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José María Elorrieta: del fantástico al terror

6 septiembre 2024 Deja un comentario

Guionista, productor y director capaz de adaptarse, como demostraría, a todo tipo de género, José María Elorrieta fue uno de los pioneros del fantástico en el cine español, pero de aquel fantástico que el régimen permitía, mezclado en su mayor parte con comedia para poder colarlo sin problema a censura. Algo que ya hicieron en los años cuarenta Rafael Gil[1] o el propio primo de Elorrieta, Edgar Neville[2].

Nacido en Madrid en febrero de 1921, José María Elorrieta de Lacy tuvo que licenciarse en Derecho, por presiones familiares, antes de poder dedicar su vida a lo que de verdad le apasionaba: el cine. La carrera de José María Elorrieta se inicia en 1946 con una inencontrable, que no desaparecida, película infantil protagonizada por marionetas, La ciudad de los muñecos, en la que un titiritero y su hijo (José Telmo y Ginés Gallego respectivamente), cuentan la historia de Bambolín, una marioneta que quiere fundar una ciudad habitada por muñecos. La película la produce el propio director con su compañía, Producciones Cinematográficas Aladino.

Tras un buen número de documentales en pequeño formato, producidos también por Aladino y que sirvieron para que Elorrieta adquiriera práctica y soltura, dirige una segunda película, La tienda de antigüedades (1949) un film actualmente perdido que representa el despegue definitivo de la carrera del director. Horas inciertas (1951) fue, según comenta Marcos Ordoñez,[3] un thriller con gotas de fantástico sobre una mujer que dice haber matado a otra por celos y a la que su esposo no creerá, por lo que recurrirá a un psiquiatra con el que intentará descubrir las causas de su obsesión con el crimen.

De El cerco del diablo, producción estrenada en 1952, sabemos de su existencia porque consta en algunos libros y bases de datos, pero para nosotros conforma todo un misterio a descubrir. Y ciertamente atractivo, pues a pesar de los escasos datos que hay sobre ella, podría tratarse de un interesante film a recuperar. Veamos porqué:

Primero de todo porque se trata de una película de episodios compuesta por diferentes historias de temática fantástica, algo muy poco común en la época, escritas por José María Elorrieta. Y segundo porque cada episodio fue adaptado por un importante escritor (Camilo José Cela, Gumersindo Montes Agudo, Edgar Neville, José Antonio Pérez Torreblanca y Gonzalo Torrente Ballester) y lo dirigió un celebre realizador (Antonio del Amo, Enrique Gómez, Edgar Neville, José Antonio Nieves Conde y Arturo Ruiz Castillo. No en vano fue calificada en su momento como “la película más original realizada en España” con “un gran contenido emocional y un final aleccionador”, todo lo cual no evitó que el crítico cinematográfico de La Vanguardia escribiera una feroz crítica de la cinta definiendo su estructura episódica como “un incesante choque de criterios que llevan a la pérdida irremisible de toda posible unidad entre los distintos episodios, cuya falta de congruencia y de sentido resulta pasmosa”, destacando “la inutilidad de congregar tantos y tan claros talentos para moldear en un ente de ficción sin dimensiones de originalidad ni perspectivas de auténtica hondura humana o, si se quiere, metafísica.[4]

Durante el resto de los años cincuenta la carrera del director deambuló por todo tipo de género, ocupándose con idéntica profesionalidad de destacables comedias (El fenómeno, El hincha, Al fin solos), dramas folklóricos (Curra Veleta, Torero por alegrías), como de las obligadas películas de contenido piadoso como El milagro del sacristán (1954) o Tres huchas para oriente (1954). Destacando en especial Mensajeros de paz (1957), bizarra propuesta en la que podemos ver a unos Reyes Magos paseándose por la Gran Vía de Madrid en Land Rover,  o haciendo arrancarse a cantar villancicos, embargados por la emoción, a los clientes y las barraganas de una sala de fiestas.

Con Aladino P.C dando paso a otra nueva compañía, Universitas films, Elorrieta produce, escribe y dirige nueve largometrajes, el último de los cuales, La montaña de arena (1955), no llegaría a estrenarse.

Alterna el cine con otras actividades relacionadas, como la presidencia del Círculo Cinematográfico Nosotros; la vocalía del Círculo Ramiro de Maeztu, que funda; la dirección de la Escuela Técnica de Cinematografía; ejerce de censor de guiones de la Dirección General de Cinematografía y Teatro; es profesor auxiliar de Historia del Cine en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC); o funcionario técnico de la Dirección General de Tráfico. Y aún le queda tiempo para colaborar y escribir guiones para otros directores como el de Curra Veleta (Ramón Torrado, 1955), Hospital de urgencia (Antonio Santillán, 1956) y Escuela de seductoras (León Klimovsky, 1962).

Entre 1961 y 1962 será gestor de la Cooperativa Cinematográfica Unión, donde rodará seis películas más (tres por año), entre ellas una que cabe destacar especialmente por tratarse de la primera cinta abiertamente fantástica que dirige, Mi adorable esclava (1961), para cuyo papel de genio de la lámpara Elorrieta apostará por una exuberante vedette y bailarina argentina, Ethel Rojo.

La trama del filme no puede ser más sencilla: un país en dificultades económicas necesitará obtener un préstamo de un banco de Estoril y Leopoldo (Antonio Casal), primer secretario del embajador, deberá negociarlo. De forma accidental conseguirá una lámpara de la que saldrá una genio que, además de causar varios equívocos, pues tan solo él podrá verla, ayudará a Leopoldo a conseguir su objetivo. Sencillos efectos especiales de levitación de objetos e invisibilidad, además de la participación de un buen número de actores sudamericanos más, como la hermana de la protagonista, Gogó Rojo, la uruguaya Margott Cottens o Pastor Serrador, primo hermano de Narciso Ibáñez Serrador, todo ello en una comedia amable e inocente, apta para todos los públicos que demuestra, una vez más, las dotes para la comedia de su protagonista y las posibilidades de Ethel Rojo, que rodaría junto a José María Elorrieta su siguiente película, Esa pícara pelirroja (1963). Por otra parte conviene señalar que el director se adelantó unos años a la popular serie televisiva Mi bella genio (A Dream of Jeannie, 1965-1970), que llegó a las pantallas españolas a finales de 1968 y que poseía un argumento similar al del film español.

Elorrieta estrena en 1962 nueva productora, P. C. Alesanco, y lo hace con otro nuevo acercamiento al fantástico y también en clave de comedia, El diablo de vacaciones, en la que el director nos ofrece una versión amable y burlesca del pacto mefistofélico. Aquí el tentador es un vicediablo (de nuevo Pastor Serrador), que en lugar de reclamar el alma de sus víctimas, firma el pacto a cambio de dinero con el que seguir apostando en los casinos de Biarritz. En el caso que nos ocupa, el elemento sobrenatural es apenas una excusa para alumbrar una comedia puesta al servicio de, otra vez, Antonio Casal, que parte de la obra de Edgar Neville Veinte añitos, estrenada nueve años antes. Y aunque Elorrieta no dejaba de ser un artesano y en sus manos los mimbres de Neville (que acompañaban el humor con lo lírico e incluso lo trascendente) apenas sirvieron para dar a luz una comedia mediana, su desenfado fue elogiado por la crítica madrileña.

Con su nueva compañía, además, el director se apuntará a la moda imperante del western y el cine de aventuras en coproducción con Italia. Y lo hará coproduciendo películas para otros directores como Leon Klimovsky (2000 dólares por coyote), Arturo Ruiz Castillo (El secreto del capitán O’Hara)e incluso al italiano Umberto Lenzi (Los piratas de la Malasia).

En coproducción con Estados Unidos dirigirá el filme de aventuras El tesoro de Makuba (1967), el western Los 7 de Pancho Villa (1967) y su nueva incursión en la comedia fantástica, Una bruja sin escoba (1967), producida entre la americana Cinemagic, Inc. y Lacy Internacional Films, desde ese año nuevo nombre de la productora de Elorrieta.

De prolongada carrera cinematográfica, el actor norteamericano Jeffrey Hunter había desembarcado en España por primera vez para interpretar nada menos que a Jesucristo en Rey de Reyes (King of Kings, Nicholas Ray, 1961), una de las películas rodadas en España por el imperio Bronston. A partir de ahí compaginó su carrera entre televisión y cine en su país y las ofertas llegadas de Italia y España, como es el caso de Una bruja sin escoba, una comedia en la que compartió protagonismo con una arrebatadora Maria Perschy. El film narra las peripecias de un profesor irlandés (Hunter) del que se encapricha una bruja (Maria Perschy) a la que él solo puede ver y que gracias a una joya mágica puede hacer viajes en el tiempo. De esa forma ambos visitarán la época medieval, la prehistoria, el imperio romano y el futuro, concretamente al año 1999 en una Tierra en la que tan solo quedan siete bellas supervivientes, debiendo ponerse manos (y otras cosas) a la obra para repoblarla. Pero la bruja truncará la situación retornándolo a la época actual. El resultado es un disparate, a veces hasta el sonrojo, pero ante todo curioso por ser posiblemente la única o una de las únicas películas españolas que han tratado el viaje en el tiempo y también por contar con algunos actores muy jóvenes y reconocibles para el aficionado, como Frank Braña, Perla Cristal, Esperanza Roy (acreditada como Esperanza Roig), el uruguayo Gustavo Rojo y el futuro director de cine Julio Pérez Tabernero, que aquí realiza un pequeño papel.

Desafortunadamente Jeffrey Hunter sufriría un ataque al corazón en el avión en el que retornaba a Estados Unidos tras haber rodado en España la posterior ¡Viva América! (1969), de Javier Setó. Y aunque se recobraría, poco después sufriría otro ataque en su hogar golpeándose en el cráneo al caer, lo cual ocasionó la muerte del actor con tan solo 42 años.

De nuevo en coproducción con Italia (De Laurentis), Elorrieta se embarca en La esclava del paraíso (1968), una fantasía oriental a lo mil y una noches ambientada en una Granada bajo dominio árabe. Naturalmente la ciudad ofrece al director escenarios de categoría, llegando a rodar en la misma Alhambra, pero también en otras localizaciones de Córdoba, Almería y Sevilla. El papel de héroe lo encarna Jeff Cooper, un actor norteamericano con una carrera no demasiado ilustre en televisión que decidió probar fortuna en España, rodando para Elorrieta, y a continuación en Alemania antes de marchar a México, donde encarnó al exótico héroe de la radio y el cómic Kalimán, el hombre increíble, volviendo después a Estados Unidos. Tras interpretar al protagonista de El círculo de hierro (Circle of Iron, 1978), monumental desastre basado en un argumento del difunto Bruce Lee, retornó al mundo de la televisión. Como acompañante y soporte cómico del héroe, Elorrieta contó con Rubén Rojo, hermano del también actor Gustavo Rojo, un perfecto todoterreno nacido en Madrid pero que desarrolló su carrera en México.

La esclava del paraíso narra las aventuras de Omar (Cooper) y de su amigo/sirviente Alí (Rojo) que, de vuelta a su país, descubrirán que en su ausencia el malvado Hixxum (Raf Vallone) ha acusado falsamente de traición al padre de Omar, el gran visir de Granada, a resultas de lo cual es depuesto y ejecutado. Omar jura vengarse y casualmente encuentra una lámpara maravillosa con una bella genio, Mizziana (Luciana Paluzzi), maga de tercera categoría con sus poderes limitado a resultas de una insubordinación, que ayudará al héroe ocasionando de paso las consiguientes situaciones equívocas. Como nota curiosa cabe señalar la presencia de Paul Naschy y Ricardo Palacios como los guardias del visir usurpador. Colorista y simpática, con actores de la categoría de Raf Vallone o una atractiva Luciana Paluzzi, reciente chica Bond en Operación Trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), La esclava del paraíso queda como curiosidad sin continuidad en la cinematografía española.

Con Lacy Internacional Films, con la que llega a producir la cinta tunecina Une si simple histoire (Abdellatif Ben Animar) en 1970, rueda poco antes Las joyas del diablo (1969), película que algunas fuentes incluyen erroneamente entre las producciones de terror que Elorrieta abordaría a partir de entonces y con las que cerraría su carrera. Ayudaría también a la confusión el que, posiblemente con intención de venderla como cinta adscrita a ese género, por entonces en alza y con más demanda en los mercados extranjeros, fuera rebautizada como El secreto del Toisón de Oro[5], elaborándose un chapucero póster con ilustraciones siniestras y ninguna relación con el filme. Pero a pesar de que se promocionó como “una película fuerte… contundente”, Las joyas del diablo es un eurospy de acción con muchos toques de comedia rodado en régimen de coproducción con, atención, Canadá y Túnez, contando con actores de allí y añadiendo muchos detalles folklóricos españoles con los que ofrecer un producto exótico para su exportación. No solo hay una colorista corrida de toros y las localizaciones están rodadas en el Toledo más monumental, una de las protagonistas, la actriz autóctona Mariucha, demuestra que es una competente bailaora de flamenco. Su argumento gira entorno a unos robos de joyas relacionadas con una orden medieval. A la policía española se le sumará la Interpol, que averiguará que tras esos robos está el Duque (Ángel Picazo) descendiente de ‘Cebrián el místico y templario y Gran Maestre de la orden de caballería del Águila de Oro’, orden que pretende reinstaurar con intención de devolver al mundo su pureza original. Para ello se valdrá de sus secuaces, armados con una tronchante máquina fotográfica paralizante. Protagonizada por un actor-cantante canadiense, Donald Lautrec, como agente de Interpol; la también cantante francesa Michèle Torr como su ayudante; y el supuesto karateca Zaaza Razak, posible contribución artística tunecina, como tercero en discordia, la película resulta muy deudora de su época y muy pop.

Aclarado esto, ahora si puede incluirse todo el resto de la filmografía de Elorrieta, sin complejos, dentro del género de terror. Con su nueva compañía, IMT (Internacional de Turísticos), produjo en 1969 el filme de ciencia-ficción S.O.S. Invasión, dirigido por Silvio S. Balbuena que, rodado en gran parte en Portugal, narra la invasión de España, y esto es en serio, por unos robots con forma de exuberante rubia en bikini provenientes de la galaxia de Epsilon. Protagonizan Jack Taylor y el bizarro José María Tasso, presente en muchas de las películas de Elorrieta. La cinta también contaría con dos actores que serían significativos para las siguientes películas del director, Jean Sorel y Aramis Ney.

La primera de las películas de terror del director fue Las amantes del diablo (1971), una coproducción hispano-italiana a medias con la también española Prodimex, compañía responsable de varias coproducciones dirigidas por José Luis Merino (entre ellas Ivanna y La orgía de los muertos), Jesús Franco (El proceso de las brujas) y Eugenio Martín (Réquiem para el gringo). Las amantes del diablo no es, desde luego, la mejor.

El guion, basado en una idea de Elorrieta y su protagonista, Espartaco Santoni, fue escrito por un habitual del director, José Luis Navarro, al que se sumó Marino Girolami (futuro director de Zombi Holocausto) y Miguel Madrid, que firmó como Michael Skaife, el mismo seudónimo con el que dirigió Necrophagus (1971) y la cinta de culto El asesino de muñecas (1975). Las amantes del diablo narra las andanzas del satánico Dr. Tills Nescu (Santoni), un playboy a imagen y semejanza del propio actor que incluso vive en un castillo situado en un lugar sospechosamente similar a Marbella. Al parecer practica magia negra y posee unos poderes hipnóticos con los que conquista a todas las mujeres jóvenes de la zona, incluida la protagonista, Hilda (Krista Nell) que investiga la extraña desaparición de su hermana María (Verónica Luján). Andrea, la secretaría de Nescu, interpretada por una fascinante Teresa Gimpera, también parece haberse prendado de Hilda, así que termina salvándola antes de matar al propio Nescu, que conserva en un ala del castillo los cadáveres de todas las chicas que ha secuestrado. Se descubrirá que el odio que profesa a las mujeres tiene su origen en un trauma infantil causado por su malvada madre. O algo así.

Poco terror en una cinta en la que, como nota curiosa, destaca la presencia de actores y extras ‘de lujo’ en las escenas de los fiestones marbellís. Entre ellos la propia esposa de Santoni, Marujita Díaz y algún que otro elemento de la fauna de Marbella como Jaime de Mora y Aragón. También, como era habitual en la época, se rodaron algunas escenas con desnudo para la versión destinada a la exportación.

El barcelonés Francisco Martínez Celeiro estaba haciendo cierta fortuna en el cine de género gracias a su aspecto de galán foráneo bajo el nombre artístico de George Martin. Tras protagonizar un buen puñado de spaguetti westerns; encarnar a Robin Hood e incluso ser uno de los bizarros tres supermen, George Martin se lanzó a escribir, producir, dirigir e interpretar su primera película y escogió, en vista de que era el género que estaba en boga, una cinta de terror, Escalofrío diabólico (1972), que si figura aquí es porque en su deslavazado guion tomó parte José María Elorrieta, algo de lo que sin duda no debería estar orgulloso, pues el resultado no lo salva ni la presencia de Patty Shepard, ni las localizaciones en San Martín de Valdeiglesias,  ni la risible secta de los hermanos de Satán, prestos a sacrificar no una, sino a dos doncellas. La historia resulta confusa, deslavazada, con una madre medio loca, el cadáver del padre conservado en un ala del castillo, un hijo que espera heredarlo todo y su hermano, presuntamente muerto, confinado drogado en una mazmorra. Por medio la secta satánica y un sirviente mudo y algo desequilibrado que cuando le sobreviene un calentón, algo que sucede a menudo, escapa a las familiares ruinas de Valdeiglesias a desfogarse con un maniquí que tiene allí escondido.

Rodada en su mayor parte en exteriores diurnos, y no por decisión artística, no vayan a creer, sino más bien porque posiblemente se olvidaron de poner el filtro para rodar en noche americana, Escalofrío diabólico resulta bastante infame y olvidable, tan solo salvable en algunos momentos en los cuales han cuidado la iluminación ‘a lo Bava’ en las escaleras del castillo que las protagonistas bajan una y otra vez antes de que concluya todo con un vergonzante beso final. Una traumática experiencia recomendable tan solo para estudiosos y completistas del género.

La cinta de terror de Elorrieta que personalmente más nos gusta, por diversos motivos, es La llamada del vampiro (1972), que adapta un guion escrito por el propio director junto a Enrique González Macho, que probaría tener mucha más fortuna como productor. La llamada del vampiro narra la llegada de la doctora Materlick (Diana Sorel) y su enfermera Erica (encarnada por la propia hija del director, Beatriz Elorrieta, bajo el nombre artístico de Beatriz Lacy), a un pueblo aquejado de una rara epidemia en la que los afectados fallecen de anemia. Allí se alojarán en el castillo del extraño Barón von Rysselberg que, como podrán suponer, es un vampiro.

La película entra de lleno en el ciclo fantaterrorífico español, con sus monstruos clásicos, su ambiente foráneo, sus familiares exteriores en Valdeiglesias, sus rubias amenazadas y su doble versión con escenas de desnudo. Y en esta ocasión hablamos de unas escenas bastante subidas de tono, posiblemente las más audaces rodadas nunca para una doble versión de película de terror en España. Una de ellas, protagonizada por dos lesbianas, está realizada por las dos hermanas Tovar, Loreta y Marisa. Por lo demás cabe destacar a Nicholas Ney, actor uruguayo que se especifica en los títulos de crédito que debuta con este film, a pesar de que con su nombre real, Aramis Ney, ya había participado en S.O.S Invasión (Silvio S. Balbuena, 1969. Excesivo e histriónico, de aspecto enfermizo, Aramis Ney estaba muy dotado para los papeles de psicópata, algo que explotaría en las películas de José Luis Elorrieta y prolongaría en su corta carrera cinematográfica, durante la cual trabajaría en diversas ocasiones para Javier Elorrieta, hijo del realizador. Posteriormente obtendría mucho más reconocimiento en su faceta de pintor. Por su parte la protagonista, Jean Sorel, era una actriz madrileña con cierta popularidad en televisión que participó también en S.O.S Invasión y Los monstruos del terror (Tulio Demicheli, 1970), dedicándose al mundo de la canción y retirándose con la llegada del destape.

Noche americana, colmillos a mansalva, vampyrettes relocas y de risa fácil a cámara lenta y una parte final surrealista, mucho más en la versión de exportación, en una película de lo más simpática y que pide a gritos una edición uncut que incluya gloriosamente remasterizados esos locos tres minutos extra.

La última película dirigida por José María Elorrieta antes de que llegara su prematura muerte fue El espectro del terror, en la que una atractiva azafata (Maria Perschy), es acosada por un desconocido (Aramís Ney). Inicialmente nadie la creerá, incluido su psiquiatra (interpretado por Sancho Gracia), galán, caballista y amigo de olvidarse de las recomendables distancias entre paciente y médico. Pero a mitad de la cinta, se producirá un cambio de punto de vista y Elorrieta preferirá centrarse en el desconocido, un excombatiente de Vietnam traumatizado que, tras un itinerario que le ha llevado de Chicago a Madrid, pasando por México y Caracas, malvive en un cuchitril tan desordenado como su mente. Y es aquí donde la cinta de Elorrieta se pone más interesante. El asesino es un sádico sexual y heroinómano al que veremos en su día a día de sordidez y suciedad. Llegando a matar a una prostituta sin recordar nada al despertar al siguiente día. Desgraciadamente, la película contiene tantos momentos ilógicos y tantas lagunas en su guion que casi podría considerarse experimental, vanguardista, sino fuera por lo precipitado y ridículo de su final.

De nuevo como Aramis Ney, el protagonista realiza una estupenda actuación, casi se diría que poniendo mucho de su parte e improvisando. Será la última ocasión en la que copará tanto la pantalla. Maria Perschy hará su papel con la profesionalidad habitual, a pesar de tener que soportar a Sancho Gracia como improbable psiquiatra y macho alfa. La película cuenta con nombres propios del Fantaterror como Víctor Barrera, nombre real de Víctor Alcázar, que volvería a cambiar su nombre por el de Vic Winner, un actor que tendría un 1973 movidito, pues tan solo en ese año estrenaría la friolera cifra de ocho títulos, entre los que hay perlas de la talla de El espanto surge de la tumba (Carlos Aured), El gran amor del conde Drácula (Javier Aguirre) o La rebelión de las muertas (León Klimovsky). El espectro del terror también cuenta con la colaboración de María Dolores Tovar que interpreta su fugaz papel de víctima; y May Oliver, que no es otra que la mexicana Maritza Olivares, a la que veríamos ese mismo año en El retorno de Walpurgis (Carlos Aured), interpretando a una de las dos hermanas enamoradas de Waldemar. Finalmente destaca la elaborada partitura de Federico Contreras y Javier Elorrieta, que debutaba así en la composición de bandas sonoras.

El espectro del terror, a la que se adivina una muy probable existencia de doble versión, posee una suciedad e insania que la sitúa en un lugar especial entre el resto de la producción terrorífica española.

Cuando José María Elorrieta falleció, de manera repentina con tan solo 53 años, se encontraba rodando Las alegres vampiras de Vögel (1974), una comedia que terminó y firmó Julio Pérez Tabernero y que, sin ser gran cosa, resulta simpática. Con ella Elorrieta retornaría al mundo de los vampiros, aunque en clave de humor y sumando a la ecuación la creciente moda del ‘destape,’ que no tardaría en adueñarse de los cines españoles. Para eso contó con la participación de las máximas estrellas de la época, María José Cantudo, que debutó en el cine precisamente el año anterior con El espanto surge de la tumba de Carlos Aured, y Ágata Lys.

El argumento no podría ser más sencillo: una compañía de revista llega a la ciudad de Vögel, que a pesar de tener un nombre con reminiscencias germánicas, está habitado por pueblerinos de refajo y boina calada. Allí descubrirán que hay un castillo habitado por vampiros, entre ellos uno de los actores fetiche de Elorrieta, José María Tasso, y una bellísima Cantudo, además de algún jorobado y hombre lobo que terminarán de animar esta fiesta de chicas en negligé y ropa interior.

Con guion del propio Pérez Tabernero, que hace una pequeña aparición al final del filme y una divertida y entrañable partitura de Alfonso Santiesteban, para nosotros tanto El liguero mágico (Mariano Ozores, 1980) como Las alegres vampiras de Vögel representan para el Fantaterror lo que, salvando distancias, Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott Lou Costello Meet Frankenstein, Charles Barton, 1948) simboliza para los monstruos de la Universal.

En 1975 se estrenó La diosa salvaje (M. I. Bonns), producción Profilmes de aventuras selváticas protagonizada por Kilma (Eva Miller), una especie de Tarzán femenino en cuyo guion al parecer participó José María Elorrieta, a pesar de no salir acreditado. No es una gran pérdida, pues con todo y resultando una película muy simpática, no es gran cosa. Protagonizada por Eva Miller, muy atractiva con su bikini de piel de leopardo y su látigo, cuenta con un argumento muy sencillo e inofensivo que la convierte en un entretenimiento ideal para disfrutar en familia. Villanos codiciosos que buscan diamantes en la selva, un chimpancé que, por supuesto, acompaña a Kilma y hace monerías, un romance y la participación nuevamente de Maria Perschy y Paul Naschy, estrella exclusiva de la productora.  Rodada en un bosque mediterráneo que en ningún momento cuela como selva africana, La diosa salvaje tuvo una -más o menos- secuela, Kilma, reina de las Amazonas (1976) que dirigió el mismo Miguel Iglesias Bonns y que contó con un personaje de Kilma más poderoso y reforzado que el que nos ofrece en La diosa salvaje, donde era poco menos que una damisela asustadiza a la que, a la primera de cambio, engañan y dejan sin sentido los villanos.

Finalmente, ese mismo año debutaba en la dirección Javier Elorrieta con un western, Si quieres vivir… dispara (1975), con un guion de Manuel Sebares que adaptaba una historia escrita por el padre del director.

Es posible que estas postreras películas no representen una despedida muy gloriosa para un director tan ecléctico pero que, como hemos visto, profesaba una querencia especial por el fantástico y el terror, tanto cuando no era un género común en el cine español como cuando por fin pudo realizarlo como opción económicamente viable. En todo caso, José María Elorrieta fue un esforzado hombre de cine que, además, inculcó el amor al séptimo arte en sus dos hijos, la actriz Beatriz Elorrieta y el compositor y director, Javier Elorrieta, digno continuador del trabajo de su padre.

Carlos Benítez (Proyecto Naschy) Publicado originalmente en El Buque Maldito

NOTAS

[1] El hombre que se quiso matar (1942), Viaje sin destino (1942), El fantasma y Doña Juanita (1945) o La otra vida del Capitán Contreras (1955).

[2] La torre de los siete jorobados (1944) o La vida en un hilo (1945)

[3] The Spanish Fantasy Pictures Show (Marcos Ordoñez, Festival de Sitges, 1996)

[4] H. S. G “El cerco del diablo” en La Vanguardia, domingo 6 de septiembre de 1953

[5] Un nombre no demasiado afortunado, pues puede dar pie a confusión por su similitud con Tintín y el secreto del Toisón de Oro (Tintin et le mystère de la Toison d’Or, Jean-Jacques Vierne, 1961) producción francesa estrenada en España en 1963.

Vic Winner: el galán del Fantaterror

19 diciembre 2016 Deja un comentario

untitledVic Winner representa para el cine de terror español la encarnación del galán. Su atractivo rostro y su atlética figura fueron el principal reclamo para los directores y productores, que lo requirieron para interpretar al ‘chico’ de la película, que rescata a la protagonista de las zarpas del villano, del monstruo de turno. O que muere en el intento. Una figura presente en el cine de terror desde sus inicios que también pasó a formar parte del imaginario autóctono de los años setenta, muchas veces interpretado por actores como Tony Kendall, Andrés Resino, Tony Isbert o nuestro protagonista, Vic Winner, el que más reincidió en este género, ya que tuvo la fortuna de formar parte del reparto de cinco de las más importantes cintas pertenecientes al boom del cine de terror español de los años setenta, así que su físico resulta familiar para el aficionado, algo que no dejó de sorprenderle cuando se lo destaqué.

Siendo como es un actor que no se prodiga mucho en entrevistas, nos resulta todo un placer el poder hablar con él y repasar toda su carrera, deteniéndonos, por supuesto, especialmente en su fructífera etapa en el cine de terror.

LOS COMIENZOS

Víctor Barrera Rodríguez nació en Carmona (Sevilla). Se licenció en Derecho pero tras ver unas imágenes de Venezuela en un documental, decide marcha hacia allí en 1957. En Caracas ejerce de abogado, trabajando también de corresponsal en diversas publicaciones españolas y como presentador de televisión en el canal Venevisión. Pero el cine se cruza en su vida, cambiándolo todo:

En los estudios de Venevisión

En los estudios de Venevisión

“Mi entrada en el cine fue por casualidad. Siendo abogado de una productora venezolana, que había firmado una coproducción de dos películas con otra productora italiana, resultó que el actor italiano que debía interpretar el papel de Inspector de Policía en ambas cintas no se presentó, y el director de las películas me convenció para que yo lo hiciera. Estas películas fueron Goldface (Goldface il fantastico Superman, Vitto Albertini, 1967) y Acción en Caracas (AKA El hombre de Caracas, Juan Xiol, 1970)[1] y en ninguna de las dos aparecí en los créditos, porque para mí fue un hecho esporádico. Así que fue casualidad más que vocación, aunque ésta estuviera larvada en mi subconsciente”.

Con el showman televisivo Renny Ottolina y la cantante Mina. Precisamente Renny Ottolina es padre de la actriz Rina Ottolina, que interpretó junto a Naschy, La venganza de la momia (1973) de Carlos Aured.

Con el showman televisivo Renny Ottolina y la cantante Mina. Precisamente Renny Ottolina es padre de la actriz Rina Ottolina, que interpretó junto a Naschy, La venganza de la momia (1973) de Carlos Aured.

A pesar de ser estos sus primero filmes, las filmografías consultadas del actor se inician generalmente con Las endemoniadas (Nelle pieghe della carne, 1970) de Sergio Bergonzelli.

Las endemoniadas no fue mi primera película. Fue la cuarta o quinta. La rodamos en Pescara, una bella ciudad italiana a la orilla del Adriático. Era una coproducción hispano-italiana con Pier Angeli y Eleonora Rossi Drago, por parte de Italia, y por parte española Emilio Gutierrez Caba, Alfredo Mayo, Fernando Sancho y yo. Y la verdad es que lo pasé muy bien. Pier Angeli -la exnovia de James Dean- ya estaba mayorcita, pero aun conservaba su belleza y elegancia. Así como Eleonora, otra belleza italiana. El director y productor, Sergio Bergonzelli, desde entonces hasta que murió hace unos años fue un gran amigo mío. Era un viejo profesor de filosofía que abandonó la universidad por el cine. Era un enamorado de la música clásica y llevaba el coche lleno de discos antiguos”.

con Pier Angeli

Con Pier Angeli en Las endemoniadas (Nelle pieghe della carne, 1970) de Sergio Bergonzelli.

A continuación participa, ya como protagonista, en Fray Dólar (Raúl Peña, 1970), una comedia coproducida entre España y Puerto Rico rodada en ese país y en Estados Unidos.

“Fue una película un tanto deslavazada. Allí conocí a Manolo Zarzo, de quien me hice muy amigo durante el rodaje, y a Marisa Paredes (…) Recuerdo que lo pasábamos genial. Incluso nos echaron del primer hotel por bullangueros. Me encantó Puerto Rico, sobre todo sus playas y sus mujeres”.

La Araucana (Julio Coll, 1971) su siguiente filme, es una importante coproducción entre España, Italia, Perú y Chile en la que Víctor obtiene un papel destacado, el del

Como el indio Lautaro en La Araucana.

Como el indio Lautaro en La Araucana (Julio Coll, 1971).

cacique indio Lautaro, el antagonista, compartiendo reparto con Elsa Martinelli, Venantino Venantini, Julio Peña, Ricardo Palacios y Eduardo Fajardo, entre otros.

“Rodamos en varias localizaciones de Chile (en la capital Santiago, en Valparaíso, desierto de Atacama etc.) Estuvimos más de un mes, en junio de 1970, durante la campaña electoral que ganó Allende. Fue emocionante conocer un pueblo tan culto políticamente y con un sentido democrático tan arraigado como el chileno. Lástima que asesinaran en 1973 a Allende, un gran político, aunque algo ingenuo para mí parecer. El rodaje fue totalmente placentero. Conocí mucha gente interesante, sobre todo a Venantino Venantini[2], un bohemio italiano, encantador como persona y un gran actor, que hablaba inglés perfectamente. La película, si mal no recuerdo, fue seleccionada en el Festival de Moscú y funcionó en España bastante bien”.

Precisamente durante el rodaje de La Araucana Víctor Barrera conocerá al productor Josep Anton Pérez Giner, con quien entabla una larga amistad y que le abrirá el camino de retorno a España, ya definitivamente como actor, para rodar en Profilmes, productora recién fundada por Pérez Giner y Ricardo Muñoz Suay que iniciaba su plan de producción dedicado al cine de género, especialmente de terror.

Vic Winner con Josep Anton Pérez Giner

Vic Winner con Josep Anton Pérez Giner

EL CINE DE TERROR

Víctor Barrera, que en los anteriores rodajes había sido acreditado con el nombre artístico de Víctor Alcázar decide, una vez en España, pasar a llamarse Vic Winner.

Como normalmente estas películas tenían dos versiones, una para España, recatada e hipócrita; y otra para el extranjero, más realista y desenfadada en lo que a las relaciones sexuales y vestuario se refiere, quise también diferenciar los nombres. Creo que fue decisión mía. Lo mismo hizo Jacinto con lo de Paul Naschy”.

Y precisamente junto a Paul Naschy compartirá el rodaje de cuatro películas: El espanto surge de la tumba (Carlos Aured), El jorobado de la Morgue (Javier Aguirre), El gran amor del conde Drácula (Javier Aguirre) y La rebelión de las muertas (León Klimovsky), rodadas todas en 1973. Victor Barrera piensa que el cine español no valoró lo suficiente a su amigo Paul Naschy:

“No, no lo valoró. Esa pena la tuvo mucho tiempo. Porque él era muy inteligente, y sobre todo, de una gran hipersensibilidad.

Creo que me lo presentó José Antonio Pérez Giner, Director de Producción de dos películas en las que intervine en Venezuela. (…) Era un profesional como la copa de un pino. Un gran actor, de una paciencia infinita en maquillaje. Un gran compañero y amigo. Con él, su esposa y la mía, salíamos a cenar y de copas casi todas las noches durante el tiempo que trabajamos juntos, que fueron varios años.

Amenazando a Alaric de Marnac (Paul Naschy) con los Martillos de Thor.

Amenazando a Alaric de Marnac (Paul Naschy) con los Martillos de Thor.

Tengo muchos recuerdos de mi gran amigo. El que me viene a la mente ahora es el siguiente: estábamos rodando El Espanto surge de la tumba. Era de noche, estábamos en una presa o embalse que hay en la Sierra Norte de Madrid. La escena es esa donde, desde una lancha, tenemos que tirar al embalse dos cuerpos embutidos en sacos, si no recuerdo mal. Cuando los echamos por la borda, y nos disponíamos a regresar a tierra, me dí cuenta de que a unos metros de nosotros estaba la caída del agua y la corriente nos llevaba hacia allí. El que manejaba los remos era Paul y se dio cuenta de la situación y de que yo estaba preocupado. Recuerdo que me dijo: ‘Eso está chupado. No olvides que soy campeón de España de levantamiento de pesos.’ Y no sin tener que recurrir a todas sus fuerzas salimos de la situación. Pero yo sentí verdadero miedo. Y no soy de los más miedosos”.

En esta película, que el actor recuerda como la que más le gustó interpretar de esta etapa, Vic interpreta al pintor Maurice Roland, descendiente de uno de los ejecutores del brujo Alaric de Marnac (Paul Naschy), que resucita con el ansia de vengarse de sus verdugos. Maurice intenta terminar con el brujo, pero este lo mata lanzándole un hacha.

La película se rodó en un tiempo record y se utilizó la cartuja de Talamanca del Jarama y la casa familiar del propio Naschy en Lozoya como escenarios.

En aquella época las películas se hacían con las letras que anticipaban los distribuidores regionales. Recuerdo que el Espanto surge de la tumba la hicimos con ocho millones de pesetas”.

Junto a Paul Naschy en una foto perteneciente a una sesión promocional realizada en casa de Vic

Junto a Paul Naschy en una foto perteneciente a una sesión promocional realizada en casa de Vic

El filme fue dirigido por Carlos Aured, ayudante de León Klimovsky, que debutaba con este filme

“(…) fue un buen director. No hubo problemas en el rodaje y terminamos siendo buenos amigos”.

Como tantas películas de la época, para El espanto surge de la tumba se rodaron algunas escenas alternativas con desnudos para incluir en la versión para exportación.

“Unas escenas se rodaban con sujetadores y en otras se enseñaban las mamelas. Las actrices ya eran advertidas antes de contratarlas, y conscientes de ello, rodaban sin poner ningún pero. Recuerdo con especial deleite el busto tan perfecto que tenía mi amiga y paisana María José Cantudo, a quien más de una vez fui a recoger al colegio donde estudiaba en mi Mercedes. Iba por ella por hacerle el favor a su novio y luego esposo, Manolo Otero, con quien estuve rodando La Araucana. Era un buen tipo, aunque un poco poseído (Con lo guapo que era y lo bien que cantaba, ¿Quien no es poseído?)”.

Otra imagen de Naschy y Winner perteneciente a la misma sesión promocional privada.

Otra imagen de Naschy y Winner perteneciente a la misma sesión promocional privada.

A continuación Paul Naschy y Vic Winner vuelven a compartir reparto en dos películas dirigidas por Javier Aguirre: El jorobado de la Morgue y El gran amor del Conde Drácula.

El jorobado de la Morgue narra los descabellados experimentos que realiza el Dr. Orla (Alberto Dalbés) para crear un ‘primordial’, contando con la colaboración del jorobado Gotho y del Dr. Tauchner, personaje encarnado por un Vic Winner que se verá obligado a memorizar frases como “Los niveles de proteínas solubles y lúcidos no disminuyen”. Cuando Tauchner deja de prestar ayuda a Orla tras ver que sus experimentos se le van de las manos, él y su novia Frieda (Maria Perschy) serán apresados para formar parte de la dieta del ‘primordial’. Finalmente y liberados por Gotho, el Dr. Tauchner, Frieda y Elke (Rossanna Yanni), conseguirán escapar con vida.

Rodada en parte en Viella, una población ubicada en pleno Pirineo de Lleida que da totalmente el pego como población bávara, El jorobado de la Morgue incluye una de las mejores interpretaciones de Paul Naschy.

“Paul, Javier Aguirre, Manu Leguineche (qepd) y yo fundamos una productora, Janus Films y con ella realizamos cuatro películas, que vendimos antes de empezarlas. Una de ellas era El Jorobado de la Morgue, de la que recuerdo una anécdota muy graciosa. Estábamos rodando las escenas finales de la película, en unos alcantarillados de un pueblo de la sierra. Yo acababa de liberar a mi novia en la película, la bella y maravillosa Rosanna Yanni[3], que todo lo que tenía de guapa lo

El truculento cartel americano de El jorobado de la Morgue

El truculento cartel americano de El jorobado de la Morgue

tenía de hembrona. Es una mujer de alta talla y buen peso, y como estaba desmayada, tenía que correr con ella en brazos a través de aquel alcantarillado de aguas negras y malolientes. Yo era joven y fuerte (aunque no tanto como Paul) y durante los ensayos no tuve problema, porque ella se agarraba a mi cuello y eso facilitaba mi acción. Pero cuando llegó la hora del rodaje y ella estaba desmayada, era un cuerpo muerto con el que yo ya no podía correr como en los ensayos. Se lo dije a Javier y entre las risas de todo el equipo, y sobre todo de Rosanna, improvisamos una carretilla sobre la cual, sin que se viera por cámara, yo apoyaba mis brazos, que sostenían a una Rosanna desmayada ¡¡Cómo pesaba la condenada!!”.

La película cuanta con algunas escenas remarcables, como la que demuestra la sangre fría que poseía la actriz María Elena Arpón, rodando cubierta de ratas; o aquella que levantó cierta leyenda de que se habían utilizado cadáveres reales en algunas tomas.

“Lo del cadáver de verdad yo no lo recuerdo. Pero no me extraña nada. Los de producción eran tan buenos que si necesitaban un cadáver y no lo encontraban, se cargaban al primero que pasara por allí. Es broma. Lo de las ratas de María Elena no eran ratas de verdad. Eran cobayas blancas de laboratorio teñidas de marrón, que dan el pego total”.

Por su parte, El gran amor del conde Drácula, el otro filme que rueda con Aguirre, cuenta con un gran reparto femenino: de nuevo Rosanna Yanni, Mirta Miller, Ingrid Garbo y como estrella internacional Haydée Politoff, que parece ser tuvo un serio accidente durante el rodaje. En el filme Imre Polvi, su personaje, era vampirizado y lucía prominentes colmillos, así como unas lentes de contacto que le daban un aspecto más siniestro, obra del equipo de maquilladores formado por Emilio Puyol y Carlos Moreno. El film contenía en su doble versión alguna escena picante protagonizada por Vic Winner e Ingrid Garbo, que interpretaba a Marlene, su novia. Imre es destruido por Drácula, personaje que encarna Paul Naschy, clavándole una estaca cuando ataca a Karen (Haydée Politoff), muchacha de la que el conde se ha enamorado y por la que terminará auto inmolándose.

¡Todos vampirizados!Con Mirta Miller e Ingrid Garbo en El gran amor del Conde Drácula

¡Todos vampirizados!Con Mirta Miller e Ingrid Garbo en El gran amor del Conde Drácula

“La verdad, no recuerdo nada en particular de esa película. Que rodamos en un palacete de la Alameda de Osuna. Que las actrices eran bellísimas. Que lo pasamos muy bien. Que Ingrid Garbo tenía un admirador del norte de España médico con el que se casó después. Por cierto, tuvimos un ayudante de producción (el que nos traía al rodaje las Coca-colas y los bocadillos) que se llamaba Enrique González Macho[4]

Las lentillas molestaban un poco, pero los colmillos en absoluto. De Emilio me acuerdo. Era genial y la pesadilla de Paul.

Del supuesto accidente de Haydeé no recuerdo nada. Ni siquiera de ella”.

En La rebelión de las muertas, Vic Winner encarna al doctor en psiquiatría Lawrence Radcliffe, escéptico amigo de la protagonista Elvire (Romy) a la que rescatará de las garras de una satánica secta, no sin antes ser capturado y estar ambos a punto de morir en manos de Elsie (interpretada por una joven María Kosty) que es abatida por la policía tras desvelar a los prisioneros sus aviesas intenciones: “Os mataré a ti y a ese estúpido entrometido de Lawrence. Luego me serviréis de zombies porque mi misión es crear un imperio ¡Un imperio de muertos que sojuzgarán a los vivos!”

El actor apenas recuerda nada de esta película, su última colaboración con Paul Naschy y última también con Profilmes, pero sí de su director:

“Lo único que recuerdo es lo buena persona y buen director que era Klimosvsky y lo bella que era su esposa”.

En La rebelión de las muertas, junto a Romy, Mirta Miller y Paul Naschy, que interpreta el doble papel de Krisna / Kantaka.

En La rebelión de las muertas, junto a Romy, Mirta Miller y Paul Naschy, que interpreta el doble papel de Krisna / Kantaka.

Se cierra así su breve etapa en Profilmes, que constó de dos cintas ya que aunque hay filmografías del actor que incluyen Tarzán y el misterio de la selva, dirigida por Miguel Iglesias Bonns en 1973, el actor no tuvo nada que ver con esa película.

Una vela para el diablo es el siguiente proyecto en el que participa Vic Winner. Pieza capital del cine de terror dirigida magistralmente por Eugenio Martín, contó con un excepcional reparto que incluía a Esperanza Roy y Aurora Bautista como Verónica y Marta, dos hermanas que regentan un hostal en la Andalucía profunda. La llegada a su establecimiento de jóvenes turistas con actitudes liberales escandalizará a las frustradas hermanas, siendo el detonante de sus instintos homicidas. Entre las actrices que caerán bajo sus zarpas se encuentran Lone Fleming, Blanca Estrada, Loreta Tovar y, por poco, la inglesa Judy Geeson que interpreta a Laura Barkley, hermana de May, personaje interpretado por Loreta Tovar cuya búsqueda destapará los crímenes. En el filme Vic Winner interpreta a Eduardo, joven que ayudará a Laura y que morirá en manos de Marta.

Con Lone Fleming y Aurora Bautista en un fotocromo de Una vela para el diablo

Con Lone Fleming y Aurora Bautista en un fotocromo de Una vela para el diablo

Una vela para el diablo la hice después de rodar las cuatro que hice con Paul Naschy. Entre las actrices, que yo recuerde, como eran tan distintas entre sí, no hubo problemas.

Recuerdo que Esperanza era muy divertida. Aurora muy chapada a la antigua. Blanca Estrada casi mata de celos a su marido. Lone Fleming era encantadora. Tanto que creo que enamoró en aquella película a Eugenio y continúan juntos. Judy Geeson, la inglesa, que acababa de hacer Brannigan[5] con John Wayne, estuvo poco en el rodaje. Con ella tuve una escena de cama bastante cálida que luego no vi en la película. Nunca supe por qué la quitaron, si por montaje o por censura.

Rodamos en Grazalema, el pueblo donde más llueve de España. Un pueblo precioso con una gente entrañable. Eugenio Martín genial. Es un señor como director y como persona. Aprendí muchas cosas de él. Sobre todo cómo tratar a los actores y actrices. Guardo recuerdos muy gratos de él y de todo el equipo, sobre todo del malogrado Teo Escamilla, el cámara, con quien hice una gran amistad. La película fue seleccionada para el Festival de Cannes de aquel año y fue bastante bien en taquilla”.

Premiere en Madrid de El espanto surge de la tumba (de izq. a drcha. crítico no identificado, Carlos Aured, Paul Naschy, María José Cantudo, Helga Liné y Vic Winner.

Premiere en Madrid de El espanto surge de la tumba (de izq. a drcha. crítico no identificado, Carlos Aured, Paul Naschy, María José Cantudo, Helga Liné y Vic Winner.

La voz de Vic Winner, como era bastante habitual en aquella época, era doblada, concretamente por Juan Miguel Cuesta, voz habitual también de actores como Ian McKellen o Michael Caine. Pero para este filme, que se rodó directamente en inglés, fueron muy bien los conocimientos del idioma que poseía el actor.

La última película de terror en la que participó nuestro protagonista fue El espectro del terror. En ella realiza un pequeño papel como inspector de policía, coincidiendo en su reparto con, de nuevo, María Perschy, además de Sancho Gracia, María Dolores Tovar, hermana de Loreta Tovar, y el extraño actor Aramís Ney.

“Esta fue una película en la que ciertos cineastas colaboramos desinteresadamente para ayudar a Elorrieta. Yo ni siquiera la vi. Recuerdo que allí conocí, y nos hicimos amigos, a Sancho Gracia. Como los dos vivíamos en la avenida Nazaret, todas las mañanas de rodaje yo lo recogía en su casa y nos íbamos juntos en mi coche. Sí, recuerdo que encendía un cigarrillo tras otro. Y que era campechano y muy buen actor”.

Thespecterofterror1973Aunque este tipo de películas eran humildes, Víctor Alcázar recuerda que algunas tuvieron honores de estreno: “De algunas sí se hicieron galas. A los estrenos de Madrid y alguna capital de provincias, sí asistí”.

A pesar de que  muchas de estas películas han pasado a ser títulos de culto en países como Estados Unidos, Alemania o Inglaterra, donde han sido editadas y reeditadas en algunos casos de forma lujosa, Vic Winner duda de su valor en la actualidad e incluso no es consciente de la popularidad de estos filmes para el aficionado

“No. Hasta ahora no lo supe. En cuanto a si tienen un valor, económico claro. Artístico, no lo sé. Depende de los países y de los críticos. Como ya dije, las hacíamos y ya estaban vendidas. Normalmente, nos las compraban baratas ‘para todo el mundo’. Por eso se perdía el control de los derechos de reproducción. En cuanto a lo de la posteridad, a estas alturas me importa bien poco».

Respecto al cine de terror actual en España opina que “En menor cantidad y con otro tipo de historias se sigue haciendo. Y bueno”. Aunque no es un género que le interese especialmente: “El terror gusta cuando eres joven y no lo has vivido. Cuando lo vives en la realidad diaria, deja de interesarte en el cine”.

ÚLTIMA ETAPA

Con Lina Morgan y Patty Shepard en el estreno de Una Monja y un Don Juan

Con Lina Morgan y Patty Shepard en el estreno de Una Monja y un Don Juan

Retomamos la carrera de Vic Winner, que tras las películas de terror, a las que por desgracia no volverá, vuelve a ser Víctor Alcázar y colabora en comedias como Una monja y un Don Juan (Mariano Ozores, 1973) con Lina Morgan, José Sazatornil y Tina Sainz; Cinco almohadas para una noche (Pedro Lazaga, 1974) con Sara Montiel, Craig Hill, Manuel Zarzo y Manuel Tejada; y Cuando Conchita se escapa… no hay tocatta (Luis María Delgado, 1976) junto a María Luisa San José, Carmen Platero y Bárbara Rey. Es en esta etapa cuando hace también sus primeros pinitos como guionista

“Mi experiencia en Una Monja y un Don Juan fue doblemente buena: por una parte aprendí de Mariano Ozores que un director de fotografía rápido abarata los rodajes una barbaridad; y la otra, que rodearse de buenos cómicos hace que el rodaje de las películas transcurran en un ambiente de fiesta permanente. Nunca me he reído más en mi vida que durante ese rodaje. En particular, la hora de comer parecía un bautizo o una boda. Todavía me estoy riendo con los chistes de Sazatornil o de Pedro Valentín o de Emilio Laguna. Son únicos como cómicos, como actores y como compañeros. En cuanto a lo de guionista, es verdad, yo hice la primera adaptación de la novela Reportero de sucesos[6], del periodista Valdeón (jefe de redacción de aquel hontanar de buenos periodistas que fue el diario Pueblo, independientemente de su ideario político). Luego metieron la mano otros guionistas, entre ellos el mismo director, Luis María Delgado, (QEPD) que era un ‘cachondo’. Recuerdo una anécdota de esa película. Hay una escena de cama entre María Luisa San José y yo en la que, como había química entre nosotros, estábamos los dos tan ‘metidos’ en el papel que no oímos cuando Luis María dijo ‘corten’ y seguíamos besándonos y abrazándonos. Entre las risotadas correspondientes, Luis María tuvo que acercarse a la cama y separarnos materialmente gritando ‘¡ya está bien, coño!’  María Luisa es una gran actriz, una bellísima persona y estaba como un tren… y lo sigue estando, porque no hace mucho la vi por televisión y los años no han pasado por ella. La película no está mal, pero el título es tan horroroso y me gustó tan poco que dejé de hablarle al Productor Ejecutivo que se lo puso, que era mi amigo y dejó de

Con Sara Montiel en Cinco almohadas para

Con Sara Montiel en Cinco almohadas para una noche

serlo desde entonces. Ah, me dejaba atrás Cinco almohadas para una noche. El primer día de rodaje, mientras me maquillaban, entró una señora—que no conocía—y se sentó en el sillón de al lado para que la maquillaran. Cuando se levantó del sillón…¡¡Era Sara Montiel!! La Sara era mucha Sara y había aprendido mucho en Hollywood de su marido Anthony Mann. Recuerdo que cuando entramos en el Salón del Palacio de Aranjuez, donde íbamos a rodar mi primera escena con ella, lo primero que hizo antes de saludar al bueno de Pedro Lazaga fue señalar y gritar ‘A aquel foco ponedle una gasa. Y a aquel. Y al que está al lado’. El jefe de los eléctricos saltó como una bala. ¡Menuda era Doña Sara! En el plató la que mandaba era ella. Sin embargo, mientras no rodábamos, pues éramos ella y yo solos. Le salía Antonia la Manchega, la verdadera mujer, la que se sentaba en el sillón de maquillaje para que la convirtieran en La Sara. Me contó la de veces que había ido a Sevilla a visitar en el Hospital de El Tomillar al hermano que tenía allí, donde murió de tuberculosis, y al que quería entrañablemente.

Que en paz descansen los eléctricos del Cielo, porque ella no se quedará quieta ni un segundo…»

Después de participar en una supuesta coproducción hispano-alemana, Erdbeben in Chili (1975), tan solo rueda El avispero (Ramón Barco, 1976) acreditado como Víctor Winner y con la que termina, por el momento, su carrera como actor.

47085663“Ni se rodó en Chile ni fue una coproducción de verdad, sino de pacotilla de las de entonces. Lo que sucedió en verdad fue lo siguiente: A una alemana loca que trabajaba en la televisión alemana le dieron una subvención en Alemania para realizar una TV movie del cuento del mismo título del poeta alemán del romanticismo Heinrich von Kleist, que como buen romántico se suicidó. Como la directora alemana quería hacer una película para la pantalla grande, se presentó en Madrid con su amigo y director de fotografía y la ‘pasta’ en marcos, que cambiados sumaron unos cuantos millones de pesetas. Se buscó un productor español -que no recuerdo- para que le diera el “service”, y a quien le entregó la ‘pasta’. Ese productor se encargó de organizar la producción en Madrid, para que pareciera Chile (¿?) y la legalizó en el Ministerio como una coproducción -en aquella época el tener coproducciones con productoras extranjeras te daba derechos de importar películas -, donde él, que yo sepa, no puso un duro, sino que se pagó todo con dinero alemán. La historia iba sobre el preceptor mestizo de una jovencita blanca, a quien deja embarazada. La familia prócer de ella la mete en un convento, y durante uno de esos terremotos que hay en Chile todos los días, la joven se escapa del convento y da a luz en plena naturaleza -como debe ser para los románticos, que eran los ecologistas de entonces-, creo que en un riachuelo. A mí me escogió la directora porque vio un retrato mío en la fachada del Cine Gran Vía, donde yo aparecía en gran tamaño como el indio Lautaro en el estreno de la Araucana, que fue por aquella fecha. Esa película, o lo que fuera, que vi no hace mucho en video y que creo no llegó a las pantallas de los cines, es quizás donde peor lo pasé. La directora ni siquiera hablaba inglés, sino que daba sus instrucciones en alemán, que el ayudante de dirección nos traducía como podía. Total un desastre. Un día me enteré que la directora dio por finalizado el rodaje y se despidió a la francesa. Y no sé más. En cuanto a El Avispero, del malogrado Ramón Barco (qepd)[7], recuerdo que mi pareja era una catalana muy guapa y muy buena actriz, Marta May, que en una escena me introduce en la boca, mientras duermo, unas abejas para que, al picarme, la garganta 46567046se me inflame y yo muera. Lógicamente a las abejas yo mismo, sin delegar en nadie, les quité el aguijón y las guardé en un bote que guardé en mi bolsillo hasta el momento del rodaje. En la película intervino también Junior (qepd) y no estaba mal, pero no tuvo una buena distribución.

En cuanto a por qué dejé de actuar. Fue una mañana. Mi mujer me despierta porque tengo una llamada de mi representante, Butragueño. Me pongo al teléfono y me dice:’Víctor pásate por mi despacho que tengo un guión para ti’. Yo le contesté ‘No, no voy a actuar más’.’¿Pero qué dices?’. ‘Lo que oyes’.

Y hasta hoy. Supongo que se me habría llenado ya el hueco narcisista que tendría, digo yo».

Pero Vic Winner no abandona el cine. En 1978 dirige su primera película, cuyo guión también escribe, El terrorista, en coproducción con Venezuela. El filme, planteado en plena transición española, narra los preparativos de un atentado contra el presidente Adolfo Suárez. Un tema un tanto arriesgado de rodar en aquella época.

«No, yo no tuve problemas, nadie me amenazó. Lo que sí tuvo la película una mala distribución en España. Ya las ‘majors’ norteamericanas comenzaban a imponer sus criterios a los exhibidores».

Nueve años después, en 1987, escribe y dirige Los invitados, para su propia productora, Víctor Barrera P.C., película que narra el crimen de los Galindos y con la 12774581que fue invitado a acudir al Festival de Sitges. El filme cuenta con un variopinto reparto compuesto por Amparo Muñoz, Sonia Martínez, Lola Flores, Pedro Reyes y Pablo Carbonell, entre otros.

“El rodaje, a pesar de llevarse a cabo en la Vega de Carmona en septiembre a 50 grados al sol, no tuvo problemas. Y en su estreno fue un éxito de crítica y de público (¡Claro, la distribuía la Warner Bros.¡). Fue candidata a los Goya y Declarada de Especial Calidad por el Ministerio de Educación. En ella debutaron Pablo Carbonell, Pedro Reyes (qepd) y Sonia Martínez (qepd) y recuerdo de ella algo surrealista. Resulta que las plantas de marihuana que usamos en la película no eran de marihuana droga, sino de marihuana cáñamo. Para suelas de alpargatas. Y a pesar de ello la Guardia Civil nos obligó, al terminar el rodaje con las plantas, a hacer una pira, rociarlas de gasolina y quemarlas. Ante mi extrañeza, pues no era droga, me contestaron: ‘Es para evitar que alguien las venda y pueda estafar a los compradores’.

¡Eso es una guardia civil preocupada por los consumidores!”

Al año siguiente se estrena Contra la pared, escrita y producida por él y dirigida por Bernardo Fernández.

“Esa película, que se rodó con una cámara de 16 mm. de mi propiedad y con el dinero que me dieron por una sortija con un brillante que me traje de Venezuela, y por la que me dieron 600.000 pesetas, en realidad fue rodada en 1968. Lo que ocurrió fue que, al rodarla con un guión que nos había prohibido la censura, luego no autorizaron la película hasta que llegó la democracia y Pilar Miró a la dirección de Cinematografía. Demasiado tarde. La película ya no tenía ninguna vigencia. En ella debutó mucha gente, entre ellos el inolvidable Antonio Gamero, que hacía de mi compañero en la película, y Manolo Gutiérrez Aragón, que hacía de verdugo. El Jefe de producción fue el luego gran director, José Luis García Sánchez. Y mis hijas intervinieron de niñas en la película. Por cierto, y como algo curioso, una de ellas, Gracia, la mayor, que entonces tendría unos 10 años, hoy en día vive en Miami casada con un guionista californiano, es Vicepresidenta Senior del Grupo Comcast[8] de los Estudios Universal de Estados Unidos”

Amar_y_morir_en_Sevilla_Don_Juan_Tenorio-985504423-largeEn 2001 dirige, ya como Víctor Barrera, Amar y morir en Sevilla (Don Juan Tenorio), una adaptación escrita por Aitor Aguirre del clásico que realizó con su nueva productora, Gamiani, sin ningún tipo de apoyo público y con los mejores actores andaluces del momento, como María Alfonsa Rosso, Paco León, José Luis García Pérez, Ana Ruiz o Cuca Escribano.

“Don Juan es la única película que no ha recuperado su costo, y sin embargo es la que más me gusta y de la que me siento más orgulloso. Fue seleccionada en 14 Festivales, incluido el Festival de Festivales de San Petersburgo y ganó tres premios: la Garza de Oro de Miami, el premio Uninci en Burgos y el de Mejor Adaptación en Varna (Bulgaria). Hay quien dice que a la gente no le gusta el verso ¡Qué le vamos a hacer¡ Allá ellos, es su problema”.

Y Víctor Barrera (o Vic Winner o Víctor Alcázar, pues todos son él) sigue sin desvincularse del cine. Entre algunos proyectos que de momento no han podido ser, figura la adaptación al cine de Gamiani, una novela de Alfred de Musset, y coproducir, con dirección de Cecilia Bartolomé, El silencio de las sirenas. Proyectos que no han salido de momento adelante, pero que no han impedido que continúe en la brecha realizando cortometrajes con las ventajas que ofrecen los avances técnicos.

“La técnica ha hecho cambiar todo. Pero desde luego la facilidad de hacer cine que hay ahora no la ha habido nunca. Acabo de hacer un corto que se llama La cuñadita donde todos: actores, actrices y técnicos hemos colaborado desinteresadamente. Es una película de función social para las ONG antisida, y espero que sea el corto del año”.

Escritor también, ha publicado varios libros:  El Cine en Venezuela  (Arte Hispanoamericana, 1975), Qué es una obra de Arte (Al-Andalus, 1990) y El Mono Infeliz. Un Nuevo Humanismo (Al-Andalus, 1993). En 2002 publica la novela Un tigre en el Jardín (Al- Andalus) y, por último, Conticinio, su última novela, editada en 2003.

Académico de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Víctor Barrera ha recibido, en reconocimiento a su dilatada trayectoria dedicada al cine andaluz, el Premio Asecan de Honor 2015.

“Me otorgaron el premio y estoy muy agradecido a mis compañeros. Lo que hace que quiera seguir rodando es que rodar y crear te hace vivir, y a mis años, eso es mucho.

El cine que hice lo hice por placer. Me pagaron por divertirme. Aquella etapa la veo muy lejana y la recuerdo con nostalgia. Pero lo único importante de la vida es el presente. El pasado ya no cuenta, porque pasó, y el futuro no cuenta porque no existe. Así que lo único válido para mí ahora es mi familia, (mi mujer, mis cinco hijos y mis ocho nietos) que es LO ÚNICO que es pasado, presente y futuro a la vez”.

Desde Proyecto Naschy agradecemos encarecidamente la amabilidad y la paciencia que ha tenido con nosotros Víctor Barrera, ya no solo respondiendo a nuestras numerosas preguntas, también cediéndonos todas estas imágenes, muchas de ellas inéditas, que en su totalidad (exceptuando carteles), pertenecen al archivo personal del actor y director. De nuevo, muchísimas gracias.  

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[1] Aunque también participó en ese título de Juan Xiol, la otra cinta de Vitto Albertini en la que participó Vic Winner fue seguramente Supercolpo da 7 miliardi, único filme que nos consta dirigió ese mismo año Albertini.
[2] Todavía en activo, este actor de prologadísima carrera ha participado en muchas cintas italianas de género, entre ellas las terroríficas Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (Paura nella città dei morti viventi, Lucio Fulci, 1980) y Caníbal Feroz (Cannibal Ferox, Umberto Lenzi, 1981).
[3] Aquí Víctor ha cometido una confusión, pues el papel de su novia lo realiza la también bella y maravillosa Maria Perschy, aunque a Rosanna Yanni, tal y como recuerda, la rescata y lleva en brazos durante el desenlace del filme.
[4] Tras realizar diversas tareas en el mundo del cine, González Macho se estableció como exitoso productor en los años noventa, teniendo en su haber cintas como Flores de otro mundo (1999) o Te doy mis ojos (2003) de Iciar Bollaín, entre muchas otras.
[5] Brannigan (Douglas Hickox, 1975). El dato no acaba de cuadrar mucho. Según filmografías, la actriz había interpretado poco antes Holocausto radioactivo (Doomwatch) un film de ciencia ficción dirigido por Peter Sasdy y Miedo en la noche (Fear in the Night) un film Hammer dirigido por Jimmy Sangster. Todavía en activo, la actriz parece agradar a Rod Zombi, pues participó en The Lords of Salem (2012) y en la próxima cinta del realizador, 31 (2016)
[6] Que se adaptó al cine con el título ‘Cuando Conchita se escapa, no hay tocatta’ (Luis María Delgado, 1976) interpretada por Víctor Alcázar, María Luisa San José, Bárbara Rey y Máximo Valverde, entre otros.
[7] Tal y como comenta José Luis Salvador Estébenez en su artículo sobre otro de los filmes del director, Todos los gritos del silencio, publicado en su estupenda web La abadía de Berzano, Ramón Barco, de origen cubano, tuvo una accidentada vida personal que repercutió en su carrera. Rodó tan solo tres películas y su final fue un tanto bizarro: su cadáver fue hallado en el metro de Nueva York en avanzado estado de descomposición sin que se aclararan nunca las causas de su muerte. https://cerebrin.wordpress.com/2010/11/05/todos-los-gritos-del-silencio/
[8] Comcast Corporation es la mayor compañía proveedora de servicios televisivos por cable más grande del mundo, es la mayor proveedora de servicio de Internet banda ancha y líneas telefónicas digitales en la mayor parte del área en el que ofrece sus servicios.