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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Palmarés y conclusiones

20 noviembre 2017 Deja un comentario

PALMARÉS SITGES 2017                            

(Fotos: Serendipia)

Sección Oficial Fantàstic Sitges 50
Mejor película: JUPITER’S MOON, de Kornél Mundruczó
Premio especial de Jurado: THELMA, de Joachim Trier
Mejor dirección: Coralie Fargeat, por REVENGE
Mejor interpretación femenina: Marsha Timothy, por MARLINA THE MURDERER IN FOUR ACTS
Mejor interpretación masculina: Rafe Spall, por THE RITUAL
Mejor guion: Joachim Trier y Eskil Vogt, por THELMA
Mejores efecto especiales: Ferenc Deák, por JUPITER’S MOON
Mejor fotografía: Andrew Droz Palermo, por A GHOST STORY
Gran premio del público: MATAR A DIOS, de Albert Pintó & Caye Casas
Mejor cortometraje: R.I.P, de Pintó & Caye
 Focus Àsia
A SPECIAL LADY, de Lee An-kyu
Mención especial: MARLINA THE MURDERER IN FOUR ACTS, de Mouly Surya
 Òrbita
Mejor película: THE BATTLESHIP ISLAND: DIRECTOR’S CUT, de Ryoo Seung-wan
Panorama Fantàstic
Mejor película: CREEP 2, de Patrick Brice
Panorama Documenta
Mejor película documental: 78/52, de Alexandre O. Philippe
 Anima’t 
Mejor película: TEHRAN TABOO, de Ali oozandeh
Mejor cortometraje: HYBRIDS, de Florian Brauch, Matthieu Pujol, Kim Tailhades, Yohan Thireau y Romain Thirion
Noves Visions One
DAVE MADE A MAZE, de Bill Watterson
Mención especial: KUSO, de Steve
Noves Visions Plus
Mejor película: DAWSON CITY: FROZEN TIME, de Bill Morrison
 Noves Visions Petit Format
 Mejor cortometraje: HOISSURU, de Armand Rovira
Premio de la crítica – José Luis Guarner 
Ex aequo
AS BOAS MANEIRAS, de Juliana Rojas y Marco Dutra
THE KILLING OF A SACRED DEER, de Yorgos Lanthimos
Premio Citizen Kane a la mejor dirección novel 
Coralie Fargeat, por REVENGE
Mejor película Discovery
BRIGSBY BEAR, de Dave McCary
Jurado Carnet Jove
Mejor película: A GHOST STORY, de David Lowery
Mejor película Midnight X-Treme: ANNA AND THE APOCALYPSE, de John McPhail
Premio Brigadoon Paul Naschy
CUERNO DE HUESO, de Adrián López
Samsung Sitges Cocoon
Mejor película: KNIVES, de Adam Cosco
Mención especial: RAY, de Rafael Pavón
Premio del público a la mejor película: ALTERATION, de Jérôme Blanquet
Méliès
Meliés de plata a la mejor película: THELMA, de Joachim Trier
Meliés de plata al mejor cortometraje: EXPIRE, de Magalí Magistry
Blood Window
MADRAZA, de Hernan Aguilar
Mención especial a la mejor actriz: Isabél Zuaa, por AS BOAS MANEIRAS
Premis SGAE Nova Autoria
Mejor cortometraje: CELEBRACIÓ, de Pau Cruanyes  y Gerard Vidal
Mejor guion: Anna Agulló, por UNA CAJA CERRADA
Mejor música original: Joan Masats, por SESGO, UNA HISTORIA DE PREJUICIOS Y GOLOSINAS
Mención especial: LA FUGA DE LOS 45, por Cristina Caamaño

CONCLUSIONES A UN MES VISTA

El festival de Sitges ha cumplido su cincuenta aniversario con una edición bastante similar a otras, ya sea en cuanto a invitados como en calidad media de la programación. Es más, Serendipia tiene la sensación de que quizás la selección de este año ha sido algo más floja que la de otros. Eso, naturalmente, no es achacable a la organización, faltaría más, sencillamente que la cosecha quizás no ha sido tan fructífera como aparentaba ser. Esta ha sido nuestra lista de visionados:

INAUGURACIÓN/CLAUSURA

The Shape of Water/The Lodgers

Dos magníficas cintas, en especial la de Guillermo del Toro, una maravilla para los sentidos que quizás dejó el nivel tan alto que para Serendipia todo fue, a partir de ahí, en descenso, especialmente durante el siguiente y tortuoso fin de semana.

OFICIAL COMPETICIÓN

The Battleship Island (Drama carcelario histórico)

Mom & Dad (Comedia fantástica)

Bushwick (Survival apocalíptico)

Thelma (Fantástico)

Sword Master 3D (Wuxia fantástico)

The  Villainess (Thriller)

Brawl in Cell Block 99 (Thriller/Drama carcelario)

El habitante (Terror)

Brimstone (Western con elemento sobrenatural  de fondo)

Salyut-7 (Survival espacial)

Matar a Dios (Comedia fantástica)

Errementari (Fantástico y terror)

Survival Family (Survival apocalíptico amable)

Before We Vanish (Ciencia Ficción)

Jupiter’s Moon (Fantástico)

Caniba (Documental)

Como vemos dentro de la sección oficial de los 16 títulos visionados por Serendipia tan solo la mitad, siendo generosos, puede entrar en la clasificación de género fantástico y de terror. Figurando entre ellos títulos que parecían estar en el lugar incorrecto, como el  francamente flojo El habitante, la única de terror, o Caniba, una propuesta que claramente se había escapado de Noves Visions Plus. Todos títulos en general correctos, con excepción de los dos señalados, e incluso alguno notable (como sería el caso de Thelma), pero ninguno totalmente maestro. Entre las películas de sección oficial que Serendipia tuvo ocasión de ver esta edición no hubo una The Neon Demon, Raw, The Handmaiden, The Invitation, The Witch, It Follows, Maps to the Stars, Babadock, Only Lovers Left Alive, The Congress, Antiviral, Chained, Cosmopolis, Drive, Melancholia, Hara Kiri, Guilty of Romance, Secuestrados, A Serbian Film, por citar solo algunas de las memorables de otros años, o al menos Serendipia no tuvo el placer de encontrárselas.

OTRAS SECCIÓNES

El terror y el fantástico más “tradicional” que pudimos ver en nuestra selección parecía refugiarse, casi de forma caprichosa en algunos casos, en otras secciones como Oficial Fantástic fuera de competición, Muse, Annabelle Creation, La piel fría, What Happened to Monday? (en esta categoría, por cierto, se proyectó Gloves Off , drama pugilístimo sin transfondo fantástico, que no se sabía bien qué hacía en un festival como el de Sitges); Panorama, Replace; Sesión Especial, The Bad Batch, MarrowBone Órbita, Wind River, Le serpent aux mille coupures, Sweet Virginia, (tres magníficos y atmosféricos thrillers). E incluso propuestas demasiado comedidas para la sección Noves Visions  en la que se encontraban enmarcadas, como Purgatoryo, The Book of Birdie, A Gentle Creature y Dave Made a Maze , que en nuestra opinión posiblemente hubieran encajado, sobre todo la última (una de las más remarcables de esta 50 edición), sin ningún problema en la Sección Oficial.

AMBIENTE E INFRAESTRUCTURA

Por cierto… ¿Y las Marías?

El festival de Sitges no ceja en su empeño de lanzar el mensaje de que este festival está organizado para el público. Es cierto que el público es quien levanta (además de la calidad de la programación, claro) los festivales,  pero también les puede llevar a morir de éxito cuando complacer su demanda les suponga desvirtuar el espíritu original del certamen. Y Sitges debería estar especialmente dirigido, por su fidelidad, al público del fantástico, y no tan solo al público en abstracto, al generalista, que señala fechas concretas de Sitges como lo hace con cualquier otra actividad más en su agenda, pendientes sólo de lucirse después en instagram. Los amantes del fantástico son los  que fielmente acuden durante todo el certamen o al menos a la mayor parte posible del mismo (y no sólo los domingos y otras fiestas de guardar). Y lo hacen año tras año, no siguiendo tendencias o modas,  ya solo organizar su cita (sus películas y sus actividades más preciadas) hace que sea este el evento que esperen con más ilusión durante todo el año. Cierto es, además, que gran parte de estos fans del fantástico está compuesto por abonados, industria y prensa de blogs, fanzines y páginas web, que a fin de cuenta son los medios ‘especializados’. Apostar así, en abstracto, por los números es apostar, a la larga, al caballo perdedor. Y eso es algo que deberían saber muy bien los responsables del festival, pues ellos han salido de este caldo de cultivo compuesto por fans y prensa alternativa.

Pasando a las infraestructuras, las salas han cumplido con sus objetivos. Tramuntana se ha consolidado consiguiendo que el espectador pueda jugar con esta sala y l’Auditori para organizarse sus jornadas cinéfagas sin tener que darse largos paseos del pueblo al Melià… y viceversa. También ofrece la oportunidad de ver propuestas pertenecientes a secciones como Noves Visions, que en su mayor parte se acostumbran a ofrecer en el Prado sala que, por cierto, ha hecho una magnífica remodelación con nuevas y confortables butacas pero siempre, tal y como nos puntualizó el dueño, respetando los magníficos frescos y el sabor de sala clásica. Allí comenzó todo y allí también hubo una jornada de homenaje, fechas antes de comenzar el festival, durante la cual se proyectó la primera película que se ofreció en la primera edición del Festival de Sitges, Aelita (Yakov Protazanov, 1924). Ella fue la primera.

Por su parte l’Auditori y por ende el Melià continúa siendo LA sala por autonomasia de la Sección Oficial y el lugar donde se concentra el glamour festivalero a base de cócteles, photocalls y todas esas actividades que este año han sido más numerosas, suponemos que por su cincuentenario. O al menos a Serendipia se lo ha parecido, pues se ha chocado en más ocasiones con eventos de este tipo.

De nuevo se ofrecieron y potenciaron las 3D Experience, propuesta que todavía está en fase de crecimiento pero que, quien sabe si de aquí a pocos años, revolucionará el entretenimiento cinematográfico, sobre todo doméstico. Estamos seguros de que la industria pornográfica ya está poniéndose las pilas… Delante de l’Auditori podían verse y vivirse diversos cortos en este sistema de entre los cuales destacó, por encima de todos, Campfire Creepers: The Skull of Sam (2017), dirigido por Alexandre Aja e interpretado por Robert Englund, una terrorífica experiencia en la cual el espectador era una víctima más.

Cine, mucho cine, pues Serendipia como ya es habitual se concentró en ver muchas películas, pero también hubo lugar para eventos y presentaciones de libros, de entre las cuales brilló la protagonizada por David J. Skal y su Algo en la sangre, la magnífica biografía de Bram Stoker que ha editado EsPop Ediciones y que tenemos en nuestra mesita esperando, ansiosamente, su turno de lectura. Serendipia también pudo hablar brevemente y ofrecer un presente a Guillermo del Toro, uno de sus directores de cabecera, y William Friedkin bromeó con nosotros. También conseguimos algunos bonitos autógrafos y, sobre todo, buenos ratos con amigos. Vivencias  y momentos que se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia… pero por lo pronto… ¡Que nos quiten lo bailao!

¡¡Nos vemos en  Sitges 2018 (si nos dejan…)!!

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Décima cápsula

16 noviembre 2017 Deja un comentario

SÁBADO 14 DE OCTUBRE                                                                       Fotos: Serendipia

Y Serendipia arriba a su última jornada del festival con acusado cansancio y cuatro títulos con los que cerrar esta edición número 50. Vamos a ello:

Tras su debut en la dirección hace tres años con Let Us Pray, el irlandés Brian O’Malley fue el encargado de clausurar la 50ª edición del Festival de Sitges con The Lodgersun cuento de horror gótico situado en la Irlanda rural de principios del siglo XX que narra la historia de los gemelos Rachel y Edward. Ambos huérfanos viven solos  en la decrépita casa familiar la cual arrastra una maldición que se remonta a sus ancestros y que se cumplirá cuando ellos alcancen su mayoría de edad. Linajes malditos, perpetuados por la sangre y el incesto, condenados a desaparecer protagonizan esta cinta ambientada en una sociedad, la victoriana, también en proceso de desaparición (con ese punto final que marcó el estallido de la Gran Guerra, puerta de entrada hacia el siglo XX). Un relato con trasfondo lovecraftiano, en el cual entidades ocultas en lo profundo devorarán a esa estirpe decadente. Destaca su estética delicuescente, con su frío cromatismo, perfectamente acorde con lo que su director quiere transmitir. Si bien no es rabiosamente original, sí que resulta una producción correcta y convincente. El festival contó con la presencia de, además de parte de los productores, el director y su protagonista, la madrileña Charlotte Vega, actriz afincada en Sitges.

Tras una pieza de misterio de época, nuestro siguiente puerto nos hacía desembarcar de nuevo en nuestro siglo y a uno de sus problemas de más rabiosa y lamentable actualidad: el acoso y abuso escolar. Viajamos de lo imaginario a lo asfixiantemente real con el anime A Silent Voice (Naoko Yamada), adaptación del manga de Yoshitoki Oima. Usa un dibujo bastante estándar de los anime para chicas (shôjo) cuya dulzura contrasta con la dureza de su temática. La historia nos muestra los dos lados del acoso, el punto de vista del maltratador y el de quien sufre las vejaciones. Por ambos estadios transita su protagonista,  Ishida, quien aprende una valiosa lección que le llevará a buscar a Nishimiya (la niña sorda a la que él acosó) después de unos años, para intentar redimir su pasado. Un relato de madurez que nos acerca a una cultura la japonesa que tiene su particular forma de vivir el bullyng (en japonés ijime) por el arraigo del sentimiento de culpabilidad y por su poca facilidad para expresar sus emociones. No es en absoluto un filme pesimista, antes al contrario, además de mostrar los traumas que provoca este tipo de comportamientos, también se podrán ver otros elementos como la superación, la amistad y algún que otro atisbo de romanticismo. Como nota curiosa, la películase inicia con My Generation, himno generacional de The Who , cosa que promete toda una garantía de calidad y buen gusto.

Nuestra sesión de tarde fue un curioso programa doble compuesto por dos películas  en las antípodas la una de la otra. Si despegábamos con una de las pocas piezas de género puro que consumió Serendipia en esta edición, What Happened to Monday, la tarde noche se cerraba (y se clausuraba nuestro personal Sitges 2017) recalando en el surrealista imaginario de Raoul Ruiz con La telenovela Errante, cinta que fascinó a la mitad de Serendipia (a la otra psé) tanto que ni siquiera se enteró de la nutrida deserción del público del Prado.

What Happened to Monday es una distopía futurista que pone su foco sobre la superpoblación y el consecuente colapso de la sostenibilidad que conlleva. El punto distópico lo introduce la solución de proclamar la política del hijo único (no tan lejano de lo que ocurre en países que padecen el problema como es el caso del gigante chino). Y por único se entiende que sólo se podrá tener una criatura y una sola vez por familia. El principal problema serán los gemelos, muy abundantes en esa sociedad futura por los mismos desarrollos genéticos con los que se ha buscado generar alimentos, sólo podrá vivir uno,  los hermanos del primogénito serán cryonizados (en teoría) a la espera de una mejor solución. Si una pareja de gemelos es problemática que no ocurrirá con siete, esta es la premisa de la que parte Tommy Wirkola en su segunda película americana. Un director ya conocido en Sitges desde que en 2009 aterrizara con sus nazis zombies y que entra con esta pieza en un cine más serio, pero sin perder su lado de desenfreno y comicidad.  Nos trae, pues, la historia de siete chicas idénticassalvadas por su abuelo de ser procesadas y llevadas a congelar. Él, interpretado por un excelente Willem Dafoe, llama a las siete niñas como los días de la semana y les enseña a salir solo el día que corresponda con su nombre. Todas ellas deberán vivir la vida de Karen Settman y  no podrán vivir una vida fuera de la ya establecida por su abuelo, todo ello para lograr sobrevivir. Evidentemente, la estratagema falla el día que una de ellas no regresa, a partir de aquí el componente distópico se relaja y entramos en un entretenido relato de acción. Lo que más resalta en esta producción de Netflix es su prodigio técnico para mostrar a los siete personajes interactuando juntos. Y tan importante como los aspectos técnicos resulta ser el trabajo de su(s) protagonista(s), Noomi Rapace. La actriz supera con nota la dificultad de interpretar a siete personajes a la vez idénticos y muy diferentes entre sí, todo un juego de matices, y a la vez se confirma como la heroína de acción que demostró ser en Prometheus (2012, Ridley Scott). Un último apunte sobre esta cinta es señalar la grandiosa villana que es siempre, más allá de la calidad de los guiones,  Glenn Close.

Y esto se acaba, señores. Y lo hace con esa cinta perteneciente a la sección Seven Chances que es, La telenovela errante (2017) la primera película del chileno Raoul Rúiz tras su exilio que se rodó durante seis días de noviembre de 1990 permaneciendo inédita hasta  hoy. Un trabajo visionario para el momento que se vivía en Chile, de cuya sociedad explora su superficie, aparentemente banal, utilizando para ello el lenguaje de la telenovela,  muy representativa para su director para el que, “La realidad chilena no existe, más bien es un conjunto de teleseries. (…) Los problemas políticos y económicos están disueltos en una jalea ficcional dividida en capítulos vespertinos“. Película que estaba desaparecida y que, en “un acto de amor de ultratumba” su viuda, Valeria Sarmiento, logró recomponer dejando sus cinco horas de material en poco más de setenta escasos minutos de duración repletos de humor y un sentido del absurdo realmente adelantado en el tiempo. La telenovela errante se estrenó el pasado agosto en el Festival de Locarno.

Han sido 42 películas en 10 días. 42 Historias bien diferentes en un tour de force cinéfago del que, en nuestra última píldora, extraeremos todas las conclusiones.

 

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Novena cápsula

14 noviembre 2017 Deja un comentario

VIERNES 13 DE OCTUBRE                                                                       Fotos: Serendipia

Fecha fatídica en el festival de Sitges, porque ya marca el final de unos agotadores días y porque haciendo honor a su número, nos dio mal fario. Pero vayamos por partes.

Bien temprano, Serendipia inaugura su jornada cinéfaga con la que aún no sabíamos que sería la ganadora del festival. Jupiter’s Moon del húngaro Kornél Mundruczó se inicia (al igual que la comentada Purgatoryo) situando al espectador como protagonista de un momento tan fundamental como incómodo. En este caso, seremos uno más de los aterrorizados refugiados sirios que intentan cruzar la frontera húngara hacia una Europa que, lejos de lo soñado, es hostil, todo en imposible plano secuencia con el que trasmitir la tensión del momento, su enorme confusión y zozobra (literalmente esto último, los botes que les transportan se hunden y, en un alarde de cámara, nosotros los acompañamos bajo el agua). La cámara corta el plano cuando la policía  abate a tiros al protagonista. Somos testigos de la muerte injusta de un inocente. O al menos eso creemos, pues ha recibido tres disparos mortales de necesidad. Un médico corrupto será el responsable de revisar el caso y testigo de un hecho excepcional: el individuo además de sobrevivir a los impactos, levita. Así que el médico descubrirá dos cosas: que los milagros existen y que pueden dar mucho dinero. Al tiempo que se pregunta si realmente existen los ángeles.

Como vemos la irrupción del fantástico tiene lugar en medio de un tema candente, al igual que ya hiciera el director con aquella revolución de los (perros) descastados en White Dog (2014). Pero en Jupiter’s Moon añade, además, referencias inequívocamente religiosas a la historia, dejando abierta la puerta a la esperanza con la redención del desencantado médico y del incansable policía.

Strangled (A Martfüi Rém, 2016) nos sitúa de nuevo en Hungría pero en esta ocasión para revisar un hecho real acontecido a mediados de los años cincuenta que sólo ha podido abordarse libremente al haber fallecido los protagonistas. La película de Árpád Sopsits, que el propio realizador pidió que viéramos con la mente abierta, relata la historia del primer asesino en serie del nuevo régimen húngaro. Un asesino que ya fue juzgado y condenado a cadena perpetua por asesinar a su novia, pero que salió libre tras cumplir tan solo siete años de condena, retomando sus actividades necrófilas mientras un inocente es condenado por sus crímenes. Realista hasta llegar a la  crudeza (las imágenes de los asesinatos no nos son escatimadas y nos son presentadas sin ningún pulido), Strangled retrata magistralmente, con el carácter seco de una crónica negra, toda aquella época gris en la cual el asesino en serie, producto del capitalismo, no podía darse en las sociedades comunistas, absolutamente perfectas según sus mentores. Algo que también retrató la fantástica Ciudadano X (Citizen X, Chris Gerolmo, 1995) aquel telefilme ganador, por cierto, en categoría a mejor película, director y actor en la edición del festival de Sitges de ese año.

Tras un asesino en serie, tocó el turno de un caníbal: Issei Sagawa, criminal japonés culpable de asesinato y canibalismo cometido contra Renée Hartevelt. El 11 de junio de 1981, Sagawa estaba estudiando literatura de vanguardismo e invitó a la mujer a cenar en su casa con la pretensión de conversar sobre literatura. Después de la llegada de la estudiante y de que ella rechazase sus proposiciones, él le disparó por la espalda en la nuca con un rifle del calibre 22 que había comprado con el propósito de llevar a cabo su plan caníbal. Detenido por la policía y declarado demente tras un análisis psicológico, fue juzgado como tal, por lo que fue recluido en el hospital psiquiátrico Paul Guiraud de París. Pasados pocos meses contrajo una enfermedad que, por error médico, fue diagnosticada como terminal, situación que le supuso su repatriación a Japón, donde vive actualmente bajo la responsabilidad de su hermano. Este caso novelesco en el que la realidad supera la ficción ocupa el último trabajo de Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor, Caniba, que, considerado docuensayo, se hizo acreedor de los más diversos comentarios, si para alguno se trata de una obra que busca el impacto, para otro se habría buscado un feísmo que impidiera la empatía, mientras que aún un tercero lo vio como el intento de introducirnos en la mente de un caníbal. Opiniones para todos los gustos entre las que no existe pleno consenso. Y es que los directores de Leviatán han alumbrado un filme incómodo que hizo que una buena parte del público abandonara la sala. No es su escabrosa temática el que hace de Caniba un documental perturbador sino la decisión formal de sus autores a la hora de ponerlo en escena. Dividida en capítulos que se suceden sin solución de continuidad, la cinta repasa las motivaciones del criminal mediante diferentes recursos, insertos de sus películas pornográficas (sí, protagonizó unas cuantas una vez regresado a Japón), imágenes del manga dibujado por él en el que relata los pormenores de su “hazaña”, fotografías de su infancia, las declaraciones de su hermano (un sujeto digno de estudio él mismo por sus inclinaciones masoquistas que procuran alguno de los momentos más desagradables del filme), pero todo ello es ofrecido mediante primeros y primerísimos primeros planos fijos desenfocados. Somos conscientes de que jugar con el foco es uno de los recursos expresivos de la fotografía, y por extensión del cine, pero nos preguntamos si era necesario y/o justificado jugarlo al desenfoque durante los noventa minutos del metraje. Incómodo, perturbador, sí, pero en su significado de cargante, ese es nuestro juicio. Pero, todo y con ello, nuestra queja no va referida a su cualidad, sino a su inclusión dentro de la sección oficial. Es lícito que un festival acoja propuestas arriesgadas y se las quiera descubrir a su público, sin embargo, habiendo una sección como Noves Visions, en la que se supone que se da cabida a los puntos de vista innovadores, en ocasiones incluso experimentales, es nuestra consideración que Caniba merecía haber sido proyectada en esa categoría.  Eso habría evitado la decepción de muchos, de una parte, y, de otra, la habría hecho llegar al sector que mejor podría haberla apreciado.

No sin cierto enojo, de “guatemala” fuimos a guatepeor con Compulsión. Opera prima de reducido presupuesto que resultó bastante convencional y trillada, a pesar de ser promocionada como “thriller art house”. Incomprensiblemente fue proyectada formando parte de la sección Noves Visions Plus, cuando no había en ella nada novedoso ni en su fondo ni en su forma. Si parte del público del Auditori salió de ver Caniba con la sensación de que les habían tomado el pelo, con más motivo se sentirían engañados los aficionados a lo experimental con este trabajito que a duras penas justificaba su inclusión en un festival de la categoría de Sitges.

En fin, una jornada con su cara y su cruz, pero ya se sabe que, como en botica, en un festival debe haber de todo y para todos los gustos y al parecer, en esta ocasión, Serendipia no atinó con el suyo en su selección de tarde ¡Y todo esto con Frank Langella y el Dracula de John Badham en el Prado! ¡Cachis!

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Octava cápsula

8 noviembre 2017 Deja un comentario

JUEVES 12 DE OCTUBRE                                                         Fotos: Serendipia

Por mucho que a Serendipia le apasione el cine, el agotamiento estaba haciendo mella seriamente en su organismo. Afortunadamente aún quedaban buenas piezas por descubrir. Paul Urkijo nos llamó la atención desde que viéramos uno de sus cortos, concretamente Jugando con la muerte (2011), que además de estar realizado con impecables maneras, tenía un magnífico humor negro que nos pudo. El buen hacen de Urkijo quedó confirmado con posteriores cortometrajes, así que en cuanto nos enteramos que Pokeepsie Films estaba tras el debut del director en el largometraje, Errementari, no pudimos más que estar pendientes de ella.

Inspirada en una cuento popular vasco sobre un herrero tan malvado y astuto que es capaz de engañar al mismísimo diablo, la cinta de Urkijo es un cuento de horror gótico y fantástico lleno de emoción, misterio y extrañas criaturas. Con todos sus diálogos en un casi extinto euskera alavés del siglo XIX, la acción se inicia en un pequeño pueblo de Álava, después de la Primera Guerra Carlista de 1833, donde un comisario del gobierno investiga un suceso que le llevará hasta una siniestra herrería en lo profundo del bosque, donde vive un solitario herrero del que los aldeanos cuentan oscuras historias. Fantasmagórica, la bruma inunda esta fábula con diablos tramposos y sacamantecas que con un maravilloso diseño de producción convierte esta cinta en una de las mejores sorpresas del cine fantástico estatal, con una muy natural y destacable interpretación de la niña Uma Bacaglia.

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Con maravilloso sabor de boca llega el turno de una deliciosa y, para variar, optimista cinta apocalíptica. La japonesa Survival Family (Sabaibaru Famirî, 2017) plantea qué pasaría si un día no hubiera electricidad ¿El fin del mundo? pues no para el director y guionista de la película, Shinobu Yaguchi, que da la vuelta a la situación y plantea como este hecho, aparentemente grave, unirá a una familia con todos sus miembros alienados por la tecnología. Por los efectos del apagón, deberán recorrer varios kilómetros y trabajar en equipo, reencontrándose con la naturaleza y consigo mismos en esta parábola con elementos de comedia, que aboga por un retorno a la naturaleza y a las cosas sencillas de la vida, algo que propio director ya propuso en la excelente Wood Job!: Kamusari nânâ nichijô (2014) incluida en la programación de las Nits de Cinema Oriental de Vic de 2015. Un survival apocalíptico amable y positivo en el que veremos como esta familia aprenderá unida a superar todos los obstáculos.

Kiyoshi Kurosawa presentando su película.

Y de un filme optimista a otro terriblemente pesimista, A Gentle Creature (Krotkaya, 2017) el último trabajo de Sergei Loznitsa. Una adaptación libre de la novela corta de Dostoievski, La sumisa (cuyo título en inglés es, precisamente, A Gentle Creature) que, sin embargo, nos remite directamente al universo de Kafka. Y es que su protagonista, la dulce criatura del título (ningún personaje tiene nombre propio, todos son denominados por su función), igual que el agrimensor K de El castillo o el Joseph K de El proceso, busca establecer una comunicación positiva con una autoridad que desconoce, pero que la maraña de trabas administrativas que encuentra en su camino hace imposible. Vasilina Makovtseva, excelentemente estoica, da cuerpo a esta joven mujer que solo quiere entregar a su esposo, convicto por asesinato, pero inocente (como al parecer es habitual en su país), un paquete que le ha sido devuelto. Se desplazará para ello a la ciudad donde se halla la prisión, un lugar en el que el penal y el pueblo se han fundido en una doble relación de dependencia en la que el uno da sentido al otro (nuevamente como ocurre en la novela de Kafka entre el castillo y la aldea). Allí iniciará un periplo pesadillesco en el que entrará en contacto con una serie de personajes que, pretendiendo serle de ayuda frente a esa funcionaria que cada día le impide la entrada, buscarán sacar provecho de ella. El suyo es un descenso al infierno, a un infierno muy terrenal compuesto por una burocracia inaccesible y arbitraria, herencia de la administración soviética, las mafias del este, la policía corrupta y por una sociedad que, a fuerza de vivir en ese país que puede ser visto como una gran prisión dictatorial, se ha envilecido ella misma (esas pintadas en contra de la agencia de derechos humanos lo muestran). Siendo real, Loznitsa no ha buscado una narrativa realista, al contrario, su película está tocada por las tonalidades de lo surreal, un tono que alcanza su máximo en ese fragmento onírico que precede al desenlace y que no ha sido comprendido por toda la crítica. A Gentle Creature se cierra con un plano fijo de la sala de espera de la estación en la que todos duermen, por su construcción parece nuestro propio reflejo: todos esos males avanzan porque todos nosotros estamos dormidos.

Y Serendipia finaliza la jornada con su ineludible cita con Kiyoshi Kurasawa que con Before We Vanish (Sanpo suru shinryakusha, 2017) ofrece una invasión alienígena muy doméstica, protagonizada por unos gélidos body snatchers que absorven los conocimientos y sentimientos despojando de los mismos a sus víctimas humanas. Inspirada en la ciencia ficción de Serie-B americana (incluso en su banda sonora), la película de Kurosawa, basada en una obra teatral, se concentra en como afectaría esta invasión en la relación de una pareja, dejando la puerta abierta a la esperanza, al triunfo del amor por encima de todo. Algo que en estos tiempos, nunca está de más ante tanto agorero. Como vemos, la esperanza proviene de Japón. Pues nada: que pase, que pase…adelante.

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Séptima cápsula

5 noviembre 2017 Deja un comentario

MIÉRCOLES 11 DE OCTUBRE                                                  Fotos: Serendipia

Más productiva para Serendipia que la jornada anterior fue la del miércoles 11, ya que trajo buenas y variadas películas además de, relegada en una sección equívoca que le restó el protagonismo que en nuestra opinión hubiese merecido, la gran sorpresa.

Con ecos de La noche del cazador (The Night of the Hunter, Charles Laughton, 1955) y El jinete pálido (Pale Rider, Clint Eastwood, 1985), llegó Brimstone (Martin Koolhoven, 2016), drama naturalista narrado en clave de western atmosférico con una Dakota Fanning que reclama nuestra atención tras haber sido relegada a la fila del fondo en beneficio de su ascendente hermana. El punto fantástico de la cinta viene de la mano del diabólico reverendo que encarna Guy Pearce, con mucho en común con aquel otro interpretado por Robert Mitchum en la mencionada película de Lauhgton. Una presencia que representa el mal absoluto y de la que nos preguntamos, llegado cierto punto de la trama, si no habrá venido de la muerte (ahí está su similitud con El jinete pálido) para cumplir su implacable persecución. Un monstruo real, muy real, que no cejará en su acoso a la protagonista en esta fábula terrorífica. Narrada en capítulos que rompen la linealidad del tiempo, culmina con final abierto en el que no sabemos si, acaso, todavía no ha sido derrotado el villano y su aura seguirá cayendo implacable sobre los descendientes de la protagonista. Brimstone fue, sin lugar a dudas, una de las grandes de esta edición del festival.

A continuación llegó el turno del estupendo debut en la dirección del actor Bill Watterson, Dave  Made a Maze, una propuesta totalmente surrealista cargada de más significado del que a priori aparenta y sazonada con mucho humor e ingenio, que nos narra como Dave se construye un laberinto con cartones en medio del salón y en el cual no falta siquiera su propio Minotauro. Tanto él como sus amigos y novia se perderán para atravesar verdaderas peripecias dignas del mejor survival salvo que plasmadas con imaginativos recursos ¡Si hasta hay un momento en que los protagonistas se convierten en figuras de Stop-motion! Con toques, pues, de parodia a las películas de terror, la cinta de Watterson va mucho más allá, y nos trae toda una reflexión sobre la necesidad de realizarnos en nuestras obras, sobre los sueños, sobre la amistad y la pareja, y, en suma, sobre el sentido de la propia vida. La vida no es más que una sucesión de momentos incompletos de los que no podemos salir, ese es su mensaje. Un filme redondo que, en nuestra modo de ver, hubiera merecido un mayor reconocimiento compitiendo en Sección Oficial. Afortunadamente no se fue de vacío como quedará detallado en nuestro repaso del palmarés.

“La vida es una sucesión de momentos incompletos de los que no se puede salir”.

No sin cierto recelo por su extenso metraje, nos embarcamos después en Salyut- 7 (Klim Shipenko) que acabó manifestándose como una muy interesante aventura espacial  rusa basada en la epopeya real por la que pasaron en 1985 unos astronautas soviéticos para evitar que una estación espacial (la salyut 7 que le da título) cayera sobre la Tierra. Con la carrera espacial y la guerra fría como telón de fondo (sin faltar una crítica del sistema comunista), la película se centra en los personajes,  ofreciendo de ellos un retrato psicológico y humano que ayudará a que nos situemos junto a ellos como si fuéramos un miembro más de la tripulación. Durante 40 de los 120 minutos flotaremos, además, a gravedad cero. Toda una superproducción elegantemente rodada, veraz y que mantiene la intriga hasta su último fotograma.

Presentado su película, los directores junto a Itziar Castro y David Pareja

¿Y qué mejor manera de terminar el día que con una comedia negra? Pues eso es lo que ofreció Matar a Dios, de Albert Pintó y Caye Casas, dos jóvenes talentos que tras el multipremiado cortometraje Nada S.A. (2014) se embarcan en este, su primer largo, en el que han contado con el actor principal de aquel otro filme weird que fue El milagro de P. Tinto, Emilio Gavira. Aquí el interprete encarna a un Dios vengador y cruel que ofrecerá, a una familia de merluzos que se disponen a celebrar el fin de año, la oportunidad de escoger a los dos únicos supervivientes tras el fin del mundo que planea desatar. Con un escenario de bizarra estética y  unos personajes tan disparatados como realistas, la película (algo alargada) decae en su segunda mitad tras una deliciosa hora inicial totalmente costumbrista, de cuyo disfrute tiene gran parte de responsabilidad la pareja formada por los muy convincentes Itziar Castro y Eduardo Antuña, así como el diseño de producción y los afilados diálogos. Una de las películas más celebradas por el público que le concedió el honor de ser la más votada hasta alzarse con el premio.

Un fin de fiesta perfecto para una jornada redonda en la cual ya Serendipia comenzaba a sentir los efectos del cansancio, que le obligó a ejercer de montador involuntario al fundir a negro alguna de las películas. La edad no perdona…

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Sexta cápsula

1 noviembre 2017 Deja un comentario

MARTES 10 DE OCTUBRE                                                           

La jornada comienza con La piel fría de Xavier Gens, adaptación de la exitosa obra de Albert Sánchez Piñol, que cumple sobradamente su misión, respetando la novela y trasladando eficazmente la narración al lenguaje cinematográfico. Gens escoge dos ritmos narrativos distintos según avanza la acción, cercano al relato de aventuras tipo Robert Louis Stevenson o Julio Verne en su inicio, para pasar después a sumergirse en lo abisal con toques del Lovecraft más imbuido en sus mitos. Todo ello finaliza con un mensaje anti colonizador y pacifista que aboga por el respeto a la diferencia.

          Xavier Gens y, si, Aura Garrido

Alimañas nocturnas de piel húmeda, mitad pez/mitad hombre serán la única compañía de dos hombres que lucharán noche tras noche contra estos seres, movidos por el instinto de supervivencia, pero también luchando por recobrar el sentido de sus vidas. La cautividad y la continua lucha les llevan a un viaje al centro de sus entrañas, donde se entremezcla lucidez y enajenación, rechazo y deseo, crueldad y amor, hacia lo desconocido.

La piel fría de Gens es una película de atmósfera, su factura visual es impecable y nos hace sentir el aislamiento en el que viven sus personajes, sentimos frialdad, la frialdad abismal que pende sobre las existencias de sus protagonistas. Sin embargo, esa atmósfera es tan acaparadora que los hilos de la historia se pierden, parece que no todo quede contado y así se hace difícil la lectura del mensaje último que quiere transmitirnos. En su haber positivo, merece, y mucho, destacarse el maquillaje y la actuación de Aura Garrido pues el de Aneris (sirena a la inversa), el ser anfibio retenido en el faro, es un difícil y arriesgado papel que sin lugar a dudas habrá supuesto un tan gran trabajo a la actriz como escaso reconocimiento, pues su rostro está totalmente oculto y la actriz resulta irreconocible. Sin lugar a dudas un reto actoral que supera con nota.

Y de ahí a otra propuesta totalmente diferente. Radical. La película ‘escándalo’ del festival nos presentaba un futuro cyberpunk, situado en 2060, en el cual el semen infectado por el VIH es la droga de moda. Así que Fluido (Shu Lea Cheangofrece al espectador un extenso catálogo de genitales, sexo, semen, masoquismo, orina y suciedad con la pretensión de resultar trasgresora, aunque los únicos que parecieron escandalizarse un poco fueron los estudiantes de la ESCAC que, entre otros, se sumaron a las prolijas deserciones de la proyección. Si la pornografía underground de los años setenta nació como producto de la rebeldía hippy (en la que, ya como negocio, se introdujo más tarde la mafia, pero esa ya es otra historia), todavía hoy sigue siendo utilizada como objeto trasgresor con el que epatar al espectador. Y sigue funcionando, pues cierta parte del público tiende a escandalizarse ante este tipo de imágenes aunque sean, como en este caso, de tipo experimental y reducido al ámbito del circuito de festivales. Una hora larga de felaciones, sodomía (homosexual y heterosexual), fist-fucking, pissing, skirting… todo regado en semen y diálogos marcianos para esta saludable y extrema broma.

Retornamos al mejor cine con A Day (Ha-roo, Cho Sun-ho), una historia de bucles temporales durante los cuales el protagonista de nuestra historia intentará cambiar un final, al parecer inexorable, que concluye con la muerte de su pequeña hija en accidente de tráfico atropellada por un taxi. Pero, en un salto sin red de guión, todo se complicará, aún más, cuando otro personaje se encuentre en similar situación, así que deberán ponerse de acuerdo para cambiar los acontecimientos. Nada parece ser efectivo, sin embargo, porque allí donde consiguen introducir una variación de la secuencia siempre parece haberse adelantado el taxista. Y es que el conductor también estará atrapado en el bucle dispuesto a consumar siempre su venganza. Toda una versión de la mítica Atrapado en el tiempo conducida aquí con ritmo de thriller. Y, a lo que es ya de por sí una emocionante historia, manejada con maestría por su director, se le añadirá la necesaria reconciliación paterno-filial y un mensaje positivo sobre el perdón que distinguirá esta cinta más allá del mero entretenimiento. Otra muestra del buen hacer del cine coreano y un sonoro debut en la dirección para Cho Sun-ho.

Y finalizamos esta jornada, en la que nuestra particular selección no tuvo la garra de otros días, con el neonoir , Sweet Virginia (Jamie M. Dagg, 2017) el cual cercano también al neowestern nos propone la historia de Elwood (Christopher Abbott), un gélido asesino a sueldo que, al no recibir el pago convenido por parte de su cliente, Lila (Imogen Poots), irá en su búsqueda. Una producción indie con una trama fácil de contar que el trabajo de guion de los hermanos China convierte en una pesimista y melancólica cinta de personajes remarcables, los cuales se moverán en el reducido y frío escenario de una pequeña localidad de Alaska. La película contará con las actuaciones competentes de John Bernthal y el nombrado Christopher Abbott en un registro en el cual no estábamos acostumbrados a verle y que superará con nota dándole mucha credibilidad a su rol. Modesta e interesante a partes iguales, la cinta tendrá estreno comercial de la mano de A contracorriente films.

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Quinta cápsula

31 octubre 2017 Deja un comentario

LUNES 9 DE OCTUBRE                                                                   Fotos:Serendipia

Y después del chaparrón que supuso el fin de semana, y no nos referimos a inclemencias meteorológicas, pues este año, y como tregua, no ha llovido ninguno de los días de festival, sino a la gran afluencia de público, llegó la calma, mientras Serendipia enfilaba una nueva e intensa semana. Y qué mejor forma de comenzar que con un potente thriller coreano como The Villainess (2017) que ya desde su poderoso plano secuencia subjetivo inicial fue capaz, por si solo, de poner las pilas a Serendipia y al público de l’Auditori. No en vano como explica su director, para las escenas de acción “tenía en la cabeza una idea abstracta de algo rojo que pasaba delante mío a gran velocidad; una sensación muy excitante. Creo que si tuviera que irme al origen de esa idea, sería mi afición al fútbol: quería hacer una película de acción desde la perspectiva de un balón en el terreno de juego“. Dirigida por Jung Byung-Gil, The Villainess narra las vicisitudes por las que deberá pasar Sook-hee (Ok-bin Kim), para abandonar la vida como asesina para la cual ha sido entrenada desde la infancia. Un melodrama con escenas de acción de alto voltaje que uno es incapaz de explicar como han podido rodarse sin que nadie resultara herido… o muerto. Estamos seguros de que no habrá sido el caso, pero por si acaso (y por no desperdiciar la magia, ¡Qué demonios!) preferimos no saberlo. Serendipia admira cada día más el cine de acción coreano, porque rara vez defrauda y porque es capaz de dejar en evidencia cualquier película de acción occidental. Y más si, como es el caso, tiene una impecable factura visual y un impresionante sentido de la épica como tan solo el cine oriental parece saber hacer sin resultar ridículo.

El director de El habitante, Guillermo Amoedo, acompañado por dos de las protagonistas de su film, Gabriela de Garza y Vanesa Restrepo

Y sin pausa llega el turno de una de las cintas que más agradó al respetable, Brawl in Cell Block 99 (2017) un Grindhouse y potente drama carcelario protagonizado por un Vincent Vaughn al que uno está más habituado a ver en papeles más amables o directamente de comedia y que aquí afronta un registro bien diferente. Como Bradley Thomas, ex-boxeador y ex-presidiario,  deberá volver, muy a su pesar, a utilizar la violencia, algo que intuimos fue lo que le llevó a la cárcel, para salvar a su mujer  y a su futuro hijo. La acción se va cocinando a fuego lento, progresivamente, estallando en un final sin concesiones, puro grand guignol.  Dirigida por S. Craig Zahler, que sorprendió a propios y extraños con su debut, Bone Tomahawk (2015), que también pudimos ver en el festival de Sitges, la película cuenta, además, con la participación de Jennifer Carpenter y Udo Kier.

El punto decepcionante de la jornada vino con la co-producción chileno-mexicana El habitante (Guillermo Amoedo, 2017), que nos cuenta como un robo se complicará, y mucho, cuando los delincuentes descubran en el sótano de la casa a una niña cautiva atada a la cama. Como pueden suponerse, nada es lo que parece, y la niña resultará estar poseída por el maligno, lo que terminará, aún no sabemos como, dando pié a un exorcismo que llevará la película a unos derroteros de los que no habrá retorno, cayendo en el más decepcionante absurdo. Por cierto el maquillaje que lleva la poseída se encuentra más cerca del que portaba Marián Salgado en La endemoniada (1975) de Amando de Ossorio que al habitual inspirado en el que Linda Blair lució en El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973).

Para descansar un poco de tanto cine, y porque era uno de los invitados que a Serendipia más ilusión le hacía ver y escuchar, no perdimos la oportunidad de compartir la charla que ofreció el escritor David J. Skal, presentada y moderada  por Jordi Ojeda con la participación de Óscar Palmer, traductor y editor de Es Pop, sello responsable de lanzar en España los dos últimos libros de Skal, Hollywood Gótico y Algo en la sangre, un extenso ensayo biográfico sobre Bram Stoker que se ha editado con la participación del Festival de Sitges.

David J. Skal, gran especialista en cine, particularmente del ciclo de terror de la Universal y especialmente del Dracula de Bram Stoker, novela de la que ha publicado una edición anotada, ofreció una interesante charla en la que habló de Stoker y de su labor como escritor, tan estrechamente ligada al mito del vampiro, al que ha dedicado varios libros. También desveló que su nombre va a continuar unido a Stoker y su obra, ya que ha aparecido recientemente un borrador ampliado de Dracula, con el que están trabajando varios especialistas, entre ellos el propio Skal. Sin lugar a dudas una importante noticia que seguiremos de cerca.

                               Óscar Palmer y David J. Skal

Tan solo queda agradecer a esta pequeña gran editorial el esfuerzo empleado en sacar estos libros, todo un consuelo para los cinéfilos adoradores del terror más clásico, que deben de conformarse con la edición en cuentagotas de las obras de Skal, de quien recordemos, Editorial Valdemar editó en 2008 Monster Show y  el Festival de San Sebastián a mediados de los noventa El carnaval de las tinieblas, un ensayo biográfico y de la obra de Tod Browning en una edición que, tal y como nos comentó el propio Skal, superaba en calidad e información al libro original americano. La interesante charla, que Serendipia grabó, próximamente será transcrita y publicada en Proyecto Naschy. Les rogamos permanezcan atentos a sus pantallas.

Y para finalizar el día… ¿Qué tal un poco de petardeo? pues eso es lo que nos ofreció el documental Mansfield 66/67 , que dirigido por dos adorables chalados, Todd Hughes y David Eversole  repasaba los últimos días de la actriz Jayne Mansfield coincidiendo con el cincuentenario de su  fallecimiento en un bizarro accidente automovilístico. Esta actriz, exploitation de Marilyn Monroe, que hablaba cinco idiomas y que tenía un coeficiente intelectual de 165, era considerada poco más que una rubia tonta con unos enormes pechos y ya, en 1967, un juguete roto que se dejaba ver por los locales más groovys de San Francisco liando escándalos con los que llamar la atención. Pero lo que analiza con más detalle este documental es la relación que la actriz mantuvo durante ese último y trágico año de su vida con el satanista Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán. Y para intentar explicar el choque de esos dos fenómenos camp, los directores han contado con la participación de las voces de John Waters, Kenneth Anger, Tippi Hedren y Mamie Van Doren entre muchos otros. ¿El resultado?: un documental delicioso, divertido y repleto de maliciosos cotilleos provenientes de la trastienda del Hollywood más canalla y del mundillo contracultural del San Francisco de los sesenta.

Una conclusión perfecta para un día perfecto.

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