073 (Asif Kapadia) un falso documental que juega a proyectarse en un futuro cercano con un mundo en el que se han cumplido la mayor parte de los anunciados desastres: cambio climático, contaminación, ciudades repletas de cámaras para vigilar a los disidentes, control policial mediante drones, grandes diferencias entre clases… todo lo que ya está sucediendo, jugando así, como hemos comentado, a la falsa ficción o realidad ficcionada como advertencia y concienciación de lo que se nos viene encima si no lo evitamos. La lástima es que, como es de esperar, tras enumerar todos los desastres que están por venir, no ofrece soluciones. Quizás porque no las haya.

Y ahora, les dejamos con el único making of que ha realizado este año el equipo de Quim Crusellas, un merecido homenaje a todos los que hacen posible, con su dedicación y trabajo bien hecho, que cada año se celebre el Festival de Sitges.


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