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Conjuros y ritos paganos en la Inglaterra moderna


LA NOCHE DEL DEMONIO: ENTRE RUNAS ANDA EL JUEGO

La noche del demonio parte de El maleficio de las runas (Casting the Runes), un relato corto incluido en la antología Collected Ghost Stories del inglés Montague Rhodes James (1862-1936), medievalista, lingüista y estudioso de la Biblia aficionado a escribir deliciosos cuentos de fantasmas. El guion del filme nos narra como John Holder (Dana Andrews) psicólogo americano, intentará desenmascarar, con ayuda de Joanna (Peggy Cummins), al enigmático doctor Karswell. Pero de forma extraña llegará a las manos de Holden un viejo pergamino, escrito con caracteres rúnicos, sobre el que descubrirá que, si no lo devuelve antes de tres días a la persona que se lo hizo llegar, morirá víctima de un encantamiento.

Antes de iniciar el rodaje de La noche del demonio, Jacques Tourneur se documentó eficazmente, entrevistándose en Londres con espiritistas y magos, visitando casas encantadas y leyendo varios tratados de demonología. Para encarnar a John Holden, papel por el que se mostraron interesados otros actores como Robert Taylor y Dick Powell, el director escogió a su amigo Dana Andrews, eficiente actor curtido en papeles secundarios hasta que llegó su oportunidad de oro con el que posiblemente sea su filme más popular, Laura (Otto Preminger, 1944). El resto del elenco fue, en su extensa mayoría, contratado en Inglaterra, como es el caso de la bella actriz galesa Peggy Cummings, ya retornada de su aventura en Hollywood tras cinco años en los cuales protagonizó, entre otras, la película de culto El demonio de las armas (Gun Crazy, Joseph H. Lewis, 1950). Para el tercer papel en importancia, el del elegante y luciferino satanista Karswell, se escogió a Niall McGinnis. El personaje de Karswell estaría basado, según Jesús Palacios, en el mago inglés Aleister Crowley, pero no vemos demasiados puntos en común entre ambas figuras. Mientras La Gran Bestia se dedicó a difundir su filosofía fundando su propia orden e instalándose con sus seguidores en Cefalú (Sicilia), donde se entregó al consumo de drogas y la promiscuidad bisexual, el literario y ambiguo Karswell vive plácidamente con su dulce madre organizando fiestas para niños en las cuales realiza trucos de ilusionismo disfrazado de payaso.

La noche del demonio ocupa un lugar destacado en la filmografía de Tourneur, y si no se encuentra en escalones más elevados es por culpa directa del productor Hal E. Chester, que se entrometió en la labor del director de tal forma que Dana Andrews amenazó con abandonar si no lo dejaba trabajar en paz. La última jugada del productor se produjo ya en ausencia de Tourneur y con la película finalizada: la inclusión de ciertos planos que cambian totalmente el tono de la cinta. Y es que Jacques Tourneur ya tenía gran parte de los deberes hechos cuando se hizo cargo de la dirección de La noche del demonio. La experiencia adquirida junto a Val Lewton y los excelentes resultados obtenidos con los tres filmes que dirigió para él, en especial La mujer pantera (Cat People, 1942), le demostraron que a veces menos es más y que es mejor sugerir que mostrar. Así que comprendemos que no le hiciera ninguna gracia al director que se incluyeran en el filme, sin su consentimiento, esos planos insertados que mostraban a un simpaticote demonio, echando a perder en parte la verosimilitud de una historia que, tal y como estaba narrada, permitía que fuera el propio espectador quien decidiera si los sucesos acontecidos tenían, o no, base sobrenatural.


EL OJO DEL DIABLO: CELUI QUI NE DANSE PAS NE SAIT PAS CE QUI VA SE PASSER

Inmersa en plena era pop, El ojo del diablo respira, al igual que los otros dos títulos comentados, un inequívoco aire británico, a pesar de que su acción esté ubicada en Francia. Pero ahí finaliza lo que pueda tener en común con las otras dos cintas, pues al contrario de estas, no hablamos de una secta satánica regida por un carismático líder, sino de un culto, una religión pagana, cuyo rito de fertilidad incluye el sacrificio del señor de Bellenac. Un culto milenario que acerca esta película a los parámetros del, muy en boga ahora, Folk Horror.

La historia es sencilla, Philippe de Montfaucon (David Nivel), señor de Bellenac,  es reclamado cuando las viñas comienzan a dar escasos frutos y deberá sacrificarse en un rito que se perpetúa generación tras generación. Todo esto lo descubrirá su esposa, Catherine (Deborah Kerr), y naturalmente el espectador, de manera progresiva. Para perpetuar el pagano rito, el pequeño hijo de la pareja deberá ser iniciado cuando se sacrifique su padre.

Aunque no sea un culto satánico, el rito no deja de ser siniestro, con creyentes encapuchados con túnica y protegidos por dos hermanos, Christian (David Hemmings), siempre con el arco en la mano, y Odile (Sharon Tate), una sacerdotisa con poderes mentales. Dos fascinantes figuras totalmente vestidas de negro que añadirán inquietud, misterio y atractivo a la historia.

La película disfruta de una muy efectiva fotografía en blanco y negro que junto a unos silenciosos encadenados de planos cortos sumarán extrañeza a la propuesta de J. Lee Thompson. Si hubiera que darle un muy, muy gran pero, habría que darlo por el fallido casting de actores, pues tanto David Niven como Deborah Kerr resultan muy mayores y poco creíbles para el papel asignado, algo a lo que tampoco ayuda la actitud de la protagonista y la pasmosa tranquilidad que muestra ante los terroríficos acontecimientos que se están produciendo. Quizás influyera en ello el que tuviera que sustituir a la protagonista original, Kim Novak, al caerse de un caballo (o como comenta David Hemmings en su autobiografía, por una discusión con el productor del filme). De una forma u otra, el cambio obligó a rodar todo de nuevo con Deborah Kerr.

El ojo del diablo se estrenó en Inglaterra dos años después de rodarse, por lo que tanto Sharon Tate, que había debutado en la pantalla grande con esta cinta, como David Hemmings, ya gozaban de gran éxito por entonces al haberse estrenado antes El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, Roman Polanski, 1967) y No hagan olas (Don’t Make Waves, Alexander Mackendrick, 1967) de Tate, y Blow Up (Michelangelo Antonioni, 1966) de Hemmings.


LA NOVIA DEL DIABLO: URIEL SERAFIN, IO POTESTA, SATI SATA, GALATÍN GALATÁ (Ritual Susama)

La Universal ya había mostrado un extraño culto con un carismático líder, Hjalmar Poelzig (Boris Karloff), con una personalidad basada en… efectivamente, Aleister Crowley, en la extraordinaria Satanás (The Black Cat, Edgar G. Ulmer, 1934), así que no es de extrañar que la británica Hammer Films también tratara esta temática cuando revivió los mitos del ciclo Universal durante los años cincuenta y especialmente en los sesenta y setenta. De hecho la primera incursión que hicieron en la temática, La novia del diablo (The Devil Rides Out, Terence Fisher, 1968) está basada en la novela de igual título de Dennis Wheatley, escritor inglés cuya prolífica producción de novelas de suspenso y ocultismo lo convirtió en uno de los autores más vendidos del mundo desde la década de 1930 hasta la de 1960. En 1934, Wheatley decidió usar el tema de la magia negra: “El hecho de haber leído mucho sobre las religiones antiguas me dio algunos antecedentes útiles, pero necesitaba información actualizada sobre los círculos ocultistas en este país. Mi amigo, Tom Driberg, (…), resultó de gran ayuda. Me presentó a Aleister Crowley, el reverendo Montague Summers y Rollo Ahmed”. La historia fue adaptada para el cine por el magnífico Richard Matheson, conservando así parte de su extraordinario corpus investigativo, pues durante el metraje se muestran prácticas y se nombran diversos grimorios y maneras de denominar el satanismo extraídos de la realidad y que Terence Fisher prolonga en los títulos de crédito del filme, repletos de simbología arcana.

La historia, que se rodó ante la insistencia de uno de sus protagonistas, el carismático Christopher Lee, de que el estudio británico adaptara alguna de las obras de Wheatley, narra la lucha de este, como Duc de Richleau, para rescatar a su protegido de las garras de una secta satánica liderada por el enigmático Mocata (un cautivador Charles Gray) personaje que el escritor basó, de manera más acertada que en La noche del demonio, en el mencionado mago británico Aleister Crowley.

El resultado no tan sólo satisfizo al aquí algo sobreactuado Christopher Lee, que declaró que era su película Hammer favorita, sino también al autor, a pesar de los cambios que se tuvieron que realizar para adaptar su novela. A medio camino entre el relato de terror y el de aventuras, pues no en vano su serie Gregory Sallust fue una de las principales inspiraciones para las historias de James Bond de Ian Fleming, quizás el resultado haya quedado un tanto trasnochado, aunque paradójicamente quizás ahí radique el encanto que actualmente pueda tener este filme, con unos primitivos efectos especiales y, otra vez, la necesidad de mostrar unos seres (incluido el propio Baphomet en pleno Sabbath), que quizás hubieran funcionado mejor de haber sido sugeridos.

 

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