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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Décima (y última) cápsula

25 noviembre 2019 Deja un comentario


SÁBADO 12 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Y nos despedimos del festival con cuatro películas de diverso pelaje: Achoura (Talal Selhami, 2018), que participaba en sección Oficial Fantàstic Competició; la cinta de animación The Addams Family (Greg Tiernan y Conrad Vernon, 2019); la japonesa Jam (2018) de Sabu; y finalmente y como es habitual, Serendipia cerró el festival en el Prado, en esta ocasión con una de las Seven Chances, la muy  loca Tammy and the T-Rex (Stewart Raffill, 1994)

Serendipia, de no ser por el Festival de Sitges, no sabría que existe el cine de terror marroquí. Achoura es una monster movie que incluye conflictos sociales y tradiciones arcaicas, como el que representa el matrimonio de niñas y adultos. Una pesadilla que afortunadamente el mundo occidental hace tiempo que dejó atrás, pero que permanece viva en algunas sociedades modernas en pleno siglo XXI. Y es que los monstruos literarios y cinematográficos siempre han sido un reflejo y materialización de los reales. El guión resultará familiar al espectador, pues narra como un grupo de amigos que se enfrentaron en su infancia a un monstruo deberán, ya adultos, volver a reunirse para acabar con él, un monstruo milenario que se alimenta de la alegría e inocencia infantil. Una exótica propuesta que posee, además, una eficaz banda sonora.

El público de Sitges pudo ver un día antes de su estreno en Estados Unidos la nueva encarnación de La familia Addams, ahora en animación 3D. Con un diseño muy cercano al de los personajes originales de Charles Addams, la cinta sustrae gran parte del humor negro contenido en los chistes originales al tratarse de una película destinada al público infantil, aunque no por ello esté exenta de la suficiente mala baba como para resultar atractiva a los adultos. Y es que los directores de la excelente La fiesta de las salchichas (2016) han sabido medir bien los ingredientes. Tan solo hay que ver los gags protagonizados por Wednesday (doblada por Chloë Grace Moretz  en su versión original) y las jugadas que le gasta a su hermano Pugsley o a su tío Fester. Una propuesta con posible continuidad.

Sabu presentado su película

Y después de algo tan sumamente mainstream, ¿qué mejor que un poco de cine oriental? Pues eso es lo que nos ofreció el director Sabu con la segunda de las cintas que presentaba en esta edición del festival, Jam (2018). Narrada con su estructura compuesta de tres historias cruzadas, la primera protagonizada por un cantante pasado de moda que cuenta con una madura fan fatal; la segunda por un expresidiario que se venga de sus antiguos compinches con ayuda de un martillo; y finalmente una tercera con un hombre que tiene a su mujer en coma en el hospital. Tres historias extremas que chocarán unas con otras en una cinta con mucha acción y humor perfectamente construida.

Y finalmente un paseo por Sitges y visita al entrañable Prado, donde Serendipia se despide del festival con una cinta paradigmática de los años ochenta y noventa producto, sin duda, de una mala digestión del fenómeno Jurassic Park, Tammy and the T-Rex (Stewart Raffill, 1994), que recientemente ha lanzado en pristina edición en Blu-ray Vinegar Syndrome. Estrenada en su momento directamente a video y con las escenas gore mutiladas, ahora pudimos disfrutarla con esas escenas montadas en su lugar correspondiente. ¿La historia? un disparate sobre un joven cuyo cerebro es trasplantado al cuerpo -animatronic- de un Tyrannosaurus Rex. Estúpida y por eso mismo divertida, se trata de una basura repleta de humor chusco  con sus mejores momentos protagonizados por una Denise Richards de 22 años que va constantemente acompañada por su amiguito/mascota negro y homosexual-de los de hacer réir-, que para más inri es hijo del Sheriff Black ¿lo cogen? Sin olvidar ese gore de brocha gorda. En resumen, un final petardo para un festival en el que Serendipia, por las razones expuestas durante estas diez cápsulas, se ha tomado las cosas con mucha más calma.

Y poco más. Les dejamos con el Palmarés de esta 52 edición y,  a pesar de cierta pérdida de la ilusión con respecto al festival por una parte de Serendipia, como a nivel terapéutico la sensación de desconexión que representa estar diez días metidos en un cine sienta muy bien a la otra parte pues…

¡¡Nos vemos en  Sitges 2020!!

 

PALMARÉS SITGES 52

Secció Oficial Fantàstic a competició

Millor pel·lícula / Mejor película / Best Feature Length Film
El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia

Millor direcció / Mejor dirección / Best Direction  (sponsored by XAL)
Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles (Bacurau)

Millor interpretació masculina / Mejor interpretación masculina / Best Actor
(sponsored by Jeep Turiauto)
Miles Robbins (Daniel Isn’t Real)

Millor interpretació femenina / Mejor interpretación femenina / Best Actress
(sponsored by Mistinguett Sparkling)
Imogen Poots (Vivarium)

Millor guió / Mejor guion / Best Screenplay
(sponsored by Caixabank & La Caixa)
Mirrah Foulkes (Judy & Punch))

Millors efectes especials / Mejores efectos especiales / Best Special Effects
(sponsored by Deluxe)
Iñaki Madariaga (El hoyo)

Millor fotografia / Mejor fotografía / Best Photography  (sponsored by Moritz)
Manu Dacosse (Adoration)

Millor música / Mejor música / Best Music
Dan Levy (J’ai perdu mon corps)

Premi especial del jurat / Premio especial del jurado / Special Jury Prize
Adoration, de Fabrice du Welz

Gran Premi del públic a la millor pel·lícula / Gran Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture
(sponsored by La Vanguardia)
El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia

Millor curtmetratge de gènere fantàstic / Mejor cortometraje de género Fantástico / Best Fantastic Genre Short Film
(sponsored by Fotogramas)
Polter, de Álvaro Vicario

Menció als nens d’Adoration / Mención a los niños de Adoration / Mention to the kids of Adoration
Thomas Gioria & Fantine Harduin

Menció a la pel·lícula Achoura / Mención a la película Achoura / Mention to the Film Achoura
Achoura, de Talal Selhami

Noves Visions

Millor pel·lícula / Mejor película / Best Feature Film
Dogs Don’t Wear Pants, de J-P Valkeapäa

Millor direcció / Mejor dirección / Best Direction
Mattie Do (The Long Walk)

Millor curt Noves Visions Petit Format / Mejor corto Noves Visions Petit Format / Best Noves Visions Petit Format Short    
Lucienne mange une auto, de Geordy Couturiau

Noves Visions Menció 1 / Mención 1 / Mention 1
Nina Wu, de Midi Z

Noves Visions Menció 2 / Mención 2 / Mention 2
Jesus Shows You the Way to the Highway, de Miguel Llansó

Noves Visions Menció 3 / Mención 3 / Mention 3
Hail Satan?, de Penny Lane

Panorama Fantàstic

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture
Extra Ordinary, de Aike Ahern y Enda Loughman

Midnight X-treme

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture
The Devil Fish, de David Chuang

Focus Àsia

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture
The Gangster, the Cop, the Devil, de Lee Won-Tae

Sitges Documenta

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture
La venganza de Jairo, de Simón Hernández

Méliès Awards

Méliès d’Argent a la millor pel·lícula / Méliès d’Argent a la mejor película / Méliès
d’Argent to a Feature Film
Adoration, de Fabrice du Welz

Méliès d’Argent al millor curt / Méliès d’Argent al mejor corto / Méliès d’Argent to a Short Film
Children of Satan, de Thea Hvistendahl

Blood Window

Premi Blood Window / Premio Blood Window / Blood Window Best Film
Breve historia del planeta verde, de Santiago Loza

Òrbita

Millor pel·lícula Òrbita / Mejor película Òrbita  / Best Òrbita Film
Huachicolero, de Edgar Nito

Jurat de la crítica

Premi de la crítica José Luis Guarner / Premio de la Crítica José Luis Guarner / José Luis Guarner Critic’s Award
Bacurau, de Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles

Premi Citizen Kane al director revelació / Premio Citizen Kane al director revelación / Citizen Kane Award for Best New Director
Galder Gaztelu-Urrutia (El hoyo)

 Carnet JOVE

Premi Jurat Carnet Jove al millor llargmetratge de gènere fantàstic  /  Premio Jurado Carnet Jove al mejor largometraje de género fantástico / Carnet Jove Award for Best Fantasy Genre Feature Film         Bacurau, de Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles

Premi al millor llargmetratge d’animació / Premio al mejor largometraje de animación / Award for Best Animated Feature Film    
Ride Your Wave, de Masaaki Yuasa

Premi al millor curtmetratge d’animació / Premio al mejor cortometraje de animación / Award for Best Animated Short  Film
The Lonely Orbit, de Frederic Siegel & Benjamin Morard

Brigadoon

Premi Brigadoon Paul Naschy /  Premio Brigadoon Paul Naschy / Paul Naschy Brigadoon Award      
Marc Martínez Jordán (Tu último día en la Tierra)

Sitges Cocoon

Premi a la millor pel·lícula Sitges Cocoon / Premio a la mejor película Sitges Cocoon / Best Sitges Cocoon Film
Gloomy Eyes, de Jorge Tereso & Fernando Maldonado

SGAE Nova Autoria

Millor direcció /  Mejor dirección / Best Direction
Pau Bösch & Berta Galvany (La mugre. UPF)

Millor direcció /  Mejor dirección / Best Direction
Marina Espinach (Cuando acabe el verano. Bande à Part)

Millor música / Mejor música /  Best Music
Juan Luis Pérez (Gusanos de seda. ESCAC)

Millor guió / Mejor guion / Best Screenplay
Agustín Elizalde & Carlos Villafaina Gusanos de seda. ESCAC)

Millor guió / Mejor guion / Best Screenplay
Marina Espinach (Cuando acabe el verano. Bande à Part)

Categorías:Festival de Sitges

Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Novena cápsula

22 noviembre 2019 Deja un comentario


VIERNES 11 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

 

Y vamos por la novena jornada, que resultó memorable por alguna de las películas, como Samurai Marathon, una delicia de Bernard Rose que fue una de las que más gustaron a Serendipia, a pesar de que lo de cine fantástico brille por su ausencia; la resultona y atmosférica The Vigil; o Color Out of Space, que no nos terminó de convencer por lo que explicamos más abajo. También resultó inolvidable poder ver a uno de los raros de Europa, el alemán Hermann Kopp,  recreando sus contribuciones a las bandas sonoras de las cintas de Jörg Buttgereit. Un viaje a otra dimensión muy malsana.  

Como nos imaginábamos una avalancha de público y prensa para ver Color Out of Space (2019), la última película de Richard Stanley y un nuevo intento de adaptar al cine el universo cósmico de Lovecraft algo, no nos engañemos, bastante difícil de conseguir de manera satisfactoria, reducimos el número de pases de este penúltimo día de festival a tres. Si, el cansancio comenzaba a acusarse y para esa misma noche teníamos programado un concierto, concretamente a las 22 horas, hora en la que habitualmente estamos, casi, en el séptimo sueño.

Pero vayamos por la primera. Color Out of Space tiene un gran problema: Nicolas Cage. Y es un problema porque su descenso a la locura no es creíble. Utiliza unos guiños que pueden provocar la simpatía e incluso la hilaridad del público, pero es que esta historia no requiere de ello, necesita un actor creíble, y Nicolas Cage desde luego no lo es. Nadie se ríe del Jack Torrance de Jack Nicholson en El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980), pero uno ve a Nicolas Cage hacer sus cucamonas habituales en Color Out of Space y no se lo cree. Más que nada porque ya lo hemos visto hacer lo mismo, de manera eficaz en la comedia Mom and Dad (Brian Taylor, 2017) y menos efectivamente en Mandy (Panos Cosmatos, 2018). Y realmente sabe mal que este ejercicio de cine de terror repleto de magia Wicca, ciencias ocultas, hippies y terror cósmico se malogre, en parte, por contar con un señor cuyos guiños comienzan a estar muy vistos. Naturalmente parte del público se reía, pero resulta que esa no era la intención de esta película. No sé si me entienden.

La adaptación, por otra parte, está bastante bien, repleta de colores lisérgicos que la hermanan, en cierto modo, con la cinta de Cosmatos, y terror de la vieja escuela que sugiere más que muestra, con esa invasión alienígena que cubre inexorablemente todas las superficies, todos los espacios, todos los cuerpos.  Sin olvidar, por supuesto, su homenaje a La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982) esa película que, sin adaptar directamente al escritor de Providence, tan bien supo captar su esencia. Todo ello en una película que convenció en general al público y a gran parte de la crítica especializada, algo que no dejó de sorprendernos. En todo caso es posible que un segundo visionado consiga que, ahora que estamos avisados, obviemos en lo posible la presencia de Cage y estemos más pendientes de la labor de Richard Stanley y del resto del, por otra parte, correctísimo elenco.

Por su parte The Vigil, debut en el largometraje de su director, Keith Thomas, fue  la película escogida para la clausura de esta 52 edición del festival y resultó ser un eficiente ejercicio de terror que basa su efectividad en la milenaria costumbre judía de que alguien haga vigilia, durante la noche, a los fallecidos. El protagonista, que ha dejado la religión ortodoxa de lado, se verá sugestionado ante la situación de velar a un anciano. Sonidos misteriosos, movimientos inesperados, recursos clásicos de eficacia probada en el cine de terror, se mezclarán con el uso ingenioso del móvil, provocando desazón en el espectador. Nos pareció una interesante propuesta.

Y la última película del día, la excelente Samurai Marathon (2019), terminó de poner el broche de oro al día. Dirigida por Bernard Rose, uno de nuestros directores de cabecera (y no solo por

Un exultante Rose presentando su película

Candyman) esta historia, basada en hecho reales y con banda sonora de Philip Glass, resultó toda un regalo para los sentidos.

1855 los “barcos negros” arriban a las orillas de Japón después de más de 200 años del cierre de sus fronteras. Su llegada despierta sentimientos encontrados entre la población nipona, para algunos es la gran oportunidad de beneficiarse de los avances occidentales, para otros, los más celosos de su identidad, supondrá el fin de su civilización. Ese último es el caso de Katuakira Itakura (Hiroki Hasegawa), el señor feudal de Annaka, quien, ante la posibilidad de tener que enfrentarse a los americanos para preservar su cultura y tradición, organiza una carrera de 58 kilómetros para entrenar y poner a prueba a sus samuráis, los cuales, tras un largo periodo de paz, se han convertido en guerreros “débiles e indisciplinados”. Entre los concursantes se encuentra un joven ninja infiltrado en las tropas del mandatario y la hija del feudal, una chica rebelde que esconde su identidad bajo un disfraz. Este es, a grandes rasgos, el argumento de esta película que combina lo histórico con lo figurado, la épica y el humor, y todo aderezado con grandes dosis de acción en la que se mezclan las artes orientales de la espada y los ritmos propios del western. En juego, como subtexto, están temas universales como el valor de la lealtad, la importancia del honor, y también unos gramos de reflexión sobre qué es y qué no es progreso poniendo el índice en el derecho a realizarse personalmente indistintamente del sexo de cada cual, unas gotas de feminismo bien entendido. Pero lo más importante de Samurai Marathon es su factura. La cinta de Rose respira cine clásico por todos sus poros (o mejor píxeles, quizás) por su puesta en escena, por el tratamiento de personajes y situaciones, incluso por su ritmo que avanza in crescendo. Y, por supuesto, hay que destacar el perfecto maridaje de la música de Glass con las situaciones y personajes, así como la fotografía de Takuro Ishizaka que convierte a la imagen en un auténtico festín para los sentidos. Fantástico cine que no cine fantástico, ¿qué pinta en la sección oficial a competición? En todo caso, bienvenida sea.

Como curiosidad final hay que añadir que cada mes de mayo desde 1855, se celebra en la prefectura japonesa de Gunma la maratón nipona, una carrera muy peculiar y local en la que se corren 53 kilómetros (y no 42 como en la occidental) siguiendo el espíritu de los hechos reales que inspiran Samurai Marathon.

Excepcionalmente Serendipia trasnochó para acudir al concierto de Hermann Kopp que tuvo lugar ante un reducido pero animado público en la Carpa Norai de l’Auditori. Perfecto escenario para la insana partitura del alemán que reinterpretó, pues no en vano han pasado ya treinta años desde que se grabaron los originales, sus aportaciones a las bandas sonoras de Nekromantik (1987), Nekormantik II (1991) y Der Todesking (1990), grandes filmes de culto de Jörg Buttgereit. Para ello se valió de la colaboración de un músico que le ayudó con los acompañamientos mientras él se encargaba de violín, teclado y theremin. Supper, Drunk, Petrified, Poison, Fish… melodías repetitivas, atonales, reflejo de las terribles escenas que acompañaban, en blanco y negro, las canciones y que eran tocadas de manera monótona por un Kopp de semblante grave y frío. Uno de esos momentos inolvidables que ofrece, más allá del cine, el Festival de Sitges.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Octava cápsula

21 noviembre 2019 Deja un comentario

JUEVES 10 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Para este día habíamos escogido tres cintas de Oficial Fantàstic Competició (Pelikan Blood, Le Daim y Swallow) y una de la sección Noves Visions (We Are Little Zombies) pero… dado que se habían terminado los pases de prensa de Swallow (Carlo Mirabella-Davis, 2019) a los cinco minutos de ponerse a disposición de los medios (¡Cuanta prensa acreditada, pensarán ustedes! Pues no, se trata de otra cosa. Si les decimos que son pases de prensa -en teoría- pero abiertos al público -igual ya lo van entendiendo, ¿no?, pues eso). Así que nos tuvimos que conformar con Depraved, una cinta perteneciente a Panorama, una de las secciones, según nuestra experiencia, menos recomendables del festival. 

Pelikan Blood (Katrin Gebbe, 2019) narra el horror que sufre una madre soltera amaestradora de caballos problemáticos cuando, al adoptar a su segunda hija, Raya (Katerina Kipovska), descubra que no ha llevado a su casa precisamente un ángel pues la niña, haciendo honor a su nombre, irá rayando a todo el que se cruce en su camino convirtiendo progresivamente un hogar y una vida feliz en un infierno. Un horror doméstico que demuestra que la maternidad no siempre es la situación ideal. Con un magnífico elenco de actores, de entre los que destaca Nina Hoss, que interpreta a la sufridísima madre, y naturalmente la pequeña Katerina, que conseguirá que la lleguemos  a odiar profundamente.

Por su parte Le Daim (Deerskin) fue una de las películas que más expectativas levantó entre el nutrido grupo de seguidores que Quentin Dupieux tiene en Sitges. Capaz de dividir al público de manera radical entre los que encuentran su gracia a los chascarrillos del cineasta y los que no, el filme goza de la presencia de Jean Dujardin y Adèle Haenel, dos populares rostros del cine francés que nos sumergen en el humor absurdo de Dupieux, que aprovecha esta historia para reírse de él mismo y de su público, de su supuesta autoría y de los concienzudos análisis a los que pueden haber dado pié sus cintas. Una agradable sandez.

Por su parte, Wî â Ritoru Zonbîzu (We Are Little Zombies, 2019), primer largo de Makoto Nagahisa cubrió nuestra saludable tasa oriental del día. Y es que a Serendipia, desde hace un tiempo, es el cine asiático el que más alegrías le está ofreciendo y el que más sorpresas y propuestas originales le ha deparado. Y Wî â Ritoru Zonbîzu, desde luego, no fue una excepción. Relato de crecimiento en el que la muerte hermanará a los jóvenes protagonistas y servirá para tratar otros temas como la sensación de no ser querido; la dificultad de expresar y mostrar sentimientos y emociones; o la rabiosa competitividad presente en la sociedad nipona. Sin olvidar otras problemáticas actuales derivadas de los fenómenos virales. Y Nagahisa, creativo de publicidad y realizador de videoclips, hará todo esto y mucho más experimentando con la imagen, jugando con multitud de recursos, la mayor parte de ellos provenientes de la estética de los videojuegos, pero también cromáticos como la utilización del blanco y negro y la saturación de color. En su contra tendrá la extensa duración del filme. O puede que acusáramos agotamiento.

Y nos tenemos que desdecir en parte, pues a pesar de pertenecer a la sección Panorama, la película que nos llevaría por única vez en esta edición al Retiro -que necesita un cambio de butacas urgente-, no estuvo nada mal. Tanto que quizás hubiera merecido una oportunidad en Sección Oficial. Depraved (Larry Fessenden, 2019), es una enésima vuelta de tuerca al tema del moderno Prometeo, en esta ocasión con la participación del Dr. West (vía cuento original de H. P. Lovecraft). Con un argumento que nos recuerda la memorable El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, Terence Fisher, 1969), en Depraved, Adam, la ‘criatura’, tiene flashes de su vida anterior, que intentará recuperar a pesar de contar con un cuerpo que no reconoce, con resultados trágicos, como no podría ser de otra manera. Con esta cinta, este hombre orquesta del cine que es Larry Fessender vuelve a un tema que no le es ajeno y que ya ha tratado en cortos y largometrajes, y lo hace abordando  la novela de Mary Shelley y bautizando algunos de sus personajes como Henry, Polidori o, directamente, Shelley. La virtud de la cinta es que, dándole un nuevo formato, acercando la temática a nuestro presente, logra insertar los momentos claves de la novela y, más aún, los que el cine le ha ido adhiriendo desde la mítica adaptación de Whale. La película funciona de manera notable mientras la acción se mantiene dentro del loft donde criatura y creador desarrollan sus lazos, el crecimiento de Adam y la satisfacción de Henry ante su obra y su logro de derrotar a la muerte, pero cuando salimos de ese ámbito se altera el ritmo, se pierde ponderación y acaba haciendo aguas en un final excesivamente operístico. ¡Ah!, por cierto, también en su cartel hace un homenaje, en este sentido a Karloff y a uno de los pósteres originales del clásico de James Whale.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Séptima cápsula

20 noviembre 2019 Deja un comentario

MIÉRCOLES 9 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Un nuevo y luminoso día y una propuesta similar a la del día anterior: dos películas Oficial Fantàstic Competició (Yves y J’ai perdu mon corps); dos Noves Visions (Punto muerto y O Beautiful Night); y una Anima’t: Ningen Shikaku. Aunque esta última fue la alternativa a la que realmente deseábamos ver, Come to Daddy, uno de esos títulos en pase de prensa en los que se agotaron las plazas para prensa a los 10 minutos de ponerse a disposición de los acreditados (si, nosotros tampoco lo entendemos, como ya les explicamos en la segunda cápsula, pero es así).

Como sesión despertador nos inyectamos en vena el descabellado segundo largo de Benoît Forgeard un filme de atractivo argumento, juzguen si no. Jérem Roudet (William Lebghil), un rapero de escaso renombre, participa como usuario en un proyecto de introducción en el mercado de electrodomésticos inteligentes, concretamente se pondrá a su servicio un frigorífico llamado Yves. La función principal de esa inteligencia artificial había de ser el control y gestión de existencias, pero ese refrigerador cuyo diseño nos recuerda a Hal 9000, hará mucho más. Primero reconducirá su dieta, después reconducirá su vida entera. Yves rectificará sus horarios poniendo orden en su caótica vida. Yves reflotará sus hábitos sociales. Yves, al fin, se convertirá en crítico particular de su producción musical sugiriendo acertados cambios que convertirán a Jérem en cantante de éxito. Todo perfecto hasta ahí, pero la relación entre el joven y el electrodoméstico tomará un rumbo inesperado cuando ambos se enamoren de la misma mujer y esta prefiera al inteligente frigorífico. Yves es una comedia amablemente alocada desde la que Forgeard, mediante la hipérbole, pretende movernos a una reflexión crítica sobre nuestra progresiva dependencia de la tecnología. Y es eficaz, pero se deja llevar demasiado y el trazo de su humor acaba siendo más grueso de lo necesario, a la par que profundiza poco en el fondo que quiere señalar. Un filme simpático, pero irregular.

De la liviandad bizarra de Yves viajamos a la oscura y sesuda propuesta de Fuminori Kizaki, Human Lost, un anime que adapta la novela Ningen Shikkaku original de Osamu Dazai. Estamos ante un complejo relato distópico que juega con la crítica social en clave de parábola cyberpunk y los futuros alternativos. Una más que correcta animación 3D reproduce el Tokio de 2036 en el que la medicina ha conquistado la muerte, pero el mundo lejos de ser idílico se debate entre la restauración de la civilización o su destrucción. Casi dos horas de complicadas tramas y subtramas que exigen toda nuestra concentración (para acabar sintiendo que se te está escapando algo) es lo que supuso este plato más apto para paladares habituados que para curiosos que se acerquen por primera vez. Interesante pero críptica.

Todo lo que sabemos del director argentino Daniel de la Vega es gracias a nuestro amigo Ramiro García Bogliano, que nos recomendó su película Ataúd Blanco: El juego diabólico (2016), con argumento de Ramiro y Adrián García Bogliano y una magnífica cinta que hizo que se despertara nuestro interés por el argentino. Y más viendo algunos tráilers de sus otras obras, como Hermanos de sangre (2012), Necrofobia (2014) y este Punto muerto, que tuvimos ocasión de ver en el festival y que fue presentada por Magalí Nieva, una de las productoras de un film que también ha contado con la participación de los hermanos Onetti. Y es que ¿cómo no nos iba a interesar una historia en la que uno de sus protagonistas, escritor, responde al nombre de Luis Peñafiel? Pues más allá de este guiño a Narciso Ibáñez Serrador, Punto muerto es una competente intriga policial con amplias dosis de fantástico narrada en clave retro y en un delicioso blanco y negro que indaga sobre lo que ya hiciera Poe en su Doble asesinato de la Calle Morgue, no en vano otro de los personajes se llama Dupuin:  hallar la manera de huir de una habitación cerrada tras cometer un crimen ¿El resultado?: deberán ver Punto muerto y averiguarlo.

Magalí Nieva, productora de Punto muerto durante la presentación en Sitges

Noves visions es la sección en la que nos encontramos con O Beautiful Night (Xavier Böhm, 2019), no sabemos hasta qué punto esta producción alemana supone un planteamiento narrativo novedoso, pero lo que sí es claro es que estamos ante una película pequeña muy bien planteada y mejor resuelta, lo cual la convierte ya en una cinta para tener en cuenta cuando se repase las perlas de este año para el balance de lo mejor que ha dado el cine este 2019. Noche iniciática la que vivirá Juri (Noah Saavedra), un joven tanatofóbico que sufre frecuentes ataques de pánico, especialmente nocturnos, al recordarse mortal. En uno de sus arrebatos una oscura figura se presenta ante él: dice ser la encarnación de la Muerte (Marko Mandic). Ahí empezará un viaje faústico-mefistofélico por la noche berlinesa en la que conocerá a Nina (Vanessa Loibl), de la que se enamorará; pero, con el amanecer, uno de los dos debe morir. Una noche de neón y colores saturados en la que los tres personajes se perderán en una fuga continúa por las emociones más fuertes que puede dar la ciudad (incluyendo la ruleta rusa). Al amanecer llega la última hora, la hora de la verdad, en la que solo besando a la propia Muerte el amor podrá alzarse victorioso, romántico final para ese paseo por lo sórdido que nos hizo evocar aquel otro desaforado de La muerte en vacaciones de Mitchell Leisen. Muy buen sabor de boca.

La jornada no podía tener mejor broche que regalarnos una nueva sesión de animación, esta vez de Sección Oficial y mucho más acorde con nuestro gusto y sensibilidad. J’ai perdu mon corps, debut en el largo de Jérémy Clapin, es una poética reflexión sobre el dolor por la pérdida, de unos seres queridos, del propio bienestar de la infancia, del futuro que parecía tenderse, a la que se une una mirada sobre el problema de la inmigración contada en primera persona, certera y sin acritud, y todo ello en lo que no deja de ser una preciosa historia de amor y superación. Lo que hace especial a esta opera prima, sin embargo, más allá del alcance de su subtexto, es el modo de abordarlo, desde la clave argumental, una mano se escapa en busca del cuerpo al que estaba unida, hasta las decisiones visuales con las que irá trazando este viaje en pos de la propia memoria, de la reconstrucción del yo. El miembro errático vivirá numerosas aventuras por los azares de París (especial mención merece el episodio de las ratas) y en cada una de ellas habrá la excusa para desbrozar un recuerdo, sin que los flashbacks sean sucesivos (distingue en blanco y negro los más remotos), relevante en la vida en común con el cuerpo que busca. Es digno de destacar cómo (de bien) consigue Clapin mantener la intriga a través de estas dos acciones paralelas al no revelar anticipadamente ningún detalle sobre el momento en que la mano se vio separada de su dueño, no hasta que llega el instante preciso. Una cinta preciosa y preciosista con un guion impecable, firmado por el propio director y el autor de la novela que adapta, Guillaume Laurant (que será recordado sobre todo por el guion de Amelie), y un score delicioso compuesto por Dan Levy que hizo las delicias del público (y, sobre todo, del jurado). Una delicia producida por Netflix (y van…) que hubiera encantado a los surrealistas que adoraron a aquella Bestia de cinco dedos (The Beast with five fingers) que dirigiera Robert Florey en 1946.

Auténtico debut de lujo que se ha visto reconocido con el Gran Premio de la Semana de la crítica en el Festival de Cannes, además de los Premios Cristal a mejor película y el Premio del público en el Festival de Annecy.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Sexta cápsula

8 noviembre 2019 Deja un comentario

MARTES 8 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Retomamos el festival donde lo dejamos con un nuevo día y cinco propuestas a estrenar: dos de Oficial Fantàstic Competició (Synchronic y The Antenna); dos Noves Visions (Harpoon y Patrick); y una Anima’t (sección que este año, por cierto, no tuvo su habitual postal promocional) con White Snake.

Synchronic es una ingeniosa historia dirigida por Juntin Benson y Aaron Moorhead, dos viejos conocidos del festival, pues dos de sus películas, Spring (2014) y El infinito (The Endless, 2017) fueron seleccionadas en su momento. La cinta narra como, mediante una droga de diseño, una ayahuasca sintética de venta legal, puede llegar a abrirse una puerta al pasado. Todo mediante teorías cuánticas que podría explicarles, pero que no entenderían con su limitado intelecto. El resultado es un tan competente como mainstream thriller de ciencia-ficción repleto de psicodélicos viajes en el tiempo. Una propuesta que funciona como excelente cinta de aventuras, cruzada con el policíaco, con personajes que mueven nuestra empatía, y un punto de partida suficientemente creíble como para que nos sea fácil suspender la incredulidad. Apta para todos los públicos, de tan entretenida se nos hace incluso extraño que no haya tenido un estreno ‘normal’ en nuestro país. Pero ¿qué es normal en nuestro país? ¿qué es normal en el mundo?

Báishé: Yuánqi (White Snake, Amp Wong y Ji Zhao, 2019), es otra de las películas de animación que pudieron verse en el Tramuntana, además de en su habitual ubicación del Retiro. Esa cercanía a l’Auditori facilitó que Serendipia pudiera tomar sus habituales dosis de animación, en este caso 3-D, de manera más cómoda. La cinta de Amp Wong y Ji Zhao es una propuesta muy imaginativa y con una estupenda animación al servicio del relato. Argumentalmente nos trae la historia de Blanca, una mujer que ha perdido la memoria y recibe la ayuda de Sean, un cazador de serpientes, junto al que intentará conocer su identidad. Por el camino, tendrán que superar diversos obstáculos, a la vez que el afecto va creciendo entre ellos. Justo cuando están a punto de descubrir quién es Blanca, se produce el desastre. Adaptación de la Leyenda de la serpiente blanca, mezcla la mitología local, la rica iconografía de la China milenaria, con una poderosa historia de amor dando lugar a un todo fabuloso de impecable factura técnica. Un dibujo por ordenador preciosista, con elaborados y coloridos fondos, es una cinta capaz de hacer las delicias de los aficionados al género tanto como al público general. Fantasía a raudales impregnando sus bellas imágenes en las que se equilibran perfectamente la acción vertiginosa y la apasionada historia de amor de sus protagonistas. Una delicia.

Los mejores platos del día vinieron de la mano de Noves Visions. En la producción canadiense Harpoon (Rob Grant, 2019) vemos como un idílico fin de semana en un yate entre dos amigos y la novia de uno de ellos se convertirá en un infierno cuando los celos hagan acto de presencia. Y los celos y los ataques de ira irreprimibles son una mala combinación, sobre todo si se tiene un arpón a mano. Una trama sencilla en la que se pone al límite a sus tres personajes bien caracterizados, con giros de guión bien introducidos y un perfecto desenlace, hacen de la cinta de Rob Grant una resultona comedia negra de fácil ingesta y ligera digestión.

Tras este ligero y satisfactorio entremés, le llegaba el turno a De Patrick (Tim Mielants, 2019) una de las cintas que más expectación había generado en los corrillos previos al festival. Y es que su  bizarro argumento hacía despertar la curiosidad de muchos. ¿Qué cabía esperar de la historia de Patrick, su no tan joven protagonista que todavía vive con sus padres en el camping nudista que gestionan y que, cuando su padre muere, se encuentra de repente a cargo de él, aunque tenga otras cosas en su cabeza, como el haber perdido su martillo favorito? Serendipia no podía más que caer rendida y darle cabida en su selección ya que  le encantan las películas marcianas y cuando detecta una, procura que no se le escape. No hubo decepción. Detengámonos un poco más.

La cinta del belga Tim Mielants venía avalada por su participación en la sección oficial del International Film Festival Karlovy Vary (uno de esos festivales que uno querría visitar antes de entrevistarse con la Parca) donde tuvo buena acogida, la suficiente como para hacerla apetitosa a los ojos de cualquier programador. Aunque sea el de un festival dedicado al fantástico. Y aunque tenga que plantearse después cómo justificar su inclusión en el género. Con De Patrick estamos, pues, de nuevo a vueltas con los límites del fantástico, porque de entrada no hay elemento mágico alguno (sobrenatural o no), no es un thriller, ni siquiera se puede englobar dentro de la comedia negra. Los más estrictos, ante esto, concluirán que no es género. Pero ¿qué pasa si ampliamos el espectro? De Patrick es comedia (aunque tenga pinceladas de drama), un tipo de comedia muy concreta, la que pivota sobre el humor de lo absurdo, se aleja del realismo, se acerca al dibujo surreal de personajes y situaciones, y ese dibujo sí es susceptible de ser visto como una connotación de lo fantástico ¿O acaso el esperpento no es un subgénero del fantástico? Dejamos la pregunta al aire, sugerimos el debate, sin mediar en el mismo, porque lo cierto es que, como sea, es una suerte que los festivales se hagan eco de este tipo de productos que tiene más difícil su llegada a los cines comerciales de no ser así. De Patrick fue una de las mejores cintas de esta edición, hubo bastante unanimidad sobre ello, porque bajo su estrafalario envoltorio se esconde una interesante reflexión sobre qué nos hace ser nosotros mismos, cómo afrontar las pérdidas, cómo alcanzar la madurez, cómo situarnos dentro de la comunidad y asumir nuestras responsabilidades. Una reflexión que viene facilitada por la caracterización de su personaje protagonista, al que podríamos aproximar al Míster Chance de Hal Ashby. Un tipo estrambótico, casi un pelín retrasado, pero cuya actitud es susceptible de ser tomada por los otros personajes como un envidiable sentido del verdadero valor de la existencia. Un personaje que es un auténtico caramelo para cualquier actor y que aquí encarna un inmenso Kevin Janssens, que hizo doblete como protagonista también de The Room, totalmente irreconocible. Una interpretación memorable para una película destinada a permanecer en nuestro recuerdo.

Si el debut en cine de Mielants (procedente de la televisión) fue celebrado con unanimidad, no corrió la misma suerte la ópera prima de Orçun Behram. Bina (The antenna, 2019) nos sitúa en un futuro distópico que recuerda mucho el paisaje de la Europa del Este antes de la caída del muro y que, a buen seguro, se pretende también como una crítica al régimen de Erdogan. Como si fuera la 13 rue del pércebe en tonos grises, Behram nos trae a través de la vida de un bloque de pisos la enésima revisión del Gran Hermano. El gobierno lo dispone todo para hacer llegar a la audiencia un nuevo canal de partes y noticias que prometen la mejora de la emisiones, para ello es necesario instalar nuevas antenas a fin de que se reciba la señal. Y ese es el punto de partida, la acción nos sitúa ante el día en que se instala la nueva antena en una comunidad vecinal. Todo empieza mal, pues el instalador perderá la vida al precipitarse al vacío. A partir de ahí iremos siguiendo la peripecia de un crisol de vecinos del bloque que hacen sus vidas ajenos a la extraña sustancia que se filtra desde la azotea a todas las tripas del edificio. Una presencia casi demoníaca que penetrará incluso el cuerpo de los personajes. El conserje será el protagonista a través del cual llegaremos a descubrir los efectos de esas nuevas emisiones que, obvio, lo que pretenden es adocenar a los espectadores haciendo domesticables las masas. La crítica social a la manipulación de los medios por los entes gubernamentales como un modo de controlar y someter a la población es evidente. Demasiado evidente. Algunos críticos nos hablan de guiños al surrealismo de David Lynch, de continuación de la nueva carne de David Cronemberg, incluso de inspiraciones en Dario Argento, y, sí, claro, esas son sus fuentes, otra cosa es que haya logrado ensamblarlas en un producto sólido con entidad propia. The antenna está plagada de imágenes sugerentes, especialmente aquella que reproduce su póster promocional, pero no pasan de la buena intención, porque la trama se entretiene en demasiados entresijos y las vidas de los personajes no se resuelven bien, el mensaje se vuelve demasiado obvio, y el desenlace excesivamente previsible. Dos horas de duración son demasiadas en manos del director novel que parece inconsciente de que, a veces, menos es más. La idea es buena, las imágenes inquietantes, pero no el ritmo ni el manejo de la curva de interés. Una auténtica lástima y una de las pocas decepciones de Serendipia en esta edición.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Quinta cápsula

31 octubre 2019 Deja un comentario

LUNES 7 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

De nuevo calma tras la tempestad del fin de semana. Y de nuevo al cine con cinco propuestas bien diferentes entre sí : Corporate Animals, El hoyo  y Judy & Punch, títulos pertenecientes a la sección Oficial Fantàstic a competició y Starfish e It Comes (Kuru), adscritas en Noves Visions. Comencemos

Ciertamente apetecía comenzar con una comedia negra como Corporate Animals (Patrick Brice, 2019) que nos cuenta como, basándose en absurdas teorías, en este caso el team-building, unos empleados y su jefa bajan a una cueva con intención de estrechar lazos entre el grupo y superar dificultades. Pero también alimentar la competitividad y rivalidad entre ellos. El problema comienza cuando se quedan incomunicados y sin comida. Es entonces cuando saldrá lo peor de todos. Con una Demi Moore maravillosamente odiosa como jefa de todos, Corporate Animals funciona a la perfección como una deliciosa comedia que demuestra la hipocresía y mezquindad que todos llevamos dentro, lista para saltar ante el  primer obstáculo.

Tras este entremés lúdico-festivo le llegaba el turno a una de las apuestas personales de Serendipia: El Hoyo. Y es que la sinopsis argumental la hacía apetitosa: Goreng (Iván Massagué) se levanta junto a Trimagasi (Zorion Eguileor) en la planta treinta y tres de un lugar con aires de prisión, atravesado por un agujero por el cual una plataforma baja los restos de comida de los pisos más altos. Trimagasi conoce las reglas: si vas hacia arriba, sobrevivirás… pero si piensas demasiado no tardarás en descender de nuevo. Y, claro, nadie quiere llegar al fondo, donde la comida es escasa y sólo queda confiar en tus agallas. Estos mimbres nos hacían pensar que nos encontraríamos con una de esas distopías tramadas en torno a un espacio simbólico sobre el que se proyecta una crítica social a nuestro propio presente. Y venían a nuestra mente ejemplos como Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2009), la fundacional novela de J. G. Ballard, Rascacielos, que fue llevada al cine por Ben Wheatley en 2016, con una acogida dispar, o, la más cañí, Después de tanto tiempo de José Luis Cuerda, pieza que carece, quizás, de la chispa de su clásico Amanece que no es poco, pero que no deja de agradar a los más fans del subgénero. El Hoyo no decepcionó nuestras expectativas, aunque, en verdad, nos negará la mayor, porque no es una distopía ya que nada hace pensar que la acción se sitúe en un futuro, más bien está alegoría podría remitirse a cualquier lugar del tiempo, por eso afirmamos que se trata de una parábola ucrónica.

Próxima al corto de Denis Villeneuve, Next floor, la ópera prima de Galder Gaztelu-Urrutia nos habla de la mezquindad inherente a la condición humana. El mal no parte, necesariamente de arriba, en la planta superior ignoran a los niveles que les siguen, viven sin saber de ellos inmersos como están en su mundo de colores. Los de abajo, o mejor, su desorganización y su falta de solidaridad, son cómplices de la situación en la que viven. Todas las miserias humanas están representadas en El Hoyo, pero sobre todo lo está el hobbesiano Homo homini lupus, en su estado de naturaleza la vida humana es una guerra de todos contra todos. Cada uno vela exclusivamente por su necesidad individual y, paradójicamente, al ponerse por delante del interés colectivo, lo que hace es cavarse su propia desdicha. Solo si se consigue poner coto a egoísmo personal, se hará llegar el mensaje de las demandas sociales a los de arriba. Ese será el propósito de Goreng y sólo lo logrará con todas sus armas, sin despreciar el uso de la fuerza cuando las palabras se manifiesten insuficientes. No se trata de que el fin justifique los medios, sino de tomar conciencia de que, sin lucha, los de arriba nunca reconocerán a los de abajo. Nunca se ampliarán los derechos sin reclamarlos organizadamente. Obvio, como repite Trimagasi una y otra vez al protagonista. Y a nosotros.

Todo esto nos lo cuenta Gaztelu-Urrutia con un diseño de producción esmerado, una fotografía que saca el mayor partido a los geométricos decorados y con una elaborada caracterización de los personajes, especialmente el de Trimagasi, esa especie de conciencia sardónica que introduce el punto de humor necesario para que el mensaje sea efectivo. Destaca en el apartado de guion, Pedro Rivero, que ya nos demostró su imaginación desbordante y sensibilidad en sus películas de animación La crisis carnívora (2007), Psiconautas, los niños olvidados (2015) y el cortometraje Birdboy (2011). Pero, sobre todo, El hoyo demuestra la gran valía de su novel director. Toda una revelación que el festival supo premiar como merecía.

Les dejamos con la rueda de prensa de El hoyo, por gentileza del Sitges Film Festival. A donde nosotros no llegamos, llega la tecnología:

Todavía con el buen sabor de boca de esta cinta nos dispusimos a deglutir la siguiente: Judy & Punch (2019), opera prima de la también actriz Mirrah Foulkes. Una fábula deliciosamente narrada que denuncia en su primera parte la violencia contra la mujer, cayendo en su segunda parte, y sin paracaídas, en un feminismo, bienintencionado, pero postizo. El desarrollo de la trama no hace más que recalcar lo que el espectador está viendo y de manera exasperantemente didáctica. Con un notable diseño de producción y una magnífica Mia Wasikowska, lo más increíble es que, precisamente, su guión recibiera, tal y como veremos, el máximo reconocimiento en el palmarés del festival.

Y el día terminó con dos cintas pertenecientes a la sección Noves Visions. La produccion Indie Starfish (A. T. White, 2018) nos habla de la pérdida y el duelo. La ausencia del ser querido, que todos hemos sufrido alguna vez y que hemos sentido, virtualmente, como el fin del mundo. Algo que, en esta ocasión, dejará de ser simbólico pues la (no) acción se desarrolla en un escenario apocalíptico. Lenta, esteticista y plagada de imágenes sugerentes, en las que su director se recrea, casi consigue que el espectador caiga en el más soporífero aburrimiento, estado del que es rescatado, en parte, gracias a la esforzada  actuación de su protagonista, Virginia Gardner. ¿Opera prima? Si, y se nota.

Finalmente volvemos a Japón para ver Kuru (It Comes, 2019) una cinta que, enmascarada como historia de exorcismos, pone el dedo sobre la llaga de la paternidad responsable. Dirigida por Tetsuya Nakashima, que tiene en su haber piezas de prestigio como Confessions (Kokuhaku, 2010) y El mundo de Kanako (Kawaki, 2014), consigue que nos perdamos en algún momento (o es posible que acusáramos las secuelas de un cansancio acumulado), pero su conclusión, tras 135 minutos, con el exorcismo más espectacular y de más alto nivel que ha dado la historia del cine, consigue cautivar al espectador. Un fin de fiesta delirante.

También estuvo Asia Argento, pero fue en otro festival, no en el de Serendipia…¡Lástima! otra vez será.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Cuarta cápsula

28 octubre 2019 Deja un comentario

DOMINGO 6 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

El domingo trajo otra de nuestras películas favoritas The Lighthouse, la segunda película de Robert Eggers, el director hipster -único de estos que merece vivir-  que nos enamoró con The  Witch. Pero también cine español actual (Amigo) y pretérito (¡Vaya luna de miel!), además del retorno del cine fantástico italiano con la esperanzadora The Nest y la más que interesante The Room. Cinco descargas de cine en vena que nos dejó poco tiempo para más. Pero ¿para qué más? 

Cuando investigamos la carrera de Javier Botet para la entrevista que le realizamos el pasado año, pudimos comprobar el buen número de pequeños sketches cómicos que  había realizado con su antiguo compañero de piso, el también actor David Pareja. En ellos podía verse la compenetración que había entre ambos, una sintonía que puede comprobarse en Amigo, ópera prima de Óscar Martín y el largometraje que los reúne. Con guión de los dos actores y el director, Amigo  supone un tour de force interpretativo para ambos actores y se muestra como un excelente debut para su director que demuestra la pericia y buen hacer de los mejores cineastas. Ambientada en algún momento de los años ochenta, la cinta retrata un horror que, no por cotidiano, lo es menos, y lo hace, como no podría ser de otra manera, cargado de un humor negrísimo que impregna la narración.

Rodada en una casa aislada en un paraje rural, ante la amenaza de un temporal que va arreciando conforme avanzan los días y va incomunicando a los personajes, Amigo desprende sordidez por todos sus poros. Es incómoda y opresiva, con un argumento que va desentrañándose conforme avanza la acción y descubriendo paulativamente los motivos que mueven a los dos ‘amigos’ (que se van convirtiendo en enemigos íntimos conforme avanza la trama) a obrar como lo hacen. Javier Botet consigue trasmitir angustia y patetismo en su actuación. Una interpretación merecedora de ‘ese’ reconocimiento que otorga el cine español a las mejores actuaciones del año. En suma, una de las mejores cintas de esta edición, aunque no se tradujera en premios, cosa que ha solventado el festival Nocturna concediéndoles tres galardones: mejor película, mejor director y mejor actor para David Pareja.

Por su parte The Room (Christian Volckman, 2019) transporta al espectador a una vieja mansión retirada, donde se traslada la pareja protagonista. Allí descubrirán que hay una habitación secreta que les concede todos sus deseos. Incluso uno que pensaban que no podría materializarse nunca. Pero claro, todo tiene su reverse negativo, y la pareja no tardará en descubrirlo. Misterio y retorno a la temática primigenia del cine de terror, las casas encantadas, en una cinta que engancha hasta el final  con una Olga Kurylenko que ilumina la pantalla cada vez que sonríe -y que también alumbró y deslumbró Sitges con su presencia- y un Kevin Janssens que mostró dos caras bien diferentes en el festival: la de un atractivo escritor en crisis en esta cinta; y la de un desgarbado propietario de un camping nudista que pierde uno de sus martillos preferidos en Patrick (Tim Mielants, 2019) una de las grandes sorpresas que ofreció esta edición y que comentaremos en su momento.

The Lighthouse no defraudó, aunque dividió a parte del público y la crítica. Serendipia disfrutó de una obra que recupera, en cierto modo, los mejores modos del arte mudo. Rodada en un soberbio blanco y negro y en 1.37:1, el formato de pantalla vigente desde los años treinta hasta los cincuenta, antes del nacimiento oficial del cine panorámico en 1952, todo está dispuesto para transportar al espectador a otra época, a la que  se encarga de retornarla puntualmente uno de sus protagonistas, Willem DaFoe a base de sonoros pedos y el director, con sus perturbadoras escenas sexuales ¿La historia? El descenso a la locura de un farero y su aprendiz cuando tengan que pasar ambos unas semanas en el faro de una alejada isla de Nueva Inglaterra en las postrimerias del siglo XIX. ¿El resultado? Un film excepcional dotado de una gran fotografía, una gran historia, una dirección impresionante y dos grandes actores, DaFoe y Robert Pattinson, que lo dan todo. Un hito que confirma que nos encontramos ante el que podría ser uno de los más importantes directores de los últimos tiempos. Veremos. Por lo pronto opinamos que, de haber participado en competición, es posible que el palmarés hubiera sido muy diferente. Y si no hubiera sido así, y a pesar de que a nosotros esto de los premios nos resbala, nos habría disgustado un poco y todo.

The Nest (Il nido) supuso toda una sorpresa para Serendipia. Con el amor que profesamos al fantástico italiano en esta casa, pues tanto el bueno como el malo nos gusta, fue un placer disfrutar de una de las escasas muestras de fantástico trasalpino que se rueda en la actualidad. Y la experiencia fue completa gracias a que antes del pase, el director Pupi Avati recibió un merecido Premio Nosferatu como reconocimiento a toda su carrera.

Volviendo a The Nest (Il nido), todo en ella es 100% italiano: los actores -fenomenales los dos niños-, el idioma, las localizaciones, la cultura, la fotografía, la suntuosa mansión… y todo está al servicio de una misteriosa historia que termina resultando ciertamente predecible, pero rodada con tal sensibilidad y elegancia que no defrauda, a pesar de ese final que no gustó a la parte más bella y culta de Serendipia, pero emocionó a la otra por el sincero homenaje que supone a aquella serie-B italiana de los ochenta y en especial a Lucio Fulci, algo que nos confirmó su director, Roberto De Feo, que debuta en el largo con este filme.

El director de The Nest (Il nido) Roberto de Feo, y los protagonistas Justin Korovkin Francesconi y Francesca Cavallin.

Y otra pequeña escapadita a la carpa Fnac, pues se presentaban dos libros que nos interesaban especialmente y que incorporamos raudamente a nuestra biblioteca. Por un lado Apocalypse domani. La década dorada de la exploitation italiana de ciencia-ficción (1977-1990), el libro oficial de Sitges 2019 que, editado primorosamente y a todo color por Hermenaute, analiza el fenómeno de la exploitation italiana que tantas películas repletas de diversión nos ha legado. Cintas apocalípticas descaradamente inspiradas en Mad Max 2: El guerrero de la carretera y 1997 Rescate en Nueva York, pero todo pasado por la idiosincrasia -y caradura- de la que hicieron gala en los años ochenta un nutrido grupo de cineastas italianos. Y todo bajo la coordinación de Ángel Sala y con la participación de Manlio Gomarasca, Diego López, Jesús Palacios, Domingo López, Xavi Sánchez Pons, Lluís Rueda, Mònica Garcia i Massagué, Desirée de Fez. También se presentó Más allá del cine de Sebastià D’Arbó, concienzudo y voluminoso libro que ha escrito nuestro amigo Diego Peñalver y editado Applehead Team. Un repaso a la labor de D’Arbó en todos los ámbitos: televisión, literatura, radio… deteniéndose, especialmente en sus películas. Serendipia tuvo la ocasión de colaborar con el autor realizando la crítica cinematográfica de sus filmes, llegando a conclusiones que sabemos de buena tinta no agradaron demasiado al homenajeado pero… En todo caso procuren hacerse con una copia de esta primera edición (100 ejemplares), no vaya ser que la segunda salga ‘revisada’. Asimismo se presentó la edición en DVD de El pionero (2018), documental dirigido por nuestro amigo Luis Esquinas y producido por el propio D’Arbó en el que se analiza la vida del cineasta y sus cuatro primeras películas. Un documental editado también por Applehead que supuestamente iniciará la edición en DVD de  filmografía completa de Sebastià D’Arbó.

Álex Mendíbil presentando ¡Vaya luna de miel!

Con buen sabor de boca Serendipia hace una de las pocas visitas, pero obligadas, al entrañable cine Prado, marco ideal para disfrutar en toda su amplitud la propuesta que traía Álex Mendíbil directamente desde los sótanos de la Filmoteca de Madrid. Y traía todo un milagro, pues se trataba de una película perdida de Jesús Franco ¡Vaya luna de miel! (1980), que en diversas filmografías del director figuraba como El escarabajo de oro al adaptar, en cierto modo, la novela de Poe. Álex se topó con este hallazgo mientras realizaba su labor de programador de la Sala-B de la Filmoteca madrileña, donde ha conseguido ofrecer unos magníficos programas dobles dedicados al cine español más invisible. Allí pudo comprobar que la película de Jesús Franco, que se consideraba inacabada, estaba totalmente lista y dispuesta para proyectarse. Y así se ha hecho en contadas ocasiones siendo, por tanto, esta sesión en el Prado todo un privilegio para los espectadores. Y no solo para los admiradores de la obra del cineasta, pues lo cierto es que el pase de ¡Vaya luna de miel! fue una de las sesiones más felices que se ofrecieron durante esta edición del Festival de Sitges pues, a pesar de ser una producción extremadamente modesta, los actores y el director consiguen sobrepasar los fotogramas y trasmitir su alegría de vivir. Viendo esta película se nota a la perfección que el equipo se lo pasaba de miedo rodando. vala-luna-de-miel-6En pantalla podemos ver a una joven, carnal y divertida Lina Romay; a un Antonio Mayans de lo más canalla; o a unos chinos que no son chinos y que vaya usted a saber de donde salieron. En resumen: Una sesión deliciosa y delirante que había que disfrutar en una sala de cine y acompañado de público dispuesto a pasárselo bien, porque ¿Qué más da que se nos quiera hacer pasar papel de aluminio por oro? ¿Qué más da que se haga pasar por chinos a individuos que claramente no lo son? ¿Qué más da que algunos personajes sean interpretados por diferentes actores? ¿Qué más da que se justifique la ausencia de pandilleros diciendo que están de vacaciones? Qué más da todo o, al revés, cuanto da cuando gracias a ello se consigue trasmitir al espectador la pasión y el oficio y entender porqué nos gusta tanto el cine. Cine fantástico como los trucos de un prestidigitador.

 

 

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